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Entre líneas Revista literaria―octubre―2011 Miami- Florida- Estados Unidos. Diez Sumario: Graciela Guadalupe Prieto. Ganadora del III Concurso Internacional de Poesía El mundo lleva alas/ 3 El duelo de las brujas. Un cuento de Felipe Oliva/ 6 De hoy… por Vicaria/ 12 Dos poemas de Mercedes Eleine González/ 14 La escritura como arte y un cuento de Chesterton. Por Manuel García Verdecia/ 18 El mundo de Laura: ¿Las respuestas de la vida? Por Waldo González López/ 22 2045. Un cuento de Patricia Schaefer Röder/ 25 Que veinte años no es nada. Sobre la obra pictórica de Denis Núñez. Por Alberto Abreu Cárdenas/ 29 Yo alucino por Sara Suejen/ 33 Un poema de Sara Suejen/ 34 Ya están a la venta por Pedro Pablo Pérez Santiesteban/ 36

Entre líneas es una revista literaria, que lleva como única finalidad promover a todos los autores de habla hispana, que deseen colaborar con sus trabajos, los cuales tendrán una evaluación previa. Su colaboración puede ser enviada a: revistaentrelineas@live.com


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PRIMER LUGAR DEL CONCURSO INTERNACIONAL DE POESÍA El mundo lleva alas GRACIELA GUADALUPE PRIETO

Escritora de Santa Fe, Argentina, nacida el 7 de Octubre de 1960. Participó a partir del año 2005, en el taller literario del escritor santafesino Horacio Rossi, de las actividades del Grupo Editorial Cooperativo Temps era Temps y del taller literario del grupo coordinado por el escritor Sergio Ferreira, comprendiendo en tales actividades los trabajos de taller literario, presentaciones de libros, proyectos editoriales, café literario, tanto en la ciudad de Santa Fe e interior como en Rosario y Buenos Aires. Coordina editorialmente en el diario matutino de la Ciudad de Santa Fe, (Diario Uno), una página especial dedicada a los escritores santafesinos actuales, con el fin de difundir la obra de los mismos. Ha sido galardonada con Mención de Honor y Mención Especial en Poesía en el Certamen Internacional Junín País 2009 por un jurado de jerarquía literaria que contaba con Horacio Castillo. Publicada en las Antologías: PROYECTO LITERARIO INTER RED 2005, 8° CONVERGENCIA INTERNACIONAL DE POEMAS JUNINPAIS 2009, LA FE DE LOS SAUCES, Antología de autores regionales a través del Ministerio de Innovación y Cultura del Gobierno de Santa Fe, y UMILDE: primera publicación completa de su autoría, en el año 2010, cuya presentación multidisciplinaria obtuvo la Declaración de Interés del Honorable Consejo de la Ciudad de Santa Fe. Premio finalista en el 5º CONCURSO DE MICRORELATOS TOLEDO ESPAÑA 2011

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LAS QUE ENCIENDEN EL FUEGO I Despiertan brasas antiguas dormidas adentro Ángulo agudo Las sueltan nuevos leños Agregan murmuraciones secretos antiguos cirios empachados de velorios Avientan resoplo de cansancio aliento ancestral Escupen las pavesas humus caliente maldiciones extintas por las dudas II Cargan en bolsa el hijo vientre En sus tobillos dos bolas una por ser mujer otra por ser mujer En la espalda un madero muerto poéticamente en cruz solas Manos ocupadas en atizar la lumbre todavía secretean Ave María.

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III Algunas cambian la piel de hombre Las olvidan en el horno Se les vuelan puerta abierta papel quemado Lucen la propia Novias eternas calas en las manos filo en la lengua pierden zapatillas de cristal Queman lo estĂŠril algunas hierbas sonrisa de lado Todo lo que no importa

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EL DUELO DE LAS BRUJAS Un cuento de Felipe Oliva Alicea El duelo de las brujas era inevitable: una de las dos sobraba en aquel pueblo infernal en donde las habían situado por un lamentable error burocrático. La situación era realmente enojosa. Perder el trabajo significaba quedarse en el aire o ir a dar a un pueblucho de séptima categoría en el que ninguna bruja que se respetara podía sentirse feliz. Las plazas buenas ya estaban ocupadas: habían sido otorgadas a jóvenes y prometedoras hechiceras, a las cuales había que “ayudar”, pese a no haber tenido buenos resultados académicos y estar llenos sus expedientes de señalamientos éticos que resultaban tétricos por lo mala cabeza que eran. Para presumir de democráticos, o porque alguien lanzó una apuesta en torno a cuál sería la reacción de las sobresalientes arpías asignadas a un mismo puesto, los que dirigían el Ministerio de la Brujería acordaron que fueran ellas mismas las que decidieran quién se quedaba y quién se iba del pueblo, lo cual produjo una inconcebible crisis afectiva entre las que, hasta ese día, habían sido “abominables” amigas. Preparadas técnica y malévolamente para enemistar a los pobladores de cualquier parte, tanto Crisálida como Agripina no se consideraban aptas para fastidiarse entre sí. De ahí que se sintieran como dos pugilistas que no saben qué hacer con sus rivales. Al menos, al principio del litigio por la plaza de Bruja Popular Desestabilizadora. Claro está, sus compañeras del Curso Emergente de Formación de Brujas, que no las soportaban por ser brillantes, impresionantes y architramposas, no se cansaron de sacarles cuantos trapos limpios tenían, sin misericordia, inventando virtudes donde no había, para poner en tela de juicio la maldad de las mismas y hacer que sus títulos de Licenciadas en Brujología, que tanto esfuerzo y dedicación les había costado, quedaran sin efecto a los “efectos docentes e indecentes”, como si sus carreras y los corre-corre que conllevaban hubieran sido fraudulentos y, por tanto, no les sirvieran ni para empinar chiringas. Temiendo ser desplazadas, trasladadas o traicionadas por sus “queridos jefes”, las jóvenes promesas, nada brillantes pero sí prácticas, una vez enteradas de la situación existente, se las agenciaron para alejar de ellas la posibilidad de tener que ceder sus plazas a una de las másters en cuestión, que gozaban parejamente del primer lugar en el escalafón nacional y, por tanto, tenían derecho a ser ubicadas en puestos claves, pero que no contaban con la simpatía, las caderas y la desfachatez de las “prácticas”, quienes, puestas de acuerdo, les hicieron una guerra no declarada a aquellas dos viejas espantosas que, desfasadas en el tiempo, con un tardío y

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molesto afán de superación, se bebían los textos de brujería como agua, y de las cuales se podía decir cualquier cosa menos que eran unas santas. Por otra parte, resultaba disparatado, poco prudente y contraproducente, quitar de su puesto a alguna de las “promesas” para ubicar a uno de los “monstruos” del curso, máxime cuando cualquiera de las “muchachitas” venía desarrollando una labor meritoria desde su graduación y nadie como ellas conocía con-cre-ta-men-te la manera de ser y las sinvergüenzuras de los moradores de los territorios en los que realizaban su ardua labor desestabilizadora, por lo cual, les gustara o no, una de las “brillantes” tendría que irse con su música, su escoba y sus calderos para…donde todo el mundo las mandaba y donde, ¡por favor!, no perjudicaran a nadie, principalmente a las jóvenes y complacientes promesas que, además trabajaban como unas mulas. Si la Alta Esfera de la Brujería no encontraba dónde situar a la que causara Baja, que se quedara Cesante y sanseacabó: que se dedicara a pintar uñas o a vender cucuruchos de maní, o se convirtiera en una de las tantas mujeres del pueblo que devenidas en supuestas “amas de casa”, no tenían tiempo ni para hacer pipi. Dicho y hecho, las que le envidiaban hasta la fealdad, no se cansaron de blasfemar de las mismas, acusándolas de un montón de cosas buenas que casi rayaban en lo angelical, y hasta llegaron a decir que no dudaban que fueran hadas infiltradas, propiciando el recelo de los dirigentes del Ministerio que, impacientes y nerviosos, estaban a punto de declararlas No CONFIABLES, o peor, regresarlas a Ultratumba por ser consideradas BRUJAS NO GRATAS. Muchas y fatigantes fueron las reuniones con ambas para hallar una solución decorosa, pero, nada: ninguna daba su escoba a torcer, por lo que, a la postre, compulsadas por chismes, chanchullos mal intencionados, se resquebrajó la afinidad entre las mismas y empezaron a caerse mal y a desdecir una de la otra, en un contrapunteo que dejaba mucho que desear y desdecía de la amistad inquebrantable que se tuvieron mientras que sus intereses no fueron afectados. Como es lógico, el Consejo Técnico Asesor de la Empresa Brujas S.A. las llamó a contar y por enésima vez trataron de que entendieran el asunto, con vista a que alguna renunciara a la plaza y aceptara ser reubicada donde hicieran falta sus servicios. No lo lograron. Ni Crisálida ni Agripina renunciaron a sus derechos ni a sus izquierdos e insistieron en que querían permanecer en aquel maldito lugar. La reunión terminó como la famosa fiesta del Guatao, un sitio perdido en el Mapa Mundi que, con el tiempo, pasó a ser un centro Turístico para Brujas de Exportación. Las másters salieron de la misma convertidas en enemigas declaradas, y a los integrantes del Consejo

