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Entre Líneas Revista literaria―octubre―2012 Miami― Florida― Estados Unidos. Veintidós Sumario: Peña cultural Antes que anochezca/ 3 Poema de Graciela Marta Alfonso/ 5 Poemas del poemario Vulom de Marina Germain/ 7 Cuando llegan los colores (Sobre el poemario de Josefina Ezpeleta

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por Pedro Pablo Pérez S. / 9 Aguacates a quince pesos, un cuento de Enrique A. Meitín/ 16 Un cuento de Blanca Caballero/ 20 Yo alucino, por Sara Suejen (La bomba atómica)/ 26 Un cuento de Margarita Polo/ 30


Entre Líneas

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Obra visual: Grabado: Monocopia "August” de Graciela Marta Alfonso/ Argentina

Entre líneas es una revista literaria, que lleva como única finalidad promover a todos los autores de habla hispana, que deseen colaborar con sus trabajos, los cuales tendrán una evaluación previa. Su colaboración puede ser enviada a: revistaentrelineas@live.com


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Un nuevo encuentro para escritores, poetas, cantantes y artistas en general es la Peña cultura, Antes que anochezca, auspiciada por Publicaciones Entre Líneas y la Editorial Voces de Hoy. La cita es a las 3 y 30 de la tarde, en Planet Linux Caffe, ubicado en el 1430 Ponce de León, ciudad de Coral Gables.


Recuérdalo: último domingo de cada mes a las 3 30 PM, tu cita es en la Peña cultural Antes que anochezca, la entrada es libre y podrás disfrutar también de un buen servicio gastronómico que oferta Planet Linux Caffe… ¡Te esperamos!

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Disfruta de este maravilloso video en:

http://www.youtube.com/watch?v=wKrNpzwAd7o


Poema de Graciela Marta Alfonso TRAMO XII Hay un oscuro precipicio en las almas inmoladas; hay una trasparente plegaria, llegando al celeste reverso del verbo. Ocultándose libre, entre los pájaros agónicos, sin otro exilio que sus alas, remotas de universos y serenidades.

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Hay un país que alberga al confinado tiempo, oculto en tu alma; no lo sabes, no lo presientes. Pero llevas el destino en tu mirada, destino de fulgor, estrella con el poema de tu luz. Hombre que en niebla, ama y sueña, hombre que sin su sombra desvaría y transmuta la noche, por una lenta calma de sobrellevar, la antorcha de su libertad. Universo de luces y fulgores, desparramando en el infinito tu memoria, tu cibernética memoria y tu espantoso olvido. Hombre que el mago desnuda y convierte en príncipe y demonio; hombre que llega al firmamento, a la tibieza del último árbol plantado.


Rompe el surco, clavado en tu camino, viste de espuma tu cuerpo, tu misterio y vuela amnésico por tu galaxia, para reencontrarte, con el gen indivisible.

Graciela Marta Alfonso

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Nació en Buenos Aires, Argentina. Profesora Nacional de Bellas Artes con Orientación Pintura y Grabado de la “Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón”, y Licenciada en Artes Visuales con Orientación al Grabado del Instituto Universitario del Arte “IUNA”. Realizó la Tesis de Licenciatura, “Poéticas del Libro de Artista y Libro Objeto”. Libro de Artista Xilográfico de ejemplar único con Poemas ilustrados. Publicaciones: Libro de Poemas “El Silencio del Fuego”. ISBN: 950-887-031-1. Seleccionada y publicada en la Convocatoria: Antología Poesía y Cuento, organizada por “Pasión de Escritores”. Argentina. ISBN: 978-987-1872-00-8. Seleccionada y publicada en la Convocatoria: Antología Cuento y Poesía, “Una Mirada al Sur”. Argentina. ISBN: 978-987-1872-10-7. Seleccionada en el XIII Certamen Internacional Poesía y Cuentos 2012, organizado por “Grupo Escritores Argentinos”. Publicación de su obra: Poema Aleatorio en Revista de “Artes y Letras Plurentes”, de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Colabora con diversas Revistas Literarias, donde acompaña su literatura con la representación plástica.


Del Poemario Vulom de Marina Germain Te diré

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Te diré que esta es mi mente que te habla y al hablarte dice que es simple red que amanece. Te diré que soy alguien que expresa y eso es sencillo y es permeable. Soy canal del cosmos ligero simple continuación de un Universo perfecto. Te diré que no soy eso que dicen que soy no soy eso ni nada soy. Soplo de un viento que desaparece y en su desaparición se hace canción.

Del ancho deseo Del ancho deseo que me trajo tu espalda no me quiero mover, del papel y la pluma del ave rapaz te cosiste una historia que acaricia cinturas. El vendaje del cráneo que suspira la paz


en el hueco del verbo instalテウ una colmena de titanes modernos en circuitos con voz.

