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EL ROL POLÍITICO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Los diversos estudios que ponen énfasis en el rol político que cumplen los medios de comunicación pasan actualmente por la intersección de tres ejes que resultan vitales para su cabal comprensión: el ejercicio de la Ciudadanía, la reforma del Estado, y los modelos sociales que operan como contexto. El ejercicio de la ciudadanía está definido por el conjunto de mecanismos, tipos de relaciones, deberes y derechos que se construyen, se articulan y se operacionalizan para hacer posible una participación plena y una cada vez mejor calidad de vida de todos los individuos en una determinada sociedad. En el caso de la comunicación esta dimensión implica no sólo el derecho a estar informado sino también a la libertad de expresión, libertad que conduce en consecuencia a la tarea de abrir, ampliar y consolidar las posibilidades de acceso al manejo y propiedad de frecuencias, señales de emisoras de radio y televisión, así como al uso del internet y otros soportes de la comunicación. Este ejercicio resulta válido en la medida que se reconoce a los medios de comunicación su más amplia condición de bienes de servicio e interés público, lo que otorga el marco indispensable para que puedan acceder a ellos no sólo las empresas privadas y los gobiernos sino también, y en especial, diversas instituciones de la sociedad civil. La reforma del Estado se asume como el programa y el conjunto sistemático de acciones que deben diseñarse, realizarse y supervisarse con la participación activa de los ciudadanos y de sus instituciones para adaptarlo a las necesidades y demandas de las sociedades en un momento determinado y a las perspectivas del desarrollo económico y social. El modelo social se constituye en el tipo de sociedad que se propone y construye una determinada colectividad en un proceso a más largo plazo, condicionado o determinado cada vez en mayor medida por el contexto internacional que le sirve de marco. En esa perspectiva actúan hoy en nuestros países los procesos de globalización de apertura de mercados, de desarrollos tecnológicos que, en el universo de la comunicación, provocan la expansión y acelerada transformación de las industrias audiovisuales, de la prensa y de los demás medios de comunicación. El rol político en los medios adquiere -cada vez más- una transversalidad que rompe con las antiguas dicotomías con las cuales se definía las funciones o niveles de la comunicación. Lo político se “apropia” de una agenda que va más allá de la propaganda o de la información para insertarse en el conjunto de las diversas instancias de la vida social. Ni la economía, ni la educación, ni la cultura y/o el entretenimiento más elemental están en capacidad de reclamar ya las viejas autonomías. Dicho de otra manera, la comunicación sólo puede ser entendida y asumida desde las distintas matrices que operan como intersecciones. En ellas lo político cumple un rol fundamental. Walter Neira Bronttis Director


J.C.Lozano

José Carlos Lozano

La información internacional en la prensa latinoamericana

Profesor investigador del Departamento de Comunicación del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Dirección: Av. Eugenio Garza Sada 2501 Sucursal de correos “j” 64849 Monterrey, Nuevo León, México. Teléfono: (528) 3582000 Fax: (528) 3284198 E-mail: jclozano@campus.mty.itesm.mx

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En su encuesta sobre una nueva agenda para la investigación de la comunicación internacional Rota y Rodríguez (1995) muestran que los temas sobre el flujo de noticias entre los países es considerado aún como vital por la mayoría de los académicos de esta área en el mundo entero. Muchos de los encuestados mencionaron la necesidad de evaluar la forma en que los medios internacionales influyen cada vez más en la opinión pública y en la toma de decisiones sobre diferentes asuntos internacionales (p.23). Otros destacaron la necesidad de analizar la creciente concentración de poder en el campo de la comunicación internacional y sus concecuencias. El continuado predominio de las agencias transnacionales

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de noticias (AP, UPI, REUTERS y AFP) en las regiones del tercer mundo puede considerarse un ejemplo de dicha concentración del poder. Este predominio nos obliga a seguir tomando en cuenta las dimensiones del contenido y la dirección de los flujos comunicacionales.

Europa. Un ejemplo claro de ello es que las agencias de noticias norteamericanas manejan el 80% de las noticias internacionales en Latinoamérica y en muchos países un porcentaje de las noticias nacionales y regionales también es controlado por ellas. (p.178)

El rol de las noticias internacionales en el movimiento hacia la globalización podría también relacionarse con las preocupaciones actuales de los investigadores de la comunicación internacional. Aunque muchas de las discusiones sobre la globalización se centran en las nuevas tecnologías y en los flujos de mensajes audiovisuales, las noticias internacionales son sin duda una parte integral del nuevo orden mundial. Los flujos informativos juegan un papel esencial en la construcción de un aldea global; ciertos eventos seleccionados por los medios informativos transnacionales son conocidos y «experimentados» simultáneamente por millones de personas alrededor del mundo.

En sus propuestas hacia un debate con mayor sentido sobre el futuro del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC), Vincent menciona como fundamental la meta de lograr un mayor balance en el flujo de noticias mediante una distribución más equitativa en los recursos, riquezas y poder. Argumenta también la necesidad de un «adecuado monitoreo de los flujos de comunicación» por ambas partes: académicos y comunicadores (p.181).

En un artículo reciente Vincent (1997) sugiere que los flujos internacionales de noticias son limitados y poco balanceados a pesar de las mejoras que ha habido en los últimos años: Una preocupación mayor sigue siendo que en el contenido de la prensa continúa reflejándose una concentración hacia los Estados Unidos o

De acuerdo con Vincent, los estudios sobre los flujos internacionales de noticias han sido dominados por los académicos norteamericanos: «Esta literatura aún carece de fundamentos teóricos y tiende a ser metodológicamente cruda, con poca experimentación de hipótesis» (p.188). Agrega que una mayor investigación sobre los flujos de noticias debe llevarse a cabo, tanto en el nivel micro de los países como en el nivel macro de comparaciones regionales (p.188), Nuestro estudio busca retomar esta propuesta poniendo un especial énfasis en los medios latinoamericanos.


Salwen, Garrison y Buchman (1991) mencionan que América Latina tiene un buen número de periódicos con prestigio regional e incluso internacional: Muchos de los mejores periódicos son publicados en las naciones más grandes de esta región, incluyendo México, Brasil y Argentina. Algunos de ellos han ganado reputación por retar desafiantemente a gobiernos autocráticos. Sin embargo, la mayoría están conducidos por la demanda del mercado y su interés es proveer a sus lectores con noticias, entretenimiento y beneficios, como cualquier otra industria (p.271). Los periódicos de los países más importantes de Latinoamérica satisfacen los criterios que Merrill propone para la identificación de los periódicos prestigiosos: tienen una amplia cobertura nacional, se preocupan por la interpreta-

ción de los acontecimientos, tienen un diseño gráfico digno, son serios (sin sensacionalismo) y son imparciales e imaginativos (Salwen et al., 1991, p 275).

cas de Estados Unidos; y segundo, un público informado es un elemento importante para el proceso de creación de políticas a través de la región».

Las conclusiones de Larson et al. (1986) acerca de la cobertura de América Latina en los noticieros televisivos norteamericanos son ilustrativas de los resultados obtenidos por la mayoría de los estudios:

En contraste, los estudios acerca de las noticias internacionales en la prensa de América Latina son escasos. Un estudio pionero fue realizado por el Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL) en 1962. El proyecto de CIESPAL consistió en un análisis de contenido de dos semanas en 28 periódicos diarios en 19 países de Latinoamérica. Asímismo, estudió las mismas dos semanas en el New York Times, Le Monde, The Times e Izvestia, para hacer comparaciones con la prensa de Europa y la socialista (CIESPAL, 1967).

«No es una exageración el decir que cada latinoamericano debería preocuparse al saber qué poco específica es la visión sobre su país que se difunde en las noticias televisivas en los Estados Unidos. Si ponemos como ejemplo a México, éste era sólo una tierra de pozos petroleros, inmigrantes a punto de brincar la frontera con Estados Unidos o volcanes en erupción y temblores. La sensación caricaturesca presentada por la visión de Latinoamérica que se deriva solamente de las noticias de televisión es inquietante, especialmente si asumimos dos cosas: primero, que Latinoamérica es un área de significante interés para las políti-

Los resultados de este estudio descriptivo señalaron algunas tendencias en la prensa latinoamericana que continúan siendo relevantes hoy en día: 1) Una débil cobertura en cada periódico particular de Latinoamérica sobre otros países latinoamericanos, a pesar de la interdependencia entre esos países y sus problemas en común. 2) Una casi total dependencia de todos los diarios en tres agencias de noticias internacionales: UPI, AP (79.3% de todas las noticias internacionales) y AFP (13.4%). 3) Una tendencia a mostrar trivialmente los eventos ocurridos en otros países latinoamericanos.

Muchos estudios han documentado la cobertura de Latinoamérica o países específicos en la prensa norteamericana (Gozenbah, Arant y Stevenson, 1992; Larson, McAnany y Storey, 1986; Lozano, 1989; McAnany, 1983; Sonntag, 1989; Wallis y Baran, 1990).

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Latinoamérica y el Caribe (462 millones de habitantes) son regiones subdesarrolladas que tienen muchos problemas económicos y sociales. A pesar de ellos juegan un rol dinámico en el campo de la comunicación. La mayoría de los países tiene importantes sistemas de medios y algunos de ellos, como México, Brasil, Venezuela y Argentina, son importantes exportadores de programas de televisión a muchas partes de la región e incluso a otras partes del mundo (Asia, Europa y Rusia).

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Desde 1962 a la fecha no ha habido estudios de similares magnitudes acerca de los flujos internacionales de noticias en la prensa de Latinoamérica. El estudio más cercano fue uno realizado por la UNESCO y la International Association for media and Communication Research (IAMCR) que incluyó tres países latinos: Argentina, Brasil y México. En dicho estudio Stevenson y Cole (1984) encontraron que la premisa de no tomar en cuenta la región local no era una constante en ningún peródico incluido en el análisis: «Los medios mexicanos presentan mayor atención a Latinoamérica que a cualquier otra parte; los medios de Zambia dan mayor espacio y tiempo a África (...). en promedio, cerca de la mitad de las noticias extranjeras en los medios del tercer mundo se originan en la región geográfica local» (p. 37). Las noticias de la región local fueron las que tuvieron mayor énfasis; las noticias de los países industrializados de Europa fueron los segundos en atención. Las noticias en los periódicos del tercer mundo acerca de otras regiones en desarrollo fueron casi invisibles. De acuerdo con los resultados de Stevenson y Cole, fue el tercer mundo el que dominaba las noticias del tercer mundo y no el primero, inclu-

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yendo a Argentina y Brasil. Por otro lado, en las noticias de prensa mexicana fueron similares en número las del primer y el tercer mundo (p.44). En lo que respecta a las noticias negativas, encontraron que la mayoría de las notas internacionales eran acerca de política, sin importar la región. La cobertura de accidentes y desastres fue similar en las noticias acerca del primer y el tercer mundo (pp.45-47). Sreberny-Mohamadi (1990) llegó a una conclusión diferente con la misma base de datos. Para ella «las noticias en todos lados parecen definirse como un evento ‘excepcional’ siendo los sucesos imprevistos y las catástrofes noticias válidas donde quiera que ocurran» (p.13). No todos los académicos internacionales de comunicación están de acuerdo con el punto de vista crítico que los defensores del NOMIC mencionan acerca de quitar la «mentalidad de terremoto y violencia» en las noticias extranjeras sobre el tercer mundo. Wallis y Baran (1990, p. 184), apoyan la noción del NOMIC sobre la necesidad urgente de que haya más noticias acerca de países en desarrollo. Sin embargo parecen adoptar la visión tradicional de prestar más atención a las noticias negativas cuando se trata de cubrir Latinoamérica. «Algunos editores de información internacional deberían aceptar que la cobertura de Centro y Suramérica es me-

nos que satisfactoria. Es una parte del mundo donde los dictadores militares han ido y venido (a pesar de que algunos se han quedado) y donde las naciones se han hecho de grandes deudas externas (pero una de ellas, Brasil, se está convirtiendo en el mayor distribuidor de armas a los países del tercer mundo) donde la confrontación armada ha sido una constante de los ochenta (Falklands/Malvinas, Granada, Nicaragua, Panamá y demás), una parte del mundo que provee de drogas a Estados Unidos y Europa Occidental. Nadie podría decir que esas áreas no son de interés, que éstas no son dignas de atención general para aquellos que quieran conocer acerca del mundo.» En lo que se refiere a la dependencia de los países latinoamericanos de las agencias noticiosas de Occidente, Sreberny-Mohammadi señala que «la metodología ha probado ser cruda para distinguir la fuente de temas emergentes» (p.13). Las noticias por lo gneral no especifican la fuente en que se originan. Como consecuencia, las noticias atribuidas a las «cuatro grandes» han sido subestimadas y el grado de dependencia en ellas no ha sido confiable. Finalmente, Stevenson y Cole (1984) y Sreberny-Mohammadi (1990) señalaron el estrecho rango de tópicos destacados por la prensa alrededor del mundo: tópicos sobre escándalos y actores como políti-


En un análisis de contenido de varios de los principales noticieros televisivos latinoamericanos, García Núñez de Cáceres (1997) encontró que Estados Unidos recibía la mayor cantidad de tiempo en la cobertura internacional. La información acerca de los Estados Unidos en los noticieros de Colombia, Brasil, Venezuela, Bolivia, Argentina, Perú y Chile fue más prominente y balanceada que las noticias acerca de otros países latinoamericanos, los cuales recibían la mayor cobertura después de los Estados Unidos. Deportes, política, desastres naturales y accidentes fueron los cuatro tópicos que recibieron la mayor atención en los noticieros. Confirmando los resultados de la Sociología de la Producción de Mensajes (Newsmaking) y los estudios sociológicos de los medios acerca del predominio de los actores oficiales o políticos en las noticias, la UNESCO/IAMCR encontró que entre el 25 y 60% de todos los actores en las noticias internacionales fueron figuras políticas (Sreberny-Mohammadi, 1990, p.12). En un estudio paralelo sobre la cobertura de los servicios de cable de ocho diferentes regiones del mundo, Weaver y Wilhoit (1984,

p.153) encontraron que los políticos fueron los actores mencionados con mayor frecuencia en las noticias. «Estos resultados paralelos sugieren una vez más, que lo que destacan las agencias de noticias occidentales, es también de alguna forma lo que es desatacado en los sistemas de prensa de muchos países» (p.176). García Núñez de Cáceres (1997) confirmó esto en su estudio de siete noticieros latinoamericanos: 74% de todos los actores en las noticias internacionales fueron políticos (p.74). El resto de los estudios acerca de noticias internacionales en la prensa latinoamericana tienden a ser microestudios acerca de periódicos particulares en países individuales. En 1982, Rota y Rota (1987) realizaron un análisis de contenido en las noticias internacionales publicadas por los periódicos líderes de la Ciudad de México. Ellos encontraron que sólo cuatro categorías de los tópicos englobaban el 73% de todas las noticias internacionales. Esas fueron las mismas categorías detectadas por el estudio de la UNESCO/IAMCR: deportes, gobiernos extranjeros y políticas, economía, finanzas y relaciones laborales, guerra y cuestiones de defensa (p.171). Aunado a esto, 90% de todos los temas de noticias internacionales fueron proporcionados por organizaciones de noticias cuya base está en los Estados Unidos o Europa Occidental: «Un extremadamente alto porcen-

taje de información que viene de las fuentes de noticias norteamericanas indica un claro nivel de dependencia de la prensa mexicana en algunas, reprochablemente homogéneas, fuentes de información» (p.171). Rota y Rota también determinaron que la cobertura de los Estados Unidos y la Europa Occidental en los periódicos más importantes de la ciudad de México sumó el 55% de toda la información internacional. Las noticias acerca de Latinoamérica representaron el 30% de todas las noticias internacionales, mostrando con ello un desbalance más marcado que el detectado tres años atrás por el estudio de la UNESCO/ IAMCR sobre este país. Después de esta revisión de la literatura, podemos concluir que las noticias internacionales en la prensa latinoamericana han sido estudiadas escasamente. Los resultados de los pocos estudios regionales muestran que la preocupación de Vincent (1997) acerca de la continua necesidad de un flujo más balanceado de noticias a través de una distribución más justa de los recursos y el poder, es aún válida en los medios noticiosos de América Latina. Nuestras preguntas de investigación en este estudio se relacionan con los argumentos, preocupaciones y resultados discutidos arriba: ¿Cuánta atención le proporcionan los periódicos seleccionados a las noticias internacionales? ¿Existe una ten-

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cos, guerra y asuntos económicos, además de deportes. Las notas sobre accidentes y desastres no ocuparon grandes espacios en ninguna parte del mundo (Stevenson y Cole, 1984, p.44).

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dencia a publicar más noticias sobre la región (otros países latinoamericanos) o sobre Estados Unidos y Europa Occidental? ¿Cuáles son los tópicos que reciben mayor cobertura en las noticias internacionales? ¿Son diferentes los tópicos de las noticias sobre Estados Unidos, Europa Occidental y Latinoamérica y otras regiones en desarrollo? ¿Qué tan dependientes son los diarios latinoamericanos contemporáneos de las agencias de noticias occidentales, particularmente de las «cuatro grandes» (AP, UPI,

AFP y REUTERS)? ¿Muestran una mayor diversificación que en los sesentas y ochentas? MÉTODO Muestra de los periódicos Este estudio se basa en un análisis de contenido de algunos de los periódicos más importantes de Argentina, Brasil, Chile, República Dominicana, México y Nicaragua. Además la muestra incluyó dos periódicos españoles para comparar la cantidad y

tipo de cobertura de las noticias internacionales de la prensa latinoamericana con la prensa de un país industrializado, cultural e históricamente próximo a la región. Los periódicos fueron seleccionados por estar entre los de mayor circulación y prestigio en sus respectivos países (excepto el caso de Brasil, donde sólo se pudo incluir un periódico regional). El cuadro siguiente muestra el nombre de cada periódico, su región de origen y su circulación declarada.

