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UIERDA IZQ

núm. 2 julio 2011 $15.00 m.n.

Flavia Bonasso

Año I

Los desaparecidos de la guerra de Calderón Sobre los procesos revolucionarios del mundo árabe Explotación de mexicanos migrantes en Canadá

Cupón de descuento para ver a la Trouppe p. 24


SubVersiones / AACI


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ara prever una tormenta hoy no es necesario ser meteorólogo ni adivino. Hay nubes negras por todas partes: tortura, dinero, armas, muertos, drogas. La guerra desatada por la administración de Felipe Calderón ha cobrado ya 40 mil vidas y dejado al menos el doble de viudas y huérfanos —en español no existe todavía una palabra para referirse a quienes han perdido a un hijo, pero tal vez los mexicanos debamos inventarla en los próximos años. La industria de la droga, por su parte, florece cada vez más, sobre todo en las regiones en las que el Ejército ha salido a las calles a combatirla. Y es que en realidad no ha habido una guerra contra el narco, sino a favor de que el Cártel de Sinaloa domine a los demás. Toda esta sangre se ha derramado no para exterminar al crimen organizado, sino para que Chapo Guzmán lo controle. Eso no es lo peor: lo más grave de todo es que esta situación puede degenerar en una violencia mucho mayor en el próximo sexenio; una violencia que ya nadie pueda contener, y que finalmente obligue al gobierno mexicano a pedir la intervención de Estados Unidos. Hoy, todos los demás problemas de nuestra sociedad, juntos, son pequeños en comparación con esa amenaza que se cierne sobre nuestras vidas. La tarea más importante que tiene la izquierda en este momento es, por tanto, detener esta estúpida guerra. La buena noticia es que ya se ha encendido la chispa: se han realizado varias manifestaciones en diversas ciudades del país exigiendo terminar con la violencia. No sabemos si los inspiradores de este movimiento —el poeta Javier Sicilia, Emilio Álvarez Icaza y sus allegados— estén o no a la altura de la tarea que la casualidad ha puesto en sus manos; sólo sabemos que el día de hoy una parte de la sociedad está atenta a lo que hagan, y tiene sus esperanzas puestas en ellos. Debemos decir, sin embargo, que han tenido recientemente algunos problemas, que podrían hacer que sus esfuerzos se malogren. Al llamado de Javier Sicilia han acudido sujetos de orígenes muy diversos: una muy buena parte de ellos son individuos de clase media que nunca antes habían participado en manifestaciones públicas, que en general tienen una mala impresión de los partidos —y de toda la política en general—, y que se sienten identificados con este poeta cristiano indignado en contra de toda la clase política. También han llegado a este movimiento los partidarios de López Obrador y del SME, lo que evidentemente ha causado ciertos conflictos con el primer sector que hemos descrito. Se han sumado igualmente pequeñas organizaciones revolucionarias, que preferirían un movimiento en el que no participaran ni el obradorismo ni estos sectores de la clase media sin experiencia política.

editorial Para estos grupos es inadmisible que Javier Sicilia busque acuerdos con el gobierno que ha asesinado a sus parientes y amigos; para ellos no se trata de buscar la concordia, sino la lucha del pueblo en contra de un gobierno opresor. Lo que ha sucedido recientemente entre estos tres sectores es una muestra de lo que ha pasado siempre en la historia de la izquierda mexicana. El 10 de junio se organizaron en Ciudad Juárez nueve mesas de trabajo para construir el Pacto Nacional Ciudadano que enarbolaría este movimiento, y que, una vez terminado, Javier Sicilia firmó. Sin embargo, poco después él y la dirección del movimiento rechazarían el contenido de dicho documento, que recoge más bien las perspectivas del ala radical, que ha presionado a su dirección para definirse claramente en contra del gobierno de Calderón. Sicilia y sus amigos más cercanos han marcado claramente sus diferencias con ellos (Emilio Álvarez Icaza declaró incluso que se saldría del movimiento si las posiciones de estos grupos llegaran a predominar), reafirmando que buscan la concordia y no la lucha, y han dejado que se les deslicen también comentarios en contra de López Obrador, lo que ha causado bastante molestia entre los partidarios de este último. La situación es difícil para la dirección del movimiento, porque no puede ceder a las posiciones de ninguna de las tres partes sin perder a las otras dos. Y además porque, para ser honestos, los tres sectores son perfectamente legítimos y tienen parte de razón en lo que dicen y buscan. Consideramos que Javier Sicilia y Álvarez Icaza tienen la capacidad de llegar a acuerdos con los diferentes integrantes de su movimiento para mantener a todos en el mismo barco. Más aún, que tienen la responsabilidad de hacerlo, por el mero hecho de que un barco que se rompe se hunde, y porque de su llegada a buen puerto depende la suerte de más de 100 millones de personas. Si actúan con inteligencia, podrían desatar un movimiento ciudadano sin precedentes en la historia de nuestro país; un movimiento que detuviera la guerra, que hiciera posible no ya un proyecto alternativo de nación, sino cualquier proyecto de nación, el que sea. Esperamos que entiendan la responsabilidad que tienen en sus manos, y esperamos también que, como nosotros, muchas personas más acudan a su llamado, y busquemos juntos los acuerdos necesarios para sostener este movimiento y hacerlo crecer. Hoy no hay nada tan importante como eso.

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índice Los desaparecidos de la guerra calderonista

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SubVersiones/AACI

Explotación de mexicanos migrantes en Canadá 10 Entrevista con Andrea Gálvez

La tiranía de la mano invisible 18 Antonio Álvarez

Javier Torres Cruz: Crónica de un asesinato anunciado

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Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad

Los derechos laborales 14 de los futbolistas Carlos de Buen Unna

El laberinto del gato

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Jaime Ortiz

Sobre los procesos revolucionarios del mundo árabe

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Entrevista con Julien Salingue

Se permite la reprocucción de los textos y el material gráfico de esta revista siempre y cuando se cite la fuente. Certificados de licitud de título y contenido, y de reserva al uso exclusivo del título, Instituto Nacional del Derecho de Autor, en trámite. Editor responsable: Antonio Álvarez. El Comité Editorial de la revista Izquierda no coincide necesariamente con las opiniones vertidas en todos sus artículos. Hemos decidido que sea un espacio para el diálogo entre diversas tendencias políticas de izquierda, porque promovemos su unidad independientemente de sus diferencias.

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La democracia del stunam

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René D. Jaimez

directorio

Director: Antonio Álvarez antoniodemayo@gmail.com Distribución: René D. Jaimez renejaimez@comunidad.unam.mx Información: Arlen Pimentel stellarojax@gmail.com Publicidad: Beleguí Vicente Salcedo vsbele@hotmail.com Diseño Editorial: Flavia Bonasso

Síguenos en: “Revistae Izquierda” Correo electrónico: revizquierda@gmail.com Tiraje: 10 000 ejemplares

Periodicidad: mensual


Los desaparecidos de la guerra calderonista SubVersiones/Agencia Autónoma de Comunicación Independiente Todas las entrevistas fueron recabadas en la marcha del 8 de mayo del Movimiento “Estamos hasta la madre”

Si vuelves, te espero en esta hamaca donde quedan aún nuestras risas inconclusas. Hermano, si vuelves torturado y perdedor estaré en el portón aguardando los pasos. Si es que no puedes retornar, si tus sueños aniquilaron, si desapareciste tras un manto de ironías, seguiré esperándote en la vieja hamaca donde no existen los olvidos. Gustavo Tisocco

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Derechos

Humanos (cndh), desde el 2006 hasta hoy, es decir, desde que Felipe Calderón preside el gobierno del país, hay 5 397 personas desaparecidas. Dos tercios hombres, casi siempre jóvenes, y un tercio mujeres. Por motivos políticos, trata de personas y guerra con el narcotráfico. A esto se suman los 11 300 secuestros de migrantes ocurridos en seis meses (de abril a septiembre de 2010), según afirma la cndh en su informe sobre el 2010.

El destino de muchos de ellos ha sido, sin embargo, la muerte. Aunque ni siquiera esto puede ser una certeza para sus familiares. En el 2009 un miembro del cártel de los hermanos Arellano Félix confesó que había disuelto en ácido a por lo menos 300 personas. En abril pasado un sicario de 20 años, capturado a raíz de la “Matanza de Tamaulipas”, confesó haber participado en 200 asesinatos. Así, hay muchos más casos escalofriantes. Se han encontrado cada vez más exhumaciones clandestinas —las llamadas narcofosas— en Michoacán, Sinaloa, Nuevo León y Guerrero. En San Fernando, Tamaulipas, se hallaron ocho fosas en las que se encontraron 183 cadáveres, y recientemente en Durango se han hallado 180 cuerpos. La mayoría no han sido identificados.

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Miles de padres desesperados buscan a sus hijos

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Cientos de familiares recuerdan el último día en que vieron a su ser querido con vida, lo último que les dijo, qué es lo que llevaba puesto antes de ser desaparecido. Los “levantados” por grupos armados (soldados, sicarios o policías) de los que nadie vuelve a saber, los que salen en su automóvil con un destino al que jamás llegaron, los que simplemente no vuelven a ser vistos después del trabajo, todos los mexicanos que de un momento a otro no aparecen, son claramente los desaparecidos de la guerra de Calderón. En la mayor parte de los casos se trata de jóvenes trabajadores sin ningún vínculo con organizaciones criminales. Son también periodistas, empresarios o mujeres y hombres que se defienden del abuso o que buscan justicia. Son “cualquiera”, pero no un número más en las estadísticas de muerte, sino cualquiera con nombre y apellido. “Es la suerte”, se suele decir en algunos lugares del norte del país. Salir de una fiesta, visitar a los padres en Torreón, ir de vacaciones a Monterrey, estar en el lugar y la hora equivocados. Vidas y familias mutiladas, despertar de un día a otro en una pesadilla interminable. ¿Cuestión de suerte?, ¿cosa del azar? Violencia y dictadura, encubiertas o evidentes, son los hilos recurrentes que tejen la historia de toda América Latina. Advertencia, control, terror con fines de poder, que pronto pierde cualquier tipo de escrúpulo. Hace sólo unos años “bastaba con no meterse” —eso se decía en México—, ahora ya nadie se salva; la impunidad es tanta que los criminales —de ambos bandos— ahora secuestran, roban, mutilan, torturan y asesinan sin ningún reparo. El riesgo se va extendiendo a toda la sociedad. Se trata de un terrorismo en el cual no es fácil identificar la línea divisoria entre los bandos en guerra y la sociedad civil; entre el terror provocado por el crimen organizado y el terrorismo de Estado. Este último, debe enfatizarse, también es uno de los detonadores de la guerra contrainsurgente que también están desplegando Calderón y los gobiernos estatales contra organizaciones sociales y movimientos de resistencia en Chiapas, Guerrero, Oaxaca y otros estados.

