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BASES PRA UNA TEORIA EN LA COMUNICACIONAL SOCIAL La reflexión teórica de la Comunicación ha alcanzado niveles que exigen de una práctica epístemológica urgente. E1 presente número de DIA -LOGOS quiere ser un aporte en el encuentro de distintas pertinencias que se colocan frente a este problema. Sornas conscientes que una disciplina en constante evolución y dinamismo como la muestra supone productivas oposiciones en torno a las que se instalan diferentes y muy variados cauces teóricos que orientan la investigación, la discusión política, y la propia práctica profesional. Sin embargo 1 la reflexión -pese a las contradicciones - ha devenido en algunos lugares de encuentro entre pertinencias tan disímíles como la comunication research y la semiología. Esta conclusión de Mau ro Wolf se encuentra con la posición manejada por los colombianos Bello, Buenaventura y Peréz, en -relación a las concepciones de la comunicación en América Latina. El encuentro entre la teoría y lo popular es enfocado por Martín Barbero. El fílósofo Eduardo Albizu presenta la teoría del actuar comunicativo de Jürgen Habermas y Sergio Ramírez trata las ideologías Profesionales de los comunicadores. Finalmente Manuel Martín Serrano apunta en la perspectiva Teórica que se plantea un análisis metódico de la verdad en la comunicación. En suma, la sección ensayos está centrada en el problema del conocimiento y de las matrices teóricas a partir de las cuales, se va construyendo una teoría de la comunicación. En la sección investigación presentamos avances de los trabajos de Ana María Fadul y Alejandro Ulloa, Y en la sección Enseñanza Luis Torres inicia un acercamiento a los Post-grados en América Latina. La entrevista de este número --realizada por MaxTello y Luis Benavente- trata sobre la telenovela y vida cotidiana en Brasil: Paulo Afonso Grisolli, director de Malú Mujer y Lampiao y María bonita, discute la relación entre la televisión y sociedad poniendo en cuestión la función de los investigadores, esperamos que el número que ahora ofrecemos a nuestros lectores contribuya -en parte-, a poner en cuestión y a dinamizar un proceso de problematización de los componentes Teóricos, concientes o inconcientes, a partir de los cuales se dice y se hace la comunicación social en América Latina.


ANALISIS METODICO DE LA VERDAD EN LA COMUNICACION MANUEL MARTIN SERRANO 1. PLANTEAMIENTO METODICO DEL ANALISIS DE LA OBJETIVIDAD, SIGNIFICATIVIDAD Y VALIDEZ DE LOS DATOS DE REFERENCIA. Los datos de referencia que proporcione cualquier producto comunicativo sólo pueden ofrecer información parcial a propósito del objeto de referencia al que se refiere la comunicación. Esta limitación supone que no existe una comunicación completa, si por tal se pretendiese aquella que brinda todo el conocimiento posible a propósito de un objeto de referencia. La incompletitud, la parcialidad que es consustancial con la comunicación, plantea una serie de interrogantes: ¿es posible una comunicación que permita la objetividad a propósito del mundo?, ¿cómo estamos seguros de que la información que ofrecen los datos de referencia es significativa?, ¿de qué modo cabe asegurarse de, que una comunicación es válida? Estas preguntas, bajo su apariencia especulativa, poseen la mayor importancia práctica: nuestras relaciones interpersonales, la ciencia, la vida cotidiana toda, descansan sobre el supuesto implícito de que la comunicación puede ser objetiva, significativa y válida. Planteando el problema en términos susceptibles de un análisis metódico, las interrogantes que requieren una respuesta son las siguientes: 1) ¿Cómo (no) es posible que los datos de referencia proporcionen una información objetiva a propósito de una referencia a la que sustituyen? ¿Qué significa "objetividad"? 2) ¿Cómo (no) es posible que los datos de referencia proporcionen una información significativa a propósito de una referencia que puede ser tomada en cuenta desde muchos puntos de vista? ¿Qué significa significatividad?. 3) ¿Cómo (no) es posible que los datos de referencia proporcionen información válida para Actores que persiguen fines distintos a propósito de un objeto de referencia que está en relación con todos los demás? ¿Que significa validez? Para facilitar el análisis se utilizará un ejemplo. Sea el objeto de referencia de la comunicación una MANIFESTACION CONVOCADA POR LOS PARTIDOS POLITICOS. La televisión informa de este acontecer a las audiencias, incluyendo en sus noticiarios un reportaje rodado mientras transcurre la manifestación. Los datos de referencia que se muestran durante el reportaje ofrecen "una panorámica de la cabecera de la manifestación y sus pancartas". El 'lugar de observación" en el que el operador ha situado la cámara está frente al objeto de referencia. Esta posición de la cámara permite obtener información sobre los textos de las pancartas, los movimientos de manifestantes situados en las primeras líneas, etc. Este "lugar de observación" excluye la obtención de otros datos de referencia alternativos. Por ejemplo, si la cámara se hubiera situado en un helicóptero, rodando desde el aire la manifestación, habría captado datos de referencia diferentes. a través de los datos captados desde el aire el receptor no percibiria información sobre las pancartas o los dirigentes, pero en cambio podría informarse sobre la longitud y la densidad de la manifestación., El reportaje en imágenes se acompaña de la locución de un mediador, que añade otros datos de referencia al relato, a los cuales nos referimos oportunamente en el texto.


2. ANALISIS DE LA OBJETIVIDAD (2) 2.1 Concepto de objetividad. La "objetividad" es una forma de indicar que los datos de referencia pueden ser atribuidos legítimamente al referente que designan. Él problema del análisis de la objetividad radica en establecer qué es una atribución legítima. En el ejemplo que se ha sugerido, tanto las imágenes frontales como las que se podían tomar desde el aire, son datos de referencia objetivos, porque unas y otras proceden directamente de las expresiones obtenidas con el concurso del propio objeto de referencia (LA MANIFESTACION). El mediador de la comunicación puede añadir a los datos de referencia proporcionados por las imágenes otros proporcionados por él mismo en la locución. Por ejemplo, 1a manifestación se inició a las diez de la mañana y concluyó a las tres de la tarde; recorrió el trayecto que existe entre la Plaza de Atocha y Cibeles". Estos datos proceden indirectamente del acontecer de referencia y (supuesto que sean exactos) pueden ser atribuidos legítimamente al objeto de referencia; en consecuencia también son datos objetivos. . El mediador puede optar por relacionar esos acontecimientos con otros similares, llamando la atención sobre las peculiaridades del mismo. Aportará, por ejemplo, los siguientes datos de referencia en la locución: "En ningún momento a lo largo de la manifestación hizo acto de presencia la fuerza pública. No se registró ningún incidente". En el supuesto de que estos datos sean exactos pueden ser legítimamente predicados del referente,3 por tanto cabe considerar que son datos objetivos. Cualquiera que sea el criterio de uso de esos datos de referencia que el mediador vaya a proponer en la comunicación, su carácter de datos objetivos es incuestionable. La objetividad de tales datos tampoco se ve afectada por la praxis comunicativa, es decir, por los fines que se propongan lograr Ego y Alter recurriendo a la comunicación a propósito de este objeto de referencia. La objetividad de un dato deriva: de que proceda del objeto de referencia; o de que pueda predicarse que no lo posee un objeto de referencia, condiciones que indican la referenciabilidad, es decir la atribución legítima. La objetividad de los datos de referencia es una cualidad que depende de la referenciabilidad, y en cuanto tal, es independiente del uso que se haga de esos datos en la comunicación, objetividad y mediación. La objetividad de los datos de la comunicación lo quiere decir en ningún caso que puedan obtenerse esos datos sin la participación de una cadena de mediadores tecnológicos y profesionales. Los datos de referencia correspondientes a las imágenes rodadas de LA MANIFESTACION han sido recogidos por un equipo que elige la posición desde la cual se va a contemplar la manifestación y el mortien lo del rodaje le llegan al receptor mediados por una cámara cuyo tratamiento determinan el tiempo mínimo que va a transcurrir para que imágenes se impresionan en película cuya tratamiento determina el tiempo mínimo que va a transcurrir para que los datos estén disponibles. La existencia ineludible de mediaciones en la comunicación significa que cuando se habla de objetividad de los datos de referencia debe de suponer la intervención de un instrumento y de un Actor. Si por objetivo se interpreta no mediado, la única objetividad posible que puede ofrecerse a Alter es el contacto directo y personal con el objeto, pero esta relación con el objeto es uso o experimento; el mismo remite al transporte, el experimento remite a la prueba; en ambos casos, el objeto deja de ser un referente, y la relación con el objeto deja de ser comunicativa. 4 No obstante, la mediación puede ser intencionalmente manipulada para distorsionar la referenciabilidad de los datos respecto del objeto de referencia. Por ejemplo. el mediador


puede usar una lente de deformación que impresione en la película caras grotescas o monstruosas. Luego, en el proceso de manipulación de la película, puede alterar el ritmo, de forma tal que los manifestantes se muevan de una manera torpe o alocada. También puede repetir muchas veces la presentación de tinos determinados planos o detener el relato audiovisual para destacarlos. Por ejemplo, si un manifestante se cae reproducir diez o doce veces la caída si levanta el puño pasar a la imagen fija unos segundos. En todos estos casos la mediación se transforma en tina intervención intenciond1 que tiene que ver con el uso de la comunicación estas intervenciones afectan, sobre todo, a la validez de los datos, y se examinarán al tratar de aquella. 3. ANALISIS DE LA SIGNIFICATIVIDAD 3.1 Concepto de significatividad. La significatividad es una forma de indicar que los datos de referencia han sido legítimamente seleccionados respecto al criterio de uso formal de los objetos; lo que es lo mismo: que los datos de referencia son pertinentes para referirse al objeto de referencia desde un cierto punto de vista. La objetividad de los datos de referencia es una condición necesaria para la significatividad comunicativa de esos mismos datos pero no es una condición suficiente. Los datos utilizados en ( 2.1 ) son todos objetivos, lo cual no asegura que sean significativos en toda posible referencia al objeto de referencia.5 Si el mediador se sirve de esos datos para referirse a la manifestación desde el punto de vista de la capacidad de convocatoria de los sindicatos, del recorrido y la duración del acto, de las reivindicaciones que se exhiben en las pancartas, ha proporcionado datos significativos. Si se sirviese de esos mismos datos para referirse a la manifestación desde el punto de vista del eco que ha tenido en la población, en el Gobierno o los trabajadores, esos datos pierden toda significatividad. Existe una selección legítima de datos de referencia desde el punto de vista del uso formal de esos datos en los siguientes casos: Cuando los datos de referencia proceder directamente de expresiones logradas sobre la sustancia expresiva, con el concurso del objeto de referencia (condición que asegura su objetividad) y ademáis convienen al punto de vista que sirve de criterio para la comunicación. Por ejemplo, las imágenes frontales de la manifestación son significativas desde el punto de vista del mediador que se refiere a las reivindicaciones escritas en las pancartas; las imágenes desde el aire son significativas desde el criterio de quien desea referirse a la longitud y densidad de la manifestación. Cuando los datos pueden ser atribuidos legítimamente al objeto de referencia (condición que asegura su objetividad) y además convienen al punto de vista que sirve de criterio de la comunicación. Por ejemplo, los datos proporcionados por el locutor sobre la ausencia de la policía son significativos si desea informar sobre la manifestación desde el criterio de la permisividad de las autoridades. Los datos de referencia (objetivos) que convienen al punto de vista formal adoptado frente al referente son relevantes. La significatividad de los datos de referencia es una cualidad que tiene que ver con la relevancia, y que es independiente de los fines prácticos que tratan de lograr los Actores que comunican a propósito de ese objeto de referencia. 3.2 Significatividad y mediación.


La necesidad ineludible de que se elija un criterio de referencia, a la llora de seleccionar dalos significativos, determina la existencia inevitable de una mediación: en consecuencia, la utilización de un punto de vista formal para comunicar a propósito del objeto de referencia significa la existencia de una opción respecto a otros posibles puntos de vista que podría haber tenido en cuenta el mediador. Si por significativo se interpreta lo mediado la única significatividad posible que podría ofrecerse a Alter sería una experiencia inmediata del objeto de retención, en este caso se da el paso desde la comunicación a la acción y el objeto ya no es más el objeto de referencia, sino un material o un precepto. Sin embargo, el hecho de que deba de existir un punto de vista permite que sea posible manipular los datos de referencia, distorsionando su relevancia. Por ejemplo, el mediador puede referirse a LA MANIFESTACION desde el punto de vista de los efectos sobre el tráfico rodado. Este punto de vista determina por ejemplo, que la cámara recoja datos recogidos a los coches que aguardan en las calles confluentes con aquellas por las que desfilan los manifestantes. Aunque tales datos ofrezcan información objetiva y, pertinente (desde ese punto de vista), la selección de estos datos tal vez sirvan para excluir otros. En este caso se pasa de la mediación a una intervención intencional, la cual tiene que ver con la praxis comunicativa, y se analizará en el próximo parágrafo. 4. ANALISIS DE LA VALIDEZ 4.1 Concepto de validez. La validez es una forma de indicar que el conjunto de los datos de referencia que se ofrecen son suficientes para situar a ese objeto de referencia en el contexto de aquellos otros con los cuales está relacionado a nivel material, cognitivo o de uso. La objetividad y la significación de los datos de referencia son condiciones necesarias para la validez de esos mismos datos, pero no son condiciones suficientes, Los datos utilizados en (2.1 ) son todos objetivos; en (3.1 ) se. han señalado criterios formales que les hacen significativos desde puntos de vista determinados sin embargo, no por ello se asegura que tales datos sean válidos en todo posible empleo de la comunicación. Por ejemplo, los organizadores de la manifestación y la Policía Municipal llevan a cabo un recuento del número de asistentes. Los organizadores hacen el cálculo a la una de la mañana, cuando la mayor parte de la manifestación ha alcanzado el lugar de destino y se concentra en el punto de cita. La policía Municipal hace el recuento a las once cuando la cabeza acaba de llegar al punto de cita y los últimos están saliendo del lugar de origen. En ambos casos se refiere a la fotografíaaérea: los organizadores toman fotos en el punto de concentración, la policía en algún lugar del trayecto: unos y otros calculan el número total de manifestantes multiplicando la densidad de la manifestación por la longitud. El resultado que obtienen los organizadores resulta diez veces superior al que obtiene la policía cada parte imputa a la otra que su información no es válida y está dispuesta a demostrarlo ofreciendo pruebas,así como explicando los métodos, que ha usado para obtener la cifra de asistentes. La exposición que hemos hecho permite analizar el problema propuesto, demostrando que en realidad, tanto los datos de referencia de los organizadores con los de la policía no son válidos. Es evidente que las dos partes utilizan datos objetivos: puede decirse que en las horas H 1 - H-2 y en los lugares 1-1 - 12 había tantas personas por metro cuadrado. como demuestran las respectivas fotos aéreas luego los datos de ambos cálculos pueden ser atribuidos al objeto de referencia.


También es cierto que los datos de referencia que se proporcionan son significativos, puesto que se está tratando de calcular aproximadamente la concurrencia a la manifestación. Pero tanto el cálculo de los organizadores como el cálculo de la policía contienen sesgos. El sesgo de los datos de referencia cine ofrecen los organizadores deriva de que extrapolan a la longitud de la manifestación en marcha, la densidad que existe en el lugar de concentración cuando aquella esta detenida este sesgo abulta las cifras de los datos. El sesgo de los datos de referencia que ofrece la policía deriva de que sólo tiene en cuenta los manifestantes que en el momento de la foto ocupan algún lugar del trayecto, sin contar los que han llegado al destino, acumulándose en el punto de cita, y los que todavía no se han incorporado, aguardando en los alrededores del lugar de inicio. Este sesgo reduce las cifras de los datos. Los respectivos sesgos son la causa de que los datos de unos y otros sean igualmente inválidos. Se comprende que el Sesgo puede ser consecuencia de una concepción inadecuada del modo en que debe efectuarse el cálculo, o de una artimaña intencionada, que seleccionaría el momento y el lugar más favorables, ya sea maximizar los resultados, del cálculo del número de asistentes o para reducirlos, al mínimo posible. Según el origen del sesgo derive de un error o de una artimaña, se trataría de una comunicación que esta invalidada por un uso erróneo de los datos de referencia o por un empleo ilegítimo de los datos de ambos casos el problema se sitúa en el uso intencional que se hace de la comunicación, o si se prefiere, en la dimensión de las prácticas comunicativas (praxis comunicativa). Tanto el uso erróneo como el uso ilegitimo de los datos de referencia son posibles en la comunicación, porque el mediador se refiere al objeto utilizando datos insuficientes o incompletos, aunque cada dato en particular sea objetivo y Significativo.7 Se comprende que la validez es una cualidad de la comunicación que se desprende del conjunto de los datos de referencia: cuando los datos de referencia son suficientes para que el destinatario de la comunicación sitúe correctamente ese objeto de referencia en el espacio, en el tiempo y en relación con otros objetos, la comunicación ha asegurado la completitud de los datos de referencia cuando los datos de referencia son insuficientes (falta de datos debida al sesgo informativo o al ocultamiento) porque no permite situar correctamente ese objeto de referencia en el espacio, en el tiempo y en relación con otros objetos, la comunicación carece de completitud. Las condiciones que garantizan la completitud de los datos de referencia quedan aseguradas: Cuando los datos de referencia proceden de expresiones en cuya obtención ha participado directamente el objeto de referencia o bien otros objetos de referencia, convienen al punto de vista y el conjunto de datos resultante no oculta o sesga datos pertinentes. Supongamos que la praxis comunicativa se orienta en el mediador a demostrar que las manifestaciones sindicales autorizadas refuerzan la democracia. Adopta como punto de vista formal una aproximación a la manifestación en cuanto expresión de las libertades; y dispone como datos objetivos de imágenes referidas al transcurso de esta manifestación, desarrollada legalmente, y al transcurso de otras que se desarrollaron sin autorización legal. Puesto que su demostración significa la comparación de un acontecer actual con otro del pasado, su praxis comunicativa no se alcanza con la sola referencia al objeto de referencia actual (LA MANIFESTACION DE AHORA), sino que le obliga a referirse a otro objeto (LAS MANIFESTACIONES ANTERIORES AL RECONOCIMIENTO DEL DERECHO DE MANIFESTACION). El mediador puede incluir datos que proceden directamente de unos y otros objetos de referencia, por ejemplo imágenes en las que quepa informarse sobre el distinto comportamiento de los manifestantes y de la fuerza pública, o el distinto despliegue y contenido de pancartas, banderas o siglas.


- Cuando los datos de referencia pueden ser atribuidos al objeto de referencia o a otros objetos: convienen al punto de vista y el conjunto de datos resultante no oculta o sesga datos pertinentes. - Cuando puede ser afirmada la no pertenencia de los datos de referencia al objeto de referencia o a otros objetos; convienen al punto de vista y el conjunto de datos resultantes no oculta o sesga datos pertinentes. Para completar la anterior praxis comunicativa el mediador puede precisar referirse a datos estadísticos. Por ejemplo, introducir como datos de referencia el número total de manifestaciones que tuvieron lugar en el período en el que no existía el derecho de expresión y reunión y las que se han sucedido desde que esos derechos se reconocieron en la Constitución; el número de detenidos, contusionados o muertos. Atribuyendo (o no atribuyendo) esos datos a unos u otros referentes, y siempre que lo haga con exactitud, el mediador puede conseguir una selección de datos que satisfaga la necesaria completitud, y por tanto, sean válidos; en cuyo caso, su práctica comunicativa habría demostrado que la autorización de las manifestaciones refuerza la democracia. El conjunto de datos de referencia (objetivos y significativos) que convienen para llevar a cabo una praxis comunicativa determinada constituyen los datos que completan esa praxis, y por tanto son válidos. La validez del conjunto de los datos de referencia es una cualidad que tiene que ver con la completitud. Cada praxis comunicativa requiere sus propios criterios de completitud. En términos generales se sabe que un conjunto de datos son suficientes, cuando la información que proporcionan abren o cierran legítimamente las relaciones que ese referente tiene con otros desde el punto de vista de esa práctica comunicativa. - Se entenderá por "una apertura legítima del referente a otros referentes" aquel sistema de datos de referencia que establezca el repertorio de todas las relaciones que ese referente mantiene con otros y que son pertinentes desde la perspectiva de la práctica comunicativa. - Se entenderá por "un cerramiento legítimo del referente" aquel sistema de datos de referencia que establezca el repertorio de todos los estados del referente que no dependan de las relaciones que mantiene con otros, y que son pertinentes desde la perspectiva de la práctica comunicativa. En el ejemplo que se ha utilizado últimamente la inclusión en el sistema de datos de referencia de un repertorio de datos estadísticos sobre incidentes y de imágenes de otras manifestaciones no autorizadas puede considerarse como una apertura legítima, toda vez que la praxis comunicativa quiere demostrar que la autorización de manifestaciones refuerza la democracia. Si hubiera ocurrido que en esa manifestación concreta alguien hubiese producido algún desorden y fuese cierto que se trataba de un loco o de un provocador, sería un cierre legítimo ofrecer datos de referencia que informasen de la naturaleza fortuita de ese incidente en esa manifestación concreta. En términos generales, los datos de referencia que finalmente entran a formar parte de una comunicación orientada por una praxis comunicativa, representan un sistema de datos. Como cualquier otro sistema, puede ser expresado en un modelo, por medio del cual cabe estudiar la validez, o si se prefiere, la completitud o incompletitud de tales datos. 4.2. Validez y mediación. La referencia a la praxis se ha efectuado de una manera aséptica, sin mencionar hasta ahora que ciertas prácticas comunicativas son aceptables y deseables, en tanto que otras son inaceptables o indeseables. El ejemplo que se ha utilizado muestra una práctica comunicativa que persigue un objetivo aceptable, o incluso deseable, cuando el valor de las libertades democráticas de expresión y reunión resultase insuficientemente comprendido. En cambio si la práctica comunicativa tuviese por objeto servirse de esa comunicación a


propósito de ese objeto de referencia, para generar en la audiencia odios y divisiones, parecería inaceptable o indeseable. Ahora bien los criterios "aceptable/ inaceptable" "deseable /indeseable" remiten al dominio de los valores. Sin entrar en esta ocasión en el estudio de los valores concretos que cabe defender para la práctica comunicativa, conviene destacar que los valores están necesariamente complicados en el proceso comunicativo, porque no hay práctica comunicativa alguna que no lleve a cabo un cierre o una apertura de datos a partir de la cual se establecen, de forma explícita o implícita, juicios de valor sobre la realidad a propósito de la que se comunica. En consecuencia, los Actores de la comunicación, en la medida que deciden el empleo práctico que dan a los datos de referencia, están comprometidos con los efectos materiales, cognitivos, sociales que va a generar la comunicación (aunque esos efectos sean distintos a los que se pretendían). La circunstancia de que la comunicación se practique con un fin (explícito o implícito) orientado a obtener determinados efectos sobre el mundo material, el mundo social o el mundo cultural, tiene como consecuencia que exista una mediación intencional: el producto comunicativo que proporciona un conjunto de datos de referencia expresa valores, intereses, motivos, necesidades de los usuarios de la comunicación. Si por válido" se interpreta "no mediado" la única validez posible que podría ofrecerse, sería la que pasase por una experiencia mística entre un objeto ideal que permaneciese siempre idéntico a sí mismo, y un sujeto ideal que se dedicase a la mera contemplación. Toda vez que no existen ni tales objetos ni tales sujetos (al menos en nuestro espacio vital y en nuestro tiempo histórico), tampoco existe un sistema de datos no mediados por quienes se sirven de ellos. No obstante, el hecho de que toda comunicación suponga una praxis que introduce la mediación de un uso intencional, sirve de base para manipular el sistema de datos de referencia , distorsionando su completitud. A lo largo de las páginas precedentes se han señalado varios ejemplos que ilustran tales distorsiones. - En términos generales las intervenciones sobre el conjunto de datos de referencia que comprometen su validez se producen como consecuencia de dos clases de actuaciones: - Se oculta el uso intencional de la comunicación. Por ejemplo, un mediador puede programar en la televisión películas, aparentemente con el fin de entretener a las audiencias las noches de los sábados. Pero si perteneciese a un partido político o secta que se opone al divorcio, en un momento en el cual se debate esa ley en el Parlamento, puede seleccionar títulos en cuyo argumento se muestren con trazos negros las consecuencias que el divorcio tiene para la familia. En este ejemplo el ocultamiento de] uso de la comunicación afecta a la transparencia del proceso comunicativo, toda vez que los receptores ignoran que se está usando el medio para hacer campaña antidivorcista. - Se declara el uso intencional de la comunicación, pero el sistema de datos de referencia que se ofrece no satisface las condiciones de completitud. Por ejemplo, en un programa de "opinión pública" se indica expresamente que se va a efectuar una encuesta sobre el divorcio en la población española. Si la muestra que se elige está sesgada (se aumentan intencionalmente los muy jóvenes o los muy mayores; los casados o solteros; las mujeres o los hombres; quienes tienen rentas altas o bajas; quienes residen en medios urbanos o rurales; quienes son católicos o no creyentes) este sesgo concluirá en datos de referencia que no son representativos del referente de la comunicación (LA OPINION del conjunto de la población española). 5. EL CONCEPTO DE LA COMUNICACIÓN VERDADERA


Hemos sugerido un análisis de la verdad de la comunicación del cual puede concluirse la siguiente definición: La comunicación verdadera es aquella que utiliza datos de referencia objetivos, significativos y válidos.8 Una comunicación puede ser objetiva y, sin embargo, no ser significativa y válida: por ser objetiva se podrá decir de ella que utiliza datos de referencia que pertenecen al objeto de referencia, pero no que sea verdadera. Una comunicación objetiva puede ser significativa y, sin embargo, carecer de validez: por ser objetiva se podrá decir de ella que utiliza datos de referencia que pertenecen al objeto de referencia, y que esos datos son pertinentes para referirse a ese objeto, pero no que sea verdadera. Una comunicación objetiva y significativa puede ser válida: por ser objetiva se podrá decir de ella que utiliza datos de referencia que pertenecen al objeto de referencia; que esos datos de referencia que pertenecen al objeto de referencia; son pertinentes para referirse al objeto y que son transparentes desde el punto de vista del uso que recibe la comunicación. De esta comunicación puede afirmarse que es verdadera. Existen análisis de la comunicación que confunden la objetividad con la significación y ambas con la validez. También existen otros análisis que creen asegurada la verdad de la comunicación cuando los datos de referencia cumplen algunos de estos requisitos. Desde el punto de vista epistemológico, tales análisis aparecen como un positivismo o un idealismo ingenuos. - Cuando se ha establecido que una información es objetiva, sólo se ha mostrado que los datos de referencia que usa son confiables, es decir, pueden ser referidos al objeto de referencia. Queda aún por demostrar que son significativos y válidos. . Cuando se ha establecido que una información objetiva también es significativa, se ha mostrado que los datos de referencia, además de confiables son explicativos, es decir, poseen relevancia para referirse al objeto desde algún punto de vista. Queda por demostrar que son válidos. - Sólo cuando se ha establecido que una información objetiva y significativa también es válida, es decir, que los datos de referencia, además de confiables y explicativos son suficientes para servir a la praxis comunicativa, cabe hablar de comunicación verdadera. El concepto de verdad. que aquí se ofrece es relativo pero no arbitrario: . Relativo con respecto al estado en el que se encuentra el objeto de referencia, estado del que depende la legitimidad de una atribución correcta de los datos de referencia a ese objeto. Por ejemplo son objetivos los datos de referencia contenidos en una fotografía de la Plaza de España en Madrid, pero esa objetividad desaparecerá el día en el que el lugar ocupado ahora por la Torre de Madrid lo ocupe en la realidad un parque. - Relativo con respecto al criterio formal de uso de los datos de referencia, criterio del que depende la legitimidad de una selección concreta de esos datos. Por ejemplo son significativos los datos de referencia que informan sobre el crecimiento de la población española, si me estoy refiriendo a esa población desde el punto de vista de su evolución demográfica; pero esa significación desaparecerá si comunico a propósito de esa misma población desde el punto de vista de sus ideas políticas. - Relativo con respecto al uso intencional del sistema de datos de referencia, práctica de la que depende la legitimidad de un cierre o una apertura de esos datos a la realidad material, social y cultural. Por ejemplo es válido el sistema de datos de referencia que me permite referirme a las ventajas que tiene estudiar para promover un interés hacia la formación entre los jóvenes; en cambio, no es válido ese mismo sistema de datos si mi interés consiste en servirme de esa comunicación para señalar las oportunidades que ofrece una carrera universitaria de encontrar trabajo.


Notas, Este texto procede de] tema 11 de libro “Teoría de la Comunicación”editado en España por Alberto Corazón, Cuadernos de la Comunicación, Madrid. De este libro se prepara una edición latinoamericana por FELAFACS. 1. Utilizaré ahora el término información en el sentido de selección de datos que elimina la aleatoriedad y posibilita la construcción del sentido, efectuada por un modelo de representación. 2. El lector verá facilitada su tarea s coteja los análisis que siguen con e cuadro "Niveles de falsificación de los datos de referencia". 3. La predicación de una cualidad respecto de un objeto puede referirse tanto a la atribución como a la no atribución de la primera con respecto al segundo. 4. Cfr. un análisis detallado de las mediaciones en "La producción social de comunicación Manuel Martín Serrano, Madrid, 1986 Alianza Editorial. 5. El criterio de atribución legítima (fundamento de la objetividad) remitía, a la naturaleza del objeto de referencia, cualesquiera que sean los Actores de la comunicación y sus intenciones. En cambio, el criterio de selección legítima (fundamento de la significatividad) remite a un punto de vista que Ego y Alter comparten en el uso formal de la comunicación, cualesquiera que sean los referentes de la comunicación y las intenciones de los Actores. 6. Sobre las modalidades de relaciones posibles (comunicativas y no comunicativas) con cada entidad del mundo cf. un análisis sistemático en "Teoría de la comunicación", Manuel Martín Serrano et alt. Alberto Corazón. Editor. Madrid, 1987. 7. Cuando el mediador utiliza datos que no son objetivos (por ejemplo, imágenes de otra manifestación distinta) o que no son pertinentes (por ejemplo, estimaciones "a ojo" de un testigo presencia) la comunicación también es inválida; pero en este caso la invalidez es una consecuencia de la carencia de objetividad y de la carencia de pertinencia de los datos, en vez de ser consecuencia directa de una praxis comunicativa no válida. 8. No nos referimos a una verdad lógico-formal, para la cual sería suficiente la consistencia interna de los datos.


Pocas veces una reflexión ética sobre las comunicaciones tiene el rigor que le permite ir más allá de las peticiones de principio. Es así como Sergio Ramírez Lamus supera largamente esta barrera al aproximarse desde los dramáticos acontecimientos del Palacio de Justicia de Bogotá a un análisis crítico sobre las ideologías profesionales. El criterio exclusivamente profesional se superpone al moral y la responsabilidad ante los acontecimientos se diluye en un conformismo donde medios, políticos y militares no realizan más esfuerzo que acogerse a los mecanismos de la sociedad profesionalizada. Finalmente Ramírez Lamus concluye con Enzensberger que "se ha admitido que unos pocos pensarán, juzgarán y decidirán por los demás".

