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En DIA-LOGOS se encuentra la experiencia, la política, la investigación y la teoría. En este número de DIA-LOGOS presentamos dos extensos informes sobre América Latina: Elizabeth Fox relata y evalúa la evolución de las políticas de Reforma de la Comunicación; Fátima Fernández y Ligia Ma. Fadul realizan un diagnóstico del estado de introducción de la tecnología de comunicación por fibras ópticas en el continente. Argentina ocupa un lugar preferencial en las colaboraciones del presente número. Heriberto Muraro trata sobre la industria cultural, los medios y la legislación en la dictadura y en la transición democrática. Octavio Getino evalúa el caso del programa "Latinoamericano ", transmitido por ATC y producido por ULCRA, una muestra del compromiso de los comunicadores argentinos con la producción regional. Pablo Arredondo analiza un caso único, la presencia mexicana en la televisión norteamericana. Las relaciones entre Televisa, Univisión y Panamsat muestran un revelador entramado que evidencia las dimensiones del poder de los broackasters latinoamericanos. Políticas de comunicación, nuevas tecnologías, exigencias de democratización, establecen demandas a la investigación y la teoría. Pablo Casares trata la necesidad de investigar para la apropiación de la informática por la educación. Dennis McQuail, profesor de la Universidad de Amsterdam, discute el concepto de Masa y las líneas de investigación correspondientes. Y Giuseppe Richeri, profesor de la Universidad de Bologna, analiza las condiciones de reducción de la complejidad social en el contexto de la multiplicación de la oferta y la innovación tecnológica en Europa. Finalmente Mario Kaplun entrevista a Armand y Michéle Mattelart respecto a la crisis de los paradigmas, los nuevos retos a la teoría y las nuevas matrices conceptuales. Nuestro propósito es ofrecer un encuentro del aporte de investigadores y críticos latinoamericanos con lo mejor de la investigación en otras regiones. Esperamos que esta síntesis nos permita apreciar el alto nivel alcanzado por nuestros países y contribuir al esfuerzo académico que vienen desarrollando las Escuelas y Facultades de la Federación. El Comité de Redacción.


COMPLEJIDAD SOCIAL E INFORMACIÓN Giuseppe Richeri El incremento de la complejidad social podría significar el sueño de la critica de abrir infinitamente los posibilidades de acción dentro de la sociedad. Sin embargo Richeri nos alerta respecto o la fragmentación del sentido común y de la imagen común de la sociedad. Pese a la clara referencia europea, podemos encontrar algunas coincidencias con nuestra realidad pluricultural y multilingüe. Los medios de comunicación siempre cumplieron el rol de reductores de complejidad, pero la diversificación de los fuentes, las nuevas tecnologías y la ampliación de las posibilidades de la televisión parecen dirigir al receptor en sociedades postindustriales hacia una marcada especialización. Aquí el autor sin dejar de ser crítico nos muestra cómo se replantea el poder ante esta nueva encrucijada.


COMPLEJIDAD SOCIAL Y OPINIÓN PÚBLICA El grado de complejidad de los sistemas sociales contemporáneos es uno de los campos de estudio que más ha interesado a las ciencias sociales en el transcurso de los últimos años. El concepto de complejidad social se refiere sustancialmente a la diferenciación y segmentación de la sociedad en un número creciente de subsistemas, cada uno de los cuales tiende a incrementar su propia autonomía. Al incremento del grado de complejidad de la sociedad contemporánea son adjudicados diversos fenómenos entre los cuales me interesa recordar la progresiva pérdida de un horizonte común de referencia para toda la sociedad o para grandes segmentos de ésta (las clases sociales), la fragmentación del 'sentido común' y la imposibilidad de representar la sociedad en su conjunto, sea a nivel cognoscitivo, o a nivel simbólico-intuitivo (Rositi, 1978). La consecuencia de esto es un progresivo debilitamiento de los vínculos que ligan a cada uno de los subgrupos sociales con las normas universalmente compartidas y aceptadas, y un incremento de su autonomía respecto a un 'centro superior de coordinación' (el Estado). En síntesis, complejización de la sociedad quiere decir que el sistema social entendido en su totalidad ve aumentar sus posibilidades de acción y se abre a un mayor número de posibilidades (mayor autonomía de los subgrupos). Pero quiere decir también que los procesos de decisión se hacen más difíciles e inciertos en un contexto que ofrece un número siempre más grande de alternativas posibles. En un contexto de este tipo, a fin de que la sociedad pueda sobrevivir, garantizándose un aceptable de equilibrio y organización, deben operar necesariamente "REDUCTORES DE COMPLEJIDAD ". Según la mayor parte de los que han estudiado profundamente el problema de la complejidad social, citando entre todos al sociólogo alemán Niklas Luhmann (1978), uno de los mecanismos fundamentales de reducción de esta complejidad es el fenómeno de la opinión pública. Esta, en este sentido, es entendida como el lugar en que se seleccionan y definen los "temas comunes relevantes" que permiten una comunicación entre los diversos sujetos (hace de regulador de la atención) al punto, en consecuencia, de unificar la atención individual y colectiva en torno a problemas comunes. Este artículo no quiere ser una síntesis del vasto debate de las ciencias sociales en torno al tema de la complejidad social. Estas breves notas quieren hacer evidente el nexo que existe entre los problemas de la complejidad social y los procesos de producción, distribución y consumo de información que están en la base de la formación de la opinión pública. LA SELECCIÓN DE LA INFORMACIÓN La formación de la opinión pública es reconocida como un proceso complicado y, en consecuencia, difícil de descifrar en sus componentes de base y en sus mecanismos de interacción con el cuerpo social (P. Bourdieu, 1973; E. Noelle-Neuman, 1974). En un primer nivel de aproximación es universalmente reconocido el rol que en este proceso cumplen las agencias que difunden información a vastos públicos no especializados, es decir los mass media. Respecto al proceso de formación de la opinión púbica una de las funciones centrales de los mass media es la de seleccionar la información a difundir. Esta función se realiza en tres grados diferentes: a) La selección de primer grado que consiste en la elección de los temas o eventos a los que se reconoce el "derecho" de entrar en el circuito informativo; b) la jerarquización; o selección de segundo grado, que consiste en decidir el énfasis a dar a los temas y eventos reconocidos como idóneos para entrar en el circuito informativo (el espacio y la ubicación de la noticia al interior del repertorio de información del medio impreso; el tiempo y la sucesión de las noticias al interior del repertorio de información radiotelevisiva);


c) la tematización, o selección de tercer grado que consiste en especificar los mayores argumentos sobre los cuales concentrar la atención del público y en función de los cuales indicar la decisión a tomar. Lo que distingue un tema de un evento o de un conjunto de eventos puestos a la luz es el hecho de "presentar una serie de eventos en un periodo de tiempo prolongado con el fin de hacer emerger un problema que tiene significado público y que reclama una solución o una decisión" (Rositi, 1982). En definitiva, a través de estos tres grados de selección los mass media proporcionan al público el conjunto de las cuestiones relevantes y su peso específico. En la mayor parte de los países europeos el contexto de normas en el que se producía el proceso de selección de la información ha permanecido hastante estable por mucho tiempo. Este se basaba en algunos elementos esenciales: - pocas fuentes de conocimiento universalmente reconocidas y en grado de alcanzar a la totalidad del cuerpo social (además de la escuela, estaban el gobierno, los partidos políticos, algunas grandes instituciones sociales, algunos grandes centros económico-financieros, etc.); - pocos objetivos esenciales de cada una de las fuentes (en general estrechamente ligados a la función técnica desarrollada); - una situación de equilibrio entre el conocimiento distribuido a través de la interacción directa (entre el cuerpo social y los grandes aparatos institucionales como la iglesia y los partidos) y el conocimiento distribuido a través de los mass media; como una cierta limitación de los temas tratados por los mass media (muchos de los temas referentes a la vida cotidiana circularán sólo a través de la interacción directa sin reflejarse en los mass media; la información especializada en economía era confinada a pocos espacios muy delimitados); - los mass media eran relativamente escasos y poco diferenciados, específicamente aquellos de mayor impacto (la radio y la televisión) que eran limitados por regímenes de monopolio público. En este contexto el trabajo de selección de la información operado por los mass media no significaba mayores problemas. Este podía realizarse según un procedimiento estable debido a que las fuentes eran bastante limitadas y poco dinámicas, mientras que el esquema de relaciones entre mass media y grupos de presión externa era bastante estático. LA DIVERSIFICACIÓN DE LAS FUENTES En el transcurso de la última década el cuadro descrito ha cambiado sensiblemente. El cambio es antes que todo cuantitativo: con el proceso de fragmentación y de diversificación de la sociedad crece el número de las fuentes de conocimiento legitimadas a entrar en el circuito de la información (mayor número de subsistemas sociales con mayor grado de autonomía). Las empresas, los agentes de la innovación socio-económica, los movimientos originados en torno a temas específicos (ecología, nuclear, paz, etc.), así como los nuevos entes nacidos de la fragmentación/multiplicación de las instituciones públicas, son todos causa del incremento cuantitativo de las fuentes de información. Al crecimiento cuantitativo de las fuentes acompaña una ampliación cualitativa de la información que cada fuente produce. A las diversas fuentes se les reconoce la función de expresarse sobre contenidos que van más allá del sector de competencia específica; las empresas intervienen en el sector de la cultura y en el educativo formativo; el mundo científico interviene en el sector de la estrategia económica; los grandes organismos del estado (escuela, justicia, sanidad) explicitan sus intereses políticos. A la vez se evidencia un proceso de sustitución entre los mass media y los agentes tradicionales de socialización de la información y del conocimiento: los partidos políticos, la iglesia, la escuela, pierden progresivamente la capacidad de lograr la atención del cuerpo social. A la progresiva complejidad social y a la consiguiente formación de subsistemas más autónomos y capaces de explicitar sus intereses específicos y de intervenir sobre temas de carácter general, corresponde no sólo un crecimiento cuantitativo y cualitativo de las fuentes de información, sino también un incremento de los mass media. La radio y la televisión se diversifican y ven incrementarse su consumo, lo mismo ocurre en la prensa diaria y periódica (en particular en las revistas especializadas). En resúmen, hay más fuentes, cada una con más áreas de interés y en consecuencia, más temas que tratar. La información y el conocimiento ya no pasan de pocas fuentes a pocos centros capaces de seleccionarlos, jerarquizarlos y, en ciertos casos, de tematizarlos para después redistribuirlos a un público relativamente homogéneo y limitado. Por el contrario, muchas fuentes proporcionan información y conocimiento muy diversificado para un consumo cada vez más amplio. La multiplicación de las fuentes, la diversificación de los mass media y el incremento de su consumo tienen como efecto el hacer más difícil y precario el proceso de información de la opinión pública entendida como elemento de unificación de la atención individual y colectiva en torno a temas y problemas comunes, entendida como factor de "reducción de la complejidad". INFORMACIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS: EL CASO DE LA TELEVISIÓN No obstante el énfasis creado desde hace unos años en torno a la aplicación de las nuevas tecnologías de comunicación, por ahora éstas no han producido efectos sensibles a gran escala. Proyectos ambiciosos en este campo están a la orden del día en todos los países europeos, pero las realizaciones concretas parecen requerir tiempo e inversiones que hasta el momento habían sido


subestimadas. Pese a esto, es legítimo interrogarse sobre los efectos que la difusión de las nuevas tecnologías de comunicación podrían tener sobre las formas de acceso y de consumo de la información y más generalmente sobre el proceso de formación de la opinión pública. El modelo televisivo que hasta el momento ha prevalecido en los países europeos ha habituado al público a recibir la información gratuitamente y en horarios estrictamente delimitados. El costo de la información, como el de otros programas, ha sido cubierto por las suscripciones y la publicidad; la información televisiva ha sido identificada sustancialmente con los telenoticieros y algunos programas especializados. Pero el cambio socio-económico junto a las transformaciones organizativas y tecnológicas en los sistemas televisivos europeos abren el campo para al menos tres nuevas posibilidades: - La noción de espacio horario, limitado por un conjunto de información heterogénea y fuertemente compacta tiende a desaparecer; se pasa, en materia de información, de una situación en la que es necesario sintetizar al máximo la noticia, si se quiere que sea posible transmitirla, a una fase en la cual el tiempo, gracias a la multiplicación de los canales, deja de ser preciso porque ya no es escaso; - con la información televisiva ocurre lo que ya pasó con la información escrita en el transcurso de los últimos años: reducción de la importancia de algunos espacios "ómnibus", especialización de las páginas de los diarios e incremento de las publicaciones periódicas dirigidas a categorías más precisas de público; también la televisión va hacia una reducción de la información "universal" en favor de la información especializada; - la teledistribución hace pagar una suscripción a todos los usuarios que la reciben, adicionando a los servicios informativos ofrecidos por la televisión pública, servicios privados de información especializada a precios definidos en base a una demanda potencial limitada; en este caso la información, como cualquier otro producto de consumo, es vendida a un precio determinado por su escasez, el costo de su tratamiento y las dimensiones de su mercado; el servicio de información es adquirido en razón de su confiabilidad, disponibilidad, sensibilidad, posibilidad de disfrute, etc.


Pero nos preguntamos: ¿Después de un largo acostumbramiento a una televisión casi gratuita, el público estará dispuesto a pagar por la información? ¿Por cuál información y a qué precio? En mérito de estas interrogantes se presentan cuatro prospectivas: - dejado a las reglas del mercado, el espacio destinado a la información televisiva podría reducirse progresivamente en favor del entretenimiento, ya que su rentabilidad económica es todavía muy incierta; - o bien, se aplicarían a la información las reglas expresivas de los programas de entretenimiento y en consecuencia cada acontecimiento sería tratado como un espectáculo para elevar su índice de audiencia; - o, ya que los programas informativos son caros, solo las empresas más ricas podrían operar en ese sector; - otra prospectiva es que el acceso a la información podría tener un precio elevado y que, en consecuencia, estaría disponible solo para quienes estén en condición de pagarlo. Las redes de comunicacion vía cable, hoy en fase de desarrollo, ponen a disposición, en cada punto de acceso, la información escrita, sonora y audiovisual ofrecida por los servicios tradicionales (televisión, teléfono, etc.) y por los nuevos servicios telemáticos y de video de comunicación. Es entonces necesario especificar cómo la información, especializándose, se subdivide entre los diversos servicios. Tomando como referencia el estudio de Dominique Wolton sobre la evolución tecnológica de la prensa podemos ver cómo la introducción de la informática en los diarios trae una ampliación y una diferenciación del campo de la información que se organiza en cinco grupos distintos: - La información general: es aquella que se refiere a los acontecimientos que son reportados por las agencias de prensa, diarios, radios y televisión. El comentario y el análisis: son aquellos que atribuyen una jerarquía a la actualidad y la analizan en sus diversos aspectos. - La información-servicio: es aquella ligada a problemas concretos de la vida cotidiana como el horario de trenes, la bolsa, el clima, etc. - La información especializada y profesional: esaquella que corresponde a la diferenciación de los gustos, a la constitución de públicos específicos que tienen necesidad de una constante puesta al día profesional, al empleo del tiempo libre para cultivar hobbies, prácticas deportivas, etc. - La información-conocimiento: es similar a la degrupo precedente pero se diferencia por su proceso de construcción, que es más complejo (tiene mayor valor agregado) y que resulta de una selección y de un ensamblaje de diversas informaciones más o menos de actualidad y de datos destinados a satisfacer las necesidades de informa ción de los diversos ambientes socio-culturales (Wolton, 1979). Bajo forma de textos, sonidos e imágenes, estos cinco tipos de información, de límites a menudo difusos, podrían ser proporcionados por el servicio de teledistribución según la siguiente repartición: la "información-servicio" encuentra en el teletexto su vehículo más adecuado, la "información-conocimiento" recogida en bancos de datos y en bancos de imágenes puede ser mejor vehiculada por el videotexto y los canales de video-comunicación; la "información general" y los "comentarios y análisis" se adaptan a las transmisiones televisiva y radiofónicas de tipo "tradicional". Sin embargo, con la multiplicación de los canales, estas transmisiones tienden a aumentar, a diversificarse sensiblemente y a presentarse en formas menos convencionales. INFORMACIÓN UNIVERSAL E INFORMACIÓN ESPECIALIZADA El desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación aparece en perfecta sincronía con el incremento de la complejidad social, de la diversificación y de la segmentación del público masivo. Tal desarrollo crea las condiciones para ofrecer a cada subgrupo social los programas y, en este caso, la información que mejor corresponde a sus características socio-culturales, profesionales y económicas. De esta manera se pueden utilizar los instrumentos idóneos y hacer pagar a los "consumidores" televisivos suscripciones y precios en base a los canales que seleccionen (pay-tv) o a los programas que realmente consumen (pay-per-view), y probablemente se asistirá al incremento de información especializada más compleja, mejor articulada y mejor adaptada a ser vendida en un contexto de mercado. En esta hipótesis la cantidad y, en todo caso, la calidad de la información universal podría -en consecuencia- disminuir en favor de una información mejor seleccionada para un público más preciso. La información universal representaría así el contenido "menor" de la información audiovisual, una especie de índice comentado que remitiría a la información especializada para profundizar en los diferentes temas. En esta hipótesis se abre un evidente problema de desigualdad de los individuos respecto a las posibilidades de acceso a la información: los grupos económicamente débiles podrian acceder gratuitamente a la información universal en progresivo deterioro y reducción a "índice comentado", mientras el acceso a la información especializada dependerá de las posibilidades de compra de los interesados. La desigualdad no se manifiesta sólo en el plano económico, sino también y sobre todo el sociocultural.


El interés y la "curiosidad" en un sector como el de la información están directamente ligados a lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu (1979) llama "disposición" y "competencia": la DISPOSICIÓN se refiere a las normas culturales interiorizadas que se adquieren durante la propia educación en familia y en el ambiente social de proveniencia; la COMPETENCIA se refiere a la habilidad necesaria requerida para el consumo de ciertas formas de productos culturales y, en nuestro caso, de los diversos códigos de la información. Por otra parte la necesidad y la habilidad de seleccionar y escoger la información están estrechamente ligadas a las oportunidades que las condiciones individuales y sociales ofrecen para que esta información pueda ser utilizada y valorizada, aplicada e intercambiada. En realidad para muchos individuos, en una fase de expansión de la oferta de información como la actual, el problema principal no parece ser tanto el de la disponibilidad económica necesaria para acceder a la información (que también se da) sino el de tener la experiencia en la que se deba utilizar la información que se puede obtener del espacio contextual y social que les rodea. Este problema se hace evidente respecto al nivel de inserción de los individuos en los procesos laborales. Cuanto más se desarrollan actividades marginales respecto al proceso productivo, es menos el conocimiento necesario y la habilidad profesional para el propio trabajo, hay menos ocasiones de adquirir la información adecuada para enriquecer el propio aporte en el proceso productivo, operando sobre importantes sectores de individuos las mismas condiciones de demanda de información (al menos aquella destinada directa o indirectamente a la puesta al día y a la orientación profesional) y criterios para seleccionarla y escogerla. Cuanto más se es dominado en la esfera social y más se es marginado en la esfera productiva, más se reduce el propio espacio, indiferente y temeroso en relación al mundo externo, y menos se desea saber. Se trata de un círculo vicioso: cuanto menos interesa lo que sucede en "el mundo", más se desea permanecer en las propias posiciones (Missika, Wolton; 1963). En este sentido vale la siguiente consideración. La forma de acceso a la información universal y en general a la oferta de los mass media es en gran parte casual: podemos decir que mucha información se alcanza sin que la busquemos o sin conocer previamente de su existencia. La progresiva reducción de la información universal y el incremento en importancia y disponibilidad de información especializada, que presupone un acceso predeterminado y voluntario, tienden a reducir la ventaja de temas y materias que normalmente solicitan nuestra atención e interés fuera de nuestra voluntad. La tendencia a la especialización de la información está necesariamente ligada a la misma lógica del desarrollo de las nuevas tecnologías y aparece como una de las condiciones indispensables para su viabilidad económica. Esta de hecho corresponde a una "racionalidad" que tiene por objetivo adaptar el "producto información" a las diversas categorías de compradores potenciales. Desde el momento en que se ofrece a cada uno la información que considera necesaria para sí mismo se modifica la función política de la información. Entonces no se dan las condiciones necesarias para que los mass media contribuyan al proceso de formación de la opinión pública y para que esta pueda operar como reductora de la complejidad social. Se reduce el espacio público de referencia colectiva para la construcción de una imagen unitaria del mundo y de la propia identidad en relación a esta imagen. Igualmente se reducen los espacios más apropiados para la comunicación política. LA FRAGMENTACIÓN DE LA IMAGEN COMÚN DE LA SOCIEDAD La fragmentación del universo informativo representada por la multiplicación de los canales televisivos y de las tendencias hacia soportes y contenidos informativos específicos dirigidos a los diversos segmentos constitutivos de una sociedad representa un evidente riesgo tanto en el plano político como cultural. El medio impreso y, sobre todo la televisión han sido en todos los países europeos fuertes elementos de unificación social e integración entre las diversas áreas geográficas y culturales. La idea de que una diversificación de la información entre un gran número de soportes hace posible una representación coherente y unitaria de temas y problemas comunes al interior de un cuerpo social ha sido planteada hace ya un tiempo (Rositi, 1982). La información fragmentada por su especialización y por efecto de la multiplicación de los soportes se convierte entonces en amplificador de la heterogeneidad cultural pudiendo hacer aún más precario el equilibrio social que, en una situación social compleja, tiene mayor necesidad de lugares de selección, representación y difusión de valores compartidos por los subsectores que componen la sociedad misma. La preocupación que emerge, como conclusión de esta argumentación es que la fragmentación del universo informativo, representada por las tendencias actuales en, el sector de los mass media, tendría más efecto como inhibidor en la formación de la opinión pública que como agente de satisfacción para las aspiraciones de autonomía de los subsectores sociales.


IMÁGENES PARA EL INTERCAMBIO. TELEVISION E IDENTIDAD CULTURAL Octavio Getino Hace un año que el "Latinoamericano" se esfuerza por contribuir a la conciencia de la identidad latinoamericana. Han transcurrido más de 50 ediciones de este programa y aún pocos países de la región lo incluyen en su programación. Octavio Getino evalúa este primer proyecto de ULCRA para el intercambio de información televisiva en América Latina. Se difunde en: Argentina, Uruguay y Venezuela. Estos países, además de Cuba y Perú han intervenido en su producción. ¿Qué es lo que limita una mayor presencia? Las experiencias europeas, asiáticas y africana han tenido regular éxito. Para Octavio Getino, destacado comunicador argentino, el proyecto latinoamericano avanza a pesar de la falta de colaboración, de la inconciencia respecto a las amenazas de nuestra identidad cultural. Sin embargo la evaluación aún es oportuna; se trata de un piloto que quizás marque una alternativa de información que recree concientemente nuestra realidad y se instale legítimamente sur-sur.


Desde hace aproximadamente un año se transmite semanalmente en Buenos Aires, por canal 7 de ATC, el "Latinoamericano," un programa de una hora de duración, editado con notas e informaciones procedentes de distintos países de la región; lo produce la Unión Latinoamericana y del Caribe de Radiodifusión (ULCRA) y constituye la primera experiencia de intercambio de información regional elaborada por productoras y emisoras de la televisión llamada de "servicio público". Este proyecto de intercambio ha sido aprobado, discutido y evaluado en numerosas reuniones y seminarios efectuados en diversos países de la región. Durante 1987 se desarrollaron seminarios y reuniones en Argentina, Guatemala, México, Costa Rica y otros países. En el presente año ha ocurrido otro tanto en Ecuador, Cuba y Argentina. Paradójicamente la información sobre un proyecto que se presenta como de "intercambio informativo" no ha trascendido más allá de reducidos sectores de la población en un número muy escaso de países. Ello motiva algunas reflexiones sobre dicho proyecto, atendiendo de manera particular a la importancia que el mismo reviste -pese a sus limitaciones actuales- para los procesos de intercambio y de cooperación comunicacional en los países de América Latina y el Caribe. DE LA CIRCULACIÓN N-N Y S-S Es sabido que la circulación informativa y de programas televisivos reconoce un circuito principal: Norte-Norte, y, uno complementario, Norte-Sur. La circulación en otros sentidos, sea Sur-Sur o Sur-Norte, es irrisoria o prácticamente nula. Dentro de esta situación, el predominio norteamericano resulta tradicional como indiscutible. Hasta los inicios de la década del '60, los Estados Unidos poseían más receptoras de televisión que todo el resto del mundo; poco después se convertirían en el principal vendedor de programas e información televisiva a las naciones del área capitalista que comenzaban a incursionar en dicho medio. El volumen total de ventas realizadas por empresas norteamericanas en el extranjero al comenzar la década de los '70, oscilaba entre las 100 mil y 200 mil horas anuales de información y programación, destacándose las dedicadas al rubro de "entretenimiento". Un tercio de esas ventas tenía como destino a los países latinoamericanos y del Caribe. Aunque algunos estudiosos sostengan que esa hegemonía ha entrado en declinación en cuanto a volumen de horas de programación vendidas, el decremento sólo alcanzaría a verificarse en los países más industrializados -Europa, Japón- no así en los subdesarrollados, donde dicha dominación se estabilizó e inclusive ha crecido, según las circunstancias de cada país. Con lo cual, el conocido Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclama el correspondiente a la "libertad de opinión y de expresión" se reduce en la práctica a un derecho usufructuado por quienes tienen el poder económico, político, militar o tecnológico de ejercitarlo; es decir, las naciones industrializadas que junto con el control de recursos del planeta dominan la mayor parte de la información y la programación televisiva. Para contrarrestar la hegemonía norteamericana y reforzar proyectos regionales de integración, los países europeos fueron los primeros en implementar políticas de intercambio informativo en el área de la televisión. Eurovisión una de las ramas de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), pasó a nuclear en los años '60 a las emisoras de Europa Occidental, facilitando el intercambio y distribución de programas de TV e informaciones televisivas entre los países miembros. El volumen de ese intercambio llegó a superar los 9 mil despachos anuales, procedentes en su mayor parte del Reino Unido, y en menor medida de Francia, Italia y la República Federal Alemana. Los países del área socialista crearon a su vez Intervisión, rama de la Unión de Radiodifusión y Televisión (ORIT), con una capacidad de intercambio de 6 mil despachos anuales. Entre Intervision y Eurovisión existe también un intercambio regular de noticias, que traduce obvios desfasajes: sólo un 10 por ciento del volumen de telenoticias que pasan del área capitalista a la socialista, circulan en sentido contrario; este porcentaje sólo crece en el caso de las emisiones deportivas procedentes de los países del Este. Ambos programas de intercambio se proyectan sobre todas las regiones del planeta, sea Norte-Norte o Norte-Sur, con un alcance equivalente a la penetración que los países capitalistas o socialistas más industrializados tienen sobre los países periféricos. Dentro de esta situación, los países latinoamericanos reciben unas tres mil teleinformaciones anuales de Eurovisión, pero transmiten a ésta menos de cincuenta. Algo parecido ocurre en el caso de Intervisión. El actual "orden internacional informativo" es, como puede apreciarse, el desorden mejor programado posible, en tanto este, junto con evidenciar la carencia, del derecho a la información en la mayor parte de los países, garantiza el falso orden impuesto desde las grandes metrópolis. DE LA CIRCULACIÓN S-S La primera tentativa originada en el Tercer Mundo para contrarrestar el desfasaje informativo internacional en el área televisiva, apareció en Asia, en 1971, durante un taller realizado en la Asia Broadcasting Union (ABU). Allí comenzó a debatirse el proyecto de organización de Asiavisión que llegó a ser realidad -al menos como punto de partida efectivo- en 1984, casi un cuarto de siglo después del nacimiento de las dos grandes redes europeas. Este proyecto se circunscribe en la actualidad al intercambio de información diaria, con imágenes y sonido directo sobre temas de interés, que cada país asociado está en condiciones de aceptar, rechazar o procesar con sus propios comentarios. Asiavisión opera con unos cuatro mil despachos anuales, manejados a través de dos centros de coordinación. Uno de ellos está situado en Tokio y coordina el intercambio con las dos Coreas, China, Indonesia, Irán y Australia, además de Japón; el otro se ubica en Kuala Lampur, Malasia, y opera con Pakistan, India, Bangladesh, Brunei, Indonesia


y Sri Lanka. Ambos centros transmiten también información entre sí y derivan la misma a Eurovisión, quien tiene la misma libertad operativa de los países asiáticos. Otras tentativas parecidas, aunque de menor desarrollo, son las de los países árabes, nucleados en la Unión de Radiodifusión de los Estados Arabes (ASBU), reorganizados después que fuera expulsado Egipto de dicho organismo y con actividades de intercambio a partir de un centro coordinador situado en Argel. En Egipto continúa existiendo una actividad de capacitación para el intercambio entre países africanos que se nuclean en la Unión de Radiodifusión y Televisión (URTNA). En el terreno experimental existe en el Caribe un programa de intercambio entre los países nucleados en la Caribbean Broadcasting Union (CBU); ellos son, Trinidad-Tobago, Jamaica y Barbados. El intercambio actual es de tres veces por semana y se proyecta elevarlo a cinco, con la instalación de un centro coordinador en Barbados. DE "LATINVISION" Fué la delegación argentina precisamente, la que en la Primera Conferencia de América Latina y el Caribe sobre Radiodifusión de Servicio Público (Costa Rica, 1985), hizo una propuesta inicial para que el intercambio de noticias de televisión fuera un campo prioritario de ULCRA, "él intercambio deberá enmarcarse en el principio de la no intervención de ULCRA o de cualquier organismo de televisión o de radio en ningún otro -se estableció en las normas de la Asamblea Constitutiva del nuevo organismo- de manera que todas las instituciones tengan la libertad para difundir o distribuir el material que estimen de utilidad común, para usar o no el material que se pone a su disposición, y para adaptar o recortar el material de acuerdo con sus necesidades, respetando en lo posible criterios de equilibrio, objetividad y profesionalismo ". Al margen de la ambigüedad de estas normas y criterios, la voluntad de intercambio quedó probada formalmente, al menos por las instituciones de 18 países latinoamericanos que resolvieron en 1985 la creación de ULCRA. Sin embargo, transcurridos casi tres años desde entonces, los productos concretos de esa voluntad aparecen todavía a la vista. Latinvisión, que sería, el programa de intercambio diario de noticias sujeto a las normas referidas, sigue apareciendo en la agenda de las sucesivas reuniones y seminarios de ULCRA, pero su concreción no se atisba todavía para el corto plazo. Las dificultades no parecen ser de tipo técnico. Existe al respecto una infraestructura de comunicaciones que, aunque necesita de algunos ajustes, podría servir para comenzar en breve tiempo el intercambio diario de información televisiva. En el norte de la región, operan los satélites internacionales de Intelsat e Intersputnik y el sistema de satélites Morelos de México, además de las redes de microondas de Centroamérica (COMTELCA) y México. En el sur, se cuenta también la posibilidad de los satélites internacionales de Intelsat, los locales de Brasil-Sat y los transpondedores domésticos de Venezuela, Colombia, Perú y Argentina, junto con la red de los países andinos (ASETA). Las dificultades parecieran ser económicas, si se parte de la importancia que reviste el proyecto. No existe al parecer ninguna intención de implementar sistemas comunicacionales sofisticados, como los de Europa o los del área más desarrollada de Asia; antes bien, se trataría de optimizar recursos ya existentes, que incluyen las facilidades tarifarias establecidas por los organismos a cargo de los satélites y de las redes de microondas para transmisiones sin fines de lucro y de interés regional. Existirían obviamente, algunos incrementos en el rubro de la producción informativa de cada país, sea para derivar recursos técnicos y humanos a la finalidad específica del intercambio, o bien para costear las tarifas de las telecomunicaciones necesarias. Los costos, sin embargo, no excederían nunca lo que es habitual en un programa de interés público. ¿Dónde se presentan las dificultades entonces? Todo indica que ellas son de carácter político; señalan la incapacidad de muchos organismos estatales de la región para asumir de manera activa y resuelta una labor que necesariamente afectará poderosos intereses trasnacionales en el terreno de la televisión, pero que, por otra parte, contribuirá sustancialmente a otorgar autonomía a los países latinoamericanos en el plano de la circulación y el intercambio de información y programas televisivos; proyecto que por otro lado, resulta indispensable en toda política orientada a la cooperación y a la integración, es decir, al desarrollo y a la efectiva independencia regional. DEL "LATINOAMERICANO" Las dificultades señaladas, sólo han permitido a ULCRA hasta el momento sostener la producción y limitada distribución del programa semanal "Latinoamericano" elaborado en ATC de Buenos Aires con la colaboración de algunas -muy pocas- instituciones televisivas de la región. Hasta el mes de marzo de este año se habían realizado unas 50 ediciones de este programa, en base a notas y despachos enviados por emisoras adheridas a ULCRA, o bien procesando notas e informaciones con material de archivo existente en ATC. Concebido inicialmente para su transmisión vía satélite, Latinoamericano se difunde en muy pocos países: Argentina, Uruguay, Venezuela y episódicamente o empleando fragmentos del mismo, en otros como Cuba. Al mismo han contribuído sin embargo diversas productoras o televisoras estatales, en particular de Argentina, Venezuela, Uruguay, Perú y Cuba; en mucha menor medida de México, Costa Rica y Bolivia, entre otros. La persistencia de este programa se explica por la decisión de ATC de mantenerlo casi a pesar de todo, ofreciendo sus recursos de recopilación de material, edición, presentación y distribución. Recursos, por otra parte, mínimos para la realización de un producto con cierto nivel de calidad.


