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NĂşmero 24 |Febrero de 2012


Directorio Marco Tulio Castro Director marco@diez4.com Wilberth Chong Jefe de diseño wilberth@diez4.com Carlos Aguilar Webmarketing carlos@diez4.com Alejandra Del Toro Editor alejandra@diez4.com

Viajes

Dalia Chávez Editor de foto dalia@diez4.com Luis Mario Sarmiento Ilustrador sarmiento@diez4.com VENTAS Lina Contreras Jefa de ventas lina@diez4.com

Como el viaje da rienda suelta al periodismo y al ejercicio literario, decidimos preparar esta edición. Intentamos ir más allá del tema rebuscado en revistas especializadas. (Esas guías turísticas que parecen burlarse de los que trabajan toda la jornada) Hay viajes que no caben en una edición de viajes, como esta. Es que el camino trazado en estas páginas busca mostrar (para después entender) a personas que se dedican al transporte de más personas, o a los que construyeron comunicaciones subterráneas en la frontera o aquellos que vivieron siempre y del movimiento. ¿Lo habremos logrado? Al menos nos divertimos con ejercicios como la narrativa, crónica, el artículo y la entrevista. Explicaremos un poco más: aquí el destino no tiene más importancia que el traslado en sí. Y no es una creación que busquemos adjudicarnos. Thomás de Quincey, aquel viejo escritor del Reino Unido que vivió a salto de mata, lo logró en crónicas fantásticas como La rebelión de los tártaros, hace casi 200 años. Por favor, disfruta el viaje..

Abril Valdez Crédito y cobranza abril@diez4.com

Planeación y Negocios bisnes@diez4.com PORTADA Nohemi Guarnero COLABORADORES Ángeles García, Daniel Tavares Luna, Luis Alfredo Castillo, Vladimir Galindo, Quitzé Fernández. CONSEJO EDITORIAL Juan Pablo Proal, Rafael Fregoso, Ruth Ramírez, Quitzé Fernández.

Diez4 se incubó en: Diez4, año 1, número 24. Febrero de 2012. Revista mensual editada y publicada por Editorial Diez4. Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier sistema o método del contenido, incluyendo cualquier medio electrónico o magnético sin previa autorización por escrito del director. Derechos de autor reservados en forma y concepto. El contenido de las imágenes, la publicidad y los artículos incluidos en Diez4 reflejan solamente la opinión de sus autores o anunciantes y no representan el punto de vista de Editorial Diez4. Esta publicación se encuentra protegida y registrada ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor, Secretaría de Educación Pública, según consta en la Reserva de Derechos No. 04-2011-090909291600-102. Esta revista es producida gracias al Programa “Edmundo Valadés” de Apoyo a la Edición de Revistas Independientes 2011, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Diez4 se imprime en Cias. Periodísticas del Sol del Pacífico S.A. de C.V. Dirección: Rufino Tamayo #4 Zona Urbana Río Tijuana.

Diez4

Realidades y casualidades de la urbe. www.diez4.com. buzon@diez4.com. Sirak Baloyán #1917, interior 210. Zona Centro, Tijuana, Baja California, México. Código postal 22000. Tel: (664) 378-2524


VIAJE A UN CULTO CASI DESCONOCIDO

El pueblo que adora a

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Quitzé Fernández Fotos: Luis Alfredo Castillo

Introducción Xico: el pueblo de María Magdalena, es una investigación periodística destinada a dibujar mediante la palabra las tradiciones de un municipio lleno de historias, creencias y relatos populares que han sido transmitidos vía oral durante años. Con el paso del tiempo, los registros del comienzo de la fe se han perdido en papeles que fueron quemados durante la revolución y en manuscritos desaparecidos redactados a mano. También, algunas de las prácticas se han olvidado perdiendo en el camino la esencia original, como el caso de las danzas. De hecho en toda la fiesta sólo quedan vestigios, sincretismos religiosos y culturales de origen indígena y europeo que forman una diversidad de expresiones sociales en las cuales los habitantes y quien

celebraciones varias que van desde obsequiar un vestido hasta soltar toros por las calles, todas con un fin único: venerar a la Santa por devoción, nunca para quedar bien con otras personas. Si algo sale mal, a la patrona no le gusta. En la mayoría de las casas hay altares donde las fotografías de la Santa siempre están con flores y veladoras para alumbrarla. Todo gira alrededor de ella.  La cultura popular, el pasado que se niega a morir del todo está allá: se respira por sus calles, lo hablan sus gentes, lo murmura en las noches el agua que cae, los fantasmas que –dicen los Xiqueños– penan tras varios años transcurridos escondiendo su tristeza en la niebla cuando arrecia el frío. A pesar de la corta distancia de la ciudad de Xalapa y el puerto de Veracruz muchos desconocen la fiesta popular en Xico, piensan que nada más es la Xiqueñada o una feria pueblerina. Esta es la crónica de la tradición; más

María Magdalena visite esas tierras se ven de alguna u otra manera inmiscuidos en ese sitio multicultural. Allá, en Xico, se lleva a cabo una de las últimas tradiciones religiosas en el país: la mayordomía. La cual sirve para preparar los festejos a Santa María Magdalena, la mujer judía que estuvo cerca de Jesucristo cuando su muerte. Nadie sabe cómo y cuándo llegó la imagen, quién la hizo y desde qué fecha exacta la celebran; aún así la aprecian con ahínco, con un ansia de fe, con una sed de milagros. Parece que a nadie del lugar le importa saber cómo surgió todo, por eso los relatos son varios, todos cargados de un exquisito realismo mágico a quien los quiera escuchar, porque en Xico lo que sobra es alguien con quien departir en alguna calle solitaria o en la alegría de una fiesta; todos son anfitriones, todos extienden la mano. En torno a la imagen de la Santa muchos rumores corren acerca de sus milagros; durante 31 días, apenas truena el primer cohete del mes de julio, la parsimonia se rompe en

que crónica es un recuerdo de la fe de una comunidad que conserva una práctica que forma parte del folclore popular y de las raíces que no se agotan pese al transcurrir de los años. Sólo sufre ligeras variaciones. *** Aquel año, aquel mes no paró de llover en Xico debido los temporales. Los ancianos comentaron en las charlas frente a una taza de bebida caliente que la patrona estaba enojada por algo que no sabían. Lo decían en las noches, en las mañanas frescas y en los atardeceres cuando las nubes cerraban ocultando los rayos solares. Aún así la fe de aquel lugar siguió su curso como lo ha hecho durante varios años en que empezó todo eso que nadie define cuándo fue, sólo que tiene mucho tiempo y se ha transmitido por generaciones a través de relatos.  Al deambular por las calles empedradas de ese lugar que apenas hace sesenta años (1956) fue declarado cabecera municipal aún se percibía ese ambiente campirano que proporciona un toque nostálgico

