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“Apología de la muñeca de Bellmer”, por Baptiste Bleu (Jorge Heras García). ©2010 Jorge Heras García (Baptiste Bleu) Prólogo por Jaime González Todos los derechos reservados. Editado digitalmente por Groenlandia con permiso del autor. Directora: Ana Patricia Moya Rodríguez Corrección: Ana Patricia Moya Rodríguez Maquetación: Ana Patricia Moya Rodríguez Diseño: Amarande Guzmán (portada y contraportada, imágenes de interior) \ Ana Patricia Moya

Depósito legal: CO-1388-2010 Córdoba, 2010

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Se sentó y se puso a escribir las primeras palabras de un prólogo del que no sabía si sería leído por alguien: se sentó y se puso a escribir las primeras palabras de un prólogo del que no sabía si sería leído por alguien. No era un trabajo sencillo. A nadie le gusta leer el prólogo, ese molesto apéndice explicativo preparado por un supuesto experto. Se supone que el prólogo sirve para situar al lector en un estado receptivo hacia el texto. Que le ayuda a fijar la atención en ciertos aspectos que no le deben pasar inadvertidos. Que, aplicando los criterios convencionales de clasificación literaria, sitúa el texto en su cajoncito genérico correspondiente, de forma que ya todos sepan lo que se puede uno esperar de él, y se sobreentienda lo que hay que sobreentender. Se trata, en pocas palabras, de preparar al lector para lo que viene. Lo extraño del caso, pensó, es que en ciertas experiencias no vale la preparación previa. No se puede anticipar a alguien lo que le espera en una montaña rusa que mejor sería llamada cordillera de los Urales. No se puede invitar a alguien para que reciba gustosamente un calambrazo de 220 voltios de corriente alterna. Es inútil, además de poco sensato, avisar a alguien de que se le va a dar un susto. Y no es nada, pero nada, razonable poner a alguien en la disyuntiva de elegir entre susto o muerte. Por eso, siguió razonando, la gente, fiándose de su intuición, suele saltarse el prólogo: ¿A qué viene el pre-texto de un listillo que, en el mejor de los casos, nos hace la desgracia de clasificar lo que se percibía como inclasificable, y en el peor de ellos, nos destripa la novedad?

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Paró un momento y sonrió, satisfecho de su audacia, maliciándose: Ahora el lector debería saltarse el resto de este prólogo que no sé si va a leer alguien y pasar directamente al texto. Pero inmediatamente, se preguntó qué pasaría si alguien siguiese leyendo el prólogo. Esa clase de personas que son incapaces de salirse del cine aunque no les guste la película. O qué pasaría si alguien terminase Apología de la Muñeca de Bellmer y volviese, herido en su angustia, sobre el botiquín de urgencia del prólogo. Como quien busca, mareado, el puesto de socorro después de bañarse bajo bandera roja. No había más remedio que seguir y completar la faena. Proporcionar algo de consuelo al incauto que, desoyendo al impasible mayordomo de la entrada, había penetrado en la mansión del terror. Explicar al montañero aficionado dónde están los accidentes más pronunciados de los Urales. Identificar cuál de los doscientos veinte voltios que venían en fila electrocutaron al gato curioso. Y discernir si no habría sido más acertado optar directamente por muerte en lugar del aparentemente inofensivo susto.

La literatura y la poesía tienen estas cosas, se dijo mientras paladeaba un café negro y sin azúcar. Después de todo, ahora se ganaba la vida explicando la poesía a los alumnos que la estudian por obligación, tarea equiparable a explicar lo insondable del mar a quienes no les gusta pisar los charcos cuando llueve. Vendréis por consuelo siempre a deshora, cuando ya sea tarde, cuando maldigáis el día en que no prestasteis atención a las coplas de Jorge Manrique. Al igual que su tocayo Manrique, Jorge Heras puede resultar a veces inquietante y a veces sosegador. Como una montaña rusa o una mansión del terror. Depende de cómo nos lo tomemos, de en qué nos fijemos, de cómo lo incorporemos a nuestro particular concepto de la vida.

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Sus versos irregulares están alineados al centro, formando los desiguales picos de una sierra de dos filos. Añádase su ritmo trepidante y ya tenemos una sierra mecánica preparada para desmontar y desguazar todo lo que se le ponga por delante. No es ciertamente el corte certero y afilado de un bisturí quirúrgico, pero en materia de derribos no podemos andarnos con tanta precisión. Jorge Heras no es un elegante deconstructeur de los que se han puesto de moda, de los que volatilizan la materia como si fuese una ilusión. Aquí hay que entrar con casco ya desde el primer verso por si le cae a uno encima una cornisa, un cascote, la luna entera incluso. Que caen como si lloviesen piedras. Por ahí se derrumban también los pedazos del poeta; salpican de sangre, semen y otros fluidos corporales, en una tremenda corrida. Silencio en su primero y palmas en el segundo. Que el amor destruye ya lo sabíamos desde antes de Vicente Aleixandre, desde antes de Fernando de Rojas. Pero en medio de este derribo descontrolado no hay una Ilsa que le diga a Rick: “El mundo se desmorona y a nosotros nos da por enamorarnos ahora.” Qué va. En su lugar hay una chica de ojos azules que dice, risueña, al torero agonizante: “Vienes de destruirte.” A todos nos han partido alguna vez el corazón, si es que lo tenemos. Lo que importa es lo que se hace después con los pedazos. Jorge Heras ha empalmado el material intentando reconstruir una Muñeca como las de Hans Bellmer (1902-1975), aunque tal vez el resultado se parece más a un árbol de navidad hecho de retazos humanos. Puede que a estas alturas esta metáfora ya no nos parezca terrorífica, sino grotesca. Como un Payaso que no tiene suerte con las mujeres, cuya esposa mide quince centímetros y vive en una casa de muñecas.