8 PUBLICA TU LIBRO窶ヲ REALIZA TU SUEテ前 786-307-4839 www.vocesdehoy.net www.revistaliterariaentrelineas.blogspot.com


Cuando llegan los colores Sobre el poemario de Josefina Ezpeleta, Sola en el arcoíri, próximamente disponible por el sitio web de la Editorial Voces de Hoy y en la Feria Internacional del libro de Miami

Por Pedro Pablo Pérez Santiesteban

Cuando llegan los colores

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Sucede que a veces, un mundo atribulado de colores, se transforma poco a poco en imágenes esculpidas por las letras que conforman un poema. Cada color se va ubicando en un cielo de versos, donde los encuentros y despedidas, amores y desamores, nostalgias y silencios, se despliegan sobre el corazón del poeta, cuya sensibilidad engrandece al momento, pero para ello, debe existir primero esa condición: Ser Poeta, y este es justo el caso. Estamos en presencia de una mujer, cuya poesía es nítida, transparente, reflejo puro de un río que corre desenfrenado, para llegar hasta las puntas de un sol que lo refleja, y nos da a ver un agua dulce que sacia la sed infinita del alma. Josefina Ezpeleta, es sin dudas, un verso hecho mujer, y una mujer, cuya armonía poética hace traje de gala en cada uno de sus poemas. Abrí los ojos temprano, tanto que el sol apenas asomaba entre las nubes, rosadas por el rubor


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de su presencia. En su andar por su mundo de colores, donde se apodera de ese arcoíris que la protege al pasar la tormenta, ella medita sobre su íntima noche. Vestida de oscura noche de mis /caprichos incesantemente me buscaba en el rumor que misterioso se /acercaba, en el ruido a silencio, en la música /rota, en el canto de un pájaro sin alas, en la lluvia que empapaba mi /soledad. Cuando el amor se apodera de su insomne madrugada, su cuerpo se estremece de lentos mensajes que le arropan en el alba, y es entonces cuando el verso se levanta inmaculado: Entre sábanas dos cuerpos sedientos de amor se funden en una sola alma con alas de colibrí para dar paso, cada amanecer al rayo de sol que los cobija. Luego, al amanecer, Josefina se levanta muy despacio, suave, cual brisa de abril que refresca la mañana, y sin proponérselo a penas, sus pies la llevaban hasta su ventana. Mi vida corre —en la ventana, en el cristal— cual película veloz y se confunde el tiempo con el viento, la lágrima con la sonrisa, la cicatriz con el beso. «La lágrima con la sonrisa, la cicatriz con el beso», genial verso, capaz de fecundar en lo profundo, cuya imagen poética marca pautas en la poesía. Sin embargo, al compás de lo cotidiano, de las vicisitudes que la vida siembra en


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pequeñas parcelas por donde transita la mujer poeta, ella recoge sus vuelos de seda fina, y desnuda su cuerpo para entregarse al placer. Me gusta que me despeines, que con el néctar de tus gemidos llenes el pentagrama de mis anhelos. Me gusta que me enloquezcas de esa manera tan tuya, desde ese rincón de la luna donde te escondes. Un nuevo universo de dudas se apodera de Josefina, pero ella, con la sabia destreza de quién sabe despejar interrogantes, se lo plantea sin remilgos, en un cara a cara que busca la luz de una verdad infinita. A veces me pregunto si solo tengo este rostro, si todos mis otros yo, de otras vidas, de los universos paralelos, tienen este mismo rostro mío. Y es que en el corazón del verdadero poeta, muchos son los rostros que adormecen, mueren y viven. Se sobreponen a realidades y fantasías, para encontrar un cielo lleno de colores, y llegar sin pensarlo a la soledad inmune de su propio arcoíris.

Pedro Pablo Pérez Santiesteban. Holguín, Cuba, 1957. [Escritor y Periodista]. Estudió Licenciatura en Contabilidad y Técnica Periodística, en las Universidades de Holguín y de La Habana. Ha publicado varios libros de poesía, cuentos y novela, entre los que se encuentran: Detrás de la ventana y Lenguaje interno, (Poesía). En primera persona, (Cuentos). Frente al espejo y Amparo la hija de Jacinta y Recaredo (Novelas). Es Promotor Cultural


y colabora con varias Revistas digitales e impresas de diferentes países como: Argentina, Venezuela, España, y Estados Unidos. Es Merecedor de varios reconocimientos; entre ellos el Premio de Poesía AG 2007 y AG 2012 Literatura Internacional. Actualmente dirige la Editorial Voces de Hoy y la Revista literaria digital, Entre Líneas.

Próximamente una historia de amor en audiolibro… «Líneas paralelas» de la poeta argentina Cecilia Ortiz y el poeta cubano Pedro Pablo Pérez Santiesteban… estará disponible en la 29 Feria Internacional del libro de Miami.

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Ya estรก a la venta en www.vocesdehoy.net A Tale of Two Villages

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YA ESTÁ A LA VENTA UN NUEVO AUDIOLIBRO En www.vocesdehoy.net José Cardín, nació en un pueblo del sur de la Habana, Güira de Melena. Es médico de profesión, pero paralelamente le gustaba escribir. Ha puesto en escena dos obras, y ha ganado premios en el género de cuento. También escribe poesía.

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NUEVOS

AUDIO LIBROS…

Usted puede ser el próximo en tener el suyo… www.puntoyseguido.us o llame al 786-307-4839

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Aguacates a quince pesos Por Enrique A. Meitín En la mañana de uno de esos días en que amanecía más triste que de costumbre la policía se dirigía apresuradamente a cumplimentar un operativo contra el denominado “mundo cambiario”. El sitio escogido por los agentes del “orden” no era otro que el portal del agro mercado situado frente a la intercepción que hacen las calles Luz y Egido, casi al borde de La Muralla en la Habana Vieja, lugar este donde no sólo se vendían viandas y vegetales “liberados” a altos precios, sino que allí se mezclaban junto a los consumidores habituales, elementos que tratando de solventar la crítica situación económica en que vivían ya habían traspasado la línea que separa lo legal de lo ilegal. ¿En realidad existe en Cuba tal línea? Estos se relacionaban con aquellas personas que deseaban cambiar dólares por pesos cubanos o viceversa, a espaldas de las autoridades.