COMUNINICACION E IDEOLOGIAS PROFESIONALES CONTROL DEL CONOCIMIENTO Y CONOCIMIENTO DEL CONTROL

La profesionalización es un hecho reciente en el transcurso humano. Puede sostenerse que el gesto profesionalizador desplaza delicados equilibrios vividos en, las sociedades preindustriales, entre trabajo y placer, agresividad y comunidad, cinismo y sinceridad. Se instaura en su lugar la seriedad unidimensional del profesionalismo. Se excluye al placer del trabajo, la cultura libresca sé fetichiza y proliferan los roles, haciéndose necesaria una buena dosis de cinismo (frialdad burocrática) para desempeñarlos. Queda consumada así la disolución totalitaria del -individuo en la función o en el estatus".1 Las expresiones de la conciencia profesional y el concepto de ideología profesional serían homólogos. Este último alude a las teorías especializadas que predominan en el seno de los distintos 2 grupos profesionales/ ocupacionales. Tales teorías configuran no solamente el cuerpo de saberes de las culturas librescas, vector esencial en la legitimación del Status quo profesional. Configuran, además, una buena parte de los tics o automatismos de las culturas ocupacionales, 3 de las nociones que gobiernan los aspectos pragmáticos (empíricos antes que teóricos) del ejercicio profesional. Las representaciones sociales de la conciencia profesional se desdoblan así en una primera dimensión, a la vez consciente e implícita -las de las teorías y modelos dominantes que organizan cuerpos de conocimientos manipulados por el grupo profesional -y en una dimensión de nociones originadas en dichas teorías e incorporadas a los aspectos habituales, cotidianos y societarios del ejercicio profesional, aquellos que van más allá del ámbito cerrado de una comunidad de expertos. Conviene subrayar esta oscilación entre teorías conscientes y hábitos profesionales automatizados, entre el incesto de la minucia sólo inteligible en famille y el ejercicio profesional hacia afuera (los clientes, el perfil social de la profesión, etc.). Sólo poniendo atención a dicho vaivén lograremos tantear la relación entre ideologías profesionales y comunicación social. Afirmo esto en virtud de que si las ideologías profesionales abandonan su limbo de erudición enrarecida (su habitat natural) deben asumir otras indumentarias, hacerse susceptibles de transformación, vehicular sus conocimientos a través de otras mediaciones diferentes a la de los lenguajes expertos. Lo cual plantea la existencia de un continuo entre la versión experta -jergas y sofisticados conocimientos implícitos - y la vulgarización didácticalpopulista de los saberes Ebrescos. Pero dicho continuo no es fácil formularlo. Las complicaciones de esta formulación no se deben sólo a la relativa circularidad entre dimensiones conscientes-teóricas y habituales -pragmáticas de los conocimientos profesionales (dificultad de demarcar muy tajantemente entre ideologías y culturas ocupacionales). Otros factores intervienen para dificultar la apreciación de tal continuo: Entre éstos el carácter fluído de la "divulgación", la diversidad innumerable de capilares que intervienen en la circulación social amplia de conocimientos especializados. Porque la traducción (divulgación) de las ideologías profesionales recurre al expediente, ya bien conocido en la industria


cultura], de la especialización de audiencias. Las opciones traductoras ponen en escena los conocimientos eruditos edulcorada y morigeradamente a lo largo de dos extremos: Uno, aquél en el cual se consolidan los cerrados universos de lectura propiciados en la formación escolar. Se interpela entonces a públicos con cierta competencia en lo que respecta a disciplina y hábitos de la curiosidad intelectual. Otro, aquel que reduce a un mínimo más amorfo, deseoso de ser educado paternalmente, ansioso de ser redimido de su infinita ignorancia. La oscilación se da entre las distribuciones exclusivistas del conocimiento que celebran la existencia de élites entre las masas y las distribuciones populistas que acuden a uno u otro tipo de didactismo. La reseña cultural aparece aquí como un campo primordial para el diagnóstico de las mediaciones divulgadoras de conocimientos expertos. En la crítica de cine, por ejemplo, es evidente que la frivolidad liviana; los anzuelos "periodísticos", no necesariamente riñen con las vetas eruditas presentes en los enunciados del crítico. Las ideologías profesionales de la cinematografía se confunden con cualquier otra muletilla de carácter periodístico. Las nociones sobre dramaturgia, lenguaje cinematográfico, narrativa, géneros, etc. se asemejan a los procedimientos del periodista burgués quien, como novelista columnista -editorialista pone en relación acontecimientos de la actualidad social, económica y política con otros del pasado o correspondientes a los más variados lugares y coyunturas, asimilándolos siempre a la misma óptica generalizante. Es ésta la que permite al lector culto reconocer el dejá vu de cierta forma escolar de 4 leer la realidad. Al mencionar lo anterior comenzamos a tocar el campo en el cual lo autoevidente de algunas teorías profesionales convierte algunos de sus postulados en muletillas de la práctica profesional (dimensión de la ideología profesional incorporada a la cultura ocupacional). Tales postulados se toman de esta manera invisibles, se pierden de vista como discutibles, e ingresan de lleno en la suposición contundente (taken-for-grantedness). Aquí es cuando ideología profesional y cultura ocupacional desdibujan sus fronteras. Y es de esta forma como se alcanza el efecto ilusionista de que en un punto de vista relativo no se expresa como tal y, en cambio, comunique o metacomunique que, naturalmente, “asi son las cosas". Tal sería el caso de la teoría del autor entre los críticos de cine, la fidelidad a las fuentes, versiones y pronunciamientos oficiales entre algunos periodistas a la frialdad cínica en la toma de decisiones que afectan vidas humanas, en el caso de políticos y militares. Esto último se hizo patente, dramáticamente, en los discursos del político profesional acerca de la conflagración ocurrida en el Palacio de Justicia de la República de Colombia, en noviembre de 1985. La retórica ambivalecente y el dogmatismo de las decisiones inapelables marcharon entonces al unísono. El ministro de gobierno de entonces justificó la masacre afirmando que se trataba de "escoger el menor entre dos males" y un expresidente dijo que "... como decía Kennedy, a propósito de la Bahía de Cochinos, el éxito tiene muchos padres, pero el insuceso es huérfano". Por otra parte, voceros del gobierno, como la Ministro de Comunicaciones, elogiaron la mayoría de edad de la radio que nunca dio la palabra a los guerrilleros. Además, agregaba la Ministro, al utilizar el término "operación rastrillo", los periodistas no cometían infidencias respecto al operativo militar, no afectaban el curso del mismo, apenas si "se limitaron a manifestar lo que veían... los señores magistrados y dos señores consejeros también veían venir los tanques". Los medios solamente usaban su lenguaje profesional, las expresiones acuñadas para transmitir operativos militares. Para confirmar este respeto mutuo, cada uno en su fuero profesional, político o periodístico, uno de los más destacados radio-periodistas del país afirmaba: Cómo habría explicado el gobierno ante el país y el mundo el trágico desenlace de la ocupación terrorista si se hubiera amordazado la información. El sesgo del cubrimiento periodístico, la primacía dada a los valores noticiosos, a lo espectacular y sensacional o a los pronunciamientos oficiales, tanto como la falta de prudencia o la inconsciencia acerca de la responsabilidad de los transmisores como un agente que podía afectar el desarrollo de los hechos (se los sintonizaba adentro, terroristas y rehenes tenían en ellos su único lazo con el mundo exterior), todo ello se perdía de vista, supeditado al "así son las cosas- del know how profesional -periodístico. El papel mediador-humanitario que habrían podido asumir los medios


nunca se tuvo en consideración. Al contrario, el paroxismo era el de las rutinizadas manías e ideologías, hábitos y pareceres, de su práctica profesional. Lo autoevidente de la función periodística como portadora de las informaciones oficiales y lo auto-evidente de la toma de decisiones profesional de los políticos que delegaron (al menos teórica o imaginariamente) la operación militar a los militares, aparecen luego como los criterios básicos para justificar el trágico desenlace. Cada uno en su competencia profesional; ninguno responsable de la dudosa moral de ciertas acciones que determinaron el curso del cruento episodio. A mitad de camino entre la sanguinaria y religiosa crueldad de un arcaico sacrificio humano y la moderna carnicería masificada, los hechos del palacio de justicia no se hubieran verificado y legitimado en la forma que lo hicieron sin la existencia de dos o tres ideologías profesionales: las de los medios, los políticos, los ,militares. De ahí que sea lícito concluir que las ideologías profesionales que prescinden del correctivo del auto-cuestionamiento, de la inseguridad o incertidumbre en torno a sus reglas de oro o de la capacidad de flexibilizarse, coadyuvan o agencian el desarrollo de prácticas criminales. La división del trabajo delega las responsabilidades de unos a otros, en una regresión infinita. Es fácil escamotear la responsabilidad moral cuando la responsabilidad social es únicamente la de hacer bien las cosas desde un punto de vista exclusivamente profesional. Si no hay mala conciencia, en medio de esta regresión infinita, ello se debe a que una sociedad más o menos profesionalizada ha instituido complejos mecanismos de manipulación, control o anestesiamiento de la conciencia. Digamos que ha atornizado las conciencias. Para apreciar lo que acabo de decir hace falta evocar aquél gesto histórico de acuerdo al cual, en palabras de Ensenzberger "se ha admitido que unos pocos pensaran, juzgaran y decidieran por los demás".5 Dicho gesto sustituye las lúdicas y agonales porfías que en un mundo preindustrial, apenas levemente profesionalizado, tienen lugar entre individuos multifuncionales. Si sus pulsiones agresivas pueden conducir a una primitiva, religiosa y sanguinaria violencia, esta se encuentra cribada por el control social y los códigos religiosos de la comunidad y nunca deshumaniza al otro hasta el extremo de familiarizarse con carnicerías masificadas. Estas últimas serían allí la excepción antes que la regla. Qué ocurre en sociedades como las nuestras, donde conviven elementos del antiguo orden de individuos multifuncionales y del nuevo orden prolesionalizado? La urbanización acelerada que han vivido países como Colombia, representa, para la población campesina migrante, su arribo a las nuevas experiencias del shock cotidiano, la distancia psicológica interindividual y la anomia propias de la vida urbana. Cierto. Pero el campesino trae consigo las inclinaciones delictivas que su propia cultura ha elaborado y controlado atávicamente en el curso de la historia. En el nuevo contexto de shocks cotidianos, éstas pueden extralimitarse y enloquecer. Esto es, sencillamente, lo que sucede cuando un individuo relativamente multifuncional, no profesional, debe afrontar la indiferencia (distancia psicológica interindividual), el cinismo o la burocrática frialdad del modus operandi urbano: Afrontar todo ello sin la cómoda y defensiva coraza de una profesión, obliga a echar mano de la práctica del delito con la cual las culturas campesinas han tenido una estrecha vinculación histórica. El campesino citadino hace explícita, entonces, la implícita criminalidad sobre la cual se asienta una sociedad extrañada ante si misma. Si no olvidamos que el total extrañamiento (...) ante uno mismo y los demás ( ... ) (es) el castigo más raro y 6 temido entre los pueblos primitivos", no será difícil intuir la violencia anestésica y traumatófila a la cual nos hace adictos la vivencia de un mundo profesionalizado. El estudio de las ideologías profesionales, de los niveles de conciencia posible de los diversos grupos profesionales, de sus dimensiones autoevidentes, limítrofes con la cultura ocupacional, de sus "reglas de oro" y de sus diversas racionafizaciones, aparece entonces como uno de los campos más fecundos para comprobar las mediaciones masificadoras de la escuela y los medios en el moderno mundo citadino. El tercer mundo, sujeto a una modernización refleja, a una metrópoli que lo jabona en la violencia


del proceso profesionalizante, constituye, probablemente, un lugar en donde la legitimación del profesionalismo puede desmontarse o develarse con relativa facilidad, dado lo precario (reflejo) de su incorporación al concierto del mundo profesional/burocrático. Mencionando, grosso modo, algunas dinámicas de la innovación en los medios audio-visuales de Colombia, podrá ilustrarse el planteo anterior. Antes de hacerlo, no está de más insistir en el hecho de que a los saberes profesionales puede vérselos sofocantes y alienantes, pero las modernas sociedades, plena o espuriamente engranadas en la burocratización, sólo cuentan con ellos (o mejor, con depósitos e incrustaciones presentes en ellos) para acudir a las claves de una crítica (crisis) redentora, de un distanciamiento o extrañamiento de cara al Status-quo profesional. Lo cual es como decir que algunos conocimientos se pueden liberar de las reinvindicaciones profesionalistas que los han convertido en un capital opresivo o improductivo. En Colombia, para retrotraer el ejemplo, la innovación televisiva en los dramatizados y melodramas suele darse de forma inconsciente y algo involuntaria, como sujeta a un sistema nervioso autonómico, perfilándose como objetivación de las culturas ocupacionales del medio, antes que como objetivación de ideologías profesionales de los productores audio-visuales. El cine colombiano, en cambio, aparece, en sus vertientes más renovadoras, como la objetivación de un sistema nervioso central, de manifiestos culturales explícitos, que persigue canonizar movimientos, o las o autores, reproduciendo normas ideológicas de la estética, ritos y museos propios del sector de cine-arte de las cinematografías metropolitanas. Si la telenovela y el dramatizado han criticado ciertos elementos de la situación latinoamericana moderna (arribismo, ascenso social, rituales de la clase dominante, atavismos machistas, subculturas regionales, urbanas, de clase, acentos e idiomas regionales, diversos, -argots- sociales, etc.), el cine ha supeditado la crítica a la reproducción defectuosa y fetichista de ideologías profesionales de la cinematografía artística internacional. La increíble paradoja es la siguiente: El medio masivo (T.V.) cuenta con una soltura, eficacia y desinhibición crítica que el medio de minorías (cine) no tiene. La crítica en este último tiende a ser tremendista y sensacional, dirigida a una minoría que así confirma sus hábitos de decepción ante el Status quo, y carece así de la sutileza de la crítica del medio T.V. Aparte lo anterior, los elementos críticos del cine pueden diluirse demasiado en las estereotipadas fórmulas de su maquinado esteticismo. Ello confirmaría una vez más como el rendir culto a los saberes especialistas fetichización del know how y de las sutilezas profesionales, puede, por otra parte enajenar facultades críticas susceptibles de ser expresadas de manera no menos sutiles. En el presente artículo se espera haber sugerido pautas para adelantar reflexiones y pesquisas que cancelen los encajonamientos profesionales, procurando así atravesar la diversidad profesional con un gesto que cuestione la supuesta exclusividad de cada esfera profesional, sus códigos y sus representaciones conscientes. El siguiente paso lo será el de vincular los hábitos profesionales a algunas de dichas manifestaciones teóricamente sistemáticas, situando aquella zona que hace borrosa la diferenciación entre ideologías y culturas ocupacionales. Podría lograrse entonces lo que Gregory Bateson llamó un doble-vínculo curativo. Sólo es posible curarse de una compulsión patológica y de las deformaciones que ésta impone a la comunicación en manías y racionalizaciones profesionales reformulando nuestros modos, ritos, estereotipos y hábitos de control del conocimiento. Para hacerlo es necesario partir de ellos, reproducirlos y, enseguida, distanciarse de ellos, flexibilizándolos y modulándolos en direcciones inéditas. Notas. 1 . Diamond, S. & Belasco, B. De la cultura primitiva a la cultura moderna. Anagrama, Barcelona, 1982; página 77. 2. Veáse Elliot, P. Sociología de las profesiones. Tecnos, Madrid, 1975; página 39. 3. Ibid., Loc. Cit.


4. Véanse Kellner, D. Ideology, marxism and advanced capitalism% en Socialist Review No. 8, 1978, pp. 37-65; Mardock, G. 'Tolitical deviance: the press presentation of a militant mass demonstration", en The manufacture of news; deviance, social problems and the mass media, Cohen & Young eds., Constable, Londres, 1973, pp. 156175; Verán, E. "Comunicación e ideología: acerca de la constitución del discurso burgués en la prensa semanal”en Chasqui No. 4-5, 1974, pp. 75-109 y 135-147. S. Enzensberger, M. "La manipulación industrial de las conciencias", primero de la recopilación de ensayos titulada Detalles. Anagrama, Barcelona, 1969; página 8. 6. Diamond y Belasco. Op. Cit.; página 83.


CONCEPCION DE LA COMUNICACIÓN Y CRISIS TEORICAS EN AMERICA LATINA GILBERTO BELLO JUAN G. BUENAVENTURA GABRIEL J. PEREZ Los investigadores colombianos Gilberto Bello, Juan Buenaventura y Gabriel Pérez desarrollan a lo largo de este artículo los diferentes momentos de la reflexión teórica sobre la comunicación en América Latina. Funcionalismo y difusionismo, marxismo y estructuralismo, se enfrentan en la búsqueda de respuestas a las urgentes demandas de la crítica y del desarrollo. El enfoque crítico presentó un conjunto de propuestas, entre las que se mencionan la comunicación como alternativa, la lucha por el establecimento y la formulación de política nacionales de comunicación y cultura, la lucha por la conceptualización y el establecimiento de un Nuevo Orden Internacional de la información, la creación de mensajes, la organización de gremios profesionales y el esfuerzo por reorientar las instituciones y medios existentes. Pero los autores reconocen nuevos problemas y perspectivas que plantean una exigente demanda a los investigadores: la conexión entre comunicación e identidad cultural, las culturas populares, las nuevas tecnologías de comunicación e información y los flujos de información transnacional.

INTRODUCCION América Latina es un continente de muchos contrastes. Gran cantidad de su población vive en condiciones de miseria, apenas en el nivel de la subsistencia sin acceso a oportunidades de salud, vivienda, educación, trabajo ni en general a los bienes físicos y culturales necesarios para el desarrollo de la vida humana, La realidad cultural latinoamericana, marcada por estructuras de dominación y dependencia tanto en lo interno de los países como en sus relaciones con los centros transnacionales, manifiesta el contraste del mundo "mágico" de la tradición rural con el auge de la tecnología y civilización urbanas. Pero la gran contradicción que es preciso señalar, consiste en el crecimiento desmedido de la tenencia y uso pasivo en términos de mera recepción de los medios y tecnologías, en contraste con la cada vez mayor carencia de bienes y servicios y con la cada vez menor participación activa en los procesos informativos y de comunicación. En otras palabras: mientras más se consume, menos se participa. Los estudiosos de la comunicación en América Latina empezaron a reflexionar desde hace más de 30 años sobre esta realidad, creando una rica y heterogénea tradición científica que se prolonga hasta nuestros días. El camino recorrido por esta tradición no ha sido sin embargo fácil, Muy por el contrario, se presenta lleno de altibajos contradicciones y debates. LA COMUNICOLOGIA EN AMÉRICA LATINA Durante los dos últimos decenios se ha venido denunciando nuestra dependencia investigativa de los esquemas funcionales norteamericanos. Se ha afirmado por otra parte que, con base en el marxismo y el estructuralismo, los investigadores de la región inicia-


ron un replanteamiento crítico de las líneas de acción que debía asumir el estudio de la comunicación en América Latina. Ello implicó una toma de conciencia de las necesidades más apremiantes de la realidad social propia y un alejamiento del que hacer investigativo practicado en nuestros países durante los años cincuenta y sesenta. 2 Cómo entender este proceso de replanteamiento?. Podemos afirmar que los primeros intentos críticos del área partieron del estudio de la crisis que se suscitó por la imposición del modelo de modernización y la consiguiente inestabilidad que éste produjo en la realidad del continente. Se pretendió transformar y desarrollar las sociedades latinoamericanas con el objeto de inscribirlas en una economía de mercado y por ende convertirlas en una copia de las sociedades capitalistas más avanzadas. Dicho modelo de desarrollo conllevó el análisis y la puesta en marcha del proceso de difusión de innovaciones dentro del contexto de los estudios sobre modernización. El modelo difusionista se convirtió así en el estilo de investigación de las agencias estatales, produciéndose un volumen apreciable de estudios sobre la transferencia tecnológica y el cambio de actitudes propiciado por el uso extensivo de los medios de comunicación. Con el difusionisnio se dieron intentos deliberados de acción transformadora, específicamente en el uso de la radio para proyectos de desarrollo y promoción de la población rural y urbana. Estos intentos implicaban, por su mismo trasfondo teórico, una visión dualista de la población de nuestro continente, planteada e impuesta desde la mentalidad etnocéntrica de los centros transnacionales, que identificaba lo rural con el atraso y lo urbano con la "modernización". Desde esta perspectiva se entendió el desarrollo en términos de extensión, como simple transferencia de innovaciones tecnológicas del centro hegemónico de la periferia dependiente, de la ciudad industrializada al campo no tecnificado. Se buscaba y se trataba de motivar a la población a través del uso de los medios de comunicación, hacia un "cambio de mentalidad" en el sentido de "tener ganas de progresar" según el modelo de desarrollo económico dominante. Pura analizar las insuficiencias del modelo difusionista, un grupo de investigadores se apropió de herramientas conceptuales provenientes del marxismo y del estructuralisino, replanteando la función de la investigación sobre comunicación en América Latina, En este contexto, podemos entender la actitud crítica que empieza a prosperar entre mediados de los años 60 y comienzos de tos 70. De hecho, el resultado de las prácticas difusionistas había sido un fracaso. Se había aumentado el desempleo en el campo, produciéndose el fenómeno de las migraciones masivas a los grandes centros urbanos, con su consecuencia de incremento de los sectores marginados de la población en las ciudades. Ante esta realidad y con el marxismo y el estructuralismo en las manos, los investigadores se dedicaron a renegar del difusionismo y en general de todo el enfoque funcionalista, labor que en algunas ocasiones se caracterizó por un dogmatismo maniqueo y en otras, paradójicamente, tenninó reincorporando los esquemas funcionales dentro de estudios que tomaban el nombre de críticos.3 LINEAS TEMATICA DEL ENFOQUE CRITICO El enfoque crítico de la comunicación, centrado en la tríada comunicación, ideología y poder, permitió explorar problemáticas vitales para el autoconocimiento de nuestras sociedades latinoamericanas. Los medios y los procesos de comunicación empezaron entonces a ser definidos, no por la sofisticación de las posibilidades tecnológicas, sino por su forma de uso en relación con la búsqueda y el posibilitamiento, de situaciones de participación activa de los sectores populares mayoritarios. En tal sentido, sólo podría hablarse de "comunicación cuando se diera una si tuación de diálogo y no de imposición autoritaria.4


En este primer momento del enfoque crítico de la comunicación en América Latina durante los años 60 y 70, se tocaron diversas temáticas entre las cuales podemos señalar las siguientes: - Se contextualizó el problema de la comunicación dentro de espacios más dilatados de interpretación, sobre todo a partir de la política y la economía. Así mismo se reinterpretó el problema del desarrollo, superando su reducción tradicional a esquemas de crecimiento económico. - Se estudió el impacto y la potencialidad de las políticas y estrategias de planificación del Estado frente a la comunicación y la culturas Esta propuesta tuvo por argumento fundamental la idea de que los recursos de comunicación social no se estaban aprovechando como era debido, por lo que era necesario organizar sistemas de comunicación a través de mecanismos o instituciones coordinadoras en el ámbito nacional, a partir de las características y necesidades propias de cada país. - Se realizó un exhaustivo diagnóstico del flujo internacional de la información noticiosa.6 - Se analizó el carácter ideológico del discurso dominante tanto en el ámbito nacional como en el transnacional. Con respecto a lo transnacional, muchos trabajos utilizaron el concepto de "imperialismo cultural siguiendo de cerca la teoría de la dependencia.7 - Se investigó sobre la estructura de propiedad de los medios y sobre los índices de acceso a éstos por parte de los sectores populares.8 Se puede afirmar que el diagnóstico cuantitativo realizado en este campo mostró con lujo de detalles el mínimo acceso que tienen los sectores populares a las industrias culturales.

PROPUESTAS Casi desde los comienzos del enfoque crítico latinoamericano fueron propuestas y llevadas a cabo diversas experiencias, pero fue en la década de los setenta, sobre todo, cuando dichas propuestas tomaron una forma más definitiva. Podríamos señalar algunas de ellas. - La comunicación alternativa. Se intentó crear y desarrollar formas y procesos alternativos de comunicación; no sólo alternativos en términos de los contenidos sino también de las estructuras de la propiedad y del manejo de los medios de comunicación social. Se trabajó, y aún se sigue trabajando, en el estudio de la adopción y uso de micro tecnologías por parte de organizaciones populares como comités de barrio, sindicatos, ligas campesinas. etc. Se trabajó intensamente así mismo en la apropiación, por parte de estos sectores, de tecnologías comunicativas más complejas y tradicionales, en especial la radio y la prensa. Se recuperó y se estudió una multitud de experiencias populares de comunicación alternativa que se habían desarrollado y se siguen desarrollando cotidianamente. - La lucha por el establecimiento y formulación de políticas nacionales de comunicación y cultura. La Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en América Latina y el Caribe, celebrada en 1976 en San José de Costa Rica y organizada por la LNESCO, fue el culmen de esos primeros esfuerzos que sin embargo encontraron una fuerte oposición por parte de los medios privados. Las conclusiones y recomendaciones de esta conferencia recibieron el apoyo de casi todos los países delegados, pero las políticas entonces planteadas no se concretaron en la práctica. No obstante, los planteamientos de la conferencia de Costa Rica generaron un espíritu cuyas repercusiones se han podido palpar, primero en el ámbito latinoamericano y luego en el


mundial. Desde entonces la comunicación se concibe, ya no como un recurso, sino como un derecho del individuo y de la comunidad en términos de acceso y participación. Esto significó, en la práctica, un paso de la mentalidad consumista a la conciencia de la necesidad de expresarse y organizarse para acceder al uso de los medios de comunicación social con participación activa. Se reconoció así la exigencia de dar paso a la voz de quienes nunca han tenido voz, lo cual implica a su vez una reorganización de la sociedad en todos sus sectores a partir de la comunicación popular. Para ello hay que desencadenar procesos participativos que generen formas auténticamente democráticas de comunicación. - La lucha por la conceptualización y el establecimiento de un Nuevo Orden Internacional de la Información. íntimamente ligada con el punto anterior, esta lucha tuvo por centro organismos y foros, como la UNESCO y la Organización de los Países No Aliniados, entre otros. Un concepto clave de Conferencia de Costa, Rica, donde también se debatió esta temática, fue la teoría de la dependencia. Del diagnóstico e interpretación de la dependencia económica a la toma de conciencia sobre la dependencia informativa no había sino un paso, y este paso fue el que dio la UNESCO al iniciar el proceso del debate sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) que culmina con la Comisión McBride, la cual en 1980 presentó en Belgrado su informe "Un sólo mundo, voces múltiples". 9 - La lucha por la creación de una conciencia crítica en la lectura de los mensajes de la cultura de masas, por parte de diversos grupos como obreros, campesinos, mujeres, jóvenes, niños, etc. - La organización de gremios profesionales de periodistas y otros tipos de comunicadores sociales, orientados a la promoción y defensa de la participación como elemento esencial del derecho a informar y a estar informado. Podemos mencionar aquí a la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), a la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) y a la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS), entre muchas otras agremiaciones nacionales e internacionales. - La lucha por la reorientación de instituciones y medios existentes con el fin de promover programas de desarrollo más acordes con las necesidades y expectativas de los sectores mayoritarios de nuestro pueblo. NUEVA BUSQUEDA En resumen, desde mediados de los 60 y durante la década de los 70 se presenta un conjunto bastante rico de análisis, debates y propuestas dentro de una línea liberacionista y crítica, Esta línea de trabajo entró sin embargo en una etapa de replanteamiento y reubicación. Diversas circunstancias configuran esta "crisis", entre otras las siguientes: - La crisis del marxismo, cuyas categorías de análisis empezaron a ser insuficientes para explicar determinados fenómenos de nuestra realidad, sobre todo aquellos fenómenos relacionados con la cultura. Esta crisis corre paralela con un cuestionamiento al interior de la izquierda sobre la viabilidad y estatuto del marxismo como estrategia de lucha política y en general con un desencanto de la experiencia histórica del socialismo "realmente existente" y específicamente con la revolución cubana. Este proceso implicó la crisis de


una concepción de la acción social, que otorgaba excesivo énfasis al concepto de ideología en la comprensión de los fenómenos de comunicación. La dicotomía entre discurso "burgués" y discurso "proletario" fue muy significativa durante los años setenta. Se ignoró así la compleja gama de factores que intervienen en la construcción del sentido y del consenso en nuestras sociedades, asimilando en ocasiones cultura con ideología política. - La crisis de los enfoques estructuralistas en el sentido de la cultura dentro y fuera de América Latina. Se produce un desplazamiento hacia modelos teóricos que explican sobre todo los aspectos extratextuales de los procesos de significación, rompiendo con el inmanentismo del enfoque estructural clásico y rescatando modelos que ponen de presente la riqueza histórica del discurso.10 - La crisis en algunas experiencias de comunicación alternativa, no por acción represiva del establecimiento, sino por una falta de vinculación de algunas de estas experiencias con las necesidades, expectativas y realidades culturales de los sectores populares. Es en este campo de acción, entre muchos otros, donde la relación entre comunicación y cultura se vuelve área prioritaria de investigación. Se replantea el concepto de lo alternativo: se empieza a buscarlo en la cotidianidad de la gente, en el meollo mismo de su cultura. La experiencia de la comunicación alternativa, por decirlo de alguna manera, empieza a demandar de la ciencia una reflexión sobre su actividad y sus relaciones con la cultura." PERSPECTIVAS ACTUALES Como puede verse, dentro de este panorama se encuentra en lugar privilegiado la cultura. Ella se coloca hoy, desde los comienzos de la década de los 80, como el espacio de encuentro de numerosos investigadores con diferentes enfoques teóricos y distintos objetos de estudio y preocupaciones. Creemos que este renovado interés por la relación entre comunicación y cultura se concentra históricamente en cuatro temáticas. - La conexión entre comunicación e identidad cultural. Se intenta explorar el papel de la cultura y la comunicación en la construcción de identidades colectivas y su impacto en la construcción de la democracia y en las estrategias de desarrollo de nuestros países. Qué es lo nacional?. Puede hablarse legítimamente de ello?. Qué lo distingue de lo trasnacional? o de lo regional?. Cómo podría hablarse de lo latinoamericano?.12 - Las culturas populares. La comunicología latinoamericana intenta explorar el abigarrado mundo de la construcción del sentido en sectores populares sometidos a procesos de modernización, urbanización y trasnacionalización. Esta línea de análisis ha implicado serios cuestionamientos a la propuesta semiológica - estructural clásica, como ya se ha dicho, y en cierta medida ha implicado retomar conceptos de 13 la antropología cultural. La pregunta por la relación entre sectores populares y comunicación de masas debe partir de los procesos populares mismos: Cómo se comunica la gente en su vida cotidiana?. Qué es lo que la gente hace con los "mensajes" que le llegan a través de los medios de masas?. En otras palabras: Cuáles son los usos que los sectores populares hacen de los mensajes de los medios de masas? .14 Si se plantean estas preguntas, entonces ya no se trata de estudiar al pueblo como "receptor, sino fundamentalmente como productor de sentido a partir de su propia realidad y de sus propias prácticas cotidianas.


