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CartadelDirector

Diseño de portada Antonio Blanco Nº 5 OCTUBRE 2020 Director Antonio Blanco Herranz contenidos@revistacriminalia.es Redes Sociales

@RCriminalia @revistacriminalia revista criminalia CRIMINALIA no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores. La opinión de esta publicación se refleja exclusivamente en la Carta del Director y en las informaciones firmadas por la propia revista. CRIMINALIA es una publicación gratuita online de caracter mensual que tiene por objeto la divulgación de contenido relacionado con la criminología sin ningún tipo de ánimo de lucro. La publicación de CRIMINALIA contiene algúnos contenidos que pueden herir la sensibilidad del lector. Asímismo, nuestra vocación de servicio público, nos obliga a recordar al lector que si han sido testigos o tienen alguna información con los casos presentados en estas páginas, no duden en dar avido a las Autoridades Policiales.

Bienvenidos a un nuevo número de CRIMINALIA. Iniciamos nuevo mes y con él, llegan las lluvias, nieves y ese frío que nos acompañaran durante algunos meses más. Esta época es propicia para sentarse en casa al calor y, con una buena taza de café, leer aquellos libros y novelas que tenemos pendientes o sumergirse en los contenidos que cada mes CRIMINALIA os ofrece en sus páginas. En este número os presentamos en nuestra portada, aprovechando que en breve llega la festividad de Halloween, una relación de los 10 asesinatos más célebres ocurridos en esta época tan singular del año. 10 crímenes contados de manera breve y concisa que a buen seguro disfrutarás leyendo. En Asesinos en serie, nos volcamos en un caso antiguo ocurrido en las décadas de los sesenta y setenta y que fue conocido como el Asesino del Torso. Nuestra sección de Crímenes sin resolver, está dedicada este mes a Susana Acebes, una joven que en septiembre del año 2000 murió asesinada en su propio domicilio. Hace poco tiempo que el crimen ha prescrito y por ello hemos querido recordarlo como ese último cartucho de bala que nos queda para saber quien fue el asesino. El Archivo del crimen se abre este mes para traernos el suceso acaecido en 1965,

cuando Piedad, una niña de 12 años, se convirtió en la asesina de sus propios hermanos. En Alerta Desaparecidos, abordamos el caso de Ángeles Zurera, cuya desaparición se remonta a 2008. Además, seguimos dedicando nuestras páginas a aquellas personas desaparecidas que actualmente son casos activos para su búsqueda y que, junto a asociaciones como QSD Global, queremos ayudar a resolver. Y como no, desde aquí recomendaros nuestras ya habituales secciones de Actualidad Criminal, con las noticias más destacadas ocurridas el pasado mes, la Sala de Lectura, con títulos literarios enmarcados en el género que tratamos y nuestro particular espacio de Estudio de la Criminología donde desgranamos número a número la historia y particularidad de esta disciplina. Como colofón, recordaros que en este número incluimos un reportaje especial en el que tratamos el interesante tema de los desaparecidos durante el confinamiento. ¿Cómo es posible que cuando España estuvo encerrada existieran más de 600 denuncias por desaparición? Personajes de la talla de Paco Lobaton nos cuenta las posibles razones. Esperamos que disfrutéis de la lectura y que nuestro trabajo siga siendo de vuestro agrado. Nos vemos el próximo mes.

SUMARIO En portada. Reportaje: 10 asesinatos reales en Halloween Actualidad Criminal Asesinos en serie: El Asesino del Torso Crímenes sin resolver: Susana Acebes El Archivo del Crimen: La niña asesina Alerta Desaparecidos: Ángeles Zurera Alerta Desaparecidos: Casos Activos Reportaje Especial: Desaparecidos durante el confinamiento Sala de Lectura Estudio de la Criminología

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EN PORTADA / CRÍMENES EN HALLOWEEN

La noche de Halloween combina ánimo festivo, alcohol, máscaras y gusto morboso por lo siniestro. Con esa explosiva combinación no es de extrañar que varios de los crímenes más llamativos y horrendos de la crónica negra hayan tenido lugar en esa fecha. En este número de CRIMINALIA repasamos algunos de los más significativos. Cuidado, estas historias de terror son reales.


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EN PORTADA / CRÍMENES EN HALLOWEEN

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n octubre cada año generalmente los cines se llenan de películas que muestran asesinatos sucedidos el Día de Halloween, y claro, parecen solo ficción, algo que solo sucede en la gran pantalla y que parecen tan ajenas a nuestra realidad, pero que desgraciadamente están más cerca y son más reales de lo que creemos. Muchos asesinatos son perpetrados este día; vamos a diez de ellos que ocurrieron en la vida real.

UNA FIESTA MORTAL La tarde del 30 de octubre de 2010, el joven universitario de Bogotá Luis Andrés Colmenares dudaba si acudir o no a la fiesta de Halloween en la discoteca Penthouse. Llegó a redactar una lista de pros y contras, y en los pros escribió: "Arreglar el problema con Laura". Ella era una adinerada compañera de clase con la que salía desde hacía pocas semanas. Decidió ir: varias fotos le muestran disfrazado de diablo y a Laura Moreno de Minnie Mouse, divirtiéndose junto a varios amigos. Horas después, el cadáver de Luis Andrés aparecía en un río. Así se inicia uno de los casos más mediáticos de los últimos tiempos en Colombia. Aunque en un inicio su muerte fue considerada un accidente provocado por la ebriedad, la familia Colmenares contrató una investigación forense particular después de que la madre de Luis Andrés declarase que se le había aparecido su hijo en sueños susurrándole: "Mami, la prueba está en mi cuerpo, búsquenla". La conclusión fue mucho más dramática: asesinato. Se esgrimió que el joven había muerto tras una brutal paliza y que su cadáver solo fue arrojado al agua horas después de muerto. Siguieron varios juicios al exnovio de Laura, Carlos Cárdenas, la teoría de que los escoltas de la joven habían acabado con el estudiante, contradicciones en los testimonios, falta de pruebas y la absolución tanto de Cárdenas como de Laura Moreno y Yesi Quintero, otra amiga que había salido aquella noche. Tras el último juicio en 2017, la versión oficial es que la muerte de Luis Andrés Colmenares se produjo de forma accidental, pero la fiscalía y la familia mantienen la teoría del asesinato.

NOCHE SANGRIENTA Lauren Meanza, Leslie Mazzara y Adriane Insogna compartían casa en Napa, California. La madrugada de Halloween de 2004 Lauren se despertó sobresaltada en su dormitorio, situado en la planta baja, por los ladridos de su perro. Escuchó que alguien entraba en la vivienda y subía las escaleras. Pensó que se trataba del novio de Leslie, pero minutos después escuchó un alarido de terror. Era Adriane pidiendo auxilio. Lauren se asomó a la puerta de su habitación y vio cómo un hombre bajaba las escaleras rompiendo objetos.

Laura Moreno y Luis Andrés Colmenares, en una foto de Facebook.