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Técnico Asesor no les quedó más remedio que elevar el caso a la Alta Esfera del Ministerio de la Brujería. Luego de un exhaustivo análisis y una no menos ídem investigación, los de la Comisión creada al efecto determinaron que, a la mayor brevedad, una de las dos tenía que hacer dejación de su cargo. De lo contrario, el Ministerio se encargaría del caso y nada bueno podía salir de eso. Todas las brujas, pero sobre todo Crisálida y Agripina sabían que los de la Comisión descollaban por su deshonestidad y corrupción. No había quien les ganara, por lo que tenían que ser demasiado ingenuas para creer que los mismos actuarían de buena fe en la solución del conflicto laboral que presentaban, y ambas, individualmente, llegaron a la conclusión de que la plaza de Bruja quedaría ocupada por la que más ofreciera por esta. A la otra no le quedaría más remedio que irse para casa del… demonio. O algo así. Tenían que destruirse una a otra. La posibilidad de desarrollo que les daba el medio, o sea, aquel “pequeño e infernal pueblo”, no podían desaprovecharla. Con tanta gente con problemas, obsesionados por obtener cosas que les permitieran “un mejor modo de vida”; hacinados, casi calcinados, en viviendas en las que no había cama para tanta gente; promiscuos y hasta el tope de “circunstancias histéricas” que ya duraban demasiado, cualquier bruja que se empeñara un poco podía llegar a DESTACADA A NIVEL NACIONAL. Era terrible, pero era así. En el mundo de la brujería no cabían paños tibios. Una sola pifia sentimental podía costar un ojo de la cara. Y Crisálida y Agripina no tenían ningún interés en quedar tuertas (ya eran lo suficientemente feas). Con verdadera pasión, premeditación, alevosía, mala fe y otros derivados, el rencor y el odio fueron surgiendo entre las jóvenes brujas que, más pronto que tarde, supieron que la cosa era de “¡O tú o Yo!” Emplazadas y vilipendiadas, quedaron convertidas en dos gladiadoras que, más que una plaza, se disputaban el sobrevivir eternamente y, ya de paso, ser nominadas para el prestigioso premio La Escoba de Oro. Por supuesto, dado que habían estado juntas desde la Primaria hasta la Universidad, las susodichas se sabían al dedillo los trucos y trampas de la otra y, también, que era inútil echarse brujerías: el veneno de una serpiente no mata a otra de su especie. Lo que podían hacer era batirse. Sin excusa ni pretextos. Sostener un duelo del que una de las dos no saliera. Allá, en la parte baja del cementerio, a donde sólo iban los muertos insignificantes.

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La cosa sería la noche en que doce nubes violáceas intentaran ahogar en quejidos a la creciente luna de aquel abril, que parecía iba a llenar de primavera los corazones de los que estaban empeñados en soñar. Tanto una como la otra se prepararon lo mejor que pudieron. Cualquier fallo podía costarles la eternidad. Las brujas vencidas en estos combates terminaban en la hoguera. Al Diablo no le gustaban las perdedoras. Las hacía explotar como siquitraques. Luego, arrojaba sus cenizas a los siete vientos (había descubierto tres más) y no se volvía a hablar de la bruja quemada, como si el olvido se la tragara. Era lo peor que le podía suceder a una hechicera que gozara de cierto prestigio. El anonimato era la contrapartida de la inmortalidad, y ellas lo sabían. Lo sabían desde niñas. Aun antes de que aprendieran a ser brujas. Pero tenían que correr ese riesgo. No podían continuar como estaban y, de hecho, una debía desaparecer. Solo así respetarían a la que quedara. Ya en el cementerio, cuando la octava nube cercaba al cuarto de la luna creciente, ambas, acechantes, sintieron un poco de resquemor por lo que se veían compulsadas a hacer. ¡Habían sido tan amigas! Pero… ¡No podían dar marcha atrás! Se chotearían. ¡Hasta podían ser expulsadas de la Unión de Brujas Horribles¡ El Diablo no les perdonaría ningún desliz al respecto: no soportaba a los nacidos bajo el signo de Piscis porque pensaban una cosa y hacían otra; y las dos, por esas cosas del destino, habían nacido el mismo día: un 16 de marzo en que un cometa negro atravesó el cielo de las doce del día. Sí, se habían criado juntas y se querían como si fueran hermanas. Pero ahora las cosas habían cambiado y debían enfrentarse. A muerte. Para, una vez más, hacer valer aquella máxima que generaba la violencia y resultaba irrebatible: “Muerto el perro se acabó la rabia”. Solo que ellas no eran perros. ¡Ni tampoco perras! Eran, si se quiere, un par de brujas diferentes, con pretensiones incólumes de ejercer una de las profesiones más viejas de la humanidad (la otra es la que todo el mundo conoce), pero en su fuero interno no cabía el aniquilarse mutuamente y menos hacer desaparecer a su execrable compañera de juegos y maleficios. A pesar de los pesares, estaban obligadas a proceder como lo que eran: seres impíos que no podían permitirse el lujo de renunciar a su ego. Tenían que demostrar que eran capaces de cualquier maldad con tal de hacer valer sus poderes sobrenaturales. De lo contrario, perderían su Razón de Ser, y nadie, ni el espíritu de Alejo Carpentier, tendría miedo de ellas, por lo que las harían polvo en menos de lo que cantara un gallo en presencia de un turista obsequioso. Sobre todo, se les echarían encima los críticos de media tinta de bolígrafo no tropicalizado y

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los practicantes de la mal llamada Magia Negra que, según estudios realizados por las mismas, tenía más de blanca que de negra. Sólo que estaban muy confundidas y nerviosas, porque, contradictoriamente, más allá de la inclemencia que se suponía tuvieran, aspiraban a ser felices en un mundo que, aunque no fuera el mejor, no estuviera bajo la égida de los hijos de probeta, y donde una bruja que se superara pudiera mandar al Cielo, al Paraíso o a otra parte, al mismo Diablo, y disfrutar de eso que algunos llamaban “una vida sana”. Fue entonces que, como desprendida de una de las nubes violáceas que se habían detenido en torno al cuarto creciente de la luna, una lechuza traslúcida cruzó por encima de las dos brujas contendientes y ambas gritaron “¡Sola vaya!”, cosa que hizo que los muertos recién enterrados se estremecieran en sus tumbas y empezaran a protestar por no haber vivido lo suficiente y… ¡lo que se formó allí fue tremendo! Varios, incluso, se las arreglaron para escapar saltando el muro de la Muerte, y andan por ahí, tratando de enfrentarse a las adversidades, con más o menos apariencia de vivos. El caso es que ni Crisálida ni Agripina se batieron esa noche ni ninguna otra. Al oírse gritar al unísono, corrieron a auxiliarse y, abrazadas, comprendieron que no hay nada como contar con alguien que se solidarice con uno y sea capaz de darte una mano cuando lo requieras. Las cruces de madera con las que pensaban batirse se quedaron al pie de la fosa en la que se citaron, que, según se decía, era donde pernoctaba Lucifer cuando venía al Trópico de vacaciones. De más está decir que ninguna de las dos tuvo que viajar “a lo desconocido”. Su amistad a toda prueba deshizo el hechizo en que estaba sumido aquel sitio, al que ya nadie más llamó Pueblo Maldito y donde, sin que nadie se lo explicara, los buenos sentimientos empezaron a florecer por doquier. Naturalmente, Crisálida y Agripina fueron botadas deshonrosamente de cuantas organizaciones de brujas existían y no se les permitió ejercer más la profesión. Devaluadas, no les quedó más remedio que dedicarse a ser gorriones. Un par de gorriones como los que todas las mañanas visitan los aleros de las casas, en las que seres de buena voluntad les ofrecen pan y amor a cambio de un poco de alegría.