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El duelo negado: “es un calvario lo que se vive” “Los que se quedan” son quienes los lloran, quienes los buscan, quienes los sueñan y los esperan. Pero no sólo eso, son los que tienen que pasar por un vía crucis jurídico, plagado de corrupción, irregularidades y maltratos. Los familiares de los desaparecidos pasan de la denuncia a las investigaciones que no llevan a ninguna parte; de la soledad en busca de justicia —y en contra del sistema de “justicia”— a la persecución, al exilio e, incluso, a la muerte. Venimos (a la marcha) para que el gobierno vea que aquí seguimos. Hace ya más de un año que el Ejército secuestró a mi familia: Nitza Paola Alvarado, de 31 años; José Angel Alvarado de 30, y Rocío Irene Alvarado de 18. Ellos fueron secuestrados el 29 de diciembre de 2009 por elementos del Ejército en el ejido Benito Juárez, Chihuahua. Así que llevamos ya más de un año buscándolos, exigiéndole al gobierno que nos los regrese. No ha hecho absolutamente nada. El caso ya está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Lo último que hicimos fue pedir ante la onu que la investigación no la llevaran los militares, sino que fuera una autoridad del fuero común. Cuando hicimos esa petición, este año, nos dieron 12 horas para que abandonáramos Ciudad Juárez. Hablaron por teléfono para avisarnos que teníamos 12 horas, que ya cerráramos la boca, que ya la habíamos abierto mucho. Y pues abandonamos Ciudad Juárez, abandonamos las casas, los trabajos, los niños dejaron las escuelas, y hasta ahorita estamos escondidos, varios miembros de la familia no quisieron venir por temor. Y pues no se vale que las víctimas seamos las que tenemos que estar escondiéndonos, huyendo del propio gobierno, cuando los criminales son ellos. No vamos a parar hasta que el Ejército nos diga dónde está mi familia. Sabemos que es el Ejército, ya tenemos el nombre del capitán que llevó a cabo la detención, está la aceptación de otro militar del 35º Batallón de Nuevo Casas Grandes, con cargo A Mayor, que él acepta, pero aun así el gobierno no hace nada contra los responsables. Puede encontrarse el texto completo en agenciasubversiones.com


Juventudes truncadas No son pocos los familiares que, desgarrados por la pérdida de sus seres queridos, se ven obligadas a huir, pues quedarse en muchos casos significaría la muerte. Al momento sería difícil documentar la cantidad de personas que han abandonado sus lugares de residencia huyendo de las amenazas y de la violencia extrema que se vuelve insufrible. Las familias Alvarado, López Alonso, Chavana Leal, Garza González, Treviño Rodríguez, Moreno León, Otero, Mercado Ortega, Fernández, Medina Enríquez, Rojo Martínez y miles más, no han podido tener la paz del luto. En medio de la desesperación y el dolor, con el nudo en la garganta convertido en piedra, los padres y las madres buscan a sus hijos, peregrinando entre la podredumbre de los laberintos judiciales, en los que no sólo no hay soluciones, sino que hay más dudas y coraje, luego esa incertidumbre que se convierte en impotencia. “Que por lo menos me devuelvan a mis hijas”, dice el padre de la familia Castro Campillo, originario de Jalapa Veracruz, con la voz quebrada y tras las gafas oscuras que resguardan ese dolor que, de tan grande, no es posible expresarlo con palabras. A su mujer y a sus hijas se las llevaron el 6 de enero de este año y hasta la fecha no sabe nada de ellas. ¿Qué dicen las autoridades? “Nada, absolutamente nada. Y aprovecho este espacio para poder mandar un mensaje a estas personas, para que me las regresen, que me las regresen sanas y salvas. Creo que se lo merecen, salen de la escuela, apresuradas para poder incorporarse en la vida productiva, y no se vale que pase esto”. Muchos de los familiares han tomado en sus manos la investigación, e incluso llegan a saber quiénes son los responsables. El padre de José Mario Moreno, de Ciudad Obregón, Sonora, va denunciando el caso de seis jóvenes desaparecidos —entre ellos su hijo—, mostrando una pancarta con sus retratos y cargando una copia del expediente completo. Las autoridades —dice— lo que han hecho es hacerse pendejas, nada más. Tengo un hijo que está desaparecido, Jorge Mario Moreno León, junto con dos amigos suyos, Giovani Otero y José Francisco Mercado Ortega. Mario Medina Enríquez murió la misma noche que los corretearon y los balacearon saliendo de un antro, el día primero de julio del 2010. Yo hablé

con los secuestradores, le hablaba a Jorge Mario y me contestaban ellos; ya al último me lo pasaron para que me despidiera, y ya no volví a saber nada de él. Después de la balacera mi hijo se escapa y va a dar a un pueblito, entra en un Oxxo y en las cámaras se ve cómo entran los sicarios a comprar ahí, se salen y luego vuelven a entrar pero ya armados. Entonces lo sacan, lo esposan y se lo llevan. Sale en las cámaras, grabado, pero el Ministerio Público se hizo pendejo; yo solicité por medio oficial los videos para que no se fueran a extraviar o borrar. ¿Y sabe qué hicieron los del Ministerio Público del fuero común? Hicieron pedazos la evidencia, la desaparecieron. Cambiaron de Ministerio Público a los tres días de que pusimos la denuncia, y hasta la fecha no me han querido contestar. O sea, ellos ya saben quién fue. Fueron los policías los que hicieron esto, los policías levantaron a mi chamaco. Por si fuera poco, a la negativa de respuesta por parte de los aparatos de impartición de justicia, sigue la difamación de las víctimas: “Luego dijeron que los muchachos andaban mal, que eran gente de los Beltrán Leyva, y que uno de ellos era hijo de un capo, pero Mario Enrique Díaz era hijo del doctor Díaz, el director de salud de ahí de Hermosillo, y el papá de José Francisco Mercado es don Goyo, que vende tacos de canasta dentro de la Universidad.”

Cierren la boca Ante esta vorágine de guerra y sangre, algunas respuestas surgen desde la sociedad, que no tiene a nadie a quién recurrir, mas que a ella misma, para no ser espectadora y víctima inerme de los asesinatos. La resistencia de las comunidades purépecha de Cherán en Michoacán y la defensa armada parcialmente exitosa de vecinos de Zacatecas ante el narco, son signos dramáticos pero importantes de esta ya “guerra civil” que se está viviendo, pero también de las iniciativas y respuestas de autodefensa y autoorganización de la gente. Por el contrario, la respuesta gubernamental a la desesperación es tajante y ya conocida: cierren la boca. Y entonces ¿cómo se sale de la pesadilla?, ¿cómo se curan las heridas?, ¿cómo se sigue viviendo? Miles de madres, padres, hermanos, que no tienen un nombre que importe a los medios nacionales e internacionales —la mayoría—, quedan anónimos en medio de su dolor, en medio de su búsqueda y del llanto ahogado que provoca la impotencia. La herida no puede cerrar; por el contrario, la impunidad hace las heridas dolientes e interminables, no hay luto posible.

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Nacional

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Javier Torres Cruz: Crónica de un asesinato anunciado

Un caso de complicidad entre el cacique y narcotraficante Rogaciano Alba, los paramilitares, el Ejército y el gobierno

Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad

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n el estado de Guerrero hay una gran tradición de lucha social; muchas generaciones han defendido su derecho a la educación, a la tierra y a una vida digna. Pero el gobierno las ha reprimido. Mediante la acción de grupos policiales, militares y paramilitares, ha buscado instalar el terror en la mente y los corazones de los guerrerenses, con el fin de que renuncien a su decisión de organizarse. El día 18 de abril Javier Torres Cruz, líder campesino ecologista, fue asesinado por un grupo de sicarios llamados los Arreola, paramilitares al servicio del cacique y narcotraficante Rogaciano Alba Álvarez. Muchos sucesos violentos vivieron Javier Torres y su comunidad, La Morena, antes de que él fuera alcanzado por los matones. Javier Torres Cruz, como muchos otros campesinos, se transformó en luchador social al darse cuenta de la necesidad de organizarse para defender su tierra. Comenzó con una coordinación comunitaria en la lucha contra los incendios forestales, y posteriormente se formó en la Organización Campesina Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán (ocesp). Durante este tiempo, los sicarios de Rogaciano Alba (ex alcalde de Petatlán y ex dirigente de la Unión Regional Ganadera del Estado de Guerrero) asesinaron y persiguieron a ecologistas, como Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera. Uno de los principales objetivos de este hostigamiento era, y sigue siendo, expulsar a las comunidades campesinas de la zona para apropiarse de su

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tierra, por lo que las incursiones de militares y sicarios fueron en aumento; la resistencia de Javier Torres y su organización por permanecer en sus tierras se convirtió en cuestión de supervivencia. La persecución contra Javier Torres y su familia se hizo aun más intensa en 2007, cuando él y su hermano Isaías denunciaron ante la pgjdf a Rogaciano Alba como presunto autor intelectual del asesinato de la defensora de derechos humanos Digna Ochoa y Plácido. Digna Ochoa fue defensora de los campesinos ecologistas Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, quienes fueron detenidos y torturados para conseguir que firmaran una confesión por portación de arma de fuego exclusiva del Ejército y delitos contra la salud. En 2001 Digna fue encontrada muerta en su domicilio. Aunque se pretendió que fue un suicidio, hay razones de sobra para pensar que se trató más bien de un crimen de Estado. En 2008 Javier Torres fue detenido en un retén militar por miembros del 19 Batallón de Infantería y entregado a sicarios de Rogaciano. Resulta evidente la relación y complicidad de las fuerzas militares con el narcotráfico. Afortunadamente, Javier logró escapar y volver a su comunidad, aunque en un estado de salud deplorable, luego de 10 días de tortura y amenazas. Esta detención-desaparición fue documentada por varias organizaciones de derechos humanos, entre ellas la Comisión de Defensa de Derechos Humanos del Estado de Guerrero (coddhum), que solicitó medidas cautelares al gobierno estatal para garantizar la seguridad de Javier Torres y su familia.