NOMBRE, PAÍS DE ORIGEN Y CIRCULACIÓN DE LOS DIARIOS INCLUÍDOS EN EL ESTUDIO Diarios

Ciudad

País

Clarín

Buenos Aires

Argentina

800,000 (entre semana) 1’500,000 (domingos)

La Nueva Providencia

Bahía blanca

Argentina

37,500

Zero Hora

Porto Alegre

Brasil

141,000 (entre semana) 260,000 (domingos) (certificada)

El Mercurio

Santiago

Chile

No disponible

Listín Diario

Santo Domingo

República Dominicana

No disponible

Excélsior

México D.F.

México

200,000

El Norte

Monterrey

México

138,878 (entre semana) (certificada) 154,451 (domingos) (certificada)

La Tribuna

Managua

Nicaragua

No disponible

El País

Madrid

España

532,887 (certificada)

Vanguardia

Barcelona

España

239,462 (certificada)

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Circulación


Siguiendo la tradición de análisis de contenido de la prensa mundial como el llevado a cabo por la UNESCO/IAMCR en 1979 (ver SrebernyMohammadi 1990) este estudio estuvo basado en una semana cronológica y una compuesta. La semana cronológica fue seleccionada para analizar la cobertura internacional en una semana natural de la prensa latinoamericana y así detectar énfasis y tendencias generales. La semana compuesta fue incluida para compensar un posible rompimiento de los patrones normales de la cobertura internacional de noticias por algún evento extraordinario. La semana cronológica fue del 12 al 18 de mayo de 1997. La compuesta se extendió de finales de mayo hasta principios de julio (19 y 27 de mayo; 4,12, 20 y 28 de junio y 6 de julio). Equipos de investigación El proyecto fue realizado por investigadores y tesistas de diferentes países latinoamericanos pertenecientes al Grupo de Trabajo de Estudios de Periodismo de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (a iniciativa del investigador José Marques de Melo) con el apoyo del programa de Maestría en Comunicación del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México). Se contó con equipos de investigación en

Monterrey y México (México), en Barcelona (España) en Valparaíso (Chile) y en Austin (Estados Unidos). Cada equipo de investigación recibió un paquete de instrucciones generales describiendo el método de la muestra, las categorías de análisis, la hoja y el manual de codificación.

No hubo muestreo de las unidades de análisis. Todas las noticias internacionales y sus actores, en cada una de las catorce ediciones de cada diario fueron codificadas. Las variables analizadas fueron: origen de la noticia, país mencionado, tamaño de la nota, fuentes, tópico y género de la noticia internacional. Trabajo de campo

Cada uno fue responsable de la recolección de los datos de los periódicos asignados a ellos. El proyecto fue coordinado por José Carlos Lozano. Unidades de análisis y categorías principales La noticia internacional fue la unidad de análisis. Noticias, reportajes, notas breves, entrevistas, columnas editoriales que tenían que ver con eventos ocurridos fuera del país de origen fueron incluidas en la definición de noticia internacional. Cartas de los lectores, obituarios, información pagada, cartones políticos y noticias internacionales en secciones del periódico como Deportes, Entretenimiento, Cultura y Turismo fueron excluidas. Situaciones o eventos en otros países relacionados explícitamente con asuntos o actores nacionales fueron considerados como «noticia nacional» y no como internacional. Todos los individuos o instituciones señalados explícitamente en las noticias internacionales fueron incluidos en la definición de «actores de la noticia internacional».

Dos pruebas piloto fueron llevadas a cabo para elaborar un sistema de codificación que pudiera ser útil y significativo para encontrar las diferencias y tipos de énfasis en los tópicos y tendencias en la muestra de periódicos. Además se llevaron a cabo tres pruebas de confiabilidad para asegurar que el manual de codificación fuera lo suficientemente claro en el criterio de codificación. La confiabilidad reportada para todas las variables fue al menos de 80. Los equipos de investigación fuera de México codificaron sus periódicos y capturaron sus datos en archivos de hojas de cálculo. El equipo de Monterrey (además de codificar y capturar sus respectivos diarios ) fue el encargado de recibir vía correo electrónico todos estos archivos, unirlos en una sola base de datos y procesarlos estadísticamente. Noticias internacionales La atención dedicada por los periódicos que componen la muestra hacia las noticias in-

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ternacionales no fue homogénea. En promedio los diarios incluían aproximadamente veinte noticias por día, pero el rango oscilaba de sólo ocho historias en el diario argentino Nueva Provincia a 36 en el periódico mexicano El Norte. Es interesante resaltar que algunos periódicos locales publicados en provincia como El Norte en Monterrey, México y Vanguardia en Barcelona publicaban más noticias internacionales que los diarios nacionales editados en las capitales de países como Argentina, Nicaragua y Chile. La cobertura internacional fue mayor en los diarios mexicanos y españoles y menor en los periódicos locales de Brasil y Argentina y el periódico nacional de Chile. Sorprendentemente, el Listín Diario, de República Dominicana (un país muy pequeño) dedicó mayor espacio a las noticias internacionales que países más grandes como España, Argentina y Chile. En contraste con 1979 (SrebernyMohammadi, 1990, p.10), El Clarín y Excélsior fueron los más bajos en el número de noticias internacionales, de 20 y 39 en ese año a 13 y 32 respectivamente 18 años después. Origen de las noticias internacionales Todos los periódicos, excepto Zero Hora de Brasil y El Norte de México, publicaron más noticias originadas en países latinoamericanos que en cualquier otra región. Los hallazgos de investigaciones

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previas relativas a que la mayoría de las noticias internacionales se generan en países industrializados (principalmente Estados Unidos) aun cuando hablen de otras naciones, no fueron replicados en este estudio. En El Clarín de Argentina, 37% de las noticias internacionales provenían de otras naciones latinoamericanas, en contraste con sólo un 11% originado en los Estados Unidos. En El Mercurio de Chile el porcentaje fue 25% de Latinoamérica y 8% de Estados Unidos. En los periódicos mexicanos, no obstante la proximidad y la existencia de un convenio comercial entre México y Estados Unidos (TLC) la procedencia era aproximadamente igual para ambas regiones. El periódico Excélsior de la capital mexicana publicó más notas generadas en otros países latinoamericanos que en los Estados Unidos, y en El Norte, publicado en el noreste mexicano en donde existe mucha relación comercial con Estados Unidos, el 27% de sus noticias internacionales provenía de los Estados Unidos contra el 24% de otros países latinoamericanos. Noticias internacionales que mencionaban regiones o países del mundo En este acápite se estudió no el origen de las noticias extranjeras, sino el porcentaje de éstas que se refería a cada región o país. Es decir, si en el acápite anterior una nota sobre Panamá originada en Estados Unidos se clasifica-

ba como procedente de este último país, en esta oportunidad se clasificó como América Latina. Los resultados sugieren que las conclusiones de CIESPAL en 1962 acerca de la débil cobertura de la región en cada periódico latinoamericano en particular no eran válidas en 1997, por lo menos en los diarios analizados. Nuestros datos coinciden más bien con los resultados de Stevenson y Cole acerca de la importancia de las noticias originadas en la región geográfica local en los medios del tercer mundo. De acuerdo con ambos investigadores, la cobertura de las regiones locales en 1979 dominaba la información de los periódicos del tercer mundo (incluyendo Argentina y Brasil). En la mayoría de los periódicos latinoamericanos la información sobre la región era bastante alta (entre el 22 y el 48% del total). En el Excélsior de México, La Tribuna de Nicaragua y Listín Diario de República Dominicana, de hecho, se publicaban más notas sobre América Latina que sobre cualquier otra región o que sobre Estados Unidos. En los dos diarios de Argentina, y en El Mercurio de Chile las noticias acerca de países latinoamericanos ocupaba el segundo lugar después de la región europea, lo que demuestra un interés sostenido en la región congruente con los hallazgos de Stevenson y Cole. Llama la atención que la información sobre Europa obtenga el primer lugar del espacio en los


La cobertura de otras regiones del tercer mundo (Asia, Africa, Oceanía) en la prensa latinoamericana, como en el estudio de 1979 llevado a cabo por la UNESCO, fue la más baja, aunque en la mayoría de los diarios la información sobre Asia fue relativamente fuerte (entre el 12 y el 30% del espacio total de información internacional). A pesar de esto último, queda claro que fuera del interés por la propia región geográfica, el interés noticioso se centra principalmente en lo que sucede en los países industrializados de donde son las agencias transnacionales más utilizadas.

Tópicos en las noticias internacionales por diario En general la mayoría de las noticias en todos los diarios se refería a política nacional y noticias de crisis (conflictos violentos, levantamientos, actividades guerrilleras y tráfico de drogas). Otras noticias de crisis como crisis internas, corrupción en la vida política y demás tuvieron un espacio prominente en la mayoría de los periódicos. Mientras que el tópico de mayor mención (política nacional de otros países) coincide con los resultados de la UNESCO para 1979, el segundo y tercero muestran una tendencia a resaltar las noticias sobre crisis, validando con ello las preocupaciones del NOMIC. Las actividades diplomáticas y/o políticas entre países también ocupaban un espacio considerable en los diarios analizados. El hecho de que la información internacional privilegie tanto las actividades de política nacional de otros países matiza en cierta medida las acusaciones del NOMIC y del imperialismo cultural sobre el supuesto predominio de noticias negativas en y sobre países en desarrollo. De hecho, si sumamos los porcentajes de los tópicos considerables «negativos» podríamos advertir que oscilaban entre el 24 y el 46% con sólo un diario llegando hasta el 52% (La Tribuna de Nicaragua). El Mercurio de Chile, y Vanguardia de Barcelona, Zero Hora de Brasil, y el Listín Diario de República Dominicana eran

los periódicos con mayor cantidad de noticias «positivas» o «neutras». Los diarios con mayor cobertura de tópicos negativos (aunque sin llegar al 50% del espacio total) eran los dos mexicanos y El País de España. Así, podemos advertir que las preocupaciones del NOMIC sobre el dominio de la información negativa sobre la positiva o neutral no era tan evidente en la prensa latinoamericana de 1997, por lo menos a nivel cuantitativo y general. Tópicos de las noticias internacionales por región de origen Esos porcentajes de información positiva o negativa no se distribuían, sin embargo, equitativamente entre las diferentes regiones y países, sino que se concentraban en los países en desarrollo, lo que mostraba que las denuncias del NOMIC seguían siendo desafortunadamente válidas a fines de los noventa. El 66% de las noticias acerca de África fueron negativas, así como un 54% de las referentes a Asia y 51% de las relativas a Latinoamérica. En contraste, sólo 14% de Canadá, 25% de Europa y 36% de Estados Unidos fueron negativas en su cobertura. Estos resultados, por lo tanto, confirman las preocupaciones de muchos investigadores en el campo de la comunicación internacional acerca de la permanencia de desbalances cualitativos en las noticias internacionales que favore-

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diarios argentinos y en el chileno y el segundo (antes que Estados Unidos) en Listín Diario y Excélsior. Raíces históricas, culturales y económicas pudieran explicar este énfasis (además de la cobertura de las agencias AFP, REUTER y EFE en la prensa de la región), pero queda claro que la supuesta hegemonía de las noticias sobre Estados Unidos en la prensa latinoamericana no era patente en 1997, en la muestra de periódicos analizados. En los periódicos españoles Europa ocupa el primer lugar en cobertura por obvias razones, aunque es de resaltar que América Latina ocupa en ambos más del doble de espacio que el concedido a los Estados Unidos, otra evidencia más contra las afirmaciones simplistas sobre el predominio norteamericano en los flujos informativos.

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cen a los países industrializados. Los lectores de los periódicos analizados tenían más probabilidades de recibir noticias de conflictos, crisis, corrupción, violencia, guerrilla y tráfico de drogas de otros países latinoamericanos o de naciones asiáticas o africanas, que de tópicos positivos o neutrales. Porcentaje de noticias internacionales atribuidas a cada agencia informativa En 1962 el estudio de CIESPAL encontró una fuerte dependencia de todos los diarios latinoamericanos en tres agencias transnacionales de noticias: UPI y AP (79.3%) y AFP (13.4%). A finales de los setenta Beltrán y Fox (en Vincent, 1997, p.178) concluyeron que las agencias norteamericanas de noticias manejaban el 80% de las noticias internacionales en América Latina. En nuestro estudio encontramos una situación más diversificada, sin un claro predominio de las «cuatro grandes». El Clarín (Argentina), El Mercurio (Chile), Listín Diario (República Dominicana), El Norte y Excélsior (México) atribuyeron sus noticias extranjeras a una variedad de agencias (incluyendo sus propios corresponsales o enviados en el caso de El Clarín, El Mercurio, Excélsior y El Norte). De cualquier forma, comparados con los diarios españoles (casi el 60% de sus noticias internacionales fueron escritas por sus propios corresponsales o enviados) los periódicos latinoamericanos

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fueron más dependientes de las agencias internacionales. La Tribuna (Nicaragua) y Zero Hora (Brasil) fueron los diarios latinoamericanos menos diversificados en sus fuentes. Los periódicos argentinos y mexicanos tuvieron el mayor número de noticias atribuidas a más de una agencia, mostrando con ello una tendencia positiva a combinar diferentes fuentes en una sola nota. De cualquier forma, las «cuatro grandes» además de la agencia española EFE tuvieron: 85% de las noticias internacionales en La Tribuna, 59% en Listín Diario y 52% en El Mercurio. Solamente uno de los periódicos de la muestra, El Clarín de Argentina, tuvo un porcentaje representativo de noticias internacionales reportadas por sus propios corresponsales o enviados. En consecuencia, a pesar de que se ha visto una mejoría en la diversificación y uso de las fuentes de noticias, aún sigue habiendo una fuerte presencia de las ahora «cinco grandes». CONCLUSIONES El presente análisis de contenido se propuso determinar la atención prestada por ocho diarios latinoamericanos y dos españoles a las noticias internacionales, el interés por su propia región o por otras regiones del mundo, los tópicos con mayor cobertura y su grado de dependencia en agencias transnacionales de noticias. Los resultados sugieren que los diarios incluidos en la

muestra dedicaban considerable atención a las noticias extranjeras, con un porcentaje de veinte noticias por día. La mayoría de los diarios latinoamericanos prestaron mayor atención a otros países de la región que a los Estados Unidos; sin embargo tres diarios prestaron mayor atención a Europa que a otros países del área. Estos resultados sugieren que las preocupaciones del NOMIC y el Imperialismo Cultural sobre el predominio de las noticias acerca de los centros o metrópolis y la poca importancia a otros países latinoamericanos no eran del todo válidas en 1997. De hecho, los resultados del presente estudio son similares a los obtenidos en 1979 del estudio de la UNESCO por Stevenson y Cole (1984): las noticias extranjeras originadas en la misma región son más comunes que las noticias extranjeras originadas en países industrializados. Las regiones con menor atención, de cualquier manera, fueron otras regiones del tercer mundo como África y Asia, un resultado similar al hallado por Stevenson y Cole. Esto hace que la exigencia del NOMIC sobre la necesidad de un flujo de información más balanceado sea todavía un tema válido y relevante. Las noticias internacionales en los periódicos latinoamericanos y españoles se refieren principalmente a la política nacional y a noticias sobre crisis. En principio, se


En general, los periódicos latinoamericanos parecen tener una diversificación de sus

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Tanto el rol de los periódicos latinoamericanos en el movimiento globalizador de la región, como la formación del proceso de toma de decisiones y la opinión pública relacionada con el contexto internacional esperan ser concretados. Por lo pronto, las evidencias surgidas de análisis de contenido como el presentado aquí sugieren que los periódicos latinoamericanos continúan siendo centrales en la diseminación de las noticias acerca de su propia región y acerca del mundo. Desafortunadamente, su rol no parece ser tan positivo como la región pudiera necesitar, aunque parece existir una tendencia lenta pero detectable hacia su mejoramiento.

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bilateral.

En

J.C.Lozano

La cobertura internacional de otros países latinoamericanos, por otro lado, no parece ser la adecuada para las metas propuestas sobre la integración económica y política de la región. Sólo hubo un pequeño 3% de noticias que tenía que ver con acuerdos comerciales e integración económica entre países latinoamericanos. El espacio dedicado a actividades diplomáticas y políticas entre países fue más alto para Europa o Estados Unidos que para Latinoamérica.

fuentes de información internacionales en comparación con los sesenta y setenta, pero aún parecen depender de pocas agencias transnacionales como AFP, EFE y AP. Siguen lejos de alcanzar el porcentaje de cobertura internacional realizado por corresponsales propios de periódicos publicados en países industrializados como España y Estados Unidos.

REFERENCIAS

debe buscar dar una imagen más neutral acerca de los países involucrados, para después promover la disminución de imágenes indeseables que el NOMIC y muchos académicos internacionales han detectado. Los resultados apoyan las premisas del NOMIC acerca de que las noticias internacionales sobre el tercer mundo reflejan una tendencia negativa. Solamente un 24% de todas las noticias sobre Europa y 36% de todas las noticias acerca de Estados Unidos fueron negativas. En contraste, 66% de todas las noticias sobre África y 51% de todas las noticias sobre Latinoamérica fueron negativas. Estos resultados muestran la tendencia de los periódicos latinoamericanos a presentar a los países industrializados de una manera más protagónica que los países en desarrollo.

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Un enfoque desde la perspectiva del derecho a la información

J. Corral

Javier Corral Jurado

Medios de comunicación y transición política.