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Felipe José Oliva. Cubano, 1941. Narrador, dramaturgo, teatrólogo, guionista, poeta y músico. Ha publicado Poesía, Cuento, Teatro, Novela, Artículos Culturales y Literatura para Niños y Jóvenes. También ha escrito para Radio y TV. Varias de sus obras han sido llevadas a escena. Ha recibido, entre otros, los siguientes premios: ♦Premio UNEAC de Teatro en 1975 con Un pelo en plena juventud, Editorial Unión, 1978, Colección Manjuarí. ♦Premio UNEAC en Prosa Infantil en 1981, con Algo para Olga. Editorial Unión, 1986. ♦Premio UNEAC de Literatura para Niños y Jóvenes en 1991, con El león vegetaliano, Editorial Unión, 1996. ♦Finalista Premio Teatral “Tirso de Molina, 1992”, de Madrid, España, por la obra Los gatos no aman la Luna. (Inédita). ♦Premio de la Crítica en Literatura para Niños y Jóvenes “La Rosa Blanca” en 1996, por El león vegetaliano. ♦Finalista Premio Casa en el año 2,000 con La buena Vida, novela (Inédita). Ha publicado además lo siguientes textos: Los 203 de Ángela, Narrativa Humorística, Ed. La Gaceta de Cuba, 1979. Chela la Mayombera. Monólogo teatral, Ed. Letras Cubanas, 1979. El Cepo del Silencio. Artículo ensayístico sobre la Presencia y Ausencia del Héroe Negro en la Narrativa Infantil Cubana. Ed. El Caimán Barbudo, año 1996. Timoteo. Cuento. Eds. Miraguano (España) / Cauce (Pinar del Río, Cuba). Bernardino. Eds. Rep. Dominicana / Unión (Cuba) El Gato Sin Botas y Otras Narraciones Con Moraleja. Selección de Cuentos Ed. Gente Nueva, 2009. Sus narraciones para niños y jóvenes aparecen en antologías nacionales y extranjeras. Su obra lírica El Triunfo de la Rebelión, interpretada por la Ópera Nacional de Cuba, abrió el espectáculo que llevara la Compañía “Alicia Alonso” a Madrid y otras provincias de España en la década del 80 del XX. He impartido cursos de Poesía en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

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DE HOY…

Se han otorgado dos premios recientemente, uno en México y otro en Cuba. El escritor colombiano Fernando Vallejo (1942), ganador en el año 2003 del premio Rómulo Gallegos, uno de los más prestigiosos de la lengua española por El desbarrancadero, gana el premio Feria Internacional del Libro de Literatura en Lenguas Romances de Guadalajara, 2011. Según palabras del jurado, el autor de La virgen de los sicarios es “una de las voces más personales, controvertidas y exuberantes de la literatura actual en español. Este premio se otorga desde 1991 a un escritor vivo que escriba en una lengua surgida del latín, está dotado de 150 mil dólares y se entrega al comenzar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que este año comenzará el 26 de noviembre y terminará el 4 de diciembre. Hasta el año 2006 el premio llevaba el nombre de Juan Rulfo. En esta edición de la feria, el invitado especial es Alemania. El propio autor, minutos después de que el escritor Jorge Volpi, a nombre del jurado, anunciara a Vallejo como el ganador, este solicitó: “Pongámosle que soy colombiano y mexicano, porque soy de donde nací y de donde me voy a morir”. Agregó después: “Nunca he esperado que me den premios, creo que me quedan muy grandes, ya utilizaré (el premio) para algo noble”. Además del mexicano Volpi, integraron el jurado: Cecilia García Huidobro, de Chile; Julio Ortega, de Perú; Calin Mihailescu, de Canadá; Margarita Valencia, de Colombia; Juan Cruz Ruiz, de España, y Michael Wood, de Gran Bretaña. La virgen de los sicarios, “es un viaje delirante a los bajos fondos de Medellín, una fábula moral que tiene como telón de fondo la terrible realidad de la ciudad donde nació”, describe el jurado.

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El Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar se creó por iniciativa de la escritora y editora lituana Ugné Karvelis, viuda del escritor argentino, y se concibió como un homenaje a este, por lo que se entrega cada 26 de agosto, aniversario de su natalicio. Pues en su décima edición, este año 2011, lo ganó la joven poeta y narradora cubana Legna Rodríguez Iglesias, con el relato “Hasta Feldafing no paro”. Este año el certamen, auspiciado por el Instituto Cubano del Libro, la Casa de las Américas y la Fundación ALIA, acogió 300 obras de autores de habla hispana de América Latina y Europa y el jurado estuvo integrado por el escritor argentino Mario Goloboff, biógrafo de Cortázar y los cubanos Reynaldo González y Ariel Camejo, el cual además otorgó las menciones siguientes: al argentino Hugo Alberto Llollini por “Grafología subalterna” y a las cubanas Laidi Fernández de Juan por “Sucedió en Copperbelt” y Anisley Negrín por “Balada de Jhon y yo”. La obra de Legna resultó premiada por “la originalidad de su discurso narrativo y la destreza para construir un relato que recrea de forma peculiar atmósferas y personajes contemporáneos”, según el veredicto del jurado. Y diríamos que “de tal palo, tal astilla”, porque esta joven escritora, de tan solo 26 años es nieta de un escritor camagüeyano que en el año 2010 ganara el Concurso de Relato Corto para el estado de la Florida, convocado por la Editorial Voces de Hoy. Nos referimos a Ernesto R. del Valle, cuyo libro de cuentos Miércoles de ceniza publicó dicha editorial y estuvo presente en la Feria Internacional del Libro de Miami el año pasado.

Josefina Ezpeleta Holguín, Cuba, 1950. Estudió piano, ingeniería, y trabajó como museóloga en el Museo Nacional de Historia Natural en La Habana. Tiene en su haber un Diplomado en Marketing Cultural. Ha editado 24 libros en inglés, 7 en español y 5 bilingües. También es Traductora. Ha publicado los libros Bosque de bojs, (Poesía), Me lo contaron las vicarias (Cuentos) y Aleteos de un zunzún (Literatura Infantil). Es fundadora, del blog cheveremiami.com .Es la Editora Principal y Subdirectora de la Editorial Voces de Hoy.

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DOS POEMAS DE MERCEDES ELEINE GONZÁLEZ Tú y yo Tu mano en mi pecho, Tu boca en mi sexo, Tus muslos, tu tórax Sediento y hambriento, Animal furioso que anima mi anhelo de poses distintas buscando lo nuevo. Tu sueño en mi almohada, Y yo descubriendo Cómo es que se ama, Y cómo despierto La fiera enjaulada que yace rendida Después de mi acecho. Tu boca en mi pecho, Tu mano en mi sexo. Entre eros y yo Entre Eros y yo A veces se establece Una tácita complicidad que sólo ambos sabemos. Se sube a mi pecho y Me susurra palabras que Luego no puedo repetir, me habla dulcemente al oído y me acaricia con tal sabiduría que un raro fuego

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Me sube por las piernas mientras “me desordeno, amor” Como cuando Carilda También desordenaba su pasión de madura mujer. Bien es verdad que esto De confesar lo que nunca Decimos, pasiones que por la edad parecen olvidadas, requiere un grave riesgo. Me han dejado de interesar Los conceptos abstractos, Opiniones ajenas De aquellos que nunca aliviaron mi hambre De vecina sin dueño. Quiero tener un hombre En esta cama Huérfana de tu cuerpo Sin huella dibujada, Si yo aún no he perdido la brújula De mi propio destino. Quiero tener un hombre Pero no uno cualquiera, Por el simple capricho De sentirme abrazada, Sino uno que me mire Tal como estoy ahora, Y diga que me ama, Que aún sigo siendo bella, Que el Tiempo y las costumbres No opacaron mi luz De mujer entrenada. Ese que diga frases Que sólo de escucharlas, Se me lubrique el alma

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Como solía lograrlo Cuando tú me tocabas. Entre Eros y yo se ha establecido Un conciliábulo intangible, Tejido con redes delicadas De frases inconclusas, suspiros, caricias inauditas, de suaves vibraciones, sin que medie razones ni explicación alguna nada más que intenciones, sin recurrir a nada, como no sea este tácito acuerdo de amantes sin secretos cuando comienza el alba.

Mercedes Eleine González Terrero (Santiago de Cuba, Cuba).Licenciada en Letras Hispánicas por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, Cuba, 1981; Diplomada en Comunicación Social y Periodismo por la Facultad de Comunicación Social y Periodismo en la misma Universidad, Cuba, 2000. Se ha desempeñado como Profesora de Literatura y Español, Profesora de Literatura Infantil, Asesora Cultural, Especialista Literaria, Relacionista Pública, periodista y editora en prensa plana (Prensa Latina) y radial (Radio Reloj) en su país de origen, Cuba. Desarrolla toda su vida profesional en La Habana hasta emigrar por reunificación familiar a los Estados Unidos en marzo del 2006. A los doce años ganó el Primer Premio en un Concurso Literario Infantil con un cuento de ciencia-ficción: “La Visita de un Ser Extraño”; a los veintiuno un Segundo Premio con otro cuento: “Dolores”. A los dieciocho –sin haber iniciado aún la carrera de Letras- escribe críticas de cine en una revista especializada, Arte 7.Tiene publicado el libro para niños: El Mundo de Laura, editorial Palibrio, 2011.

