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CELOS


#2 2 EUROS


FAKE, número 2. Primavera 2015 Textos: Ballerina Vargas Tinajero (Sevilla); Pedro Ferreira (Nerva, Huelva); Guillermo Arróniz, Meri Pas Blanquer y Justo Sotelo (Madrid); José Manuel Soriano Degracia (Alcañiz, Teruel); David Pujante e Isam Diab Lozano (Valladolid); Eloísa Otero, Ena Bolena, Ildefonso Rodríguez, Silvia Abad Montoliú, Toño Morala y Vicente Muñoz Álvarez (León). Imágenes: Antonio Martínez Mengual (Murcia). Diseño y maquetación: Daniel Caballero Molina. Equipo editorial: Irune Vidal Miguel, María Luisa del Riego Gordón e Ignacio Fernández Herrero. Coordinación: Carlos Pérez–Alfaro. Administración: Av. Lancia, 2, León. Depósito Legal: ISSN: Imprime: Gráficas CELARAYN Facebook: Revista de poesía FAKE Blog amigo: www.bebiendoversos.com

Antonio Martínez Mengual © Ángel Fernández Saura


Si vemos de manera invertida la película de algunas vidas rotas por la violencia, los celos fueron antesala de la muerte. Si el tema de partida de FAKE fue la muerte, esta segunda entrega nos lleva, a pesar de todo, en dirección a la vida. Emergemos de la sima en la que nacimos. Cuando propusimos el tema de los celos a las y los autores, hubo quien dijo que su tiempo de pasión patológica había pasado, o que nunca los habían sentido y no sabrían qué escribir, pero a los pocos instantes recogían el guante antes de que lo retiráramos y encontraban un recuerdo en su memoria negada. Y porque entendemos que los celos son del cuerpo pero que la obsesión posesiva por la piel ajena tiene más que ver con el poder que con Eros o el amor, ilustramos la edición con Odysseus, obra que nos ha cedido el pintor murciano Antonio Martínez Mengual y de la que tomamos trazos que evocan miradas, cuerpos, dagas, junglas y torbellinos. Las alegorías del mundo clásico nos ayudan a expresar valores vigentes incluso en esta sociedad nuestra del rendimiento. Y, por último, hemos de reseñar que el colectivo que edita FAKE se ha alterado: ha habido abandonos, aunque también sinergias nuevas. Dolor y goce, en fin.


EL HERMAFRODI TA VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

Le vi por vez primera en el interior de un carromato. Junto a otros de su especie exhibía impúdicamente su desgracia procurándose el sustento. Se decía que algunas parturientas modelaban desde su propio seno sus horrores para venderlos al nacer. Niños bicéfalos y acéfalos, potros con cabeza humana, seres medio hombre medio puerco, mujeres con tres manos, con serpientes en la espalda, con apéndices vivientes y pezuñas de cordero, se unían en un gremio malsano para explotar dolosamente su desgracia. Él, en cambio, era un hermafrodita enigmático y hermoso. Condensaba en su ser todo lo sublime, el misterio original del demiurgo y la creación. Y aunque a todos parecía repugnar, ejercía sobre mí un magnetismo inconciliable. Durante meses fui a verle todas las mañanas a aquel sórdido museo, agasajándole y mostrándole mi admiración. Después también él se enamoró y huyó conmigo de aquel antro terrible. Así comenzó una comunión perfecta cuya miel nos deleitó durante meses. Hasta la noche en que, consumido por los celos, terminé con su existencia ambigua al sorprenderle yaciendo consigo mismo en una contorsión repulsivamente obscena. De Marginales (EJE ediciones, 2008).


VERDE BALLERINA VARGAS


No la carne azul Ni la saliva que cambia de boca Y humea sobre la piel Ni el sexo que ladra Y se restriega Perro en celo Entre mis piernas Eres La rabia la impotencia que ve Cómo vuelvo después de la cena a mi casa a mi vida Con otro La música de circo triste de fondo La sombra verde que imagina Mientras se toca a oscuras Mi carne Mi saliva


CELOS GUILLERMO ARRĂ“NIZ

Poseo una viscosa charca ardiente que me posee con aguas punzantes; poseo unos deseos delirantes que dominan mi cuerpo brutalmente. Poseo este terror incandescente que pasa como tromba de elefantes y vierte en mis arterias mil bacantes beodas de la vid de la serpiente. Poseo esta quimera posesiva que deja el corazĂłn lleno de astillas; poseo este veneno en el que liba la sangre de infinitas pesadillas. Y al son de mi pavor la rabia gira, y creo poseerte y es mentira.