También se denunció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (cidh), que solicitó al gobierno que le informara sobre la situación de seguridad de Javier y su familia. Los gobiernos federal y estatal se limitaron a emitir tales recomendaciones por escrito, sin que se diera el debido acercamiento a Javier o a su familia, por lo que realmente nunca se logró garantizar su seguridad. Ambos niveles de gobierno se negaron a que la cidh implementara ella misma alguna medida cautelar, argumentando que ellos ya lo habían hecho. Durante 2009, la comunidad de La Morena fue invadida por elementos del Ejército al menos en seis ocasiones, en las que golpearon a mujeres y niños, robando algunas de sus pertenencias e interrogándolos, bajo amenaza de muerte, sobre el paradero de Javier Torres. Estas violaciones a derechos humanos fueron puntualmente denunciadas, pero el Estado no asumió la responsabilidad correspondiente. El 16 de febrero de 2010, algunos elementos del Ejército volvieron a subir a la comunidad y encontraron a varios de sus pobladores trabajando en el campo. Les dispararon sin mediar palabra: así fue asesinado Adolfo Torres Rosas y quedó herido Isaías Torres Rosas (ambos primos de Javier). Además de eso detuvieron a Anselmo Torres Quiroz (abuelo de Javier) y a Húber Vega Correa (amigo de la familia), quienes permanecen hasta el día de hoy presos en el penal de Acapulco por presuntos delitos contra la salud. Estos hechos fueron denunciados y actualmente está abierta una investigación en el Ministerio Público Militar para deslin-

dar responsabilidades y sancionar a los militares que dispararon por la espalda a un grupo de hombres y mujeres campesinos desarmados. Contra Anselmo y Huber se han dictado sentencias de 9 y 11 años de prisión, respectivamente. El 18 de abril un grupo de sujetos armados emboscó y atacó a Javier Torres, quien transitaba en compañía de su hijo por el Puerto de la Mosca. A pesar de que la familia solicitó la intervención de la Policía Estatal para impedir ese crimen, ésta no respondió, con el argumento de que no quería meterse en problemas. Los responsables de la muerte de Javier Torres no son sólo los sicarios y el cacique y narcotraficante Rogaciano Alba; también lo son el gobierno federal y el estatal, por no haber actuado adecuadamente para garantizar la seguridad de Javier y su familia, y no haber aceptado que la cidh implementara las medidas cautelares pertinentes, con lo que ocasionaron este terrible desenlace. Este asesinato no debe quedar impune. Los gobiernos federal y estatal tienen el deber de: • • • • •

Mónica Mexicano / CCTI

Aclarar las atrocidades cometidas por los sicarios del cacique y narcotraficante Rogaciano Alba Álvarez desde su inicio. Sancionar los abusos militares que se cometen en la sierra de Petatlán desde hace muchos años. Detener y condenar a los homicidas de Javier Torres. Investigar la responsabilidad de Rogaciano Alba (hoy preso en el penal de máxima seguridad del Altiplano) como autor intelectual del asesinato. Detener la persecución contra la familia Torres Cruz y garantizar su seguridad e integridad física y psicológica. Liberar a Anselmo Torres y Húber Vega.

Solicitamos a la población su solidaridad participando en la acción urgente que podrán encontrar en el siguiente link: http://www.espora.org/limeddh/spip.php?article525

¿Qué es una acción urgente? Una acción urgente es un documento divulgado por cualquier ciudadano u organización de defensa de los derechos humanos para dar a conocer a la opinión pública, a las autoridades del gobierno competentes y a los medios de comunicación, violaciones de derechos humanos y/o del derecho internacional humanitario, con el fin de obtener respuestas inmediatas frente a las solicitudes realizadas en dicha acción. Se caracterizan porque las situaciones o acontecimientos que se describen en ellas pueden ser prevenidos o contrarrestados (amenazas, hostigamientos, desapariciones forzadas recientes, retenciones, posibilidades de que un detenido sea torturado o muera a raíz de una enfermedad no tratada) por la presión obtenida con la oportuna intervención de la población civil y de organismos defensores de los derechos humanos.

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Nacional

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Sobre los procesos revolucionarios del mundo árabe

Internacional

Entrevista con Julien Salingue*

¿Considera usted que los eventos actuales del mundo árabe tienen un origen común?

La irrupción en la escena política y social de centenas de miles de tunecinos, seguidos por millones de egipcios, y rápidamente continuada por diversos movimientos en otros países árabes, revela procesos de cambio profundos que agitan las sociedades del mundo árabe y de todo el planeta. La expresión política del rechazo a las dictaduras se combinó con la expresión social del rechazo a las consecuencias de décadas de políticas económicas neoliberales, agravadas por la crisis. En estos países había tasas de crecimiento elogiadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pero ya no se podía esconder más que se basaban en el considerable enriquecimiento de pequeñas élites a costa de la inmensa mayoría de la población. Campesinos que ya no podían vivir de su trabajo, obreros mal pagados por compañías multinacionales, jóvenes titulados condenados al desempleo o al subempleo de supervivencia, se encontraron confrontados al alza vertiginosa de los precios de la canasta básica y sujetos a la especulación, al deterioro de las condiciones de vida, a la ausencia total de perspectivas, a la caí-

Los aparatos de represión de estos países estaban habituados a aplastar a una minoría de opositores identificados, pero no sabían qué hacer contra un movimiento de masas dispuesto confrontar el poder hasta sus últimas consecuencias.

¿Qué rasgos comunes comparten los diferentes movimientos que han sacudido recientemente al mundo árabe?

Si el origen de estos eventos debe ser buscado ante todo dentro de la esfera económica, me parece que el “rasgo común” dominante es de orden cultural. Lo interesante en las movilizaciones multitudinarias de Túnez y Egipto, y lo que explica probablemente la determinación y el valor admirables de los manifestantes de todos los países donde se están dando las revueltas populares, es la reconquista de una dignidad golpeada por décadas de humillación, derrotas e impotencia. La memoria común compartida por los pueblos árabes había sido profundamente afectada por una serie de fracasos que vienen desde la derrota de 1967 frente a Israel y llegan hasEn Túnez, como en Egipto, los movimientos populares que expulsaron ta la agresión imperial en contra de Irak, en la que participaron numerosos regímea los dictadores a inicios del 2011 fueron precedidos por fuertes movines árabes. lizaciones obreras que habían logrado organizar huelgas generales Los progresistas se enfrentaban a la idea generalizada de que los pueblos árabes no habían conocido nunca, ni conocerían, otra cosa que da en la pobreza y a un sentimiento de humillación reforzado fracasos, y que sus dirigentes eran todos de una manepor el comportamiento arrogante de una élite exclusivamente ra o de otra “cómplices”, “colaboradores”. Este candapreocupada por su enriquecimiento. do mental estalló gracias a la experiencia práctica de la En Túnez, como en Egipto, los movimientos populares que fuerza y de la dinámica de la movilización popular. expulsaron a los dictadores a inicios del 2011 fueron preceOtro rasgo común —decisivo para todos los que didos por fuertes movilizaciones obreras que habían logrado compartimos la convicción de que estas revoluciones organizar huelgas generales,1 aunque limitadas a ciertas regioapenas comienzan y que la emancipación completa no nes (en 2008 en la meseta de Gafsa en Túnez, y en Mahalla el será posible salvo por un cambio profundo del sisteKoubra, en la meseta del Nilo en Egipto). ma— es el rol central de la lucha de la clase trabajadoEn estas condiciones, la exigencia de democracia, presentara para lograr la primera victoria, que es la partida del da por una juventud cada vez más educada y abierta al mundo dictador todopoderoso. gracias a los medios de comunicación e información moderEn los procesos revolucionarios tunecino y egipcio nos (como el Internet), tomó la forma de un choque frontal se combinan desde luego diversas tendencias y perscontra sus gobiernos. pectivas: para algunos lo más importante es la oposición al dominio imperial de Occidente; para otros, la exigencia de democracia; otros más hacen reivindica1 La huelga general es un paro de labores de toda la población de una ciones sociales e igualitarias. La influencia respectiva región o país, como medida de presión política al gobierno en turno.

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de cada una de estas corrientes varía según el país y el grado de desarrollo alcanzado por la lucha popular. Pero los ejemplos de Túnez y de Egipto mostraron que en algún momento la fuerza alcanzada por el movimiento no podía avanzar mas que por medio de una huelga general capaz de paralizar el país y, por lo tanto, de atentar contra el núcleo de los intereses de los grandes empresarios locales y extranjeros. Se demostró, pues, que la lucha en contra de las dictaduras tenía que llevar al movimiento todavía más lejos: hacia un enfrentamiento con el capital mismo. En Egipto, por ejemplo, la huelga general lanzada el 9 de febrero permitió articular las reivindicaciones sociales con las reivindicaciones por las libertades democráticas, y dar así el tiro de gracia al régimen de Moubarak.

¿Cuál es el futuro previsible del mundo árabe?

No tengo la intención de prever los eventos futuros de un proceso en curso, pero puedo señalas ciertas tendencias. La fuerza del movimiento iniciado por los pueblos tunecino y egipcio excluye la hipótesis de un retorno a la “normalidad”, es decir, el simple remplazo de dictadores por regímenes supuestamente democráticos encargados de proseguir las mismas políticas por medios más conformes a los estándares occidentales. En Túnez, la agitación social mantenida y la fuerza del debate democrático atestiguan el mantenimiento de una dinámica revolucionaria que perdura aun después de la partida del dictador Ben Ali y de la caída de dos gobiernos posteriores a su fuga. A pesar de este fenómeno no debemos perder de vista la existencia de una auténtica tentativa contrarrevolucionaria bajo el impulso de Arabia Saudita, que tuvo una primera victoria reprimiendo duramente el movimiento popular democrático de Barein. En Libia, la insurrección popular inicial amenaza con transformarse en una guerra civil basada en la división territorial creciente, alimentada por las maniobras de los países occidentales. La situación de los distintos países árabes no es igual, aunque existen rasgos comunes. La profunda miseria que sufren las masas en Yemen no tiene equivalente en Qatar. La cólera popular del pueblo egipcio se alimentaba también del rechazo a la complicidad de Moubarak con Israel en la invasión de Gaza, mientras que los sirios protestan contra el régimen dictatorial de Assad y por mejores condiciones de vida. Las movilizaciones son señales fuertes de un despertar árabe. Esto sólo es el primer capítulo de un proceso que conocerá éxitos y fracasos, pero lo esencial el día de hoy es reconocer que se ha puesto en marcha un movimiento de naturaleza revolucionaria. Por primera vez en décadas, los vientos vuelven a ser favorables para las ideas de libertad; ahí donde algunos sólo veían futuro para los fundamentalistas islámicos o los discípulos árabes de los neoliberales occidentales. Esta ocasión histórica no debe desaprovecharse.

¿Cómo reaccionarán las potencias occidentales?

