Page 1

DECIRES

Página 1 – Blanca –

– 1 –


DECIRES

Página 2 – Blanca –

– 2 –


DECIRES

Decires Año III, N° 4, 2011 Número conmemorativo ISSN: 1659-4096

Revista del Ministerio de Reflexión de la Federación de los Frailes Menores Conventuales de América Latina (FALC) – MiReFALC –

Coordinador General: Fr. Dariusz Robert Mazurek

Consejo Editorial: Fr. Víctor Ml. Mora Mesén Fr. Roberto Tomichá Fr. Rogeiro Pereira Xavier

Editor: ORDEN

DE

FRAILES MENORES CONVENTUALES

Portada: Fr. Hernán Varas Toledo – 3 –


DECIRES

Página 4 – Blanca –

– 4 –


DECIRES

TESTIGOS DEL AMOR DE CRISTO POR SU PUEBLO

Mártires Franciscanos Conventuales en América Latina

– 5 –


DECIRES

Página 6 – Blanca –

– 6 –


Tabla de contenidos

DECIRES

Introducción AMAR HASTA EL EXTREMO DE DAR LA VIDA Fr. Marco Tasca. ............................................................................................

9

FRAY CARLOS DE DIOS MURIAS Mártir de la fidelidad y la caridad Memoria fraterna Fr. Miguel Ángel López. ..........................................................................

13

ALGUNOS PUNTOS PARA ENTENDER Y VALORAR EL MARTIRIO DE FRAY CARLOS DE DIOS MURIAS Fr. Carlos Trovarelli. ................................................................................

39

CASIMIRO CYPHER, SANTO SENCILLO Fr. Marcos Weaver. ...................................................................................

43

FRAY CASIMIRO CYPHER, OFM CONV. Siervo de Dios y de su Pueblo Fr. Enmanuel Barrientos. ........................................................................

57

TESTIMONIO SOBRE LA VIDA Y MARTIRIO DE LOS HERMANOS MIGUEL TOMASZEK Y ZBIGNIEW STRZALKOWSKI, FRAILES FRANCISCANOS MENORES CONVENTUALES Fr. Jarek Wysoczanski. ............................................................................

75

– 7 –


DECIRES

Página 8 – Blanca –

– 8 –


Introducción Amar hasta el extremo de dar la vida Fray Marco Tasca Ministro General OFM Conv.

Desde los primerísimos tiempos de la Iglesia dar la vida en testimonio de la fe en Jesucristo fue considerada la entrega más radical y bella que podía ofrecer un cristiano. La entrega de ‘los que lavaron sus vestes en la sangre del Cordero’ (Cf. Ap 22,14) es la que le ha dado un fundamento inamovible a la fe en el misterio de la Resurrección de los muertos. Una entrega que adquiere su sentido y esplendor por la causa del sufrimiento vivido, es decir Jesucristo y el Evangelio, y no por el sufrimiento en sí mismo. San Francisco de Asís deseaba ardientemente morir mártir por amor a Dios y a su Hijo Jesucristo, pero el Señor no le concedió esa gracia, sin embargo cuando el Pequeñuelo supo que cinco frailes habían sido martirizados en Marruecos, exclamó: ‘¡Ahora sí puedo decir que tengo cinco verdaderos hermanos menores!’ En el congreso celebrado en Tarata —Cochabamba— en el mes de julio de 2010, hemos meditado como familia franciscana conventual de América Latina, sobre el significado y el valor de la vida entregada, hasta el extremo, de cuatro de nuestros hermanos: fray Casimiro Cypher, fraile norteamericano asesinado en Olanchos, Honduras (1975); fray Carlos de Dios Murias, fraile argentino, asesinado en Chamical, La Rioja (1976); y los frailes polacos Miguel – 9 –

DECIRES


DECIRES Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, asesinados en Pariacoto, Perú (1991). Todos ellos entre los treinta y treinta y cinco años de edad ¡jóvenes! Desde Centroamérica hasta el extremo sur de Sudamérica el Señor ha bendecido toda América Latina con la sangre de nuestros hermanos. ¿Cuál misterioso designio de Dios se revela en estos acontecimientos, que a simple vista de una mirada humana parecen solamente una desgracia? ¿Cuál es la herencia espiritual y carismática que nos han dejado estos cuatro hermanos con sus entregas? ¿Cuál es la tarea que se desprende para nosotros Frailes menores conventuales en América Latina a partir de estos misteriosos dones? En primer lugar quiero rescatar una intuición maravillosa surgida en el Congreso: ¡fueron muertes fraternas! Entonces, salvaguardando los derechos y tiempos de nuestra Madre Iglesia para los oportunos reconocimientos, me estremezco de belleza al pensar en el “martirio fraterno” que pudieron vivir nuestros hermanos. Esta afirmación surge a partir del hecho que ninguno de ellos murió en soledad. Fray Casimiro fue asesinado junto a un grupo de campesinos, otro sacerdote y unas religiosas. Fray Carlos fue torturado y asesinado junto a otro sacerdote y en un contexto histórico y eclesial en el que con pocos días de diferencia también fueron asesinados un laico y el obispo de la diócesis de La Rioja. Fray Miguel y fray Zbigniew fueron asesinados juntos y en el mismo hecho fue asesinado el alcalde de Pariacoto y con pocos días de diferencia y en el mismo contexto fue asesinado el sacerdote Alejandro Dordi. ¡Muertes fraternas! Que nos confirman y nos exigen siempre más a un compromiso con nuestra vocación a la fraternidad minorítica. Fueron también muertes misioneras. Ninguno de ellos murió en su tierra de origen. Fray Casimiro había dejado su rico y poderoso país para vivir su vida consagrada y anunciar el Evangelio en la pequeña y siempre convulsionada Honduras. Fray Carlos había nacido en la cultural ciudad de Córdoba y se encontraba al servicio de la – 10 –


DECIRES diócesis de La Rioja intentando abrir caminos nuevos para la entonces joven Custodia Rioplatense. Fray Miguel y fray Zbigniew partieron de la Europa del este y transitando caminos de ripio y piedras, a pie o a lomo de burros, sembraban su vida y el Evangelio en las encumbradas Cordilleras Negras del Perú. Por el misterio de la Encarnación Dios salió de sí mismo hacia la humanidad, se abajó, para venir a nuestro encuentro, donarnos su amor, para hacernos el bien. Primer y esencial fundamento teológico para la misión: salir, movilizarnos hacia, ir al encuentro de, con el objetivo primordial de hacer el bien, de donar el don de la fe y de donarnos totalmente. La razón específica por la que fueron asesinados es otra preciosa herencia evangélica para nosotros. Fray Casimiro fue asesinado por su solidaridad e interés por los pobres. Simplemente fue a ver por qué estaban detenidos algunos campesinos y si los podía ayudar de alguna manera, entonces fue detenido y asesinado junto con ellos. ‘Lo que hagan por el más pequeño de mis hermanos a mí me lo hacen’. (Cf. Mt 25,31-46). Fray Carlos era un heraldo de la justicia, con el anuncio evangélico y con la denuncia profética. Unos campesinos se encontraban ante el riesgo de perder sus grandes extensiones de tierra, heredadas de generación en generación, sin documentación alguna, a manos de señores que venían de la ciudad con papeles, sellos y títulos ilegítimos. Nuestro hermano se puso del lado de los campesinos, creando conciencia y denunciando los abusos. ‘Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos’. (Mt 5,10). Fray Miguel y fray Zbigniew anunciaban explícitamente y con pasión denodada el Evangelio de Jesucristo, por medio de la enseñanza de la Palabra, de la catequesis y de los sacramentos. En el pretendido juicio popular que le hicieran los guerrilleros de Sendero Luminoso en la plaza de Pariacoto, ellos mismos establecieron como una de las razones para ejecutarlos: ‘Anuncian el Evangelio y enseñan la religión que es opio del pueblo’. ‘¡Ay de mí si no evangelizara!’. (1 Cor 9,16). – 11 –


DECIRES Agradezco a Dios y a los frailes que han colaborado para que tengamos hoy en nuestras manos este libro que rinde justa memoria y homenaje a nuestros cuatro hermanos. ‘El que olvida está condenado a repetir su pasado’. Este libro es un instrumento que nos ayuda a recordar, a aprender y a seguir soñando. Ofrecemos la vida y la entrega de nuestros hermanos en manos de Dios y de nuestra santa Madre Iglesia, augurándonos que puedan ser reconocidos como ejemplos y modelos de cristianos para todo el pueblo de Dios. Ad maiorem Dei gloriam!

– 12 –


DECIRES

Fray Carlos De Dios Murias Mártir de la fidelidad y la caridad Memoria fraterna Fr. Miguel Ángel López, OFM Conv.

La corta existencia terrena de Fray Carlos está circunscripta a muchos hechos históricos, sociopolíticos y eclesiales, sin los cuales es imposible acercarse e interpretar objetivamente su testimonio martirial. 1966, el año del ingreso de Carlos a la Orden, fue trascendental en la vida de la Iglesia Argentina. En Diciembre del año anterior había finalizado el Concilio vaticano II y sus ecos estaban movilizando e incidiendo fuertemente en la realidad eclesial argentina. La frágil democracia es nuevamente herida y el 29 de junio es depuesto el Presidente Arturo Ilia por un golpe militar al mando del General Onganía. En Córdoba, provincia de origen de Carlos, el 7 de septiembre se iniciaron grandes manifestaciones estudiantiles y el día 12 se constató la trágica muerte de un joven universitario: Santiago Pampillón.

El contexto familiar Carlos pertenecía a una clásica familia cordobesa de clase media acomodada: los padres y cuatro hermanos. Tres mujeres mayores y él, el menor, único varón. Habitaban en el céntrico y antiguo barrio de General Paz. – 13 –


DECIRES Su padre tenía campos en San Carlos Minas, en las cuestas de las hermosas y fecundas sierras cordobesas de La Falda, camino al Norte Argentino. Esto hizo que viviera su infancia en el pueblo de “Villa Giardino”, donde su madre docente ejercía como Directora de la Escuela Pública. Su Padre fue un viejo político radical, muy conocido y respetado en la región. Sus tres hermanas son profesionales. La mayor (Eve) médica, la mediana (Cristina) abogada y la menor (Marta) contadora. Carlos fue el “benjamín” de la casa. Frecuentó la escuela primaria en Villa Giardino, en el Colegio privado de las hermanas de la “Virgen Niña”, a las que siempre siguió afectivamente ligado. Su Secundaria la cursó, como los jóvenes de la aristocracia cordobesa y de las poblaciones del entorno, en el célebre y conocido Liceo Militar General Paz. De allí salió graduado como cadete militar. Frecuentó luego la prestigiosa Universidad nacional de Córdoba durante dos años, estudiando en la facultad de ingeniería. Durante estos años frecuentó la parroquia Universitaria “Cristo Obrero” , como todos los jóvenes inquietos de su tiempo. Esta experiencia lo marcó para el resto de sus días, dando inicio a un deseo de mayor entrega y servicio hacia los demás a la manera de Jesús. Deja la carrera universitaria y se retira a trabajar con los peones en el campo de su padre. Allí, en el silencio del campo y reacomodando las imágenes parentales, fue elaborando esa fuerza irresistible que terminó conduciéndolo a la vida consagrada.

El contexto de la iglesia de Córdoba Fray Carlos vivió su adolescencia y primera juventud en medio de una vibrante y fogosa efervescencia en la iglesia cordobesa, seguida de una serie de conflictos, sobre todo, en la persona de los sacerdotes encargados de la pastoral juvenil y universitaria. Para comprender el alcance de su mirada, daremos un breve pantallazo de este contexto sin el cual es imposible entender la perspectiva que marcó la vida de fray Carlos de Dios. – 14 –


DECIRES El primer conflicto se generó por el uso de la sotana después del 1955, período en el que muchos se la debieron sacar a raíz de la persecución política. Se interpretaba este gesto como una oposición a la institución. En realidad los sacerdotes veían esto como una identificación, un acercarse al pueblo pobre y humilde. No querían diferenciarse para no crear distancia. La sotana, para ellos, era signo de prestigio y de poder. Un segundo conflicto se originó a raíz del cambio de línea del seminario, en torno al 1960. Aparecen tres figuras claves en el alineamiento de las nuevas sensibilidades. Eran tres profesores del seminario con fuerte influencia en el estudiantado. El padre José Gaído, Nelson Dellaferrera1 y Elvio Vaudagna. Estos sacerdotes se manifestaban cercanos a la clase obrera y sobre todo a ala C.G.T. Cordobesa y a un plan de lucha iniciado en 19642. Sus declaraciones serán apoyadas por una “solicitud” firmada por treinta sacerdotes de Córdoba. Gran incidencia tuvo la adhesión del Padre Milan Viscovich3 declarando abiertamente que: “Entre la iglesia de la Bolsa de Comercio y la iglesia de la C:G:T: me quedo con esta última”. La crisis no sólo se dio en las bases sino también en sus cabezas. El Arzobispo Monseñor Aron Castellano quedó inquieto y preocupado por las declaraciones. El obispo auxiliar Monseñor Angelelli salió a respaldar públicamente a los tres sacerdotes profesores del seminario defendiendo su “fidelidad, dignidad y moral espiritual”. El 25 de mayo, fiesta patria, el Nuncio Apostólico visitó la ciudad. El clero, en su mayoría, bajo presiones de todo tipo, terminó por alinearse con el arzobispo Castellanos, a quien el Nuncio da un público espaldarazo4. _______________ 1. Había afirmado “anhelar una profunda y urgente renovación y trabajo por una iglesia pobre y evangélica, no configura herejía, cisma o rebelión ante la jerarquía”. 2. La crisis se origina a raíz de tres reportajes que estos presbíteros dan al diario local “Córdoba”, sobre la cuestión social y la educación en la Iglesia postconciliar.” 3. Decano de la Facultad de ciencias sociales de la Universidad Católica de Córdoba. 4. Esta historia la describirá con lujos de detalles un joven escritor de la ciudad con el titulo “La cruz invertida”. Ese joven escritor es hoy uno de los más populares de Argentina: Aguinis.

– 15 –


DECIRES Los profesores son removidos del seminario. A Gaído y Dellaferrera se los traslada a la Parroquia de Cristo Obrero, con la misión de convertirla en Parroquia universitaria. Se Desarrolló rápidamente en un dinámico centro de reflexión y pensamiento social cristiano que se situó en la línea aperturista del Vaticano II y de la opción por los pobres. Estos encuentros se desarrollaron en tres lugares de la ciudad: en “Cristo Obrero” y en los barrios populares “Los Plátanos” y “Bella Vista”. Se les agregaron los presbíteros Carlos Furganti y Erio Vaudagna. La Parroquia Universitaria era la que más gente atraía y concentraba, sobre todo, para escuchar las reflexiones del P. Gaído. Allí se fueron tejiendo las relaciones y el dialogo entre jóvenes católicos de compromiso eclesial y jóvenes de tendencia marxista, siempre en el ámbito universitario. Un tercer momento de conflicto, generalizado en la ciudad y en la iglesia, se dio a partir del 18 de agosto de 1966, cuando los estudiantes hacen una huelga de hambre y toman la parroquia en protesta por la intervención y represión en la universidad por parte del Gobierno militar del General Onganía. Se trataba de 72 jóvenes estudiantes provenientes del “Integralismo5 Católico”6. En esta rebelión eran apoyados por lo “párrocos” de la ciudad y un amplio círculo de estudiantes. En una solicitud exigían la renuncia del Ministro del Interior7 y del Rector de la Universidad de Córdoba. Proponían, además, que las autoridades y profesores designar gozaran de “autenticidad moral” y de “autoridad intelectual”. Pero el núcleo de sus protestas giraban en realidad en torno a una mayor y efectiva participación de los estudiantes en el gobierno de la universidad y en la transformación _______________ 5. Algunos lo definen “integrismo”. 6. Este movimiento se originó con estudiantes católicos de la Universidad Nacional después de la caída de Perón en el 1955. Se caracterizaron en torno al debate sobre la enseñanza laica o libre. Este grupo era defensor aguerrido de la enseñanza libre propiciada por la Iglesia. A esta altura de los acontecimientos sociopolíticos de la argentina y de la vida de la Iglesia, estaba dando un giro copernicano pasando del “conservadorismo católico” hacia el “nacionalismo de izquierda” cercano al peronismo popular. Eran jóvenes con amplia participación en la toma de las facultades de Córdoba y en la lucha a favor de los reclamos de la C.G.T. declarándose “cristianos y revolucionarios”. 7. Enrique Martínez Paz.

– 16 –


DECIRES dentro de nuevas claves ideológicas : “una Universidad identificada con las aspiraciones del pueblo y al servicio de los intereses nacionales”. Tanto el padre Gaído, como Dellaferrera, manifestaban que esto no era violencia contra el templo, ya que era la Sede de la Parroquia Universitaria, y que estaba al “servicio de la población estudiantil”. A los dos días los visitó el nuevo arzobispo Monseñor Raúl Primatesta8, sin lograr que la huelga se levantara9. A mediados de septiembre se suscita un cuarto momento de conflicto. Trasciende que Monseñor Primatesta ha removido de sus cargos a los sacerdotes de la Parroquia Universitaria de Cristo Obrero y ha sancionado al Padre Alberto Rojas10 por haber celebrado un oficio religioso durante la ocupación. Los Padres Gaído y Dellaferrera se despidieron con una extensa carta en la que informaban y denunciaban la interrupción de esta experiencia evangélica que subrayaba la igualdad de todos los hombres. Debemos tener presente que en los dos años de universitario y en los del liceo Militar, Fray Carlos había tenido una fuerte relación con estos sacerdotes y estas ideas, sobre todo con el Padre Rojas.

El Movimiento Estudiantil Católico de Córdoba Después de estos sucesos, la masa estudiantil tomó distancia de estos lugares y se unió en el “Movimiento Universitario Cristo Obrero”, formado por los ex integrantes de la parroquia Universitaria (el MUCO). El MUCO fue integrando nuevos miembros, sobre todo de las filas de los jóvenes de la democracia cristiana que comenzaban a hacer una relectura crítica del pasado antiperonista y de las decisiones de sus mayores. _______________ 8. Monseñor Castellano ya había sido removido y sustituido por Monseñor Primatesta. 9. En realidad su éxito fue disminuyendo y en los inicios de septiembre ya se había levantado. Todo se agudizó debido al hecho que asesinato del estudiante Santiago Pampillón herido en la vía pública. 10. Capellán del célebre y prestigioso liceo militar de la Ciudad.

– 17 –


DECIRES Las actividades se llevaron a cabo en las Parroquias de “Los Plátanos” y de “Bella Vista”, antiguas colaboradoras de Parroquia Universitaria. Se dedicaron a un “trabajo de base” que desde la Universidad se extendía a las fábricas y a las barriadas populares. En 1967 se constituyeron en la “Agrupación Peronista Lealtad y Lucha”. Aquí encontramos la presencia del sacerdote P. Elvio Alberione y de los ex integrantes de la Democracia Cristiana Luis Rodeiro y Hector Bruno, así como a Raúl Hector Guzzo de Conte Grand, hijo de un coronel vinculado al General Lavalle, fusilado por el gobierno militar en junio de 1956 en Buenos Aires.

Cristianismo y Revolución Fue una publicación que ayudó mucho a la difusión, conocimiento y asimilación en el mundo intelectual del pensamiento de esta generación universitaria católica. Tuvo su origen en Córdoba, justamente en septiembre de 1966, en plena crisis de la ocupación y cierre de la parroquia universitaria. La fundó un ex seminarista de la arquidiócesis de Buenos Aires, Juan García Elorio, que se integró rápidamente en el ámbito del mundo Universitario del catolicismo combativo de Córdoba.

La Universidad Católica y el A.E.S. La agrupación “Estudios Sociales de Córdoba” era una organización estudiantil de la Universidad católica. Muchos presbíteros, simpatizantes de las nuevas ideas, eran profesores de la misma. La temática que muchas veces se trasmitía, era la conciencia de la “ corresponsabilidad de todos ” en lo que pasaba en la Nación y en los sufrimientos del pueblo. Las actividades se llevaban a cabo en “ cursos ” y “ campamentos de trabajo ”. Muchos jóvenes que participaban de estas experiencias se iban integrando y alineando a “ Lealtad y lucha ”. – 18 –


DECIRES En octubre de 1968 publicaron un Manifiesto en el que condenan el sistema liberal-capitalista y definen la “violencia” desde diversas perspectivas: “La violencia de abajo no es más que la respuesta a una violencia ejercida desde arriba”. En el período previo a la Conferencia Episcopal Argentina que se había propuesto traducir “Medellín” para la realidad Argentina, la agrupación emite un Segundo Manifiesto11. Ya no sólo se cuestionaba el sistema y subrayaba la opción por los pobres, sino que se replanteaba la presencia de la Iglesia en ciertos ambientes de la educación. Los religiosos deben dejar de ser “sirvientes de los niños bien” y las religiosas “comerciantes de su misión”. Se replanteaba la ideología de los centros culturales de educación y la realidad de la subvención a la escuela privada frente al abandono de la educación popular y pública. Si el A.E.S. era el fermento transformador en el ámbito de la Universidad Católica, el “Integralismo Nacionalista católico”, lo era en el ámbito de la Universidad nacional. Ambos movimientos articulaban sus actividades, sobre todo cuando se trataba de movilizar actos en la vía pública. Esta era la realidad del mundo universitario y juvenil de Córdoba, del que provenía Fray Carlos de Dios.

Referentes fundamentales Entre las figuras más significativas que marcaron fuertemente a Fray Carlos de Dios, están: 1) EL Padre Alberto Rojas. Sacerdote comprometido con los jóvenes. De vida austera y entregada a los más pobres. El obispo de La Rioja Monseñor Enrique Angelelli. Carlos conocía de muy joven a esta figura porque era del clero de Córdoba. Lo había tratado en la Parroquia de Cristo Obrero en la época del Padre Rojas, donde frecuentaba como estudiante universitario. Siendo obispo auxiliar de Córdoba visitaba la zona territorial de San Carlos Minas de donde provenía su familia. Su figura le era no solo conocida, sino familiar. Será él quien lo ordenará sacerdote en la Parroquia Nuestra Señora de Las Gracias de Buenos Aires. _______________ 11. Abril de 1969.

– 19 –


DECIRES Un hermanito de Foucold, Padre Arturo Paoli. De origen italiano que provenía de las filas de la acción católica italiana y tenía una cercanía muy grande con Paulo VI. El testimonio de este religioso, inserto en medios rurales con la paisanada y con los aborígenes, patentizaba con mucha evidencia lo que habían sido los orígenes de la vida franciscana en los tiempos de San Francisco. Las lecturas preferidas de Carlos eran: “En el corazón de las masas” de Renè Woillaume; “La existencia auténtica” de Ignace Leep; Oraciones y Textos de Teilard de Chardin.