Diputado, Presidente de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía, de la H. Cámara de Diputados de México.

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Javier Corral Jurado

Medios de comunicación y transición política

Ponencia presentada por el Diputado Javier Corral Jurado, Presidente de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía de la H. Cámara de Diputados, en el Simposio Internacional «Mediamorfosis XXI» celebrado en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey el 24 de febrero de 1999. El momento en que se verifica el foro no puede ser más oportuno pues en los últimos meses se ha abierto una discusión que esperemos pronto se convierta en un debate serio y de altura, sobre el papel que desarrollan los medios de comunicación en nuestro país, y fundamentalmente sobre la necesidad de actualizar nuestro marco jurídico en materia de libertades de expresión e información y de derecho a la información.

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Lo que en realidad acontece es que el desarrollo vertiginoso de los medios de comunicación, producto por un lado de los avances científicos y la aparición de las nuevas tecnologías, y por otro de la liberalización de la economía y la aparición de una competencia real, nos han advertido no sólo de la sociedad de la información en que vivimos, sino de la influencia real que ejercen sobre ella y el poder por el que compiten los medios masivos de comunicación con los tradicionales actores del proceso político en México. Coincido con el Doctor Javier Esteinou Madrid en el sentido que «estos se han convertido en el centro del poder contemporáneo de nuestra Nación». De haber sido instrumentos de difusión relevantes en los 20’s, de convertirse en el cuarto poder político a partir de los 60’s, como corresponsables del poder, en la década de los 90’s se han transformado en el vértice del poder actual. Más aún, han llegado a imponerle a la Nación una agenda propia. El funcionamiento de los medios ha atravesado la operación práctica de todas las instituciones sociales básicas para la dirección del país, al grado que ha sustituido en algunos periodos o reubicado en otros a los órganos de administración social más débiles o que están en crisis de funcionamiento y legitimación.

Ante la baja de credibilidad de muchas de nuestras instituciones, la capacidad de influencia y seducción de los medios ha construido nuevas credibilidades y hegemonías basadas en estrategias de mercado a partir del rating.

«En el espacio de relación simbólica que permanentemente producen los aparatos cotidianos de comunicación entre emisores y colectividades es donde diariamente se construye o destruye mental y afectivamente al Estado y a la sociedad mexicana. Por consiguiente podemos afirmar que en la sociedad mexicana de la década de los noventa, cada vez más, las batallas políticas o sociales se ganan o se pierden en los medios de comunicación colectivos y no en otras áreas de las contiendas sociales».1 En otras palabras, a partir de las grandes capacidades persuasivas que han conquistado los medios sobre los campos de conciencia de los auditorios, las verdades mediáticas sustituyen cada vez más al resto de verdades sociales, incluyendo a las jurídicas, éticas y morales. Por ello mismo, atrás quedaron como métodos reconocidos que buscaron y conquistaron el voto, el mitin en la plaza de armas, el volanteo en los lugares concurridos, las visitas casa por casa, el perifoneo abierto por las calles; la comunicación ahora es a distancia, mediática, y así


Frente a este contexto, y por las circunstancias específicas del arreglo institucional que durante muchos años ha operado entre el poder político del régimen priista gobernante y un sector de los medios, sobre todo en la radio y la televisión, es comprensible y justificable que se diera un enorme esfuerzo por parte de los partidos políticos por conquistar mayores espacios y mejores tiempos en radio y televisión para la difusión de sus mensajes. Sin duda la reforma electoral de 1996 tuvo avances significativos en la relación estricta ente medios y partidos, dentro del proceso de transición política y la democracia, pues introdujo el derecho de aclaración de los partidos, coaliciones y candidatos en radio y televisión2; y amplió la obligación de que los tiempos de Estado destinados a los mensajes de los partidos políticos se transmitan en horarios de mayor audiencia.3

Además, los lineamientos generales aplicables en los noticiarios de radio y televisión respecto de la información o

difusión de las actividades de campaña de los partidos políticos que acordaron los partidos en el seno del consejo general del IFE, constituyeron un intento de avanzar pero en los tres casos señalados, estamos ante normas jurídicamente imperfectas, puesto que ninguna obliga su cumplimiento al no señalarse los mecanismos a través de los cuales se puede ejercer el derecho en el caso de la aclaración, además de circunscribirlo a las campañas; ni se prevé una instancia y una facultad encargada de hacer cumplir a los concesionarios «referente a los tiempos de mayor audiencia». Esto a la vez está aparejado con la ausencia de instrumentos y mecanismos confiables y públicos, independientes de los propios medios, que nos permitan medir y conocer su audiencia, circulación y penetración real en la sociedad. Y en el caso de los lineamientos constituye en realidad una carta de intención que puede o no ratificarse, pues no tiene ningún carácter vinculatorio.

transmisión, la importancia de las noticias, la responsabilidad de los medios de comunicación electrónicos, que la especificación de las informaciones noticiosas de aquellas que son pagadas, es decir las gacetillas, que el respeto a la vida privada, en suma, que los lineamientos generales de radiodifusión del IFE como exigencia del derecho a estar informado, se reduzca en términos de nuestro proceso de transición democrática, a un mero asunto de relación entre los partidos y los medios de comunicación y no se busque, o lo que es peor, se renuncie a hacerlo a toda la sociedad.

Sin embargo, es indiscutible que por sí mismos constituyen un avance, que obliga hoy a los legisladores a perfeccionarlo.

Sería penoso y autodestructivo para el propio régimen de partidos y estaría incompleta nuestra transición, si la lucha por la equidad y el acceso democrático a medios fuese un pastel sólo repartible entre nosotros los que participamos en política partidaria. La lucha por el acceso democrático a la información y por lo tanto a los medios debe tener como motivo fundamental al ciudadano. El ciudadano es el sujeto esencial de la democracia, y el destinatario final de la comunicación, es la razón de ser de una y de otra.

Lo inadmisible sería que el acceso plural, equitativo y democrático a la radiodifusión, que la objetividad, calidad uniforme en el manejo de la información, que el derecho de réplica, que el manejo equitativo de los tiempos de

La disponibilidad de la información es un asunto clave para la democratización. Un sistema de privilegios en la disponibilidad de ésta es un sistema que no puede llamarse democrático. Hay que recordar que el control de la

J. Corral

como se ha sustituido el contacto personal con los ciudadanos en la conquista del voto, también se empieza a confundir la comunicación política con la publicidad y se sustituye la propuesta programática que debe darle contenido al voto por la producción de imágenes estrictamente publicitarias.

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información es una de las formas más importantes del poder. La construcción de la democracia pasa por la vida cotidiana, trasciende sensiblemente al mero momento del sufragio porque en todo momento debe contar y requerir del ciudadano para la estructuración de los órganos y las decisiones del poder. Los medios y no los partidos están presentes con su oferta cultural cotidianamente. Por eso muchas constituciones en el mundo saben que «solamente un ciudadano bien informado puede ser un ciudadano democrático»4 «La democracia se alimenta y de hecho depende de que los ciudadanos puedan normar su criterio y realizar juicios informados sobre los temas centrales de su vida y la del país»5. Ya lo decía el filósofo y político Efraín González Luna, que «la conciencia clara es un elemento fundamental para el juicio correcto. Y la opinión pública hace las veces de conciencia de la comunidad, y es tan importante para las naciones como la conciencia para las personas. Por ello requiere siempre de estar informada a la luz de verdades luminosas. Sin opinión pública debidamente informada, la sociedad está a la deriva; se coloca como un trágico dato de supervivencia, resto del sufragio en que se pierde la esencia personal».6

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Los ciudadanos requieren información, análisis y opiniones -en ese orden- para poder decidir por sí mismos y, sobre todo, para poder discernir su propio interés en un ambiente crecientemente complejo. Sin medios profesionales dedicados a satisfacer las necesidades de información de la ciudadanía la democracia acaba siendo una imposibilidad. Por eso, sin ceder ante la intimidación, o al linchamiento público, debemos reafirmar con hondas convicciones que se trata de un tema de la Nación, que la auténtica democratización de México, que la reforma integral del Estado tiene como condición sine qua non la necesaria democratización de los propios medios de comunicación. Y que por lo tanto el debate sobre el papel que desempeñan y la actualización de su marco jurídico no podrá ser silenciado, porque se equivocan quienes pretenden advertir que se trata del capricho de una persona o de un partido, desconociendo que estamos ante un impulso social postergado por más de veinte años. En la búsqueda de una reforma legislativa los preceptos de libertad y límites deben estar claros, ninguna ley basta por sí misma para garantizar su aplicación, es necesario desandar un largo camino de duplicidades, contradicciones, vacíos y ambigüedades. Las viejas prácticas de condicionar la libertad de expre-

sión y fomentar la censura favoreciendo la aplicación del «criterio y discrecionalidad» de funcionarios ante la complacencia de quienes tienen para sí el privilegio de los medios de expresión, deben quedar excluidos. El derecho a la información tiene una sustancial significación si hablamos de la formación de la opinión pública ya que ésta deberá fundamentarse en la pluralidad de la información, en unos medios masivos, vehículos procuradores de la opinión y el diálogo de la sociedad y un Estado custodio del interés público. Condiciones que en el presente están lejos de ser una realidad. De nada serviría un derecho a la información enmarcado en nuestra Constitución como un derecho fundamental, si para ejercerlo se debe solicitar permiso a la autoridad o si se dispone de instrumentos legales ambiguos y parciales que fácilmente puedan ser aplicados para esconder la verdad o la opinión divergente de los intereses de la autoridad. La reglamentación constituye un instrumento primordial pero su aplicación deberá estar lo más lejos posible de lo político y administrativo, y de ser competencia exclusiva de los medios involucrados o de la autoridad gubernamental. Su vigilancia y operación deben ser asunto de una instancia autónoma que pueda, de manera responsable, apelar


La procuración de justicia en el ejercicio de un derecho no debe depender de ninguna instancia gubernamental, pues la información es más que un dato administrativo o jurídico, es base fundamental de la cultura en su sentido más amplio. El debate sobre este concepto en nuestro país se ha desarrollado más en términos políticos que jurídicos, por la naturaleza misma del asunto y los intereses que afecta además de una larga historia de autorregulación que al pretender normarse desata un falso enfrentamiento entre libertad y derecho, o lo que es lo mismo, enfrentar como enemigos irreconciliables a la libertad con sus límites. De ahí pues, que muy lejos de intentar coartar las libertades de expresión y de información, lo que debemos buscar es el establecimiento de reglas transparentes para que el Estado cumpla con su responsabilidad de garantizar ambas libertades junto con el derecho a la información pública, y que los ciudadanos puedan ejercerlo. En materia electoral hemos avanzado hasta prácticamente resolver el grave problema que representaba contar con organismos electorales en manos del gobierno; en res-

puesta a una demanda social, la organización y calificación de las elecciones ya no está bajo el control gubernamental a través de la Secretaría de Gobernación. Hemos avanzado a tal grado que de iniciar con una institución descentralizada del poder público, ahora existen organismos autónomos y ciudadanizados que imprimen confiabilidad a los procesos electorales. Igualmente hemos avanzado en la conformación de un conjunto de instituciones diversas en materia de tribunales laborales y agrarios, en materia de Derechos Humanos, hasta la creación misma de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a través de la cual se ha logrado la promoción, desde fuera del gobierno, de una cultura de respeto y promoción de nuestras garantías individuales. El siguiente paso es lograr la completa autonomía de esa institución, como ya se ha logrado con el IFE. Así es como paso a paso hemos ido hacia una normalidad democrática, como parte de la transición política en la que nos encontramos. Pero en este momento, cuando hablamos de globalización, de revolución digital y de nuevas tecnologías de comunicación, nos damos cuenta que nuestra transición política no alcanza todavía a los medios, frente a lo cual, algunos de ellos postulan una especie de excepción jurídica, llegando a formular el

principio que -como piedra angular de su filosofía de la impunidad- «no hay mejor ley que la que no existe»7 o lo que es peor, «la ley de imprenta es perfecta porque no se aplica»8. Quiero a propósito de esta premisa, citar las palabras del doctor Ernesto Villanueva, quien, gracias a su trabajo en materia del Derecho de la Información, ha establecido en nuestro país las bases para el estudio de la materia, a partir de fundamentos jurídicos del derecho comparado: «El mundo del fin de siglo y de milenio encamina sus pasos en forma recurrente hacia la democracia, de la cual la información no podría, en modo alguno, ser ajena. Por el contrario: la democracia habrá que entenderla como el gobierno del pueblo en libertad. Esta sociedad de la libertad puede florecer, sin embargo, si existe viva una cultura de la información, fundada en el pluralismo, la veracidad, la imparcialidad y la equidad. Pero darle tales improntas a la información requiere de algo más que la voluntad cotidiana de los sujetos universales de la información. Es necesario traducir tales afanes libertarios y los valores democráticos en normas de derecho vigente y, complementariamente, en valores deontológicos»9. Y es que no está por demás reiterar que sólo el derecho puede brindar seguridad a la libertad.

J. Corral

para su cumplimiento al propio poder legislativo, a la autoridad administrativa, al operador del medio o al profesional de la comunicación.

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Medios de comunicación y transición política

En ese sentido, las libertades de expresión e información y sus derechos conexos constituyen instrumentos idóneos para preservar el Estado de derecho y favorecer las prácticas democráticas porque generan contrapesos frente al ejercicio del poder. Más aún: constituyen una polea de transmisión de conocimientos para que los individuos pasen de la condición de súbditos a ciudadanos. El dato esencial de este debate es que en una democracia que en verdad se precie de serlo no puede haber poderes impunes, ni poderes limitados. En tal sentido, corresponde al legislador adecuar a un marco jurídico el desarrollo acelerado en materia de comunicación. Es necesaria esa certidumbre jurídica para que los ciudadanos puedan ser más libres. Lo importante de este debate es no confundir o contraponer a la ética con el derecho. Hoy en México las tradicionales instancias que siempre se han opuesto a esta legislación, se han encargado de establecer esa confusión, abonando al retraso jurídico por el que atraviesa la materia. El propio Presidente Zedillo afirmó ante los empresarios de los medios electrónicos que hoy la sociedad está preguntándose en dónde radica el contrapeso frente al indudable poder que ejercen los

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medios de comunicación, a quién le rinden cuentas. Se refirió al sensacionalismo que -expresó- busca una falsa rentabilidad. Describió cómo los medios confunden los asuntos públicos con los privados, cómo recurren al escándalo para atraer lectores, radioescuchas o televidentes. Lo que asombra del discurso presidencial es que teniendo tan claro el diagnóstico yerre totalmente en el remedio. Puesto que propone únicamente la autorregulación de los propios medios de comunicación. Tal propuesta, dice Miguel Ángel Chapa, «es engaño o utopía, pues requiere madurez en la sociedad, como la que falta en un crucero muy concurrido cuando fallan los semáforos y la circulación queda a cargo de los interesados».10 Luis Rubio lo plantea de manera magistral: «Dentro y fuera del gobierno las voces justificadoras del inmovilismo -y de las peores tradiciones de los medios en sus relaciones con el poder- llevan varias décadas reduciendo su respuesta a las más elementales propuestas de discusión del tema, a una frase por demás ilustradora de la cultura de la ilegalidad que cubre todavía tan vastas zonas de nuestra sociedad: es preferible la impunidad ante todo exceso en la gestión de los órganos informativos que el riesgo de caer en la arbitrariedad al tratar de ajustar sus actividades a las normas pro-

pias de un estado de derecho moderno».11 El Presidente Zedillo dice que el Estado no puede imponerle principios éticos a los comunicadores. Y tiene razón, pero agregamos, el Estado no puede imponerle principios éticos a nadie. Pero desconoce que a lo que el Estado no puede renunciar es a su obligación constitucional de establecer reglas que procuren el equilibrio y protejan a la sociedad. El derecho a la información se encuentra fundamentado en el artículo 6 de la Constitución General de la República, en virtud de la adición de 1977, misma que establece: «El derecho a la información será garantizado por el Estado». Este derecho, sin embargo, no ha podido ser garantizado. Las disposiciones jurídicas que norman la actividad de la comunicación social existentes -que a la fecha están formalmente vigentes- se encuentran en ordenamientos inoperantes, no tanto por lo añejo de su promulgación (la Ley de Imprenta data de 1917) sino por su falta de aplicación y consecuencia con la realidad normada. La normatividad de las libertades de expresión e información y del derecho a la información cuenta en México con el respaldo del marco internacional establecido por la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de


Continuar con la inoperancia de derechos tan fundamentales como los establecidos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 y ratificado por el Senado en 1980 y publicado en 1981 y la Convención Americana sobre Derechos Humanos de la OEA, de 1969, aprobados por el Senado en 1980 y publicado en 1981, coloca al Estado en el incumplimiento de una responsabilidad llamada a garantizar tan importante derecho civil. De ahí que hoy enfrentamos como país una penosa recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, que por primera vez en la historia de sus informes anuales sobre la situación que guardan los derechos humanos en el continente, hace a una Nación, y en la que en su capítulo diez, numeral 670, urge al Estado Mexicano a «que promueva la revisión de la legislación reglamentaria de los artículos 6 y 7 de la Constitución mexicana en una forma abierta y democrática, a fin de que las garantías consagradas en los mismos tengan vigencia efectiva».12 Dentro de los fundamentos de la recomendación, en el numeral 187, la Corte

Interamericana de Derechos Humanos manifiesta: «La libertad de expresión es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática. Es indispensable para la formación de la opinión púbica. Es también condición sine qua non para que los partidos políticos, los sindicatos, las sociedades científicas y culturales y en general, quienes deseen influir sobre la colectividad puedan desarrollarse plenamente. Es, en fin, condición para que la comunidad a la hora de ejercer sus opiniones, esté suficientemente informada. Por ende, es posible afirmar que una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre»13 No legislar en la materia no sólo constituye un incumplimiento jurídico sino una irresponsabilidad social que los poderes constituidos deben valorar antes de tomar la decisión de establecer o no reglas claras para el debido ejercicio de los derechos constitucionales de las libertades de expresión e información y del derecho a la información. Puedo afirmar que todo lo anterior encuentra sentido en los proyectos legislativos que hoy se encuentran en revisión. • Cumplir con el compromiso adquirido de generar las normas secundarias al mandato establecido por los Convenios Internacionales celebrados por México y aprobados por el Senado.