- Las nuevas tecnologías. Se está estudiando el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información en distintas áreas de nuestra realidad, el aparato productivo, las relaciones del Estado con la sociedad civil, los mecanismos de construcción del sentido y el consenso, las relaciones internacionales de dependencia, la transnacionalización de la cultura, entre muchos otros campos afectados por la actual revolución tecnológica postindustrial.15 - La información transnacional. El debate a este respecto, muy vinculado con la temática anterior, ha pasado del diagnóstico y la denuncia (considerada por muchos como exhaustiva) a la elaboración de propuestas concretas, como las de la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información (ALASEI), la Interpress Service (IPS), la Acción de Servicios Informativos (ASIN) y el "pool" de agencias noticiosas de los países no alienados entre muchas otras experiencias en todo el tercer mundo. El debate sobre la comunicación y la cultura atraviesa necesariamente estas temáticas. La cultura se constituye en el lugar privilegiado desde el cual se puede interpretar los fenómenos y procesos de la comunicación. La relación entre comunicación y cultura no es, por lo tanto, un objeto de estudio más entre muchos otros, sino una perspectiva científica desde la cual tenemos que abordar dichos fenómenos y procesos. Notas,

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4.

El presente artículo forma parte de los documentos de discusión que fueron presentados al comité de post-grado, que elaboró la propuesta de Maestría en Comunicación. Agradecemos a todos sus miembros los comentarios que hicieron a este trabajo. Algunos planteamientos de esta Introducción y de las secciones que siguen están tomados de PEREZ, G. J. "La comunicación alternativa: Estado de la cuestión en América Latina y Euro. pa", en SIGNO Y PENSAMIENTO, No. 6, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 1985 Cfr. Beltrán, Luis Ramiro. "Premisas, objetos y métodos foráneos en la investigación sobre comunicación en América Lati na" en: Moragas, Miguel de (ed.) SOCIOLOGIA DE LA COMUNICACION DE MASAS Vol. No. 1, Gustavo Gil Editores. Barcelona: 1985. Pag. 73 107. Cfr. Martín, Jesús. "La investigación en las Facultades de Comunicación en América Latina", en SIGNO Y PENSAMIENTO No. 1, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 1982. Cfr. Pasquali, Antonio. COMPRENDER LA COMUNICACION. Monte Avila Editores Caracas, 1979.

5. Cfr. Beltrán, Luis Ramiro. "La propuesta de un Nuevo Orden Internacional de la Información': La Comisión McBride, las políticas Nacionales de Comunicación en América Latina", ponencia presentada en el SEMINARIO-TALLER DE LOS CLUBES UNESCO DE LOS PAISES DEL PACTO ANDINO SOBRE COMUNICACION ALTERNATIVA, Quito, Ecuador, Junio 37 de 1985. Ver también Anzola, Patricia. "No renunciaremos jamás a la utopía" en CHASQUI No. 3, Quito: 1982. 6. Cfr. Salinas, Raque]. AGENCIAS TRANSNACIONALES DE INFORMACION Y EL TERCER MUNDO. CIESPAL, Quito: 1984, 7. Ver sobre todo la obra del investigador Armand Mattelart, entre otros que trabajaron este concepto.


8. Cfr. Kaplún, Marlo. LA COMUNICACION DE MASAS EN AMERICA LATINA. Colección Educación Hoy. Bogotá: 1973. Ver también: Schenkei, Peter y Ordoñez, Marco. COMUNICACION Y CAMBIO SOCIAL. CIESPAL, Quito, 1981. 9. Cfr. McBride, Sean y otros, UN SOLO MUNDO, VOCES MULTIPLES. Informe de la Comisión MeBride de la UNESCO. París, 1980. 10. Ver por ejemplo: Gimenez, Gilberto. PODER ESTADO Y DISCURSO. Universidad Nacional Autónoma de México. México, D. F.: 1985. Lalinde, Ana María. "Estado y discurso jurídico. Una perspectiva de lectura". En: SIGNO Y PENSAMIENTO No. 7, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 1985. Galindo, Jesús, ANALISIS DEL DISCURSO DEL ESTADO MEXICANO. Cuaderno de la casa Chata No. 95. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. México, D.F. 1984. 11. Cfr. Martín, Jesús, "De la comunicación a la cultura" en SIGNO Y PENSAMIENTO, No. 5, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 1984. 12. Con respecto a la interrelación entre comunicación e identidad nacional se puede señalar las investigaciones sobre cultura urbana y regional realizadas por el programa "CULTURA" de la Universidad de Colima en México. 13. Ver por ejemplo todo el trabajo de Jorge Gonzales alrededor del concepto de "Frentes culturales", 14. Cfr. Martin, J. "Para una historia de las matrices culturales de la Mass-mediación". Ponencia presentada en el I Foro Internacional de la Comunicación "Comunicación y Poder", Universidad de lima, Lima, 1982. 15. Cfr. FELAFACS - AFACOM. NUEVAS TECNOLOGIAS Y COMUNICACION. Memorias del V Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá: octubre de 1986.


DESARROLLOS TEORICOS EN LA COMMUNICATION RESEARCH MAURO WOLF Mauro Wolf es un reconocido investigador italiano de la escuela bolognesa que tiene una extraordinaria, capacidad para navegar entre la socióloga, filosofía y la teoría de la comunicación. En esta ocasión manifiesta su interés en los recientes acercamientos entre la sociología fenomenológica, la investigación semiótica y la communication research. En estos encuentros el análisis del discurso cumple un rol protagónico. Wolf realiza una explicación y exégesis, nos indica las posibles impertinencias epístemológícas y muestra cómo hipótesis ya confirmadas o parcialmente superados vuelven a aparecer enriquecidas con nuevas. potencialidades y desarrollos. Este artículo, al que consideramos una notable muestra de reflexión e investigación metateórica, nos da pistas respecto a las nuevas perspectivas de investigación europeo, el consenso respecto al rol de los medios como mediadores simbólicos y la atención de la investigación en su función sobre la realidad subjetiva. Todavía hoy la investigación sobre los medios de comunicación de masas está sustancialmente centrada en el estudio de los efectos. Naturalmente muchos elementos significativos han cambiado: de los efectos conductuales de corto plazo se está pasando a la influencia acumulativa de tipo cognitivo; en la investigación de laboratorio y los surveys se están desarrollando lentamente métodos de levantamiento más acordes a la naturaleza del objeto estudiado (Lull 1980; Lull 1985). Pero permanece constante y central la atención al problema de la influencia ejercida por los media sobre el sistema social. Dentro de esta continuidad el cambio de mayor importancia se puede indicar sintéticamente en el paso de un modelo de efectos limitados a modelos centrados sobre efectos diacrónicos con relativas condiciones contingentes. Esta tendencia, entre otras cosas, determina una redefinición de hipótesis ya confirmadas o parcialmente superadas, las que vuelven a aparecer enriquecidas con nuevas potencialidades y desarrollos. Es el caso, por ejemplo, de] modelo de usos y gratificaciones y también, parcialmente, el de agenda-setting. En el primero es interesante la nueva orientación que tiende a hacer del modelo de usos y gratificaciones un paradigma en el que confluyen, se integran y se confrontan algunos desarrollos autónomos de la communication research (Rosengren-WennerPalingren 1985), en cambio el modelo de agenda-setting indica en sus fases sucesivas (de 1972 hasta fines de los 70' la formulación clásica; hasta mediados de los 80' la investigación sobre las condiciones contingentes; y finalmente la hipótesis de agenda-building como desarrollo del agenda-setting) una tendencia de integración con territorios vecinos (en lo que se refiere a la definición articulada del concepto de agenda de] público). Estos cambios de hecho han acentuado el acercamiento de la communication research a algunos paradigmas científicos significativos en el campo de las ciencias humanas: la sociología del conocimiento y la sociología fenomenológica han sido dos marcos de referencia que han influido sobre las nuevas orientaciones de los estudios comunicativos. Influencia que se percibe claramente en algunos temas hoy frecuentes de la communication research: media construction of reality (por ejemplo el trabajo de W. Schulz 1976 que significativamente se titula Die Konstruktion von Realitat in den Naclirich ten medien', Analyse der aktuellen Bericliterstatturig; o el ensayo de Adoni -Mane 1984 sobre 'Media and the Social Construction of Reality'),media reality', 'media culture', son términos o expresiones comunes que ilustran claramente el cambio de perspectiva. Esta es particularmente evidente en la esencia de la definición misma de mass media concerned with producing and distributing knowledge (McQuail 1983, 33), a diferencia de hace algunos años cuando los elementos enfatizados eran los aspectos de la transmisión y difusión. Actualmente en la teoría mediológica por una parte se reconoce a los media un rol específico de mediador simbólico


colectivo, y sin embargo por la otra este elemento no se traduce automáticamente en un monopolio de influencia. Por el contrario, se enfatiza que la esfera de influencia de los mass media debe analizarse sobre todo en términos de clima de opinión o en su capacidad de hacer visible y relevantes las orientaciones colectivas y las estructuras cognitivas: es decir se reconoce que cultura de los media y cultura social son al mismo tiempo expresiones (le dos ámbitos diferentes pero también de la interrelación entre los mismos (Grossi 1987, 2). Esta orientación de fondo ha significado innovaciones y aperturas hacia disciplinas limítrofes: una innovación importante es el marcado interés que los estudios sobre los mass media manifiestan por el análisis del discurso, o mejor, por el "media discourse---. Los términos en que se desarrolla tan reciente interés son los siguientes- los media junto con otras agencias de socialización) funcionan sobre todo como contexto de percepción de la realidad social; el rol de los media es particularmente relevante en la estructuración del conocimiento y de las estructuras cognitivas. La “mediaculture" constituye un universo simbólico relevante y pertinente en la orientación de escalas de valores, actitudes y disposiciones de las personas. La atención de la investigación se centra en la forma en que los media actúan sobre la realidad intersubjetiva: de los efectos puntuales se ha pasado a la influencia acumulativa, la que no se identifica ni atribuye a algún hecho comunicativo específico ni a ningún mensaje particular, sino a la presencia misma de los media, a la totalidad del discurso. En este punto se da un paso crucial: el contexto pertinente para especificar y describir la dinámica de los efectos acumulativos no es el mensaje o un sistema específico de mensajes, tampoco es su contenido. Es, en cambio, un contexto más vasto y diverso, una suerte de ecología de la comunicación: es la acumulación constante de mensajes en su sucesión y frecuencia 'natural' y en su forma de discurso, comprensiva de todo lo que da sentido y significado a los contenidos. La investigación de los mass media, iniciada en la investigación de los efectos puntuales, se está orientando a especificar influencias diacrónicas no recortadas en el tiempo sino coextensivas a este. Esto ha acentuado (en medio del movimiento de otros factores) la focalización de la atención del análisis de contenido en el análisis del discurso de los media. Se trata de un factor muy significativo: a mi parecer, esto explica por qué hoy hay en efecto un acercamiento, un esfuerzo de comprensión entre la communication research, la orientación semiótica y el análisis del discurso. Algunas recientes contribuciones proporcionan un testimonio claro de tal tendencia me refiero por ejemplo, a un ensayo de Fry sobre A Semiotic Model for the Studies of Mass Communication, aparecido en el No. 4 de la revista Media, Culture and Society dedicado al tema Broadcast Talk o, el libro de VanDijk sobre Discourse and Communication. New Approaches to the Analysis of Mass Media Discourse and Communication. Sin embargo sólo en parte es cierto que esta orientación es reciente: en la literatura italiana por ejemplo, el discurso de impostación semiótica sobre los medios, especialmente los audiovisuales, es ya central y desde hace tiempo se afirman las orientaciones de investigación de Bettetini (1977, 1984) y de la “escuela milanesa" que encabeza el Instituto Gemelli. El elemento común entre estas y otras contribuciones es que en principio está atenuada o se está atenuando la distancia y la indiferencia entre la communication research y los estudios semióticos. En perspectiva, ahora es posible proceder a integraciones y complementaciones; pero así como el alejamiento precedente no tenía razón de ser, el actual acercamiento no deja de tener problemas. Si entre la muy heterogénea cantidad de contribuciones y posturas se trata de identificar las líneas más representativas, es posible distinguir a fines de los años 60' inicios de los 70' los comienzos de la presencia de estudios semióticos que tenían por objeto los medios de comunicación de masas. Esta se caracterizaba por el total predominio de la pertinencia semiótica; el objeto analizado eran los mensajes de los media (un programa televisivo, un artículo periodístico, un mensaje publicitario, etc.) y los media eran asumidos como vehículos de producción y difusión de mensajes: no se analizaba la función social de los media, sino a estos en razón de los objetos semióticos. Considerando la historia y la evolución de la communication research no podía ser diferente. Después que en una primera fase la semiótica había ejercitado su propia visión paradigmática (el inventario de los códigos) sobre los medios de comunicación de masas (como sobre otros


lenguajes), y posteriormente su propia inclinación de orden sintagmático (los mecanismos de la narratividad), los años recientes y el estado actual han explicitado más claramente las divergencias y las posibles convergencias. El signo no es el objeto de la semiótica. Esta última estudia los sistemas de significaciones (independientemente de su manifestación expresiva), el procedimiento de su articulación taxonómica y discursiva (Fabri 1986, 9): coherente a esta impostación semiótica -pero no es la única)- la economía de demanda extralingüística permite profundizar la representación textual, de tal manera que donde otros reclaman investigar el texto convoca en su ayuda el contexto (rápidamente obtenido gracias a otras disciplinas: sociológica, psicológica, etc. que actúan sobre el modelo de la semiótica). Los que, descendiendo en la abstracción de la forma, vienen a ser los modelos de fuerza de la comunicación eficaz (Fabbri 1986, 1 l). Parece claro que procediendo por esta vía la integración entre la communication research y los estudios semióticos deviene cada vez más problemática: obviamente no está en discusión ni el valor intrínseco de tal teoría semiótica ni lo inoportuno de seguir la vía opuesta de una interdisciplinariedad ecléctica y desordenada, privada de toda pertinencia. Aún se despliega una reflexión crítica a los estudios que, aplicándose a la comunicación de masas, han seguido este camino; en estos se advierte el impase en el que se encuentran respecto al campo de pertinencia e importancia que la communication research ha definido a lo largo del tiempo. Desde este punto de vista estudiar a los media no equivale a analizar objetos sígnicos en el lenguaje objeto.El análisis textual, de tradición estructuralista y semiótica, fija rigurosamente los propios ámbitos disciplinarios dentro de los límites del texto, todo aquello que procede, en términos de psicología o sociología del autor o de la producción, y todo aquello que sigue, en términos de psicología de la recepción o sociología del público, son rigurosamente excluidos. Ello significa circunscribir las figuras del emisor y el destinatario a sus "simulacros textuales"; como aparece por ejemplo en la teoría greimasiana, o al sistema de las competencias necesarias para el proceso de comprensión a interpretación, como en las diferentes formulaciones del Lettore Modello (Eco 1979) o del lector implícito (lser 1972), todos conceptos que hacen abstracción de la situación real de la recepción y de sus circunstancias espaciales4emporales específicas. A través de tal definición de los propios confines, el análisis textual arriba a definir el propio objeto de estudio como objeto homogéneo, en el que los conceptos de destinador y destinatario, autor y lector (o espectador) son todos llevados a formulaciones o estrategias discursivas (Violi 1982, 52). Si por una parte es indudable que los media producen textos y operan a traWs de estrategias discursivas, por la otra es también cierto que la communication research se ocupa de lectores espectadores reales, de destinatarios empíricos y no de sus simulacros textuales. Si se aceptan estas obras observaciones (que no indican soluciones, solo ilustran un problema) se puede decir que la semiótica ha tenido sobre los estudios massmediológicos un efecto de señalar problemas reales y de indicar respuestas parciales. Ha puesto en crisis la pretensión del content analysis de funcionar como instrumento adecuado de análisis del mensaje, pero a la vez ha enfatizado una distorsión que a menudo es acompañada por el uso del análisis de contenido. De esta manera el análisis de textos ha estado sustituyendo -desde una perspectiva teórica más que en la práctica real de investigación - al análisis de contenido, en la medida en que la complejidad del funcionamiento textual aparecía como un dato de hecho cuyo conocimiento no podía ser eliminado. Pero en la práctica efectiva de la investigación se ha procedido a 'leer' en los textos de los mass media no sólo una particular estrategia de significación sino también la dinámica de los efectos generados por los mensajes analizados. A menudo sucede que afirmaciones sobre la influencia de los media tienen como único elemento de respaldo el análisis de textos. La articulación y (a veces) el refinamiento de las interpretaciones textuales han cortocircuitado el proceso comunicacional entero inscribiéndolo y encerrándolo dentro del análisis de las formas de la comunicación de masas. En años recientes el diálogo entre la communication research y los estudios semióticos parece haber tomado nuevas y diversas vías con el acercamiento al análisis del discurso. Definida como una new cross-discipline (VanDijk 1985, b), esta orientación ha llamado la atención hacia el fenómeno


discursivo en todos sus componentes textuales y extratextuales. Es una perspectiva globalizante que trata de unificar -bajo la pertinencia del lenguaje como fenómeno social y no solo como estructura formal- una multiplicidad de elementos, variables y factores. A diferencia de las orientaciones precedentes, la aproximación a los media en términos de análisis del discurso no está centrada exclusivamente en la forma textual como única pertinencia que agota todas las otras: in addition to the structural aspects, cognitive and social psychological dimensions of discourse are involved. Discourse in that perspective is not just a verbal object but essentially a form of social interaction (VanDijk 1985 b, vol. 4, 2). El campo de interés de esta perspectiva es integrar en una aproximación coherente la dimensión específicamente comunicativa con aquella esencialmente sociológica típica de la communication research; the complex interaction between textual representations (...) with other forms of personal and social knowledge or beliefs and attitudes, in memory need to be spelled out. 7his complex framework, then, counts as an empirical description of the interpretation of a discourse by language users (...) We see that the notion `meaning of a discourse' requires analysis within several frameworks and one of the tasks of an integrated discourse analysis is to link these frameworks into the theory (VanDijk 1985 b,6). Entonces el objetivo explícito que se pone esta teoría es confrontar los ámbitos del discurso, de la interacción y de los contextos sociales: el reconocimiento de que el discurso no es solo un objeto semiótico sino que va correlacionado a otros contextos para comprender la dinámica y en consecuencia ubicado programáticamente como discriminante. Cognitive processes of production, understandings and representation are crucial in this respect and are essential for an account of the interpretations and uses of discourse by participants in social situations. Similarly, the details of the processes of social interaction and situations must be made explicit (VanDijk 1985 1 l). Al menos en principio este punto de vista parece ser mejor que el precedente al permitir un mayor grado de integración entre communication research y el estudio de los textos mass mediáticos. Pero debemos adelantar algunas observaciones y consideraciones. En primer lugar, con esta petición de principio permanece la constatación de que la investigación tiende a proponerse una práctica restrictiva de tal orientación, privilegiando de todas maneras el análisis de textos. En este sentido a la communication research le es erróneamente reconocido (pero no reservado) un rol periférico, igualmente desviante sería que el análisis del discurso proclamase la necesidad de construir un puente entre los textos de los media y los contextos sociales, pero que de hecho se desarrollase como una aproximación text-centered. Si la práctica de investigación que se desarrolla en la línea del análisis del discurso privilegiara el análisis de los textos (y no el de la práctica discursiva), esta potencialidad se perdería. En segundo lugar, un obstáculo presente y nada secundario es el que se debe a la dificultad de operar con esta aproximación sobre muestras representativas y significativas de textos o de sujetos. Mientras que el análisis de contenido gozaba de ventajas operativas en términos de diseño de investigación, el análisis del discurso se encuentra en ocasiones con dificultades: como sostiene VanDijk (1984) el procedimiento analítico para aislar la estructura temática de los textos, que debe realizarse sobre la base de semantic macrorules, resulta impracticable y en consecuencia se recurre al 'use of the language users ability to summarize sequences of sentences into one or two sentences (VanDijk 1984,59). Aunque teóricamente legítimo, este recurso a la competencia natural del lenguaje contrasta con toda la evolución teórica y metodológica del content analysis, dirigida a hacer lo más objetivo posible el levantamiento del texto. Indudablemente esto trae una serie de problemas de fondo en la relación entre teoría y metodología, asunto insuficientemente tenido en cuenta por la communication research (Lang-Lang 1985).


En tercer lugar, un problema que demanda mejor articulación es el de la heterogeneidad teórica y de la diversidad de los paradigmas desde los que se realiza el discourse analysis. Por una parte la complejidad de las aproximaciones consideradas indudablemente amplía el rango de esta orientación de estudio poniéndola al centro de los desarrollos interdisciplinarios que hoy marcan la evolución de la communication research; sin embargo por otro lado permanece el peligro de eclecticismo e incompatibilidad entre las diversas pertinencias. Afirmar que not only text production 'as such' is involved but also the uses of scripts and models, the socio-political interpretation of news events, and the institucional constraints and routines of Newspapers in the transformation of news events into news discourses (VanDijk 1985 a, 91), implica proponer un programa de inv tigación bastante vasto y ambicioso que es necesario desarrollar a través de elaboraciones e integraciones teóricas sucesivas de nivel medio y no solo a través de acercamientos. En otros términos, la elaboración teórica de un discourse analysis aplicado a los mass media requiere aún etapas conceptuales a precisar y desarrollar que no están todavía contenidas en las teorías de partida. No es suficiente juntar la teoría de los actos lingüísticos, sociolingüística, microsociología, etc., etc.; es necesario un camino diferente. Se requiere proceder a una integración/reformulación de algunos ámbitos de estudio que han venido desarrollando independientemente cada uno en su propio camino. En otros términos, el discourse analysis es sólo la configuración del territorio entero; el mapa del recorrido concreto, practicable y que desde cualquier parte es una tarea más delicada y lenta. En consecuencia, a fin de que cese el recíproco ignorarse entre la communication research y el discourse analysis y tenga lugar una fecunda integración, el camino por recorrer no es aquel de dar mayor autonomía e importancia a los elementos del texto en sí mismo (lo que todo el content analysis ha practicado de hecho), sino aquel de identificar al interior del proceso de los mass media los elementos, factores e influencias sobre los cuales el discourse analysis está en capacidad de proporcionar aproximaciones e indicaciones útiles. Una impostación tal requiere sin lugar a duda un largo trabajo y, sobre todo, la necesidad de reconocer pertinencias diversas y de traducirlas (interpretarlas) recíprocamente: si este paso no se cumple hay el riesgo de caer nuevamente en el impase citado primero a propósito de la relación entre communication research y aproximación semiótica. Pero por esta ocasión me limito solo a indicar un primer paso que abre muchas cuestiones. Orientar la investigación del discourse analysis sobre los efectos de los media y en particular sobre los factores audience-centered relativos al proceso de comprensión significa, más que disponer de certezas, acercarse a los problemas ligados a la definición de cómo es la recepción, cuál es su dinámica, y así sucesivamente. Todo aquello que por muchos aspectos puede parecer tangencial respecto a la orientación de la communication research. Sin embargo es bastante claro que la dirección y las etapas posibles de una integración entre discourse analysis, aproximación sen-dótica y estudios mediológicos se definen también a partir del estado de esta temática. "Si en el ambiente estructuralista se privilegiaba el análisis del texto como objeto dotado de características estructurales propias, describible por medio de un formalismo más o menos riguroso, posteriormente se orientó la discusión hacia una pragmática de la lectura. Desde inicios de los años 60' en adelante se han multiplicado las teorías sobre la relación Lector-Autor. En consecuencia orientaciones diversas como la estética de la recepción, la hermenéutica, la teoría semiótica del lector ideal o modelo, el llamado 'reader oriented criticism', la deconstrucción, han tenido como objeto de estudio no tanto los hechos empíricos de la lectura (objeto de una sociología de la recepción sino la función de construcción o deconstrucción del texto desarrollado en el acto de la lectura, vista como condición suficiente y necesaria de la misma actuación del texto en cuanto tal. La aseveración subyacente en cada una de estas tendencias es: el funcionamiento de un texto (así sea no verbal) se explica teniendo en consideración, además de y en vez de el momento generativo, el rol desempeñado por el destinatario, en su comprensión, actualización, interpretación, así como el modo en el que el texto mismo provee esta participación". (Eco ' 1986,,9.10). El estado y específicamente la diferencia entre la pertinencia de una sociología de la recepción y la de una, semiótica de la recepción está en el espacio entre el destinatario modelo y el


destinatario empírico, donde actualmente se está ensayando la posibilidad de una fructuosa integración entre discourse analysis y communication research. No se trata de un espacio vacío: está orientado teóricamente en muchas direcciones y zonas de pertinencia. Se puede entonces colocar en un continuum que va desde el espectador modelo hasta el espectador real una mulitiplicidad de aproximaciones que en su conjunto señalan la convergencia de intereses cognoscitivos y de las diversas pertinencias; en primer lugar está la semiótica de la recepción, atenta a la cooperación textual, que habitualmente busca en el texto de la figura del lector, y en consecuencia busca también en la intención de la obra el criterio para valorar las manifestaciones de la intenci6n del lector (Eco, 1986, 14). La distancia entre lector empírico y lector modelo se establece en términos de la diferencia entre un sujeto concreto que -en el acto de la interpretación adelanta conjeturas sobre el modo en el cual el propio 'simulacro' es configurado por el texto (Bettetini 1984), y una hipótesis interpretativa inscrita en el texto que demanda ciertos movimientos cooperativos capaces de hacer realidad la coherente estabilidad del texto mismo. En segundo lugar están los estudios sobre propios, concretos y efectivos procesos de comprensión y de memorización de los textos, orientados a explicitar lo que resulta y permanece de los actos de interpretación. Por ejemplo, se está consolidando una línea de estudios que analiza los proce de comprensión y de memorización realizados por espectadores empíricos sobre textos mass mediáticos (me refiero al trabajo de Thorndyke 1979, Findlial - Hoijer 1981 a, 1981 b). Aquí se estudia el rol del espectador empírico, pero en términos de la actividad cognitiva que actualiza al consumir los media; la relación con la estructura del texto y la estrategia de construcción del espectador modelo es directa pero está focalizada del lado de ejecución efectiva y puesta -en acto de tal estrategia. Es un campo reflejo al precedente: en el primero el punto de vista está centrado en la configuración del lector activada por el texto y consiste solo en hipotetizar recorridos y dinámicas de consumo del sujeto empírico. En el segundo, la observación concreta de tales recorridos de los lectores empíricos permite establecer la distancia, el hiato, o la adecuación y la simbiosis entre la estrategia prevista y planteada por el texto y aquella practicada en la interpretación de un sujeto concreto. En tercer lugar está el estudio de los códigos, de los sistemas de competencia, de las normas en que se inscriben los textos, es un ámbito en el cual es posible integrar una etnografía de la comunicación de masas o una observación sistemática de los usos y gratificaciones". Pese a que estas observaciones son extremadamente provisorias y a la absoluta necesidad de continuar la discusión, me parece que ya se aclara el objetivo a seguir, hasta ahora todos los acercamientos entre la communication research y los paradigmas científicos orientados al estudio de los procesos comunicativos (lingüística estructural, semiótica en sus diversos desarrollos, discourse analysis, etc) han dado lugar a grandes esperanzas, intensas modas y largas desilusiones. Incomprensiones reciprocas han marcado la secuencia de fatuidades y omisiones, sin embargo la communication research aun tiene necesidad de orientarse en modo congruente a los problemas de la comunicación textual. En todo caso, para evitar un mayor alejamiento o una marginalidad improductiva, estas tendencias están siendo atentamente seguidas y evaluadas en su capacidad de focalizar en términos más adecuados el objeto de estudio que enmarca todavía hoy la communication research, esto es la dinámica de la influencia ejercitada por la comunicación de masas en la totalidad del sistema social. (Traducción efectuada por el Profesor Max Tello, Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima).


Es Jesús Martín Barbero quien cumple el rol de atento testigo de un estallido. Y desde su perspectiva latinoamericana recorre con fluido manejo el debate europeo sobre la pertinencia y sentido de la Teoría de la Comunicación. En un diálogo abierto con el bolognes Wolf trata de responder a la pregunta sobre la especificidad de lo comunicativo a la luz de los nuevos modelos propuestos desde la semiótica, la teoría de la cultura y la teoría de la información. Finalmente, del modelo informacional a las teorías de la sociedad de la información y la postmodernidad, Martín alerta frente al informe Nora Minc, la crítica de Habermas y la interpretación de Huyssen. EUFORIA TECNOLÓGICA Y MALESTAR EN LA TEORÍA Dice Braudel que las ideas son cárceles de larga duración. Y la imagen es bien certera, pero a condición de no ver en ella una invitación a la huida. Porque más que con muros las ideas nos aprisionan con su inercia, y de ella no nos liberamos fugándonos tampoco aquí la libertad es el vacío sino recreándolas. En el campo de la comunicación las Ideas fuertes, las que han demarcado ese campo, responden más a un modelo de conocimiento instrumental que a un proyecto de comprensión. Comprensión cuyo eje articulador no puede ser otro que el de las relaciones comunicación/sociedad. Desde fines de los setentas la situación se ha vuelto doblemente problemática para ese proyecto ya que mientras los saberes sobre la comunicación se dilataron y fortalecieron especializadamente, los saberes sobre lo social se han tomado confusos e inseguros. Hubo un tiempo en el que pensar las relaciones comunicación sociedad fue para América latina la base desde la que enfrentar al positivista paradigma hegemónico, e incluso fue, el piso de un despegue teórico propio. Descubrir la trama social de los dispositivos comunicacionales era el modo de acceso a la comprensión de su sentido como enclave de la dominación o la liberación. Sólo que pronto esa capacidad de significación comenzó a convertirse en trampa: la de permitir ahorrarnos la referencia, esto es suplir con entramados de sentido la ausencia de referencias- Y no aludo únicamente al pansemioticismo, del “todo es signo”o “todo es texto", sino también a las generalizaciones sociológicas que nos ahorraban el análisis de los contextos nacionales y de los diferentes tipos de procesos masivos y prácticas comunicacionales. La relación comunicación/ sociedad se tornó entonces obligada apelación a las "condiciones" según una escolástica marxista que acabó en mera y hueca jerga académica. La crisis que nos sacó de aquel empeño totalizador, en que se agazaparon largo tiempo dogmatismo e inercias ideológicas, nos ha puesto a la escucha de las situaciones y nos ha hecho sensibles a las mediaciones culturales, a las diferencias y a la cotidianidad. Pero esa recuperación de las referencias, ese retomo a la experiencia social y la pluralidad de códigos amenaza hoy con instalarnos en una nueva fragmentación: atravesada por las innumerables grietas de la diversidad la sociedad se nos deshace en la disolución de la trama que sostiene y articula la diversidad de prácticas. Estamos otra vez necesitados de retomar las cuestiones “de fondo", y preguntamos de nuevo por el sentido de las relaciones comunicación/sociedad» Lo que ahí está en juego no es sólo problema de coherencia teórica o pertinencia metodológica sino de validez histórica: ¿qué concepciones de lo social y qué modelos de comunicación nos permiten insertar hoy el trabajo de investigación en los procesos de transformación de la cultura política y de reorganización de las políticas culturales que tienen lugar en América Latina?.