Presa del pánico, la joven huyó hasta el patio trasero de la vivienda, que daba a un muro tan alto que convertía el espacio en una ratonera. Dentro de casa, el desconocido seguía moviéndose, y Lauren escuchó de nuevo los gritos de Adriane. Volvió a entrar en la vivienda e intentó llamar a la policía desde la cocina, pero la línea había sido cortada. Sin saber qué hacer, Lauren subió a la habitación de Adriane. Se encontró la estancia cubierta de sangre, a Leslie acuchillada sobre una pila de ropa y a Adriane detrás de la cama, todavía viva pero exangüe por las numerosas puñaladas que le habían propinado. Lauren logró bajar hasta su dormitorio, con los pies descalzos manchados por la sangre de sus compañeras, y llamó a la policía desde su móvil. La policía peinó la escena del crimen en busca de pruebas que pudieran ayudar con la investigación mientras se informaba a las familias de las jóvenes de los horribles hechos que habían tenido lugar esa noche. Durante los siguientes meses, los agentes interrogaron a más de 1000 personas y recogieron cientos de muestras de ADN en un intento desesperado por resolver el doble asesinato que había sacudido a los habitantes de la normalmente tranquila zona de Napa Valley. El doble crimen tardó un año en resolverse. El culpable resultó ser Eric Copple, marido de Lily Prudhome, una de las amigas de Adriane. Él mismo confesó su autoría sin dar ningún motivo para los asesinatos.


7 REBEKAH GAY

CRIMEN EN RIPOLLET

En 2012, John D. White ingresó en la caravana de la joven Rebekah Gay de 24 años y la asesinó brutalmente, golpeando su cabeza con un mazo antes de atar una corbata alrededor de su cuello. White planeaba tener relaciones con el cuerpo, pero estaba tan borracho que le resultó imposible. El bebé de Rebekah, de tan solo tres años, se encontraba presente cuando ocurrió este horrible hecho. White le puso su traje de Halloween y se lo llevó a su padre, confesó su crimen y fue arrestado, siendo condenado a 56 años en prisión. Se suicidó en la cárcel unos meses después de la sentencia.

Primer plano de Rebekah Gay

Leslie Ann Mazzara y Adriane Insogna

También en España un crimen cometido un 31 de octubre de 2008 ha pasado a la memoria popular. Se trata del asesinato de Maores (María Dolores), una adolescente de Ripollet (Barcelona) que fue asesinada, precisamente, por un compañero de clase del que estaba enamorada. A él, Sergio, le había dedicado numerosos mensajes en su cuenta de Fotolog, y no desconfío un momento cuando este fue a buscarla a su casa la víspera de Todos los Santos, en compañía de otro compañero de instituto, Luis. Maores salió en zapatillas de casa asegurando que volvería en cinco minutos. En un descampado cercano, Sergio la degolló. Los amigos y vecinos de la víctima no se explican cómo un chaval de 14 años, que no era conflictivo en el colegio y se había criado en una de tantas familias de clase media, fue capaz de matar a su amiga y compañera de 2º de ESO. Tampoco entieden por qué empleó una violencia tan extrema: tras degollar a la niña, el chaval se ensañó en su cuerpo con un palo de senderismo. La chica aún vivía cuando la dejó tirada. Los psicólogos investigaron si la brutal reacción de Sergio podría ser explicada por un trastorno mental. En las calles de Ripollet, sin embargo, los vecinos pidieron justicia y la familia del chico, que vivía a tres calles de la de Maores, ha puesto tierra de por medio. Este crimen, cometido por un menor, conmocionó a España y alimentó el consabido debate sobre las penas a los delincuentes menores de edad. Sergio y Luis, autor y cómplice del crimen, nunca se arrepintieron del crimen. Los dos fueron internados. Casi cinco años después del asesinato, Sergio salía en libertad ante la impotente y atónita mirada de la madre de Maores. En la imagen, fotografías de la joven Maores y velas cerca de su domicilio.


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EN PORTADA / CRÍMENES EN HALLOWEEN

EL HIJO DE SAM

Ala izquierda, David Berkowitz “El hijo de Sam”, un asesino en serie del que pronto hablaremos en CRIMINALIA. A la derecha, Peter Fabiano y su mujer Betty.

Ronald Sisman y Elizabeth Platzman fueron asesinados en su apartamento del Chelsea neoyorquino la noche de Halloween de 1981. Lo que podría ser otro crimen de los ya tristemente habituales esa fecha adquiere tintes más chocantes cuando un preso declara que uno de sus compañeros de encierro había predicho el crimen. El clarividente no sería otro que David Berkowitz, el asesino en serie conocido como "el hijo de Sam". Siempre se había rumoreado que Berkowitz había estado en contacto con una secta satánica que le ayudaba a cometer sus delitos; según el informante de la prisión, el reo había hablado de un plan para entrar en algún apartamento de la zona y realizar un asesinato ritual. El mismo Berkowitz dijo que Ronald Sisman (uno de los asesinados) tenía grabados algunos de los asesinatos del Hijo de Sam y planeaba entregarlos a la policía a cambio de ser exonerado de alguno de sus delitos relacionados con las drogas. Sin embargo, los investigadores no han resuelto aún los crímenes de Sisman y Platzman.

TRUCO O TRATO La norma universal de no abrir a los desconocidos se rompe cada noche de Halloween con la tradición de ir a pedir caramelos por el vecindario. Una precaución elemental se trasgrede así para mantener una costumbre inocente y divertida. O eso debió de creer Peter Fabiano cuando llamaron a su puerta la noche de difuntos de 1957. Al otro lado había alguien vestido con una máscara, pintura y guantes rojos, pero no era un niño ni un tardío adolescente, sino un adulto que le disparó en la cabeza con una pistola envuelta en una bolsa de papel. Semanas después dos mujeres, Goldyne Pizer y Joan Rabel, eran detenidas como coautoras del crimen. Joan había mantenido una relación con Betty, la esposa de Fabiano, durante una crisis del matrimonio. Incapaz de superar la ruptura, había convencido a Goldyne, su amiga y probable amante, de que el hombre era malvado y merecía la muerte. Por amor a Joan, obedeció, y ella fue la que empuñó el arma y efectuó el disparo. “Las asesinas lesbianas” (así las llamaron) hicieron las delicias de la prensa, que aprovechó para identificar a las mujeres homosexuales como peligrosas odiahombres capaces de lo peor.


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CANDYMAN Y hablando de caramelos, la leyenda urbana por antonomasia de Halloween se hizo realidad. El atávico miedo a las chucherías envenenadas y las manzanas de caramelo que ocultan cuchillas de afeitar tiene un terrible precedente que tuvo lugar en Texas en 1974. El pequeño de ocho años Timothy O’Brian moría envenenado tras tomar una barra de Pixie Stix, un caramelo de pica pica en polvo todavía muy popular que había sido envenenado con cianuro. El doble horror vino cuando se demostró que su propio padre había sido el asesino, que agobiado por las deudas intentó cobrar varios seguros de vida que había contratado para el niño. Además, intentando encubrir su crimen, le había dado Pixie Stix envenenados también a su otra hija Elizabeth y a varios niños del vecindario más, pero estos no llegaron a consumirlos. Ronald O’Brian fue condenado a muerte y ejecutado diez años después, ya convertido para los restos en "el hombre que mató Halloween" o en el auténtico "Candyman". Después de que el crimen de O'Bryan se hiciera público, se implementaron programas de seguridad para Halloween en Pasadena en los cuales se enseñaba a los padres métodos para evaluar la seguridad de pedir caramelos en casa de los vecinos mediante la inspección visual.

Ronald O'Brian asesinó a su propio hijo Timothy la noche de Halloween con un caramelo envenenado.

Periódico de la época haciéndose eco del suceso.


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EN PORTADA / CRÍMENES EN HALLOWEEN

LISA FRENCH Lisa French tenía solo 9 años de edad cuando una noche de Halloween, en 1973, fue asesinada por su vecino Gerald Turner, quien obligó a la niña a entrar a su casa, la forzó violentamente y luego la estranguló. El asesino dejó el cuerpo de la niña en un camino al lado de una granja y allí permaneció hasta que el dueño del terreno lo descubrió. Turner fue condenado a 38 años en prisión. Cuando salió violó su libertad condicional por poseer imágenes pornográficas en su computadora, por lo que tuvo que permanecer otros 15 años en prisión.