Esta es la crónica de la tradición; más que crónica es un recuerdo de la fe de una comunidad que conserva una práctica que forma parte del folclore popular cuando de historias varias se trata a la hora del recuerdo. Por la calle Hidalgo (principal) todavía era común observar señores machete a la cintura arreando burros con tercios de madera y pencas de plátano al lomo.  Es que la gente no deja morir la tradición y el pasado que nutre su fe. Porque lo único cierto es el ahínco con el que celebran a Santa María Magdalena durante el mes de julio. Todo se transforma: calles, comercios y vida social son diferentes durante esos momentos en los cuales son anfitriones de quien guste visitarlos.  Xico está ubicado en el estado de Veracruz, a 19 kilómetros de Xalapa, ciudad capital. Adornado por plantaciones de café, árboles frutales y caídas de agua es delicia de la naturaleza; desde cualquier lado que se le mire se imponen como vigías El Cofre de Perote, Pico de Orizaba y Acamalín, por sus cañadas corren ríos como Xoloapan y Huhueyapan.  El clima durante gran parte del año oscila entre los 10 y 19 grados centígrados; en las mañanas despierta con un olor a humedad, a café de grano; lo cubre una neblina que afantasma a las personas y por temporadas cae una ligera llovizna a la cual llaman «pelo de gato». Las tardes son interrumpidas por algún motor de automóvil, música de helados y oscurece matizado por el silencio de provincia.  Para entender parte de su idiosincrasia es necesario charlar con los ancianos del lugar, quienes tienen en su 5


memoria la tradición oral que nutre de creencias y tradiciones toda actividad social.  En Xico, los viejos, a quienes llaman «tíos», añoran el pasado que se niega a desaparecer. Los jóvenes sueñan con huir, regresar un día, hacer una vida plena y contar sus aventuras; por las ventanas de las casas, siempre abiertas, la vida transcurre fotográficamente. Xico fue ruta de Hernán Cortés tras el dominio español, por eso hay tradiciones arraigadas como la fiesta brava; es común escuchar por las calles música taurina y expresiones como «bastimento» para nombrar las raciones de comida llevadas al trabajo, casi siempre en el campo. El fervor a la imagen de Santa María Magdalena nadie sabe cuándo comenzó, no hay registros en la mente de nadie, mucho menos en documentos. Durante la revolución el pueblo fue tomado por los maderistas: la parroquia saqueada y el archivo histórico incendiado. Se dice esto, se dice aquello acerca del origen de las 6

festividades: nada concreto. Las actividades religiosas durante el mes de julio consisten en la traída del bejuco y la flor para adornar el arco de la iglesia, la subida de este, distintas procesiones, bailes y mañanitas en honor a Santa María Magdalena. Las no religiosas son la elaboración de tapetes de aserrín, actividades culturales, musicales y la Xiqueñada: una variante de la Pamplonada donde sueltan 12 toros por las calles. Todo es tan tranquilo que el grupo de paramédicos Brujos de Xico, llamado así porque antes el lugar era famoso por sus hechiceros y su fama de naguales, sólo atiende casos leves como cortaduras o traslados. Dentro de sus instalaciones recuerdan hechos aislados en años pasados mostrando fotografías y documentos para avalar la veracidad. Lo más fuerte que registran es un calcinado por rayo y una suicida en la cascada de Texolo, principal sitio turístico.  Cuando alguien o algo llega de improviso los susurros vuelan por las calles, en las cuales los «adioses»

como saludo son ofrecidos, siempre con una sonrisa y aperitivos para sazonar el momento. Nunca faltan los frijoles negros, café o bebidas de aguardiente de caña para departir.  Durante la noche no hay mucha actividad por las calles, únicamente un silencio interrumpido por los grillos y murmullos en las esquinas. No hay gente; no hay nada que hacer en Xico, como casi siempre; sólo escuchar relatos y tomar bebidas con pan hasta que el sueño diga lo contrario…   * * *  La catedral de Xico se impone como el corazón del pueblo, ella alimenta todos los cauces que desembocan en la fe de los habitantes y sus 21 capillas, cada una con un Santo a quien celebrar. «En Xico las procesiones nunca terminan», dijo por allí alguien. Está rodeada de parques arbolados que adornan sus detalles arquitectónicos del siglo XVI y su presencia de acabados barrocos y neoclásicos de los siglos XVIII y XIX.  Dentro de los muros de la catedral se encuentra la figura de la Santa que


El fervor a la imagen de Santa María Magdalena nadie sabe cuándo comenzó yace acostada sobre flores y pasto, sus dimensiones son de aproximadamente un metro con veinticinco centímetros, de la cual nadie sabe su origen. Se cuentan relatos acerca de su aparición, ninguno específica fechas, menos nombres.  A decir del profesor José Luis Zacarías Cuavichi, encargado desde hace 19 años del diseño del arco de la iglesia, la tradición oral explica que antaño celebraban en el pueblo a San Miguel; entonces un día sin fecha ni año en

que preparaban lo concerniente para la festividad, unas personas observaron unas mulas sin dueño cerca de donde ahora es el parque y les pareció extraño. «Antes ese lugar era un monte donde crecían árboles frutales y flores de colores. Ahí dicen que aparecieron las mulas donde venía la Santa. Me contó gente anciana cuando era chico, a ellos les contaron sus abuelos», agregó al relato Juan Yoval Tepetla, 60 años, Mayordomo de mayordomos.  Desde que amaneció hasta al anochecer las mulas estuvieron allí, eran 4 cargadas con bultos al lomo; hubo personas del pueblo que les dieron de comer y beber. Al otro día seguían en el mismo sitio, entonces el párroco ordenó que fueran llevadas a los patios de la catedral para darles descanso y comida.  Al quitarles la carga se dieron cuenta que en uno de los paquetes venía