La respuesta a esa pregunta es hoy un poco más oscura y complicada en la medida en que ya no contamos con las seguridades que en otros tiempos nos ofrecían los paradigmas totalizadores del funcionalismo, el marxismo o el estructuralismo. Ni las figuras de lo social ni los modelos de la comunicación se dejan tratar tan unificadamente. Del estallido de esa unidad - que es a la vez teórico y político - habla el actual debate sobre la pertinencia y el sentido de la teoría de la comunicación en una Europa que se "reconvierte" industrialmente y entra con fiebre en la carrera de las innovaciones tecnológicas. La euforia se convierte en malestar cuando, mientras en los medios la función comunicativa es relegada a dimensión residual de las opciones económico - industriales, es la sociedad toda la que pasa a ser pensada corno comunicación o sociedad de la información. ¿Dónde ubicar entonces una especificidad de lo comunicativo que no se devuelva al mediacentrismo de las teorías conductistas?, ¿qué papel están jugando en ese debate los nuevos modelos de comunicación propuestos desde la semiótica y la teoría de la cultura?, y ¿qué implican desde el punto de vista teórico, los modelos de sociedad propuestos desde la racionalización de las nuevas tecnologías en su parentesco con el pensar postmodemo?. Es mucho lo que, desde aquí podemos aprender de ese debate en la "vieja”Europa. 1. ¿TEORIA SOCIAL VS. TEORIA DE LA COMUNICACION? Para entrar en el debate vamos a partir de la posición más radical, aquella que como la de los investigadores de Licester, Graham Murdock y Peter Golding, niegan la pertinencia más mínima a la teoría de la comunicación,1 Pues en la pretendida necesidad de esa teoría no habría sino una amalgama de promociones, ingenuidad empírica y sobre todo un accidente puramente verbal: la elasticidad semántica de la palabra que permitiendo a la idea de comunicación hacerse presente en tantos campos ha llevado a pensar en la existencia de un "campo común`. Campo cubierto por dos figuras: la de una teoría general de la comunicación o la de una teoría restringida a las comunicaciones masivas. La primera sería doblemente peligrosa pues no sólo segrega de la teoría social los procesos de comunicación haciéndolos objeto de una teoría autónoma sino que al identificar las relaciones humanas con su componente comunicativo, esto es al leer las relaciones sociales en puros términos de comunicación, "se evacuan del análisis los problemas del poder y la desigualdad en las relaciones estructurales sin las cuales la teoría social se vuelve estéril".' La teoría restringida, aquella que cubre únicamente el campo de la comunicación masiva, no puede llamarse seriamente teoría puesto que lo único ha producido hasta ahora son modelos de diagramas para relacionar entre sí los mundos del emisor, el mensaje y del receptor, diagramas cada vez más sofisticados, pero que no podrán nunca ser tenidos por teoría, y menos cuando la complejidad de los modelos es lograda a base de hacer pasar por interdisciplinariedad lo que no es más que eclecticismo, otorgándole al objeto de estudio - los medios masivos - una centralidad social y una significación teórica que responde más a requerimientos de la departamentalización académica que a demandas de la realidad social. Análisis aparte les merece a Murdock y Golding la propuesta que ofrecen los llamados estudios culturales" adelantada especialmente en los trabajos de Raimond Williairis y Stuart Hall. Al situar explícitamente los medios "en el contexto de la cultura como totalidad" esa propuesta reorienta la cuestión de la comunicación masiva hacia "la recuperación de los yacimientos de la significación social que contienen los textos". Serio y estimulante el cuadro teórico elaborado por los estudios cp1turales adolecería sin embargo de insuficiencias que lo lastran profundamente. En lo que concierne a los trabajos de R. Wilbam las críticas van dirigidas a la sobrevaloración de los textos implícita en un tipo de análisis que al reconocer en ellos las huellas de las relaciones estructurales de producción cree poder


inferir de ahí ,,un análisis adecuado del conjunto de las relaciones y determinaciones sociales".5 Esa inferencia se apoya en una asimetría metodológica: mientras las formas simbólicas son sometidas a tina elaborada anatomía, los procesos sociales son objeto únicamente de una esquemática descripción y tratados en base a continuas extrapolaciones. Respecto a los trabajos de Stuart Hall6 se critica sobre todo el que la salvaguarda de la autonomía de la esfera cultural desplace las presiones económicas hacia el exterior, conservando sólo como internas las conexiones de los medios con el Estado. Cierto que, como planteó Grainsci, el Estado es el lugar donde es construida la unidad de la ideología dominante, y donde por lo tanto la hegemonía es asegurada, pero eso no puede llevamos a colocar fuera de esa misma dinámica el proceso de creciente interpenetración económica entre los diferentes medios, con el consiguiente reforzamiento internacional de la estructura de control. Las insuficiencias del economicismo no pueden ser paliadas con un politicismo que haga del Estado y la política los únicos espacios de poder, la exclusiva arena de lucha por la democratización cultural. Así planteadas esas críticas no invaden en modo alguno los aportes fundamentales que los "estudios culturales" están haciendo a la reconstrucción del materialismo histórico y al afinamiento de los instrumentos de análisis de la producción simbólica. 7 Adonde esas críticas apuntan es a arrancar de raíz la "ilusión" de que pueda ser necesaria, para el estudio de los procesos de comunicación, alguna teoría otra que no sea la teoría social. Lo peligroso de una aproximación a las comunicaciones desde la teoría cultural es que sus insuficiencias desvían el sentido que tiene la teoría social, su capacidad de dar cuenta de las relaciones entre distribución desigual del control sobre los sistemas de comunicación y los modelos más amplios de desigualdad en la distribución de la riqueza y el poder".8 Es justamente ahí sin embargo donde radica, para otros, el nudo del debate: al negar la necesidad de una teoría explícita de la comunicación lo que se está haciendo es adoptar implícitamente la teoría de comunicación más simplista y simplificadora. La irrelevancia teórica atribuida al componente comunicacional se traduce en la asunción inconsciente" de un modelo de comunicación que, proyectado sobre las relaciones comunicación/sociedad, atrapa éstas en el círculo de una visión instrumental y conspirativa. Para romper con ese círculo, Martín Serrano, y su grupo de Madrid9 adoptan una posición inversa a los de Leicester: la construcción de una teoría social de la comunicación requiere la formulación de una teoría general de la comunicación. Y ese requerimiento es epistemológico, no meramente ideológico o académico, ya que nada tiene que ver con el "pan comunicacionismo" desarrollado en los países monopólicos, y según el cual en nuestra época la comunicación sería el motor y el contenido mismo de la interacción social. Es epistemológico en la medida en que el vacío producido por la ausencia de una reflexión sobre la comunicación a ese nivel esta siendo llenado por un conocimiento "aplicado" fácil presa de concepciones biologistas, para las que la comunicación acaba convertida en norma de comportamiento destinada a asegurar la reproducción del grupo, o de concepciones idealistas incapaces de articular el desarrollo de las prácticas comunicativas al de las prácticas manuales y la organización progresiva de las relaciones sociales. De esa teoría general en su nivel epistemológico, que no podemos recoger aquí, queremos resaltar al menos como especialmente fecundo su punto de partida -la diferencia entre los actos de carácter ejecutivo y los actos o interacciones de carácter expresivo, siendo sólo estos últimos el objeto propio de una teoría de la comunicación negándose así a hacer de ésta una teoría "general" de la acción humana, como es la tentación permanente del comunicacionismo e interaccionismo norteamericanos y el lugar ocupado en esa propuesta por el análisis de la referencia, reconstruyendo desde él un


concepto tan clave en el campo de la comunicación como el de representación. Lo que nos interesa es la propuesta de una teoría social de la comunicación basada en el paradigma de la mediación. Que es aquel modelo "que trabaja con intercambios entre entidades materiales, inmateriales y accionales" adecuado para "estudiar aquellas prácticas en las que la conciencia, la conducta y los bienes entran en proceso de interdependencia", y que no se limita a intervenir sobre las ideas "pues la mediación es un programa destinado a hacer cosas con las cosas y con el hacer cosas”. Un modelo que referido al campo del que nos ocupamos busca dar cuenta de las formas/instituciones que toma la comunicación en cada formación social, de las lógicas que rigen los modos de mediación entre el ámbito de los recursos (materiales y expresivos), la , organización del trabajo y la orientación política de la comunicación, y por último de los usos sociales de los productos comunicativos. La propuesta tiene a su vez como articuladora la pregunta por el cambio, o para ser más precisos, por el intercambio entre dos cambios: el que se produce en las Formaciones sociales y el que se manifiesta en las modalidades de comunicación pública".1 Se trata pues de una teoría cuyo objeto son los modos de intercambio e interdependencia entre los sistemas autónomos: el social (SS) y el de comunicación (SC), interdependientes en el sentido de que las transformaciones de cada uno efectúan al otro, y autónomos en el sentido de que de cada uno puede partir la "iniciativa" del intercambio. Es evidente que aquí se halla para no pocos el punto ciego del problema, pues postular ese tipo de intercambio entre el SS y el SC implica que el SC no se confunde con el SS. Es decir que la coexistencia y la homología entre ambos sistemas no implica su identidad. "Una modalidad de comunicación siempre coexiste en el espacio y en el tiempo con alguna Formación social, pero puede subsistir con otra sin transformarse cualitativamente---. 12 De igual modo en lo que atañe a las homologías pues ambos sistemas incluyen componentes materiales, cognitivos y organizativos, pero ni los componentes de cada nivel -estructura], infra o superstructural- son los mismos, ni es postulable que ambos sistemas estén equifinalizados, Postular eso a priori acaba demostrando que la dificultad en diferenciar el SS y el SC se halla directamente ligada a la dificultad de pensar la comunicación por fuera de la función meramente reproductiva de lo social. Que es precisamente la que se trata de superar analizando los diferentes niveles o planos en que se produce el intercambio y la interdependencia: del SS hacia el SC en el nivel del control que ejercen las instituciones políticas sobre el funcionamiento de los medios de comunicación, y en el de las innovaciones cuya referencia se halla en la producción comunicativa; del SC hacia el SS en el nivel del control que los medios ejercen sobre el sistema político, y en el de las orientaciones para la acción social que los me dios proponen. Tenemos así un complejo cuadro que nos permite hacer frente a los tipos de reduccionismo más frecuentes: el que creía poder explicar el funcionamiento de los medios de comunicación como un proceso de mero acoplamiento ideológico, el que creía poder, explicar la organización de las instituciones comunicativas por la sola lógica del mercado, y finalmente el que creía poder explicar la evolución y el desarrollo histórico de la comunicación de masas por las leyes de la acumulación capitalista. Desde el propio materialismo histórico Martín Serrano advierte que centrar el estudio en las ideologías es quedarse en el producto sin abordar la producción; situar los procesos de comunicación en el nivel de una reproducción cuya dinámica y cuya lógica estarían en otra parte, sería ignorar lo que la historia social nos ha mostrado ya suficientemente: que en los medios de comunicación se puede dar cabida durante largo tiempo a innovaciones de cultura, del


arte y las costumbres, que la norma social tardará mucho tiempo en integrar; y viceversa, cambios en la concepción del mundo que han penetrado la conciencia social tardarán largo tiempo en aparecer asumidos por el discurso de los medios. Y en lo que concierne al desarrollo que las comunicaciones de masa han tenido dentro del sistema capitalista, es cierto que ese desarrollo se halla fuertemente vinculado a algunos dispositivos centrales de la acumulación del capital como la división técnica, la disminución del tiempo de trabajo etc., y como lo es que la apropiación material del mundo pase hoy por el control de la información y por tanto por el de la innovación tecnológica que permite su producción y acumulación, pero ---es posible, e incluso previsible que más tarde esas mismas innovaciones tengan consecuencias incompatibles con la perpetuación de un modelo de sociedad que basa la circulación de los bienes sociales, incluida la información, en su valor de cambio.' 3 Hacia allá apuntan no pocos desajustes, brechas y contradicciones como las introducidas por la conquista de la sincronía comunicativa en el sistema de la comunicación masiva haciendo muy difícil un control que no sea censura, o el incremento en la proporción de las expresiones ¡cónicas incorporando a la audiencia grupos sociales por largo tiempo excluidos de la información pública, o la expansión de los medios audiovisuales sincrónicos haciendo perder importancia a los intermediarios sociales de cuya autoridad provenían las interpretaciones aceptables de los acontecimientos, y el traspaso de las barreras geográficas produciendo nuevas formas de comunicación que entran en colisión con las demarcaciones establecidas y las correspondientes exclusiones que ellas amparaban. Junto a esas contradicciones movilizadoras están también aquellas otras que al menos hoy pueden ser calificadas como negativas: así el fetiche de la actualidad, ligado a la sincronía entre acontecer e información, desvalorizando otras temporalidades y justificando el valor de los medios masivos; o la transformación de los modelos expresivos tornando obsoletos algunos, fundamentales en la cultura y la comunicación 'de los pueblos, antes de que se produzca la transformación y adaptación de los modelos cognitivos, y la enculturación y colonización cultural acarreadas por la aceleración en la distribución de los productos masivos privando a muchos pueblos de las herramientas de que disponían para una apropiación enriquecedora de esos productos. Lo que esa ambigua y contradictoria relación entre comunicación y sociedad nos plantea es la imposibilidad teórica de seguir atribuyendo bien sea a los intereses de la clase dominante o a la infraestructura tecnológica la causalidad única de lo que en el espacio de la comunicación está sucediendo. Y esa tarea, la de superar los monismos reduccionistas, no puede ser encomendada ni a una teoría de la comunicación que no pueda incorporar las transformaciones históricas de la sociedad, ni a una teoría social incapaz de aceptar la dinámica propia de los procesos comunicativos. 2. MODELOS DE COMUNICACION PORMULADOS POR LA TEORIA DE LA INFORMACION Y LA SEMIOTICA TEXTUAL. El texto pionero, y quizá más decisivo, sobre el ajuste de cuentas con la sociología en el campo de la comunicación de masas, lo escribió Paolo Fabri en 1973 y su sólo título es ya bien diciente. Las comunicaciones de masa en Italia: mirada semiótica y mal de ojo de la sociología---. 14 En él se hace manifiesto cómo, por venir académicamente de la sociología y la antropología -y no de la lingüística- buena parte del trabajo semiológico en Italia va a construir una reflexión sobre la producción de sentido en la comunicación nada semioticista, muy atenta a las articulaciones sociales y las diferencias culturales. Y muy crítica también, desde temprano, de las limitaciones que presentaba el modelo


informacional para dar cuenta de la trama de apropiaciones y reconocimientos de que está tejida la comunicación/ cultura de masa. El otro trabajo que me parece clave en la línea del emborronamiento de las fronteras puestas por las disciplinas y el deslinde de las nuevas cuestiones que acarrea la configuración de un campo como el de la comunicación de masas, es el desarrollado por F. Rositi. Su esfuerzo por sacar la comprensión de la cultura de masa de los hábitos sociológicos que desconfían de los procedimientos hermeneuticos - lo aproxima a una semiótica de las percepciones sociales y las matrices culturales.15 Pero la respuesta más amplia y detalla. da a las pretensiones sociológicas de vaciar de sentido la necesidad de un abordaje teórico explícito de la cuestión comunicativa la ha proporcionado más recientemente Mauro Wolf," al ofrecemos un cuadro histórico de los modelos de comunicación con los que han venido trabajando las diferentes teorías ya sea explícita o implícitamente. El modelo inicial, pero aún vigente y operante mucho más allá del campo en que nació -y renovado más que superado por mucha de la crítica- es el modelo informacional. Elaborado desde la perspectiva de la ingeniería telefónica por Slianon en 1948 17 ese modelo efectúa el desplazamiento definitivo en la idea de comunicación desde el tradicional sentido de “poner en común" al moderno de trasmitir y propagar. El texto de Slianon se abre con esta significativa frase: “El desarrollo reciente de diversos métodos de modulación que cambian el ancho de banda para una determinada relación señal - ruido ha intensificado el interés por una teoría general de la comunicación". Una teoría, en verdad, de la rentabilidad informacional, esto es, capaz de dar cuenta de la transmisión óptima de un mensaje en términos de eficiencia difusiva, y para la que el código es un sistema de reglas para asignar a las señales unos valores y no unos significados. Fue esa teoría la que generalizó Jacobsonis asumiéndola como la clave de desarrollo de la lingüística en el momento en que ésta aborda el lenguaje como sistema de comunicación. Y fue ese mismo modelo, el del análisis de la propagación de la información, el que cargó de legitimidad científica los estudios norteamericanos, la communication research de los años 50 y 60. Había sin duda un perfecto ajuste entre la concepción difusiva de la teoría informacional y el paradigma de los efectos lineales y puntuales, entre la eficacia transmisiva buscada por el modelo y la pasividad receptiva postulada por la teoría:. conductista que inspiraba aquellos estudios. Pero no sólo se ajustaba bien al paradigma funcionalista, por paradójico que parezca el modelo informacional encontró también complicada del lado de una teoría crítica dominada por la lógica de la reproducción social y una concepción predominantemente instrumental - pues operaba por aparatos - de la ideología. La primera inflexión en ese modelo la introduce la semiótica estructuralista francesa al buscar conjugar el esquema informacional con la problemática de la codificación/descodificación en cuanto proceso de producción y atribución de sentido. Se trata de hacer pensables ciertas asimetrías en la competencia y la comprensión del significado de los mensajes, de asumir como parte del proceso comunicativo operaciones que tienen su procedencia en la disparidad sociocultural, de dar valoración no negativa a ciertas interferencias o "ruidos- y de analizar la transmisión en términos de transformación En el texto en que E. Veron sintetiza el recorrido efectuado por la semiótica, para superar una concepción instrumental de la ideología, resume el punto a que ha llegado la semiótica afirmando "la imposibilidad de inferir de una manera directa y lineal las reglas de reconocimiento a partir de la gramática de producción".19 Sin embargo la línea predominante en el análisis semiótico será aún durante bastan te tiempo aquella que


proyecta sobre el proceso comunicativo la figura de un sentido que circula, con ciertas trabas, de un polo al otro en una sola dirección. Y a estudiar esas trabas se dedicará la propuesta funcionalista, ahora remozada por la presencia en el análisis de cierto instrumental estructuralista, en sus investigaciones sobre la comprensibilidad de los mensajes. Y es de ese lado se sigue anclado en el análisis del éxito o el fracaso de las significaciones transmitidas, del otro, del lado impugnador y crítico se seguirá todavía confinados a estudiar lo que pasa en el ámbito de una ideología, que funciona inevitablemente en un sólo sentido. La ruptura con el modelo informacional, que hace de la comunicación un proceso de mera transmisión de significados ya hechos, dados, se hace posible solo cuando la semiótica textual comience a hacer pensable una comunicación -mediación y negociación. Lo que, restringiéndonos al campo de la comunicación masiva, implica dar entrada a una nueva perspectiva con dos ideas básicas. Primera, que la relación comunicativa se halla constituida no por mensajes particulares -analizables aisladamente - sino por conjuntos de prácticas textuales ;y segunda, que tiene lugar en la comunicación de masa una asimetría fundamental en la que se basa "la diversa cualidad de las competencias comunicativas del emisor y el receptor (saber hacer vs. saber reconocer) y la articulación diferenciada (en el emisor y en el receptor) de los criterios de pertinencia y significancia de los textos masivos". 20 Sobre la primera formulación -naturaleza textualizada de la comunicación de masa- Wolf retorna la propuesta de P. Fabri inspirada en Lotinan 21 acerca de la diferencia entre una cultura gramaticalizada, que remite la intelección y la fruición de la obra al conocimiento de las reglas explícitas de su gramática, y una cultura textualizada en la que el sentido y el goce de un texto remite no a su gramática -que se desconoce- sino a la familiaridad con otros textos, como sucede en el folklore y en la cultura popular. De ahí que mientras la primera está conformada por las obras, la segunda lo esté por los géneros, esos que para la crítica literaria no representan hoy sino estereotipos banalizadores de cualquier contenido y estratagemas de conformización de los públicos pero en los que la -mirada" semiótica descubre una estrategia fundamental de comunicación: aquella que, aunque atravesada por la lógica mercantil, no es reducible a la lógica del formato pues remite también a la configuración de determinados efectos de sentido que hablan de la diversidad de los modos de producción cultural y de fruición presentes en nuestra sociedad. Estudiado semióticamente el formato nos da la pista para percibir y comprender la elevada intertextualidad y viscosidad de una comunicación regida por la tendencia a guiarse en el plano de la producción por la ya producido y en el plano de la recepción por lo ya gozado. Escándalo para la experiencia cultural en que se basa la crítica "culta" ese modo de producción y de fruición aparece semióticamente como otra modalidad de comunicación a la que la sociología se había negado a atribuirle un valor que no fuera negativo. Y esa diversidad que es indudablemente histórica, sociocultural, nos enfrenta a una pregunta clave, pues el modo histórico en que se ha consolidado la organización de los medios masivos no es comprensible, ni explicable, en términos de mera rentabilidad informativa ni en los términos sociológicos del control social. El segundo rasgo definidor de la comunicación de masa -la asimetría de funciones y competencias- nos plantea el análisis de una dinámica de interacción a la que no hay acceso desde el modelo informacional. Contrario a lo que postulaba ese modelo estamos ante una comunicación en la que el emisor organiza el mensaje no a partir de la información a transmitir sino más bien a partir de las condiciones -situación, competencias, posibilidades- de la recepción. A esa dinámica de interacción Wolf la denomina estrategia de anticipación, mediante la cual "el emisor anticipa la comprensión del receptor, escoge las formas aceptables por el destinatario, y al hacer esto la codificación resulta influenciada por las condiciones de la descodificación" .22 Es tanto el


estudio del emisor como el del receptor los que resultan replanteados. ¿Cómo, a través de qué mecanismos los productores reciclan su conocimiento sobre los públicos, mediante qué rutinas productivas esas anticipaciones se transforman en dispositivos, se sedimentan en fórmulas?; ¿cuál es la durabilidad de los formatos y cómo se asegura el equilibrio mínimo entre innovación y repetición?. He ahí un con -junto de preguntas que, formuladas desde una semiótica que desplaza la centralidad ocupada por los textos ,empujan la renovación de la sociología que se ocupa de la cultura ocupacional y las ideologías profesionales.T3 Rompiendo con un economicismo, que se correspondía con el lugar asignado al emisor en el modelo informacional, lo que se busca ahora es hacer analizable la lógica de los procesos que rige la construcción de los géneros y los formatos. Y lo mismo del lado del destinatario, del lector. Frente a una concepción informacional del receptor como punto de llegada del mensaje, sin otra opción que la de captar o no la información que el mensaje contiene, la semiótica textual nos plantea que "un texto es un mecanismo perezoso que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él", y redondeando su formulación Eco afirma que "un texto postula su destinatario como condición indispensable no sólo de su propia capacidad comunicativa, sino también de la propia potencialidad significativa". 24 Lo que nos pone en la pista de las nuevas preguntas que una sociología y una antropología de los usos sociales de los medios no pueden ya dejar de plantearse: ¿qué saberes constituidos en memoria -de clase, de etnia - moviliza la comunicación masiva?, qué imaginarios -de generación o de sexo - median en la lectura y en los modos de ver?, ¿qué espacios y qué actores sociales intervienen en la resemantización?, qué dimensiones de la vida cotidiana son afectados por los diferentes géneros?. 3. MODELOS DE SOCIEDAD POSTULADOS DESDE LAS "TEORIAS" DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACION Y LA POSTMODERNIDAD. Desde hace unos pocos años el análisis de las relaciones entre comunicación y sociedad -resguardo durante mucho tiempo de las posiciones de izquierda- está cambiando radicalmente de signo. La imagen consagrada por el título del informe de S. Nora y A. Mine 26 va a dar cuerpo a un pensamiento emparentado con lo que los so CiólogOS27 comenzaron llamando sociedad postindustrial, y con lo que últimamente se denomina postmodernidad. Contra lo que pudiera parecer de lo que se trata en esas -teorías' -las comillas indican lo arriesgado de nombrar así lo que hasta el momento e s aún una amalgama de ideas y de estilos, de saberes cibernéticos y metáforas biológicas - no es tanto de las nuevas comunicaciones como de las nuevas imágenes y modelos de lo social, de las nuevas configuraciones que adquieren las instituciones y las relaciones, esto es la socialidad. Y ello merced a que las sociedades avanza das -y con ellas por supuesto "la humanidad"- estarían entrando en una nueva época: aquella en que la información es no sólo algo vital para su funcionamiento y desarrollo, sino en la que la sociedad toda entraría a organizarse según el sistema y el tejido de la comunicación. Qué quiere decir eso? Básicamente: que todas las funciones y todos los espacios estarán conectados de forma autoregulada y transparente. La autoregulación significa 'funcionalidad bien templada, solidaridad entre todos los elementos del sistema, donde todos los términos deben permanecer en contacto, informados de la condición respectiva de los demás y del sistema como un todo’.28 Autoregulación es equilibrio y retroacción, circulación constante. Autoregulada será entonces una sociedad de relaciones complejas y móviles que harán de cada uno un nudo en el circuito de la comunicación incesante. La trasparencia, por su parte, alude a la transformación de los saberes. Estaríamos ante una sociedad dotada de un lenguaje al que son traducibles todas las hablas y todos los discursos, capaz de "ordenar esas nubes de socialidad a matrices de input/output, según


una lógica que implica la conmensurabilidad de los elementos y la determinabilidad del todo”. 29 Con lo cual es la naturaleza misma del saber la trastornada, pues no será tenido por tal sino aquel saber que sea traducible al lenguaje cuantitativo de la información. Transparente será entonces una sociedad en la que ser y saber se corresponden hasta el punto que lo que es coincide con la información que posee acerca de si misma. De ahí que, como afirma Lyotard, en esa sociedad ya no habrá sitio para los -grandes relatos- de la realización del Espíritu o de la emancipación del ciudadano, pues su sentido ya no es traducible. Es la opacidad de lo político la que queda abolida en una sociedad cuya naturaleza habrá dejado de ser conflictiva ya que su riqueza residirá en adelante en la información acumulada y en la cantidad de mensajes puestos a circular. Así dibujadas las figuras que componen la sociedad de la información traslucen demasiado lo que en su proclamada novedad queda aún de la vieja ideología racionalista de progreso, remozada. La ideología de progreso se reencaucha en la idea que liga la evolución a la comunicación como su sentido, es decir que visualiza el desarrollo social en términos de la creciente complejidad y el perfeccionamiento de la comunicación llegando incluso a identificar el crecimiento de las libertades con el aumento de una comunicación cuyo sistema nervioso ya no está en la política sino en la tecnología. Pero nos equivocaríamos al pensar que detrás de esas imágenes y esas figuras no hay sino viejas ideas remozadas, pues ahí se delinea también la emergencia de un nuevo paradigma: el de lo fluido y lo circular por oposición a lo mecánico y lo lineal .30 De lo que habla ese paradigma es de la crisis del -pensamiento lineal ", de fracaso de un modelo mecánico -finca] y centralizado- de crecimiento y de las nuevas estrategias para salir de la crisis, de los modos de legitimación de las nuevas competencias sociales. Lo que no quiere decir que todo ahí sea ideología. La superación del "pensamiento lineal" está haciendo posible el reconocimiento de nuevos espacios y modos de relación -individuo/Estado, habitante /ciudad, docente/alumno, etc.- y de una nueva sensibilidad hacia lo diverso y lo periférico, lo discontinuo y lo descentrado. Esa nueva sensibilidad se traduce en: una nueva percepción del poder que no aparece ya localizado en un punto desde el cual irradia sino disperso y transversal, una nueva valoración de lo local en cuanto espacio de la proximidad, esto es donde se hace efectiva la diferencia, y de lo cotidiano como lugar – donde se lucha y se negocia permanentemente la relación con el poder. Lástima que ese paradigma rico en potencialidades de redefinición de lo social está sirviendo a la legitimación de un proyecto tecnocrático que le pide a la tecnología justificar y enmascarar la ausencia de un proyecto social acorde con las demandas que subyacen a los nuevos modos de pensar y hacer la sociedad" .31 Es la dirección en que marchan las nuevas estrategias económicas y políticas. Así, la descentralización, palabra mágica del nuevo orden cuyo funcionamiento en nada se opone a la concentración del poder económico, pues tanto su campo semántico como el de operación remiten sobre todo a las nuevas exigencias de funcionamiento de los conglomerados trasnacionales. De modo que de lo que se termina hablando es de desregulación entendida como la menor intervención posible del Estado para que sean "liberadas las energías del mercado, y de descongestión de la gestión administrativa en pequeñas unidades de decisión. En el campo político, la nueva racionalización tiene como figura básica una tramposa oposición entre sociedad civil y Estado: a un Estado maléfico y abstracto, esto es divorciado de la sociedad, se le opone una sociedad civil que - mistificando e invirtiendo el sentido que ésta tenía para Grarrisci - es identificada con los intereses privados, de la que el mercado sería su mejor expresión y que estaría formada por la muy concreta comunidad de los individuos con iniciativa. Y de una vez con la desocialización del Estado se legitima la disolución de lo público, privatizando su espacio. En la nueva sociedad el Estado deberá redefinir sus funciones ya no en términos de garante de la nacionalidad sino de gerente de los intereses transnacionales, para lo cual deberá abandonar su viejo lenguaje político