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Entre vendedores, marchantes y transeúntes, se encontraba allí Cristóbal, más conocido como Cristo, por su semejanza con Jesús de Nazaret, quien a pesar que decía amar al prójimo como a sí mismo, vendía aguacates a quince pesos, como si fuera un verdadero mafioso, a la par que simultaneaba esta función con el cambio clandestino de divisas. No obstante aquel señalado día, su verdadera misión no era ni la una ni la otra, sino la de estar pendiente de la llegada de algún “fiana” — despectivo callejero con que se nombra a los agentes de la policía en Cuba—, con el fin de avisar a todos los que estuviesen envuelto en esa actividad clandestina, dado el caso que los sorprendieran con las “manos en la masa”, pudiesen escapar a tiempo. Tan pronto abrió la mañana, Cristo portando un caja de cartón conteniendo algunos aguacates, y por supuesto con un fajo de pesos cubanos hundido en uno de los bolsillos de su pantalón, había ocupado un rincón privilegiado casi a la entrada del establecimiento, sitio desde donde podía visualizar a cuanto marchante entrara o saliera del agro, así como a cualquier transeúnte que se acercara al lugar buscando a algún “cambiante”. Convertido en un punto de observación estratégico, además de resultar favorable para la venta de ese día. Confiado, no se percató que junto al continuo ir y venir de personas por los portales del agro, rondaban el lugar varios individuos, que de haberse “puesto para ellos” hubiera descubierto, por la forma de conducirse, que algo fuera de lo normal estaba ocurriendo, o a punto de ocurrir. Ya había realizado


algunos cambios, cuando a él se acercó una habitual “marchante” con el propósito antes señalado… Tras saludarlo lo abordó y mirando hacia ambos lados para evitar que nadie se percatara de lo que estaba haciendo, le dijo en voz baja. – ¿A cuánto está hoy, Cristo? —A dieciocho. Contestó el aludido sin mirarla siquiera. —No seas descarado pinareño de mierda, que tú sabes bien que hoy está entre veinte y veintidós. —Bueno ve y cámbiaselo a esos que tú dices, o vete a la Casa de Cambio de ahí de Neptuno. Donde como tú sabes tienes que identificarte, y a ti que yo sepa no te conviene ¿No es verdad?

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—Le dijo algo irritado mientras agregaba—, tú sabes que a mí en cambio la gente me conoce, e incluso los “fianas, en ocasiones se hacen los desatendidos. Soy el único aquí que no roba, ni se queda con los “fulas” —dólar, en el argot popular cubano—, de la gente y sale corriendo. Además, a veinte se le da sólo a los que cambian mucho. —Acaso tú tienes para cambiar cien “fulas’”. Le inquirió la señora, asombrando a Cristo con aquella cifra no frecuente en el cambio callejero. — ¡Coño como abrió las piernas anoche la socia! Refiriéndose a la hija de la señora, que aunque ella no quería admitirlo se dedicaba a “jinetear” en las noches con los extranjeros, obteniendo así los dólares que a la mañana siguiente cambiaba la madre con el tal Cristo. —Déjate de insultos, que tú sabes que mi hija trabaja muy duro para conseguirlo. No hables tanta mierda y ve a búscalo que yo te espero. —Y muy cómoda también. Agregó Cristo sonriendo, mientras le pedía a ella que le cuidase la caja de aguacates mientras volvía con el dinero. En ese instante, detrás de ella, escuchó la voz de una fulana, conocida en el barrio por su inclinación al “chisme”… —¡Qué bien! Exclamó al acercarse…Veo que tú también tienes dólares ¿Quién lo iba a decir, verdad? Pero bueno, todos sabemos la necesidad que tenemos… aunque tú siempre dices que... No pudiendo terminar de expresarse al ser interrumpida…


—Eso no es mío, es de mi hija —para continuar antes de que le preguntara de donde lo había sacado—, se lo dieron donde ella trabaja. — ¡Ah sí!. Ironizó la recién llegada ¿En la calle?, pues que yo sepa ella no trabaja… además, duerme la mañana todos los días, como ahora… pasé por tu casa hace un ratito y recién se estaba levantando. —Es que la pobrecita trabaja de noche por eso no las ves trabajando. Comentó la señora, en el instante en que hacía su aparición Cristo con una bolsa de nylon, al parecer donde traía el dinero necesario. —Mira… aquí hay dos mil pesitos cubanos, ya yo los conté como tu confías en mi, llévatelos. No se te ocurra contarlos aquí. Si falta algo, me lo dices después.