RECUERDO EL MAYO ETERNO DE TUS OJOS ISAM DIAB LOZANO Recuerdo el mayo eterno de tus ojos floreciendo en destellos alborados que amanecen sedosos en tu rostro atento a nuestros cuerpos enlazados, seducidos por un deseo erógeno que confunde tu aliento con el mío. Se alza mi mano por tu monte idóneo, y tu boca despierta en un suspiro. No tengo más abrigo que tus brazos rebasando, fogosos, mis fronteras, diluidas en posos pigmentados que recrean tu miedo y me condenan. Tus labios son testigos de mi pena astillada en palabras desahogadas cuando sube en tus ojos la marea e impunes tus pupilas se dilatan. Me oscurezco en mis párpados nublados, pétalos de enterrada negra malva. Anhelante de florecer, exhalo gritos desiertos sin rumbo en la nada. Los días tedio son y horas tendidas que se ahogan en llantos por ti, lejano, distante a la vida que te ofrecía muerta ya por el tiempo desangrado.

CANÍCULA PEDRO FERREIRA

“Lejos estaba el mar, añil puro”, Vicente Aleixandre. El sol a plomo sobre mis recuerdos derrocha fotones en el estío, hilos dorados que abrasan el alma. Tu silencio se me clava en la carne como un rastrillo que araña la tierra. Oh, azul mar, azul cielo, azul, siempre azul, azul deseado, amada azul, ausente alma de plata. Quietud. Todo está quieto, todo muere. ¿De repente alguien no yo aulló a tu lado? El sol alto. Nada se mueve. Nada. Sólo una sombra de poeta cruza. Nerva, agosto de 2007


Desvalida, escuchando lo que sé que no es cierto culpable de nada.

Lágrimas sagradas, como sal sobre las heridas, las mías, que caen sobre servilletas rojas como la sangre que te invade.

Close celos, los tuyos, cuando me insultas.

ENA BOLENA

CLOSE


En silencio escuchando tu amargura, rabia, ira, por tus celos. Cierra la boca, mi amor, CLOSE IT... No hablas tĂş... Tus ojos son otros, me asustas tanto... Hablas, y no eres tĂş mi amor, hablan tus CELOS.


TOÑO MORALA

CUANDO SONRÍES...

… hasta la belleza se cela… y atormenta los sueños de la aurora boreal.

CELOPATÍA Ya no tengo celos de ti, melancolía perdida… Tampoco de los sueños del ruiseñor… Ni de las nubes de terciopelo gris… Ya no tengo celos de las hojas que lleva el viento, Ni de los tallos desnudos de los olmos y de los tilos… Ni del violín que resuena a lo lejos en el horizonte altivo. No tengo celos del mar escondido en el acantilado olvidado, ni de la tierra viva que envuelve la mirada herida. Ya no regalo flores, porque ha muerto la primavera… Ya no tengo celos de ti… melancolía perdida… Solo me celo del corazón de un verso inacabado… Y del alma… y del alma ganada a la vida. Febrero de 2015-Inéditos de Toño Morala para “Celos” de FAKE


SOSPECHAR MERI PAS BLANQUER Sospechar que otros ojos pueden descubrir lo mismo que yo, sería, está siendo, digo, una muerte lentísima. Me percato cuando supongo sus uñas dentro de tu carne. Qué ahogo, qué agonía lenta es presentir que le taladras la yugular como a mí. Pero lo nocivo es figurarme otra boca restregándose contra tu sustancia añil de nube. Que descubra lo que yo sé y te descienda. Y tú te dejes. (Poema de Eróticos Desvaríos, 2013)


