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UNA FORMA ELEVADA DE ENTRETENIMIENTO

Su novela debut, Señorita México, está narrada a través de dos planos enfrentados: por un lado, el relato de vida que la protagonista, una exreina de belleza caída en desgracia, le hace a un periodista; por otro, un narrador omnisciente relata escenas cruciales que la protagonista escamotea. De la confrontación de estos dos planos, de su tensión, resulta, además de humor, un retrato despiadado a la vez que entrañable del personaje central, cuya visión está conformada en buena parte de ingenuidad, frivolidad y tontería, pero también de ilusiones perdidas que no convocan la burla sino el entendimiento. Hay en la mencionada oposición un contraste entre lo que Selene Sepúlveda había soñado ser y las miserias que la vida le tenía deparadas. Lo novedoso de la estructura del libro consiste, sobre todo, en la inversión temporal en el plano del narrador omnisciente, que inicia con la muerte de la protagonista y termina con su nacimiento. La prosa de Serna, funcional, precisa, despojada de inútil retórica, está presente ya en su ópera prima, como también lo está su interés por los seres marginales: elegir a una exreina de belleza como protagonista, si no es un caso único en la literatura mexicana, sí es inusual. Serna parece rescatar a Selene de viejas revistas de espectáculos, de la cultura popular a la que nunca desdeña, para decirnos que la condición humana está en todos lados, incluso en aquellos rincones con frecuencia desdeñados por los escritores “serios”. En su segunda novela, Serna amplía sus alcances: no se propone ya contar la vida de un personaje, sino perpetrar un fresco de la Ciudad de México con diversos focos y perspectivas alternadas que den cuenta de una sociedad compleja y desigual. Un proyecto de tales características remite de inmediato a la célebre primera novela de Carlos Fuentes, La región más transparente (1958). Hay, sin embargo, diferencias notables entre ésta y Uno soñaba que era rey. El libro de Fuentes presenta una ingente cantidad de personajes de todos los estratos sociales para representar una sociedad caótica, en plena expansión. Extenso y formalmente sofisticado, es un proyecto ambicioso y, sin duda, digno de aplauso. Sin embargo, adolece de importantes defectos: fracasa en su búsqueda de una esencia inexistente de la ciudad; en ocasiones sus personajes, más que seres de carne y hueso, resultan abstracciones, ideas, con un alto nivel de inverosimilitud; los personajes con cierta importancia son tan numerosos que resulta muy difícil seguirlos a todos, 121

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