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Ensayos La creatividad como realidad alternativa Desprecios los justos Burocracia sexual

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Reseñas

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Habitantes Patxi Irurzun Enrique Fuentes-Guerra Ana Vega Carmela Contreras Pepe Pereza Ángel Muñoz Rodríguez Carlos Pérez Vaquero Luis Sevilla Óscar Varona Adolfo Marchena Begoña Leonardo Esperanza García Guerrero Ana Patricia Moya

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Visitantes Juan de Lapala Wanessa Zapiain Rubén Darío López Alfonso Vila Sergio Sarmiento Pat Maestro Héctor Zabala Daniel de Cullá Helena Ortiz Rodrigo Padrón Jorge Barco José Luís Zuñiga Juan Kalvellido Lucia Fraga Pedro Sánchez Tito Manfred

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Groenlandia número once (Mayo \ Agosto 2011). Directora: Ana Patricia Moya – Vicedirectora primera y administradora de la web: Bárbara López Mosqueda – Vicedirector y caballero groenlandés de la máxima excelencia: Andrés Ramón Pérez Blanco - Portada y contraportada: Felipe Solano – Ilustradora de partes: Óscar Cardeñosa - Habitantes: Ana Patricia Moya, Enrique Fuentes Guerra, Manuel Guerrero (Córdoba), Ángel Muñoz Rodríguez, Luis Sevilla, Óscar Varona (Madrid), Carlos Pérez (Valladolid), Begoña Leonardo (Zamora), Patxi Irurzun (Pamplona), Ana Vega (Oviedo), Adolfo Marchena (Vitoria), Pepe Pereza (Logroño), Carmen Luisa Contreras, Esperanza García Guerrero, (Sevilla), Kebrantaversos (Toledo) – Visitantes: Daniel de Cullá (Huelva), Juan Kalvellido (Cádiz), Jorge Barco (Salamanca), Alfonso Vila (Valencia), Rubén Darío López (México), Lucia Fraga (A Coruña), Juan de Lapala, Héctor Zabala (Argentina), Tito Manfred, Sergio Sarmiento (Chile), Wanessa Zapiain (Donostia), Patricia Maestro (Membibre), Helena Ortiz, Pedro Sánchez (Sevilla), José Luis Zúñiga (Cantabria), Rodrigo Padrón (Ávila), – Fotógrafos: Tomás Illescas (Córdoba), Ángel Muñoz Rodríguez, Luis Sevilla, Ricardo Bórnez (Madrid), Óscar Cardeñosa (Madrid) – Ilustradores: Óscar Cardeñosa, Felipe Solano - Edita: Revista Groenlandia – Apoyos morales: Angustias Añón, Carmen Serrano Fernández – DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008 – ISSN: 1989-7407

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Parece que ser creativo es algo que nos gusta a todos. Ese niñ@, ese adulto, esa persona que es creativa, nos interesa y nos sorprende. A veces no es sencillo comprender, por eso respetar para entender, es una tarea de tod@s. En la infancia es cuando se consolida el talento creador. Los niñ@s son más creativos antes de recibir cualquier educación, las escuelas no favorecen la diferencia. Por tanto, coartan las ideas diferentes en pos de las de la mayoría. Se evalúa al niño por unos objetivos generales, que vienen marcados por las autoridades educativas. Los agentes implicados en su educación, incluidos padres y tutores, nos sentimos satisfechos o no en función de unos números que van del cero al diez, y que desde primaria martirizan al escolar, acrecentando la competitividad, no siempre buena compañera de la educación. Para obtener las mejores calificaciones, no sirve ofrecer la respuesta más creativa, sino la respuesta correcta. La creatividad consiste en dar respuesta a los problemas que no se resuelven con soluciones convencionales. Si en primaria ya se otorga ventaja sobre lo correcto, en la enseñanza secundaria con el pensamiento divergente, donde se evalúan las capacidades lingüísticas y memorísticas, se acaba por anular lo poco o lo mucho de creativo adquirido en las etapas anteriores. “L@s niñ@s creativ@s molestan, porque son lobos que nos pueden comer”. Esta frase demoledora fue pronunciada por un docente, y otros casi a coro acabaron por argumentar: “Nos pueden comer, por su capacidad crítica, haciendo preguntas inconvenientes que pueden ponernos en entredicho. Hacer que nos sintamos ridículos, con el culo al aire”. Ser creativo supone pagar un precio muy elevado. Apartados del sistema, anulados, abocados al fracaso, no sólo escolar sino a lo que será, un personal estigma. Ser el rar@, el anormal. La opción más fácil, ahogar la creatividad. Por fortuna los que resisten, pueden lograr una felicidad muy difícilmente alcanzable por el resto de mortales. Acostumbrados a soportar la desidia y el rechazo, ante épocas de crisis, cuando la necesidad aprieta, la persona creativa es la que más probabilidades tiene de salir adelante y hacer frente a la adversidad porque utilizará sus propios recursos y agudizará el ingenio ante la mirada perpleja de los que superiores en la forma, habiendo conquistado metas materiales, sólo compran lo que se deja comprar. ¿Cuáles son las cualidades para ser

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creativo? No parece muy complicado responder esta pregunta, se necesita: 1) Curiosidad por el porqué de las cosas; 2) Elegir, adaptarse y modelar el ambiente donde se vive; 3) Ser una persona inteligente, no superdotada; 4) Ser capaz de controlar las emociones, y 5) Estar enamorado de la actividad elegida. Y algunas más que pertenecen al ámbito individual. Sabemos que en el inconsciente están las emociones y los miedos, y que es la sede de la creatividad. De una realidad alternativa. Ser creativo está íntimamente ligado con tener una buena salud mental... Hay mucha discusión y polémica con según que estudios y teorías, como por ejemplo “La regla de los diez años” de Anders Ericsson, que proclama que un individuo es un genio, un creativo increíble en la faceta que desarrolla, pero en eso exclusivamente. Para saber si lo sería en otra actividad, tendría que pasarse diez años de su vida dedicado a la ella, y así sucesivamente. Los seres humanos tendríamos que vivir quinientos años para saber si realmente somos buenos en algo. Cada persona es única y ha de tener la posibilidad de ejercer su diferencia. Cada uno de nosotros tenemos una manera de mirar, de reconocernos y a la vez de estar en el mundo. La imaginación, el potenciar lo invisible y como descubrirlo, no es algo que ocurre en un día, es necesario que se ejercite. Potenciar la creatividad, no debería estar reñido con ninguna disciplina ni enseñanza sino complementarse. Los niñ@s han de crecer con la certeza de que son libres, individuos universales sin límites. Tener la necesidad, es tener la oportunidad. Aprender a quererse, aprender a curarse las heridas y no desfallecer en el camino, será fundamental para inmunizarse... Yo soy creativa, tú eres creativo, nosotros somos creativos...

Begoña Leonardo 4


Honestamente, me fastidia la actitud de muchos que desprecian el titánico esfuerzo de publicar libros digitales. Sabiendo de sobra que el conservadurismo es muy característico de la empresa española, en lo concerniente a lo editorial, sigue existiendo esa inexplicable resistencia a lo novedoso; hay un miedo al futuro que hasta la política protege con legislación absurda (me refiero, como no, a la ley Sinde), demostrando que el interés económico (de unos pocos) está por encima de los innegables derechos de la ciudadanía. La industria editorial - que justifica una crisis desde hace años sin poner remedio - escucha los términos “libro digital” y tiembla, irracionalmente, en vez de agarrar al toro por los cuernos y envalentonarse con “una posibilidad comercial, moderna, atractiva”, que se adapta a los nuevos tiempos. Me veo casi obligada a rebatir algunos argumentos que llevo escuchando ya desde hace meses, y no sólo lo haré desde mis puntos de vista como autora, editora o lectora, sino también como alguien que se preocupa por el trabajo de muchas personas que, con toda la ilusión del mundo, aportan su granito de arena, o por placer, o para una difusión necesaria por su condición de novel. Los libros digitales no atienden al criterio de calidad. Primero: estoy totalmente de acuerdo con tener en cuenta la calidad. Hay que arriesgar dinero - no público: por definición, una editorial es una empresa o entidad privada con financiación propia que arriesga sus medios, económicos, materiales y humanos, para ofrecer unos productos o servicios - para editar siguiendo esos básicos criterios de calidad. Por eso, en Groenlandia, se reciben entre diez y veinte manuscritos mensuales y en una pequeña proporción se publican - y subrayo: sin ningún tipo de ayuda económica pública - los más válidos, a partir de lecturas exhaustivas y con revisiones en profundidad, dejando para el final si el autor ha ganado premios literarios, ha publicado libros anteriores, etc (esto es, que el currículo es accesorio, nos importa poco si lo que muestra es bueno, o nos agrada, o nos transmite: tomen nota, señoras y señores, que se tiene que valorar lo que hacen las manos, no el dichoso currículo). Segundo: la editorial tradicional (y, con cierta pena, observo como las supuestas

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editoriales independientes están girando en la misma dirección) debería de reflexionar acerca de lo que se considera como “calidad”. ¿Ganar un premio literario es sinónimo de calidad? ¿Tener un montón de libros publicados, también? ¿Tener muchos “amigos”, o ser mediático, ídem? Señores editores: es indispensable una transformación para no quedarse estancados. Si hay crisis en el sector editorial será porque continuáis el mismo plan. Los libros - digitales o impresos - de autoedición son basura. Aseveración demasiado grosera por parte de los “privilegiados” que me enerva porque es fácil hablar sin meterse en la piel de otros desgraciados que no tienen las mismas oportunidades: la autoedición, sea por medios propios o con la ayuda de servicios de impresión o coedición (ojo, que no editoriales), es una posibilidad tan digna como la edición normal. Si el novel ha buscado una oportunidad en una editorial (grande, mediana, o “independiente”) y no se la conceden, ¿no es lógico que pueda utilizar su dinero para cumplir una ilusión? Quien desea un objetivo, hay que arriesgar con lo que se posee, incluso es razonable contar con un pequeño apoyo económico. Aparte: también hay mucha basura entre los libros de edición “seria”… Los libros digitales no tienen valor alguno porque son fáciles de producir. Otro error muy común que me provoca indignación: un libro impreso o digital no se hace en dos días, requieren una serie de tareas realizadas por profesionales (corrección, maquetación, diseño, etc); la ventaja es que el libro virtual no es tan costoso porque es el proceso previo para que nazca el libro físico por la imprenta. ¿Valor literario? De la misma manera que hay libros editados a la vieja usanza que no tienen valor alguno, también habrá ejemplares electrónicos que pasarán sin pena ni gloria. ¿Valor económico? El libro digital abarata costes y es de mayor difusión gracias a la red de redes; el deseable libro físico tiene un precio a veces elevado y la distribución es limitada, y algunas veces, innecesaria por diversos motivos (encarece el producto, es ineficaz, etc). ¿Valor purista? Un libro, se lea a través de una pantalla o en páginas de papel, es un libro por su concepto esencial: un conjunto de palabras que dan forma a historias, emociones… el Quijote o Neruda no van dejar de ser Quijote o

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Neruda lo leas en formato impreso o virtual; la rancia mentalidad mercantilista sigue otorgando la categoría de libro auténtico a un objeto, lo material, y no a lo verdaderamente importante, que es la idea, lo que caracteriza a una obra concreta. Si un libro digital es gratis \ barato no es bueno. Primero: todavía siguen existiendo artistas que son conscientes de que, por un lado, es imposible dedicarse al mundo de la escritura, y por otro, al carecer de padrino \ medios \ amigos influyentes \ enchufes lo tiene complicado para hacerse un hueco, y por eso acepta que su obra sea gratuita, para que llegue a todas las partes del mundo, por puro amor al arte, para mostrar a los potenciales lectores y usuarios de la red lo que hace; segundo, es barato por ser un paso previo a la impresión (me remito al punto anterior); y, tercero, hay libros impresos que tampoco son buenos - gran parte de ellos con precios de atraco a mano armada - y ahí están, ocupando estanterías. El libro digital es una amenaza para el libro en papel. Falso: el libro tradicional jamás desaparecerá; el encanto del libro en papel, por su significado e historia, es imposible que se extinga si bien, en el futuro, la producción en papel se reservará a obras concretas. Lo repetiré las veces que haga falta: me encanta el papel, pero, primero, ser pobre no ayuda a realizar obras impresas y segundo, no tener “amigos” dificulta mucho el publicar de forma “decente”. El papel será siendo el soporte favorito. Hasta me atrevo a decir que para el día de mañana la publicación impresa será un premio con prestigio mayor que el dudoso honor que conceden, actualmente, muchos premios literarios; ahora bien, la industria debería pensar en este planteamiento: ¿no será que los libros digitales no sólo existen por la lógica evolución de Internet, sino también porque los cauces tradicionales de publicación, por soberbia, desgana, falta de previsión, etc, están provocando que aparezcan más libros de está índole? Es decir: falta de oportunidades para publicar, los precios desorbitados, catálogos aburridos para el lector. ¿No podría esto ser una consecuencia de que el libro digital esté en auge? Si el libro digital existe es gracias a las limitaciones del papel, o mejor dicho, a las limitaciones del sistema editorial en general. El libro virtual, con sus virtudes - no ocupa sitio, no es costoso, existe mucha variedad, no se somete a

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un control o censura, etc - es una realidad generada por la necesidad, y extendida por Internet. Que no se estigmatice tanto al libro digital, que no tiene la culpa de nada: mejor que se revise la actitud editorial, tan añeja que se mantiene en sus trece. Y hasta aquí lo dejo. Como muchos, yo amo al libro en todas sus manifestaciones. Vamos a ir dejando de menospreciar la labor de los que hacen posible la creación de nuevos caminos destinados hacia una cultura plural y alternativa, no sometida a las imposiciones del sistema. Porque literatura es eso, literatura, no la que cultivan unos grupos, la que publican unas editoriales siguiendo el esquema tradicional, la que fomentan los de la cúspide gracias al control de los medios de comunicación. La literatura es tan inmensa, tan extraordinaria, tan maravillosa, que escapa a toda esa mierda que nosotros mismos, las personas, la jodemos por interés egoísta.