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El Payaso repasa perplejo sus desventuras amorosas y las escribe trazando poemas sobre las arenas de la playa, igual que el que pasa haciendo caminos sobre la mar. Sabiendo que lo escrito solo conserva la poesía durante unos instantes; los instantes que tarda el verso en marchitarse y ser borrado por la siguiente ola. El Payaso Poeta lo tiene aceptado en su particular poética: Cuando sube la marea y descalifica lo escrito escribo otra cosa sobre el cadáver de lo anterior. Por eso los poemas de este libro están todos inacabados. Su autor los ha abandonado cuando ya no podía continuar expresando la misma idea, porque la ola del tiempo ya había borrado el momento poético inicial. Los abandona a su suerte en el instante en que ya no le quedan fuerzas para seguir oponiéndose a una marea de jovencitas caprichosas, viejos verdes, ingleses y leñadores. Tal es la épica de nuestras vidas si no acertamos a encontrarles un sentido. Inevitablemente hemos de sucumbir agotados al final de la jornada. Por fortuna, todas las mareas acaban bajando y así se puede volver a escribir sobre la arena un nuevo poema cada día. La poesía de Jorge Heras se parece al suplicio de Sísifo. Al retorno de un Odiseo que finalmente encuentra a su Penélope con otro. A un viaje en busca de un sentido que todavía no ha aparecido, en donde no sirve de nada mirar hacia atrás. No es tan terrible como suena. En nuestro mundo actual, tan descafeinado, el sufrimiento y el dolor se ocultan minuciosamente, sin posibilidad de que nadie pueda aprender las lecciones que conllevan. Todo es una cuestión de actitud. Camus nos dijo en su célebre ensayo sobre el mito: “Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.” Como prueba de lo dicho, podría el lector observar al público que sale en tropel de una montaña rusa, de una mansión del terror, de una película de

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miedo,

de

una

corrida

de

toros.

Hay

quien

sale

completamente

descompuesto y jurando que no le vuelven a pillar en otra. Otros salen entusiasmados, felices. Los aficionados más empedernidos hacen cara de póker y recuerdan espectáculos más fuertes. Y algunos hasta van corriendo desde la puerta de salida derechos a la taquilla para sacar otro billete. El prologuista paró un momento antes de continuar y pensó en qué grupo debería colocarse él mismo. En su memoria recordó casos en que había corrido emocionado a comprar otro viaje y casos en los que la carrera tenía dirección opuesta. Personalmente, se apuntaría a otra ronda de la poesía de Heras, la saludaba y la celebraba. Los nuevos creadores necesitan amigos y simpatizantes que les den la bienvenida y los animen a seguir adelante. Especialmente entre quienes ya no son tan jóvenes, pero se identifican con sus versos porque les evocan los cafeínicos y amargos recuerdos de la juventud. Jorge Heras, el torero, el payaso, el héroe enmascarado, el antihéroe, el poeta, no le había defraudado. Tal vez de aquí a veinte años veamos este libro de otra manera. Tal vez en 2030 digamos: ¡Hay que ver lo que hacían en 2010! Pero lo rompedor y lo arriesgado se vive hoy, nunca ayer. Repasó el prólogo y se preguntó de nuevo si alguien lo leería, y en qué condiciones. Muy rápidamente escribió la última línea: Que no digan que no se lo advertí.

Jaime González 7


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“Mi vocabulario se resiente. Hablo un lenguaje de escombros en el que conviven los soles y los cascotes. Pues adjunto igualmente las migas multicolores de las ciudades. ¿No me habéis visto nunca ligando con los suburbios?”.

10 Louis Aragon.


1 Se descolgaron cornisas blancas del extremo de tus ojos Desgastados ya de tanto como los miro Querían recogerse en un tuétano molido a palos que había sobre un escorzo de la luna La luna se descolgó del cielo a través de un cable de ascensor para derramarse sobre el cadáver de un rascacielos Se licuó a sí misma talando su nocturno y del infarto eyaculó un pie atado a su muerte por líneas de sangre Yo quería llegar a través de la cornisa hasta el apartamento contiguo ¡Yo quería la luna! Me encontré en la cornisa con uno de mis poemas Nos miramos como dos extraños se miran y creen conocerse de algo Este tío me suena... Yo me desplacé con pasitos cortos buscando la ventana del apartamento de al lado El poema se fue lanzando telarañas de un edificio a otro De repente oí voces “Cariño el champán ya estará frío sácalo de la nevera” dijo una mujer y la voz me resultó familiar “Nena qué bien te sienta el collar de diamantes desnuda” replicó un hombre y su voz me era desconocida Moscas rondaban la sequía apostada como para siempre entre sus piernas La sequía de hacer volar un avión de pasajeros entre estas cuatro paredes Ahondaré en tu cuerpo con un cristal de espejo roto buscando las raíces más originales de una estrella de cine