La memoria fraterna. Espejo de una experiencia En este período de su vida, conocí a Fray Carlos de Dios, allá en el lejano otoño de 1966, en una soleada mañana de marzo, a la sombra del gran ombú, símbolo icónico de una época. Era el día de nuestra vestición e inicio del Noviciado. Fue un encuentro aparentemente fortuito. La coincidencia de apellido con un conocido mío hizo suponer que era una visita para mí. Así el Padre maestro Fray Andrés Pitaco me permitió ir al encuentro de este joven que acababa de llegar para participar a la ceremonia religiosa. Fue suficiente acercarnos un poco para darnos cuenta que no nos conocíamos y que todo era fruto de un mal entendido. Él no conocía a nadie y solo sabía de la ceremonia. Yo no lo conocía y pensaba que se tratase de otra persona. Así bajo la sombra de ese querido ombú, tuvimos nuestro primer encuentro. Este joven cordobés, pequeño de estatura, cordial, rápido en el pensamiento, con la típica picardía cordobesa, había sido invitado a la vestición por dos frailes que había conocido en Embalse Río Tercero, con ocasión de una “Mariápolis” que en aquellos tiempos organizaban los Focolarinos. Estas actividades eran frecuentes en esos tiempos y con mucha participación de fieles. Se trataba de los Padres Juan Carlos Gianello y Livio Leonardi. Los había conocido allí y como estaba en un tiempo de búsqueda e inquietudes, ellos lo invitaron a participar. – 20 –


DECIRES El diálogo fue breve y sustancioso, aún lo recuerdo con claridad. Me habló de su deseo de participar en este evento, totalmente nuevo para él, así como de sus inquietudes. Subrayó el desconcierto que le suscitaban ciertas actitudes de la Jerarquía, la crisis de la Iglesia en Mendoza, así como de las inquietudes de los cristianos en Córdoba. Recuerdo que su breve exposición me desconcertó. En realidad, con el tiempo lo comprobé, no estábamos informados de lo que estaba pasando en la Iglesia argentina y la formación que recibimos era completamente diversa, diría —más bien— radicalmente distanciada en sus contenidos respecto a los que él expresaba de su experiencia universitaria y juvenil. El tiempo nos haría comprender que lejos estábamos, de lo que en realidad estaba pasando en nuestra tierra y en nuestra Iglesia. Nos volvimos a encontrar seis meses después en el noviciado. Vino con otros dos compañeros a iniciar, primero el postulantado y luego el noviciado. Compartimos seis meses inolvidables. La diversa formación y los diversos procesos hacían que fuésemos cercanos y distantes a la vez. La nuestra fue una amistad que no coincidía en las ideas, pero sí en los vínculos. Yo provenía de una familia sencilla, marcada por el catolicismo popular y el pensamiento peronista. El provenía de una familia acomodada, bien estante, y con una fuerte marca radical antiperonista. Conservo la última carta que me envió a Italia en la que me dice: “estarás contento, como siempre decías: Perón Vuelve”. Esto no impidió una estrecha y cálida relación. Eso sí, fue causa de innumerables y acaloradas discusiones y charlas amenas en la terraza del noviciado en Montevideo. Fuimos confidentes en cosas del orden espiritual y familiar. En su profesión religiosa me pidió que hiciese de “maestro de ceremonias”. Compartimos juntos los dos años de Filosofía frecuentando el centro de estudios de los Frailes Menores de Padua. Pasé unos días de vacaciones con él en su casa, creo que fui el único, y él pasó conmigo mis dos últimos días de familia antes de viajar a Italia para los estudios. No pude estar por esto en su profesión Solemne ni en su Ordenación. – 21 –


DECIRES Previamente a mi partida, compartimos una misión en la Patagonia, concretamente en Ñorquinco. Una experiencia inolvidable. Llena de tantos sueños e ideales de aquella época. Vivimos y experimentamos la injusticia, la opresión y la pobreza de aquella gente abandonada en el desierto patagónico. Fuimos invitados por los aborígenes del lugar a su centenario rito religioso, el “Lonco meo”, al que participamos con respeto y curiosidad. Soñábamos y anhelábamos tantas cosas. Nadie podía imaginar los feroces tiempos que se vendrían.

Tiempos de sueños y esperanzas Los años siguientes fueron tiempos de sueños y esperanzas. El fervor post conciliar, el dinamismo impulsor de Medellín: “reivindicar la presencia y protagonismo de los pobres en la Iglesia “, se hacían sentir cada vez con mayor fuerza. Muchos sacerdotes, religiosos y fieles concientizados comenzaban a insertarse en los medios rurales y populares. Los pobres eran promovidos para ser protagonistas eclesiales y no solo receptores de la fe y la caridad; se percibía intuitivamente eso que en el Concilio se llamó “La Iglesia de los pobres”. La Conferencia Episcopal Argentina, para la aplicación de Medellín, había elaborado un Documento significativo llamado popularmente Documento de San Miguel, por ser el lugar en el que se habían reunidos los obispos argentinos. Allí delinearon algunas pautas y concreciones del Documento de Medellín.

Relectura de un carisma Esta efervescencia eclesial y este crecer en la sensibilidad hacia los más desposeídos, le hacía consolidar a Fray Carlos de Dios su vocación franciscana. Se veía y se sentía profundamente identificado con el ideal franciscano, pero no en esos clásicos y tradicionales conventos, en su mayoría – 22 –


DECIRES convertidos en parroquias, sino en fraternidades insertas en medios populares: recreando el calor y la simplicidad del carisma franciscano, como Clara y Francisco lo habían soñado y vivido en los orígenes de la Orden. Él deseaba un nuevo estilo de minoridad y misionariedad que recuperaran el ardor inicial y respondiera a la sed de Dios de nuestro pueblo. Una misionariedad que se concretizara en promover y acompañar el andar de los pobres. Buscaba ser parte de ellos, uno entre ellos, compañero de camino. Esto implicaba, evidentemente, sugerir el cierre de algunas presencias u obras para orientarse hacia otras.

De profunda mirada Esta sutil sensibilidad, que Dios concede a almas especiales, no suele ser comprendida por la mayoría, que más bien se desconcierta ante novedades que puedan poner en crisis la seguridad que dan los proyectos institucionales. Es lo que caracterizó siempre a esas figuras de “larga mirada”, llamadas “proféticas”. Solo son comprendidas con el pasar del tiempo, cuando los “signos” demuestran la veracidad y objetividad de sus afirmaciones. Son como lámparas iluminadoras en las sombras y oscuridades de la historia humana, a veces de la misma historia eclesial.

Experiencias iniciales Dentro de esta perspectiva y tratando de responder a los nuevos rumbos de la historia, la provincia religiosa de los Franciscanos Conventuales de Argentina-Uruguay favoreció la inserción de los estudiantes en barrios populares. Un tiempo en San Miguel cerca de la Facultad de Teología de los padres Jesuitas; en La Reja, una barriada de Moreno; en Lanzóni, una barriada de José León Suárez, y un intento en el barrio Los Patitos de Hurlingam, frustrado por el golpe militar de 1976. – 23 –


DECIRES Fray Carlos de Dios tuvo así la posibilidad, muy significativa ciertamente para él, de vivir algunos años de su formación (en realidad los últimos) en una pequeña comunidad, compartiendo con sus hermanos estudiantes una casa en un barrio popular.

Su sensibilidad En su corta vida sacerdotal Fray Carlos transitó por varios conventos. En José León Suárez, una pequeña población de mayoría inmigrante, donde se entrecruzaban italianos, españoles, alemanes, en el cono urbano del gran Buenos Aires. En esos tiempos el pequeño poblado se iba convirtiendo en una gran masa de pobres y marginados que iban ocupando los terrenos bajos y pantanosos del fondo cercano al río reconquista, constituyendo esas barriadas que fueron creciendo y formando un cordón humano de pobres alrededor del Gran Buenos Aires. Muchos adultos —jóvenes en aquel tiempo— recuerdan hoy la insistencia de Fray Carlos por salir al encuentro de aquellas personas y sus necesidades: se embarraba y “nos hacía embarrar”, recuerdan estos testigos de aquellas épocas. Los invitaba a que se comprometieran como cristianos. Los viejos habitantes de Suárez no veían con simpatía a los nuevos pobladores. Se percibía la tendencia a remarcar hijos de europeos e hijos de indios o nativos. Las barriadas eran los del interior, que buscaban futuro en la gran ciudad. Eran los “cabecitas negras” como despectivamente los llamaban. Esta actitud de meterse en el llano de la barrida le ganó la simpatía y el cariño de los pobres, pero también, la incomprensión y el desacuerdo de algunos hermanos. En el seminario de Moreno fue nombrado asistente del Rector en el acompañamiento de las nuevas vocaciones. También allí no solo trasmitió ese espíritu a los jóvenes, sino que también se dedicó a visitar los pocos habitantes muy humildes que estaban más cerca. Le gustaba trabajar con los jóvenes y tenía mucha entrada entre ellos. Tocaba muy bien la – 24 –


DECIRES guitarra y tenía una hermosa voz, segura y melodiosa, con tinte de misticismo. Sufrió mucho cuando lo trasladaron del Seminario a Suárez.

Un deseo constante Fray Carlos, junto a algunos de sus jóvenes hermanos, fue manifestando el deseo de una presencia franciscana distinta a las existentes. No querían reducir la experiencia de inserción solo tiempo de la formación. Anhelaban una presencia estable y comprometida con el más empobrecido. Una presencia que se radicara en la cultura humilde de los pobres. En síntesis, soñaban recrear el franciscanismo asumiendo el espíritu de los orígenes y encarnándolo en las formas de marginalidad que estaban emergiendo socialmente. Reiteradas veces solicitó el permiso para llevar adelante este deseo. No encontró la esperada respuesta afirmativa de sus superiores, quizá por su joven edad o porque no lograban llegar a captar la profundidad de sus deseos. Correspondía discernir si se trataba de un puro impulso juvenil o de un sincero impulso evangélico. Esta reticencia de los superiores no amainó nunca su espíritu. Cada tanto recibía permiso para ir a hacer una breve experiencia. Esto le permitió compartir algunas semanas fuera con el padre Arturo Paoli, fuera con Monseñor Angelelli, en las tierras Riojanas. Se interesó siempre en mantener estos contactos. Cada vez que podía se encontraba con ellos. Esto le reconfirmaba su ideal y fortalecía sus esperanzas.

Abriendo caminos Finalmente, después de tanta insistencia, logra obtener el permiso de ir a La Rioja a hacer una experiencia en miras a visualizar donde se pudiera concretizar ese anhelado sueño. El obispo lo colocó provisoriamente en Chamical. – 25 –


DECIRES Monseñor Angelelli había manifestado varias veces el deseo que los franciscanos se hiciesen cargo de toda la zona de “los llanos” por ser la más pobre y descuidada de La Rioja. De hecho ya los franciscanos capuchinos estaban en la ciudad de Olta y atendían una vasta zona.

El contexto de la iglesia riojana

El ambiente eclesial La Iglesia de La Rioja vivía un clima claramente persecutorio y hostil por parte de las autoridades militares que dieron el golpe más cruento de la historia Argentina en el año 1976. El Proyecto Pastoral llevado adelante por el obispo: Pastoral de Conjunto, opción por los pobres, concretizada en vicarías pastorales , promoción del laicado con la creación a de agentes pastorales, una iglesia corresponsable en actitud de servicio , una organización pastoral del campesinado, organización de cooperativas agrarias, sensibilidad ante la explotación de las tierras, educación, promoción de los derechos humanos y de los niños, en fin, una Iglesia en “estado de Asamblea”, molestaba y disgustaba a las autoridades y por lo tanto las presiones se hacían sentir de mil maneras.

Hechos precedentes En los días precedentes a Pascua llevaron presos a dos franciscanos capuchinos de Olta: P. Eduardo Ruiz y el Hermano Pedro, dejando a los fieles sin sacerdotes en esos días tan importantes para la feligresía católica. Controlaban y llevaban detenidas sin motivos y sin explicaciones a las religiosas. Monitoreaban quiénes entraban o salían desde o hacia Buenos Aires. Llamaban a los sacerdotes para hacer indicaciones sobre los contenidos de sus predicaciones insinuando lo que debían decir. – 26 –


DECIRES Los sacerdotes de Chamical Padre Gabriel y Fray Carlos de Dios fueron citados junto al Padre Francisco decano de la zona para recibir indicaciones sobre lo que se debía decir a los fieles respecto a lo que sucedía con los frailes de Olta. Es decir, se les pedía que mintieran y ocultaran la verdad. Todo se gestaba desde la base aérea distante pocos kilómetros de la ciudad de Chamical. La base era el centro de operaciones y persecución de la Iglesia en los llanos riojanos. En la capilla de la base se dio incluso un serio altercado entre el obispo y el jefe de la misma, a raíz del contenido de la predicación. Lo que provocó el “interdicto” por parte del obispo. Lamentablemente los capellanes y el obispo castrense estaban del lado de los militares.

El trágico 18 de julio Los hechos se inician ese día alrededor del medio día. Las hermanas de Chamical, religiosas de San José y los padres habían decidido tomarse un día de descanso a ir a almorzar al campo a la “Aguadita” unos 7 km de Chamical. Hacia el mediodía los padres reciben unos visitantes del gobierno y mantienen una conversación con ellos. Las autoridades estaban molestas por dos cosas: la defensa que hacen del obispo y sus curas presos, y por las cooperativas agrarias que implicaba unos campos, que eran del interés de algunos personajes importantes de La Rioja y Córdoba, muy vinculados a las autoridades militares. Se les intimida que se callen o las cosas se pondrán peor para ellos. En el fondo se los quiere amordazar para que la población no se enterase de lo que estaba pasando y fuera engañada por las versiones oficiales de los hechos. Por la tarde, el Padre Carlos celebró la Eucaristía en la Parroquia. Durante la homilía, que ciertamente era seguida por los infiltrados de la base, el Padre Carlos de Dios dijo una frase que luego adquirirá todo el peso y la hondura Podrán acallar la voz del obispo y al Padre de su sentido: “Podrán Carlos, pero nunca podrán acallar la Palabra de Dios Dios”, agregando:: “más vale morir joven y haber hecho algo por el evangelio, que morir viejo sin haber hecho nada” nada”. – 27 –


DECIRES A la noche, los padres fueron a cenar a la casa de las Hermanas que dista unos 100 metros del templo parroquial. Fue durante la cena que se presentaron unos hombres en uno de los célebres Ford Falcon, con documentación de la Policía Federal que les pidieron hablar con ellos. Después de un breve coloquio los invitan a acompañarlos a la ciudad de La Rioja, para aclarar la situación de algunos fieles y sacerdotes detenidos. Ellos comunicaron esto a las hermanas y se prepararon para ir. Sin embargo, algo sospechaban. Fray Carlos le dijo a una hermana: “recen fuerte, si a la mañana no nos encuentran avisen enseguida al obispo”. Nunca más los vieron. Todo hace suponer que fueron llevados a la base, allí los interrogaron, luego fueron conducidos a las afueras de Chamical y en un terraplén junto a las vías del ferrocarril fueron ejecutados con las manos atadas con una cuerda. Al Padre Gabriel le tiraron al pecho y a Fray Carlos de Dios en la cabeza. A los dos días fueron encontrados en el lugar de la ejecución por un grupo de obreros del ferrocarril, estaban cubiertos con unas mantas del ejército.

Una memoria, un recuerdo imborrable, un desafío permanente Amó mucho la Orden y el ideal de Francisco, y por esto sufrió mucho la incomprensión de los hermanos. Las experiencias de Iglesia por él vividas, los ideales que anhelaba, estaban muy distanciados del pensamiento de quienes en aquellos años orientaban nuestra naciente vida custodial. No eran tiempos de Inculturación. Insistentemente solicitó y motivó “ formas nuevas de presencia y de vivencia del carisma”. Entendía que la parroquia y los colegios ya no expresaban el sentir novedoso de la Iglesia y por eso había que salir por rumbos nuevos. Lo manifestaba con ese estilo lineal y pícaro de los cordobeses y eso a veces molestaba e irritaba a los hermanos mayores. – 28 –


DECIRES He sido receptor, muchas veces, de esos lamentos de autenticidad . Por eso, cuando podía se iba a La Rioja a Misionar con algunos jóvenes, para beber esa agua nueva, como remanso de quietud, para apagar su sed de novedad franciscana . Fue esa inquietud, radicalmente fuerte en él, la que finalmente hizo posible ese permiso para ir a la Rioja y estudiar nuevas posibilidades de presencia. En La Rioja encontraba los ejes que lo contenían. Hay que reconocer que su ida a Chamical no fue bien vista por todos los hermanos y que para algunos era percibido como un escapismo. En ese trágico 18 de Julio me encontraba en Córdoba en un retiro de la Familia Franciscana. Me toco ir a comunicar, personalmente a su Madre y sus hermanas la noticia del asesinato. Compartí todo el dolor de esos días: la impotencia y la fuerza testimonial del pueblo de Dios; la soledad y el dolor de un obispo; el desconcierto de una madre; el silencio de los hermanos; el calor y el amor de una Iglesia diocesana que se atrincheró en torno a los cuerpos masacrados de los dos presbíteros mártires. El que lo recibió, providencialmente, en Moreno a su llegada, es el mismo que lo despidió para siempre en Chamical. Delante de la madre, de las hermanas y del obispo, me tocó decir las últimas palabras de despedida a Carlitos en el cementerio de Chamical. La vida de Carlos fue corta, pero llena de plenitud y de entrega. Realmente se concretizaron sus proféticas últimas palabras. Nos queda el desafío de recoger su testimonio, de terminar su proceso, de poder y querer presentarlo a las nuevas generaciones como ícono de esa novedad de vida que Francisco soñó y que seguirán soñando los que auténtica y sinceramente deseen seguirlo.

Anexo: Testimonio ante la Conferencia Episcopal Argentina La Conferencia Episcopal Argentina ha comenzado a estudiar todos los hechos de la Iglesia de La Rioja. – 29 –


DECIRES Monseñor Carmelo Juan Giaquinta Presidente de la Comisión Episcopal para “Los supuestos mártires de La Rioja” Apreciado Monseñor Paz y Bien Paso a responder a su solicitación. Respecto al material Reservado. Puedo confirmar todas y cada una de sus afirmaciones, menos la de la carta de Monseñor Benelli, con el embajador Blanco, de esto no se realmente nada. Me da la impresión, sin embargo, que se trate de una distorsión provocada por un error de transmisión. (es una opinión). El contenido del material Reservado, que parece provenir de monseñor Hesayne, responde a un encuentro que tuvimos en Roma, monseñor Hesayne y yo, justamente en torno al año 1988. En ese entonces yo era Asistente General de la Orden para América Latina. Nos encontramos en la casa Generalicia de las Hermanas de la Santa Unión Unión, en el Trastevere, en Roma. Yo mantenía encuentros frecuentes con el padre Yorio, que estaba en ese tiempo, en Roma estudiando derecho y estaba muy vinculado a Monseñor Hesayne. Creo que él debe de haber sido el que provocó tal encuentro. No recuerdo haberle consignado nada por escrito. El Memo deben haber sido las notas que él tomó durante el encuentro. Antes de pasar a responder, cada una de las preguntas, quisiera hacerle una aclaración de principio, para que Ud. pueda ubicarse bien: —

El Padre Fray Carlos de Dios Murias, era amigo personal de Monseñor Angelelli. Se conocían de Córdoba de cuando Fray Carlos era un joven universitario. El había participado en muchas de las actividades de Angelelli, como cura y obispo auxiliar de Córdoba. Aún más, era conocido de su papá, un viejo caudillo – 30 –


DECIRES

militante radical, de las sierras cordobesas en la zona de Villa Giardino. Su Mamá había sido la directora de la escuela de Villa Giardino. Fray Carlos fue mi compañero de Noviciado. Compartíamos muchas cosas, sobre todo amistades y conocidos. El me presentó, cuando éramos aún jóvenes estudiantes de filosofía, a Monseñor Angelelli. Cuando solía venir a Buenos a Aires a encontrase con los riojanos en la casa, creo del clero, en la calle Rodríguez Peña. Allí solíamos ir a escucharlo. Después fui enviado a Italia a concluir mis estudios. A mi regreso Monseñor Angelelli había ordenado a fray Carlos, y Yo fui nombrado Rector de nuestro seminario en Moreno, fray Carlos residía en Moreno conmigo, entonces diócesis de Morón. Cuando Monseñor Angelelli, venía a la Conferencia de Obispos a San Miguel, en la casa de la hermanas de María Auxiliadora, lo íbamos a buscar y lo traíamos a almorzar a nuestra casa y compartíamos momentos amenos e imborrables. Ya eran tiempos difíciles, para él, y muy duros dentro de la misma Conferencia Episcopal. Monseñor Angeleli se enteró, en esos encuentros, que yo enseñaba Sagrada Escritura en el Colegio Máximo de los Padres Jesuitas, donde él tenía tres seminaristas, que quería ordenar. Me pidió, si para adelantar el tiempo de ordenación, no podía darle a ellos algunas materias bíblicas que les faltaban. Asentí y de acuerdo con la secretaría de la facultad di algunos cursos especiales para estos seminaristas. Hoy los tres están ordenados y son sacerdotes de la diócesis de La Rioja, con los que mantengo una cercanía y amistad. A esto hay que añadir que Monseñor Angelelli deseaba nuestra presencia en su diócesis. Y fray Carlos fue enviado allí, para explorar las posibilidades y abrir una casa, que no fuese explícitamente parroquia sino misionera. Es de aclarar que no todos los hermanos de nuestra provincia religiosa estaban de acuerdo con esta nueva apertura y este estilo nuevo, pero yo conocía muy bien – 31 –


DECIRES

a fray Carlos, conocía sus intenciones y su amor a Jesús y al evangelio y por eso lo apoyé. Monseñor soñaba con formar a sus jóvenes en su tierra y me había manifestado el deseo de que lo apoyara yendo a dar clases a La Rioja, y como de hecho estaba yendo a dar clases en el CEFYT de Córdoba, no me hubiera sido difícil acceder. Todo esto fue creando una familiaridad, simpatía y confianza mutua que justifica lo que ahora a Ud. Le interesa saber.

Primer testimonio 1.

2.

3.

A quien Monseñor Angelelli confió lo hablado en la noche del velatorio fue a mi mi. Me llamó aparte y me dijo: “Chango anoche, durante el velorio, me visitaron y me dijeron” Mire yo no comparto su línea y su modus operandi, pero tampoco comparto esto (la muerte de los dos curas) y me narró todo lo que pasó y quienes están detrás de todo esto”. Te voy a pedir un favor. Tienes que hacer llegar a tu general, a Roma, un sobre que te voy a dar cuando te vayas. Que nadie se entere. Que nadie sepa nada. Y hacelo llegar a tu general, por gente de tu confianza. Dale privacidad y no digas de qué se trata. Voy a enviar dos más, uno al Nuncio y otro a Monseñor Zaspe Zaspe. Los voy a enviar antes de salir para La Rioja, para que lleguen antes de que yo salga. Me voy a quedar para la novena de las ánimas. Esta gente esa desecha e interpretan que estas muertes son una desgracia, un castigo de Dios, deben comprender mártires son una bendición y no un castigo que los “mártires castigo”.