Ana Patricia Moya Rodríguez 8


Resulta que ahora las mujeres hablamos de sexo, también de política, economía, literatura, arte, viajes, documentales, cine, música, estilismo, terapias alternativas, relaciones sentimentales y sí, también de sexo. Y no sólo hablamos de ello, nos atrevemos incluso a nombrarlo en el momento y lugar que nos place con la facilidad con la que separamos las rebanadas de pan antes de preparar el sándwich. Hasta ahora (y en el momento en que escribo esto y usted lo lee) no era algo demasiado frecuente eso de que una mujer hablase de forma abierta de sus experiencias en cama propia y ajena, y mucho menos de miembros conocidos, puestos de honor de dichos miembros o, lo que es más común, su agrupación en los denominados “verdaderos ineptos en técnicas y tácticas amatorias”. El sexo tántrico ya ni mencionarlo. Curioso fenómeno, hombres a lo largo de los siglos compartiendo sus batallas sexuales, peripecias insólitas, posturas impronunciables, miembros descomunales y una serie de acontecimientos que por las medidas que todo habitáculo más o menos normal posee resultarían imposibles de llevar a cabo, años y años, por tanto, practicando el sexo en forma de verborrea dialéctica en manada y hoy llegan hasta nosotras cual folio en blanco, sin conocer apenas el camino de baldosas amarillas que han de recorrer hasta alcanzar el orgasmo de aquella que les acompaña. Y no sólo del orgasmo vive el hombre ni la mujer, todo tiene un inicio, nudo y desenlace, y uno puede perderse de forma gustosa en cualquiera de estas partes, demorarse en ellas, algo que a día de hoy los hombres en general ignoran. Cada sensación, cada mordisco, cada jadeo es un momento en el que el placer se cristaliza, se diluye plácidamente. Las mujeres hablan de sexo, alto y claro, sin tapujos, incluso alardean de la experiencia y sabiduría que su instinto de mujer les otorga. Esto provoca el pánico inmediato del macho alfa y su posterior comportamiento neandertal al intentar de modos y maneras de lo más variopintas silenciar los secretos más íntimos protegidos por su manada hasta entonces. Y es en ese momento cuando ellos explican sus teorías: su mujer ha de ser una “señora” con mayúsculas ante el mundo pero en su territorio ha de transformarse en una mezcla explosiva capaz de realizar

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aquellas posturas con las que el porno parece desafiar la ley de la gravedad, realizar alguna que otra acrobacia, Streep tease con cierta frecuencia (no demasiada te dirán ellos porque se pierde el encanto) y estar dispuesta a perpetrar todo tipo de juegos y prácticas que ellos consideran muy placenteras para nosotras pues así lo han decidido (nos informan siempre a posteriori), pese a que la mujer en cuestión se dedique durante el acto a repasar mentalmente la lista de la compra al tiempo que gime con cierto ritmo acompasado. Es aconsejable que cada gemido se acompañe de ciertas frases o palabras que ellos piensan en ese mismo instante pero que no se atreven a decir, lo cual les ayuda a corroborar que estaban en lo cierto al pensar que lo que ellos creían que nos volverían locas ha sido un éxito rotundo, cuando en realidad es el truco que todas conocemos para que el pistolero descargue su munición en tiempo record. Luego ellos mismos se felicitan a sí mismos por la labor realizada. Como compensación nosotras obtenemos un “te amo” siempre en horizontal y un “te quiero” siempre vertical. Con el desayuno a media tarde se alcanza el grado “te quiero mucho”. Dicho grado asciende o desciende dependiendo de la urgencia o distancia del último coito. Nos preguntamos entonces si realmente la sangre que circula por sus venas puede recorrer tan rápido la distancia entre su cerebro y el pene. Dudamos. Nosotras, mujeres, amedrentamos a los hombres cuando al borde de la cama y del precipicio sentimental levantamos la mano como en el colegio, y mirando fijamente a los ojos a nuestro contrincante decimos: “Esto no me gusta”. Algunas lo empeoramos dando indicaciones, otras se atreven incluso a llevar sus manos al centro neurálgico del placer y las más arriesgadas les muestran sin tapujos lo aprendido por ellas mismas tras años de adiestramiento y práctica. Las mujeres hoy conocen sus cuerpos, disfrutan de su sexualidad, saben mover su cabeza en sentido afirmativo y negativo, es decir, son peligrosas, saben lo que quieren. Eso asusta. Hace algún tiempo, en íntimo, muy íntimo, con previos a la cópula, personales, juegos y una

un descuido, cierto mail de carácter detalles precisos acerca de momentos elementos secundarios, preferencias predilección que confieso con total falta

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de pudor por los condones de fresa, fue enviado por error a la persona equivocada, quedando pues a la intemperie todo aquello que tantos años había guardado en el cajón de la intimidad de una cama, de dos jugadores pues, no más. Esa burocracia sexual que implica que antes de llevar a cabo acto alguno has de solicitar instancia predeterminada para ese tipo de circunstancia y ser aprobada y sellada por algún miembro del ministerio de actividades sexuales que indica hasta que punto la mujer puede utilizar sus manos o su boca en actividades sólo lícitas cuando se silencian (pese a la demanda exacerbada de ese tipo de maniobras), o dictaminar por criterios establecidos siempre por hombres cuál es la finalidad del cuerpo femenino, que muchos sitúan aún bajo las sábanas o en la cocina, esa instancia, los documentos invisibles que siempre nos exigen antes de mover pieza por ser mujer y tener coraje, se esfumaron al saltarme todo el papeleo previo e ir directa al grano, algo que los hombres mantienen como uno de sus enunciados perfectos. Instancia pues al descubierto. Más allá de la burocracia administrativa, política y sentimental, todas sabemos que antes de conquistar camas ajenas es necesario un largo proceso cuyo ring se encuentra entre las sábanas. El hombre no presenta instancia alguna, simplemente actúa: él inventó los trámites. La mujer se guía por su instinto, pero sigue, aún hoy, siendo obligada, de forma tácita, a esconder bajo su sonrisa lo que el hombre manifiesta en forma de medalla. Se lanzan mujeres a la hoguera, nunca medallas ni objetos “de valor”.

Ana Vega 11


“La vida de los otros” (drama di rigido y guionizado por Florian Henckel Von Donnersmarck; Alemania, 2006). Técnica: Según su director y guionista, el film e s el resultado de una profunda investigación social de la Aleman ia Oriental antes de la caída del muro, reflejando la influencia de las visitas que siendo niño realizaba para ver a los conocid os de sus padres. Esas imágenes que él vio nos las muestra a trav és de los rostros contenidos, emociones herméticas y lugares so litarios. La película no tiene grandes paisajes o admirables perspectiv as, pero si planos intensos, como el del capitán de la Stasi (seg uridad del estado), sentado en la oscura habitación, oyendo a través de unos tremendos auriculares la conversación de los protagonista s; esta escena se repite con insistencia, haciendo as í remarcar el constante intrusismo del poder en la privacidad de las personas. Sinopsis: En la Alemania Oriental de 1984, al capitán de la Stasi, Gerd Wiesler, le ordenan una misión que influirá de una forma impensable sobre su vida: dicha misión consiste en espiar al prestigioso escritor Georg Dreyman. Sobre él no hay ninguna sospecha, es premio nacional y un simpatizador del régimen, pero el poder duda de su integridad, pues piensa que todo intelectual es una persona subversiva; por eso, instalan micrófonos en su vivienda para mantener todas las conversaciones bajo vigilancia. Desde el inicio de la película se nos muestra como la censura coarta cualquier forma de expresión y anula a toda aquella persona que no se atiene a los límites marcados. El ejemplo más claro lo vemos en la pareja del escritor, la actriz Christa-Maria Sieland: para ella la manifestación artística es el único camino de poder escapar de la opresión, estando dispuesta a cualquier sacrificio para poder ejercer esa posibilidad, incluso entregarse a los deseos del régimen. Es una película intensa, pero sin estridencia, con imágenes de gran frialdad tanto de los lugares como de los personajes, en la que nos refleja el poder que en aquellos años poseía la seguridad del estado y la impunidad que los ciudadanos tenían ante ella, asumiendo como cotidiano el hecho de ser espiados, así como la prohibición de abandonar el país. Son admirables los giros que se produce en los personajes y en las

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circunstancias, haciendo que el argumento te atrape con sutileza, y logre mantener la tens ión incluso después de la caída del muro de Berlín.

Esperanza García Guerrero “After Sex” (comedia romántica di rigida y guionizada por Eric Amadio; EEUU, 2007). Dos apasionados amigos que, por orgullo, no reconocen que se aman; un chico que busca reconocer su homosexualidad en una primer iza y torpe experiencia; la pérdida de la virginidad entre dos adolescent es inseguros, tímidos, pero muy enamorados; dos compañer as de habitación que presumen de su heterosexualidad y que mantiene n encuentros placenteros en la cama; un matrimonio de má s de cuarenta años que recuerda con nostalgia como se conocieron en una orgía sexual; un rockero muy macho que mantiene una re lación con un entrenador deportivo y al que le cuesta rechazar los estere otipos gays; un infiel que sigue encontrándose con una ex novia, a escondidas, en moteles de carretera; un singular encuentr o entre un prometedor actor español y una atractiva chica de pa sado misterioso: estas son las nueve historias que componen “After Sex”, una película de producción independiente, protagonizada por una plantilla de actores no tan populares o conocidos por el gran público (a excepción de Mila Kunis, que despunta en la multipremiada “Cisne Negro”) y que trata sobre esa delgada línea que separa el amor del sexo. Estupenda: con diálogos muy inteligentes, en algunas ocasiones divertida, y en otras, triste. Muy recomendable.

Ana Patricia Moya Rodríguez

El equipo de Groenlandia recomienda: “El hundimiento”, de Oliver Hirschibiegel “Balada Triste de Trompeta”, de Alex de la Iglesia “Ponyo en el lago”, del Studio Ghibli “Gnomeo y Julieta”, de Kelly Asbury “Valor de Ley”, de los hermanos Cohen “Soñadores”, de Bernardo Bertolucci 13 “Más allá de la vida”, de Clint Eastwood


“Brújula del insomnio” (por Beatriz Ruiz Granados, Ediciones Moreno Mejías; 2010). Si tomáramos la cita de Machado, “Palabra en el tiempo”, pa ra descubrir que este el hilo conductor de “Brújula del insomnio”, co ncluiríamos que desde la misma cubierta, un reloj, podemos jugar con esta idea: “Tiempo en la palabra”. / primer concepto / Vivir es estirarse en el tiempo hasta salirse de él Queda claro que somos tiempo (también lo escribió Borges), pero con matices: la vida concluye, el tiempo no. Quizá, por esto, encontramos escasa puntuación en los versos, puesto que el ser humano puede tener pausas y un punto; caso contrario el del tiempo, que discurre inexorablemente y al paralelo de la vida, sin saber en qué momento dejan de serlo. / 13:58 / ¿Cómo despedazar el tiempo si en cualquier fragmento puede estar mi destino? Pero el amor, siempre tiene el método para evitarlo. / décimo / […] y termino desordenando el tiempo exigiéndole que se dilate tanto como mis ganas de ti Tiempo y universo, todo ello, imprimen coherencia estética y temática al volumen, que se construye mediante metáforas delicadas, bellas y extensivas.

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/ elemento constitutivo / estás hecha de lo que están hechas las estrellas de ese material minúsculo que flota en el agua las noches de luna llena En cuanto a la forma, “Brújula del insomnio”, dejando a un lado la primera sección de “Instrucciones”, se construye según una poesía fragmentaria, que consigue una gran cohesión como conjunto y ayuda a la coherencia antes señalada de su voz poética. Muestra de este fragmentarismo son las “Versotilidades”, ingeniosas y directas ráfagas de lirismo y metáfora, verdadera aportación original para la poesía. Precisamente, este apartado parece el comienzo sugerente de lo que luego serán los “poevas”, la última sección del libro, de mayor decisión y construcción, donde el amor se hace más patente. Añadiría que los ”invientos” y “di(versi)dades”, las secciones intermedias entre las “versatilidades” y la última parte, se quedan en intentos de “poevas” (precisamente, sus nombres lo sugieren: invento y diversión), algo a medio camino. Los “poevas” no son “versatilidades” aumentados, sino una representación más dilatada de estos, con otra entidad y otras características cercanas a la poesía actual, con la peculiaridad de Ruiz Granados de la temática del tiempo y el universo. Porque precisamente se trata siempre de un punto del tiempo, del “tiempo en la palabra” como concepto de esta poesía.

Manuel Guerrero Cabrera El equipo de Groenlandia también recomienda: “Y la vida”, de Sergio S. Taboada “Puta poesía”, antología, Luces de Gálibo “Breve testimonio de una mirada”, de Ana Vega “Novela Negra”, de Juan Podestá Arnao “Niña pluma niña nadie”, de Mar Benegas 15Martín “La mujer-precipicio”, de Cristina


“La invasión ha comenzado” (por Pablo Álvarez Almagro; Editorial Pepitas de Calabaza, 2010). Uno de los libros más frescos, divertidos y honestos qu e han caído en mis manos. Fue ávidamente devorado en pocos días. Pero no por ello es libro de usar y tirar, sino un ejer cicio cargado de, como expuse antes, una frescura que me desbordó . Esta novela es deudora del género pulp, de los bolsilibro s de antaño, una delicia para nuestras trasnochadas, aburri das y alienadas mentes. La narración, muy ágil, nos somete a ritmo de vértigo en una invasión a nuestro planeta (u na invasión venusiana). Nos presenta al cuarteto más origin al jamás creado: una periodista novata que trabaja en una public ación de lo más bizarra, su primo, fresa a más no poder y propietario de una tienda de vinilos de coleccionista, el guap eras amigo del primo y Calixto Tótem, un chiflado encantador , líder del grupo, una mezcla de druida y músico, el cantante de Los guardianes del Séptimo Sello. Una novela llena de músi ca, amor, humor y mucha, mucha lisérgica. Un libro para mentes abiertas. Un libro, sin duda, para groenlandeses como tú.

“Los millones” (por Santiago Lorenzo; Libros Mondo Brutto, 2010). A un libro lo hacen grande sus lectores. Un

libro es grande cuando te hace soltar esa lágrima, esa risa, ese estremecimiento… Los millones es uno de los pocos libros que ha conseguido ese efecto en mí. Página a página, capítulo a capítulo, este libro destila VIDA, con toda la miseria posible. Con todo el corazón. Santiago Lorenzo, su autor, en una obra muy bien escrita, nos describe una historia acontecida a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado. Una peculiar historia de un personaje sumamente peculiar también, permitidme redundancias. Una historia de miseria, una historia de fortuna, una historia de amor en una jungla urbana no exenta de peligros. Te sientes llevado por la, excepcionalmente bien llevada trama desde su principio hasta el final. Te enterneces con todos los personajes que aparecen. Es un libro que huele, que late. Es un libro que vive. Espero que tú, que lees estas líneas, no dejes morir a este libro. Debes leerlo

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cuando tengas ocasión. He aquí la sinopsis: Marzo de 1986. A uno del GRAPO le tocan doscientos millones de pesetas en la Lotería Primitiva. No puede cobr arlos porque no tiene DNI.

Andrés Ramón Pérez Blanco

El equipo de Groenlandia recomienda: “Viscerales”, antología, Ediciones del Viento “Beatitud”, antología, Ediciones Baladí “Hilo musical”, de Miqui Otero “Tengo miedo torero”, de Pedro Lemebel “La enfermedad del lado izquierdo”, de Esteban Gutiérrez “Pop”, de Rodrigo Ramos Bañados “Comentarios de texto”, de Antonio Díez “Necrospectiva volumen I”, de Pablo Espinoza Bardi “Lazarillo Z”, de Lázaro González Pérez de Tormes “Tokyo Blues”, de Haruki Murakami “Zoombie”, de Alberto Bermúdez Ortiz “Chump Change”, de Dan Fante “Asco”, de José Ángel Barrueco 17 Rovin “Los murciélagos”, de Jeff


Say Hello To Black Jack (por Syuho Sato; Glé nat Cómics; Colección Seinen Manga). Impresionante drama médico que homenajea a una de las obras más popula res de Osamu Tezuka (Black Jack, el cirujano de lo imposible, que trata de las aventuras y desventuras de un mi sterioso personaje que cura a pacientes fuera del margen de la ley). Narra las hazañas y sinsabores de Eijiro Saito, un joven y recién licenciado en Medicina que comienza sus prác ticas en diversos hospitales de prestigio. El chaval, a pesar de las penurias, adora su vocación, pero tiene un espíritu entusiasta , rebelde e idealista que chocará con los intereses egoístas de cir ujanos, catedráticos, doctores y demás funcionarios de la salud, más interesados por el dinero y el honor que en salvar vidas. Las páginas plantean dilemas acerca de la condición humana y ha ce un retrato, bastante crudo, de la situación sanitaria del pa ís nipón. Recogida en trece volúmenes, a un precio más que asequible; notable la evolución artística del autor, visible en cada tomo. Por desgracia, la segunda parte se mantiene inédita en nuestro país (y, según la crítica, supera con creces las primeras historias), y parece ser que la revista donde se serializaba ha cancelado su edición (la pregunta es: ¿suspendida definitivamente o censurada por su excesiva honestidad?). En lo personal, reconozco que me identifico mucho con el revolucionario protagonista (por su condición de becario precario y por su afán de no perder la dignidad como persona). También quisiera destacar la labor del propio autor, Syuho Sato, que aparte de documentarse exhaustivamente para crear una obra lo más verídica posible, es un artista comprometido y tenaz que se ha revelado contra la nipona industria del cómic y que, a consecuencia de la explotación, ha decidido publicar sus obras en formato digital. Un manga admirable, un autor al que no hay que perder la pista.