Pese a las deficiencias del programa ninguna otra emisora o institución estatal de TV ha ofrecido hasta el momento aportes equiparables. En consecuencia, el Latinoamericano existe no gracias a, sino a pesar de, la falta de cooperación efectiva de las emisoras de "servicio público" de la región; estas no han sido capaces todavía de designar siquiera, personal responsable -salvo Cuba- para atender en forma permanente la elaboración de notas especiales destinadas al mismo. Los escasos despachos existentes proceden así, en su casi totalidad, de noticias elaboradas para difusión interna que, previo copiado, son enviadas sin procesamiento alguno a Buenos Aires. La falta de contextualización de las notas aparece entonces como una constante en el programa. De igual modo, al proceder las mismas de las divisiones informativas de las emisoras estatales, tienen un tono propagandístico casi permanente sobre los presuntos éxitos de las políticas de cada partido gobernante. Pero ni siquiera en este aspecto se evidencia demasiada voluntad de cooperación, ya que los despachos son retenidos habitualmente por la presunta carencia de recursos para pagar los 50 dólares que puede exigir el envío de un videocassette por courier. (Habitualmente se recurre a personas de confianza de compañías de aviación para que, en base a amistades personales, desplacen los videocassettes de una ciudad a otra). En consecuencia, lo que predomina en el mejor de los casos, es un voluntarismo poco eficaz para contrarrestar la falta de visión, o la manifiesta desidia de numerosos funcionarios de la televisión estatal latinoamericana. El hecho de que algunos países cumplan con los compromisos contraídos y otros no, y que ello no se corresponda con la mayor o menor capacidad económica o técnica, es un claro indicativo de la miopía política -o de la complicidad con los intereses privados- que domina aún en buena parte de la televisión mal llamada de "servicio público". ¿Cómo contribuir entonces a que proyectos como los de ULCRA, formalmente acordados por los países de la región, puedan superar las dificultades existentes y servir de manera efectiva a la inter-comunicación regional? Este es un desafío al cual se viene intentando dar respuesta en los últimos encuentros propiciados por dicho organismo. En el Segundo Seminario Latinoamericano sobre Latinvisión convocado por ULCRA en Quito en febrero de este año, volvió a replantearse la situación del proyecto de intercambio, atendiendo a los aspectos técnicos y de capacitación para Latinvisión -cuya operatividad se prevÉ para el mediano plazo- y de diseño editorial para el Latinoamericano. Aunque no se aportó nada sustancialmente nuevo a lo ya acordado en otros encuentros previos, volvió a destacarse con mayor fuerza la necesidad de imprimir cambios favorables en las actitudes políticas de quienes manejan las instituciones estatales de TV. Sin la existencia de tales cambios, todo planteo técnico, por más brillante y factible que resulte, podrá caer en el vacío. Del intercambio habido en estos encuentros, surgen algunas reflexiones que quizás podrían ser de utilidad, por lo menos en los espacios donde exista real interés por una televisión de verdadero servicio público. En este sentido cabe destacar que las productoras y emisoras de televisión, públicas o privadas, habrán de vivir el próximo período amenazas que harán peligrar hasta su propia existencia. Si hoy por ejemplo, se considera a la televisión como uno de los factores causales de la crisis que vive la industria cinematográfica, todo hace prever que una situación semejante podría repetirse en el próximo decenio con dicho medio a partir del desarrollo de la comunicación satelital. Aunque productoras y emisoras televisivas continúan apareciendo como grandes fortalezas comunicacionales; el acelerado crecimiento de las nuevas tecnologías, en este caso las relacionadas con los satélites geoestacionarios y las antenas parabólicas, permitirá a corto plazo la sintonización de múltiples ofertas de programación, tal como ya está sucediendo en el hemisferio norte. Allí decenas de satélites transmiten los programas de más de dos centenares de emisoras, capaces de suministrar un cuantiosa oferta que va desde los programas educativos e informativos, hasta los de carácter religioso, doméstico, películas de todo tipo y grandes espectáculos. Con un costo mensual de unos 20 dólares pueden recibir en Centroamérica alrededor de 25 canales de televisión extranacionales con un costo de unos 40 dólares, la sintonía alcanza los 50 canales. Una amenaza decisiva se tiende sobre las empresas locales que no sean capaces de redefinir su papel informativo o de entretenimiento ante las nuevas circunstancias. Inclusive en Argentina algunas empresas están ofertando en la actualidad, sistemas de recepción satelital para captar inicialmente el Brasil-Sat, que transmite seis cadenas brasileñas de televisión, y se adelanta la posibilidad cercana de utilizar, mediante antenas de mayor diámetro (de más de 5 metros), el Intelsat (V-FI), VA-Fll, V-F8, y los Gorizont soviéticos que utiliza Cuba (Cubavisión), con lo cual, la posibilidad de recepción se extendería a Europa, Estados Unidos, U.R.S.S., países socialistas, y países del norte de Sudamérica. Con ello, quienes se sienten todavía seguros al frente de empresas locales de televisión, habrán de verse pronto obligados a replantearse sus políticas so pena de desaparecer. Todo parece indicar, que en este terreno, las más afectadas serán las empresas medianas y pequeñas, pudiendo quedar ellas condenadas a convertirse en simples retransmisoras terrenas de la programación satelital procedente de los grandes centros mundiales televisivos. En este marco de situación cualquier estrategia de desarrollo debería atender de manera particular algunos temas que contribuyan a un reforzamiento de los recursos y capacidades locales. Uno de ellos está referido al hecho de que cualquier intercambio de noticias y programas televisivos, destinado a servir efectivamente a la población, debería estar sostenido antes que nada en la calidad de los mensajes, antes que en los simples volúmenes o cifras de tal intercambio. De poco o nada serviría aumentar el número de despachos intercambiados si el concepto de calidad aplicado a prioridades, enfoques y tratamientos, no estuviera particularmente presente en dicha labor. "Está probado que un crecimiento puramente cuantitativo de la corriente de palabras e imágenes que franquean las fronteras nacionales es susceptible de reemplazar la ignorancia por el prejuicio y la deformación, antes que por la comprensión; así se expresaba hace pocos años el informe de una comisión sobre la libertad de prensa en los Estados Unidos y ello viene muy bien al caso en la situación de nuestros países. No se trata, como puede


preverse, de una simple calidad técnica referida a modelos técnicamente exitosos en otras regiones sino de una información cualitativamente idónea para servir al público, es decir a las necesidades de los pueblos latinoamericanos y del Caribe, algo que puede ser bastante diferente. La población de nuestros países soporta cotidianamente un elevado caudal de noticias procedente en su mayor parte de las regiones más industrializadas, y a veces, generadas a nivel local, que en lugar de contribuir a una verdadera información, ofrecen la apariencia de ésta acentuando el desconocimiento de lo que ocurre realmente, tanto por lo que se omite decir como por las distorsiones o prejuicios que alimenta lo que se dice. Al igual que ocurre con la información para la prensa escrita, predomina en nuestros países un modelo, presuntamente universal, para la elaboración y transmisión de información televisiva. Modelo que se incorpora tanto desde las instituciones formativas como en la práctica autodidacta de muchos profesionales del medio. Dicho modelo establece, con ligeras variantes, normas precisas para el tiempo, la estructuración, el tratamiento y el ritmo de la noticia, las cuales han terminado imponiéndose en los grandes centros de producción y circulación informativa, proyectándose además sobre la televisión de los países periféricos. De este modo, el esfuerzo mayor de muchos profesionales locales es el de imitar de la mejor manera posible las prácticas y normas del modelo impuesto, adjudicando a esa tentativa la búsqueda de calidad. Ello implica la aceptación de un presunto determinismo impuesto por el medio comunicacional, y al mismo tiempo, la omisión de la diversidad de situaciones histórico-culturales que podrían requerir de prácticas diferentes. Existe sin duda un proyecto integral por parte de las naciones dominantes destinado a universalizar precisamente su poder sobre el planeta; el mismo se experimenta en todas las áreas de la vida social, incluídas obviamente, las comunicaciones y la información. Esto hace que las prácticas y técnicas dominantes en la circulación de noticias televisivas posean un presunto valor universal, casi intrínseco a la televisión misma. Sin embargo, la uniformidad evidenciada no parece responder a obligaciones impuestas por el propio medio, sino a las exigencias de las fuerzas sociales que a nivel de nuestros países son dueños del mismo y participan de un mismo proyecto ideológico y de dominación. Resulta evidente que todo proyecto local que coincida con aquel habrá de terminar asumiendo sus prácticas y técnicas, sea cual fuere el terreno donde se den. Pero si ubicamos al intercambio de noticias de cara a la necesidad de nuestros países, deberemos construir también nuestros propios modelos; diferentes de los dominantes, en la medida que se ubican en una situación histórica distinta, injustamente sometida aún a las decisiones de los centros de poder mundial. Es por otra parte la mejor forma de contribuir a la universalización democrática de la información, la cual se expresa siempre en la pluralidad y la diversidad, antes que en la uniformidad y la masificación. Hablar de calidad informativa en nuestra situación es hacerlo también de cultura. La calidad de los despachos y las noticias que dominan la circulación Norte-Norte o Norte-Sur, se rige por las circunstancias históricas, de alguna manera semejantes que empalman las relaciones y los proyectos de las naciones capitalistas más industrializadas, o bien por la realidad hegemónica que ellas tienen sobre las regiones periféricas. La elaboración de noticias, en base a técnicas donde se impone una duración breve (15 a 30 segundos) con ritmos ágiles y estructuras esquematizadas, responde a una realidad donde el dato puede ser suficiente ya que llega a una teleaudiencia culturalmente consolidada y ésta puede procesarlo sin mayor esfuerzo; también obedece a una concepción muy particular del valor y del sentido del tiempo por parte de sociedades altamente industrializadas. Además, el dato descontextualizado y mecánicamente transmitido, forma parte de un proyecto ideológico al cual más que la información para servir al público, le interesa aquella que permita a quienes la manejan, servirse del mismo. El dato opera en esos espacios como recuerdo. La tanda de despachos, como sucesión de recuerdos que puedan insertarse o no en la memoria, según sea la correspondencia cultural e ideológica entre una y otros. Sin embargo, en nuestra realidad, el proceso se da de manera distinta. A diferencia de las naciones más desarrolladas, que no soportan una agresión informativa o cultural de ninguna otra parte, los países latinoamericanos enfrentan serios problemas de erosión de sus recursos básicos, incluida la cultura y la memoria. Estos problemas crecen precisamente, al aumentar su dependencia informativa. La búsqueda de calidad en nuestro caso, debería moverse por andariveles distintos a los de las naciones centrales; es decir, tendiendo a generar conceptos, prácticas y técnicas congruentes con nuestra realidad diferenciada antes que con los modelos de una universalización impuesta. En este aspecto se destaca la cultura de nuestros pueblos como soporte decisivo del desarrollo nacional o de la posibilidad última de ser. Esta cultura se ha construído a lo largo de siglos sobre la base de la circulación interna informativa, pero no ya por medio de datos-recuerdo, sino de memoria. La memoria popular, transmitida generación tras generación, constituye el cemento que amalgama junto con la cultura, el proceso de construcción de nuestras identidades nacionales. Y este, al contrario de lo que ocurre en las naciones dominantes, soporta cotidianamente las andanadas de los proyectos de aquellas, cuya hegemonía sólo puede sustentarse en la creciente erosión de nuestros ecosistemas culturales y de nuestra identidad. No basta entonces la información como dato o como recuerdo, sino la información que sirva a reforzar los procesos de la memoria de nuestros pueblos -derecho humano esencial- y a preservar y desarrollar las identidades culturales de cada espacio regional. Ello parece obligar al diseño de técnicas que, junto con la información, incorporen elementos de contextualización para una mejor comprensión de aquella, y también tratamientos que incidan en la sensibilidad de la teleaudiencia a fin de que cada noticia pueda servir efectivamente al fortalecimiento de la memoria, de la cultura y de los proyectos de desarrollo.


Orientada así la labor informativa, resulta claro que los actuales departamentos de noticias de las emisoras de la región, carecen de recursos humanos adecuadamente capacitados; tampoco parecen contar con suficiente material registrado, que dentro de la perspectiva señalada, pueda contribuir a un mejor y más amplio intercambio. Sin embargo, en relación a este último punto, cada país ha ido elaborando, bien o mal, una memoria audiovisual que forma ya parte de su patrimonio cultural. Nos referimos a la producción de cine y video, registrada por organismos gubernamentales y organizaciones sociales diversas, que puede constituir la base principal de recursos de información televisiva, si es que se aspira a procesar programas de intercambio regional, donde comunicación y cultura deberían ser el soporte de la información. La recuperación y el desarrollo de las culturas populares en cada país es -o debiera ser- parte importante de toda tarea informativa de servicio público. Ello podría contribuir a facilitar el intercambio y la acogida de la teleaudiencia regional más que los esquemáticos datos-recuerdo, o las notas plagadas de slogans o superficialidad a las que suelen ser proclives los informativos de la televisión estatal. Porque el gran desafío que se presenta a proyectos como el de Latinvisión o el Latinoamericano, no es sólo que puedan realizarse o transmitirse en términos técnicos adecuados, sino que alcancen una inserción real en nuestros pueblos, es decir, que sean ampliamente vistos y escuchados permitiendo consolidar identidades y establecer un verdadero intercambio cultural; sin esto, la intercomunicación y la circulación de noticias a escala regional no sería otra cosa que mera retórica. Capacitar recursos humanos en función de estas posibles alternativas será otro de los grandes desafíos, que tampoco puede resolverse en términos burocráticos o formales. Se trata de capacitar para obtener una calidad distinta a la impuesta hasta ahora, y ello implica mucho más que la simple destreza en técnicas y prácticas informativas. Demanda de creatividad y de esfuerzos para una formación integral de los profesionales y técnicos, a fin de que ellos puedan ser capaces de articular información- comprensión-sensibilización con el proceso de memoria-cultura-identidad nacional. De lo contrario, las actuales políticas imitativas en relación al modelo uniformante impuesto, harán que siempre resulte más fácil y económico recurrir a los servicios de las agencias de noticias trasnacionales que emplear los propios. Con lo cual, proyectos como los de ULCRA o los de la televisión de servicio público o social, perderán el sentido que cada vez más parece serles necesario.


LA INDUSTRIA CULTURAL ARGENTINA EN LA DICTADURA Y LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA Heriberto Muraro considera que los investigadores latinoamericanos de la comunicación, si es que buscan una "ciencia" positiva deben desarrollar proyectos de investigación que tengan en cuenta las demandas y limitaciones impuestos por la sociedad específica. En su caso particular, la relación entre circunstancia histórica y trabajos de investigación es evidente. Sus trabajos se han orientado en dos direcciones complementarias: por un lado una crítica de la teoría de la manipulación y por otro, un análisis del sistema de medios de la Argentina, en especial de la televisión. En el presente artículo el tema gira en torno a un análisis del desafío que plantea la transición de la dictadura a la democracia: el papel de los medios en la construcción y consolidación de un régimen democrático y la promulgación de una nueva ley de radiodifusión.


1.

INVESTIGACIONES EN COMUNICACIÓN Y CONTEXTO HISTÓRICO

A mi parecer, los investigadores latinoamericanos de la comunicación deben escribir acerca de sus trabajos de una manera diferente a como lo haría, por ejemplo, un físico o un biólogo. En este último caso, las características de su tarea pueden formularse señalando qué problemas propios de una teoría compartida por toda una comunidad académica mundial -o, por lo menos, que aspira a ser mundial- se procuró resolver en cada investigación. Para ellos sería factible prescindir de cualquier referencia histórica ajena al desarrollo de sus disciplinas e ignorar la coyuntura política o social de sus medios. En cambio, las ciencias de la comunicación -si es que ellas merecen ser consideradas "ciencias" en el sentido positivista del término- elaboran teorías regionales(1) cuyo contenido no es posible separar de los contextos históricos vividos por sus productores. Es decir, los proyectos de investigación llevados a cabo por los comunicólogos pueden explicarse mejor analizando las demandas y limitaciones impuestas por su sociedad de pertenencia que remitiéndose a un proceso teórico integral y acumulativo. En parte, ello se debe a que la mayoría de los investigadores en esas disciplinas suelen dedicarse no sólo al análisis de mensajes sino también a la producción misma de aquellos cumpliendo tareas que van desde el periodismo o la literatura hasta el asesoramiento de movimientos sociales o partidos políticos. Lo dicho puede interpretarse, naturalmente, como una prueba de la falta de diferenciación de los entornos académicos, políticos y periodísticos que caracteriza a las sociedades latinoamericanas. 0 bien, como una demostración palmaria de la carencia de organicidad o de un exceso de juventud de las ciencias de la comunicación en esta región. No obstante, para muchos de nosotros esa falta de estructuración es beneficio más que un obstáculo: tal vez afecte negativamente a la capacidad de formular teorías sistemáticas pero permite un contacto permanente y diversificado con el objeto de estudio, es decir, con la comunicación misma. Además, es probable que el modelo de investigador puro de las ciencias sociales -que supuestamente estaría poco difundido en la región y se encontraría en los países centrales no pase de ser un estereotipo vacío, un tipo ideal con poco asidero en los hechos. El carácter "regional" de las formulaciones teóricas de los comunicólogos no implica que operen de manera casuística o monográfica. Por el contrario, existe entre ellos, tal vez de manera difusa pero no menos efectiva, una serie de items teóricos básicos anotados en una agenda común, muchos de los cuales pueden encontrarse también en los trabajos de colegas no latinoamericanos. Una prueba de lo anterior es la difusión que lograra entre nosotros en pocos años la postulación de que era necesaria una revisión crítica de los paradigmas que estuvieron en boga hacia la década del 60 y el 70; el consenso existente acerca de que éstos no dieron cuenta de muchos de los fenómenos registrados tanto a través de estudios empíricos acotados como de la observación más amplia de las sociedades latinoamericanas durante diez años. No es éste el lugar adecuado para reseñar de manera ni siquiera tentativamente en qué consiste hoy esa agenda común y los cambios que ella sufriera durante los últimos años. Bastará con anotar que algunos de sus puntos más destacados son la creciente preocupación de la cultura popular (en sus aspectos diferenciales y complementarios de la cultura de masas), por la irrupción de las nuevas tecnologías de comunicación y procesamiento de datos, por la reformulación de la teoría de los efectos desde el ángulo del proceso de recepción, por el análisis de la economía de sistemas, sectores o empresas de comunicación y, por supuesto, también el debate sobre los fundamentos teóricos que acarrea la crisis metodológica de estas disciplinas. En mi caso específico, creo que la relación entre circunstancias históricas y trabajos de investigación asumidos es manifiesta. En primer término, hacia fines de la década del 60 y comienzos de la del 70' ellos se orientaron en dos direcciones complementarias: la crítica de la teoría de la manipulación (por entonces muy en boga en los medios académicos) y el análisis del sistema de medios de la Argentina, en especial de la televisión.(2) A partir de 1976- es decir, desde el golpe militar que instaurara el denominado "Proceso de Reconstrucción Nacional"el trabajo asumido continuó girando en torno a la crítica del modelo de la manipulación pero poniendo el acento en el examen de las relaciones existentes entre el funcionamiento de los medios masivos y sus condicionamientos macroeconómicos. Es probable que ese enfoque pueda parecer al lector un tanto absurdo. ¿Acaso la teoría en boga hacia el período inmediato anterior no se basaba en un análisis ideológico de la cultura de masa que, presuponía, a su vez, la primacía de lo económico sobre lo político y, también, sobre lo cultural? ¿No se formuló aquella en estrecha relación con la teoría del imperialismo y la dependencia, es decir, a partir de un modelo macroeconómico? Sin embargo, a mi juicio, el diagnóstico de los procesos económicos sobre el cual habíase erigido la teoría de la comunicación era más un presupuesto que el resultado efectivo de un trabajo empírico. El tema merecía ser examinado cuidadosamente a la luz de la información económica disponible. Mi hipótesis central en dichas investigaciones era que el éxito de la denominada "cultura transnacional" y de los valores de la sociedad de consumo en la América Latina -por demás visible en la mutación de los hábitos de vida cotidiana de muchos de sus habitantes- fue directamente estimulada por los cambios económicos ocurridos después de la Segunda Guerra Mundial, los cuales habían beneficiado en términos relativos a las masas. Ello no equivale a decir que el imperialismo puede solucionar los problemas de hambre, desempleo o desigualdad social que se observan en la región. Tampoco a suponer que a través del proceso de concentración es posible que la región alcance un nivel de crecimiento sostenido y equilibrado. Sólo exige reconocer que la penetración de estilos de vida y de consumo originarios de los países centrales, especialmente de los Estados Unidos, coincidió con una etapa de


mayor acceso para las masas a la educación pública, a servicios urbanos básicos o a empleos en el sector industrial y los servicios, es decir, de súbito incremento de la esperanza de vida. Un corolario directo de la hipótesis anterior es que el éxito de la cultura transnacional no puede explicarse exclusivamente en función de una supuesta manipulación ideológica de los emisores realizada sin una contrapartida en términos de calidad de vida o de beneficios económicos. Desde este punto de vista -uno de los varios igualmente válidos que pueden adoptarse para criticar el modelo de la manipulación- muchas de las explicaciones convencionales del proceso de invasión cultural de la región se basan, a mi parecer, en una teoría de la dependencia excesivamente lineal según la cual la concentración implicaría una pauperización no sólo relativa sino también absoluta de la población. También en una visión excesivamente ascética de la sociedad de consumo que supone que las nuevas formas de consumo y recreación deben ser consideradas un derroche que obstaculiza la acumulación de capital en los países subdesarrollados o, en un plano más sicológico, como un instrumento de "enajenación" de las masas. Dichas preocupaciones se plasmaron, inicialmente, en dos trabajos: uno de ellos sobre la invasión cultural en la América Latina (1982) y otro a propósito de las relaciones entre economía nacional y publicidad (1983).(3) En este último se plantea un problema que podría revestir hoy una especial importancia: cuál puede ser el destino de la cultura transnacional adoptada en la región por una gran proporción de sus habitantes -especialmente sus clases medias y los estratos superiores del proletariado industrial- en una etapa de estancamiento económico, crisis financiera aguda y en general, de agotamiento del modelo de acumulación social vigente en periodos anteriores. Sin duda, la ruptura del nexo entre los valores consumistas e individualistas y las posibilidades de crecimiento y redistribución del sistema económico presagian crecientes conflictos políticos entre facciones difícilmente armonizables con los experimentos de transición democrática a los cuales se encuentran abocados varios países de la región (Argentina, Brasil, Uruguay, también Perú y Bolivia, etc.). El problema de la adaptación a un sistema económico "pobre" (o empobrecido) no es una mera cuestión de cambios voluntarios de expectativas subjetivas. Es posible -aunque poco probable- que amplios sectores de la clase media terminen aceptando que, en las actuales circunstancias económicas, deben prescindir de sus automóviles. Lo que resulta menos verosímil es que esa aceptación pueda tener lugar sin que se produzcan problemas urbanos de gran magnitud ya que muchas de las ciudades latinoamericanas, con su extenso cordón suburbano de barrios residenciales, crecieron estimuladas por el bajo costo relativo de dichos vehículos y carecen, además, de servicios adecuados de transporte público. Hacia 1984 resultaron de esas inquietudes dos trabajos más: uno, sobre las relaciones existentes entre economía y teoría de las comunicaciones y otro sobre la difusión de las tecnologías electrónicas de procesamiento y transmisión de datos durante la dictadura militar.(4) El primero de ellos (ahora incluído en un mismo volúmen con los artículos arriba mencionados sobre invasión cultural y publicidad) estaba dedicado a mostrar algunas de las convergencias existentes entre las teorías formuladas acerca de las causas del subdesarrollo de nuestra región hacia la década del 60 y los interrogantes sobre la cultura que los comunicólogos se plantearon en sus investigaciones. También apuntaba a desplegar de manera esquemática qué temas podrían incluirse en una teoría económica de la comunicación y en lo que en ese trabajo se denominara, de manera deliberadamente provocativa, una teoría comunicacional de la economía. En su conjunto, ambos textos enfatizan la necesidad de que los investigadores de la comunicación vayan más allá del entorno del análisis de los mensajes de los medios masivos e incluyan en su problemática otros aspectos de la vida social -en este caso las transacciones económicas- así como también que examinen seriamente a las actividades de los medios considerándolos desde un punto de vista tecnológico y comercial, es decir, en cuanto industrias. 2.

LOS MEDIOS EN LA ARGENTINA DURANTE LA DICTADURA Y LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

Paralelamente,

hacia

1984-87

la

muerte

de

la

dictadura

militar

en

la


Argentina y su reemplazo por un gobierno civil, planteó un nuevo desafío: participar del debate acerca del papel de los medios en la construcción y consolidación de un régimen democrático y, en especial, sobre la posible promulgación de una nueva ley de radiodifusión. Oscar Landi, del Centro de Estado y Sociedad, organizó en 1984 una jornada en Buenos Aires sobre políticas culturales y otra en 1985 sobre la legislación de los medios y las funciones del Parlamento Nacional de las cuales participaron investigadores, periodistas, operarios de medios, parlamentarios, sindicalistas y empresarios de ese sector. De la participación en las jornadas -y del intercambio con Oscar Landi, Aníbal Ford y José María Pasquini Durán y de otros colegasresultó un trabajo sobre la comunicación masiva durante la dictadura militar y la transición democrática en la Argentina entre 1973-1986 que fue posteriormente editado en un volumen colectivo (que se distribuyó al público hacia julio de 1987).(5) La ruptura del régimen autoritario en 1982 y su sustitución por un gobierno civil al año siguiente, trajo aparejada la apertura del debate sobre el papel que deberían cumplir los medios en la Argentina. De esta controversia participaron hasta ahora los dirigentes partidarios -especialmente interesados por la influencia política de aquellos, tanto durante los períodos preelectorales como cotidianamente-, de la jerarquía de la Iglesia Católica -asustada por las posibles consecuencias de un "destape" moral- y de los propietarios privados de aquellos -decididos a consolidar su poder a expensas del aparato estatal-. En cambio, salvo casos excepcionales, las entidades civiles que podrían haber intentado asumir la representación del público en su conjunto o de alguna porción de él no se expidieron al respecto. Los empresarios privados -en particular los de mayor peso económico dentro de los diversos sectores de la industria cultural- han venido desarrollando una campaña sistemática de presiones sobre el gobierno, y de avisos y solicitudes destinados al público en su conjunto. Arrancando de tesis similares a las del "libre flujo" apuntan no sólo a evitar que el gobierno -el Parlamento y/o el Poder Ejecutivo- establezca un marco legal que pudiera perjudicar a sus intereses inmediatos. También procuran que se identifique la democracia con su liberalismo comunicacional. Sin duda, han aprendido mucho de las transiciones anteriores -especialmente de la ocurrida en 1973, sobre la cual se hablará más adelante-, de la experiencia de sus colegas peruanos, chilenos y venezolanos durante la década del 60 y el 70, y comprenden bien los peligros potenciales que encierra la difusión de ideologías comunicacionales tales como el Nuevo Orden de la Comunicación y la Información (NOMIC). Prueba de ello es que se apresuraron a constituir una super-entidad que los representara, denominada Comisión Empresaria de Medios de Comunicación Independientes (CEMSI). La actual situación presenta muchos rasgos comunes con la transición militar-civil ocurrida hacia 1973. En ambos casos se advierte una proliferación de proyectos de ley destinados a sustituir el ordenamiento heredado del periodo inmediato anterior. Sólo en el campo de la radio y la TV, se registra una veintena de proyectos de ley. Sin embargo, parece difícil que el tránsito actual derive, como sucediera entre 1973 y 1975, en la expropiación por parte del Estado de los más importantes canales de TV del país o la promulgación de decretos restringiendo las actividades de las agencias internacionales de noticias o gravando las erogaciones en publicidad de las empresas. En la actual coyuntura política argentina los dirigentes de los más importantes partidos políticos populares están poco interesados en promover programas de política cultural en los cuales el Estado tenga un papel protagónico. Ni siquiera parecen convencidos de que el sector público cuente con los recursos o la idoneidad necesaria para manejar adecuadamente sus propios medios de comunicación. También se observa una relativa pérdida de interés en temas antes centrales tales como la lucha contra la dependencia cultural o la defensa de la cultura nacional ante la invasión comunicacional de los países centrales. Esas metas han sido substituidas por una creciente preocupación por achicar el deficit de las empresas públicas y garantizar el pluralismo entendiendo por ello el proteger a emisores y receptores de la interferencia de las corporaciones estatales más que de los monopolios privados. Ese debate tiene lugar en un momento en que se pone de manifiesto también la situación de atraso y estancamiento que caracteriza a la industria cultural argentina en su conjunto; el elevado grado de deterioro que le produjeron las políticas de seguridad, culturales y económicas del "Proceso..." No voy a reseñar aquí todas las agresiones realizadas por las autoridades militares contra la libertad de prensa; bastará con decir que ellas comprendieron el asesinato, de periodistas, cierre de diarios, censura previa manifiesta y encubierta confección de listas negras de periodistas, artistas e intelectuales, prohibición de exhibir diversas películas nacionales o extranjeras, prohibición o quema de libros o de revistas, expropiación ilegal de un diario de la ciudad de Buenos Aires, atentados contra dirigentes sindicales de sector, ete. Cabe anotar que este régimen de terror fue aceptado en términos no generales por los medios privados de mayor importancia comercial los cuales limitaron sus críticas al gobierno militar a aspectos tales como su política económica y escamotearon sistemáticamente cualquier referencia al tema de los derechos humanos o los métodos empleados en la represión de la oposición. Inclusive es posible indicar por lo menos una editorial de revistas de gran envergadura -Atlántida- que colaboró activamente con la represión militar procurando desprestigiar a las entidades locales e internacionales de los derechos humanos. Sin embargo, la política económica del "Proceso..." hizo tanto o más daño a la industria cultural argentina que su represión. Tanto la apertura de la economía como la contínua transferencia de recursos del sector laboral a otros sectores (especialmente el financiero) provocaron una baja considerable de la producción y consumo de bienes culturales, especialmente de diarios, revistas y entradas al cine. En algunos rubros la crisis fue particularmente rigurosa. Así, por ejemplo, el cine argentino produjo entre 1976 y 1981 sólo 26 largometrajes anuales contra un promedio de 35 films anuales registrados entre 1971 y 1975. La venta de revistas pasó de los 235 rnillones de ejemplares anuales en 1970 a los 100


millones anuales durante 1976 y los 134 en 1981. Un fenómeno similar puede observarse en relación a la industria electrónica del entretenimiento de ese país; industria que al momento de iniciarse el régimen militar, atravesaba por una grave crisis de la cual hubiera podido recuperarse al producirse en 1979 la incorporación de la TV color. Sin embargo, la política de apertura de la economía de las autoridades económicas del "Proceso..." estimuló la introducción en el país de equipos semiterminados que incrementó la dependencia del sector con respecto a las corporaciones transnacionales de la electrónica y causó la cesantía de mano de obra calificada u obrera. Sin embargo, no puede decirse que el régimen militar bloqueó directamente toda la innovación tecnológica en el campo de las comunicaciones. En algunos casos, la dictadura militar impulsó -incurriendo en grandes erogaciones- algunas formas de lo que podría denominarse la "modernización conspicua", a menudo destinada a aumentar el prestigio del régimen. Dentro de este rubro cabe ubicar a la transformación del Canal 7 en una productora y emisora de TV color (inicialmente destinada a emitir al exterior los partidos del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978) y la introducción de centrales telefónicas automáticas cuyo rendimiento no equiparó a la inversión realizada debido a la carencia de líneas e infraestructura adecuada. Asimismo, durante dicho periodo se inició la penetración de las "nuevas tecnologías" de comunicación y procesamiento de datos: la instalación de canales de TV-cable, la difusión del video-cassette y de las microcomputadoras de uso personal o familiar. El debate en torno a la Ley de Radiodifusión permite identificar algunos tipos de conductas, y de discursos, que son indicativos de la pesada herencia recibida por la industria cultural argentina y de las dificultades que debe enfrentar una sociedad que intenta una transición democrática en una situación de crisis económica aguda. El bloque de los empresarios privados, aunque coincidentes en la defensa de sus intereses frente al Estado, no está exento de contradicciones internas. Existen diferencias de enfoque entre los propietarios de las radios y canales de TV abiertos del interior del país y aquellos que operan en la ciudad de Buenos Aires que son de mayor peso económico que los primeros. Además, una amplia porción de los dueños de canales de TV teme perder el control de sus negocios en manos de grupos locales ajenos al sector -por ejemplo, venidos de la industria gráfica- o bien transnacionales que podrían avanzar apoyándose en la introducción de las "nuevas tecnologías" de comunicación. En general, a los empresarios argentinos de la comunicación masiva les asusta la "revolución telemática", tanto más cuanto saben que ésta suele provocar mutaciones violentas en la estructura de los mercados de bienes culturales masivos y que la industria cultural argentina está manifiestamente atrasada con respecto a grupos monopólicos tales como TV Globo de Brasil o Televisa de México que ya han iniciado la integración de sus plantas con las transmisiones vía satélite. Como es normal, los empresarios argentinos de los medios son doctrinariamente privatistas pero no desean que se instaure en el país un régimen ultraliberal que pudiera desembocar en una dura competencia entre ellos o el ingreso de nuevos competidores en su sector. El gobierno y el partido gobernante (la Unión Cívica Radical), por su parte, han adoptado hasta ahora una posición ambigua o vacilante. Después de impulsar diversas medidas dirigidas a demoler el pesado sistema de prohibiciones de todo tipo construido por el "Proceso...", su política cultural quedó trabada por la ausencia de programas orgánicos, la resistencia de los grupos de interés que manejan a los medios y también, por la carencia de recursos. Inclusive algunas tímidas iniciativas legales -como promulgar en el país una Ley de Derecho a Réplica- debieron ser abandonadas debido a la resistencia de los empresarios privados del sector. A lo anterior se suman las especulaciones propias del partido gobernante en su calidad de agrupamiento político. Sus dirigentes no han tardado en advertir la importancia que reviste -especialmente en periodos preelectorales- el llevarse bien con los medios privados y, a la vez, controlar un número elevado de canales y radios pertenecientes al sector público. Motivaciones de este tipo determinaron la postergación durante tres años del debate parlamentario sobre la Ley de Radiodifusión.(6) Una actitud similar se observa entre los partidos de la oposición, en especial en el mayor de ellos, el Justicialismo (o peronista), acentuada en este caso por la necesidad de buscar el poder de los canales y radios estatales. Hasta el presente -a pesar de que tanto el partido oficial como el peronismo no han vacilado en llegar a acuerdos en diversos aspectos de la vida política del país para evitar la ruptura de la continuidad institucional del país- el tema del manejo de los medios públicos y del ordenamiento global de la comunicación masiva sigue siendo una fuente de conflicto permanente entre los partidos. También dentro de esas agrupaciones, según lo testimonia el hecho de que es posible encontrar "privatistas" tanto en la UCR como en el PJ. 3. LOS SISTEMAS DE LOS MEDIOS MASIVOS Y LEGISLACIÓN La investigación histórica del período 1973-1985 permite advertir algunos rasgos curiosos de la legislación argentina en materia de radiodifusión. En primer lugar, que ésta ha sido sistemáticamente burlada por los emisores privados monopólicos en aspectos a veces centrales tales corno la prohibición incluída en la Ley de Radiodifusión de 1957 de que los canales fueran controlados por empresarios de nacionalidad extranjera. En otros casos, su cumplimiento fue más nominal que real o sus violaciones fueron toleradas por los funcionarios estatales. Eso fue lo que ocurrió, por ejemplo, con la prohibición de transmitir en cadena que -si bien jamás derogada- debió ser dejada de lado cuando la empresa telefónica nacional instaló en el país la red coaxial y descubrió que el servicio podía ser adquirido por los canales privados para transmitir sus noticieros en simultáneo.


Al parecer, una de las causas que a menudo han dificultado la tarea de legisladores y funcionarios a cargo del control de los medios reside en la multiplicidad de las demandas que los diversos sectores sociales formularon a éstos acerca de su contenido; demandas que, en la mayoría de los casos, arrancan del campo cultural, político o moral. En general, la reacción natural frente a dichas demandas ha sido legislar estableciendo directamente el tipo de mensaje que se consideraba deseable y, paralelamente, prohibiendo taxativamente los considerados indeseables, haciendo caso omiso de los condicionamientos estructurales que operan sobre los medios masivos. Este estilo legislativo, curiosamente, aparece tanto entre las leyes elaboradas por gobiernos civiles como en los decretos promulgados por los gobiernos militares. Salvo excepciones, a pocos se les ocurrió siquiera la posibilidad de que la leyes de radiodifusión se limitaran a los aspectos industriales del sector dejando librados los problemas referidos al contenido de la comunicación pública al Derecho Penal, o a una legislación especial. Tampoco faltaron intentos de legislar estableciendo cupos mínimos de material de producción nacional, o bien de programación a realizar en el interior del país, que no toman en consideración las posibilidades efectivas de los canales de amortizar esas producciones. Aunque bien intencionado, este enfoque suele ignorar las diferencias de costos existentes entre los distintos tipos de programación y las dificultades de los canales menores para financiar producciones regionales sin disponer de algún tipo de subsidio o compensación. Ignora, también, que la importación de programas suele descender en la Argentina durante los periodos de bonanza económica de los canales debido a que ella es, en general, mucho menos estimada por el público que la programación local. En segundo lugar, el análisis histórico muestra que los debates sobre las leyes sobre los medios -especialmente en materia de radio y TVsuelen escapar del entorno de las discusiones en materia de cultura o moralidad sólo para hundirse en un pantano aún más profundo: el de la disyuntiva entre estatismo y privatismo, generalmente encarada como una discusión abstracta en torno a las virtudes de los emisores públicos y estatales. Este segundo tema suele ser especialmente espinoso porque pone en juego una serie de nociones mal definidas acerca de la libertad de prensa y de lo que es un servicio público. A cambio de ello, es normal que los protagonistas del debate escamoteen sistemáticamente el examen efectivo de las empresas de medios, en especial que ignoren que las emisoras estatales están muy condicionadas por los intereses privados (tanto de anunciantes como de productores de programación) así como también las importantes diferencias existentes entre los grandes emisores monopólicos y los pequeños. Esta extensa historia de malentendidos legales -a menudo sembrada de buenas intenciones- permite formular algunos corolarios que pueden servir pasa todo aquél que se interese por aportar a un debate acerca de la legislación de la radio y TV. Una de ellas es la necesidad de evitar tanto la controversia en abstracto acerca de cuestiones morales o culturales como el recaer en la lucha ideológica vacía en torno al "estatismo" o el "privatismo". Esta última disyuntiva se plantea hoy en a Argentina de una manera manifiestamente absurda dado que su legislación sobre los medios ha sido siempre, desde sus orígenes, típicamente "mixta", y que su sistema actual de comunicación masiva difícilmente podrá transformarse tanto según un modelo estatista puro como uno exclusivamente privatista. Sin embargo, ello no impide que ese dilema sea hoy el centro del debate en torno a la Ley de Radiodifusión en ese país. Otra conclusión es que las leyes en materia de los medios estarán condenadas al fracaso -por más profusa que sea su reglamentación posterior- si ignoran los condicionamientos económicos y tecnológicos de aquellos. Una legislación que establece metas que están más allá de las posibilidades económicas de los medios estatales o privados, o que marcha en dirección opuesta al avance de la tecnología, difícilmente será acatada. Lo anterior no quiere decir que haya que aceptar como válido todo lo que dicen los empresarios acerca del estado económico del sector, o las recomendaciones "técnicas" de los prospectos de las empresas multinacionales fabricantes de equipos de comunicaciones, sino que la defensa del pluralismo o la cultura nacional no puede disociarse de la consideración de los medios como entidades industriales y comerciales. Por último: que la contribución de los especialistas en comunicación a los debates en torno a los medios que plantean las transiciones democráticas latinoamericanas supone un tipo especial de metodología de investigación capaz de conjugar desde el análisis de los sistemas de medios en sus aspectos comerciales hasta el de las relaciones de poder existentes entre emisores y entidades políticas. A diferencia de los grandes diagnósticos y de los grandes planes de fines de la década del 60 y comienzos de la del 70, lo que ahora se requiere -como lo señalara Oscar Landi- es "... intentar reconstruir desde sus datos más básicos el funcionamiento de... (los) ...sistemas de medios y sus relaciones con la recomposición democrática del campo cultural nacional"(7) Notas. 1. Las "teorías regionales" no son tales por razones geográficas sino porque resulta dificultoso integrarlas en un grupo único, fundado en un conjunto de supuestos comunes. 2. Ese conjunto de investigaciones se sintetizó en Heriberto Muraro, Neocapitalismo y comunicación de masa, Buenos Aires, 1974. 3. Heriberto Muraro, Invasión cultural, economía y comunicación, Buenos Aires, 1987. 4. Heriberto Muraro, op.cit., 1987 y Difusión de las tecnologías electrónicas en la Argentina durante el periodo de apertura externa de su economía, mimeo, Documento A. 7.1 IPAL, Lima, enero de 1985. 5. Oscar Landi y otros, Medios, Transformación cultural y política, Buenos Aires, 1987. El volumen incluye además un trabajo de Aníbal Ford sobre federalismo y comunicación, de Oscar Landi sobre procesos culturales y cambio político, de José María Pasquini


Duran sobre medios y Estado en la América Latina y de Elizabeth Fox acerca de los intentos europeos por construir una televisión comunitaria. 6. Se supone que el proyecto de Ley de Radiodifusión del Poder Ejecutivo será remitido a la cámara baja hacia mediados del corriente año. 7. Oscar Landi y otros, op. cit., página 7.


LA POLÍTICA DE REFORMA DE LA COMUNICACIÓN EN AMERICA LATINA Elizabeth Fox

América Latina fue la primera región del Tercer Mundo que se interesó como un todo en los problemas que tenían sus sistemas nacionales de medios, discutir sus políticas de comunicación y tratar de llevar a cabo reformas estructurales, en la radio, televisión y prensa. En julio de 1976 se reunieron bajo el auspicio de la UNESCO en Costa Rica, 20 representantes de países latinoamericanos y del Caribe, para discutir las políticas nacionales de comunicación, que debían asegurar la producción nacional y fortalecer su soberanía, especialmente en lo que se refería a lo cultural. Las 30 recomendaciones que surgieron en esta reunión sin embargo no fueron puestas en vigencia después por los países participantes y esto se debió básicamente a que los diferentes contextos políticos, sociales, culturales y económicos no fueron propicios para que esto se diera. En este artículo se hace una breve revisión histórica de los sistemas de comunicación en los países latinoamericanos antes y después de la Reunión de Costa Rica, explicando así el por qué del poco éxito de esta reunión.