la figura de la Santa, se cree que ella buscó en Xico la fe y desde ese entonces que nadie sabe cuándo sucedió la celebran. Para usos prácticos de las festividades y así evitar el deterioro de la imagen se mandó esculpir una figura de María Magdalena, la cual es paseada por el pueblo en días de fiesta por un grupo de jóvenes a quienes les llaman Magdalenas, se cree que esa imagen viene de España; nadie lo puede corroborar. La gente platicó que alrededor de la figura de la Santa es mucho el amor que sienten. El llanto no puede ser contenido al verla y notar todo el clima de devoción que rodea esa mirada triste que desde los hombros de una comunidad es paseada, aplaudida y venerada por las calles.  Es tanta la creencia en ella que gente de otros lugares del estado -incluso del país- la veneran y van a pedirle favores;

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El día que falte Santa María Magdalena no sé qué vaya a pasar, no lo quiero imaginar. favores; algunos dejan ofrendas, otros tantos obsequian vestidos. Los lugareños aseguran que es «la mujer mejor vestida de México», hasta un museo donde exhiben gran parte de sus piezas existe en el pueblo, dicen que hay más de 500.  José Luis Guevara Córdoba, extitular de la Secretaría de Turismo y creador de una guía turística del municipio, manifestó en unas palabras la importancia de sus tradiciones: «El día que falte Santa María Magdalena no sé qué vaya a pasar, no lo quiero imaginar. Dios no lo quiera, la vida del pueblo gira en torno a ella, en su creencia y en sus milagros». Para efectuar la fiesta se recurre a los mayordomos, los cuales son ocho en total y el grupo Mayordomos de mayordomos los elige, quienes deben reunir ciertos requisitos como ser personas de fe inquebrantable, respetables y contar con una buena solvencia económica; debe cubrir por 3 años todos los gastos y el día de la clausura dar de comer a todo aquel que desee ser parte de la fiesta; es decir, a cientos de personas.  Abraham Miranda Zacarías, mayordomo principal (de novena) periodo 2005 – 2007, explicó algunos aspectos de la celebración y manifestó su devoción a la Santa; para estar en las festividades tuvo que pedir permiso en su trabajo, agregó que es un honor estar al frente de la mayordomía; María Magdalena le ha dado mucho en la vida; espera que a la postre lo siga protegiendo, su fe es a prueba de adversidades.  8

Abraham Miranda dijo que hay gente que obsequia vestidos a la Santa para cumplir alguna promesa, muchos de ellos esperan años para que la imagen visite su casa; en toda la festividad María Magdalena es llevada de casa en casa donde primero se vela al vestido con oraciones, después lo utiliza. Durante la velada los anfitriones ofrecen refrigerios, lo más tradicional es el champurrado acompañado de pan, casi siempre pambazos. Miranda Zacarías comentó que hay gente que un año antes va ahorrando

dinero para la noche de la velada, hay hogares tan pobres que lo poco que ofrecen lo obsequian con el corazón, viene de muy adentro de sus sentimientos.  Efectivamente, ofrecer un vaso de bebida en una de esas noches es sincero, no recibirlo provocaría un gran vacío dentro… * Fragmento del libro Xico el pueblo de María Magdalena,Crónica de una fiesta popular, publicado por la Dirección General de Culturas Populares (CONACULTA, 2007)


CHOFER, 15 HORAS AL DÍA

«Mi pasión eh el taxi» 9


Daniel Tavares Luna Ilustración: Wilberth Chong

Cada día, 13 mil unidades públicas transportan gente de un punto de la ciudad a otro. Seg��n la Dirección de Vialidad y Transporte, hay alrededor de 20 mil choferes. Uno de esos choferes es Pedro Antonio. Casado y padre de 4 criaturas, es transportista desde hace más de 20 años. Antes, fue músico y tocaba el bajo. Ahora, asegura que ha decidido por el taxi porque es su pasión. «Todos loh días entro a jalar a lah ocho, dejo a loh morros en la escuela y vengo saliendo de jalar a lah 11 de la noche. Mi pasión eh el taxi», dice Pedro Antonio. «Está bien perreado, carnal: jalo de 11 a 12 horas diarias y a penas sale para malcomer. Pero la verdad, la música no deja, ya le calé en fábrica y no hay nada, y pueh uno ya está viejo ¿ya para dónde se hace?». En su trayectoria como taxista, Pedro Antonio ha presenciado cosas insólitas «nombre, me ha pasado de todo aquí». Ha visto parejas lujuriosas a través del retrovisor y ha sido víctima de asaltos y fraudes. Aún así, se mantiene al margen sólo de dos personajes de la vida diaria: el borracho y el policía. El borracho porque, muy pocas veces, deja buena propina, por lo general se hace güey y no paga; «además se vomitan o se mean y ya qué verga hace uno pueh». «De loh policías, hay buenos y malos. Una vez me di la vuelta en un lugar donde si podía hacerlo aunque el semáforo estuviera en rojo, pero un tránsito me paró y me la hizo de pedo». «Yo le dije que sí podía dar vuelta pero se aferró y ni modo, no estoy pendejo para llevarle la contra. Le tuve que dar mochada». «Máh adelante me paró uno de loh de camioneta azul y le conté lo del tránsito. Me dijieron que sí podía dar vuelta. Y yo ya sabía si no soy pendejo. Me pidieron la multa para verla, pero leh dije que no me la hicieron, que di mochada para desafanarme rápido. Putos, nomás se rieron». —Si usted le hubiera pedido la multa a lo mejor no se la hacían, finalmente usted sí podía dar vuelta... —No ni madre, esos putos son tan soberbios que sí te la hacen. Te hablan de leyes y pueh uno qué sabe. «Y me supe una nueva: ellos traen multas de tres colores diferentes, y según a la persona que van a multar, es el color. Ah, pueh uno de esos colores es para que te chinguen máh allá en la delegación». Y aunque Pedro Antonio asegura que el mexicano es rebelde por naturaleza: —¿Tú ereh mexicano?, pregunta. —Sí. — Ah, pueh usted es rebelde. Nosotros somos diferentes al gabacho por nuestra historia, desde la independencia, la revolución y hasta los cristeros. Somos rebeldes pueh. Dice que siempre está en regla: «Yo no tengo problemas con el reglamento, siempre ando en regla, así me quito de broncas con los policías, pero la bronca no son ellos, la verdadera bronca son los jueces, porque a ellos leh vale verga todo». «Como si uno fuera delincuente llega el policía a la delegación y lo que él diga: el juez fum, vámonos, y te chingan». 10 6