J. abre la puerta del dormitorio con un rápido movimiento sobre el que apoya todo el cuerpo, aún enervado por las sensaciones sofocantes que le ocuparon en un ir y venir ineficaz. El giro de la mano sobre el picaporte le tuerce ligeramente la muñeca, y esa molestia le acompañará, será un latido más en su interior durante las próximas maniobras sigilosas. Fue como si quisiera imprimir un impulso definitivo a toda la situación que le ha llevado hasta allí, tanteando en completa oscuridad las paredes del pasillo. Empuja la puerta a ciegas y siente un vahído, le parece perder peso al ajustar el cuerpo al movimiento de su acto en la negrura. Las tinieblas ceden, pero él, por un instante, no puede decidir de qué lado se encuentra; esa duda es momentánea, pues en todo lo que está pasando no hay mucha diferencia entre estar dentro o estar fuera. J. lo sabe y, sin embargo, algo imparable le ha llevado ante la puerta de esa habitación. Un chirrido de los goznes le disipa el mareo, su sabor acre (quizás producto de su serpentear por el pasillo, lento, entumecido, rematado por el vértigo de abrir la puerta) y ahora se queda clavado ante la oquedad, sin dar un solo paso, cuando su intención era dar dos muy rápidos y plantarse en medio de la habitación, el cubil (se le ocurre) de la alimaña que él está tratando de cazar. No le viene a la cara un aire más caldeado, como esperaba sentir, el tufo que desprende un durmiente, sus murmullos, la condensación de aliento y sueño ILDEFONSO RODRÍGUEZ en un lugar cuyas pequeñas dimensiones J. conoce muy bien. Le extraña esa falta y no está seguro de no haberse equivocado en su tanteo a lo largo del pasillo. Podría encontrarse en el umbral de la cocina o a punto de entrar en el taller del joyero cuya puerta está siempre cerrada con llave, pero tal vez no esa noche, por un olvido, por un puro azar. La duda y la sospecha de un error, que sería decisivo, se afianzan, le cercan; en el pensamiento de J. crece una noción confusa, algo pesado como la pieza de un mecanismo extraño, la imagen de un estanque cuyas aguas comenzasen a bullir en silencio. Le parece estar viendo a través de una lágrima que funcionase como una lente para mostrar brillos, motas de polvo, partículas fugaces que caen con sus colas plateadas. Son sensaciones que condensan toda la angustia que le provoca la situación. Se esfuerza por lograr una nueva inmovilidad y consigue que se diluyan los rastros de esa instantánea, la de su zozobra, recupera el sentido de los fines que hasta allí le condujeron. No ha cometido error alguno, se dice; sólo queda, después de tanto impulso y ceguera, alcanzar una seguridad, un hecho definitivo. Lo necesario para acabar de una vez con la obsesión fijada desde hace horas en lo profundo de su conciencia. A punto está del descubrimiento y su reacción será imprevisible; quizás se quede encogido, como si alguien le arrojara una piedra; pero también puede ser que gane un nuevo género de tranquilidad, una indiferencia que le permita volver sobre sus pasos, llegar hasta la cama que abandonó, encender un pitillo. En

ALTERNANCIA


realidad, J. ha sopesado cuidadosamente todas las posibilidades. Igual daría que los muros se volvieran porosos, que su cuerpo se empapase de una luz que brotara por mil rendijas. Las verdades potenciales que él imaginó en las pasadas horas le han otorgado ya una certeza, una seguridad descarnada. Cómo se pudo llegar a tales extremos, qué queda ya por decir. Pero se le impone el convencimiento de que no es la primera vez (ni será la última) que se encuentra en una situación así y todo le prueba que su fortaleza temperamental ha resistido ya golpes como el que está viviendo. En la oscuridad su diálogo interior se dilata, no encuentra límites. Estoy en la boca del lobo, se dice, en la misma boca del lobo, y el haber dado con esa imagen (quizás no era otra la que él vino buscando) le relaja, le hace el efecto de un calambre, una reacción saludable en su cuerpo entumecido. Con el mismo sigilo que puso en llegar hasta allí, emprende el camino de vuelta.

EL DESTINO

ILDEFONSO RODRÍGUEZ

La mujer que me trajo de la mano duerme en otro cuarto. Si me despierto antes del amanecer, tendré la sensación de estar separado del cuerpo, con la cabeza amoratada, como un péndulo sobre mí. En mi asfixia, estaré ante una pared muy blanca, sentado en un taburete, y ella me va dando a beber un jarabe espeso. Al no conocer los pasillos de esta casa ni cómo dar la luz, abriré una puerta errónea por buscar un sorbo de agua fresca, y entraré en la habitación donde nunca debí haber entrado.


LA VISITA DE LOS CELOS JOSÉ MANUEL SORIANO DEGRACIA

Estaba entretenido hablando con el silencio y no os oí llegar. Os sentasteis a mi lado, cansados, con el hambre atroz de quien engulle su propio nombre, como quien detiene al tiempo para coserlo a su sombra. Callados en mi voz yo fui la duda acaso el temor de perder mi vida, extraña, desnuda ya en esta ceguera donde nada parece decirme la verdad.

Y os convertisteis en eco de todas mis distancias, en locura, en la torpe búsqueda de un motivo que me diera la razón. Y entonces al sonar el teléfono, hablasteis: dónde, con quién has estado, si tú eres mi vida.


SILVIA ABAD MONTOLIÚ Me gusta tomar a personas libres de la mano y que me besen con los ojos abiertos, que me miren primero el ojo derecho, en llamas, después el izquierdo, aturdido, que de todo lo que tengamos los labios no valgan nada, que la ceguera venga después del beso. Había que hacer algo hermoso con este dolor, y de cada herida nació un pájaro. La calma es caminar sobre la línea blanca sin hundirse, la calma es tu ausencia, no buscarte. Una paloma picotea heces en la acera; todo sigue igual y sin embargo no es esta ya la piel que tocaste.