y adoptar uno nuevo, el de la administración. Mientras tanto el sector privado tiende a inspirarse y a hacerse cargo de las finalidades y el lenguaje del sector público: se socializan" las demandas del mercado y se universalizan sus normas. Ese es el verdadero escenario del debate tecnológico pues las nuevas tecnologías están jugando un papel fundamental en la redefinición y remodelación de la figura y las funciones del Estado. Y ello mediante una lógica paradógica: las nuevas tecnologías de comunicación hacen fuerte a un Estado al que refuerzan en sus aparatos de control al mismo tiempo que lo toman débil desligándolo de aquellas funciones que ahora reclama para sí el sector privado. En lo que respecta al rediseño de la economía y la política las estrategias que derivan de la "sociedad de la información" parecen estar bastante claras. No lo están tanto las que atañen al rediseño de la cultura. Pues lo que la crisis ahí hace visible no es el agotamiento del pensar lineal sino de la misma modernidad. Pero de esa crisis, que nadie niega, las lecturas no son sólo diferentes sino profundamente opuestas al interior incluso de las posiciones de izquierda. Así la de Habermas, quien fiel al Adorno "que no veía otra cura para las heridas de la ilustración fue la propia ilustración radicalizada , declara que de lo que se trata es de una crisis de inacabamiento, de una modernidad no completada que se halla a la búsqueda "de una nueva vinculación diferenciada de la cultura moderna con una praxis cotidiana que todavía depende de herencias vitales pero que se empobrecería a través del mero tradicionalismo. Declarar la modernidad agotada, clausurada, como proclaman los defensores de la postmodernidad, es querer escapar a la complejidad de las contradicciones del presente refugiándose en la nostalgia de un tiempo premoderno idealizado con el que se trataría de amoblar el futuro. De ahí que, para Habermas, el verdadero nombre de los postmodernos es el de neoconservadores, que en lugar de buscar las causas económicas y sociales de las actuales contradicciones del capitalismo 34 prefieren cargárselas todas a la cultura. Cuando la cultura de la modernidad, esto es la del desarrollo ilimitado de la personalidad, de la exigencia de liberación de la experiencia y del hedonismo sin trabas, entra en colisión con la moral de la racionalidad que hizo posible el desarrollo capitalista 'los liberales convertidos en neoconservadores sólo se preocupan por la presunta pérdida de autoridad de las instituciones del sistema político que describen en términos de ingobernabilidad, pérdida de confianza y de legitimidad. Ellos atribuyen estos fenómenos a la 'inflación' de las expectativas ( ... ) y a la ausencia de una actitud obediente nutrida por la tradición y el consenso". 35 Con esa operación lo escamoteado es la ligazón del malestar cultural a los impases de la economía y a las contradicciones sociales. Para los neoconservadores la modernidad es bienvenida mientras ella sea ciencia y técnica que aceleren el crecimiento capitalista y hagan más eficiente la administración, pero no cuan -do la modernidad, desde su sensibilidad moral y estética, entra en colisión con ese crecimiento y esa eficiencia. Entonces se vestirá de postmodernidad lo que no es otra cosa que antimodernidad conservadora. De un muy otro talante es la lectura que del postmodemismo traza otro alemán, Andreas Huyssen.36 No porque no reconozca en ese movimiento la presencia de los rasgos señalados por Habermas nostalgia neoconservadora, abandono de la conciencia crítica, eclecticismo sino porque ni eso es todo, ni tan claro como dicen sus impugnadores. Hay en el movimiento y el pensamiento postmodernista un enorme potencial crítico, sólo que de otro cuño, diferente al que la modernidad ha entendido por crítica. Y ahí radica la dificultad mayor, en la pretensión inconfesada de una modernidad erigida en ideal insuperable más allá del cual solo tendríamos nostalgia disfrazada o empobrecimiento de la experiencia. Para desmontar la coartada que implica esa pretensión es necesario diferenciar en el postmodernismo - y especialmente en el norteamericano - dos etapas. En la primera, que va de los años sesenta a los setenta, una insatisfacción profunda y genuina empuja a la búsqueda de tradiciones residuales y emergentes con las que poder


reintroducir en la cultura artística, y también en la cotidiana, dimensiones simbólicas no racionalizadas, es decir multivalentes, en las que se resuelven los códigos y desde las que es revalorizada la narración en literatura y la metáfora en arquitectura. Es la contracultura de esos años con su fuerte sentido de ruptura generacional, de discontinuidad ideológica y cultural expresándose en una poderosa rebelión, de contenido indudablemente político, contra el "gran arte" y las instituciones artísticas consagradas por el establecimiento. Rebelión. que se inspiraba en buena medida en el propio "ethos alternativos", pero ya desapareciendo, del arte moderno. Aún el optimismo tecnológico que habitaba la pasión por el cine y la televisión, y que cooptaba con la industria cultural, no estaba exento en esos años de cierto "filo" critico. En los años setentaochenta, segunda etapa, los gestos iconoclastas y el impulso alternativo se van a agotar o la comercialización los va a cambiar de sentido, como pasará especialmente con el pop, el rock y la vanguardia sexual. Una poderosa cultura del eclecticismo" va a transformar al postmodernismo en un pensamiento afirmativo que abandona la transgresión y renuncia a la crítica. Una dimensión clave del postmodernismo conecta sin embargo la segunda etapa con la primera sin perder del todo su capacidad cuestionadora, y es justamente la dimensión que articula en ese pensamiento el modelo de sociedad con el campo de la comunicación: el desafió a la hostilidad modernista hacia la cultura de masas. Como lo demuestra repetidamente Huyssen "la línea firme que separaba al modernismo 'clásico' de la cultura de masa no es re -levante para la sensibilidad crítica y artística postmoderna". 37 Y Jameson lo corrobora afirmando que esa "erosión de la vieja distinción entre cultura superior y la llamada cultura popular o de masas ( ... ) es quizás el aspecto más perturbador desde el punto de vista académico .Desecha esa distinción en lo que tiene de separación, lo que sigue es, en primer lugar, el reconocimiento de la diversidad de que está hecha la cultura de masas, una diversidad que el "dogma moderno", con su identificación descalificadora de toda esa cultura con el kitsch, impidió reconocer y analizar. Y en segundo lugar, la percepción de que el campo de tensiones" entre tradición e innovación, entre arte culto y cultura de masa, ya no puede ser captado, expresado ni analizado en las categorías que fueron centrales para la modernidad: progreso y reacción, izquierda y derecha, presente y pasado, vanguardia y kitsch. Porque son dicotomías que se han deshecho. La nueva sensibilidad va a tender entonces, más que a completar la modernidad -sin que ello implique caer en la irracionalidad- a "abrir la cuestión de la conservación de las tradiciones culturales como cuestión estética y política". 39 Es la cuestión del otro poniendo al descubierto que 'la cultura de la modernidad ilustrada fue siempre (aunque no exclusivamente) una cultura del imperialismo interno y externo".40 Imperialismo desafiado desde el espesor cultural y político de las diferencias étnicas y la sexuales, las culturas subregionales, lo modos de vida alternativos y los nuevos movimientos sociales. Desafiado desde la resistencia, no definible en puros términos de negatividad pues la noción de resistencia no habla sólo de oposición a la afirmación, que es como la modernidad entendió la crítica, Lo que ahora percibimos es que "existen formas afirmativas de resistencia formas resistentes de afirmación". Cuando menos lo pensábamos, cuando creíamos estar hablando de las formas de sociedad y las figuras de cultura y comunicación más alejadas de nuestro mundo latinoamericano nos topamos con cuestiones y búsquedas, con preocupaciones y ocupaciones de las más nuestras. No es extraño que dejándose -interrogar por esas cuestiones que vienen de la postmodernidad J. Brunner se pregunte acerca del por qué del malestar con la modernidad que aparece y reaparece permanentemente en América Latina. Y se atreva entonces a repensar una noción tan importante y ambigua como la de heterogeneidad cultural. Ya que de lo que habla esa noción no es de la superposición de


culturas extrañas unas a otras, como estratos superpuestos, sino de "una suerte de postmodernismo regional avanta la lettre que, sin embargo es plenamente constitutivo de nuestra modernidad' . Heterogeneidad que no es mera diversidad sino algo mucho fuerte, hecho de inclusiones y exclusiones, de participación segmentada y de descentramiento. Pues vivimos incorporados a "una modernidad cuyo corazón está lejos de 'nuestra' cultura, (...) que hace sentido pero un sentido fuera de lugar, arrancado de contexto, injertado en una cultura/otra.43 Y recogiendo también el reto de ese pensar otro García Canclíni se pregunta cómo hemos podido tardar tanto en damos cuenta de que nuestra cultura "se ha hecho todo el tiempo a mitad de camino entre residuos heterogéneos e innovaciones truncas". Lo que no sólo nos debe ahorrar de seguir explorando en búsqueda de aquella autenticidad que suponíamos en el fondo de nuestro pasado, sino que puede brindamos incluso un programa: asumir sin nostalgias ni estremecimientos que es en América Latina donde se realiza con énfasis uno de los rasgos destacados por el postmodernismo en la cultura actual: ser la patria del pastiche y el bricolage, donde se dan cita irónicamente todas las épocas y las estéticas. Notas 1. G. Murdock y P. Golding, Capitalismo, comunicaciones y relaciones de clase, en Sociedad y comunicación de masas, ps. 22-58, F.C.E. México, 1981. En ese volumen interesan también los textos' de Ph. Eliot y St. Hall. Los Cuadernos del TICOM han publicado últimamente de G. Murdock y P. Golding Ideología y medios masivos: la cuestión de la determinación, No. 33 de 1985, que contiene también el texto Teorías de comunicación y teorías de la sociedad. Ver también de G. Murdock. Las transmisiones y la diversidad cultura¡, en La televisión entre servicio público y negocio, Barcelona, 1983. Sobre el debate teórico que sirve de fondo a las posiciones. de los de Leicester y la renovación del marxismo, ver: P. Anderson, Teoría, política e historia, México, 1985. 2. J. Murdock y P. Golding. Teorías de comunicación y teorías de la sociedad. p. 84. 3. Ibdem, p. 88 4. R. Willians, Culture and society: 178-1950, Londres 1976; The long revolution, Londres, 1980; Cultura: sociología de la comunicaci6n y del arte, Paidos, Barcelona, 1982; Las comunicaciones como ciencia cultural, en Examen de la cultura popular, F.C.E, México 1982. 5. J. Murdock y P. Golding, La cuestión de la determinación, p.23. 6. St. Hall, La cultura, los medios de comunicación y el efecto ideológico, en Sociedad y comunicaci6n de masas, ps. 357-393; Estudios culturales: dos paradig. mas, en la revista "Hueso húmero" No. 19, Uma, 1984. 7. Ver en especial el decisivo trabajo de R. Willians: Teoría cultural, en Marxismo y literatura, ps. 91-165, Ed. Península, Barcelona, 1980. 8. J. Murdock y P. Golding, Teorías de comunicación y teorías de la sociedad, p.. 95. 9. M. Martín Serrano, J. L. Piñuel, J. Gracia y M. A. Arias: Teoría de la comunicación, Vol. I. Epistemología y análisis de la referencia, Madrid. 1982; Hay también un conjunto de trabajos de Martín Serrano, J. L * Piñuel, S. Montes, A. P. Muñoz, J. García en el No. 3 de la "Revista española de Investigaciones sociológicas Madrid, 1978. De Martín Serrano ver en especial: La mediación social, Akal, Madrid, 1977, y La producción social de la comunicación, Alianza, Madrid, 1986. 10. M. Martín Serrano, La producción social de la comunicación, ps. 22 y 26; ver también a ese propósito, sobre el concepto de mediación: Nuevos métodos para la investigación de la estructura y la dinámica de la enculturación, en "Revista española


de la opinión pública" No. 37, Madrid, 1974, y Dialéctica acción comunicación, en Teoría de la comunicación, Univ. Internacional Menendez Pelayo, Madrid, 1981. 11. Martín Serrano, La producción social de la comunicación, p. 24. 12 * Ibdem, p. 55 13. Ibdem, p. 89 14. P. Fabri, Le comunicazioni di massa in Italia: sguardo semiotico e malochio de la sociología, en Rev. "Versus" No, 5, Milan, 1973. 15. Hay una selección de los trabajos de Franco Rositi, preparada por el propio autor: Historia y teoría de la cultura de masas, Gustavo Gil, Barcelona, 1980, en la que nos parece especialmente pertinente a lo que estamos trabajando los textos reunidos en la primera parte bajo el subtítulo Matrices históricas y significados funcionales en la cultura de masas, y el último texto de la tercera parte: Excedencia cultural y control social. 16. M. Wolf, Teorie delle comunicazioni de massa, Milan, 1985. Hay una buena muestra de la fe. cundidad del modelo de comunicación propuesto desde la semiótica textual, en la investigación realizada por M. Wolf, F. Casetti, y Lucia Lumbelli: Indagine su alcune regole di génere televisivo, en "Ricerche sulla comunicazione" Nos. 2 y 3, Milan, 1980 y 1983. Y también en la investigación realizada por M. Wolf, Jordi Prat, Nora Rizza y Patricia Violi: La ripresa diretta, publicaciones de RAI, Roma 1983. 17. Hay traducción castellana en un libro preparado por S. Montes: Teoría matemática, de la comunicación, ps. 43-151, Ed. Foda, Madrid, 1981. 18. R. Jacobson, Linguistique et theorie de la comunication, en Essais de linguistique générale, Paris, 1963. 19. E. Verón, Semiosis de Videologie et du pouvoir, en rev. I'Communications" No. 28, p. 11, Paris, 1978. 20. M. Wolf, Teorie delle comunicazioni di massa, p. 128. 21. J. Lotman, El mecanismo semiótico de la cultura, en Semiótica de la cultura, ps. 93, Ed. Cátedra, Madrid, 1979. 22. M. Wolf, obra citada, p. 131. 23. La última parte de¡ libro que estamos citando de M. Wolf está dedicada al análisis de las nuevas propuestas en sociología del emisor-productor de informaciones. Ver también a ese propósito la Segunda parte del libro Sociedad y comunicación de masas, dedicada al análisis de La organizaci6n y ocupaciones profesionales de los medios; también: J. Villafañe, E. Bustamante y E. Prado, Fabricar noticias: las rutinas productivas en radio y televisión, Mitre, Barcelona, 1987. 24. U. Eco, Lector in fabula, p. 7677, Lumen, Barcelona 1981. 25. Una explicación de esas preguntas en: J. Martín-Barbero, De los medios a las mediaciones, ps. 239 y ss. Y una "aplicación" de esas preguntas a la investigación sobre los usos sociales de las telenovelas, en mi trabajo: La telenovela en Colombia: televisión, melodrama y vida cotidiana, Rev. "DIA-LOGOS" No. 1, ps. 44-60, Lima, 1987. 26. Hay traducción castellana: La informatización de la sociedad, F.C.E., México, 1981. 27. A. Touraine, La société postindustrielle, Denoel, Paris, 1969, en el que hay un capítulo entero dedicado a Loisirs, participation sociale el innovation culturelle, ps. 261 - 307. 28. J. Baudrillard, El éxtasis de la comunicación, en La postmodernidad, p. 189, Kairos, Barcelona, 1985. Baudrillard había reflexionado ya sobre la "implosión del sentido" en la información, en su libro A la sombra de las mayorías silenciosas, Kairos, Barce. lona, 1978, y lo retorna en su versión más "apocalíptica" en Las estrategias fatales, Anagrama, Barcelona, 1984.


29. J. F. Lyotard, La condición postmoderna, p. 10. y el capítulo 5: La naturaleza del lazo social: la perspectiva postmoderna, ps. 35-43. 30. Una reflexión analítica clave sobre ese nuevo paradigma, en A. y M. Mattlelart, Penser les médias, en su II parte y en el capítulo sobre la Logique de l'acteur industriel, ps. 187-198, Paris, 1986. Ver también de los mismos autores: La culture contre la dernocratie, Paris, 1983, y de A. Mattelart de 1. Stourdzé, Technologie, culture & COMmunication, Paris, 1982. 31. A. Y M. Mattealrt, Penser les médias, p. 81. 32. J. Habermas, Perfil filosófico y político (Entrevista), en Revista "Leviatan" No. 22, ps. 67 y ss., Madrid, 1985. 33. J. Habermas, La modernidad, un proyecto incompleto, en La postmodernidad, p. 34. 34. El principal blanco de las críticas de Habermas es Daniel Bell, y su libro Las contradicciones culturales del capitalismo, edic. en castellano Alianza, Madrid, 1977. 35. J. Habermas, La ruptura entre cultura y sociedad (Sobre la crítica de la cultura de los Neoconservadores), en Rev. "Nueva Sociedad" p. 28. 36. A. Huyssen, Guia del postmodernismo, separata de la rev. "Punto de vista" No. 29, Buenos Aires, 1987. 37. Ibidem, p. XVIII. 38. F. Jameson, Postmodernismo y sociedad de consumo, en La postmodernidad, p. 166. 39. A. Huyssen, obra citada, p. XXXVII. 40. Ibidem, p. XXXIX. 41. Ibidem, p. XL. 42. J. J. Brunner, Los debates sobre la modernidad y el futuro de América Latina, p. 38, FLACSO, Santiago de Chile, 1986. 43. Ibidem, p. 39. 44. N. Garcia Canclini, Un debate, entre tradición y modernidad, en Rev. "David y Goliat" No. 52, p. 44, Buenos Aires, 1987.


Alejandro Ulloa nos presenta un condensado de su libro Lo salsa en Cali., Cultura Urbano, Música y Medios de Comunicación , estudio realizado entre 1982 y 1987 en la Universidad del Valle de Colombia. El autor responde con un conjunto de hipótesis antropológicas y sociales a la pregunta ¿Por qué la Salsa en Cali?, Esta es un pretexto para pensar en la configuración social de la urbe o conocer y reinterpretar la Colombia contemporánea, La Salsa, gestada por 1966 entre Nueva York y Puerto Rico, ha llegado a ser un símbolo de lo nacional que envuelto en un gran movimiento social se ubica entre lo popular y lo masivo, En la investigación sobre sus condiciones de consumo y recepción el autor encuentra el reconocimiento que realiza el pueblo y el usufructo del poder para ejercer la hegemonía. LA SALSA EN CALI CULTURA URBANA, MUSICA Y MEDIOS DE COMUNICACION ALEJANDRO ULLOA

Este artículo es una condensación del libro "La Salsa" en Cali: Cultura Urbana, Música y Medios de Comunicación" escrito como resultado de una investigación hecha en la ciudad de Cal¡, República de Colombia, para el departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad del Valle. El estudio se llevó a cabo entre 1982 y 1987 y el libro es publicado este año (88) por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y la Universidad del Valle. Este artículo se refiere a la formación en proceso de una cultura popular urbana, gestada en función del consumo y la recepción, esto es, la apropiación de los géneros de la música popular Afrocubana, producida a lo largo del siglo 20 y de su derivada "La Salsa", creada hacia 1960, ya no en Cuba sino en Nueva York y Puerto Rico. Este ensayo -como el libro- se estructura a partir de una pregunta-problema, hilo conductor de una reflexión fundamentada en la visión interdisciplinaria que nos permite hoy el conocimiento desarrollado por las ciencias sociales sobre nuestra realidad histórica, local, regional y nacional. ¿Por qué la Salsa en Cal¡? Es ésta la pregunta, que transformada a lo largo de la exposición, propicia, en otro nivel, el análisis de un objeto cultural como la música popular Latinoamericana y sus condiciones de recepción, de las prácticas configuradas a su alrededor, y de los usos que de ella hacen sectores específicos, en una ciudad latinoamericana como Santiago de Cali. Creemos que no sólo es necesario estudiar las culturas tradicionales y las raíces de una identidad, sino también aquellas culturas e identidades locales y regionales que se están configurando actualmente en América Latina, en sus centros urbanos, como expresión de una nueva sensibilidad, contemporánea, que a pesar de sus vínculos con el pasado se ha formado enteramente para el caso de Cali en la joven ciudad, en la ciudad adolescente de los últimos 50 años, cuando llega a ser propiamente un centro urbano, comercial e industrial, "polo de desarrollo" y epicentro receptor de migraciones inter regionales que junto a los "Nativos" poblaron construyendo esta ciudad sobre la vieja aldea, como lo indica el hecho de que en 30 años (1940-1970) se hayan fundado cerca de 100 barrios populares y se haya establecido una población de 350.000 inmigrantes, totalizados al promediar la década del 70. Inmigrantes provenientes, en su mayoría, del suroccidente Colombiano. Creemos así mismo que el problema de la identidad cultural no es exclusivo del pasado, ni hay que buscarlo siempre en el patrimonio de eternas tradiciones. (Tradiciones de quién y para quién?) Pensamos que el problema de la identidad cultural es en esencia un asunto político, y que para el caso de Cali (como el de otras ciudades en América Latina) es resultado de un proceso actual, en desarrollo, que demanda ante todo, asumir un compromiso con el presente para imaginar el futuro. Y en torno a la salsa y a su baile se ha gestado un movimiento cuyo origen popular es tan innegable como el hecho de que el poder en ejercicio la haya usufructuado para fortalecer la hegemonía; y


también por estas razones entra en el debate sobre la identidad cultural hoy en Cali, en Colombia, y en relación con la pluralidad de identidades y procesos culturales en América Latina. Que es la Salsa? Para efectos de este ensayo definiré la música salsa como un género popular de origen Afrocaribeño incubado en el barrio latino de Nueva York, hacia 1960, sobre la base de géneros-matrices Afrocubanos (el son, el danzón, la guaracha y el guaguancó) enriquecida con el aporte de los géneros populares y folclóricos de Puerto Rico (la bomba y la plena), y de otros pueblos del área del Caribe, así como con algunos elementos procedentes del Jazz Norteamericano. En sus 30 años de historia la salsa se ha desarrollado afincándose en el espacio social que le dio vida: el ciudadano barrio popular. Aquí abordaré el tema inscribiéndolo en el contexto colombiano y particularmente en Cali. La salsa en tanto expresión músico - cultural, se produce, se canta y se baila en varios países de Latinoamérica y el Caribe, especialmente en México, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Panamá. En Sudamérica: en Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú (sobre todo en los dos primeros). Hacia el norte, en los Estados Unidos, las ciudades de Miami y Nueva York, que junto con San Juan de Puerto Rico constituyen el epicentro de las grandes orquestas y de las cuantiosas operaciones financieras que manejan el mercado farandulero, principalmente entre los millones de latinos que habitan la gran ciudad. La salsa es pues, parte de un proceso cultural musical (y comercial) propio de algunos países latinoamericanos, y no de todos, concentrado fundamentalmente en la región del Caribe, con centros principales de producción y distribución mercantil, en las ciudades de Caracas, Panamá, San Juan, Cali, Barranquilla, Miami y Nueva York. ¿POR QUE LA SALSA EN CALI? Circunscrito a Cali, el estudio del proceso cobra importancia en la medida en que es parte de la historia de la cultura actual y futura de la ciudad y la región; importante porque a su alrededor se han aglutinado otras prácticas sociales como el deporte, sobre todo el fútbol; el arte: a través de la pintura, la fotografía, el cine y la literatura. Curiosamente, la salsa no es Colombiana, no se ha inventado en Cal¡, sin embargo ha sido adoptada como suya, como su principal signo de identidad ante propios y extraños. Así como el tango no lo inventaron en Medellín pero los Antioqueños lo adoptaron como suyo hasta llegar a ser más tangófilos que los mismos Argentinos. Cabe preguntarse para ambos casos qué razones de fondo han determinado la adopción radical de expresiones musicales foráneas, convertidas con el tiempo en importantes signos de imagen cultural en dos conocidas regiones del país. Surge entonces una pregunta obligada: si la salsa no es música colombiana, ni se ha inventado en Cali, por qué razón ha sido acogida como suya, hasta convertirla en motivo de orgullo y ostentación?. En síntesis, por qué la salsa en Cali? Esta es la pregunta central, principio y fin de la investigación. Como pregunta problema, es nuestro objeto de conocimiento. Una pregunta que de repente mucha gente empieza a formular, en el momento mismo en que emerge como indicador del proceso sociocultural surgido en la ciudad contemporánea. Es pues, una pregunta históricamente elaborada; deviene como resultado del proceso en desarrollo, implicando de paso una institución; pero, ¿cómo transformar nuestras intuiciones en conceptos, o reflexiones sistematizadas? ¿Cómo saltar al abismo epistemológico que separa las evidencias empíricas de la elaboración teórica? La exigencia es mayor cuando se trata de un fenómeno al que adherimos de antemano; por lo tanto es necesario un distanciamiento que evite la identificación facial y acrítica del sujeto con el objeto. Estos problemas, de orden metodológico, son también asumidos en conjunto como parte de la investigación. Las evidencias son muchas, los indicadores se multiplican por doquier: en la capacidad de convocatoria que esta música tiene para amplios sectores de la ciudad; en la comunicación establecida a través del lenguaje corporal; en el barrio donde se arma una rumba a ritmo de salsa, para recoger los fondos con los cuales se pueda terminar la escuela que el estado ha sido incapaz de concluir. En cierta literatura que registra la nueva sensibilidad gestada en la joven ciudad:


("Que viva la música", "Bomba Camará", "Celia Cruz reina rumba", "Acelere", 'Tepe Botellas", "San Carlos: te acordás Hermano"). En un disco que aparece como un homenaje a la campana y al campanero, un instrumento y un intérprete ignorados en la tradición orquestal de los salseros; en los campaneros adolescentes que un buen día aparecen en las esquinas de los barrios populares, y en los colegios, acompañando con su instrumento y su "titicó", la canción de moda en la radio; en la orquesta local, que con músicos de Cali y Palmira, recoge las vivencias del campanero adolescente y las traduce en sentimiento musical. El reciclaje mismo por el que pasan estos acontecimientos, las prácticas de producción, recepción y consumo de la salsa, así como los usos y los modos de apropiación que diferentes sectores hace de ella, constituyen sin duda, indicadores suficientes para pensar que "la salsa en Cali" es algo más que una moda o un nuevo acto de consumo y de mercado. ¿Por qué la Salsa en Cali? Es la pregunta que nos impulsa a considerar estos problemas. Las hipótesis que me propongo discutir aquí, buscan una respuesta que sólo puede articularse si tenemos en cuenta la formación de la ciudad contemporánea. De ahí que, en este sentido, "la salsa en Cali" se entienda como un pretexto para pensar en la configuración sociocultural de nuestra urbe a lo largo de las últimas décadas. Y ello implica, por supuesto, un desplazamiento metodológico: de un lado, el del lugar social desde el cual asumimos la música popular, rescatando el valor que supone su representatividad y despojándola del desprecio con que suele representarla cierta ideología de la cultura. De otro lado, la mirada que desde la música popular podemos extender sobre la ciudad , en tanto que a partir de ella, se configuran prácticas sociales que aglutinan, solidarizan, identifican y promueven la esperanza. Nuestro libro, es una prueba fehaciente de ello. La música popular, nos permite ver desde su lugar, ciertos aspectos de la cultura y de la sociedad, que no son visibles desde otros ángulos de la vida urbana. Por eso, "la salsa en Cali" es algo más que un pretexto o una finalidad en sí misma; es ante todo, la realidad de un objeto perfilado progresivamente como constitutivo de un proyecto cultural germinado en la ciudad adolescente de los últimos tiempos. Un proyecto que tiene la vitalidad de la juventud, la energía creadora que potencializa el pasado en el presente, y la riqueza necesaria de una identidad por construir. El problema tratado aquí se enmarca en lo que el Sociólogo Alvaro Camacho Guizado ha definido como la segunda vía para el estudio de la nacionalidad: "El conocimiento y reinterpretación de la Colombia Contemporánea. Esta tendencia incluye estudios de comunidad, de procesos regionales, de estructuras locales y nacionales y de coyunturas sociales. La gama es variada ... y puede asimilarse para el exámen de las posibilidades de estímulo de un sentimiento de nacionalidad que le salga al paso al machismo chovinista, basado en la ignorancia de lo que es nuestro país y lo que en él sucede... ' Pretendo entonces dar cuenta de un proceso regional inscrito en medio siglo de historia, en el que un género de la música popular (y no la música culta) ha devenido como un símbolo, de la vida citadina; un símbolo que ubicamos entre lo popular y lo masivo de la cultura urbana. Lo popular en tanto lugar social desde el que se produce la creación musical y dancistica que nos identifica; pero también por relación a los usos que las clases populares hacen de ella, es decir los modos como se apropian de una "música extranjera" (al decir de algunos) pero vivida como suya. Lo masivo, en cuanto a las mediaciones tecnológicas, su correspondencia con un mercado de la industria cultural, y con las huellas que el capital ha trazado en la formación de la cultura. Este ensayo se enmarca en "el conocimiento y la reinterpretación" de la Colombia actual; específicamente en una de sus principales ciudades: Santiago de Cal¡, centro industrial y comercial fundado hace 450 años, de los cuales, 400 son la historia de "un pueblo", y los últimos 50, los de la ciudad, los que en verdad nos interesa explorar aquí. LOS PUNTOS DE PARTIDA Dos "puntos de partida" están a la base de este análisis: el primero consiste en considerar "la salsa en Cali" como fenómeno cultural, (y no exclusivamente musical, o comercial), característico de la


segunda mitad de este siglo, en los países caribeños, entre ellos Colombia, donde se manifiesta parcialmente en algunas ciudades y de manera muy especial en Cali. El segundo punto presume la convergencia en esta ciudad de las causas estructurales determinantes en la configuración de un proceso socio - cultural urbano en el que han participado varias generaciones. Me propongo entonces desarrollar los dos "puntos de partida" para explicar por qué un fenómeno típicamente caribeño se produce en una ciudad enclavada en un valle de la cordillera de los Andes. En últimas, se trata de explicar por qué en algunos aspectos Cali pertenece más a la cultura "Caribeña" que a la Andina a pesar de estar geográficamente tan lejos del Caribe y tan cerca de los Andes: o en otras palabras, para entender por qué a pesar de haber dependido políticamente de ciudades Andinas como Quito y Popayán, Cali terminó asimilando la cultura musical cubana y el hedonismo del Caribe. ¿POR QUE LA SALSA EN CALI? LAS HIPOTESIS La industrialización de la ciudad, su crecimiento urbano y la concentración poblacional (a raíz de la violencia política que expulsó a los campesinos de su hábitat desde fines de los años 40) son 3 fenómenos ocurridos paralelamente en los últimos 50 años: son a nuestro juicio, los aspectos más importantes en la configuración socioeconómica de Santiago de Cali. Es en la dinámica conflictiva de este proceso donde ubicaré los modos de apropiación de la música popular, particularmente la Afrocubana, la de vieja guardia, (años 30-50) y después, a partir de los 60, la apropiación producción de la salsa y las implicaciones derivadas de su presencia en Cali, capital del Valle del Cauca. A continuación retomaré la pregunta central de este ensayo (porqué la salsa en Cali?) para plantear las hipótesis que a mi modo de ver conforman en su conjunto una respuesta aproximada a este fenómeno socio cultural. Las hipótesis son: 1. 2. 3. 4.

5.

Presencia de la cultura negra de origen Africano en la configuración social de Santiago de Cali. El desarrollo industrial de la ciudad y el proceso de urbanización desatado con las corrientes migratorias de procedencia campesina. Proceso de inmigración y urbanización de la ciudad. Influencia (papel y función) de los medios de comunicación de masas, fundamentalmente la radio, el disco y el cine, señalando la llegada a Colombia de la "música antillana", la "vieja guardia" (Daniel Santos, Matamoros, Pérez Prado, Beny Moré, Celia Cruz, la Sonora Matancera ... ): llegada que es encomitante con el proceso de desarrollo industrial. Las similitudes físicas y culturales existentes entre (Cuba, Cali y el Valle del río Cauca. Esta hipótesis enfatiza en el Valle del río Cauca como región geográfica y unidad económica, antes que como departamento en tanto división político administrativa del país.