En julio de 1976, se reunieron bajo el auspicio de la UNESCO en San José de Costa Rica los representantes de 20 países de América Latina y el Caribe para discutir políticas nacionales de comunicación. No fue un evento fácil de organizar. La reunión se venía preparando desde 1970, cuando la XVI Conferencia General de la UNESCO autorizó a su Director General a ayudar a los países miembros en la formulación de políticas para los medios masivos. Antes que Costa Rica cursara su invitación, la polémica nacional sobre lo que se consideraba interferencia gubernamental potencial en los medios privados, había forzado a los gobiernos de Ecuador y Venezuela a retirar sus ofrecimientos de ser anfitriones de la conferencia. América Latina fue la primera región del Tercer Mundo que como un todo se interesó en ciertos problemas de sus sistemas nacionales de medios, discutir políticas de comunicación y, en algunos casos, llevar a cabo grandes reformas estructurales en la radio, televisión y prensa. Entre los problemas identificados por los gobiernos y los intelectuales se encuentran las considerables importaciones de noticias, grabaciones y programas de televisión, la falta de un intercambio regional de noticias, el control casi totalmente privado de los medios masivos, y la falta de servicios públicos y canales de participación y acceso popular.(1) Otros problemas incluyeron la censura gubernamental de noticias y entretenimiento y una falta de profesionales capacitados, conocimiento tecnólogico y facilidades de producción regional.(2) Los gobiernos dispuestos a las reformas, los planificadores del desarrollo, los críticos de los medios y los intelectuales aspiraron a corregir algunos de estos problemas con políticas nacionales de comunicación. Dichas políticas orientarían la inversión en infraestructura, determinarían niveles tecnológicos óptimos, coordinarían los sistemas de comunicación con metas de desarrollo económico, social y cultural, y racionalizarían la capacitación y el uso de recursos humanos. Estas políticas también asegurarían la producción nacional y fortalecerían la soberanía nacional, especialmente en lo que respecta a la cultura.(3) La conciencia del Tercer Mundo sobre los medios en general y especialmente sobre las desigualdades en los flujos internacionales de noticias y entretenimiento, estaba en ascenso a fines de la década del sesenta y comienzos de la del setenta. Esta conciencia impregnó las declaraciones y programas de acción del movimiento No-Alienado y las propuestas para un Nuevo Orden Mundial para la Información y la Comunicación. En Asia y Africa, donde los medios eran mayoritariamente de propiedad y manejo del gobierno, la preocupación giraba fundamentalmente en torno al flujo internacional de noticias y entretenimiento, y había poca discusión alrededor de la reforma interna de los medios. Sin embargo, casi todos los medios masivos latinoamericanos eran controlados privadamente y operados comercialmente. Los participantes en la conferencia de San José estaban tan preocupados con la reforma interna de los medios nacionales como con los cambios en el flujo internacional de noticias y entretenimiento. Muchos consideraron que ambos problemas estaban estrechamente vinculados. Los medios latinoamericanos controlados por el sector privado y operados comercialmente, argumentando libertad de expresión, se resistieron fuertemente a cualquier incremento de medios de propiedad estatal o a nuevas regulaciones gubernamentales sobre los medios privados. La presencia en San José de asociaciones de propietarios privados de medios imprimió a la reunión un clima de confrontación potencial. Fueron necesarias delicadas maniobras diplomáticas para arribar a un consenso final. Los participantes de San José hicieron 30 recomendaciones a la UNESCO y a sus países miembros. Con estas recomendaciones se propusieron una serie de medidas que produjeran un intercambio internacional de noticias y entretenimiento más balanceado que garantizaran a todos los miembros de la sociedad el acceso y participación en los medios, que protegieran los derechos y las libertades individuales a la comunicación y expresión, y que aseguraran la aplicación de los medios y metas de desarrollo nacional y


regional. La reunión instó a los gobiernos a promulgar políticas nacionales explícitas de comunicación y a establecer Consejos Nacionales sobre Políticas de Comunicación que prestaran asesoría en estos temas. Los Consejos estarían integrados por representantes de diferentes grupos y sectores sociales, incluyendo los medios privados.(4) A pesar de la gran publicidad, mayormente negativa, que en la prensa latinoamericana y mundial recibió la reunión de San José, los años que tomó su preparación, y en muchos casos el compromiso real con sus metas -a excepción del establecimiento eventual de su servicio regional latinoamericano de noticias especiales (ALASEI) y de un servicio de información intergubernamental (ASIN) -los gobiernos pusieron en evidencia pocas de estas 30 recomendaciones. Prácticamente casi ninguno de los cambios registrados en los medios masivos latinoamericanos después de 1976 fueron resultado de los acuerdos alcanzados por los gobiernos participantes en San José o de las políticas nacionales de comunicación que dichos gobiernos concibieron. En parte, lo que algunos analistas(5) han denominado el fracaso de la reunión de San José, fue resultado de una equivocada elección del momento de su realización. Para el momento en que se llevó a cabo la conferencia intergubernamental sobre políticas de comunicación, ya casi se habían agotado las reformas de los medios y los encendidos debates sobre políticas nacionales de comunicación iniciados a principios de la década del setenta. Gobiernos y planificadores, mayormente por necesidad política o después de haber perdido el poder, abandonaron su búsqueda de "un conjunto deliberadamente seleccionado de principios y normas que rigieran el funcionamiento y uso de los medios de comunicación e información al servicio de objetivos democráticamente acordados por las comunidades nacionales según criterios específicos de cada país".(6) Para 1976, el manejo y dirección de los medios en la mayoría de países latinoamericanos había vuelto a la usual improvisación, a la explotación comercial y al descuido gubernamental (a excepción de la censura). Chile, por ejemplo habiendo pasado por un periodo, iniciado a principios de la década del sesenta, de intenso debate público y transformación de su sistema de transmisión, en 1976 estaba gobernado por un régimen militar que había puesto punto final a todo debate público sobre política y reforma de los medios y había colocado a los medios bajo férreo control político.(7) Después de 1968, el Perú había experimentado cambios radicales en su radio, televisión y prensa bajo el gobierno revolucionario de Velasco Alvarado. Las medidas incluyeron la expropiación de los diarios de Lima y el control accionarial de los canales de televisión y estaciones de radio. En 1975, un cambio en la orientación del régimen se tradujo en el gradual desmantelamiento de la propiedad estatal y colectiva y control de los medios y una vuelta al sistema comercial privado de los mismos.(8) Venezuela, a principios de la década del sesenta, había pasado por un periodo de encendidos debates y crítica de sus sistemas de medios privado y público, coordinado por sus intelectuales y con el apoyo del Presidente. Para 1976, el esfuerzo por implementar políticas nacionales de comunicación se había prácticamente abandonado, ante la fuerte oposición por parte tanto de los medios privados como de los anunciadores.(9) Sólo en México, la discusión iniciada a fines de la década del sesenta sobre políticas de comunicación y reforma de los medios continuó durante la década del setenta. Estas iniciativas también fueron abandonadas por el gobierno a principios de la década del ochenta, sin haberse logrado la promulgación de alguna de sus principales iniciativas de política. En 1976, Brasil, Uruguay, Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Paraguay y la mayoría de países centroamericanos estaban gobernados por regímenes militares. Sólo Colombia, Venezuela, Costa Rica y México tenían gobiernos elegidos democráticamente. En la mayoría de países los golpes militares desgastaron seriamente las instituciones democráticas representativas de política pública, los canales de acceso popular y participación, y el compromiso con metas igualitarias de cultura nacional y desarrollo. Esta gran falta del gobierno, principal instrumento de políticas de comunicación, suscitó dudas sobre futuras políticas nacionales de comunicación y nuevos medios públicos aún entre sus más fervientes partidarios. En muchas formas la reunión de San José, realizada al término de un agitado periodo de reforma y debate, constituyó un evento simbólico y ritual que recapitulaba objetivos e ideales que hacía bastante tiempo venían gestándose en América Latina. Su mensaje -la necesidad de una política nacional de comunicación explícita, coherente, y que se pueda poner en vigencia, que se debata abiertamente y se promulgue democráticamente; de participación popular y acceso a los medios y de soberanía cultural y comunicación para el desarrollo- se trasladó a otras regiones e incitó constantes debates y polémicas. Mucho tiempo después de haber sido descartado por la mayoría de países latinoamericanos, el debate sobre políticas nacionales de comunicación y un Nuevo Orden Internacional de la Información, continuó concitando preferente atención de foros internacionales como UNESCO, ITU y Naciones Unidas. Las recomendaciones de San José reflejaron la esencia de las polémicas y reformas sobre los medios. El texto revela una conciencia crítica de que los medios masivos eran, de manera general, empresas comerciales administradas por pequeños grupos, con fines de lucro y que en términos generales, desestimaban metas más amplias de desarrollo. Las recomendaciones argumentan fuertemente en favor de un esfuerzo pluralista y coordinado democráticamente para subsanar esta situación. Asimismo, traducen la constante preocupación con la obligación del gobierno de garantizar la libertad de expresión de los medios y el derecho de todos los miembros de la sociedad a la comunicación.(10) El texto y las recomendaciones de San José también contienen las semillas de lo que habría de ocurrir. Más allá de la preocupación central sobre políticas nacionales de comunicación, subyacen nuevas preocupaciones como el surgimiento de la comunicación alternativa, la ausencia de libertades básicas de expresión bajo las dictaduras militares, el enorme impacto de nuevas tecnologías de comunicación y las influyentes transformaciones de los medios privados. En las siguientes páginas analizamos brevemente los años previos y posteriores a la conferencia. Se describe las maniobras por obtener el poder y control de los medios latinoamericanos y se presenta a los diferentes actores, sus metas y el proceso político


general dentro del cual evolucionó gradualmente la búsqueda de reformas en los medios. Luego se analiza los obstáculos, derrotas y los intentos fracasados de reforma de los medios y formulación de política y los logros a largo plazo que surgen del interior del proceso socio-político más amplio. LA BÚSQUEDA DE UNA AUTONOMÍA NACIONAL, POLÍTICA, ECONÓMICA Y CULTURAL Luego de representar modelos de propiedad privada o de servicio público, expresión nacional o cultura transnacional, los medios masivos latinoamericanos son el producto de gobiernos, artistas, inversionistas privados, públicos y movimientos políticos cuya naturaleza y roles han variado de país a país a lo largo de los últimos cincuenta años. En la actualidad todos los medios masivos latinoamericanos, a excepción de Cuba y Nicaragua, son empresas comerciales privadas impresionantemente homogéneas. Sin embargo, en las décadas del veinte y treinta, los gobiernos y movimientos políticos de México, Perú, Uruguay y otros países promovieron activamente una radio y televisión estatales. La Revolución Mexicana (1910-1917) introdujo un gobierno comprometido con el sector privado así como con profundas reformas sociales. La revolución integró a nuevos sectores de la sociedad -indígenas y pobres del campo- y a regiones olvidadas del país fuera del ámbito de la ciudad capital, al movimiento cultural y político del país. El gobierno revolucionario utilizó y subsidió la música, teatro, cine y radio para promover un sentido de identidad nacional.(11) Bajo el principio del gobierno mexicano de economía mixta, la radio comercial privada creció a la par que la radio estatal, primero como instrumento de información y propaganda y luego como instrumento de cultura y educación. Sin embargo, en la década del cuarenta, presiones del sector privado, tanto desde dentro como fuera del partido gobernante lograron que el gobierno diera un viraje, de la intervención estatal en la economía, hacia el control privado y muchas veces transnacional. Este viraje afectó a muchos sectores de la economía, incluyendo a los medios. Ya en 1941, el gobierno mexicano se había prácticamente retirado de cualquier rol que antes hubiera desempeñado en los medios y había vendido estaciones estatales a inversionistas privados. El retiro del gobierno de los medios en la década del cuarenta significó que la televisión se adentró en la década del cincuenta como empresa totalmente privada. (12) Perú, al igual que México, con una gran población indígena nativa, experimentó agitación social y una redefinición cultural nacional y reformas en las décadas del veinte y treinta, con el surgimiento del APRA, partido que postulaba el rechazo a los modelos extranjeros políticos, culturales y sociales. Poco después de formado el APRA, nace el Partido Socialista Peruano con José Carlos Mariátegui, propugnando un programa de cultura peruana que reconocía el rol central de formas culturales indígenas en el desarrollo nacional. Sin embargo, esos movimientos políticos nunca lograron control del gobierno, y los medios masivos quedaron prácticamente en manos del sector privado. El gobierno creó la primera estación peruana de radio en 1925, que pronto quebró y fue vendida a la Compañía Marconi. El Estado Peruano no volvió a jugar un rol activo en materia de política nacional de comunicación y cultura hasta 1968.(13) En Uruguay, el inicial interés gubernamental en los medios masivos formó parte de metas nacionales globales de educación y cultura. En la década del treinta, Uruguay era un país próspero, estable políticamente, con un Estado en capacidad de financiar los medios y las artes así como otros servicios públicos, debido a que contaba con una pequeña población de clase media urbana. En 1929, el gobierno uruguayo estableció un servicio público de una frecuencia de onda corta y dos de onda media. Además de la transmisión, el gobierno subsidió a la Orquesta Sinfónica Nacional, al Ballet Nacional y a un cine club que funcionaba en su propia sala de exhibición. Sin embargo, el gobierno uruguayo no limitó el crecimiento de los medios comerciales privados. La prosperidad económica y el alto nivel educativo de la población hicieron posible que muchas estaciones comerciales privadas de radio, así como muchos periódicos, establecieran grandes audiencias, atractivas para los avisadores y financiaran sus operaciones con anuncios comerciales. Para mediados de la década del treinta, ya existían 20 estaciones de radio en Montevideo, sostenidas exclusivamente mediante avisaje. En otros países, sin embargo, casi no se dio la figura de propiedad estatal o la modalidad de subsidio gubernamental durante las primeras décadas de desarrollo de los medios. A fines de siglo Argentina, por ejemplo, contaba con uno de los sistemas más desarrollados de consumo y producción percápita de medios privados, resultante de la prosperidad económica del país y del temprano crecimiento de una clase media urbana culta. En 1923, el Ministerio de Marina emitió las cinco primeras licencias para la operación de estaciones privadas de radio. Quince años después ya existían 42 estaciones de radio a lo largo y ancho del país, la mayor parte organizadas en dos redes de radio. (14) En la década del treinta, a pesar de que el gobierno chileno asumió la expansión del sistema educativo nacional y la amplia distribución de las artes y la cultura -cada universidad nacional contaba con su propia compañía de teatro y de ballet, así como orquesta sinfónica subsidiadas todas con fondos estatales- no subsidió las emergentes estaciones de radio, lo que llevó al desarrollo de un sector privado de comunicaciones. Las primeras estaciones de radio brasileñas, a pesar de ser privadas, no eran comerciales. La primera estación, surgida en 1923, fue una estación educativa establecida como club y financiada por sus propios miembros. Otras radios surgidas en esta época tomaron la forma de asociaciones o clubs financiados mediante suscripciones. El gobierno brasileño controló tanto a las estaciones como a sus públicos receptores gravándolos con impuestos. La mayor parte de estas primeras estaciones eran de tinte cultural y educativo y sus


transmisiones iban dirigidas a un público de élite. La radio brasileña no permitió el uso de avisaje comercial sino hasta después de 1932, aunque se valió de diferentes formas indirectas de auspicio comercial.(15) A mediados de la década del treinta, la radio ya estaba bien establecida en la mayoría de grandes ciudades latinoamericanas. Se convirtió en el principal vehículo para estrellas de música popular, comediantes, periodistas y animadores y transmitía las grabaciones de artistas mexicanos, argentinos y caribeños, así como las sumamente populares radionovelas latinoamericanas en toda la región. Sin embargo, esta inicial propiedad, subsidio y regulación gubernamental de las estaciones de radio y de otros medios, muchas veces basada en las metas nacionales culturales y educativas de regímenes conservadores o populistas, inevitablemente entró en conflicto con poderosos intereses nacionales e internacionales. El desarrollo de los medios no-comerciales de propiedad estatal entró en conflicto con inversionistas comerciales políticamente poderosos que estaban menos interesados en el contenido de la cultura nacional y el desarrollo de los medios, que en sus ganancias potenciales. La expansión de la industria interna, y el ingreso de muchos nuevos trabajadores industriales en los mercados urbanos fomentó la dependencia con respecto a técnicas de comercialización, publicidad y medios masivos que requerían las instituciones para hacer que este modelo de desarrollo funcionara efectivamente. La radio comercial satisfizo la necesidad de la industria nacional y extranjera de un medio publicitario que llegara a los nuevos mercados y proporcionara información y diversión a la creciente fuerza de trabajo urbana. Los medios educativos, culturales, a veces elitistas, subsidiados por el gobierno, no pudieron competir con las fuerzas que apoyaban a los nuevos medios masivos comerciales. Además de los inversionistas nacionales, los medios comerciales norteamericanos estaban ansiosos por invertir en América Latina y desarrollar mercados para sus productos. Los medios de propiedad estatal requerían protección gubernamental y subsidios para poder competir con importaciones más baratas provenientes de los países más grandes de la región y de Estados Unidos. Sin esta protección, el capital extranjero, la música, revistas y el entretenimiento en general empezó a inundar los medios masivos latinoamericanos. El Columbian Broadcasting System estableció la Cadena Panamericana con radio estaciones afiliadas en la mayoría de países de la región. En algunos países, empresas norteamericanas privadas compraron y operaron sus propias redes de radio comercial para publicitar sus productos directamente.(16) La política del "Buen Vecino", la consolidación de la inversión norteamericana y de los vínculos relacionados con la seguridad en América Latina antes y después de la II Guerra Mundial, y el desarrollo del Sistema Interamericano, facilitó el flujo de capital privado y los contenidos norteamericanos en los medios latinoamericanos y aseguró su control pro-norteamericano. Para fines de la II Guerra Mundial, por ejemplo, más de 75% de las noticias mundiales que llegaban a Latinoamérica provenían de Washington, donde eran preparadas por el Departamento de Estado y la Oficina de Asuntos Interamericanos.(17) Como se fortaleció económicamente la radio y creció su capacidad de llegada a audiencias cada vez mayores, los gobiernos latinoamericanos empezaron a analizar la radio bajo una nueva luz. Algunos gobiernos empezaron a preocuparse más del potencial impacto político de la radio que de su rol cultural y educativo. En su etapa inicial de desarrollo, a la radio brasileña se le impuso censura gubernamental. Como resultado de los acontecimientos de la Revolución de 1932, el gobierno federal impuso censura a todas las estaciones de radio, permitiendo que éstas sólo reportaran movimientos y logros de las fuerzas "legalistas". Desde los primeros días del Nuevo Estado y hasta 1945, el Departamento de Prensa y Propaganda de Vargas controló la radio, utilizándola como poderoso instrumento de propaganda e influencia política.(18) La radio colombiana también experimentó fuerte intervención gubernamental en la década del cuarenta. De manera general, los inversionistas privados desarrollaron la radio comercialmente, resistiendo exitosamente una amenaza de nacionalización en 1936. En 1948, después del sofocamiento de un levantamiento izquierdista contra el gobierno conservador, avivado por el asesinato de un líder político popular, el gobierno -bajo control militar- revocó todas las licencias de radio y modificó las leyes de transmisión a fin de limitar estrictamente tanto noticias como informes políticos. Sin embargo, la nueva legislación no incluyó las operaciones comerciales de las estaciones privadas.(19) En otros países de la región como el Perú, gobernado por el General Manuel Odría entre 1948 y 1956, y Venezuela, excepto por un breve periodo entre 1945 y 1948, bajo control militar hasta 1958, se dio campo abierto a la expansión comercial de los medios sin ninguna protección real del Estado, regulación o subsidio, excepción hecha de la censura política. Lo mismo es valedero para México, donde para la década del cuarenta los medios comerciales y el gobierno de manera general estaban en las mismas manos o compartían los mismos intereses económicos y políticos. Los regímenes populistas de las décadas del cuarenta y cincuenta, como el de Perón, en la Argentina; de Vargas, en Brasil y de Rojas Pinilla en Colombia, a menudo apoyaron el desarrollo de industrias nacionales de producción de películas y publicidad, impusieron aranceles a la importación de series y música y limitaron la inversión extranjera en los medios. También desterraron a artistas y periodistas, censuraron películas, radios, emisiones, obras de teatro, libros y revistas, y, en el caso de Perón, eventualmente nacionalizaron gran parte de los medios privados forzando a sus propietarios a venderle al gobierno sus acciones a precios reducidos. En muchos países latinoamericanos la censura y el control político de la radio y televisión en su etapa inicial, así como de revistas y periódicos, limitó la creatividad y distorsionó el desarrollo de los medios en formas difíciles de cuantificar. Luego de breves intentos de implantar medios estatales en diversos países, los precedentes generalmente negativos de la interferencia y censura gubernamental inicial y, por otro lado, la expansión comercial no-regulada del sector privado deterioró seriamente la capacidad futura de regímenes elegidos democráticamente de llevar a cabo reformas en los medios y de promulgar políticas nacionales de comunicación. Los


medios latinoamericanos casi no tenían antecedentes de servicio público y anteriores interferencias gubernamentales habían sido mayormente manipulatorias y antidemocráticas. Los medios comerciales se encontraban fuertemente afianzados para mediados de la década del cincuenta, época en que llegó la televisión a la mayoría de países latinoamericanos. La presión de industrias nacionales y extranjeras por utilizar los medios masivos y la incapacidad de permitir discrepancias de los regímenes populistas o democracias liberales, confluyeron para configurar un sistema comercial de medios, con significativa influencia extranjera bajo control político del Estado, atractivo tanto para el sector privado como para los partidos gobernantes. Durante la presidencia de Miguel Alemán Valdés en México (1946-1952), por ejemplo, el gobierno desestimó la idea de un sistema de televisión de propiedad pública, siguiendo las pautas del modelo de transmisión europeo. En 1950, México se convirtió en el sexto país del mundo en introducir la televisión. El nuevo medio era de propiedad de las estaciones de radio comerciales mexicanas, afiliadas a las redes de radio y televisión norteamericanas. El mismo Alemán desarrolló vínculos personales con la industria privada de televisión. La televisión mexicana pronto se tornó tan dependiente del capital, contenido y avisaje norteamericanos, como ya lo era el resto de la economía mexicana. Recién en 1958, el gobierno asignó un canal de televisión no-comercial al Ministerio de Educación y tan sólo diez años después, en 1968, el gobierno realizó su primer intento serio por regular la televisión. (20) La televisión brasileña se inicia en 1950 con una pequeña estación comercial de propiedad de Diarios e Emmissoras, propietarios de periódicos y estaciones de radio. Virtualmente monopolio de Diarios e Emmissoras Associados hasta 1962, durante la presidencia de Juscelino Kubitschek (1956-1961) la televisión brasileña se benefició con el rápido crecimiento económico e industrialización del país. En 1962, TV GLOBO, nuevo actor en la televisión brasileña, suscribió un convenio con Time Inc. La inyección de capital, tecnología y habilidades profesionales que se derivaron del convenio entre TV GLOBO y TIME, fue la partida de defunción de Diarios Associados. En 1964 los militares derrocaron al gobierno civil y, por razones de seguridad nacional, dieron énfasis especial a la expansión de las telecomunicaciones. Bajo los militares, TV GLOBO, empresa comercial privada que trabajaba estrechamente con los intereses del régimen, se convirtió en la principal fuerza en la televisión brasileña.(21) En Argentina, Colombia, Perú y Venezuela, la televisión se inició como empresa estatal, coincidiendo con regímenes militares o autoritarios. Sin embargo, la televisión en estos países pronto adoptó las características de los sistemas de televisión comercial privados, conservadores, de países como México y Brasil; es decir, gran inversión extranjera, limitada regulación gubernamental y metas fundamentalmente comerciales. La televisión estatal venezolana, por ejemplo, salió al aire en 1952, bajo la dictadura de Pérez Jiménez. El Canal 4, estación comercial, inició sus transmisiones seis meses después. Poco después salió al aire el Canal 2 Radio Caracas Televisión, fundado por un ciudadano norteamericano. Ambos canales eran privados, comerciales y operaban al amparo de licencias de dudosa legalidad. De 1953 en adelante, el probablemente subfinanciado canal gubernamental existió en base a programas importados baratos y a programación cultural y educativa local; en tanto, la televisión comercial, centralizada en Caracas, se expandió rápidamente para llegar a los mercados urbanos ricos. Ya en 1960, los tres canales comerciales venezolanos tenían inversión significativa de las redes de televisión norteamericana. (22) A pesar de los intentos en muchos países por establecer pequeños canales de televisión gubernamentales educativos o culturales, para 1960 la televisión comercial, moldeada según los patrones de la televisión norteamericana, estaba firmemente establecida en Latinoamérica. Lo mismo ocurrió con cuantiosas inversiones norteamericanas, corolario lógico de las inversiones iniciales de la red norteamericana en la radio comercial latinoamericana. La ABC tuvo una red televisiva tanto en América del Sur como en América Central, y tanto la NBC como la CBS (junto con Time y Goar Mestre) efectuaron inversiones en los principales sistemas de televisión comercial en todos los países de la región.(23) DESARROLLO, REFORMA Y REVOLUCIÓN A fines de la década del cincuenta y principios de la del sesenta, los países latinoamericanos atravesaron por serios problemas económicos, ascendentes presiones sociales y lucha de clases, y crecientes movimientos revolucionarios. Muchos gobiernos, al igual que Estados Unidos, percibieron el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, como una amenaza a su propia estabilidad y la de la región en su conjunto. Los planificadores del desarrollo en Estados Unidos y América Latina propusieron que el Estado asumiera el desarrollo social y económico como posible solución a la creciente inestabilidad política y económica de la región. Bajo la Alianza para el Progreso y amparándose en la expansión del rol público en los esfuerzos de desarrollo de América Latina, los Estados Unidos -hasta entonces promotor de la inversión privada norteamericana en América Latina- demostraron una nueva disposición para otorgarle a los gobiernos grandes montos de ayuda directa.(24) La retórica de la Alianza enfatizó las metas de reforma social como manera de coordinar las políticas económicas, de seguridad y de inversión de Estados Unidos en América Latina. Aunque el abandono de la reforma para privilegiar el desarrollo económico y la seguridad militar e ideológica se demuestra claramente en la política norteamericana con Brasil y en el desembarco de tropas norteamericanas en la República Dominicana en 1965, la Alianza tuvo logros en diversas áreas de reforma social y económica. (25)


En algunos aspectos, la Alianza para el Progreso -trabajando a través del sector público- sentó las bases para los movimientos de reforma de los medios legitimando la inversión y la planificación estatal en los medios, hasta entonces casi exclusivamente controlados por el sector privado. Resurgieron algunos de los conceptos prevalecientes en las décadas del veinte y treinta, como el de apoyo gubernamental a los medios para fines educativos y culturales, esta vez enfatizando las modernas tecnologías de comunicación. Sin cuestionar el rol ya establecido de los medios comerciales, los programas de desarrollo tanto nacionales como internacionales, invirtieron ingentes recursos en equipos de comunicación y programas para utilizar los medios masivos en salud, educación y desarrollo rural. Estos equipos incluían sistemas de radio y televisión educativa, satélites, escuelas radiales privadas sin fines de lucro y programas nacionales de extensión agrícola. Dentro de este contexto se llevaron a cabo en América Latina estudios de difusión agrícola y gran parte de la investigación de la comunicación para el desarrollo, iniciándose estos estudios con el efectuado por Paul Deutschmann y Orlando Fals Borda en Colombia en 1962.(26) Sin embargo, los virajes internos en el poder durante la década del sesenta y las luchas de nuevos grupos sociales y actores políticos para acceder al poder político y económico, empezaron a afectar la hasta entonces bastante armónica relación entre los medios masivos comerciales y el sistema político. En algunos países los partidos políticos, en otros los militares, y aún en otros los intelectuales criticaron el rol comercial y tradicional y políticamente conservador de los medios masivos. Los relativamente pequeños y dispersos programas de desarrollo de las comunicaciones con apoyo gubernamental no satisfacían las demandas de una presencia pública más representativa en los medios masivos y su aplicación a metas sociales más amplias. El trabajo de los académicos latinoamericanos, algunos de ellos capacitados en la Escuela de Comunicación para el Desarrollo, contribuyeron a movimientos a favor de la reforma de los medios. Los estudios del investigador boliviano Luis Ramiro Beltrán y del investigador paraguayo Juan Díaz Bordenave sostenían que el crecimiento comercial incontrolado de los medios creaba problemas tanto al desarrollo nacional como a la democracia política. Más adelante, Beltrán trabajó estrechamente con UNESCO en el diseño y organización de la reunión de gobiernos latinoamericanos sobre Políticas Nacionales de Comunicación. El profesor venezolano Antonio Pasquali estudió la influencia dañina de la cultura de masas en general sobre las culturas y sociedades latinoamericanas y trabajó con su gobierno en la búsqueda de estructuras institucionales que permitan medios nacionales más diversificados y representativos. La lucha del educador brasileño Paulo Freire por darles una voz a los pobres y oprimidos de la región, agobiados y sofocados por la cultura de masas de los medios comerciales, contribuyó a los programas educativos y culturales en América Latina. La investigación de Armand Mattelart sobre el control transnacional de los medios latinoamericanos, los intereses de clase en el control y manejo de los medios nacionales, y el rol de los medios en los movimientos populares proveyeron el marco teórico y la evidencia empírica para el debate y reforma de los medios tanto en Chile como en otros países. El paradigma de la "dependencia" que enfatiza la relación estructural de la dominación imperialista dentro de1 cual deben ubicarse y entenderse todas las otras relaciones interamericanas, proporcionó un elemento clave en la discusión sobre reforma de los medios. En muchos países se plantearon demandas de un mayor contenido nacional en los medios y se atacaron la manifestaciones extranjeras, principalmente películas norteamericanas, series de TV, servicios cablegráficos, revistas y tiras cómicas como forma de imperialismo cultural. Ya en la década del setenta, existía amplia evidencia que fundamentaba las acusaciones de dominación norteamericana en los medios latinoamericanos. Por ejemplo las películas y la series de TV norteamericanas daban cuenta de un cincuenta por ciento de contenido transmitido por la televisión y teatro norteamericanos. Diversos estudios han demostrado que los servicios cablegráficos norteamericanos, agencias AP y UPI, daban cuenta de entre 60 por ciento y 83 por ciento de las noticias internacionales, incluyendo noticias sobre otros países latinoamericanos, que se publicaban en casi todos los periódicos nacionales de la región.(27) Nuevos movimientos políticos en Cuba, Perú y Chile, que habían asumido el poder del Estado a través de una revolución, un golpe militar y elecciones libres, intentaron alterar la distribución de la riqueza y el poder -incluyendo los medios- en sus sociedades. Estos gobiernos dieron acceso y participación en los medios a sus defensores y disminuyeron el poder de lo antiguos propietarios de los medios. Los reformadores de los medios acusaron a los antiguos propietarios de ignorar las necesidades de las mayorías y de propagar una cultura de masas alienante, que beneficiaba los intereses económicos y políticos de élites extranjeras y nacionales. Cuba experimentó la primera y más extensa forma duradera de cambio político, reforma de los medios e intervención gubernamental en todas sus formas de expresión. Después de la Revolución de 1959, Fidel Castro asumió el control de uno de los sistemas de medios más altamente desarrollados de América Latina, con la mayor cantidad de aparatos de televisión percápita que cualquier otro país latinoamericano. El gobierno cubano alteró radicalmente la economía capitalista dependiente del país y eliminó la propiedad privada de los medios. Gran parte del equipo e infraestructura de los medios privados fueron puestos al servicio de los programas gubernamentales de salud, educación e información. El Instituto Cubano de Cine y Arte, fundado en 1959, puso punto final a la dominación norteamericana de distribución de películas en el país e inyectó nueva vida a la industria cubana del cine. Se nacionalizaron estudios y salas de exhibición así como estaciones de radio y canales de televisión privados, consolidándose los dos canales de alcance nacional en un único sistema. El Canal 2 se convirtió en el canal de noticias y educativo, y el Canal 6 se dedicó a la cultura y el entretenimiento. Ambos pasaron a formar parte del Instituto Cubano de Radio y Televisión.(28) La experiencia cubana suscitó temores en los medios privados latinoamericanos y norteamericanos, de que pudieran ocurrir procesos similares de expropiación y control gubernamental en otros países. Estos temores crecieron convirtiéndose en ideología; el deterioro


de la economía y la actitud hostil de los Estados Unidos empujaron a Cuba a un acercamiento a la Unión Soviética. Campañas gubernamentales contra la mayoría de formas de expresión cultural independiente, siguieron a un periodo de relativa autonomía cultural. El régimen de Castro empezó a exigir pureza ideológica y a atacar tanto a artistas como intelectuales, que supuestamente habían traicionado la revolución. Granma, el más importante diario cubano, practicaba un estilo autoritario de periodismo, imponiendo un estricto control gubernamental a las noticias y al acceso a las mismas. Para los propietarios derechistas de medios privados, estas políticas hicieron de Cuba un símbolo motivador de los peligros del control gubernamental de los medios. Sin embargo, para otros Cuba representaba los beneficios sociales y educativos de la reforma de los medios. Los gobiernos de Perú y Chile intentaron establecer sistemas nacionales de medios menos centralizados, dirigidos por el Estado y más participatorios de los que se habían instaurado en Cuba. En el golpe de estado de 1968, el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada peruana anunció un nuevo régimen que transformaría la estructura económica, social y política del país y liberaría al Perú de la inversión e influencia extranjeras. La Fuerza Armada promulgó una nueva Ley de Prensa y creó la Compañía Nacional de Telecomunicaciones, una editora nacional, una agencia estatal de publicidad, una agencia gubernamental de noticias, y una empresa nacional de difusión. Los militares expropiaron las acciones mayoritarias de las estaciones de radio y televisión comercial. En 1974, expropiaron los diarios limeños y anunciaron un plan para entregar su administración a grupos representativos de sectores organizados de la sociedad. En tanto se completara el proceso de transferencia, los militares designaron nuevos directores para dirigir los periódicos. Los cambios en los medios masivos se llevaron a cabo ante la fuerte oposición del sector privado peruano y de las asociaciones internacionales de propietarios de medios privados. Las reformas intentaban, bajo el tutelaje de los militares, integrar a la población rural olvidada del Perú, principalmente la población indígena y los pobres urbanos, a la economía nacional y al sistema político y restituir su cultura. Sin embargo, en el caso de la prensa, el gobierno no pudo desarrollar medios que apoyaran las metas del régimen, o permitieran la genuina participación de los diferentes sectores de la sociedad peruana en el manejo de los medios. En 1975, cambió la orientación del régimen militar y se dio un lento proceso de retorno a un gobierno civil, reiniciándose así la vigencia de los medios comerciales privados. El gobierno chileno, bajo los demócrata-cristianos elegidos en 1964, incrementó la propiedad estatal y la regulación de los medios masivos como parte de su programa de desarrollo y sus objetivos políticos. Este proceso cambió de orientación cuando la coalición de izquierda liderada por Salvador Allende, fue elegida para gobernar en 1970. Antes de asumir el poder, la Unidad Popular de Allende había denunciado la influencia foránea en los medios nacionales y propuso poner punto final a la estructura capitalista monopolística de los medios chilenos. Sin embargo, la Unidad Popular no ofreció inmediatamente después de asumir el poder un modelo alternativo para los medios de masas; antes bien, dio primera prioridad a la rápida expansión del control estatal sobre la industria y la agricultura y al mejoramiento de los niveles de vida y participación política de los grupos de bajos ingresos. La capacidad de la coalición de alterar la estructura de los medios se vio limitada por una serie de reformas constitucionales aprobadas por el Congreso (mayoritariamente controlado por la oposición) que garantizaban la propiedad privada de los medios. Durante los tres años de gobierno de la Unidad Popular, los medios de masas fueron uno de los principales campos de batalla política de las diferentes facciones de la sociedad chilena. El gobierno incrementó la propiedad pública de algunos medios tales como casas editoriales, películas y grabaciones y aumentó fuertemente la expresión de los grupos de base en otras formas de comunicación. Sin embargo, en el momento del golpe militar de 1973, la mayor parte de los medios comerciales parcialmente financiados por el gobierno norteamericano, estaban bajo el control de la oposición Demócrata Cristiana de derecha. En Venezuela y México, aunque las reformas de los medios propuestas por los gobiernos elegidos democráticamente ocuparon gran parte del debate público, nunca fueron implantadas. En ambos países los medios de masas se habían desarrollado casi sin regulación gubernamental. A principios de la década del setenta, conforme el gobierno mexicano emprendió necesarias reformas políticas y sociales para dar cabida a nuevos grupos sociales y políticos, se dio cuenta de que necesitaba liberarse de su anterior dependencia de los medios privados y establecer sus propios medios de comunicación. Los esfuerzos de los presidentes Luis Echeverría (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982) de hacer que la televisión comercial acatara los programas del gobierno para regular el nuevo "derecho (constitucional) a comunicar", afrontaron enorme oposición de la industria privada y de facciones dentro del propio partido gobernante. Sin embargo, la oposición del sector privado, los vínculos personales entre miembros del gobierno y los medios privados y el rol básicamente funcional de los medios de masas privados al interior del sistema político mexicano, eventualmente pesaron más que los sentimientos de reforma de los gobiernos.(29) En Venezuela, en parte como respuesta a las críticas que a los medios planteaban tanto intelectuales como líderes culturales, Carlos Andrés Pérez, presidente electo en 1974, intentó cambiar la relación tradicional entre el gobierno y los medios de masas. Pérez nombró una comisión para reorganizar los gastos públicos en los medios y reformar las instituciones culturales de la administración pública, a fin que pudiera satisfacer las necesidades de información, educación y entretenimiento de la gente. La comisión recomendó el establecimiento de un "auténtico sistema mixto de medios públicos y privados que posibilitara mayor cobertura geográfica, mensajes con mayor orientación hacia el desarrollo, y mayor participación pública en la selección y elaboración de programas.