TรšNELES CON OLOR A MUERTE

Esclavos subterrรกneos de frontera

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Marco Tulio Castro Fotos: Dalia Chávez/Ángeles García

«Nunca me dijeron que sería construir un túnel. Me hablaron de construir casas de madera. Una vez que acepté el trabajo, nos subimos a un pick up Ford. Llegando me dijeron que me agachara porque en el lugar había muchos policías. Me bajaron del pick up y al levantar la cabeza, ya estaba dentro de la casa». «Noté que en el lugar se encontraban dos personas con armas largas. Les pregunté qué era lo que estaba pasando y me dijeron que ya me había chingado, que el trabajo era construir un túnel y que tenía que bajar». «Nunca pregunté para qué era el túnel; sólo imaginé por la cercanía que tenía de la línea divisoria, entre México y Estados Unidos, que era para cruzar droga o algo ilícito». «Cuando llegaron los militares, nosotros estábamos abajo, en el túnel. Entonces entraron y nos dijeron que no nos moviéramos, luego nos subieron a nosotros seis a un pick up y nos trasladaron al cuartel». *** El operativo duró menos de un día. Inició la tarde del sábado siete de noviembre de 2009 a un costado del aeropuerto internacional de Tijuana y terminó la mañana del domingo con una conferencia de prensa y la exhibición de siete hombres. Seis de ellos, esclavos y uno, el capataz. Los esclavos del narcotráfico son hombres que no existen hasta que son detenidos en operativos como el de aquella tarde cuando los soldados entraron al túnel. Hombres que pierden identidad y libertad, y durante el cautiverio viven en silencio al servicio del traficante. Después de sesenta días de esclavitud, hablarán así en sus declaraciones ministeriales: «Cuando llegaron los soldados a la casa comenzaron a preguntarnos que para quien trabajábamos, que para quien era el túnel, que qué íbamos a cruzar». La voz tiene nombre y rostro: Aldo Gallegos, un vaquero desempleado, entonces de veintitrés años. Vayamos a la casa: *** Sí que se ve saqueada. «Es una casa de dos pisos, color blanca, que en la parte de enfrente tiene un vivero. Al entrar por la puerta principal se ubican dos cuartos del lado derecho. En el primero colocábamos los costales de tierra y en 12

el segundo estaba la entrada del túnel» describe Aldo. —Esta es la casa donde descubrieron el túnel, ¿se podrá pasar? ¿no hay policías en vigilancia? —¿Qué la van a vigilar? No vigilan ni las calles. Pásenle, hombre, está abandonada. Ahí en un cuarto de abajo está la entrada del túnel, pero está taponeada. El vecino responde mientras cruzar la calle. Se aleja y su voz también: «debería cobrar como guía para… chin…, las puer…, lep.., dinero…, fla…, loco…, ero…». Ya estoy en las ruinas. En este cuarto es donde está el túnel. Aquí obedecieron indicaciones de un ¿ingeniero?, ¿arquitecto?: «cuando volvíamos a bajar, nos dábamos cuenta que ya estaba marcado en el túnel los puntos de cómo seguir excavando para no equivocarnos. Debió ser alguna persona con conocimientos porque ponía niveles y señalamientos bien hechos para continuar la construcción», explica otro de los seis forzados, el ayudante de albañil, Nicolás Íñiguez. Habrá que creer en Nicolás. La fotógrafa señala una pared del cuarto. Es un detalle de la obra trazado con plumón que explica el revestimiento del subterráneo: «… Y las paredes tenían triplays de comprimido para evitar derrumbes». Sí, saqueada y mugrosa. Se han robado rejas, arrancado puertas y toda tubería de metal que pueda venderse por kilo. La casa que estaba en renta se convirtió en vivero, luego en cárcel, después en fachada de un túnel diseñado para traficar droga a Estados Unidos y hoy en refugio. (Un indigente

Los esclavos del narcotráfico son hombres que no existen hasta que son detenidos hizo recámara el cuarto de lavar. Cama, juguetes, artículos de higiene personal y una modesta pipa para fumar esa droga que hace a algunos adictos, robar bombillas de vecinos). Aquí y allá hay tierra rojiza. Es la que sacaron durante dos meses en cautiverio. Piso el montículo de esos costales que recuerda el deportado Carlos Luna: «Lo único que sé, es que Humberto se encargaba de vaciar la tierra a unos costales de yute blanco y posteriormente la llevaba a tirar». Es cierto, la entrada ha sido tapada con una loza de concreto, y ha quedado inaccesible la vía que llevaría droga de república a república, por debajo de la malla fronteriza. *** ¿Cuándo comenzó la construcción de túneles para contrabandear a Estados Unidos? No se sabe. El primer hallazgo fue en mayo del noventa, en la frontera Sonora-Arizona. ¿Cuándo comenzó el uso de esclavos para construir túneles? No se sabe. Aquel mes, en aquella frontera, no se detuvo a los obreros. Sucedió como en las construcciones descubiertas acá en Tijuana: operativos que concluyen las más de las veces