• Dar marco y garantías al trabajo profesional del informador al establecer la cláusula de conciencia -para que los periodistas no sean obligados en sus medios a difundir aquello que sea contrario a sus creencias o a sus códigos éticos- el respeto al secreto de sus fuentes informativas, a la integridad de su trabajo profesional y el acceso a la información de interés público. Otro de los temas morales es transparentar las reglas de la relación Estado-medios generando con ello mayor credibilidad en ambas instituciones. El gasto público en medios de comunicación debe tener criterios claros y provenir de recursos contenidos en partidas presupuestales específicas y estar sujetos a las disposiciones orientadas al control y fiscalización del gasto público. Que la contratación de publicidad o inserciones satisfaga requisitos mínimos en los medios, tales como la certificación de tiraje, circulación y cobertura. No contar entre los accionistas o propietarios del medio con familiares hasta cuarto grado en línea directa y hasta segundo grado en línea colateral de cualquier servidor público de la dependencia o entidad relacionado directa o indirectamente con la contratación. Igualmente establecer las normas de operación y ampliar la tarea de los medios de gobierno a medios de servi-

J. Corral

Estados Americanos, por lo que cualquier propuesta que se desarrolle deberá contemplar lo que ya es norma mexicana y debe ser aludida en los considerandos de la normatividad.

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cio púbico, en los cuales la sociedad tenga una participación activa. Esta es una reconversión fundamental para el desarrollo democrático del país. El tema central es la obligación del Estado de garantizar el acceso a la información, que los expedientes y asuntos gubernamentales dejen de ser privados y en muchos casos secretos. No es posible que México siga compitiendo en medio de la globalidad, cuando ni siquiera se tiene acceso a los archivos oficiales; es bochornoso que a treinta años de la matanza de Tlatelolco estemos todavía ayunos de lo que realmente pasó, por la inexistencia de legislación en la materia. Nosotros estamos de acuerdo en que debe existir una instancia plural para la responsabilidad compartida de la vigilancia y arbitraje de los asuntos relacionados con las garantías de los derechos fundamentales de libertad de expresión e información y del derecho a la información. Se ha propuesto al respecto un Ombudsman de la Información a partir de un instituto. Hay una tendencia mundial a incorporar a la sociedad en la vigilancia y aplicación de la ley. En muchos países ya existen estas instancias, pues son mecanismos no punitivos, pero sí eficaces y prácticos para la defensa moral de los ciudadanos frente al Estado y los medios de comunicación.

diálogos de la

comunicación

¿Cómo podría ser este Instituto? Podría tomar el camino que recorrió IFE o quedarse en su primera parte, como un órgano desconcentrado de la administración pública federal. Es importante que esta instancia desarrolle, en el ejercicio de sus funciones, objetivos muy claros: *Promover el respeto irrestricto a las libertades de expresión y de información, y procurar la defensa y vigilancia del derecho a la información de todos los mexicanos, mediante la promoción de una cultura de legalidad y responsabilidad. * Asesorar e informar a la sociedad en general, respecto a la naturaleza, alcances y responsabilidades de las libertades de expresión e información y del derecho a la información; estimular contenidos en los medios, conciliar los intereses de los actores, impulsar una mayor conciencia de responsabilidad y compromiso, conocer las quejas que se presenten para resolver las controversias entre los medios, la sociedad y el Estado. En todo esto se ha pensado cuando se revisa el proyecto presentado en abril de 1997; nadie quiere coartar la libertad de expresión, eso simplemente es imposible, la Constitución determina claramente sus límites y garantías. El problema real es que hay quienes -aun en esta naciente democracia- no quie-

ren asumir frente a la sociedad ninguna responsabilidad. En resumen: la transición política, la transición democrática de fin de siglo no es posible si carecemos de seguridad jurídica en materia de medios de comunicación. Lo anterior únicamente puede ser posible a través del establecimiento de mecanismos que obliguen a que ocurran procesos transparentes, tanto en el otorgamiento de concesiones de radio y televisión, como en la vigilancia de la aplicación de los reglamentos que regulan las actividades en materia de comunicación, evitando al mismo tiempo la existencia de monopolios. (En realidad lo que constituye una verdadera amenaza a la libertad de expresión no es un proyecto legislativo que por lo demás ni siquiera se ha terminado de revisar, sino la gran concentración de medios en unas cuantas manos). Establecer reglas claras dotará de seguridad a los actores del proceso de comunicación. Que no sea el Poder Ejecutivo Federal el que discrecionalmente goce de tantas facultades. Por ejemplo, en los nuevos títulos de concesión de radio, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se reserva en forma expresa el derecho de revisarla cada cinco años. Eso le arrebata certeza jurídica a los concesionarios, quienes en algunos casos prefieren dejar de invertir.


NOTAS

Actualmente pisamos un terreno donde impera la inseguridad jurídica. Es necesario que nuestra mirada esté dirigida por un marco jurídico que al mismo tiempo sea el camino para hacernos ciudadanos más libres, para que la democracia en el nuevo milenio sea un ejercicio y no un objetivo inalcanzable.

ca, el 7 de junio, en la entrega de los premios nacionales de periodismo. 12. Informe anual 1998, CIDH de la OEA. 13. Idem.

1. Javier Esteinou Madird. Espacios de Comunicación, UIA, UNESCO. 2. Artículo 186 del Cofipe.

4. Artículo I de la Constitución de la República Federal de Alemania. 5. Luis Rubio, Reforma, 9 de junio de 1998. 6. «Humanismo político» volumen I. 7. Declaración de diversos miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa, en desayuno con legisladores, 27 de enero de 1999, Camino Real, México D.F. 8. Idem. 9. Derecho Comparado de la Información, Comisión de RTC, Cámara de Diputados y UIA. 10. Periódico Reforma 5 de octubre de 1998. 11. Ante el Presidente de la Repúbli-

J. Corral

3. Artículos 44, 46 y 48 del Cofipe.

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M.Bisbal / P. Nicodemo

Marcelino Bisbal Pasquale Nicodemo

Para una agenda cultural constituyente

Los autores son profesores investigadores de la Escuela de Comunicaci贸n Social de la Universidad Central de Venezuela Direcci贸n: Ciudad Universitaria, Caracas 1040

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di谩logos de la

comunicaci贸n

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Marcelino Bisbal P a sq u a l e N i c o d e m o

Agenda cultural constituyente

Durante este último tiempo el tema de la cultura se ha estado moviendo. Aunque este movimiento ha girado en torno a los nombramientos del Consejo Nacional de la Cultura y poco en relación a su resignificación en el clima nuevo que está presente en el país. Ya tenemos a los «conductores» de las políticas culturales, a sus gestores. Ahora hay que abrir espacios para la discusión y la conformación de los «paradigmas políticos de la acción cultural». Requerimos entonces de modelos, no sabemos si nuevos, pero sí de miradas amplias que abarquen las transformaciones que está asumiendo la vida toda en el país. Desde la crisis económica hasta los desplazamientos que ha tenido la política profesional, pasando por las nue-

diálogos de la

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vas sensibilidades, hacen de la constitución de políticas una asunción de pluralidad de fomas desde las cuales se van a traducir esos cambios y desplazamientos. Como apuntaba en cierta oportunidad García Canclini: «A fin de salir de los tratamientos meramente descriptivos o burocráticos de la política cultural, hay que encarar el debate sobre las concepciones y los modelos que la organizan». En estos momentos estamos ávidos de participación. Por todas partes y en cada rincón de la institucionalidad del país, sea esta oficial o privada (hasta mixta) hay la urgencia de la necesidad de intervenir en lo público como aquella cosa que nos pertenece y que sentíamos se nos había ido de las manos. Dejamos el largo y tedioso bostezo de tanto tiempo y volteamos, todos sin excepción, hacia la Asamblea Nacional Constituyente como escenario para discernir nuestras culpas y «darle un nuevo rumbo republicano a Venezuela». Un signo nuevo de la cultura nuestra que se está convirtiendo en «cultura política del venezolano». Ojalá que perdure y que no sea «sueño de una noche de verano». Estamos aquí frente al proceso de reunión de una Asamblea Constituyente. Las preguntas ahora son: ¿Qué papel debe jugar la cultura dentro de la definición de la vida política y ciudadana? ¿Tendrá algo que decir la cultura den-

tro de un nuevo esquema constitucional? ¿Seguiremos repitiendo lineamientos para un tiempo pasado, para un tiempo «que no es como antes»? La retórica del pasado y del presente, sin contar con indicadores serios y científicos que nos sirvan de guía, ¿podrá tener existencia hoy? En los momentos que corren, en donde la cartografía cultural tradicional se ha desplazado hacia nuevas fronteras culturales, requerimos de indicadores que nos hablen y que sepamos leer acerca de las propuestas que aquellos agentes y pacientes de la cultura están ampliando/soñando para cada uno de los sectores en donde ellos se sienten involucrados por pensamiento y acción. Surge la necesidad de preguntarles desde la gestión de la cultura, desde el aparato burocrático en donde se gestionan las políticas, acerca de esas políticas culturales que se deben implantar y para ello se requiere de la pesquisa de campo mediada por la rigurosidad científica del instrumento a emplear. Estas notas e ideas no intentan otra cosa que ayudar a un proceso de reflexión necesario sobre el tema de la cultura. Quienes escribimos esto deseamos apuntar una representación que requeriría complementarse con otras. Nuestra perspectiva parte del trabajo de campo en donde quisimos averiguar lo particular para luego ir a lo general. Desde esa micro-porción


¿Cuál es la noción teórico-conceptual que se debe asumir sobre la cultura y que debe estar presente en el proceso constituyente? ¿Cuáles son las propuestas de carácter global que debe contemplar la nueva constitución en el área de la cultura? ¿Qué políticas culturales deben priorizarse en cada sector específico? Estas son las tres preguntas que nos llevaron a estudiar la cultura en el proceso constituyente que se abre al país. Del repertorio de cuestiones surgidas en la investigación queremos destacar aquellas que creemos son las más significativas para dar luz y conformar una agenda cultural constituyente.

1. LA CULTURA COMO CONCEPTO Y REALIDAD «BISAGRA» Todos los estudios actuales de carácter renovado- reconocen que la conformación de la llamada «cultura-hoy» es hija de los grandes postula-

dos ideológico-filosóficos que dieron forma a la modernidad en el sentido ilustrado del término, pero que ahora desconocen como si fuera un hijo natural. Esta cultura-hoy ha sido el resultado de la expansión masiva de la escolarización, de las grandes industrias culturales, de las regionales y locales estructuras de comunicación y de la aparición de una cultura de masas de base industrial. A lo que estamos asistiendo es a una reorganización de la cultura a partir del desarrollo tecnológico e industrial que son fruto de esa modernidad. Esta necesidad que tenemos de formular definiciones para todo, en el ámbito de la cultura es como buscar una aguja en un pajar. El esfuerzo que hiciera cierta vez George Balandier de levantar un censo acerca del concepto de cultura dio muestras de unas 250 definiciones y condujo al final diciendo que todavía no existe ni definición ni teoría de la cultura a la que se pueda uno adherir sin ninguna clase de reticencias. El planteamiento se hace presente en la investigación. Según el orden jerárquico de la respuesta afirman los encuestados: En primer lugar: la cultura es todo En segundo lugar: es educación En tercer lugar: es diversa En cuarto lugar: la cultura es libre y es un mecanismo de cambio social En quinto lugar: cultivo de

valores; servicio público; proceso socializador; proceso dinámico; la cultura es independiente de todo proceso constituyente; y no tiene nada que ver. Pareciera que hay contradicciones, pero hilando fino no es así. Cuando se afirma que la cultura es educación, cultivo de valores, proceso socializador, estamos asumiendo evidentes procesos de gestación de un nuevo sujeto social, de una nueva ciudadanía. Las diferencias se hacen visibles en el mecanismo para los cambios. Unos piensan -la dirigencia de la burocracia cultural actualque los cambios (tanto de mentalidad como de gestión) vendrán a partir de la nueva constitución. Los otros, que dentro de la investigación son la mayoría, se inscriben en una línea más antropológica, incluso estructural y sociológica. Estas últimas acepciones no tienen que ver con el proceso político actual que está viviendo el país, están más enclavadas en los sentidos y resultados de la propia cultura como «proceso vital del hombre». ¿Es posible unificar esas diferencias? Creemos que sí. Sería el momento de encarar el proceso constituyente para iniciar un diálogo sobre el tema, para romper diferencias y exclusiones, para acercarnos a realidades bien concretas y para entender que hoy la cultura (su producción y disfrute) está transitando por otros medios que tienen

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de la realidad (lo particular) inferimos sobre la población cultural del país (¡tamaño desafío intelectual!). No podemos preguntarle a todo el mundo. Requerimos entonces de una fuente de participación del público (calificado o no) y surge así la encuesta como instrumento de medición entre lo global como problema y lo particular también como problema. Pensar lo particular para seguir pensando los problemas.

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que ver más con lo social de la gente y su cotidianidad. De ahí nuestra tesis de una política cultural como política social.

ra» comprender los procesos comunicacionales masivos e insertarlos en el hacer cultural.

La otra ausencia que están evidenciando las respuestas es la no consideración de los circuitos masivos-industriales de la producción cultural: las industrias culturales, el sector de la informática y las telecomunicaciones como elementos a tomar en cuenta en una conceptualización de la cultura. Es la idea de comprensión teórica sobre el sentido de industria cultural que es la forma como el mercado ha concentrado sus esfuerzos de producción-distribucióncirculación-consumo de las formas simbólicas agregadas, pero antes sistematizadas por los media. Es la apuesta por un pensamiento no negativo sino más bien de comprensión de lo que pasa al interior de esas formas dominantes y hegemónicas de industrialización de la cultura.

2. DE LA POLÍTICA A LAS POLIÍTICAS CULTURALES

Es el entender que las industrias culturales son hoy el principal recurso con el que cuenta una inmensa mayoría de gente en nuestro país para acceder a una diversidad de bienes culturales, a un conocimiento (aunque sesgado en ocasiones, manipulado en otras) recíproco de la realidad, a la construcción de un imaginario común para la diversidad de experiencias y además para la constitución de la ciudadanía de este tiempo. Por ello es imprescindible en la cultura del «aquí y aho-

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Hay que redefinir el panorama tanto formal como conceptual. Para ello se hace necesario estar claro en la idea de una política cultural en democracia y que sea aplicable tanto a la sociedad política (gobierno y partidos políticos) como a la sociedad económica (empresas, fundaciones, mecenas). Así apuntaríamos que las políticas culturales para la democracia, en palabras del chileno José Joaquín Brunner, «son -en un sentido más general- inevitablemente políticas formales. Persiguen arreglos institucionales más que difundir contenidos cognitivos a la sociedad. Persiguen crear y multiplicar las estructuras de oportunidades (mercado, sistemas de elección, pluralidad de ofertas, variedad de los consumos) y al mismo tiempo, impedir (mediante contrabalances, procedimientos, formas de control, medidas de competencia, apertura de cierres, etc., que esas estructuras de oportunidades sean objeto de cierre social o ideológico o de cualquier otra forma de manipulación monopólica». Ahora bien, ¿qué tipo de política cultural plantearon los encuestados de la investigación? ¿Qué componente del

circuito cultural se está privilegiando en relación al contexto y modelo cultural existente en el país? ¿Qué modelo cultural sale a relucir en nuestro ambiente? Las respuestas en orden jerárquico por la frecuencia de coincidencia en las políticas propuestas fue como sigue: 1º - Llevar la cultura a las instituciones educativas 2º - Financiamiento y subsidio de la cultura 3º - Regulación de los media en perspectiva cultural 4º - Promoción de valores culturales reales y afirmativos - Incentivar en la cultura la relación cultura-Estado - Fomentar la cultura popular 5º - Democratización de la cultura 6º - Promover la cultura local - Asegurar y profundizar la inter vención del CONAC como ente rector de la política cultural - Generación de una política de seguridad social para el actor cultural - Diseño de políticas culturales masivas hacia los sectores mayoritarios del país 7º - Eliminación del CONAC y creación de un ministerio de la cultura - Política de creación de cooperativas culturales para el desarrollo de políticas culturales sectoriales 8º - Intervención del Estado en todo el quehacer cultural del país - Legislar en función de políticas culturales. Generar leyes que impacten el quehacer cultural del país


- Creación de nuevos centros de proyección de la cultura - Gestación de proyectos culturales nuevos e inéditos - Diagnosticar el sector cultural del país a través de un «inventario nacional cultural»: un censo cultural. Entonces, podemos agrupar las políticas culturales apun-

tadas como propuestas y diseñar un «mapa de propuestas de políticas culturales». (Ver cuadro). De la configuración de ese mapa cultural de propuestas de políticas culturales de acuerdo a nuestra investigación resaltan algunos aspectos sobre los cuales quere-

MAPA DE PROPUESTAS DE POLÍTICAS CULTURALES Política cultural de acuerdo a componentes

Propuesta de política cultural

Orden jerárquico

En el nivel de los agentes

• Financiamiento y subsidio de la cultura • Generación de una política de seguridad social para el actor cultural