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En aquel preciso momento un policía encubierto se adelantó para intervenir arrebatándole la bolsa de las manos, no dejando que la señora sacara los cien dólares de su cartera para entregárselos a Cristo, lo que posibilitó que el “cambiante” sin perder un segundo no se preocupara de tomar su dinero ni de levantar la bolsa del suelo, si no en salir disparado corriendo mientras tomaba la caja de aguacates del rincón donde la había dejado con anterioridad para arrojarla delante de sus perseguidores que se apresuraban a detenerlo, algunos de los cuales pisaron los aguacates y al hacerlo resbalaron, cayendo al suelo. Dicha acción permitió que tanto él, como otros que estaban cerca de allí, envueltos en el canje, pudieran escapar precipitadamente del lugar sin que los agentes pudieran detenerlos. Para la señora, por lo sucedido, el día no le había resultado nada favorable, pues a pesar de no haber perdido su dinero en el alboroto, el ser “señalada” en el agro, por poseer dólares y ser amiga de Cristo le traería complicaciones no solo con el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) de su cuadra, sino con el vecindario en general… Una vez que los policías se recuperaron del incidente, y le advirtieron a la “marchante” de que no volviera a intentar cambiar dólares en aquel lugar, uno de los “fianas” preguntó al otro, quien se había quedado con la “bolsa” de nylon llena de pesos cubanos que intentó Cristo entregarle a la señora… — ¿Y tú qué haces con esa “bolsa”? —Nada, unos aguacates de a quince pesos, que le compré a uno de estos vendedores para llevar para la casa…


Enrique A. Meitín

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Según sus padres nació en La Habana Vieja, Cuba en 1943, y tuvo una niñez feliz de “mata perro” con la gente de su barrio. Después de mucho trabajo, más bien estudio, logró graduarse de Historia y de Periodismo, que casi es lo mismo pero no es igual, y contra viento y marea ha dedicado la vida a escribir. Tal vez por suerte, no por amiguismo, obtuvo a pesar de la crítica de algunos de sus colegas cinco premios nacionales en igual número de investigaciones históricas, destacándose en el género de ensayo, que se convertirían luego en sus primeros libros: El sindicalismo libre en América Latina: Un engendro de la CIA; Editorial de Letras Cubanas, La Habana, Cuba 1984 Panamá 1989: Dependencia vs. Soberanía; Editorial Universitaria, Panamá 1998, De Reagan a Clinton: La Guerra contra las drogas España 2001. Ya en Estados Unidos escribiría de otros temas menos reales, incursionando en la novelística y en el cuento. Muestra de ello son sus novelas Pensando en Alta Voz (2010), Reencuentro... (2011), Sentimiento de Culpa (2012) y las recopilaciones de cuentos: Cuentos cortos en yo personal (2011); y Mujeres de Extremos (2011) y Experiencias (2012).


UN CUENTO DE BLANCA CABALLERO, del libro Crónicas de una sonrisa.

UNA MADRE PROLÍFERA Soy una madre prolifera, he parido varios hijos. Lo he hecho con las manos crispadas y sudorosas y con dolores atroces que me llenaban el alma. A todos les he dedicado mi mirada atenta, les cuidé sus pasos y sus fiebres infantiles.

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Mi hijo mayor, es hermoso, su hermosura cautivaba a cuantos lo veían. Solía en las noches despejadas acercarse a mí, lentamente y con mucho amor, para conversar y dejábamos que nuestra imaginación se desbordara y así hacer de nuestra conversación un portento de ilusiones. Y nos poníamos a edificar puentes y edificios; con ellos éramos capaces de defendernos del mal y de la miseria. Se vistió de verde olivo y subió montañas, estuvo expuesto a las inclemencias del tiempo, la lluvia y del sol abrasador, pero firme siempre, siempre firme. Pensó de buena fe que sus ilusiones se iban a materializar, para ello, luego que bajó de las montañas, dedicó cada minuto, cada segundo a sus ideas. Trabajó de sol a sol, de madrugada a madrugada. Pero no sé qué le sucedió, fue perdiendo poco a poco el brillo de sus ojos, fue perdiendo la razón de sus amores y sobre todo perdió su fe. Ya no se albergaba en mis brazos, ya no me dirigía la palabra, su boca enmudeció. Quedó exangüe como marioneta sin hilos, fue languideciendo sin darse cuenta. Un día, lo vi mirando al horizonte, miraba y miraba pero sus ojos no veían nada, cuando sintió mis pasos fue a ocultarse a un lugar lejano donde nunca más pude llegar. Lo extraño, en las noches interminables, y más que todo en mis momentos de ilusiones, a veces llego a pensar que no puedo ilusionarme más. ¿Será por


eso que no puedo pensar en un mañana? ¿Se rompió la fuente que me alimentaba?