TOOLBOX KILLERS Lawrence Bittaker y Roy Norris recibieron el nombre de los «Toolbox Killers” (los asesinos de la caja de herramientas) porque usaban herramientas del hogar para infligir torturas a sus víctimas. Se trataba de dos adolescentes de Los Ángeles. Los chicos se ofrecían a llevar a los autoestopistas que encontraban mientras circulaban por la autopista y los llevaban a lugares remotos, donde los violaban, torturaban y mataban, para luego tirar sus cuerpos en el bosque. La muerte de Shirley Ledford de 16 años, fue uno de los muchos asesinatos sucedidos el Día de Halloween, en este caso en 1979. La chica estaba haciendo autostop y terminó en el coche con estos enfermos, quienes la torturaron con sus herramientas, la forzaron y después mataron. Los hombres fueron finalarrestados y sentenciados a muerte por un gran número de asesinatos. En un próximo número de CRIMINALIA, trataremos con detalle la historia de este caso.

LA FAMILIA LISKE En 2010, Devon Griffin de 16 años regresó a su casa y encontró en el piso los cuerpos de su hermano, madre y padrastro. Se creía que William Liske Jr, había sido el culpable de los asesinatos; era hijo del padrastro de Devon, quien padecía esquizofrenia. Finalmente se confirmó que él había sido el culpable; declaró los asesinatos de los miembros de su familia y recibió tres cadenas perpetuas, fue encontrado muerto en su celda cinco años después de entrar a prisión y a la edad de 29 años. Arriba, la pequeña de 9 años Lisa French. Abajo, su violador y asesino, Gerald Turner.


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La verdadera historia de Michael Myers John Carpenter (Nueva York, 1948) creó a Michael Myers hace 40 años. "La noche de Halloween" (1978), una película de terror de bajo presupuesto que Carpenter escribió y dirigió cuando un productor le pidió "una película sobre un asesino de niñeras", se hizo con 285.000 euros y recaudó más de cuarenta millones de dólares de la época (que serían hoy, al cambio, más de 145). Fue en su momento y durante años la película independiente más rentable de la historia. En la película un niño llamado Michael asesinaba a su hermana y a su padre la noche de Halloween, tras lo que era encerrado en un psiquiátrico. Tras huir quince años después, volvía al pueblo y, oculto tras una máscara blanca, mataba a cuatro jóvenes y perseguía a una estudiante que, en la noche de Halloween, hacía de niñera. Se convirtió en un clásico instantáneo que dio lugar a una exitosa franquicia. El fenómeno fan llevó a que durante años se extendiese por Internet el rumor de que la película se inspiró en un hombre llamado Stanley Stiers que vivió en Iowa y que en la noche de Halloween de 1923 mató a su familia, fue ingresado en un sanatorio mental y escapó 13 años más tarde para seguir matando. Una historia encantadora para contar en Halloween, pero con un problema: no hay constancia de esos asesinatos en ningún medio. Pero si lo que quiere el forofo casual de esta saga de terror es encontrar posibles inspiraciones para un psicópata que mata llevando una máscara, sí que hay donde elegir. El caso de Ed Gein es el más célebre y podría decirse que inspiró a casi todos los asesinos en serie que hoy conocemos en el cine. Oficialmente tiene

dos muertes en su haber (las de Bernice Worden y Mary Hogan), pero confesó también robar cadáveres de mujeres recientemente fallecidas y utilizarlos para los asuntos más terroríficos y peregrinos, como usar sus huesos y calaveras a modo de objetos domésticos como tazones o ceniceros. Entre las cosas que encontró la policía tras su detención al registrar su casa fueron máscaras hechas con piel humana. Este macabro hecho inspiró al primer asesino enmascarado del cine, el de "La matanza de Texas" (Tobe Hooper, 1974) y, por supuesto, a Michael Myers, que llegó cuatro años después. Por otro lado, en 1982 un hombre llamado Richard Delmer Boyer mató a dos amigos de sus padres en un episodio alucinógeno tras ver la película "Halloween II", que se había estrenado el año anterior. Los crímenes, descritos en la prensa como "los asesinatos de Halloween II", llevaron a su responsable a la pena de muerte. "Lo hice. No quería hacerlo, pero lo hice", afirmó Boyer durante el juicio según Los Angeles Times. Si alguien nos dijese que esa era la frase final del villano en una película de terror, nos lo hubiéramos creído.

Arriba, el personaje cinematográfico de la película "Halloween". Abajo a la izquierda, imagen del asesino en serie Ed Gein.


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ACTUALIDAD CRIMINAL

Detenido en Ginebra el novio de la mujer hallada muerta en el maletero de su coche en Valencia

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n el número anterior de CRIMINALIA, en esta misma sección, nos hacíamos eco de la triste noticia de la muerte de Yesica, la mujer de 33 años cuyo cuerpo fue encontrado en un maletero. Janner, el novio, presunto autor del crimen, estaba desde entonces en paradero desconocido. Pues bien, a primeros de septiembre, el joven fue detenido en la estación de tren de Ginebra, cuando intentaba abandonar Suiza Las gestiones llevadas a cabo por la Policía Nacional permitieron averiguar que el sospechoso había abandonado España. Los agentes pusieron en marcha los mecanismos de colaboración internacional para lograr su localización y arresto, hecho que al fin se ha llevado a cabo. El intercambio de información operativa entre la Policía Nacional y las autoridades policiales suizas permitió dar con el paradero del fugado en la localidad de Ginebra (Suiza) y se supo así que tenía intención de abandonar territorio suizo en tren. Yesica desapareció el pasado 24 de agosto. Sus amigos no pararon de buscarla hasta que descubrieron el cadáver en el maletero de su coche una semana después.

Reabierto el caso de Helena Jubany, la bibliotecaria de Sabadell hallada muerta en 2001

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n juzgado de Sabadell reabrió la semana pasada el caso de Helena Jubany, la joven bibliotecaria de Sabadell hallada muerta en 2001, cuyas diligencias fueron archivadas provisionalmente en 2005, al aparecer nuevas pruebas sobre una de las personas investigadas en su momento. El 2 de diciembre de 2001, Helena Jubany, una joven de 27 años de Sentmenat, que ejercía de bibliotecaria en Sabadell, fue encontrada muerta, tras ser arrojada inconsciente pero viva, a un patio interior de su edificio, desnuda, drogada y con quemaduras en su cuerpo después de haber recibido un par de mensajes anónimos.

Los indicios apuntaban a un asesinato, y la Policía Nacional detuvo en su momento a una sospechosa, Montse Careta, vecina del mismo edificio y miembro, como Helena, de la Unió Excursionista de Sabadell, que se suicidó posteriormente en prisión. La investigación policial se centró luego en otro miembro del club excursionista y también residente en el mismo bloque, que es la persona sobre la que ahora se reabren las actuaciones, pero fue archivada provisionalmente en 2005 ante la falta de pruebas que incriminaran al sospechoso. Benet Salellas, el abogado de la familia de la bibliotecaria, que ejerce la acusación particular, entregó al juez el pasado 5 de junio nuevas pruebas para que se pudiera retomar el caso y pidió que la investigación pasase a manos de los Mossos d'Esquadra en vez de la Policía Nacional, que era la competente cuando sucedieron los hechos. El hermano de Helena Jubany, Joan Jubany, afirmó tras conocerse la noticia que la familia está esperanzada y emocionada por la decisión del juez de reabrir la investigación: "Desaparece este tictac de la prescripción". Esta prescripción del delito de asesinato hubiera finalizado el próximo año para las personas que nunca fueron imputadas en la causa, y en 2025 para quienes sí lo fueron. En el próximo número de CRIMINALIA, daremos a conocer todos los detalles de este crimen aún por resolver.