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LA ESCRITURA COMO ARTE Y UN CUENTO DE CHESTERTON Por Manuel García Verdecia He visto acrecentarse una tendencia a considerar la literatura básicamente como el reflejo de la realidad circundante mediante la escritura. Se ha impuesto un cierto pragmatismo y apego a lo fáctico en los textos como corroboración autorizada de lo que se aprecia en la cotidianidad del individuo. De modo que mucha literatura ha venido a ser memoria, testimonio, noticia, más que arte. Por lo que, en tales escritos, cada vez la vida pone más y el ingenio menos, degradándose su cualidad artística. Quizá por eso las letras estén perdiendo lectores, pues con mayor asiduidad muestran lo que la gente día a día ve, cuando tradicionalmente la literatura se aplicó a mostrar lo que comúnmente no se ve. Tal vez también este concepto responda por la enorme cantidad de personas que se consideran escritores, simplemente porque han logrado organizar ciertos asuntos por escrito. Es útil recordar que la literatura (no la escritura ni la redacción) nació como arte. Esto presupone, principalmente, una visión singular a compartir, una intencionalidad estética y el empleo de un lenguaje expresivamente eficaz que confieren un carácter peculiar a su realización. No es fortuito que siempre se haya considerado la invención como un componente principal de ella, pues tal facultad posibilita entender y magnificar imaginativamente aspectos sustanciales del ser de manera más atractiva y sensible. La literatura no es propiamente la manifestación escrita de la experiencia existente. Antes bien, constituye la recreación estética de ciertos elementos de la realidad para conformar intencionalmente un mundo de sentido esencial por el cual se esclarecen asuntos complejos de la vida. La ficción, arte de fingir para lograr una visión más evidente de algo, la imaginación, el humor, lo lúdico, son elementos que autentifican la literatura. Ella es ante todo un producto del arte. Por eso, debe insistirse en una perogrullada quizá por sabida olvidada: en las bellas letras el criterio de verdad se constata no por la veracidad sino por la verosimilitud. Lo determinante no es la exactitud de realidad verificable que refiera la obra sino el grado de arte con que se hace entendible y aceptable. No es fortuito que muchos autores hablen de una falsificación que sugiere determinada realidad o como lo dice Vargas Llosa “la verdad de las mentiras”. Autores como Edgar Allan Poe, Nikolai Gogol, Jorge Luis Borges o Gilbert Keith Chesteron (por no abrumar) entendieron perfectamente la condición artística de la literatura, por eso su obra es venero sustancioso al que se debe volver una y otra vez para confirmar el rumbo expresivo. Chesterton es un autor que la contemporaneidad ha desconocido un tanto. Incluso para muchos es un escritor menor que inventó un simpático detective en la inusual persona de un sacerdote. No obstante, solo hay que leer su abundante y diversa obra para percatarnos de que, tanto por la escala de intereses como por su muy refinada manera de escribir, era todo un maestro. Creo que

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otro modo de evaluar los alcances de un escritor es conocer qué otros lo aprobaron. A Chesterton lo pusieron en pedestal principal autores tan disímiles y auténticos como el propio Borges, Hemingway, Kafka y Paul Claudel. En sus novelas, ensayos y cuentos, con elegante prosa, verdeante de ingenio y sorprendentes sentencias, el autor inglés nos introduce en un mundo donde lo evidente no es tal y el sentido común no siempre funciona eficazmente. Su delicada ironía con simpatía humana y sus peliagudas paradojas tratan de hacernos ver los ángulos y matices menos visibles de la existencia pero no por eso insignificantes. Hay un cuento que quiero comentar por su alto valor en cuanto expresión artística y como prototipo de la peculiar manera de escribir del autor. Se titula “Los tres jinetes del Apocalipsis” y fue incluido por Borges y Bioy Casares en su compilación de Los mejores cuentos policiales. La anécdota es simple: un regimiento de húsares prusianos dirigidos por el mariscal von Grock ocupa Polonia, a este le molesta la actividad patriótica del poeta polaco Pavel Petrovsky, así que decide eliminarlo. El príncipe sabe que tal acto desembocaría en un caos total, por lo que envía un indulto. Sin embargo, el mariscal, convencido de lo conveniente de su decisión por el bien del reino, manda a otro húsar a evitar que llegue el indulto. Por un acomodo del azar ninguna orden llegará y el poeta patriota salvará su vida. La eficacia del cuento radica en primer lugar en el contexto donde se declara el incidente y las condiciones para su desenlace. Los acontecimientos tienen lugar en un campamento de soldados altamente disciplinados. La disciplina es aquí un importante desencadenante de la acción. Así lo expone el narrador, “Todo fracasó porque había demasiada disciplina”. Si hay sitio donde la disciplina nunca es suficiente es en el ejercito, sin embargo, la ironía concebida por el autor hace que esta se torne en impedimento. Otro elemento es el excesivo sentido de compromiso en lo que se hace. Como lo expone el narrador, refiriéndose al sargento que ha sido ordenado a detener el indulto, “Los hombres como él se aplican mucho en sus actos; por ese motivo suelen ser tan erróneos sus actos”. Situación muy común en instituciones donde la jerarquía prevalece y que en la historia es también aplicable al mariscal. Hay seres que no oyen otra voz que la que les dicta lo que debe ser, sin detenimientos para evaluar condiciones ni consecuencias. Esto, a pesar de que en el texto se refiere al entorno castrense, claramente lo asume el autor para todo ser humano: siempre es necesario considerar cada acción particular. A esto se añade una cualidad peculiar de los soldados involucrados en la anécdota. Se trata de un regimiento de húsares blancos, cuyos uniformes son de albura impecable. Esto conspira con el entorno geográfico de la acción para propiciar mejor las condiciones del desenlace. Como el narrador ha apuntado, la acción tiene lugar en medio de las vastas llanuras pantanosas de los confines nororientales de Polonia, donde solo queda un estrecho terraplén para el paso de uno o

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dos viajeros. En esta inmensidad desolada, la deslumbrante blancura de los uniformes permitía una localización precisa y anticipada. Un componente significativo del proceso narrativo ha sido muy bien pensado por el autor. Me refiero al narrador. Chesterton comienza su cuento por la remembranza de un personaje en primera persona que plantea sus impresiones sobre el señor Pond. Es este personaje locuaz, amigo del padre, el que cuenta la historia. Como se ha visto hasta aquí, este personaje-narrador verbaliza las consideraciones decisivas referentes a los actos narrados. De hecho, al sujeto en primera persona que lo introduce lo caracteriza, comparándolo con el estanque del jardín de su hogar. Dice que, al igual que allí, en el señor Pond también “había monstruos: monstruos mentales que emergían un instante a la superficie y luego se perdían. Tomaban las formas de observaciones monstruosas en medio de sus observaciones inofensivas y razonables”. Esto, ya justifica la forma de razonar del narrador. Así mismo, esta estrategia confiere una lógica a esas observaciones pues forman parte de la conversación, atenida a las características del individuo que narra. Tangencialmente, además, evita el insoportable inmiscuirse del autor en el mundo de los personajes. La solución del conflicto la proporciona el azar con sus artes. Sin embargo, no es una chiripa forzada por el autor. Guarda estrecha coherencia con las condiciones y el contexto de la historia. El primer correo, el teniente von Hocheimer ha sido tratado como una legumbre, con desdeñoso rigor por von Grock. Tal y como apunta el narrador, “Y de todas las pasiones que ciegan y enloquecen y desvían a los hombres, la peor es la más fría: el desden.” Esto ha incitado en el enviado el deseo de cumplir y hacerse notar. Por eso cuando lo alcanza el segundo enviado, el brioso jinete von Schacht, quien lleva la orden de indulto, el teniente lo acalla con la carabina. El pomazo derriba al sargento en el pantano mientras el teniente prosigue su misión letal. A poco, se acerca el perro enviado por el mariscal, el sargento Schwarz, que lleva el pulso determinado a impedir el indulto. De modo que, cuando avista el blanco uniforme entre los llanos anegadizos, puntualmente aprieta el diestro gatillo. Solo que ha disparado no al segundo correo sino al primero. Así, al darse vuelta habiendo cumplido su encomienda, no llegará ninguna orden de ejecución. El mariscal von Grock, hombre de acción, ha expuesto limpiamente su credo para contradecir al príncipe: “El mundo cambia –dijo Grock –, no por lo que se dice o por lo que se reprueba o alaba, sino por lo que se hace. El mundo nunca se repone de un acto.” La ironía del azar hará cumplir su contundente visión. Sus propios actos lo han hecho torcer las líneas del destino y el enemigo ha quedado libre. En los cuentos de Chesterton – tal vez por su convicción católica – siempre hay un elemento ético subyacente que habla de la piedad y el humanismo. En sus narraciones vaga como un aviso: cuidado no franquees la línea de la responsabilidad humana pues fracasas. Todo acto

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indebido y afrentoso se revierte contra el propio hechor. Con arte y perspicacia humana, Chesterton nos regala una oculta verdad vestida de la más elegante fantasía. Esto es la literatura.