La Isla sin sonrisa (por Enrique Fernández; Glénat Cómics; Colección Delicatessen). Novela gráfica merecedora del premio nacional de cómic en Japón. Y no me extraña: “La isla sin sonrisa” es un cuento lleno de magia, una hermosa fábula que tiene como protagonistas a un hombre sombrío que se refugia en

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melancólicos recuerdos, una niña entusiasta y vivaracha, amiga de los animales del bosque , y un triste pueblo de pescadores donde la sombra de la muer te siempre acecha. El señor Milander Dean, un importante geólog o, perdió la sonrisa al morir su hijo y desaparecer su esposa. Le encargan un trabajo en una isla de balleneros lejana: es allí donde conoce a la pequeña Elianor, cuya imaginación desesper a al pobre hombre, incapaz de superar el pasado y de convencer a la pequeña de la crudeza de la realidad. Y es que, lo que no sa be realmente Dean, es que todas las fantásticas leyendas que na rra la niña sobre brujas y seres extraños procedentes del mar so n verdaderas. Es como ver una película de animación, con ev identes influencias de las producciones del Estudio Gh ibli o Disney. Otro motivo más para decir que el noveno arte españo l es de calidad. Soberbio el dibujo. Preciosa la historia. Impr escindible para los amantes del buen cómic.

Ana Patricia Moya

El equipo de Groenlandia recomienda: “Epidemia de melancolía”, de Tony Sandoval “Todo 36-29, Malos Tiempos”, de Carlos Gimenez “Corazones calientes, historias de amor”, de Ralf Köning “Estoy reventado”, de Fukumitsu Shigeyuki “Los años dulces”, de Jiro Taniguchi “Píldoras Azules”, de Frederik Peeters “Z Mazinger”, de Go Nagai “Black Jack”, de Osamu Tezuka (nueva edición) “Todo Los Profesionales”, de Carlos Gimenez “Devilman”, de Go Nagai 19 Solis “No te quiero, pero…” de Fermín


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Patxi Irurzun Enrique Fuentes-Guerra Ana Vega Carmela Contreras Pepe Pereza Ángel Muñoz Rodríguez Carlos Pérez Vaquero Luis Sevilla Óscar Varona Adolfo Marchena Begoña Leonardo Esperanza García Guerrero Ana Patricia Moya 21


(Pamplona, 1969). Autor de los libros: “Cuentos de color gris”, “Cuentos sanfermineros”, “La polla más grande del mundo”, “Ajuste de cuentos” (relatos y cuentos); “Odio enamorado”, “Cuestión de Supervivencia”, “Ciudad Retrete” (novelas). Ha participado en diversas antologías (“Golpes, Ficciones de la Realidad Social”, “Tripulantes”, etc), ha coordinado algunas (como “Hank Over \ Resaca”, “Simpatía por el relato”, etc) y también ha colaborado en diferentes medios (“El País”, “ADN”, “Vinalia Trippers”, “Fábula”, etc). Ha obtenido diversos premios literarios por sus relatos.

Las clases comenzaban con un padrenuestro y un diostesalvemaría. Después tocaba lenguaje, matemáticas y al mediodía religión. Las clase de religión las daba un cura de los de siempre que nos hacía aprender de memoria el catecismo, los mandamientos y nos enseñaba que había pecados de tercera división, como pelear con los compañeros o no hacer la tarea; de segunda, como mentir o sisarle de la cartera a la mamá; y de primera, que eran unos pecados terribles y que se llaman pecados mortales como insultar a Dios, matar o pasar un año entero sin confesarse. Los pecados

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mortales no tenían perdón y te llevaban directamente al infierno. Los otros no contaban si luego te confesabas. - Nuestro corazón está limpio - decía aquel cura - pero con cada pequeño pecado, por ejemplo, con cada palabrota, lo ensuciamos un poco y se va volviendo negro como el carbón, así que, de vez en cuando, tenemos que confesarnos para lavarlo y volverlo a tener limpio, como le gusta a Dios - de modo que aquello de confesarse era como una tintorería para el alma y lo único malo eran los pecados mortales, que no se iban ni frotando con lejía. Recuerdo

que

una

mañana,

tras

el

padrenuestro

y

el

diostesalvemaría, al santiguarme me toqué entre las piernas ("en el nombre del pijo", dije) y que mi compañero de pupitre, que me vio, dijo que aquello era pecado mortal. El mundo se me vino abajo. Me sentía la persona más malvada del mundo. Pensaba que me iban a echar del colegio. Desconfiaba de mi compañero porque creía que se iba a chivar. Tampoco podía pedirle ayuda a Dios porque era precisamente a él a quien había ofendido. Hubiera deseado morirme pero tampoco podía porque iría a parar directamente al infierno. Nunca hasta entonces había querido y a la vez había aborrecido tanto mi vida. Los miércoles por la tarde tocaba confesarse. Nos bajaban a la iglesia y, sentados junto a los confesionarios, esperábamos nuestro turno haciendo una lista mental de los pecados que ennegrecían nuestro corazón. Cuando te tocaba te acercabas al locutorio, le

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decías “Ave María Purísima” a unos ojos que olían a menta, recitabas la lista de pecados y después una voz cavernosa soltaba cuatro latinajos y te mandaba rezar varios padrenuestros, dependía de si tus pecados eran de tercera o de segunda división; luego cumplías la penitencia arrodillado en algún banco de la iglesia y entonces ya podías morirte tranquilamente porque como tenías el corazón limpio ibas al cielo (o sea, que los mejores días para morirse eran los miércoles a partir de las seis y los peores también los miércoles pero antes de las seis). Resultaba todo muy sencillo. Aquella tarde, sin embargo, no se trataba de un pecado de tercera o de segunda división, sino de un pecado mortal, y cuando fui a confesarme, mi voz daba volteretas por el miedo. - He... he pegado a mi hermana pequeña - empecé -, le he robado un caramelo a mi otra hermana, he insultado a Dios y a mi hermano, he desobedecido a mi madre y no he hecho los problemas de matemáticas. Hubo un silencio que duró siglos. Después aquellos dos ojos con olor

a

menta

dijeron

“bien”

y comenzaron

a

soltar

aquella

parrafada que no entendía. Mientras lo hacían yo me deshacía de miedo. - Dos padrenuestros y dos diostesalves - sentenció sin embargo la voz

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Comencé a incorporarme para ir a todo meter a rezar la penitencia pero en ese momento la voz volvió a hablarme; no podía ser todo tan fácil. - Ah - dijo, y comprendí que alguien tan malvado como yo no merecía tal suerte - Y a ver si te portas un poco mejor en casa, hijo, que no cuesta nada - añadió - Puedes irte. Y por supuesto que me fui. A toda mecha. Recé las oraciones y salí dando botes de la iglesia. La vida era maravillosa. La vida sería maravillosa mientras pudieras sentirte limpio y bueno vomitando tus pecados en un confesionario. Después de las clase de religión, al mediodía, tocaba ciencias y sociales y luego a comer a casa. Por la tarde había gimnasia o pretecnología comunión,

y

cosas

también por

el

misas,

catequesis

estilo.

Las

clases

para

la

acaban

primera con

un

padrenuestro y un diostesalvemaría.

Patxi Irurzun25


(Córdoba, 1958). Escritor y poeta. Ha publicado los libros de poesía “Lo que arde (el s ueño del herido)” y “El laberinto sentimental”. Sus poemas han apare cido en distintas publicaciones y blogs.

Mis armas son las palabras. ¿Te ríes? Es una puta sensación de tomadura de pelo. Empieza por el principio. ¿Quién quiere echar un polvo? Tíos con el pelo grasiento. Gente de un lado para otro. Gente increíblemente original. Sudando, sudando, sudando…. Mujeres parecidas a gatos meneando el culo y las caderas. Hermosas, caníbales, libadoras especialmente feas pero llenas de energía haciendo trabajitos por sólo diez pavos y devueltas al sistema. Por favor aclárame las cosas. Ciudadanos de segunda. ¿Aclarándome las cosas? Dónde vamos a parar. Que se jodan. Sólo huele a espagueti sexual. Las cosas viejas por siempre nuevas. Siempre serán auténticas.

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Jueces de redonda coronilla jurando en arameo intentando que no cambie todo. Los cuerpos no vagan invisibles. Ni siquiera los espíritus. Es divertido hablar con ellos, contarle tus penas. Sólo quieres que te la chupen. Dale la vuelta a lo que no te guste. Tengo ideas, tengo espíritu, tengo aliento de perro rabioso. Piérdete, aprovecha tu risa de loco… horas, minutos, segundos. Sobre las olas que suben y bajan sobre el maíz de hojas amarillentas. Ese poli lleva una bala con tu nombre grabado pero yo sólo hablo y como… y bebo… y escribo. Serás mi liberación, lo sabes y te ríes. Pero no soy ningún anarquista, ¿o sí? Ataca, corre y golpea, escóndete, mira a tu alrededor. ¡Anda! Descansa un poco y suspira. Haz el tonto, ríete de todo. Billy Idol, Siuxsie, Rotten, Mc Govan, Jhonny Thunder, Nancy Spungen y Sid, que se la tiraba en el baño arruinándose con la heroína… chutes, chutes, más chutes jodiéndose con mucho cariño… besando a Dios. Cógete algo duro y que aguante, y exprímelos a todos. Llueve plata en mi cabeza, llueve desencanto… pero satisfecho. Satisfecho de joder, satisfecho de avergonzar, …satisfecho de destrozar.

Enrique Fuentes-Guerra27


(Oviedo, Asturias, 1977). Escritora, crítica literaria. Miembro de la Asociación de Escritores de Asturias. Ha colaborado en diversas revistas literarias. Autora de los libros “El cuaderno griego”, “Realidad Paralela” y “Breve Testimonio de una mirada”. Obtuvo el accésit del XXVI Premio Nacional de Poesía Hernán Esquío (2008). Posee varias obras inéditas (de poesía y relatos). Ha participado en recitales y en distintas antologías (la última, editada por Bartebly, “La manera de recogerse el pelo: Generación Blogguer”). Ha sido traducida al inglés. Actualmente, organiza eventos culturales y coordina talleres literarios. Recientemente, ha publicado su nuevo poemario, “La edad de los Lagartos” (Editorial Origami, 2011).

Suavemente el poder de una boca nos hace recobrar la fe en el instante que se detiene, fijo, inmóvil, en la retina del amante, y que nunca, jamás, después de ese bendito instante alcanzamos a recordar, ni conseguimos atisbar siquiera. La puerta se cierra tras nosotros para siempre. La fe

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vuelve a diluirse entre nuestras manos y la boca que hemos besado tanto.

Hay ojos que me miran sin verme, y manos que aún expertas en adiestramientos ajenos, infinitos, quizás, nunca hallarán el punto exacto en que mi geometría alcanza la curvatura perfecta, cuando pierdo entonces la conciencia pues sólo de ese modo mis piernas alcanzan la postura impronunciable del viento, y mi espalda se arquea y mis manos buscan bajo la niebla de la respiración

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de al lado un apoyo donde esconder, proteger, aquello que no tiene nombre: el presente paralizado entre dos cuerpos. La bendita cercanía vencida por un beso. Y aún así hay manos que desconocerán siempre el pliegue más íntimo donde mi cuerpo se convierte en una boca hambrienta y tu cuerpo en sed infinita. Hay manos que nunca, ojos que nunca, nombres que nunca sabrán nunca jamás nunca nada de mí.

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Lentamente, de forma sigilosa, el perro se arrastró por el suelo hasta llegar a ella. La chica estaba llorando, en posición fetal, sobre la hierba. El perro se acercó despacio y comenzó a olisquearla, por todo el cuerpo. La chica siguió llorando sin percatarse de la presencia del perro. Se encendió la farola que había junto a la chica, anochecía. La escena parecía reproducir una extraña danza entre el perro y la chica. El perro se sentó a su lado. Ella siguió llorando, cada vez más y más fuerte, con algún espasmo corporal provocado por el frío, hasta que pasadas dos horas su llanto cesó de golpe. Estiró las piernas, se sentó, y comenzó a acariciar la hierba que la rodeaba. Fue entonces cuando lo vio, allí mismo, junto a ella, sin moverse, con su mirada clavada en sus ojos. Jack había regresado a casa. 31


Muerto, muerto, muerto… Eso le decía la voz que escuchaba dentro de su cabeza. Muerto, muerto… Una y otra vez, sin cesar, sin descanso. Apenas recordaba su nariz encorvada y fría, siempre muy fría, la gabardina colgada en el perchero y el paraguas junto a la puerta. Le conoció un día de verano, cuando disfrutaba de unas vacaciones en casa de tía Angélica, en el campo. Eran casi unos niños. Carmen le susurró al oído que ya había cumplido los dieciocho. Jaime tenía veinticinco. Tía Angélica pensaba que era un tipo raro, su familia acababa de instalarse en el pueblo, en la casa que había junto al lago. La gente decía muchas cosas entonces. Pasados tres años Jaime y Carmen se casaron en la ciudad. Una ceremonia íntima, con pocos invitados, los familiares más cercanos tan sólo. Carmen ya estaba embarazada por aquel entonces. Primero nació Pablo, luego Mario y la última en llegar fue Lucía, la más esperada, la princesa de la casa. Felices, podría decirse que siempre fueron felices, excesivamente dichosos, sin problemas, sin obstáculos, como si sus vidas siguieran una línea recta sin sobresalto alguno ni baches, nada. Simple y pura felicidad. Cuando Lucía cumplió seis años, Jaime y Carmen organizaron una gran fiesta. Su padre se empeñó en contratar a un payaso para divertir a los niños. A Carmen no le gustaba nada la idea. Desde pequeña sentía cierto terror ilógico y desmesurado por esos extraños seres que vestían ropas de colores chillones. Esa misma mañana, Carmen se levantó muy temprano, a las siete en punto. Preparó la tarta, ordenó la casa y salió al jardín a organizarlo todo. A las once Carmen no había terminado aún con los preparativos de la fiesta. Le faltaban muchas cosas por hacer,

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comenzaba a ponerse nerviosa. Se le había pasado el tiempo volando. Miró el reloj, marcaba las once y cuarto. Los niños dormían todavía. Le pareció raro que Jaime no se hubiera levantado. Subió las escaleras hacia el dormitorio, tenía que echarle una mano en el jardín. Cuando llegó junto a la cama, le llamó

y

como

no

despertaba,

le

zarandeó.

Nada.

No

se

despertaba. Carmen siguió llamándole: Jaime, Jaime… Entonces se dio cuenta. Acercó su cara a su boca y no sintió nada: Jaime no respiraba. Comprobó el pulso. Parecía estar muerto. Entonces sonó el timbre. Bajó corriendo las escaleras. Cuando llegó al primer piso se dio cuenta de que había perdido una de las zapatillas por el camino. Abrió la puerta arreglándose el pelo. Allí estaba. Allí estaba el payaso, frente a ella. Vengo por lo de la fiesta de cumpleaños, dijo sonriendo. Muerto, dijo Carmen. Está muerto,

repitió.

Cayó

de

rodillas

llorando.

Muerto,

muerto,

muerto, se repetía a sí misma una y otra vez. El payaso la levantó del suelo, intentó tranquilizarla. Carmen ya no recordaba apenas a su marido. Jaime se había transformado en una débil silueta de nariz aguileña perdida en su memoria. Miró el perchero y vio la gabardina, y el paraguas, junto a ella. Muerto, muerto, muerto, escuchaba sin cesar en su cabeza.

Ana Vega33


(Sevilla, 1976). Ama de casa, monitora de guardería, escritora (de poemas y relatos), a golpes de corazón. Junto a Andrés Ramón Pérez Blanco, el poemario “No hay prosa” (Groenlandia, 2011). En su blog, más textos: http://bicheja-pelleja.blogspot.com.