13 Rodrigo Lanza, condenado a 20 años de cárcel por asesinato: podría quedar libre en menos de 11

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l antisistema chileno Rodrigo Lanza volvió a sentarse desde este lunes en el banquillo de la Audiencia Provincial de

Hallan los cadáveres de cinco niños en un piso de Alemania y se sospecha de la madre

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ue la abuela quien avisó a la Policía, una anciana que vive en Mönchengladbach y ya era consciente de la tragedia. Cuando los agentes llegaron a la vivienda en Solingen, en Bergisches Land, encontraron los cuerpos de los cinco niños muertos en un apartamento privado, un el tercer piso de un edificio residencial. Tres niñas de año y medio, dos y tres años y dos niños de seis y ocho años. El sexto hermano, de once años de edad, ha sobrevivido y se encuentra ahora bajo custodia de su abuela. La madre de los niños, de 27 años de edad, había sido arrollada unas horas antes por un tren de cercanías en el andén 11 frente al S-Bahn 1, a unos 35 kilómetros de distancia en la estación principal de Düsseldorf, por lo que se sospecha que fue ella quien mató a los niños y después trató de quitarse la vida, aunque sin éxito. A esta hora permanece ingresada con heridas graves pero con pronóstico de supervivencia. Markus Röhrl, jefe de policía de Solingen, ha declarado que "es un crimen de una dimensión impactante". Hasta donde él sabe, "nunca nos ha pasado nada como esto en la historia de Bergisch". El portavoz de la policía de Wuppertal, Stefan Weiand, informa que "no podemos decir nada sobre el motivo todavía. La madre tiene que ser interrogada". El psiquiatra y neurólogo Dr. Bernd Roggenwallner comentó que era difícil evaluar el asunto, ya que ni la causa de la muerte de los niños ni el motivo están todavía claros.

Zaragoza por el "crimen de los tirantes", casi tres años después la mortal paliza que acabó con la vida de Víctor Laínez, de 55 años. Es el segundo juicio que se celebre por ese crimen. El primero, que tuvo lugar en noviembre del año pasado, condujo a una polémica sentencia en la que Lanza fue condenado a solo 5 años de prisión, frente a los 25 que solicitaban las acusaciones y la fiscalía. La primera sentencia entendió que no había sido un asesinato, sino un delito de imprudencia. El pasado abril, el Tribunal Superior de Justicia de Aragón anuló aquel juicio y ordenó repetirlo. Lanza será juzgado por aquel crimen ocurrido en la madrugada del 8 de diciembre de 2017 a las puertas de un bar de copas de Zaragoza. El antisistema se cruzó con su víctima en un bar. Según varios testigos, le atacó por la espalda, le propinó una brutal paliza y se marchó. Abandonó a Láinez tendido en el suelo, agonizando. Cuatro días después falleció en la UCI del Hospital Clínico de Zaragoza. La autopsia indicó que Laínez fue atacado por la espalda, que no pudo defenderse y que presentaba una retahíla de brutales golpes que le provocaron, entre otras lesiones, un mortal traumatismo craneoencefálico. La brutalidad descrita por el análisis forense encajó con la relatada por varios testigos, que explicaron cómo Lanza atacó por la espalda a Víctor Láinez, lo derribó de un fuerte golpe en la base del cráneo y, cuando yacía inconsciente, siguió dándole puñetazos y patadas. Este es el segundo crimen por el que el chileno Rodrigo Lanza es juzgado en España. En 2009 fue condenado a 5 años de cárcel por dejar tetraplejico a un policía municipal en Barcelona, durante unos altercados entre fuerzas de seguridad y okupas. Tras salir de prisión, Lanza acudió al calor de círculos antisistema de Zaragoza y fijó su residencia en la capital maña. A mediados de septiembre supimos que Lanza había sido sentenciado a 20 años en la cárcel por asesinato agravado. El tribunal considera probado que Lanza mató a ese hombre -al que no conocía- porque consideró que era un "facha". Con esta condena, y en aplicación del régimen penal y penitenciario español, Lanza podría salir de prisión en menos de 11 años. El régimen penal español contempla la posibilidad de que un preso pueda obtener la libertad condicional tras haber obtenido el tercer grado penitenciario y haber cumplido, como mínimo, dos terceras partes de condena. En este caso, por tanto, eso sería algo menos de 13 años y medio de cárcel. Teniendo en cuenta que Lanza ya lleva casi tres años en prisión provisional por este crimen, eso supondría que el antisistema podría recuperar su libertad dentro 10 años y medio. La obtención de la libertad condicional con las dos terceras partes de condena es el mejor de los horizontes penales que contempla la ley española para un reo. El otro es el de dejar la cárcel tras haber cumplido tres cuartas partes de condena, que es la norma más común. En este supuesto, Lanza podría recuperar la libertad dentro de 12 años, ya que las tres cuartas partes de su condena son 15 años, pero hay que descontar los casi 3 que lleva en prisión.


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ACTUALIDAD CRIMINAL

Muere Julio Araújo, único sospechoso de la desaparición de su pareja Sonia Iglesias en 2010

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ulio Araújo, pareja de Sonia Iglesias y único sospechoso de su desaparición hace diez años en Pontevedra, ha muerto en su casa llevándose con él el secreto y la esperanza de la familia Iglesias. Padecía cáncer hace varios años. Salvo sorpresa se lleva con él a la tumba el secreto de lo que pasó aquel 18 de agosto de 2010, una posibilidad que temían los investigadores. Araújo, padre del único hijo de Sonia, ha estado dos veces imputado y en ambas el caso tuvo que sobreseerse ante la falta de pruebas. Los investigadores de Homicidios le definían como el tipo más frío con el que se habían topado. Su mujer iba a dejarlo y así se lo había dicho, según el entorno de la víctima. Le había dado de plazo cinco días. Esperó hasta que celebraran la comunión de su hijo. Sonia estaba harta de sus juergas, de sus salidas nocturnas, de que viviera a su costa... Aquella mañana del 18 de agosto de 2010, miércoles, Julio llevó a Sonia al centro de Pontevedra para que ella dejara un calzado en el zapatero. En teoría, ya no la volvió a ver. Ella salió del local pasadas las 10.15 de la mañana y nunca más se supo. La versión de Araújo es que él regresó a la casa que compartían a poner la lavadora y planchar. Los investigadores sostienen que la mujer volvió a subir al coche. A las 11.40 de la mañana, Julio llamó desde el teléfono fijo a su primo José y le invitó a tomar un café. Días después, este hombre declaró a la Policía que le pareció extraño que lo llamara

porque no era habitual y además lo notó raro. Los investigadores no creyeron que esa comunicación fuera hecha de modo casual por Araújo, sino para que apareciera en el listado de llamadas cuando los agentes lo solicitaran. A las 13.30 le llamaron desde la tienda de Massimo Dutti de la que Sonia era encargada preocupados por su inexplicable ausencia y porque no contestaba a su móvil. Según él, a partir de ese momento salió a buscarla. A las 15.15 de la tarde, el teléfono móvil de Araújo saltó en el repetidor del Monte Castrove, un lugar inexplicable para buscarla. No se pudo precisar en aquel momento qué distancia concreta abarcaba ese repetidor y si era posible que el teléfono hubiera saltado ahí por la saturación de otras antenas. Esa distorsión no ayudó en absoluto al avance de las pesquisas. Pero todavía había más sorpresas, preparadas a conciencia por el sospechoso, según creen los investigadores. En el registro de la vivienda que la pareja compartía con su hijo (tenía entonces nueve años), en concreto en una papelera del baño se halló un preservativo usado. Araújo argumentó que era falso que Sonia fuera a dejarlo porque habían mantenido relaciones las horas anteriores. Los análisis de ADN confirmaron que había mentido: no había ni rastro de material genético de la mujer. A Araújo le interrogaron hasta cinco veces los agentes de Homicidios de Madrid. Nunca ha reconocido nada. "Tendrán que demostrarlo", solía decirles. El último contacto de Sonia fue con Julio Araújo. La cartera de ella apareció en un poblado chabolista, al pie de un monte de Pontevedra que se peinó sin resultado. Meses después se encontró su DNI junto a un coche. Lo habían dejado ahí poco antes porque no estaba deteriorado. Su móvil se apagó aquel 18 de agosto de hace diez años. La Policía y su familia saben que también se apagó su vida.