Monseñor estaba muy dolido. Los obispos lo habían dejado solo solo. Ninguno había venido para el funeral de los sacerdotes. El esperaba que viniera, al menos, Monseñor Zaspe, deseaba hablar personalmente con él, pero le envió, un telegrama, (me parece, él me mostró un papel que tenía – 32 –


DECIRES en la mano), en el que le comunicaba su deseo de participar, pero que el Presidente, General Videla había convocado a la Casa de Gobierno, a la cúpula de la Conferencia Episcopal. Dada la ausencia de otras autoridades eclesiásticas, me tocó a mí la reflexión en el cementerio, en la Iglesia la había hecho Monseñor Angelelli. Aún recuerdo la escena como si fuese reciente. Fue el único momento en el que Monseñor se quebró y sus lágrimas cayeron como un torrente de dolor. La mamá de Fray Carlos, ante mí, su amigo, que lo despedía, y el obispo que lloraba, se descompuso y se desvaneció en ese momento. Lo que más le dolió a monseñor fue que el encuentro con Videla fue a la misma hora del entierro de los padres. Angelelli interpretaba que esto había sido una táctica del gobierno para aislarlo de todo contacto. El gobierno ya sabía que él estaba informado de todo. De hecho, me dijo” changó, si me dejan llegar a Buenos Aires, varios birretes van a caer”. Solo después me di cuenta de la gravedad y del peso de esas palabras. Monseñor tenía la sospecha de que no lo dejarían llegar con vida a Buenos Aires. Por eso se cercioró de informar todo antes de viajar. Y por eso la preocupación (creo yo) de retener el portafolio del obispo muerto. Queda la pregunta ¿qué buscaban?, ¿qué esperaban encontrar en él? Lo encontraron… Hasta ahí mi primer testimonio.

Segundo testimonio En el año 1985 fui nombrado, Asistente General para América Latina. Una de mis primeras preocupaciones fue consolidar la presencia en La Rioja, donde seguimos estando. Y empezar Caso Murias “(así lo llamamos técnicaa trabajar sobre el “Caso mente). Para mi era y sigue siendo, una materia pendiente, recuperar la “memoria martirial” de nuestro hermanos y todos los participes de esta dramática y dolorosa historia. – 33 –


DECIRES 4.

Me entrevisté con el ex ministro general, Monseñor Vitale Bonnmarco, que era en esos años, arzobispo de Aquileia. Fue él quien me relató los hechos: a) b)

c)

El recibió el material que le envió Monseñor Angelelli. Ignoraba que había sido a través mío. Estaba en La Alvernia (el monte donde San francisco recibió las estigmas) el día que lo llaman de Secretaría de Estado para preguntarle si había recibido alguna información de lo sucedido en Argentina, ya que estaba involucrado un fraile conventual. El responde que sí. Le solicitan en nombre personal del Papa que lo acerque urgentemente, porque el Santo Padre debe recibir a un nuevo embajador argentino y necesita informarse para hacer el discurso. Le informan que El Santo Padre parece estar muy preocupado por lo sucedido. Ante su desconcierto por la falta de información en la Santa Sede, ya que él estaba directamente informado por el obispo. Le responden, que de Nunciatura de Argentina no ha llegado ninguna información al respecto, y esto urge al Santo Padre que debe recibir al embajador. Envía, entonces a Roma, al Asistente para las misiones, (América latina, en esos años, en nuestra Orden, dependía de él), para que tome el sobre que estaba sobre el escritorio del Padre General y lo lleve a Secretaria de Estado. (Lamentablemente, dado que lo solicitaba nada menos que el mismo Papa en persona, no se les ocurrió sacar fotocopia del material.) Al poco tiempo el Ministro General viene a Argentina y se entrevista con el Sr. Nuncio, Monseñor Pio Laghi. Al inicio, este intentó negar todo lo que nuestro general sugería sobre los hechos. Pero frente a la contundente información información, inclusive, de que Nunciatura no había informado con rapidez y objetividad a la Santa Sede sobre los hechos, el Nuncio cambio de actitud y llego a – 34 –


DECIRES

d)

5.

6.

querer hacerle entender, que no se podía hacer otra cosa, dada la difícil situación que se estaba atravesando. En fin quiso suavizar todo, aceptando, pero, las informaciones que nuestro Padre General conocía. frente al deseo del P. General de recuperar ese material, se le informa que no se lo pueden devolver porque lo ha retenido personalmente el Santo Padre, manifestando de desear conservarlo en su escritorio personal.

Me interesé poder recuperar este material. En nuestra Curia sólo hay una carta de Monseñor Benelli, entonces Sustituto de Secretaría de Estado, en el que acusa recibo de este material. Es importante porque en la carta están los números de protocolo, mediante el cual poder recuperar el material. Lamentablemente este material no se encuentra. Por muchos canales he intentado encontrarlo, pero todo ha sido inútil. Mi último intento fue directa y personalmente con el Cardenal Casaroli Casaroli, siendo él, todavía, Secretario de Estado. Le comenté mi preocupación y mi deseo de encontrar ese material, le acerqué los números de protocolo, pero no fue posible encontrarlo. En un primer momento el Cardenal se puso mal conmigo, pues pensaba que le estaba dando datos falsos. Me recuerdo que me dijo “Un Secretario de Estado no puede perder el tiempo en cosas hipotéticas, varios secretarios han buscado este material. Esto no debe existir. Sea más cuidadoso…” Cuando le mostré la carta de monseñor Benelli y vio él mismo los números de protocolo, se convenció que no era algo hipotético, y entonces me dijo, como reconociendo lo extraño del caso y como queriendo safar (así lo entendí yo) “Mire padre en el archivo del Vaticano no se pierde nada, al máximo se traspapela traspapela, quédese tranquilo, algún día aparecerá”. Respecto a la cuestión legal con el Gobierno Argentino. También he sido yo yo, quien ha llevado los trámites adelante. – 35 –


DECIRES a)

b)

c)

d)

e)

7.

Siendo Presidente el Dr. Alfonsín y Juez de la Suprema Corte, el Dr. Caballero. Logré saber que existía un material reservado, sobre la muerte de los padres, en los archivos de la Suprema Corte, pero caratulados con otros nombres (quizá para despistar). Solicité una audiencia al Dr. Caballero y en nombre de la Orden solicité poder acceder a este material. S nos informó que esto no era posible, a menos que lo concediera, por un decreto especial, el mismo Presidente de la República. Con carta oficial y los debidos trámites solicitamos al Sr. Presidente un microfilm de este material, en vistas a un posible proceso de beatificación martirial de nuestros hermanos. Era el único impulso que nos movía. Temíamos que se perdiese o que por incendio, desapareciese. Se nos respondió que el Sr. Presidente estaba dispuesto a firmar el Decreto, si nosotros aceptábamos la cláusula de utilizar ese material solo para los fines de una beatificación y a nunca emplearlo contra el Estado argentino (sic) Firmamos el acuerdo y se nos entregó el microfilm que se conserva aun cerrado en el archivo personal del Ministro General, en la Curia de Roma. (Personalmente no se lo que contiene ya que por lo pactado, el P. General nunca quiso abrirlo hasta que se abra jurídicamente un proceso.)

Hubo un momento tenso y doloroso, para nosotros, por unas inadecuadas y ambiguas expresiones de Monseñor Plaza. Enviamos una carta al Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, entonces El Cardenal Primatesta, lamentándonos, no sólo que él haya hecho estas declaraciones imprudentes e indiscretas, sino que la conferencia como tal no haya salido a desmentirlas. Se nos respondió que no debíamos darle mayor importancia porque Monseñor Plaza estaba anciano y enfermo. – 36 –


DECIRES 8.

9.

Le aclaro que Yo me he encontrado varias veces con monseñor Vitte, con el obispo de Francia. Pero siempre he tenido la sensación de que no había voluntad política para llegar al final de las cosas. Me alegro que no sea así y que los Padres Obispos se interesen de esta sangre derramada en nombre de Jesús y su evangelio. No tengo en la mano nada más que mi palabra y mi memoria. Este es mi Testimonio y Dios sabe que es verdadero.

Espero Monseñor haber respondido a sus expectativas, de todas maneras quedo, para lo que sea, a su disposición. En el Señor Jesús Fray Miguel Ángel M. López ofm conv.

– 37 –


DECIRES

Página 38 – Blanca –

– 38 –


DECIRES

Algunos puntos para entender y valorar el martirio de fray Carlos de Dios Murias Fr. Carlos Trovarelli, OFM Conv.

Para comprender por qué fray Carlos de Dios Murias dio la vida, debemos entender la Iglesia del Concilio Vaticano II, al menos su fase aún fermental y las no menos fermentales repercusiones en nuestra América Latina. Más bien debemos entender la fuerza de los que significa ser Iglesia de modo Conciliar. El siglo XX comenzó conociendo ya muchos núcleos fermentales en la Iglesia católica. Basta pensar en los teólogos, pastoralistas, liturgistas que se animaron a “volver a las fuentes” y allí encontrar una renovación y una mayor fidelidad al Evangelio y a la Iglesia apostólica. Hablando de Iglesia conciliar, sabemos que lo que hoy conocemos como conferencias episcopales, es algo que no era bien visto hasta casi finales del siglo XIX. En 1955 se forma el CELAM y en 1959 la CLAR. Juan XXIII, sin embargo, recordó al mundo que la Iglesia siempre fue conciliar, sinodal, fraterna, y que por lo tanto se debía volver con fuerza a este estilo de ser Iglesia. Es así como convoca el Concilio con los resultados que ya conocemos. En América Latina, aún con fuertes oponentes intra y extraeclesiales, no se hace esperar una resonancia del Concilio. Es así que en 1968, en Medellín, Colombia, durante la – 39 –


DECIRES Conferencia del Episcopado Latinoamericano, después de una reflexión de estilo sinodal-conciliar, bajo la acción del Espíritu Santo, se introduce un concepto clave, como nuevo instrumento y modo de leer la realidad: es la palabra SITUACIÓN. La Iglesia comienza a mirar la situación, a mirar a su alrededor, a mirar el sufrimiento de los pueblos, de los pobres, de los indígenas. La Iglesia se pregunta: ¿Cómo puede ser que en un continente mayoritariamente católico haya tanta pobreza y tanta injusticia? Así, se responde a sí misma en aquél momento, que la Iglesia ya no puede vivir de rentas de glorias del pasado, de autosuficiencias y honores, sino que debe hacer profecía la historia de evangelización. Como saben, hay otro concepto clave, no ya de la Iglesia sino de geopolítica, que desde 1959 se empleó con fuerza en AL como presupuesto de algunos cambios y procesos revolucionarios. Es la famosa teoría de la dependencia. Este modo de ver la realidad generó lecturas de “izquierdas” y de “derechas”. También en el seno del episcopado y de la Iglesia de AL, esta teoría hizo ya que desde 1970 más o menos se generasen fracturas y posturas radicales, justamente de izquierda y de derecha. En Argentina, algunos obispos asumieron con total radicalidad el espíritu del Concilio Vaticano II. Esta radicalidad no era fruto de lecturas marxistas o de cualquier otra ideología, sino de un profundo amor a la Iglesia de Jesucristo, a la Iglesia de Evangelio, y de una no menos profunda indignación ética frente a la realidad de opresión y pobreza sufrida por la población. También muchos laicos, laicas, religiosas, religiosos y sacerdotes se vieron felizmente reflejados en la Iglesia de la Lumen Gentium y en las indicaciones de renovación y de acercamiento al mundo del Concilio Vaticano II. Entre ellos, fray Carlos de Dios Murias, un joven fraile nacido en Córdoba en 1945 (notamos que murió con 31 años) intuye que también su vida y la vida de los frailes debe encarrilarse decididamente por los caminos del Concilio y del Documento de Medellín. – 40 –


DECIRES Es así que se traslada a Chamical, La Rioja, para colaborar con la pastoral del obispo Mons. Angelelli, quien con mucha contra, con mucho dolor, pero con no menos arrojo se había decidido a vivir la Iglesia conciliar. Angelelli había sido removido de la Arquidiócesis de Córdoba, donde era auxiliar, justamente por su clara opción por los pobres. Es así que es nombrado obispo de una diócesis extremadamente pobre y pequeña: La Rioja. Sin embargo, justamente ese fue su areópago, su púlpito y su campo de acción. Mons. Angelelli, después de haber dedicado muchas horas a recorrer su diócesis, su provincia; después de mirar la situación, la realidad, e impulsado por amor a la Iglesia y al pueblo, generó una pastoral amplia, una pastoral de conjunto con laicos, religiosas, religiosos y su clero. Esta pastoral, fuera de todo dualismo, y fuera de la pretensión de quedarse en las sacristías, anunció el Evangelio ocupándose de modo especial de la dignidad de las personas y de su promoción socio-cultural. De hecho, ya desde el inicio Mons. Angelelli vive fuertes conflictos con los terratenientes y con grupos de poder de esa provincia, que para el que conoce, tiene características feudales y clientelísticas todavía hoy. Ya en Córdoba, como obispo auxiliar, Mons. Angelelli había defendido los derechos de los trabajadores de la fábrica de autos IKA Renault, de los trabajadores de la calera de Yocsina (allí, habiendo sido invitado a bendecir una nueva fábrica de cal, dijo que Cristo tenía el rostro quemado porque los obreros tenían el rostro quemado por la cal. De hecho, después de la bendición no fue a comer con los patrones, sino con los obreros, lo cual le mereció ser perseguido). También intervino en conflictos sindicales en la fábrica de pilas Eveready y en conflictos con empleados municipales. En La Rioja se dedica sobre todo a generar fuentes cooperativas de producción, como alternativa a los terratenientes dueños y dominantes en casi toda la provincia. Por este motivo conoce muchos conflictos y persecuciones. En esta pastoral Carlos de Dios Murias se injerta. Va como vicario del párroco de Chamical, un francés fidei – 41 –


DECIRES donum llamado Gabriel Longeville y que fue torturado y asesinado junto a él el 18 de julio de 1976. A los pocos días asesinan delante de su esposa y sus hijas pequeñas al laico Wenceslao Pedenera, quien había llegado de otra provincia (Mendoza) para insertarse en la pastoral agraria de Angelelli. Durante los inicios de los años 70, un grupo, aparentemente cívico-militar, quería apoderarse de algunas tierras (miles de hectáreas) habitada y trabajada por los lugareños ya desde la época de la colonia. Carlos de Dios Murias defendió con toda su voz y sus actos a esta gente. Esto no gustó a los grupos de poder que también apuntaban a Angelelli, de quien querían que se quedara en la sacristía. Carlos Murió por ellos, murió por su fe en Cristo junto al párroco Gabriel Longeville.

– 42 –


DECIRES

Casimiro Cypher, santo sencillo Fr. Marcos Weaver, OFM Conv.

«Aún ahora lo puedo ver: Un tipo un poco calvo, y un poco barrigón, llevando pantalones demasiado grandes, una desteñida y sucia camiseta verde, tres días de barba sin afeitar, un apagado puro saliendo de entre los labios. Aún talla madera. Y cuando la termina, la lleva al Señor de la vida, diciendo simplemente —Mirá, hice esto para vos—.»1 Casimiro (Miguel Jerónimo) Cypher nació el 12 de enero de 1941 en una pequeña finca en el Estado de Wisconsin, EEUU. Sería chaparro como muchos de los hondureños. Y fuerte como un toro, por el trabajo del campo. Siempre le gustaba el campo, los trabajos manuales, el deporte. No cuadraba fácilmente su gusto por el dibujo y la poesía. Nunca se inclinaba mucho a lo teórico o académico. Despreocupado y despistado, se le extraviaba todo. Se le olvidaba avisar cuando salía. Nunca andaba cigarros; los pedía a otros. Se le olvidaban los compromisos hechos, dejando a los demás «con los colochos hechos». Hombre alegre, sonriente, de trato sencillo y agradable, generoso hasta el extremo del descuido. Después de

_______________ 1 Juanita Klopeke, citada en Anselm Romb, Man of Peace: Casimir Michael Cypher, OFM Conv. (Libertyville: Franciscan Herald Press, 1985), p. 60.

– 43 –


DECIRES su ordenación, Casimiro varias veces pidió permiso para venir a Honduras. Quería acompañar las tristezas de los pobres y compartir la luz de su fe. Al fin, cuando tenía los 32 años, su comunidad franciscana conventual le dio permiso. Iba a acompañar a su hermano de comunidad, P. Emilio Cook, en la parroquia de Gualaco, San Esteban, Olancho. Emilio se encontraba muy lleno de ocupaciones, entre parroquia, colegio, internado y múltiples otros proyectos. Casimiro se alistaba para trabajar en un Departamento remoto de Honduras, Olancho, que en ese entonces tenía una pequeña población de unos 70,000 habitantes diseminados en su gran extensión. Olancho aún no tenía carretera pavimentada, ni siquiera hacia Tegucigalpa, la capital del país. Solo para llegar de Tegucigalpa a Juticalpa, polvoroso pueblo cabecera departamental con 8,000 habitantes, uno pasaba hasta ocho horas en camino de tierra, a menos que viajara por avión. Fue en el tiempo de Casimiro que se abrió el primer camino entre Gualaco y San Francisco de la Paz. En Juticalpa un motor suministraba energía eléctrica durante varias horas cada día. En las otras poblaciones del Departamento sólo velas, candiles, lámparas Coleman y focos penetraban la noche. Incomunicado, Olancho vivía según la ley del más fuerte. El revanchismo diezmaba familias enteras. Reinaba el miedo y el conformismo. Uno se defendía como podía. Los hombres colgaban machete, o se metían una o más pistolas en la cintura.

«En este lugar, eminentemente campesino, manda al imperio del fuerte, del ganadero a quien sólo le interesan sus vacas y que posee enormes cantidades de tierra inculta; del pistolero desalmado, del comerciante sin escrúpulos, del político que maneja personas como si fueran ganado, del coyote o intermediario, del maderero que sin misericordia corta el bosque dejando los cerros despoblados. Pero allí, también, impera el miedo, el campesino agachado y explotado, – 44 –


DECIRES el hambre, la miseria, el analfabetismo, la rencilla y el desquite, el guaro o alcohol, el abandono del hogar, el machismo en todas sus manifestaciones. Este lugar de Honduras ha sido manejado por los militares más toscos y desalmados, por los terratenientes que se creen dueños del país, por los políticos tramposos, por los gobernantes sin capacidad, en fin, por el más fuerte». 2 Antes de llegar a Honduras, Casimiro había pasado unos meses en una parroquia hispana de California para aprender el español. Pero se le quedó muy poco. Su dificultad con el idioma iba a ser grande hasta su muerte. Dejó un cuaderno de palabras de uso frecuente en el castellano, pero había llegado solamente hasta la letra «c». Le había costado predicar aun en inglés. Se frustraba mucho más en su nuevo idioma. Normalmente ni predicaba en sus Misas. La gente se reía de su hablado tan desastroso. A veces los feligreses preguntaban qué habría querido decir Casimiro. Y a Casimiro le costaba entender no sólo las palabras de su nueva gente, sino también su modo de ser. Comprendería muy poco del conflicto que acabaría con su vida mortal. Sería incapaz de comunicar lo suficiente para defenderse. Por otro lado, un amigo relata un incidente que patentiza su sentido del humor, su sensibilidad y su piedad sencilla: «…Casimiro y yo nos encontramos de repente con un muchacho de quince años, quien fue llevado sangrando profusamente a nuestro cuarto. Mientras cortaba caña el joven se había abierto su brazo desde la muñeca hasta el codo. Llamé a Casimiro para que buscara su libro de primeros auxilios. Se reía porque decía el libro: ‘En casos como este, llamá a un médico’. El médico y el teléfono más cercanos estuvieron a ocho horas por caballo. A pesar de la gran cantidad de algodón y otros medios que ocupamos para detener la sangre, el muchacho seguía sangrando. Entre más se debilitaba el joven, más ansiosos _______________ 2 Bernardo Meza, Padre Iván Betancur, Mártir de la Iglesia Latinoamericana (Comayagüela, D.C.: Editorial Cultural, 1982), p. 10.

– 45 –


DECIRES nos pusimos su papá, Casimiro y yo. Me volví hacia Casimiro preguntándole que podríamos hacer ahora. ‘Recemos juntos un Padre Nuestro’, dijo Casimiro, mordiendo fuertemente su puro». 3 Su amabilidad y generosidad especiales se habían notado ya en sus años de seminario. Ahora, en cuclillas en la plaza de Gualaco, platicaba con la gente, tal vez comunicando más con sus ademanes y su sonrisa que con palabras. Visitaba a los enfermos. Se montaba a caballo para hacer visita a las aldeas de Gualaco y de San Esteban, a pesar de las ampollas que esto le daba. Siempre había sido hombre de pocas palabras, observador, introspectivo, dado a la poseía, al dibujo, al tallado de madera. Ahora, trabado de lengua y exhausto de energías, su compañero más común era la soledad. Los burros rebuznaban en la plaza vacía de Gualaco —pueblo entonces lejano, lodoso, sin luz, e incomunicado— burlándose del entusiasmo y afán de solidaridad cristiana de Casimiro Cypher. Las amebas, coloradillas y garrapatas hacían fiesta de él. Sufría de infecciones de la sangre. Se reducía de hombre robusto a palo seco. Fue obligado a volver a su país para un chequeo médico, para restablecerse, de octubre a diciembre de 1974. Aparte de estos meses, vivió en Honduras un año y medio antes de que talaran este palo. Fiel hijo de san Francisco, Casimiro se sentía hermano del sol, de la hierba, de los pájaros y de las hormigas festejados en sus poemas. Para Casimiro como para Francisco, el sol que se gasta dando vida a otros era símbolo de Dios. Casimiro ponía su esperanza en la fuente de toda vida, y buscaba asemejarse a ella. Todo lo regalaba a los necesitados. Hombre sencillo y desprendido por naturaleza, añoraba hermanarse con los más sufridos y pobres. Asumiría la cruz de la enfermedad, de una cultura y un idioma extraños, de la separación de sus amistades, de su familia de su país, con tal de hacer el bien a otros. Expresó que deseaba ser «un verdadero siervo de Dios y de su pueblo».4 _______________ 3 Mike Gable, citado en CFCNAA Peace, and Ecology Commission, Somewhere a Seed is Sprouting: Casimir Michael Cypher, OFM Conv. and the Martyrs of Olancho, Honduras - A Remembrance Fifteeen Years Later (Charlotte, NC y Hermosa Beach, CA: CFCNAA Peace, Justice, and Ecology Commission, 1990), p. 16. 4 Romb, p. 17

– 46 –


DECIRES Al llegar Casimiro a estas tierras catrachas en 1973, oscuros nubarrones se cernían ya sobre los caseríos, aldeas y pueblos de Honduras, sobre los pinares, pastos y campos. Para unos embargaban las esperanzas del agua que da vida; y para otros auguraban desorden funesto. Después del Concilio Vaticano Segundo, la Iglesia de Honduras, respondiendo al llanto de los desposeídos, tenía la clara comprensión de su doble misión de evangelización y de promoción humana. Para la Iglesia eran tiempos de ilusión, de compromiso y actividad sin fin. Nació Caritas de Honduras, las Escuelas Radiofónicas, los Delegados de la Palabra, catequistas, cooperativismo, El Movimiento Familiar Cristiano, Cursillos de Cristiandad, proyectos de alfabetización, de enseñanza escolar, pozos rurales, proyectos de vivienda, de caminos, de salud, el proceso de concientización y capacitación campesina y un sinnúmero de otros proyectos. En Olancho un grupo de sacerdotes y religiosas muy especiales acompañaban a la Iglesia. La mayor parte eran extranjeros —esta condición sería otra excusa por los ataques lanzados en contra de ellos— pero acostumbrados a comer tortillas y «chimbaros»; acostumbrados a dormir en pisos de tierra en las aldeas donde frecuentemente pasaban varios días seguidos, gente avezada en el sacrificio. Estaban comprometidos con la formación de agentes laicos de pastoral, con el desarrollo integral de las poblaciones que atendían y con la consecución de la justicia. Estaban convencidos de la necesidad de la organización para reivindicar los derechos de los marginados. Y estaban dispuestos a sacrificar no sólo el sueño, sino hasta la propia vida. Intentaban protagonizar la justicia, de cara a las grandes injusticias a las cuales eran sometidos los pobres principalmente; tales como una distribución injusta de las tierras y otros recursos, explotación a manos de todos y aplicación injusta de las leyes (entre un sinnúmero de ejemplos está la primera sentencia contra los culpables de la masacre de los Horcones: el juez los exoneró de los cargos, después de la muerte del panadero que acababa de dar testimonio, la muerte de otro testigo que iba a dar testimonio, y fuertes – 47 –