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¡Ese maldito avión me volverá loco! Hendiré el filo de este puñal improvisado en tu cuerpo hasta que las cornisas blancas me devuelvan los grados más altos de agosto y prendan tu desértica vagina multiplicando su sequía al infinito Este episodio de volar con los pies enraizados en tu fajo de billetes arrugados que huelen ya a semen En tu collar de diamantes que huele ya a semen Avión que es una cuneta decorada con buitres de piedra El productor de cine se abotonó la bragueta del vaquero mientras sonriendo te decía lo bien que lo había pasado Esta cornisa blanca se descuelga de tus ojos azules El productor de cine alisándote el pelo te susurró al oído palabras que moscas rondaban Y la cornisa blanca se descuelga del todo de tus ojos y a ésta le acompañan otras Me queda tu imagen en el trozo de espejo Me queda la sangre Las cornisas llegaron al bosque en su caída y de él no quedó nadie Soy un montón de sangre Soy sangre que evacuó ya el cuerpo Y una actriz me bebió confundiéndome con vino Dolió mientras me tragaba Dolió más cuando de asco su cólico me devolvió sobre el agua sucia de un retrete Nunca quise descolgarme de tus ojos azules Me así de esa cornisa con todas mis fuerzas Entonces el productor de cine dijo “Tienes algo en el ojo” y al soplar me voló a la ruina del bosque haciéndome sangre Un derrame de luna por el piso de la farmacia

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“Éste es el boquete más grande que haya hecho jamás en el extremo del mundo” dije Mi estómago doliéndome por fuera aplaudió entonces y me dijo “Vienes de destruirte”.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul 13 Valéry .


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Del aspecto de la boda goteaban buitres de escayola Y olían a orina Y del puñado de monedas de cinco centavos brotó un ojo que era una ola Un ojo tuyo Ni siquiera el Leñador podría talarla Una ola para estar a salvo de la lluvia Una ola para estar a salvo de secuestro La última vez que me secuestraron fue a la salida del Norte Bar Me metieron en el maletero del coche y me llevaron a Madrid A la plaza de toros de Las Ventas Me liberarían a condición de que torease dos toros bravos en la siguiente corrida de San Isidro Y lo hice Toreé dos toros bravos En el primero hubo silencio y en el segundo palmas El ganadero lloró y Esther me esperó en la habitación del hotel abierta de piernas De la sangre del toro brotaban fotografías de grupos de chicas Los ojos del toro como los anos de las chicas perdiendo la virginidad de sus anos Al entrar a matar en el primero pinché dos veces y en el segundo le metí la estocada hasta la bola en el primer intento Y el corazón del toro como los anos de las chicas perdiendo la virginidad de sus anos Había buitres de escayola dispuestos en los burladeros Y gente con manchas de sangre en los tendidos

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Todas las camisas del mundo chorrearon sangre Esta ola me pone a salvo del hacha del Leñador Me pone a salvo del secuestro No quedaba nadie en la fábrica de bodas El río fue drenado para rescatar el cuerpo de la chica El inspector me contó más tarde que había sido violada por el ano y asesinada a golpes De la lengua del inspector goteaban buitres de escayola Y olían a orina “La orquesta toca mientras el barco se hunde” me dijo el inspector mientras se quitaba los guantes de látex ¿Qué querría decir con eso de la orquesta? La sangre del toro se filtraba por la arena haciéndola barro Desde aquí no lo veo pero si miras desde arriba verás miles de fotografías de grupos de chicas esparcidas por la arena Hay fotografías de grupos de chicas en mis manos y en mis mejillas Y también en el traje de luces La fábrica de bodas está vacía y de sus techos gotean fotografías de grupos de chicas De tus pechos se descuelgan tres lunas blancas En un cráter de una de ellas el maestro Jedi blandía su espada sobre la tez del derrame de una rubia trenza tuya Le di tres puñetazos al cadáver del primer toro Le di tres lunas a Esther a cambio del olor de sus bragas Tres lunas que resbalaron alguna vez por tus tetas Tus tetas siempre turgentes y blancas Tres lunas que resbalaron alguna vez por tus labios Tus labios como plazas de toros y en una de ellas yo frente al toro bravo Un toro bravo de quinientos kilos de peso

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Tenía las astas algo astilladas tras embestir antes contra el burladero Pero en esos cuernos no entra el aire Y yo frente a él con el traje de Jedi La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas Llegué a la habitación del hotel y fui inmediatamente al baño Me miré al espejo Largas patillas poblado bigote Grandes gafas de sol un poco traslúcidas El pelo ni largo ni corto y ondulado con raya a un lado Traje negro de raso Grandes solapas la americana y algo acampanado el bajo del pantalón Camisa blanca y corbata negra con nudo ancho Tenía las manos llenas de fotografías de grupos de chicas Salí y fui hacia el cuarto Allí había una chica sentada en una butaca próxima a la cama Me miró Sus ojos eran muy azules Se reía a carcajadas

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Retirándose el pelo de las mejillas me pidió que me acercara a ella Su pelo era muy liso muy rubio y muy largo Lo hice y vi que sus manos también estaban llenas de fotografías de grupos de chicas Entonces sin dejar de reírse me abrazó y me dijo al oído “Vienes de destruirte”.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry.

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“Tú que fuiste rubia, y que me amaste Di algo, una palabra solamente A esta mosca que no es digna aún ni nunca De entrar en tu casa, donde otras moscas Vuelan y vuelan en torno del retrete”. Leopoldo María Panero.