Manuel García Verdecia En Holguín, 25 de septiembre de 2011 Manuel García Verdecia (Holguín, 1953) es profesor, escritor, traductor y editor. Licenciado en Lengua Inglesa y graduado de Lengua Francesa. Obtuvo el grado de Máster en Cultura Cubana con una tesis sobre la narrativa cubana de la década de 1930. Ha sido profesor en universidades de Cuba, Canadá, República Checa y México. Su obra ensayística es extensa. Ha publicado La consagración de los contextos, ensayo, Premio de la Ciudad, Ediciones Holguín, 1986; La mágica palabra, ensayos, Premio de la Ciudad, Ediciones Ámbito, 1991; Incertidumbre de la lluvia, poesía, Premio de la Ciudad, Ediciones Holguín, 1993; Hebras, poesía, Editorial Lunarena, México, 2000; Meditación de Odiseo a su regreso, poesía, Premio Adelaida del Mármol, 2001; Travesías, cuentos, Ediciones Holguín, 2004; Música de viento, cuentos, Editorial Oriente, 2005; Saga de Odiseo, poesía, Editorial Unión, La Habana, 2006; Camino a Mandalay, poesía, Ediciones Holguín, 2007; Hombre de la honda y de la piedra, Ediciones Unión, Premio Julián del Casal 2007; El día de La Cruz, novela, Ediciones Oriente, Premio José Soler Puig 2007. En 2008 obtuvo el XIII Premio de Poesía La Gaceta de Cuba por su cuaderno “del tránsito de las almas” y en 2009 el Premio Internacional de Poesía, El Mundo Lleva Alas de la Editorial Voces de Hoy, EE.UU., por su cuaderno “Mundo de Gregorio Samsa”.

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EL MUNDO DE LAURA: ¿LAS RESPUESTAS DE LA VIDA?

Por Waldo González López

(Puerto Padre, Cuba, 1946), Excelente poeta, escritor, crítico literario y teatral, antólogo y periodista cultural cubano. Ha publicado una decena de libros de poesía, cinco de décima y un volumen de crítica y ensayos literarios; posee una extensa obra reconocida dentro y fuera de Cuba. Colabora con revistas extranjeras. Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Actualmente reside en Miami.

Los libros para niños, cuando poseen la suficiente calidad, resultan excelentes regalos para los humanos más pequeños, «esos locos bajitos» que siempre dirá, en su inolvidable canción, el poeta y cantor catalán. Los chicos, pues, agradecen estos regalos invaluables, pues les proporcionan entretenimiento y aprendizaje, virtudes del solitario acto de la lectura. Y así acontece con este pequeño pero grande librillo que, recién publicado por la estadunidense Editorial Palibrio, en una hermosa edición muy bien ilustrada, reúne diez breves relatos de la poeta, narradora, escritora para niños y periodista cultural Mercedes Eleine González (Santiago de Cuba, 1952). Allí justamente, en la ciudad entre montañas, con apenas ocho años, nacería el interés de la niña por la literatura destinada a la infancia. Tenía apenas ocho febreros y padre sensible le hizo un regalo que desde entonces conserva celosamente: Selección de Lecturas ejemplares, de Herminio Almendros (1). En el mundo de Laura se vislumbra y disfruta la huella del Maestro hispanocubano: desde el tema (la animalia, tan atractiva al orbe infantil y tan asequible al escritor, en tanto con ella puede caracterizar conductas y acciones (ejemplificadoras de los adultos que serán los pequeños en un futuro no tan lejano), hasta el talentoso tratamiento (para lo que se valdrá de un lenguaje idóneo, a ratos educativo, mas nunca cansino, pues no peca de abusivos didactismo y, otro mérito, siempre poético), al que añade un suave humor (asimismo provisto de múltiples adagios y refranes, adquiridos de la secular expresión castellana y, por ello, sedimentados en el lenguaje que nos identifica como hispanoamericanos).

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Todo y más en esta prosa, a un tiempo, rica y sencilla, culta y llana, idónea para tan noble propósito como es el educar y entretener, tal exigían los clásicos y ejemplificaba con su magistral La Edad de Oro el cubano universal, nuestro Martí. Dedicado a sus nietos Carlos Alejandro y Lucas Sándor, «por descubrirme otra dimensión del amor», su opera prima para la infancia tiene la calidad requerida. Leamos algunos ejemplos de lo que digo: en su «Introducción», ya de entrada apunta la autora, como definiendo la sencillez de Laura: «es como una niña cualquiera», aunque, añade asimismo, «es una niña muy curiosa». Y, al doblar la página el lector, ya le avisa «su preferencia por los animales y su rara capacidad de comunicarse con ellos». Esta simple acotación le sirve a la narradora para iniciar su saga de interés, con la que se sentirán atrapados los pequeños ya en el primero de sus relatos: el «Encuentro con el colibrí y las hormigas». Enseguida llegan los refranes («El perfume bueno viene en pomo chiquito»), y otras oraciones que le enseñan al pequeño, con ligero tono educativo, del corte de «Lo que no entendemos es parte de lo que queremos descubrir. A veces en criaturas que parecen insignificantes se guardan grandes secretos. La Naturaleza es sabia y perfecta.» En el segundo relato («Visita al Búho»), continúan los refranes que, como sencillos adagios, se alojaron en nuestro rico idioma, durante su formación, provenientes de la praxis cotidiana de los humanos. En consecuencia, expresa el Búho, símbolo de sabiduría, la frase que sigue: «no tan fiero el león como lo pintan». A este le siguen otras oraciones que ofrecen a Laura enseñanzas de no menor valía. La primera está dotada de aliento martiano: «Inteligencia y educación deben ir de la mano; aunque no siempre sucede así.» La otra, si bien más sencilla, no resulta menos importante: «…decir mentiras es muy feo». Y otras verdades que el niño conocerá en el futuro, aparecen aquí y allá. Así, leemos, en el tercer relato, «Con la Tortuga», varios adagios, como los siguientes: «… los años vividos me han enseñado que el que no se adapta, perece» «… los amigos son un tesoro que solo tú puedes descubrir» Por último: «… las personas actúan de acuerdo con la importancia que le dan a lo que quieren». Lo poético es otro rasgo que aparece en estas logradas páginas, cualificándolas. De tal suerte, leemos en «Con la Tortuga»: «…la Naturaleza además de sabia, está llena de magia». En «Ariadna, la Araña Tejedora», de momento aparece lo que es un excelente verso: «Tejía el Tiempo de la Vida.» Y algo después, surge otro verso a tener en cuenta, cuando leemos: «El Laberinto de la Sabiduría está formado por las Respuestas de la Vida…» Luego, un suave humor enriquece y completa la más reciente entrega de la narradora. En consecuencia, cuando Laura, en «Visita al Búho», le dice al sabio pájaro: «Y poniéndome la mano debajo de la barbilla, puse cara de circunstancia. ¿No sabes cómo es poner de circunstancia? Te colocas una mano en el mentón, con el índice hacia arriba apoyado en la mejilla, luego das un profundo suspiro y miras con la frente arrugada, como si estuvieras muy preocupado.» En suma, con El mundo de Laura (ya en librerías), la colega Mercedes Eleine González obtiene una útil y hermosa obra narrativa que, dedicada a sus nietos, todos los pequeños le agradecerán.