con decomisos de droga y confiscación de propiedades. Pocas veces hay vida, dicen los números: de enero 2006 a la fecha se han descubierto nueve subterráneos. Sólo en dos túneles han encontrado forzados. —Hay casos donde obreros refieren temor por su vida al terminar el túnel, ¿se sabe si los matan al terminar la obra?, pregunto a Fermín Gómez, delegado estatal de la PGR. —No se tiene conocimiento que haya ocurrido esta situación y las investigaciones estriban más allá de las detenciones. Sobre todo se investiga a quienes participaron en la elaboración de los túneles. —¿Y lo sospechan? —No, no. Además no se tiene esta información, no se tienen casos. No, no. Pero hay esclavos, como Francisco Riesgo, que piensan distinto y lo dicen en su declaración: «Humberto me dijo que termináramos el túnel y nos iban a dejar ir, pero yo me imaginaba que al terminar nos matarían». Que al terminar los iban a matar, pero no terminaron. *** Hay que ubicar bien al capataz Humberto. Humberto Villarreal Pineda tiene treinta años cuando el ejército lo captura en la casa donde los seis obreros construyen el túnel bajo su supervisión. Su jefe, don Mario, («don Mario acudía regularmente a marcar puntos para continuar la excavación» confesará después) le recomienda poner un vivero en la casa para justificar los fletes de tierra que hará. El trato se sella por tres mil pesos a la semana. ¿Para quién trabajaba Humberto? Su declaración dice que para Teodoro García Simental, aquel narcotraficante que en 2008, hizo en

Tijuana una zarzuela de balas donde actuaron 882 ejecutados. Para concretar el túnel, don Mario le ha encargado media docena de hombres. Basta que Humberto ofrezca dos mil pesos semanales por «trabajo de construcción» a desempleados. Antes, decide hacerse de un dinerito. Junto a su hermano, toma la decisión de robar un auto. El gusto le cuesta prisión. La pena, sin embargo, tiene una recompensa. En la penitenciaría de La Mesa encuentra a Francisco Riesgo, un delincuente de medio pelo que conoce desde su infancia. «Yo me encontraba en la cárcel por un delito

de robo de vehículo, cuando ingresó Humberto Villarreal Pineda, junto con su hermano, a quien conozco desde chicos pues vivíamos en Guadalajara». Y ahí en la cárcel, inicia el encargo de don Miguel: «Humberto me comentó que trabajaba poniendo techos y salió él primero que yo. Le marqué al teléfono que me dejó antes de salir del penal. Me dio alojo en su casa, me ofreció una chamba buena de dos mil pesos excavando un túnel». Días después, Humberto concluye la búsqueda del recurso humano: un preliberado por robo de vehículo, un deportado, un vaquero, un ayudante de albañil y padre e hijo jardineros. A uno le promete cuidar un vivero, a otro vender plantas, a aquel construir casas de madera, a éste cavar un túnel y a esos dos, labores de jardinería. El primer paso que da Humberto es amenazar a los cautivos. («A todos nos dieron los nombres de nuestros familiares, por lo que temíamos

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por nuestras vidas y la de nuestros familiares»). El segundo, quitarles la identidad. («Me quitaron mi credencial y lo mismo hicieron con otros dos que ya estaban ahí, con dos más que llegaron ese día y uno que llegó días después». «Una vez en el interior, conocí a otras personas, siendo un total de seis, a las cuáles sólo conozco por apodos que nos pusimos ahí: los primos, que son padre e hijo, El Cachetes, El Cora y el Toro»). El tercero, dotarlos de herramientas. («Al llegar a la casa, me dio equipo de trabajo: unas botas de goma, una faja y guantes». «La herramienta que usaba era un pico, pala y una carretilla. Los demás utilizaban martillos eléctricos y otro aparato para hacer hoyos en el piso»). El cuarto, alimentarlos. («La comida que nos llevaban era casi siempre pollo o salchichas y nunca veíamos al que la llevaba, porque la bajaban en la canastilla en la que subíamos el material y la tierra»). El quinto, pagarles. («Nos pagaba los días sábado. Nos llamaba a todos de uno en uno y nos entregaba un sobre blanco con la cantidad de dos mil pesos». «Me daba los talones de depósito de Coppel para corroborar que mi sueldo se lo depositaba a mi hermana».) El sexto, descanso y recreación. («Los domingos eran los días que descansábamos, quedándonos 14

encerrados en los cuartos de arriba». «Nos quedábamos donde había colchonetas y una televisión»). El método que aplica Humberto domina a los hombres, pero no los tranquiliza. («En varias ocasiones le reclamé a Humberto, de porqué me trataba así. Si éramos amigos, porqué me tenía privado de la libertad»). Entonces sí, la obra toma rumbo. («Trabajábamos bajo esa presión y diario avanzábamos entre dos y cuatro metros en línea horizontal». «Humberto nos indicó que teníamos que terminar entre cinco y seis meses el túnel»). *** Es sábado por la mañana, y como todos los sábados, Humberto se prepara para cubrir la nómina de sus muchachos ‒alcanzará a cobrar y pagar por la tarde, pero aún ignora que será la última vez‒. Ha salido de su cuarto, independiente a las celdas y ha ordenado bajar al túnel. Ay de aquel que no obedezca («Humberto nos pagaba el trabajo que hacíamos y siempre estaba de malas. Nos quería pegar y nos amenazaba a cada rato», se quejarán el jardinero Jacobo Muñoz y su hijo Carlos Muñoz). Como capataz, Humberto duerme en la recámara más grande (hablo de esta habitación beige, rugosa, amplia, con loseta plástica color crema que tiene baño privado, ventana a la calle, acceso al balcón y vista al vivero. Frente a su puerta, éstas dos de las

celdas de los obreros). La jornada de doce horas inicia a las siete de la mañana. Los religiosos han colocado al fondo del tiro, un altar que comparten el Sagrado Corazón, la virgen María y San Judas Tadeo, aquel patrón de las causas desesperadas, como viene al caso. También han montado una estampa de Jesús Malverde, esa figura venerada por miles y rechazada por la iglesia católica. En el altar, la oración: «San Judas Tadeo, intercesor de todo problema difícil consígueme un trabajo en que me realice como humano y que a mi familia no le falte lo necesario en ningún aspecto de la vida». Que se realicen como humanos. Los seis cautivos trabajan con las cuatro herramientas indispensables: roto-martillos, palas, picos y carretillas, pero a las dos de la tarde, la actividad


se frena. («Nos decían que subiéramos a comer. Al estar en los cuartos, la comida ya estaba servida y nunca nos dábamos cuenta de quien la llevaba o la preparaba»). Tres de la tarde. Los obreros han terminado de comer y cada uno se forma para recibir los dos mil pesos. Humberto entrega el dinero e inmediatamente ordena volver al túnel para avanzar («él nos exigía cuatro metros diarios»). 143 metros más, y el túnel llega a Estados Unidos. Entonces el supervisor se relaja. Allá afuera, el ejército ha rodeado la casa y Humberto comete el error de no vigilar la calle desde su habitación, antes de hacer un alto. Cuando los soldados entran al domicilio a través del vivero, Humberto está echando la mona y sus muchachos diez metros bajo tierra.