DECIRES amenazas contra la vida del mismo juez). En una situación de grandes injusticias, no es sorprendente que hayan salido, alguna vez, expresiones de indignación y de denuncia de parte de miembros de la Iglesia, que pudieron pasarse de los límites de la prudencia. Frente a la prepotencia de los ricos era fácil pasar por alto muchas injusticias cometidas por pobres contra pobres, así como las cualidades que se podrían hallar en una persona rica. Estos sacerdotes y religiosos eran sinceros y comprometidos. También eran hombres y mujeres de carne y hueso. Para la Iglesia y para los demás interesados en la promoción humana y en las reivindicaciones sociales, eran tipos de efervescencia, de mucha emoción; un tiempo en que el entusiasmo lindaba con la locura. Se percibía que todo podría cambiarse, que todo podría organizarse, para lograr una sociedad más justa. Honduras se volvía modelo de programas sociales a nivel latinoamericano y a nivel mundial. Pero no se habían sopesado suficientemente los problemas a enfrentarse en el camino. Si muchos esperaban superarse, otros tenían miedo de perder lo que tenían. Surgía mucha desconfianza hacia la Iglesia, no sólo de parte de los grandes terratenientes, sino también de los pequeños terratenientes y otros en la población civil, además de los miembros de las Fuerzas Armadas. Estos proyectos sociales tenían para ellos sabor a comunismo. Les parecía que era la misma Iglesia quien fomentaba el comunismo, junto con los sindicatos, el Partido Demócrata Cristiano y la Universidad Nacional. Preferían reducir el Evangelio al campo de la sensibilidad individual privada y enclaustrar al clero en la sacristía. La desconfianza con que se miraba a la Iglesia tenía sus raíces más profundas en el eterno problema de la tenencia de la tierra, en el que parecía que la Iglesia apoyaba las invasiones de tierras. En ese entonces la población de Honduras era 72% rural. Sufría grandes carencias alimenticias, educativas (cerca de 75% analfabetismo), carencias de vivienda, de salud, etc. La producción de la gran mayoría de los pobladores rurales era económicamente insignificante, faltándoles tierras, capacitación y capital. De más de 350,000 familias que – 48 –


DECIRES vivían en el agro, se estimaban en 150,000 las familias sin tierras o con tierras insuficientes.5 Estas familias constituían una inmensa presión sobre la tierra. Muchos campesinos estaban organizados, especialmente en la FECORAH, la ANACH y la UNC, grupos entonces muy militantes. Las invasiones constantes, aún después de la Ley de Reforma Agraria de 1975, impulsaban el proceso de la Reforma Agraria. El Decreto # 8 de 1972 había sido concebido como válvula de escape; afectó pocas tierras. El Decreto Ley # 170, que entró en vigencia el 14 de enero de 1975, concretizó una decisión política en favor de la Reforma Agraria. Pero incluyó una instancia de apelación (con fuerte representación de terratenientes) con facultades para desautorizar las afectaciones de tierra. Refleja la falta de consenso existente en la cúpula militar de ese tiempo. Muchos juzgaban que las tierras disponibles no cumplían ni su función social ni su función económica. El minifundo no funcionaba ni para el campesino ni para la economía nacional. A nivel nacional, grandes extensiones nacionales y ejidales estaban (y están) ocupadas por terratenientes sin dominio pleno. Se veía la sub-utilización en general de los terrenos de más de 50 hectáreas. Predominaban el arrendamiento y la aparcería y el uso de tierras ejidales y nacionales.6 Un proceso de reforma agraria se imponía como imprescindible para mejorar la vida de la población rural del país y para incrementar la productividad agrícola; para promover la estabilidad social rural y urbana, y para crear las condiciones para la industrialización del país, entre otras razones. 7 El gobierno del Gral. López Orellano promovió la reforma agraria, como respuesta a los problemas sociales y económicos que aquejaban al _______________ 5 Programa de Capacitación Campesina para la Reforma Agraria: PROCARA 46 Meses (Tegucigalpa: PROCARA-INA, 1976), Cap. II, p. 6, citando al Grupo Asesor de la FAO para la Integración Centroamericana (GRAFICA) y Secretaría de Integración Económico Centroamericana (SIECA), «Perspectivas para el Desarrollo y la Integración de la Agricultura en «Centro América», Guatemala, 1974, Vol. II. 6 Ibid,. Cap. I, p. 12. 7 Ibid., Cap II, pp. 1-8

– 49 –


DECIRES país. Los terratenientes, especialmente aquellos que se verían más afectados porque solamente ocupaban tierras ejidales y nacionales sin tener dominio pleno (en 1974 más o menos la mitad de los terrenos explotados eran tierras nacionales en manos de terratenientes del sector no reformado, según el censo agropecuario de 1974), se movilizaron para proteger sus intereses, fuertemente armados con rifles, dinero, influencias e ideología anticomunista. Este conflicto constituía el meollo del torbellino que de alguna forma afectaba a todo el país, y que habría de arrastrar a Casimiro hacia la muerte. ¿Cómo se había involucrado la Iglesia Católica de Honduras, normalmente adormecida, en cuestiones tan espinosas? A mediados del siglo XX, la Iglesia Hondureña comenzó a despertar profundamente a los problemas sociales de su gente. Monseñor Evelio Domínguez simboliza esta entrega a su gente: era un hermano más, solidario con la angustia de su gente, y protagonizaba, a la par de capillas y profunda devoción, obras de promoción humana: caminos de penetración, alfabetización a través de las escuelas radiofónicas, cooperativistas, capacitación y montaje de proyectos de subsistencia. El despertar se apoyó en el llamado de la Iglesia en el Concilio Vaticano II, especialmente en el Decreto «Gaudium et Spes» y en la reunión de 1968 en Medellín de la Conferencia Episcopal de América Latina, al compromiso con las inquietudes y penas de la sociedad, de situarse la Iglesia como siervo de todos. El despertar se hizo patente a nivel nacional en las escuelas radiofónicas; en Cáritas de Honduras, que pretendía coordinar y promover los esfuerzos de la Iglesia en lo social; y después, en el Consejo Coordinador para el Desarrollo (CONCORDE). El despertar ilusionó y motivó a la Iglesia.8 Como en el caso de Monseñor Domínguez, la Iglesia nacional mostró un fuerte sentido de equilibrio: si se dedica a la promoción humana, es a la par de la devoción y vida sacramental, a la par de los nuevos movimientos apostólicos _______________ 8 M. Carías, «Honduras» en Enrique Dussel, ed., Historia de la Iglesia en América Latina, Vol. VI, América Central (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1985), pp. 529-33

– 50 –


DECIRES que vienen dando más vida a la Iglesia. Inseparablemente, la Iglesia tenía que vivir la comunión con Dios y la comunión con los hombres. Pero los hijos del despertar de la Madre Iglesia, que se proclamaba apolítica, cada vez más tomaban opciones políticas partidistas y combativas que incomodan a la madre. Muchos de los Delegados de la Palabra, además de ejercer su función litúrgica, activaban en la promoción social, en las ligas campesinas y en la política. Los dirigentes del Partido Demócrata Cristiano pretendían reclutar a los más capaces del campesinado, promocionados por la Iglesia, sirviéndose de la Iglesia Católica para llenar sus cuadros. Por sus ambiciones partidistas, el PDCH instrumentalizó a la Iglesia y a los mismos campesinos. Y con su combatividad el PDCH introdujo la semilla de las disensiones internas y la confrontación con otros sectores de la sociedad y del estado. Los terratenientes juzgaron que la Iglesia había tomado partido contra ellos. Pues se presentaban unas canciones, unos lemas y unos afiches que manifestaban una opción a favor de los pobres radicalizada hasta el punto de violencia. Y unos miembros, muy contados, de la Iglesia, con una conciencia aún inmadura, hacían de la valiosa opción preferencial por los pobres una opción exclusiva y excluyente. El notable protagonismo de la Iglesia hondureña en defensa de los pobres, provocaba un odio cada vez mayor de parte de los afectados por la añorada reforma agraria y el esperado cambio de estructuras injustas. Pero a partir de 1974, la Iglesia se separa, a nivel de institución, del PDCH y sus afiliados, notablemente retirando sus organizaciones del CONCORDE. Sobran testigos de que el mismo P. Ivan Betancur, perseguido con tanta saña por terratenientes y muerto con Casimiro, se había moderado e ido a Canadá para estudiar la pastoral familiar.

Cada vez más los terratenientes y ganaderos veían a la Iglesia como a un enemigo En los primeros meses de 1975 la UNC, frente a un golpe de estado que ponía en tela de duda el futuro de la – 51 –


DECIRES Reforma Agraria; y con el propósito de lograr la libertad de campesinos encarcelados, su propia personaría jurídica y la agilización de la Reforma Agraria, realiza una serie de operativos de presión: la invasión de tierras privadas a nivel nacional,9 la toma de la Corte Suprema de Justicia, la toma de puentes y carreteras de Tegucigalpa y San Pedro Sula, culminado en la proyectada Marcha de Hambre desde distintos puntos del país hacia Tegucigalpa el 25 de junio de 1975. El gobierno militar del Coronel Melgar Castro decide detener a la Iglesia en todo el país. Fuera de Olancho, «…cinco sacerdotes habían sido temporalmente arrestados o encarcelados, se registraron casi todos los centros de capacitación de la Iglesia, se cerró radio Paz, en Choluteca, se decomisaron aparatos de radio-aficionados que usaban legalmente algunos miembros del clero, se arrestó y detuvo a religiosas y laicos que cooperaban con la Iglesia».10 En Olancho, los ganaderos se habían reunido en Campamento, Olancho dos meses antes, acordando que antes de agosto todos los curas extranjeros debían ser expulsados del país.11 Se supone que hicieron al mismo tiempo una colecta para financiar su proyecto en contra de la organización campesina y de la Iglesia. Con esos recursos habrían de pagar a los comandantes militares de Olancho y sobornarían a un periodista, entre otras cosas. Entonces, los terratenientes aprovecharon la ola represiva nacional para desatar, con la colaboración de estos militares, un ataque cruel y sangriento. En la mañana del 25 de junio, soldados bajo las órdenes del Mayor José Enrique Chinchilla Díaz asaltaron al Centro de Capacitación Campesina «18 de Febrero», conocido también como el Centro Santa Clara, el nombre que llevaba antes de llegar a ser propiedad de la UNC. _______________ 9 «... Cosa contraria a la política observada por las organizaciones campesinas que siempre se han cuidado de tocar solamente terrenos ejidales y nacionales,» según Mario Posas y Rafael Del Cid, La Construcción del Sector Público y del Estado Nacional en Honduras, 1876-1997 (San José: EDUCA, 1983), p. 306. Una excepción a esta regla sería la toma de tierras en 1972, resultando en la masacre de la Talanquera. 10 José María Tojeira, Panorama Histórico de la Iglesia en Honduras (Tegucigalpa: CEDOH, 1986), p. 250. 11 «Regreso Ayer Sacerdote Expulsado de Honduras,», El Tiempo (Bogotá, el 4 de julio de 1975).

– 52 –


DECIRES Los soldados fueron escudados por niños de escuela primaria dirigidos por el Supervisor Departamental de Enseñanza Primaria, y ayudados por terratenientes, agentes de policía y presos del presidio de Juticalpa. Mataron a dos empleados del Centro «18 de Febrero» y a otros tres campesinos miembros de la UNC. Casimiro había llegado ese día a Juticalpa de San Esteban. Estaba empeñado en la reconstrucción del templo de San Esteban. Tenía sus hombros en carne viva de estar cargando adobes para la construcción. Por eso tomó prestada una camioneta. Pero la había chocado y ahora la traía a un taller de Juticalpa para su reparación. Traía a una señora enferma. Iba a conseguir medicinas para otro enfermo. Pasó por un convento, donde una religiosa le insistió que se cambiara los harapos que llevaba puestos por una ropa destinada a los pobres. Subió al bus en el que iba a volver a San Esteban. Escuchó unos estallidos. Bajó del bus y fue curioso hacia el Centro «18 de Febrero». En el camino fue detenido por militares. Lo zarandearon y lo metieron al Centro «18 de Febrero» a puntapiés, exigiéndole que entregara «las llaves y las armas». (Los campesinos habían salido a la Marcha advertidos del peligro que corrían; llevaban armas a la Marcha. Se supone que se sospechaba que los sacerdotes participaban en armar a los campesinos y que Casimiro sabría dónde encontrar tales armas). Le quitaron la ropa, dejándolo en calzoncillos. Le pegaron en la cara y lo insultaron. Lo llevaron al presidio de Juticalpa con los otros detenidos del Centro «18 de Febrero».

Un testigo recuerda que aun confesar a los sobrevivientes que ya se encontraban allí

así, Casimiro decidió y bendecir a los muertos

Como a la medianoche lo metieron en un costal, al igual que a otras personas capturadas en el Centro de Capacitación Campesina, y lo llevaron a una finca de José Manuel Zelaya, ocupada desde el día anterior por un pelotón. También llevaron allí al P. Iván Betancur, la futura – 53 –


DECIRES cuñada de éste y a una trabajadora social, detenidos esa misma tarde. Después de la una de la madrugada fueron interrogados por elementos del DNI, torturados y muertos. (A Iván le sacaron los dientes, y lo dejaron sin testículos).12 Se dice también que le cercenaron las manos y los pies, y que le sacaron los ojos y las uñas.13 También castraron a Casimiro, antes de matarlo de un balazo.14 Para terminar su tarea, los militares echaron los catorce cadáveres en un pozo malacate de unos 40 metros de profundidad. Intentaron sellarlo con explosivos y lo cubrieron con tierra. Al día siguiente se hizo circular el rumor de que los dos sacerdotes habían escapado a la montaña con seiscientos guerrilleros. El pozo malacate fue descubierto los días 17 y 18 de julio. Los cadáveres estaban ya en estado de avanzada descomposición. Casimiro había expresado el deseo de ser sepultado en Honduras. Enterraron sus restos en el piso de la Iglesia de Gualaco, Olancho, donde la gente comenzó a rezar y a dejar flores. Casimiro fue buen hombre, buen fraile, buen sacerdote. Pero a lo mejor nunca será elevado oficialmente a los altares. Era uno de nosotros en sus luchas y en sus virtudes. Casimiro simplemente quería servir a Dios y al prójimo. Chocó una camioneta prestada y fue a repararla. Era curioso y fue a ver qué pasaba en el Centro «18 de Febrero». Lo agarraron sin que él entendiera lo que le pasaba y sin poder defenderse. No era hombre de grandes gestos, de titulares, ni de proclamas. Se preocupaba más bien por la persona necesitada enfrente de él. Era cercano al pueblo. Él sabía que su lugar era con los sufridos y los pobres de la Iglesia. No lo mataron por algo que él había hecho personalmente, por una reivindicación social o una posición política que él hubiera tomado, sino porque estaba identificado con la gente sencilla y pobre, porque representaba la Iglesia que

_______________ 12 «Colombia en Busca de Justicia», El Espectador (Bogotá, el 4 de julio de 1975). 13 Penny Lernoux, Cry of the People (Garden City: Doubleday & Company, 1980), p. 112 14 Ibid.

– 54 –


DECIRES algunos veían como enemigo del status quo. Si lo apresaron, lo encarcelaron, lo golpearon, lo torturaron, no mataron y lo echaron al pozo con los otros trece, fue por saña y odio a la Iglesia y no a su persona, y porque buscaban amedrentar a la Iglesia y disuadirla de su compromiso social. Hombre de sólida e inquebrantable fe, llegó a las tierras hondureñas con la convicción de que la llama de la fe tenía que brillar más fuerte y compartirse. Y compartió la pena de tantos hondureños a quienes se les reduce, a golpes o ahogándoseles poco a poco en el mar de miseria, del hambre, de la preocupación, de las mentiras y de la confusión. Le apagaron la llama de la vida, pero no sin haberla compartido antes. Y con la fe segura de iluminarse después en la fuente de toda luz.

– 55 –


DECIRES

Página 56 – Blanca –

– 56 –


DECIRES

Fray Casimiro Cypher, OFM Conv. Siervo de Dios y de su Pueblo Fr. Enmanuel Barrientos, OFM Conv.

“Nuestra atención a estas realidades negativas [la división abismal entre ricos y pobres, el hambre y la miseria realidades que causan víctimas y que fueron señaladas en el párrafo anterior por los Padres capitulares]1 se hace más viva al celebrar nuestro Capítulo General en un país de América Latina, continente martirizado, tierra de grandes sufrimientos y de grandes esperanzas para la Iglesia, donde ya son numerosos los mártires de la Caridad2, que han entregado su vida por defender y ayudar a los más pobres (entre éstos, también, cuatro religiosos nuestros que hemos recordado con emoción: P. Casimiro Cypher, P. Carlos de Dios Murias, P. Sbigniew Strzalkowski y P. Michal Tomaszek.)”3 Padres Capitulares Capítulo Extraordinario México 1992

_______________ 1 Lo que está entre paréntesis cuadrados es una intervención nuestra 2 Los hermanos capitulares aplican, en este párrafo, a los mártires latinoamericanos el Concepto de martirio propuesto por Papa Juan Pablo II y con el que fue canonizado San Maximiliano María Kolbe. 3 Capítulo General Extraordinario Méjico 1992 Documento “Justicia, Paz Y Salvaguarda de la Creación” Pag. 22

– 57 –


DECIRES Este apartado lo hemos dedicado a presentar la memoria martirial de nuestro Protomártir fr. Casimiro Cypher. Su vida entregada y su muerte testimonial escapan de los parámetros de la definición tradicional de martirio, así pues, para poder comprender porque hablamos de su vida y asesinato como martirio exponemos una interpretación desde Latinoamérica del concepto “martirio”.

1.

Breve Aproximación Teológica al Misterio del Martirio desde América Latina

El padre J. Sobrino comenta que: “La cruz, en su concreta realidad de crueldad y muerte no tiene por qué ser, evidentemente, el destino de todos los que trabajan por el reino, pero —en algún grado y analógicamente— es inherente al seguimiento”4. Ampliando esta idea Mons. Julio Cabrera dice que “tanto el hecho de ser discípulos de Jesús como misioneros al servicio de su proyecto de vida, ha culminado no pocas veces a lo largo de la historia en el martirio. “El seguimiento y el testimonio hasta dar la vida son dos aspectos esenciales de la respuesta del discípulo” (DP. 50, 54). El misionero “da testimonio de su Señor hasta el derramamiento de su sangre” (AG 24), nos recuerda el Concilio.”5 Los mártires no son extraños para nosotros, sabemos quiénes son y los reconocemos fácilmente por su vida y, obviamente, por su muerte, pero parece que al evocarlos nos volvemos hacia tiempos lejanos, realidades totalmente ajenas a nosotros, se nos describen con características sobrenaturales o como héroes de tragedias griegas, esto suscita, en palabras de Fisichella, “alergia en nuestros contemporáneos, especialmente en las sociedades occidentales”6, parece, entonces, que el martirio pasara a ser una obra arte más para colocarla en un museo reduciendo a su mínima expresión el valor de su vida reaccionaria. _______________ 4 Sobrino, Jon. S.J. Fuera de los Pobres no hay Salvación, UCA editores, San Salvador, 2008. p.152 5 Cabrera. Julio. Mons. Testigos Fieles del Evangelio. Conferencia Episcopal de Guatemala, Ciudad de Guatemala, 2007. p. 9 6 AAVV, Diccionario de Teología Fundamental, Ediciones Paulinas Madrid 1992, P. 858

– 58 –


DECIRES El concepto “mártir”7 que hoy manejamos comienza a establecerse como oficial a partir del siglo II hacia el 155 d. C. con el acta de martirio de San Policarpo, desde entonces podemos decir que hay una reflexión autentica sobre el martirio identificándolo primeramente con la muerte de Cristo y luego con testimonio de la fe abrazada. Así, con el termino mártir8 se identifica tradicionalmente a toda persona que sin oponerse activamente acepta la muerte de forma cruenta in “Odium Fidei”, por su amor a Dios, como testimonio de su fe, perdonando y orando por sus verdugos9. El ejemplo de mártir es Jesús, de él, por tanto, recibe magnificencia la muerte martirial. Para ser mártir, clásicamente, además de las características que hemos mencionado anteriormente se debe tener conciencia de que se muere mártir por qué hay una persona, un grupo de personas, o una estructura social que “odia la fe cristiana”, fe que el mártir conscientemente confiesa. Pero esta concepción clásica de martirio se excluye todo otro tipo de muerte que no se dé bajo estas circunstancias, es decir, mártir es solamente la persona perseguida “in Odium fidei”, que acepta pacifica y conscientemente su muerte, y todo esto lo hace por Amor a Dios que además perdona y ora por sus verdugos. A pesar de que esta definición es tradicionalmente aceptada, nos encontramos con memorias de mártires que no la cumplen, un caso clásico es Santa María Goretti, mártir de la pureza, o san Maximiliano Kolbe, mártir de la Caridad10 tampoco la cumplen los Santos inocentes. ¿Qué sucede? Se puede decir que hay casos en los que se excluye alguna de las partes de la definición o se reformula por completo en función del testimonio que dictan algunas personas, es decir, son mártires porque su vida (esencialmente) y su muerte (consecuentemente) testimonian algo importante sobre la fe y proyecto Jesús de Nazaret. _______________ 7 Del griego: martys (µ α′ρτυç) que significa “testigo”. 8 Para Leonardo Boff En la acepción corriente, mártir es la persona que sufre una muerte violenta para dar testimonio de una verdad religiosa o a causa de una práctica que se deriva de esa verdad. «Concilium» 183(marzo 1983) Reflexión Sistemática sobre el Martirio pág. 325-334. 9 Cf. AAVV. Sacramentum Mundi, Enciclopedia teológica, Herder, Barcelona 1984. p. 458-459. 10 Concepto que usan los hermanos capitulares para hablar de los mártires latinoamericanos.