Veamos ahora una síntesis de cada una de las hipótesis: 1. Primera Hipótesis: presencia de la Cultura Negra de Origen Africano en la Configuración Social de Santiago de Cali. Se trata de demostrar en esta hipótesis la supervivencia de expresiones folclóricas, míticas, musicales, kinésicas y aún mágicas de origen Afro o Afroamericano en sectores populares de Cali, así como la presencia de un cuerpo y una sensibilidad hedonista culturalmente desarrolladas que hoy en el nuevo contexto ciudadano participan del proceso objeto de nuestro ensayo. Estos elementos aparecen como indicadores de la presencia de una cultura negra y un pasado Africano, proyectados en la conformación de Cali, una ciudad que terminó estando más cerca


culturalmente del Caribe, que de los Andes; cercanía, determinada históricamente por haberse dado en ambas regiones el esclavismo bajo el dominio estructural del modo de producción capitalista. En el caribe, a través de la plantación esclavista que producía para el mercado mundial; en el Valle del río Cauca, y en Cali, a través de la Hacienda Esclavista que producía para el consumo interno. En ambas cultivaban la caña de azúcar, el cacao, el tabaco, el plátano y los frutales. En ambos escenarios el esclavo negro fue testigo, protagonista y víctima. Sin embargo, mientras la plantación extendió la explotación hacia otros productos como el algodón y el café, la hacienda se dedicó a la ganadería extensiva. Esta diferencia no es tan importante, porque en últimas la diferencia fundamental fue la demanda de fuerza de trabajo, o lo que es igual, al aumento en la trata y la compraventa de esclavos. Mientras en Cuba aumentó el comercio esclavista promediando el siglo XIX, en el Valle del Cauca, la crisis minera originó su caída desde el siglo XVIII. Aunque unidos por el tronco común de la esclavitud, los dos procesos implicaron diferencias culturales en su momento y en la historia posterior. Plantación esclavista y Hacienda esclavista, dos espacios de producción económica, de deculturización y sincretismo, de desarraigo para el nativo Africano; pero también, dos espacios para sembrar en sus descendientes, rasgos físicos y culturales, de los cuales, la música y la danza son los más expresivos de todos. Creemos que Cali, al igual que las ciudades del Caribe, pertenece a una configuración social común a varios pueblos del continente, esos que Darey Ribeiro ha llamado "Los pueblos nuevos", es decir los pueblos que en América Latina surgieron bajo la influencia y la herencia de la plantación esclavista. Diferentes de "Los pueblos Testigo", donde predominó la influencia aborigen, y de los "pueblos transplantados", donde prevaleció la Influencia Europea. Creemos que Cali (y su área de influencia regional) entra en la categoría de los pueblos nuevos, en virtud de la hacienda esclavista, principal unidad económica durante la colonia, que sin ser igual a la plantación sí produjo relaciones de interacción étnica y social, en algunos aspectos comunes con la plantación del Caribe. La herencia Africana, mezclada y mediatizada a través de varias generaciones en complejos estadios del desarrollo social, permanece latente en el ritmo y en la danza; en la pigmentación y el mulataje extendidos por toda la ciudad, que terminó rodeada de poblaciones de "color", y en ella misma donde prevalecen asentamientos negros y mulatos, que a causa de las presiones sociales han ido convergiendo en la ciudad. Además de la población negra y mulata nativa de Cali, están las migraciones de la Costa Pacífica Colombiana y del norte del Cauca que fueron llegando a medida que se precipitó la descomposición del campesinado que había colonizado las orillas de los ríos y los intersticios de las grandes haciendas, una vez liberados de la esclavitud en la segunda mitad del siglo XIX. Esta población es portadora de influencias culturales, prácticas, costumbres y tradiciones, más o menos constituidas en las comunidades de origen; destacamos entre ellas una competencia cultural, esto es, el sistema de saberes asociados a una práctica artística que como la música, es fundamental en la existencia cotidiana de tales comunidades, sobre todo en la Costa Pacífica colombiana donde estaban los centros mineros. Esta competencia musical, se traduce en una capacidad productiva de la danza (del currulao) y sus variantes, los instrumentos, el modo de hacerlos, tocarlos, etc., hasta el texto de las canciones. Hemos de suponer que en este sentido la competencia cultural de los migrantes de la Costa Pacífica hubo de transformarse, integrada, a tradiciones y prácticas de la ciudad, ya constituídas o en etapa de gestación. Estas consideraciones nos llevan a pensar que en Cal¡ se conservó - desintegrada y mediatizada (esto es, en estado no puro) la herencia Africana de la hacienda esclavista Vallecaucana y los epicentros mineros. Una herencia que sobrevive en los toques del cununo, el guasá y la marimba; en el currulao y sus danzas; en la brujería del tabaco y la superstición negra; en la imaginería que recoge y elabora fantasías colectivas sobre sus bondades sexuales; en la cultura del chontaduro y el borojó provenientes del pacífico Colombiano; en mitos y leyendas urbanas como la del negro Barona en el barrio La Playa de Cal¡ (antigua sede del Ingenio Meléndez), o la mano del negro en la Loma de la Cruz; en el humor negro que tiene como protagonistas a la raza, y en cierta ideología


discriminadora.... Esta herencia afroide de la hacienda esclavista se perpetuó también mezclada en una mitología y en una visión del mundo que combina creencias medievales Europeas, con interpretaciones "negras" contemporáneas. Concluye esta hipótesis señalando que las corrientes de migración negra llegadas a Cali en diversas épocas, desde el norte del Cauca, del Chocó, de Buenaventura, del Patía, y en general de todo el litoral Pacífico, son portadoras del sentimiento y la predisposición cultural Afroide que se reencuentra en la música afrocubana de la vieja guardia. Este reencuentro fue activado después de los años 30 con el proceso de desarrollo capitalista gestado alrededor de la agroindustria azucarera en la región. Mediatizado por la radio, el disco y el cine Latinoamericano de los años 40 - 50 y ubicado ya en el contexto citadino, el reencuentro gozó de una base cultural, de una sintonía amplia que facilitó la identificación y la adhesión al ritmo que venía de Cuba y Puerto Rico, cantándole a la caña, al tabaco, el azúcar, el negro, la esclavitud, la música, el amor y los tambores. La recepción activa de este objeto cultural sería determinante en la posterior adhesión a la salsa, que traía en lo fundamental patrones tímbricos y melódicos similares, aunque enriquecidos con el aporte negro y mestizo del Caribe, que encontraría en Cali, un escenario propicio para su arraigo definitivo. 2. Segunda Hipótesis: El Proceso (le Industrialización en Cali y el Valle del Cauca. Esta hipótesis se refiere al surgimiento de nuevos sectores sociales. De un lado, la oligarquía terrateniente, comercial e industrializadora que sacó adelante su proyecto económico social, no sin antes cobrar las consecuencias de su realización. De otro lado, los estratos de población popular que fueron identificándose paulatinamente en la joven ciudad: obreros, empleados, trabajadores de los servicios públicos, del ferrocarril, de los ingenios, de la industria del papel, de los laboratorios y las fábricas; pequeños comerciantes, artesanos, población flotante que va y viene de municipios o veredas en intercambio incesante con el nuevo espacio, el de la ciudad esclusa que abre sus puertas bajo el espejismo de la civilización y el progreso. Hay allí en acción nuevas industrias, nuevas relaciones, nuevos productos materiales, nuevos productos sociales, nuevas líneas de consumo, nuevos consumidores. Al lado del proletariado agrícola que venía conformándose en pueblos y pequeños municipios Vallecaucanos, se fue formando el proletariado industrial urbano de Cali. Bajo las nuevas condiciones de producción capitalista, el proceso de industrialización movilizó miles de personas procedentes de distintas regiones, enganchadas como mano de obra a una economía creciente, desarrollada ante todo en Cali y ciudades intermedias, que crecieron también en este siglo al ritmo de la industrialización y el comercio. Es éste el caso típico de Cali que llegó a ser una ciudad propiamente dicha, después de los años 30, o incluso después de los 50, así haya tenido desde su fundación, el título postizo "Muy noble y leal ciudad". MUSICA DE VIEJA GUARDIA Y NUEVOS SECTORES SOCIALES Vamos a suponer que la formación de las nuevas masas tuvo lugar no sólo por su acceso a la ciudad, cuanto por su participación en los procesos económico-sociales en los que directa o indirectamente aparecían involucradas. En otras palabras, hemos de creer que dichas masas no llegaban a la ciudad ya hecha, sino que, por el contrario, participaron activamente en, la formación misma de la urbe que los acogía. Tanto los nativos, "caleños de cepa", como los inmigrantes que arriban a lo largo de este periodo, contribuyeron a ensanchar y tejer un nuevo espacio. Al lado de quienes intervienen como protagonistas en la producción se amontonan cientos y miles de marginados que la maquinaria no alcanza a digerir, pero que sobreviven a la esperanza mientras se acomodan en algún rincón o se instalan en la periferia de la urbe. Con ellos se completa el elenco de los nuevos actores sociales. Muy pronto cada clase se diferenciaría no sólo por su relación con el capital, como por el sistema de representaciones y prácticas sociales que harían de su cotidianidad mundos diferentes. La oligarquía industrial terrateniente que prevalecía como propietaria del suelo urbano, y del poder político,


extendió sus tentáculos a los medios de comunicación; la prensa y la radio fueron después de los años 50, presa de sus intereses. Cada vez más cerrada sobre sí misma, sus relaciones económicas atravesaron lazos familiares mediante vínculos incestuosos entre el poder y la sangre que engrandecían a las familias ilustres la élite en el poder ampliaba así su radio de acción a medida que estrechaba el círculo, y construía su propio universo de reconocimiento en modelos económicos, arquitectónicos y estéticos procedentes de las metrópolis gringas o europeas. Desde el punto de vista de nuestra hipótesis, la música jugó aquí un papel crucial como marca distintiva en el plano de las representaciones colectivas de los sectores en conflicto. Las masas populares que no tenían acceso a la producción musical (exceptuando aquellos "creadores" del folclore en la ciudad, inmigrantes, paisas nativos de bambuco y carriel, tolimenses de guitarra y tiple o negro de currulao y tambor), adoptarían eclécticamente los géneros musicales nacionales o extranjeros que la industria cultural difundía a través de la radio, el disco y el cine. Los géneros de la música popular Latinoamericana, prevalecieron en la formación de una conciencia para el consumo y en la configuración de una memoria musical afincada como representación de lo estético en los estratos pobres. El tango, el bolero, la música afrocubana (de "vieja guardía"), el pasodoble, el fox trop, la ranchera y la "música Colombiana", convivirían masivamente en un primer momento de recepción simultánea, mientras el gusto popular, moldeado bajo las nuevas condiciones sociales en la ciudad, decantaba los públicos para cada género y definía los usos que crearían signos de identidad adscritos y sectores específicos de la población. En la zona de tolerancia ("creada" en 1931), en los quioscos de los barrios pobres en formación, en los radio teatros (después del 40) y en las salas de cine, se concentraría la recepción masiva de los objetos musicales y los valores simbólicos implicados en los rituales del espectáculo consumista. Entre todos los géneros, la música Afrocubana terminaría por imponerse en los estratos populares, incluidos negros y mulatos, que acabaron teniendo como jefe a Daniel Santos, mientras la burguesía escandalizada se refugiaba artificialmente en la música culta de origen Europeo o se regocijaba con ritmos tropicales como las cumbias de Lucho Bermúdez o los porros de la Billos Caracas. Claro que, algunas veces, a la oligarquía también se le sale el negro, como cuando llevaron a Celia Cruz y la Sonora Matancera, al Club Colombia, y después, a Miguelito Valdéz, Mr. Babalú, promediando la década del 50. Si afirmamos que la música Afrocubana (precursora de la salsa), predominó sobre las otras, es porque a ella se asoció una práctica social específica que como el baile estuvo ausente en los demás géneros musicales, cultos o populares. En otras palabras, quiero decir que ni la ranchera, ni el ballet, ni la música Colombiana, ni el folclore negro de nuestras costas, ni el folclore andino y ni siquiera el tango, con todo lo que llegó a gustar en Cali, fueron recepcionados, o consumidos colectivamente, a través del baile. Sólo la guaracha, el son, el bolero, el guaguancó, la rumba, el mambo y el chachachá llegaron a predominar en el ambiente citadino como un objeto que no sólo era para oírlo sino para gozarlo poniendo en movimiento un cuerpo que antes y después de la fiesta, era disciplinado por la producción, es decir, domesticado para el trabajo en el proceso industrializador. Los demás géneros quedarían sujetos a una recepción pasiva en la que sólo participaba el corazón. El gesto erótico, el acercamiento y el reencuentro de los cuerpos quedaría como patrimonio exclusivo de los géneros afrocubanos, adoptados como suyos por un pueblo que no los producía. Un patrimonio sonoro y danzante que sería indispensable para activar en las nuevas generaciones el fenómeno de la salsa después de los años 60. Y así, mientras los trabajadores se apropiaban de la rumba Cubana y desplegaban la organización y la lucha sindical en varios sectores de la producción, la oligarquía industrial terrateniente por su parte, se ideaba -al finalizar la década del 50- la realización de una fiesta que tendría como título el nombre el producto más rentable para ellos: "La Feria de la Caña de Azúcar". Hasta ella se trasladarían las diferencias socioculturales de los nuevos sectores, que para la década en mención, eran ya sectores en conflicto.


3. Tercera Hipótesis: El Proceso de Urbanización en Cali. Al mismo tiempo que se desarrollan la industrialización en Cali y el Departamento del Valle del Cauca, se gestó un proceso de urbanización acelerada que en medio siglo transformó radicalmente esta capital hasta ser la segunda ciudad con mayor tasa de crecimiento en Sur América después de Sao Pablo. En 50 años, Cali, creció, transformándose como no lo había hecho nunca antes en 4 siglos de historia. La historiografía burguesa, oficial, ha construido legitimado una mirada de la ciudad y de su historia, como expresión al fin de una visión de clase que desde la fundación misma, hace 450 años, se instauré en el Centro de la ciudad e impuso los patrones de segregación en la apropiación del espacio. En efecto, el centro de Cali, al igual que el de la mayoría de las ciudades Latinoamericanas, fue desde sus albores un privilegio para quienes ostentaban el poder político, económico, social y religioso. Y desde el centro se dirigió la ciudad, se ha controlado su desarrollo y se ha contado su historia. Desde el centro, es decir, desde el poder, se han resaltado los héroes, los personajes, sus hazañas y se han ignorado otros protagonistas y otros procesos asentados en la periferia, ésa que pretendemos reivindicar aquí musicalmente. Esta mirada centralista -o sea, ver la ciudad desde su centro, en tanto lugar del poder visto por sí mismo- se ha expresado en las reflexiones urbanísticas oficiales, en las informaciones-mensaje de los medios de comunicación y en una imagen exacerbada de la ciudad, legitimadora de un orden simbólico desde el cual también se ejerce la dominación. Por eso, la confrontación con una mirada alternativa de la ciudad se hace indispensable en los actuales momentos. Esta otra visión se erige paulatinamente, desde la dinámica de los conflictos y, desde la investigación científica desarrollada en la Universidad del Valle en los últimos 20 años, sobre nuestra realidad social. Y aunque circunscrita todavía a los ámbitos académicos o de los especialistas, proporciona los fundamentos críticos para una interpretación capaz de confrontar en otro nivel, la racionalidad y la visión impuesta por los sectores dominantes durante los 450 años de historia de Santiago de Cali. Más que en la expansión puramente geográfica, la hipótesis sobre urbanización se concentra en los procesos histórico-sociales que provocan el crecimiento urbano, llamando la atención sobre las formas de poblamiento y los modos de ocupación del suelo en diferentes periodos; en las estructuras de propiedad y los usos que del espacio hacen sus habitantes. En últimas, nos preguntamos por las razones estructurales que hacen posible el desbordamiento continuo de todos los límites y el surgimiento de la marginalidad, para extender desde allí, desde las orillas y no desde el centro, otra mirada de la ciudad que habitamos y de la ciudad que nos habita. A través de esta hipótesis hemos llegado a las siguientes conclusiones: a) El proceso de urbanización, así como el desarrollo industrial activado con la inversión de capital extranjero después de los años 30, son procesos sincrónicos en la historia contemporánea de la ciudad. Ambos tienen lugar en el marco de una economía dependiente y bajo el dominio político y económico del país por parte de los Estados Unidos. Cali será una ciudad moderna bajo el influjo del nuevo imperio, así como Popayán o Cartagena lo habían sido bajo el predominio de el imperio colonial Español. b) El proceso de urbanización iniciado en los años 20, e intensificado en la década siguiente, se acelera después de la segunda guerra mundial, particularmente después de 1948 cuando es asesinado el líder popular y dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán, y se radicaliza la violencia política de los terratenientes contra pequeños y medianos campesinos del Suroccidente Colombiano. Cali será epicentro receptor de corrientes migratorias (una de ellas de población negra) y sus tradiciones culturales. c) Veamos algunos datos demográficos: Entre 1940 y 1965 se salta de 100.000 habitantes a 650.000 Es decir que en 25 años habían aparecido 550.000 nuevos pobladores en la ciudad. Del total de habitantes, un poco menos de la mitad el (45o/o) había nacido en ella. El proceso era análogo en toda Colombia donde en los mismos 25 años se invirtió el orden de población, saltando de un país rural a un país urbano. En 1938 el 70o/o de la población vivía en el campo. En 1964 era apenas el


48o/o. El 52 ojo restante vivía en las ciudades. Atraídos, unas veces por el espejismo del desarrollo y la modernización, y en otras a causa de la expulsión violenta del campo, Cali se convirtió hacia 1950 en una ciudad de refugiados. Entre la imagen de ciudad seductora y de ciudad refugio, se fué construyendo una nueva urbe. Si en 1940 tenía un poco más de 100.000 habitantes y hacia 1975 completó el millón, esto significa que en 35 años, casi 900.000 personas poblaron la ciudad. Durante el mismo período se fundaron 100 nuevos barrios, de ellos el 90o/o fueron fundados por los sectores populares que terminaron construyendo una nueva ciudad sobre la aldea tradicional. Cali se convirtió así en la segunda ciudad con mayor tasa de crecimiento poblacional en Sudamérica. d) En estos barrios populares donde se concentra con más fuerza la recepción de la música afrocubana de vieja guardia, a partir de los años 40. El son, el danzón, el bolero, el mambo, la guaracha y el chachachá invaden la ciudad junto al tango, el pasodoble, la ranchera y los géneros andinos y costeños de la música nacional, que penetran a través del disco, la radio y el cine, y muchas veces con la presencia en vivo y en directo de las estrellas internacionales, en los radioteatros de las emisoras. El "star System" Hispanoamericano llega hasta Cali cuando la ciudad vive ya en la etapa de desarrollo industrial y ha iniciado el proceso de urbanización. Concluye esta hipótesis reconstruyendo un mapa de los barrios, con los quioscos, clubes y bailaderos que fueron famosos como sede de la recreación y la lúdica popular. Sitios fundados por la misma gente (al mismo ritmo que fundaba el barrio) para la recepción activa de la música afrocubana de vieja guardia. Los festivales bailables realizados en ellos se convirtieron en el principal mecanismo para recolectar fondos con que construir una capilla, una escuela, un andén, o mejorar el barrio. La música Afrocubana y la salsa, esta última a partir de los años 60, desempeñaron un papel determinante al aglutinar la energía colectiva para el servicio del bienestar común en el barrio popular de la joven ciudad. La música que había nacido en los barrios de las ciudades cubanas o puertoriqueñas y después en el barrio latino de Nueva York, se afincaba ahora en los barrios de Cal¡ que surgían en medio de una intensa lucha desarrollada por las masas pobres en busca de un lugar donde ubicarse. La industria cultural se encargaría de mediar la relación entre el objeto melodioso, mercancía cultural, y este nuevo público que emergía el calor de los procesos de industrialización y urbanización desarrollados entre 1940 y 1970. 4. Cuarta Hipótesis: El Papel de los Medios de Comunicación y la Industria Cultural. En ésta como en las demás hipótesis, el análisis se concentra en dos periodos fundamentales: "La vieja Guardia" (1930 - 1960) y "La Salsa" (1960 -1987). En el primero se plantean "las claves" para una historia de la radio local y los modos como se difunde la música popular latinoamericana a partir de 1930 cuando se inicia la radiodifusión en Colombia y penetra la industria discográfica. La presión de un mercado por hacerse transnacional y el desarrollo de las cadenas radiales formadas bajo los intereses del capital industrial, terminan imponiendo el consumo de una nueva mercancía para el espíritu: el disco-canción. Una voz sin rostro invade todos los espacios posibles; divulgado masivamente, el disco cala en el ambiente familiar y empieza por desplazar los grupos de artistas que antes eran contratados para amenizar fiestas y celebraciones. El disco monta su imperio en vitrolas y gramófonos; en las estaciones locales y en las potentes emisoras Cubanas de onda corta que en directo entraban a Cali al promediar el siglo. En 20 años se impuso un nuevo cancionero de la música popular latinoamericana. Una parte del repertorio proviene del viejo folclore campesino que hasta los albores del siglo XX ha representado los estados nacionales de América Latina en su período republicano (El Corrido, La Ranchera, El Son, La Guajira, El Bambuco...). La otra parte corresponde a un nuevo folclore: un folclore ciudadano que desde Nueva Orleans y Chicago, pasando por La Habana y Santiago hasta Buenos Aires, se irriga en todo el continente. Nacido en las ciudades -en los bajos mundos- los nuevos géneros se promueven masivamente por una industria


que ve en ellos una mercancía para la explotación rentable del ocio. Las décadas del 20 y el 30 serán definitivas para su consagración. El jazz norteamericano, el tango argentino, el danzón y el son cubano, que no obstante haber nacido en "Monteadentro" siglos ha, se transformó, enriquecido, en La Habana en los años 20. Allí mismo y hacia la misma época emergía el guaguancó en los solares de pueblo nuevo y Jesús María, barriadas negras de La Habana; y en Puerto Rico, la plena, parecida al guaguancó pero originada en la ciudad de Ponce, desde comienzos del siglo. Ahora bien, este cancionero Afrolatinoamericaribeño, comprende el folclore nacido en las ciudades al ritmo de los procesos de urbanización gestadas con el siglo XX. En gran medida dicho folclore tenía un pasado religioso, pero ahora, profanado en el barrio y usurpado por la industria cultural se transformaba en su forma y su función. Con las nuevas tecnologías (el cine, el disco y la radio) se lanza rá al continente todo, e incluso a la conquista del viejo mundo. La explotación comercial por la industria cultural hará que el folclore urbano trascienda los límites del solar o del barrio porteño y sea escuchado en otras latitudes. Su difusión masiva e indiscriminada creará una memoria musical que hoy sobrevive a través de varias generaciones. Todos los ritmos del nuevo cancionero entran y conviven en el país (no pocas veces en conflicto) hacia la misma época: entre 1930 y 1950. El tango, la milonga, el corrido, la ranchera, el jazz, el fox trop, el charleston, la rumba, la guaracha, el son, el danzón, el guaguancó, el bolero, el bambuco, la cumbia, el merengue, la plena, el tamborito, y después (en la década del 50) el mambo, el chachachá, y el rock and roll. Poco a poco los géneros irán decantando su propio público y en la recepción múltiple darán forma a esa memoria musical que bien representaban los Panchos, Jorge Negrete, Gardel, Agustín Lara, Matamoros o la Sonora Matancera. Entre todos los ritmos, los cubanos se consumían "bailablemente". El "tirar paso" se definió como un modo de socialización que en Cali tenía sus principales escenarios en la fiesta familiar, en la zona de tolerancia, o en el encuentro en quioscos, clubes y bailaderos. La recepción bailable, en tanto práctica social, creó una tradición adhesión por la música Cubana, que sería proclive al comportamiento salsero de las nuevas generaciones: las generaciones posteriores al medio siglo. Desde afuera, la industria cultural, a través de las multinacionales del disco (R.C.A. Víctor, Ansonia, Seeco, Panart, Deca) y del cine, se pelean el mercado latinoamericano; mientras tanto, internamente, en la competencia por ganar más público, las cadenas radiales montan su industria del espectáculo. La cadena Argentina Kresto con filiales en Colombia, la cadena Bayer Azul (Alemana) y después la R.C.N. (Colombiana) presentaban a las grandes estrellas de la canción, en teatros y radioteatros donde concurría la muchedumbre para presenciar en vivo y en directo a un cantante al que solo conocían de oído, o acaso habían visto en una película. Todos ellos pasaron por Cali, a excepción de uno que murió cuando venía en camino y dejó esperando a su público a la entrada del teatro. Hablamos de Gardel, muerto en 1936. Los demás llegaron y triunfaron: Libertad Lamarque, Alfredo de Angelis, Charlo, Andrés Falgás, Armando Moreno ... Rafael Hernández, Boby Capó, Daniel Santos, La Sonora Matancera, Bienvenido Granda, Celia Cruz, Miguelito Valdez, Perez Prado, Xavier Cugat, Juan Arvizu, Toña la negra, Tony Aguilar, José Mojica, Pedro Vargas, Los Panchos, Olimpo Cárdenas... Muchos de ellos volverían con frecuencia a la ciudad y quedarían consagrados como símbolo de una generación. Entre ellos, los más importantes fueron "El Jefe" Daniel Santos y la Sonora Matancera que dejaron en Cali su propia cofradía. Con la presencia física de los artistas se cerraba el circuito en la creación de nuevos ídolos. En el disco, ese nuevo objeto de consumo, material y simbólico, real e imaginario. En la radio, esa voz amiga que entra a ser parte del entorno familiar; en el bailadero donde el ocio se transforma en rumba; y ahora, en teatros y radioteatros hasta donde llegan los artistas patrocinados por la industria que busca unificar un mercado nacional y por compañías extranjeras que también sacan partido. Ahora bien; toda esta historia ocurre en las décadas del 40 y el 50, en esa coyuntura de desarrollo industrial, de migraciones, de proletarización-lumpenización de vastas capas, de fundación de barrios populares, de intimidación por la violencia política, de represilón y censura oficial; es en ese contexto global cuando nos invade la música Cubana de vieja guardia, parte vital del cancionero


Afrolatinoamericaribeño que hemos descrito anteriormente. Y mientras campeaba la violencia, el radioteatro vivía su época de oro. A falta de pan, más circo. Y mientras el circo funcionaba, el fascismo criollo de los que se repartían el poder adelantaba su estrategia de persecución y muerte. En esta coyuntura, el radioteatro, como el cine (sobretodo el Mexicano) y el fútbol (recuérdese la época del "dorado" en el fútbol Colombiano) serían, con toda su importancia, los principales distractores de las masas, cuando estas padecían con más rigor el atropello de la violencia política en Colombia. Si escudriñamos este pasado reciente, es para señalar los antecedentes inmediatos del fenómeno salsa, cuya fuerza actual en la ciudad no sería posible, entre otras cosas, sin el arraigo que la música Cubana tuvo en Santiago de Cal¡ durante el período de la vieja guardia. Pero, por qué se afincó la música Cubana en Cali, siendo que los artistas que la representan pasaban por las principales ciudades y el disco llegaba a todas ellas en igualdad de condiciones, lo mismo que las películas o las orquestas? ¿Qué circunstancias especiales hicieron que esta música se enraizara entre las masas ciudadanas aún a sabiendas que su recepción bailable fue, tal vez, compartida en muchas partes? A mi juicio hay dos factores en relación con la música y la radio que incidieron para que la canción afrocubana (en sus diferentes géneros) colonizara a Cal¡ y fuera apropiada por los estratos pobres formados en las cambiantes condiciones socio económicas; ellos fueron: A) La letra y la música de las canciones y B) El hecho de que no existiera en Cali una música autóctona que sirviera como dique de contención para frenar la invasión que la industria transnacional del disco estaba desarrollando. Estos dos factores fueron determinantes para que se produjera el efecto de reconocimiento e identificación, como condición necesaria para la posterior adopción de la música afrocubana y su heredera la salsa. Una apropiación que se dio en doble vía: Porque la música se metió en el corazón de los nuevos ciudadanos, y éstos a su vez se adueñaron de su encanto. A. CON RESPECTO A LA LETRA La música Cubana está llena de referencias a la caña, el azúcar, el trapiche y la molienda; nos habla de negros, de la zafra, del ingenio, de plantaciones, sol y calor, instrumentos y comidas. Este universo evocado es uno de sus Leit-Motiv fundamentales; y a través de él involucró los referentes directos que remitían a una realidad inmediata vivida por el proletariado agrícola forjado a lo largo del Valle, una vez que la agroindustria azucarera se definió como esencial para el destino económico de este departamento. Bajo las nuevas condiciones socioeconómicas, el contenido verbal canalizó la identificación de sectores poblacionales semirurales y urbanos (preferencialmente negros y mulatos) que reconocieron como suyas las circunstancias aludidas en las canciones. Esta feliz coincidencia en cuanto a las condiciones geográficas y socio económicas en ciertos aspectos, propició el reconocimiento básico para que se fuera dando paulatinamente la subsiguiente adhesión adopción apropiación de la música, por capas sociales de clara estirpe popular. D. CALI UNA CIUDAD SIN MUSICA PROPIA Si a lo anterior agregamos el hecho de que Cali y el Valle a diferencia de otras regiones no ha tenido música propia, encontramos un marco adecuado para facilitar la apropiación de doble vía: de la música hacia un público y de éste por la música. Si bien es cierto que Cali está rodeado por un rico caudal folclórico de diversa procedencia como el del litoral Pacífico y el de la región Andina, también es cierto que no hemos tenido una música vernácula, surgida en ritmo y letra de nuestras entrañas. Podemos verificarlo si nos comparamos con otras regiones Colombianas y sus respectivas vertientes musicales.