Las recomendaciones de la comisión chocaron con la enorme oposición de avisadores de los medios privados, así como con partidos políticos de la oposición, que cuestionaban el derecho del gobierno de incluir a los medios dentro de una política cultural nacional. Nunca se promulgaron las recomendaciones de la comisión, aunque algunas de las reformas propuestas bajo Pérez -como regulaciones sobre publicidad- fueron promulgadas por el presidente Herrera Campins a principios de la década del ochenta. (30) A pesar de las evidentes diferencias, las reformas y debates de los medios en Cuba, Perú, Chile, Venezuela y México muestran algunas similitudes. Estas características comunes -preocupación por la autonomía cultural y contenido nacional, creencia en la responsabilidad del Estado en la formulación de políticas culturales y de comunicación nacionales, intento por quebrar el tradicional control privado y aumentar la representación de grupos sociales más amplios en los medios- formarían la estructura de la Conferencia Intergubernamental en Costa Rica en 1976. Las reformas de los medios y los debates sobre políticas nacionales en estos países también tuvieron en común la oposición intransigente de los medios privados. Los medios privados latinoamericanos se opusieron drásticamente al aumento del rol del gobierno en los medios, como ocurrió en Cuba, Chile y Perú y las medidas propuestas en Venezuela y México. Especialmente se resistieron a la expropiación y a cualquier interferencia en sus operaciones, limitaciones a sus ganancias, o regulación de su contenido y publicidad. Se desarrolló una severa división ideológica como resultado de los intentos de reforma y reformas reales en América Latina. Gobiernos de izquierda y reformistas propugnaron una mayor injerencia estatal para permitir que los medios pudieran satisfacer su potencial de desarrollo, asegurar la participación democrática y contenido nacional, y proteger la cultura y los intereses nacionales. Muchos propietarios de medios, periodistas y avisadores latinoamericanos y norteamericanos, tomando los ejemplos de Cuba y Perú, consideraron que cualquier intervención gubernamental en los medios ponía punto final a la libertad de expresión. Eventualmente, este conflicto contribuiría al retiro de Estados Unidos de la UNESCO. Aunque en 1976 la mayoría de gobiernos latinoamericanos ya se habían replegado en sus intentos de reformas nacionales de los medios, continuaron tomando parte activa en movimientos regionales de reforma como el Pacto Andino, el bloque del Tercer Mundo en la ONU, el Movimiento de Países No-Alienados, la Comisión Mac Bride y la UNESCO. Latinoamérica se aunó a las demandas de los países africanos y asiáticos que planteaban soberanía política, económica y cultural y un Nuevo Orden Internacional de la Información. Intelectuales y líderes políticos latinoamericanos, algunos exiliados de sus países y trabajando en centros regionales como ILET en México jugaron un rol principal en los debates internacionales. El derrocamiento de la dictadura de Somoza por los sandinistas en 1979 y las subsecuentes reformas de los medios nicaragüenses incrementaron más las experiencias divisivas de reformas de los medios latinoamericanos. Los cambios estructurales en los medios nicaragüenses, aunque diferentes de los medios registrados en Cuba después de la Revolución de 1959, ejercieron similar influencia. A pesar que la radio estatal continuó operando junto con la radio privada, la televisión pasó a ser controlada exclusivamente por el Estado: el Canal 6, propiedad del presidente Somoza, en 1979 pasó a ser de propiedad pública; el Canal 2, perteneciente a los propietarios privados allegados a la familia Somoza, fue expropiado por el gobierno un año después. Los dos canales se fusionaron para formar el Sistema de Televisión Sandinista. Antes de la revolución, no existía una industria nicaragüense de cine. El nuevo gobierno estableció el Instituto Nicaragüense del Cine y aumentó fuertemente la educación de masas y la participación de muchos nuevos grupos en otras formas de comunicación.(31) La Prensa, fundada en 1926, había sido el símbolo de la resistencia a la dictadura de Somoza. El asesinato del director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, en manos de los partidarios de Somoza desencadenó la etapa final de oposición a la dictadura. Violeta Chamorro, viuda de Pedro Joquín Chamorro, fue miembro de la primera Junta sandinista. Más adelante renunció, rompiendo con los sandinistas. La Prensa, coeditada por Jaime Chamorro, hermano del periodista asesinado, se convirtió en el principal órgano de oposición al gobierno sandinista, así como el principal blanco de censura del gobierno. El gobierno sandinista afrontó la oposición de los partidos políticos (en el frente interno) de los medios privados y de algunas instituciones religiosas. También afrontó transmisiones antisandinistas de Radio Impacto en Costa Rica y de la estación radial 15 de Setiembre de los "contras" en Honduras, así como la creciente hostilidad y agresión del gobierno norteamericano. En marzo de 1982 se declaró el estado de emergencia, citando como justificación el estado de guerra en que se vivía. El gobierno inició una estricta censura previa especialmente en la prensa, lo que significó clausurar La Prensa de vez en cuando.(32) DICTADURA Y DEMOCRACIA En muchos países latinoamericanos el desarrollo y reformas de las décadas del sesenta y setenta no lograron alcanzar a la vez la democracia política, el crecimiento económico y la seguridad política. Las críticas de derecha cuestionaron el creciente rol del Estado como fuente de liderazgo económico y planificación y como vehículo de asistencia y redistribución de poder y riqueza. Al mismo tiempo, crecían los grupos revolucionarios y la presión de mayor participación política y las estructuras sociales y políticas tradicionales se mostraron incapaces de contenerlos por mucho tiempo más. Para mediados de la década del setenta, Argentina, Brasil, Chile y Uruguay estaban gobernados por dictaduras militares que pretendían lograr el desarrollo económico mediante un Estado autocrático, empleando tecnócratas en crecientemente estrecha asociación con las corporaciones transnacionales. Los regímenes


autoritarios manipularon la educación formal, símbolos de nacionalismo y modernización, y, a través de los medios de masas, la información y la comunicación pública y privada. De esta manera los regímenes militares esperaron aminorar el nivel de conciencia de la sociedad y reducir la capacidad de los individuos de conocer sus derechos y responsabilidades y ejercerlos social y políticamente.(33) Los militares colocaron a la televisión privada y a las estaciones de radio bajo severo control político, censuraron periódicos y revistas y arrestaron y mataron a muchos periodistas. Los militares encontraron que la monolítica organización del poder en los medios modernos, sus sofisticadas nuevas tecnologías, y su fácil uso del simbolismo, eran especialmente adecuados para el logro de sus metas de control de la propaganda y la información. Al mismo tiempo, la nueva ideología de crecimiento económico bajo el autoritarismo dio campo abierto al desarrollo comercial y transnacional de los medios de masas. En muchos países grandes inversiones del gobierno en nuevas tecnologías de comunicación y el uso intensivo del avisaje crearon un enorme estímulo al desarrollo comercial de los medios. El nivel de avisaje gubernamental se incrementó hasta en un 60 por ciento en el primer año siguiente a los golpes militares en Chile y Argentina.(34) Bajo las dictaduras surgieron, entre la gente privada de cualquier acceso a los medios de masas, pequeños usos alternativos de los medios, como radios y periódicos comunales, producción local de videos y grupos barriales de teatro y música. En algunos casos, estas experiencias no eran nuevas y muchas tenían sus raíces en el trabajo de Paulo Freire en Brasil y Chile. Las escuelas radiales en Latinoamérica y las radios de los mineros bolivianos del estaño, por ejemplo, se habían iniciado en 1947. Las radios de los mineros, financiadas por contribuciones de los mineros, se desarrollaron rápidamente después de la Revolución Boliviana de 1952, cuando el gobierno nacionalizó las minas, reformó la tenencia de la tierra y permitió el sufragio universal. En el golpe militar de 1980 en Bolivia, las 23 estaciones de radio mineras formaron una "Cadena de la Democracia". Cinco días después, el gobierno había tomado el resto del país, las radios mineras continuaron en el aire transmitiendo contra el golpe hasta que los militares derrotaron a las comunidades mineras y capturaron sus estaciones de radio.(35) Otros medios alternativos fueron inspirados y liderados por la Iglesia Católica. El Vaticano II había declarado la libertad de creencia religiosa sin interferencia del Estado, la mayor preocupación social de la Iglesia y un mayor compromiso de los laicos en el culto y trabajo en ella. La Iglesia Católica en Latinoamérica desarrolló muchos diferentes tipos de comunicación grupal y popular, como parte de su acción pastoral después de la Conferencia de Obispos de Medellín en 1968, en que la Iglesia declaró su "preferente opción por los pobres" y proporcionó muchos de los componentes de la Teología de la Liberación. Otras experiencias de comunicación alternativa fuera de los medios de masas controlados por el gobierno, como los grupos de derechos humanos y las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina fueron resultado directo del asolamiento causado por la represión. Estos grupos idearon nuevas formas de comunicación, y nuevos símbolos y lenguajes para una población privada de otras formas de expresión. En algunos casos los medios alternativos fueron una auténtica alternativa para los alienantes medios de masas controlados por el gobierno, como una forma de comunicación democrática y partícipe. En otros casos, sirvieron como filtros que decodificaron, interpretaron y ayudaron a la gente a resistir los mensajes monolíticos de los medios de masas. Aun en otros casos, los medios alternativos estuvieron al servicio de un rol político específico de organización y educación popular. En la década del ochenta, con la mayoría de países latinoamericanos bajo dictaduras militares, la democratización de los medios de comunicación, junto con la reconstrucción de otras instituciones democráticas y representativas de la sociedad, se convirtió en preocupación central de aquellos opuestos a las dictaduras. Algunos investigadores y planificadores de la comunicación pensaron que las nuevas formas de expresión popular, movilización y participación de los medios alternativos podrían contener la clave para la comunicación democrática y eventualmente, una vez que desaparecieran los regímenes militares, ser utilizados para democratizar y reformar los medios de masas. El concepto de reforma de los medios que se inicia en los grupos de base y desarrolla nuevos formatos y redes de comunicación, se vinculaba estrechamente con una preocupación más general de recuperación de la democracia. Sin embargo, a pesar de sus estrechos vínculos con los movimientos populares tanto rurales como urbanos, los grupos de base o medios alternativos raras veces se convirtieron en sustitutos duraderos de las usuales tarifas de los medios de masas. Con el retorno a la democracia, los medios alternativos aportarían nuevos tipos de programas y diferentes canales para la participación popular y acceso a los medios de masas. Paradójicamente, algunos de los medios de masas tradicionales, como las industrias cinematográficas argentina y chilena experimentaron inesperadas mutaciones económicas bajo las políticas económicas de libre mercado de las dictaduras militares que les permitieron lograr algunas de las metas de las anteriores reformas, tales como el incremento de la producción nacional. En otros casos, los medios de masas privados comerciales y algunas veces transnacionales se mostraron más capaces de resistir el control y manipulación de los militares que los medios de servicio público u orientados al desarrollo. Los inesperados logros "positivos" bajo las dictaduras de los medios de masas privados financiados comercialmente, arrojaron nueva luz sobre anteriores críticas acerca de su rol político conservador y no promotor del desarrollo. Cuando las dictaduras que asolaron América Latina a mediados de la década del setenta se retiraron con la derrota militar, económica y política de sus protagonistas -en 1986 sólo Paraguay y Chile aún tenían presidentes militares y 94 por ciento de la población vivía bajo regímenes civiles constitucionales- los regímenes civiles recientemente elegidos tuvieron dificultad en aprobar políticas regulatorias de los medios de masas comerciales. El fuerte recuerdo de control y censura bajo regímenes autoritarios determinó que el sector privado y muchos partidos políticos anatemizaran nuevas regulaciones de los medios. Es más, los nuevos regímenes civiles no contaban con los necesarios recursos políticos o económicos para emprender una gran reforma pública de los medios.


Los países latinoamericanos emergieron de las dictaduras bajo la más grave depresión registrada desde la década del treinta. El ingreso per cápita no había crecido en los diez últimos años y en algunos países había incluso declinado a los niveles de la década del sesenta. En algunas áreas el desempleo superaba el 50 por ciento. Las penurias económicas y la necesidad de pagar la abultada deuda externa redujo pronunciadamente el volumen y actividades del sector público. Aun si las nuevas democracias hubieran contado con los recursos económicos para implementar políticas y reformas, no estaban preparadas para hacerlo. Los líderes de los nuevos regímenes democráticos se habían mantenido al margen de la actividad política y del ejercicio de las tareas prácticas de gobierno durante la década anterior. Asumieron el poder sin nuevos esquemas para reorganizar los medios de masas. Muchos de estos líderes estaban acostumbrados a la práctica de pequeños medios de oposición alternativos -más preocupados con la conservación del pasado que con la construcción del futuro- y no estaban preparados para los nuevos desarrollos tecnológicos y económicos de los medios. Es más, los políticos dependían de los medios para ser elegidos. En Brasil, por ejemplo, la gigantesca TV GLOBO propietaria de 7 estaciones, co-propietaria de 6, con 36 estaciones afiliadas, 30 estaciones de radio, el periódico O'Globo, una división de video casero y una empresa disquera, producía casi la totalidad de su programación estelar y ganaba 12 millones de dólares en ventas de programas al exterior (que representaba tan sólo 2 por ciento de su ingreso global). El nuevo gobierno civil, fuertemente endeudado con GLOBO por el apoyo político prestado durante la etapa de transición a la democracia, difícilmente se encontraba en situación de regular las vastísimas operaciones de GLOBO. Una nueva regulación, de promulgarse, probablemente sería el resultado de presiones de independientes en el mercado de la televisión, ansiosos por quebrar el monopolio de GLOBO. En Argentina, el gobierno de Raúl Alfonsín, propietario legal de los canales de televisión y estaciones de radio se mostró incapaz de comprender o regular debido a la fuerza y complejidades de las operaciones comerciales privadas, la extremada sensibilidad de los directivos frente a la injerencia gubernamental y la falta de políticas del propio gobierno. Las nuevas democracias eliminaron la censura y, en el caso de Argentina, transfirieron algunas estaciones de propiedad del gobierno al sector privado. En parte, el nuevo gobierno civil de la Argentina, no podía hacer mucho más. Había heredado una pesadilla burocrática plagada de corrupción, duplicación, leyes contradictorias y ubicuas dependencias regulatorias. Era difícil precisar el límite entre la esfera de lo público y lo privado. Las nuevas democracias también heredaron una industria nacional e internacional de comunicaciones muy cambiada, cuyas finanzas y tecnologías eran cuantitativa y cualitativamente diferentes de las industrias relativamente simples de principios de la década del setenta, en que se propusieron por primera vez políticas de comunicación. Los medios habían crecido a nivel mundial y las industrias de la comunicación se habían interconectado más a nivel nacional e internacional como resultado de oportunidades de ventas y distribución potenciadas por el cable, el satélite y las diversas combinaciones de video. El crecimiento y las operaciones internacionales hicieron que los medios de comunicación se volvieran más complejos en términos financieros y más difíciles de regular bajo las leyes de sus propios países. La distinción entre propiedad extranjera y nacional, control y contenido, uno de los grandes componentes de las reformas de los medios en la década del setenta, se había vuelto cada vez más confusa por la creciente interconexión de los procesos de producción, distribución y ventas y la cambiante estructura de la propiedad corporativa en el mercado mundial de las comunicaciones. Los productores norteamericanos habían suscrito entre sí arreglos de coproducción y distribución, así como con productores de cine y televisión europeos y del Tercer Mundo. Muchas compañías de televisión latinoamericanas habían establecido en Estados Unidos compañías de venta de programación y redes de televisión para la audiencia hispanohablante. Los desarrollos en los mercados internacionales afectaron a todos los países de la región, no sólo a los que habían estado recientemente gobernados por dictaduras militares. En México, por ejemplo, debido a las serias dificultades económicas del país, cualquier crecimiento real del conglomerado privado de medios TELEVISA, dependía del ingreso generado en dólares traído de fuera del país. En 1986, las operaciones extranjeras de TELEVISA incluían a UNIVISION, red televisiva en español en Estados Unidos, con cerca de 80 millones de dólares en facturaciones publicitarias; una empresa de distribución de películas con base de operaciones en Estados Unidos que daba cuenta del 70 por ciento de las utilidades totales de las películas de TELEVISA, y una nueva estación de radio de rock con transmisiones para Centro y Sud América de 24 horas diarias.(36) Al igual que TELEVISA, enfrentada con un agravamiento de la situación económica en el mercado interno, otros medios privados latinoamericanos se dieron cuenta que ya no tenían espacio para crecer en sus propios países. Por ejemplo, Radio Caracas Televisión RCTV de Venezuela, gran proveedor de programación televisiva para América Latina y Estados Unidos, estableció en Miami su propia sucursal de ventas para el mercado norteamericano. La empresa matriz RCTV era propietaria de dos compañías discográficas con base en Miami, una casa productora comercial, un periódico, una casa editora, y 20 por ciento de cada una de las dos estaciones de televisión portorriqueñas.(37) También las audiencias de los medios de masas en América Latina habían cambiado desde la década del setenta. Habían crecido y se habían segmentado por edad e ingreso. Diferentes formas de aparatos receptores activos así como tecnologías de producción y proyección crearon nuevos públicos y mercados que pasaban por alto las estructuras y la regulación de los medios tradicionales. En 1985, por ejemplo, los productores extranjeros de televisión y cine habían vendido 30 por ciento de su producción en América Latina directamente al mercado no regulado de video doméstico. El cine y la televisión extranjera podían ahora ingresar a los hogares directamente vía satélite o por medio de videocassettes.(38)


Los cambios en los medios y audiencias latinoamericanas tuvieron grandes implicancias para la futura política nacional de comunicaciones. En muchos casos, los dos principales actores, el Estado y la industria, efectivamente habían cambiado posiciones. Por ejemplo, en algunos países los medios privados estaban dispuestos a orientarse al mercado de exportación y al público nacional de altos ingresos vía cable o satélite, y a permitirle al gobierno entrar y regular algunos de sus largamente defendidos pero menos rentables mercados nacionales, como la transmisión de televisión por antena. Por otro lado, en Brasil y México habían crecido tanto las industrias de comunicación privadas, que les pareció rentable o políticamente prudente asumir una serie de actividades tales como la televisión educativa y el desarrollo cultural, tradicionalmente financiadas por el sector público. En muchos países, el gobierno y el sector privado trabajando mancomunadamente participaron en esquemas conjuntos de producción y distribución de medios para financiar programas nacionales que luego se exportarían a Europa, Estados Unidos y otros países latinoamericanos. Otros sectores también habían intercambiado posiciones e intereses. Por ejemplo, los cambios tecnológicos habían multiplicado el número disponible de canales y los tipos de recepción de medios. A menudo convenía al interés comercial de los medios privados expandir la capacidad de producción y proporcionar participación y acceso a los medios a diferentes grupos creativos. En otros casos como Brasil, no el gobierno sino el sector privado de pequeños productores independientes defendían ahora la reforma y la regulación gubernamental de propiedad y operaciones monopólicas de los medios. Las experiencias de los medios latinoamericanos a menudo demostraron, muchas veces en contraposición a la teoría que había motivado los movimientos de reforma, que para ejercer la necesidad de expresión necesitaban una base comercial privada; para ser democráticos y participatorios requerían del éxito económico; para ser nacionales también debían ser internacionales y para proveer servicios públicos debían ser privados. Los cambios tecnológicos y económicos de los diez últimos años y las experiencias estigmatizantes de los regímenes militares fortalecieron el apoyo gubernamental y del sector privado a algunos de los conceptos presentes en la Conferencia sobre Políticas de Comunicación de 1976. Por ejemplo, la mayoría de países desarrollaron algún tipo de coordinación entre el sector privado y el gobierno para la producción nacional y para el intercambio regional de noticias y de información. Los más grandes conglomerados de medios comerciales iniciaron programas de desarrollo cultural o educacional. Un mayor número de voces y grupos sociales lograron acceso a los medios. Sin embargo, algunos de los más controvertidos y apreciados conceptos de reformas de los medios de la década del setenta, como el rol central del gobierno en la elaboración de la política de comunicación y en la búsqueda de un conjunto explícito de principios y normas que rijan las funciones y uso de los medios de comunicación e información al servicio de objetivos democráticamente elegidos por las comunidades nacionales, se habían debilitado. A pesar de los desarrollos positivos en los medios latinoamericanos, la ausencia de un conjunto explícito de principios y normas que rijan las funciones y uso de los medios de comunicación e información siguió constituyendo un gran problema. Aunque los cambios tecnológicos y el éxito económico del sector privado resolvieron algunos problemas incrementando la producción nacional, el acceso y los servicios públicos, no existía la garantía de que el sector privado continuaría resolviendo estos problemas o que no crearía problemas diferentes en el futuro. Ya es posible percibir algunos de estos nuevos problemas. Como en el caso en que las funciones de servicio público de los medios de masas se dejen en manos del sector privado, en el que no existiría la garantía de que estos servicios continuarían bajo condiciones económicas diferentes. Entonces, la desaparición de las transmisiones educativas y culturales podría ocurrir por serio revés económico del sector privado. Por ejemplo, como los gustos, valores y necesidades de la población hispánica en Estados Unidos no son los mismos que los de los latinoamericanos que viven en América Latina, la utilización del buen desempeño en las exportaciones como criterio para juzgar la producción nacional, eventualmente podría crear contenidos producidos nacionalmente con un impacto tan negativo sobre la cultura nacional como el producido por el contenido importado. Finalmente, aunque el sector privado a menudo puede servir como garantía contra el control y la manipulación gubernamental bajo regímenes dictatoriales o autoritarios, éste no cuenta con la representatividad pública ni con los mecanismos para hacer valer libertades de terceros. Por otro lado, el abandono de los derechos de comunicación al criterio exclusivo del sector privado podría dejar a importantes sectores de la sociedad sin protección o apoyo. La reciente y difícil opción de América Latina por la democracia no constituye una fórmula inmediata para resolver estos u otros problemas que respecto a los medios pudieran surgir en el futuro. Sin embargo, en un sentido más amplio, constituye un conjunto de principios y normas que rigen las funciones y uso de los medios de comunicación e información. Provee la mínima seguridad de que cuando surjan nuevos problemas, estos serán sometidos a debate público y que los representantes de los diferentes actores podrán negociar sus intereses dentro de una estructura legítimamente establecida. NOTAS.(1) Luis Ramiro Beltrán "No renunciemos jamás a la utopía", Chasqui, CIESPAL, Quito, Abril/mayo/junio, 1982. (2) INFORME FINAL, Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en América Latina y el Caribe, San José (Costa Rica), UNESCO, COM/MD 38, París, 13 octubre de 1976. (3) Conference Working Paper, Intergobernamental Conference on Communications Policies in Latin America and the Caribbean, San José (Costa Rica), UNESCO, (COM-76/LACCON/3). (4) INFORME FINAL, UNESCO, op.cit.


(5) Luis GOnzaga Motta, "Costa Rica: seis años después" Chasqui, CIESPAL, Quito, Abril/mayo/junio, 1982. Oswaldo Capriles, "De las políticas nacionales de comunicación al Nuevo Orden Internacional de la Información: algunas lecciones para la investigación" paper presentado en la Conferencia de la IAMCR, Caracas, 1980. (6) Conference Working Paper, op.cit. (7) Giselle Munizaga "Políticas de comunicación bajo regímenes autoritarios: el caso de Chile", Comunicación y Democracia, Fox et al (Lima: Desco, 1982). (8) Juan Gargurevich, Prensa, radio y TV: Historia crítica (Lima: Editorial Horizonte, 1987). (9) Oswaldo Capriles, El Estado y los medios de comunicación en Venezuela (Caracas: ININCO-UCV, 1976). (10) INFORME FINAL, UNESCO, op.cit. (11) Jean Franco, La cultura moderna en América Latina (México: Grijalbo, 1985). (12) Fátima Fernández, Los medios de difusión masiva en México, (México: Juan Pablos, 1982). Luis Esparza, "La política Cultural del Estado mexicano y el desarrollo de la TV" Cuadernos de TICOM N° 35, junio 1984, UNAM-Xochimilco, México. Néstor García Canclini, "Cultura para todos: hegemonía política y consumo artístico en México" Seminario Iberoamericano sobre Políticas Culturales y Democracia, Madrid, enero 1986. (13) Gargurevich, op.cit. (14) A. Ford, J.B. Rivera, "Los medios masivos de comunicación en la Argentina", Medios de comunicación y cultura popular, A. Ford, J.B. Riovera, E. Romano, (Buenos Aires: Legasa, 1985). Jorge Noguer, Radio Difusión en la Argentina (Buenos Aires: Editorial Bien Común, 1985). (15) Mario Ferraz Sampaio, Historia do radio e da televisao no Brasil e no Mundo: (Memoria de um pioneiro), (Rio de Janeiro: Achiame, 1984). (16) Luis Ramiro Beltrán, Elizabeth Fox, Comunicación dominada: Estados Unidos en los medios de América Latina (México: ILET-Nueva Imagen, 1980). (17) Edward Jay Epstein, "Los Rockefeller: La familia y el imperio", El Tiempo, Bogotá, 18 enero 1976, p.17. (18) Maria Elvira Bonavita Federico, op.cit. (19) Reynaldo Pareja, Historia de la radio en Colombia 1929-1980, (Bogotá: Servicio Colombiano de Comunicación Social, 1984). (20) Fátima Fernández, op.cit. Luis Antonio de Noriega, Frances Leach, Broadcasting in México (Great Britain: International Institute of Communication, 1979). (21) José Salomao David Amorin "A radio difusao no Brasil 1974-1981" Fundacao Universidade de Brasilia, Cadernos do Dept. da Comunicacao, N° 2, 1982. Ingrid Sarti, "Os efectos da tecnologia da ponta na televisao, a TV-Globo" (Lima: IPAL, 1986). Cristina Lasagni, Giuseppe Richeri, L'altro mondo quotidiano: telenovela TV brasiliana e dintori, (Torino: Edizione RAI 1986). (22) Antonio Pasquali, Comunicación y cultura de masas (Caracas-Monte Avial, 1989) (Primera edición 1963). (23) Beltrán, Fox, op.cit. (24) Christopher Mitchell, "Dominance and fragmentation in U.S. Latin American Policy", Latin America and the United States: the changing political realities, Julio Cotler and Richard R. Fagen, (editores), (Stanford: Stanford University Press, 1974) p. 178. (25) Christopher Mitchell, op.cit. p. 186-187. (26) Luis Ramiro Beltrán, Communication research in Latin America: the blindfolded inquiry paper presented at the IAMCR Conference in Leipzig, 1974). (27) Tapio Varis, International inventory of television programme structure and the flow of TV programmes between nations (Tampere: Institute of Journalism and Mass Communication, 1973). Mario Kaplún, "La comunicación de masas en América Latina" Educación Hoy N° 5, Bogotá, 1973. Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina, CIESPAL, Dos semanas de la prensa en América Latina (Quito: CIESPAL, 1967). Eleazar Díaz Rangel "Pueblos subinformados: las agencias de noticias y América Latina", Cuadernos de Nuestro Tiempo N° 3, (Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1967). Fernando Reyes Matta, "The information bedazzlement of Latina America: a study of world news in the region", Development Dialogue, N° 2, Stockholm, 1976). (28) Cees Hamelink, Cultural autonomy in global communication (New York: Longman, 1983). (29) Fátima Fernández, op.cit. (30) Oswaldo Capriles "Las enseñanzas del proyecto RATELVE" Comunicación y Democracia, Fox et al, (Lima, DESCO, 1980). (31) Armand Mattelart, "Communication in Nicaragua, between war and democracy", Communicating in popular Nicaragua, Armand Mattelart (editor), (New York: International General, 1986). (32) Armand Mattelart, op.cit. (33) Guillermo O'Donell, Modernization and bureaucratic authoritarian politics (Berkeley: University of California Institute of International Studies, 1973 and 1979). (34) Giselle Munizaga, "Políticas de comunicación bajo regímenes autoritarios. El caso de Chile", Patricia Terrero "Comunicación e información en gobiernos autoritarios" Comunicación y Democracia, Fox et al, op.cit. (35) Fernando Lozada, Gridvia Kuncar "Las emisoras mineras de Bolivia: una histórica experiencia de comunicación autogestionaria", Comunicación alternativa y búsquedas democráticas, Fernando Reyes Matta (comp.), (México: ILET, 1983).


(36) Peter Besas, "HIspanic TV giants slug it out: reliance vs. Univision for 12th focus on Latin American and US. Hispanic markets) New York, March 25, 1987. (37) Larry Michie, "On the cutting edge of latino TV, Radio Caracas taking leads into U.S.", Variety (11th focus on Latin American and U.S. Hispanic markets), New York, March 12, 1986). (38)NTC/NCT Newsletter a review for South North exchange on new communication technologies, Vol 1 N° 3, Lima, Instituto para AmÊrica Latina, IPAL, 1986.


LOS MATELLART HOY: ENTRE LA CONTINUIDAD Y LA RUPTURA. UNA VISION DESMITIFICADORA DE “LOS NUEVOS PARADIGMAS” Mario Kaplún


La Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, convocó -de/ 28 de marzo al 8 de abril de 1988a un Diálogo de Altos Estudios con los especialistas franceses MICHÉLE Y ARMAND MATTELART sobre “Rupturas y continuidades en los modos de encarar las teorías y los prácticas de la Comunicación”. Contenidos del diálogo: La crisis de los paradigmas. La crisis del modo lineal de pensamiento y la construcción de nuevas matrices conceptuales. Las ambigüedades y ambivalencias que han experimentado las teorías críticas o lo largo de los últimos años... El azar -o, para ser más precisos, una invitación a participar en un evento de la UNESCO- quiere que, por esos mismos días, yo me encuentre en La Habana. Vislumbro la posibilidad de un reencuentro con los Mattelart después de años sin vernos; y el proyecto de hacerles una entrevista en torno a temas tan sustanciosos y vigentes como los que enuncian en su convocatoria. Así, una vez concertado el encuentro, me voy al caer de una tarde a San Antonio de los Baños, grabador en mano. El funcionario que me recibe me advierte que, esa jornada, el Seminario se ha prolongado más allá de la hora habitual: están todos enfrascados en un intenso debate. Intuyo que no he llegado el día más propicio para mi entrevista. Una hora más tarde, Michéle y Armand se hacen por fin presentes. Tras el amistoso abrazo del reencuentro, el lógico pedido de que les conceda media hora de respiro. Hasta que, finalmente, nos encerramos en un aula de la Escuela, donde los dos investigadores, olvidándose de la fatiga, se entregan al diálogo con hondura y pasión. La vuelta al receptor Quisiera en esta conversación tratar de rescatar no sólo lo que están trabajando en este Seminario sino también el camino de pensamiento que ustedes han hecho en estos años y que el temario parece reflejar... Armand: Sí, sí, ciertamente lo refleja. ... Reconstruir para los lectores qué hay de permanente y qué hay de nuevo en los planteamientos que están trayendo a este “Diálogo de Altos Estudios”; qué es lo que continúa vigente en ese pensamiento y qué es lo que se fractura. Michéle: Ya. Comprendido. Tal vez una forma de abordar la cuestión podría ser que comenzaran rememorando la teoría de la comunicación que ustedes tanto contribuyeron a construir en la década de los 70 en América Latina; cómo la ven hoy, ya a la distancia, con una visión autocrítica. Michéle (no demasiado convencida): Podría ser. Aunque la mirada que una tiene sobre su propia reflexión puede no ser la visión que tengan los demás sobre esa misma evolución. La palabra continuidad cobra todo su sentido cuando es una la que revisa su propia trayectoria; pero continuidades y rupturas son medidas de forma distinta cuando se trata del camino que uno mismo ha hecho o del juicio que sobre éste formulan los otros. Por eso, yo preferiría comenzar visualizando los cambios, bien relevantes por cierto, que se han dado estos años al interior de las teorías críticas de la comunicación. Han surgido modos de enfocar el proceso de la comunicación muy diferentes de los que se manejaban en los años en que nosotros empezamos a estudiar el fenómeno. ¿Qué años? Precisemos... ubiquemos al lector. Michéle: Para nosotros, viviendo en Chile, los años que precedieron a la victoria de Salvador Allende, a la victoria de la Unidad Popular, y los del gobierno de U. P. hasta su caída. Y bien: ¿cómo describirlas eso nuevo que ha surgido, cuáles son esos cambios relevantes? Michéle: Pondría en primer lugar la necesidad de entender la comunicación como un proceso de interacción, en la que emisor y receptor ya no están ocupando dos polos opuestos en una línea de verticalidad; este nuevo interés por conocer y analizar el momento de la recepción; una nueva manera, en fin, de ver al receptor reconociéndolo como sujeto. No cabe duda de que este gran salto en la teoría crítica puede ser visto como una ruptura con las líneas con las que nosotros nos manejábamos en aquellos años y con el tipo de estudios que realizábamos... Aunque no sé hasta dónde corresponde que hable así, en plural -"nosotros"- porque, si bien es cierto que en muchas ocasiones Armand y yo trabajamos juntos y firmamos obras en común, no es menos cierto que cada uno de los dos desarrolló su propia identidad, su línea propia de investigación... Y sus aportes propios. Ciertamente.


Michéle: Pues bien: en cuanto al surgimiento de esa revaloración del receptor, aunque desde afuera se la pueda ver como una ruptura, debo decir que en mí la siento más bien como una continuidad. Porque recuerdo siempre un estudio que efectuamos en el año 72 en Chile, bajo la U. P., sobre la lectura concreta que las audiencias populares hacían de los mensajes de la comunicación de masas.(1) Para esa investigación, tuvimos que improvisar una metodología con los precarios instrumentos de que disponíamos en ese momento. Aún así, descubrimos algo que sigue siendo relevante hasta hoy: la necesidad de reconocer al receptor como productor de sentido. Siento que fue algo capital, la piedra angular que después me ayudó y preparó para captar mejor los cambios que se dieron al interior de la teoría de la comunicación masiva. En aquel momento tuve intuiciones que no pude formular y que debí esperar a todo lo largo de la década de los 70 para poder precisarlas. ¿Por ejemplo? Michéle: Por ejemplo, esa pregunta -que me parece clave- sobre el placer que experimentan las capas populares cuando reciben los géneros de la cultura de masas. En aquel entonces, yo sentía que eso planteaba interrogantes ineludibles a los que nuestro método de lectura ideológica no daba respuestas. Sólo muchos años después pude procesar esa intuición. Y, si pude hacerlo, fue porque en el campo teórico entre tanto se habían dado avances fundamentales; se había generado una nueva sensibilidad hacia el estudio del receptor, hacia los modos de sentir populares y también hacia los géneros de la cultura popular y la cultura de masas. Chile del 72: los aprendizajes. Es ahora el turno de Armand. Lo invito a responder a la misma pregunta. Y se muestra más dispuesto a la retrospección. Armand: Para entender el camino que uno ha recorrido, es importante comenzar situando el contexto en que empezaron nuestras investigaciones. Un contexto bien específico, como lo fue también aquel en el que, casi contemporáneamente, arrancan los estudios en torno a la comunicación en Argentina y en Venezuela... Bueno, en Venezuela un poco antes. Sí, un poco antes. Justamente -vale la pena recordarlo- estamos en un año con cierto valor de símbolo: en 1988 se cumplen 25 años de la fecha en que el venezolano Antonio Pasquali publica su primer libro. Una obra liminar, pionera en el pensamiento crítico latinoamericano sobre Comunicación.(2) Armand: Exactamente. Esa fecha y ese libro testimonian la raigambre autóctona de la investigación en comunicación en los países latinoamericanos. Porque se tiende demasiado a creer y afirmar que ésta estuvo todo el tiempo presidida y estructurada por la teoría de la dependencia, por el dependentismo. Y no fue así. En ninguno de los casos -ya sea que se trate de Argentina, Venezuela o Chile- los primeros estudios se centraron en la cuestión del imperialismo cultural. No: lo que se trataba de estudiar era la actuación y funcionamiento de los medios locales de comunicación, que estaban en manos de la propia burguesía criolla. En el caso chileno, nuestras investigaciones comenzaron por el diario El Mercurio, por fotonovelas, por revistas de ídolos, que eran productos eminentemente criollos, sin ninguna presencia explícita de contenidos norteamericanos. Así pues, el objeto de las investigaciones, nuestras primeras preocupaciones estuvieron directamente volcadas hacia el espacio nacional. Creo oportuno subrayarlo porque, con el paso de los años, a veces se puede caer en una apreciación deformada; y, cuando uno vende más de medio millón de ejemplares de un cierto libro(3), dar por sentado que ese libro marca el comienzo de su itinerario. Y no fue así: tan sólo fue un jalón en esa trayectoria. Si estimo importante recuperar el contexto es porque él puede ayudar a visualizar mejor qué es lo que ha permanecido y qué es lo que ha cambiado desde entonces. Nosotros empezamos a investigar la comunicación en el año 1967 y el primer trabajo publicado aparece a comienzos del 70. Como te decía, es un estudio sobre los medios de comunicación en Chile; y su subtítulo, “La ideología de la prensa liberal". Soy de los que todavía tengo y conservo aquella publicación ... (4) Armand: ¿Te acuerdas, aquel cuaderno de tapa azul? Y es bien significativo que esos primeros trabajos hayan sido desarrollados dentro de un Centro que se llamaba precisamente "de Estudios de la Realidad Nacional". La primera cuestión que a mí personalmente me interesó investigar fue la reacción de El Mercurio -el mayor órgano de prensa chileno- contra los tímidos procesos de cambio que se gestaban en aquellos días del gobierno democristiano de Frei, tales como la reforma agraria o la reforma universitaria. ¿Con qué enfoque metodológico se abordaron aquellos primeros estudios?