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1 Cantaba en el tejado una balada dislocada Con la boca seca Y la bragueta desabrochada No pude lamerte la otra noche En tu apartamento No pude lamerte porque tenía que actuar Tu nombre me ardía Todas las mujeres llevan tu nombre Y yo llevo un estómago que duele por fuera La otra noche canté una casa en ruinas Mientras Tú veías la televisión en tu apartamento ¡Qué hermosa vista! Esta habitación de hotel con vistas al mar me llena las manos de ojos Todos los ojos que alguna vez miraron a través del balcón Los ojos que alguna vez buscaron un tejado Tus ojos Porque sé que te hospedaste aquí hace algunos años ¡Qué hermoso techo! Y tus pechos ahora se libran del sujetador Y mis manos ahora se llenan de tus pechos En este balcón Fue en el balcón de esta habitación Fue en la habitación de este hotel donde te dije que Virginia era una mujer sin rostro Donde te pedí que te casaras conmigo Donde tú fumando

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Desnuda bajo mi jersey negro Con el pelo suelto muy rubio Me dijiste que no Quedando tus labios con forma de No para siempre Donde después de aquello te dije “Prefiero las mujeres que tienen los labios con forma de corazón” donde tú respondiste “Prefiero los hombres con dinero” Fue en el tejado donde compuse una balada dislocada Lo hice después de una cena copiosa en casa de mis padres Tras un desengaño amoroso Tras pensar en Kirsten Dunst Tú estabas en tu apartamento viendo la televisión Ignoras que mi esposa mide quince centímetros Que vive en una casa de muñecas Mañana actúo en el tejado Mi vientre con sus agujeros de bala Las manos llenas de agua de mar El traje de luces... Mañana estarás en tu apartamento viendo la televisión Tus piernas perfectamente depiladas Las manos llenas de cadáveres Tu minifalda negra... Desde este balcón me vienen a la memoria las veces que mis manos se llenaron de tus tetas Mis manos ahora llenas de dinero robado Dinero que sin duda gastaré con prostitutas ¡Qué hermosa vista! Mi esposa mide quince centímetros Vive en una casa de muñecas El día se ha nublado un poco

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Está blanco como tus muslos Una mujer se acercó a mí hoy en la playa Estábamos solos porque el día estaba nublado y nadie más se acercó hasta la playa Como tus muslos Se acercó hacia mí como si nos conociéramos e inclinándose buscando mi oído dijo “Vienes de destruirte”.

Inacabado (“poème abandonné”).

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2 En el chorro se movía una iglesia ¡Y yo fui un arquitecto! ¡Yo fui el arquitecto apaleado por unos narcotraficantes! El Mago rebuzna ¡Yo fui un apartamento lleno de arañas! Su licor quema y sabe mal Así que lo escupo sobre sus tetas En la estación no quedaba nadie Sólo ella y yo sentados en un banco El viento frío me helaba las manos Y por mucho que estrechaba las tuyas no hallaba calor El frío insistía sobre mis manos arropadas con las tuyas Tú tratabas de calentarlas con el aliento Pero no hallaba calor Tú las metiste en tu entrepierna por debajo de la ropa Y yo seguía sin hallar calor.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry .

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3 Tú eras la que mojaba mis sábanas Eras la chica mejor peinada del mundo Un abrazo limpió mi espalda de mar Un beso limpió mis labios Mis manos se limpiaron al acariciar tu vulva.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry .

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4 De tu hueco mana una fila de muñecas de ojos muy abiertos Les tendí la mano y un tren empañó mis ojos con su humo negro Tú ya le estás dando el pecho Me gusta mirar aunque en mis ojos sólo quedan dos huecos y en su interior el humo negro Las cuencas de mis ojos cercando dos noches sin luna Y tú ya estás dando el pecho al inglés Está asido a tu seno ¡No lo suelta! De tu hueco mana una fila de muñecas de ojos muy abiertos Me miraste y te tendí la mano pero un tren me instaló en las pupilas su noche sin luna de humo “¡Camarera sírvame su cuello quiero lamerlo!” dije “Mi cuello no puede estirarse tanto” dijiste.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry .

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5 Hoy no es miércoles Está todo cerrado Mi vientre con sus agujeros de bala Te hice sentir incómoda la noche que nos acostamos Tú me hiciste sentir incómodo a la mañana siguiente Mi vientre con sus agujeros de bala Ya el humo pesa y tambaleándose se derrumba sobre un cómic Grávida fue también la luna que derramé sobre tus labios Ya tu lengua abandonó mi boca Y tus senos mis manos Y tus caricias a mi piel Las ratas tienen los órganos sexuales en la espalda Así sus relaciones sexuales son más fáciles Los agujeros se dilatan en mi vientre permitiendo entrar a las ratas Las ratas tienen los órganos sexuales en la espalda Así sus relaciones sexuales son más fáciles Son seis las ratoneras de mi vientre Las ratas entran y salen Las ratas mantienen relaciones sexuales en mi interior Algunas ratas se han acomodado en mis pulmones A veces siento a las ratas en los intestinos Sé que quieren mi cerebro Sé que esas malditas ratas desean comerse mi cerebro Te pedí que metieras la mano en una de las ratoneras Te dio asco.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry .

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6 El Payaso llora noche tras noche su oeste de tiovivos abandonados Le huele a alcohol la boca Y está harto de no ver nunca el sol El Payaso está enamorado de una chica que se dedica a salir medio desnuda de la tarta en despedidas de soltero Se enamoró de ella en su despedida de soltero Al día siguiente dejó plantada a su prometida en el altar y lleva ya cuatro bodas fingidas para verla salir medio desnuda de la tarta Sólo habla con ella por teléfono para contratar sus servicios “¿Y por qué no habla nunca con ella? Porque... No sé… ¿Por qué no le pide salir?” preguntaste “El Payaso sabe que no puede hacerlo Imagínate a un payaso cenando con una chica medio desnuda dentro de una tarta en un restaurante... El Payaso nunca ha tenido suerte con las mujeres Antes de conocer a su prometida se enamoró de una mujer que medía quince centímetros Vivía en una casa de muñecas” contesté “¿Y qué pasó?” preguntaste “¿Que qué pasó? Ella se casó con un soldadito inglés y al Payaso le calaron miles de noches sin luna roídas del hueco de las putas” contesté.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry .

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7 Después de aquello solía permanecer encerrado en su caravana entre actuación y actuación “¿Qué hacía allí metido?” preguntaste “Pregúntale a Love Él te dará la respuesta” contesté Dos años más tarde conoció a su prometida en un baile Los hombres iban vestidos de toreros y las mujeres de princesas Su prometida salió al balcón para fumar un cigarrillo y encontró al Payaso acodado en la balaustrada Parecía triste y pensativo “¿En qué piensas?” preguntó su prometida “Estoy aquí porque tenía ganas de vomitar Necesitaba aire fresco” respondió el Payaso “¿Ahora estás mejor?” preguntó su prometida “Sí me he recuperado un poco al verte” contestó el Payaso Su prometida le sonrió Entonces el Payaso intentó contar un chiste Pensó que si servía para su número podría servir también para aquello Pero estaba tan borracho que apenas podía vocalizar e iba de adelante hacia atrás en la historia porque siempre olvidaba algún detalle “Creo que deberías llamar a un taxi” dijo su prometida sin dejarle terminar el chiste “Puede que tengas razón Quizá necesite dormir un poco Lo cierto es que he bebido demasiado

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Siento haberte molestado no era mi intención” dijo el Payaso “¡No me has molestado! ¿Qué te parece si me das tu número y quedamos mañana? Me gustaría acabar de oír el chiste” dijo su prometida “Me encantaría contártelo” dijo el Payaso.

Inacabado (“poème abandonné”).

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“¿Se conocieron así?” preguntaste “Sí El Payaso conoce de manera peculiar a la gente” contesté “¿Qué pasó al día siguiente?” preguntaste “Que su prometida le llamó quedaron e hicieron las cosas que hacen las personas que salen juntas” respondí “¿Se acostó con su prometida la primera noche?” preguntaste “No eso sucedió dos noches más tarde” contesté El Payaso se peinó con raya a un lado Vestía un traje negro de raso con grandes solapas la americana y algo acampanado el bajo del pantalón La corbata era también negra de nudo ancho Y se colocó unas grandes gafas de sol algo traslúcidas Su prometida llevaba un vestido negro de generoso escote Tanto la pechera como la espalda Y zapatos negros de tacón alto Se encontraron en la caravana del Payaso a eso de las diez y media “Perdona el champán no es bueno pero el sueldo de un payaso no llega para otra cosa” dijo el Payaso compungido “No te preocupes Yo no entiendo de bebidas pero seguro que está muy rico” dijo su prometida sonriendo Mientras el Payaso descorchaba la botella su prometida deambulaba por el interior cotilleando entre sus cosas “¡Vaya!

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Veo que te gusta la música ¡Cuántos discos!” dijo su prometida “¿Eh? ¡Ah sí!... ¿A ti te gusta la música? - dijo el Payaso acercándose a su prometida permíteme tengo un disco que creo te agradará Siéntate por ahí ponte cómoda enseguida te sirvo una copa” Puso un disco de Luis Eduardo Aute y fue a llenar las copas “¿Quién es Aute?” preguntaste “Un cantautor español” contesté Mientras escanciaba su prometida se acomodaba en un viejo diván negro regalo de su abuelo La blanca piel de su prometida destacaba sobre el negro del cuero del diván y su vestido A su prometida no le gustaban las joyas pero siempre llevaba una pulsera de oro blanco en el tobillo lo que al Payaso le pareció muy sexy.

Inacabado (“poème abandonné”).

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9 Tras unas horas hablando muy cerca uno del otro en el diván negro la melena rubia de su prometida se confundió con la melena del champán en los dedos del Payaso Al corazón del Payaso le brotó un pene Y a la vagina de su prometida le salió escupida una galaxia llena de estrellas La ropa al principio estaba seca pero su prometida desenrollaba incesante el carrete de plástico azul con miles de estrellas dibujadas Estrellas de cinco puntas en amarillo de diferentes tamaños y a diferentes alturas Entonces la ropa comenzó a ajarse por la humedad de la gotera Primero el vestido de su prometida Después el traje del Payaso Aquel mural estrellado caló también el negro diván al colarse entre sus poros ajados El Payaso descubrió el hueco de su prometida y se sorprendió por su diáfano recorrido Aquello no era una expedición sino una vuelta a casa Su prometida se mordía los labios El mojado era transparente Era un recorrido por raíles Era una fiesta El mojado fue una melodía de orquesta “Ahora mismo no quiero estar en ninguna otra parte” dijo el Payaso Aquel fondo azul intenso con sus estrellas amarillas disipó el humo negro del tren que cala con su noche sin luna los ojos

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El tren fue desarticulado y de su enorme chimenea sólo quedó un puñado de piezas de metal De tornillos de tuercas... El Payaso masticó una estrella tras otra mientras su prometida se mordía los labios “Amontonadas las grietas el polvo huye en tu maleta Su nácar construido con botones Y el perro que ladró una hermosa melodía de orquesta Se amontonaron los horizontes sobre una cuerda de tender del patio Si abres la puerta el Leñador no tendrá piedad Es un trabajador Es un deportista Es un hombre acostumbrado al frío” dijo el Payaso El tren no hacía nada pero el Payaso sabía que tarde o temprano tendría que tomarlo.