Cali ha sido más bien abierta y receptiva a todas las influencias, que sede y cuna de un género propio, como sí lo fueron otras ciudades en América Latina: La Habana, Santiago, Ponce, ó Buenos Aires. Esta circunstancia determinó una cierta vulnerabilidad para que entraran más fácilmente a Cali los ritmos de América Latina; y entre ellos, el Cubano, que terminó por imponerse sobre los demás. No hubo en nuestro medio una música fuertemente arraigada que aglutinara a la comunidad de manera homogénea para resistir el embate del mercado del disco y la industria cultural, que tenía en la radio y el cine sus mayores intermediarios y divulgadores. Este hecho se constituyó en una condición fundamental para que al entrar la salsa en los años 60, se continuara por la misma senda de la apropiación de una sonoridad cuyos antecedentes lejanos o inmediatos estaban en el Son, el danzón, la guaracha y el guaguancó, que dominaron las décadas del 40 y el 50. Este predominio creó en una generación de los jóvenes de entonces, una base subjetiva indispensable para que sus hijos se adhirieran a la salsa 20 años después, lo cual fue posible en el escenario familiar, principal espacio de recepción de la radio y de la música. En efecto, en la familia, el hogar y la casa materna, aprendimos a conocer la radio, a oírla con fruición o rechazo, pero también por ser el primer espacio de reproducción cultural, en la familia los padres transmitieron a sus hijos voluntariamente o no, un gusto estético musical que abarcó también el consumo de otros universos imaginarios como el melodrama (la radionovela, el cine) y el humor. En fin, de este primer período ("la vieja Guardia") podemos concluir que la industria cultural así como la relación disco-radio comunicación masiva y su recepción en un contexto cultural específico, construyeron una audiencia y un modo de oír, una educación del oído, como una de las condiciones necesarias para la posterior adhesión apropiación de la salsa por parte de sectores populares urbanos. Pero esta incidencia se configuró más como una actividad de consumo que como una práctica productiva con respecto a la música. Si bien podemos hablar de la riqueza dancística, de la creatividad en el uso del cuerpo y del gusto por el bafle, por parte de los estratos sociales "beneficiados", no podemos decir lo mismo de la producción musical en la que Cali ha sido superado por otras ciudades del continente, y en el país, por otras regiones de Colombia como los Llanos Orientales, la Costa Atlántica, la Costa Pacífica o la Región Andina, que crearon su propio folclore, en un repertorio melodioso, expresión de identidades locales históricamente determinadas. Tal vez, por su carácter de ciudad adolescente, con una identidad por construir, en Cal¡ no se ha decantado aún la síntesis que condense las mejores influencias. A pesar de haber en la actualidad unos 35 grupos dedicados profesionalmente a la producción salsera, esta sigue, en lo fundamental, el modelo del nuevo sonido gestado en Nueva York y Puerto Rico, a partir de los años 60, sin que haya madurado hacia la elaboración de un género propio. SEGUNDO PERIODO: LA SALSA DESPUES DE LOS 60 Para esta década la industria cultural cuenta ya con un mercado fijo que debe preservar. Las oleadas migratorias del Caribe a Nueva York después de concluida la segunda guerra mundial, harán crecer el barrio latino, donde germinará una nueva expresión: La salsa. En ella se recogen todas las manifestaciones musicales del Caribe urbano. Cuba sigue siendo el principal punto de referencia pero no el único. El bloqueo a la revolución cerró el paso a la proyección melodiosa de la isla y permitió la reedición del viejo repertorio cubano con arreglos novedosos. Mientras tanto, a su lado germinaban otras manifestaciones (muchas de ellas experimentales y pasajeras como el "bugalú") que conformarían la salsa. En la segunda parte de esta cuarta hipótesis, se analiza el desarrollo de la programación salsera en la radio local a lo largo de 20 años (1965 - 1986). Se describe al patrocinio comercial de discotecas, griles y vendedores de discos, así como se analiza el papel cumplido por los locutores y su discurso,


en tanto mediaciones que consolidaron un vínculo estrecho entre un público-masa de la ciudad y la radio que tuvo en la salsa el producto ideal para legitimar una identificación rentable, para reciclar un modo de hablar urbano y contemporáneo y para reforzar el consumo de la mercancía cultural y sus valores. La investigación nos permitió descubrir que en los años 60 - 62 se produce una reestructuración en la programación de algunas cadenas radiales de la ciudad. Radio El Sol, una potente emisora de Todelar, lidera un cambio en el que la música dejaba de programarse en bloques y empezaba a diferenciarse no sólo por su forma o contenido, sino por su destinatario, por el público al que iba dirigida. La readecuación (que incluía discoteca nueva en radio El Sol) no respondía tanto a las presiones de un mercado (que lo había) como a la toma de conciencia y el reconocimiento de públicos diferenciados en la ciudad. Si hasta entonces la música popular se había radiado indiscriminadamente, a partir de ahora se programaba identificando audiencias particulares y entre ellos la nueva generación formada enteramente en la ciudad, que seria la primera heredera de la salsa. el consumo del género gracias a la activación de un comercio que lo impulsa. Ello se debe a la emergencia de una fuerza social, "los nuevos ricos", que aparecen en la escena invirtiendo en la salsa y negocios a su alrededor: discotecas, clubes, casetas, aumento en la contratación de orquestas internacionales, apoyo a grupos locales y promoción directa a través de la radio. En efecto, el auge es tal, que al promediar los años 70 cada una de las tres cadenas radiales más importantes del país (Caracol - R.C.N. - Todelar) ha destinado una emisora para radiar exclusivamente música salsa en la ciudad. Después habrá una saturación y un receso en el medio, cuando se empieza a descubrir la conexión íntima entre la promoción musical y el negocio de los "emergentes". Conexión que será fortalecida a lo largo de los 80 cuando los nuevos ricos se toman definitivamente al país y la salsa a la ciudad. Entonces "la salsa se viste de caché", permea las clases altas y entra incluso en otras ciudades del país como Bogotá y Medellín, marginada hasta entonces del movimiento salsero. A partir de un análisis de las mediaciones existentes entre el producto artístico y su público, la hipótesis concluye en una visión crítica del papel cumplido por la radio y las empresas disqueras a lo largo de este segundo periodo. Finalmente se analiza el papel secundario cumplido por la televisión en la década del 80 cuando el género accede a este medio masivo y empieza a perder el estigma de origen negro y de barrio bajo y se cotiza como signo de estatus en determinados círculos sociales. De este modo se anuncia la reapropiación que las clases dominantes hacen de ella para legitimar una hegemonía, que debilitada por contradicciones de fondo, necesita oxigenarse apoyándose en los valores de las culturas populares. Es entonces cuando la salsa deja de ser tema exclusivo de las publicaciones de farándula y se convierte en objeto cultural, motivo de reflexión que llega hasta los suplementos literarios de los principales periódicos colombianos. A través de los hipótesis enunciadas, la investigación responde con diferentes argumentos a la pregunta central que la origina. Pero cómo se construyen las hipótesis y a partir de qué elementos conceptuales se desarrollan? Esta pregunta nos sitúa ya en un terreno metodológico. Y hablar de él nos remite a las condiciones de producción del saber. No me extenderé en este punto; sólo quiero señalar que toda la reflexión propuesta está apoyada en el conocimiento y la investigación producida en la Universidad del Valle durante los últimos 20 años sobre la realidad social de la ciudad y la región. Las investigaciones en historia, economía, sociología, antropología , arquitectura y en comunicación social, han proporcionado el fundamento teórico para armar esta visión de la ciudad contemporánea y para pensar en ella la formación en proceso de una cultura urbana y popular que hoy tiene en la música salsa su principal expresión, pero que requiere así mismo encauzarse hacia la producción transformadora si quiere sobrevivir como algo más que un objeto de consumo. Creemos tener razones intuitivas para pensar en que, a pesar de todo, el cauce corre en esa dirección. Para terminar, quisiera poner en discusión la existencia de diferentes modelos de competencia cultural adscritos a sectores sociales determinados. Se trata de debatir el concepto de competencia, en el sentido que tiene para la linguística y la sociolinguística, ésto es, la competencia como capacidad productiva, sistema de reglas que faculta al sujeto para un saber hacer creativo. En este caso quere-


mos postular una hipótesis sobre la existencia de competencia para el consumo y la recepción, es decir, la existencia de saberes construidos no para la producción sino para la recepción y el consumo de bienes culturales, Esto implica por supuesto otro desplazamiento metodológico, pues ya no se trata de pensar en una capacidad sistema de reglas, para producir, sino para percibir, leer, interpretar, descodificar los mensajes y los objetos, y desde la cual se ejercen las prácticas culturales alrededor de ellos. De aquí se desprenden varias preguntas: ¿Cuáles son los saberes elaborados por las masas en el proceso de apropiación y reapropiación del capital cultural que producen, reproducen o heredan? Desde qué lugares sociales se utiliza el capital cultural de una sociedad? ¿Cómo se apropian de él las clases sociales, el poder, sectores de clases o segmentos de población? ¿Cuáles son las implicaciones simbólicas y sociales (políticas e ideológicas) que están en juego como constitutivos de una cultura popular y urbana? Es necesario discutir estas preguntas, apuntando hacia la postulación teórica de modelos de competencia para el consumo, históricamente producidos y empíricamente describibles. La salsa en Cali configura un estudio de caso, cuyo proceso no sólo evidencia esta hipótesis, sino que nos permite formularla.


PAULO AFONSO GRISOLLI LA TELENOVELA UN JUEGO FASCINANTE La entrevista que ofrecemos a continuación se inscribe dentro de la marcada preocupación que mantiene nuestra revista por un género televisivo por el que transitan muchas de las claves que explican hoy las profundas vinculaciones existentes entre Cultura y Comunicación Masiva en América Latina. Nos referimos al caso de la telenovela, que ha venido y sigue siendo interpretada por destacados investigadores latinoamericanos del área de la comunicación social. Precisamente, en estos días se realizó en Cali un Importante evento que reunió a estudiosos de esta problemática en América Latina (de ello trataremos más extensamente en la próxima edición de nuestra revista). Sin embargo, una actitud despectiva que, encerraba una falsa valoración y un enorme error de perspectiva, ha Impedido a muchas revistas, como la nuestra; acercarse a los valiosos puntos de vista, a los modos de Interpretación, a las matrices y motivaciones desde las cuales actúan aquellos personajes que participan desde el interior mismo de esta Industria cultural que le ha otorgado a la televisión de América Latina, el control de un género tan sorprendente como el de las telenovelas. Nos place -por lo anterior - poder presentar la entrevista dirigida por el Investigador peruano, licenciado Max Tello (del Comité de Redacción de Dia-logos), apoyado eficazmente por el joven comunicador Luis Benavente. Ambos dialogan - como tiene que ser - con uno de los más destacados directores Afonso Grisolli, responsable de series de tanto suceso cómo Malú Mujer, Lampiao y María Bonita. Dia-logos abre, así, otro frente de reflexión y nos place anunciar que presentaremos -en esta sección de nuestra revista- no sólo a Intelectuales, sino también a directores, productores y artistas que, con una trayectoria relevante, han contribuido a construir una comunicación y un acercamiento más real a lo popular, y cuyos comentarios merecen -por decir lo menos- nuestra más seria atención. TELLO-BENAVENTE En el conjunto de los países latinoamericanos es común encontrar una preferencia fabricada que orienta a los públicos por las series y aún por la publicidad que nos proponen las productoras norteamericanas, como explicas tú el viraje hacia las telenovelas brasileras ? Es muy difícil explicarlo pero hay cosas que pueden ser establecidas desde ahora. Por ejemplo: yo no sé si hay un viraje pero hay una aceptación al producto televisivo brasilero. Es una cosa que no sólo pasa en América Latina, pasa en Europa y en los países me -nos imaginables. Recuerdo, cuando estuve en Albania, y me preguntaba ¡qué hace Albania con productos brasileros¡ Hay algunos hechos que se pueden constatar preliminarmente pero que impondrían una reflexión más profunda. Lo que pasa con el programa de televisión brasilero es que tiene un nivel artístico alto y un calor humano que no se encuentra en los programas americanos. Hay varias cosas que lo detemúnan, una es el milagro hecho por el actor brasilero, quien en las telenovelas sobre todo, es un hombre, alguien que vive en realidad la historia que va a interpretar. Este actor se ha transformado hasta el punto de lograr reconocimientos a nivel internacional. Debido a la intensidad y velocidad con que trabajamos en la televisión en Brasil, estas características


son determinadas por la amplitud del mercado, que impuso el actor brasilero la necesidad de desarrollarse al infinito en la solución de su problema de representación en un producto típico conoce los rumbos de la historia cuando la empieza. El actor tiene que descifrar este enigma cuando empieza a trabajar en la telenovela, tiene que profundizarse en sí mismo. Esta crisis, esta emergencia, esta oscuridad de información que soporta el actor en la telenovela determina que el actor trabaje un nivel de humanidad profunda para encontrarse con el personaje que él mismo no conoce. Esto cambia el producto. Ustedes pueden darse cuenta, cuando miran un programa brasilero, que tiene un calor humano especial, que proviene en verdad del actor. Por otro lado la evolución de la televisión brasileña, permitió el desarrollo de una dramaturgia muy intensa, distinta a la manera como los americanos desarrollaron sus dramaturgias. Los americanos conocen muy bien cómo armar un conflicto dramático, saben bien como producir drama o acción que tome interesante lo que van a contar o narrar, pero están aprisionados de los formalismos de esta estructura dramatúrgica que ellos mismos no reconocen como la receta del éxito; si tengo un cuento a contar y lo cuento con esta estructura yo sé que lo voy a contar bien, pero con ésto me deshumanizo, la estructura dramatúrgica brasilera es más humana que la estructura dramatúrgica americana. Por ejemplo, las estructuras que no son tan rígidas, de esta manera hay un flujo de vida en el proceso narrativo que las seriales americanas no tienen. Hay un elemento muy importante: el naturalismo en la TV brasileña, en los actores brasileños. ¿Estamos ante un efecto de sentido decidido con anticipación o ante una afortunada casualidad? Se busca muchisimo este naturalismo, este naturalismo provienen en verdad de la emergencia. Sin explicar la naturaleza íntima industrial de la TV en Brasil es imposible hablar de esto. tenemos una industria televisiva en Brasil, en un país subdesarrollado, donde las estructuras funcionales son precarias, igualmente las estructuras tecnológicas y tienen que afrontar un mercado enorme: 140 millones de habitantes. En Brasil una telenovela a las 8:00 de la noche alcanza 60 millones de personas al mismo tiempo, esta necesidad de conquistar el gran mercado, impuso un ritmo industrial de trabajo artístico que nos obliga a todos a trabajar a velocidad. ¿Qué recursos tiene el actor que trabaja con velocidad, para construir su personaje sin conocerlo íntegramente porque se trata de una historia abierta? La salida es buscar un naturalismo que garantiza la verdad de su trabajo. En la búsquda de la interpretación correcta lo que ocurre efectivamente es el encuentro del naturalismo como recurso, como defensa. Entonces el supernaturalismo se impone como un estilo que proviene de las circunstancias y no de la conciencia. Sospecho que estas circunstancias remiten a una idea de proyecto nacional en Brasil, ¿cómo inscribes tú la telenovela en la nueva democracia brasilera y en razón de una propuesta de modernidad? Es una cosa muy curiosa eso de la nueva democracia, y, si existe ya, no ha favorecido a la televisión brasilera, al contrario, la televisión brasilera es privada y vive de la explotación del mercado publicitario. El mercado publicitario es tan estable o no como sea la economía del país. Esta supuesta nueva democracia brasilera esta caracterizada por una inestabilidad económica increíble, hay una retracción del mercado terrible, un receso financiero. No hay una relación efectiva, favorable entre la TV y la nueva democracia. la modernidad sí, se busca siempre formas nuevas, se persigue la actualidad tecnológica aunque sea muy difícil para la gente en Brasil hoy la importación de la tecnología.


¿Y la modernidad en la presentación de los diferentes espacios sociales? Me refiero al hecho de que se presente una sociedad brasilera occidental desarrollada, plena de confort y dinamismo. La telenovela aunque parezca tan naturalista es en verdad la falsedad. La temática de la telenovela brasilera se limita a la clase media brasilera, no tiene referencia popular. Un producto televisivo de una industria privada como es Teleglobo tiene que buscar su mercado, tiene que inclinarse a las tendencias del mercado, a lo que fascina a la gente del Brasil, el mercado exteriores una consecuencia. Presenta historias de valores especificos de la clase media típica, el folletín tradicionalmente es esto. Todo se limita a esta clase porque representa y encama aspiraciones de las clases más bajas. Por otro lado, la clase media representa los deseos y aspiraciones de la clase media, son patrones estables para todos los gustos para las clases más bajas, para la clase media y para las clases aristocráticas. ¿Qué ha hecho la televisión brasilera para ampliar el público? El público tradicional eran mujeres que buscaban las típicas historias de amor y ascenso social, ¿que es lo que hizo la televisión brasilera para captar hombres, jóvenes y adolescentes, qué cambios se produjeron? Yo no sé si sabría contestar correctamente esta pregunta. Es verdad que todo se cambió con el desarrollo de la telenovela brasilera; en los comienzos de la TV, la telenovela -una herencia de la radio- eran las historias de amor escritas en el extranjero, porque se creía que cuanto más alejado se estuviera de la realidad más se podía hacer soñar a la gente con la telenovela. Cuando se produjo la primera telenovela brasilera, el público cambió, a partir de entonces se impuso la necesidad de que las telenovelas fueran brasileras; esto estableció un proceso de evolución, de formación de las telenovelas brasileras, que aunque sea un producto estable difícil de cambiar, porque tienen una respuesta efectiva del público inmediato, también reflejó los cambios dramatúrgicos; cambios conquistados con otro género que no es la novela, sino la serie -El primer momento de conquista de un nuevo público, fue la presentación de Malú Mujer. Malú Mujer llegó aquí antes que otras telenovelas, también para el mercado exterior, fue una apertura nueva. Malú abrió una puerta, y ya tiene 10 años más o menos; estoy orgulloso de haberla dirigido. Malú atrajo a la televisión toda una audiencia intelectualizada, más inteligente, más exigente que la TV no alcanzaba con su producción normal. A partir de entonces, las conquistas temáticas y dramatúrgicas de Malú Mujer influenciaron efectivamente a los dramaturgos de la telenovela. A partir de entonces, hay un cambio constante, pequeño, casi insensible pero hay un progreso constante. En verdad, empieza con Malú la posibilidad de profundizar el examen de un tema actual, pero de clase media también. Malú se produce bajo la dictadura. Sí bajo la censura y es por eso que se produjo. Y es por eso que Malú es como es. Sí, Malú era una cosa tan increíble que la censura no se sorprendió ni la prohibió, Cada paso, cada semana descubríamos que teníamos un paso adelante, un paso temático, un paso formal, un paso artístico nuevo. Malú introdujo efectivamente cambios profundos en la estructura dramatúrgica y en los aspectos formales, y estéticos de las telenovelas. Por ejemplo el continuo empleo de las cámaras portátiles, que ha brindado una dinámica nueva, ya, que el personaje tenía esta inquietud, había que apoyarla; esta inquietud cambia, este cuestionamiento constante de la cámara frente a la temática pasó y hoy forma parte efectiva de¡ lenguaje normal de la telenovela brasilera. Evidentemente Malu produjo otras cosas, después de Malú hubo otras seriales, miniseries y otros productos que fueron de vanguardia en la televisión brasilera y que siempre tuvieron influencia sobre la producción de telenovelas,


¿Porque Malú se convierte en Johana? Esa es una cuestión totalmente personal de la actriz. Regina Duarte, se impulsó con Malú. Estamos ante el mismo actor, el mismo caracter pero otro personaje. Cuando acabó Malú Mujer se agotaba temáticamente la calidad de los guiones, ya no era la misma. Se tornaba más flaquito el programa, Regina no se conformó con ésto y por algún tiempo buscó reencontrarse con Malú, que la representara a ella también. En verdad lo que pasó con Regina es que ella personificó hasta el último nivel el personaje que tenia y se transformó ella misma en Malú. Globo intentó producir una nueva serial que fuera verdaderamente una nueva Malú, se creó entonces Johana, y ella participó desde los guiones. Johana, una mujer muy similar a Malú, no tenía ninguna de las cualidades de Malú, ni temáticamente, ni dramatúrgicamente, ni artísticamente y no fue un éxito ni en Brasil, ni en Perú. Pero se le asocia mucho con Malú. Sí, era la tentativa, el intento de Regina de reproducir Malú. ¿CuaIes son los criterios para escoger los actores? Por ejemplo, ¿cómo nace Regina? Hay actores que producen una empatía y una simpatía profunda en el público. Es evidente que esto los transforma en estrellas de verdad. Regina Duarte es típicamente una estrella. Tenía una manera de representar, una manera de, presentarse que fascinaba al país. Uno de los criterios para la selección de] elenco es el caracter estelar de los actores. Es necesario componer un elenco de estrellas. Pero hay otros criterios también, debido a que se trabaja en emergencia, con una velocidad enorme. Que el actor esté más cerca del personaje, es un criterio muy válido, muy fuerte para nosotros. Si la sinopsis de la telenovela propone un personaje inquieto pero ácido hay que encontrar un actor que ya tenga en sí mismo esa inquietud y esa acidez porque, como trabajará en velocidad en emergencia, sin conocer la dirección completa de su personaje, tendrá que usar los recursos que le son espontáneos en verdad. Y este es otro de los más importantes criterios para la elección del elenco de un programa. Esto indica una serie de criterios que suponen una investigación previa o una investigación en paralelo. Sí, investigaciones previas y posteriores. La televisión "Giobo" es una empresa que vive su mercado, que tiene que entregar a su mercado lo que ellos quieren, lo que esperan. Hay que investigar el mercado previamente, acompañarlo a lo largo de su consumo y hay una constante investigación posterior también. Hay un proceso de feed-back muy intenso al punto que yo considero que en la telenovela el público es también un co-autor, es tal la gravitación de sus tendencias, su comportamiento, con relación a la telenovela, que determina los cambios, los nimbos de los personajes, la historia misma. Hay una intimidad absoluta con el mercado, la telenovela es un producto que mira al mercado y que es producido por el mercado. Esto explica el mercado brasilero, pero no explica el mercado de el resto de América Latina o el mercado europeo, El trabajo de investigación alcanza los otros mercados? Cuando producimos televisión en Brasil lo que miramos es el mercado interno, el mercado externo es una consecuencia y no se investiga previamente. Pero obtenemos productos para ofrecer al mercado externo, y hay una tendencia a aceptarlos. Por ejemplo, para mí es una sorpresa enorme que la telenovela brasilera sea bien aceptada por el grupo europeo; en Francia me acuerdo que participé en el almuerzo en que se dio la venta de la primera telenovela brasilera a la televisión francesa; en ese momento yo no podía creer que ellos estuvieran interesados en productos que eran típicamente latinoamericanos. Los


intelectuales de Francia se pusieron en contra, veían imposible que los brasileros envíen sus productos a su televisión y sin embargo, la aceptación general del público, y hasta de un público más intelectualizado, fue enorme en Francia; porque era un producto bien hecho. Un producto de intelectuales? Intelectual es todo. La inteligencia brasilera participa muchísimo en la tele -novela, los escritores de las telenovelas son intelectuales respetables. Pero el proceso que tiene la telenovela, a mí intelectualmente no me agrada, no me basta. Tanto que me dedico a cosas que no son telenovelas. Prefiero las series, yo acorto el tema ahí previamente tengo una historia hecha que no camina según las tendencias del público y que refleja efectivamente mi lectura personal de este texto, frú comprensión personal, mi interpretación de esta realidad. ¿Se dice que la división que produce series en GLOBO no es tan buen negocio como la producción de telenovelas?. La telenovela es un producto que se realiza en 160 capítulos más o menos. La inversión en producción se reparte entre los 160 capítulos y el costo unitario de cada capítulo es bajo. Asi, el retomo de la plata es considerable, la telenovela es un producto rentable. Sin embargo una miniserie, por ejemplo de 15 capítulos, tiene todo el costo, todo el espacio, toda la inversión repartido solamente en 15 capítulos. El costo unitario por capítulo es muy alto. Entonces, la miniserie no es tan rentable como la telenovela. Pero son las series las que han determinado los cambios formales, temáticos y artísticos de la televisión brasilera. No fue la telenovela la que los hizo. La serie es un campo de experimentación? Sí, el campo de investigación y de conquista de un público nuevo. Como Malú Mujer por ejemplo, como son las miniseries que hacemos y que hemos hecho, Lampiao y Maria Bonita. ¿La telenovela y la serie se pagan solamente con el mercado brasilero? ¿Bastaba con el mercado brasilero para recuperar la inversión? Si la única manera de hacerlo, es tener el pago inmediato del mercado brasilero. ¿Qué lugar tiene el director de la dramatrirgia televisiva? ¿Cuál es tu concepto de director en el trabajo dramático en la televisión? Eso cambia en función del producto. la telenovela es un producto muy típico donde nada se personaliza, ni el autor, ni el director, ni el ntismo actor aunque sea el actor el que efectivamente decide los rumbos de la telenovela. Las tareas son muy delimitadas, el dramaturgo; el director es el director; el actor es el actor. En los otros productos que son obras cerradas, sí se puede personalizar mucho el trabajo de uno y es aquí donde el director tiene una participación increíble. Es el efectivamente, el intérprete y realizador de la obra. La obra empieza con el guión la obra se cualifica con el actor, pero se realiza, se consume con el director. Hay aspectos fascinantes en las telenovelas, son un producto de complicidad entre los artistas y su público, ésto es increíble. El público esta presente en cada instancia de la creación misma. El intercambio se da cada día, el escritor sufre las influencias de su público al mismo tiempo que el actor. El actor tiene una comunicación íntima, hay un juego fascinante en verdad, un juego entre actor y escritor, un juego muy grande entre el público y los artistas, esto es fascinante.


¿Tú podrías distinguir actualmente líneas de trabajo, en ficción o diferencias en las políticas de producción de la ficción entre las diferentes redes de la televisión brasilera por ejemplo entre Bandeirantes y Globo? Es claro, que cada televisión escoge su camino. Por ejemplo en Brasil televisión hoy significa GLOBO, no más. Hubo Manchete, hay Bandeirantes hay Silvio Santos pero la expresión más fuerte, significativa, la presencia, por ejemplo en el exterior, es de GLOBO no es de la televisión brasilera, es GLOBO. Esto va a cambiar, hay mucha competencia televisiva en Brasil; por ejemplo, GLOBO tiene la competencia de televisión Silvio Santos de Brasil, que ha escogido otros caminos, que no produce programas ficcionales. Produce musicales, humorísticos, y algunos periodísticos, programas muy populares, populacheros pero efectivos, sin las inversiones de la producción de ficcionales. Los ficcionales son caros pero Globo ha escogido la ficción como camino para la conquista de su público. En este sentido, claro que hay líneas diferentes. No debe ser un tipo muy conservador este señor Marinho, que permite "Vida y Muerte Severina", "Carga Pesada", 'Malú Mujer" Debe ser un tipo bastante progresista ¿o no? Me parece que el señor Roberto Marinho, propietario de la red GLOBO, es un tipo muy conservador, aunque lo conozco personalmente muy poco. Es un empresario muy hábil que sabe permitir que su empresa, televisiva siga los rumbos necesarios para su progreso. ¿Es eso nada mas? ¿Entonces se puede decir que ser progresista es un buen negocio? Si hay una respuesta, una acogida en el público, entonces es un buen negocio. Decio Pignatari dice que en novelas como las de Gilberto Braga, la profundidad del dialogo esta sustituyendo la intriga de la trama. ¿Es esto un síntoma de que el publico se esta adecuando a un tratamiento mas reflexivo 0 intelectual? Yo no se si me pongo de acuerdo con Decio Pignatari que es un tipo muy inteligente, brillante en verdad, pero que tal vez se deje seducir por el proceso intelectual de enjuiciamiento de la televisión, sin darse cuenta de que son esto, pierde los rumbos de la variación efectiva del producto televisivo. Yo no sé si es verdad, Gilberto Braga tiene diálogos interesantes, más intelectualizados, sí, pero la trama no es buena. Los diálogos no soportan la historia, el cerebro de la historia, la sustentación de la historia es la dramatúrgia. Es el armazón de los conflictos dramáticos. no hay cómo escapar de esto. Tú puedes hacer los diálogos que quieras pero decir que aceptar los diálogos sin trama es un crecimiento intelectual del público, es un equívoco; porque la aceptación del diálogo sin trama es en mi concepto un empobrecimiento del público; si en verdad es esto lo que pasa, aunque yo no creo. Quizá sea una mala noticia la que te voy a decir: la telenovela brasilera tiene mas éxito -en el Perú por ejemplo- en los sectores medios, que en los populares. ¿Tú crees que de alguna manera el lenguaje televisivo que utiliza la ficción brasilera puede entrañar dificultades de comprensión en los sectores populares de América Latina? Sí, es posible que así sea. La telenovela en Brasil es un producto popularísimo aunque refleje solamente la clase media brasilera en una falsedad de supuesto realismo inexistente. Lo que pasa acá, yo no sé como interpretarlo, primero porque la telenovela que les llega a ustedes es un sub-producto, no es la telenovela, no es alimentada por su público. En la telenovela que ustedes reciben acá, no hay este intercambio, por ejemplo entre el escritor y su público, no hay participación, esta complicidad del público. Acá la telenovela se presenta como una obra cerrada sin recurrir al mercado. Son las tendencias del público


brasilero las que han determinando los rumbos de una telenovela que se proyecta aquí y que no alcanza el interés del público popular. Hay un libro que es un best-seller en Brasil, el libro de Hertz sobre O'GLOBO: ¿Tú estas de acuerdo con Hertz respecto a la necesidad de una revisión completa de la radio y televisión en Brasil como condición esencial para una efectiva democratización de la televisión en tu país? Yo creo que no es solamente la televisión brasilera la que necesita revisión total, es el país mismo. El país hoy es una mala herencia de un periodo terrible de vida de dictadura militar, la supuesta nueva democracia no está -hasta ahora- llevando al país a una situación mejor. Al contrario, lo que la clase pública brasilera hoy produce es una confirmación de que somos una herencia maldita de un periodo dictatorial, en ese sentido no se hace televisión solamente. Este libro por ejemplo, es un libro documental, interesante, provocativo, pero excesivamente pasional, determinado por un punto de vista comprometido. Tiene revelaciones y documentaciones muy interesantes, demostración de lo que pasó con el planteamiento de la televisión brasilera. Pero se pierde, con la pasión y con este partidarismo comprometido, Es una lástima. A mí me gustaría mucho que hubiera más reflexiones serias y profundas sobre el fenómeno de la televisión en Brasil. Lo que hago acá, por ejemplo, es una improvisación porque no es mi deber hacer las reflexiones; yo estoy metido en TV, estoy tomado por ella, estoy buceando en ella. Creo que antes de opinar deberían hacer una reflexión más profunda que la que hacen sus críticos. Los sociólogos deberían estar objetivamente ocupados, sin prejuicios> en los fenómenos sociales de la televisión. Súbitamente me doy cuenta de que, o soy yo el que conduzco las reflexiones sobre el medio en que estoy metido o no las tengo. Sin prejuicios, sin compromisos previos, sin partidarismos pasionales.