Las potencias occidentales necesariamente se opondrán a los movimientos populares. Las declaraciones hipócritas de apoyo a las exigencias democráticas de los pueblos en rebelión contra las dictaduras no deben engañarnos. Quienes las pronuncian son los mismos que desarrollan políticas racistas contra los musulmanes, que aplican políticas de austeridad contra los trabajadores pobres de los países que dirigen, que quieren hacer pagar a los pueblos las deudas contraídas por los dictadores, y que quieren cerrar sus fronteras a los refugiados víctimas de

las políticas del fmi y del Banco Mundial, particularmente en África. Ya sea que se trate del petróleo, de las bases militares estadounidenses o de la importancia estratégica del Medio Oriente, las potencias occidentales son directamente contrarias a estos pueblos. La lenta destrucción de Irak, la intervención armada en Libia, la complicidad con el régimen ultrarreaccionario de Arabia Saudita, la defensa incondicional del Estado de Israel, son los verdaderos indicadores de las intenciones de los dirigentes occidentales. Los regímenes que ellos apoyaban tenían la vocación de controlar y reprimir a los pueblos árabes víctimas de estas políticas, y todos los dictadores eran tolerados siempre y cuando cumplieran este mandato de Occidente. La irrupción de estos grandes movimientos sociales es un obstáculo mayor al mantenimiento de la política de dominación neocolonial. Las potencias occidentales intentarán detener el movimiento para poder desarrollar una estrategia alterna.

¿Qué repercusiones podrían tener estos eventos en América Latina?

Al no ser un especialista de América Latina, evitaré hacer pronósticos riesgosos. Creo sin embargo que, desde un punto de vista general, y esto es cierto para cualquier otra región del mundo donde se desarrolla una lucha por la emancipación, cada uno debe aprender de los procesos revolucionarios reales, vivos y por lo tanto observables. Por medio de sus luchas y movilizaciones, los pueblos tunecino, egipcio y de otros países vuelven a dar vida a hipótesis planteadas a la luz de experiencias históricas precedentes. Todas las discusiones sobre la articulación de las reivindicaciones sociales y democráticas; sobre las alianzas políticas para fortalecer el movimiento social; sobre la construcción de sindicatos independientes y de grandes partidos progresistas e incluso revolucionarios… se encuentran puestos sobre la mesa, sujetos a la discusión de millones de personas que avanzarán por la experimentación práctica y no solamente por el debate teórico de algunas minorías depositarias de las lecciones de la historia. No digo esto para disminuir el lugar de la teoría ni de la historia, ni el rol esencial de los partidos, pero en estos momentos en los que la historia ya no se cuenta, sino que se escribe a diario en la lucha, el rol de los progresistas es participar plenamente en el movimiento para aprender y también para ayudarlo a que avance en la dirección correcta. En Europa teníamos la costumbre de tener los ojos puestos sobre las experiencias de Bolivia, Venezuela, Brasil, etcétera. Ahora podemos también aprender de los procesos revolucionarios actuales en el mundo árabe. Quizá los progresistas de América Latina también puedan sacar provecho de eso. * Profesor de ciencias políticas y estudiante de doctorado en la Universidad París 8. Su tema de investigación es el movimiento nacional palestino y la situación política, social y económica de Cisjordania y Gaza.

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Explotación de mexicanos migrantes en

Canadá

Entrevista con Andrea Gálvez

En México se cree en el mito de que Canadá es un país que pudo enriquecerse sin explotar a sus trabajadores ni aprovecharse de naciones más débiles. En ese sentido, se le ve como el opuesto de Estados Unidos; como un modelo de lo que deberían ser los países ricos. Y ésa es también la idea que tienen muchos canadienses sobre su propio país. Tú fuiste una trabajadora migrante en Canadá, y después has colaborado por años en una asociación que defiende a los migrantes mexicanos y guatemaltecos en ese país. Desde esa posición, ¿qué podrías decirnos al respecto?

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reo que el mito de Canadá como un país que respeta los derechos humanos y laborales está basado un poco en su aislamiento geográfico, pero también cultural y mediático. En realidad, desde hace dos siglos la economía canadiense se ha construido sobre la explotación de mano de obra cautiva en ciertos sectores de la economía, principalmente en el campo. A principios del siglo xx, por ejemplo, en las granjas se empleó a huérfanos británicos, a quienes se daba sólo casa y comida; posteriormente se trabajó en condiciones similares con prisioneros de guerra alemanes y japoneses, con veteranos polacos, e incluso hasta muy recientemente con prisioneros del fuero común. Y más tarde, claro, con trabajadores migrantes del Caribe, México y América Central. Lo curioso es que esta explotación no es ilegal. Se hizo toda una construcción jurídica de programas especiales para la contratación de ciertos grupos, y además la sociedad lo considera algo legítimo. Eso se debe en cierta medida al racismo, pero no solamente. Se piensa: “son distintos a nosotros, el nivel de vida de sus países es con mucho inferior al de la sociedad canadiense, y deberían estar agradecidos de trabajar en estas condiciones, que yo no aceptaría, pero que cualquier persona de su país, en su lugar, desearía tener”. Si se menciona que un migrante mexicano gana la mitad o 70% del salario de un canadiense, la típica respuesta es “sí, pero en México recibiría la décima parte”. Esta historia viene de más atrás. Un buen ejemplo de eso es el ferrocarril transcanadiense —permitió la unificación de todas las provincias de ese país, la comunicación de costa a costa—, que se construyó con mano de obra asiática. Se importaron miles de trabajadores que dejaron prácticamente la vida en esa labor, pero que al terminarla fueron expulsados; tenían sólo un permiso de trabajo temporal. Hay varios ejemplos

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más de eso en la historia de Canadá. La línea de análisis básico es la creación de categorías de trabajadores de segunda clase, con los que el canadiense promedio no se identifica, y que son destinados al trabajo más peligroso, difícil y peor remunerado de la economía. ¿Cómo opera actualmente esta forma de explotación sobre los trabajadores mexicanos? El día de hoy alrededor de 16 000 campesinos mexicanos viajan a ese país dentro del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales México-Canadá. Se trata de un programa legal y legitimado socialmente, de acuerdo con el cual cada trabajador firma un contrato privado de trabajo temporal con el empleador, pero que al mismo tiempo está suscrito en un memorándum de entendimiento firmado por los gobiernos de México y Canadá. Si uno lo lee, parece un buen contrato, pero a la hora de su aplicación nos enfrentamos a varios problemas. En primer lugar, el estatus migratorio de los trabajadores les impide acceder a infinidad de instituciones y agencias encargadas de proteger sus derechos; a eso se suman la barrera del idioma y el aislamiento cultural y geográfico. Llegan a comunidades rurales con muy poca población hispana. No hay coherencia en los programas para facilitar a los migrantes el acceso a las instituciones que los protegen. En una ocasión a mí me tocó, por ejemplo, pasar horas explicándole a una enfermera de Quebec que el trabajador accidentado al que llevé al hospital sí tenía derecho a que lo atendiera. Y eso fue un caso excepcional, pues normalmente no tienen a nadie que los ayude. Los gobiernos provinciales no están obligados a proporcionar ni información ni servicios en español, y esto provoca que en los hechos, por muchos derechos que tengan los trabajadores, no los pueden ejercer. En segundo lugar, y esto es tal vez lo más importante, los trabajadores llegan a Canadá con permisos de trabajo cerrados, lo que quiere decir que sólo pueden trabajar para un patrón, y que,


si el contrato se rompe, deben regresar a su país —su permiso de estancia depende directamente de su permiso de trabajo—. Esto permite muchos abusos, porque el trabajador está cautivo. Por ejemplo, si uno de ellos es despedido de manera injustificada, tiene el derecho de defenderse de manera legal, y tendría todas las de ganar, pero como tiene que regresar a su país las posibilidades de ganar un juicio desaparecen. En más de 37 años del programa, no ha habido un solo caso de un mexicano que presente una querella y la gane ante un tribunal canadiense estando en México. Peor aún, los consulados no han presentado hasta la fecha ninguna demanda por despidos injustificados. Con más de 350 000 trabajadores que han viajado a Canadá desde 1974, esta ausencia de procesos da miedo. El hecho de que los permisos de trabajo temporal sean cerrados, se traduce directamente en una incapacidad de negociar de tú a tú las condiciones laborales. Los trabajadores que han estado indocumentados en Estados Unidos y viajan a Canadá resumen muy bien esta diferencia: “en Canadá, si te toca buen patrón, ya la hiciste. Si te toca uno malo, no puedes hacer como en Estados Unidos: agarrar tus chivas e irte. Te aguantas o te aguantas, y si no te parece, hay miles de campesinos esperando tu lugar”. En el caso de trabajadores enfermos o accidentados, año con año asistimos cientos de casos de campesinos que no recibieron la atención médica necesaria, ya fuera por negligencia del empleador o del personal consular. Si bien las condiciones del contrato incluyen seguro médico en caso de enfermedad natural o accidente laboral, el proceso de reclamación recae enteramente, por cuestiones lingüísticas y migratorias, en el criterio de los agentes de enlace, y no en la validez de la reclamación del trabajador ante el seguro. A esto se añade la práctica de recomendar sistemáticamente al migrante que regrese a su país para “recuperarse”. Una vez en México, la protección del seguro médico general se reduce en monto y tiempo, pasando de un límite de 50 000 dólares a uno de 3 000, con una duración máxima de un mes. El consulado requiere el consentimiento del trabajador para autorizar su repatriación, con lo que se exime de responsabilidades tanto al empleador como a la Secretaría de Relaciones Exteriores. El problema es que este consentimiento rara vez está fundamentado en una información completa. Año con año tenemos, entonces, casos de trabajadores que se accidentaron a los que el consulado les dijo “te puedes re-

gresar a México, ahí te vamos a atender, nos vamos a encargar de ti”. Al dejar Canadá y firmar ese documento, pierden una buena parte de sus derechos ante los seguros que los protegían; al llegar a México lo que se les ofrece es un pase para los servicios públicos de salud, que cubren en el mejor de los casos la atención médica —que el trabajador hubiera tenido de todos modos en Canadá—, pero el trabajador se queda sin su ingreso. En Canadá no sólo tiene derecho a la atención médica, sino también a 90% de su salario mientras no pueda laborar, y hasta su recuperación. Esto muestra la complicidad de los consulados mexicanos y la Secretaría del Trabajo con los granjeros y las autoridades canadienses para imposibilitar el ejercicio de los derechos que tienen los trabajadores mexicanos migrantes en Canadá. Nosotros hemos intentado que los trabajadores regresen para continuar con los trámites legales corres­pondientes, pero ya no se les da la visa. Si bien esto es responsabilidad completa del gobierno canadiense, nuestras autoridades no han planteado este problema durante las negociaciones anuales. Esto es una violación de sus derechos humanos. ¿De qué casos de abuso has sido testigo? Puedo mencionar el caso del trabajador Andrés Rosas Salazar, originario del Estado de México. Él tuvo un accidente de trabajo en el 2007; se hizo una hernia umbilical cargando tarimas de macetas de flores. Se dio cuenta el mismo día, le avisó al empleador y pidió atención médica, pero el empleador se la negó. Contactó entonces al personal consular que está, según el contrato y según el memorándum de entendimiento, encargado de que los trabajadores reciban atención médica cuando es necesario, pero tampoco lo quisieron llevar al doctor. Insistió entonces con el empleador, quien finalmente lo llevó a una clínica privada, donde efectivamente le detectaron la hernia, pero no se lo informaron. La secretaria de la granja lo acompañó como traductora (ése es uno de los problemas que tenemos: el trabajador nunca recibe la información de primera mano de parte del personal médico). Regresando a la