Armand: Con una metodología inspirada en el estructuralismo lingüístico, fundamentalmente Barthes, que ofrecía una propuesta e introducía una ruptura frente al marxismo ortodoxo, en el cual no encontrábamos instrumentos de análisis porque éste, de hecho, nunca se había preocupado por los fenómenos de la cultura. Empero, este periodo inicial no duró mucho porque, con el triunfo electoral de Allende, se produce la llegada al gobierno de la Unidad Popular; y en este nuevo escenario político nos vimos enfrentados a preguntas que no estábamos acostumbrados a formularnos. Ya no ¿qué denunciar? sino ¿qué hacer? Había que proponer, imaginar nuevas alternativas de comunicación. Y ello, dentro de un contexto muy específico, muy peculiar: una relación de fuerzas en la que la izquierda controlaba algunos medios pero la burguesía mantenía el control de la mayoría de ellos. Así, al calor del proceso chileno, debimos pasar de una fase de investigación y de denuncia, de corpus y estructuras, a imaginar y tratar de construir alternativas. Michéle entró a asesorar al canal de televisión oficial y yo a la Editorial Quimantú, que era del gobierno. Y nos encontramos frente a un vacío metodológico, a un vacío de antecedentes y referencias. El proceso chileno era el primero en tener que plantearse estos interrogantes porque todas las revoluciones precedentes se habían podido permitir -o se habían visto forzadas a- tender un cerco en derredor de sí; es decir que no tenían en su territorio la presencia y la competencia de los medios de comunicación del adversario. Así, todo lo que nos habían dejado eran manuales de agitación y propaganda política que de poco a nada servían en nuestro caso. Apenas contábamos con unos pocos textos de Brecht; pero sobre alternativas, prácticamente nada. ¿Y qué preguntas debieron plantearse? Armand: Por ejemplo: ¿qué es un género dentro de la cultura de masas? ¿Es factible o no invertir el signo: utilizar los mismos formatos de la comunicación de masas e invertirles el signo político, el signo ideológico?(5) Preguntas que no se habían podido formular antes porque no se habían dado procesos con esas características. Preguntas que sólo lograron desarrollarse embrionariamente y apenas ser parcialmente respondidas; y que exigían conocer y saber mucho más acerca de la relación del receptor y de la forma en que éste recibe y decodifica los mensajes masivos. Así aparece en tu derrotero, como interrogante y como desafío, la cuestión del receptor. Armand: Así, con esa fuerza y esa urgencia. Michéle rescata de ese momento sus incipientes investigaciones acerca de la recepción; pero de mí también te puedo decir que, quince días antes del golpe, yo estaba trabajando en los cordones industriales de Santiago para evaluar los primeros periódicos y boletines, los primeros medios de comunicación producidos e impresos por los trabajadores en su lucha contra el boicot y el sabotaje instrumentados por las grandes federaciones patronales para desestabilizar al gobierno de Allende.(6) Así, en medio de aquel combate político, pudimos darnos cuenta de la importancia que, para formular una alternativa, reviste el nivel de conciencia de los actores. Porque es interesante señalar que, desde la perspectiva de la comunicación, el proceso chileno se podría dividir en dos períodos: en el primero, son los intelectuales y los dirigentes políticos los que marcan las pautas, los que -explícita o implícitamente- formulan y orientan la política comunicacional; pero, a partir de octubre de 1972, cuando la reacción se moviliza y se desencadena la gran huelga de los dueños de camiones y de los gremios patronales, comienza a gestarse un nuevo período. Surgen otros actores paralelos, que proponen un nuevo tipo de organización y un nuevo tipo de comunicación. Eso nos impactó muchísimo, nos llevó a revisar todos nuestros esquemas. ¿Y esos nuevos actores, los protagonistas de esa nueva propuesta, eran ... ? Michéle: Los trabajadores, el movimiento obrero; pero ahora organizado en una forma totalmente original. Armand: En forma territorial, barrial. Michéle: Lo que se dio en llamar los “cordones industriales”, esto es, los barrios fabriles. Armand: Una nueva agrupación que vino a cortocircuitar la forma tradicional de organización, es decir, los partidos políticos. Como todos recuerdan, la izquierda chilena, la Unidad Popular, era una coalición de varios partidos, lo cual reforzaba la tradición sectaria, la puja interna por defender y ganar parcelas de poder. En cambio, en los cordones industriales, vemos emerger una nueva forma de organización popular que, superando estas divisiones partidarias y sus secuelas de sectarismo, genera en los hechos una alianza amplia de todos los trabajadores. Michéle: Los cordones nucleaban miembros de los diferentes partidos de U. P. e incluso de fuera de U. P.


Armand: Logran agrupar también a vecinos -hombres y mujeres- que no participan del mundo de la producción pero que quieren unirse para defender sus barrios y su vida, que sienten amenazados por el embate de la reacción. Michéle: Asistimos entonces al surgimiento de lo que ahora se conoce bajo el nombre de movimientos sociales. MOVIMIENTO Y CLASE Armand: Así comenzamos a intuir y aprender que había otras dimensiones, ignoradas por los manuales de marxismo. Originalmente, el proceso chileno fue, por así decirlo, un proceso clásico, con actores históricos cuya genealogía era posible identificar con los parámetros sociológicos consagrados: partidos marxistas, ideología de clase, una concepción y un diagnóstico clasista de la sociedad y sus alianzas. Por eso fue un proceso sin duda rico, pero al mismo tiempo, limitante. Limitante en la medida en que su problemática fundamental era sólo una problemática de clase.(7) Pues bien: lo que ha cambiado en nuestra trayectoria en estos últimos quince años es que finalmente hemos aprendido que la clase no lo resuelve todo. Ni lo contiene todo. Junto a la problemática de clase hay otros intereses categoriales. Y ése es el aporte, la enseñanza de los llamados "movimientos sociales": el movimiento femenino, el ecológico, el de los derechos humanos, etc. Con la aparición de esos otros intereses -que ora se cruzan, ora se conjugan con los de clase-, se abren nuevos espacios en el campo de las reivindicaciones. De un mundo sólo centrado en las luchas que tienen como escenario a la producción, se pasa a resistencias situadas en un campo mucho más multívoco y vasto; las luchas por los derechos de la mujer, por los derechos humanos, por la defensa del medio


ambiente... Y, más aún, esos nuevos problemas ponen un signo de interrogación muy fuerte sobre el modelo mismo de desarrollo productivista: un aspecto demasiadas veces dejado de barbecho por un movimiento obrero que no cuestionaba ese modelo sino que, por el contrario, lo legitimaba y hacía suyo en forma acrítica. Y esa irrupción de los movimientos sociales, ¿cómo incide en los estudios de la comunicación? Michéle: Ella cambia -y cambia hondamente- el modo de abordar no sólo a la comunicación de masas sino también a la cultura popular. Porque aquella cultura política que descansa sólo sobre la noción de clase, parte de una representación reductora de lo popular, de una matriz racional e iluminista que la lleva a trazar un perfil heroico de esta clase trabajadora. Para ella el emblema de lo popular es la clase obrera, incrustada en el mundo de la producción y dotada de una capacidad ilimitada de entrega y de lucha. En tanto la visión de movimiento se articula con otra representación de lo popular: una representación más ancha, que desborda el mundo de la producción y que no se agota en la dimensión de lo racional y en esa visión del trabajador-productor heroico sino que se vincula con todo ese otro mundo de la vida cotidiana del pueblo que incorpora la vertiente de lo sensible, de lo afectivo, del sentir. Allí veo el cambio que se ha operado en el enfoque de la comunicación y de la cultura: el pueblo ya no es visto sólo bajo la acepción de clase, de clase vanguardia de la Historia. Es un pueblo más asumido en sus múltiples facetas, lo que enriquece con una caracterización mucho más compleja y cotidiana la noción de lo popular. Armand: Sí. Pero, sin embargo, a estas alturas de nuestro periplo creo fundamental establecer una precisión. Y es que, en ese tránsito de la problemática de clase a la de movimiento se puede olvidar, perder por el camino, dejar de lado la problemática de clase. Michéle: Sí. Es el riesgo. Un gran riesgo. Armand: Creo que, en los hechos, muchas veces se pierde. Muy fácilmente. Y esa pérdida es sumamente grave. No basta con asumir una perspectiva de movimiento si a partir de allí no se llega a formular una alternativa política para los pueblos sometidos a la opresión y a la explotación. Quiero subrayarlo, porque para mí esto es importantísimo. Michéle: Aquí estamos en la médula del problema... Armand: Exactamente. (Hablan a la vez: la cuestión les preocupa hondamente). Eso es clave para... Michéle: ... para ponderar los aspectos positivos pero también las fases mucho más ambiguas de ese cambio que se está dando en las teorías de la comunicación. Apareció el tema de la ambigüedad, ya enunciado en el temario del coloquio. Michéle:...Y que va a reaparecer más de una vez, a medida que avancemos en este otro coloquio contigo. Armand: Retomando tu pregunta, entonces: ¿dónde está nuestra continuidad? Yo diría que ella está dada por la permanencia de ese eje central. Por el hecho de haber tenido y seguir teniendo presente que en las relaciones sociales, en la relación de fuerzas -tanto a nivel internacional como a nivel nacional e incluso local-, hay siempre un problema de clase. Porque siempre hay un grupo de poder, un sector que busca dominar, humillar y oprimir a otro. Ese eje es irrenunciable para un investigador sano y comprometido. Empero, a esta problemática de clase que nos parece ineludible para la construcción de un proyecto colectivo, le hemos añadido progresivamente -en función de un estado de conciencia pero también como respuesta a una realidad que percibimos y reconocemos dinámica y cambiante- esa otra problemática de movimiento. “Añadido”. Pero no sustituido. Armand: Exactamente. Tratamos de combinar, de articular las dos aunque a veces no resulta fácil. No. Los comunicadores que trabajamos con el movimiento popular, sabemos que no es fácil. Armand: No lo es. Porque los respectivos actores no están siempre de acuerdo sobre la concepción política de lo que es un movimiento social ni sobre la redefinición del rol de los actores tradicionales (partidos, sindicatos, etc.). Allí reside la gran dificultad, la gran ambigüedad que hoy nos tensiona. El riesgo de las modas.


Creo que están expresando muy bien las dos dimensiones: la de continuidad y la de ruptura. Pero tal vez los lectores estén esperando que nos centremos más en las cuestiones de la comunicación masiva. Armand: Sí, tienes razón. Entonces, va la pregunta: esta visión más amplia, esta nueva percepción, ¿cómo se traduce al enfocar los medios masivos de comunicación, al abordar la cultura de masas? ¿Cuál es la nueva lectura del fenómeno? Michéle: Entramos en el punto clave. Diría que lo nuevo es esa incorporación del receptor como polo gravitante, al que se le reconoce por fin una especie de libertad de lectura de los mensajes que consume; una posibilidad de apropiarse de esos productos. Y es muy importante subrayar ese cambio, esa nueva capacidad de entender mejor el proceso bipolar de la comunicación, que viene a romper con el modelo lineal de pensamiento con que antes se le abordó. Pero, una vez afirmado el valor de esta nueva matriz conceptual, volvemos a enfrentarnos a la ambigüedad que esta ruptura puede contener. Una no quiere hablar de "modas". Pero hay ciertas corrientes que ponen tanto énfasis en un segmento del problema y olvidan tanto el otro, que exaltan tanto el papel activo del receptor y dejan tan de lado el otro polo -el del emisor, el del producto, el de las tramas de poder en que éste se inscribe-, que finalmente una se siente tentada a verlo como una nueva moda. Y piensa, espera, que el flujo de la marca se equilibre y se reestablezca finalmente la lucidez que tan necesaria nos es para enfrentar los retos que se presentan hoy en día. Te acompaño en el deseo, Michéle. Pero háblanos de esos retos. Michéle: Es que precisamente ahí está el reto. Para el investigador que tiene una posición crítica frente al modelo de sociedad en que estamos inmersos y que viven y padecen tantos países latinoamericanos, el gran reto es el de asumir en su propuesta investigativa una tensión que, a mi modo de ver, es esencial: la tensión entre ese nuevo episteme de la vuelta al receptor, del reconocimiento del receptor como sujeto dotado de una cierta "libertad", y todos los esfuerzos por cercenar esa libertad que se ponen en evidencia cuando se analizan las estrategias del poder tecnológico y de la mercantilización de la cultura, cada vez más apoyadas sobre las ciencias de la organización y del control. Esas dos realidades coexisten; y hay que saber vivir lúcidamente la tensión de asumir ambas, sin caer en "modas" que parcializan y fragmentan el análisis. Armand: Lo que dice Michéle es fundamental. El retorno al sujeto consumidor representa ciertamente un salto cualitativo enorme frente a aquellas teorías estructuralistas que lo habían olvidado y relegado en provecho de una estructura casi invariable. Michéle: Unívoca. Armand: ... Eso: unívoca; que lo habían dejado de lado en función de ese modelo teórico lineal "estímulo/respuesta". Y digo que implica un enorme salto cualitativo porque esa rehabilitación del consumidor como sujeto se inscribe en una problemática mayor: la del papel de la sociedad civil en la construcción de una democracia (estoy hablando, obviamente, de la democracia como proceso y no como hecho ya dado). Si se da esa insistencia en tener en cuenta el uso que hace el consumidor de los mensajes y de las nuevas tecnologías, es porque éste es un problema central para la construcción de una auténtica sociedad democrática. El uso de los medios se ha convertido en un terreno de lucha social, en un espacio clave del enjeu social. Y es fundamental decirlo y reconocerlo así. Empero, una vez dicho esto, hay que decir lo otro. Y aquí reaparecen las ambigüedades y las ambivalencias. Esta valoración del consumidor no es territorio exclusivo de los investigadores preocupados por la democratización de la sociedad y la liberación de los pueblos; es también, al mismo tiempo, un instrumento del capitalismo moderno. ¿Cómo así? Armand: Cuando se estudia el rediseño de las estrategias industriales y de mercado, se comprueba que esa "vuelta al consumidor" está profundamente inscrita en la lógica de reestructuración del capitalismo que, ante la crisis de su modo de producción -crisis económica y política a la vez- necesita un acercamiento cada vez más estrecho entre el momento de la producción y el momento del consumo. Diría incluso que lo ideal para él sería el poder fundir esos dos momentos en uno solo. Claro que ahí, afortunadamente, aparece la libertad humana, a la que él no logra dominar hasta el punto de lograr esa fusión. Su poder tecnológico despliega un cúmulo de métodos cuantitativos; pero cuando se trata de llegar al fuero invisible, al fuero interior de la persona, al capitalismo le faltan instrumentos. Como -después de todo- también a nosotros, los investigadores, nos faltan. En resumen, pues, hay esa otra razón para ser cautelosos y tomar conciencia de que, cuando nos volvemos hacia el consumidor, entramos y nos movemos en un terreno ambiguo: y es que no estamos solos en ese empeño sino que éste es un campo común a los investigadores críticos y a la estrategia capitalista.


Para que se lo visualice mejor, ¿podrías proponer un ejemplo de esa creciente aproximación del momento de la producción y del consumo dentro de esa estrategia del moderno capitalismo? El ejemplo más concreto es de la expansión de la industria publicitaria y de las técnicas de mercadeo en las grandes sociedades actuales. No sólo en volumen sino también en el papel que el sistema les asigna. Cada vez de forma más marcada, la fase distribución y venta" -que remite a la fase “consumo”- se ha ido integrando a la de la fabricación misma del producto. Ya no es pensable fabricar primero un producto y sólo entonces diseñar la estrategia de venta: preguntarte recién allí a quién se lo vas a vender y apelando a qué necesidades y a qué motivaciones del potencial consumidor podrás venderlo. La industria publicitaria está cada vez más ligada a los departamentos de investigación y desarrollo de las grandes empresas. La publicidad ya nace con el producto mismo y, en gran medida, determina las características del producto. ¿Y cómo las determina? Investigando profundamente al consumidor, trabajando sobre sus apetencias y sus reacciones. Libertad entre comillas. Creo que el ejemplo es claro. Volvamos ahora al paradigma de la libertad del consumidor. Considero muy importante esclarecer bien la posición de ustedes al respecto; precisar el alcance que le atribuyen a esa libertad de lectura del receptor. ¿Consideran ustedes -porque es así como lo están postulando algunos autores- que ésta es de tal dimensión que lo hace autónomo frente a los mensajes de los medios masivos? Michéle: Oh, no, esas son visiones totalmente idealistas. Y están siendo totalmente revisadas, superadas. No se puede hablar de autonomía del receptor. Eso sería un error... Armand: ... un error sociológico... Michéle: ... un error sociológico magistral. Armand (corrobora): ¡Magistral! Les hice la pregunta porque un término que tú, Michéle, empleaste en el curso de esta conversación, el término apropiación, está siendo entendido así por no pocos docentes latinoamericanos: como autonomía del receptor. Michéle: Acepto muy bien ese término porque involucra al receptor, le reconoce un papel en el proceso comunicacional. Pero sin olvidar nunca que ese proceso se da siempre dentro de una determinada formación social y de una determinada formación discursiva. ¿Así pues... ? Michéle: Así, pues, frente a la propuesta que hace el medio a su capacidad de entendimiento y a su imaginario, el receptor no puede producir cualquier sentido. Recuerda que, cuando te hablaba de la libertad de lectura del receptor, puse esa palabra "libertad" entre comillas. Para emplear expresiones de Foucault, el receptor está inscrito en una formación social y una formación discursiva. Y su inserción en ese espacio social determina ... (se interrumpe). Pero no: el verbo determinar no sería el adecuado, porque estaríamos cayendo otra vez... Armand: ... en un determinismo... Michéle: ... y eso es lo que hay que evitar, erradicar. No, no se trata de un determinismo. Pero, sin embargo, es preciso reconocer las determinaciones. Foucault mostró muy bien que no se puede interpretar de cualquier manera lo que viene propuesto por actores sociales. Y los medios también lo son: ellos también son actores sociales que hablan el lenguaje que el receptor ha aprendido y suministran y transmiten unas imágenes que tienen una significación dada en un medio social dado y un trasfondo imaginario dado. En ese contexto, hay que rescatar el espacio social como memoria narrativa y, más aún, como memoria cultural colectiva. Si observamos bien, es también así, en función de ese contexto, como operan los géneros de la cultura masiva. Los géneros hablan a receptores que habitan en una formación social y cultural particular, que están insertos dentro de una formación discursiva determinada. Y que descodifican, semantizan y resemantizan en función de su libertad individual, de su propia, historia personal, de su personalidad propia, de acuerdo; pero también, al mismo tiempo, en función de su inscripción en un espacio social global, que envuelve simbologías, lenguaje, géneros y formas expresivas comunes. Armand: Pienso que el problema consiste en evitar por igual los dos polos: uno, el polo determinista, que nos viene del conductismo o del funcionalismo, tanto sea éste de derecha o de izquierda; y el otro polo, el de las teorías relativistas. Y es preciso navegar entre ambos sin caer en ninguno de los dos. Si postulamos la total autonomía del consumidor, estamos -querrámoslo o no- aliándonos con


el mito neoliberal. Y ese mito tiene un efecto perverso. Si afirmamos que todo el mundo tiene libertad para leer Dallas como quiere, que todo el mundo lee Dallas a partir de su propia cultura y ésta finalmente le produce un sentido que no es el querido y previsto por los emisores, ¿qué objeto tiene el estudiar e investigar el proceso de producción de esa teleserie (estudio que, no obstante, sabemos necesario, ineludible)? Y sobre todo -efecto aún más perverso- ¿para qué esforzarse en buscar alternativas que potencien una identidad cultural propia? Y te diré que no estoy hablando de imaginarios fantasmas sino de algo muy real. Hoy en día, uno puede ver y comprobar en el campo internacional el surgimiento de un conjunto impresionante de estudios liderados por los viejos funcionalistas -un Katz, un Sola Poolque insisten en enfatizar y absolutizar ese proceso de resemantización que hace el receptor. Y nos dicen, entonces: "Pero los argelinos, los israelíes, los javaneses, tienen todos maneras propias y distintas de leer Dallas". ¿Consecuencia? Claro está, vista así, Dallas deja de ser problema. Más aún: Dallas como tal ya no existe. Armand: ¡Ahí está la trampa! ¿Por qué nos interesamos en la fenomenología de la recepción de los mensajes, por qué esa vuelta nuestra sobre el consumidor? Es, sobre todo, para imaginar y proponer otras formas de producción y de programación. ¡Para sustituir Dallas! De no ser así, ¿de qué nos sirve el mirar y sorprendernos frente a los descubrimientos que esta vuelta al receptor nos depara? Sería un puro y pasivo contemplar. Armand: ¡Exactamente! No: tras esa nueva actitud del investigador hay -tiene que haber- un proceso de interrogación, de búsqueda de alternativas. La mayor parte de los países del Tercer Mundo que se interrogan sobre los modos de consumo inscriben este interrogante dentro de otros mayores: ¿cómo podemos resistir finalmente a la hegemonía de los productos que dominan en el mercado (tales como los telefilmes japoneses de animación, las películas norteamericanas de entretenimiento, etc.)? Y es por eso que se ve importante el conocimiento del consumidor; es por eso que vale la pena profundizar en el fenómeno de la recepción. Bien está, entonces, ese retorno al consumo; pero siempre que lo ubiquemos dentro de problemáticas más amplias. De no ser así, lo que estaríamos justificando y legitimando sería una política de brazos cruzados, una, política de laissez faire... Michéle: Una actitud ... cómo decirlo ... paralizante... Desmovilizadora. Armand: Justamente: una política desmovilizadora frente al problema capital que sigue siendo: ¿qué hacemos como producción? La tentación populista. Es por eso ¿ves, Armand?, que a muchos trabajadores latinoamericanos de la comunicación nos está preocupando la difusión de estas corrientes en sus formas más simplistas; la cantidad de adeptos que están conquistando entre los docentes de la Comunicación. Incluso estamos sintiendo su efecto desmovilizador entre grupos promotores de comunicación popular. Michéle: Oh, sí. Te comprendo bien. Armand: Les preocupa con toda razón. El neoliberalismo termina siendo finalmente una forma de populismo. El neoliberalismo es populista: cuando apela a esa supuesta total libertad del consumidor, lo que está propugnando es un populismo de mercado. Por eso, es preciso tener mucho cuidado; estar muy alerta frente a la ambigüedad de este cambio. Recibirlo como una ruptura extraordinariamente positiva al interior de las teorías críticas; pero sin olvidar en ningún momento que con esa alegada libertad del consumidor también trabaja el otro.


Y trabaja con un objetivo muy diferente: el de reestructurar y perpetuar una relación de fuerzas desiguales. Michéle: De ahí que te dijera que este nuevo paradigma hay que vivirlo en tensión. Ciertamente, debemos celebrar como un logro el que se estén reenfocando en forma más justa los procesos de interacción que se dan entre los mensajes masivos y los grupos que los reciben. Por ese lado, se ha avanzado: se ha conseguido una reubicación más satisfactoria. Pero, al mismo tiempo, existe un riesgo: el de terminar absolviendo. Armand: ... Disculpando... Michéle: ... una relación de fuerzas desigual, por la cual las mayorías son condenadas a ser libres pero solamente a nivel de consumo y nunca a nivel de producción. Armand: Es un problema clave. Michéle: Y, sin embargo, no se puede negar que ahora el enfoque metodológico es más justo. Debemos reconocer que en el pasado se cometieron muchos errores. Se cayó en mucho mecanismo. Michéle: Eso: en mucho mecanicismo. No porque un cierto grupo étnico vea Dallas, adoptará necesariamente los comportamientos de los personajes de Dallas Es bueno tomar conciencia de los enormes impasses en los que se incurrió cm aquel enfoque metodológico lineal y simplista. Armand: Es claro. No porque vea Dallas va a salir con la cabeza agrinlgada. Pero, ¿no cabría -lanzo, a modo de vuelta de tuerca, una hipótesis provocativa- plantearse la interpretación inversa? Que si ese grupo disfruta con Dallas, si la ve con fruición y adhesión, es porque ya tenía una cierta afinidad, un cierto consenso con los valores sobre los cuales la serie está construida? Michéle (ríe): Oh, no entro en tu provocación. Armand: Te respondería con otra "hipótesis provocativa" que va un poco en la misma dirección que la tuya y que es una realidad en las actuales estrategias de las grandes agencias transnacionales de publicidad. Estas empresas -que, ellas sí, se pasan estudiando y escudriñando constantemente al consumidor-, han llegado actualmente a la conclusión de que lo que ellas llaman el grado de alfabetismo adiovisual de las poblaciones del mundo, ha cambiado drásticamente en los últimos diez años. Consecuentemente, para producir sus piezas publicitarias, se plantea la necesidad de tomar en cuenta toda esa acumulación de experiencia televisiva, todo ese grado de alfabetismo audiovisual al que han accedido los telespectadores de las más diversas culturas y latitudes. Así, a su estrategia para aumentar las ventas de los productos que publicitan, han incorporado ese nuevo dato: hay que saber trabajar con la memoria constituida a través de los años por la cultura de masas. Eso no se traduce necesariamente en una nueva personalidad constituida; pero sí es verdad que en los públicos populares de hoy, hay una nueva memoria; una memoria que hace que un telespectador, ante un spot publicitario, lo lea de una manera en que no lo hubiera leído diez años atrás. Hay un acostumbramiento, un nuevo sistema de identificación de símbolos; nuevos códigos que se han incorporado. Vivimos en sociedades en las que por muchos años la cultura de masas ha hecho enormes inversiones. Y ella hoy recoge sus réditos. ¿Pruebas? A un niño nicaragüense de hoy no le gustan, no le atraen, los dibujos animados que vienen de los países del Este; sino que reclama y necesita el ritmo, el tiempo rítmico, de las series animadas japonesas y norteamericanas. Creo que esta comprobación forma parte de una respuesta a la hipótesis que planteabas. Sin por ello sostener que, a causa de esa tendencia o preferencia, los niños nicaragüenses van a salir necesariamente con las cabezas agringadas, estamos obligados a reconocer y tomar en cuenta la percepción del tiempo que ha impreso la cultura de masas. ¿Qué clase de placer? Ya en tren de recapitulación: comenzábamos este diálogo evocando aquella lectura ideológica que la corriente crítica hacía de los mensajes y que ahora, a lo largo de toda esta conversación, apareció vista por ustedes como una lectura limitada, reductora de los fenómenos de la comunicación. No obstante, siempre en este balance de continuidades y rupturas ¿piensan que algo de esa lectura ideológica mantiene su vigencia?


Michéle: Ciertamente, creo que sí. Lo que se ha fracturado es aquella postura estructuralista que hacía del intelectual el depositario de las claves del sentido. Es preciso romper definitivamente con aquel postulado; asumir que los receptores también son dueños de los códigos (aunque aún a ese calificativo de dueños hay que matizarlo bastante: ya hemos visto que en los códigos y en los modos de recepción hay determinaciones sociales que actúan e imprimen su sello). Sin embargo, a la luz de este nuevo paradigma del placer, el investigador debe preguntarse si una parte de este placer no involucraría finalmente una adhesión a la ideología de estos productos de la cultura de masas. Es decir, que yo retomaría la lectura ideológica y la rescataría a la luz de este nuevo dato del placer. Este placer, ¿conlleva una adhesión a la ideología reaccionaria que articula los mensajes de la cultura de masas? ¿Es una pregunta o una afirmación? Michéle: Una pregunta; pero avalada y cimentada por experiencias que vivimos -en forma embrionaria e incipiente aunque muy rica e intensa- en el Chile de los años de la Unidad Popular, en las que comprobamos que resultaba extremadamente difícil dar un contenido liberador a los formatos de la cultura de masas, invertirles el signo. Pareciera que la fascinación que estos géneros ejercen, viene fuertemente ligada a unos contenidos que, si no podemos tal vez calificar exactamente de reaccionarios, es preciso al menos reconocer que plantean serios problemas ideológicos. (¡Vaya! -me digo-. Entonces, Michéle está bastante cerca de validar aquella "hipótesis provocativa" que lancé momentos antes y que ella pareció rechazar de plano. Pero no alcanzo a señalárselo porque ya interviene Armand con otro pronunciamiento relevante). Armand: Yo creo que es preciso puntualizar que un efecto perverso de este paradigma centrado en el consumidor, puede ser el de hacer olvidar la importancia de seguir teniendo una preocupación por el producto. Si es cierto que el método estructuralista de la que llamaríamos la primera generación lingüística -aquella que pensaba que sólo un científico podía hacer esa lectura ideológica- mostró sus límites y hace años que está superada, es importante rescatar también que existen nuevas corrientes, incluso dentro de la misma Lingüística, que están tratando de articular emisor, receptor y texto (o producto). Entonces, pienso que no hay que caer en las modas. Todas las problemáticas anteriores siguen vigentes. La problemática del poder sigue vigente. (Subrayado de Armand. Lo marca la inflexión enfática que imprime a estas frases). Lo que ha cambiado es el paradigma para analizar su modo de funcionamiento. Lo importante hoy en día es reivindicar el análisis de los sistemas de comunicación a partir de diversas entradas, de múltiples ángulos, de variadas disciplinas: la Economía, la Antropología, la Sociología Política, etc. Incorporar asimismo el hecho de que la noción de comunicación se halla cada vez más imbricada en las ciencias físicas, en las ciencias del medio ambiente, en las ciencias de la vida. Estos son nuevos retos que no conocíamos hace apenas diez años. La respuesta de Michéle me lleva a una nueva pregunta. (Los veo extenuados. Me siento un desalmado. Por eso:) Y les prometo que será la última. Michéle: (con su más dulce sonrisa pero con contundente firmeza): Sí. Ciertamente va a ser la última. (En mi mente, cinco, diez preguntas posibles se disputan la preferencia. Tengo que optar por una. Las respuestas me harán ver que no escogí tan mal). Michéle, tú te referiste reiteradamente al “paradigma del placer” ¿Para ustedes es una certeza que la relación que el televidente establece con la televisión se puede expresar bajo la categoría de placer? ¿0 es de otra naturaleza? Michéle (se queda un momento pensativa. Luego.): Puede ser... el placer de la miseria. ¿A ver? Michéle: El placer... Es un punto difícil... un tema de interrogación... El placer que procura la televisión... Oh, me parece que voy a salir muy malparada de esta pregunta. ¿De veras tienes que planteármela? No, no es imprescindible, claro. Pero, es un tema de sospecha, ¿no te parece?


Michéle: Es la noción misma de placer lo que habría que discutir. El placer de consumir televisión... Es un placer. Pero un placer miserable. Es lo que dice Pasolini: "sí, es un placer; pero, ¿de qué clase de placer se trata? Armand: Digamos, por lo menos, que no es ciertamente el placer a que aspiraba Brecht cuando hablaba del placer de transformar el mundo. Michéle: Oh, no, es más bien el placer de conservarlo tal cual. El placer de olvidar por un momento la miseria. (Ya en el mismo camino de regreso a La Habana, tuve que enfrentar los reproches de todas las preguntas importantes que la escasez de tiempo y la fatiga de los Mattelart -y acaso también mi propia limitación dejaron sin poder ser formuladas. Con todo, creo que, con las que alcanzaron a plantearse, ya hay materia más que suficiente para una reflexión y una discusión en torno a los nuevos paradigmas y a las perspectivas de ruptura y continuidad en los que ha de ubicárselos. Discusión hoy más necesaria que nunca). NOTAS.(1)

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Para el lector interesado en explorar y reconstruir la historia de la investigación latinoamericana: presumo que el estudio al que M.M. alude es MICHELE MATTELART y MABLE PICCINI, “La televisión y los sectores populares” en Comunicación y Cultura N° 2, Buenos Aires, marzo 1974, págs. 3 y ss. En efecto, la edición original de Comunicación y cultura de masas de Antonio Pasquali fue publicada en Caracas por la Universidad Central de Venezuela a fines de 1963. El subtítulo es bien significativo de las preocupaciones del autor. “La masificación de la cultura por medios audiosivuales en las regiones subdesarrolladas. Estudio sociológico y comunicacional.” Como el lector seguramente ya lo ha supuesto, el bestseller al que su coautor se refiere aquí es: DORFMAN, Ariel y Arman MATTELART “Para leer el Pato Donald”, cuya primera edición vio l luz en CHile a fines de 1971 con el sello de las Ediciones Universitarias de Valparaíso. Se trata del N° 3 (Santiago de Chile, marzo de 1979) de los Cuadernos de la Realidad Nacional (Centro de Estudios de la Realidad Nacional) de la Universidad Católica de Chile. Dirigía el Centro Jacques Choncol, quien posteriormente fue ministro de gobierno de Allende. El título del volumen (288 páginas) es “Los medios de comunicación de masas. La ideología de la prensa liberal en Chile” y contiene el trabajo de los dos Mattelart, esta vez e coautoría con Carmen y Leonardo Castillo; proseguía esa misma línea de investigación con la publicación de su primer libro: “La ideología de la dominación en una sociedad dependiente. La respuesta ideológica de la clase dominante chilena al reformismo” Buenos Aires, Ediciones Signos, octubre 1970 (320 páginas). Un buen testimonio de ese periodo puede encontrarse en el informe de Manuel Jofre: “Las historietas y su cambio. Experiencias prácticas para la transformación de los medios en el proceso chileno” incluido en: Ariel Dorfman y Manuel Jofre, “Superman y sus amigos del alma” Buenos Aires, Galerna, 1974. págs. 94 y ss. En él su autor recapitula los intentos realizados precisamente desde la Editorial Quimantú de producir revistas de historietas de contenido liberador con las técnicas de los típicos comics de la cultura de masas. Los resultados dejaron más preguntas y dudas que logros. Cfr. el testimonio “Prensa y lucha ideológica en los cordones industriales de Santiago” en el citado N° 2 de Comunicación y cultura, Buenos Aires, marzo de 1974, págs. 77 y ss. La reseña está firmada con las fácilmente identificables iniciales A.M. Toda la discusión suscitada “al calor del proceso chileno” en torno al uso y al rol de los medios de comunicación en acciones políticas propulsoras de cambios fue recogida por Armand Mattelart en su libro más rico y polémico de aquel periodo: La comunicación masiva en el proceso de liberación”, reeditado en Buenos Aires a fines de 1973 por Siglo XXI Argentina. En él el autor hace u análisis muy crítico de la forma en que la izquierda tradicional maneja los medios de comunicación e intenta proponer nuevas políticas comunicacionales.


DE LA MASA A LAS PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN MASIVA

DENNIS MCQUAIL

En esta contribución de Dennis McQuail -que forma parte de su último libro publicado en 1987el autor parte de cuestionar el ambivalente concepto de masa y la tipificación de los procesos de comunicación masiva. Revisa la atención prestada por la teoría a las diversas formas de relación comunicativa. Recorre los aportes del funcionalismo desde Etzioni hasta Pool y desliza un rescate crítico de Benjamin. En la caída del paradigma 'masa' recupera los aportes de la cultura folk, analiza las funciones de la Institución Media y presenta el reto de las nuevas tecnologías de comunicación para la evaluación social. Termina por contraponer los modelos de transmisión, ritual y de atención, en un texto que da cuenta del alto nivel alcanzado por la corriente funcional y demanda del lector una apertura que le ubique en el actual momento de rupturas, búsquedas y encuentros.


LA MASA: UN CONCEPTO AMBIVALENTE La palabra 'masa' es casi imposible de ser definida a causa de sus diferentes connotaciones, su rasgo esencial es la ambivalencia. En el pensamiento social ha tenido y tiene significados tanto negativos como positivos. Sus significados negativos derivan históricamente de su uso en referencia a la multitud o el "populacho" en tanto masa de gente revoltosa e ignorante, inteligencia o racionalidad (Branison 1961). En su sentido positivo, especialmente en la tradición socialista, connota la fuerza y solidaridad de los trabajadores cuando se organizan para fines comunes. En contextos donde la cantidad es entendida como positiva es una palabra de aprobación, sea en 'respaldo masivo', 'movimiento masivo', 'acción masiva', etc. Fuera de las referencias al gran número de sentidos positivos y negativos en su uso, es común el considerar que la acción de las multitudes puede ser comprometida sea en oposición a la opresión o para establecer y legitimar el orden. De esta manera, tanto ahora como en el pasado, la diferencia de valoración es uno de los puntos de vista o pertinencias. La relevancia para la comunicación masiva proviene principalmente del significado de la producción masiva y del gran tamaño de la audiencia que se alcanza con los mass media. Había también en uno de los significados originales de la palabra 'masa' la idea de una colectividad amorfa en la que los componentes eran difíciles de distinguir entre sí. El pequeño OED da una definición de 'masa' como 'agregado en el que la individualidad se pierde', cercana al sentido que los sociólogos han asignado a la palabra, especialmente al referirse a la audiencia de los media.

TIPOS DE COLECTIVIDADES Herbert Blumer (1939) da una original definición de masa al contrastarla con otros tipos de colectividad que se encuentran en la vida social: el 'grupo', la 'multitud' y el 'público' (ver figura 1). En el pequeño grupo todos los miembros se conocen, están pendientes de su membrecía en común, comparten los mismos valores, tienen cierta estructura de relaciones estable en el tiempo e interactúan para lograr ciertos propósitos. La 'multitud' es mayor, pero todavía restringida a límites observables en un espacio específico. Es temporal y es muy difícil que se recomponga con los mismos miembros. Puede tener un alto grado de identidad y compartir el mismo 'humor', pero es usual que no tenga estructura ni orden en su composición moral y social. Puede actuar, pero sus acciones tienen una carácter efectivo, emocional y a menudo 'irracional'. La tercera colectividad, denominada por Blumer el público, es la mayor, muy dispersa y constante. Se tiende a formar en torno a un tema o causa en la vida pública y su propósito principal es promover una opinión o tema y lograr un cambio político. Es un elemento esencial en la institución de las políticas democráticas, basadas en el ideal del discurso racional dentro de un sistema político abierto y comprendiendo los sectores mejor informados de la población. El surgimiento del público es característico de las democracias liberales modernas y acompaña al de la burguesía, los partidos políticos y los diarios.


Figura 1: La masa comparadas con otras formas de colectividad.

