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JAVIER MUNGUÍA

tados de la moral retrógrada, otros son transgresores y exploran facetas poco aprobadas de la sexualidad, como la bisexualidad y las relaciones múltiples. Como Wilde, el autor opina que la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella; como Bataille, que las prohibiciones estimulan el deseo. Serna es, pues, un moralista, pero no uno que pretenda moralizar caricaturizando a sus personajes, de modo que resulten tan ridículos como irreales, ni que se coloque en una atalaya para señalar los vicios ajenos. Por el contrario, muestra una gran empatía con sus personajes fracasados. Además, en ocasiones él mismo resulta blanco de sus burlas: si uno sigue sus notas en periódicos y revistas, podrá verlo en situaciones muy cómicas, como padeciendo una incontinencia gaseosa frente a María Félix o cargando, por odiosa cortesía, con un arsenal de libros de los que querría deshacerse como de la peste. El grueso de la obra de Enrique Serna está compuesto por novelas. Señorita México (1987), Uno soñaba que era rey (1989), El miedo a los animales (1995), El seductor de la patria (1999), Ángeles del abismo (2004), Fruta verde (2006) y La sangre erguida (2010) son sus trabajos en este rubro. Como él mismo ha dicho, en sus primeras novelas perseguía la innovación formal; pese a ello, nunca olvidó que el centro de la ficción reside en contar historias que emocionen y atrapen al lector. Después tendió a la invisibilidad como narrador: se valió de estructuras y estilos que no se hicieran notar, sino que fueran vehículos discretos pero eficaces para contar. 120

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