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Mi segundo hijo, ¿Qué decir de mi segundo hijo? Ese sí es narcisista, nunca intentó ser un quijote, siempre estuvo claro de sus propósitos. Es alto y elástico como puma para atacar su presa, tiene un ademán nervioso en el ojo izquierdo, que le delata una mirada engañosa, sospecho que sea yo la única que se lo nota, porque las personas acuden a él, y creen sinceramente en la lealtad de sus acciones. Diseñó concienzudamente sus triunfos; no le importó las trabas ni los obstáculos, su fin era llegar. Supo ponerse traje verde olivo, sin tan siquiera tener que subir a las montañas, era un duende, siempre sabía con quién debía estar y en el momento preciso. Logró todo lo que anhelaba, dirigió un pueblo, luego una ciudad, y en estos momentos pretende una provincia. No le importa la miseria ni las bocas llenas de hambre y mucho menos las miradas inconformes de los que no tienen. Vive en palacio de cristal, y se mueve rápido. No se reprocha nada, aunque tuvo que hacer acciones innobles, duerme tranquilo en su casa. Y no solo eso, nunca ha tenido la más remota idea de que su juicio no ha sido el correcto. No creo que haya pensado una sola vez en algo que no sea en él mismo. Realmente no lo puedo amar como amo a los otros, mi cariño hacia él es distinto, está signado por la incomprensión de su propio amor. Y no puedo hacer nada. Mi tercer parto fue de jimaguas, era hermoso ver a los dos tomados de las manos dando sus primeros pasos. Ambos idénticos como lo puede ser una gota de agua a otra. Cuando comenzaron la escuela, competían entre sí, cada uno quería demostrarse que eran distintos, pero en vano, sus genes no variaron en lo más mínimo. Bastaba verlos para darse cuenta, sus ojos de color verde intenso con rayos de sol espaciados en el iris, tenían hasta el mismo recorrido, y sus manos fuertes y seguras, cuando agarraban un juguete lo hacían poniendo a trabajar todos sus músculos. Era un disfrute para la vista verlos juntos, caminando, comiendo; tal parecía que era un juego de espejos de lunas brillantes. Según fueron creciendo en tamaño así lo


hicieron en propósitos, cada meta que se trazaban era más difícil que la anterior. Fueron cosechando éxitos tras éxitos, y yo, orgullosa de ellos, sentía latir mi corazón rápidamente. Pero un día uno de ellos determinó alejarse, agarró un barco ligero y mis ojos vieron su silueta alejarse más y más de mí. Al lugar donde llegó, triunfó, alcanzó honores y fue agasajado por sus méritos y trabajo. El que quedó conmigo también demostró su valía, en su campo de trabajo se destacó, en él se reflejaba el otro, y en sus ojos verdes vislumbraban los mismos rayos del sol que veía cuando estaban juntos. ¡Cómo los amo! El solo hecho de recordarlos hace saltar mis lágrimas, nunca imaginé que fuesen a desprenderse, ni nunca pensé que se alejaran tanto entre sí. Hay un abismo infranqueable entre ellos, no tengo ni la más remota idea de que existirá un día en que este abismo desaparezca.

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Mi quinto hijo, siempre bullicioso y despreocupado, para él no existe el mañana, vive plenamente sus instantes. No se acuerda de sus hijos ni de su esposa, cuando llega a la casa se recuesta en el sofá con desenfado. A veces pienso que él ni lo hace, no se traza metas y creo que sus expectativas son muy escasas. Solo piensa en el disfrute y en la buena vida. Se vale de mil tretas para no tener que cumplir con sus obligaciones, todos los días trae un pretexto distinto, una justificación, por lo menos es bueno en inventar historias de vagancia y de flojera. El máximo de su esfuerzo es tan cercano, que diríamos que no tiene rango. Me avergüenzo de él, cuando en un tumulto de personas, viene a saludarme con ese ademán tan indolente y poco serio; quisiera que mil naves me llevaran lejos. Cuando era pequeño sus profesores venían a mí con una queja distinta, venían y me pedían que le pusiera límite al muchacho, que le enseñara a cumplir con sus deberes. Ellos no podían saber que cuando se nace con una falta esta es irrevocable, no se puede eliminar si no se quiere. A pesar de sus defectos, lo amo en todo su conjunto, porque es bueno de sentimientos, no tiene las virtudes de mis otros hijos, pero me quiere, cuando él va a buscarme a la casa entra como un torbellino naciente,


regando flores y esparciendo aromas de prima-vera. Me hace sentir viva, contenta y llego a perdonarle sus faltas, así como a olvidar las de los otros. Mi sexto hijo es silencioso, falto de imaginación y temeroso. Cuan-do nació no sentí su llanto, estuvo un instante callado, el médico que nos atendió debió golpearlo para lograr que llorara. Desde que vi ese comportamiento me dije: has parido un cordero. Creo que desde que lo gesté, lo hice pensando que así debía ser. En ocasiones me culpo de su falta de carácter y todo fue porque sentí miedo, un miedo tan intenso que paralizó mis ganas de vivir, interpreté que una buena medicina para el miedo, era la de no buscarse momentos arriesgados. Él sintió ese mensaje en mi útero y lo codificó, nació para someterse, para ser sumiso, para no protestar. A veces lo contemplo silenciosamente, sin que él se dé cuenta y veo los artificios que utiliza para no hacerse notar, no se mueve, no habla, no opina y sospecho que no siente. Ay hijo mío, hijo que saliste de mí, débil y timorato.

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Por este hijo lo que más siento es pena. Es cierto que lo amo, pero a veces mezclado con mi amor, siento desprecio, y me arrepiento de ese sentimiento. Pero ¿qué puedo hacer? Mi séptimo hijo. Ya va siendo hijo de madre que está envejeciendo. Y dicen que cuando la madre es vieja, el hijo viene con problemas. Desde que nació fue para darme trabajo, siempre enfermo, si no tenía fiebre estaba con vómitos. Siempre enfermo, esto hizo que creciera amargado y envidioso de los cuerpos sanos y espíritus independientes. En el recreo de la escuela, me decían que se ponía a vigilar lo que hacían los otros; no participaba en los juegos y cuando lo invitaban contestaba con desgano y mala forma. Se dedicaba en sus horas libres a espiar a los otros compañeros del curso, así comenzó, luego que fue mayor siguió con esa misma manía. No había nada que él no supiera, siempre estaba al tanto del vecino o del compañero de trabajo. Era su obsesión, vivía a través de los otros, no era capaz de hacer su propia vida. Pero cuando comenzó a hacer de este hábito su forma de vida, fue cuando empecé a sentir repugnancia por él.


