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EL SUEÑO DE LA ALDEA

para poner y sembrar su temor e braveza en todos los rincones de aquellas tierras”. Los conquistadores negociando con el sadismo y la dignidad, azuzando para sacar después el matamoscas. Bernal se enfureció con esta acusación del para entonces obispo De las Casas. Ante todo un buen cristiano, Bernal se preocupó en decir que ellos hicieron lo correcto, de otra manera los indios seguirían en sus cúes, adorando demonios, Uichilobos, Tezcatepucas, sacrificando enemigos para comer sus carnes con sal y ají y tomates. Fue lo correcto, nos quiere convencer Bernal, y se quiere convencer a sí mismo. Ellos se lo ganaron, por infieles. Pero tacha la frase: “y otros se quemaron”. Cortés, por su parte, no da explicaciones. ¿Cómo sucedió? Según Bartolomé, los españoles mandaron llamar a los caciques principales de Cholula. Con la excusa de que emprendían el camino a Tenochtitlán, ordenaron les trajeran varios miles de tlamemes: indios de carga, único transporte en un mundo sin ganado. Llegaron cinco o seis mil de estos “corderos muy mansos”, los juntaron en un gran patio, y “ninguno pudo escaparse que no fuese trucidado”. Después tenemos, de nueva cuenta, la hoguera, atizada por los conquistadores para quemar en ella a los

caciques. Aquí, Bartolomé se preocupa de darnos un detalle: nos cuenta que algunos lograron escapar de las llamas, subieron a la pirámide, y desde ella les dieron batalla a los conquistadores. Duraron poco. ¿Qué dice Cortés? Mató a tres mil en dos horas. Tampoco lo hizo por gusto. Si tal fuera, hubiera “trucidado” a totonacas, tlaxcaltecas, huejotzincas, otomíes. Fue estrategia marcial, que es casi decir estrategia de sobrevivencia. Quienes no han vivido una guerra, qué saben. Según él, los cholultecas, desde que entraron a su ciudad, los mantuvieron a agua y aire. Al llamarlos para ver dónde había quedado la hospitalidad prometida por los embajadores, se hicieron los enfermos: que están malitos. Pero entonces se supo. La lengua, Malinche, fue abordada por una india de la ciudad, noble de linaje; le dijo que a las afueras de Cholula se aprestaba un ejército para darles muerte a los españoles; que se viniera con ella, porque de otra manera no salvaba la vida. Pero Malinche prefirió a Cortés. Y cuando éste se enteró, mandó a llamar a los señores principales. De nueva cuenta la escena de su arresto, uno por uno, en una gran sala. Luego un disparo de escopeta como señal para que “diesen en mucha cantidad de indios que había junto al aposento y 11

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