Busqué la casa de Francisco Riesgo, como quien busca una aguja en un pajar o una vivienda en los barrios salvajes sin nomenclatura. *** De ser forzados durante poco más de dos meses, ahora son parte del trofeo del ejército. El fiscal les acusa violar la ley federal contra delincuencia organizada y también por delitos contra la salud. La Procuraduría General de la República pide a un juez mantener detenidos por cuarenta días a los hombres para seguir sus investigaciones. El juez concede el arraigo pero la PGR no logra pruebas sólidas contra quienes dicen haber sido amenazados de muerte para construir el subterráneo. Entonces la navidad de 2009 se convierte en una fecha agridulce. Sus cuarenta días de arraigo concluyen el 25 de diciembre y quedan en libertad.

Para Humberto la historia es distinta: el fiscal consigue que siga su juicio internado en el penal federal de Nuevo Laredo, Tamaulipas. *** He conseguido el domicilio de tres de los seis obreros liberados y he dado con dos de esas direcciones. Busqué la casa de Francisco Riesgo, como quien busca una aguja en un pajar o una vivienda en los barrios salvajes sin nomenclatura. El número de casa corresponde a una casa abandonada y sin techo, y en este arrabal nadie da señales de conocer ese nombre. «Pues ahí sí vivió un bato con su ruca, pero se fueron hace años», dice un vecino que limpia una pipa para fumar. Acá está otra vecina, pero se escucha ocupada

«¡Dame la Kola Loca! ¡Dame la pinche Kola Loca y vete a la verga, culero!». En las otras dos casas, hablé con familiares. En ningún caso me permitieron contactar a los hombres. «Debe comprender que fue una situación difícil para la familia». En ambos casos, se limitaron a decir que una vez libres, huyeron de la ciudad. «No quieren saber nada de aquí y menos hablar de eso». Habrá que comprender. *** Pero los túneles se planean siempre con entrada y salida. Es julio de 2011 y Humberto está por cumplir veintidós meses preso. Ya no es aquel líder que tenía a seis muchachos sirviéndole en la construcción del subterráneo. Hoy es un interno más que espera sentencia en un reclusorio de Tamaulipas. Algo, sin embargo, no han cambiado en él: aprovecha su día desde las siete de la mañana, como hoy, que antes del pase de lista, ya se ha fugado por un túnel. La PGR informará después que Humberto y otros 58 reos escaparon a través del subterráneo que estaba frente a un tanque de agua potable. Como en los demás túneles, éste se concluye con un tufillo a muerte: mientras Humberto se fuga, los custodios del penal se ocupan en una revuelta de reclusos, que acaba con la vida de siete. 15


«LA HISTORIA COMO NOVELA Y LA GEOGRAFÍA COMO AVENTURA»

Jordán, el reportero

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y aventura, y resulta ser el caso que Jordán tenía sed de lo uno y lo otro. Antropología, el inicio y la base La historia de la leyenda de Fernando Jordán comienza exactamente el 26 de abril de 1920 pero más precisamente en su temprana búsqueda e interés por encontrar historias y sobre todo, por contarlas. Con un espíritu inquieto y una afición por la lectura, atributos necesarios y útiles para todo aquel aspirante a periodista, el interés empezó a gestarse en sus inicios como estudiante de Arquitectura con su periódico estudiantil Inter Nos, donde publicaría una entrevista a Pedro Vargas, así como posteriormente cuando su alejamiento de la abstracción matemática lo llevara Foto: Impacto

viajero Alejandra Soto del Toro Fotos: Dalia Chávez

En múltiples ocasiones el tiempo y la historia han menospreciado, pasado por alto o hasta olvidado a algunos autores los cuales terminan por sucumbir al abismo del anonimato, como en el caso del periodistaescritor Heriberto Frías o, en el que aquí nos concierne, Fernando Jordán, personaje enigmático, amador de la Baja California, atrayente y controversial en el mundo del periodismo bajacaliforniano tanto para los que lo conocieron como para los que a estas alturas tienen la osadía de investigar sobre él. Y es que tanto su vida y su leyenda resultan tan complementarias como excluyentes entre si que se torna difícil determinar en dónde empieza una y en que momento comienza la otra, y en ambas el movimiento continuo nunca dejó de ser una parte primordial en su vida (o al menos en la mayor parte), necesidad intrínseca a todos aquellos seres con espíritus ávidos de libertad

Jordán estaba ansioso de dar rienda suelta a la aventura y la única forma de hacerlo era a través del ejercicio periodístico. a estudiar Antropología para después fundar la revista Acta Antropológica y editar textos que si bien no eran precisamente periodísticos, el rigor y conocimiento del antropólogo resultaban una clase de entrenamiento nada desdeñable para sus futuras aventuras y viajes por diversos puntos del territorio mexicano. Y es que los viajes eran imprescindibles para él en esta etapa temprana pues su ya de por si inclinación por la diversidad cultural se vería acrecentada es sus viajes como estudiante de antropología a lugares como Chiapas, Guerrero, Michoacán, Morelos, Veracruz, o cuando visitó en 1938 junto con Carlos Pellicer la población de Tepoztlán, o su viaje por el puerto de Acapulco con el fin de reunir algunos ejemplares de