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(1) En la década del 40 del siglo pasado, el también escritor español Alejandro Casona tras la caída de la República, le consigue pasaje para Cuba a Herminio Almendros, quien vivió el exilio en la Isla durante varias fecundas décadas. Así, se doctora en 1952 por la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba con la tesis «La inspección escolar». Trabaja como asesor del Ministerio de Educación, pero Fulgencio Batista lo destituye de su puesto, mas es contratado por la UNESCO y destinado a la Escuela Internacional de la Organización de Estados Americanos (OEA), en la ciudad venezolana de Rubio. A partir de 1959, labora como Director General de Educación Rural y luego como delegado de la Editora Nacional y Director de la Editora Juvenil, donde da a conocer los mejores autores y libros de la literatura para niños y adolescentes en el mundo y, no conforme todavía con lo realizado, dejó escritos y publicados numerosos títulos, como los de lectura de esa Serie: Fiesta, Había una vez, Pueblos y leyendas y Lecturas ejemplares, como Aventuras, realidades y fantasías, diversos libros de cuentos y dos volúmenes no menos significativos: la biografía Nuestro Martí y la obra de investigación y exégesis A propósito de La Edad de Oro. Notas críticas sobre literatura infantil. En 1967, funda y dirige la Editorial Gente Nueva. Este cultísimo hombre publicó más de 40 obras, sin contar centenares de prólogos y artículos periodísticos.

Mercedes Eleine González Terrero (Santiago de Cuba, 1952, Cuba).- Licenciada en Letras Hispánicas por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, Cuba, 1981; Diplomada en Comunicación Social y Periodismo por la Facultad de Comunicación Social y Periodismo en la misma Universidad, Cuba, 2000. Se ha desempeñado como Profesora de Literatura y Español, Profesora de Literatura Infantil, Asesora Cultural, Especialista Literaria, Relacionista Pública, periodista y editora en prensa plana (Prensa Latina) y radial (Radio Reloj) en su país de origen, Cuba. Desarrolla toda su vida profesional en La Habana hasta emigrar por reunificación familiar a los Estados Unidos en marzo del 2006. A los doce años ganó el Primer Premio en un Concurso Literario Infantil con un cuento de ciencia-ficción: “La Visita de un Ser Extraño”; a los veintiuno un Segundo Premio con otro cuento: “Dolores”. A los dieciocho –sin haber iniciado aún la carrera de Letras- colabora escribiendo críticas de cine en una revista especializada, Arte 7.Tiene publicado el libro para niños: El Mundo de Laura, editorial Palibrio, 2011. Su segundo libro se encuentra en pleno proceso editorial.

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2045 Un cuento de Patricia Schaefer Röder En la orilla norte del río Guaire hay una anciana que invoca a los espíritus. Vive no muy lejos del nuevo parque residencial de buses habitacionales, en una casa de friso blanco y techo de tejas rojas. La mujer hace aparecer a los difuntos en la pantalla de un antiguo televisor de tubos catódicos; una especie de bola mágica encerrada en un vejestorio de finales del siglo pasado. Se trata de un clásico Sony de 23 pulgadas con mando a control remoto. ¡Cómo me divertí viendo películas en uno de esos cuando era niño! Qué tiempos aquellos, cuando teníamos todo y no lo sabíamos. En cambio ahora, cincuenta años más tarde y viviendo en un mundo privado de electricidad, los chicos no sabrían qué hacer con un televisor como ése, sino desarmarlo y usar sus partes para construir aparatos mecánicos, o hasta para hacer esculturas. ¡Qué diferencia con la infancia de mi generación! Muchísimos de nuestros juguetes y aparatos de uso diario funcionaban con baterías o electricidad: autos, computadoras, teléfonos, cámaras, aparatos de música, artefactos del hogar. Las cosas divertidas o importantes andaban con corriente. En mi época todo dependía de la energía eléctrica y todo giraba alrededor de ella; la economía, la política, los empleos. Quien poseía la energía, tenía algo que decir. Ahora es distinto. El meteorito aquel del 2025 desvió para siempre el curso de la humanidad, regresándola de golpe a una vida artesanal y rudimentaria, después de haber experimentado adelantos técnicos casi inimaginables para el hombre. Me resulta un tanto irónico que ahora, en pleno 2045, nos encontremos en medio de este renacimiento que nos impuso el destino. Al menos las artes y las humanidades están cobrando nueva fuerza, a raíz del descubrimiento obligado del espíritu dormido. Religión, ciencias ocultas, metafísica; todo está avanzando a pasos agigantados. El mundo entró en una nueva etapa mística, y la mística se fue colando poco a poco en la gran mayoría de la gente. Muchas personas le han pedido ayuda a la anciana del Guaire para establecer contacto con seres queridos que ya no están entre nosotros. Dicen que es capaz de invocar cualquier espíritu y que además les habla con confianza, como una amiga. Hace poco fui a ver a la anciana también. Quería comunicarme con mi esposa, que se había quitado la vida dos años antes, víctima de depresiones. Aunque no estaba totalmente seguro de que la anciana me pudiera ayudar, decidí intentarlo. Necesitaba saber que Isabel estaba bien; le quería decir que la seguía amando y que la recordaba todos los días. Llegué en mi vieja bicicleta bajo el abrasador sol del mediodía. Mi ropa está totalmente embebida en sudor; algo a lo que aún no me termino de acostumbrar, pero con lo que he tenido

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que vivir forzosamente por falta de aire acondicionado. Me seco y me pongo otra camisa para estar más presentable. La casa está huérfana en un camino de tierra cercano a la orilla del río. Sólo la acompañan las ruinas desmembradas de una vieja torre eléctrica. Se nota que fue construida hace muchísimo tiempo, pero nadie sabe con certeza cuándo. Toda esa zona solía estar prácticamente deshabitada hasta hace poco, pero ahora el gobierno local decidió llevar cincuenta módulos de buses-casas refaccionados para crear un elegante complejo vacacional en las cercanías. Aunque no está en su mejor momento, la casa me recuerda aquellas sobrias construcciones coloniales del siglo diecinueve, con sus paredes blancas y los techos rojos a dos aguas; altos y elegantes. Sus ventanas largas, adornadas con rejas de hierro forjado, dan a un pasillo abierto y techado que corre alrededor de la casa, regalándole frescura al interior. Parecería la casa grande de alguna hacienda que no pudo sobrevivir a la industrialización, o tal vez a la globalización; quién sabe. Me acerco titubeante al porche. La pesada puerta de madera está entreabierta. Llamo y escucho una voz en la lejanía que me dice que entre. Muevo un poco la puerta para pasar. La diferencia de luz me ciega por un instante. Mis ojos se van acostumbrando poco a poco, hasta que logro ver los pesados muebles distribuidos por el salón. La luz del sol entra por las ventanas que dan al patio interno, iluminando el interior a través de ligeras cortinas de encaje color crema. Un mantel desteñido por los años cubre la mesa del comedor, y en la vitrina las copas lucen opacas y la platería manchada. Los cojines de terciopelo de los sillones se ven gastados. Todo está en ese orden particular que tienen las casas abandonadas hace mucho tiempo. Parece que no hubiera nadie, y sin embargo sé que la anciana vive aquí. Además, me dijo que entrara, ¿pero dónde estará? Avanzo hacia la siguiente sala buscando la voz que me dio paso. De pronto la escucho detrás de mí. Me presento y me disculpo por irrumpir en la tranquilidad de su casa. Ella me mira serena y dice que no me preocupe. Es una mujer de aspecto agradable y sencillo. Lleva puesta una bata blanca con estampado de florecitas. Su contextura es delgada, de baja estatura y tez morena. Tiene el cabello gris, recogido justo detrás de las orejas, en un moño que asemeja una cebolla. Me mira a través de sus lentes con unos ojos grandes y negros, muy expresivos, al igual que las líneas que definen su rostro. Tendrá unos setenta años, pero se conserva muy bien. ¿Será que esta anciana vive sola en una casa tan grande? La anciana comenta que me parezco a su hijo, que debe tener más o menos mi edad. Le pregunto si vive con él y dice que no. Se fue de la casa hace veinte años, justo después del meteorito. Me cuenta que lleva tiempo esperando que su hijo venga a verla. Lo extraña mucho,