GRUPO

PÚBLICO

Grado de interacción

Alto dentro de los límites

Moderado, pese a la dispersión de los miembros

Motivo y objeto de interés

Propósito común. Identidad contacto

Tema u opinión para la discusión y la opción

Control / Organización

Nivel de conciencia

Alto pero informal Interno

Alto

Moderado formal Informal.

Variable: de moderado a alto

MULTITUD

MASA

Alto

Bajo

Evento presente

Objetos producidos para ser observados

Bajo y (si hay) externo

Externo manipulativo

Alto, pero pasajero

Bajo.

LA AUDIENCIA COMO MASA El término 'masa' comprende muchas características de la nueva audiencia de la TV y la radio, las que se presentan juntas o por separado en los otros tres conceptos de colectividades. La masa es por lo general muy grande, mayor que la mayoría de grupos, multitudes o públicos. Es muy dispersa y sus miembros usualmente no se conocen entre sí. Carece de auto-conciencia y auto-identidad, y es incapaz de actuar en forma organizada para lograr sus objetivos. Se caracteriza por una composición cambiante dentro de fronteras cambiantes. No actúa por sí misma, la hacen actuar. Es heterogénea, numerosa, de todos los estratos sociales y grupos demográficos; pero homogénea en su conducta de escoger un particular objeto de interés y en concordancia a la percepción de quienes desean manipularla. La audiencia de los mass media no es la única formación social que tiene estas características, la palabra también se aplica a quienes consumen en mercados masivos o a grandes grupos de votantes (la masa electoral). En todo caso es significativo que tales entidades a menudo corresponden con las audiencias y los mass media se usan para dirigir o controlar la 'conducta del consumidor' y la 'conducta política de grandes masas de votantes'. RELACIÓN Y PROCESOS DE LA COMUNICACIÓN MASIVA Este diseño clásico de caracterización de los mass media ha provisto elementos para formular de una manera general las principales características de la comunicación masiva tal como ha sido entendida por los científicos sociales. Exige enfatizar en la 'institución' de los mass media y en la 'cultura de masas'. Ahora vamos a discutir el proceso de comunicación masiva, exagerando algunos de sus rasgos para contraponerlos a los procesos de comunicación cara-a-cara (comunicación interpersonal, intragrupal u organizacional).


PRINCIPALES RASGOS DE UNA TIPIFICACIÓN DE LA COMUNICACIÓN MASIVA La fuente no es una persona sino una organización formal y el emisor es frecuentemente comunicador profesional. El mensaje no es único, variable o impredecible, sino 'manufacturado', estandarizado, difundido. Es producto de un trabajo con valor en tanto referencia simbólica y valor de 'uso'. La relación entre emisor y receptor es unidireccional y pocas veces interactiva, es necesariamente impersonal y frecuentemente 'no moral' y calculadora, en el sentido que el emisor no admite responsabilidad moral por consecuencias específicas en los individuos y emite los mensajes por dinero o atención. La impersonalidad deriva parcialmente de la distancia física y social entre emisor y receptor, pero también de ser un comunicador público a menudo gobernado por normas de neutralidad y distanciamiento. La distancia social supone también una relación asimétrica, ya que el emisor pese a no tener poder formal sobre el receptor usualmente tiene más recursos, prestigio, experiencia y autoridad. El receptor es parte de una gran audiencia que comparte su experiencia con los otros y reacciona de maneras predecibles y de acuerdo a patrones. La comunicación masiva frecuentemente comprende el contacto simultáneo entre un emisor y muchos receptores, permitiendo una influencia inmediata, extensiva y una respuesta simultánea. Pese a que no se puede lograr la uniformidad del impacto es deseable tener menor variabilidad de respuesta que la que se da en la lenta y secuencial difusión de información persona-a-persona. MODOS ALTERNATIVOS DE COMUNICACIÓN Esta versión típica-ideal esta ya algo superada y las principales causas de su declinación serán descritas más adelante en relación a los nuevos desarrollos de los media. Una mirada atenta a lo que ocurre hoy bajo el membrete de comunicación masiva revela la presencia de formas alternativas de relación comunicativa que coexisten dentro del todo complejo. Las alternativas son en parte los rastros remanentes de viejas redes y propósitos que han sido gradualmente incorporados a la institución media y en parte son una contribución original de los mass media. Estas alternativas pueden ser resumidas en términos de tres principales formas de relación comunicativa, las que son relevantes para diferentes objetivos y contextos. Estas son: - El Modo Imperativo. Originado en circunstancias de diferencia de poder entre emisores y receptores, supone finalmente ser subordinado y dependiente. Los propósitos son de control o instrucción y las relaciones son desiguales, unidireccionales y no muy voluntarias. Cuando hay un modo 'desviante' en la comunicación masiva (que propone igualdad y voluntarismo) este mantiene una presencia residual y puede ser activado en tiempo de crisis cuando, por ejemplo, los líderes políticos quieren hablar a los ciudadanos. Pero esta se oculta en la mayoría de las circunstancias rutinarias, cuando a la voz de autoridad o experiencia se le da acceso privilegiado a los media respecto a los eventos de significado político o cultural, y pueden adoptar propósitos de instrucción o religión, comercial o propaganda política, aún si el emisor no tiene poder formal para dirigir. - El Modo de Servicio. Es la más común y frecuente forma de relación entre emisores y receptores, en la que ambas partes están unidas por un mutuo interés dentro de una situación de mercado o su equivalente (oferta y demanda de un servicio simbólico). La comunicación masiva ofrece información y entretenimiento a cambio de pago o atención, o sirven para mediar entre los comunicadores potenciales y sus audiencias específicas. Las relaciones están balanceadas si no son de equidad. Los principales rasgos del proceso de comunicación masiva sintetizados antes llenan el carácter general de este modo (impersonalidad, a-moral, etc.) y es en este modo donde se manifiestan los más frecuentes usos de los media; noticias, entretenimiento, publicidad, propaganda, etc. - El Modo Asociativo. Aquí son el núcleo normativo o las creencias compartidas los que ligan un grupo o público particular a un media específico. Los tipos desviantes de esta forma modal se dirigen en sentido opuesto del modo imperativo. El compromiso y atención del receptor es voluntario e intrínsecamente satisfactorio. Sirve principalmente a las necesidades de los receptores que a las de los emisores (o a ambos por igual) y las relaciones entre ellos tienden a la igualdad y reciprocidad. Interacción y respuesta son características de la relación en el grado en que sea posible. Como el primer modo, éste tiene sus orígenes en patrones de relación comunicativa que le preceden y que permanecen independientes de los mass media. MODELOS DE COMUNICACIÓN Y VARIACIONES TEÓRICAS Los tres modos descritos derivan parcialmente del trabajo de Etzioni (1961) sobre las organizaciones complejas. Este autor clasificó a las organizaciones de acuerdo al tipo de poder encontrado (que corresponde al tipo de sometimiento): fuerza física, recompensa material, ligazón moral o normativa. La relación comunicativa es generalmente una débil forma de relación de poder (usualmente descrita en términos de influencia) pero hay analogías que se encuentran entre el ejercicio del poder en la comunicación masiva y las relaciones interpersonales. El modo imperativo es el más cercano equivalente al uso de la fuerza, el modo de servicio equivale al de recompensa material, ya que éste supone ofrecer un servicio o gratificación a cambio de la atención o pago del receptor; el modo asociativo está basado en lazos normativos y morales entre emisor y receptor. Por varias razones el tipo de relación de servicio es el más común y apropiado para la


comunicación masiva, especialmente porque la atención es voluntaria, no es supervisada y los contenidos pertenecen primordialmente a las esferas del entretenimiento o la utilidad. En general la teoría de la comunicación de masas ha sido predominantemente marcada por la atención prestada a I y III más que a II, pese a una mayor práctica de los medios en II. Los teóricos tienden a ser críticos de la propaganda, manipulación y fragmentación social y defensores de los lazos normativos entre emisores y receptores. La comunicación tiende a ser vista en términos idealistas, como si estuviera amenazada por rasgos de la misma comunicación masiva (impersonalidad, gran escala, etc.) o por intereses que buscan sacar ventaja (en poder y dinero). Es así como los referentes incluídos en II han sido tratados de acuerdo a perspectivas normativas más apropiadas a los tipos I y III -las calculadas relaciones de mercado de la comunicación han sido tratadas como manipuladoras o deficientes en términos morales-. Una actividad central de los mass media -la venta de información y otros productos comunicativos- carece de una teoría apropiada de sí misma, que no sea normativa y corresponda a la teoría en otras esferas de la producción y el consumo.

Figura 2: Modos de comunicación y referentes de la teoría de la comunicación masiva.

Referentes de la teoría

I. Modo Imperativo Propaganda e ideología.

II. Modo de servicio Comercialización. Conducta de audiencia.

III. Modo asociativo Participación de interacción

Manipulación. Sociedad de masas.

Mercado de comunicaciones

Fragmentación social

Predominio de clase

Sociedad de la información

Teoría informativa de los media Red de audiencia de los media

CULTURA DE MASAS Por décadas han sido descritos como cultura de masas los contenidos producidos y diseminados por los mass media (ver Rosemberg y White 1957), sin embargo el término se aplica a un rango mucho mayor de productos. La expresión tiene una gran connotación peyorativa al remitir a las preferencias culturales de los 'no-cultivados' o no discriminantes. Sin embargo, en otro sentido, como en el uso soviético ("cultura de masas"), puede tener una razón positiva ya que las masas -desde el punto de vista democrático- pueden ser vistas como la fuente o el agente del progresivo cambio social. Pero en estos casos la cultura a la que se refieren es diferente de aquella que es llamada cultura de masas en las sociedades capitalistas. Se han hecho intentos para definir a la cultura de masas de una manera objetiva. Así Wilensky (1964, p. 176) la contrasta con la noción de 'alta cultura' (high culture): hay que mencionar dos características del producto: (1) Es creado por, o bajo la supervisión de una elite cultural que opera dentro de cierta tradición estética, literaria o científica... (2) Se aplican a esta cultura estandards de análisis independientes al consumidor de sus productos... 'Cultura de Masas' se refiere a productos culturales manufacturados únicamente para el mercado masivo. Características asociadas, no intrínsecas a la definición, son la estandarización del producto y la conducta masiva en su uso". La comparación se fortalece incluyendo otra forma cultural -la cultura folk o cultura que proviene del pueblo y que suele anteceder (o ser independiente) a los mass media y la producción masiva de cultura. La cultura folk ha sido redescubierta en el siglo XIX cuando estaba rápidamente desapareciendo. Originalmente se producía sin conciencia de sí, usando diseños, temas y materiales tradicionales, incorporándose en la vida cotidiana. En ocasiones fue despreciada por la elite por su simplicidad, por estar fuera de moda, o asociada a lo campesino o a la vida de la 'clase baja', y la protección oficial llegó muy tarde para salvar esta tradición. Por otro lado ha sido una fuente de renovación para las tradiciones artísticas cultas, como en las muchas variedades de art nouveau a comienzos del siglo XX, cuando contribuyó con formas, materiales, temas y valores. La clase trabajadora urbana, quienes fueron los


primeros consumidores de la nueva cultura de masas fueron probablemente cortados de las raíces de la cultura folk. Los mass media han tomado elementos de la cultura popular y los han adaptado a ras condiciones de la vida urbana, produciendo algunas formas culturales que los incorporan, especialmente ficción y música. Bauman (1972) describe la cultura masiva, no en términos evaluativos o estéticos, sino como un producto inevitable de varios procesos cercanos y universales de la sociedad moderna: la ampliación del mercado; la supremacía de la organización a gran escala; y la eficacia de la nueva tecnología para la producción cultural. En cierta medida el debate acerca de la cultura de masas es sólo parte del largo proceso de llegar a problemas como las consecuencias para las antiguas concepciones de arte de nuevas posibilidades de reproducción (Benjamin 1977). Aún, pese al incremento del relativismo sobre standards culturales y la aparente irrelevancia o sinrazón de muchas objeciones a la cultura de masas, lo que nosotros continuamos llamando cultura permanece como un importante elemento en las concepciones de sociedad ideal o modo de vida deseable, y los medios masivos proporcionan industrias donde se elabora y canales vara distribuirla. TIPOS DE CULTURA COMPARADAS Los atributos más comúnmente citados de la cultura de masas pueden aclararse, con una comparación en los aspectos esenciales, con los dos tipos alternativos de cultura a los que nos hemos referido 'Alta Cultura' y 'Cultura Folk', lo que se muestra en la figura 3. De acuerdo a esta exposición la cultura masiva fue hecha posible por los mass media. Los media han tendido a colonizar a ambas -'alta cultura' y 'cultura folk'- en sus contenidos y formas. La cultura folk ha perdido mucha base de su audiencia frente a los mass media, y el arte y destrezas de los que dependía han sido menos resistentes que los que empleaba la 'alta cultura', la que incluso está mejor protegida institucionalmente.

Figura 3: Cultura masiva, alta cultura, cultura folk comparadas.

CRITERIO

ALTA CULTURA

CULTURA MASIVA

CULTURA FOLK

Depende de los media y el mercado

Primero olvidada. Ahora goza frecuentemente de protección oficial.

Nivel y clase (grado y tipo) de institucionalización

Reconocida, protegida, promovida formalmente por la organización social

Forma de organizar la producción

No organizada, una obra a Producción masiva para la vez, imposible de repetir, mercado masivo, usando para mercados especializados tecnologías de manera

Reproducida de acuerdo al standard, diseños artesanales tradicionales. El mercado

no planeada y organizada

Contenido y significado

Ambiguo, perturbante, inesperado

es determinante

Superficial, sin ambigüedad, Sin conciencia de sí mismo como placentero, universal, consumible del significado o propósito,

puede ser claro u oscuro. Decorativo o ritual. No es universal persiste en el tiempo.

Audiencia

Pequeña, para entrenados o educados. Conocedores

Todos, heterogénea, consumo orientado.

Todos los miembros de la misma cultura, pero persiste en el tiempo

Propósito de uso/efecto.

Ampliar / profundizar la experiencia, satisfacción

Inmediata gratificación, diversión.

Continuidad, costumbre, solidaridad/integración.


intelectual. Prestigio.


No se tiene en cuenta en esta comparación la existencia de formas de cultura popular que no pertenecen a ninguna de las categorías mencionadas. Sus principales cualidades serían: origen espontáneo y persistencia en la vida social bajo formas variadas en el lenguaje, ropa, música, costumbres, etc. No hay duda que en las sociedades actuales se continúa produciendo mucha cultura popular en este sentido. Esta es frecuentemente llevada a los contenidos y formas de los media, reflejada y derivada en formas adaptadas desde éstos. Su discusión va más allá del objetivo de este trabajo, pero este fenómeno cumple un importante papel en la relación entre media y sociedad. LA INSTITUCIÓN MEDIA Aquí nos interesan las características generales de la institución de los media, la que ha sido modelada conjuntamente con la sociedad, los procesos de comunicación masiva y la audiencia. Así como hay importantes diferencias entre lo diferentes media, las sociedades nacionales y lo tipos de sistemas sociales, hay también algunas semejanzas en las que podemos basar alguna generalización. Toda institución social comprende un conjunto de actividades, llevadas a cabo coordinadamente y de acuerdo a reglas, por gentes que ocupan ciertos roles. En el caso de los mass media hablamos de actividades de producción cultural e informativa llevadas a cabo por 'comunicadores masivos' de diferentes tipos y dirigidas a audiencia dentro de un marco de regulación y costumbres Los principales aspectos de la institución Media tal como está constituida son los siguientes: - Tiene que ver con la producción y distribución de 'conocimiento' en forma de información, ideas, cultura. Es tanto una respuesta a necesidades sociales colectivas como a demandas individuales. - Provee canales para relacionar a ciertas personas con otras gentes: emisores a receptores, miembros de la audiencia a otros miembros de la audiencia, todos con su sociedad y sus instituciones. No sólo nos referimos a los canales físicos de las redes de comunicación, sino también a los canales de costumbres y entendimiento a través de los cuales se define quién debería, o se quiere, que escuche a quién. - Los media operan casi exclusivamente en la esfera pública: ellos son una institución abierta en la que todos pueden participar como receptores y, bajo ciertas condiciones, también como miembros. La institución Media tiene un carácter público en razón del tratamiento que realizan los mass media con asuntos sobre los que existe opinión pública o puede formarse (no con asuntos personales o privados o aquellos para el juicio de expertos o científicos). - La participación de la institución como miembro de la audiencia es en esencia voluntaria, sin compulsión ni obligación social, este rasgo es mayor que en otras instituciones concernientes con la distribución del conocimiento como la educación, religión o política. Es correlativa la asociación del uso de los media con el ocio, el tiempo libre y su disociación del trabajo y la obligación. Esto se relaciona con la ausencia de poder formal en la institución Media: ésta puede reivindicar una ausencia de autoridad por sí misma en la sociedad, ya que no tiene ninguna organización que vincule un 'nivel alto' de productores de mensajes con un 'nivel bajo' de audiencias. - La institución se articula con la industria y el mercado por medio de su dependencia con el trabajo pagado, la tecnología y la necesidad financiera. - Sin embargo, pese a su carencia de poder en sí misma, la institución está invariablemente vinculada al poder de estado de diferentes maneras, a través de mecanismos legales y legitimando ideas que varían de un estado a otro. Estos aspectos no son todos exclusivos de los media, pero su presencia conjunta les da un carácter distintivo y particular en la sociedad moderna. LA CAÍDA DEL PARADIGMA MASA, LA EXPERIENCIA MASIVA COMO UN CONTINUUM La terminología e imágenes escritas han tendido siempre a dar una exagerada y en cierta forma engañosa impresión de las actividades y experiencias asociadas con las tecnologías de comunicación masiva. Los usos y respuesta a los media pueden ser ubicados en un continuum que se extiende desde el caso del universal, y unidireccional, dominado por poderosas y centralizadas fuentes de mensajes al de pequeños y locales intercambios de información sobre cosas familiares. Más frecuentemente de lo que pensamos, encontramos aún distantes "medios" en formas y contextos que son familiares y confiables. Nosotros prestamos atención a lo que deseamos, ya sea a otros en nuestro círculo familiar o a los distantes emisores. Dentro de la audiencia general de un mass media hay numerosas audiencias pequeñas, selectivas y locales, así las posibilidades para interactuar con o en respuesta a los emisores son mayores que las que el modelo de comunicación masiva requiere. La experiencia de los mass media no necesariamente reduce la calidad de la vida social, sino que puede contribuir a ésta, ya que en torno a la comunicación masiva se desarrollan un conjunto de actividades relacionadas. La comunicación masiva también desarrolla y extiende las actividades e intereses del grupo familiar y la vecindad. Cuando la experiencia de los mass media parece concordar con el "tipo ideal" descrito, cuando somos miembros de una enorme audiencia, las condiciones frecuentemente no remiten a los media sino a la


misma vida social, lo que da lugar a que en algunas ocasiones la sociedad exhiba su unidad y solidaridad, y sus miembros se unan en una conducta, intereses v sentimientos comunes.

EL RETO DE LOS NUEVOS MEDIOS Mientras que la descripción antes presentada ha sido siempre una cualificación necesaria de tener presente, es cierto que la tecnología de los mass media ha colaborado con las pesadillas esbozadas por los alarmistas sociales. Lo que ha cambiado o está cambiando son algunos aspectos de la tecnología misma y las posibilidades de una amplia comunicación en la sociedad. Los nuevos medios (telemática) tienen características que ya ahora presagian un cambio revolucionario en los medios electrónicos, tan significativos como el que trajo la invención de la imprenta. Estas características comprenden: abundancia de artículos de cultura e información disponibles a bajo costo; más diversidad y posibilidad de elección; devolución del control al receptor/usuario: descentralización; interactividad en vez de unidireccionalidad. Los nuevos media parecen ofrecer la posibilidad de un cambio en el balance del poder del emisor al receptor haciendo toda clase de contenidos más accesibles a los usuarios y selectores sin la dependencia de la mediación y control de comunicaciones masivas NUEVOS FACTORES DE FLUJO DE INFORMACIÓN Una forma de representar y comparar las características del flujo en los "viejos" y "nuevos" medios, ha sido sugerida en el trabajo de dos estudiosos holandeses de telecomunicaciones, quienes han tratado de identificar las principales formas de "tráfico de información". Para ellos, haciendo analogía con un computador, las dos principales características de los flujos de información son: Por una parte, almacenamiento de información, y por la otra el acceso y uso de la información. Ellos indican las principales variables que diferencian los sistemas de información (no sólo la comunicación humana), primero en términos de centralidad o bien del almacenamiento de información y, segundo, la centralización o el control del acceso-sobre la selección de un tema a ser consultado o recibido y sobre el tiempo que demora hacerlo. Este esquema, presentado en la figura 4 asume a un conjunto de participantes dispuestos en un patrón de rueda en torno a un eje central. Los flujos de comunicación (tráfico) pueden darse entre un grupo de participantes en el borde o entre el centro y alguno o más participantes en el borde. Al considerar cada participante (incluso el centro) corno memoria de información a la que se accede o agrega por la comunicación, se llega a una figura completa de los posibles patrones de comunicación. Al cruzar "memoria de información" contra 'control de la elección del tema y el tiempo' en términos de si cada uno es memoria de información 'central o individual', si proviene de un gran banco de datos o de una persona, es analógico con la diferencia entre organización de una mass media y un miembro singular de la audiencia, o entre una biblioteca y un lector. También puede corresponder a la diferencia entre individuos o grupos "rico en información" y "pobres en información". La diferencia entre el control central e individual de acceso a la información, tomada literalmente, también corresponde a la de restricción y libertad, bajo y alto potencial de comunicación. Para la mayoría el término "alocución" (deriva de una palabra latina que significa orden del líder a sus seguidores) corresponde a las típicas formas de comunicación de los viejos media-desde una fuente central a muchos receptores separados y en momentos y con contenidos determinados por el emisor. Esto especialmente a propósito de la radiodifusión a nivel nacional. El patrón de consulta está también bastante establecido como un modo de comunicación (ej: bibliotecas) y los diarios pueden ser considerados también de consulta así como media directivos. El patrón de conversación es corrientemente representado, en términos de los media, primero por el teléfono y los servicios postales y el patrón de "registro" es poco conocido al menos en comunicación pública, sin embargo es un elemento largamente establecido en muchas organizaciones para el almacenamiento, control y vigilancia. Figura 4: Cuatro patrones de flujo de información. (Adaptado de J. L. Bordewijk y B. Van Kaan, 1986)

MEMORIA DE INFORMACIÓN

Central

Individual

Control de tiempo y elección del tema:

Central

ALOCUCIÓN

REGISTRO

Control de tiempo y elección del tema:

Individual

CONSULTA

CONVERSACIÓN


Alocución

: Transmisión simultánea de una oferta centralizada de información dirigida a captar la inmediata atención, de acuerdo a un esquema de tiempo centralmente determinado.

Conversación

: Intercambio entre individuos de información ya accesible para ellos, respecto a un acuerdo de tiempo mutuamente pactado.

Consulta

Registro

: Consulta selectiva por los individuos participantes de una memoria central de información en tiempos determinados por cada individuo. : Acopio en una memoria central de información disponible por, o acerca de los participantes individuales, de acuerdo a una selección del tema y el tiempo centralmente determinada.

En resumen, el potencial de los nuevos medios se dirige a incrementar las posibilidades de consulta (telemática, cable multicanal, videodisco y video) y de registro (almacenamiento centralizado en computadoras de todos los usos de la información de los medios en un sistema). El patrón general que se puede predecir del potencial de los nuevos media es ir de la alocución a una redistribución del tráfico de la comunicación a los otros tres patrones. Esto parece indicar un incremento general en la libertad individual para obtener información y una reducción en el dominio de las fuentes centralizadas. Habría una multiplicación de los canales de alocución para audiencias especializadas, estimulada por los usuarios (receptores) mismos, por medio de sus actos de consulta. Pool (1983) dió la bienvenida a la aparición del satélite, cable y computador y al nuevo modelo de organización de los media (como opuesto al modelo de difusión), como una forma de promover la libertad de comunicación. Esta es una posición defendible, de acuerdo al modelo presentado antes, ya que los individuos tendrán más control sobre lo que reciben y consultan, y los límites a la libertad ya no se justifican en bases tecnológicas, como en los medios de difusión. En todo caso sería imprudente hacerlo depender sólo de la tecnología y aún las nuevas tecnologías tienen sus limitaciones y secretos. Se dará aún el caso de que lo que sea obtenible en la memoria central se tenga que decidir centralmente. La tecnología no asegura la diversidad de control y de administración, esto solo puede hacerlo alguna forma de política. El rango de lo que es actualmente obtenible puede llegar a depender de la tecnología (comprendiendo el software) y ésta probablemente no sea tan visible o abierta a la observación directa como los medios impresos. Además, el patrón de registro puede ser interpretado como significativamente incrementante del control central a través de la vigilancia de información y actividades relacionadas de otro tipo. En tercer lugar, las posibilidades ofrecidas de beneficios de libertad son crecientemente dependientes de poseer habilidades y equipos que las limitan debido a su desigual distribución (Rogers, 1986). El cambio en los patrones de comunicación y el potencial que está en desarrollo no debe confundirse, por estas razones, con un cambio cualitativo a mejores condiciones sociales de comunicación. PERSPECTIVAS ALTERNATIVAS DE COMUNICACIÓN MASIVA: EL SIGNFICADO DE LA ATENCIÓN Resulta obvio que en toda sociedad la comunicación masiva envuelve virtualmente, con muchos propósitos diferentes, a todos de una manera u otra. No es de sorprenderse, entonces, que pueda ser vista desde muchas perspectivas diferentes y encierre muy diversas clases de procesos y conductas. Aún así, hubo una tendencia en parte de los investigadores, profesionales y aún en el público en general de desplegar un modelo predominante de imagen de comunicación. Este modelo era un proceso lineal desde un emisor, por medio de un canal, en la forma de un mensaje, a un receptor, para lograr alguna clase de efecto, sea intencional o no. Este es actualmente un común y fuerte marco de referencia para proponer y manejar preguntas sobre la comunicación, tanto desde perspectivas prácticas como teóricas. Cuando se elaboraron los modelos de comunicación, durante los 50s. y 60s. (McQuail y Windahl, 1982) había un modelo básico que servía como punto de partida y dirigía la reflexión acerca de la comunicación. Incluía algunos refinamientos agregados: el 'feedback' (respuesta del receptor al emisor) y la interacción; un reconocimiento de los procesos de encodificación y decodificación como pasos separados; la incorporación de características de la organización de los media en la que el emisor trabaja; el reconocimiento de la mediación personal en la difusión de los mensajes de los media; y también características del contexto social desde el que los receptores seleccionan y responden a los mensajes. Uno de los más usados modelos de comunicación fue el de Westley y MacLean (1957), que concebía a los profesionales de la comunicación masiva como ocupando un 'rol de canal' ('mediadores') entres los que querían hablar de la sociedad y el público que ellos querían alcanzar. Este rol, de acuerdo a Westley y MacLean, es esencialmente neutral y sin intención. Sin embargo supone la selección que realizan los mediadores sobre lo que piensan que es de interés del público. El modelo es útil distinguiendo una noción de feedback por parte de la audiencia, pero aún es conforme al modelo general diseñado sobre una concepción lineal, secuencial y caracterizado por la transferencia del mensaje del punto A al punto B.


TRANSMISIÓN VERSUS VISIÓN RITUAL DE LA COMUNICACIÓN Esta versión de la comunicación ha sido caracterizada por James Carey (1975) como una visión de la comunicación como 'transmisión' la que 'es la más común en nuestra cultura y... es definida por términos como emitir, transmitir o dar información a otros. Se forma a partir de una metáfora de la geografía o el transporte... El núcleo de esta idea de la comunicación es la transmisión de señales o mensajes a través del tiempo con el propósito de control'. El puntualiza la existencia de una visión alternativa ritual, de acuerdo a la cual 'la comunicación se relaciona a términos tales como compartir, participación, asociación, compañerismo, y la posesión de una fe en común... Una visión ritual no se dirige hacia la extensión de mensajes en el espacio, sino al mantenimiento de la sociedad en el tiempo, no al acto de impartir información, sino a la representación de creencias compartidas'. Esta visión alternativa puede ser llamada el modelo 'expresivo' de comunicación, ya que su énfasis está en la satisfacción intrínseca del emisor más que en algún propósito instrumental. Estas dos versiones del proceso de comunicación corresponden aproximadamente a los modos de relación comunicacional 'autoritario' y 'asociativo' mencionados antes, especialmente cuando consideramos a la enseñanza o la información bajo aquellas denominaciones. COMUNICACIÓN COMO GANAR Y DAR ATENCIÓN Ambas son aún concepciones alternativas, útiles y necesarias sobre los procesos de los que los mass media se sirven, no agotan las mayores posibilidades de la comunicación masiva ni capturan su esencia. Por esto es necesario un tercer concepto de proceso de comunicación que podría ser llamado el 'Modelo de Atención'. Desde esta perspectiva la actividad esencial de los mass media es atraer y mantener la atención antes que transmitir significados, proveer un programa, incrementar la capacidad expresiva o promover rituales de encuentro. El negocio de los media y su propósito sería interesar a una audiencia y las capacidades para ser considerado de avanzada o rezagado en la comunicación masiva se juzgan a partir de este criterio. En el fondo de muchas disputas acerca del propósito y efecto de los media está el hecho que los medía no pueden tener otro propósito más directo que atraer la atención y alcanzar a aquellos que atraen con cualquier mensaje que se transmita por el canal. Esto es concordante con la perspectiva de Westley-MacLean descrita antes. Este punto fue elocuentemente sintetizado por Elliot (1972) cuando expresó que 'la comunicación masiva está expuesta a no ser del todo una comunicación, en el sentido de 'transferencia ordenada de significado'. En todo caso, este énfasis crítico implica la adopción implícita del modelo de transmisión como el apropiado y parece desconocer el status de comunicación genuina al de ganar atención y expectación. Las tres perspectivas o modelos son sumariamente comparados en la figura 5, donde se indica lo que implica cada uno para emisor y receptor. El modelo de la transmisión está más aceptado que los otros en contextos institucionales más antiguos -educación, religión, gobierno-. Es apropiado para ciertas actividades de los media, las que son instruccionales, informacionales o propagandísticas, pero es errado si se aplica a una gran cantidad de actividades y/o contextos de uso de los media. Aún la mayor tarea de los media, la provisión de noticias, no es en primer lugar o exclusivamente dar información o de naturaleza instruccional. El modelo expresivo o ritual también rescata importantes elementos de la definición, propósito y práctica de performance de los media en las esferas de la información y de la cultura/entretenimiento. Sin embargo, refleja más una interpretación externa realizada por observadores que lo propósitos establecidos por emisores y receptores. El significado del tercer modelo (exhibición-atención) se relaciona al factor que resulta más cercan a la meta principal que define a los media por si mismos (atraer audiencias) y también a la versión común del significado del uso de los media por la audiencia (escape, involucrarse, diversión, etc.) Esto lo diferencia de elementos en los otros do modelos. Una buena gestión de la 'cultura de los medios' y la práctica de los medios se explica por el deseo de maximizar la atención de la audiencia (o alcanzar una audiencia potencial dada). Esto supone una atracción inicial para posteriormente retener y profundizar la atención. Esta tiene muchas dimensiones mensurables y se extiende hasta incluir los conceptos de vínculo y compromiso sin embargo lo que usualmente más interesa es solo el tiempo dedicado a un item o tipo de con tenido con un medio o canal dado. La cualidad de la atención es por lo general de importancia secundaria para los media mismos, sin embargo la composición del público es de interés, especialmente para los anunciantes. Figura 5: Tres versiones del proceso de comunicación.


EMISOR

RECEPTOR

1. Modelo de Transmisión

Transferencia de Significado

Procesamiento Cognitivo

2. Modelo Expresivo o ritual

Performance

Gratificación/compartir experiencia

3. Modelo de atención

Exhibir

Atención: Espectador

La necesidad de tomar en cuenta el modelo de exhibición-atención no es la más frecuente, esto se relaciona con el tipo de énfasis que se hace en el proceso de comunicación, y con los comentarios que hemos hecho antes respecto al relativo descuido del modo de 'servicio' y a las funciones de la comunicación masiva. Las formas y estilos de 'atención-exhibición' están fuertemente relacionadas al modo de servicio, pero no tan exclusivamente (por ejemplo, candidatos y pedagogos también buscan ganar y mantener atención), ya que la esencia de todo mercado es ofrecer bienes y servicios a la atención de los consumidores potenciales, captar y mantener su interés. Pese a esta relación el modo de servicio tiene una interdependencia con este modelo. Sin embargo la relación es fuerte porque para el mercado de la comunicación masiva es esencial mantener la atención antes que nada. La atención de la audiencia es la moneda con la que los productores y empresarios pagan a los anunciantes a cambio de su financiamiento a las operaciones. Estas son las bases de la rentabilidad de los media. La atención de la audiencia es el sustento del ingreso y el principal soporte financiero para los media en tanto industria de servicios. Así buscan captar atención, los propagandistas, los pedagogos y las organizaciones normativas, pero todos hacen un uso limitado de esta. La atención sola no es suficiente, y el mensaje no puede ser fácilmente adaptado para asegurarla sin correr el riesgo de frustrar sus propios objetivos (por ejemplo, considerar el efecto de usar la televisión en la comunicación política). De acuerdo a la idea de la comunicación como un proceso de exhibición-atención, especialmente en el contexto de una institución abierta y voluntaria como la descrita, hay varios aspectos importantes que están asociados con los otros dos modelos: - El dar atención es un proceso exclusivo. El tiempo es finito y el tiempo dedicado a un objeto de interés en los media no puede ser dado a otro. En cambio, no hay límite cuantificable a la cantidad de significado que puede ser transmitido o a la satisfacción lograda a partir de la performance. - La atención es del momento presente. El futuro no importa excepto como continuación o, amplificación del presente, y el pasado no importa de ninguna manera (salvo en el caso de efecto o respuesta). - Ganar atención es un fin en sí mismo. No tiene propósito ulterior o instrumental. En este sentido, se le puede ver como un 'valor neutral'. Es asunto de tecnología y forma antes que de contenido. En estos tres aspectos pueden verse enfatizados respectivamente la competencia, la actualidad/transitoriedad y la objetividad/distanciamiento, los cuales son aspectos distintivos de la comunicación masiva en comparación con otras instituciones de producción de conocimiento. CONCLUSIÓN La prioridad dada por los media a ganar atención se refleja en la reiterada tendencia de la investigación a la medición de la audiencia, preferida a la investigación de efectos (la que corresponde al interés en el modelo de transmisión), o a la investigación sobre la calidad de la respuesta (que corresponde al modelo expresivo). La prioridad es comprensible en razón que el conseguir una audiencia es condición de necesidad para continuar existiendo y lograr otros resultados comunicacionales. Sin tener en cuenta este principio no es fácil comprender muchos aspectos de la cultura profesional de los media o algunas características básicas del producto cultural de los media (por ejemplo la continuidad de fórmulas exitosas, la aparente conformidad o falta de riesgo, el predominio de la forma apariencia, imagen y presentación, sobre el contenido, etc.). El reconocimiento de este aspecto de la comunicación de masas no dirige críticas a su contenido performance en otros aspectos, pero ayuda a explicar más lo que se observa. Esto presenta a la comunicación de masas como consumatoria, con fines intrínsecos, disfrutable en el momento, usando tiempo y recursos sin fines particulares. Así se tiende a reducir toda expectativa de efecto en término de conocimiento, influencia o conducta. Es en parte condición de la importancia de las personalidades en los media, el gran valor asociado a la fama publicidad y celebridad independiente de toda realización, un valor que los media tratan de difundir entre sus públicos. Una interesante cuestión surge del uso de los nuevos media (tal como los caracterizamos antes), sobre si se adaptaran a la prevalencia de este modelo que aparece cercanamente ligado al patrón alocutorio. Es posible que las posibilidades interactivas de los nuevos media podrían manifestarse en la extensión del dominio del patrón de exhibición-atención (de la misma forma como en los video-games). Es también posible que las habilidades para atraer la atención sean aplicadas para administrar los usos del videotexto y el teletexto, visto que ellos son menos controlados por los usuarios que lo que la teoría y la tecnología parecen prometer.