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En relación a los medios de producción

• Fomentar la cultura popular • Promover la cultura local

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En relación a los canales de comunicación

• Regulación de los media en perspectiva cultural • Crear mecanismos nuevos e intensificar los existentes en el ámbito de la difusión cultural

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En relación a los públicos

• Diseño de políticas masivas hacia los sectores mayoritarios • Democratización de la cultura • Llevar la cultura a las instituciones educativas

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En relación a las instancias organizativas

• Eliminación del CONAC y creación de ministerio de la cultura • Creación de cooperativas culturales para el desarrollo de políticas culturales sectoriales • Intervención del Estado en todo el quehacer cultural • Legislar en función de políticas culturales. Generar leyes que impacten el quehacer cultural del país • Transformar y convertir a las instituciones culturales del Estado en fundaciones y dotarlas de mayor flexibilidad en cuanto a creación, difusión y circulación del hecho cultural • Asegurar y profundizar la intervención del CONAC como ente rector de la política cultural • Incentivar en la cultura la relación cultura-Estado • Dar jerarquía de «política de Estado» al hecho cultural • Promoción de valores culturales reales y afirmativos • Creación de nuevos centros de proyección cultural • Gestación de proyectos culturales nuevos e inéditos • Diagnosticar el sector cultural del país a través de un «inventario nacional cultural»: un censo cultural

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Política en y frente al mercado

NINGUNA

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- Transformar y convertir a las instituciones culturales del Estado en fundaciones culturales y dotarlas de esa manera de una mayor flexibilidad en cuanto a la creación y circulación del hecho cultural - Darle jerarquía de «política de Estado» al hecho cultural

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mos enfocar la atención y que merecen una breve reflexión: 1) Llama la consideración el lugar que ocupa el siempre discutido tema del financiamiento y subsidio a la cultura. En ese sentido mucho se ha hablado y pensado al respecto y pocas luces hemos encontrado. De todas las discusiones públicas que se han dado nos parece interesante la opinión del joven bailarín, coreógrafo y docente de danza Luis Viana. Decía: «A mí el subsidio me parece una figura que yo rescato. La política de subsidios, con todo lo paternalista, es avanzadísima. Que el Estado genere una política de apoyo a sus artistas, me parece fundamental, pero también debería haber un control que en este caso no se vería como censura sino como supervisión de los proyectos». El tema del presupuesto para el hacer cultural es vital, pero también es clave la evaluación y seguimiento de los proyectos. Inclusive, habría que considerar la «legitimidad» del hecho cultural en relación al subsidio o financiamiento en base a coordenadas tales como: a) Democratización y descentralización (como puntos de acceso a la cultura); b) La potencia de producción cultural; c) Aspectos de calidad, trascendencia y valores culturales; d) Consideración en torno a la producción nacional vs. externa; e) Orientación de los subsidios hacia los circuitos culturales: los aspec-

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tos de concentración y de multiplicación de la actividad cultural; f) Relación del subsidio con la actividad cultural: complejidad de la producción, agentes que intervienen, resultado final... 2) Aquellas propuestas que fueron señaladas en relación a los medios de producción se interrelacionan. Se plantea el fomentar la cultura popular y la promoción de la cultura local. Aquí entramos en interrogantes como: ¿qué es lo popular? ¿qué es lo local? Esas interrogantes tienen que ser abordadas frente a cuestiones como: la avasallante presencia de las industrias culturales de la información entretención y las telecomunicaciones; la globalización de esas mismas industrias culturales y la mundialización cultural que introducen; los procesos de «glocalización» que están sufriendo las culturas populares y locales; los procesos de desterritorialización que se hacen presentes desde la mundialización cultural; y la idea de lo «popular» y de lo «local» que asientan las industrias culturales. 3) La propuesta de regular a los medios ¿no será por la competencia y el uso que de ellos hacen las audiencias? Este tema debe hoy ser analizado a la luz de nuevos planteamientos que asuman no tanto la consideración de qué cosa hacen los medios con los perceptores, sino más bien qué hacen los públicos con los medios y entender/

ver cómo los seducen, les son útiles, cómo los integran a sus rutinas como prácticas sociales de cotidianidad. Esta visión debe partir desde la consideracion de los media como instrumentos tecnológicos que son, hasta los contenidos que ellos difunden y que impregnan los distintos espacios de vida cultural. En la investigación no hay ninguna otra consideración en torno al papel de los medios, lo cual nos está apuntando que los gestores culturales y los actores del quehacer cultural encuestados siguen manteniendo la reflexión y la acción sobre políticas culturales de una manera o forma «elitista» dirigida tanto a los circuitos como a las propias acciones culturales. En ese sentido irrumpe una interrogante más: ¿no habrá ceguera de los dirigentes culturales ante el crecimiento y uso de las industrias culturales al ignorar el lugar que empezaban a ocupar poco a poco los productos de esas industrias en el tiempo libre de la población? 4) En respuestas como llevar la cultura a las instituciones educativas (en primer lugar del conjunto de las propuestas) es difícil determinar de qué se está hablando. Quizás sea la necesidad de orientar a los públicos jóvenes y formarlos para ser nuevos públicos, para el futuro. Pero cabría preguntarnos para qué tipo de disfrute cultural. Quizás en la propuesta esté presente la idea/concepción de


Más claras, o confusas, según sea el caso, están las otras dos propuestas de política, es decir: democratización de la cultura (en quinto lugar) y diseñar políticas culturales hacia los sectores mayoritarios del país (ocupando el sexto lugar). En relación a la propuesta de democratizar la cultura estaría implícita la idea de la difusión de productos y gestiones culturales con carácter

democrático; con la expansión a todos los públicos y con la llegada de productos culturales a la diversidad de consumidores sin menospreciar a ningún segmento de público y con la necesidad de orientar la diversidad de circuitos culturales con variables formas de operar. Y también tendría que ver con los mecenas y cada vez más requeridos procesos de descentralización cultural en relación a las gestiones, presupuestos de financiamiento/ subsidios y una referencia a los propios productos culturales en sí.

en cuenta la variedad de necesidades y demandas de la población».

Pero, no únicamente es necesario democratizar la política cultural, afirman los encuestados, sino que plantean la necesidad de diseñar políticas masivas hacia los sectores mayoritarios del país. ¿Es que acaso hoy por hoy hemos orientado las políticas de gestión y creación hacia sectores minoritarios y privilegiados de la sociedad? ¿Tenemos indicadores que nos hablen de hacia dónde se orientan las políticas culturales en concordancia con las audiencias? ¿Sería un indicador el conocimiento de hacia dónde van los dineros del Estado para la cultura en el estudio de grupos, referencias y espacios geográficos? Quizás ayude lo que nos dijera García Canclini cuando afirma que «Las políticas culturales más democráticas y más populares no son necesariamnete las que ofrecen espectáculos y mensajes que lleguen a la mayoría, sino las que toman

La recurrencia al nombrar en el conjunto de propuestas dentro de este componente al CONAC, ya sea para transformarlo en Ministerio de la Cultura o para que legisle y cumpla su papel como rector cultural, y además asegurar su intervención como órgano del Estado en la organizaciónorientación-garante del financiamiento del circuito cultural público nos está hablando de la necesidad de que él a lo mejor no está cumpliendo con el objetivo con el que nació.

5) Dentro del componente que hace referencia a «las instancias institucionales de organización» surge entonces la política cultural frente a esas instancias. Aquí es donde hubo mayor cantidad de referencias/propuestas: once en total, aunque solamente dos -incentivar en la cultura la relación cultura-Estado y promoción de valores culturales reales y afirmativos- ocuparon lugares privilegiados de jerarquía, ambas el cuarto lugar.

Siendo este tipo de política una de las más importantes, porque es desde la instancia organizativa de donde parten las propuestas de política cultural, vemos como todas las referidas están orientadas hacia la consideración de la cultura en su promoción y hasta en su gestión desde la perspectiva exclusiva del Estado, inclusive algunas de las

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«educar» a los jóvenes en nuevas alternativas culturales frente a aquellas consideradas «subculturales» o de poco «valor cultural». Si cruzamos esta respuesta con algunas de las que se dieron para otros componentes de las políticas culturales a lo mejor podemos sacar el agua clara. Aunque todo lo que podamos «especular» serán meras sospechas. Nos gustaría creer que esa propuesta tan referida tiene que ver con la «formación» de los públicos para las variadas formas de productos culturales y con la educación de esos públicos para el acto creativo en sí, sea éste del signo que sea. Duda: ¿Y los que no acceden a la educación formal institucionalizada, qué ocurre con ellos? Como simple dato de referencia hemos descubierto, según un análisis de Josefina Bruni Celli (IESA), en 1995, de un total de 4.608.200 jóvenes en edades comprendidas entre 15 y 25 años, 1.116.266 (24.22%), ni estudiaban ni trabajaban, además que de ese total de jóvenes 623.699 (13.5%) se encontraba en estado de exclusión social y económica.

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propuestas son bien explícitas al plantear el darle una jerarquía de política de Estado al hecho cultural e incentivar la relación cultura-Estado. Habrá que preguntarse en este tiempo por los modelos de gestión que se van conformando, por la irrupción de un «paisaje cultural distinto», si no se requerirá propiciar la interlocución participativa de otros circuitos y agentes culturales distintos a los del Estado. Exitosas experiencias existen en nuestro contexto al respecto. Otra interrogante: ¿Lo público es sólo competencia del Estado? 6) Ninguna propuesta en y frente al mercado. El término mercado como que suena feo cuando se refiere al ámbito de la cultura. Se suele decir que «lo cultural no es un producto, o como un producto, que tiene que ser exhibido en el estante de las mercancías». ¿Qué sucede ante el mercado, el mercado cultural? Quizás sea el hecho de no entender al mercado como espacio de relaciones socio-culturales, y no sólo conformado por valores de cambio. Esa instancia que denominamos mercado es el lugar o espacio estratégico en donde se cumple el valor exhibitivo del producto cultural y en donde los consumidores (ciudadanos antes y además...) sienten realmente que están participando de alguna manera en la vida pública. En la perspectiva de una política cultural ante el mercado requerimos de una conceptualización distinta

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que de antemano no juzgue al mercado y que descubra nuevas relaciones entre Estado y mercado, incluso entre el creador y el gestor cultural y el mercado. El mercado nos convoca al consumo. ¿Algún problema en esa convocatoria? ¿Prejuicios? simplemente recordar que los ciudadanos somos también consumidores.

3. UNA PLURALIDAD DE POLÍTICAS CULTURALES No hay una única política cultural, el plano de las políticas culturales (así en plural) es variado. Dentro de los distintos circuitos culturales, amén de contar con los componentes que los conforman y que ya explicitamos antes nos encontramos con áreas o sectores culturales los cuales se asocian unos con otros dentro de la sociedad y conforman la cultura. Cada sector de la cultura posee unas características diferenciadoras del resto, es lo que podríamos llamar el lenguaje desde el cual se muestra la accción cultural específica. Desde ese lenguaje circulan significados propios que configuran el proceso de reconocimiento y de resignificación cultural. A partir de lo que hemos apuntado, y siempre desde el resultado de nuestra investigación, veamos inmediatamente el conjunto de políticas culturales que se plantean para cada uno de los sectores considerados dentro

del amplio ámbito de la cultura. Las respuestas de los encuestados parten de la base de cómo intervenir en el area específica y formular así las políticas culturales de acuerdo a sectores específicos: Cine.- Financiamiento y subsidios - Reforma de la actual Ley de cine - Consolidación del CONAC - Crear espacios de distribución del cine nacional - Copiar reformas de otros países para lograr el despunte del cine nacional como industria - Vincular la televisión al cine nacional Danza.- Seguridad social al artista - Definir los estudios formales de danza - Implementación de infraestructura - Creación de talleres de danza - Mecanismos de proyección tanto nacional como internacional Gestión cultural.- Fortalecimiento del CONAC - Apoyo estatal a la cultura - Apoyo a instituciones de investigación cultural Literatura y edición.- Subsidio al área - Ampliación de la Biblioteca Nacional - Mecanismos de masificación de la cultura Música.- Políticas de mejoramiento educativo del área - Subsidios - Creación de festivales - Involucrar a los media en planes de difusión


EPÍLOGO Hemos repetido muchas veces que hoy las cosas han cambiado. En el país se están viviendo cambios que no son de ahora, aunque sea en este momento cuando ellos han reventado o se han hecho demasiado explícitos... En sentido general ha habido cambios del orden cultural

porque si no, cómo explicar los acontecimientos que estamos viviendo. Entonces, el tema de la cultura debe ser abordado como un tema prioritario acerca del orden de vida que empieza a perfilarse en Venezuela. La cultura es un tema político y como tal debe asumirse. Compete a todos plantearlo y ver cómo la cultura se va disolviendo en lo político, económico y social del país. Estamos viviendo transfiguraciones importantes en nuestras existencias como venezolanos y ellas se están manifestando en diversos planos de la vida pública. En estos cuarentitantos años de vida democrática en Venezuela no todo debe ser echado por la borda, hay aspectos que merecen ser rescatados y otros sometidos al debate, formularles interrogantes para ver qué tal funcionarían en este ciclo nuevo en el que nos insertamos y que además coincide con el nacimiento de un nuevo milenio. El desafío es inmenso. Luego, se trata de definir el carácter general de nuestras políticas culturales con ese ambiente de cambios que presenciamos y que nos tocará vivir con mayor profundidad aún. Políticas culturales que estén conectadas directamente con el país que queremos, con la institucionalidad que deseamos y que se harán posibles con los sujetos sociales bien dispuestos a encarar al país y hacerlo concreto. El asunto es filosó-

fico, político y ético... es cultural. ¿Venezuela requiere de un modelo cultural distinto? ¿Qué papel deben jugar los creadores, los gestores y la gente como público/audiencia? ¿Se deben redefinir, en términos de políticas culturales, la acción de los distintos circuitos culturales? ¿Los distintos circuitos culturales deben engarzarse uno con otro y no permanecer aislados en perspectiva de políticas culturales? ¿Habrá que priorizar algún componente cultural, por lo tanto una política cultural determinada, por sobre los otros? Sobran las interrogantes. Ojalá que estas ideas, producto de la investigación llevada a cabo, y que debiera extenderse al resto del país, sirva para darle otra mirada al tema de la cultura en vísperas de un proceso constituyente que debe considerar a los valores democráticos, de respeto a la diferencia y de no exclusión como principios culturales no discutibles. Allí reside el efecto de estos años de democracia que vivimos y que hemos heredado.

ANEXO La investigación en cuestión tiene como características (Ficha Técnica) las siguientes: • Encuesta de Opinión Calificada • Se planteó como Objetivos Genera-

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Cultura popular.- Creación del sistema nacional de escuelas de formación de cultura popular - Políticas para las etnias indígenas - Incentivar la investigación sobre cultura popular - Difundir las manifestaciones indígenas Teatro.- Rescate y preservación de los actuales espacios teatrales - Ordenamiento del aparato cultural del Estado - Creación del Instituto Autónomo de Teatro - Subsidios - Creación de política de mecenazgo Artes plásticas.- Subsidios - Respaldo al artista como creador - Crear nuevos centros de formación en el área - Definir los perfiles de los actuales museos - Promover las obras urbanas Fotografía.- Crear una escuela superior de fotografía - Crear una fototeca nacional - Política de conocimiento y expansión del área

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les los siguientes:

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*Determinar la percepción del valor de la cultura dentro de un proceso de cambio político *Indagar las propuestas básicas, bajo la forma de políticas culturales, que debe contemplar la nueva Constitución de Venezuela; *Determinar las políticas culturales específicas en áreas definidas del hacer cultural. • En cuanto al método: para lograr los objetivos generales planteados se empleó una encuesta exploratoria de opinión calificada, la cual consistió en obtener opiniones de expertos del entorno cultural de Venezuela. Se seleccionaron, según criterio de importancia y significación, sesenta personalidades relacionadas con las siguientes áreas culturales: gestión cultural, artes plásticas, danza. cultura popular, cine, literatura y edición, música, fotografía, teatro. • Los resultados se presentaron en forma jerárquica, de acuerdo a las frecuencias obtenidas por las categorías, en los distintos órdenes de respuestas dadas a las preguntas formuladas. • Entrevistadores: estudiantes del quinto semestre, segundo periodo de 1998, del curso de sociología de la comunicación de la Escuela de Comunicación Social de la UCV. • Fecha del trabajo de campo: abril de 1999. • Contamos con la asistencia del estadístico Ricardo Meza y de la estudiante de sociología Marisela Pareira.

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Algunas aproximaciones a su estudio

E. Cocorda

Esteban Cocorda

Reforma del Estado y mecanismos de coordinación social

Profesor y Licenciado en Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Actualmente cursa el Programa de Maestría en Gobierno y Asuntos Públicos en FLACSO - Sede Académica de México.