Es doloroso confesarse una madre estos sentimientos, pero más doloroso es negárselo. Tal vez se descubra un correctivo para estas actitudes, tal vez en un futuro no haya necesidad de comportarse de esa forma.

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Mi octavo hijo, a pesar de estar más vieja y más cansada, cuando lo tuve en mis manos por primera vez, me maravilló la perfección de su cuerpo; sus manos diminutas y sonrosadas, sus brazos y su cabeza armonizaban y creaban una sensación de belleza indescriptible. Con ojos asombrados lo contemplaba, era demasiado bello. Me quedaba embelesada mirándolo cuando lo amamantaba, sus ojitos azules llenos de bondad, su carita redonda y firme. ¡Qué bello era! Demasiado bello. Pasó el tiempo y con él fuimos percatándonos de que mi último hijo no crecía, estaba igual al primer día en que nació, idéntico, seguía mirándome con esos ojos plácidos y limpios. Llegué a acostumbrarme a su desgracia, no podía crecer, era una perfección pero para ser contemplado. Estaba siempre en su cuna, tranquilo, esperando a que unos brazos lo cargaran, esperando que una voz lo arrullara, era incapaz de hacer nada por sí mismo, no estaba dotado por la naturaleza para defenderse. ¡Qué amargo dolor para una madre, tener un ser indefenso a su custodia permanente! Amarlo, cómo no amarlo, se ama aquello que es débil. Lo que más me duele de todo es que mis muchachos no se toleran. Entre ellos hay una lucha de opiniones, de encarar a la vida. Mis mellizos han dejado de escribirse, se odian, menos mal que están distantes y la distancia es larga, porque no cabrían en un espacio más reducido. Mi primer hijo no les dirige la palabra a los otros, algo se rompió dentro de él; y no quiere saber nada de ellos. Todos se acusan y se discriminan entre sí, me dicen que soy la culpable de los defectos de cada uno, y no toleran sus formas de actuar. He llegado a pensar que mis hijos se multiplican, se multiplican en el espacio, que no son 8 hijos los que tengo, que son muchos más; todos ellos en pugnas, todos ellos dispuestos a enfrentarse y a olvidarse de la madre. Me siento impotente, no concibo camino a seguir y ellos proliferando en todos los lugares, cosechando éxitos, cosechando fracasos, viviendo de todas las


formas posibles de imaginar, aquí o allá, moviéndose en la vía láctea, inquietos, indecisos, temblorosos, arriesgados, dominados, sumisos, diceminándose hasta el infinito. Y yo tengo que hablar, estoy aquí con mis pechos y mi útero secos, cansada, mi piel agrietada, blanquecina, formando escamas de aridez. Observando como ellos se han distanciado, observando cómo ellos no se llaman hermanos, como la tierra se va deteriorando, y más que todo, como no hacen nada para llegar a un acuerdo entre ellos, entre los que están afuera y los que están adentro, se desgarran entre sí, no hay posiciones de amor, solo hay soledad e incomprensión. Lo que más me duele es que el tiempo pasa y la separación se está haciendo más grande. Y sobre todo: que la tierra se desvanece. YA ESTÁ A LA VENTA EN:

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BOMBA

ATÓMICA

Por Sara Suejen No hay caminos para la paz; la paz es el camino. MAHATMA GANDHI

26 Lamentablemente existen y en cantidades que superan a la imaginación. Me declaro como Sócrates < cosmopolita> y trato de hablar como lo hiciera, y creo que si, toda persona coherente, que respeta la vida y desea la armonía. La imagen en la foto es de una “belleza esquizofrénica” (¿existe eso?), los griegos entendían que las cosas bellas eran buenas, triste, este no es el caso; mientras miras la imagen no parpadees (solo un segundo) y entonces imaginas lo que sucederá a continuación, en ese punto hasta la ultima célula de tu cuerpo se estruja, se espanta, dios todopoderoso cuando esto sucedía ¿Dónde estabas tú? , deseo creer que no en corazón de los que oprimen el botón siniestro. La Naturaleza para distinguirnos de las demás especies nos otorgo raciocinio, estado de conocimiento y el entendimiento a la buena concordancia, mi pregunta es: cuándo en el intelecto se nublan estas condiciones ¿Qué SUCEDE?, ¿en que se transforma el individuo? , sí, tengo miedo de ver horrores.