¿PUEDE AMÉRICA LATINA PRODUCIR FIBRAS ÓPTICAS? Fátima Fernández Ligia María Fadul ¿Puede América Latina producir fibras ópticas? Carencia de una industria química nacional, escasez de recursos humanos calificados y reducidos mercados nacionales son condiciones poco propicias para la producción de fibras ópticas en América Latina. Fátima Fernández y Ligia María Fadul realizan un diagnóstico del estado tecnológico en Brasil, México y Argentina quienes ya han incursionado en la producción de esta nueva tecnología, distinguiéndolos de países que próximamente incursionarán como Venezuela, Uruguay, Colombia, Perú y Chile; y aquellos otros que no tienen planes conocidos al respecto. En general especifican que en nuestro sub-continente se dispone de una limitada infraestructura industrial y la producción de fibras ópticas supone la disponibilidad de grandes inversiones y una sofisticada tecnología. El título de este texto puede sugerir que ya se respondió afirmativamente a la cuestión de fondo: sí o no, al mundo de la avasallante tecnología de información. Al preguntarnos por la producción de fibras ópticas en América Latina tal vez parezca que desplazamos -como diría Jesús Martín Barbero- la cuestión de las tecnologías en sí mismas al modelo de producción que implican y a sus modos de acceso, de adquisición y de uso. No es así. Confesamos estar nadando en un mar de interrogantes al igual que tantos estudiosos de la comunicación. Somos concientes de que la irrupción de las nuevas tecnologías se inscribe en ese viejo proceso de esquizofrenia entre rnodernización y posibilidades reales de apropiación social y cultural de aquello que nos moderniza.(1) Sin embargo , tal vez por falta de paciencia o aturdidas por la vertiginosa velocidad con la que nuestros países hacen compras multimillonarias para insertarse en los sistemas tecnológicos, decidimos colocar un pie en el terreno de las fibras ópticas para saber qué son, cómo se usan y en qué situación se encuentra cada país de América Latina. Esto sin dejar de preguntarnos por lo otro: ¿qué racionalidad materializan todas estas nuevas tecnologías? ¿en qué cultura se inscribe esta racionalidad? Creemos que mientras en las escuelas de comunicación sigamos enlistando a los nuevos instrumentos tecnológicos sin distinguirlos entre sí y sin saber en qué fase del proceso informativo se insertan, no tendremos argumentos para cuestionar esas decisiones que se toman desde las cúpulas de nuestros gobiernos. Muchos teóricos de la comunicación no saben siquiera diferenciar el teletexto del videotexto, ni podrían enumerar los servicios que los ministerios de comunicaciones están por introducir en las redes digitales integradas. Las siguientes líneas están escritas con la convicción de que no podemos esperar a tener respuestas precisas a las interrogantes que plantea la tecnología de la última década del siglo, para comenzar a desagregar entonces el sistema tecnológico en el que ya estamos metidos. Una tarea no está peleada con la otra, tampoco podemos dejar de lado lo que los países avanzados han invertido en América Latina ni lo que los organismos internacionales sugieren al Tercer Mundo en materia de fibras ópticas. Sobre estos tópicos intenta comenzar a avanzar el presente artículo. Cuando una nueva tecnología hace su aparición en el mercado, inmediatamente después las revistas comienzan a inundarse con textos que por lo general son de tres tipos: técnicos, de divulgación y de análisis. El caso de las fibras ópticas no es excepción. Desde el principio de la década de los ochenta circulan artículos de los tres tipos. En los técnicos encontramos, por ejemplo, diagramas que muestran la composición de las distintas fibras; fórmulas que se refieren a la dispersión cromática o a la potencia óptica y consideraciones diversas sobre el diseño de la nueva tecnología.(2) Los artículos de divulgación excluyen los datos técnicos más sofisticados y procuran centrar la atención en la utilidad de la innovación tecnológica, así como en las aplicaciones que ya se realizan en distintas partes del mundo, particularmente en los países industrializados.(3) Los textos que pretenden hacer un análisis del impacto que las fibras ópticas tendrán en el conjunto de las tecnologías similares, en la economía o en el desarrollo de los países, son más escasos.(4) Este ensayo quiere ubicarse en el tercer rubro y para ello está dividido en dos partes. La primera describe la situación de la fibra óptica en los países de América Latina y la segunda comenta las recomendaciones que hace la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) respecto a la producción de fibras ópticas en países en desarrollo. Antes de entrar en materia conviene mencionar que un cable de fibra óptica está elaborado con delgados hilos de vidrio o cuarzo, del grosor de un cabello, que van trenzados dentro de un tubo de plástico. La luz, elemento fundamental en la fibra, es un vehículo de frecuencia extraordinariamente alta que permite 15,360 canales de telefonía simultáneos, o la transmisión de cuatro millones de bits por segundo a una distancia de 117 kilómetros. Es decir, la fibras ópticas permiten la conducción de señales a gran velocidad en un volumen muy reducido. Por ello esta tecnología es particularmente idónea para la transmisión digital.(5) En diversos foros se ha planteado la aparente disyuntiva entre la conveniencia de utilizar fibras ópticas o satélites de comunicación. Pensamos que cada uno de estos sistemas de conducción de señales tiene su propia área de aplicación. Las fibras permiten un flujo masivo de información punto a punto. Los satélites facilitan la transmisión de señales de un punto a multitud de receptores. Con estos antecedentes podemos pasar a describir el panorama de América Latina, no sin antes recordar que en esta región encontramos una gama de países que va desde el que tiene un alto grado de desarrollo industrial y que ya fabrica sus propias fibrás


ópticas, hasta el que continúa sumergido en una economía netamente agrícola de subsistencia. Con base en lo anterior consideramos que lo pertinente es dividir a la región en cuatro grupos. En el primero está solamente Brasil, por ser el único país que produce fibras ópticas. En el segundo grupo se ubican México y Argentina, países que importan la fibra pero que producen el cable y cuentan ya con fibra óptica en operación, así como con instituciones en las que se realiza investigación en este campo. El tercer grupo comprende a los países que próximamente incursionan en esta tecnología y que son: Venezuela, Uruguay, Colombia, Perú y Chile. En el último grupo ubicamos a aquellos países cuyos planes en materia de fibra óptica son, hasta el momento, desconocidos. Éstos son: Ecuador, Bolivia, Paraguay, Guyana, Surinam, Guyana Francesa, así como los países de América Central y del Caribe. Centraremos la descripción en los dos primeros grupos ya que sobre el tercero sólo obtuvimos datos aislados de lo que ocurre en algún instituto de investigación, empresa o universidad. BRASIL La industria de la fibra óptica en Brasil es un proyecto que comenzó hace 14 años, cuando la empresa Telecomunicaciones Brasileras S.A. (Telebrás) adoptó una serie de políticas de desarrollo industrial nacional en diferentes áreas de las telecomunicaciones consideradas estratégicas. Estas incluyen, además de las comunicaciones ópticas, la transmisión digital, la comunicación por satélite, equipo de conmutación temporal para división de tiempo y los componentes electrónicos y materiales. Tales políticas de proteccionismo en el área de telecomunicaciones tenían los siguientes propósitos fundamentales: reducir y sustituir las importaciones, limitar la dependencia de empresas extranjeras, promover el desarrollo nacional, fortalecer el control de la industria de telecomunicaciones, estimular la "estandarización" de equipos y reforzar las decisiones nacionales en el desarrollo de la tecnología.(6) El plan de Telebras se integró de una manera tal que en él participan tanto la industria brasileña como las universidades. Estas medidas proteccionistas en las telecomunicaciones en armonía con la política nacional de informática implantaron en Brasil la llamada reserva de mercado para productores nacionales en los sectores de cómputo, fibra óptica, videotexto, bases de datos y en las antenas para recepción de señales de satélites. Es importante señalar aquí que "el concepto de reserva de mercado concibe al mercado como un recurso nacional determinado por el trabajo y la riqueza generada por la actividad económica de la sociedad. Por lo tanto, ha sido el Estado (brasileño) quien ha definido que dicho recurso, el mercado, debe utilizarse como medio para financiar y propiciar el desarrollo mismo del sector industrial y de la capacidad tecnológica local(7). Telebras inició los primeros trabajos en fibra óptica en el año de 1975, al asignar un contrato al Instituto de Física de la Universidad de Campinas (Unicamp) para la investigación y el desarrollo del proyecto lásers de semiconductor. Como un soporte fundamental de este tipo de proyectos, Telebras creó en 1977 el Centro de Investigación y Desarrollo (CPqD), dentro del cual un grupo de especialistas ha desarrollado la tecnología óptica, conjuntamente con UNICAMP. Actualmente el CPqD lleva a cabo 87 proyectos diferentes de alta tecnología para telecomunicaciones e informática. En el programa de comunicaciones ópticas Telebras ha concentrado su esfuerzo en el desarrollo de las partes del sistema que cuentan con más amplio mercado y que tienen mayor contenido tecnológico como son, la fibra óptica, los multiplexores y los lásers. Para ello cuenta Brasil con los mayores yacimientos de cuarzo en el mundo, razón por la cual no depende de las importaciones para la fabricación de su fibra. El resto de dispositivos del sistema óptico que no pertenecen al proyecto específico del CPqD, se desarrolla en otras instituciones o empresas. Entre ellos podemos mencionar el cable, del cual se encarga, entre otras ocho empresas, la Pirelli. Esta a su vez satisface la demanda de otros mercados que no son el de Telebras. Por ejemplo, en octubre de 1984 la Pirelli desarrolló un proyecto de cables de fibra óptica en el centro de pesquisas de San Andrés, estado de Sao Paulo, conjuntamente con sus laboratorios de Inglaterra e Italia. Cuatro cables ópticos Pirelli fueron instalados en la hidroeléctrica de Tucurí, al norte del país, para supervisar los sistemas de control de la misma. También las técnicas de corte y ensamble, los instrumentos de medición y los conectores se fabrican fuera del CPqD. De estos últimos se encargan principalmente la Compañía Paulista de Fuerza y Luz (CPFL) y el Centro de Pesquisas de Electrobras (CEPEL). Es importante señalar que la Ley de Informática No. 7.232 de octubre de 1984 protege a la industria brasileña de fibras ópticas al considerar la investigación, el desarrollo y la producción de componentes optoelectrónicos como parte de la actividad informática (Art. 3); igualmente las empresas nacionales relacionadas con la producción de fibra óptica tendrán diversos incentivos fiscales y financieros (Arts. 13 y 14). y además los órganos y entidades de la administración pública federal, al comprar equipo optoelectrónico darán preferencia a los productos fabricados por empresas nacionales (Art. 11 ). De acuerdo con lo anterior, la comercialización de los productos de tecnología avanzada que desarrolla el CPqD se efectúa a través de diversas empresas. En el caso de la fibra óptica, algunas de las empresas que atienden la demanda de Telebras son: ABCXtal, a la que el gobierno encargó 17,000 kilómetros de cable de fibra óptica para el bienio 1986-87 (8); PHT Promon y Elebra Telecon, ambas participantes en el sistema de telefonía digital denominado Trópico; GTE-Multitel, del grupo Leopoldina-Cataguares; Pirelli y NEC do Brasil. Brasil ha desarrollado tres familias de fibra óptica para diversas aplicaciones:(9) la de vidrio-vidrio (monomodo) para telecomunicaciones; la de vidrioplástico para telemetría y comando; y la de plástico-plástico para iluminación de campos. La fibra monomodo, desarrollada en el CPqD, se ha venido instalando en escala considerable en las troncales urbanas de las principales


ciudades (Sao Paulo, Rio de Janeiro, Brasilia y Belo Horizonte), con capacidad para transmitir 480 canales de voz, aunque pueden atender casos especiales de 1920 canales. La fibra para control de procesos se ha instalado en hidroeléctricas (ltaipú por ejemplo) y, finalmente, la fibra destinada a señales de luz, está satisfaciendo la demanda de iluminación quirúrgica y tableros de automóviles. El desarrollo de la industria brasileña de fibras ópticas está claramente diseñado para satisfacer no sólo la demanda interna sino para competir en los mercados internacionales. MÉXICO El terremoto que el 19 de septiembre de 1985 sacudió a la ciudad de México puede considerarse como el acontecimiento que intensificó el desarrollo de proyectos para instalar fibra óptica en este país. A unos minutos del sismo el director del TELMEX (la compañía telefónica mexicana) recibió el siguiente informe: "Están perdidos treinta años de telefonía, se nos cayeron las centrales de larga distancia, se nos cayeron las microondas y por otra parte, todos los circuitos del norte con el sur del país están caídos".(10) Con el derrumbe de los edificios en donde estaban las centrales telefónicas de larga distancia, la Ciudad de México quedó incomunicada del resto del país y del mundo. Una vez concluidos los trabajos de emergencia, se decidió construir cuatro nuevas centrales telefónicas digitales para larga distancia, cada una de ellas capacitada para asumir el control maestro del sistema en caso de que alguna sufriera daño. Estas centrales (San Juan, Vallejo, Morales y Estrella) fueron interconectadas con fibra óptica e inauguradas en agosto de 1986. A partir de entonces la empresa telefónica dio a conocer otras tres etapas para la instalación de fibras ópticas que incluyen enlaces entre canales de la Ciudad de México y además rutas interurbanas entre la capital de la República y ciudades de otras entidades federativas como Puebla, Guanajuato y Morelos.(11) El terremoto de 1985 aceleró la decisión del gobierno de México para cablear con fibra óptica las nuevas centrales de la empresa telefónica paraestatal, pero no fue este trágico acontecimiento lo que marcó el ingreso de México al campo de las comunicaciones ópticas. Desde principios de la década de los ochenta, la empresa Condumex (antes llamada Condumen-Anaconda-Pirelli), fabricante de conductores eléctricos, estudiaba ya la forma de producir el cable para cubrir la fibra óptica. Para cuando Telmex decidió intensificar el proceso de modernización de los sistemas telefónicos, Condumex tenía ya en el mercado una familia de cables: el monotel, el bitel, el multitel y el helitel.(12) Esta empresa, junto con la NEC, la ITT y la Ericsson (a través de Latincasa) fue proveedora de la fibra óptica con la cual se interconectaron las nuevas centrales telefónicas construidas después del terremoto. Condumex, principal proveedor para esta primera etapa de cableo, tiene otro cliente gubernamental además de Telmex y éste es la Comisión Federal de Electricidad, responsable de la construcción de la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde. Para llevar a cabo funciones de control en esta planta, Condumex ha preparado cable de fibra óptica, siendo ésta una de las aplicaciones que la empresa ve más promisorias. También antes del terremoto de 1985, Televisa, la empresa de televisión privada, había importado cable de fibra óptica francés para enlazar el tramo que va de su central de video en Avenida Chapultepec a sus oficinas de Cablevisión en Río de Loza, e igualmente comenzaba a introducir esta tecnología para transportar las señales de televisión de algunas estaciones terrenas hacia repetidoras ubicadas en el interior de la República. En síntesis, las aplicaciones que hasta el momento se han hecho de la fibra óptica en México son telefonía, televisión y control de procesos. En el panorama mexicano aparecen también varios centros de investigación estatales, universitarios y de empresa; unos dedicados a investigación básica y otros dedicados al desarrollo de equipos transmisores optoelectrónicos. Entre ellos cabe mencionar al Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE), a la Universidad Nacional Autónoma de México, al Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, al Departamento de Ingeniería Eléctrica del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, y al Centro de Investigación Tecnológica de Telmex. ARGENTINA En 1982 se pone en marcha en Buenos Aires el llamado cinturón digital que consta de seis centrales tándem enlazadas con fibra óptica. Para este proyecto de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, que cubre 320 kilómetros, fueron contratadas la compañía NEC, misma que suministró la mayor parte de los equipos, y la Sumitomo, empresa japonesa que además de poseer tecnología de cable se dedica a la fabricación de máquinas de empalme. Cabe señalar que para la instalación de este cinturón digital en la Capital Federal, se efectuó una licitación ganada por la NEC, empresa asociada con la argentina Pecom S.A. En Argentina está instalada también la firma Pírelli que importa la fibra óptii ea y produce el cable.(13) POSICIÓN DE LA ONUDI ANTE LA PRODUCCIÓN DE FIBRAS ÓPTICAS EN PAISES EN DESARROLLO Para América Latina, igual que para el resto de los países del Tercer Mundo que han dado los primeros pasos en el terreno de las fibras ópticas (como Indonesia, Irak, Arabia Saudita, Singapur, Sri Lanka) el momento presente plantea grandes desafíos. Estos países han ido transitando durante esta segunda mitad del siglo por diferentes generaciones de tecnología informativa, sin haber podido establecer un núcleo industrial endógeno que les permita una mínima autosuficiencia productiva.


La velocidad con que se suceden las generaciones telemáticas obliga a los países del Tercer Mundo a dar saltos tecnológicos para no quedar fuera de las redes mundiales de información. La fibra óptica plantea de nuevo problemas graves para estos países. La ONUDI analiza esta situación y hace propuestas que mencionamos a continuación.(14) La pregunta central del estudio de ONUDI es: ¿Cómo puede un país en desarrollo entrar al mercado internacional de la fibra y el cable ópticos por la vía más beneficiosa y fácil?(15) La respuesta está condicionada por el grado de desarrollo en el que se encuentran dichos países. Para unos, los que están en el umbral de la industrialización como es el caso de Brasil , la decisión debería estar orientada al sistema de "Joint-venture" (riesgos compartidos), mientras que para otros lo más adecuado -según ONUDI- seria la importación completa de una planta de producción de fibra óptica. El documento en cuestión explica el significado de estas dos recomendaciones, sin dejar de lado que existen grandes desventajas en los países en desarrollo como son: 1) carencia de una industria química nacional que pueda suministrar la materia prima, como lo es el silicio y el germanio; 2) escasos recursos humanos, tomando en consideración que el mínimo de personal que se requiere para producir 100,000 kilómetros por año es de 63 personas altamente calificadas; 3) un mercado nacional muy reducido, aunado a una infraestructura industrial que no permitiría a estos países participar en el mercado internacional. El sistema joint-venture, de acuerdo con ONUDI, describe una situación en la cual una empresa nacional de un país en desarrollo, con un alto grado de conocimiento (know-how) y con la experiencia en la industria química de semiconductores, de cable o de vidrio, entra en compañía con una empresa extranjera productora de fibra. Dentro de este sistema de riesgos compartidos, la variante más recomendada por ONUDI para los países en desarrollo con un alto grado de industrialización es la expansión de la industria de cable convencional para la fabricación de cable óptico. Las ventajas de esta opción radican en que la producción de este cable utiliza básicamente el mismo equipo que necesita su antecesor; y además ya se cuenta con un mercado nacional. El papel de la empresa extranjera consistiría, en este caso, en la transferencia de alta tecnología, es decir, de la fibra óptica como tal. El estudio cita el caso de la empresa japonesa Sumitomo que opera en este rengión, tanto en Brasil como en Venezuela. La otra recomendación del organismo internacional es la importación completa de una planta para la producción de la fibra, que incluye la maquinaria y el personal especializado. En este caso, el mercado más importante a satisfacer sería el internacional. La razón de mayor peso que ofrece ONUDI para esta opción es que para los sistemas de telecomunicaciones en desarrollo, la importación de la planta sería "una gran oportunidad para dar un salto sobre diversas tecnologías y entrar directamente a la era de la fibra óptica".(16) En el estudio de ONUDI se mencionan además otras tres formas para el desarrollo de sistemas de fibra óptica que no tendrían posibilidades de implantarse en los países no avanzados. Estas se refieren a la creación de una tecnología nacional propia, a la compra de licencias de patentes y a la adquisición de tecnología en paquete. LAS PROPUESTAS DE ONUDI Y LA REALIDAD LATINOAMERICANA Ningún país del Tercer Mundo podría estar en desacuerdo con la pregunta central de la ONUDI. Todos quisieran entrar al mercado de la fibra y el cable ópticos por la vía más beneficiosa y se preguntan cómo. El diagnóstico de ONUDI, en lo que se refiere a las dificultades que enfrentan nuestros países, difícilmente puede ser contradicho con la realidad latinoamericana, pero no sucede lo mismo con las vías propuestas para superar el atraso tecnológico. No sucede al menos entre algunos sectores consultados. Por ejemplo, en México ni el sector empresarial dedicado a la fabricación de cable para fibra óptica, ni los investigadores con más interés en este campo, están de acuerdo en que la importación completa de una planta de producción de fibra sea una solución. Para que la afirmación anterior tuviera validez habría que recoger la opinión de gobiernos, de industriales y de investigadores de cada uno de los países de la región. Ojalá esto pudiera llevarse a cabo próximamente. Por lo pronto, en los siguientes párrafos hemos intercalado opiniones recogidas en el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE), ubicado en Cuernavaca, organismo que va a la vanguardia en la investigación optoelectrónica en México. Por lo que toca a la recomendación sobre el sistema de joint-venture, esta propuesta se encuentra condicionada –como en efecto lo señala ONUDI- a la infraestructura industrial con la que cuentan nuestros países. En este sentido es importante señalar el caso de Brasil que, a pesar de no estar considerado dentro del grupo de países avanzados, tiene ya instalada la capacidad científica, tecnológica e industrial para la fabricación de la fibra óptica a tal grado que ocupa el quinto lugar mundial y el primero -y único en América Latina en esta tecnología de punta. La opción de riesgos compartidos deja fuera de la industria en cuestión a prácticamente el resto de países de la región, los cuales históricamente han adquirido la tecnología informativa de las empresas transnacionales. Encontramos por lo tanto una contradicción de fondo de la propuesta, ya que el terreno para el desarrollo de fibra óptica en América Latina no es fértil: poca infraestructura industrial y poco mercado, frente a una tecnología que requiere de altas inversiones y sofisticación en su producción. Lo que estaría más acorde con la realidad de los países latinoamericanos sería -como bien lo dice el ingeniero Daniel Pineda, del IIE- definir un esquema de crecimiento para la industria de fibra óptica que tome en cuenta los mercados existentes para cada parte del sistema óptico, como son los cables y accesorios, los equipos de línea y los multiplexores. En cuanto al mercado, "el principal está en los países más avanzados. Existe un mercado industrial básicamente para transmisión de datos, que requiere productos de menor contenido tecnológico y por lo tanto son muy atractivos para desarrollar en México. Si bien


el mercado nacional en lo que se refiere a automatización de la planta productiva y de la oficina es todavía incipiente, el gran mercado que eventualmente podría financiar la investigación y el desarrollo está afuera". "A nivel internacional -continúa el investigador del IIE- hay muchos competidores y de lo que se trata es de reducir los costos para ser competitivos". Como ejemplo de ello el ingeniero Pineda se refiere al transmisor de señales analógicas de medición, con un costo de 250 dólares en Estados Unidos y de 100 dólares en México, y menciona también el multiplexor de canales de datos que tiene un precio de 3,000 dólares allá y de 1,000 dólares en el país. Paralelamente al problema de los mercados se plantea a los países latinoamericanos la cuestión de los equipos que conforman un sistema de comunicación óptica. "La fibra óptica es una parte del sistema -comenta el especialista-, es únicamente lo correspondiente a la transmisión; el sistema se compone además del equipo de multicanalización y de comunicación digital, que es un mercado mayor que el de la fibras ópticas". Los países latinoamericanos podrían planear entonces el desarrollo de algunas partes del sistema de comunicación óptica, de acuerdo al personal calificado con el que cuenten y según el tipo de infraestructura tecnológicá que ya tengan desarrollado. De esta manera darían un primer paso en el desarrollo de sistemas de tecnología avanzada, sin dejar de recorrer las etapas que son necesarias para consolidar una verdadera industria nacional o regional basada en la experiencia. Creemos que ONUDI no debería minimizar la experiencia adquirida por los países del Tercer Mundo, por muy incipiente que ésta sea. Los comentarios y reflexiones anteriores llevan al ingeniero Pineda a descartar de manera radical la segunda opción que propone ONUDI: "Definitivamente no es conveniente para nuestros países la instalación completa de plantas para la fabricación de fibra óptica. Esto acrecentaría la dependencia del exterior y equivaldría a convertirnos únicamente en países maquiladores. En realidad, para cada producto específico puede existir una estrategia diferente: 1) La simple compra, en donde el conocimiento del producto es limitado, el mercado reducido o la infraestructura para su fabricación, inexistente. Por ejemplo, circuitos integrados, fibras ópticas, lasers, etc. 2) La maquila en el país de un producto de tecnología extranjera. Esta práctica se ha seguido en México con el llamado porcentaje de integración nacional. Es un comienzo adecuado sobre todo si existe algún control nacional sobre el proceso de transferencia, a saber: maquila, diseño-know-how. 3) La adquisición real o el desarrollo de la tecnología del producto a partir del cual pueda desarrollarse la capacidad productiva. Los tres esquemas pueden coexistir en nuestro caso. La selección depende del mercado y conocimiento de cada producto. La verdadera ganancia se observa en la balanza comercial del sector, pormenorizada en cada tipo de producto". Hasta aquí nuestras consultas. Muchas preguntas tendría que hacerse América Latina antes de seguir invirtiendo en la investigación, la producción o la compra de fibras ópticas. A partir de la experiencia brasileña podríamos reflexionar los demás países latinoamericanos, porque es en Brasil donde se dan ya las distintas fases del proceso que siguen los países avanzados y además, porque durante 1986 este país libró una batalla contra los Estados Unidos en un terreno que afecta directamente la producción de fibras ópticas: el de la informática. Cuando uno lee las discusiones previas(17) y posteriores a la promulgación de la Ley de Informática de octubre de 1984, no resta más que aplaudir la firmeza de las autoridades brasileñas frente al gobierno y a las empresas estadounidenses, las cuales están perdiendo entre 350 y 450 millones de dólares por año, porque dicha Ley defiende a las empresas nacionales. Si durante 1986 se hicieron varias rondas de conversaciones entre funcionarios de los Estados Unidos y Brasil, fue porque este último país representaba el 60% del mercado informático de los Estados Unidos en América Latina.(18) Estímulo y desafío representa el caso brasileño para América Latina. Muchas preguntas habremos de hacernos los demás países de la región acerca de nuestras posibilidades y, sobre todo, acerca de nuestras necesidades en materia de telemática y de telecomunicaciones. Este breve recorrido por los países latinoamericanos y por las recomendaciones que ONUDI hizo sobre fibras ópticas para países en desarrollo, no pretendió otra cosa que contribuir a la apertura del debate que, sobre esta tecnología, apenas comienza. Notas. 1. 2.

3. 4. 5. 6. 7.

Martín Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones. Editorial Gustavo Gili. México, 1987. Ver, por ejemplo, Mendez Villarreal Leon, "Sistemas de Transmisión por fibras ópticas" Teledato, Num. 32 de 1984; 33, 34, 35 y 36 de 1985. Asimismo Torres Ortega Rafael, "Enlace de telecomunicaciones por fibras ópticas" en; Voces de teléfonos de México, 291, año 25, marzo de 1983. O bien, Díaz de la Iglesia Raimundo, "Fibras ópticas en conexiones de datos y redes de área local", en: Revista AHCIET. Número 19, España. 1986. Pueden consultarse entre otras: "Fiber optics: the future is now" en: Electric World, No. 2. Vol. 198. Año 1984. Y también: "Fiber optics: the big move in communications and beyond". En: Business Week. Mayo 21 de 1984. Vease "Fibras ópticas: próximas a desplazar a los satélites". Carta Informativa NTCINCT. Num. 2, 1986, P. 14 - 15. Lima, Perú. Ratzke, Dietrich. Manual de los nuevos medios. Editorial Gustavo Gili. México 1986. UNCTC, Trasborder data flows and Brazil. New York, United Nations, 198 3, p. 49. Warman, José. "Computadoras. El espejo brasileño". Nexos, No. 109, enero 1987. México.


8. 9. 10.

11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18.

Brasil, comercio e industria. Ministerio de Relaciones Exteriores y Banco do Brasil. Agosto 1986.p.38. Ribeiro Dias, Lia. "O Brasil no caminho da luz". Revista Nacional de Telecomunicaciones. Sao Paulo, Julho 1983. p. 14. Primer Informe sobre daños del sismo, emitido por el Ing. José Gómez Cruz, director de Expansión y Proveeduría, al Lic. Emilio Carrillo Gamboa, Director General de Teléfonos de México. Citado en la revista Voces de Teléfonos de México. Segunda época. No. 298. Año 25, octubre 1986, p. 30. Ver las cuatro fases de los proyectos de expansión de fibras ópticas para 1987-1990 en: Voces de Teléfonos de México. Ob. cit., p. 33. Características técnicas de cada uno en: folleto "Fibras ópticas en México", elaborado por la División de Telecomunicaciones de Condumex. "Existing fiber optic systems Worldwide". Fiber Optic and Communications Newletter. June 1981, p. 38. Bonek, Ernst; Furch, Bernhard and Otruba, Heinrich. Optical fiber production. United Nations Industrial Development Organization. UNIDO/is. 542. 22 July 1985. Ibid. p. 229. Ibid. p. 238. A Informática e a Nova república. Apresentacao: C. Mammana. Editora Hucifec. Sao Paulo, Brasil. 1985. Pipitone, Ugo. "Cuatro leccio,nes desde Brasil". En: periódico La Jornada, México D.F. Octubre 28, 1986. P. 16.


TELEVISIÓN MEXICANA EN ESTADOS UNIDOS: ¿EXTINCIÓN O RECONVERSIÓN? Pablo Arredondo La televisión mexicana dentro de la televisión hispana de los Estados Unidos, posee un gran historial que abarca aproximadamente veinticinco años. Dicha experiencia, tiene ciertos matices casi únicos en el desarrollo de las comunicaciones a nivel internacional. Fue Don Emilio Azcárraga Vidaurreta, principal accionista de Televisa, quien supo aprovechar perfectamente las necesidades de una comunidad hispanoparlante que cada día crecía más y trataba de conservar sus propios rasgos culturales dentro de una sociedad diferente a la suya. Aprovechar dicho aspecto arrojó a largo plazo resultados favorables, desarrollándose y consolidándose la televisión hispana dentro de los Estados Unidos como la cuarta cadena televisiva de ese país.


INTRODUCCIÓN El 8 de Enero de 1986, una orden de la Corte Federal de los Estados Unidos en la ciudad de Los Angeles, Cal., afectó de manera significativa -aunque no determinante- a una experiencia televisiva casi única en el contexto del sistema informativo mundial. Por orden federal se revocaron los permisos de una docena de estaciones televisivas norteamericanas controladas directa o indirectamente por el consorcio mexicano Televisa. Cabe recordar que, de acuerdo al Acta de Comunicación de 1934, los intereses extranjeros en estaciones de radio y televisión en los Estados Unidos no pueden exceder al 20% de las acciones de propiedad, y Televisa, el monopolio de la televisión privada en México (y tal vez el consorcio televisivo más poderoso de Latinoamérica), había infringido tales disposiciones al controlar, por medio de una intrincada red de arreglos personales e institucionales, a la empresa Spanish International Communications Corporation SICC y a otras corporaciones de menor escala, todas ellas propietarias y operadoras de una docena de estaciones televisivas en diversas ciudades de los Estados Unidos. De igual forma, con el control de la Spanish International Network (SIN) -empresa proveedora de programas de televisión y representantes de ventas- el consorcio mexicano había logrado subordinar "indirectamente", pero en forma legal,


cerca de 300 estaciones televisivas afiliadas a la cadena SIN. Casi dos años más tarde, el 21 de noviembre de 1987, se informaba públicamente que la empresa Univisión, Inc. (antes Spanish International Network, Inc.) sería adquirida por la empresa Hallmark Cards, Inc., dando fin -al menos en apariencia- a la presencia de los intereses mexicanos en la televisión norteamericana. La historia de la presencia mexicana en la televisión hispana de Estados Unidos abarca un periodo aproximado de veinticinco años, durante los cuales se desarrolló y consolidó la que generalmente se conoce como cuarta cadena televisiva de ese país. ¿Cómo se gestó la expansión de una cadena televisiva en español dentro de los Estados Unidos? ¿cómo fué posible que intereses extranjeros pudieran controlar tal cadena, considerando el valor estratégico que las autoridades norteamericanas otorgan al sector de las comunicaciones electrónicas? ¿qué implicaciones políticas, económicas y culturales ha traido consigo el desarrollo de una cadena televisiva que "sirve" a una minoría étnica en constante crecimiento en el contexto de un país altamente desarrollado? ¿qué efectos previsibles tiene ello no sólo para las relaciones bilaterales entre México y los Estados Unidos, sino en general entre este país y el resto de América Latina? y por último, ¿cuáles son los posibles escenarios futuros -ya en gestación- de la televisión hispana o latina en los Estados Unidos?


Aun cuando, en gran medida, todas estas son preguntas por contestar, debemos señalar que en años recientes algunos autores norteamericanos, en particular de origen latino, han intentado responder a tales interrogantes (Valenzuela, 1985a; 1985b; Gutierrez y Reina-Schernent, 1981; 1984). En México, paradójicamente, hasta hace algunos años era poco lo que se sabía de la magnitud alcanzada por la televisión de habla hispana que la empresa mexicana más importante del sector de la comunicación masiva nacional había jugado en el desarrollo de la misma.(1) En este trabajo nos hemos propuesto analizar de manera general los cambios más recientes experimentados por los intereses corporativos mexicanos en el mercado televisivo de los Estados Unidos, y en cierto sentido, especular en torno a los escenarios futuros de este fenómeno. EL "GENIO" EMPRESARIAL Al analizar estudios como el de Valenzuela (l985a) se puede inferir que el desarrollo de la televisión hispana o latina en Norteamérica y el control de la misma por la empresa mexicana Televisa (básicamente por la familia Azcárraga, principal accionista de esta corporación) conjugó una serie de factores tanto de orden individual como estructural que propiciaron la conformación de un fenómeno de naturaleza tal vez única en el campo de la comunicación internacional.


Al nivel de análisis de lo individual, es incuestionable que el "genio empresarial" de Don Eniilio Azcárraga Vidaurreta -magnate de la radiodifusión mexicana desde los años 30 hasta su muerte en 1972- operó como factor importante, y en cierto sentido determinante, para el establecimiento y desarrollo de un sistema televisivo dirigido a una minoría étnica de creciente relevancia en los Estados Unidos. La estrategia inicial utilizada por Emilio Azcárraga Vidaurreta para incursionar en el mercado de la televisión norteamericana se fundamentó en la vieja práctica de los "prestanombres", mostrando con ello que aún con el vecino país es posible jugar a aquello de "una sopa de su propio chocolate". Como se sabe, el uso de "prestanombres" ha devenido en una práctica si no general al menos bien extendida, en el mundo empresarial mexicano. Todo parece indicar que Emilio Azcárraga Vidaurreta se apoyó, desde un principio, en tal estrategia para garantizar la presencia decisiva de sus intereses en la naciente cadena de televisión. El comienzo formal de la cadena se suscita en 1961, cuando a iniciativa de Azcárraga Vidaurreta se crea la Spanish International Broadcasting Corporation (SIBC-Texas) con la finalidad de adquirir una estación televisiva en la ciudad de San Antonio, Texas (KWEX-TV). Un año más tarde, una empresa de nombre similar pero ubicada en Califomia (Spanish International Broadcasting Company), (SIEC-Los Angeles), adquiere en la ciudad de Los Angeles, Cal., la


estación KMEX-TV. Cabe señalar que ambas estaciones de televisión operaban en la poco explotada banda de ultra-alta frecuencia (UHF), lo cual significó en sí mismo un elemento innovador pero con ciertas desventajas. Los propietarios originales de la SIBC, tanto en Texas como en California, eran todos -excepto uno- ciudadanos americanos. Don Emilio Azcárraga, en su calidad de extranjero se vio limitado a adquirir un 20% de las acciones de dichas empresas.(2) Coincidentemente el resto de los "propietarios" de SIBC mantenía una estrecha relación con Azcárraga, algunos en calidad de amigos y socios de otras empresas y otros sencillamente como sus empleados: De los cinco accionistas originales de la SIBC, uno fue el mismo Don Emilio Azcárraga Vidaurreta (propietario y cabeza del monopolio Telesistema Mexicano, S.A.), dos más eran empleados de empresas subsidiarias de Telesistema (Reynold V. Anselmo y Julian Kaufman), otro más (Frank Fouce Sr., ) obtuvo fondos de una de las compañías de Azcárraga para invertir en la SIBC, y el último (Edward J. Noble) era un ejecutivo de publicidad radicado en la ciudad de México y asociado con Azcárraga. (Valenzuela, 1985b: 13). Casi de manera paralela, en 1962, se crea la Spanish International Network Sales, Inc. (SIN-Sales, Inc.), cuyo objetivo principal consistiría en proveer de material televisivo a estaciones que transmitieran en español, y en


fungir como representante de ventas a nivel nacional de las estaciones afiliadas a la cadena hispana. Puesto que SINSales, Inc. no pretendía operar directamente televisora alguna, la propiedad de esta empresa quedó enteramente en manos de Don Emilio Ascárraga Vidaurreta. Así pues, al impulsar ambas corporaciones, Azcárraga Vidaurreta (el "visionario hombre de negocios") sembró las semillas de lo que en dos décadas llegaría a ser un "jugoso negocio" pero también el motivo de diversos conflictos que terminarían afectando, aunque fuese parcialmente, sus intereses. Como sea, todo parece indicar que la televisión hispana no arrojó, como negocio, resultados inmediatos. En particular la década de los sesentas significó una etapa de serias dificultades financieras para las empresas que Azcárraga había fundado en Norteamérica. Entre otros problemas, uno básico consistía en el hecho de que las estaciones de televisión operadas por la SIBC, tanto en Texas como en California, lo hacían en la banda de UHF, cuya explotación y popularidad era muy reducida. Para captar la señal, los aparatos receptores debían contar con un sintonizador especial, lo que representaba un costo adicional para quienes tuvieran el interés de exponerse a la televisión en español. Por otra parte, los patrocinadores (principalmente los de carácter nacional) al igual que las grandes agencias de publicidad, desconfiaban de aquellas estaciones que, además de transmitir en una banda de limitada difusión (i.e. en los


canales de UHF), estaban dirigidas a un auditorio (i.e. la comunidad latina) al que desconocían casi completamente y respecto al cual tenían serios prejuicios. Por tales razones la SIBC se vió forzada a operar deficitariamente durante sus primeros años de existencia; situación que perduraría hasta el año de 1968 cuando -debido a la coyuntura de los Juegos Olímpicos realizados en la ciudad de México- se percibieron las primeras ganancias efectivas.(3) Se ha afirmado, con razón, que el establecimiento de la SIBC y la SIN respondió originalmente a la necesidad de abrir los mercados para la explotación de productos televisivos elaborados por el entonces monopolio de la televisión mexicana -Telesistema Mexicano, S.A.- del cual Don Emilio Azcárraga era accionista principal (Cox, 1969; Gutierrez y Reina-Schement, 1984). Sin embargo, es claro que tal pretensión no se realizó de manera inmediata, al menos si se juzga con base en las crecientes pérdidas reportadas por las empresas hispanas de televisión. De hecho, con el correr de los años las deudas acumuladas de SIBC y SIN con Telesistema Mexicano (posteriormente Televisa), con el mismo Emilio Azcárraga Vidaurreta, y con diversas instituciones bancarias de los Estados Unidos, se constituyeron en factor fundamental para propiciar la acción legal de las autoridades norteamericanas en contra de los intereses de la familia Azcárraga en el mercado televisivo de ese país.(4)


Es indiscutible que Azcárraga actuó desde un principio inspirado por el viejo postulado ricardiano de las "ventajas comparativas": él tenía los programas de televisión en español, la infraestructura para producirlos y el capital para adquirir -aunque fuese veladamente- las estaciones de televisión, y los Estados Unidos contaban con un "mercado" (i.e. una comunidad de grupos hispanohablantes) atractivo y aún no explotado por las grandes cadenas norteamericanas de televisión. Varios años después, en la década de los setentas y en mayor medida durante los ochentas, la creciente devaluación del peso mexicano frente al dólar se traduciría en una más de las ventajas comparativas: los costos de producción se harían en pesos devaluados, y las ventas y ganancias se realizarían en dólares. Sin duda alguna, la astucia de este empresario mexicano consistió en prefigurar el auge que tarde o temprano adquiriría la televisión en español en la Unión Americana, y para ello puso en juego tanto su experiencia como empresario de la radio y la televisión como la influencia económica y, en cierto sentido, política de que gozaba en México. A pesar de los problemas enfrentados por las empresas SIBC y SIN, a principios de los años setenta la cadena hispana de televisión había logrado un crecimiento de cierta importancia. Para entonces la cadena estaba integrada por una docena de estaciones de televisión, que si bien no eran muchas (en comparación con las tres grandes cadenas de


habla inglesa), se encontraban asentadas en las ciudades de mayor población e importancia latina, incluyendo a las ciudades fronterizas. Así, en territorio norteamericano la cadena SIN cubría mercados tan relevantes como Los Angeles, Fresno, Modesto, San Francisco, San Antonio, Chicago, New York y Miami, mientras que la zona fronteriza (México-Estados Unidos) estaba cubierta por estaciones mexicanas (concesionadas a Telesistema Mexicano, S.A.) ubicadas en las ciudades de Tijuana, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo. Desde sus inicios la expansión de la cadena hispana se caracterizó por la creación de empresas concesionarias en las que el control mayoritario de las acciones recaía en manos de los accionistas originales de las empresas SIBC. En tal estrategia, Reynold V. Anselmo (socio incondicional de Azcárraga Vidaurreta) jugaría un papel fundamental.