caracoles marinos para Pablo Neruda, todos estos viajes experiencias que dejaban entrever lo que vendría después. Del diarismo al viaje Jordán estaba ansioso de dar rienda suelta a la aventura y la única forma de hacerlo era a través del ejercicio periodístico, por eso en 1945 decide comenzar su carrera como reportero en el diario La Prensa. Empezó desde abajo y fraguándose poco a poco pero eficaz y rápidamente un lugar dentro del periodismo mexicano, periodo en el que escribió de todo, como cuando presenció la ceremonia en que los restos de Hernán Cortés fueron ubicados en una cripta en la capilla del Hospital de Jesús, o sus reseñas sobre Agustín Lara en pantuflas y hasta reportajes sobre los miércoles de ceniza, la vida de los equilibristas del circo o la regeneración de las prostitutas. Pero Fernando Jordán había nacido para recorrer caminos y hacia eso se encaminó al dejar la redacción de La Prensa para dirigir sus pasos a la redacción de la revista Mañana, editada por Regino Hernández Llergo, quien recibió al joven aventurero asignándolo como redactor viajero pues su energía y calidad de antropólogo eran dos características muy efectivas que no podían ser canalizadas en ninguna otra actividad. Jordán no quería escribirla nota del día, pues su vocación como antropólogo le demandaba algo más ambicioso que eso, algo que sacara de la monotonía a la antropología de entonces y que le ensuciara los zapatos como el reportero en el que deseaba convertirse y ser «el primer periodista que llegue hasta aquellos lejanos sitios en busca de motivos para reportajes». Desde ahí Jordán entregaría tremendos reportajes con los cuales iba ganando fama su firma pues inmediatamente comenzó a aventurarse con la marina mexicana a la caza de piratas por el archipiélago de las Revillagigedo, el cual se convertiría en un mini reportaje gráfico en las páginas de Mañana. Jordán entregaría otro reportaje sobre territorios lejanos de Chiapas en otra de sus expediciones 17


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El otro México se convirtió en un best seller y en un clásico de la crónica de viaje mexicana

periodísticas entre el 21 de agosto y el 16 de octubre de 1948, dividido en siete entregas: 1.- Cachimbo, la isla del Diablo en México; 2.- Las rutas de Chiapas; 3.- Un paraíso en la sierra: La Esperanza; 4.- La ruta de las orquídeas; 5.- Soconusco; 6.Cincuenta mil personas agusanadas de por vida en amplia faja de la frontera con Guatemala: la oncocercosis y 7.- El drama Chamula. Pero sus travesías y reportajes no terminarían ahí, sino que prosigue y se adentra a la sierra de Santa Rosa de Melchor Múzquiz, en Coahuila, y visita a los pieles rojas de México, los indios kikapu. Y de ahí a Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, donde informa sobre la idiosincrasia menonita para después emprender otra travesía más pero esta vez por la Alta Tarahumara, reportaje publicado también en Mañana en siete largas entregas. Ahora sus ojos estaban puestos en Baja California así como en

Impacto, la nueva revista de Regino Hernández Llergo. Nace el Otro México Desde sus inicios en Impacto los textos de Jordán fueron un éxito tanto por la calidad de los reportajes que entregaba a la redacción como el contenido de estos, todos ellos comprometedores como el del subsuelo de México y el tráfico de recursos del país, pero esta clase de artículos empezaban a ser demasiado comprometedores para la revista a pesar de su calidad trayendo como consecuencia su retiro de la publicación. Sin embargo esta situación trajo buenas consecuencias, la sexta expedición que ya traía en mente pero que por una u otra cosa no había podido materializarse, la obra con la que se consagraría Fernando Jordán, una serie de reportajes a los cuales denominó

Tierra Incógnita sobre la península de Baja California, donde explora un territorio parcialmente desconocido, olvidado hasta entonces y del cual no querían saber nada los periodistas de la época. El resultado: un reportaje sobre el recorrido de siete mil kilómetros por los desiertos, ciudades y sierras bajacalifornianas. Después, estos reportajes los reescribiría y tendrían por nombre El otro México, libro redactado en una casa en Ensenada y en donde curiosamente tenía vista a las islas que sirvieran de inspiración a la novela La isla del tesoro, de Luis Stevenson. Jordán no pudo haber escogido mejor titulo, ya que entonces y aún ahora, el territorio bajacaliforniano era visto como una tierra incógnita, un lugar exótico, inaccesible, victima de la centralización (lo es también hoy), como si se tratara, efectivamente, de otro México, un México aparte pero al mismo tiempo parte de un México que es otro y no este en el que viven los californios. Y en cierta parte así lo era, como lo terminaría demostrando en sus descripciones de la vida y lugares de este estado. El otro México se convirtió en un best seller y en un clásico de la crónica de viaje mexicana, criterio compartido

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tanto por la crítica como por los electores, lo que convirtió a Fernando Jordán en una celebridad del periodismo. Como él mismo lo dice en su obra, Jordán se remonta hasta la historia de las primeras expediciones de Colón y Vizcaíno, a la historia de los primeros pobladores y aborígenes, a las primeras conquistas. Y así continúa describiendo su expedición por el desierto, las islas, la Rumorosa, al mismo tiempo que nos relata historias paralelas pero no menos interesantes como las truchas de míster Utt en San Pedro Mártir, los rusos de Guadalupe o el inicio del tráfico de droga con los chinos por el coronel Cantú. Todo esto narrado no a la manera típica del periodismo, pues como él mismo lo afirma en su introducción, El otro México manejó «la historia como novela y la geografía como aventura», siendo uno de los mejores ejemplos el apartado En el que se comprueba la existencia de Shangri-La, con un uso del diálogo y la narración a semejanza de un reportaje novelado. Amor y muerte en San Juan Después de su aventura como redactor viajero por el país bárbaro, 20

en marzo de 1955 Fernando Jordán decide regresar, una vez más, a ese lugar mítico al que sentía pertenecer, del que había explorado todos sus rincones haciendo de lado su extrañeza como hombre del centro del país: Baja California. Pero esta vez sería para cambiar de vida y de rumbo, abandonando temporalmente la vida agitada de periodista por otra no menos demandante, aislada y solitaria. Así es como empieza la vida de agricultor de Fernando Jordán, quien se dedicó a construir un rancho en una propiedad en San Juan de la Costa, a 55 kilómetros de La Paz. Y fue en ese rancho en Baja California donde Fernando Jordán decidió terminar con su vida, momento en el que termina la leyenda a la vez que comienza. Este es quizá el punto más álgido en la vida de Jordán y en el mundo periodístico, porque más que la muerte de un periodista más fueron sus circunstancias las que aún siembran la duda en torno a su muerte. Los últimos sucesos no habían sido muy favorecedores, como el conseguir el interés de un editor para su Crónica de un país bárbaro, el cual no llevaría