15 Un juzgado unifica cuatro causas contra el acusado de la muerte de Marta Calvo

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Atropella y mata a su hermana en Italia porque mantenía una relación con una mujer

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as autoridades italianas informaron hace un par de semanas de la muerte de una joven de 22 años que había perdido el control de su moto en la localidad italiana de Caivano (Nápoles). Sin embargo, lo que parecía un desgraciado accidente de tráfico ha resultado esconder el crimen de su propio hermano. Las investigaciones de los carabinieri han sacado a la luz una verdad escalofriante. La persona que embistió la moto conducida por Maria Paola Gaglione habría sido su hermano Antonio, de 25 años. Al parecer, Antonio la persiguió para castigarla porque no podía soportar que tuviera una relación estable con otra mujer, que estaba con ella en la motocicleta y que resultó herida. Antonio Gaglione habría usado su scooter para embestir a la de su hermana, quien tras el impacto terminó impactando contra una valla en un campo. María Paola chocó contra una tubería de un sistema de riego y murió en el momento. Su hermano no sólo no intentó auxiliarla sino que se arrojó sobre la compañera herida. Detenido por los carabinieri del cuartel de Acerra, habría dicho a los agentes que "no quería matar a nadie, sino darle una lección a mi hermana y sobre todo al que 'contagió' a mi hermana, que siempre ha sido 'normal'".

l Juzgado de Instrucción número 20 de Valencia ha incorporado una causa más contra Jorge Ignacio P.J., inculpado por la muerte de Marta Calvo, y ha unificado las cuatro denuncias contra él en un solo caso tras considerar la Audiencia Provincial que en todas ellas hay un modo de actuar común. La última denuncia contra él ha sido presentada por una mujer que se negó a que le introdujera cocaína en los genitales, la misma práctica que sufrieron otras víctimas del detenido. Esa nueva denuncia se refiere a hechos sucedidos en Valencia en dos periodos, entre abril y mayo de 2019, y entre septiembre y octubre de ese mismo año, y hasta ahora estaba siendo investigada por el Juzgado de Instrucción número 15 de Valencia, pero ahora se sumará a las otras tres causas penales que ya se seguían contra Jorge Ignacio P.J. Estas son: el fallecimiento de una mujer el 25 de marzo de 2019 en una vivienda de Valencia, un asunto instruido y archivado provisionalmente por el Juzgado de Instrucción número 14; la muerte de otra mujer, también en Valencia, el 15 de junio de 2019, una causa tramitada por el propio Juzgado de Instrucción número 20; y la desaparición y muerte de Marta Calvo, en la localidad de Manuel, en noviembre de 2019, unos hechos investigados hasta ahora por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 6 de Alzira. Marta desapareció el pasado 6 de noviembre cuando había quedado en casa de un hombre con quien había estado hablando a través de una aplicación de citas. Antes de subir a su domicilio, Calvo compartió su ubicación con su madre a través de WhatsApp a las 5:55 horas de la madrugada. Unas horas más tarde, al no tener más noticias de su hija, su madre acudió en persona a la dirección que había recibido y llamó a la puerta. Allí le recibió Jorge, — un hombre de 35 años y nacionalidad colombiana con antecedentes penales, tal y como se comprobó después —, quien le respondió que no conocía a la joven que estaba buscando. Inmediatamente después de abandonar el inmueble, la madre de la joven presentó una denuncia. No fue hasta unos días más tarde, tras casi un mes de la desaparición de la joven, cuando el sospechoso principal se entregó ante la Guardia Civil donde confesó que la joven murió tras mantener relaciones sexuales y se deshizo de su cadáver descuartizándola y arrojando las partes en diferentes contenedores.


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ACTUALIDAD CRIMINAL

Caso Manuela Chavero: Detienen a un joven sospechoso y encuentran restos óseos de la desaparecida

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l nombre de Manuela Chavero resulta ahora más familiar que nunca. Aunque su caso fue eclipsado por el asesinato de Diana Quer —la desaparición de ambas mujeres casi coincidió en el mismo verano de 2016—, Chavero, desaparecida en Monesterio (Badajoz), permaneció durante mucho tiempo en la lista de las 214 desapariciones consideradas de alto riesgo, según el Ministerio del Interior; es decir, personas víctimas de una desaparición forzosa (por asesinato o secuestro). No ha sido hasta ahora, cuatro años después de ser vista por última vez, cuando la Guardia Civil ha dado con el culpable. Con todo, el caso parece tener muchos cabos sueltos: al cuerpo de la víctima le faltan dos huesos, apareció sin ropa y la versión del sospechoso no parece ser creíble. Aunque en un principio las desapariciones parecían seguir un mismo patrón, el caso de Chavero guardaba bastantes diferencias con el de Quer. Chavero era una mujer de 44 años, delgada y medía 1,60. Además, era madre de dos hijos a los que adoraba y que, en el momento de los hechos, se encontraban en Sevilla con su exmarido. Chavero, conocida cariñosamente como Manoli, desapareció en la madrugada del 4 al 5 de julio de 2016 en el municipio extremeño de Monesterio (Badajoz). Esa tarde había quedado con una amiga para tomar algo y, en cuanto regresó a su casa, llamó a sus hijos por teléfono. Un tiempo después, volvió a coger el

coche y se marchó. En esa ocasión, no volvió. Lo único que los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil pudieron averiguar sobre qué pasó desde que entró en casa hasta que volvió a salir por última vez fue que realizó esa llamada, estuvo hablando por WhatsApp y vio la televisión. ¿Por qué? Esas fueron las únicas pistas que dejó antes de desaparecer: un móvil abandonado, una última conexión y las luces y la televisión aún encendidas. Cuando la Benemérita se presentó en la vivienda de Chavero, lo primero que comprobaron es si alguien había accedido al inmueble; pero la puerta principal estaba cerrada y no había signos de que hubiera sido forzada. Además, no parecía tratarse de una desaparición voluntaria porque, tal y como comprobaron más tarde los agentes, la mujer jamás habría abandonado a sus hijos y al día siguiente Manoli había quedado con su hermana. Pese a las conjeturas iniciales, a los investigadores se les hizo muy difícil dar con alguna evidencia de que en aquella casa había ocurrido algo malo. Aún así, y a pesar de la ausencia de pistas, la Guardia Civil sostuvo que quizá alguien podría haberse llevado a Chavero, aunque a lo mejor se trataba de alguien conocido o que le había engañado para que lo acompañara. Esa línea de investigación es la que los llevó a pensar en la lista de posibles sospechosos. El primero de ellos apareció en la mente de los agentes cuando registraron el móvil de Chavero. Según comprobaron, la noche de la desaparición había estado intercambiando mensajes con un joven de 21 años del mismo pueblo con quien, como supieron más tarde, había mantenido alguna relación esporádica. Lo último que escribió la mujer fue un "jajaja" dirigido al chico. Esta conversación abrió dos hipótesis en la investigación. En primer lugar, que la hora en la que envió el último mensaje —a