– 59 –


DECIRES Así en este sentido se puede hablar de “otro tipo de mártires”, es decir, personas que no murieron por confesar explícitamente su fe en Cristo, entendida como cuerpo de doctrinas, sino por la concreción que hicieron en su vida de la fe en Jesús de Nazaret, esta es una opción que significa, es decir, hace evidente su fe en Cristo y presente el Reino de Dios en medio de las realidades históricas que les tocó vivir. En Latinoamérica la Iglesia hizo una opción radical que enrumbó su labor a favor del Reino, esta opción es fundamental y criterio de discernimiento en cuanto al seguimiento de Jesús en el Reino11: la Opción por los Pobres que se hizo concreción en las luchas por la reivindicación de los derechos de los más desposeídos y en el acompañamiento de sus vidas y trabajos, es decir, se concreto en la lucha por la justicia, se concluye, en consecuencia que a partir de esta opción el principal motivo de martirio en Latinoamérica se haya transformado en el “odium Iusticie”, es decir, en el odio a la justicia. Es aquí donde tienen su puesto las vidas martiriales que se entregaron a partir de la década del 70. En este contexto martirial la Orden ofrece la vida de tres de sus hijos fr. Carlos de Dios Murias, quien donó su vida en Argentina, y los siervos de Dios fr. Sbigniew Strzalkowski y fr. Michal Tomaszek mártires polacos muertos en Pariacoto, así, aunque murieron en circunstancias diferentes su muerte los une en tanto que fueron asesinados por la forma en la que vivieron su fe. Aun así hay una gran cantidad de personas que fueron asesinadas dentro de este contexto de lucha que el poema a los mártires de la UCA define tan bien: “EL SALVADOR, mi pueblo EL PUEBLO DE EL SALVADOR escogido y amado sin él saberlo. Yo escogí a El Salvador para juzgar al mundo, para separar a los malos de los buenos, para besar a los pobres en la frente y poblar las mansiones de mi Reino”12. _______________ 11 Medellín 14,10 12 Luis de Sebastián,

A Los Mártires de la UCA. Capilla de la UCA

– 60 –


DECIRES Es decir, gente que con su sufrimiento martirial dejo en claro quién es Dios y de qué lado está y quienes luchan contra el Reino, aunque no lucharan abiertamente por la justicia su vida es verdadero testimonio de la Opción de Dios, esta pléyade de mártires se escapa de los dos grandes grupos antes expuestos. Hablamos aquí de la muerte martirial de los “pueblos masacrados” que simplemente murieron sin tener culpa, es decir, siendo inocentes y de forma totalmente injusta y cruel, esto es lo que Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino dieron con llamar “Pueblos Crucificados” o “siervo de Yavéh”13. Con estas palabras se quiere hablar de las inmensas mayorías que están transidas de muerte y no cualquier tipo de muerte sino una bajo el signo de la cruz, es decir, la muerte dada a uno o varios inocentes en forma injusta y cruel que desfigura a quien la sufre quitándole lo más suyo, su propia vida, pero es una muerte que, paradójicamente, trae vida a pesar de ser aparente victoria del mal. “[…] Sobrino encuentra paralelos con el destino de Jesús y con el destino de muchos hasta el día de hoy, comprometidos con el derecho y la justicia, y por ello calumniados, perseguidos y finalmente asesinados. Este paralelismo, visto con precisión, sólo se aplica a una minoría: los que han sido asesinados por su compromiso activo a favor de la justicia. Pero, junto a ellos existe un número mucho mayor de hombres y mujeres que mueren “de manera pasiva”, por el simple hecho de estar allí”.14 El caso de fr. Casimiro Cypher, es nuestro parecer, se puede incluir dentro de este grupo por las características de su muerte martirial. _______________ 13 El P. I. Ellacuría lo utiliza por primera vez en 1977 “El Pueblo Crucificado. Ensayo De Soteriología Histórica” y vuelve a usarlo en otro escrito más breve en 1981 “Discernir El Signo De Los Tiempos” 14 Maier. Martin S.J. Teología del Pueblo Crucificado. En el 70º aniversario de Jon Sobrino, Revista Latinoamericana de Teología año XXV número 75 pág. 288

– 61 –


DECIRES 2.

Contex to Socio-Político del asesinato de Contexto Fray Ca simiro Cypher y comps. Mártires Casimiro

En el mes de marzo de 1975 tuvo lugar el “Quinto plenario Nacional del Partido Demócrata Cristiano” los miembros más jóvenes del partido, que habían decido acompañar las luchas de los obreros y campesinos, adoptaron una línea crítica más dura contra las políticas del gobierno, esta línea encontró no pocos detractores incluso dentro del mismo partido donde la facción más conservadora se mostraba temerosa ante los cambios sociales propuestos por este grupo joven. Las alarmistas presiones de los terratenientes y empresarios que veían en los movimientos sociales que se estaban gestando una seria y fundamenta oposición a sus intereses crearon en los militares una especie de paranoia antimarxista, esta paranoia de las fuerzas militares suscito serios cambios en la política en y la forma de gobernar de la Honduras de los setentas. Los militares “decidieron cambiar el poder ejecutivo y a su líder de tantos años, el Gral. López Orellano, por un nuevo equipo encabezado por el Gral. Melgar Castro. El nuevo gobierno nombró destacados miembros de movimientos cristianos como asesores, pero pronto hubo claros indicios de que el nuevo régimen no proseguiría ni ahondaría la política favorable al pueblo de los peruanistas”.15 Fray Emilio Cook comenta la profunda crisis en la que estaba sumida Honduras en ese periodo diciendo: “[… hay que] entender la situación política de aquel tiempo, los militares en aquel tiempo gobernaban en Honduras. Había golpes de estado y los militares eran los jefes, un gobierno militar. Pues bien la Iglesia católica aquí en Honduras esta[ba] promoviendo organizaciones populares, por ejemplo: ligas campesinas, _______________ 15 Richard, Pablo- Meléndez Guillermo La Iglesia de los Pobres en América Central Un Análisis Socio Político y Teológico de la Iglesia Centroamericana (1960-1972) Departamento Ecuménico de Investigaciones. San José, Costa Rica, 1982 pág. 332

– 62 –


DECIRES escuelas radiofónicas, sindicatos, cooperativas, pero por motivos políticos había bastante reacción contra este [proceso] porque decían que había peligro de comunismo. Usted tiene Nicaragua problemas, usted tiene El Salvador problemas, Guatemala problemas, entonces los militares tenían mucha preocupación que promover cosas como este era inspirarse en el comunismo. Entonces usted tiene especialmente los ganaderos a favor o también con mucho miedo porque están mirando que perdiendo sus privilegios su poder etc.[…]”16 Las manifestaciones contrarias al nuevo régimen fueron en un constante crescendo hasta llegar a dos eventos que marcaron decisivamente el rumbo que habrían de tomar las cosas en aquella mitad de la década de los setenta. La primera fue la celebración del tercer aniversario de la masacre de Talanquera 17 y la segunda, esta vez en junio de 1975, fue la Marcha del Hambre en la que participarían el grueso de los mártires asesinados en los Horcones y que se había reunido en el centro de formación Santa Clara.

3.

“Acta del Martirio de P. Casimiro Cypher”18 “[…] 34 años han pasado y aún resuenan en las pampas olanchanas y en todo el país las palabras serenas y esperanzadoras de Lincoln Coleman, de Ramón Roque Andrade y de Máximo Aguilera; en las iglesias todavía se escuchan las voces firmes clamando justicia del Padre Iván Betancourth o las paternales prédicas del Padre Casimiro […]”19

_______________ 16 Entrevista a Fray Emilio Cook 17 sangrienta represión, conocida como la “Masacre de Talanquera”, ocurrió el 18 de febrero de 1972, cuando varios comandos militares masacraron a mansalva a un grupo de campesinos que había invadido tierras. 18 No pretendemos hacer un desarrollo exhausto de la Vida de fray Casimiro Cypher pues no lo creemos conveniente para el hilo de Obra. 19 Tomado de La Tribuna del 24 de junio, 2009. Pág. 30. Aparece también en Internet en la siguiente dirección: http://nacerenhonduras.blogspot.com/ 2009/06/recordemos-la-masacre-de-los-horcones.html

– 63 –


DECIRES En la carta apócrifa de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio después de saludar el autor continúa diciendo: “Os escribimos, hermanos, un relato de lo que sucedió a los que sufrieron martirio, y en especial al bienaventurado Policarpo, que puso fin a la persecución, habiendo puesto sobre ella, por así decirlo, el sello de su martirio. Porque casi todos los sucesos antes mencionados acaecieron para que el Señor pudiera mostrarnos una vez más un ejemplo de martirio que es conforme al Evangelio. Porque fue demorándolo para que pudiera ser entregado, como hizo el Señor, con miras a que nosotros también pudiéramos ser imitadores suyos, no mirando sólo a lo que nos afecta a nosotros, sino también a lo que afecta a nuestros prójimos. Porque incumbe al amor verdadero y firme no sólo desear ser uno salvado, sino también que lo sean los hermanos”20. Nos parece que este párrafo de la carta recoge muy bien nuestra intención, pues al escribir esta breve presentación de la vida y muerte martirial de Casimiro Cypher no pretendemos estimular en la fe sólo el sentimiento piadoso que genera este tipo de relatos si no que deseamos que la vida de Casimiro nos lance a nosotros a revertir, subvertir y lanzar en otra dirección esta sociedad herida de muerte por el pecado, que subyugada por el crea víctimas, la dirección que nos indica el testimonio de Fray Casimiro es exclusivamente el Reino de Dios Fray Casimiro Cypher nació en Medford, Wisconsin el 12 de enero de 1941, cuando lo bautizaron en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario siete días después le pusieron el nombre de Michael Jerónimo Cypher, de ahí que sus familiares le llamarán cariñosamente Mike. Fue Padre Gregorio J. Reuter, quien lo bautizara, el mismo que el 8 de junio de 1959 marginara en el acta de bautismo de Fr. Casimiro Cypher, que aquel joven había aplicado para entrar al colegio seminario de la Orden _______________ 20 Cta Esmirna a Filomelia 1

– 64 –


DECIRES Franciscana Conventual. Fue en esa misma parroquia de Nuestra Señora del Rosario donde el joven Michael hace su primera comunión el 30 de mayo de 1948 y donde recibe la confirmación el 28 de junio de 1954.21 La vida de aquella familia compuesta por 9 hijos y 3 hijas transcurre tranquila y alegremente como en cualquier hogar, la madre Elizabeth Cypher es la que transmite la fe sencilla y cálida, transida de la devoción por el rosario. Casimiro no se destaca de los otros a no ser por su esbeltez y el cariño que le profesaba a su madre, unos mese después del asesinato de su hijo la señora Elizabeth Cypher comentaba de su hijo “[…] Michael (Casimiro) siempre fue especial conmigo. Yo cuide de todos mis hijos e hijas, pero quizá porque él fue sacerdote, era alguien especial. Tuve la suerte de tener un sacerdote en mi familia” 22 El joven Casimiro amaba el aire libre y los espacios abiertos donde podía realizar actividades físicas, su poesía y la meditación. Entró a la orden franciscana conventual en “St. Mary’s Minor Seminary” de la Provincia San buenaventura el 14 de agosto de 1960. Estudió Teología en Minnesota. Fray Philip Wozniak, quien fuera su formador comenta que nuestro Casimiro no era exactamente un alumno ejemplar, aunque si era un joven muy simpático. El tiempo de seminario le sirvió para ir modelando su carácter y para dar una respuesta cada vez más coherente con la llamada que ha recibido de Dios. Fue ordenado el 19 de marzo de 1968. Casimiro llega a Honduras a finales de 1973 y permaneció ahí tan solo dieciocho meses (es de recordar que el diccionario de español que iba recopilando al momento de su muerte iba por la “C”), interrumpidos solamente por su estadía en los Estados Unidos alrededor de la Navidad de 1974, pues se enfermó en Honduras y deseaba hacerse un chequeo médico además de realizarse algunas pruebas sobre enfermedades tropicales y parásitos.

_______________ 21 Cf. Romb, Fr. Anselm, OFMConv. Man Of Peace, Franciscan Marytown Press, Libertyville, Illinois 1985. Pág. 5- 6. Téngase en cuenta que la traducción de los textos fue hecha por el redactor de este trabajo compilatorio 22 Cf. Romb, Fr. Anselm, OFMConv. Op. Cit. Pág. 5

– 65 –


DECIRES La situación que se encontró en Honduras era difícil, más aun en Olancho donde terratenientes y militares querían acabar todo movimiento que hiciera peligrar sus privilegios. La gente en San Esteban de Gualaco, como se ha dicho nuestra primera presencia en Honduras, vivía en una situación de pobreza extrema, realidad que se presenta ante nuestros ojos como la de un pueblo Crucificado, pues no sólo se les somete a la insatisfacción de sus necesidades básicas, sino también a la ignorancia e indignidad, la depredación de sus culturas y al aberrante agravio comparativo que se les hace con respecto a los pueblos de abundancia23. No existían calles asfaltadas y la mayoría de viajes se hacían al caballo o a pie. La madre de fray Casimiro hablaba así del trabajo de acompañamiento que desarrollaba nuestro mártir en Gualaco: “él decía lo mismo que yo había leído de Honduras. Allá los militares y el cinco por ciento de la población poseen la mayor parte de la tierra. Michael (Casimiro) trabajó con la gente pobre […] el sólo enseñó religión y trabajó como un sacerdote entre los pobres. El nunca hizo nada en contra de ese país”24. Qué bien se le aplican a Casimiro aquellas palabras del apóstol Pedro cuando habla de Jesús “[…] “él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él […]” (Hch. 10, 38). Mike Gable, amigo de Casimiro describe así su preocupación “He was concerned only about being a priest for the people”25 (el solo se preocupaba por ser un sacerdote para la gente) Casimiro trabajó con la gente pobre, gente verdaderamente pobre. En el tiempo de Casimiro sólo la mitad de los niños llegaban a los cinco años. De cada 100 niños matriculados en primer grado, 14 terminan el sexto en área urbana y cinco en la rural. 50 % de la población es de 18 años y en su mayoría los campesinos no saben leer ni escribir. En las aldeas no hay médicos ni enfermeras. _______________ 23 Cf. Sobrino, Jon. S.J. Op Cit p 24 Cf. Romb, Fr. Anselm, OFMConv. Op. Cit. Pág. 31 25 Ibid. 32

– 66 –


DECIRES Hombre sencillo que se ganó la simpatía de los Olanchanos, alegre y feliz de servir al pueblo pobre, hombre artístico. Compartió con los pobres su vida marginada en el campo de San Esteban. Compartió su vida con los que no tenían ni voz ni voto. Doña Teresa una de las colaboradoras de los frailes en la parroquia de San Jerónimo Gualaco recuerda al padre Casimiro como un hombre que a pesar de su pobre español se hacía entender por la gente con la que compartía y se había ganado la simpatía de los jóvenes de la comunidad entre los que era muy popular.

26

A los parroquianos les costaba entender al recién llegado sacerdote, pues por su escaso conocimiento del español, sus homilías y charlas se iban entre el inglés y el español; doña Teresa recuerda al respecto cómo una vez, después de misa, le contó a fray Casimiro lo difícil que se les hacía poder comprender sus reflexiones por su falta de español, a lo que Padre Casimiro le respondió entre bromas “Pero hoy sí me entendió”. Aquel día 24 de junio de 1975 era un día normal para el frailecillo que apenas podía hablar español, pero que sabía comunicar la alegría de Dios, en su cara la imborrable _______________ 26 Padre Casimiro Cypher hablando con una colaboradora

– 67 –


DECIRES sonrisa lo acompañaba también aquel día. Hacía poco el padre Cypher había chocado el carro nuevo de la comunidad por eso ese día después de dejar arregladas algunas cosas en la comunidad de San Esteban bajo a Gualaco para recoger el carro y llevarlo a reparar a Juticalpa, ahí en Gualaco se encontró con doña Teresa quien pensando que iría Juticalpa para ver al señor obispo le dijo que monseñor lo iba a regañar por su atuendo, fr. Casimiro le dijo que esta vez no vería a Monseñor Nicolás puesto que sólo bajaba a Juticalpa para llevar a arreglar el carro, ya que aunque sabía que Fray Emilio no lo regañaría por el accidente si se molestaría mucho por el daño que el accidente le causó al auto, aquella fue la última vez que doña Teresa y la gente de Gualaco verían al Padre Casimiro con vida. Fray Casimiro Cypher aprovecho este viaje para llevar a una señora que se encontraba enferma a Juticalpa donde podría ser atendida y para comprar medicamentos que otro de sus fieles necesitaba. Estando en Gualaco, después de haber conducido a la señora enferma al hospital, comprado las medicinas para el feligrés que se las había pedido y dejado el carro en el taller donde lo repararían se encontró con un parroquiano homónimo de Manuel Zelaya quien le dijo que se fuera con el bus don Manuel, quien recuerda al Padre Cypher con un alforja llena de mangos de los que gustaba mucho, cuenta que fray Casimiro le dijo que aun no iría a San Esteban pues aprovecharía para ir a hacer algunas cosas y volvería a San Esteban en el siguiente bus. Durante el tiempo que estuvo en Juticalpa aprovecho para visitar un convento de religiosas, ahí una de las hermanas le insistió en que cambiara los harapos que andaba por una ropa que había llegado al convento de las hermanas y que ellas habían destinado para los pobres, el padre declino la solicitud y fue a tomar el bus que lo conduciría de regreso. Ya de camino a San Esteban notó que había movimiento extraño en el Centro Pastoral Santa Clara, decidió bajarse del bus y ver más de cerca lo que estaba ocurriendo. Lo que Casimiro ignoraba era que en la mañana de aquel día, – 68 –


DECIRES 24 de junio, los militares, siguiendo las órdenes de Mayor José Enrique Chinchilla Díaz habían tomado el Centro de Capacitación Campesina “18 de febrero”, conocido también como “Centro Santa Clara” nombre que llevaba antes de ser propiedad de la Unión Nacional de Campesinos; ahí habían detenido a los campesinos que se reunieron en ese lugar para ir a la marcha del hambre. Al ver al Padre Casimiro lo confundieron con otro sacerdote malquerido por los Terratenientes y sin dar tiempo para explicación alguna lo detuvieron zarandeándolo lo metieron a patadas al centro donde fue desnudado y brutalmente golpeado mientras los militares le exigían la entrega de las llaves y la confesión de donde habían escondido las armas. Toda esta escena no pudo causar más que extrañeza en fray Casimiro que además de no poder comprender de lo que se le acusaba, no tenía ni la más remota idea del porqué era tan maltratado. Se ve lo poco que conocían al Padre Casimiro de quien se apunta: “Se sigue ignorando el paradero de los sacerdotes Ivan Betancourt de Catacamas y Miguel Cyper (Casimiro), párroco de San Esteban a quien sabemos concretamente se le acusa de iniciar la rebelión y que por casualidad estaba presente en el lugar de los hechos. Esta acusación causa extrañeza para quienes conocen al P. Casimiro, afirman que es un hombre sumamente pacífico. El P. Casimiro fue desnudado y flagelado (1975)”.27 Ese mismo día, en horas de la tarde, el padre Iván Betancur, sacerdote colombiano, acompañado de las señoritas Ruth Argentina García Mallorquín y María Elena Bolívar Vargas llegaron al Valle de Lepaguare, en donde fueron capturados por el subteniente Benjamín Plata, quien llevó detenido al padre Betancur al presidio de Juticalpa donde ya se encontraba fray Casimiro y los demás que habían sido detenido en el centro 18 de febrero, allí fue interrogado y torturado. _______________ 27 García, María, OSF. “La historia de una Diócesis que vivió su compromiso con los Pobres”, tomado del anexo de “Celebración Religiosos Mártires Honduras” páginas 18-19

– 69 –


DECIRES Como a eso de la medianoche, al Padre Casimiro lo metieron un costal e hicieron mismo con los otros presos, así fueron conducidos a la Hacienda «Los Horcones» propiedad de José Manuel Zelaya donde las torturas y las vejaciones continuaron. Del padre Casimiro se cuenta cómo aprovechó los pocos momento de paz para confesar a los presos con él, el Padre de los Pobres siempre hasta la muerte. También recuerdan cómo bendijo a los cadáveres de los campesinos que ya habían sido asesinados. Esta hacienda se convirtió en un nuevo Calvario y el Pozo de Malacate fue el lugar donde de nuevo brilló la gloria de Dios en la cruz; ahí fueron asesinados los campesinos, las dos jovencitas y aquellos dos sacerdotes del pueblo pobre, lo hicieron empleando el fusil «22 Magnum», proporcionado por José Manuel Zelaya. Fray Casimiro Cypher después de ser cruelmente torturado fue ultimado mediante un disparo en la nuca. Los cuerpos de los gloriosos mártires fueron tirados al pozo de malacate, los cubrieron con cal y luego detonaron el pozo para desaparecer la muestra de este impune asesinato. “El 14 de julio el Gobierno en su comunicado No. 040 anuncia que: ya tienen elementos casi definitivos sobre el lugar exacto donde fueron enterrados los cadáveres de algunas personas desaparecidas en el Departamento de Olancho. Los desaparecidos una vez ultimados fueron lanzados en un pozo de Malacate de 40 mts. de profundidad, en una zona sumamente rocosa. Para destruir el pozo utilizaron cargas de dinamitas y tractores.”28

_______________ 28 Ibid. Hemos corregido el número de acta pues aparece en la copia de abajo el número del comunicado es el 040

– 70 –


DECIRES

29

La Conferencia Episcopal de Honduras declaró, el 18 de julio de 1975, en un comunicado oficial: “deploramos los asesinatos del P. Iván Betancourt, P. Casimiro Cypher y las señoritas Ma. Elena Bolívar, Ruth García y otras personas, que se dieron en lamentables acontecimientos […] y la situación de violencia e injusticia que ha conducido a estos extremos […] Estas acciones están calificadas como delito de sacrilegio […] quedamos en espera de que una vez dado el informe prometido por la comisión de Alto Nivel Militar, se deduzcan las responsabilidades a los culpables y se aplique la justicia”.30 _______________ 29 Copia del comunicado oficial que da parte del hallazgo de los cuerpos de los mártires 30 Carta de abierta de los Obispos de Honduras sobre los hechos acaecidos el 25 de junio de 1975

– 71 –


DECIRES Toda Honduras se conmovió por el asesinato de los campesinos, las señoritas María Elena Bolívar y Ruth García y de los sacerdotes fray Casimiro Cypher O.F.M. Conv e Iván Betancur. Por eso en aquel mismo comunicado del 18 de julio la Iglesia hondureña dispuso que el sábado 19 las campanas de los templos de todo el país toquen a duelo a mediodía y que el domingo 20 en todas las Iglesias se celebraran solemnes funerales en honor de las víctimas de la masacre de los Horcones.

4.

Las Autoridades pretenden encubrir un crimen

Mientras la Iglesia hondureña se condolía, en un primer momento, por la desaparición de los mártires de los Horcones y después por su doloroso martirio, el gobierno y el estado mayor de Honduras buscaban por medio de mentiras encubrir el execrable crimen que había segado la vida de fray Casimiro y demás mártires. Las mentiras comenzaron a circular haciendo parecer justificable lo injustificable: dijeron de Casimiro que era un cura revoltoso que había arado a los campesinos para que combatieran con “el gobierno”; cuando la noticia de la masacre comenzó a circular, los comunicados del alto mando militar afirmaban que había huido junto con el Padre Iván Betancourt y otras cuatro personas, de veras que el diablo es el padre de la mentira. Los comunicados difamatorios siguieron durante el resto de la investigación y sólo se detuvieron cuando los hechos se presentaron como evidentes, es decir, sólo cuando la muerte de aquellos inocentes no se podía ocultar más admitieron su muerte atropellada; con todo, esta admisión no significó el reconocimiento de su propia culpabilidad. Los culpables comenzaron a ser señalados y se realizó una pantomima de justicia con la intención de tranquilizar a la opinión pública y, es mi parecer, por temor a las represalias estadounidenses. La “justicia” hondureña encontró como culpables a algunos oficiales de bajo rango que después de descontar una irrisoria pena fueron indultados. – 72 –


DECIRES Quedando en la más descarada impunidad los verdaderos autores de tan deplorable acto de barbarie. Nuestra Custodia comienza su caminar como la Orden bajo el signo del martirio, y nosotros como san Francisco podemos decir: «ya puedo decir que tengo cinco hermanos menores»31. Bien dice Tertuliano que “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”32. Diez años después del martirio de nuestro hermano se erigió Nuestra Custodia; la muerte de Casimiro de alguna manera nos dio vida.