Cuando A. Einstein entró en su laboratorio jamás pensó que esa arma fuera tan espantosa y solo fuera utilizada “para impedir que los enemigos de la vida la hicieran antes”. Mas que según declara “lo absurda que es la especie animal a la que pertenece”, hay contradicciones en él, justificables, en su cerebro privilegiado se reunieron: condición como persona, su concepto de vernos como humanos y para lo que estaba hecha su masa gris: la ciencia, el cosmos y sus misterios por descubrir, prevaleció el último, muy a pesar yo lo considero un ser extraordinario, privilegiado de la Naturaleza y el Universo. Para cuando se logre saber como funciona E=MC (2) lo que suceda después, si entonces hay un presente, tendré la suerte de no saberlo…

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Cuando el país del vodka descorchó su botella y sus hijas regionales se vieron a la deriva sin fondos monetarios de subsidios y muriendo de hambre, forzosa era la supervivencia a cualquier costo, estando en mi país de origen le pregunté a una persona de alto rango del gobierno ¿Dónde están las ojivas nucleares que esas hijas regionales guardaban? -te diré- muchas están viajando por tierra hacia el sur en busca de su mejor postor, van hacia los lugares donde se reza cinco veces al día y eso es lo espantoso, pensar que estamos viviendo ya una vida al menudeo por la constante amenaza de sus fobias ¿tendrán un problema en sus genes?, ellos tienen una divisa: a mi enemigo la ceguera, aunque me quede tuerto, ¡que malformación genéticacelular! Las voces honestas del mundo se alzan contra tanta barbarie, pero con aflicción vemos que no influyen, solo queda el estado de conciencia que se hizo lo que se pudo y hasta donde se pudo para cuando llegue la luz cegadora y morirnos en paz.


LUZ CEGADORA

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Cuando llegue tu luz te miraré fijo, entenderé que mi vida te llevas, no es tu culpa, no existes para eso, tu y yo sabemos de corazones más crueles que tu luz, pero en los nuestros, nuestros corazones pondremos la pítima para borrar el dolor de coexistir en el mismo lugar, en este gran lugar compartido, ¿no entienden eso? entonces mi terror se volverá odio y mi deseo será “ojo por ojo” y el infierno nos lleve.

Sara Méndez Rojas, nacida en Cuba bajo el signo de Capricornio, escogió un seudónimo literario: Sara Suejen. No para esconderse, sino todo lo contrario. Con él ha deseado honrar su ascendencia libanesa. Amante de la literatura, lectora insaciable y admiradora de Fedor Dostoievski, Carlos Loveira y Gibrán Jalil Gibrán, entre otros, siempre se ha sentido atraída


por la escritura en prosa. Ha publicado el poemario Alcyon bajo el sello de Entre Líneas y su obra poética ha sido publicada en Antologías de poesías.

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UN CUENTO DE MARGARITA POLO Marina sale de su casa y siente la lluvia sobre sus mejillas, es solo un roce leve, como el rocío, mira hacia el cielo y reza mentalmente: “que hoy sea un buen día, mi Señor. Amén” Un joven atento la recoge en el dintel de su puerta con una gran sombrilla en mano y la lleva hasta el carro que la trasladara hasta el hospital. Sube las escalerillas mirando fijo cada escalón, al final ve unos ojos que la miran risueños, una voz femenina le ofrece los buenos días. Marina se acomoda en el sillón detrás del chofer, se pone el cinturón de seguridad y le sonríe a la mujer desconocida. Observa como la lluvia se incrementa, las gotas caen sobre el amplio cristal del ómnibus y comenta: ―Parece que lloverá todo el día…

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―Tal vez, pero siempre que llueve escampa ―le contesta la otra mujer esperanzada de que será luego un buen día. Un diálogo intrascendente comienza, les espera una hora de viaje. Marina sin querer desgrana sus recuerdos, mientras mira el paisaje a través del cristal. Siente como si estuviera ante un confesionario desnudando su alma del peso que la hiere: Me gustan esas flores blancas, esas que florecen en ramos, cuando el arbusto es mas grande, parece como si nevera sobre sus hojas. ¡Mira! esas flores amarillas también me gustan, no he logrado conseguirlas para mi jardín. Ahora vivo en una casa, desde la que puedo mirar el lago, sembrar mis flores… Mis nietos se fueron para los cayos a pasar el weekend feriado, pero llegaron a casa, les gusta visitar a sus abuelos. Ellos van donde quiere su hermana, tienen 21, 16 y 14, son muy unidos. Son los hijos de mi hijo mayor y viven en Houston, un poco lejos, pero ellos no sienten el viaje son jóvenes y alegres como mi hijo.


Antes vivía con mi hijo, pero hace tres años que se fue… todavía joven, un médico a quien todos querían mucho. Cuando nos dejo, yo adelgace tanto que me quede así –muestra el dedo meñique- Entonces mi otro hijo quiso que viniéramos de Houston para acá, ahora me siento mejor, pero desde que la muerte se llevo a mi hijo mayor, comencé a enfermar, por eso ahora voy al hospital… Me han hecho análisis de todo, y el médico dice que no me encuentra nada, hoy le toca la prueba a los huesos, a veces, siento que los hombros se van a quebrar. Tengo 77 cumplidos, pero ahora es que me pesan los años. Yo he trabajado desde que vine de Guatemala y con mi trabajo encamine a mis tres hijos…