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las 1:55— podría haber sido el momento en el que se marchó de casa para no volver (o no) y, en segundo lugar, que el joven al otro lado de la pantalla podía ser el responsable de la desaparición. Por primera vez desde que se produjeron los hechos, la Guardia Civil tenía a un sospechoso. Tras localizar al joven, los agentes procedieron a tomarle declaración y a registrar los tres coches de los que disponía. Pero, si algo ocurrió en uno de los vehículos, desde luego las autoridades no pudieron detectarlo. No había nada en las propiedades del joven ni en su testimonio que pudiera servirles de ayuda o señalarle como el culpable. Con todo, el joven no fue el único al que investigaron, ya que los agentes rastrearon el entorno social de Chavero en busca de respuestas y se centraron especialmente en todos los hombres que, en algún momento, habían mostrado interés en Chavero. Finalmente, y en vista de que la búsqueda de testigos no llevaba a buen puerto, el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Zafra encargado del caso al principio, Alfonso Gómez, autorizó el registro por parte de las autoridades del pantano de Tentudía, situado a solo cuatro kilómetros del domicilio de la desaparecida. Hasta en tres ocasiones llegaron a analizar esa zona los buzos del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil. En mayo de 2017, casi un año después de la enigmática desaparición, la Guardia Civil tuvo que llamar a la familia de Chavero con malas noticias. Al parecer, los agentes habían encontrado unos huesos en una zona de caza mayor cercana al domicilio de la mujer y que no había sido peinada por los investigadores. "Nos llamaron pero no nos dijeron nada más. Ni tan siquiera la zona concreta donde los encontraron", aseguró José, cuñado de Chavero. Poco después, cuando el informe de criminalística estuvo casi listo, se informó de que el 90% de los restos encontrados procedían de animal, probablemente una oveja o una cabra. Tres años después de ese hallazgo que en realidad no desveló nada nuevo, la UCO ha vuelto a registrar el domicilio de Cha vero en busca de nuevas pruebas. Así lo anunciaron las autoridades este jueves. Durante todo este tiempo, los amigos y familiares de Chavero se han mostrado siempre esperanzados de que siga con vida y, al menos hasta hace dos años, su hermana, Emilia, sostenía que "a los investigadores les falta un golpe de suerte, muy poco para tener atada al cien por cien la identidad de quien se llevó a mi hermana", declaró entonces.

Finalmente, el 16 de septiembre de este año, se hace pública la primera evidencia de lo que pudo pasar con Chavero. Los agentes de la UCO dieron a conocer esta semana el motivo por el que retomaron el registro de su casa tantos años después: ya tenían a un sospechoso. La Guardia Civil llevaba semanas tratando de recopilar pruebas para demostrar que su investigado era el verdadero responsable de la desaparición. Dos días después de informar de esta detención, los agentes dieron más detalles de su sospechoso; es un hombre de 28 años que vivía cerca de Chavero. Fue durante uno de los interrogatorios con las autoridades cuando reconoció que la mujer extremeña murió en su domicilio. Sin embargo, aclaró que su muerte fue accidental pero que, por miedo, enterró su cuerpo. Al parecer, el detenido y vecino de la víctima tiene problemas para relacionarse con las mujeres. En su declaración ante los agentes, el detenido alegó que aquella noche Manuela y él discutieron en el domicilio de él y que, por accidente, ella resbaló y se dio un golpe en la cabeza, causándole así la muerte de forma inmediata. Sin embargo, los forenses no hallaron ninguna lesión en el cráneo de la desaparecida. Entonces, ¿qué paso la noche del crimen? Según aseguró el sospechoso, después de que Chavero falleciera por accidente, él se asustó tanto que lo único que se le ocurrió fue ocultar el cuerpo de la mujer entre una sábana y una toalla y trasladarla en su coche hasta enterrarla en una finca de su propiedad y allí, ocultarla en una madriguera de zorros. Y, ¿qué hizo que Chavero abandonara su casa a esas horas? El detenido fue claro al hablar de su estrategia: "Le dije que le iba a devolver la cuna que me había prestado". Además de lidiar con la versión que ofrece el detenido, los investigadores deben indagar en otra teoría que, al menos de momento, no pueden descartar. En medio de una de las sesiones de interrogación ante las autoridades, el sospechoso lanzó una pregunta inquietante: ¿podían desaparecer los restos de semen de un cuerpo tras cuatro años? Esta insólita cuestión que formuló el arrestado, añadido a que el cuerpo de Chavero apareció desnudo, inducen a los agentes a pensar que tal vez pudo haber un móvil sexual. ​​Eso no es todo. Ahora, los investigadores del caso también tienen que hacer frene a un importante obstáculo con el que no habían contado, ya que, tras examinar el cuerpo de Chavero, han descubierto que faltan dos huesos: una vértebra —el atlas, la que está justo debajo del cráneo y une la cabeza con la columna vertebral— y el hueso hioides. La clave ahora consiste en hallar estos restos desaparecidos para descubrir, por fin, cómo murió Manuela Chavero. Por si la investigación del caso no era lo bastante enrevesada, ahora los agentes se han encontrado con otra sorpresa. Según las últimas indagaciones de la Guardia Civil, sobre los hombros del, hasta ahora, único sospechoso, pesaría otra muerte que lo implica: la de su madrastra seis años atrás. Al parecer, la pareja de su padre murió de un ictus provocado por un golpe en el cráneo que se dio al resbalarse en la bañera. En el momento en el que ocurrieron los hechos, el joven (entonces tenía 22 años) se encontraba solo en casa con su madrastra. Los vecinos de la familia se han apresurado a informar a los agentes de sus sospechas, que apuntan directamente a Eugenio.


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ASESINOS EN SERIE / EL ASESINO DEL TORSO

EL ASESINO DEL

TORSO R

Primer plano de un joven Richard Cottingham, conocido como el asesino del torso.

ichard Cottingham es uno de tantos fenómenos de la muerte que azota a la sociedad de Estados Unidos con llamativa frecuencia. Hoy tiene 73 años y empuja su pesado cuerpo por las dependencias de la cárcel estatal de New Jersey, ciudad en la que desplegó su frenesí asesino hace más de medio siglo. Nada más podía esperarse de él después de que se lo condenara en 1982 a 200 años de prisión por el homicidio de 6 mujeres, pero un asesino en serie siempre puede tener algo oculto. Días atrás Cottingham, que alguna vez quiso ganarse la inmortalidad criminal adjudicándose más de 100 asesinatos, admitió que era quien le había arrebatado la vida de una manera brutal a tres adolescentes Jackie Harp, de 13 años, Irene Blase, de 18, y Denise Falasca, de 15. Esos tres crímenes ocurrieron entre 1968 y 1969. La historia de Estados Unidos en relación a sus "se