_______________ 31 AF III, p. 21 32 Apologeticum., 50,13: CCL 1171.

– 73 –


DECIRES

Página 74 – Blanca –

– 74 –


DECIRES

Testimonio sobre la vida y martirio de los hermanos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strz a/l kowski, Strza frailes franciscanos menores conventuales Fr. Jarek Wysoczanski, OFM Conv.

Introducción Desde el 21 de junio hasta el 6 de julio del presente 2010 he tenido la dicha de visitar tres lugares martiriales del continente Latinoamericano: Coca1 (Ecuador), El Salvador2 y Olancho3 (Honduras). Son lugares significativos para todos los misioneros y, para nosotros, marcaron los inicios de nuestra misión en el Perú. Por eso, en la Memoria del Martirio de fr. Miguel Tomaszek y de fr. Zbigniew l/kowski, quiero, en primer lugar, llamar al recuerdo Strz a/kowski, Strza de todos los mártires del siglo XX. En segundo lugar quiero decir que me llena de alegría la oportunidad de dar testimonio público de nuestros mártires, especialmente a nuestros frailes de Latinoamérica. En la Asamblea General Fraterna de Argentina, en enero del 2010, entre otras cosas se habló de que dentro de nuestra Orden —y no es una excepción— se olvida la propia historia, lo que dificulta la continuidad en una misión desde lo ya vivido. Nos viene a la memoria esa _______________ 1 Lugar de la tumba de Mons. Alejandro Labaka y de la hna. Inés Arango. 2 Lugares vinculados con el martirio de Mons. Óscar Romero. 3 Lugares vinculados con la vida y muerte de fr. Casimiro Cypher OFMConv., sin olvidar el martirio de nuestro hermano Carlos Murias, en Argentina

– 75 –


DECIRES frase de Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “La Vida Consagrada”: «¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia para construir!» Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas»4. Así, respondiendo con sencillez a esta inquietud, deseo aportar «mi pequeña memoria» sobre la apertura y los inicios de la misión en el Perú. Uno de los objetivos que me mueve a dar este testimonio, narrando lo que viví y exponiendo los valores que experimenté, es el deseo de construir el bien común. Quisiera presentar, compartir, cuestionar, desafiar e invitar a la reflexión desde la fe en Dios. En esta línea presento el término martirio con sencillez, con humildad, sin apoteosis, sin violencia, sabiendo que es la Iglesia y la Orden quienes realizarán el adecuado discernimiento, y recordaré algunos hechos contados por los testigos de los últimos días de la vida de los hermanos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzal/kowski y de su muerte. Consciente de que la pura objetividad es una presunción, me moveré con la libertad de opinar según mi percepción de la verdad, mostrando la trayectoria de estos dos frailes que, al final, fundieron sus vidas en una sola Vida Eterna. Hace más de veinte años que se inició la misión en el Perú y, desde el martirio de estos dos hermanos, en 1991, han transcurrido diecinueve. Ahora, por primera vez he tenido acceso a los materiales disponibles; por ejemplo: las cartas que Miguel y Zbigniew enviaran a familiares y amigos, testimonios que completaré con mis apuntes personales. Lamentablemente no he podido acceder a las actas del Capítulo Conventual y a las Crónicas de la comunidad conventual de Pariacoto; se trata de dos documentos que, después de la muerte de nuestros hermanos, aparecen y desaparecen, sin que sepa de su paradero. La mayor parte de esta narración la he hecho en Costa Rica, un país que tiene un significado especial para mí, y pienso que también lo tuvo para Miguel y Zbigniew. _______________ 4 VC 110

– 76 –


DECIRES Recuerdo, por ejemplo, nuestra común gratitud ante el gesto de fr. Jorge Dobles que tuvo la amabilidad de enviarnos una muy fraterna y familiar postal al Perú, expresándonos su alegría y los mejores augurios para la implantación de la Orden en aquellas tierras.

1.

Proyecto de la Orden

Desde 1978 la Orden había mostrado interés por abrir una misión en el Perú (Regesta Ordinis habla de una sola provincia en el siglo XVIII). Este era uno de los temas principales que se discutían en las Conferencias de la FALC de entonces (1983). Algunos hermanos, en nombre de la Orden, visitaron el Perú para estudiar las posibilidades de una futura misión, lo que se concluyó con la visita oficial de fr. Miguel Ángel López, que entonces era el Definidor General para América Latina. Éste, después de visitar muchos lugares y contactar con distintos institutos religiosos y varios obispos del Perú, optó por la Diócesis de Chimbote y elaboró un documento exponiendo un proyecto de implantación de los Franciscanos Conventuales en el Perú. El documento señalaba que el primer lugar en el que se abriría la misión debía ser la localidad de Pariacoto. Se quería una misión en una zona rural de fácil acceso en donde, a la vez, se evitaran roces con el clero diocesano local. Pariacoto cumplía estos requisitos ya que desde hacía mucho tiempo no contaba con la presencia permanente de ningún sacerdote y, si alguno hubo, fue temporalmente. Cabe reseñar que ya el obispo de la ciudad de Chimbote (Luis Bambarén) había pensado en la posibilidad de traer una comunidad franciscana al lugar pues, desde tiempos coloniales, los franciscanos habían dejado huella en aquellas tierras. En principio el Proyecto fue asumido por la Provincia de San Antonio (EEUU) pero; sin entrar en detalles, sé que dicha Provincia no pudo asumirlo en plenitud5; por lo que _______________ 5 Como herencia de esta iniciativa contamos con la presencia misionera del hermano Vicente Imhof, quien, apenas iniciada nuestra misión, se comunicó con nosotros desde Nueva York para indicarnos personas y contactos de amigos que podían ayudarnos y orientarnos en el nuevo ambiente. Se trataba de persona que él había conocido personalmente entre noviembre de 1985 y mayo de 1986. De hecho después de la muerte de los hermanos: Miguel y Zbigniew el hermano Vicente Imhof se unió a nuestra misión el 2 de septiembre de 1991.

– 77 –


DECIRES el Ministro General, fr. Lanfranco Serrini solicitó a esta Provincia americana que lo cediera a otra.

2.

Encuentro del ministro general con los representantes de la provincia de Cracovia en Roma

Tras haber dado luz verde a este proyecto misionero en Sudamérica, el 14 de abril de 1988, el Ministro General, el Vicario General6 y el Asistente General de la FALC en reunión con el Vicario Provincial de Cracovia, fr. Zdzisl/aw Gogola, y con el Custodio de Bolivia, fr. Stanisl/aw Olbrycht, llegaron a estos acuerdos: el Definitorio de la Provincia polaca enviaría la solicitud de la apertura de una nueva misión en el Perú supeditada a las sugerencias de la Curia General. Se abriría la primera casa en Pariacoto para seguir abriendo después en Lima y otras localidades. Sería necesario un mínimo de tres religiosos para efectuar la primera apertura. El Definitorio presentaría, junto a la solicitud, el presupuesto correspondiente al primer año de la misión; el encargado de ello sería fr. Miguel Ángel López. La Curia General asumiría la responsabilidad de cubrir el presupuesto de cada año. Los primeros misioneros deberían llegar en octubre de 1988 e iniciar el estudio del español en la ciudad de Trujillo.

3.

La provincia de Cracovia asume el proyecto de la misión en el Perú

3.1. Polonia en los años 80: contexto de formación de los nuevos misioneros Es importante mencionar, groso modo, algunos datos sobre la situación de Polonia en el momento de la salida hacia la nueva misión latinoamericana. Lo primero que _______________ . 6 Fr. B /l azej Kruszyl/owicz

– 78 –


DECIRES debemos de decir es que se trataba de un tiempo de muchos cambios: cada año, mes y día traía algo nuevo. Los tres frailes enviados a la misión recibimos nuestra formación en Cracovia, ciudad de mucha historia y cultura, una ciudad muy importante para Polonia que se caracterizaba en aquel tiempo por ser uno de los más importantes centros de oposición al poder comunista; incluso nosotros, frailes, participábamos en las manifestaciones anticomunistas; allí nacía la esperanza de una Polonia libre y crecía la fe en el naciente movimiento Solidaridad. La Iglesia, aparte de su dimensión espiritual, era una institución acogedora de grupos clandestinos anticomunistas. Tuvimos la oportunidad de presenciar las visitas del Papa Juan Pablo II a nuestra patria. Algunos sacerdotes representaban para nosotros ejemplos de pastores que luchaban por causas justas por permanecer junto al pueblo obrero. Uno de estos sacerdotes ejemplares fue Jorge Popiel/uszko, beatificado en junio del 2010. La relación entre la dimensión política, la dimensión social y la dimensión religiosa de un pueblo fue una constante aunque no muy explícita en la formación como religiosos y en la preparación como misioneros.

3.2. El inicio de la misión en el Perú La Provincia de Cracovia asumió oficial y definitivamente el proyecto de la nueva misión en el Perú. Fr. Peregrino Ziobro (miembro de la Custodia de Bolivia, y en nombre del Provincial de Cracovia, Feliks Stasica) realizó un viaje al Perú para visitar Pariacoto y otros lugares. Para esta misión la Provincia decidió enviar tres misioneros: Zbigniew Strzal/kowski, el que escribe (Jarosl/aw Wysoczan´ski), que llegamos el 2 de diciembre de 1988, y fr. Miguel Tomaszek, que llegó el 25 de julio de 1989. Fr. Zbigniew y yo, junto con fr. Peregrino, después de que éste viajara al Perú, tuvimos un encuentro para leer el documento escrito por fr. Miguel Ángel López sobre el Proyecto de la misión peruana. – 79 –


DECIRES Al fin, el Padre Provincial nos dio la indicación precisa de limitar el contacto directo con la Custodia Boliviana para salvaguardar la originalidad del nuevo proyecto misionero. 30 de noviembre de 1988 viajamos con Zbigniew a Perú. El 2 de diciembre de 1988 llegamos a tierras peruanas; fuimos recibidos por un sacerdote polaco (Juan Sasin) venido de parte del obispo de Chimbote. Los primeros meses vivimos separados: Zbigniew en Moro y yo en Chimbote, como indica la carta del obispo, del 21 de Diciembre de 1988, dirigida al Ministro Provincial7:

«Tengo presente, Padre Provincial, sus deseos y las instrucciones del Rvdo. Padre GeneraI para acompañar a los nuevos Misioneros en esta primera etapa de adaptación, estudios de la lengua, comprensión de nuestra cultura y la religiosidad de nuestro pueblo. Durante esta etapa el Padre Jarosl/aw vivirá, en la Parroquia de la Virgen del Rosario de Moro con el Padre Pablo Fink, quien lleva más de 20 años en el Perú y es un excelente formador de catequistas campesinos. EI Padre Zbigniew pasará este tiempo en Sto. Toribio de la Balanza junto con el Vicario GeneraI y de Pastoral de la Diócesis, con el asesoramiento de las Hnas. de la Compañía del Corazón de Jesús, encargadas de la Dirección de la Escuela Superior de Evangelización y Catequesis». En este primer momento se pretendía un contacto con la ciudad de Chimbote y un acercamiento que permitiera conocer la zona campesina; por supuesto también privaba el objetivo de aprender el español y el quechua. Se trataba de una verdadera inculturación en el más profundo sentido del término. De igual manera, buscábamos una sana integración con la Iglesia local. _______________ 7 Cabe reseñar que, en realidad, Zbigniew no estuvo en Chimbote, sino en Moro.

– 80 –


DECIRES En este periodo fue muy importante la figura del sacerdote diocesano Pablo Fink, que ejerció una significativa influencia en fr. Zbigniew, principalmente en lo que respecta a la cosmovisión peruana. Yo, por mi parte, tuve la oportunidad de observar y participar en el método pastoral propio de la Diócesis de Chimbote, acompañando al obispo y a otras personas. Otro de los principales retos en aquel período fue el de integrarnos participativamente en la historia propia de una ciudad que mostraba un constante crecimiento y de una diócesis que había celebrado recientemente el Congreso Teológico Internacional con el tema “Hambre de Dios y hambre pan”, inspirado en las palabras de Juan Pablo II, “que seáis hambrientos de Dios, más que del pan de cada día”. Fue un período caracterizado por una lenta, pero profunda aproximación a los problemas sociales: violencia, injusticia, terrorismo, pobreza, migración de la sierra a la ciudad, etc. A esto se unían ciertos fenómenos eclesiales emergentes: religiosidad popular, Comunidades Eclesiales de Base, organización de Cáritas, etc. He de señalar que había un punto débil en este proceso, a saber, para futuros proyectos similares, lo importante de prestar atención y lograr una mejor comunicación y coordinación entre la Curia General, la Provincia interesada (de Cracovia en nuestro caso) y los representantes que se requieran (en nuestro caso el representante del Provincial en Bolivia) pues ello habría facilitado un mejor inicio del proyecto. En el futuro sería muy interesante estudiar los temas: ¿se cumplieron o no y en qué medida los acuerdos indicados en el numeral anterior? ¿razones objetivas? etc.

3.3. Los contrastes culturales Vale la pena que recuerde una de las anécdotas relacionadas con nuestra primera inserción en la realidad peruana: La primera vez que visitamos y vimos a Monseñor Luis Bambarén nos contó una historia curiosa: En el – 81 –


DECIRES portal de su casa colgaba un cuadro del Papa Juan Pablo II rodeado de astillas provenientes de una explosión de la puerta de entrada; lo curioso era que ninguna de ellas se había incrustado en la figura del Papa, sino que estaban todas a su alrededor. La explosión tampoco había dañado a ninguna persona, a D. g. El obispo también nos comentaba algunas cosas que nos resultaban difíciles de entender; así, aseguraba que se trataba de una ciudad tranquila, pese a que a él le habían impuesto llevar un guardaespaldas. Es importante recalcar también el gran esfuerzo que nos suponía amoldarnos a unas circunstancias sociales para nosotros nada cómodas. Se trataba de una ciudad muy compleja y de no fácil inserción; con todo, nosotros logramos hacernos parte de aquella realidad, sobre todo por la acogida tan amable que nos brindó la gente chimbotana, hasta el punto de que solicitaron a los frailes asumir la dirección de la Parroquia de Chimbote que, por cierto, tenía por patrón a San Francisco. En pocas palabras: los primeros meses fueron los típicos del encuentro con una realidad nueva en un continente, país, ciudad, cultura… diversos del nuestro; fue un verdadero “cultural shock” o “impacto cultural”. Esto lo expresó de manera muy clara y consciente fr. Zbigniew, cuando mencionó la situación política que estaba viviendo el país. En carta dirigida al Ministro Provincial, fr. Zdzisl/aw Gogola, el día 16 de Julio de 1989 Zbigniew dijo:

“La situación en el Perú se ha complicado un poco. Muchas personas serias dicen… que el estado-gobierno perdió el control sobre el país. Se ha intensificado la lucha contra los grupos revolucionarios (hay por lo menos siete). En las últimas 5-6 semanas de enfrentamientos de las tropas especiales con Sendero Luminoso murieron unas 200 personas. Los terroristas tienen un plan de cierre de Lima hasta 1990 a través del dominio de todos los departamentos vecinos, incluido Ancash. Por ejemplo, la capital de dicho departamento, Huaraz (2 hrs. de Pariacoto), – 82 –


DECIRES desde el mes de mayo está privada de servicio eléctrico y las zonas alrededor de esta ciudad han sido “limpiadas” de representantes del poder estatal. La gente tiene una actitud muy hostil hacia la policía, etc., porque el policía muchas veces abusa de su poder de forma despótica». A menudo teníamos encuentros con fr. Zbigniew a fin de intercambiar y compartir las experiencias vividas, cumpliendo con el fin de nuestra separación, es decir, que uno conociera la sierra, y el otro parte de la zona urbana.

3.4. Los comienzos en Pariacoto (1988-1989) Nuestra partida hacia Pariacoto se produjo después de la experiencia concreta de vida en el ambiente peruano. El 30 de agosto de 1989 asumimos, de manera oficial, la misión de Pariacoto, en la fiesta de Santa Rosa de Lima, la primera santa de América, patrona de Lima y del Perú8. Éramos tres los misioneros. Trataré de explicar nuestra inserción misionera en Pariacoto en cuatro apartados: a) San Francisco decía a los frailes en la Rnb: «Dice el Señor: Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10,16)…y los hermanos que van, pueden conducirse espiritualmente entre ellos de dos modos. Un modo consiste en que no entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos. El otro modo consiste en que, cuando vean que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios, para que crean en Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el _______________ 8 La erección del Convento fue el 10 de marzo 1990

– 83 –


DECIRES Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque el que no vuelva a nacer del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5)»9. Nosotros llegamos a la misión de Pariacoto con pocos recursos y la realidad nos invitó a estar sometidos a toda humana criatura. Nuestra actitud despertó la curiosidad de los campesinos que —no cabe duda— tienen una increíble capacidad de observación. Nuestro estilo de vida austero y sencillo facilitó desde principio la interdependencia y la comunicación. Pudimos experimentar en carne propia el «estar con la gente». b)

Según Francisco había enseñado: «en la predicación que hacen, su lenguaje sea ponderado y sincero (cf. Sal 11,7; 17,31), para provecho y edificación del pueblo, anunciándoles los vicios y las virtudes, la pena y la gloria con brevedad de sermón; porque palabra abreviada hizo el Señor sobre la tierra (cf. Rom 9,28)»10.

Fieles a esto, orientamos nuestra predicación y nuestra pastoral conforme a las líneas dadas por el Obispo. Estábamos «entre el pueblo», y si predicábamos no era por voluntad propia, sino porque el obispo nos lo había solicitado. También organizamos la Escuela de Catequistas, visitábamos las comunidades, etc. c)

El espíritu de las Conferencias de Medellín y Puebla, presentes en Pariacoto.

En 1970 el Perú había sido azotado por un gran terremoto. Con ocasión de este desastre la Conferencia de Religiosos (CONFER) había solicitado a las diferentes congregaciones insertarse en las zonas más afectadas. Uno de los pueblos más devastados por el terremoto fue Pariacoto. A la llamada respondieron las Hermanas de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón, que fueron las primeras en llegar a _______________ 9 Rnb 16 10 Rb 9

– 84 –


DECIRES estas tierras sedientas de pan y de Dios. Se trataba, en concreto de las religiosas Virginia Puertas, Julia Oliveri, Ana María Chávez y María Elena Reaño. Ellas levantaron “el pueblo” de los escombros y “al pueblo” de su postración, desde el encuentro con la Palabra de Dios. Entre sus obras materiales estuvo la construcción del templo de Pariacoto. Tanto éstas misioneras como quienes las siguieron fueron muy queridas por la gente debido a su cercanía y por ser una comunidad de puertas abiertas. Realmente estas hermanas encarnaron los “llamados” de Medellín y Puebla. Su fervor, la autenticidad de vida y el entusiasmo propio de una vida religiosa sanamente insertada nos contagió a nosotros que, a causa de nuestra escasez, durante muchos meses compartimos mesa con ellas. Había otro equipo en la comunidad, formado por las hermanas Nuria Soronellas, Superiora, Marlene Trelles, formadora de postulantes, Ana María Chávez, Luz Molina, Carmen Rosa Silva y las postulantes Rosa Albán, Zulema Vásquez; también en él pudimos saborear y sentir la historia que habíamos escuchado de las primeras Hermanas. Es asombroso como desde el principio experimentamos, a través de ellas, los valores del mundo Peruano: acogida, cercanía, hospitalidad; donde come uno comen cinco y siguen adelante sin hacerse problemas; creen en la providencia de Dios. Estos valores Peruanos los encarnaban las Hermanas Esclavas. Nosotros, frailes jóvenes que iniciábamos una misión en un mundo tan distinto y con experiencias tan diversas, intentamos acoger, aprender y compartir la vivencia desde lo cotidiano. d)

La pobreza como puente de encuentro fraterno

Muy gratificante fue la experiencia de que, a partir de nuestro contacto con el pueblo, los jóvenes especialmente descubrieron en nosotros a gente sencilla y humilde que, como ellos, pasábamos necesidades. Así se originó una convivencia y acogida recíproca y fraternal. Todos éramos iguales. Hermosas son las expresiones de fr. Miguel compartidas con diferentes personas. Así escribía a su mamá y hermanos el 20 de Agosto de 1989: – 85 –


DECIRES «La gente es muy buena, los niños gritan para saludarnos, incluso aunque ya nos hubiesen visto durante el día11. Hay muchos jóvenes que se acercan constantemente a la iglesia; no existe aquí alguien que toque el órgano, pero los jóvenes con sus instrumentos lo sustituyen muy bien. Tocan unas cuantas guitarras, una flauta (muy diferente de la de Polonia, que estoy aprendiendo a tocar), tocan con la caña de azúcar (suena bonito), en los bombos y en algo que se me asemeja a una vaina grande, más o menos de un metro y medio, de “frijoles” secos. No sé cómo se llama, pero es como una vaina del frijol. Cantan muy bonito y armónico. Tenemos la Misa todos los días a las 20:00, porque durante el día, casi todo el mundo “está muerto”, es decir, trabajan en la tierra o en sus huertos. Lo mismo sucede el domingo; todo el mundo trabaja (por cierto, Zbyszek con los chicos locales ha traído hoy, domingo, casi una tonelada de ripio, sacado del río, para colocar los ladrillos en algunos lugares de nuestra casa, (aquí este trabajo no es un pecado)»12. Durante el curso sobre La Espiritualidad Francisca, en Argentina, fr. Miguel escribió a un amigo suyo:

«Lo bonito es que puedo comunicarme con todos… el 29 de enero regreso al Perú; sinceramente quiero deciros que extraño Pariacoto “y a los míos”». A pesar de las muchas y grandes dificultades que se presentaban al principio de nuestro proyecto misionero, permanecimos fieles al proyecto inicial, que buscaba insertar el estilo de vida franciscana. He aquí las palabras del Ministro General de entonces, Lanfranco Serrini en su carta del 15 de enero de 1989, dirigida a Mons. Luis Bambarén: _______________ 11 Este es uno de tantos ejemplos del contraste cultural. En las primeras cartas de los hermanos a sus familiares y amigos hay otros muchos ejemplos semejantes. 12 En la cultura polaca, el domingo se respetaba de forma escrupulosa (aún hoy, aunque no tanto). Era el día dedicado a Dios; este es otro sencillo ejemplo de la diferencia cultural-religiosa, que se palpaba en relación con el trabajo y con Dios. Todos estos contrastes significaban un reto para nosotros en el sentido de que nos impulsaban a comprender las razones de estas diferencias culturales.