Lo primero que hizo al llegar a la oficina fue sacar las entradas por Internet. Tardó un tiempo en hacerlo; por lo visto era una obra muy conocida y todo el mundo quería escucharla. Deseaba regalarle algo especial. Sabía que a ella le gustaba esa música, y sería bonito que fueran juntos al teatro. Él no entendía demasiado de música, ni de arte, pero quería aprender. Habían pasado dos años desde la boda, y aún se preguntaba cómo había accedido a casarse con él. No sólo destacaba por la perfección de su cuerpo y su rostro, sino por su inteligencia. La mañana transcurrió con la monotonía habitual. Clientes que entraban y salían con los rostros afectados por la crisis, facturas sin pagar sobre la mesa, operaciones a medio cerrar, firmas huérfanas en cuentas corrientes casi vacías. A las diez y media salió a desayunar con sus compañeros, con los que llevaba tomando el mismo café de los últimos veintiJUSTO SOTELO cinco años. Luego las conversaciones acostumbradas, sobre los recibos de la hipoteca, los viajes de verano y esos kilos de más que empezaban a acompañar a las canas. Y también los comentarios sobre la belleza de su mujer, y la suerte que había tenido en encontrarla.

LA BELLEZA

Al mediodía se comió un bocadillo en un banco de la calle situado cerca de la oficina. No podía ocultar su felicidad. Cuando ese mismo sábado el tenor regaló un pañuelo a su mujer sobre el escenario del teatro, él se giró hacia ella en el estrecho palco de la última planta y no pudo evitar una sonrisa. Siguió observándola de soslayo mientras la música aumentaba en intensidad. Ella parecía feliz, envuelta por la historia y las hermosas melodías. De vez en cuando apretaba su mano con fuerza, y la dejaba así, junto a la suya. Era la mano de la mujer más hermosa que había conocido, una mujer deseada por todos, el sueño de cualquier persona. En el último acto comenzó a acariciar con insistencia el pañuelo y el cuello de su mujer. Y apretó con fuerza antes de lanzarse al patio de butacas.


cELOs

ELOÍSA OTERO

“Sus amores eran extraños amores: no tenía nada de enamorado, más que los celos” T. des Réaux “¿y si me forzara a no ser más celoso por vergüenza de serlo?” R. Barthes Para no hacerme daño, tendrás que cuidarte. Para no hacerte daño, tendré que cuidarme. G. Arenas

Como fragmento solo y vergonzante me oculto en el relato. Donde hay amor existe el querer… pero sé que no volverás, estás en otra parte. Y si vuelves, será para marcharte a menos que dé con esos hilos invisibles que nos unen y enredan para cortarlos, para que sin lastre eu tamén navegar!


EL DÍA QUE NOS VIMOS EN LA CALLE DAVID PUJANTE Para mi hermano Ernesto Sánchez-Gey, que convirtió Con el cuerpo del deseo en un ars amandi.

El día que nos vimos en la calle pareció todo aunar no sólo las miradas y empecé a confundir dos verdades distintas, dos mundos diferentes entre los que me he vuelto un viajero anhelante, yendo y viniendo hasta tu ardiente cuerpo. El entusiasmo aún nos atenaza, siendo todo del gozo en nuestras vidas. No podemos saber lo que no es del amor. Pero un fulgor de duda surge a veces. Son flores de un segundo que ennegrecen el sueño. Esta tarde, sin ir más lejos, cuando te he besado con ligereza torpe, ¡no sé bien por qué irreflexivo impulso!, tus ojos se han perdido en grises sombras,

el beso te ha sabido a rutina y has roto a llorar en mis brazos; se ha abierto por tan sólo un momento cruel una puerta al vacío; un convulso temblor me ha transitado el cuerpo y he puesto por testigo a un cielo que sereno contempla desde siempre los amores de esta insensata petición de amante: “¡No quiero ni un instante serenar mi locura, encorsetar mi ensueño y mirar hondo en ti y en mí para saber si mañana el engaño nos acecha!” (Poema del libro Con el cuerpo del deseo [1990], revisión de 2015)


ISAM DIAB LOZANO BALLERINA VARGAS VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ © Jr Vega

PEDRO FERREIRA

GUILLERMO ARRÓNIZ © Qviron Lethebain

MERI PAS BLANQUER ENA BOLENA

TOÑO MORALA © Carlos González

JOSÉ MANUEL SORIANO DEGRACIA SILVIA ABAD MONTOLIÚ

ILDEFONSO RODRÍGUEZ © Santos Perandones

ELOÍSA OTERO © Rafa Murciego

DAVID PUJANTE

JUSTO SOTELO

#2


Revista de poesía FAKE número 2. Celos  

Número agotado en la edición en papel. Depósito legal: LE-960-2014. ISSN: 2444-2917. Se han editado 6 números y una carpeta de arte.

Revista de poesía FAKE número 2. Celos  

Número agotado en la edición en papel. Depósito legal: LE-960-2014. ISSN: 2444-2917. Se han editado 6 números y una carpeta de arte.

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