su pie de imprenta, su préstamo por 100 mil pesos en Chihuahua, el plagio de capítulos enteros de El otro México por un par de norteamericanos, su inestable relación con su esposa, la bancarrota, su fracaso como agricultor, todo esto lo llevaría a reafirmar su idea de desaparecer de este mundo, idea que ya hubiera manifestado anteriormente en una carta en 1954 donde expresaba su deseo de «morder una escopeta», llevándolo a cabo finalmente la madrugada del 14 de mayo de 1956, en la misma habitación donde escribió su poema Calafia. Fernando Jordán hizo del periodismo y el viaje una forma pero más que otra cosa un estilo de vida, uno al que muy pocas personas podrían entregarse de esa manera sobre todo si se toma en cuenta la paupérrima remuneración de esta actividad. Jordán lo hizo, vivió del periodismo y del viaje. Y, además, dejó un testimonio de este otro México, de Baja California.

*La información aquí presentada se obtuvo del prólogo de Felipe Gálvez a la obra de Fernando Jordán.


TRANSPORTE DE CALIDAD EN SAN LUIS RÍO C.

«Al pasajero, lo que pida»

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Vladimir Galindo Ilustración: Luis Mario Sarmiento Si desalojas Baja California con dirección al este, pasas por Mexicali hasta que esta ciudad se pierde en el retrovisor, llegarás a un poblado de nombre San Luis Rio Colorado. Lugar donde yo nací hace 22 años, un mes antes de lo previsto. San Luis, como le decimos todos, tiene la apariencia inmediata de un lugar de paso; lo sé y cada uno de los tijuanenses con los que he convivido me lo reafirman cada vez que pueden. Entras por la avenida principal y si sigues derecho, en 15 minutos habrás salido y estarás listo para recorrer por tres horas una de las carreteras más áridas y peligrosas de México hacia Sonoyta (poblado realmente desolado). Lo cierto es que SLRC ha crecido: en 2000, tenía 145 mil habitantes y para 2010, según el Inegi, la ciudad sumaba los 178 mil 380 pobladores. Uno de sus habitantes, es Gabriel, un chofer de taxi que permite fumar mota y piedra a sus pasajeros mientras conduce. «Cuando vas a ruletear te puede pasar de todo y uno siempre tiene que estar al pendiente de todo, se tiene que andar con el ojo bien pelado porque no tenemos seguro médico, lo único que está asegurado por la empresa es el carro, hijos de puta». Dice que tiene que utilizar su sexto sentido para detectar a aquellos agresores que buscan asaltarlo o molestarlo. «Tengo amigos a quienes les han filereado la cara y otro hasta lo han matado». Todo me lo dice con una ligera risa. «Una de las anécdotas más raras que me ha tocado escuchar, fue la de un asaltante que metió al taxista en la cajuela del mismo taxi y este se puso a ruletear un rato, se puso a chambear de taxista mientras llevaba al verdadero dueño del taxi encajuelado y amenazado, le dijo que si hacia ruido lo iba a matar. Al final pudo abrir la cajuela y salir corriendo, al agresor lo agarró la placa».

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El riesgo que vive Gabriel no es justificación para atender al cliente como jefe: «He levantado muchas pasajeros… me ha tocado aquellos que me dicen que si no tengo problema con que prendan un gallo dentro del taxi, yo nada más subo las ventanas y les digo que no hay pedo» (mueve sus manos en circulo girando las poleas imaginarias de las ventanas). «Pero ya cuando la nube se está formando, abro las ventanas porque si un policía se da cuenta, me carga la verga». «También han fumado ice arriba, con eso hay menos problema porque no huele como la ganja (risas)… en otra ocasión uno me roló un 200 de cotorro y pues véngase pa’cá dije, ¿qué se le va a hacer?».

Uno de sus habitantes, es Gabriel, un chofer de taxi que permite a sus pasajeros fumar mota y piedra mientras conduce.

—¿Sabes cuando mueven droga, morras o pollos? —Uno sabe cuando la gente trae loquera, y una vez que comienzan a platicar, sabes que te lo van a confesar y hasta ofrecer. Las putas son como nuestras primas, tenemos una sociedad confiable y nunca encontrarás personas más agradables como ellas. En ocasiones, llevo a clientes a que sean atendidos y ellas me dan una prima de 200 pesos. Hacemos buenos negocios.

movemos pollos, no los cruzamos, no somos polleros, sólo los trasladamos aquí en el área. Casi todos los lugares a donde llevábamos a los pollos son en ejidos. Era un buen jale, ganabas cinco mil pesos en un día (blande sus manos dentro de las bolsas de su chamarra). Ahora está cabrón. una vez me detuvieron y en chinga les dije a los que llevaba dentro que dijeran que pidieron un taxi y que yo los recogí en un Oxxo; pusieron a los pollos por un lado y a mí me separaron y me pusieron en otro lado. Primero le preguntaron a ellos qué pedo y dijeron lo que les dije; después me preguntaron a mí y les dije que sólo estoy trabajando de taxista y ando haciendo mi trabajo. Ya como vieron que coincidieron nuestras respuestas nos dejaron ir, pero claro, tuve que soltar una mordida. A final de cuentas saben lo que sucedía. Los federales fueron metiéndose en este asunto hasta que ya son ellos quienes controlan qué taxista debe transportar y cuántos pollos se mueven. Por eso ya dejé de hacerlo.

—¿Y migrantes, también transportas migrantes? —Es bien sabido que muchos taxistas

—Ahora estás derecho… —Derecho, pero dándole al pasajero la atención que pida.

—¿Alguna vez te han intentado pagar con cuerpo? —No, padre, no sabes, (suelta una sonrisa y se mueve como si toreara; extendiendo el brazo hacia un lado y giraba en el eje de sus pies juntos). «Me ha pasado tres veces. Se sube una mujer y de repente me empieza a decir que no tiene para la leche ni los pañales, que tiene que comprar comida y no le alcanza, bla, bla bla, y a uno le tiembla la mano, pero sólo le digo que me estorban 100 pesos, ni un peso más».


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