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Gestión Arte y Cultura

José Cirilo Henao J. EL BRILLO DE LAS ESCULTURAS DE CIRILO, ES DIFERENTE AL DEL METAL QUE LAS HABITA.

Germán A. Ossa E. Crítico de Arte Las piezas que el hombre construye en el aterrador silencio de su taller, cuando apenas entra la noche y este se dispone a bocetarlas en hojas de papel de diferentes calibres y colores, y con pedazos de lápiz con y sin punta, tienen una apariencia que desaparece, cuando ellas se hacen realidad. Hay en ese lapso de tiempo, una hermosa metamorfosis, que nadie ve ni se imagina. La distancia y los cambios que hay entre ese momento inicial y cuando ellas se ubican para siempre en el sitio que los usuarios les asignan, son inimaginables. Un escultor “ve” los sitios donde ellas, que sin hacerlas aún, van a estar ubicadas y muchos de nosotros, no imaginamos jamás sus ocurrencias, solo disfrutamos lo que han hecho, cuando ellas ya están en un pedestal, esperando que la lluvia las moje o simplemente que el viento las acaricie, o que la luz tenue de un puñado de sofisticadas y pequeñas bombillas le regalen millones de rayos, para exaltar sus brillos y sus formas, y destaquen sus recónditas profundidades, volúmenes y secretos. Unas incitan al sonido, otras, al afecto y otras, las más extrañas, invitan a la más insólita admiración o al silencio. La complicidad nace y crece con la aparición real de las obras escultóricas que ya ocupan un espacio en este mundo y que obvio, tuvieron su génesis en el cerebro de un artista. José Cirilo Henao tiene una ventaja por sobre muchos escultores en este mundo, y es esa que Dios le puso en bandeja de plata, sencillamente porque en la distribución de las sorpresas, le dio la fortuna de acompañar durante algunos años, al más grande de los escultores de nuestro país, pues con Don Rodrigo Arenas Betancourt, fue aprendiendo los secretos del bronce, los significados de los volúmenes, el valor del espacio que circunda la belleza y los de la belleza misma, con los objetos que nacen y crecen, al manipular los más variados y extraños metales que la naturaleza posee en su inconmensurable seno. Si bien el Maestro Cirilo no hace esculturas impresionantemente voluminosas, las pequeñas que conforman esa preciosa colección particular de su autoría, tienen la virtud de dominar el entorno

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Edición 201 Especial Mejores Administraciones I  

Revista El Congreso Edición #201

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