Inacabado (“poème abandonné”).

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10 Su prometida lloró mucho allí sola en el altar Con todos sus familiares y amigos mirando “¿Pero cómo pudo enamorarse así de repente? ¿Cómo pudo dejar a su prometida plantada en el altar por una chica a la que ni siquiera conocía… Por una chica con la que estuvo solamente un par de horas?” preguntaste “Pregúntale a Love Él te dará la respuesta” contesté.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry .

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11 El ascensor sonó a viejo Y de su hueco se asomaron noches sin luna Noches de viejos suplicando en la mansión una última eyaculación De ese hueco herrumbroso brotó un hilo de sangre negra que amenazó con anudarse a mi cuello Con llevarme a la horca Ese hueco oscuro que olía a viejo Del que se asomaron aguas estancadas oliendo a sexo de mujer Eres una chica joven Pero el olor de tu hueco no le es sincero a mi olfato Tu sexo me huele a un asomarse de noches sin luna por el hueco Me huele a viejo Quizá el agua de mar te lo oxidó Quizá mi breve consumo de cocaína me oxidó el olfato para siempre El ascensor suena a viejo en esta enorme mansión Quizá estoy suplicándote una última eyaculación Quizá te odie por negarte “¿A qué te dedicas?” preguntaste “Bueno en realidad no soy nada Soy escritor” contesté “¿Qué escribes?” preguntaste “Algo parecido a la poesía” contesté “Ah ¿eres poeta? ¿Me dejarás leer algo alguna vez?” preguntaste curiosa “En realidad escribo sobre la arena de la playa

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Cuando sube la marea y descalifica lo escrito escribo otra cosa sobre el cadáver de lo anterior” contesté “Pero si se borra al cabo de unas horas para siempre ¿Para qué escribir?” preguntaste confusa “No lo sé Lo hago igual que vivo supongo ¿Para qué vivir si al cabo de unos años todos somos borrados para siempre?” dije encogiéndome de hombros “Pero eso es diferente... ¿No te parece que escribir para nada es una pérdida de tiempo?” preguntaste extrañada “¿Lo es hacer las demás cosas que hacemos en la vida Tarde o temprano todo lo que hacemos será borrado para siempre?” contesté algo contrariado “Yo odio ir a la playa Soy muy blanca y me quemo Además el salitre del mar me hace sentir sucia Darme un baño y querer ducharme son simultáneos” dijiste con una preciosa sonrisa en la cara “Así que te hace sentir sucia... Y sin embargo ese inglés Ese degenerado Ese miserable... no te hacía sentir sucia ¿eh?...” pensé (quizá en voz alta) “Lo que yo haga con mi sexo con mi ropa interior y con los ingleses no es asunto tuyo Poeta de la arena” pensaste (quizá en voz alta) Es abrupto trepar por tu hueco

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Es difícil encontrar la salida Antes era más sencillo Antes sólo tenía que seguir la música de orquesta que obtenía acariciándote las mejillas Antes de tu hueco no se asomaban noches sin luna Antes el olor de tu sexo coincidía en edad con tu rostro O es que tu sexo no es sincero con mi olfato o que mi olfato se degeneró hace años para siempre La mansión es mi lugar Y en este lugar estamos los viejos verdes suplicando una última eyaculación “Tu estupro no es menos miserable que el del inglés” dijiste “No suelo abordar así a las jovencitas Pero creo que nuestro caso es algo diferente ¿no crees? Nosotros tuvimos algo así como una historia ¿no? Eres algo rencorosa jovencita ¡Es que nunca vas a perdonarme el tirarte por la borda!” dije “Deberías saber que odio el agua de mar” dijiste enfadada “Esta mansión está en medio de un bosque pero el Leñador parece haberse olvidado de nosotros” dije apesadumbrado Y hay una noche sin luna en el hueco de los instrumentos de viento En el hueco de los instrumentos de cuerda En el hueco de la garganta de los músicos Y no hay camareras que nos sirvan bebidas Tan sólo hay agua sucia en el hueco del retrete Donde antes hubo tu cintura ahora sólo hay una noche sin luna Mi voz de noventa años es incapaz de elevarse para entrar en tus oídos En tus oídos tan sólo el hueco de una noche sin luna

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Como entre las letras del letrero luminoso que reza Hotel hay también noches sin luna Está ahí para mí como flotando y tras él una negra noche sin luna La más oscura de la historia Un espacio negro que asusta “¿Acaso nos queda la música? ¡No! El viento la descalificó con prontitud al poco de ser oída” pensé.

Inacabado (“poème abandonné”).

37 . Paul Valéry


“Una mesa servida con el mayor lujo posible Desmesuradamente larga Me separa de la mujer de mi vida A la que apenas distingo Entre la estrella de vasos de todos los tamaños que La mantienen echada hacia atrás Escotada en ráfaga de viento”

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André Breton.


1 “Y pasado el farol rojo ella le permitió, por un precio módico, mirar dentro de su vagina”. Isidore Ducasse.