Reynold V. Anselmo (ciudadano norteamericano de ascendencia italiana) había trabajado "oficialmente" para Telesistema Mexicano desde 1954 hasta 1963, año en que se incorporó de lleno a las actividades de la naciente cadena hispana de televisión, lo que le permitió convertirse en el hombre de "todas las confianzas" de Azcárraga para sus operaciones en Norteamérica. Anselmo sustentaba el 35% de las acciones de SIBC-Texas y el 15% de las acciones de SIBC-Los Angeles. Unidas, las acciones de Azcárraga y Anselmo constituían una fuerza mayoritaria en las decisiones de ambas corporaciones. Además de ello, Anselmo llegaría a ocupar un papel fundamental en algunas de las corporaciones que detentaban concesiones televisivas en ciudades importantes, pero en las cuales Azcárraga no aparecía como accionista directo, tal como en el caso de la Trans-Tel Corporation (propietaria y operadora de la estación WXTV, canal 41, en New York) y de la Spanish International Communications Corporation ("vieja" SICC) propietaria y operadora de la WLTV, canal 39, en la ciudad de Miami, Florida.(5) Además, a partir de la década de los setentas, y hasta 1986, Anselmo se desempeñaría como presidente tanto de la Spanish International Network como de la SICC, corporación propietaria de las estaciones más importantes de la cadena. El año 1972 fue clave para el desarrollo de la televisión mexicana, y por consecuencia para la televisión de habla


hispana en los Estados Unidos. Ese año fallece Don Emilio Azcárraga Vidaurreta, dejando en manos de sus herederos los intereses que durante más de cuatro décadas había acumulado en la industria de la radiodifusión mexicana. A partir de ese momento, su hijo, Emilio Azcárraga Milmo ocuparía el lugar dejado por el magnate de la televisión comercial-privada mexicana.(6) Sin embargo, antes de su fallecimiento, Azcárraga Vidaurreta promovió la reestructuración de sus empresas, tanto en México como en los Estados Unidos, dando como resultado, en este último caso, que la cadena SIN-Sales, Inc., la cual controlaba en un cien por ciento, pasara a manos de su hijo -quien detentaría el 75% de las acciones- y de su incondicional empleado y socio, Reynold V. Anselmo, al que Don Emilio le otorga el 25% de las acciones. Con los nuevos propietarios la cadena modifica su razón social a Spanish International Network (SIN). Al mismo tiempo, las acciones propietarias y operadoras de la cadena hispana se fusionan en una corporación denominada Spanish International Communications Corporatión ("nueva" SICC). La fusión incluyó a las dos SIBC (concesionarias de las estaciones en Texas y California), a Transtel (concesionaria de la estación de New York) y a la SICC (propietaria y operadora de la estación televisiva de Miami, Florida). En la nueva SICC, Anselmo controlaría el 24% de las acciones y los herederos de Azcárraga el 20% establecido por la ley.


Por otra parte, al iniciarse la década de los setentas, en México los intereses de Azcárraga en la industria de los medios sufrían los más serios ataques de su historia. La retórica populista y beligerante de la administración del presidente Echeverría (1970-1976) en contra de los "efectos nocivos" y, en cierto sentido, "anti-nacionalistas" de la televisión privada generaba la desconfianza y el temor de los empresarios del medio. Corrían rumores, aun entre los círculos oficiales, de una posible nacionalización (o estatización) de la industria televisiva. Junto a ello, Telesistema Mexicano, S.A. (virtual monopolio de la televisión en México a partir de 1955) se había visto forzado a competir, desde 1968, con Televisión Independiente de México, S.A., empresa televisiva controlada por el poderoso grupo industrial de Monterrey. A lo largo de casi un lustro, la competencia entre ambas empresas había derivado en una creciente y constante "degradación" de los contenidos de la programación televisiva, motivada por la "urgencia" de ganar auditorios y con ello el favor de los anunciantes más poderosos. Por tal razón, la crítica, tanto independiente como oficial, contra la creciente irresponsabilidad social de la televisión comercial/privada se había agudizado. El embate de la crítica gubernamental contra la televisión derivaría en un reacomodo de las condiciones y la estructura organizativa de la televisión privada que resultó, paradójicamente, sumamente funcional a los mismos


intereses de los empresarios del ramo. Así, en junio de 1972, los representantes del sector acuerdan con el presidente Echeverría un plan para la reestructuración de la industria televisiva. El plan contemplaría como eje principal la creación de una nueva "fórmula" que integrara los esfuerzos de Telesistema Mexicano y de Televisión Independiente de México; lo que virtualmente se tradujo en la constitución de un nuevo monopolio privado de la televisión. En diciembre de 1972 el plan se materializa con la creación de la empresa Televisión Via Satélite, S.A., hoy en día mejor conocida como Televisa (cfr. Arredondo y Sánchez, 1985; Mejía Barquera, 1981; Trejo Delarbre, 1985). Con el establecimiento de Televisa en México, se fortalece el proyecto de la televisión hispana en la Unión Americana. Sin el problema de una significativa competencia interna, el consorcio mexicano se concentró, nacionalmente, en consolidar su posición como monopolio privado en la industria de los medios electrónicos y del entretenimiento (particularmente frente a la reciente y débil televisión estatal mexicana), e internacionalmente, en expandir sus mercados y su capacidad de exportación. Para el proyecto internacional de Televisa –como antes para Telesistema- el mercado latino de los Estados Unidos fue de fundamental, aunque no exclusiva, importancia.(8) Las capacidades del nuevo monopolio privado en el campo de la producción


-exportación se pusieron de manifiesto rápidamente: a escasos cuatro años de su establecimiento Televisa había logrado una capacidad de exportación de aproximadamente 12,000 horas anuales (Noriega y Leach, 1979). También en 1976 se establece Univisión, filial del consorcio, con el objetivo de "unir" a la gran población hispanoparlante de los Estados Unidos "en forma instantánea desde México" (Televisa, 1978).(9) Con Univisión el proceso de exportación y transmisión de programas televisivos a los Estados Unidos se aceleró aún más. Así, contrastando con los rudimentarios métodos utilizados originalmente por Telesistema para exportar programas, Univisión se apoyaría en el uso de las micro-ondas y del satélite haciendo posible la transmisión directa y simultánea de programas a las estaciones de la cadena hispana.(10) A fines de los setentas, la cadena SIN importaba semanalmente más de cincuenta horas de programación directa desde México a través de Univisión. Los logros y la re-estructuración de la televisión mexicana y de su "cadena hermana" -es decir la SIN- se vieron empañados en 1976 al ponerse de manifiesto una irreconciliable división entre algunos de los principales accionistas de la Spanish International Communications Corporation (SICC) propietaria y operadora de las estaciones más importantes de la cadena. En noviembre de 1976, Frank Fouce Jr. -


empresario de espectáculos, propietario de una cadena de teatros y heredero de Frank Fouce Sr., quien a su vez había sido socio original de Don Emilio Azcárraga Vidaurretainicia una demanda civil en la corte Federal de los Estados Unidos en contra de Reynold V. Anselmo y otros funcionarios de la SICC, alegando malos manejos administrativos y el control de la corporación por intereses extranjeros (Valenzuela, 1985a: 108; Maza, 1986: 20 - 25). Ocho años más tarde, la demanda de Frank Fouce Jr. en contra de sus "socios" forzaría la venta de las estaciones controladas por SICC, la desaparición de esta corporación como tal, y la búsqueda de nuevas estrategias por parte de Televisa para mantener su presencia dominante en la televisión latina de la Unión Americana. A pesar de ello, y de la creciente preocupación que generaba el fenómeno de la televisión hispana entre algunos grupos de la comunidad latina de Norteamérica -particularmente con respecto a su organización y vínculos con la televisión mexicana-, el periodo de mayor expansión de la misma se llevaría a cabo a partir de 1979. Para entonces, la cadena cubría las ciudades con mayor población de origen latino y operaba como virtual monopolio en este segmento del mercado televisivo. Aproximadamente en tres años la SIN multiplicó doce veces el número de estaciones afiliadas: de 16 estaciones que integraban la cadena en 1979, se llegó a 56 en 1980, a más de cien en 1981 y a más de doscientas en 1982 (Valenzuela,


1985: 162). En 1982 la cadena SIN cubría al 70% de la población latina de los Estados Unidos y más del 65% de su programación provenía directamente de Televisa en México (Antola y Rogers, 1982). Se calcula que en 1986 la cadena SIN contaba con aproximadamente 400 estaciones afiliadas, incluyendo diversos sistemas de televisión por cable y estaciones de baja potencia en la banda de UHF. La expansión de la cadena hispana implicó también su diversificación; así, en el periodo 1979-1984 se intensificó el servicio de televisión por cable para hacer llegar la señal a las zonas más apartadas, al tiempo que se solicitaba autorización a las autoridades del ramo para el manejo de un sistema de satélites de comunicación que daría servicio tanto a la cadena en su cobertura nacional como, potencialmente, a todos los países de habla hispana (Latinoamérica y la Península Ibérica). Para ello se creó la empresa PanAmerican Satellite Corporation (PanAmSat). A mediados de esta década, el trinomio compuesto por Televisa-SIN-SICC, apuntaba de manera más que evidente a la conformación de un proyecto corporativo de corte transnacional que rebasaba la simple esfera de las relaciones México-Norteamericanas para abarcar el gran mercado de habla hispana mundial. COMUNIDAD LATINA: UN MERCADO RENTABLE


No es exagerado señalar que la televisión de habla hispana dentro de los Estados Unidos se anticipó, al menos hasta cierto punto, a los efectos generados por los movimientos sociales que irrumpieron durante los años sesentas y que exigían una mayor presencia de las minorías étnicas y raciales en la vida política y económica de aquel país. Mientras se gestaba la lucha por los derechos civiles de las minorías estadounidenses (lucha que incorporó, también, a los grupos de origen latino), un empresario mexicano (Emilio Azcárraga Vidaurreta) y sus socios ponían en marcha un proyecto incipiente, pero de gran potencial, de televisión para la llamada comunidad latina de los Estados Unidos. Es claro, sin embargo, que en la base de aquel proyecto no se contenía una motivación política; es decir, un deseo


de abrir canales de expresión masiva para un conjunto de grupos étnicos (mexicanos, cubanos, puertorriqueños, centroamericanos, etc.) ubicados en la escala inferior de la pirámide social norteamericana. La motivación era, y sigue siendo hoy en día, fundamentalmente económica y mercadotécnica. En contra de lo que los mismos directivos de la cadena han sostenido en repetidas ocasiones, fue la lógica empresarial (y no la del defensor de los derechos civiles) la que guió y dio pie al proyecto de un sistema de televisión dirigido a la población de habla hispana. Debe reconocerse, sin embargo, que el mérito de Azcárraga y sus socios consistió en interpretar correctamente las necesidades y los hábitos de una comunidad que ha tendido a conservar un fuerte arraigo con ciertos aspectos de su historia, su lenguaje y su cultura en general. Y en este sentido, la televisión hispana más que ponerse al servicio de tales necesidades, las aprovechó para sus propios fines. Los pioneros de la televisión para hispanoparlantes contaron con una ventaja fundamental: ubicarse en el segmento de la población con mayor crecimiento demográfico. Aun tomando como base los datos de la Oficina de Censos de los Estados Unidos, que en general tiende a subestimar el número de habitantes de origen latinoamericano, el perfil socio-demográfico de los hispanos o latinos muestra, de hecho, una dinámica de crecimiento única en el conjunto de la población norteamericana. Así por ejemplo, mientras que


en 1970 el Censo reportaba un total de 9 millones de habitantes latinos en aquel país, ya para 1980 la cifra había llegado hasta los 15 millones de habitantes, lo que significó un crecimiento del 60% en un lapso de diez años. Conservadoramente, la oficina de censos estimaba recientemente que en los últimos años la población hispana ha venido creciendo a una tasa anual del 3 por ciento, lo que contrasta fuertemente con la situación de otras minorías y aun con el crecimiento demográfico de la mayoría anglosajona. Así, se calcula que la población de origen latino crece dos veces más rápido que la población negra y casi tres veces más que la llamada población blanca.(11) Por otra parte, si se considera la cifra no oficial de aproximadamente 5 millones de inmigrantes latinos indocumentados, además de los 15 millones reportados por el censo estadounidense, es posible afirmar que la Unión Americana constituye, hoy en día, el quinto país con mayor población hispanoparlante en el mundo. Por ello, aun sin tomar en cuenta otros factores (p. ej. ingreso, educación, capacidad de consumo, etc.), el elemento demográfico parece ser más que suficiente para otorgarle a la población latina de los Estados Unidos un lugar de suma importancia como mercado. Eso fue lo que los pioneros de la televisión hispana, de hecho, vislumbraron hace casi tres decenios. Ahora bien, si además del factor demográfico se consideran ciertas condiciones económicas,


la relevancia de este sector de la población tiende a crecer aún más. De acuerdo con algunos análisis, el ingreso anual de las familias latinas en norteamérica se cuadruplicó entre 1960 y 1980. A mediados de la década pasada se estimaba que una familia latina recibía ingresos anuales en promedio de 10,500 dólares (contra los 13,800 dólares de ingreso promedio de las familias anglosajonas). Para 1980 el ingreso promedio por familia hispana superaba los 17,000 dólares anuales. Por otra parte, en términos agregados la capacidad adquisitiva, al igual que el ingreso global de la minoría latina ha experimentado también profundos cambios en las pasadas dos décadas. Se estima que en el periodo de 1960-1980, el poder agregado de compra de los hispanos se multiplicó casi diez veces, y en lo que va de la presente década se calcula que éste se ha duplicado. De hecho, algunas estimaciones fijan en más de 120 mil millones de dólares el poder agregado de compra de los habitantes de origen latino en la actualidad (The Economist, 1987: 67). Es indiscutible que el crecimiento del poder adquisitivo de este segmento de la población en los Estados Unidos es resultante de un proceso de luchas en el terreno de los derechos civiles que han permitido ciertos avances a esta minoría. Y no obstante que su situación es todavía significativamente inferior a la de la mayoría anglosajona, su relevancia en el conjunto del sistema económico tiende a incrementarse con el tiempo.(12)


Las transformaciones socioeconómicas y demográficas de los habitantes de origen latinoamericano, han tenido un impacto positivo para quienes conciben relevante su potencial mercadotécnico, entre ellos a la misma televisión hispana. Por ello, si la década de los setentas fue, ante todo, un periodo crítico para las finanzas de la entonces naciente década de televisión, los setentas revirtieron la tendencia deficitaria y comenzaron a arrojar lus primeros frutos del esfuerzo inicial. Un claro indicador de esto se encuentra en la evolución del gasto publicitario. Se afirma que a principios de los sesentas el gasto publicitario asignado a la radio y televisión de habla hispana en los Estados Unidos representaba menos del 0.1% de la inversión publicitaria total en esa industria. En la siguiente década la asignación de recursos económicos en forma de publicidad para los medios dirigidos a los latinos aumentó sustancialmente en términos absolutos, aunque su participación en la inversión del sector se mantuvo todavía muy baja. Así, mientras que en 1970 el gasto publicitario captado por estos medios se calculaba en 40 millones de dólares, a mediados de la década -en 1977- se aproximaba a los 100 millones de dólares, y para 1982 alcanzaba los 150 millones. En otras palabras, en doce años la inversión publicitaria en los medios de comunicación de habla hispana crecía en más del 300 por ciento (Valenzuela, 1985a: 123 - 125).


La evolución ascendente del gasto publicitario en este segmento de la industria de la comunicación masiva se reflejó, por consecuencia, en los ingresos obtenidos por la televisión hispanoparlante durante el mismo periodo. Una vez superadas las dificultades acarreadas por las tendencias recesivas de la economía norteamericana en los primeros años de la década pasada, la cadena SIN vio multiplicarse sus ingresos. En términos de facturación publicitaria, la cadena SIN pasó de 6 millones de dólares en 1977 a 32 millones en 1982. Apenas en 1986, año de cambios sustanciales para la televisión hispana, SIN obtuvo ingresos por aproximadamente 66 millones de dólares (ibd.: 117; The Economist, 1987: 67). Día con día fueron más las corporaciones patrocinadoras de magnitud nacional y transnacional quienes se interesaron en aparecer en la pantalla televisiva de habla hispana, y no sólo porque los costos publicitarios en este medio han sido claramente inferiores a los establecidos en las grandes cadenas anglosajonas, sino por el convencimiento de que los hispanics forman parte de un mercado en expansión. Ello hizo posible que entre los principales patrocinadores publicitarios de la cadena se encontraran firmas de la importancia de la A T&T, Chrysler Corp., Pepsi Co., Bank of America, IBM, Columbia Pictures, y sopas Campbell entre muchas otras.


Así vista, difícilmente se puede sostener que la televisión de habla hispana constituye una mera contingencia en la dinámica del sistema de comunicación masiva estadounidense. El proyecto original -esbozado por Azcárraga Vidaurreta hace más de un cuarto de siglomaterializó el gran objetivo por el cual había sido propuesto: es decir, demostró que una minoría étnica como la hispana o latina bien valía la pena ser considerada un mercado importante en los Estados Unidos. ¿UN AÑO CRÍTICO O EL PRINCIPIO DEL FIN? Enfrentando serios contratiempos durante toda su existencia, el proyecto televisivo de la SICC y la SIN tuvo su prueba de fuego en 1986. Después de un largo y sinuoso proceso legal, iniciado diez años atrás, contra los intereses de Azcárraga y sus socios norteamericanos, la decisión de las autoridades federales en contra de la propiedad y control ilegal de la SICC condujo a lo que en muchos sentidos puede considerarse la "crisis más aguda" de la televisión hispana en los Estados Unidos. Una vez puestos en evidencia los controles ejercidos por Azcárraga/Televisa sobre la Spanish International Communication Corp. (SICC), su venta o desaparición fueron inminentes. Durante la primera mitad de ese "amargo año", las especulaciones en relación al futuro de la cadena televisiva se multiplicaron; el rumor más fuerte


giraba en torno a la posible adquisición de las estaciones televisivas por parte de ciertas corporaciones, entre las que se encontraban Lorimar (productora de la teleserie "Dallas") y los Paramount Studios.(13) Asimismo, se insistía que entre los posibles compradores de la SICC se encontraba el exembajador estadounidense en México, John Gavin, cuya amistad y proximidad con Azcárraga Milmo había quedado explícita a lo largo de los cinco años de su desempeño como "diplomático" en nuestro país. Finalmente, en mayo de 1986, los representantes de la SICC hicieron pública su intención de poner a la venta las estaciones, argumentando que "en un esfuerzo para satisfacer las cuestiones planteadas por la FCC, los accionistas han acordado considerar ofertas para la adquisición de la SICC".(11) Con el anuncio se intensificaron las versiones respecto a la asociación del ex-embajador Gavin con ciertos inversionistas (A. Jerrold Perenchio de la Perenchio Television Inc., y William Thomson de Boston Ventures Limited Partnership) a fin de adquirir las estaciones controladas por la SICC.(15) Sin embargo, en el mes de julio, se cierra un trato de compra-venta con la Hallmark Cards, Inc., y el First Chicago Venture Capital. El arreglo estaría, sin embargo, supeditado a la autorización y renovación de los permisos de transmisión por parte de la Comisión Federal para las Comunicaciones (FCC). Se mencionó, entonces, que el desembolso de la operación se


aproximaba a los 300 millones de dólares, y que entre las partes se había acordado mantener el esquema de programación en español por lo menos en un periodo de dos años. Los cambios de la televisión hispana en los Estados Unidos tuvieron repercusiones en el esquema organizativo de Televisa en México. Desde la muerte de Azcárraga padre, y de los días tormentosos del "populismo echeverrista", no se habían experimentado condiciones que exigieran modificaciones de cierta magnitud en la estructura organizativa del monopolio privado. La más llamativa de tales modificaciones se produjo el 12 de agosto de 1986, día en que se confirma la renuncia de Azcárraga Milmo a la presidencia del consorcio mexicano bajo el supuesto argumento de la necesidad de "cumplir con labores más importantes" para la empresa en el sector externo de la misma. En un escueto comunicado de prensa el Consejo de Administración del monopolio informaba que: "Considerando la cada vez mayor importancia que han adquirido las operaciones del Grupo Televisa en el terreno internacional, le hemos pedido al señor Emilio Azcárraga Milmo, presidente de Televisa, que asuma la muy importante responsabilidad de estas operaciones, la cual él ha aceptado con particular interés". El hasta entonces vicepresidente ejecutivo, Miguel Alemán Velasco, ocuparía la presidencia de la corporación lo que fue interpretado por


algunos como un signo de "moderación" en la dirección de la empresa, y por otros como el triunfo de una línea más apegada a las visiones de ciertos grupos oficiales, dada la extracción política del nuevo dirigente. De igual forma, la llegada de Alemán a la presidencia de Televisa fue vista como parte de un significativo desplazamiento de la hegemonía que Azcárraga ejercía en el más importante de los medios de comunicación del país, lo que, al decir de algunos, representaba también la posibilidad de poner en marcha una "reforma moderada" en el consorcio a fin de ganar terreno en la creciente pérdida de legitimidad que el contexto de la crisis económica y particularmente los acontecimientos electorales de 1986 habían producido. Algunos meses después quedaría claro que la influencia de Azcárraga en Televisa no estaba, ni remotamente, erosionada. La transferencia de Azcárraga a los Estados Unidos por otra parte, se interpretó también como un paso lógico ante las dificultades por las que atravesaban sus intereses en aquel país. Más que en otros tiempos, la presencia directa del empresario se hacía necesaria, sobre todo después que el conflicto de la SICC condujera al rompimiento de su larga asociacion con Reynold V. Anselmo, quien por más de una década había fungido no sólo como director de la cadena, sino como el "contacto clave" de los negocios de Azcárraga en los Estados Unidos. En efecto, en abril de ese año, las


acciones de Anselmo en la cadena hispana de televisión fueron adquiridas por Azcárraga, y poco tiempo después aquel sería forzado a abandonar su puesto en la organización. La presencia del empresario mexicano en la cadena, al igual que sus planes de reordenación corporativa, generaron conflictos al interior del la misma. Por una parte, junto con Azcárraga se traslada un grupo tanto de administradores como de "intelectuales orgánicos" del monopolio mexicano, cuya sola presencia en la organización levantaría reacciones impredecibles. El más llamativo de estos movimientos lo fue, sin lugar a dudas, el rechazo a la inserción del periodista Jacobo Zabludovsky como cabeza del sistema de noticieros de la todavía cadena SIN, y como fundador de una agencia informativa internacional. El hombre que por díeciseis años fungiera como el "más autorizado" y "creíble" portavoz de Televisa y de los grupos de poder afines a ésta, enfrentó en la Unión Americana, en particular dentro de la misma cadena hispana de televisión, el repudio abierto por parte de quienes potencialmente serían sus subordinados.(16) La base de la información contra Zabludovsky radicó no tanto en el estilo personal del "informador más cotizado" de México, sino en el papel que éste había jugado en el proceso electoral de los estados norteños, especialmente en el de Chihuahua. La parcialidad con que el consorcio manejó la información a lo largo del proceso electoral motivaría, por


primera vez en la historia del monopolio privado, un sentimiento de alienación entre quienes por largo tiempo habían sido una parte fundamental de su clientela: las clases medias conservadoras (no sólo del norte del país) que ante su creciente simpatía con el proyecto antipriísta (o si se prefiere panista) no encontraron eco en su tradicional referente ideológico informativo. Ello, como se sabe, traería por consecuencia una serie de reclamos en contra del (ahora muy evidente) oficialismo de la televisión privada mexicana, y una relativa pérdida de credibilidad del monopolio. Con la renuncia en bloque, el l° de noviembre, de casi todo el equipo informativo de la cadena SIN, se hicieron patentes las cada vez mayores dificultades de la nueva administración de la cadena televisiva. No obstante, los planes de re-organización de la cadena siguieron adelante. La Spanish International Network, Inc., se transformó en Univisión Inc., la que a su vez dependería de la corporación Univisa Inc., nuevo eje aglutinador de los intereses de Azcárraga en la Unión Americana. Como parte de este proceso, el 17 de noviembre, se anuncia la creación de la agencia informativa internacional ECO (cuyo objetivo sería la venta de servicios informativos para televisión a todos los medios de difusión del mundo de habla hispana). Junto a las amargas experiencias producidas por la venta de la empresa SICC, el proyecto de Televisa en los Estados Unidos presenció, durante 1986 y 1987, la ruptura de su


virtual monopolio en la televisión hispana y el crecimiento de la competencia en su otrora mercado cautivo. En el contexto de una coyuntura más que favorable se crea, a fines del 86, Telemundo Group Inc., nueva cadena televisiva subsidiaria de la corporación Reliance Group Holdings, Inc. liderada por el inversionista Saul Steinberg. La irrupción de Telemundo en el mercado de la televisión hispana modificó significativamente las condiciones del mismo. El control de cinco estaciones televisivas en algunas de las zonas más densamente pobladas por la minoría latina le permitió a Telemundo integrarse al mercado televisivo en español cubriendo a una tercera parte de los 5.3 millones de hogares de origen latino de manera casi inmediata (lo que a SIN le había tomado varios años).(17) Además de Telemundo, la competencia en la televisión hispana incluiría también a Lorimar-Telepictures, Inc. (propietaria de una estación en San Juan de Puerto Rico), y a la misma Hallmark Cards, Inc. nueva propietaria de las estaciones de SICC.(18) Acostumbrada a operar como la "reina de la televisión de habla hispana", Univisión (antes SIN) se ve forzada, a partir de 1987, a competir por las tajadas del pastel publicitario. En el transcurso del 87 se producen algunos acontecimientos de relativa importancia. A fines de febrero, después de casi seis meses de vaivenes, se anuncia el "poco glorioso" regreso de Jacobo Zabludovsky a la pantalla chica de México, como titular de su ya tradicional noticiero 24 horas


y como codirector del sistema informativo del monopolio. El retorno del periodista se interpretó no tan sólo como una clara manifestación del fracaso de Televisa al tratar de imponer en un contexto diferente -es decir, el estadounidense- un estilo informativo abiertamente discrepante del que impera en esas latitudes, sino también como una señal del poder real que Azcárraga mantenía en las operaciones mexicanas de la corporación. Apenas dos meses más tarde se daría otra prueba de tal poder, cuando el nada popular ex-embajador John Gavin renuncia a su puesto de vicepresidente de relaciones públicas en la Atlantic Richfie1d Corporation (ARCO), para incorporarse como funcionario de alto rango en Univisa. Con la integración de Gavin al equipo de Azcárraga se cumplió la "profecía" que un año atrás había sido expuesta por diversos medios de comunicación en México y en Estados Unidos. De todos los cambios experimentados por el proyecto de Televisa en los Estados Unidos, el nombramiento del ex-embajador estadounidense John Gavin como presidente de Univisa Satellite Communications (filial de Univisa Inc.), fue el que mayor escándalo y "ruido político" causó, particularmente en México. No están claras las razones últimas que motivaron la asociación explícita de Azcárraga con el ex-embajador, aunque tal vez, como lo expresara Jorge G. Castañeda, la "tesis de la cachetada" parecería ser la más plausible. De acuerdo con ésta la


vinculación de Azcárraga con quien fuera considerado persona "non grata" en México, sería una muy patente muestra de prepotencia de un poderoso y favorecido empresario, como lo es Azcárraga, vis a vis un régimen que no ha hecho otra cosa que consentir al sector privado nacional, todo lo cual no hace sino confirmar el mal estado en que se encuentra el sistema político mexicano.(19)


Para disipar toda duda respecto a quién, finalmente, mantenía el control del "barco televisivo", en el mes de junio de 1987 se formaliza la creación de un órgano coordinador de las actividades de Univisa en los Estados Unidos y de Televisa en México. En el llamado Comité Ejecutivo (responsable del manejo de todas las actividades de ambas corporaciones), Alemán Velasco ocuparía un lugar subordinado a Azcárraga, quien se sitúa como presidente del flamante Comité. Con ello la "nueva fisonomía" del monopolio televisivo dejó ver sus rasgos preponderantes, entre los que sobresalta el hecho de que las ruidosas modificaciones llevadas a cabo desde 1986 al interior del mismo hubiesen terminado en dejar las piezas casi en el mismo lugar. ¿HACIA UNA NUEVA ESTRATEGIA? Sin embargo, el comunicado del 21 de noviembre de 1987 relativo a la venta de la cadena televisiva Univisión y del sistema de cable Galavisión, parecería indicar que la presencia del monopolio privado mexicano en la industria de la televisión estadounidense ha llegado a su fin después de casi tres décadas. No resulta sencillo explicar cómo y por qué se llegó a tal decisión, toda vez que en el caso de la cadena Univisión (antes SIN), en contraste con la situación de la Spanish International Communications Corporation, su


existencia y operación se realizan dentro de los marcos legales establecidos. Por ello, sólo nos queda suponer que detrás de tal decisión hay fundamentos –detalladamente ponderados- de índole económica. Es probable que, en el contexto de una creciente competencia, las tasas de rentabilidad esperadas no justificarán ni el riesgo ni el esfuerzo de mantener la cadena. Después de todo no debemos olvidar que Televisa ha estado acostumbrada a funcionar, tanto en México como en Estados Unidos, en un marco casi monopólico dentro del cual el polo dominante lo ha representado ella misma. Además si, como afirman los portavoces de la empresa, el acuerdo incluye la posibilidad de alimentar la programación de la cadena televisiva, por la vía de la venta de los programas a los nuevos propietarios, ello le permitiría mantenerse de alguna forma dentro del mercado. En otras palabras, se podría hipotetizar que sustentándose en una estrategia bien estudiada Televisa ha dejado el negocio del "hardware" (sólo por usar la analogía), para especializarse en el negocio del "software". Por otra parte, si se analiza con cierto cuidado la estructura organizativa de Univisa, queda claro que las actividades de esta corporación y de sus subsidiarias apuntan hacia una mayor diversificación de lo que en su tiempo fueron las actividades de SICC y SIN. Junto al control de la cadena televisiva y de los servicios de cable (ahora vendidos), Univisa mantiene su presencia en diversas áreas de la


industria cultural estadounidense. Así por ejemplo, a través de la empresa Videovisa, Inc., se encuentra presente en la producción y comercialización de video-cassettes para el mercado hispano; con la empresa Fonovisa, Inc., cubre la producción y venta de discos en español; por medio de ECO, Inc., se especializa en la venta de servicios informativos para televisión no sólo en los Estados Unidos sino, potencialmente, en todo el mundo de habla hispana; el área de ventas y distribución de programas de televisión a nivel mundial está a cargo de la empresa Protele, Inc.; por otra parte, cuenta con el Univisa -Grupo industrial especializado en la manufactura de diversos productos para la videoindustria; y finalmente, cuenta con Univisa Satellite Communications, Inc., la que hasta ahora funcionaba como el canal de negociación con diversos sistemas de satélites utilizados por la cadena de televisión.(20) Si este abanico de empresas se mantiene, resulta difícil argumentar la supuesta retirada del monopolio televisivo mexicano de los Estados Unidos. Como en anteriores ocasiones, todo apunta hacia la transformación de la estrategia corporativa -via diversificación de áreas de actividad- con miras no sólo a la sobrevivencia sino a la expansión. Más aún, es probable que la nueva estrategia más que centrar sus esfuerzos en conquistar de manera exclusiva el mercado latino del poderoso país del norte, lo tome a éste como la base de operaciones de un proyecto televisivo de mayor


trascendencia; es decir, como el punto desde donde se propague el sueño de la llamada "unidad hispana" (con los claros matices de las concepciones de "unidad" e "hispanidad" sustentadas por el monopolio y sus intelectuales orgánicos). En tal caso, proyectos como el ahora coordinado por el ex-embajador Gavin asumen una relevancia clave. No está claro, por cierto, en qué medida el proyecto original del satélite panamericano (PanamSat) continúa vinculado a los intereses de Azcárraga -básicamente por el hecho de que en PanamSat, Anselmo es accionista mayoritario-, pero aún prescindiendo de ello, existe la posibilidad de que el "marco de apertura y comercialización del espacio" promovido durante la administración de Reagan, Univisa con Gavin a la cabeza de las negociaciones pudiese poner en marcha un proyecto similar. En fin, los acontecimientos de los dos últimos años ponen de manifiesto que quienes controlan la televisión privada en México (y por un cuarto de siglo la de habla hispana en los Estados Unidos) han aprendido que aquello de


"cambiar para conservar" es algo más que un simple refrán de la clase política mexicana. No ha sido ésta la primera ocasión en que los magnates de la televisión mexicana han tenido que poner en práctica tal estrategia. La creación de Televisa misma hace 15 años, como se sabe, respondió en condiciones de naturaleza similar. ¿MALDICIÓN DE MALINCHE O RECONQUISTA DE AZTLAN? Una última reflexión. Es indudable que la experiencia de la televisión mexicana en los Estados Unidos tiene ciertos matices casi únicos en el desarrollo de las comunicaciones a nivel internacional. Emilio Azcárraga padre, el pionero de la misma, fue la punta de lanza de un fenómeno que hoy en día tiende a reproducirse: medios de comunicación de diversa índole, agencias de publicidad y todo tipo de estrategas mercadotécnicos, en ambos lados de la frontera, descubren en los ochentas la relevancia del llamado mercado latino de Norteamérica. Habrá, entonces, que reconocer el indiscutible aporte de Azcárraga Vidaurreta a los procesos actuales. Sin embargo, observando el fenómeno de la televisión hispana en el "coloso del norte" desde una perspectiva crítica, difícilmente podríamos conceder que tal proyecto conlleve el interés por apoyar una estrategia -tan importante como urgente- de promoción de los intereses


nacionales (y por extensión latinoamericanos) al interior de los Estados Unidos. México ha resentido, en particular durante la era Reganeana, una creciente tirantez en sus relaciones con el vecino país, y no sólo con la conservadora administración que ahí gobierna sino también con amplios sectores de su sociedad (Cornelius, 1987; Castañeda, 1987).(21) Si bien el deterioro de nuestra imagen en el exterior responde a visiones prejuiciadas y a intereses intervencionistas latentes en diversos grupos norteamericanos, es indiscutible que el contexto de la crisis ha puesto en evidencia los vicios de un sistema político en proceso de decadencia y ello, a su vez, ha alimentado los juicios de agentes externos sobre nuestra realidad. Como sea, resulta paradójico que contando con una presencia de tal relevancia en el sistema televisivo de los Estados Unidos, la interpretación y difusión del acontecer mexicano no haya tratado de operar, hasta el momento, como catalizador de las "visiones distorsionadas" que predominan en aquel país. A lo más que parece haberse llegado es a suponer que con la difusión de las tesis oficialistas se cumple con la promoción del interés nacional.(22) El proyecto de Televisa en los Estados Unidos, a pesar de todos sus altibajos, ha resultado una empresa de alta rentabilidad para sus propietarios pero, desafortunadamente, poco es lo que la sociedad mexicana en


su conjunto y la comunidad latina de aquel país han obtenido a cambio. Es un orgullo mal entendido proclamar y jactarse de la creciente exportación de productos culturales (telenovelas acartonadas, "shows" Raul velasquianos productos de Miami, etc.) cuando el embate de las fuerzas conservadoras norteamericanas sobre nuestro país se intensifica ante el silencio de un sistema televisivo que más que respetuoso parecería tender a la complicidad. Las visiones apologistas del desarrollo y la expansión de Televisa en la Unión Americana propondrían que finalmente los mexicanos de "acá" hemos iniciado la reconquista de Aztlán utilizando para ello una de las más sutilmente poderosas armas de nuestro siglo: la televisión. Sin embargo, un análisis crítico del mismo fenómeno cuestionaría seriamente si la presencia de la televisión mexicana en aquel país ha reportado algún beneficio a la identidad, la soberanía, y a la promoción de una imagen equilibrada de nuestro país en el exterior, y si en realidad ha servido como factor de cohesión y representación de la minoría latinoamericana de los Estados Unidos. El punto nodal al que debería llegarse es a cuestionar si el proyecto de Televisa, en los Estados Unidos, ha operado en función de la tesis de la "integración subordinada" (inspirada y próxima a la desafortunada doctrina Monroe) más que en función del "sueño Bolivariano".


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