Camino, no se a dónde llegaré, pero tampoco me importa, ni siquiera me preocupo, porque ya soy feliz. Rodeo la playa, desnudo mi frágil cuerpo, lanzando la ropa al viento, ya no me sirve, ya no la necesito. No estoy triste, no me interesa lo que dejo atrás, sólo quedan tristes recuerdos, así que los abandono, los despido con amor y sentimiento, apartándolos del alma marchita y fría cual nieve, ya no volverán a atormentarme más. La oscuridad de la noche me envuelve en suave brisa, y el mar me susurra al oído poesía; ¿quizás me este llamando? No lo sé, me quedo atrapada en su aroma a sal, en su dulce sabor amargo, en su tenue azul, que va llenando mi espíritu de sensaciones extrañas, pero tan mágicas que brota de mi interior una sonrisa tierna. Camino sobre la fina arena, pero más que caminar es como flotar, estoy dentro de él, como si formáramos un solo ser. Tiemblo, hace frío y me cuesta respirar, ¿me estoy muriendo? Puede ser, el mar es posesivo, si te adentras en él se apodera de la debilidad, se aprovecha de la tristeza, te envuelve en poesía y te pierdes dentro de su rumor a sal. Estoy muerta, de ello no tengo duda, pues mi alma se escapa de mi cuerpo, sonríe y me mira, me habla, pero yo no lo escucho, no lo siento, se acabó todo el dolor, la angustia por sobrevivir, la espera y la mentira. Mi alma se marcha, se despide con un adiós, y yo quisiera explicarle tantas cosas, aunque sea tarde, sí, sólo decirle que ahora soy feliz, ya no sufro, ya no siento, ya no temo. La brisa y las olas serán mi compañía y yo seré parte del precioso mar, no hay nada más deseado ni más querido.

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En el silencio de mis largas noches aún oigo tus suspiros. Entrecortados recorren mis oído s en la búsqueda de tu recuerdo. Aún anhelo tus suav es y ausentes caricias. Aún anhelo todo lo que no tuve. Y en mis pasajeras tardes recorro el paseo por el cual jamás caminamos entr elazando nuestras manos. En mis noches confundo el roce de las sábanas con el inexistente de tu cuerpo. Todavía teng o el sabor de tu boca en la mía, el sabor que desconozco. Mi cabe za responde las preguntas que nunca mencionaste. Y tú olvida ste que nunca te dije que te quería. Y ahora grito al vien to que nunca te querré. Que conseguí olvidarte y nunca te re cordaré. Tú nunca has estado en mí, digo apenada. Jamá s me besaste con pasión, jamás me dijiste que me amabas, jamás ten dré esos recuerdos. Tú eres el culpable de ello, nunca diste op ortunidad a mis caricias, a mis palabras, a mis abrazos, a mi s besos, a mí. Ahora lamento haber centrado mi atención a alguien que no supo apreciarla, ahora lamento la forma en la que me entregué a tus manías, a tus pretextos, a ti. Me arrepiento de haberme dado cuenta demasiado tarde. Ahora ni tú ni yo estamos allí, ni tú ni yo volveremos allí. Es una pérdida de tiempo y espacio recordar algo que nunca fue mío. En tu mano estuvo la oportunidad de hablarme largas tardes, de abrazarme como un amigo, de besarme por primera vez, de hacerme el amor como un amante desbocado. Y yo me hubiese dejado. No habría encontrado límite a mi pasión porque por ti era inmensa e infinita. Deseaba tanto que me hicieses sentir una mujer que no me di cuenta de que estabas amargando mi niñez. Tus rechazos silenciosos me empujaron a acciones que ni yo misma me hubiese atrevido a mencionar pero de las que me enseñaron a vivir, a llorar sin ti, a reír sin ti, a hacer el amor sin ti, a vivir sin ti. Aún recuerdo que nunca exististe, aún recuerdo que nunca me besaste, aún recuerdo que nunca me amaste, aún recuerdo nada.

Carmela Contreras35


(Logroño). Ex – actor, guionista, poeta, escritor y director. Sus relatos han aparecido en diversas revistas y fanzines como “Narrativas”, “Lafanzine”, “Al otro lado del Espejo”, “Agitadoras”, “Cruce de Caminos”, “Deshonoris Causa”, “En sentido figurado”, así como en diversos blogs: “Crónicas para decorar un vacío” (de Xen Rabanal), “Hank Over \ Resaca” (Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irurzun), etc. Ha publicado el libro de relatos “Putas” (Ediciones Groenlandia; segunda edición, próximamente). En el 2012, la editorial Baile del Sol publicará su segundo libro, “Amores Breves”. Aparece en las antologías “Viscerales” (Ediciones del Viento), “Los rincones más oscuros: antología del miedo”, “Des-amor”, (Groenlandia), “Beatitud: Visiones de la Beat Generation” (Ediciones Baladí), entre otras. En breve, publicará en Groenlandia su tercer libro de relatos hasta ahora inédito: “Momentos extraños”. Su blog: http://www.asperezas.blogspot.com.

Una habitación. En ella madre e hija. La madre postrada en la cama se moría lentamente consumida por un cáncer de estomago. Hacía meses que apenas podía comer, tan sólo agua, papillas y suero. Sus dolores eran compartidos solidariamente por su hija, que en todo momento se ocupaba de ella haciendo suyos aquellos retortijones mortales con la paciencia que da el haber velado durante cientos de horas al ser querido, sabiendo que la mejor salida era una muerte rápida que las liberase a ambas. Esa noche estaba siendo larga y dura, más de lo normal. Su madre se retorcía en la cama, desesperada, con ascuas al rojo en el estómago. Los calmantes hacía tiempo que dejaron de hacerle efecto.

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- No lo soporto más. - se quejó la madre. - Ten paciencia. - ¡Quiero morirme ya! - Aguanta un poco más. - Me duele tanto… - Aguanta madre. - ¿Pero por qué no me muero? - Ya no queda mucho… Le cogió la mano e intentó transmitirle todo su amor, no podía hacer otra cosa. La madre hizo un esfuerzo y aguantó el dolor en silencio. Con un poco de suerte mañana estaría muerta.

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De sus labios pasó a los lóbulos de las orejas, luego bajo por el cuello para terminar en sus pechos, sus pezones, la tripa, el ombligo y directo al tramo final. Justo antes de abordar su sexo le llegó un fuerte olor a amoníaco. De golpe, el deseo desapareció y salió huyendo hacía quién sabe dónde. Fue bastante embarazoso dar por terminado lo que en un principio iba a ser una velada de sexo salvaje. - ¿Qué pasa? ¿Por qué paras? – dijo ella. - Tu coño apesta. - ¿Qué dices? - Apesta. Ella se llevó la mano a su vagina, pasó sus dedos por encima y luego los olió. - Tienes razón, huele un montón. Qué raro... si me he duchado esta mañana. - No sé que decir. - Te juro que me he duchado. - Tranquila, yo te creo. - Voy a lavarme. Se levantó de la cama y fue directa al baño. Él se quedó observando su deshinchado pene. Escuchó cómo ella abría el grifo y casi sin pensarlo comenzó a hablar:

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- Un día llegó una mujer de mediana edad a la consulta. Al examinarla, la sala entera se llenó de un agrio olor que salía de su coño. Yo no podía creérmelo, le pregunté cuando fue la última vez que aseó sus partes íntimas y ella me contestó que nunca, que esas partes no se lavaban porque era pecado tocarlas. ¿Puedes creértelo? Esa mujer no se había lavado el potorro en su vida. Nos costó muchísimo esfuerzo convencerla para que se dejase bañar por dos enfermeras... Por fin la asearon y pude examinarla. Al día siguiente llegó un hombre blandiendo un gran cuchillo y gritando que donde estaba el hijoputa que le había quitado el olor a hembra a su mujer. Evidentemente el hijoputa era yo y el hombre armado era el marido de la mujer del coño apestoso. Decía que ya no podía hacer el amor con su esposa porque le habíamos quitado el olor a hembra... Estuvo a punto de matarme. - (Saliendo del baño) ¿Por qué me cuentas esa historia? - No sé. De pronto me vino a la cabeza. - (Poniéndole el coño delante de la cara) ¿Seguimos donde lo habíamos dejado? - Ya no me apetece. - ¿Lo dices en serio? - Lo siento, pero así es como funcionan los frágiles mecanismos del cerebro. Un exagerado olor a hembra apaga o enciende según qué libido, según qué persona. - Eres un cretino… Ella cogió su ropa, se vistió y salió de la habitación dando un portazo que hizo temblar los cimientos del edificio.

Pepe Pereza39


(Leganés, Madrid, 1977). Licenciado en Historia del Arte. Poeta, narrador, fotógrafo. Autor de: “Ya no leo Tebeos de Wonderwoman” (Groenlandia, 2009) y “Como Ulises en una cacharrería” (Bohodón Ediciones, 2010). Sus textos han aparecido en diversas revistas literarias, así como en blogs, páginas webs y antologías literarias. Tiene su espacio en Las Afinidades Narrativas y Electivas. Ha participado en multitud de recitales y exposiciones. Impulsor del proyecto poético “Poetrastros: por favor, tratad con cariño”, y editor de La Vida Rima Ediciones. Tiene varios poemarios inéditos.

Insistencia de agua, verde, agua, verde, a veces un poste. Telefónico creo. Parece mentira no haber aprendido la lección de la naturaleza y sólo podamos desvelar la incógnita de la ecuación en unos determinados lugares.

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Lo corrió a pedradas calle abajo. No era un argumento de peso para achantarse el que aquel hombre le triplicase la edad, si era un obstáculo tener las piernas tan cortas para alcanzarlo y propinarle su merecido. La última piedra le acertó en plena coronilla. Las manos en la cabeza, gemidos, la sangre brotando, la sonrisa triunfal dibujada. Su hermana podía estar tranquila. Nadie volvería a abofetearla de un modo tan brutal por querer obligar un beso. Olía a estofado. Las tripas se quejaron. Comería y satisfecho narraría la hazaña a todos. Oyó conversación en la salita. Su madre y un desconocido. Cayó en la cuneta. Lo peor no iba a ser quedarse sin estofado. Esconderse tampoco.

Ángel Muñoz Rodríguez 41


(Valladolid, 1969). Escritor y jurista. Estudió Derecho y se especializó en Criminología. Ha escrito artículos y libros en diversos medios.

Sophie:

Los terribles jacobinos me han encerrado en esta mazmorra y no creo que mañana me libre de la guillotina.

Amor, nunca pensé que mis últimas palabras te las escribiría en el muro de una prisión pero es el único medio que tengo de llegar a ti.

No me queda tiempo, mi vida. Siento el cosquilleo del sueño por todo mi cuerpo, pero no sufras,

me siento en paz.

Ahora sólo tengo que rezar por mi alma y rogar a Dios que te proteja, Sophie; mi querida esposa... porque siempre te amaré

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hasta

la

Ăşltima gota de

mi sa ngr

Carlos PĂŠrez Vaquero

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(Madrid). Misterioso poeta, narrador, fotógrafo, crítico literario, misántropo. Ha aparecido en diversas antologías. Mantiene el blog: www.lacasaenpenumbras.blogspot.com.

Colores como perfumes, Líneas que atraviesan Un horizonte marrón, Triángulos convexos Sobre vientos fugaces Descritos sobre lienzo. Flota una mano Se sostiene El aliento Una línea Esbozada En medio De no se sabe dónde. Sostenme esta noche, Mi cuerpo cae Cuando te mira.

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Sostenme antes de caer Como un trazo desvestido En un océano de olores Que son como música sostenida En rojos, amarillos, ocres. Flotan palabras Frágiles Invisibles El suspiro De una línea Que cruza El hilo de tu mano Para tocarme Cuerpo silente Y amor desbocado Desvestido Y manchado en óleo En medio De no se sabe dónde.

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Si por un casual te la encuentras y te pregunta por qué te fuiste, dile que fui a hacer autostop por carreteras secundarias en busca de Kerouac y de alguien como Cassidy para escribir mano a mano con Burroughs una de las mejores novelas inéditas de todos los tiempos. Dile que me gusta acordarme de ella cuando la lluvia y la carretera me llevan de una ciudad a otra, que el olor a campo y arcén quemado de la ciudad en Agosto es ella cuando era toda agua y su mirada se perdía dentro de mí, como si se preguntara siempre en qué estaba pensando. En nada, le mentía. Encendía uno de esos cigarrillos aromáticos. Besaba sus labios como quien acaricia la frente de un niño. Pensaba en mí lejos de ella pensando en ella. Dile que aún fumo esos pitillos sin filtro cuando entro en uno de esos bares llenos de tipos solitarios que sólo buscan compañía echando unas partidas y bebiendo whisky, cuando la tarde cae por la ventana como los vestidos de todas las mujeres a quienes amaron y nunca pudieron tener. Huelo a cigarrillo puro, a humo denso subiendo de la barbilla al pelo. Una carta detrás de otra, todas las que no escribieron para que supieran la clase de tipos que eran en realidad. Me gustaban los pueblos y los bares del centro, el silencio de las noches que la ciudad no ahogaba con su alumbrado y sus decepciones. Me gustaba sentarme en los porches de las casas, escuchando viento y silencio, preguntándome dónde estarías o con quien estarías, y comprendía que debía seguir yendo de un lugar a otro para que vieras mi vida como en una novela barata de hojas amarillas y cuarteadas y unos céntimos en el quiosco.

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Dile que me levanto temprano todas las mañanas, antes de que amanezca,

y

que

me

pongo

en

marcha

caminando

por

el

empedrado de las vías del tren. Una mochila en la espalda y un termo con café caliente es todo lo que necesito, todo lo que tengo. Dile eso, que todo lo que tuve se ha ido perdiendo como ella, que cosas como el amor o el deseo me ha abandonado también. Todas se olvidaron, ninguna dejó huella, aunque puede que algo de mí sí se quedara tatuado en todas las cosas que nunca permití que sucedieran. Levanto la tienda de campaña allí en la montaña, rodeado de árboles y Whitman. Desde aquí veo las luces de las ciudades temblar como la boca de un adolescente que acaba de descubrir el amor. Un cigarrillo y un sorbo de café, puede que después baje por unas cervezas y me siente a ver jugar mientras afuera llueve y tú me echas de menos, y yo te echo de menos, sabiendo que estamos condenados a ser algo imposible, y es que nací para conocerte y vivir sin ti. Nací como para estar de paso, escribir que todas las cosas se desvanecen, y cantar en locales de medianoche canciones tristes que hablan de un hombre que nunca echó raíces, y que se perdió un día para morir solo, tal y como había nacido.

Luis Sevilla

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(Madrid). Bibliotecario. Fumador empedernido. Escritor y dibujante. Responsable de la publicación artística “Delirio”. Ha publicado los libros “Síntesis” (compilación de relatos) y “Cómo” (novela), ambos en la editorial Bubok. Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés.

Un recuerdo que A cuenta a B sin que éste se inmute o cambie el semblante

de

su

rostro

frío

y

distante.

Tampoco

A

parece

entusiasmado con la narración que realiza y tal vez hable por no tener que sufrir el silencio de la compañía. De pie, el uno frente al otro, sin mirarse directamente, intentando no sentir demasiado la presencia del otro, sin que esto coarte la verdadera razón por la que tienen que estar juntos durante un tiempo indeterminado. Una especie de terapia con la que ni A ni B se encuentran a gusto. Definitivamente B se aburre del parloteo incesante de A e intenta que esto se vea reflejado en su mirada. No escucha, apenas siente. A saber lo que A considera interesante que contar. Aparte del sonido monótono de la voz, nada se oye o se percibe, ni ruido

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ni sonido alguno. Tal vez B debería prestar atención, pues es posible que lo narrado contenga cierta información que le sirva de interés. Y es que B carece de recuerdos, mientras que A ni siquiera sabe lo que es el presente. Es por esto que A debe vivir el aquí y ahora como una prolongación de su pasado, sin pensar en las consecuencias que esto pueda acarrear. Por el momento ninguna. B mete las manos en los bolsillos y las vuelve a sacar. No sabe qué hacer, qué extremidad será la siguiente en mover para matar un segundo de su tiempo. Y, sin embargo, ¿qué pasaría si A callase y el silencio les cogiese por sorpresa? B se sentiría mejor, sin lugar a dudas, aunque sabe que A no podría estar más de dos segundos callado. Y después qué. Después el silencio. Su relación probablemente moriría. B existe porque A habla y A existe porque B escucha. Lo extraño es que ninguno de los dos parece estar conforme con esta relación, pese a aquello que conllevaría el mutismo de A o la sordera de B. Sin embargo, ninguno de los dos hace demasiado caso al otro, cruzando unas pocas miradas furtivas y de escaso significado. A recuerda, porque para eso le fue dada la vida. B maldice en silencio que alguien le haya puesto en esta situación. Puede que B quiera decir algo, mas no se le ocurre gran cosa, y es posible que A necesite un descanso, pero eso conllevaría tener que escuchar al contrario. En un momento dado, B se acerca a A y con un gesto rápido e imprevisible le tapa la boca con su mano. Los ojos de A delatan un miedo desconocido mientras su voz se va apagando paulatinamente entre los dedos de B. De repente, el silencio, que apenas dura un par de segundos, poco antes de que la luz se apague y la oscuridad se propague.