Un perro se lamía mis manos a mitad de mi boda Ella me miró a los ojos mientras que de la raja usada de entre sus piernas Manaba En escancia infinita y apresurada El kilómetro de muertos cuyo hedor asesinaba al oxígeno con una espada Jedi Y mi espada Jedi asesta agujeros al hedor imperante ¡Dormirás una siesta rodeada de leones! Las guitarras evacuaron sus cabellos Y los cabellos gotearon toda la noche sobre tus nalgas usadas Mi mujer mide quince centímetros Vive en una casa de muñecas Le pedí que se casara conmigo con el aliento apestando a alcohol Con las manos en sus nalgas Con el pene enhiesto Ella me miró a los ojos y de sus labios rojos se descolgaron a través de cables de baba soldaditos ingleses de quince centímetros de altura que decían al unísono “¡Sí y dormiremos una siesta rodeados de leones!”.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul Valéry .

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2 Las hogueras penetran los raíles huecos de mis huesos Hogueras que son como tu voz que me penetra hasta los huesos Y en ese calor estrangulo a un hombre pequeño En ese calor las recién casadas son ahorcadas en plazas llenas de gente Aún así ese calor con todos sus dientes me apetece ¿Puedo ser el siguiente? En medio de esas hogueras las bocas se llenan de agujeros Y el agujero del culo se rellena con haches luminosas de mil hoteles (Mi armadura ahora es líquida) Aún así tus senos me apetecen ¿Puedo ser el siguiente? Después de esa batalla mi traje quedó hecho jirones El malo era muy feo La chica estaba muy buena Salvarla al principio fue fácil Pero tuve que salvarla más de mil veces (Mi armadura ahora es líquida) Sus muslos con moratones Su pelo deshilado tapándole la cara Y su ropa hecha jirones La chica estaba muy buena El malo era muy feo El malo era muy homosexual Con una americana negra cubriéndome los jirones del traje llegué hasta unos baños públicos La chaqueta apenas tapaba la tela de araña bordada del pecho La máscara la metí en un bolsillo

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Fui a la cola y esperé boleto en mano a que dijeran mi nombre por megafonía Había bastante gente delante de mí “Baptiste Bleu baño 17” se oyó por fin Entré apresurado y me encerré en el baño Al mirar a la izquierda advertí que se habían dejado unas prendas de mujer y un bolso grande Miré dentro del bolso y sólo había un frasco de vaselina ¿Por qué un bolso tan grande para sólo un frasco de vaselina? De la ropa colgada me llamó la atención un chal rosa Mientras lo miraba llamaron a la puerta “Perdón me he dejado olvidadas unas prendas me permite entrar será sólo un momento” dijo un hombre y la voz era como si hubiese hablado con la cabeza dentro de un cubo “Un segundo” dije ¿Me han tendido una trampa? ¿Será el malo feo y homosexual? ¿Por qué un bolso tan grande para sólo un frasco de vaselina? Volvieron a llamar a la puerta “Señor me deja pasar por favor no le molestaré necesito mis cosas será sólo un momento se lo prometo” dijo con esa voz recién salida del cubo “¿Por qué un bolso tan grande para sólo un frasco de vaselina?” pregunté Y las hogueras se fueron Y el calor fue dando paso a este frío de enero La chica ya no hace striptease Se ha vestido y me pide con mala cara sus veinte dólares La chica ya ha apagado la hoguera (La chica estaba muy buena) Y me pide con mala cara que le suelte la pasta. Inacabado (“poème abandonné”).

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3 Serruchos con costra y apenas una nube Apenas una nube pisamos con nuestras cabezas alargadas El piano negro nos aplasta y de nuestros cuerpos salta un chorro de láctea pradera Terruño lechoso Un niño mamaba y de sopetón le apartaron de la boca el pezón Se arrastra por el suelo el sombrero de copa De motor el viento El histrión desmenuzado Las faldas cortas Mundo de gaznates que espera praderas lácteas.

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4 Cenar Un barrio hecho de vapores de Sex Shop De gigantes mojados De aberturas en el lomo de la puerta De destilerías a la rusa que sacan por el cuello a una puta con hocico de cantante De humo verde como si fuera un cartel navideño En la puerta del living del Restaurante El enfermo incurable Sergio “Me pasa esto y aquello” de la mano de su chica Morena algo más baja que él Seguro que a ella también le pasa esto y aquello Me reconoce Nos conocemos de la facultad desde hace algunos años Muy angustiado me pide que le deje doscientos dólares Su chica lleva algo en la mano y repite constantemente “Esto se inyecta” Parece un disco rayado “Esto se inyecta esto se inyecta” como una puta autómata Le doy algo suelto para quitármelo de encima y me meto a mear Desde aquí juraría que los azulejos son chochos arrugados Seguro que más de uno ha intentado meterle la verga a uno de estos azulejos El comedor está tan oscuro que grito “¡Cenar!” Brindamos por el amor Brindamos por el coño de Irene Alguien tiene el miedo como una mordida de espanto en esa mesa que parece un barco