En una contribución dolorosamente crítica lucho Torres muestra como los Post-grados en Comunicación de América Latina no han podido escapar a la racionalidad del mercado ni a los valores utilitarios y pragmáticios. Probablemente el lector se enfrentará a un texto que podría considerar en exceso pesimista. Es tentador afirmar con él que los post-grados proliferan con un excesivo entusiasmo, sin embargo creemos que hace falta más de un aporte para un debate que evalúe lo logrado y proyecte al futuro. POSTGRADOS EN COMUNICACIÓN EN AMÉRICA LATINA: ¿RETORICA DE UNA REALIDAD O DE UNA RETORICA? LUIS TORRES ACUÑA

La evaluación de un imposible, o la imposibilidad de una evaluación? Lo concreto es que de entrada tenemos que admitir que los programas de post-grado en Comunicación Social de América Latina no se pueden conocer. Ni siquiera cuántos son. En realidad ¿alguien podría tener ese dato, por casualidad?' Se ha hecho un esfuerzo por conseguir material y efectivamente se dispone de documentos en que aparecen los planes y programas de algunos de los post-grados existentes y por existir.' La mayoría de ellos está marcado por el sello de la propaganda y el signo de la promoción institucional. Parece realmente imposible sustraerse al hecho de la lógica de oferta y demanda formativa en que se inscribe la actividad universitaria en América Latina. De alguna manera, y con distintos acentos, se puede constatar que la formación universitaria en Comunicación Social, incluyendo el nivel de postgrado y la práctica académica en general, se encuentra sometida a una racionalidad de mercado de títulos profesionales y grados académicos. Es usual escuchar comentarios como éstos: Este alumno sólo busca aquí un título , o bien: cuánto vale un diploma (cartóN en chilensis vulgaris) universitario , o bien: la formación que este sujeto tiene, en verdad, no se condice con el título que exhibe, etc., etc. Por lo demás, el régimen de remuneraciones de los académicos está sujeto a un criterio de evaluación (la muy estimada "excelencia académica") que contempla de manera significativa los títulos y grados de cada funcionario para establecer el rango o grado de calificación y el nivel de salario que le corresponde. Inclusive, el más puro academicismo también responde y opera en y en desde el mundo de lo utilitario y de lo pragmático. De manera que, se podría decir que una de las tantas legitimidades que explican la existencia de los programas de post-grado en Comunicación Social en América Latina, es el afán de cotización y cualificación profesional que mueve a los postulantes a inscribirse en ellos. Y como se trata de cotización y de valoración, se ha difundido bastante. Lo dicho hasta este instante comporta, por último, un doble problema en relación con el propósito de este trabajo: un problema de objeto o de dimensiones del objeto en relación con los alcances de esta reflexión y un problema de método, circunscrito en lo fundamental a un análisis y evaluación crítica de discurso; y secundariamente, a confrontar estos antecedentes ideológicos (en el sentido amplio del término), con la poca experiencia que, surgida desde la práctica, se puede ya sistematizar material en América Latina por parte de las entidades universitarias que poseen estos programas, en la perspectiva de concitar interés y reclutar estudiantes. Insisto de nuevo: no se puede sustraer a esta lógica ningún programa que pretenda desarrollarse y legitimarse en el ámbito local y regional. Y como se trata aquí de hacer un análisis sobre este asunto, intentando "construirle" un perfil claro y distinto en tanto que objeto de estudio, es necesario develar sus problemas o sea, quitarles el velo ideológico que los encubre si es que se intenta realizar una actividad intelectual mínimamente digna y modestamente coherente. RETORICA DE LOS PROGRAMAS DE POST-GRADO


La producción discursiva sobre los programas de post-grado en Comunicación Social de América Latina se perfila en un doble eje. Uno, orientado a la difusión, información, promoción y publicidad en general de los programas; y el otro, constituido por análisis normalmente críticos que bajo la forma de artículos y ensayos, se han venido produciendo especialmente en las publicaciones de FELAFACS del boletín y ahora la revista) y de CIESPAL. El primer tipo de discurso está marcado por el estilo propio de unas retóricas que juegan a la seducción, pontificando estereotipos y conceptos consagrados como válidos y ciertos, pero que, en verdad, nadie entiende. Algunos botoncitos de muestra y que son comunmente utilizados en los documentos que circulan ¿Qué quiere decir "herramientas metodológicas", o "herramientas de investigación, ¿Cómo entender "una perspectiva generalista", o "una ' información intelectual", o "perspectiva comunicacional", o "soluciones rigurosamente científicas", "conocimientos teóricos, prácticos, imprescindibles al campo de las comunicaciones", etc., etc.? La retórica víctima de la retórica. Pero afortunada mente, sabemos, no precisamente en forma "rigurosamente científica", que ningún discurso es ingenuo y que tras él se esconde una otra intención que es la que de verdad le da sentido al decir y, a lo dicho. También es importante consignar a esta altura que un texto que expone un plan o un programa de estudio, no es más que teoría, una intencionalidad, un abstracto que quisiera hacerse concreto, una posibilidad que se quiere hacer realidad. Y que el curso concreto y el programa concreto y el plan de estudio concreto es, en suma, el conjunto de las actividades concretas que se realizan desde y a partir de los agentes de todo este proceso, que son los estudiantes y los profesores (en ese orden). Lo anterior quiere decir que lo que se puede estudiar en los programas de post-grado es su deseo, son los programas en tanto deseo, más que la realidad de ellos mismos. Pero, por otra parte, también asusta meterse en la lectura y análisis de los artículos y ensayos que se han producido sobre el tema. Porque aquí también nos encontramos con toda una verborrea impresionante e impresionista que nos caracteriza como "comunicadores sociales" o comunicólogos sociales (¿"comunicópatas", tal vez?). En efecto, existe toda una terminología clave, hipersocorrida en todos estos escritos, bajo la forma de una verdadera empleomanía conceptual y que, en lugar de iluminar los problemas, pareciera ensombrecerlos y hasta ocultarlos. Se habla, por ejemplo, de "desarrollo integral de las comunicaciones", de "problemáticas de la comunicación", de "agenda de investigación" (que de pronto aparece interminable), "realidad comunicacional ' ", "desarrollo comunicacional", etc., etc. Sería ideal evaluar estos programas de post-grado. Y evaluarlotodo. Penetrar en esta maraña de verborrea para encontrarle el sentido al sentido de las comunicaciones. Evaluar, por ejemplo, los objetivos. Total ya sabemos, que "por la boca muere el pez", que es otra forma de decir, bajo la forma de paráfrasis, por el discurso lo conoceréis. Y así, se podría evaluar la coherencia de los objetivos, interrogarnos si son posibles, discutir la operacionalidad con que son formulados: ¿se entiende o no?, etc., etc. Y por el lado de lo ya escrito, tal vez lo que cabe es buscar en todos estos textos algunos elementos que permitan configurar alguna hipótesis o algún problema a tratar, con mayor profundidad. Tratar al menos de renovar la retórica y de tensionar la ya existente. Intentar una ordenación de ideas en torno de alguno de los problemas que, al menos, por la recurrencia con que son tratados, permitan suponerles una cierta relevancia en el conjunto de las cuestiones relativas a los post-grado de América Latina. Esta podría ser una forma de superar nuestros complejos, o al menos de reconocerlos. ¿Por qué, por ejemplo, usamos tanto la palabra desarrollo?, en circunstancias que no hay ningún artículo relativo a la Comunicación Social en donde este concepto sea trabajado sistemáticamente, tanto desde el punto de vista de su sentido lógico, como de su dimensión histórica. Desarrollo, desarrollo y mag desarrollo. Ese es nuestro primer complejo: ante la imposibilidad de desarrollarnos realmente, de


crecer y de avanzar en el conocimiento de nosotros mismos, y de querer ocultar nuestro subdesarrollo, clamamos incesantemente: desarrollo, desarrollo. LA CUESTION DE LA PRODUCCION TEOMCA El origen y seniido de los programas de post-grado en Comunicación Social en América Latina, está y debiera estar estrechamente ligado al origen y sentido de la producción teórica en esta misma área disciplinaría, en nuestro Continente. Conviene recordar, por de pronto, que los grandes problemas estructurales que atraviesan a lo largo y ancho a toda la región, y que afectan significativamente todos los Múltiples ámbitos y aspectos de nuestra realidad, también se dan y de la misma manera, en el terreno de la teoría. En el origen, América Latina fue pensada y aún concebida desde afuera. Se le inventó un nombre y se le atribuyó un mundo, suplantándole el mundo original que aquí había. El pensamiento occidental se instaló acá justificando desde sí mismo este "descubrimiento". Así, todas las teorías, las religiosas y las políticas, las económicas y las educacionales, la filosofía y la ciencia, las artes y la cultura, etc., etc., venían ya definidas antes de constituirse como "propias" de América Latina. Este es el marco en que se desarrolla la Comunicación Social en América Latina y las teorías que pretenden explicarla. El sistemático fracaso de los gobiernos, de las fórmulas políticas, la aplicación mecánica de modelos ajenos a América Latina, llevó a nuestro mundo a interrogarse sobre sí mismo-- ¿por qué tanta dependencia, tanta injusticia social, tanto desarrollo desigual, tantas diferencias culturales y subculturales, tanto etc., etc. (para qué seguir enumerando?). Y entonces empezó a surgir otra teoría. Una teoría fundada en la rebelión; una teoría no dispuesta a aceptar lo que otros piensan de nosotros. Una teoría desde América Latina, por América Latina y para América Latina. Y en eso estamos ahora. Buscando no sólo nuevas respuestas, sino también otras preguntas. La sola constatación de que los más graves problemas que siempre ha tenido América Latina subsisten, es la prueba más elocuente del fracaso de "nuestras" teorías. Este marco es el que constituye la referencia fundamental desde el cual, tal vez podamos entender la "problemática de la Comunicación Social". Por eso, es que se enfatiza tanto en la cuestión del control ideológico, de las hegemonías y de las dependencias culturales, en la instrumentalizaci6n política y económica de los medios masivos, en la suplantación de la educación masiva de los medios por la "tontificación" masiva que ellos producen en la población de América Latina, etc., etc. En este contexto, cuando la Universidad latinoamericana asume como suya la problemática de la Comunicación Social, lo hace desde esta gran contradicción: o bien contribuir a afianzar este terrible flagelo de la dependencia, o tratar de subvertirla. Y es por eso que coexisten el funcionalismo con el marxismo, la teoría de la información y el estructuralismo, Mc Luhan y la Escuela de Frankfurt, las agnuevas tecnologías" y la Comunicación Popular, el análisis de discurso y los cursos de publicidad, etc., etc. ¿Hasta dónde los programas de post-grado están conscientes de esta problemática? Estudiando seriamente lo que se ha planteado y lo que se ha escrito sobre los problemas de los post-grados, no se tiene una visión optimista, no se advierte lucidez. Más bien, predomina, como ya se ha dicho esa retórica francamente deplorable por lo ya gastada, incapaz siquiera de decir algo novedoso y sustantivo. Más aún, hasta el momento debemos admitir que la precaria y aún embrionista Teoría de la Comunicación Latinoamericana que se ha producido y se está produciendo, se desarrolla fuera y al margen de los programas de post-grado en Comunicación Social. Incluso los paradigmas generados en las recientes décadas pretéritas, como el de Pablo Freire, relativo a la educación popular, y el de Mattelart y su equipo, centrado en develar la estructura de poder de los medios y las ideologías que comportan, no sólo no han sido superados, sino que, incluso, muchas imitaciones, más que copias, parecen caricaturas de ellos.


Por otra parte, los ataques contra el funcionalismo, no solo no son solventes, en tanto se les descalifica desde su ignorancia, o al menos descontextualización, sino que muchas veces expresan la lucha de una dependencia que quiere sustituir a otra: ante la hegemonía norteamericana opongamos la europea, ¡muera el funcionalismo y viva el estructuralismo i Y entonces, ¿de qué formación métodológica se trata, cuando se trata de formar un Comunicador Social? Pensemos por de pronto que la noción de Comunicación Social, instalada como sustituto, más amplia y modernizante entre comillas que el de periodismo también viene con trampas. Fue aceptado sin polémica y sin grandes críticas. Sonaba mejor a nuestros ansiosos oídos de escuchar por fin cosas nuevas y tenía también, para variar un pedigree foráneo: venía de EE.UU. ¡Qué gran reivindicación¡ ampliamos nuestra problemática del periodismo a la Comunicación Social, como una forma más de emancipación nueleada en torno de una nueva palabra mágica: "Comunicación Social", término oh paradoja de paradojas profundamente funcionalista, concepto surgido desde la propia sociología norteamericana, noción inspirada en el afán de racionalizar un área que el desarrollo de la industria cultural en los EE.UU. imponía de difusión masiva, sino más bien de manipularlos y controlarlos en beneficio de un-dividendo económico y también ideológico. El auge de la teoría efectista, interesada no en medir los efectos, sino más bien, preestablecerlos desde las estrategias de emisión: la cuestión era tener resultados confiables que garantizaran una mayor venta para una mayor y más variada masa receptora. Y entonces la Comunicación Social es un sustituto del periodismo, en la misma medida en que lo es la ciencia respecto de un oficio no racionalizado ni suficientemente tecnificado. Pero este tema sirve sólo como ejemplo de las preocupaciones teóricas relativas a este objeto llamado Comunicación Social. Tanto el funcionalismo, o el estructuralismo, o el marxismo parecen cuestiones tratadas desde una contemplación normalmente embelesada por los artefactos que las constituyen. La existencia de estas teorías y su importancia no se puede desconocer si es que se quiere trabajar en serio en la producción teórica relativa al área de Comunicación Social. Lo que se echa de menos, en la producción teórica que se desarrolla en nuestro continente, es la carencia de preguntas por los fundamentos de las teorías. La despreocupación por estudiar los puntos de partida, la forma como se constituyen los conceptos, la naturaleza de las explicaciones, la falta de capacidad para la desconstrucción de los discursos, en fin, la falta de radicalidad en el acercamiento a las teorías.5 Hoy por hoy, la producción teórica que pretenda originalidad, profundidad, perspectiva crítica, etc., supone establecer rupturas epistemológicas, de lo contrario, en el mejor de los casos se desarrolla una reproducción teórica, normalmente cerrada y cuasi autárquica, incapaz de replantearse a sí misma. En los programas de post-grado en cualquier disciplina, parece claro que la cuestión de la producción teórica constituye una preocupación central. De hecho, se puede afirmar, esquemáticamente, que la diferencia entre pre y post-grado, a nivel de la teoría, no es precisamente un problema de cantidad, ni siquiera un problema de calidad, en el sentido de un mayor o menor nivel teórico (¿cómo medir esto?). En los pre-grado, la teoría está tensionada por su aplicabilidad a la hora de ejercer un oficio; en los post-grados, en cambio, la teoría misma es el objeto de trabajo, en la perspectiva de su desarrollo como tal teoría. Así, los postgrado debieran ser un espacio y una instancia de renovación teórica, un lugar de búsqueda, de observación y reflexión. Un lugar donde se reconozca por ejemplo, que se está pensando la cuestión de la Comunicación Social desde y a partir de la realidad latinoamericana. Que esto último no sólo perfila el objeto, sino también la mirada sobre el objeto. Que el desarrollo teórico pasa necesariamente por la crítica teórica, por un diálogo fecundo, abierto desenfadado con las teorías consagradas, buscando en ellas comprender sus fundamentos y su racionalidad. Cómo llegan y cómo se aplican en América Latina. Dónde está lo axiológico y dónde lo operacional de ellas. Para qué sirven y para qué no sirven. Son éstas cuestiones las que subyacen a la pregunta acerca de: ¿cuánto de funcionalismo, cuánto de sociología, cuánto y qué de psicología social, cuánto de las teorías acerca de la ideología, cuánto de semiótica y análisis de discurso, etc., etc., debe existir en los planes y programas de estudio? Parece


claro -y ya debiera parecerlo hace mucho ratoque no se trata de una cuestión de cuánto, que no se trata de una burda negociación ideológica, la instancia de diseño de un currículum. Lo dicho, refuerza la necesidad de la ruptura epistemológica, afán por develar los supuestos, de manera de desmontar los marcos teóricos preestablecidos, en la perspectiva de avanzar hacia la constitución de nuestros propios marcos teóricos. Lo contrario consistiría en limitarse a copiar o fotocopiar los programas de post-grado de Europa y EE.UU., aceptando, eso sí, que nunca la copia supera al original, y que si América Latina está interesada en desarrollar programas de Maestría y Doctorado en Comunicación Social, no es para ofrecer un proyecto formativo "alternativo" y alterativo de los existentes en esos países, sino simplemente para reproducirlos, reproduciendo con ello las carencias endémicas que comporta la dependencia. LA CUESTION DE LA FORMACION Aunque pequemos por insistente y reiterativo, parece necesario recordar que entre las tantas ingenuidades -por decir lo menos- que se cometen normalmente cuando se reflexiona sobre los problemas de la Comunicación Social en América Latina, está la confusión permanente entre el deber ser y el ser histórico social concreto de la cuestión planteada. Constituye una constante en los diferentes discursos sobre el tema, la mezcla confusa e inorgánica, entre los principios y el marco axiológico, particularmente, ético e ideológico que inspiran o supuestamente inspiran, tanto el objeto de estudio como el estudio mismo, por una parte; y por otra, la preocupación por manejar datos y ojalá cifras que permitan describir fenomenológicamente a este mismo objeto. Es una suerte de ambivalencia entre un idealismo que desciende desde nuestras ideologías cotidianas más soterradas y hegemonizantes y un positivismo chato que pretende delegar en la apariencia de los hechos una forma de verdad que en el mejor de los casos conlleva una cuota importante de escepticismo. Si ésto es común a todos los juegos de problemáticas y "solucionáticas" en que se mueven los discursos académicos que hacen referencia a la cuestión de la Comunicación Social en nuestro continente, con mayor razón este fenómeno se acrecienta cuando se debate el asunto de los programas de post-grado que -hoy por hoy- tienden a proliferar con un excesivo entusiasmo en las escuelas de comunicación de América Latina. Pensemos por de pronto, en las enormes carencias y en la flagrante indigencia teórica y metodológica incluyendo aquí, a la propia didáctica con que operan los programas de pre-grado en la región: al menos esto genera una razonable desconfianza sobre el estatuto académico con que se trabaja en el ámbito de los planes de doctorado y maestria. Ya hemos reflexionado sobre la cuestión de la producción teórica, que constituye uno de los ejes claves de todo programa de post-grado. Ahora se hace necesario adentrarse en el asunto relativo propiamente a la formación, el cual representa otro momento decisivo del mismo. Una primera cuestión, se refiere a la materia disciplinaria, objeto de la formación. Globalmente se podría decir que está constituída por la comunicación en tanto que teoría y los oficios superiores que devienen de ella, más allá de los que se desarrollan en el terreno de los pre-grados. En este último nivel, tradicionalmente se capacita para los oficios de periodistas, publicistas, relacionador público, comunicador audiovisual, y también para un oficio más genérico, que por ser tal, no es fácil encontrarle una especificidad: el Comunicador Social. Respecto de esto último, hace rato que hace falta un intento serio por estudiar en profundidad lo que este término involucra o supone, en el marco general de las tareas que a la universidad latinoamericana le compete, incluyendo, evidentemente a la FELAFACS. (Los elementos que a continuación se señalan pueden contribuir modestamente en esta dirección, si bien se van a centrar en la formación de post-grado). La noción de maestro, de doctor comporta una cuestión de status y de nivel de oficio académico. Si como se ha dicho, la teoría constituye el objeto de trabajo, tendremos que admitir, entonces, que la


formación a nivel de post-grado apunta a la producción y reproducción de cuadros de intelectuales y agentes culturales capaces de generar, desarrollar y multiplicar los procesos de formación de nuevos comunicadores sociales; pero además, y muy estrechamente vinculado con lo anterior, individuos capacitados para desarrollar procesos de producción de conocimiento, en particular sobre la base de investigación. En otras palabras, formar docentes e investigadores en Comunicación Social. Pero existe otro ámbito, tanto más relevante que los anteriores y que, no obstante que se ejerce una gama importante de oficio en él constituye, sin embargo, un terreno hacia el cual los actuales comunicadores sociales normalmente no acceden, o si lo hacen es después de muchos años de oficio acumulado. Se refiere este ámbito al de la fijación de políticas de comunicación, procesos de planificación en Comunicación Social a nivel miero y macro social, diseño de estrategias, proyectos y campañas de Comunicación Social: Como la conducción de un periódico, de un canal de T.V., la concepción y creación de una revista, la labor de comunicación que se ejerce desde el aparato del Estado inscrito en estrategias más globales de salud pública, educación masiva, estrategias vinculadas con el desarrollo industrial o agrícola, estrategias políticas propiamente dichas, etc. En todos estos ámbitos y muchos otros, está presente la cuestión de la Comunicación Social, como área problema, como tarea que reclama una especificidad de aporte y que hoy se ejerce de manera muy burda o muy intuitiva. Normalmente, cuando allí hay algún proceso proyectual que ha sido planificado, lo es gracias a la intervención de un psicólogo, un sociólogo, un economista. Excepcionalmente hay allí un comunicador social, que se ha forjado en la universidad y no un mero profesionista, que por sus años de oficio y de circo político ha accedido a ese nivel de labor. No se está hablando de una especialización, la cual personalmente me parece no pertinente a los oficios del comunicador social en este nivel de postgrado: la especialización, en cualquier disciplina supone dos condiciones. La primera, la existencia de una demanda significativa a nivel del mercado ocupacional y que impone asignar recursos a la universidad para cubrir esta demanda. Y la segunda, la existencia de un nivel de complejidad suficientemente alto, como para que el sujeto que se está formando pueda, a la vez que estudiar esta especialidad, adquirir paralelamente una otra formación sistemática. De lo que se trata entonces, es de una cuestión de status, de oficio de un intelectual de la Comunicación Social, cuyo nivel de conocimiento y habilidades es coherente, en tanto que tal nivel, con el de un médico, un ingeniero, un arquitecto, un sociólogo, etc. El status de inferioridad que se le reconoce al comunicador social en América Latina, respecto de estos otros oficios profesionales mayores descritos, se debe, precisamente, a esta incapacidad endémica que el comunicador social tiene para planificar, para diseñar estrategias, para proyectar en definitiva su oficio con propósitos y objetivos y métodos y capacidad de evaluar en tareas de corto, medio y largo plazo y en una labor inter y multídisciplinaria con otros profesionales. Lo anterior no procede tan solo de la lógica exclusivamente formativa y de la normativa socialmente institucionalizada y la deontología que consagra a la Comunicación Social como oficio profesional. No obstante que esta es un área en donde es necesario desarrollar toda una estrategia reivindicativa que se inscribe, por de pronto, en las llamadas políticas de comunicación, materia que en definitiva no es más que la lucha de los comunicadores sociales por instalar la problemática de la Comunicación Social en las grandes cuestiones de la política, este problema también tiene sus fundamentos en el terreno propiamente teórico. En efecto, cuando se plantea la cuestión de la formación teórica se está en un terreno profundamente complejo y ambiguo. La cuestión de la Comunicación Social como teoría es en definitiva la lucha por acceder a un conocimiento de una especificidad, que está profundamente contaminada y vinculada con otras cuestiones también de orden teórico, con las cuales se relaciona de múltiples maneras. Está por ejemplo, la cuestión de que en qué medida la sociología, la semiótica, la psicología, la teoría de la información, etc. participan del mismo objeto, en tanto que se ocupan de la Comunicación Social. Hay aquí una falta de timón. De un eje o núcleo articulador desde el cual se proyecten líneas abismales que permitan delimitar el momento y el lugar en que el problema planteado pertenece a otro ámbito distinto. Por el momento, se sigue jugando con las


flechitas de los modelos de comunicación clásicos y no tan clásicos, intentando despejar la hegemonía del emisor y la unidireccionalidad de los procesos comunicativos, sin buscar en los procesos sociales y en los fenómenos socio-culturales y políticos, no el contexto (que es otra forma de texto), sino los elementos fundantes y articuladores de los procesos de comunicación propiamente tales. Por de pronto, el modelo de comunicación, si es que existe es dialéctico, incluso desde su raíz etimológica; y esta dialéctica de la comunicación está enmarcada por las distintas formas de relación social, entendiendo que la comunicación no es más que una forma más de ella. Pero además, por las diferentes prácticas sociales, porque la comunicación es también una práctica social. La falta de búsqueda, de una visión totalizadora que se juega por la mirada política, en el sentido más pleno del término, es una carencia que si a nivel de los pre-grados se lleva con pesar, en los postgrados constituye una falta grave, tan grave que desdibuja el status al cual se quiere acceder con él. Constituye una necesidad imperiosa buscar y desarrollar un criterio que unifique y ubique teórica e históricamente los problemas, de un centro o de un método capaz de ofrecer un norte claro y fecundo que oriente la práctica intelectual. No se trata de jugar o creer nuevamente en las verdades reveladas, ni a transformar en religión a cualquier modelo o. teoría, por muy de moda que esté. De lo que se está hablando es de la permanente reflexión crítica, no cruzando citas y textos sino preocupados por interpretar nuestras realidades, con todos sus complejos, procesos de constitución ideológica y cultural, tensionando las interpretaciones que se han hecho de estos procesos. En esta perspectiva, la formación teórica a nivel de post-grado debiera trascender las opciones contenidistas, expresadas en la sobrevaloración de las materias teóricas y de su forma de enunciación su retórica seductora hacia las habilidades intelectivas que se pretenden desarrollar en los estudiantes: no se trata tan sólo de proponer el tratamiento de tal o cual concepto como materia de estudio, sino más bien, se pretende precisar lo que el alumno pueda realizar a nivel teórico y a nivel práctico con esos contenidos. Por otra parte, si se trata de formación teórica, la cuestión es abordar aquellas teorías que se interrogan por los fundamentos de nuestra realidad latinoamericana, sea a nivel de la cultura, la política, las relaciones sociales, la estructura social, etc. Y esto supone un abordaje no sólo epistemológico como ya se ha dicho, sino también histórico. Y pensemos que la aproximación histórica a los procesos de comunicación es normalmente episódica, inhabitual. Los comunicólogos sociales son ahistóricos no sólo porque desconocen el método histórico, sino además, porque no les interesa abordar su objeto de estudio en tanto que realidad histórico social. No hay inquietud por la génesis de los procesos de producción de sentido, ni tampoco por los modelos o categorías que se utilizan para interpretarlo. Se aborda en el mejor de los casos, a la teoría en tanto que estructura lógica, que es lo mismo que decir en tanto que pura teoría. En definitiva lo que se quiere decir, es que el fundamento de la formación teórica responde a la necesidad de abordar exigencias socío-culturales propias del quehacer universitario, como la de estudiar la propia realidad comunicacional en sus elementos constitutivos. Pensemos que fraguar el perfil de un profesional universitario de nivel de post-grado es, de alguna manera, plantear una estrategia de intervención social, proponer un modo de enfrentar la realidad, desarrollar un plan de intervenci6n intelectual capaz de reproducirse y desarrollarse críticamente. La cuestión no se agota en una versión de profesor o investigador simplemente capacitado a reproducir lo que ya existe, sino más bien se trata de postular la formación de un agente cultural que avance más allá de lo establecido y lo ya consagrado. Se liga con lo planteado, la cuestión de la formación metodológica, porque formación teórica y adiestramiento metodológico constituyen una unidad indisoluble: no hay teoría sin método y viceversa. Pero la cuestión del método proporciona e incorpora ciertos elementos específicos muy importantes en la formación de un intelectual. Por de pronto la formación metodológica permite romper con el conocimiento enciclopedista, y subvierte también la perspectiva puramente académica o aca-


demicista. Formar a un post-graduado es formar un metodólogo. Un sujeto capacitado para abordar problemas, para detectarlos, identificarlos, formularlos, priorizarlos, dividirlos en subproblemas, evaluarlos y también, y sólo por ésto, para proponer soluciones. Hablamos de método no sólo para investigar, sino también para planificar, para organizar un plan de estudio, para realizar un seminario, para evaluar a un estudiante: método es pues un recurso básico de todo trabajo intelectual. Incluso de la lectura. Porque, hablemos claro , hoy por hoy se lee muy poco y eso se refleja en la escritura y en la expresión oral. Un post-grado debe recuperar terreno en estos ámbitos. Se debe demandar una práctica de lectura sistemática, lecturas clásicas y lecturas de lo que hoy se produce. Pensemos que los propios trabajos de los comunicadores sociales se leen muy poco, más bien, no se leen entre los comunicadores sociales. El "pedigree" de los textos foráneos es imposible de superar desde la escritura y producción biblíográfica local. También se debe estimular una práctica escritural, pues existe una suerte de agrafia, de miedo a escribir, a que frena toda la posibilidad de desarrollo intelectual. Y pensemos además, que una formación metodológica, para que sea tal y no se transforme en una burda metodolatría, debe asentarse en el desarrollo de habilidades intelectivas básicas: en la capacidad para comparar, para develar supuestos, para formular un concepto, o un problema, para postular una hipótesis o desarrollar un pensamiento estructurado. Se desea formar un alumno crítico, sin embargo, no nos hacemos cargo de que la crítica constituye un rango superior de habilidad intelectual. Como señala Granisci, a propósito de lo dicho, "la universidad tiene la tarea humana de educar el cerebro a pensar de modo claro, seguro y personal librándolo de lo nebuloso y del caos en que amenaza sumergirlo una cultura inorgánica pretensiosa y confucionista." Es obvio que existen dificultades importantes que limitan las posibilidades de constitución y despliegue de los programas de post-grado, afines a las necesidades e Intereses que los inspiran. Pero ese es el desafío. América Latina trabaja siempre desde la carencia y sólo el esfuerzo y la voluntad permiten superar las dificultades que se presentan. Está por ejemplo el asunto de los recursos humanos y materiales. Faltan docentes calificados y dinero para financiarlos. Pero el propósito es justamente este: capacitar a nuevos docentes más calificados. Y entonces el post-grado debiera tener un efecto al interior de las propias escuelas, elevando el nivel de formación de los que ya existen, en especial el de los jóvenes. Pero también los recursos afectan a los estudiantes, no sólo en las limitaciones para adquirir textos, muchos de los cuales no se encuentran en el país, sino además, un post-graduante es ya una persona con compromisos que requiere trabajar o al menos autofinanciar sus estudios y que en fin, no puede tener una dedicación exclusiva a su formación como ocurre por ejemplo en Europa y EE.UU. Por lo demás, en América Latina no abundan los sistemas de becas, los cuales podrían contribuir de manera significativa en el desarrollo de los programas de post-grado. En estas condiciones, al estudiante no se le puede exigir dedicación exclusiva, normalmente las clases son a nivel vespertino, y por las actividades que los alumnos despliegan durante el día, no se les puede exigir mucho trabajo de estudio y de lectura. Con distintos acentos estas materias han sido debatidas en las reuniones técnicas de post-grado organizadas por la Federación, y lo que indicaría la experiencia es que se hace necesaria una planificación que racionalice los recursos y los horarios, la carga académica, los métodos de trabajo y de evaluación y de calificación, buscando optimizar al máximo el rendimiento. La experiencia indica también que cuando se obtienen buenos resultados -y se garantiza la obtención de buenos resultados- es posible desplegar las condiciones subjetivas más allá de lo que ofrecen las restricciones objetivas. Por otra parte, está la cuestión de la demanda formativa. En general, los postulantes a post-grado no representan un porcentaje numeroso y altamente calificado. Normalmente es muy diverso, pues procede de distintas disciplinas ajenas a la Comunicación Social. Es gente interesada pero que posee normalmente vacíos importantes en su formación.


Se ha discutido en este punto la cuestión de la nivelación y la creación de cursos que introduzcan rápidamente a los estudiantes en la problemática de la Comunicación Social. Esta es una opción importante que hay que considerar en el marco general de lo que se ha planteado en las páginas procedentes: De hecho, la noción de cursos introductorios es problemática, pues si se introduce solamente, ¿en qué queda la cuestión de la profundización y de la salida. Hay aquí una cuestión de contundencia y de solidez en la concepción curricular. También es complicada la cuestión de la evaluación en los post-grados., cómo evaluar, qué evaluar, cuántas veces evaluar y calificar, etc. constituyen materias no siempre bien resueltas y que reclaman un tratamiento serio, en donde las dinámicas de los estudiantes en términos de posibilidades, expectativas y necesidades deben ser suficientemente acogidas. El eje de esta preocupación la debiera constituir el afán por la producción intelectual del alumno, exigirles el desarrollo de hipótesis, de pequeños ensayos y propuestas teóricas, etc. En fin, se ha intentado identificar los grandes problemas que cruzan toda la concepción y puesta en marcha de los post-grados en Comunicación Social de América Latina. Hemos iniciado este artículo con la hipótesis de que ellos no se pueden evaluar, ni siquiera conocer en profundidad, y esto es muy cierto. Entonces de lo que se trata, es de que al interior de cada programa y de cada universidad, se trabajan estos asuntos, porque es la realidad específica que cada una de ellas tiene, la que tiene que constituirse en la fuente principal de cualquier estudio que pretenda hacerse cargo de estos programas. Las preocupaciones y reflexiones aquí desarrolladas buscan acoger los aspectos más relevantes que de manera recurrente se han venido planteando en el último período en los escritos y en las reuniones técnicas realizadas en el marco de las políticas de la FELAFACS.


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