Óscar Varona

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(Vitoria, 1967). Codirige la revista “Amilamia”, junto a José Luis Pasarín Aristi, con quien publica, en 1992, el libro de poesía “Cartapacios de Lucerna” (Ediciones Libertarias / Prodhufi). Ha publicado en revistas literarias impresas y digitales, como “Cuadernos del Matemático”, “Río Arga”, “Groenlandia”, “Turia”, “Los Cuadernos del Sornabique”, “Letralia”, “Océano”, “Haritza”, “El cuervo”, etc. Ha publicado el libro de poesía “Proteo; el yo posible”. Sus poemas han sido traducidos al alemán, francés, euskera y árabe. Ha publicado recientemente dos libros digitales: “La reconstrucción de la Memoria” (Groenlandia, 2008) y “Planta de Neurocirugía” (Editorial Remolinos, 2008).

…festivo se acongoja ante tanta pulcritud de entresuelos de púlpitos, el sacerdote regalando homilías tan lejanas como el tambor de una novela, la película sobre la vida de un jazzista. No caer en la tentación de emprender a horas tempranas esa pieza mayor no caer en la pronta embestida del toro jadeando a tus espaldas cuando todo es de madera como templo budista o la nariz de Pinocho con la púa a punto de rasgar el firmamento y la corteza.

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…invadida por los cangrejos la parada de taxis en la cercanía la cuerda del bajo rasgaba el hotel a donde se dirigía en forma de aguacero. Una tarde de principio de mayo el sol regurgitaba la melodía de una realidad insoportable. Fue entonces cuando sucedió todo. Se encontró con ella sin la lascivia de costumbre y supo ver el gris marengo en su sombrero y supo ver el suplicio de las escombreras y supo ver la carnaza de las bocas trashumantes.

51 Adolfo Marchena


(Zamora). Trabajadora de la palabra, poeta siempre y sin opción, autónoma a ratos, madre a tiempo completo. Escribe para diferentes medios como freelance y colabora en revistas literarias, impresas y digitales. Participa en eventos literarios y tiene su espacio en Las Afinidades Electivas. Es miembro del REMES y sus letras aparecen en las antologías “Esnifando Letras” y “Des-amor”; ha prologado el libro “Cosas que nunca te diré” y ha sido finalista del primer premio de poesía Gertrudis Gómez de Avellaneda. Ha publicado los libros de poesía: “Respira, y luego dime que estás vivo”, “Nadie dirige las palabras” y “No frenes la lengua de los pájaros”. Mantiene los dos blogs literarios: “Más allá de lo invisible” (http://pasajera67.blogspot.com) y “Dad aire a mi voz” (http://aquinohaycerraduras.blogspot.com).

Era mi pared favorita. La abuela la llamaba la pared de los chicos. De ella colgaban los diplomas, los títulos más o menos relevantes que mis tíos y mi padre habían ido obteniendo en sus años de estudiantes. También, algunas acuarelas de papá que según él, hacía años que tendrían que haber pasado de la pared a la basura. Mi abuela se resistía a deshacerse de los pequeños recuerdos de sus chicos. Toda la vida se había sentido a salvo mirando aquella pared. Para mí, era la pared del reloj. El reloj de mi infancia, el que marcaba la hora de la merienda, el tiempo de las siestas en verano y de la hora bruja, como decía Anita, aunque yo no entendía nada y lo único que se me ocurría preguntar era cómo sabía la vieja tata de la familia a qué hora vendrían las brujas, si no lo sabía ni yo, que era toda una experta en esos temas. Largas tardes, soñando con las vacaciones de verano, con la Navidad, con los regalos, o mejor, con los paquetes de los regalos, el papel

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de celofán, los lazos… Aquellos colores, olores… Y el latido perfecto de su corazón resonando, a veces con prisa, a días lento y sosegado y otras pesaroso, siempre atento a lo que en mis sentimientos de niña yo podía albergar. Los sábados por la mañana, a eso de las once, mi abuela me pedía ayuda, dándole la importancia que para una niña de cinco años requería la operación. Había que darle un repaso a la caja del reloj. Con un paño suave y de color marrón debíamos quitar primero el polvo, sacudirlo concienzudamente y acto seguido, poner un poco de líquido. Un oscuro linimento que yo siempre relacioné con los dolores musculares de mi abuelo; era lo que tenía en la mesilla, o eso creía yo, pero claro, yo estaba segura de que también al reloj había que darle masajes, y eso es lo que yo hacía, no limpiarlo de una manera mecánica y sin sentimientos como hacía mi abuela. Yo masajeaba amorosamente al viejo mueble, que era mi amigo, mi cómplice, mi compañero, cuando a solas nadie me escuchaba y él me guardaba. Me daba protección. Hoy recuerdo con una emoción intacta el día que recibí la noticia. La abuela ya viuda había dejado la vieja casa. Pocos días más tarde, Anita se presentó en la casa de mis padres. Llamó a la puerta tímida y triste, mayor respetuosa y pidió hablar con la niña, su niña. Ella era la única persona en el mundo que sabía de mi pasión por el reloj. Su mirada me desveló algo que había presentido justo cuando sonó el timbre. Había ido a la casa, la abuela la había enviado para dar el último vistazo. Enseguida,

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sintió su ausencia, no necesitó mirar a la pared. El viejo reloj había desaparecido. No paré de llorar en toda la tarde, me urgía una explicación… Poco antes de la cena, apareció mi padre nervioso y emocionado: - Asunto arreglado. - dijo - Nadie se quedará con mi reloj. ¡Sorpresa! Papá sentía lo mismo que yo. - Los futuros inquilinos son muy modernos, lo más probable es que se deshagan de él… Qué emocionada estaba, abracé a papá como nunca, me sentí entre sus brazos tan feliz, notaba su protección; compartía con él algo que nunca imaginé. Seguro que el viejo reloj había sentido lo mismo que yo cuando los fuertes y protectores brazos de mi padre le cargaron hasta casa. Al día siguiente, elegimos juntos el lugar que merecía. Y aunque durante un rato estuve empeñada en que se quedara en mi habitación, mamá se encargó de quitármelo de la cabeza, pues sus latidos no me hubieran dejado pegar ojo. Decidimos que desde la pared frente al recodo que hacía el pasillo, podía observar a toda la casa y a todos sus moradores. Después de tantos años, ahora me toca a mí recoger el testigo,

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nunca lo hemos hablad o, pero estoy segura de que mi hija siente por ĂŠl lo mismo que yo. A pesar de que la vida es distinta, el viejo reloj sigue despertand o la misma pasiĂłn, la vieja maquinaria funciona perfecta mente y la caja restaurada brilla igual que ayer. La historia se repite.

BegoĂąa Leonardo

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(Sevilla). Forma parte del proyecto Fahrenheit 451 (Las Personas Libro). Sus poemas aparecen en diversas antologías: “Poemas para un minuto” (Editorial Hipálage, 2007), “Girapoemas” (2009). Ha participado en diversas revistas y algunas páginas Web de Literatura. Ha formado parte del ciclo “Versos Sumados”, dentro del Festival Cosmopoética (Córdoba, 2009).

Irene detuvo el automóvil en el apeadero de la gasolinera; no necesitaba repostar, ni le apetecía entrar en la cafetería. Sólo quería contemplar de lejos como las primeras casas del pueblo comenzaban a desperezarse con la luz del amanecer. Siempre supo que, para bien o para mal, algún día regresaría; estaba pegada a ese lugar porque ella era una prolongación de aquella tierra. Pero nunca pensó que la vuelta se dilataría tanto. Bajó la ventanilla del vehículo, recogió su pelo en un absurdo moño sostenido tan sólo por un bolígrafo y encendió un cigarrillo; no le apetecía fumar, sabía que luego lamentaría el sabor amargo a nicotina que dejaba en la boca y la acidez que produciría en el estómago, pero no le importó. A veces prefería imponerse esa sanción, así mientras lamentaba la secuela del castigo, dejaba descansar su mente. Dio la última calada, introdujo la colilla en la lata vacía de coca-cola que llevaba bajo el asiento. Se miró en el espejo retrovisor, deshizo el moño dejando que la melena cayera con

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libertad sobre los hombros, exhaló un intenso suspiro e inició la marcha por aquel serpenteante camino. A medida que recorría las

pronunciadas

curvas,

entrab a

en

una

espiral

que

la

deslizaba hacia sus inicios, pero en vez de sentir rechazo por la situación, para su sorpresa, se despertó en ella la añoranza por un tiempo que siempre quiso desterrar. Desde que se marchó, todos lo s recuerdos han confluido en aquel pequeño pueblo, haci endo que se sintiera unida a su origen por el cordón umbilical del pasado, y ahora regresaba a él para recompo ner los jirones del presente, porque si algo le había ensañado el paso de los años era que, para avanzar, debía afrontar el ayer, y para es o debía volver a visitar el lugar donde halló el cuerpo del padr e colgando de una soga.

Esperanza García Guerrero

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(Córdoba, 1982). Licenciada en Humanidades y Master en Textos, Documentación e Intervención Cultural (especialidad en Edición). Pluriempleada. Sus textos - poemas y relatos – han aparecido en distintas publicaciones (revistas, fanzines, panfletos literarios), digitales e impresas, de España e Hispanoamérica, así como en distintas páginas webs, blogs, plaquettes y antologías (“Heterogéneos”, “Anuncios (Des)Clasificados II”, “Póker de Reinas”, “Esnifando Letras”; “Poetrastros: por favor, tratad con cariño”, “Nocturnos”, en prensa). Tiene su espacio en Las Afinidades Narrativas y Las Afinidades Electivas. Ha publicado el poemario “Bocaditos de Realidad” (segunda edición del 2010) y “Cuentos de la Carne”, su primer libro de relatos. Sus poemas han sido traducidos al catalán, italiano, inglés, francés, portugués y alemán.

Con un poco de esperanza entre las manos / aguardo a la respuesta más ansiada de mi existencia / ¿eres tú la parada de este largo y angustioso recorrido? / aposté por arrojar los últimos naipes a tu favor / carcajadas escucho cuando reflexiono sobre lo vieja que soy / pero observo mis manos y siento las ausentes arrugas / (las recientes canas me advierten) / porque el tiempo es un tirano que somete a las agujas del reloj / la visión del cielo siempre nublado / sombras expectantes cruzan el umbral de mi puerta reclamando lágrimas / los tentáculos de la soledad / pero tú las espantas con tu presencia única / detienes la noria de emociones de mi pecho / ¿serás tú quien ponga punto y final a la memoria de esta triste mujer peonza? / nunca fui desleal / (y mis cuernos son tamaño torres medievales) / nunca dañé a conciencia / (siempre fui malvada en defensa propia: no soy - ni quiero ser inocente o pura) / y estoy condenada por el destino / el karma / castigo divino por pecados inexistentes / las prisas de la cobarde

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época moderna / la desaparición de las tesis de Nietzsche / o yo qué coño sé / pero estoy sometida a la estúpida ley universal del sin sentido / y quiero parar en seco / me marean los típicos cuentos contemporáneos / y quiero saber si tú eres la deseada estación final / quiero saber si tú me acogerás con cariño / destrozarás mi detestable curriculum amoroso del pasado / detendrás el tiempo con caricias y besos / y harás que siempre brille el sol sobre nuestra cama. Quisiera creer que no estaré sola toda mi puta vida Quiero, debo, puedo, ansío creer en ti Porque tú eres un milagro El último pasaporte

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Padre mío, que trabajas horas y horas para que no nos falte de nada, santificado seas, hombre enfermo de amor, señor del reino de los humildes, haz tuya la voluntad con esas manos víctimas de sabañones, quemaduras y cortes, perdona a Dios por ser tan blasfemo y a los desgraciados que no merecen ni unas miserables migajas de compasión, no me dejes sola en este agrietado camino, cercado con alambres de espinos, y libérame de la "poesía" de profetas impostores,

amén.

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Rafael condujo hacía su apartamento, dispuesto a descansar de la jornada laboral. En el teléfono, mensajes lastimeros de su anterior pareja,

que

exigía

explicaciones:

Rafael

llevaba

meses

sin

contactar con ella. Ni llamadas, ni mensajes al buzón del correo electrónico: nada. Y es que, para aquel hombre, ya no había amor, y su ex, la que con voz desesperada lo reclamaba a través del

aparato,

no

había

asumido

que,

con

esa

repentina

desaparición, se confirmaba la ruptura. Rafael borró todos los mensajes: estaba agotado y no le apetecía escuchar las desgracias de una mujer abandonada. Con la indiferencia, tarde o temprano, todas se olvidan de él. Miró el reloj: había invitado a su nueva novia a cenar en su casa, y por eso, preparó unas exquisitas especialidades y se encargó de crear un ambiente adecuado – velas, música suave, luz tenue, pétalos de rosas en la cama - para que su invitada se sintiera cómoda. Al término de la suculenta comida, Rafael comenzó con sus insinuaciones: quería hacer el amor, desde hacía semanas esperó, ansioso, el momento.

Y

aquella noche tenia que ser especial para su chica, que se encontraba nerviosa pues era su primera experiencia sexual. Él lo sabía: la calmaba con palabras amables, con cariñosos susurros. Rafael

era

un

extraordinario

interminables de besos y

amante.

Después

de

horas

caricias, él, con todo el cuidado del

mundo, la penetró. Hubo un poco de sangre, pero no hubo dolor, sí un placer indescriptible, compartido por ambos; él, que sentía como al entrar en ella, se convertía en el dueño de todo su ser; ella, estaba uniéndose a una persona a la que quería de corazón.

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Todo fue perfecto. Acabaron aquel ritual mágico con bromas y risas.

Ella

se

tenía

marchar:

la

responsabilidad

laboral

la

reclamaba. Y cuando la mujer se levantó de su lado, comenzó la transformación: Rafael dejó de ser gracioso, dejó de ser cálido. La conquista había concluido. El verdadero Rafael, desde la cama, estaba deseando que se largase, le metió prisa: ella quería ducharse, pero él le dijo que lo hiciera en su casa, con el pretexto de que en breve llegaría la asistenta de la limpieza. Finalmente, ella se vistió, rauda, le dijo que le llamaría luego, le regaló un tímido beso en los labios que no fue bien recibido por él que, malhumorado, en un gesto insensible, le dedicó un “adiós” tan seco que a la chica le sentó fatal. Sin embargo, no cuestionó nada, supuso que estaría molesto por haber manchado un poco las sábanas, y se marchó, cabizbaja: Rafael ni se preocupó en despedirse acompañándola a la puerta. Él se incorporó del edredón, sacó su caja de tabaco y empezó a fumar. Dejó de existir el sentimiento. Sacó su móvil y borró el número de la que acababa de marcharse, y, para evitar quebraderos de cabeza, también activó el desvío de llamadas. Luego, se incorporó, tomó su ordenador portátil, bloqueó su dirección del messenger; miró la agenda de cosas pendientes – hacer la compra, la cita con el psicólogo, entregar dos informes al despacho del director - y mandó su anuncio para una Web de citas: “se busca chica para relación estable, preferiblemente, virgen”. Mientras miraba como su mensaje se colgaba automáticamente en la página, Rafael decidió dejar de asistir a la consulta del psicoanalista: no podía entender

ni

evitar

esa

obsesión

de

desflorar

mujeres

y

abandonarlas una vez culminado el acto más delicado del amor.

Ana Patricia Moya Rodríguez62


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Juan de Lapala Wanessa Zapiain Rubén Darío López Alfonso Vila Sergio Sarmiento Pat Maestro Héctor Zabala Daniel de Cullá Helena Ortiz Rodrigo Padrón Jorge Barco José Luís Zuñiga Juan Kalvellido Lucia Fraga Pedro Sánchez Tito Manfred

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(Buenos Aires, Argentina, 1975). Cursó estudios de Historia y Lengua. Ha publicado los libros de poesía: “Poemas de un poeta”, “Haikus”, “El torturador”, “Yuyal”, “Moto”, etc. Actualmente se dedica a corregir y difundir el manifiesto “Protopoética”. Su blog personal: www.poemasdelapala.blogspot.com.