– 86 –


DECIRES «La Orden se siente feliz de haber iniciado esta nueva misión en tierra peruana, en su Diócesis de Chimbote. Sentimos también que la Providencia nos ha guiado en medio de las dificultades en estos últimos años, así como que cada Obra del Señor se concretiza a través de múltiples cruces; pero es muy bonito ver que, justo en ellas, se encuentra el secreto de la vida. En este caso la vida de esta misión tiene todas las características del “estilo franciscano”, que queremos insertar en ella a través de los misioneros que llegan de Polonia: sencillez, pobreza, vida escondida, fraternidad, disponibilidad…».

4.

Organizar y de la Orden

planificar la Misión y la fundación en el Perú

En octubre de 1989 vino a Lima el Padre Miguel Ángel López, asistente general la FALC. Considero esta visita como el inicio de un nuevo período en nuestra misión del Perú. Fr. Miguel Ángel, el 28 de diciembre de 1989, escribió al Ministro Provincial, Zdzisl/aw Gogola: «antes que nada debo manifestar mi satisfacción por el modo en que los hermanos están llevando a cabo sus primeras experiencias. Son jóvenes, pero llenos de entusiasmo, si bien el trabajo y el lugar les resultan un poco difíciles. He hablado con Miguel y con Zbigniew, no lo pude hacer con Jaroslaw porque se encontraba en una gira de confirmación». A continuación él mismo manifiesta algunos puntos a resolver: a) regularizar la situación jurídica, b) nombramiento del superior y responsable de la comunidad, c) ayuda económica por parte de la Orden, d) urgencia de asumir la Parroquia de Lima, e) seguro médico para los misioneros, f) apertura de una cuenta bancaria, g) compra de un auto. Con la visita, indicaciones y propuestas del Asistente General nos sentimos acogidos por toda la Orden. Por un – 87 –


DECIRES lado fr. Miguel Ángel nos informó sobre el marco históricocultural de la Iglesia en Latinoamericana y, por otro, recibimos de él parte de las indicaciones sobre la política de la Orden sobre la misión. Nos movió a un apasionamiento por la Iglesia peruana y nos abrió las puertas al mundo franciscano típico de la América Hispana. Esta época se caracterizó por una mejor comunicación con la Provincia, y por el aumento del diálogo con el Asistente General, que nos acompañó muy de cerca. En febrero de 1990 nos visitó el Ministro Provincial, fr. Zdzisl/aw Gogola, y con él tuvimos varias reuniones, con la oportunidad de conversar y hablar sobre nuestra situación personal y fraterna. Fr. Zdzisl/aw Gogola, el 2 de febrero del mismo año, firmó con el Obispo de Chimbote, Monseñor Luis Bambarén G., «EL CONVENIO DE COOPERACIÓN ECLESIAL ENTRE LA ORDEN DE LOS PADRES FRANCISCANOS CONVENTUALES DE LA PROVINCIA DE SAN ANTONIO DE PADUA Y B. JACOBO DE STREPA DE CRACOVIA (POLONIA), Y LA DIÓCESIS DE CHIMBOTE». El 7 de febrero, fr. Zdzisl/aw, muy impresionado por el trabajo de conjunto, escribió una carta a la Superiora Provincial de las Religiosas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, Emma Rioja, decía:

«…Durante mi visita a mis hermanos en Pariacoto he constatado con gozo la colaboración que han brindado sus hermanas a los religiosos de mi jurisdicción en Pariacoto. Las hermanas de su Provincia, guiadas por la superiora de la Casa, hna. Nuria Soronellas, y la hna. Marlene Trelles, como he sabido, han trabajado en esta área en condiciones muy difíciles, a lo largo de varios años, apoyando en el campo pastoral y social al obispo y sacerdotes por él delegados. Los templos y las edificaciones parroquiales, sin entrar en detalles, porque no estoy en condición de enumerar con exactitud, en buena parte son mérito de sus hermanas, muchos de los cuales ni siquiera conozco. – 88 –


DECIRES Le agradezco, sobre todo, la ayuda que nos dieron, con espíritu de hermandad eclesial, en los primeros momentos de nuestro compromiso en Pariacoto. Los acontecimientos más importantes de la colaboración prestada son entre otros: el acompañamiento, los consejos, el esfuerzo de introducirlos en la tarea religiosa y pastoral de esta zona, la acogida que llega hasta servirles la comida a lo largo de varios meses sin pedir compensación alguna y la disponibilidad de seguir trabajando en común en la gran tarea de evangelización que nos espera. Esta carta quiere dar constancia por escrito de mi agradecimiento a todas las hermanas, incluidas aquellas que no están en Pariacoto o a cargo de la Provincia como por ejemplo la hna. Pompeya Portal, las postulantes que también supieron guiarnos por las sendas andinas y todas las que, de una manera u otra, han estado en contacto con los Hno. Franciscanos. …prometiendo mi oración por las obras de su Provincia y esperando una hermosa colaboración en el campo de la vida religiosa y de la evangelización en la Iglesia peruana, más todavía ahora que con la firma de un convenio con la Diócesis nos hemos comprometido definitivamente a estar presentes en Pariacoto…»

5.

La acción pastoral en Pariacoto

La tarea principal de Pariacoto se basaba en tres áreas: la organización de la Escuela para catequistas, la catequesis familiar y la acción social. La misión abarcaba 74 comunidades; algunas distaban 12 horas a caballo, de ahí la urgencia de formar catequistas. El proyecto no había sido idea nuestra, pues ya se venía realizando anteriormente; sin embargo, nosotros queríamos darle un giro de modo que, siguiendo el método de la Diócesis de Cajamarca, lográramos un mayor impacto evangelizador. Así organizamos en Pariacoto tres cursos para catequistas. Se trataba de un trabajo arduo aunque, por otra parte, era hermoso ver la gratitud de la gente. – 89 –


DECIRES Algunos años antes de nuestra llegada a tierras peruanas había sido organizada en Lima (vía El Salvador13) la Catequesis Familiar. Nosotros implantamos en nuestra misión tal tipo de catequesis, que consistía en la preparación a los sacramentos a tres niveles: con los padres, con los jóvenes y con los niños. En poco tiempo las personas más indiferentes hacia la Iglesia comenzaron a integrarse activamente en la comunidad eclesial. En cuanto a la actividad social, resulta difícil explicar todo detalladamente. Se parte siempre de una situación histórica concreta. Entre 1989-90 se produjo en las tierras de nuestra tierra de misión una gran sequía; por la misma época surgió la epidemia del cólera. Estos dos acontecimientos nos obligaron a organizar toda la actividad social a niveles: asistencia médica directa, campaña de alimentos y otros proyectos, como trazado de caminos, instalaciones de agua, crianza de animales y varios cursos de concienciación social, etc. Todo en coordinación con diferentes entidades, a saber: SINCOS, CARITAS, COBIS, UNICEF, EDEC y SER.

6.

Los terroristas atacan las localidades de Pariacoto y Yaután

En 16 de febrero de 1990 habíamos sufrido en Pariacoto un cruento ataque de los terroristas de Sendero Luminoso14. En la misión se encontraba entonces sólo el fr. Zbigniew, que incluso llevó personalmente los cadáveres de los dos ingenieros asesinados al Hospital de Casma. Yo y Miguel estábamos en Lima despidiendo al ministro provincial después de su visita a Pariacoto. _______________ 13 Villa el Salvador es una barriada popular al sur de Lima caracterizada por su alto nivel de organización y desarrollo autogestionario, donde la Iglesia asumía un rol protagónico en la formación de una nueva identidad de los inmigrantes en la capital 14 Grupo terrorista de ideología maoísta, con Abimael Guzmán como líder. El 27 de febrero de 1990 escribí una carta al Provincial y su Definitorio contando los detalles sobre la situación del Perú, particularmente de Pariacoto; al final de la misma pedía oraciones por el país, para que no perdieran la vida los inocentes. En la misma confirmaba que permaneceríamos con la gente mientras no nos expulsaran. Esto lo aclaraba debido a que en el pueblo se rumoraba sobre un supuesto abandono por nuestra parte.

– 90 –


DECIRES Los terroristas destruyeron, entre otras cosas, la central telefónica y sembraron el terror durante aproximadamente treinta minutos en Pariacoto. Por entonces ya se sufría la ausencia de autoridad civil en el pueblo. También había habido un segundo ataque terrorista, esta vez en la comunidad de Yaután, cercana a Pariacoto. Este pueblo quedó atónito por el asesinado de un abogado de la localidad y del dueño de una compañía de transportes. También fue destruido el puesto policial. Nosotros, que a pesar de estos acontecimientos nunca recibimos ninguna amenaza directa, nos reunimos con el obispo y con las hermanas Esclavas del Sagrado Corazón para evaluar los hechos. Ya la Diócesis de Chimbote había dado instrucciones para el caso de un ataque terrorista. También había brindado las claves para interpretar las señales de Sendero Luminoso respecto a sus próximos objetivos: Primero se difamaba a la persona, después se escribían grafitis peyorativos y amenazas indirectas sobre a misma persona, en un tercer momento la amenaza era directa mediante un escrito dirigido personalmente al amenazado.

7.

El proyecto de la Misión en el contexto de auge del terrorismo

A pesar de la situación, cada vez más compleja, del 2 al 5 de marzo de 1991 se tuvo una reunión en la que participamos: fr. Miguel Ángel López (Asistente General de la FALC), fr. Pedro Kyc´ (representante de la provincia de Cracovia), los hermanos de Pariacoto: Miguel Tomaszek, Zbigniew Strzal/kowski y yo; también asistieron los her. manos Simón Chapin´ski y Gregorio Broz yna, de Lima. Fruto de esta reunión fue el proyecto de la misión en el Perú, tras dos años desde el inicio de la experiencia misionera. Este proyecto daba, en seis capítulos, criterios, hacía propuestas y marcaba las líneas de acción para la Delegación del Perú. – 91 –


DECIRES Se subrayó la idea de implantar la Orden en el Perú y dar prioridad a la promoción vocacional, así como continuar con la pastoral campesina y reforzar la presencia en Lima, en donde se pensó establecer un Centro de Reflexión TeológicoFranciscano. Se señala también la iniciativa de implantar la Orden mediante la apertura de monasterio de Hermanas Clarisas. Toda esta actividad debía ser concorde con la Nueva Evangelización y con la CELAM; también debía responder a las líneas propuestas por el Santo Padre con motivo de los 500 años de la evangelización de América. La Orden, con su presencia en Pariacoto, quería responder a la llamada a la inculturación y ser más coherente con la opción preferencial por los pobres. Del mismo modo, se marcaron los objetivos de nuestras dos Casas en el Perú, Lima y Pariacoto. También se elaboró el calendario para la puesta en práctica de los diferentes proyectos, incluyendo la llegada de los nuevos misioneros. En continuidad con la reunión de evaluación de fines de 1990, el 2 de Abril de 1991 tuvimos una reunión con las hermanas para organizar la Planificación Pastoral y Social de Pariacoto para todo el año (1991); dividimos la misión en tres zonas, se acordó dar más atención a la formación y se definieron fechas y responsables de las actividades. La principal preocupación era lograr integrar la mayor cantidad posible de laicos y darles participación y responsabilidades específicas. En mayo celebramos nuestro capítulo conventual en el que se apuntaron dos prioridades: la preparación del futuro Convento en Pariacoto y cómo realizar el proyecto de la misión en nuestra comunidad; la participación en el Centro Pastoral la consideramos provisional pero subrayamos la necesidad de formarnos en vistas a la formación, y se planteó el Proyecto del Monasterio de las Clarisas.

8.

La formación como un nuevo escenario de crecimiento de la Misión

En la reunión mencionada de toda la Delegación se dieron también unas pequeñas indicaciones sobre la – 92 –


DECIRES formación en el Perú, dado que tres jóvenes habían pedido oficialmente entrar en la Orden; además había otros muchos interesados por el carisma franciscano. Pese a que nuestra principal acción pastoral se orientaba hacia los campesinos, queríamos responder a la llamada vocacional de los jóvenes. Zbigniew fue nombrado encargado directo de la formación; Miguel sería su ayudante. Desde el principio ambos se metieron de lleno en el nuevo servicio, como se aprecia por las cartas que ambos escribieron a sus allegados. Así, encontrándose en Colombia, Zbigniew escribió a Adam Kumiela el 14 de abril de 1991: «De repente ya conocen… que tomamos la decisión de abrir el postulantado. Por una parte, se trata de un momento importante, porque crece nuestra familia franciscana; pero por otra parte es algo muy difícil, porque la educación conlleva una gran responsabilidad frente a la cual se evidencia una notable limitación. Esta realidad no consiste sólo en cantidad (es decir, cuántas vocaciones tenemos), porque, por otro lado, a la persona se la debe tratar con respeto y a la vez con determinación y exigencia… Pienso que sería necesario que se adquiriera la costumbre (tú y también otros) de dirigir cartas a los postulante en el Perú; esto puede ser muy provechoso para ellos, y serviría como ayuda en la formación y en la toma de conciencia de que ellos son parte de una Provincia y de toda una familia franciscana. Los postulantes colombianos ya han preparado una copia de esta carta, la cual llevaré al Perú. Aquí en Colombia cada postulante, novicio o seminarista se debe sentir un promotor vocacional…» El 11 de diciembre de 1990, Zbigniew escribe a su párroco: «muchas gracias por la perenne oración, con la que usted me sostiene, también se deben elevar oraciones – 93 –


DECIRES por los hermanos en la fe y por las vocaciones locales… pero la atmósfera de la familia, del ambiente, no ayuda y no facilita esta labor divina (la pastoral vocacional).» Poco después de la misma reunión, Zbigniew viajó a Colombia con el fin de observar el proceso formativo de la Orden Conventual en aquel país, cara a un futuro trabajo formativo conjuntos entre ambas jurisdicciones. También se inició el Postulantado, con sede en el convento de Pariacoto. Fue una experiencia bastante complicada y problemática, principalmente porque la situación política del país estaba marcada por un ambiente de la violencia y tensión en crecimiento, situación que empeoraba debido a la ausencia de una efectiva seguridad ciudadana y había infiltraciones terroristas en varios grupos sociales, políticos y eclesiásticos.

9.

Nuestra última despedida

Teníamos un gran espíritu de entrega y el deseo de que todo fuera bien en la Misión. Cara a mi viaje a Polonia, los hermanos me aseguraron que yo podía viajar tranquilo, que todo iba a seguir como hasta entonces. En este orden de cosas, viajé a Polonia tranquilo y feliz. Me despedí de los hermanos Zbigniew y Miguel y de los dos postulantes, Cristian y Carlos, con mucha paz. Sólo me afligía la idea de que para ellos el trabajo se haría más arduo, aparte de que, durante mi ausencia en ocasiones anteriores, se habían presentado algunas situaciones con peligro para los hermanos. Ahora, con esta nueva ausencia de mi parte, se despertaban en mí ciertos temores, tal vez presentimientos, y me producían no poca inquietud. Con todo yo quería partir con la certeza de que no sucediera nada malo en mi ausencia. Si poníamos todo en manos de Dios, ¿habría algún motivo para la inquietud? Fr. Zbigniew, me llevó hasta Casma, donde nos despedimos. Recuerdo que me dejó en la agencia para ir él al – 94 –


DECIRES hospital con una enferma que habíamos traído de Pariacoto. Dejada la enferma, regresó a mi lado hasta la partida del autobús. Viajé con la compañía “Turismo Chimbote”. El 16 de Mayo me comuniqué con Zbigniew desde Lima. Durante mi estancia en Polonia mantuve, en total, cuatro contactos con el Perú: dos cartas (carta de la hermana Nuria) y dos llamadas telefónicas (la última el 16 de julio). Pese a que los tres habíamos hablado sobre la presencia de terroristas en nuestro ambiente, hasta aquel momento todo había ido bien, lo que me permitía descansar sin demasiada ansiedad. Sobre el terrorismo lo compartíamos todo, sin secretos; nos inquietaban los hechos que venían sucediendo desde febrero de 1990. Estábamos seguros de que los «terrucos» estaban allí, incluso infiltrados en los grupos de la Misión; lo presentíamos, aun sin pruebas, y nos preocupaba no saber a ciencia cierta con quienes estábamos trabajando. ¿Qué tipo de personas había entre nosotros? No sabíamos quién era quién. Pero, con nuestras sospechas y todo, seguíamos confiando.

10.

Último día: 9 de agosto de 1991

En la misión de Pariacoto se encontraba solamente fr. Zbigniew. Fr. Miguel estaba con los jóvenes de la catequesis familiar en Huaraz. Yo estaba en Polonia de vacaciones; dos semanas más y regresaría al Perú. Hacia las tres de la tarde, hora en que no había mucho movimiento en la Plaza de Armas de Pariacoto, Zbigniew fue visto conversando con unos extraños, probablemente terroristas. Según narra Yolanda, la entonces era nuestra cocinera, Zbigniew mostraba gestos de desacuerdo y un marcado nerviosismo. Zbigniew era por naturaleza un hombre de carácter fuerte, por lo que tales actitudes no eran de extrañar. La misma Yolanda comunicó después que en el pueblo se encontraban los «terrucos» y que fr. Zbigniew aseguraba que si los terroristas llegaban «no hay nada que ocultar, si vienen vamos a dar el testimonio de la verdad». Hasta el último momento, antes de la celebración de la misa de la – 95 –


DECIRES tarde, Zbigniew esperaba a Miguel que debía volver con los jóvenes de Huaraz. Llegado, éste se dirigió la sacristía sin ni siquiera bajar sus pertenencias del vehículo, se revistió y se dio comienzo a la misa. Como de ordinario, antes de la misa los frailes expusieron el Santísimo. Durante la eucaristía, según testigos presenciales, aquel día Zbigniew exhortaba, con los ojos hacia la puerta de la Iglesia, a la esperanza y a la fidelidad a Dios. Luego vendría la reunión con los jóvenes, pero Zbigniew se detuvo para curar la herida de un niño cuya madre se llama Ana. Durante la reunión, ya de noche, unos quince o veinte guerrilleros acorralaron la cuadra en donde está ubicado el convento y la Iglesia. Mientras Zbigniew curaba la herida del niño los terroristas comenzaron a golpear las puertas de arriba y las de abajo. Miguel logró avisar a los postulantes que se refugiaron en la capilla del convento. Les había dicho: No salgan de ahí de ningún modo. La gente se vio obligada a dar entrada a los «terrucos» en la parte interior del convento y de la Parroquia, donde estaban los vehículos. Los terroristas deseaban hablar con todos los miembros de la misión; Zbigniew fue su primer interlocutor y, con voz potente, rechazó categóricamente su petición. Así logró que dialogaran solo con él y con Miguel, dejando libres a los postulantes. La hermana Berta se les unió, invitando a los terroristas a dialogar. Los «terrucos», en un primer momento, engañan a los jóvenes presentes diciéndoles que necesitan utilizar los vehículos de los padres, y se dirigen a la habitación de Zbigniew a buscar las llaves. Una vez en allí, Zbigniew cede a la petición de uno de los terroristas de llevarse los binoculares. Poco después, tanto Miguel como Zbigniew, fueron llevados por los «terrucos» a la Plaza de Armas atados de manos. En el mismo vehículo se coló, a viva fuerza y por su propia cuenta, la hermana Berta; ella fue quien nos transmitió las últimas conversaciones de los frailes con los terroristas y la atmósfera que se vivió. Los terroristas eran groseros y de palabras vulgares. En la camioneta, junto con los dos frailes, iba un comando – 96 –


DECIRES político-ideológico y ejecutivo; todos se mostraban presurosos y nerviosos. El primer testimonio escrito sobre el caso habla de esa manera sobre los motivos que adujeron los terroristas para detener a los dos frailes franciscanos:

a) b)

c) d)

«Engañan al pueblo porque dan alimentos de Cáritas, que es imperialismo. Predican la paz y así adormecen la gente. Porque no quieren así la violencia, la revolución. La paz mancilla la gente. Hay que matar a los que predican la paz. Con la religión adormecen al pueblo. La religión es el opio del pueblo. La Biblia es un modo de adormecer al pueblo y de engañarlo y dominarlo».

Después del diálogo, los terroristas habían subido a la camioneta un bidón de gasolina; fue el momento en que los frailes intercambiaron algunas palabras en polaco, siempre con mucha paz y serenidad. Sólo Dios sabe lo que se dijeron. Luego los «terrucos» empujaron a la hermana fuera del vehículo y tomaron la ruta de Cochabamba: Tras cruzar el puente, echaron la gasolina sobre el mismo y lo incendiaron. Al otro lado, los terroristas se pararon entre 15 y 20 minutos a la altura de las ruinas de la antigua iglesia del Señor de Mayo, ubicada en Pueblo Viejo, lugar en el que vivían escasas cuatro familias. En este lugar, los terroristas asesinaron a los dos frailes franciscanos conventuales junto con el alcalde de Pariacoto, Justino Masa. Consumado el hecho, continuaron su camino hacia Cochabamba donde tomaron también a su alcalde, Domingo Padillas, y lo ejecutaron. Luego continuaron su camino y, a la altura del pueblo Paché, abandonaron los vehículos tras incendiarlos. Ante lo sucedido el pueblo de Pariacoto quedó consternado. Un grupo de personas se dirigió al lugar de los hechos. Al descubrir que los asesinados eran los frailes, se desató una gran indignación. La hermana Berta organizó el viaje a Casma y comunicó lo ocurrido al obispo. – 97 –


DECIRES 11.

Levantamiento de los cuerpos y despedidas por parte del pueblo

Los cuerpos permanecieron en el lugar del asesinato hasta la llegada del obispo y las autoridades civiles, incluida la policía. Luego fueron trasladados a la iglesia de Pariacoto donde se celebró la primera misa de cuerpo presente. Más tarde, los restos fueron traslados al Hospital de Casma para la autopsia. El médico encargado, el Dr. Víctor Manuel Díaz Álvarez, la realizó con mucho respeto y reverencia hacia los cuerpos sin vida de los dos franciscanos conventuales; como testimonió la hermana Emilia. El certificado de defunción de fr. Miguel Tomaszek aclara que las causas de su muerte fueron:

«estallamiento de cráneo debido al impacto de bala en el cráneo». Asimismo el de fr. Zbigniew declara:

«estallamiento de cráneo por herida de bala de grueso calibre, más rotura pulmonar y cardiaca»15. Después de practicados los exámenes forenses los cuerpos fueron trasladados a la iglesia parroquial de Casma; donde se celebró, por la noche, la misa con todo el clero y el pueblo de Casma y Chimbote. El pueblo reacciona en comunión con los padres asesinados. Fue impresionante la cantidad de gente que asistió al funeral de los dos franciscanos conventuales. Tan es así que el trayecto de Pariacoto a Casma, que se hace en una hora, el día del entierro se hizo en cinco. En cada capilla se quería recibir los cuerpos de los frailes en manifestación de dolor y solidaridad. Se hicieron sencillas pero grandes y significativas pancartas con lemas como: «Paz y Bien», «Perdónales porque no saben lo que hacen», «Nuestros padres no murieron». Los cuerpos fueron recibidos con ofrendas florales, y _______________ 15 Los referidos exámenes forenses practicados a Zbigniew fueron expedidos el 13 de agosto de 1991; los de Miguel lo habían sido el 10.