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pero él no la visita nunca. Pensé en mi madre, ¡cómo me gustaría poder visitarla! Pero ella también había abandonado este mundo, igual que Isabel. Se me ocurrió que si todo salía bien hoy, tal vez podría pedirle ayuda a esta mujer para comunicarme con mi madre en otra oportunidad. Pasamos a la pequeña sala donde está el televisor. Preguntó si había traído algún objeto de Isabel para establecer el contacto, y yo le di un pañuelo bordado que ella siempre llevaba consigo. La mujer tomó el pañuelo en una mano y posó la otra sobre el televisor durante unos minutos, cerrando los ojos mientras decía: «Isabel, Isabel… Querida Isabel, ¿estás ahí? Nicolás te vino a visitar». De pronto comenzaron a verse unos destellos brillantes en la negra pantalla del televisor. Una voz conocida salía de los altavoces. Era Isabel que me hablaba, a la vez que los destellos vibraban y cambiaban de color. Se le oía tranquila, apacible. La nostalgia me estremeció. Le dije que la amaba y que siempre pensaba en ella. Ella lo sabía. Siempre lo había sabido, pero a mí me gustaba decírselo. Era como un juego; repetíamos el mismo diálogo una y otra vez, hasta que uno de los dos se daba por vencido. Hoy la dejé ganar a ella. Una emoción inmensa invadió mi pecho cuando dijo que ella también me seguía queriendo. Las lágrimas se derramaron mudas por mis mejillas y al rato me despedí de ella, dejándola regresar a su nuevo sitio. Le agradecí a la anciana desde el fondo de mi corazón. Camino a la puerta, le pregunté qué le podía dar a cambio por tan inmenso favor. Se limitó a decirme que no podía hacer nada con los bienes materiales, y que lo único que ella deseaba era que su hijo la viniera a visitar. Cómo me hubiera gustado ayudarla con eso; pero nunca me dijo su nombre ni dónde lo podía encontrar. En el camino de regreso vi a un grupo de personas que se dirigían a la casa de la anciana. Es verdad que la mujer es famosa, pero lo que más me impresionó fue su gran generosidad. Tres semanas después se cumplían cinco años de la muerte de mi madre y decidí ir a la casa de la anciana, a ver si podía ponerme en contacto con ella. De nuevo me recibió con mucha amabilidad y pasamos a la salita del televisor. Estaba a punto de darle el rosario de mi madre para que la invocara, cuando escuché a alguien entrar en la casa. La mujer dio un salto y exclamó: «¡Mi hijo! ¡Al fin vino!» Volteé la cabeza en dirección a la puerta, y vi venir a un hombre corpulento de unos sesenta años que compartía las facciones de la anciana. Parecía no entender qué hacía yo allí, sentado frente al televisor con un rosario en la mano. Me preguntó quién era y por qué había entrado en su casa. Intenté explicarle que su madre había sido tan amable de ayudarme unas semanas atrás con el asunto de mi esposa, y que ahora me estaba ayudando a ponerme en contacto con mi propia madre. El hombre me miraba perplejo e insistía en que yo había entrado sin permiso en una propiedad privada, a lo que le contesté que su madre me había dejado entrar, igual que a tantas otras personas que venían a pedirle ayuda todo el tiempo.

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«¡¿Pero de qué cuernos me habla usted?! ¡Esta casa ha estado cerrada desde hace veinte años! ¡Aquí no vive nadie!» gritó, mientras buscaba algo en una gaveta del recibidor. Sacó una foto a blanco y negro de una tumba en la que se leía claramente: Idalisa Vegas, 1955-2025. «¡Mi madre murió hace veinte años! ¡Se electrocutó durante el choque del meteorito, mientras buscaba el canal de las noticias en la televisión! ¡Ahora lárguese de aquí!» Furioso, se dirigió hacia la puerta, donde su madre lo esperaba con los brazos abiertos, y pasó a través de la anciana que se quedó inmóvil, llorando el llanto quedo de los que se han tenido que conformar.

Patricia Schaefer Röder nació y se crió en Caracas, Venezuela, donde obtuvo la Licenciatura en Biología y publicó sus primeros ensayos. Vivió en Heidelberg, Alemania y en Nueva York, EEUU. Allí retomó el oficio de escribir y se dedicó a la traducción y las artes editoriales. Desde el año 2004 vive en Guaynabo, Puerto Rico, donde dirige su propia empresa de traducción y producción editorial. Los escritos de Patricia han sido merecedores de premios nacionales e internacionales, apareciendo publicados en diversos medios. En 2011 recibió el Primer Premio en narrativa del XX Concurso Literario del Instituto de Cultura Peruana en la ciudad de Miami en Florida, Estados Unidos, con su cuento “Ignacio”. Su antología de relatos cortos Yara y otras historias, publicada en julio de 2010 por Ediciones Scriba NYC, es su trabajo más reciente. http://yarayotrashistorias.blogspot.com/. Patricia tiene su propio blog literario, donde cada miércoles publica sus escritos: http://patriciaschaeferroder.blogspot.com/. Correo-e: patricia_schaefer@scribanyc.com.

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QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA… Por: Alberto Abreu Cárdenas, octubre del 2010

Sobre la obra pictórica de Denis Núñez Graduado de la Escuela Nacional de Arte en la Especialidad de Pintura. Teléfono: 7-65-44-61 e-mail: denispintor@yahoo.es denisnuro@yahoo.es

Para conocer más sobre su obra y exposiciones, tanto nacionales como internacionales, puede visita: http://denispintor.blogspot.com/ Comenzaré evocando los años de finales de la década del ochenta y las circunstancias particulares en que se produjo mis primeros encuentros con la obra de Denis. Advierto que recurriré a esta especie de evocación por otras razones que no tienen, absolutamente, nada que ver con un ejercicio de la memoria o mucho menos con la nostalgia. La primera de ellas, aunque parezca divertida, no deja de tener cierto brillo de sensatez, de mesura: Denis y quien escribe estas notas somos criaturas del siglo pasado. La segunda de las razones que me compulsan a esta, llamémosle remembranza, se debe a que, al memos para mí, ella resulta primordial para comprender la trayectoria y evolución de un grupo de preocupaciones (pictóricas, existenciales, estéticas….) en la visualidad de este artista. Por lo que regresaré a aquel pueblecito llamado Jagüey Grande, al sur de la provincia de Matanzas. (Un típico pueblo de provincia con un parque, una iglesia que apenas abría, una estación de trenes. Un típico pueblecito provinciano de costumbres, habitante y una percepción del arte no menos provinciana.) Allí entre matas de cítricos y la monótona simetría de los edificios de las ESBEC, coincidimos como instructores de arte, un grupo de creadores de todas partes del país. En su mayoría recién egresados de las Escuela Nacional de Arte. Teníamos una peña itinerante, con un discurso iconoclasta (aunque tal vez visto desde hoy no lo sea tanto) que viajaba por otros municipios de la provincia (Cárdenas, Colón, Perico, Matanzas); y a la que

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llamamos Todavía soñamos, una mezcla de trova, performance, poesía…También junto a las poetas Damaris Calderón y María Elena Hernández; y los artistas plásticos Ezequiel Suárez, Ángel Delgado decidimos sacar una revista alternativa que pusimos por nombre Volar los techos. Sólo a la luz de la conmoción y complejidades que trajo el arte joven en la escena cultural cubana de aquellos, puede explicar esta mezcla de utopía y terrorismo cultural que ya se hace anunciaba en los nombres que elegimos para la peña y la revista. No obstante, Matanzas, que todavía sigue siendo, entre todas las ciudades que conozco, la más hostil a este tipo de propuesta, nos recibió y aplaudió. Los cuadros de Denis Núñez, sus propuestas visuales, ideoestéticas, por entonces, estaban contaminados de esta impronta. En el tratamiento de la figuración le debían tanto a Bedia como al bad painting. No lo señalo a manera de deuda, sino para acotar que Denis, quien venía de San Alejandro había optado por hablar visualmente con un lenguaje de su tiempo. Su sello personal estaba en ciertas intranquilidades o interrogantes de carácter existencial, metafísico, que estas piezas enunciaban de manera lapidaria, cínica, en las frases que aparecían al pie del cuadro y desde una visualidad eminentemente minimalista. Luego vinieron los años, sobre todo en la primera mitad de la década del noventa, en que el arte cubano vivió una especie de fiebre por el instalacionismo, quizás como un modo de escapar de cierta opresión espacial, morfológica, de buscar un ensanchamiento en el plano discursivo. Pero dicha práctica, en muchos artistas, se fue tornando recurrente, moda, pose. Sin embargo, no recuerdo que se halla sentido atraída por ella. Su reacción fue a la inversa: a una especie de incursiones en el ámbito procesual y de momentos de la historia del arte occidental: apropiaciones, citas, a una serie de iconos, códigos de la visualidad y la imaginería bizantina como la perspectiva frontal. A los que hacia dialogar con referentes contemporáneas, cercanos a su entorno personal. En ellos, se le confería un rol emblemático al cuerpo de la mujer negra, excluida o subalternizada por la experiencia del arte occidental. Posteriormente, a raíz de una vista de Cosme Proenza a Matanzas y de una conferencia que impartió sobre la pintura por capas, un grupo de creadores matanceros empiezan a incursionar en ella. Fue una etapa, entre otras tantas, infeliz para la plástica matancera, de desconexión con las preocupaciones e interrogantes morfológicas, visuales, ideoestéticas del arte nuevo cubano. A lo que se vino a sumar la apertura del arte cubano al mercado turístico internacional unido a la inexperiencia y confusión de todo tipo que esto trajo entre instituciones y los creadores.