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Esteban Cocorda

Reforma del Estado y sociedad

«Los hombres y mujeres de hoy tenemos la percepción de que el mundo ha cambiado. Mientras la historia nos señala y comprueba la importancia de nuestra especificidad local, nos enfrentamos a la sospecha de que algunos procesos globales están cada vez más próximos y que, en algún sentido, sus elementos también están presentes en nuestras sociedades. Pero sobre todo advertimos la punzante inquietud de que la forma en que entendimos el mundo no es ahora suficiente para describirlo y para formalizar dimensiones que advertimos como enormemente importantes e igualmente borrosas». René Millán

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INTRODUCCIÓN El trabajo procura analizar las implicancias que tiene la reforma del Estado en su relación y vínculo con la sociedad civil. El proceso de reforma actual parece desarticular el orden establecido y con ello los lazos sociales que lo sostienen y le dan fundamento. Esto nos lleva a preguntarnos por la forma en que estos se constituyen, cómo se explican y cuáles son los mecanismos que en este proceso de cambio permiten y posibilitan la coordinación de actores individuales y colectivos. El problema de la coordinación social adquiere relieve en el contexto presente, dado que las demandas societales no son satisfechas por el Estado como en épocas pasadas. En esta dirección se habla en los ámbitos informativos y académicos del surgimiento del sector social o tercer sector, compuesto principalmente por asociaciones civiles y fundaciones, dando lugar a la estructuración o revisión de la trilogía Estadosociedad-mercado. Este mismo planteo lo encontramos convergente en quienes dirigen fundaciones (Baquard) así como los principales intelectuales latinoamericanos (Lechner) y europeos (Luhman, Messner). De esta manera, podríamos preguntarnos ¿Cuáles son las principales explicaciones que se han dado y ofrecido? ¿En qué teorías nos apoyamos?

¿Qué diferencias existen entre coordinación social y política? ¿El creciente auge de la coordinación social mejora o afirma los fundamentos que estructuran y ordenan la sociedad en cuanto a pertenencia, comunidad y responsabilidad? ¿Es la reforma del Estado la consecuencia de nuevos lazos sociales o estos nuevos lazos sociales son consecuencia de la reforma del Estado? ¿Son estos lazos sociales el despliegue de un proceso de transferencia de la responsabilidad de «hacer» gobierno?

PLANTEAMIENTOS PROBLEMA

DEL

Aspectos generales La etapa modernizadora ha traido consigo un acelerado proceso de cambio que provoca fenómenos de disgregación y fragmentación. La articulación de estos resultados a la luz de los procesos de reforma del Estado iniciados en la década de los 70 trae sobre sí la desorganización de las formas de agregación social que dieron lugar, entre otras cosas, a la conformación del Estado de bienestar. Pero también tiene como emergente diversos y múltiples fenómenos que surgen desde la sociedad civil como es el caso de organizaciones ecologistas, de derechos humanos, fundaciones de carácter social. Lo expresado adquiere especial relevancia en tanto, cuando estos desajustes de la vida


N. Luhman, desde la Teoría de los Sistemas, nos dice que, aunque la sociedad se encuentre diferenciada, ella debería ser pensada como unidad, debiendo mostrar la integración de sus componentes. El proceso de diferenciación funcional, característico de la modernización, da lugar a que ciertas áreas de la vida social (economía, derecho, ciencia, educación, política) desarrollen racionalidades y dinámicas específicas conformando «subsistemas funcionales» relativamente cerrados y autorreferidos. Estos operan de acuerdo con sus

códigos funcionales y por lo tanto, sólo asimilan «mensajes» externos en la medida en que son traducibles a la lógica interna del susbsistema. La inquietud corre por el carril de qué pasa cuando estos campos o «subsistemas» de la vida social adquieren una progresiva y creciente autonomía, desarrollando de manera individual sus racionalidades propias y poniendo en suspenso la «unidad» de la sociedad. Podríamos preguntarnos ¿no será acaso que la intervención política en la vida social no conlleva ninguna utilidad significativa, o en el peor de los casos, la afecta negativamente? ¿o no será que la política se encuentra desbordada? ¿Qué sucede entonces con la reproducción de un orden social, de un orden colectivo? En esta dirección Lechner señala que la «política democrática ya no dispone de los medios adecuados para operar como eje organizativo de la vida social. La vida en sociedad exige, sin embargo, instituciones y procedimientos de coordinación». El mismo autor profundiza en un escrito posterior realizado con otros autores (Lechner et al., 1999), un mayor avance sobre el tema en cuestión. «Por más que se reconozca que en el contexto mundial global, mercado y democracia han quedado como las instituciones de mayor solidez, no se puede dejar de observar que por debajo de ellas o,

mejor dicho, en sus mismas estructuras anida una contradicción que atañe a los fines mismos de la modernidad. Por una parte hacen avanzar procesos de diferenciación económicos, políticos y sociales que en su propia lógica aumentan las opciones y posibilidades de acción de los grupos sociales dentro de cada uno de los subsistemas que abarcan estos ámbitos de diferenciación. Por otra parte, como numerosos autores han hecho notar en la bibliografía reciente, las instituciones encargadas de coordinar diversos subsistemas, es decir, los que caracterizan al sistema social que los integra, se han vuelto impermeables a la voluntad o intenciones de decisión de los agentes sociales y políticos». Sin alejarnos de estas ideas y autores podríamos estar situándonos en lo que Lechner denomina el «descentramiento de la política» o «la pérdida de la centralidad de la política» y del Estado en tanto institución de producción de sentido social. Dice Lechner «ya no hablamos de un primado de la política en tanto instancia privilegiada de representación, regulación y conducción de la vida social». El proceso de reforma del Estado y el corrimiento de una sociedad centrada ha llevado paulatinamente a una mayor diferenciación funcional en el orden sistémico y societal facilitando la expresión de una complejidad social acusada. Según Millán, esta compleji-

E. Cocorda

social aparecen, estos podrían surgir y por lo tanto ser explicados, como la consecuencia directa de la ineficiencia política. Los procesos de globalización aceleran la modernización de las sociedades latinoamericanas a un grado tal de diferenciación y complejidad que el Estado encuentra dificultades crecientes para representar y regular la diversidad de los procesos sociales. Las dinámicas sociales se desplazan así del Estado al mercado como la nueva instancia de coordinación de la vida social. «Va surgiendo al menos en el mundo urbano, una nueva sociabilidad y nuevos imaginarios colectivos que debilitan la referencia al Estado y a la política como destinatarios de las demandas sociales. Las modalidades de representación se vuelven aún más precarias, sin que cristalicen nuevas formas organizativas» (Lechner, 1996).

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Reforma del Estado y sociedad

dad presupone un mayor grado de heterogeneidad estructural y «el entorno se abre y se dispone en forma más abierta a un número mayor de posibilidades de organización, aunque no hay una instancia que alinee esa diversidad. Resulta útil establecer las condiciones de la centralidad estatal en un contexto de diferenciación y complejidad, así como las consecuencias para la coordinación» (Millán, 1999). El descentramiento en el campo del gobierno La tesis de descentramiento de la política pareciera potenciar, según nuestra visión, esa diversidad que refiere Millán como resultado de estos desplazamientos y progresivas conformaciones de estructuras societales. En el campo del gobierno y los asuntos públicos, objeto de nuestro estudio y formación actual, Boisier expresa que «se observa el despliegue de arriba hacia abajo, desde el aparato central del Estado a segmentos desconcentrados o descentralizados ubicados en diferentes escalones territoriales (regiones, provincias, comunas) sin que al mismo tiempo acompañe este proceso con la creación y difusión del conocimiento pertinente, sin el cual la transferencia de responsabilidad de hacer gobierno queda basada en el peregrino y falso supuesto de que tal cuestión supone sólo una operación de reducción a escala, y no

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cambios estructurantes invalidantes del conocimiento usado para respaldar las acciones en el escalón superior (gobierno nacional). Se desconoce que a medida que se desciende en la escala territorial de gobierno las jurisdicciones territoriales, vistas como sistemas, se tornan más y más abiertas y, en no pocos casos, más y más complejas. Dos características suficientes para requerir un conocimiento pertinente y no simplemente la aplicación del conocimiento genérico».

1. La observación de los procesos de reforma del Estado desde 1970 hasta la actualidad se han constituido en un vasto escenario de reformulación de las reglas de juego que articulan al Estado con los actores sociales. La modificación de los patrones de desarrollo ha llevado a una creciente tendencia de conflictos sociales y políticos que no han encontrado estructuras de articulación definitivas, sino más bien situaciones de flujo constante de actores y procesos.

En el pensamiento del autor ello viene a cuenta de los procesos de descentralización como factores de incremento de la gobernabilidad del sistema al permitir la difusión del conflicto por el poder, que en sistemas centralizados se agota en torno a la lucha por escasas posiciones. Ahora, ¿no es acaso la descentralización un desbordamiento de las formas institucionales centralizadas que contribuye a poner en «tela de juicio» el sistema político?

La velocidad de los cambios y la emergencia de procesos de nuevo tipo rebasan la estabilidad y permanencia de las instituciones. Frente a esta realidad el ciudadano, el político y el burócrata, personajes-tipo ideales de la democracia moderna de mercado, multiplican sus roles, cambian sus polaridades y sus funciones, y se muestran crecientemente incapaces de cerrar el círculo que teóricamente debería definir su mecanismo de coordinación. Pero también se puede decir que la búsqueda de certidumbre y simplificación de los mecanismos de interacción y coordinación social ha sido uno de los principales objetivos perseguidos por el Estado y que hoy la realización de este objetivo está en cuestión.

Temas de investigación Más adelante damos cuenta de los mecanismos de coordinación propuestos. La coordinación política se enlazaría con este planteo en cuanto a que la coordinación jerárquica del Estado comienza a enfrentar serios obstáculos. En esta dirección, la agenda de issues sobre los cuales parece centrarse la investigación (Lechner, et al., 1999) gira en torno a tres áreas de estudio:

Entonces, ¿qué hacer cuando los Estados nacionales dejan de producir los marcos estructurales que les han dado sostén?


REFORMA DEL ESTADO Y COORDINACIÓN SOCIAL

Boisier y otros han definido sociedad civil de la siguiente manera:

Sus implicancias Los cambios que escurridizamente se encierran en la expresión «reforma del Estado» han trastocado los hilos de estas cadenas de producción de sentido, de manera tal que la incertidumbre respecto de múltiples fenónemos se apodera de las conciencias de los actores. Estos, a su vez, modifican las rutinas a las que el sentido del tiempo las había acostumbrado y alteran o pierden los parámetros de certidumbre tradicionalmente producidos por el Estado. Si bien en muchos casos el retiro del Estado ha implica-

«Puede decirse que la sociedad civil está configurada por el conjunto de organizaciones sociales cuyas finalidades no se asocian a la preservación del orden y de la seguridad (propio de la sociedad militar) ni a la imposición de un orden moral (propio de la sociedad religiosa) ni a la creación de riqueza (propio de la sociedad mercantil) ni a la obtención del poder y a la consecución del bien común (propio de la sociedad política, Estado incluido). Por tanto las organizaciones de la sociedad civil no persiguen fines genéricos, sino objetivos particulares al grupo que se auto-organiza para ellos.

Pero tal vez el elemento que «cruza» horizontalmente a las organizaciones de la sociedad civil es el hecho que no se definen en función del poder, entendiendo éste como el control asimétrico de un recurso socialmente escaso». Tal definición tiene su direccionalidad y sentido en tanto las preguntas que surgen, y que nos formulamos en este orden de cosas, son del tipo ¿cómo se estructuran los campos de acción prácticos y simbólicos ante la perspectiva generada por la reforma, y sobre todo por el «retiro» del Estado? ¿Qué papel juega allí la institucionalidad política? ¿Cuál es el futuro de estas formas de coordinación ante la pérdida de centralidad del Estado? Esta pérdida de centralidad ¿es pasajera o es el síntoma de una transición hacia nuevas formas de organización política? La coordinación social: sus mecanismos Partiendo de esquemas desarrollados por Dirk Messner, Lechner (1997) presenta los mecanismos de coordinación como un problema crucial en la actual reorganización de las sociedades latinoamericanas. Para ello propone tres dimensiones a través de las cuales estos se estructuran: • La coordinación política se caracteriza por ser i) centralizada: el Estado es el único núcleo rector o, por así decirlo, el vértice de la pirámide societal desde la cual se

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3. El Estado como función moderna ha jugado la función de construir y constituir la soberanía de las decisiones, así como de proporcionar motivos, símbolos, proyectos, fechas que dan garantía de una unidad nacional. En este sentido «el Estado es uno de los grandes constructores del tiempo histórico de la modernidad. Se establece, de esta manera, una concatenación de pasado, presente y futuro».

do dislocamientos y conflictos sociales importantes, es posible percibir que, ahí donde el Estado procuraba bienes o servicios que ya no provee, han aparecido mecanismos o formas de coordinación no estatales o desestatalizables que pueden llegar a formar parte de una articulación societal de producción de bienes públicos. Nosotros creemos que en varios casos nacionales se ha procurado identificar estos mecanismos que han servido para favorecer una descarga o un desplazamiento de antiguas responsabilidades del Estado. Tal es el caso de las organizaciones sociales de solidaridad, de los programas que el Estado ha sabido aplicar basándose en estos mecanismos, etc.

2. Otro de los temas es el referido a la función del Estado y otras instituciones en la producción de tiempo. La pregunta es ¿cuál es el futuro de la política y del Estado? ¿Cuál será el modo de organización y articulación del Estado y la sociedad?

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ordena el conjunto de procesos sociales, ii) jerárquica: las decisiones son tomadas y comunicadas por las autoridades políticas o administrativas legítimas a través de los procedimientos legales establecidos, iii) pública: la coordinación política remite (como fundamento y destinatario) a la ciudadanía y su ejercicio en el ámbito público y iv) deliberada: la coordinación responde a propósitos y criterios fijados de antemano. En este caso, sobre la base de su posición como centro jerárquico de la sociedad, el Estado articula la vida social mediante una coordinación política. Hasta el día de hoy nuestra concepción de la coordinación social se encuentra marcada por la forma específica de la coordinación política, la que comprende: i) la regulación: en tanto ordena legalmente las relaciones entre diferentes procesos y actores y resuelve posibles conflictos, ii) la representación: en tanto representa las ideas predominantes acerca del orden social, ofreciendo una imagen simbólica de la «unidad» de la vida social mediante la cual los diferentes actores se sienten pertenecientes a una misma sociedad y iii) la conducción: en tanto encauza las diferencias sociales en una perspectiva compartida respecto al futuro. La institución más conocida de la coordinación es la planificación.

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• La coordinación social mediante el mercado: el éxito del neoliberalismo responde a la decepción generalizada acerca de la coordinación política. La coordinación a través del mercado se caracteriza por ser: i) descentralizada: supone que la diferenciación de la sociedad conlleva la abolición no sólo de un centro único, sino de cualquier centro, ii) privada: la coordinación ya no remite a la ciudadanía y, por lo tanto, a alguna idea de «bien común», sino a la relación entre individuos en tanto propietarios privados, iii) horizontal: el debilitamiento de la jerarquía es radicalizado al punto de negar toda relación de dominación, sustituyéndola por una secuencia de acuerdos entre iguales acerca de intercambios entre equivalentes; y iv) no intencionada: tomando al mercado por un paradigma del equilibrio espontáneo de intereses, la coordinación social es concebida como el resultado no intencionado, automático, de la interacción social. La estrategia neoliberal tiene éxito en tanto ajuste estructural de los países latinoamericanos a las nuevas condiciones nacionales (diferenciación) e internacionales (globalización), mas fracasa en su propósito fundamental de reorganizar la coordinación social en torno a la racionalidad del mercado. Sin embargo, la expansión de la sociedad de mercado genera un dinamismo poco común en la región,

estableciendo una mayor complejidad difícil de coordinar desde una instancia central. Aun así, la reconversión económica sólo es posible y viable si puede apoyarse en una serie de instituciones nuevas y específicas de la sociedad de mercado, como entidades reguladoras, comisiones antimonopolios, agencias de desarrollo regional, agencias de protección al consumidor y sobre todo redes de seguridad social. • La coordinación social mediante redes se entiende como la coordinación horizontal entre diferentes actores interesados en un mismo asunto con el fin de negociar y acordar una solución. El auge de las redes durante años recientes responde, según vimos, a la creciente diferenciación de la sociedad. Donde la vida social se expresa en una densidad significativa de actores, la coordinación social ya no puede estar entregada exclusivamente a un ordenamiento jerárquico. A la inversa, las redes operan satisfactoriamente sólo donde existe una pluralidad representativa de los intereses y las opiniones sociales. El fortalecimiento de los actores sociales y sus organizaciones no significa empero una estrategia de suma cero que perjudique al propio Estado. La cooperación entre los diversos actores de la vida social y económica requiere la intervención del Estado, pues una premisa básica de la coordinación mediante redes radica en la búsqueda de un cierto equili-


LA COORDINACIÓN SOCIAL: PROBLEMAS A ENFRENTAR Y DESAFÍOS ACTUALES La coordinación social en Argentina Parece ser éste el debate más relevante que se están dando las organizaciones no gubernamentales, fundaciones, instituciones diversas en Argentina en el sentido de otorgar sustento y legitimidad a las acciones que en la presente década potencian su quehacer organizacional e institucional. Los planteos y análisis más tradicionales sobre la relación Estado-Sociedad parecen abrirse a nuevos cuestionamientos. La dicotomía que plantea el surgimiento del mercado y la democracia como las instituciones más sólidas, abre la ventana a la configuración de una línea «societal» o «cívica» denominada «Tercer Sector». Los mismos protagonistas ponen en cuestionamiento los patrones de vinculación imperantes hasta el momento. «Estas organizaciones han sido consideradas como elementos marginales de una sociedad dominada por el gobierno y las grandes empresas. Hasta hace pocos años se creía que el gobierno podía y debía cumplir todas las tareas sociales importantes y que el papel de estas

organizaciones, si acaso lo tenían, era complementar los programas oficiales o añadirles algunos componentes específicos». (Biquard, 1998). En el caso de Estados Unidos, son parte de una vida social y no solamente son el más grande empleador sino que además ejemplifican y cumplen el compromiso fundamental de los norteamericanos: ser ciudadanos responsables dentro de la comunidad». Tales influencias se están acrecentando también en el hemisferio sur a través de las columnas que actualmente los diarios destinan a analizar el tema1, los debates académicos de las universidades públicas2, así como la creación de recientes posgrados en la temática3. Todos estos factores rinden cuenta, en un orden empírico, de las principales preocupaciones de fondo de distintos actores (intelectuales, académicos, así como de distintas organizaciones; universidades, centros de investigación y medios de comunicación) sobre las derivaciones de los procesos de reforma del Estado y los mecanismos de coordinación social. En esta dirección, también ha comenzado a cobrar una verdadera fuerza la constitución de grupos solidarios, así como también el abordaje de la solidaridad como materia de estudio. En el caso argentino, ello es consecuencia directa del aumento y fortalecimiento del Tercer Sector en

el país. «Nadie quedó afuera de esta tendencia. Los estudios son organizados desde todos los sectores: el Estado nacional, municipalidades, gobiernos provinciales, entidades privadas y organizaciones sin fines de lucro» (Clarín, 14-12-98). En este caso, la Red Solidaria, la Asociación Civil La Huella dictan cursos de voluntariado. El Centro de Organizaciones para la Comunidad (CENOC), dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social de la Nación, está enmarcada dentro del Programa Nacional de Voluntariado y ha dictado cincuenta cursos en todo el país para tres mil personas. En el orden municipal, el Programa Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, capacitó a 366 personas desde 1997. Además puede mencionarse los casos de la Cruz Roja Argentina, en cuanto a la capacitación de primeros auxilios y la Fundación Desida, para la prevención primaria y la lucha contra el Sida. En este sentido, bien expresa René Millán que «las sociedades no sólo generan expectativas, sino que están en posición de estructurarlas social y temporalmente. Tal capacidad facilita horizontes de coordinación» (Millán, 1999). Problemas a enfrentar y desafíos actuales: Dirk Messner ha expresado las exigencias que deberán satisfacer los sistemas de coordinación en las sociedades modernas:

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brio entre sociedad y Estado. ¿No será que ambas juntas pueden posibilitar una transformación de la política?

