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UNA FORMA ELEVADA DE ENTRETENIMIENTO

satíricos y algún decálogo irónico para los jóvenes críticos), estas notas probablemente vayan perdiendo vigencia conforme pasen los años, pues están signadas por la actualidad, y queden sólo como el testimonio de un moralista agudo y mordaz sobre el país que le tocó. Su crítica literaria, en cambio, incluida en Las caricaturas me hacen llorar, es caso aparte. En su obra crítica, Serna rehúye el lenguaje esotérico de otros comentaristas, tan pretenciosos como ininteligibles, y opta por la claridad sin sacrificar la perspicacia. Sus ensayos no buscan ser neutrales ni quedar bien con nadie, sino exhibir un temperamento apasionado y encontrar en la literatura un sentido que rebase el texto mismo. Son memorables sus textos dedicados a algunos de sus autores admirados como Manuel Puig, Carlos Olmos, Luis Arturo Ramos, Inés Arredondo, Virgilio Piñera y José Agustín. No menos importantes son aquellos textos en los que explica sus disgustos literarios sin animadversión pero sin eufemismos. Tres autores, en especial, son blanco de sus críticas más punzantes: Homero Aridjis, Fernando del Paso y Carlos Fuentes. Al referirse a 1492, la novela del primero, reconoce en su autor una gran erudición sobre el siglo recreado en su ficción, el XV, pero le recrimina no saber escribir diálogos ni mantener el interés del lector ni crear personajes. De Fernando del Paso lamenta que su ambición no esté a la altura de sus creaciones, como Palinuro de México, que, en palabras de Serna, abusa del collage y de la paciencia de sus lectores. A Fuentes le reprocha el haber sucumbido a la “novela del lenguaje”, despreocupada de la creación de personajes y una trama convincente, y centrada en innovaciones formales afectadas y vacías de significado. Así como no le tiembla la pluma a la hora de enfrentarse a figuras consagradas o al menos celebradas por el ámbito literario mexicano, Serna también ha sabido ser generoso con algunos de los colegas de su generación o más jóvenes: Héctor de Mauleón, Jorge Volpi, Eduardo Antonio Parra, Xavier Velasco, Julián Herbert y Santiago Roncagliolo, entre otros, le han merecido comentarios elogiosos o reseñas positivas. En su nota “La fisura del témpano”, incluida en Giros negros, Enrique Serna refiere que hace cuatro siglos los escritores de genio, entre quienes menciona a Shakespeare y Lope de Vega, eran capaces de cautivar a un público masivo sin sacrificar la altura poética de un drama, pese a que su auditorio careciera de instrucción e incluso fuera zafio. Menciona que los intelectua131

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