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Opinión

SUPEREMOS EL PASADO Por: Karen Cure C. Representante por el Departamento de Bolívar.

L

uego de 100 años de luchas sindicales femeninas, de 84 de igualdad civil y otros tantos de aprender y enseñar en las aulas universitarias; después de 60 años de igualdad política legal entre varones y mujeres y de 25 años de vigencia de la Constitución Política de 1991, la “progresividad” no es, constitucionalmente, una plataforma que haga efectiva la Igualdad Real entre varones y mujeres. La “progresividad” es una manifestación anacrónica de discriminación negativa. ¿Cómo llegamos a esta situación que equivale a dar marcha atrás al reloj de la historia? No es raro que lleguemos a creer que el mundo que vivimos siempre ha sido así. Que siempre ha tenido las formas que asume frente a nosotros. Llegamos a creer, ilusamente, en su inexpugnabilidad porque, “como siempre ha sido así entonces, por igual razón, deberá seguir siéndolo”. La ignorancia acerca de los procesos, la falsa sensación de invulnerabilidad y el desprecio por el legado que recibimos de quienes nos precedieron, nos llevan a equivocar el camino, a repetir lo que otros hicie-

El derecho al voto que nos fue negado por el Congreso de 1949 alegando que la educación y la experiencia eran condiciones para participar en la formación del poder público, se cristalizó en el Acto Legislativo 003 de 1954 y se ejerció por primera vez en Colombia en el Plebiscito de 1957. ron, a volver al mismo lugar donde ya ellos estuvieron. Fue en 1948 cuando, respondiendo a las exhortaciones de la ONU para que se incorporara el voto femenino en todas las constituciones de América, el Partido Liberal Colombiano planteó el “avance progresivo” en el reconocimiento legal de los derechos de la mujer. Paradójicamente, aquella propuesta de avanzar de manera “lenta y segura” en la construcción de una igualdad política entre varones y mujeres, fue controvertida por el Partido Conservador que abogaba por un reconocimiento pleno de los mismos.

La convocatoria del Papa Pío XII, al término de la Segunda Guerra Mundial, que solicitaba a las mujeres para que votaran por el Partido Social Cristiano con el fin de impedir el avance del comunismo en Italia, explica este alinderamiento que devino, un lustro después, en la incorporación de las banderas sufragistas dentro del proceso social y político liderado por Jorge Eliecer Gaitán. Llegar a considerar la posibilidad de una igualdad plena entre varones y mujeres, supuso un largo camino en el que en los años 1920, el surgimiento de un proletariado femenino posibilitó conquistar mejoras salariales, vacaciones remu-

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Edición 192. Especial Mujeres de Exito I  

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