rial killers” es de una robustez que asombra, fomentada también en una atrapante filmografía y una inagotable usina de noticias, incluso en casos como el de Cottingham, que se creía ya agotado. Nacido el 25 de noviembre de 1946 en el barrio del Bronx, Nueva York, Richard Cottingham creció en una familia completamente normal que le apoyó en todo momento y en la que, hasta cierto punto, fue feliz. Le animaron a formarse en el atletismo y a disfrutar de una de sus grandes aficiones, la crianza de palomas. Pero cuando en 1958 se mudaron a River Vale, Nueva Jersey, todo cambió. El pequeño Richard, a sus doce años, se convirtió en un niño solitario que, en vez de quedar con los amigos, prefería estar en casa viendo pornografía. Sus escenas preferidas: donde se ejercitaba toda clase de violencia sexual, concretamente, la de esclavitud sexual. Tras graduarse en la escuela y trabajar como informático en un par de compañías de seguros, en 1970 se casó con Janet y tuvieron tres hijos. Su vida era aparentemente perfecta, salvo porque los vecinos lo describían como un hombre reservado y distante. Había algo en él que inspiraba desconfianza, aunque nadie sabía la razón. Cumplía con sus obligaciones laborales y familiares, pero todo era un camuflaje. Al finalizar la jornada, solo buscaba satisfacer sus deseos sexuales a toda costa. El primero de los crímenes lo cometió en 1968, antes de contraer matrimonio. La víctima era Nancy Vogel, de 29 años, casada y madre de dos hijos, cuyo cuerpo desnudo y maniatado fue encontrado en el interior de su coche. Fue violada y estrangulada brutalmente. La joven había desaparecido de camino a la iglesia. Pese a las pesquisas policiales no se encontró pista alguna y, durante años, nadie supo quién era el autor de tal salvaje asesinato. Mientras tanto, Richard campaba a sus anchas cometiendo otras actividades criminales por las que fue detenido y puesto a disposición judicial. Entre ellas, conducir en estado de embriaguez o robar en grandes almacenes. Por ambas causas fue sentenciado a una multa de 100 dólares y a diez días de cárcel. En los siguientes cinco años, Richard intensificó los delitos cometiendo asaltos y agresiones sexuales, robando y acechando a mujeres en bares de Manhattan, a las que previamente drogaba. Pese a las denuncias interpuestas entre 1973 y 1974, los casos fueron desestimados por falta de pruebas. A esto habría que sumarle su afición a mantener relaciones sexuales con prostitutas, algo que colmó el vaso de la paciencia de su esposa que, finalmente, pidió el divorcio en 1979. La segunda víctima en morir a manos de Cottingham fue la radióloga Mary Ann, de 26 años, que apareció asesinada y estrangulada en el parking de un hotel de Nueva Jersey en diciembre de 1977. Previamente a su muerte, la joven fue sometida a toda clase de torturas: tenía mordiscos, golpes, cortes en el pecho y en las


19 piernas, signos de violación y de esclavitud (había marcas de esposas en las muñecas y su boca conservaba rastros de cinta adhesiva). Aunque en 1978 no mató a ninguna mujer, Richard continuó con los asaltos sexuales. Secuestró y violó a dos mujeres a las que previamente drogó, pero que no pudieron aportar detalles sobre su asaltante. Sin embargo, en 1979, el rapto de Helen Sikes terminó en tragedia. Cottingham golpeó, vejó, violó, mutiló y descuartizó a esta trabajadora sexual de Times Square. Una vez asesinada, se deshizo de parte del cuerpo en el barrio de Queens y tiró sus piernas a varias manzanas de allí.

EN UN HOTEL A finales de año, Cottingham perpetró dos nuevos asesinatos, los más crueles cometidos hasta la fecha. Contrató a dos trabajadoras sexuales, una de ellas fue identificada como Deedey Goodarzi, y las invitó a pasar la noche a un hotel próximo a Times Square. Una vez en el interior, las ató y comenzó un suplicio que duró varias horas. No solo les cortó la cabeza y las manos, que la Policía nunca logró encontrar, sino que prendió fuego a los cuerpos antes de huir de la escena del crimen. Cuando los bomberos sofocaron el incendio y vieron los cadáveres mutilados, los investigadores se percataron de las coincidencias con el asesinato de Helen Sikes. Se enfrentaban al serial killer de los torsos calcinados. En mayo de 1980, Richard volvió a matar. En pocos días asesinó a dos prostitutas más: Valerie Ann Street, en un hotel de Times Square, y a Jean Reyner, en uno de Manhattan. A la primera, la esposó y torturó hasta asfixiarla. Localizaron su cuerpo debajo de la cama. En cuanto a la segunda, realizó torturas similares y prendió fuego a la habitación antes de escapar. La Policía

La joven Deedey Goodarzi fue asesinada por Richard Cottingham de una manera cruel y salvaje.

En la imagen Mary Ann, de 26 años, fue estrangulada en un parking.

estaba convencida de que el autor era el mismo. El "modus operandi" era inconfundible. La detención se propició pocos días después. El 18 de mayo de 1980, Leslie Ann O’Dell, una jovencita de 18 años, llegó a Nueva York en un autobús salido de Washington. No tenía dinero, necesitaba comer y dormir, y le gustaba el sexo; así que, apenas llegó, contactó con proxenetas que andaban por la estación de buses, y se entregó a la prostitución callejera, sin saber que lo lamentaría cuatro días después. El 22 de mayo, los gritos de la joven en el mismo hotel donde apareció asesinada Valerie Ann alertaron a varios clientes que, inmediatamente, llamaron a las autoridades. Cuando una patrulla llegó, se topó con Cottingham a punto de escapar y a una joven desnuda, magullada, golpeada y en shock. Horas antes había accedido a acompañar al asesino a la habitación para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, pero el serial killer tenía otro plan en mente. Leslie Ann O’Dell, de 18 años, fue esposada y torturada mientras él le susurraba: "Las otras chicas lo hicieron y tú también. Eres una puta y tienes que ser castigada". La rápida intervención de los agentes llevó a la detención del asesino del torso que, en ese momento, portaba todo un equipo para matar: esposas, mordazas de cuero, collares de esclavo, cuchillos, pistolas, etc. Ante estas pruebas, los investigadores vincularon este último asalto y agresión sexual con los asesinatos anteriores. Reconstruyeron sus pasos y pudieron demostrar seis crímenes. Durante el registro de su domicilio hallaron una sala de trofeos con artículos personales y recuerdos de sus víctimas. Ante tales evidencias, Cottingham no podía sostener su inocencia, así que afirmó en sede policial: "Tengo un problema con las mujeres". Poco a poco fue dando datos precisos de cada crimen, incluso los cometidos en la década de los años sesenta. El sospechoso se enfrentaba a los siguientes cargos: secuestro, intento de asesinato, asalto agravado, asal-


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ASESINOS EN SERIE / EL ASESINO DEL TORSO

to agravado con arma mortal, asalto sexual agravado mientras está armado [violación], asalto sexual agravado mientras está armado [sodomía], asalto sexual agravado mientras está armado [felación], posesión de un arma; posesión de sustancias peligrosas controladas, Secobarbital y Amobarbital, o Tuinal, y posesión de sustancias peligrosas controladas, Diazepam o Valium.