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granja ella le dijo “tienes un problema estomacal, está muy bien, reposa un rato y después regresas a trabajar”. Entonces, entre idas y venidas con el consulado y el empleador, se pasó un mes más trabajando. Claro que en ocasiones tenía que descansar, pero regresaba a sus labores porque ya no tenía dinero para comer ni enviar a su familia, y el tiempo en que no laboraba no se lo pagaban, porque no había ningún certificado médico que probara su condición. Finalmente nos pidió intervenir, y nosotros lo llevamos al hospital. Esa misma noche lo operaron de urgencia: tenía una hernia umbilical estrangulada, y el diagnóstico del doctor fue que le hubiera faltado poco para morir. Una vez que salió del hospital, la Comisión de Derechos Humanos decidió intervenir en el caso (porque salió en un periódico de circulación nacional); abrió una investigación contra el empleador, de la que, después de dos años, resultó que efectivamente, por su estatus migratorio y por su origen nacional, el trabajador había sufrido discriminación; el empleador y el consulado habían atentado contra su integridad. Lo curioso de este asunto es que aun en un caso así, en el que, excepcionalmente, las autoridades canadienses intervinieron, condenaron al empleador y lo obligaron a indemnizar al trabajador, en cuanto éste regresó a México la Secretaría del Trabajo lo bloqueó: lo que quiere decir que no le permitieron regresar nunca a Canadá, y lleva cuatro años sin poder trabajar. Por su parte, el empleador pagó la indemnización, y año con año sigue recibiendo trabajadores migrantes. De acuerdo con las estadísticas oficiales canadienses, cada año mueren en promedio 50 migrantes que llegan a ese país con permiso de trabajo temporal, y hay que decir que esta cifra no toma en cuenta a los que mueren poco después de volver, como consecuencia de los maltratos de los que fueron objeto. ¿Podrías hablarnos del caso particular de las mujeres trabajadoras? Es algo curioso, porque no hay muchas. Anualmente llegan 16 mil trabajadores, de los cuales sólo unas 320 son mujeres. Esto evidentemente es una discriminación, que viola tanto las leyes canadienses como las mexicanas. El argumento oficial es que es un trabajo demasiado pesado para las mujeres, pero en las granjas hay muchas labores que podrían realizar perfectamente. La verdadera razón de eso es que pueden embarazarse, y si parieran allá, sus hijos serían ciudadanos canadienses con plenos derechos, además de que el Estado y el empleador cargarían con los gastos. En Canadá sería inadmisible que un granjero discriminara de ese modo a las mujeres, entonces le pasan la responsabilidad a la Secretaría del Trabajo mexicana, que ha sido cómplice de esto reclutando casi exclusivamente hombres. Ahora bien, en cuanto a las mujeres que sí han podido llegar, sufren un control mucho mayor. Los hombres pueden salir de las granjas fuera de su horario de trabajo (aunque no haya muchos lugares a dónde ir), pero a las mujeres no se les suele permitir

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eso, ni tampoco recibir visitas. Una vez a la semana salen acompañadas por capataces a hacer sus compras, y por lo regular no se les permite hablar con nadie. Debido a eso tenemos poca información de primera mano sobre su situación, aunque de lo poco que se ha podido averiguar, gracias a que algunas mujeres se han atrevido a denunciar su situación (y no públicamente, sino de forma individual), se sabe de casos de acoso psicológico y sexual, y de violaciones. Aunque normalmente no quieren hablar con nosotros por miedo a ser descubiertas. ¿Existe un movimiento sindical de los trabajadores migrantes? Es difícil hablar de un movimiento sindical fuerte en el sector agrícola: se trata de un movimiento incipiente, frágil y que ha sabido ganar luchas en los últimos 5 años tras muchos sacrificios. En Canadá no existe algo como la Ley Federal del Trabajo, que todos los estados deban respetar, sino que cada provincia tiene su propia legislación laboral. En algunas, entre ellas las dos más importantes (Ontario y Quebec), está prohibida la sindicalización en las granjas, bajo el argumento de que Canadá es un país de pequeñas granjas familiares a las que sería criminal enfrentar con el poder de los grandes sindicatos, pero desde hace más de 50 años eso ha dejado de ser así. Si bien es cierto que la propiedad de las granjas está mayoritariamente en manos de familias —Wal-Mart también lo está—, esto no habla en absoluto de su rentabilidad y capacidad de integrarse a un mercado mundial: se trata de agroindustrias con cientos de empleados y que venden en todo Canadá y exportan a Estados Unidos. La ufcw, para la que trabajo, ha llevado campañas de sindicalización en Manitoba, Columbia Británica, Ontario y Quebec. En las primeras dos se ha conseguido el derecho a la sindicalización, en Ontario acabamos de perder el juicio, y en Quebec está permitida para los invernaderos pero no para las granjas, y estamos luchando legalmente para que en ellas esto también sea posible. En cuanto a los migrantes con permisos de trabajo temporal que participan en la lucha por el derecho a la sindicalización, lo más habitual es que haya represalias, despidos y amenazas. Lo terrible de la situación es que mientras estamos tratando con autoridades o empleadores canadienses, existen recursos legales que usamos y que nos han dado resultados. Sin embargo, una vez que las autoridades mexicanas intervienen para castigar a los trabajadores, desaparecen los recursos jurídicos que los protegen. Así, si el empleador despide a un líder sindical, lo demandamos ante los tribunales laborales canadienses. Pero si la Secretaría del Trabajo decide excluir a un trabajador del Programa, no podemos hacer absolutamente nada. Es algo que el movimiento sindical ha denunciado desde hace aproximadamente 15 años, pero también investigadores y académicos han reportado la existencia de listas negras. Era muy difícil demostrarlo, pero estábamos seguros de que había un flujo de comunicación secreto entre el empleador, los consulados de México en Canadá y la Secretaría del Trabajo para bloquear el acceso a trabajadores “indeseables”. Y cuando digo in-


deseables me refiero no solamente a los que han participado en campañas de sindicalización, sino también a los que simplemente se acercan a recibir servicios otorgados por el sindicato o la Alianza de Trabajadores Agrícolas; incluso a trabajadores que estuvieron enfermos o que tuvieron un accidente de trabajo, o que denunciaron tratos ilegales o injustos. Hasta hace poco, eso era sólo una sospecha —aunque bien fundamentada—, pero ahora tenemos por fin una prueba. ¿Cuál es esa prueba? Un funcionario anónimo filtró recientemente varios documentos de la Secretaría del Trabajo de México; uno de ellos nos da las pruebas que necesitamos. Voy a relatar esa historia: Hace tres meses, el trabajador Víctor Robles, presente en una de las granjas que estaban en proceso de sindicalización, recibió una llamada del Servicio Estatal de Empleo que gestiona el programa en Tlaxcala, en la que se le dijo que hubo un problema, y que su visa no había salido, por lo que tendría que ir a México para aclarar su situación. El trabajador llegó a las oficinas de la Secretaría del Trabajo en el Distrito Federal, y ahí le informaron que su visa canadiense no había salido. El trabajador quiso confirmar esa información, y regresó a las pocas semanas a esas oficinas. Ahí se encontró con otro funcionario, que al verificar su expediente le dijo: “no, el motivo de que no regreses a Canadá no es la visa, sino que andabas en el sindicato”. Cuando llamaron a la persona responsable de la primera decisión, el funcionario Ener Sosa, éste desmintió la versión de la represalia por sindicalización, pero le dijo que de todos modos ya estaba fuera del Programa, que podía regresarse a su casa. Por fortuna, entre los documentos filtrados que recibimos estaba un reporte del caso de este trabajador, en el que ese mismo funcionario, Ener Sosa, indicaba claramente: “recibimos una llamada del consulado de México en Vancouver, para avisar que este trabajador no debía volver a Canadá, porque está inmerso en cuestiones de sindicalización”. Y el estatus de su expediente decía “entrada inadmisible a Canadá”. Tenemos la certeza de que esto fue parte del movimiento para eliminar el sindicato dentro de la granja Sidhu en Columbia Británica, pero casos como éste tenemos muchísimos año con año. Desde 2006, los participantes en las campañas de sindicalización tuvimos que enfrentar amenazas, despidos, repatriaciones forzadas, etc. La diferencia ahora es que, por primera vez, lo podemos probar legalmente. El caso se encuentra ya frente al tribunal laboral correspondiente en Canadá, y el sindicato ha señalado al gobierno mexicano, representado por el Consulado de México en Vancouver, como responsable de represalias antisindicales en dos granjas de la provincia. Mientras tanto, estamos desarrollando un frente común de repudio ante esta situación con académicos, organizaciones sociales, trabajadores y miembros del movimiento laboral aquí en México para difundir información y exigir transparencia y respeto a los derechos fundamentales de estos trabajadores. La represión del movimiento sindical migrante está inscrita en una dinámica generalizada de ataque a los movimientos sociales de parte de la administración actual, en particular en lo que concierne al movimiento laboral independiente y organizado. El gobierno mexicano no sólo se ha mostrado incapaz de negociar ventajosamente las condiciones de vida y de trabajo de sus migrantes en Canadá, sino que obstaculiza y reprime todo intento de los mismos campesinos de hacer uso del sistema legal canadiense para asociarse y negociar colectivamente, por ellos mismos, sus condiciones de trabajo. Egresada de la uqam en ciencias políticas, Andrea Gálvez González fue coordinadora por Quebec de la Alianza de Trabajadores Agrícolas (con diez centros de atención para campesinos migrantes en todo el territorio canadiense), y hoy es el enlace para México del Sindicato para la Alimentación y el Comercio (ufcw por sus siglas en inglés).

El gobierno mexicano no sólo se ha mostrado incapaz de negociar ventajosamente las condiciones de vida y de trabajo de sus migrantes en Canadá, sino que obstaculiza y reprime todo intento de los mismos campesinos de hacer uso del sistema legal canadiense para asociarse y negociar colectivamente, por ellos mismos, sus condiciones de trabajo.