Magoya: ¡la comida para llevar no llega nunca según el libro del Feng Shui esta maceta no va ahí la cuarta temporada de Lost está en DVD el Viagra es como las bisagras la electricidad y la sangre no se mezclan nunca en el Cartoon Network la presidenta de los argentinos dijo: rojo unifica bárbaro en hombre red unifica civilizado en máquina nylon bajo la sábana por si falla el pañal o el puñal lavavajillas Alá rajá de la India, tómatelas Budá descomunales conejos delirantes comunal consejo deliberante dos sillas vacilantes se quejan de culos pesados y viejos la roca mutilada de esculapio y el paralítico Doctor Cerebro los juguetes rotos y un gato blanco que no cruzó toda la calle una avalancha de chanchas en la lancha

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una perra pare y a la intemperie viejos que toman mate con la boca llena de masitas Traviattas!

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Tiempo que no eres Troya. Tiempo marchito, despintado. T i e m p o

partido

por relojes y almanaques. Tiempo y tus fechas, fechas de batallas, fechas de cumpleaĂąos, fechas de latas vencidas. Tiempos de antaĂąo. Tiempos de cambios. Tiempos de vacas gordas. Tiempos de cocciĂłn. En tiempos de Homero y en tiempos de Cristo. Tiempo que insistes con tu eternidad y tus instantes.

Juan de Lapala 67


(Donostia, 1981). Comercial de seguros y estudiante de criminología, desarrolló su alter ego cuando un insecto sin identificar le inoculó el virus de la poesía, y así nació Enea. Después de varios blogs, este último año se ha afincado en www.sirenasdescalzas.blogspot.com. Participa todos los miércoles en las Jam de poesía del Leize Gorria (Donostia), recitando poemas propios y recomendando ajenos.

Al principio no podía imaginarlo cuando llegó aquel que cantaba al hablar. Me hacía cosquillas con su barba entre los muslos y me empapaba de su mano en el Paseo, con su mano, en oleadas. Luego aprendí que había mares más salados. Costa da Morte fue una re(li)gión que abarcada de una nuca a la cadera salpicada de tinta toda su espalda

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y supe que Finisterre no era un cabo sino una golfa pelirroja con piercing en la lengua. Empecé a sospecharlo con aquel producto importado Made in Argentina con acento de sábado por la noche que se diluía entre el café, y su leche por la mañana. Y en un ascensor al sur del sur “tú y yo aquí encerraos” terminé por confirmarlo: Tengo una extraña debilidad por los acentos o el punto G pegadito al tímpano.

Wanesa Zapiain69


(México, 1979). Cursó estudios de Administración de Empresas Turísticas y realizó la maestría en Desarrollo Turístico por la Universidad Autónoma de Guerrero (México). Actualmente, es investigador de dicha institución. Participó en un taller de creación literaria y es aprendiz de pintor en la Academia de Artes Ignacio Altamirano (Chilpancingo, Guerrero).

Causas, efectos, desencuentros; sinergias arcaica, vidas jodidas, guerras, odio, amoríos, follar sin sentido… Túnel del tiempo, paralelismo desastroso, recuerdos pletóricos es cagarse de hastío… Arde el cielo cenizo anunciado un final desdeñoso subir por la escalera al infinito, y arrojar tu recuerdo al vacío,

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sin piedad, sin moral, con frialdad, indolente, me libero, que saciedad… descender por un cráter al centro del abismo, sin importar mi vida jodida… Inermes mis ganas, fuertes mis vicios, tus sarcasmos se funden en la lava, tus bajezas me fortalecen más, jódete jodido carajo, Jalo la palanca al retrete y te disuelves como defecación en el mar… rompen furiosas las olas en los acantilados del diablo, completas tu ciclo de transformación de la materia, eres ahora sutil brisa marina impregnando el ambiente de sexo y clímax eres el cálido rose amoroso de los amantes revolcándose en la arena indecente. Y las sinergias arcaicas continúan magnificándote…

Rubén Darío López71


(Valencia, 1970). Ha vivido en Orihuela (Madrid) y Debrecen (Hungría); actualmente, reside en su ciudad natal. La literatura es su vicio: ha escrito en muchas revistas, ha ganado premios literarios. En breve, publicará con Groenlandia su primer libro de relatos, “La vida mientras tanto”.

Cuando la cinta se rompió suavemente y los vecinos congregados empezaron a aplaudir, Alvarado Fernández pensó que le había ganado la partida al cura. El pueblo por fin disponía de un cementerio civil. Un cementerio construido por y para los vecinos, un cementerio donde las familias podían enterrar a sus difuntos sin el oprobio de tener que pagar de un modo abusivo por los nichos. Un cementerio donde… (Como buen orador, Alvarado Fernández preparó un gran discurso para aquella tarde, y los vecinos no dejaron de aplaudir y luego se marcharon tranquilamente a sus casas). Al final, en el cementerio sólo quedaron el alcalde y el nuevo enterrador. Se miraron un momento en silencio, y el alcalde, eufórico, exclamó: - ¡Tu primo se va a quedar sin trabajo! El alcalde se refería al viejo enterrador, el que continuaba trabajando en el cementerio parroquial, que curiosamente era primo del enterrador del nuevo cementerio. Al alcalde le hubiera gustado que su empleado le diera la razón, pero el enterrador no respondió nada. Se limitó a bajar al cabeza y encender un pitillo. Mientras volvía a su casa, Alvarado Fernández pensó en su padre. Además de su nombre y su apellido, Alvarado Fernández hijo había heredado de su padre su ideología política. Ahora podía por fin doblar los papeles del discurso y respirar satisfecho. Aquel cementerio había costado mucho. Para sus conciudadanos tal vez

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supusiera una sustancial mejora en su pecunio, pero para él era mucho más: era una cuestión de honor. En su cementerio, el cementerio del pueblo, todo el mundo tendría cabida. Los pobres suicidas no serían enterrados fuera, junto al muro, sin nicho, sin lapida, sin flores, sólo con una sencilla cruz en el suelo, tal y como los sucesivos curas habían obligado a hacer hasta ahora. Y los fusilados en la guerra tendrían un sitio de honor. (El alcalde pensaba hablar con sus familias. “Se acabaron las humillaciones”, les iba a decir. “Mataron a vuestros hijos y maridos y vosotros tuvisteis que suplicar para que os permitieran enterrarlos. Pero ahora se hará justicia…”, y al pensar esto el alcalde recordaba a su padre, que no murió en la guerra pero se pasó quince años en la cárcel.) - Le he ganado la partida - le dijo el alcalde a su mujer. No le he quemado su iglesia, pero se acabaron sus abusos… Y el alcalde pensó de nuevo en su padre, que había visto arder muchas iglesias y pese a todo era un hombre pacifico, que pensaba que con las palabras se conseguía más que con la violencia y desde la cárcel había animado a su hijo a lo largo de toda su carrera política. “Mi padre estaría orgulloso de mí”, pensó satisfecho. Aquel era un de los días más importantes de su vida. - Las cosas van a empezar a cambiar… - sentenció. Pasaron los años. El pueblo olvidó el nuevo cementerio. Las viudas continuaban visitando a sus difuntos como siempre. Y cuando les llegaba la hora pedían ser enterradas en el antiguo cementerio, el de toda la vida, a poder ser al lado de sus esposos. Y continuaban pagando el precio que marcaba el cura. Alvarado Fernández estaba desesperado. - ¿Cómo pueden pagar tanto por algo que pueden tener gratis? – le preguntaba a su mujer.

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Lo cierto es que el cementerio civil estaba vacío. El alcalde había ofrecido trasladar sin coste alguno los restos de los difuntos de las familias que lo pidieran, pero nadie en el pueblo había formulado jamás petición alguna. Ni siquiera las familias de los fusilados, a las que tanto se las había humillado en el pasado, habían querido desenterrar a sus muertos para trasladarlos al vistoso mausoleo que el alcalde había construido para ellos. La situación era tan grave que el alcalde se vio obligado a despedir al enterrador. - El problema, señor alcalde, es que no está bendecido. Nadie vendrá a enterrarse hasta que el cura lo bendiga. De pronto, el nuevo enterrador, un hombre taciturno por lo general, había roto su silencio y le había dado la solución. Pero el alcalde no estaba dispuesto a hablar con el cura. El enterrador le dio las buenas tardes y se despidió. El alcalde sabía que aquel hombre taciturno pero valiente iba a ponerse a trabajar con su primo. Al final el cura le estaba ganando la partida. Las cosas siguieron como estaban. Hasta que ocurrió algo inesperado. El pobre alcalde se puso enfermo y se murió. Fue visto y no visto, una enfermedad muy rápida, casi ni se enteró de que se iba a morir. Pero no tan rápida como él quisiera. Aún le dio tiempo a ver entrar al cura por la puerta de la habitación. - ¿Pero qué…? Tenía la boca seca. Intentaba hablar y las palabras le abrasaban la lengua. El cura se dispuso a iniciar el rito de la extremaunción. El alcalde pido un papel y logro garabatear una frase. Después, por señas, logró que el papel llegara a las manos del cura.

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En el papel ponía: “La religión es el opio del pueblo”. El cura lo leyó y sonrió. El alcalde fue enterrado en el cementerio parroquial. Su mujer pagó religiosamente el nicho.

Alfonso Díaz75


(Santiago de Chile, 1963). Poeta y narrador chileno. Ha publicado los siguientes libros: “El fervoroso festín”, “Mutante” (poesía), “El refrigerador de Bernardita” (poesía), “Capital” (relatos). Sus textos han obtenido distinciones en certámenes literarios nacionales e internacionales, siendo además becario del Fondo Nacional del Libro y la Lectura (Chile). En 2008 se estrenó una obra teatral, dirigida por Hernán Lacalle, basada en sus textos. Dirige la revista literaria “Esperpentia” desde el año 2000.

Se ha extraviado la gracia, la mesura, la pasión por construir un arte sublime, puro y eterno, que encarne el Ideal. El estilo es el vómito - indica el Sr. Lihn -. Y en vez de alabar el armonioso vuelo de las aves, para qué hablar de la plástica ligereza del cisne, se limita a describir el excremento de los pájaros. En el extremo norte, W. C. Williams - con telegráfico estilo bastante más sano resalta la belleza de la vida cotidiana. Pero no ve cisnes, sólo gorriones, simples gorriones, piojosos gorriones, como lo reconoce el mismo autor.

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A Osvaldo Ulloa Hemos tenido cortes de luz Hemos tenido cortes de agua Hemos visto crecer la maleza Y volverse patria de polillas A vetustos árboles de sombra Hemos visto el robo de ángeles Y de magdalenas de terracota Y de manillas de firme bronce Hemos visto huesos desnudos Metacarpos, costillas, omóplatos En el mausoleo de las monjitas Los panteones se caen a pedazos La fosa común no tiene escuelas Hacen falta comedores infantiles Tumbas dignas para los pobres Y planes de seguridad peatonal El futuro de la muerte está en peligro Necesitamos cadáveres con garra Necesitamos cadáveres con liderazgo Cadáveres con intensas ganas de morir

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El lenguaje está viciado Los armarios donde se almacena ban las metáforas Sufrieron el saqueo de jovencit os de espíritu altruista Inoculados con el virus del amor Ahora sólo quedan las más ho rribles Las de segunda selección la s picadas las putrefactas ¿Cómo vamos a hacer en tonces lo nuestro? ¿Cómo encontrar las epifanías? Tendremos que ser el gusano

Sergio Sarmiento 78


(Bembibre, 1988). Estudió bachillerato de Humanidades y bachillerato artístico (en Ponferrada). Se traslada a Valladolid, donde actualmente estudia Filosofía y co-edita, junto a Adriana Bañares Camacho, el fanzine literario independiente LaFanzine.

Quiero quemarme. Descansar entre mis cenizas.

Y a la mañana siguiente, resurgir.

Siendo otra. O quizá volviendo a ser yo.

Pero al despertar sólo soy la misma.

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Cuando paro, cuando miro a mi alrededor y echo la vista a atrás veo las imágenes sostenidas en el tiempo, tan quietas y nítidas y a la vez tan distantes... El día, pronto es noche, las noches pronto meses y los meses, años y después más tiempo. Que pasa igual de rápido. Luego ya, la muerte, la nada, el no tiempo. Él se acabó tu tiempo. Y con él se van tus recuerdos, todo lo que amabas y odiabas. El único tiempo que queda de ti es tu recuerdo en la gente que quisiste. Así que, según esto, deberíamos dedicarnos sólo a querer a los demás, ya que es el único tiempo útil.

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Me siento al Sol, a ver si se me seca la tristeza.

A ver si se me calienta el coraz贸n.

Vestida de negro. Luto. Porque mi esperanza ha muerto.

Me siento al Sol, a ese que nace cada ma帽ana brillando.

Intentando comprender c贸mo lo consigue.

Pat Maestro 81


(Buenos Aires, 1946). Contador público nacional, narrador y ensayista; dirige la revista literaria “Realidades y Ficciones” y es jefe de redacción de la revista “Sesam”. Ha ganado diversos premios por sus cuentos. Ha participado en revistas literarias (digitales o en papel) y ha reeditado algunos de sus relatos y artículos.

Dana Kozlowski, Danusha para sus padres, era una típica polaca. Mejor dicho, una típica hija de polacos, que para los nacidos allende los mares es exactamente lo mismo. Hija única, nacida con un pelo rubio casi blanco, que primero se tornó oro para luego dar paso al amarillo ceniza (el agua de Buenos Aires, ¿vio?; en Varsovia no sucede), piel blanca hasta la exageración con un leve tinte rosado, ojos celestes y su cara eslava, redonda, de nariz respingona; era la niña de sus padres. Y de los ojos de sus padres también. Creció en ese ambiente tan característico de la colectividad donde se aprende y practica el idioma polaco a la par del castellano, aunque este último sólo en el colegio argentino. El Club Polaco se encargaba los sábados de hacerla practicar todas las actividades propias de la juventud de su raza, mientras diez millones de polacos (¿tantos?) repartidos por el mundo esperaban volver a su lejana tierra algún día también lejano. Es decir, Danusha (Danusza para la grafía eslava y Danielita para los argentinos) era una polaquita con todas las letras. – Danusha, ya tienes veinticinco años, ¿cómo puede ser que no te guste ningún muchacho del Polski? – Mamá, déjese de hinchar con los muchachos del club. Cuando quiera ponerme de novia ya veré. ¡No me presione, por favor! – Pero Danusha, ¿lo miraste bien a Maciej? Es buen mozo, hijo de polacos, rubio, ojos celestes, ingeniero, buena posición y... ¡sin novia!

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– ¡Basta, mamá! - contestaba con voz respetuosa, pero firme, la hartada Danusha. – Pero nena, te queremos ver casada. Tu padre y yo ya no somos tan jóvenes. Eres nuestra única hija. No veo la hora de revolver esos hermosos cabellos rubios que tendrán mis nietos, los únicos nietos que tendremos, jugar con... – ¡Basta, mamá! ¡Por favor! - cerraba en tono cortante. Todo esto dicho en el más puro acento varsoviano, variando apenas algún giro o palabra de tanto en tanto, pero repitiendo lo esencial día tras día. Una tarde llega una carta de Varsovia. Es de tía Janusza: “Krystyna, ¡mira qué mala hermana eres! No conozco a tu hija Dana, salvo por fotografía. ¿Cuándo la mandas para acá, a pasar la temporada? ¡Vamos, que aquí hay miles de muchachos casaderos!” Era la oportunidad de la madre de Dana. Si en el pequeño Club Polaco de Buenos Aires no era posible conseguirle marido (porque... ¡a esta hija mía ninguno le viene bien!), en Varsovia habría cientos para elegir. Sí, hay que enviarla a Polonia para que elija y se case a su gusto. Danusha, aunque de mala gana por la traviesa (sin atreverse a quitarle la “tr”) intención de sus padres, acepta para desenchufarse un poco de los últimos exámenes de la Facu. Viajará ese verano - en realidad, ese invierno del norte a la lejana Varsovia. Al fin y al cabo conocer la tierra de sus padres y abuelos, los lugares donde nacieron, donde vivieron, ver en persona a tantos familiares y parientes apenas recordados de amarillentos retratos... no dejaba de tener su atractivo para la rubia “polaca”, ahora flamante doctora de la Universidad de Buenos Aires.