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1. La creciente fragmentación de la sociedad y de los procesos destinados a la solución de problemas societales generan una demanda de internalización frente a los crecientes efectos externos.

cial para las futuras generaciones y el alcance, por ejemplo, de los desarrollos tecnológicos (como energía nuclear, tecnología genética) generan una necesidad de minimizar riesgos.

falta de solidaridad desembocan en la disolución del espíritu cívico al tiempo que disminuye la disposición a obedecer al Estado, generando tendencias a la desintegración social.

2. La división del trabajo y la diferenciación de la sociedad hacen aumentar la necesidad de cooperación y coordinación entre grupos de actores, instituciones y subsectores de la sociedad.

Las transformaciones de la sociedad aquí expuestas enfrentan al Estado con tres problemas determinantes de coordinación y conducción:

Podemos decir que la relación de conflicto que se plantea entre las exigencias a los sistemas de coordinación modernos y las limitaciones a la capacidad coordinadora del Estado es lo que actualmente se percibe como una «crisis de la política» o una «crisis del Estado».

3. La tendencia hacia la diferenciación social y a la división del trabajo requiere a la vez una mayor autonomía de parte de los subsistemas frente al Estado con el fin de movilizar sus potenciales de creatividad y compensar a través de la organización y la coordinación independientes la pérdida de capacidad coordinadora del Estado. 4. La complejidad de las problemáticas existentes (por ejemplo: cambio de clima, volatilidad de los mercados financieros) implica una necesidad de definición colectiva de las dimensiones de los problemas y de los desafíos políticos. 5. De la dimensión temporal de la coordinación social (por ejemplo: desarollo de sistemas energéticos o educativos) se desprende una demanda de perspectivas y visiones a mediano y largo plazo que sirvan de orientación a los actores sociales. 6. Las tareas de previsión so-

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- Problemas de complejidad: la soberanía del Estado y los potenciales de acción del mismo se ven socavados tanto por unas relaciones causales cada vez más complicadas a raíz de la diferenciación de la sociedad y de la economía, como también por las omnipresentes tendencias globalizadoras. - Problemas de merma de poder: la creciente capacidad de organización de los actores sociales desemboca en la aparición de influyentes sectores particulares, grupos de intereses orientados hacia la distribución (asociaciones de cabildeo) que «acosan» al Estado y limitan sus márgenes disponibles para la toma de decisiones. La capacidad de organización de la sociedad amenaza revertirse en un bloque de la coordinación política que se orienta en los requerimientos del conjunto de la sociedad. - Problemas de motivación y ejecución: las tendencias diagnosticadas a la individualización, la fragmentación y la

CONCLUSIONES Sin lugar a dudas que la reducción de las funciones del Estado ha producido una reestructuración de la sociedad, sus actores y sus funciones. En otras palabras, la reforma del Estado ha abierto la puerta a múltiples formas de coordinación, algunas de las cuales hemos procurado presentar aquí. Si bien este trabajo dista mucho de justificar la ausencia de una instancia general de coordinación, ello no obsta de «poner en evidencia ante la gente la importancia de la organización y del esfuerzo conjunto y directo en el enfrentamiento a los propios problemas; su potencialidad en la gestación de liderazgos de base; el entrenamiento de la población con menores recursos en las prácticas de gestión, por circunscritas que estas sean» (Vilas, 1996).


BIBLIOGRAFÍA

Biquard, Carolina. «El compromiso de la comunidad». La Nación 18-11-98. Boisier, Sergio. «Sociedad civil, participación, conocimiento y gestion territorial». Santiago de Chile, junio de 1997 (mimeo).

Castells, Manuel., «¿El Estado impotente?». En Castells, M. La era de la información. Vol.2 El poder de la identidad. Alianza Editorial, Madrid, 1997. Lechner, Norbert. «Tres formas de coordinación social». Revista de CEPAL, Nº 61, abril de 1997. Lechner, Norbert. «Las transformaciones de la política». Revista Mexicana de Sociología, Año LVII, Nº 1, enero-marzo de 1996. Lechner, N. «Problemas generales y particulares de la coordinación social». En Lechner, N. y otros. Reforma

Nota: Este texto corresponde a la Ponencia presentada por el autor en el marco del Primer Encuentro Regional “Comunicar las Instituciones: un diálogo abierto entre las organizaciones sociales y el mundo de la comunicación”, organizado por la Fundación Walter Benjamin-Ciencias de la Comunicación y la Fundación Konrad Adenauer, los días 19 de setiembre al 1º de octubre de 1999 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

del Estado y coordinación social. IISUNAM y Plaza y Valdes, México, 1999. Programa de Desarrollo Social y Sociedad Civil. Posgrado en Organizaciones sin Fines de Lucro. Universidad Torcuato Di Tella, Universidad de San Andrés y Centro de Estudios de Estado y Sociedad, Buenos Aires, 1997. Vilas, Carlos. «De ambulancias, bomberos y policías: la política social del neoliberalismo (notas para una perspectiva macro)». Casas, R. y otros, Las políticas sociales en México en los noventa. Instituto Mora, UNAM, FLACSO, Plaza y Valdés, México, 1996.

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Uno bien podría preguntarse y plantear a modo de hipótesis de trabajo futuras, si ante el desbordamiento del Estado frente a las demandas sociales o la creciente conflictividad social que genera la aplicación de ciertas políticas de mercado ¿no será acaso el tercer sector una manera de procurar un mejoramiento del carácter de nuestra sociedad?¿ en qué medida el desarrollo de este sector puede acercarnos al concepto de comunidad en un «mundo cada vez más urbano y anónimo? ¿puede constituirse ésta en un mecanismo de coordinación que mejore el sentido de pertenencia y responsabilidad hacia nuestros problemas e instituciones? ¿cuál es la relación de estos nuevos lazos con la «sociedad de redes» a la que se refiere Dirk Messner?

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Adolfo León Maya

Voces ciudadanas: una opción de periodismo público y ciudadanización democrática

Profesor investigador de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana. Dirección: Circular 1ª con Carrera 70 Ciudad Universitaria de Laureles Apartado aéreo 56006, Medellín, Colombia Teléfono: (574) 4159015 Fax: (574) 4118656

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Adolfo León Maya Salazar

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Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir le reveló su secreto: La uva -susurró- está hecha de vino. Marcela Pérez Silva me lo contó y yo pensé: si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos. Eduardo Galeano en El libro de los abrazos

INTRODUCCIÓN En las consideraciones siguientes intentaremos mostrar un trabajo de reflexión y análisis en torno a los retos y posibilidades que tiene el periodismo público. A través de una caracterización del contexto político actual en donde la crisis de la política se toma como crisis de repre-

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sentación, vemos que una opción de refundar la política y democratizar el ejercicio periodístico se encuentra en la propuesta concreta de Voces Ciudadanas, proyecto en curso e impulsado por la Especialización en Periodismo Urbano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana. La legitimidad política ha cambiado de sentido y de dirección, ya no se encuentra en los espacios tradicionales como los partidos, los gremios, los sindicatos, etc. ahora pasa por el meridiano de los medios. Se ha operado un desplazamiento que, desde el ejercicio periodístico, es importante tomar en cuenta dado el lugar que éste ocupa en la representación, en el imaginario de los ciudadanos. A través de un recorrido teórico, tomando la concepción clásica como referencia, recorremos el camino que nos permita pensar en el valor potencial del periodismo público como formador de microesferas públicas.

CONTEXTO POLÍTICO DE LA OPCIÓN La pérdida de centralidad de la política se constituye en uno de los procesos más significativos del entramado y complejo mundo contemporáneo. La crisis de ésta es un hecho transversal a todas las sociedades de finales de siglo, constituyéndose en un

reto que deben afrontar las democracias, particularmente la colombiana. Pero todo indica que mientras esto ocurre, los medios de comunicación experimentan una valoración y dimensionamiento como ejes estructurantes y posibilitadores de la acción política, además de ser nuevos escenarios de legitimidad, representación y reconocimiento social y cultural. La política está cada vez más vinculada en su definición y renovación a la comunicación política. La reiteración y significación que ha adquirido ésta es correlativa a la crisis de la representación política que atraviesa la sociedad mundial y que se ha traducido como búsqueda de reconocimiento de actores e intereses específicos. Aludimos a la representación como uno de los aspectos fundamentales de las democracias modernas. En esta dirección, Edgar Morin expresa: «Hoy en día se han hecho laxas, imprecisas las fronteras o el ámbito de lo político. La política ha impregnado todos los problemas de la sociedad y se ha dejado impregnar por ellos»1. La crisis está ligada a la pérdida de sentido de la política o de sus horizontes humanistas, colectivos o públicos. En este sentido, la refundación de la política como forma de buscar y construir el futuro por parte de una colectividad está apoyada en dinámicas y estructuras comunicativas que promuevan y potencien


Las sociedades contemporáneas dentro de su complejidad social y política de creciente y envolvente protagonismo del mercado en la generación de nuevas sociabilidades, de redefinición del lugar del Estado respecto a la sociedad, de progresiva fragmentación de las identidades colectivas, están viviendo un proceso de massmediatización progresiva. Sin embargo los medios en su propia constitución y dinámica se hallan afectados por las condiciones que definen el contexto pero, a la vez, son determinantes para el ritmo y la dirección que tomen éstas. En este sentido, una dimensión de la crisis -además de la ya mencionada, la pérdida de centralidad de la política-, es la de un clima situacional de malestar en la representación política que nos remite de una manera más específica a la crisis de la forma y actores tradicionales de la acción política. Tal es el caso de los partidos políticos que han sido por excelencia las instancias de mediación entre los ciudadanos y el Estado. En Colombia, particularmente, los partidos no han tenido, como teóricamente se espera, un pie anclado en la sociedad civil y otro en el Estado. Históricamente estos siempre han anclado su

existencia en el Estado y de espaldas a la ciudadanía. Los políticos no representan sino que se autorrepresentan, formándose una compleja red de expresiones sectoriales que trasladan a la esfera pública la disputa de intereses privados. Esta corporativización de la política significa un declive de ella misma como escenario estratégico de deliberación, tratamiento y decisión de aquellos asuntos que son de interés general, o sea del interés público y no los asuntos de interés particular-corporativo. Todo este panorama se constituye en un referente significativo para dimensionar la comunicación como escenario de la trama social y política y de ciudadanización democrática. La democracia encuentra en los medios y estrategias de comunicación la opción de vigencia y sustantivación, y estos a su vez representan una posibilidad de formación y ejercicio de libre expresión política, de formación de opinión pública democrática y de control ciudadano sobre el poder político. Si bien nuestro planteamiento lo hacemos en el ámbito del deber ser, no debiéramos ahorrarnos la pregunta: ¿están capacitados para asumir a la altura de sus responsabilidades y funciones ciudadanas los medios de comunicación? El proyecto de periodismo público y específicamente la estrategia de voces ciudadanas se enmarca en la perspec-

tiva de potenciar la deliberación ciudadana como experiencia y actitud democrática vinculada con los intereses comunes que existen en una comunidad política y la decisión común de ejecutar aquellas cosas que conciernen a la existencia del conjunto social organizado.

LA PRIMERA VIDA O EL MUNDO DE LO PRIVADO La vida humana ha tenido en la cultura occidental una larga tradición en cuanto a mirarla como vida teórica o vida práctica. Las perspectivas se han concentrado en una visión contemplativa o especulativa de la razón o una visión de la vida ligada a la acción sustentada en la racionalidad. En este sentido, la praxis humana, es decir, la vida práctica de las personas en particular ha sido inscrita dentro de dos dimensiones que han dominado el pensamiento político occidental desde el mundo clásico: vida privada y vida pública. Hannah Arendt hace esta distinción en su célebre libro La condición humana2. Estas dos esferas de la vida práctica como ningún otro aspecto de la realidad social y política han dominado el interés filosófico de la reflexión y el análisis occidental. La relación entre estos dos mundos es fluida, dinámica y cambiante. Se activa un juego dialéctico que establece

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la democracia como la opción de orden social y político más compatible con la convivencia civilizada y ciudadanizante.

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un vínculo histórico entre ellos. Si bien cada una de estas esferas se caracteriza y se estructura en principios diferentes igual habría que decir que la una ratifica su sentido respecto a la otra. Los griegos fueron una sociedad con una diferencia cualitativa inconmensurable, pero sin duda esa distinción teórica y práctica entre un mundo prepolítico y un mundo político se va a constituir en un paradigma de valor transversal en las sociedades desde entonces. La vida privada es el ámbito, la territorialidad de una especie de primera vida en tanto en ella las preocupaciones, las acciones, la labor y el trabajo se orientan a la preservación y mantenimiento de la vida. La casa, el oikos, se constituye en una esfera de suficiencia, de allí la oikonomía (economía) y la razón práctica se despliegan hacia la consecución de los intereses individuales o la suficiencia en la solución de las necesidades materiales que permitan el mantenimiendo de la vida individual. Desde esta lógica, la vida privada es un «mero vivir», como diría Aristóteles, respecto a la vida pública que se articula en un proyecto colectivo del «bien vivir». La esfera doméstica se contrapone a la vida política de la polis, fundamentalmente porque en ella el principio constitutivo de las relaciones entre sus componentes es la desigualdad en-

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tre ellos. El pater famili está por encima de todos en cuanto a derechos, reconocimientos y autoridad. La verticalidad en las relaciones es naturalizada por la concepción de ser un mundo entre impares donde el padre, el señor, el esposo siempre está por encima del hijo, el esclavo o la esposa. En esta esfera entonces, la característica es lo prepolítico de las relaciones, en la medida en que hace muy cercana a la bios animal dominada por la búsqueda permanente de satisfacer las necesidades básicas y de reproducción biológica y material del grupo familiar. Además, en el mundo de lo privado el uso recurrente de la fuerza se convierte en el mecanismo cohesionador del grupo, como también el factor en que se sustenta la obediencia. La razón de la fuerza niega la posibilidad de un entramado de relaciones sustentada en la palabra, el acuerdo, el consenso, la amistad, la concordia, la alteridad. El sentido vertical o de dominación que predomina en esta esfera no da ocasión a una relación comunicacional que active un sentido común o un interés común entre las partes. Por consiguiente, es deducible que el discurso en él tiene una suficiencia parcial en tanto que hay un sentido instrumental de la palabra y no un propósito comunitario o consensual. La autarquía entonces se convierte en la actitud que caracteri-

za el mundo de lo privado. Pero hacia afuera del oikos se halla el punto de partida de la vida activa de los hombres libres, aquellos que eran dueños de sí mismos.

LA SEGUNDA VIDA O EL MUNDO DE LO PÚBLICO El existir humano no se agota en sus búsquedas, en sus realizaciones y satisfacciones primarias y animalescas. El «mero vivir» como llamó Aristóteles a la vida en el mundo del oikos, no es suficiente para desarrollar plenamente las expectativas y posibilidades humanas. Los hombres en nuestra multidimensionalidad antropológica demandamos muchos tipos de vidas que el mundo privado se hace insuficiente para satisfacerlas por sus estrechos marcos. Las demandas y posibilidades de la vida desbordan los límites que las coordenadas del mundo natural establecen. Sin embargo, es en él donde los hombres comenzamos nuestra subjetividad para proyectarla al mundo exterior social que es el puente entre la esfera privada y la esfera pública. La bios politikos, o segunda vida desde la concepción clásica griega, aparece porque el hombre es mucho más que vida animada, porque incluyéndola se hace insuficiente y busca trascenderla moralmente hacia un «bien vivir». El hombre es un animal político porque hace conciencia de ese bien vivir como asunto


Así, la vida política implica un acto de desvelación del poder humano, de despliegue como lo diría en Filosofía de la realidad histórica 3 , Ignacio Ellacuria. La insuficiencia de nosotros mismos nos proyecta en la vida hacia los otros, es con estos que actualizamos nuestra esencia humana, es decir, es la alteridad donde adquirimos conciencia de nuestro propio yo. La dimensión política así pensada, se constituye en un escalamiento diferenciador del hombre como arquitecto de su propio destino. Pero, además la capacidad del hombre para la organización política no sólo es diferente sino que está en directa oposición a la organización natural, cuyo centro es el hogar, la familia, el oikos. Y en ella acentúa la diferencia entre lo que es suyo, lo que pertenece a la vida privada y lo que se hace común a todos los iguales como portadores de palabra, voluntad y conocimiento de aquello que es reconocido por todos. La política es la esfera de aquello que es común en donde se despliega y ratifica la naturaleza comunicativa del hombre. Éste sale de su interioridad cósmica por ser capaz y necesitado de lenguaje, haciendo del verbo la condición fundante del mundo. No hay mundo sin el hombre y no hay hombre sin vida comunicada.