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Los derechos laborales de los futbolistas

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Carlos de Buen Unna

l futbol profesional es uno de los ámbitos en nuestro país en el que menos se respeta el derecho del trabajo. El monopolio que los empleadores ejercen a través de la Federación Mexicana de Futbol, con el apoyo de muchos medios de comunicación de todo tipo, pero sobre todo de la televisión comercial, les ha permitido establecer sus propias reglas y sus propios medios de solución de los conflictos, siempre a favor de los clubes, sin someterse a las disposiciones de la Ley Federal del Trabajo. Un jugador que quiera acudir a las juntas de conciliación y arbitraje para hacer valer sus derechos, sabe que se enfrentará no sólo a la empresa que lo contrató sino a todo ese gran aparato, e independientemente de la suerte que corra en el juicio, seguramente verá terminada su carrera como futbolista. Y es que los equipos podrán ser los grandes enemigos en la cancha, pero fuera de ella se comportan como las grandes familias sicilianas. Uno de los pocos casos bien conocidos es el de Carlos Albert, quien demandó al viejo Necaxa, al que ganó el juicio después de muchos años de litigio, pero no volvió a jugar profesionalmente. Incursionó después en la radio y la televisión, y alternó un buen tiempo con José Ramón Fernández. Ambos destacaron entonces como los críticos más feroces del futbol organizado, hasta que Televisión Azteca decidió que sus intereses en el futbol eran compatibles con los de Televisa, y Albert, que no estuvo dispuesto a renunciar a sus principios, tuvo que salir de esa televisora. En el ejercicio profesional de la abogacía me ha tocado estar en contacto con el futbol profesional en diversas ocasiones. Sirvan mis experiencias como ejemplos. Hace algunos años Islas, portero del Toluca —quien había defendido en varios campeonatos mundiales la camiseta de la Selección Argentina—, decidió dar por terminado su contrato de trabajo por incumplimiento de dicho equipo, que le debía sueldos atrasados, y demandarlo ante la Junta de Conciliación y Arbitraje.

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Al notificar la rescisión al Club, fue citado por la Federación Mexicana de Futbol, que le hizo saber que, si quería seguir jugando, debía retirar su demanda y someterse al arbitraje de la propia Federación. Una bonita solución en la que el patrón es juez y parte. Islas se negó, confiado en que podría regresar a jugar a Argentina, pues no tenía mayor interés en seguir en México. Sin embargo, la Federación no le devolvió su carta internacional, documento con el que la fifa, sede mundial de la gran familia, controla a los jugadores profesionales de todo el mundo. El final de la historia fue bastante triste: Islas no solamente retiró su demanda, sino que además pagó al Toluca alguna cantidad de dinero que supuestamente le había adelantado, pues su contrato era por tres años y había cumplido uno solo. De esa manera recuperó su carta y pudo seguir jugando. Y la Ley, ¡bien, gracias! Me tocó también asesorar a la Asociación de Futbolistas Profesionales (afp) unos años después, cuando los jugadores de la Selección Nacional se habían negado a acudir a una gira por Europa, pues si mal no recuerdo, ese año era el primero en que se establecía el draft, esto es, el sistema de transferencia de jugadores entre los equipos, controlado por las propias empresas, que supuestamente tenía por objeto regular ese mercado. Por cierto, ¿no dice el artículo 3 de la Ley Federal del Trabajo que el trabajo no es un artículo de comercio? El caso es que los jugadores convocados estaban muy nerviosos, pues en su au-


sencia se negociarían sus contratos, sin intervención alguna de su parte. La afp, dirigida por tres destacados jugadores (que por cierto son ahora entrenadores), Javier Aguirre, Alfredo Tena y Víctor Manuel Aguado, en un esfuerzo inédito logró reunir a los seleccionados, quienes tomaron la decisión de no acudir a la gira hasta que no se les otorgara alguna garantía de que sus intereses serían respetados. Tristemente la solidaridad no alcanzó a todos. Carlos Hermosillo, el Chepo de la Torre y Roberto Ruiz Esparza se alinearon con los intereses de la Federación. A pesar de ellos, en esa ocasión y otras posteriores, la afp logró acuerdos importantes a favor de los jugadores. La afp fue, por cierto, lo más cercano que ha habido en México a un sindicato de futbolistas profesionales. Por desgracia, los intentos de convertir a la Asociación en un sindicato se frustraron, pues mis tres amigos descuidaron el tema de la sucesión y cuando concluyó su periodo no hubo quien continuara con el proyecto. Después la Asociación se desvió de sus fines y yo le perdí la pista. Muchos años atrás, en los tiempos del ya citado Carlos Albert, Antonio Mota, Enrique Borja y otros viejos ídolos, hubo un primer intento de constituir un sindicato. Pero se combinaron la represión y la cooptación, y dicho organismo, aunque llegó a obtener su registro, nunca funcionó. En tiempos muy recientes, otro sindicato se constituyó legalmente y obtuvo su registro de las autoridades laborales, pero por lo visto no ha tenido una actividad muy destacada, pues hasta donde sabemos no ha suscrito un solo contrato colectivo de trabajo, y un sindicato que no negocia colectivamente no sirve de gran cosa. Es obvio que muchos aficionados se preguntarán para qué queremos un sindicato en el futbol. Pensarán tal vez que una huelga sería sumamente nociva para el futbol mexicano y si así no estamos tan bien en el ámbito internacional, los conflictos laborales nos dejarán en peor estado. Estamos convencidos de que no es así. La indefensión no hace buenos ciudadanos ni buenos deportistas. El mejor futbol del mundo, tanto en Europa como en América Latina, tiene sindicatos, y a pesar de las reglas de la fifa y de las federaciones nacionales, que tratan de proteger los intereses de los clubes, los jugadores hacen valer sus derechos ante los tribunales y no por ello dejan de jugar, pues sus sindicatos los defienden. Son mejores jugadores y su futbol es mejor. Muchos mexicanos siguen creyendo, no sólo en el ámbito del futbol o del deporte profesional, sino en todos los aspectos, que el derecho del trabajo protege indebidamente a los trabajadores, que solapa su desidia y su flojera y los hace cada vez más irresponsables. Siguen pensando que la indefensión de los trabajadores es la mejor vía para incrementar la productividad de las empresas. Tal vez por eso el sector patronal mexicano no sea mejor que nuestro futbol.

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La democracia del stunam

René D. Jaimez

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eticia Aguilar permaneció el pasado 26 de abril hasta después de las 11 de la noche en el edificio del Sindicato de Trabajadores de la unam (stunam). Esperaba los resultados de las elecciones que se cerraban ese día y que dejaban a la oposición democrática del sindicato sin lugar en el Comité Ejecutivo por primera vez en su historia. Había dedicado casi 30 años al trabajo sindical en defensa de los derechos de los trabajadores y en contra del charrismo, hoy representado por Agustín Rodríguez y la corriente sindical “Roja, Frente Flores Magón”, que no sólo estaba asegurando otro periodo a la cabeza del stunam (con lo que completará ya los 20 años en el cargo), sino que también estaba consiguiendo, finalmente, dejar completamente fuera a la oposición de un sindicato cada vez más oficialista y patronal. En los setentas el stunam formó parte de esa ola de sindicatos democráticos e independientes que se oponían a las formas tradicionales del sindicalismo mexicano; que se identificaban con el socialismo y que estaban dispuestos a luchar no sólo por concesiones económicas a los trabajadores de su gremio, sino también por la construcción de una sociedad más justa, democrática y con mayores posibilidades de realización para sus integrantes. Pero esos años parecen haber quedado atrás: hoy pasamos por una de las crisis más importantes que ha vivido el sindicalismo en nuestro país; desde el cierre de Luz y Fuerza del Centro hasta el renacido impulso a una reforma laboral que desmantela derechos de los trabajadores. El hecho de que la oposición haya quedado completamente fuera del stunam es otro síntoma de esto mismo. ¿Por qué los trabajadores de la unam han votado una y otra vez, durante 17 años, por el mismo líder que permitió la reforma a la ley del issste, que tiene una muy pobre defensa de los derechos de los trabajadores, que no ha conseguido un solo aumento salarial significativo y que está dispuesto a reelegirse hasta la muerte, sin tener ningún interés en realizar una apertura democrática?

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¿Intimidación? Sí. Se amenaza a los trabajadores con no poder recomendar a sus familiares para que ingresen a trabajar a la universidad, o con no poder acceder a reclasificaciones tabulares y otros derechos si no votan por la Roja. Entre otras cosas se les pide que fotografíen con su celular la boleta electoral después de haber tachado su voto; la Roja tiene su padrón de simpatizantes en la misma mesa en que se encuentra el padrón sindical. ¿Fraude? Sí, sin duda hay múltiples prácticas fraudulentas que se generan desde el poder que les da tener el control del sindicato. Como en el resto de la democracia mexicana, aquí también se da el infaltable embarazo de urnas, la resurrección de los muertos y el conocido carrusel. ¿Financiamiento? Sí, indudablemente la planilla Roja recibe importantes financiamientos para la realización de sus campañas, en las que hacen grandes comidas en todas las dependencias, regalan playeras, gorras, imprimen cualquier cantidad de propaganda y organizan eventos lúdicos que cuentan con grupos musicales de la talla (y el costo) de la Sonora Santanera, cuando en las planillas de oposición se sigue aplicando “la vaca” para juntar el dinero de los volantes y la propaganda. Pero el problema no se explica sólo por eso: en realidad si la oposición fuera más fuerte estas estrategias no les serían suficientes a quienes siguen teniendo el sindicato universitario en sus manos. Hay elementos en la cultura del trabajador universitario que permiten no sólo que Agustín Rodríguez pueda volver a ganar, sino que lo mantienen ahí con cierta legitimidad. Desde hace dos años trabajo en un proyecto de investigación antropológica que indaga las actitudes de los empleados de la unam en su proceso de trabajo y en su participación sindical, que explican su parcial aceptación de sus condiciones de explotación y de las formas de organización del sindicato. He vivido como auxiliar de intendencia de la institución y he reflexionado en los elementos culturales cotidianos que legitiman a Agustín Rodríguez. Uno de esos elementos es el sexismo. Debido al sexismo, la mayoría de las secretarias son mujeres, de la misma manera en que sólo hay hombres en los puestos de jardinería y mecánica: la feminización y la masculinización de los puestos de trabajo en la unam sigue siendo casi total, cuando la tendencia mundial es la opuesta. Agustín Rodríguez es un hombre autoritario, de personalidad fuerte, con un constante discurso de protección paternalista de los trabajadores, mientras que su principal opositor, José Castillo, es más bien reflexivo, busca los consensos y tiene un discurso democrático que señala que deben ser los mismos trabajadores los que tomen las riendas del sindicato.