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Eso sí, antes de soportar el cruel frío del norte (Porque, ¿sabe usted? Eso es frío, ¡hasta veinte grados bajo cero!), pasaría una semana de vacaciones en alguna playa. – La nena se lo merece, Ladislao. Puso mucho empeño para recibirse tan joven. Unas pequeñas vacaciones en alguna playa de Río le harán muy bien. Ya verás. Luego irá a Polonia. Vas a ver que para cuando vuelva... ¡ya tiene novio en Varsovia! - y mientras decía esto, los ojos de la buena Krystyna se iluminaban. Dana se quedó en Polonia un año entero antes de escribir la carta, que el correo demoraría un mes para salvar la distancia a Buenos Aires (el correo de los comunistas es muy burocrático, ¿se da cuenta? - diría don Ladislao, aunque después, con Solidaridad, las cartas igual seguirían tardando lo mismo). En la misiva, Dana anunciaba que se casaría la semana entrante: “...es decir, para cuando lleguen estas líneas, queridos padres, ya estaré felizmente casada. Desde que nos conocimos - hace ya un año - nos flechamos mutuamente. Él me adora y yo a él. Es el ser más encantador, tierno, cariñoso, formal y divertido que conocí en mi vida. Trabaja en Varsovia, pero está confirmado su traslado a las oficinas de Buenos Aires en breve. En la próxima les enviaré las fotos de la ceremonia religiosa y la gran fiesta que nos preparan los tíos y primos, etc., etc., etc. Perdonen, no tengo más tiempo. Con tía Janusza y las primas ya salimos para lo de la modista. Besos. Muchos besos. Dana”. Doña Krystyna tocaba el cielo con las manos, mientras secaba sus lágrimas con el pequeño pañuelo bordado a lo polaco y era abrazada por un emocionado Ladislao. No sólo conoció a un excelente muchacho en Polonia, además residirá con su esposo en Buenos Aires, cerca de nosotros y ¡otro polaco más en la

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familia! Así era el orgulloso comentario para quien quisiera oírlos, sea por todo el Club Polaco, sea en su coqueta casa de Buenos Aires, abierta siempre para paisanos y parientes. Casi un mes después llegó la segunda carta con las ansiadas fotos. Un enorme ejército de primos y primas, tíos y tías, todos rubios, con atuendos festivos, manos y copas en alto, sonrientes o a las carcajadas, sin faltar alguno con la nariz demasiado roja, escoltaban a una hermosa novia, rubia, cuyo vestido rivalizaba con el blanco de su propia tez, abrazada a un muchacho buen mozo, pero de piel casi tan negra como la tela de su elegante esmoquin. “Como verán, la del vestido blanco soy yo. Sí, mamá, ya sé, estoy muy delgada. Bueno, para dentro de dos años, que es para cuando esperamos encargar, prometo engordarme... Él es João, mi adorado maridito. Su nombre completo es João Airton Ferreira Barbosa do Santos Neto. Lo conocí después de mis vacaciones en Río de Janeiro, en mi vuelo a Polonia. En esas pocas horas me conquistó y lo conquisté, nos enamoramos para siempre. Él es agregado cultural en la embajada brasileña aquí, en Varsovia, así que noviamos durante todo este año hasta que no aguantamos más vivir separados y decidimos casarnos. Pero en un par de meses lo trasladan (¡nos trasladan!) a Buenos Aires. ¿No es hermoso?” Sus padres no podían quejarse, la habían enviado a Polonia a casarse y ella... ¡obedientemente, como siempre, había cumplido!

Héctor Zabala 85


Daniel de Cullá (1955). Poeta, escritor, pintor y fotógrafo, miembro fundador de la revista literaria “Gallo Tricolor”, así como de la Asociación Colegial de Escritores de España. En la actualidad, participa en espectáculos que funden poesía, música y teatro. Dirige la revista de Arte y Cultura “Robespierre”, moviéndose entre Burgos, Madrid y North Hollywood (USA). Ha realizado performances en Burgos, Madrid, Alemania, Bruselas, Suiza. Ha colaborado en el segundo libro de “Literatura y Creación Artística” (La Bañera con Trampolín). Ha realizado diversas exposiciones colectivas.

De vuestro leer Queda demostrado con ejemplos Y pruebas manifiestas Que nada habéis aprendido De Miguel Hernández Pues seguís tan hijos de puta En los valles y en los cerros En las calles Las cuadras y corrales Y en la presente edad Mostráis lo mismo Y lo mismo en la venidera Desde el cabo de Creux al Finisterre Y desde Cantabria al Estrecho Que no sois más que Caterva de gente

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Facult ativa en Rebuznos Una prenda de Asno A la so mbra de un pesebre Y a Re buznos ¿Quién os gana? ¡Esa glo ria tenemos!

Daniel de Cullá 87


(Sevilla, 1981). Trabajadora social. No participa en recitales poéticos, no gana concursos importantes, pero escribe. Sus poemas aparecen en el blog personal “El aplastador de hormigas”. En breve, publicará con Groenlandia la segunda edición digital de su primer libro de poemas, “En el invierno de la lluvia”.

Son como besos. Besos de tu boca que me imagino roja y húmeda y gruesa... me imagino tu boca y me la beso y me la muerdo y te tengo dentro entero todo mío y te quedas y te haces jugo y te bebo y te sorbo y te chupo y te meto dentro entero todo mío y te vuelves boca y te me comes tú.

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Hablamos, y yo voy constatando que no te conozco, que no me querías, que para todo, fui para ti, una cualquiera más. Y pienso en el tiempo juntos y me siento ridícula y abandonada de tu amor y del mejor lugar del mundo, y de aquel concierto de Los Escarabajos en el que me cantabas en los labios Mr. Postman, y lloro. Y pienso, otra vez, que no nos compartimos; y te quería tanto. Te he querido tanto.

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Tengo el sofá en la terraza. Ninguna tromba de agua lo ha destrozado aunque yo he puesto mi empeño. Una metáfora. De ti; de mí; de los dos juntos. En el sofá. Diciéndonos que nos queremos pero no tanto, cuánto nos importamos pero no tanto, cuánto nos excitamos, pero no tanto... Una metáfora. Sólo nuestra. Y yo he puesto mi empeño en que la lluvia lo destroce. Pero no la dejas.

Helena Ortiz 90


(Ávila, 1987). Además de estudiar Derecho, escribe. Ha colaborado en distintas publicaciones (periódicos y fanzines culturales). Blog: www.jamaspensé.blogspot.com.

El poeta dijo que no volvería a hablar de amor. Cerró su cuaderno con violencia y abrió una cerveza. Estaba tan harto de aquella poesía convencional a la que había dedicado la mayor parte de su tiempo, que decidió en aquel mismo instante que ya no le interesaba. ¡Qué coño ni que poeta! Poeta es una palabra manida por los artistas sin arte y los bohemios con alardes. Odia esa palabra. Leer un libro que hable de un poeta le produce nauseas. Está tan jodídamente usado ese término (dice para sí), que no encuentra originalidad en los textos que lo contienen. Tiene miedo de haber perdido el tiempo rellenando aquellas estúpidas cuartillas. Todos los sentimientos expresados en sus cuadernos no son ni tan siquiera verdaderos, son embellecedores, como los de los automóviles. Su única misión ahora es abrir la puerta hacia un nuevo sitio, ya sea al interior de un coche, el de una mujer que le acepte, o la puerta a un nuevo mundo en el que sus preocupaciones no sean tan obsesivas. No bebe cerveza con el objetivo de ahogar las penas en alcohol. Bebe cerveza porque le agrada su sabor amargo. - Ahogar mis penas en alcohol y encima esperar de ese acto alguna solución a mi falta de creatividad está demasiado visto. Se dice a sí mismo que odia a los bohemios.

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Enciende un cigarrillo, no porque crea que inhalar el humo del tabaco le haga parecer más interesante, sino porque es un adicto a la nicotina como muchos otros. Le gustaría dejarlo por el sólo hecho de desprenderse de ese absurdo tópico. Se está volviendo loco. Ansía sentir lo que escribe es sus versos pero no puede. No puede ni volver a abrir el cuaderno de poesía porque hace un momento decidió que ya no le interesaba. Anda por la calle encogido de frío. Mira a la gente pasar. Los mira fijamente a los ojos. No sabe el por qué de su actitud pero le divierte. Intenta descubrir qué se esconde tras esas mentes abrigadas hasta las cejas. De repente mira al suelo y encuentra un billete de 50 euros; lo pisa, hace un gesto de abrocharse los cordones de las zapatillas y lo recoge. Mira a la gente de nuevo mientras acelera sus pasos excitado. Se ha olvidado de la poesía. Ha encontrado la felicidad material en la calle y eso le reconforta. FIN -¿A donde quieres llegar a parar con esto? Pregunta su profesora de literatura. -Creo que he encontrado la belleza en un billete de papel y, no hay mayor poesía que su tacto en mis manos. -¿Crees que te aprobaré si sigues entregando esta mierda de redacciones? - Creo demasiado poco en su asignatura como para creer en sus aprobados. - ¡Fuera de la clase ahora mismo! Lo ocurrido oprime su pecho, como si de una prensa se tratase. Una prensa como la que le gustaría que se usara para fabricar, algún día, millones de obras suyas.

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Vuelve a mirar el billete, esta vez tras una esquina, cobijado estúpidamente por si apareciera su dueño. En un segundo plano, sigue recordando su primera y única expulsión del aula sin llegar a ninguna conclusión. Ahora ya no importa demasiado aquel estúpido brote de rebeldía juvenil. Ahora sólo importa el dinero y la poesía. Vuelve a enamorarse de los versos y reitera su amor por el dinero una y otra vez. El endecasílabo que una vez consiguió convertirse en premio, le recuerda que poesía, llevada al plano de concurso literario, puede ser igual a dinero; por eso la ama, porque es su única manera de materializar un arte tan inservible en algo tan necesario. Odia la poesía más que nada en el mundo y, mientras lo hace, vuelve a escribir en su cuaderno versos y versos repletos de enemistad hacía el soporte que lo devuelve a la vida, que le hace regresar al mundo de lo abstracto, que le apea a medio camino entre el agrio sabor de la reflexión y el arduo reflejo de la frustración. -Amor y odio se entrecruzan en mi camino. Soy un idiota. Esto es lo que he sacado de provecho en una tarde: he bebido cuatro cafés, fumado innumerables cigarrillos y esta mierda es la que he sacado en claro. Decididamente dejo la escritura. Probaré con otra cosa, no se, tal vez la caligrafía. Ya que carezco de creatividad, por lo menos que mi letra sea bonita - Pensaba para sí con impotencia. El poeta dijo que no volvería a hablar de amor. Cerró su cuaderno lentamente, con un gesto de derrota y abrió una cerveza. Actuó como si aquella tarde no hubiese existido y quemó el folio en el que había escrito semejantes tonterías. Pagó la cuenta de los cafés e intentó distinguir entre realidad y ficción. Observó que ambas, cuando proceden de él mismo, carecen de interés. Terminó la cerveza de un trago.

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Corrió hasta su casa. Llenó la bañera hasta arriba. Sacó una cuchilla de afeitar. Se metió desnudo en el agua caliente con el arma en la mano y, cuando concedió al narrador una oportunidad para salvar el texto con un final trágico, lo miró desde su posición de personaje principal y, con una sonrisa maligna, comenzó a afeitarse allí tumbado. Entonces es el narrador el que deja de escribir y cierra el cuaderno y abre una cerveza y tira todo por la borda y se cabrea y piensa que su historia no vale para nada, que ni siquiera sus personajes le tienen respeto y se va abrumado a la calle, abrumado por las circunstancias y ya no sabe si realmente podrá volver a clase o si nunca estuvo allí, porque al igual que el tipo que sigue afeitándose dentro del cuaderno, tampoco quiere distinguir entre qué es realidad y qué ficción.

Rodrigo Padrón 94


(Salamanca, 1977). Asiduo colaborador en medios de comunicación: ha publicado artículos de opinión, entrevistas y ha ejercido la crítica literaria y musical. Fundador y codirector de la colección poéticoartística "Cuadernos para Lisa" (editorial que publicó a José Hierro y a Antonio Colinas, entre otros poetas). Ha publicado "El rastro de mis lágrimas" (2000), "Recuerdos de lo mío y de lo ajeno" (2000), "Grandes éxitos" (2005) y "Algún día llegaremos a la luna" (Premio de la Academia Castellano-Leonesa de poesía 2007). Ha participado en diversas lecturas y encuentros (Homenajes a Gloria Fuertes en Salamanca o el Encuentro de poetas Jóvenes en Portugal). Tiene su espacio en las Afinidades Electivas y sus poemas han aparecido en distintas publicaciones literarias y páginas Webs y blogs. Sus poemas han sido traducidos al alemán.

Cuando el leve viento que acaricia tus cabellos se vuelve puto frío que te hiela las sienes. Cuando la hermosa nieve algodonada te cala las botas y sientes congelados los dedos de los pies. Cuando el inmenso y maravilloso mar donde se pierde y relaja tu vista, un verano, nadando hasta las boyas, ves que se ahoga tu mejor amigo. Cuando gracias a la hermosa y ardiente chimenea que adorna tu salón se te incendia la casa y quema todos tus libros, es que has vuelto al mundo real.

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Esto, que me quede claro, que no significa nada, ha sido abrazarte como un niño en el sofá, esperar a que termine la película, y te he besado en los labios lentamente. He cubierto tu cuerpo de caricias, he surcado con mis manos tu cintura, recorrido cada poro de tu cuerpo con mis labios. Y me abrazabas mientras me iba deshaciendo de tu ropa, mientras iba descubriendo tu hermosura en plenitud. Esto, después de diez meses de sueños y cinco de intentos negados, me queda claro, no ha sido nada. Pero es lo que tiene liarse con un poeta, que luego lo cuenta, y por escrito.

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Arrastras esta hoja con los dientes mientras cuento que te has portado mal y tú lo sabes. No pido que comprendas las materias de filósofos y genios elocuentes. No aspiro a que te creas que hay un dios y comulgues con la fe en la que he crecido. Quizá nunca distingas los conceptos de izquierda ni derecha, ni qué es sentir amor. Me conformo, querido Goya con que no te mees en el sofá, en las alfombras, en el suelo de la cocina, o cualquier lugar que encuentres menos en los que te hemos asignado. Tú no lo entiendes. Tú sólo entenderás por nuestros gritos que en casa tienes que ir a los periódicos y que la calle es grande y tienes ancho mundo. Si yo pudiera, si me dejaran mear sobre la prensa diaria, salir a la calle y cagarme en el mundo, si yo pudiera, querido Goya, sería feliz. Tú no me entiendes. No sabes la envidia que te tengo.

Jorge Barco 97


(Torrelavega, Cantabria, 1949-2011). Antiguo funcionario de Estado, se jubiló para dedicarse plenamente a la actividad artística. Ha publicado numerosos poemarios, todos recogidos en el libro recopilatorio “Era otro hoy” (Ediciones del Primor, 2008). En 2009 publicó “Tiempo a Destiempo” (Finalista del Primer Premio de la Editorial Poesía Eres tú), y en el 2010, en Argentina, “Patrias Parias” (Ediciones Encendidas). Como cantautor, ha actuado en salas como “Libertad 8”, “Trovadicta” o “Clamores”; en el 2010, presentó su último trabajo discográfico, “Besos y Gatos”.

Tal vez necesite tu amor para barrer algún rincón en mi diario de soldado raso. Quique González

Quisiera verte despacio. Quisiera ver cómo el tiempo envejece el contorno de tus labios, tus pupilas, seguramente tu risa sonará glauca, yo quiero verte despacio, volver a verte. La vida tiene aristas de nostalgia: es mejor la lentitud, la que da el tiempo pasado. La vida. Quisiera verte despacio.