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Barco mesa Una chica rubia Más rubia que tú Más rubia que el cielo en Evergreen Café Con dos trenzas que le llegan al plato Lleva puestas unas gafas grandes de sol con montura de color Rojo creo El recluso es más feo que yo y sus dientes tienen restos de tus trenzas Echo otro trago de mi cerveza Te saco de paseo para que cagues para que mees Para que te dé el aire Es cierto que en este restaurante de eso no hay mucho pero sí que hay mucho de todo lo demás “Estoy superperezosa tía” le dice una a otra que responde “Pues yo estoy supercachonda tía” “Por favor dejen de golpearle” grito “Por favor son todos ustedes ciudadanos negros” grito más fuerte “Por favor la luna cuelga de otra luna que está un poco más arriba que ella” vuelvo a gritar Subiendo en Mercedes la calle hecha de vaho de cabezas huecas de mariposas fecales de cantimploras en cuyo interior está el hueco del ascensor haciéndole el amor a la chica de Sergio “Me pasa esto y aquello” de oquedad en los misiles de langostinos a pie de camarote ¡Mercedes no seas perezosa Venga mujer que ya falta poco! A ambos lados de la calle neonazis haciendo botellón Unos sentados en urinarios rodeando una mano de Sade Visten abrigos claros de grandes solapas abotonados a ambos lados y en cuyos hombros cosidas unas esvásticas negras

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Calzan botas altas de tacón negras hasta la rodilla por encima del pantalón de pinza negro también con raya diplomática amarilla La mayoría van maquillados como Brandon Lee en El Cuervo Los que no llevan la cabeza cubierta con un sombrero como los que llevan los gangsters en películas de la época se ponen para cubrirla retazos de piel que van recogiendo del suelo Restos de piel desprendida de las cabezas de sus víctimas que no volvieron para recuperarla Poniéndose eso en la cabeza dicen que son más humanos Que son muchas personas en una Que son sujetos plurales Sergio “Me pasa esto y aquello” está de día dentro de un coche en el asiento trasero Su chica no Me pregunto dónde estará parecían inseparables Mis pies caminan a un paso por delante de mí Quieren darme esquinazo pero no pueden Cuando creen haberme despistado aparezco de nuevo detrás Lo intentan y lo intentan pero es inútil ¡Idiotas si fuera posible ya hace años que yo me hubiera largado de mí! ¡Me habría largado lejos muy lejos de mí! Sergio “Me pasa esto y aquello” vacila un momento paga al tipo de delante y sale del coche Me mira y hace como si no me hubiera visto Me da la espalda acelera el paso y tuerce en la primera esquina Me apresuro y le grito “No iba a pedirte las monedas que me debes Puedes quedártelas” El sol está tan rubio como la chica del restaurante Y tú tienes muchas venas

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Se oyen disparos en el callejón y un gemido de mujer Escondido entre los contenedores de basura intento alcanzar a ver algo Una chica me descubre y me grita “¡Lárgate mirón de mierda!” Después le dice al tipo que está tumbado sobre ella “¡Dispara Dispara otra vez cariño ya sabes cómo me excita!” Pienso en tus venas ¿Tendrá la sangre rubia la rubia del restaurante? Cenar ¡Sólo piensas en cenar! Las corbatas son de papel de periódico ¡Cómo huele a bollo recién hecho! Un cartílago de carne anudado a un hilillo de baba equivale a la segunda luna Parecían inseparables Parecían inseparables.

Inacabado (“poème abandonné”). Paul46 Valéry .


5 Te busqué en el hacha Te busqué en la luna Te busqué en el zoo Te busqué en la basura Te busqué bajo la lluvia Te busqué en el árbol Te busqué en el coche Te busqué en el segundo piso Te busqué en el mar Te busqué entre los dientes Te busqué en la estación Te busqué en el infierno Te busqué en los pantalones Te busqué en el parque Te busqué en el ascensor Te busqué en el baile Te busqué en el avión Te busqué en la suela del zapato Te busqué en el hotel Te busqué en el lavabo Te busqué en el cine Te busqué en el hospital Te busqué en el lugar del crimen Te busqué en el restaurante Te busqué en el siglo XIX Te busqué en la perrera Te encontré con él.

Inacabado (“poème abandonné”).

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Las imágenes que han sido utilizadas para el diseño de este libro (portada y contraportada, fondos del prólogo en página 3 y para nota de edición, así como las ilustraciones de interior, situadas en las páginas 4 y 44) pertenecen a la ilustradora y diseñadora gráfica Amarande Guzmán (Teresa Munuera).

Se pueden encontrar otros poemas del autor en su blog “Je est un autre” (baptistebleu.blogspot.com).

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Pr贸logo, por Jaime Gonz谩lez

3

El constructor de paisajes

10

El constructor de 谩rboles de Navidad de ladrillo

18

Afeitando las piernas de Jacqueline Breton

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Nota de edici贸n

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“Jorge Heras no es un elegante deconstructeur de los que se han puesto de moda, de los que volatilizan la materia como si fuese una ilusión. Aquí hay que entrar con casco ya desde el primer verso por si le cae a uno encima una cornisa, un cascote, la luna entera incluso. Que caen como si lloviesen piedras. Por ahí se derrumban también los pedazos del poeta; salpican de sangre, semen y otros fluidos corporales, en una tremenda corrida. Silencio en su primero y palmas en el segundo” (Del prólogo de Jaime González)

Jorge Heras García \ Baptiste Bleu (Madrid, 1981). Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Sus poemas han aparecido en revistas literarias digitales ("Palabras Malditas", "El cuervo", "Escaner cultural", "Alex Lootz", "Dulce Arsénico", Revista Voces", "Palabras diversas", "Almiar \ Mar de poesías", “La bolsa de pipas”, etc), así como en diversos blogs y páginas Web. "Apología de la Muñeca de Bellmer" es su primer poemario.

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APOLOGIA DE LA MUÑECA DE BELLMER  

Nuevo libro de Groenlandia, por Jorge Heras Garcia (Baptiste Bleu)

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