Max Horkheimer analizó la familia autoritaria (que bien podría ser la mexicana) y señaló que la figura del padre autoritario es el mejor entrenamiento para una sociedad autoritaria, ya que puede ser reemplazada por la figura del jefe autoritario y del autoritarismo mismo del Estado. El individuo llega a desear esa autoridad sobre él para poder sentirse seguro y protegido; sin ella se siente vulnerable. He registrado múltiples testimonios de trabajadores en los que dicen no confiar en la oposición debido a que les da una sensación de “debilidad” o que “les falta carácter”, mientras que justifican a Agustín al sostener que él “roba, pero sabe robar”. Agustín representa el papel del padre autoritario, del “hombre de verdad”, encarna las cualidades del “macho”, y ese factor cultural genera confianza en los trabajadores, los motiva a seguir votando por él, aunque esta identificación se haga de manera inconsciente. El sexismo explica en parte la permanencia de líderes charros en la dirección de los sindicatos de tradición democrática. Leticia Aguilar, siete días después de la votación, abandonó el recinto donde se celebraba el Consejo General de Representantes cuando se anunciaba que la oposición aliada bajo el nombre de “Sindical Incluyente” había conseguido sólo 19.80% de la votación de los 22 000 agremiados del sindicato, por lo que habían quedado a dos centésimas (unos cuarenta votos) de alcanzar el porcentaje que les hubiera permitido ocupar cuatro secretarías, porque los estatutos reformados por Agustín Rodríguez no piden 2% —como en el resto del país—, sino 20% de la votación para que puedan obtener algún cargo, de manera que, aunque aproximadamente 37% de los votantes se manifestaron por opciones diferentes a la planilla de Rodríguez, ésta ocupa ahora la totalidad de los cargos. Ésta es la democracia del stunam.

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La tiranía de la mano invisible Antonio Álvarez

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Hace poco más de 250 años, al médico del rey Luis xv, de Francia, se le ocurrió una idea novedosa y extravagante —diríamos, una locura—. Pensó que el mercado podría gobernar una nación y hacerla prosperar mucho mejor que cualquier rey. Tuvo la audacia de proponer que el Estado dejara libres a los individuos para producir, vender y comprar lo que quisieran y del modo en el que desearan hacerlo, y dijo que eso, lejos de provocar el caos, llevaría a la sociedad a una abundancia y una estabilidad nunca antes vistas. Este curioso personaje era François Quesnay, cuyas ideas, al contrario de lo que uno hubiera esperado, fueron triunfando con el paso de los años en las cortes de Europa. Muchos otros economistas posteriores, hoy más famosos que él (principalmente Adam ­Smith y David Ricardo) las desarrollaron, y la sociedad ha sido gobernada desde entonces cada vez más por el mercado y menos por sus gobernantes. Debido a eso me parece importante exponer brevemente dichas teorías en este artículo. La idea es la siguiente: si a un individuo egoísta se le deja libre para conseguir dinero del modo que quiera, entenderá pronto que lo mejor que puede hacer para su propio beneficio es producir bienes que los demás deseen comprar, y venderlos a un precio al que estén dispuestos a pagarlos. Si nadie quisiera sus productos, sabría que debe bajar su precio, mejorar su calidad o cambiar de giro.

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Del mismo modo, si una comunidad de personas necesitara cierta mercancía con urgencia, algunos de sus integrantes entenderán relativamente pronto que podrían hacer muy buen dinero fabricándola. Aún más: cada productor se vería empujado por sus competidores a ofrecer bienes cada vez mejores y más baratos, pues de no hacerlo así sus clientes le darían la espalda y se irían con ellos. De esa manera, toda la sociedad, impulsada por su egoísmo, se vería llevada a producir los bienes que más necesitaran los demás y al precio más bajo posible. En una palabra: si se dejara libres a los individuos para producir, comprar y vender, muy pronto todos se verían arrastrados por su propia avaricia a trabajar muy duro por el bien de los demás, como jamás lo podría hacer ni el más sabio y bondadoso de los gobiernos. ¿Por qué alguien en un mundo así desearía robar, si fabricar honradamente productos de calidad y buen precio le dejaría mucho más dinero? ¿Por qué alguien querría engañar a sus compradores con un mal producto, si venderles lo mejor haría que volvieran a comprar en el futuro, asegurando así para siempre su prosperidad? De esta manera, se piensa, una sociedad de egoístas dejados en libertad puede vivir en perfecta armonía; como si una mano invisible bajara del cielo a poner mágicamente un orden entre ellos. De hecho, esa fue precisamente la imagen que comenzó a utilizarse para explicarse el fenómeno. Se habla de “la mano invisible del mercado”, que pone su propio orden en una sociedad sin ley, donde cada quien produce, compra y vende lo que le da la gana.


II

Parece mentira, pero los gobiernos de todos los países del mundo, con el tiempo, comenzaron efectivamente a dejar que sus sociedades fueran regidas por el mercado. Y eso no trajo la catástrofe; por el contrario, las naciones en las que hubo más libertad de comercio prosperaron por encima de las otras. Naturalmente, el nuevo orden traído por la mano invisible del mercado trajo problemas, pero lo que necesito dejar claro antes de continuar, y de explicar dichos problemas, es el hecho sorprendente, demostrado por la historia, de que los negociantes egoístas, con libertad para producir, comprar y vender lo que deseen, pueden generar un orden, bueno o malo, sin necesidad de que un gobierno los organice, sin necesidad siquiera de organizarse entre ellos. No es necesario que los seres humanos nos pongamos de acuerdo democráticamente, ni siquiera que una autoridad central controle nuestras relaciones: podemos conseguir un orden social basado en el egoísmo desatado de cada quien. Ahora hay que decir algo más: ese orden formado por la mano invisible del mercado es el orden en el que vivimos. Lo que tenemos que entender es que no somos regidos por nuestros presidentes, ni por la onu, ni siquiera por los grandes comerciantes y empresarios: el poder en nuestra sociedad lo tiene la mano invisible del capital, y tanto los presidentes como la onu y los magnates que mueven los hilos del poder detrás de ellos, siguen obedientemente sus dictados, y eso por una razón muy simple: porque es la mejor forma que tienen de hacerse más y más ricos.

III

Ahora podemos comenzar a explicar qué clase de mundo trajo el gobierno de la mano invisible; en qué clase de personas nos convertimos una vez que, creyéndonos incapaces de dirigir el rumbo de nuestra sociedad, entregamos nuestros destinos al gobierno azaroso del dinero.

Las nuevas clases sociales Bajo el poder del mercado libre, algunos de estos negociantes egoístas van quebrando por la competencia de los otros, y éstos a su vez quiebran frente a otros más, que se van volviendo cada vez más ricos. De ese modo, al final va quedando una minoría reducida de grandes empresarios frente a una multitud de trabajadores desposeídos que deben ponerse al servicio de aquéllos por un salario para sobrevivir. Lo primero que tenemos que decir, entonces, es que la mano invisible no generó una sociedad de negociantes egoístas libres en constante competencia comercial; sino una sociedad de trabajadores asalariados al servicio de una pequeña minoría de magnates que controlan los gobiernos de sus países y las condiciones en las cuales se comercia.

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Las ideas Antes de que el mercado se adueñara de las naciones de Europa, el préstamo con intereses era terriblemente mal visto, y la Iglesia lo consideraba pecado. Con el tiempo esa visión fue cambiando: los préstamos no sólo arruinaban a gente desesperada que se veía obligada a endeudarse, sino que servían también para el surgimiento de nuevas empresas con ideas innovadoras. El préstamo bancario fue una herramienta fundamental del desarrollo mercantil, los bancos florecieron y las ideas que se tenían de ellos cambiaron. Podríamos decir que la mano invisible salió de las fronteras del mercado y comenzó a influir también en la mentalidad de las personas. Los burgueses (comerciantes y empresarios plebeyos) antes eran rechazados de las reuniones sociales de la nobleza, y se hubiera visto como un deshonor que la hija de un aristócrata contrajera matrimonio con uno de ellos, pero con el tiempo estos casamientos se volvieron una costumbre. La nobleza y la burguesía comenzaron hablarse con una familiaridad cada vez mayor. Los nobles empobrecidos por el mercado vendían sus títulos nobiliarios, y los aventureros que llegaban a enriquecerse los compraban. El viejo orden y la vieja mentalidad —y no sólo la economía— estaban siendo transformados por la mano invisible del mercado.

La política y la guerra Los guerreros españoles se llenaban antes de honor y gloria saqueando la plata del continente americano, pero fueron derrotados por los comerciantes ingleses y holandeses que se dedicaron, más humildemente, a venderles productos de calidad y a bajo precio, con lo cual se quedaron finalmente con ese metal precioso antes saqueado. La mano invisible del mercado le quebró el cuello a la vieja honra de la aristocracia guerrera. Ahora las nuevas guerras de conquista ya no se harían para saquear las riquezas de los otros pueblos, sino para controlar mercados donde se venderían las propias riquezas; parece absurdo, pero resultó ser algo mucho más rentable. Los aristócratas fueron haciéndose negociantes, y los más grandes negociantes se volvieron aristócratas. La nueva forma de enriquecerse fue desplazando a las anteriores, y poco a poco todo el orden político fue cambiando. El nuevo mundo formado por el mercado necesitaba también un nuevo tipo de instituciones políticas, y las creó. Llegaron al mundo la libertad de prensa y esta especie de democracia dudosa en la que vivimos, pero no sólo eso; vino al mismo tiempo toda la corrupción y el cinismo que trae también el mercado, y a los que nosotros estamos ya tan habituados. Los gobernantes honestos son mejores que los otros, ni duda cabe, pero todo el mundo sabe que no son buenos para el desarrollo mercantil: ahuyentan a los inversionistas extranjeros, entorpecen las negociaciones secretas entre políticos y empresarios, que tan buenas ganancias dejan. Una política llena de mentiras y traiciones es como el aceite que lubrica la maquinaria de la economía mundial: sería ingenuo suponer que una sociedad en la que 1% de los habitantes vive a costa del trabajo del resto pueda funcionar correctamente sin corrupción ni crímenes de Estado. Las leyes del mercado libre, efectivamente, llevan a los negociantes egoístas a producir bienes atractivos y baratos, pero no es lo único que provocan; influyen en nuestras vidas de otras maneras que los economistas no ven o no quieren ver: la invasión de Irak equilibró la oferta y la demanda de petróleo, y se hizo con ese fin; las guerras mundiales consiguieron eliminar el desempleo asesinando a millones de personas; la destrucción de ciudades enriquece enormemente a las compañías que las reconstruyen. Muchos alimentos son tirados al mar cada año por falta de compradores. El crecimiento económico y el equilibro entre la oferta y la demanda se alcanza efectivamente, pero no sólo en el mercado: se consigue también influyendo en la cultura, la política, la guerra y también, como veremos ahora, en la ciencia y la tecnología.