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El mayor se hizo médico, gano una beca en Cuba y luego se hizo especialista en gastroenterología, estaba muy bien…Creo que porque el dueño de la casa era médico mi hijo se hizo médico, ese hombre era bueno, buenísimo con nosotros, un día vio que el jardinero se interesaba en mi y quiso que nos casáramos. Yo no me quería casar, la experiencia con el padre de mi hijo era suficiente. Yo era maestra en Guatemala y lo deje todo por no verlo más. Gracias a Dios que encontré a estas personas que luego se convirtieron casi en mi familia, sus hijos crecieron junto a los míos, y todos me quieren por igual. Mi esposo es 10 años mas joven que yo, era jardinero de la casa, y nos gustamos, comenzamos una relación, pero yo no me quería casar, no quería… al fin, nos dieron una casita en el jardín de la mansión y nacieron los dos hijos más pequeños, una hembra y un varón. Me preocupa que dejara a mi esposo en la cama, sin levantarse aún… él se puso mal del corazón y tuvieron que operarlo, ahora anda con cosas dentro y se ha hecho diabético. Hace un tiempo enfermó, tuve que correr con él y en el otro MedicalCcenter no me lo quisieron ver. Dijeron, que fuera al hospital por urgencias, estuvimos desde las tres de la tarde hasta la madrugada. Por eso decidimos cambiar por este plan y nos va mucho mejor, aunque mi esposo dice que no salgo de un médico para otros, es que me están analizando todo, pues me siento muy mal.


Desde que mi hijo se fue comenzaron mis enfermedades…no me acostumbro a estar sin él. Un día nos llamó que debíamos ir a verlo, que lo iban a operar…una semana antes, comenzó a toser y no paraba de toser, en el hospital descubrieron que tenía cáncer del pulmón, un hombre joven, fuerte, lleno de vida. ¡Tan alegre! A él le encantaba la música, las fiestas, siempre riéndose, muy conversador. La gente lo quería tanto, porque era buen médico, y a los pobres no les cobraba, les ofrecía las medicinas que tenia de muestras para que no gastaran tanto. Era un gran hombre. No entiendo porque sucedió eso con él, ¿por qué le toco irse antes que yo? Uno no espera que los hijos se vayan primero. Viaje con mi hijo hasta Turquía, allá le pusieron una vacuna. Nos habían dicho que duraría quizás tres semanas, pero vivió tres años más.

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Mi esposo se ha quedado mal desde que fuimos a verlo. Cuando nos dio la noticia del cáncer, mi esposo cayó redondito a sus pies, desde allí su problema del corazón y la diabetes. Yo soy más fuerte, sigo en silencio padeciendo la ausencia de mi hijo. Pienso que está de viaje y que lo volveré a ver de nuevo. Para no pensar, me dedico a hacer muñequitos de nacimiento. Mi madre heredó de mi abuela un muñequito, era de madera… ella aprendió a hacerlo y nunca me enseñó, porque yo andaba ocupada siempre en otras cosas. Mi madre me regaló sus muñequitos y con el tiempo se rompió uno, yo lo trate de arreglar y lo desarme con cuidado… hice los primeros de esa forma. Mis hijos se reían pues una mujercita me quedo con las nalgas delante y parecía embarazada, pero poco a poco, hago para distraerme los muñequitos con alambritos que voy torciendo, luego les pongo sus ropitas, cabecitas, le hago ojitos boquitas y naricita bordadas… jeje… algunos quedan narizones, hasta bigotes les pongo. Una día llegó un sobrino a casa y me vio haciéndolos, me dijo que se podían vender, se llevo algunos y desde entonces, la gente me los compra, hasta de Hawaii viene una señora para comprármelos y venderlos en su tienda.


Pero no los hago por dinero, sino para no pensar tanto en mi hijo…que no tiene tumba, pues cuando su esposa nos llamo al velorio, sin decirme nada, cremó su cuerpo, yo eso no se lo perdono…ella debió consultarnos, mi hijo había dejado miles de dólares para su funeral, y me dijo poco antes de morir, que lo que quedara, era nuestro para que no tuviera que pasar mas trabajos en mi vida. A mi no me hace falta ese dinero, lo que me molesta es la acción… Estábamos todos en su habitación rezando, yo sentada a los pies de su cama, mi hijo me dijo, madre no rece más por mi que estoy vivo todavía, yo no me iré hoy…” Y el viernes Santo me abrazó, y se despidió de mi, “mamá ahora si me marcho, este fin de semana no estaré con ustedes… estaré allá arriba, o abajo, Dios dirá, pero estaré bien, no llores por mi ausencia que siempre seguiré a tu lado” ¿Cómo lo supo? No sé, pero es verdad que sigue junto a mí… ¡Mira! Sigue lloviendo y aunque escampe, llueve en mi alma...

33 Margarita Polo Viamonte, nace en Camagüey, Cuba, pero desde su temprana adolescencia vive en Ciudad de La Habana. Ahora radica en Miami, Florida. Actualmente colabora con la Editorial Voces de Hoy, la Revista Entre Líneas y el sitio web de Globedia. En Cuba, comenzó su carrera de periodista en el periódico Adelante de Camagüey, aun antes de graduarse de Licenciada en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana. Posteriormente laboró en diferentes órganos habaneros de prensa escrita y radial. Tiene publicados varios libros en Estados Unidos: el testimonio Mi amigo Nicolás, sobre el poeta Nacional de Cuba, el de cuentos cortos Amor con amor ¿se paga? Y doce cartas a su nieto que nombro Mi compinche, además de un audio libro con poemas de amor denominado Desde el primer beso. En edición la novela Una Mujer llamada Mentira, todos bajo el sello de la editorial Voces de Hoy. www.vocesdehoy.net y Publicaciones Entre Líneas.


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