La esfera pública, por consiguiente, se hace la territorialidad de la diversidad, a la que cada uno llega con su especificidad para expresarse en lo que es, lo que la convierte en un espacio para la aparición. Nora Rabotnikof a propósito establece comparativamente las coordenadas filosóficas que hay entre la esfera de lo público y la esfera de lo privado: 1. Lo que es de interés o de utilidad común a todos, que atañe al colectivo, que concierne a la comunidad y por ende la autoridad de allí emanada vs. aquello que se refiere a la utilidad y al interés individual. 2. Lo que es visible y se desarrolla a la luz del día, lo manifiesto y ostensible vs. aquello que es secreto, reservado, oculto; y 3. lo que es de uso común, accesible a todos y por lo tanto abierto, vs. aquello cerrado, que se sustrae a la disposición de los otros4. Ahora bien, la acción y el discurso se constituyen entonces en los elementos estructurantes de la vida pública. El poder humano se sustenta en la capacidad de tejer relaciones con los otros. Surge de estar juntos y desaparece cuando los hombes se separan, forzada o voluntariamente. Hannah Arendt conceptua sobre esto como una experiencia colectiva y no individual. La acción y el discurso constituyen una unidad edificante del mundo público.

Suponemos, entonces, que la acción es la capacidad de comenzar, de crear iniciativas, de forjar sentido al mundo preexistente. El hombre es el comienzo de todo porque lo que existe sólo adquiere sentido por él. Representa una ruptura con la reproducción natural, animalesca, de subsistencia, de mecanización; por consiguiente es una apertura en sí y para sí del hombre hacia los demás. La esencia humana racional se hace patética en esta disposición y ella se da a través de la palabra, el argumento. Lo público escenifica la opción suprema de los hombres en su capacidad de actualizarse y reconocerse. Así, en lo público los hombres se trascienden hacia los otros y se asocian a la realización de los bienes humanos superiores. Es en donde ellos pueden perfeccionar su propia condición, es decir, la vida según la razón. Por lo tanto la acción y el discurso como elementos dinámicos permiten crear identidades vinculantes que constituyen las comunidades sociales y políticas, siendo estas asociaciones de intereses comunes en donde se actúa en torno a las cosas prácticas, es decir, aquellas cosas que la comunidad de pares puede realizar por sí misma, las cosas que hay que concretar para el «bien vivir». La comunidad política o la vida pública se funda en el mismo principio de la amis-

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colectivo, tanto en su realización como en su búsqueda.

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tad utilitaria, los intereses comunes. La acción política se articula a la existencia y preservación de la comunidad organizada en torno a los principios de isonomía (igualdad ante la ley) e isegoría (libertad de palabra). Y dicha atención tiene como plano de ejecución el presente y como horizonte el futuro de la misma; se trata entonces de un aspecto de la vida práctica con carácter prospectivo sustentada en el realismo político, es decir, decisiones concertadas sobre aquello que es realizable como interés común. En la trama de la vida pública se advierten dos dimensiones: así como el oikos es el de la vida privada, en ésta en primera instancia se reconoce un ámbito material o físico: el espacio público de las ciudades, de la nación, su soberanía, su biodiversidad. Y en segunda instancia, los referentes colectivos: los sentidos de pertenencia, las representaciones simbológicas, las tradiciones, la cultura. Por ello, en esta esfera el sujeto político que expresa connotadamente esta dimensión es el ciudadano como artífice de la vida pública en y por su capacidad o disposición a asociarse con otros en torno a intereses comunes. En la segunda vida, los ciudadanos dotados de capacidad de acción y de discurso exteriorizan su potencial creativo y asociativo a través de proyectos políticos y culturales. «La política tiene en lo públi-

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co su espacio privilegiado»5. El ciudadano entonces se constituye en el agente social y cultural de la participación con la deliberación y decisión común instaurándose la democracia como el régimen de mayor participación.

LA DEMOCRACIA O LA POLIFONÍA DE VOCES PÚBLICAS DELIBERANTES La deliberación común concierne a lo que debe y puede hacerse para alcanzar los fines sociales futuros y la racionalidad democrática que la debe acompañar nos empuja a ser consecuentes con lo que se ha decidido. El régimen político democrático está sustentado en el principio de la razón pública. Ésta en particular, emerge en aquellos ámbitos en donde los sujetos como los objetos de referencia tienen un carácter convergente hacia las cosas de interés común. El reconocimiento, la visibilización de la existencia de intereses comunes se ha constituido en los últimos tiempos en uno de los ejes más propositivos y dinamizadores de refundación de la política en clave democrática. Siendo esta situación quizá una de las de mayor significación en el rol de relegitimación que puede y está jugando la comunicación. Sin embargo en gala de discusión es pertinente pensar si lo que ocurre es, como lo plantea Habermas pensando

a la opinión pública, que los actores sociales «renuncian» a sus posiciones e intereses particulares, sectoriales, de clase, de género, para «elevarse» hasta el interés general o público o, en su defecto, la razón pública, la opinión pública se construye por los caminos del reconocimiento de los intereses comunes particulares, de sectores, de individuos. Para pensar la democracia es inevitable considerar el valor de la deliberación como ejercicio y actitud propia del sujeto político por excelencia: el ciudadano. Y viceversa, el ciudadano es pensable como sujeto de autonomía, libre de expresión, responsable y razonable, deliberante sobre las condiciones y situaciones que permiten la preservación o la construcción de la comunidad política. El deber de civilidad se constituye en el fundamento para la vigencia de la razón pública. El deber de civilidad es una disposición del ciudadano, partiendo de la libertad de palabra e igualdad ante la ley, a participar con otros en torno a lo común a todos y disposición de tomar en cuenta las opiniones de los demás y participar activamente para llegar a decisiones sensatas y ecuánimes. Además, ese deber de civilidad debe tomarse como la capacidad y voluntad de argumentar las propias opciones así como la actitud de hacer partícipe a los otros de


Por consiguiente, la democracia es una opción paradigmática en donde los ciudadanos pueden ordenar, concertar, disciplinar la deseabilidad individual dando lugar a un derecho común, como expresión de un espacio y unas garantías que permitieron la visibilización de distintas expresiones y voces que configuran una opinión pública. Es decir, la razonabilidad busca el interés común como expresión más viable, y no el bien general o interés general que son opciones más abstractas. Desde esta perspectiva, reconociendo el lugar que ocupan los medios de comunicación en el entramado social y político contemporáneo, estos se constituyen en una opción de democratizar, ampliar, elevar cualitativamente las condiciones de los ciudadanos en cuanto a su razonabilidad por un lado, y de incluir los asuntos de interés común en la agenda informativa, por otro. La vigencia de la democracia como la forma de gobierno basada en la decisión soberana de los ciudadanos presupone la expresión libre de los mismos. El desplazamiento hacia los medios para hacer y pensar la política es uno de los signos más sobresalientes de la relación entre la sociedad massmediatizada y la revolución tecnológica en curso. Nos hallamos en un con-

texto de desdibujamiento y deslegitimación de los canales tradicionales de expresión ciudadana, los partidos políticos, los sindicatos, las agremiaciones, a tal magnitud que la presentación y reconocimiento político se ha trasladado desde la esfera pública tradicional hacia los medios y la deliberación ciudadana como presupuesto de la democracia va siendo sustituida por la agenda medial. Justamente en esta atmósfera la comunicación política expresada en el periodismo público inscribe su propuesta de construcción y formación de una cultura política en clave democrática, la cual supone una opinión pública deliberante y actuante. Por consiguiente, esta opción, el periodismo público, conlleva una racionalización crítica del tratamiento tradicional que la información ha tenido y también redimensiona el sentido y valor de los ciudadanos como fundamento de la relación opinión públicademocracia.

EL PERIODISMO PÚBLICO O EL CAMINO DE CIUDADANIZACIÓN DE UNA AGENDA PÚBLICA El malestar en la representación política y la pérdida de la centralidad de ésta en las sociedades de hoy configuran la crisis que sorportan las sociedades políticas de fines de siglo. Crisis que en su conjunto puede expresarse como de legitimidad política siendo

cada vez más notoria la necesidad de ésta de sustentarse en términos comunicativos. El periodismo público hace mucha más referencia a las formas de pensar y hacer política que propiamente a las formas de hacer periodismo. Sin embargo, las relaciones de interdependencia entre el periodismo y la política son cada vez más notorias y decisivas para la democracia y para la formación de una cultura política deliberante, participativa, propositiva y crítica. Desde esta óptica, el periodismo público implica una reconceptualización tanto del periodismo en sí mismo como de lo público en su concepción tradicional dominante. Una nueva racionalidad periodística y política sirven de sustento filosófico y epistemológico al periodismo público. Vayamos por partes. En primera instancia, el periodismo público es una crítica a la concepción de la opinión pública heredada de la ilustración, una opinión sustentada en la razón. El periodismo público concibe la opinión pública como la sociedad dividida de opiniones particulares en las que se expresan intereses en conflicto. «Voluntad general» era la manera de asociar y definir la opinión pública. El carácter público de la opinión ya no se identifica con «voluntad general». El periodismo público parte de la idea que la socie-

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esa justificación para que el consenso sea razonable y no arbitrario6.

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Voces ciudadanas

dad no es la ausencia de conflicto de intereses sino lo contrario, una amalgama de relaciones conflictivas de intereses que deben visualizarse y tramitarse ciudadanamente, es decir, públicamente. Para poder pensarse y comunicarse intereses comunes. Lo anómico no es que existan conflictos, radica, contrariamente en no reconocer que existen y que existiendo se niega la sociedad cuando es lo que la reafirma. El periodismo público es una opción de comunicación política en la medida en que su objetivo es propiciar la creación de esferas públicas sustentadas en y expresando opinión pública como manifestación de comunidad de intereses. Por lo tanto, la visibilización, la tramitación y el reconocimiento de esas voces, sentires, lecturas e ideas de los ciudadanos sobre los asuntos de interés común y la perspectiva de que estos tengan la posibilidad de incidir en la toma de decisiones.

Se deduce entonces que este periodismo trasciende la idea restringida de la actividad en función meramente informativa para colocarse en un plano de formación y acción ciudadana. Habermas lo plantea como «acción argumentativa pública» 7. Se propone una refundación de la política por el sendero de ciudadanizar la agenda de asuntos públicos, en donde el ciudadano pueda superar su consideración nominal y recuperar una condición sustantiva.

diálogos de la

comunicación

Los medios de comunicación como los fuertes escenarios sociales y culturales de la vida cotidiana son por excelencia espacio donde es posible hacer converger las múltiples voces que sustentan la diversidad que constituye lo público. La legitimidad ha cambiado de sentido y pertenece hoy más a los medios de comunicación que a los políticos. La política se ha visto obligada a transformarse en política-provocación, política-seducción, política de comunicación. El proyecto de periodismo público apunta a esa zona de convergencia de la información, la política y la comunicación: la democracia como lo desarrolla en su concepción sobre la comunicación política Dominique Wolton8. Decimos entonces que el periodismo público puede constituirse en una estrategia que visibilice voces que han estado por distintas razones desconectadas de los procesos de decisiones, como igualmente una propuesta de tramitar y transformar democráticamente conflictos de intereses que se tornan de preocupación social para amplios sectores de la sociedad, pero igualmente por esto, busca la construcción de consensos básicos como expresión de la activación ciudadana de la deliberacion sobre la agenda de temas. Problemas que comprometen el futuro de la comunidad. La concordia es lo que hay que concretar para el «bien

vivir» y exige participación en la elaboración de juicios sobre asuntos de interés común, tomar decisiones comunes y participar en la ejecución de aquello que decidieron. De allí justamente que este periodismo signifique un compromiso de repolitización en el horizonte de una ética ciudadana.

VOCES CIUDADANAS O LA ACCIÓN PÚBLICA DEL PERIODISMO La experiencia de Voces Ciudadanas que actualmente se viene desarrollando en Medellín es una propuesta concreta de periodismo público que desborda la concepción teórica del liberalismo sobre la información, fundamentalmente respecto al aspecto tan recurrido y polémico de la objetividad. Esta concepción sustentada en el edificio de la clásica triada Emisor-Mensaje-Receptor plantea además la idea de una relación casi mecánica ante el hecho de informar y la formación de opinión pública, es decir, subyace una sobrevaloración de la información como insumo suficiente y automático para la aparición del ciudadano con criterio de razonabilidad y deliberación frente a la realidad. Voces ciudadanas busca hacer coincidir a ciudadanos y medios masivos de comunicación en la definición y tramitación de una agenda pública. No siempre coinciden los ciudadanos comunes y los


2. Informes periodísticos que permitan activar un diálogo público sobre el tema convocante. Una buena información activa, motiva las posibilidades ciudadanas de interés sobre un tema que los toca de manera directa o indirecta. La información periodística sustentada en una investigación seria se constituye en un aporte de educación cívica y con ello una posibilidad más cercana de una ciudadanía más intensa. 3. Sondeos abiertos y convocados por distintos medios de comunicación hacia los pobladores que residen en la ciudad, que buscan construir un panorama de percepciones acerca del tema en cuestión. Se hacen desde preguntas abiertas que permiten un mayor despliegue de las voces que participan.

5. Conversaciones ciudadanas en torno al eje temático. Ocasión para el encuentro deliberativo en donde la reflexión colectiva sobre el tema de interés público señalado cohesiona al grupo teniendo como punto de referencia un informe periodístico, una pregunta, un video, una afirmación que problematice el tema y provoque la puesta en escena, los discursos (representaciones, posiciones, ideas, etc.) de los distintos asistentes. Se trata de crear un espacio en donde el ciudadano se reconozca interpelado, identifique los acuerdos y las distancias, pero a la vez, con la moderación periodística pueda trascender las denuncias, malestares, diagnósticos y pase a un plano propositivo de posibles salidas o propuestas a instancias gubernamentales, periodísticas. 6. Entrevistas en profundidad: con esta estrategia se logra una mayor claridad, tan-

to sobre el tema como del perfil de los ciudadanos, al permitir identificar con más elementos de juicio las tendencias de opinión en un asunto de interés público. Voces ciudadanas, por consiguiente, se constituye en una metodología de periodismo público que busca fortalecer ciudadanamente tanto al periodismo como la dimensión de lo público. Es una propuesta que busca el equilibrio intenso entre los ritmos de la información y los procesos de participación ciudadana a través de estas piezas que se han señalado. Como no se trata de un ejercicio académico desintencionado, se busca trascender con las autoridades municipales a través de una presentación, la agenda ciudadana como una opción de ciudadanizar la vida en la ciudad, en donde el diálogo y la concertación entre autoridades y ciudadanos, facilitada por los medios, permitan una opción de refundar la política y con ello poder susurrar como el hombre del viñedo y apostar a que somos las palabras que cuentan lo que somos.

1. MORIN. Edgar. Fronteras de lo político. Revista de Occidente Nº 168, 1993. 2. ARENDT, Hannah. La con-

dición humana. Barcelona, Ed.

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1. Investigación periodística que permita un conocimiento que cualitativamente cree condiciones contextuales, amplias, plurales sobre un aspecto o un tema de interés urbano. La adopción de temas como parte de la agenda ciudadana en donde el periodismo pase de aquella postura simplista de presentar noticias a un nivel más propositivo y deliberativo.

4. Llamadas telefónicas: líneas telefónicas abiertas para que los convocados llamen a ofrecer su lectura sobre un tema o problema. La recepción de estas llamadas permite, por el tipo de datos adicionales que se reportan, levantar un perfil de los ciudadanos que, cruzado con las percepciones, crea un cuadro básico para el ejercicio del periodismo público y , en particular, su acción sustentada en una legitimidad con una base social de apoyo importante.

NOTAS

medios en cuanto a los asuntos de interés común. Por ello, en torno a ejes temáticos problemáticos y sensibles a amplios sectores de la sociedad se organiza la participación a través de mecanismos como:

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Paidós, 1993.

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3. ELLACURIA, Ignacio. Filosofía de la realidad histórica. Editores UCA, San Salvador, 1990. 4. RABOTNIKOF, Nora. Lo público y sus problemas: notas para una reconsideración. Revista de Occidente. IFF, UAM, México. 5. URIBE de H. María Teresa. Ética y política. Estudios políticos, Nº 1, IEP, U. de A., 1992. 6. CAMPS, Victoria. El giro ético de la política. Suplemento Dominical, El Colombiano, Medellín, 1998.

7. HABERMAS, Jürgen. Historia y crítica de la opinión pública Ed. Gustavo GIli. Barcelona, 1991. 8. WOLTON, Dominique. Las contradicciones de la comunicación política. Ed: Comunicación política. Ed. Gedisa. Barcelona, 1998.

diálogos de la

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comunicación

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http://www.testenjambre.com/dialogos/wp-content/uploads/2011/10/57.pdf

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