– 98 –


DECIRES fueron enterrados en la iglesia de Pariacoto. Es imposible describir en lenguaje humano el dolor que expresaba el pueblo ante la muerte de sus dos hermanos. A mí me llegaron muchas condolencias y sencillas cartas de los campesinos de Pariacoto, expresando su honda pena por la brutal e injusta muerte de fr. Miguel y fr. Zbigniew. Deseo ahora compartir algunas de ellas. Las cito textualmente:

Primera carta Estimado Padre Jarek: «Resulta sumamente ingrato comunicarse con usted en las actuales circunstancias. Hubiéramos preferido que el motivo de la carta fuera totalmente distinto; sin embargo, la dura realidad nos obliga a remitirle la presente para referirnos a la desaparición de los dos sacerdotes amigos, Zbigniew y Miguel. Durante el poco que nos relacionamos y, personalmente, en mi breve estadía en Pariacoto a finales del año pasado, pudimos conocer el valioso trabajo que realizaban en dicha zona. Para mí especialmente el asesinato de ambos significó un golpe muy fuerte. Y la ocasión de recordar ese corto viaje y el diálogo con ustedes. Todos en SER16 quedamos impactados por la noticia, a pesar de lo cual sabemos que debemos seguir adelante, confiando en que la voluntad del Señor está puesta en un mundo mejor para todos. A veces resulta difícil aceptarlo, pero el Señor, en su infinita sabiduría, tiene sin duda alguna respuesta. Queremos transmitirle por esta carta nuestro dolor por este hecho, compartir con ustedes también este difícil momento y, sobre todo, ratificarles que por _______________ 16 SER – Servicios Educativos Rurales con la sede en Lima.

– 99 –


DECIRES encima del dolor se alza la seguridad en que sólo el amor de Dios es lo que nos salvará. Hermanos como Miguel y Zbigniew nos dejan un hermoso recuerdo, el recuerdo de aquel que dejó su casa, su familia, su país y su cultura para venir a compartir el amor de Dios con nuestros hermanos de los Andes. Ese recuerdo seguirá animando a todos quienes, como en SER, pensamos que encontramos el rostro de Cristo en los rostros sufrientes de nuestros hermanos. Reciban un fuerte abrazo de mi parte y de todos quienes laboramos en SER». Laureano del Castillo, 20 de agosto de 1991

Segunda carta «Pariacoto, 14 de agosto de 1991 Padre Jarek Le saludo con mucho afecto, deseo que se encuentre bien, a la protección de Nuestro Señor Jesucristo, quien es nuestro único amigo y que nos ama. Estas líneas las escribo para unirme al sentimiento de dolor que usted y todos nosotros estamos sufriendo; en realidad es un vacío que casi no se puede explicar, porque se ha atentado en los más profundo de nuestro ser, de nuestra fe como cristianos, en quienes fueron nuestros guías espirituales: P. Zbigniew y P. Miguel, a sus familiares una oración de consuelo para que el Señor los tenga a su lado, y les dé la fortaleza para continuar este camino que el Señor nos ha trazado. Nosotros tenemos la esperanza de que todo el odio y la maldad que algunos hermanos han desatado sobre nuestros sacerdotes algún día el Señor con su poder les hará ver que no es bueno y se conviertan. – 100 –


DECIRES Para los familiares de nuestros sacerdotes un saludo acompañándoles en estos momentos difíciles; estamos orando por ustedes y por usted. Saludándoles con mucho afecto en Cristo, Nancy Ramos P. Alberto H. Baltazar.»

Tercera carta «12-8-91 Querido Jarek, ¡Pax! Hace unos minutos escribí a las Esclavas de Pariacoto y a la Comunidad Cristiana de Cochabamba. No era fácil; pero más difícil escribirte a ti. Al escuchar la noticia el sábado había celebrado la Eucaristía con un grupo de religiosos que estaban en asamblea (su compromiso con los pobres) cuando me avisaron del asesinato. Todavía estoy con ganas de decir que todo es sueño, que no es posible que pasó así, etc. También estoy orando mucho… no tanto por tus dos hermanos y los alcaldes, sino por ti, por mí mismo, y por todos nosotros. Que el Señor nos ilumine y que nos dé esperanza y valentía. Un abrazo, Kevin Gallagher, sj (el que va a Cochabamba en Semana Santa)» Desde el principio, los «terrucos» mostraron una actitud contraria a la fe y a la Iglesia Católica, totalmente anti evangélica y anti misionera. Hay que resaltar, como característica especifica de este grupo, su más absoluto desprecio – 101 –


DECIRES por la vida, no solo de la gente, sino incluso de sus propios combatientes. A diferencia de otros grupos alzados en armas, Sendero Luminoso desarrollaba un verdadero culto a la muerte, con una idea de «la tierra quemada». Así las cosas, los dos frailes murieron por predicar la Biblia y la paz y por mostrar una actitud decidida en favor de los pobres. Hay una conciencia generalizada, y a todos los niveles, de la santidad y del ejemplo de vida de fr. Miguel y fr. Zbigniew. Ambos murieron por predicar el Evangelio y practicar la caridad. Después de tantos años contemplando la dimensión temporal del ministerio de Jesús, quiero en pocas palabras —y tomando como ejemplo la vida del mismo Jesús— hacer una observación sobre las « dos horas » en la vida de mis hermanos Miguel y Zbigniew: la de la conversión y la de la entrega (o testimonio), dos momentos que marcaron sus vidas. No se puede entender el último momento de la vida de nuestros dos hermanos sin tener en cuenta su historia precedente. Hay que mirar el martirio de Pueblo Viejo sin olvidar los detalles de la vida cotidiana en Pariacoto y sus alrededores. Hay que recordar a tantas personas, grupos, lugares y acontecimientos concretos que nos fueron de tanta ayuda a la hora de insertarnos en el pueblo campesino y hacernos parte de él. Tuve la dicha de convivir con los dos hermanos durante largo período de formación inicial. A fr. Miguel lo conocía desde que yo tenía 15 años de edad y el 16; a Zbigniew lo conocía desde inicios del noviciado y compartí con él mi vida de seminarista hasta la ordenación sacerdotal. Desde 1989 iniciamos una experiencia de fraternidad misionera en la tierra peruana. Ellos me eligieron como superior de la comunidad. Éramos de temperamentos muy distintos, con diferentes historias personales, distinta capacidad intelectual y sensibilidad frente a la realidad; este sería un tema para profundizar aún más. Desde los comienzos fuimos una comunidad muy activa; con sus momentos alegres y sus obstáculos. Al hacer la lectura de los escritos de ambos hermanos se evidencia – 102 –


DECIRES claramente una dimensión de conversión en nuestro ser misionero. Igualmente era evidente el amor y la apertura hacia el pueblo peruano. Se trataba de un salto en la cosmovisión, en la manera de entender la política internacional, la Iglesia, el tema de la violencia, las guerras, la injusticia etc., con el gozo de tener acceso libre a la información —en contraposición a la situación de tantos vetos en la Polonia de entonces—, lo que invitaba a ser más creativos en la nueva misión de servicio al hombre, especialmente a los más pobres. Como segundo elemento destaco el hecho de que se trataba de un proceso de convencimiento de que lo recibido debía transformarse en servicio constante y humilde. Fr. Zbigniew, en una de las cartas escritas a Dorota Wieczorek del 5 de mayo de 1991, afirma: «Siempre he admirado a aquellos que, en los términos precisos y fluidos de la poesía, saben expresar la realidad que viven. Esto es muy precioso porque contiene una atmósfera que no siempre es fácil de transmitir mediante un texto corriente. Hasta este momento no he llegado a saber si la gente de aquí tiene sus poemas; seguro que sí tienen música, y tiene su forma de mirar lo que les rodea. Esta mirada es un poco afligida y nostálgica, y al mismo tiempo contemplativa. Se necesita mucho esfuerzo para llegar al fondo del alma de las personas de aquí. Son gente muy sincera, sobre todo cuando uno está a solas con ellos (sin testigos); también se abren cuando les haces preguntas… Me parece que es muy difícil reconocer cuándo uno es verdaderamente sincero; sin embargo, todos son siempre muy gentiles. Estos problemas son los propios de cualquier grupo humano esté donde esté. Muchas veces se exagera mucho al subrayar las diferencias, olvidando que se trata de una cuestión universal que atañe al hombre en cualquier parte del universo». – 103 –


DECIRES . Fr. Miguel también dice en la carta a Janusz Kruzycki, del 22 de marzo de 1991: «Donde ahora te encuentras no estás con el objeto de entender el mundo, sino para comprender cuál es la voluntad de Dios para ti… Se trata de estar en tu propio lugar… Discúlpame este “consejo”, por casualidad me salió esta expresión, no era mi intención dirigirte una charla espiritual, más bien yo tendría que recibir de tu parte… (no tengo derecho a esto, sobre todo porque no tengo noticias tuyas). Para evitar esto quiero compartir sobre mi mundo… Escribiendo un poco más personalmente (no me gusta esto)…Estoy muy contento; gracias a Dios he logrado muy rápida y fácilmente insertarme en este nuevo ambiente. Más de una vez he caminado a las montañas que están a más de 5000 metros sobre el nivel del mar y, gracias a Dios, no ha sucedido nada. A menudo, conduzco más de doce horas al día, y esto me causa mucha alegría. He desempeñado muchas profesiones como: pintor, carpintero, electricista (frecuentemente), albañil, fontanero, experto de la refrigeradora a kerosene, mecánico, cocinero, constructor de techos…, artista popular… En diciembre “mi grupo juvenil” ganó el festival de la Canción Misionera con una canción sobre un texto que traduje, titulado “Esta es la ley del amor”…» En otra ocasión el hermano Miguel escribe a su amigo Mieczysl/aw Rybicki contándole:

«siempre estoy aprendiendo a vivir en estas circunstancias». A la familia de apellido Mucha, en una carta del 20 de marzo de 1991, fr. Miguel escribió:

«Hoy, después del tiempo transcurrido, puedo afirmar… que es muy difícil calificar esta nueva realidad sin – 104 –


DECIRES tener una experiencia más profunda, porque uno fácilmente se puede equivocar, y después debe rectificar. Actualmente, puedo decir que me he vencido a mí mismo y me he convertido…» Estoy convencido de que el proceso de conversión de ambos les hizo madurar para vivir de modo pleno la hora del testimonio, un testimonio que significaba dar la vida por Jesús y por su pueblo. Fr. Zbigniew y fr. Miguel murieron cincuenta años después de que San Maximiliano Kolbe muriera de hambre en una celda del campo de concentración de Auswitz (Os´wiecim) junto con otros compañeros. Es decir, medio siglo después del martirio por amor del Padre Kolbe, en un lugar perdido de los Andes, dan la vida de igual manera dos jóvenes frailes franciscanos abriendo la Escuela del Martirio, según dijo nuestro general, Lanfranco Serrini, en su Carta a toda la Orden. A los nueve días del fallecimiento de los dos hermanos, el Cardenal de Lima, Augusto Vargas, celebró la “misa de novenario” colocando delante del presbiterio una vieja estatua de San Francisco que tenía escrito a sus pies la siguiente leyenda:

«Ahora sí puedo decir que tengo verdaderos hermanos menores». Eran las palabras que el mismo Francisco había dicho tras conocer la frustrada misión en Marruecos que dejara como resultado nuestros cinco primeros mártires. Al lado de dicha estatua fue colocado el cartón manchado con la sangre de Zbigniew en el que los «terrucos» habían firmado el crimen con las siguientes palabras:

«así mueren los lames del imperialismo. Viva EGP». El pueblo veneró este cartón después de la Eucaristía. Diecinueve años después del martirio de los dos frailes, soy más consciente de lo que significa la decisión de irnos en misión al Perú: una decisión que implicaba salir – 105 –


DECIRES de uno mismo, dejar casa, país y cultura para encontrarse con nuevos lugares y gentes. Antes de partir a la zona de misión en Sudamérica, aproximadamente un año antes, tratamos de aprovechar toda la literatura que nos brindara información sobre la situación histórica y social del Perú y de Latinoamérica. Estábamos convencidos, desde el inicio, de que nuestra partida hacia tierras peruanas era para toda la vida. Incluso estábamos muy ilusionados con la idea de dar nuestra vida en campos de misión. La experiencia de salir hacia otro continente para toda la vida y los primeros meses en el Perú siempre los relacioné con el capítulo 2 del Éxodo, en donde Moisés fue echado al río dentro de una cesta. No había ninguna seguridad para él; más bien corría peligro de morir. ¿A dónde iría a parar? Era empujado por la corriente y él ni siquiera era consciente de su situación; estaba abandonado en las manos de Dios. Y Yahveh protegía la vida de aquel niño porque tenía un plan específico para él. El Perú nos resultó un país de muchos contrastes. A pesar de la pobreza generalizada, fuimos testigos de la generosidad de un pueblo que cargaba con una tristeza íntima para, en lo exterior, manifestar siempre alegría. Era muy edificante constatar que, aunque los peruanos sufrían una notable limitación de bienes materiales, siempre mostraban un fuerte sentido de comunión tanto en la vida civil como en la eclesial. En este ambiente de acusada pobreza y escasez se hizo efectiva nuestra inserción en la realidad social de Pariacoto desde las primeras tareas de evangelización. Todo esto hablaba para nosotros, en primer lugar, del hecho de que los campesinos tenían derecho a ser evangelizados y, en segundo, de que merecían una vida digna. En base a estos principios desarrollamos los diferentes proyectos de promoción social ya mencionados. Soñábamos con fundar una comunidad religiosa itinerante en el sentido estricto del término; es decir, no deseábamos estar asentados siempre en Pariacoto, sino que queríamos que nuestra comunidad fuera “nómada” para vivir de modo más cercano con todas las comunidades (Pampas Grande, Cochabamba, Yaután, Colcabamba, etc.). Creíamos – 106 –


DECIRES tener la fuerza necesaria para dicho proyecto, pues éramos jóvenes, sin que nos faltaran resistencia física ni buen apetito. Y no queríamos desperdiciar ni un solo día, porque considerábamos que estar entre la gente era una obra de Dios. Nuestro fin no era buscar popularidad, o halagos, o hacer grandes discursos o producir bellos escritos; sencillamente deseábamos hacer lo que Dios nos mostrara en el camino. De hecho, durante varios meses no tuvimos casi contactos exteriores, pero aplicábamos a nuestra vida fraterna las ideas del Proyecto arriba mencionado. Los hermanos fr. Miguel y fr. Zbigniew dieron un testimonio de amor que nos provoca a reflexionar sobre cuál sea la tarea que debemos cumplir. Al respecto cabe recordar la respuesta del pueblo tras la muerte de ambos: Aún sigue siendo evidente que, después de su martirio, la gente desea estar cerca de los dos frailes. El trayecto de Casma hacia Pariacoto, durante el traslado de los cuerpos, fue la más perfecta expresión de este deseo del pueblo. En el funeral participaron el obispo de Chimbote (Luis Bambarén) y el de Huaraz (José Ramón Gurruchaga); por parte de la Orden asistieron: fr. Miguel Ángel López (Asistente General para América Latina), fr. Stanisl/aw Olbrycht (Custodio de Bolivia), fr. Alcides Lindor Tofful y fr. Simón Chapin´ski; también se unieron muchos sacerdotes del clero diocesano del Perú, religiosos y religiosas, lo mismo que muchas autoridades civiles, militares y policiales. Desde el principio, y de forma sencilla, se tenía el convencimiento de que los dos frailes franciscanos conventuales eran mártires. En lo personal a mí se me grabaron los hechos narrados por los testigos la noche siguiente al funeral, y que expresan claramente la familiaridad y el gran amor que la gente profesaba a estos hermanos. Después de las exequias oficiales, toda la familia pariacotina, con mucha discreción permaneció con antorchas y entonando tristes cantos en quechua alrededor de las tumbas de sus queridos padres. Nadie hubiera pensado que a sus dos amigos los iban a despedir según el antiguo rito de los entierros incaicos. Sobre cada tumba colocaron una especie de muñeco vestido con la ropa ensangrentada de – 107 –


DECIRES cada uno, simbolizando su presencia real, e invitaron a un sacerdote para que concluyera la noche de oración. Se hacía muy difícil concluir algo que no estaba escrito en ningún ritual litúrgico. Apenas despuntó el sol por entre las alturas de las montañas, el sacerdote, siguiendo indicaciones de la cocinera, Yolanda, ordenó abrir las puertas de la Iglesia, luego, acercándose a la tumba de fr. Miguel, siguiendo de nuevo la indicación de la cocinera, proclamó: “P. Miguel entra al cielo” y comenzó a doblar la ropa de aquel que fue lavado con la sangre del Cordero; ropa que el mismo sacerdote colocó a un costado de la tumba. Esta misma acción la repitieron, lentamente y con reverencia con la ropa del fr. Zbigniew. Concluida la ceremonia, meditaron en el gran misterio de la Pascua del Señor, manifestada concretamente en los dos queridos frailes, insinuando que “CUANDO SALE EL SOL NACE LA VIDA”.

12.

Lecciones y conclusiones

Dentro de la pequeña Iglesia dedicada al Señor de Mayo descansan los cuerpos de fr. Miguel y fr. Zbigniew, sepultados en dos sencillos sarcófagos, uno a cada lado de la Iglesia mirando hacia el altar. De ellos se puede decir que fueron: firmes en la fe, alegres en la caridad y fieles hasta la muerte, tres notas que son como la firma de lo que fue la vida de estos dos franciscanos conventuales. A partir de este momento comienza una historia cuyo itinerario sólo Dios conoce. Mirando las tumbas de ambos meditamos en su sencillo gesto de martirio cristiano; de esta meditación sobre su muerte nace un nuevo camino: el del perdón. Durante el funeral, el Asistente General perdonó oficialmente a los responsables del asesinato. Dijo: «perdonamos; y si nos hemos equivocado dígannos dónde». Tal vez algún día encontremos los testimonios precisos que nos narren los últimos momentos y conversaciones de fr. Miguel y fr. Zbigniew. Actualmente, nosotros lo que podemos contemplar son sus rostros humildes, serenos y – 108 –


DECIRES reconciliados, que no expresan sino paz, a pesar de las brutales heridas de donde brotó la sangre. Si no hubieran amado no habrían resistido hasta el final. Por eso murieron. Se olvidaron de sí mismos. En su vida existía sobre todo Dios y la gente, sus queridos campesinos. Por querer estar cerca del pueblo campesino se acercaron incluso a la muerte. Y nunca retrocedieron, sino que permanecieron fieles hasta la muerte, una muerte presentida. Para entender el verdadero significado de la muerte martirial de estos dos hermanos debemos escuchar la voz del Espíritu. Ambos frailes poseían un gran espíritu misionero que se manifestó de forma sencilla en la vida cotidiana, pese a las normales limitaciones de su ser de hombres como de cualquier otra persona; pero pusieron su parte, sus cinco panes y sus dos peces y Dios puso la añadidura. Fr. Zbigniew tenía sensibilidad hacia los enfermos y una gran capacidad organizativa, sin olvidar su don para discernir la realidad político-social. La sensibilidad de fr. Miguel era sobre todo hacia los niños y los jóvenes, a esto se unía, entre otros, el don de la música que él sabía aprovechar. El día en la misión de Pariacoto siempre comenzaba con una oración privada por parte de ambos, cosa que se comprobaba por el consumo del aceite que mantenía viva la lámpara del Santísimo en la capilla del convento. Los dos hermanos fueron lavados en la sangre del Cordero, y su testimonio es un estímulo para nuestra debilidad. Vale la pena que el mundo, la Iglesia y la Orden se pregunten. ¿No nos interpela hoy el ejemplo de éstos mártires? Efectivamente, nuestra orden menor y conventual necesita revivir el ejemplo de aquellos primeros cinco mártires de Marruecos. Al respecto es significativa la iniciativa del Cardenal de Lima quien, en la celebración del novenario por la muerte de los dos frailes, hizo referencia a los protomártires franciscanos. En esta misma línea, el entonces Ministro General, Lanfranco Serrini, mencionó en Carta a toda la Orden que el testimonio de fr. Miguel y fr. Zbigniew nos ubica en el contexto martirial, tan presente en la historia del carisma franciscano. – 109 –


DECIRES Es necesario interrogarnos sobre qué fundamento queremos edificar nuestra vida; cuál es el concepto real del “dar la vida”, de perderse a sí mismo. ¿Realmente poseemos una actitud nueva, auténtica, generosa y decidida para asumir con disponibilidad cualquier riesgo? Por todo lo referido, aquel Proyecto inicial de Pariacoto, que concluyó con el martirio de dos frailes conventuales, bien puede ser paradigma para toda Latinoamérica. Pensando en nuestra misión de Pariacoto aparece en mi mente la figura de María que contempla a su Hijo en la Cruz. Ella es el perfecto modelo de una vida misionera que nos induce a incluir en nuestra actividad misionera franciscana la dimensión femenina, que aporta otro tipo de sensibilidad: nobleza, no violencia, radicalidad, de status nuevo con igual valor en la tarea evangelizadora. Al final no puedo dejar de dar gracias a Dios por los hermanos con quienes me lancé a soñar en un mundo campesino, pobre materialmente, pero rico en valores evangélicos que marcaron mi vida. Gracias a Miguel por su capacidad de contemplar y ver a Dios, en todo, con alma de niño. Gracias a Zbigniew por su gran humanidad y fortaleza de espíritu, que curaba no sólo las almas sino los cuerpos. Gracias a las Hermanas Esclavas; sin ellas tal vez no hubiéramos resistido tanto; gracias porque con el trabajo en equipo que realizábamos aprendimos, caminamos, nos inculturamos, nos metimos en el pueblo y el pueblo se ganó nuestro corazón. Gracias a Dios porque camina humildemente con nosotros a pesar de nuestras fragilidades y debilidades. Aunque siempre queda en mi corazón el signo del misterio ante lo acontecido, tras estos años, hoy me atrevo a mirar y a escribir la historia recorrida para aprender que todo es gracia. Miguel y Zbigniew no dejaron un testamento «formal»; fueron sorprendidos por la hermana muerte en la plena carrera. Pero sí dejaron el testamento que representa y asume la identidad de tantas vidas y muertes anónimas que también creían, luchaban y trabajaban por los valores del Reino en el Perú y en tantas partes del mundo con sus – 110 –


DECIRES diferentes contextos históricos, políticos, etc. La muerte martirial de Miguel y Zbigniew es un hecho, no un discurso; como un hecho fue el abrazo de Francisco al leproso, o la sonrisa de Juan Pablo I, o el paso silencioso de Maximiliano Kolbe por Auschwitz, o la huida de una mujer africana de su país con las pertenencias sobre la cabeza y sus niños agarrados de la mano, o el caso del hombre que veía su casa consumida por las llamas… Son hechos y gestos que humanizan a los hombres, que despiertan la sana pasión por la autenticidad, que muestran el rostro de Jesús diciendo: “Sígueme”.

– 111 –


DECIRES

Página 112 – Blanca –

– 112 –


DECIRES

Página 113 – Blanca –

– 113 –


DECIRES

Página 114 – Blanca –

– 114 –

Revista Decires - Año III, N° 4, 2011  

Revista del Ministerio de Reflexión de la Federación de los Frailes Menores Conventuales de América Latina (FALC) – MiReFALC –