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Desde el inicio de este periplo hasta la fecha han transcurrido más de dos décadas. Me detengo en este recuento, como advertí al comienzo de estas notas, porque ahora, casi veinte años después, cuando recorro la mirada por las últimas producciones de Denis creo reconocer varios de aquellos motivos, temas, ahora transformado en obsesiones “En la manada está la fuerza”, “Con mi pedacito de malecón y un montón de deseos”, “Nunca será tan oscuro ningún oscuro rincón”, “Si no fuera por los aplausos gritaría”. Por ejemplo, en “No sé si reír o sangrar” el artista retorna a un tópico de su pintura en aquellos años. Me refiero a crucificación de San Sebastián, con tratamiento cínico, paródico. Lo significativo es los desplazamientos e inversiones que, con el tiempo, se han producido entre este cuadro y aquel enorme lienzo pintado por Denis a finales de la década del ochenta, y que tituló: “Dios tus ángeles tiraron a matar”. Si en este que acabo de mencionar el cuerpo desnudo de la mujer negra, atravesado de flechas ocupa todo el espacio pictórico. En cambio, ahora, en “No sé si reír o sangrar”, mediante una especie de autorretrato, la figura ha sido reemplazado por el busto del propio artista. En estas obras recientes que acabo de enumeras las preocupaciones existenciales, metafísicas explican el enclaustramiento, que ocupa la figura humana en el espacio pictórico. Son las obras de mayor elaboración y densidad conceptual, donde el artista de apropia creativamente y otorgándole otras dimensiones de sentidos a un grupo de signos, códigos visuales de su generación. En esta línea el dialogo intertextual con las poéticas de Sandra Ceballos, Consuela Castañeda, Aimé García y el discurso antropológica de Bedia es palpable. Además de otros nuevas como la del fotorrealismo que le permite construir una atmósfera surrealista, onírica. El mismo ilustra las dos vertientes fuentes de preocupaciones figurativas, estéticas entre las que oscila, en el presente, la producción de Denis. En contraste con la primera vertiente que a la que me referí en el párrafo anterior, en esta el tratamiento del espacio y su cosmovisión es diferente. La figura humana establece una especie de diálogo con el paisaje exterior. Una naturaleza y un paisaje que se torna irreal, propio de un mundo de ensueños: el mar, los peces, una cabeza de mujer de cuyos son raíces

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de arboles donde anidan las aves. En la pieza titulada “Después del final” un bosque de árboles talados acoge a una joven desnuda, en posición fetal. La hecatombe, la ruina, de la naturaleza como metonimia de un alma devastada. Sin embargo, en la composición a ciertas reminiscencias que permiten asociar a los troncos de los árboles talados con lo fálico, y al cuerpo de la mujer como objeto del deseo sexual. Finalmente, debo decir que me complace este rencuentro con la obra de Denis Núñez después de veinte años. La aventura o el juego de reconocer o intentar descifrar, en estas piezas, las huellas o marcas de viejas intranquilidades en torno a la existencia y la condición humana, donde el acto de pintar y el filosofar sobre los mundos de la vida se entrelazan, se confunden y terminan siendo un solo gesto. Huellas o marcas que el tiempo y las azarosas circunstancias, que significa vivir en una isla rodeada de aguas por todas partes, no han borrado.

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YO ALUCINO Por Sara Suejen Miremos esta imagen, ¡QUE BONITA! ES ÚNICA. ¿Será que nuestro planeta está de fiestas, y el universo le aplaude con lluvia de confeti? No, no es así, esta es la imagen del descuido intencional, de la indiferencia social, aunque a veces deviene en buenas conferencias denunciando a la conciencia. La imagen de marras, fue tomada por la NASA del BASURERO que hemos creado alrededor del planeta, CULPA de todos, unos por hacerlo y los más por consentirlo. ¿Podemos hacer algo? Sí, salir a las calles portando carteles de protesta por un par de horas y regresar a nuestros hogares, y creernos que las cosas serán mejores, con la misma suciedad. Nota: La próxima imagen será, más confetis y el pulgar hacia abajo (donde estuvo la Tierra)

LA BASURA NO ES ESPACIAL, ES TERRENAL Que esta Tierra es el bochorno del Universo

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UN POEMA DE SARA ¿LOS HAS LEIDO? Colibrí enamorado de margaritas florecientes, de juventud ingenua, de moderado presente, es el cándido amor de su verso amante, su corcel galopante de vidas y esperanzas ¿Los has leído? Manantial de emociones, corazones vivos con cuerpos, almas y lejanías, besos del recuerdo húmedos aún en su boca, caen de su pluma como el aguamarina ¿Los has leído? así son los versos en JOSEFINA Si, los poetas viven en sus versos, llenos de amores, alegrías y tristezas esos que llenan la razón, que viven contra marea salen de un tirón como saeta ¿Los has leído? Son los versos de EZPELETA Sara Méndez Rojas, nacida en Cuba bajo el signo de Capricornio, escogió un seudónimo literario: Sara Suejen. No para esconderse, sino todo lo contrario. Con él ha deseado honrar su ascendencia libanesa. Amante de la literatura, lectora insaciable y admiradora de Fedor Dostoievski, Carlos Loveira y Gibrán Jalil Gibrán, entre otros, siempre se ha sentido atraída por la escritura en prosa. No hace

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mucho descubri贸 en ella una necesidad incontenible de escribir versos y en Alcyon nos hace su primera entrega.

Esc煤chanos en: www.puntoyseguido.us

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YA ESTÁN A LA VENTA Por Pedro Pablo Pérez Santiesteban La revista literaria Entre Líneas, saca a la venta bajo demanda, el poemario la pasión según Gregorio Samsa, del reconocido y laureado poeta Manuel García Verdecia, parte de este poemario obtuvo el primer lugar compartido, en el Concurso Internacional de Poesía, El Mundo lleva Alas 2009, convocado por la casa editorial Voces de Hoy. Sobre el referido libro, la poeta venezolana Teresa Coraspe, escribió: Verdecia no pierde mirar el mundo y escucharlo, seguirlo y seguir al hombre en todas sus bajezas e imperfecciones; es un ser lastimado que, lucha contra las fuerzas que se imponen de alguna manera a como dé lugar y por supuesto, la impotencia de vencerlas, y como un «rumiante», las acepta; así las fuerzas son desiguales y siempre vencen, por las mismas fuerzas o por ese animalito loco que llamamos azar que muchas veces nos juega dados negros. El poemario puede adquirirse a través del blog de la revista: www.revistaliterariaentrelineas.blogspot.com Recuerde que también usted puede publicar su poesía, bajo el sello de la revista literaria Entre Líneas.

Nuevos títulos se incorporan a la tienda virtual de nuestra casa editorial Voces de Hoy. Memorias de abecedario de Alfredo Ballester, Crónica aldeanas de Félix Anesio y Un cementerio que agoniza de Rodolfo Torres y Magaly Cabrales, son los libros que ya están disponibles para la venta en las páginas personales de sus autores, dentro del sitio web www.vocesdehoy.net Invitamos a los lectores a que visiten nuestro espacio online, para que conozcan un poco más sobre los referidos títulos, y a su vez puedan adquirir cualquiera de los mismos, de los cuales la crítica ha dicho: De Memorias de Abecedario: Esta obra de un condenado a muerte es uno de los testimonios más demoledores que se ha escrito sobre las cárceles cubanas, su autor no es un escritor ni un político y está escrito con esas virtudes.

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De Crónicas aldeanas: No pierdan la oportunidad de leer Crónicas aldeanas que, además de un buen libro de singulares historias y buena prosa, es la maravillosa premiere de un magnífico guión cinematográfico. De Un cementerio que agoniza: […] es un libro magnífico, escrito en estilo impecable, con rigor histórico, en lenguaje ameno, con la sagacidad del genio y la aplastante seguridad del vasto conocimiento.

Pedro Pablo Pérez Santiesteban. Holguín, Cuba, 1957. [Escritor y Periodista]. Estudió Licenciatura en Contabilidad y Técnica Periodística, en las Universidades de Holguín y de La Habana. Ha publicado varios libros de poesía, cuentos y novela, entre los que se encuentran: Detrás de la ventana y Lenguaje interno, (Poesía). En primera persona, (Cuentos). Frente al espejo y Amparo la hija de Jacinta y Recaredo (Novelas). Es Promotor Cultural y colabora con varias Revistas digitales e impresas de diferentes países como: Argentina, Venezuela, España, y Estados Unidos. Es Merecedor de varios reconocimientos; entre ellos el Premio de Poesía AG 2007. Actualmente dirige la Editorial Voces de Hoy y la Revista literaria digital, Entre Líneas.

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Revista Entre líneas  

Revista de literatura y cultura

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