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Estos últimos días la furia se ha metido en mis almohadas y ha velado mis noches. Ha dormido a mi lado, no furtiva compañera de lecho sino dulce dolor, de los que gritan. No seré yo quien diga que me haya incomodado: agradecí el calor, niño de fríos en busca de nodriza. De noche hemos gozado, la furia y yo, del miedo poco antes de dormirnos. Sin pijama

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se goza mucho más, así que nos quitamos los ropajes. Transparentes los dos, desnudamos el alma de alguien que era tan yo que el alma se encogía. ¿Que de qué hemos hablado en estas noches? Del tiempo no: ella me preguntaba por mi sombrero y yo por sus recónditos arcanos. Luego fue la cuchilla cortando vena a vena, me brotaba el dolor a borbotones y estaba tan vacío… Vacío de tristezas, de alegrías, de olvidos, de presencias, de ti también, tampoco. Me hice fragmento. Anoche se retiró la furia a sus cuarteles y yo fui emborronando trazo a trazo, aliviado del miedo, esta página en blanco de mi vida. Os lo quise contar. Estas cosas se cuentan y se olvidan como si fuera un sueño.

José Luís Zuñiga 100


(Cádiz, 1968). Reside en Fuengirola, Málaga. Creador de los fanzines “Por amor al arte”, “Vamos a reír”, “Los zulos del estado”, “Entre la España y la pared”, etc. Ha dibujado portadas para cd´s de grupos musicales, logos, carteles, y también ilustra libros (de poesía, novelas, relatos). Trabajó en la revista de cómics “Malaimpresión” y “Akelarre Subversivo”; actualmente colabora con sus dibujos en revistas y periódicos diversos. Más información en la página Web del autor: w ww.kalvellido.net . H

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Juan Kalvellido 103


(A Coruña, 1979). Traductora y asesora lingüística. Actualmente, estudia psicología. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidade da Coruña. Especialista en el área de Teoría de la Literatura; posee diploma de Estudios Avanzados y un curso de especialización en “Teatro, Cine y Audiovisuales”. Ha elaborado diversos trabajos sobre escritores de lengua gallega y cine. Coeditora del proyecto de investigación poética “Cien Años de Poesía”. Ha residido en Alemania, donde impartió clases de literatura contemporánea y literatura aurisecular. Miembro fundador del grupo poético “Los Vándalos”, y de su revista “Méster de Vandalía”. Sus textos han aparecido en diversas publicaciones: “Coolcultural Galicia, “La Bella Varsovia”, “Piedra de Molino”, “Al otro lado del espejo”, etc. Ha participado en antologías poéticas. Ha publicado el poemario “Nostalgia del acero”. Administra su blog personal con poemas: w ww.luciafraga.blogspot.com . H

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Camino descalza con cautela. No quiero ver a la mujer del espejo que sonríe amargamente. Se le ha caído ya el velo de la risa que ocultaba su boca Y llora, en voz baja, para que ni los reflejos la oigan. Una luz se ha quebrado contra el grito estridente del niño asustado.

En plena desnudez me abro como una flor sobre el sofá y la manta.

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Ya han cubierto todos los espejos de las estancias, Aunque sus suspiros llegan como aire de rabia ponzoñosa. Yo delimito los espacios de mi piel con la punta de un lápiz Que libera cada pedazo de piel de las cadenas del tiempo.

¿Quién me pide que me asome a la ventana? Yo luzco el escaparate de mi desnudo sin pudor y sin avaricia Porque tan sólo soy el reflejo perdido de un espejo que llora. Mis formas, hechas por un alfarero, son livianas redondeces Sobre las que caen las lágrimas de una imagen A la que han destapado el velo de la sonrisa.

Lucia Fraga 105


(Sevilla, 1970). Residente en Jerez de la Frontera, donde trabaja como profesor. Ha publicado la plaquette “Islas de la Memoria” (Oviedo, 2001), así como los libros “Ciudadela Sitiada” (Huelva, 1998), “Nocturno en Amaranta” (Sevilla, 1999) y “Las huellas en la nieve” (El Puerto de Santa María, 2003). Sus poemas han aparecido en diversas publicaciones: “Alhucema” (Granada), “Tierra de Nadie” (Jerez), “Pliegos de Poesía” (Sanlúcar de Barrameda).

Si alguna vez asomas por mis fueros contoneando tus caderas de pecado, mojando tus dos labios diamantinos en el almíbar de tu dulce lengua, me entregaré sin remisión a ti, llama, presencia atronadora, trampa, máscara de tragicomedia griega. Y pasadas las mil noches y un día de mi condena bajo tu yugo animal enroscado junto a tu bello sexo, para anunciarte a los paseantes fortuitos de mi calle, recitaré los versos de Pasternak: y a mi vida sacada de la biblioteca / el polvo quitaste.

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Ya son las doce y veinte y la mañana se deshace en aguas y conjeturas. Me pregunto si sus dedos están tocando el piano de la sala o acariciando palabras en los estantes. En esta hora exacta, tan diluida, los poetas añoran el aire de abril desde sus torres oscuras de octubre. Yo tan sólo me ocupo de sus manos ausentes, porque sobre ellas reposan los signos descifrables del amor y el arbusto donde florecen las respuestas.

Pedro Sánchez 107


(San Marcos de Arica, 1983). Poeta chileno licenciado en Lenguaje y Comunicación por la Universidad de Tarapacá. Ha publicado el libro “La Danse Macabre” y la plaquette “Musarañas”. Sus textos han aparecido en diversas publicaciones de Chile y el extranjero (“Cinosargo”, “Letras S5”, “Mondo Kronhela”, etc). Ha participado en recitales y encuentros de poesía en distintas ciudades de Chile y Perú. Ha formado parte de talleres literarios. Actualmente, prepara su próximo libro, “Fría ciudad en llamas”.

Pero hace tanta soledad / que las palabras se suicidan, lees por milésima vez en la infinitesimoprimera noche de tu abandono, como si esa operación (o cualquier otra) fuera a traerte de vuelta a la pequeña Báthory que perdiste y que aun después de escribirle un libro fuiste incapaz de recuperar. Eso te jode, ¿cierto? Pensar que alguna vez fue tuya, que ya no lo es… Maldices a pobres, tullidos y huérfanos. Qué saben esos hijos de puta de dolor. Piensas en Cristo, en ese flaco que allí, en su cruz, con su corona de espinas, no debe haberlo pasado tan mal como tú. No, no. A quién perdió ese huevón, a nadie… salvo a aquella maraca, pero las maracas no cuentan. Únicamente cuentan las niñas, porque sólo ellas saben pronunciar abandono. Las niñas crecen o se van con otros niños. Las niñas aprenden rápido a susurrar obscenidades en otros oídos además de los tuyos. Pero hace tanta soledad/ que las palabras se suicidan, vuelves a leer para no desviarte del tema. Qué habrá querido decir Alejandra con esas líneas (por no decir ‘versos’, que suena tan cursi), te preguntas haciéndote el imbécil, tratando de pensar en nada, pero nada te recuerda más a la niña que fue tu universo que su antónimo absoluto. Pero insistes: Si las palabras se suicidan, qué hace utilizándolas, qué hace jugando con ellas, qué

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hago yo escribiendo sobre las palabras suicidas de Alejandra con palabras aun más muertas, suicidadas, podridas, anotas en tu agenda 2007… Irremediablemente, recuerdas el tabaco, la noche, los besos caníbales y cuán lleno de flores estaba el mundo aquel verano… mientras la necrosis hace lo suyo desde la mano con que escribes. Y el puto reproductor de Windows te quiere bien muerto, parece, o si no cómo explicas que el modo aleatorio elija siempre la misma canción: The New, track 10 de Turn on the Bright Lights, álbum debut de la banda neoyorquina Interpol. Podrías cantarla de memoria, pero buscas la letra en Internet para hacer más patética la experiencia: escuchar-leer-cantar que one day we’ll live together es demasiado para ti y terminas con espasmos de llanto y convulsiones en el suelo. Creo que exageras. Ya levántate. Una o dos horas después, te reincorporas para volver a recorrer la senda del perdedor creyendo que es el camino de regreso a Ítaca, pero nadie te espera en esa otra orilla, nadie está tejiéndote un chaleco para matar el frío. Pero hace tanta soledad / que las palabras se suicidan, repites una y otra vez para calmar los remordimientos… pero consigues todo lo contrario: imaginas a Gabriela en cementerios municipales

y

lugares

clandestinos

de

Buenos

Aires,

París,

Jerusalén… desenterrando cadáveres de niñas que apila en una carreta desvencijada por el silencio. Es tanta la urgencia por palabras

que

mezcla

niñas

suicidas

con

niñas

parturientas

enterradas en patios traseros de familias bien. Es tanta la urgencia que confundes los nombres.

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hoy no tengo fuerzas para escribir no tengo fuerzas para contarte a la manera de los perros viejos camino al patíbulo que la vida sin ti me hizo mal me molió a palos me sacó la conchetumadre y que sin embargo sigo rengueando como un cancerbero redimido que olfatea y rastrea olfatea y rastrea las huellas que va dejando en el pantano la Grétel huérfana de cariño que una noche le lanzó un mendrugo de pan y un corazón dibujado en él

Tito Manfred 110


Groenlandia, revista cuatrimestral de Literatura, Opinión y Arte en general número nueve (Mayo \ Agosto 2011) Junto con esta publicación, se presenta el suplemento de Groenlandia correspondiente

(suplemento

Groenlandia

número

once,

correspondiente a los meses de Mayo \ Agosto). Todos los textos e imágenes pertenecen a sus respectivos autores. Los textos pertenecen a Enrique Fuentes-Guerra, Ana Patricia Moya, Andrés Ramón Pérez Blanco, Carlos Pérez, Ana Vega, Pepe Pereza, Luis Sevilla, Ángel Muñoz,

Esperanza

García

Guerrero,

Adolfo

Marchena,

Manuel

Guerrero Cabrera, Lucia Fraga, Patxi Irurzun, Helena Ortiz, Begoña Leonardo, Óscar Varona, Carmela Contreras, Juan de Lapala, Wanessa Zapiain, Rubén Darío López, Daniel de Cullá, Alfonso Vila, Patricia Maestro, Héctor Zabala, Tito Manfred, Rodrigo Padrón, Pedro Sánchez, Jorge Barco y José Luís Zuñiga. Para el diseño de esta publicación se han

utilizado

fotografías

e

ilustraciones,

extraídas

de

la

red,

pertenecientes a los siguientes artistas consagrados: Laurei Lipton (22, 66, 87 y 110), Henri Cartier Bresson (31, 41, 43 y 94), André Kertestz (35), Michael Reedy (37), Jack Vettriano (45), Louise Fryers (48), Claudio Napolitano (55 y 84), Francesca Woodman (57, 89 y 107), Chema Madoz (59), Heile Grüsse (68), Mariana Palova (78), Robert & Shana Parkeharrinson (80), Matthew Scherfenberg (96) y Nan Goldin (99).

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También

se

han

empleado

obras

de

Felipe

Solano

(portada

y

contraportada, páginas 111 y 112), Óscar Cardeñosa (20 y 63), Ángel Muñoz Rodríguez (26, 51, 70 y 75), Juan Kalvellido (101, 102, 103 y 119),

Tomás

Illescas

(2),

y

Alejandro

Serna

Rodríguez

(104).

Groenlandia respeta las opiniones de sus colaboradores – las cuales son de su total responsabilidad – y defiende la autoría de sus obras. Groenlandia aboga por la total libertad de expresión, sin censuras. Groenlandia es, desde el número cero, una publicación que no busca lucro. Groenlandia defiende la cultura gratuita. Todas las publicaciones son de descarga gratuita desde las distintas plataformas de la red (página Web oficial, SCRIBD, ISSUU). Todos los contenidos de esta revista corresponden a sus respectivos autores; desde el número cero, todas las obras que contienen las publicaciones están protegidas. Groenlandia respeta los derechos de autor: para proteger nuestra cultura, es esencial proteger las ideas originales de sus autores porque las mismas son un trabajo de imaginación y esfuerzo únicos. w ww.revistagroenlandia.com H

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DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008 ISSN: 1989-7405

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Groenlandia presenta sus nuevos libros de poesía: “No hay prosa”, poemario escrito a cuatro manos entre Andrés Ramón Pérez Blanco y Carmen Luisa Contreras Manzano, y que contiene variadas colaboraciones (Mery Larrinúa, David García, Marcos Canedo Abad, Kutxi Romero, Gsús Bonilla, David Laso García, Julio Vegas, Ángel Muñoz Rodríguez, Ana Patricia Moya, José Diego Samaniego, David González y Lutxospina Manzano); “Urbe desta Historia”, primer poemario de Rubén Casado Murcia, con portada y contraportada de César Nevado Linos, y prólogo de Ana Vega; “Feto Oscuro”, poemario de José Ángel Conde, con prólogo de Jorge Heras García y arte de Felipe Solano; y “Carne”, segundo poemario del escritor Daniel Rojas Pachas, con arte de Iván Izquierdo y prólogo de Eduardo Jeraldo Farias Alderete. También editamos el segundo libro de relatos de Pepe Pereza, “Momentos Extraños”, con prólogo de M.J Romero (Alfaro), epílogo de Adriana Bañares Camacho y arte de Óscar Cardeñosa. Próximamente: Poesía “Escupí Sangre”, de Abel Isaac Contreras “En el invierno de la lluvia”, de Helena Ortiz “Material de Desecho”, de Ana Patricia Moya “Emisión analógica”, de Tomás Illescas “El salto del cojo”, de Danilac Narrativa “Contrafábulas”, de Franco Dimerda “Mientras tanto la vida”, de Alfonso Vila

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LIBROS DE GROENLANDIA

Poesía La reconstrucción de la memoria (Adolfo Marchena) Bocaditos de Realidad, segunda edición (Ana Patricia Moya) El Gotero (Luis Amézaga) Las aguas y las horas (Saúl Ariza) Autorretrato sin óleo (Pablo Morales de los Ríos) La conspiración de la sirena (David Morán) Ya no leo tebeos de Wonderwoman (Ángel Muñoz) Cosas que nunca te diré (Eva Márquez) Te lo verso a la cara (Ada Menéndez) Transeúntes del olvido (Velpister) Apología de la muñeca de Bellmer (Jorge Heras García) No hay prosa (Andrés Ramón Pérez & Carmen Luisa Contreras)

Narrativa Putas (Pepe Pereza) Realidad Paralela (Ana Vega) Cuentos de la Carne (Ana Patricia Moya)

Antologías Los rincones más oscuros: antología del miedo Poetas Guerreros (antología jóvenes poetas mexicanos) Un poema siempre será nada más que un poema Lo que habita en el cristal (antología poetas españoles) Des-amor: antología literaria groenlandesa

TODOS ESTOS LIBROS DISPONIBLES EN:

w ww.revistagroenlandia.com 114 H


www.esperpentia.cl H

http://elsoldadocaballero.blogspot.com/ H

http://www.toreteo.com/ H

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Editorial Origami presenta sus tres primeros libros: “Escombros”, de Antonio Pérez Morte, “La edad de los Lagartos”, de Ana Vega, y “Nocturnos: Antología de los poetas y sus noches”. Ya disponibles en EPUB y formato impreso. Más información, en www.editorialorigami.com. H

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“Es cierto que escribo sobre mí mismo. ¿A quién otro conozco mejor? Dónde se juntan más sangre rosas rojas y basura de cocina. Qué más tiene mi grueso corazón, hepatitis o hemorroides. ¿Qué otro vivió mis setenta años, mi vieja Naomi? Y si por casualidad escribo sobre política norteamericana, sabiduría, meditación, teoría del arte es porque leí un periódico amé a los maestros leí libros por encima y visité un museo”.

(Tema Objetivo, de Allen Ginsberg)

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GROENLANDIA ONCE  

1 La creatividad como realidad alternativa 3 Desprecios los justos 5 Burocracia sexual 9 Ensayos Habitantes 2 Visitantes 3 Yo soy creativa,...