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Vivimos en un mundo diseñado por el capital: las calles, las casas, la música, la comida, las personas, todo se ha transformado para ser competitivo

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La ciencia

La técnica Con el tiempo, los comerciantes pasaron de la compra de productos para la venta a la compra de los talleres en los que éstos se producían. Cuando un negociante capitalista se adueña de un taller, digamos, de ropa, la presión de la competencia comercial lo obliga a hacer ciertas modificaciones; cambios que no responden al deseo de producir mejores prendas de vestir, sino principalmente al deseo de aumentar las ganancias. Se puede, por ejemplo, comprar telas de peor calidad, que parezcan igual de buenas; adquirir mejores máquinas, que cualquiera pueda utilizar, y no necesariamente ya los sastres y costureras especializados. También es posible hacer que los empleados trabajen más duro o durante más tiempo. El resultado es que la tradición va muriendo, el oficio pierde su viejo valor; las máquinas, correctamente programadas, pueden imitar los viejos secretos de los sastres sin ninguna dificultad. Esto mismo sucede en todas las ramas de la producción: los viejos oficios y las tradiciones que se formaban en torno a ellos son eliminados. La mano invisible sigue desbordándose, y ahora altera tanto la forma en la que las personas se organizan para producir como la tecnología con la que lo hacen. Y no se queda ahí: si debe diseñarse una técnica adecuada a la generación de ganancias cada vez mayores, entonces se debe influir también sobre la ciencia.

La competencia comercial no requiere filósofos y científicos que busquen las verdades ocultas del mundo: necesita más bien diseñadores de maquinaria nueva y más eficiente. Para la ciencia, ahora, la búsqueda de la verdad es sólo un medio para conseguir una tecnología cada vez más rentable; es decir, para conseguir dinero. La mano invisible invade entonces las universidades y los laboratorios. Es una ingenuidad, pero los antecesores de la química moderna, los llamados alquimistas, con sus experimentos de laboratorio buscaban ni más ni menos que el sentido de la vida. Con la técnica de la destilación, con la que hoy se hace alcohol, intentaban separar el alma de la materia. Los alquimistas decían buscar convertir el plomo en oro, pero era una mentira para que los reyes los siguieran alimentando mientras investigaban los secretos de Dios. Hoy sería difícil imaginar a un grupo de personas fingiendo buscar el enriquecimiento para que se les permitiera seguir investigando las verdades ocultas del mundo. Esta ciencia, hoy llamada “química”, ha evolucionado mucho y con objetivos bastante más realistas: hacer comida chatarra, combustibles y nuevos materiales de construcción. En cuanto al derecho, el lector ya conocerá las formas que han desarrollado los abogados y jueces para beneficiar a los grandes negociantes y a los políticos con toda clase de trucos legales. Y esto tampoco sucede necesariamente porque sean personas “malvadas”; quien no lo haga de ese modo no sabe si llevará comida a sus hijos el mes siguiente; el mercado los fuerza a actuar así, porque hay miles de estudiantes de derecho buscando su mismo empleo, y quien no se someta a las leyes del mercado puede ser fácilmente sustituido por otro menos escrupuloso que él. Y lo mismo sucede con el resto de las ramas del saber humano. Los médicos ganan una comisión por recetar el veneno que patentan todos los días las grandes farmacéuticas; los antropólogos investigan las culturas de los pueblos que las potencias del mundo planean invadir, etcétera. Pero pasemos ahora a la más cruel de las transformaciones que ha llevado a cabo la mano invisible.

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V La personalidad Entre comerciantes se dice que un buen vendedor es el que realmente cree en su mercancía, no sólo el que finge hacerlo. Naturalmente, también podría fingir con la suficiente habilidad como para conseguir el mismo resultado. Pero lo que nos interesa resaltar aquí es que en ambos casos debe influir sobre su propio espíritu para adecuarlo a una buena venta, ya sea que se convenza de algo que en el fondo no cree, o que se convierta en un excelente actor. También sabe que debe sacar ánimos de alguna parte, porque no se puede esperar que un vendedor deprimido tenga buena suerte. El obrero, por su parte, entiende que debe ser hasta cierto punto servicial, para conservar su empleo, pero también firme, para defender su salario y sus prestaciones. El mercado de trabajo le enseña con los años a maniobrar entre estas dos actitudes, de acuerdo con la fuerza que tiene frente a su empleador a cada momento. Y no es eso lo único que le enseña: el obrero no puede llegar 15 minutos tarde, no puede distraerse en la línea de producción. Tiene que enseñarse a sí mismo una serie de comportamientos para adecuarse al rigor de la situación en que se encuentra. Algo similar nos pasa a todos. Quien mire hacia atrás con honestidad, hacia la historia de su vida, tendrá que admitir que aprendió a ser con el tiempo algo cínico e indiferente; a aceptar que “así son las cosas” y sacarles algo de provecho. En resumen: uno debe adquirir cierta personalidad adecuada al capital; una personalidad que no choque demasiado con la tiranía de la mano invisible. No sólo se deforman la economía, la técnica y la política; también nosotros somos moldeados por el mercado.

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Después de este relato podemos ver que, cuando los gobiernos del mundo entregaron su poder al mercado, desataron fuerzas mucho más grandes de lo que esperaban, y es que tomar la decisión de dejar de decidir acarrea siempre consecuencias graves e inesperadas. La mano invisible salió del mercado y comenzó a transformar la producción, los productos, a los sujetos que los consumen. Trascendió la materia y dominó incluso nuestros espíritus. Los comerciantes y productores arruinados se convirtieron ellos mismos en mercancías que debían ponerse al servicio de otros a cambio de un salario. Las leyes del intercambio libre de objetos terminaron convirtiéndonos a nosotros mismos en objetos para el intercambio. Los objetos, la tierra, el aire, nuestro cuerpo, el honor: todo puede ser puesto a la venta, y las mismas leyes que nos obligan a producir bienes de calidad y a bajo precio nos arrastran también a vender todo lo demás. Y en realidad, en estos tiempos es poco realista no hacerlo. Lo que tenemos finalmente es un mundo diseñado por el capital: las calles, las casas, la música, la comida, las personas, todo se ha transformado para ser competitivo. Si queremos vivir, debemos hacer que nosotros mismos y nuestro entorno nos volvamos inversiones rentables. Y ni siquiera nos damos cuenta de que lo hacemos: nuestros mismos pensamientos son moldeados por la mano invisible. Creemos que “así es la vida”, que “así es la naturaleza humana”, que siempre ha sido lo mismo. Ya no somos capaces de imaginarnos, por ejemplo, una forma de sociedad en la que no exista el dinero, aunque hace 600 años éste se empleaba muy rara vez, incluso en Europa. Nos resulta completamente extraño enterarnos, por ejemplo, de que antes el regalo era una institución económica mucho más poderosa e influyente que el intercambio, pero así era. Ni siquiera la izquierda suele imaginarse hoy un mundo sin Estados nacionales ni ejércitos ni dinero, aunque éstas sean en realidad instituciones relativamente recientes. En una palabra: incluso el pensamiento de quienes nos rebelamos en contra de esta sociedad ha sido moldeado por la mano invisible. No podemos imaginar siquiera un mundo realmente diferente, y si no podemos imaginarlo es, claro, mucho más difícil que logremos crearlo. Quienes buscamos reformar el mundo no necesitamos tanto de la ética estricta y del espíritu de autosacrificio como de una visión clara. Lo más importante para nosotros es entender que somos los únicos responsables de la vida que llevamos, y dejar de culpar a la naturaleza humana por todas las tonterías que hacemos. Y tal vez la más grande de todas esas tonterías haya sido dejar que el azar del mercado dominara nuestras vidas.


El la be rin to del

A

Arte y literatura

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gato

Jaime Ortiz

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e pareció ver un gato negro en los anaqueles donde están las cartas. Las cartas están en sobres. Los sobres se encuentran agrupados en cincuentenas. Las cincuentenas están atadas. Los atados a su vez acomodados en pilas. Las pilas ocupan todo el espacio de los anaqueles. Los anaqueles se suceden uno tras otro cubriendo por completo todas las paredes. Las paredes de esta construcción forman innumerables cuartos y pasillos. Los cuartos y pasillos se suceden unos tras otros comunicándose entre sí, a través de angostos marcos sin puertas. En este lugar construido sin sentido alguno, muchas veces veo un gato negro, pero de inmediato desaparece, tal cual se desvaneciera en el aire, entonces pienso que sólo fue una ilusión, que en realidad no lo vi, que sólo me pareció ver un gato negro en los anaqueles donde están apiladas las cartas. Aquí camino días y noches ordenando los atados de sobres, donde están las cartas que me has escrito y las que yo te escribí y que jamás te envíe. Hay días en que tengo dificultad para hacerlo, ya que el criterio de orden en los anaqueles es indistintamente por fecha, por tema o por el color del timbre postal; yo mismo lo he cambiado cada vez que me parece ver un gato negro merodeando en los anaqueles. En casi todas las cartas, te decía que interrumpí la escritura de la anterior porque me pareció ver un gato negro, cosa que no es posible, porque en esta construcción nunca los ha habido. Aquí, además de anaqueles y pilas de atados de cartas, sólo hay una mesa en un pasillo, a la que me siento varias veces al día a contestar las cartas que me has escrito. Siempre que lo hago, siento una mirada y, al buscar de dónde viene, encuentro por un instante el brillo de los ojos de un gato negro en la estantería.

Sin embargo, cuando logro olvidarme de ello, recorro una y otra vez toda la construcción, para ordenar las malogradas cartas que contestan las muchas que recibo de ti cada día. He olvidado cuántos años han pasado desde que recibí la primera, sé que son muchos e incontables, sé también que son los mismos años en que no nos hemos visto. Pero no siempre ha sido así, por eso tú me escribes, y yo, a cambio, siempre trato de contestarte, y a veces, como hoy, he conseguido terminar esta carta que ya he puesto en un sobre con timbres postales para llevarla al correo. Por eso ahora recorro apuradamente este laberinto, doblo lo mismo a la izquierda que a la derecha, mirando de ­reojo los incontables atados de sobres apilados con nuestras cartas ordenadas por fecha, por tema o por el color del timbre postal. Cruzo una y otra vez los marcos sin puertas que comunican los cuartos con los pasillos y los pasillos con los cuartos, pero al llegar a la puerta de salida de esta construcción, no la cruzo, porque frente a mí se aparece un gato negro, y los gatos negros son de mala suerte.

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