¿MÁS DE 100 ASESINATOS? Tribunales de Nueva York y Nueva Jersey, ciudades donde se produjeron los asesinatos, lo llevaron a juicio y lo condenaron a 200 años de prisión por seis homicidios. Era 1982. Aparte de las pruebas anteriormente mencionadas, se aportaron los recibos de los hoteles donde acudió con las víctimas y que contenían su letra y firma, aparte de huellas dactilares (algunas en las esposas) y el testimonio de tres supervivientes. Entre ellas, el de Leslie Ann. Tres días después de la sentencia, Cottingham intentó suicidarse en su celda: en una ocasión, mediante una sobredosis de antidepresivos; y en otra, clavándose el cristal de sus gafas en las venas. En uno de los juicios de Nueva York hasta sacó una navaja del bolsillo y amenazó con rajarse delante del jurado. Lo redujeron inmediatamente. Además de estos seis asesinatos, casi treinta años después, Richard decidió confesar otro crimen, el de Nancy Vogel. Fue en 2010 cuando el asesino admitió que la mató en 1968. En este crimen, Richard tuvo facilidad para tener a la víctima a su alcance, ya que aparentemente la conocía, y esto pudo haber tenido mucho

que ver en el hecho de que el cadáver de Vogel fuese encontrado desnudo en el coche que conducía, abandonado cerca de Ridgefield Park. Era claro, por los signos, que Vogel había muerto estrangulada. Las fuentes no mencionan ningún abuso sexual, pero es probable que sí lo hubiera. Pero esta no fue la única revelación. Gracias a la presión ejercida por parte de los investigadores de algunos casos sin resolver, en diciembre de 2019 Cottingham admitió haber asesinado a las tres adolescentes anteriormente citadas al inicio del artículo. La pequeña Jackie Harp fue secuestrada cuando volvía a casa después del ensayo con su banda de música en Midland Park; a Irene Blase la raptó en Hackensack y la encontraron muerta al día siguiente en Saddle Brook; y a Denise Falasca también la localizaron el día después de desaparecer en Saddle Brook. Cottingham está a la espera de un nuevo juicio por el asesinato de estas últimas víctimas. Si poco antes de su confesión podría haber aspirado a la libertad condicional en 2025, ahora es imposible que algo así suceda. Según explicaba Rod Leith, periodista de sucesos que cubrió los entresijos del caso del asesino del torso, jamás se "había encontrado con este tipo de maldad oscura". Y aunque en el pasado escribió sobre personas profundamente perturbadas, nadie es equiparable al "traicionero y desviado" de Richard. Pero lo que no sabe mucha gente es que, 34 años antes, en Cleveland, existió otro asesino del torso que tuvo en jaque a las autoridades de la época y al mismísimo Eliot Ness. Pero eso es otra historia que os contaremos en el próximo número de CRIMINALIA.

Sobre estas líneas, Richard Cottingham en una fotografía reciente.


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CRÍMENES SIN RESOLVER / SUSANA ACEBES

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l año 2.000 quedará marcado para siempre en la memoria de los zamoranos. El 16 de septiembre del nuevo milenio, Susana Acebes fue asesinada y a día de hoy, cuando ya han pasado un par de semanas desde que el crimen precribió, aún se desconoce la autoría de su muerte. Pese a los esfuerzos de la familia por reabrir la causa, toda su lucha ha sido en vano. Fue su hermana, Estrella Acebes quien encontró el cuerpo sin vida de Susana aquel 16 de septiembre. El día anterior, había quedado con ella a las seis y media de la tarde y no se presentó. Estrella no se preocupó demasiado porque sabía que su hermana había quedado con un amigo y quizás no quería ver a nadie. La llamó varias veces durante la tarde y la noche del viernes, sin respuesta. Ese sábado por la mañana, la joven fue hasta la casa de su hermana, comprobó que su coche estaba aparcado allí, llamó varias veces al telefonillo y tampoco obtuvo respuesta. Hacia las cuatro de la tarde fue a casa de sus padres y cogió unas llaves del piso de Susana. Abrió la puerta, que no estaba cerrada del todo, atravesó el salón, que estaba lleno de botellas, vasos y colillas y entró en su habitación donde vio el cuerpo de su hermana en el suelo, con la cabeza en medio de un charco de sangre y las luces encendidas. Estrella salió de allí rápidamente, intentó llamar al 091, sin conseguirlo, llamó a su madre y le dijo que avisase a la policía para que se personasen en el lugar lo antes posible. La víctima estaba totalmente desnuda, a la izquierda de la cama, boca abajo, con las piernas extendidas,

Susana Acebes fue asesinada en su propio domicilio mientras dormía. 20 años después, el crimen ya ha prescrito.

uno de los brazos extendidos por encima de la cabeza y el otro doblado sobre el codo. Tenía la cabeza completamente ensangrentada y una camiseta fuertemente anudada alrededor del cuello. Había un detalle que llamó poderosamente la atención, por inusual, en la escena del crimen: un preservativo asomaba por la vagina de la joven. La cama estaba desplazada, parte de la colcha y de la sábana -que estaban manchadas de sangre- se encontraban en el suelo, junto una lámpara de mesita de noche caída. También se encontró un pantalón y unas braguitas junto al cuerpo, que parecía que se habían quitado al mismo tiempo y el envoltorio abierto de un preservativo. En el salón de la casa había vestigios suficientes como para pensar que allí había habido una suerte de fiesta la noche anterior: muchas colillas de cigarrillos de distintas marcas, esparcidas en la mesa y en el suelo y dos botellas de cerveza vacías. En el baño faltaba una toalla y la puerta de entrada al piso no había sido forzada. Susana Acebes era una mujer de 26 años, madre de un niño de cinco. Estaba separada de Jesús, su marido, desde hacía un año y en ese proceso de separación hubo denuncias por abandono de familia, hurtos de efectos, sustracción de vehículos... La policía se interesó rápidamente por el exmarido de Susana, sobre todo cuando alguien les dijo que la había amenazado de muerte y que la última tarde en al que fue vista con vida él estuvo en su casa.


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La policía fue al bar que regentaba Jesús y le detuvo. El hombre era el principal sospechoso, pero había que situarle en la escena del crimen, algo que los investigadores no pudieron hacer y, además, a las pocas horas de comenzar las pesquisas, salieron otros candidatos. Estrella, la hermana de Susana, fue de las primeras personas a las que se tomó declaración. Ella contó que la separación de Jesús y su hermana había sido muy complicada, con amenazas de muerte, pero que ya no había ninguna relación entre ellos, más allá de las entregas de Marcos, el hijo que ambos compartían. El día del crimen, Jesús, efectivamente, fue a casa de Susana, pero a recoger al pequeño. Y, desde luego, no parecía probable que Susana hubiese recibido en casa a su exmarido y le invitara a pasar para beber y mantener relaciones sexuales. El Instituto Nacional de Toxicología de Madrid analizó todas las muestras remitidas desde la Comisaría de Zamora para que los expertos pudieran efectuar estudios biológicos y se realizara un perfil genético. No son las primeras pruebas de ADN que efectúa el Instituto Nacional de Toxicología, que en varias ocasiones había diseccionado otras muestras de varias personas del entorno de la víctima en busca de alguna pista que condujera hasta su asesino, que utilizó una camiseta que anudó al cuello de la joven para estrangularla. Antes le había asestado varios golpes en la cabeza con un objeto contundente que nunca apareció. La dificultad de la investigación estaba tanto en las

horas que transcurrieron desde la última vez que conversaron con Susana, como en la destreza que demostró el criminal para no dejar huella de su paso por la casa. La última persona que habló con la joven fue su hermana Estrella hacia las cinco de la tarde del 15 de septiembre. La pista se la pierde entre las 22.00 y las 22.30 de ese día: vestía una falda roja y entró en un establecimiento de la avenida de Galicia próximo a su casa. Son horas claves para las indagaciones policiales, durante las que no se ha podido reconstruir qué hizo y con quien estuvo la joven brutalmente asesinada. Se sospecha que el criminal entró en el piso de Susana cuando ya dormía, sin forzar la puerta, por lo que no se descarta que dispusiera de llaves. Quien acabó con su vida "sabía lo que hacía", han mantenido siempre fuentes de la investigación. Urdió su plan con todo lujo de detalles, fue escrupulosamente cuidadoso con cada paso que dio. Tal es así que "peinó" el piso a fondo, tanto que ni siquiera en los interruptores de la luz había huellas del hijo de Susana, que entonces contaba cinco años y vivía con ella, ni de la propia víctima. Tampoco dejó rastro dactilar alguno en la cerradura de la casa. Esa supuesta profesionalidad del asesino y la tardanza en hallar el cuerpo sin vida de su víctima (a las diez de la mañana del día 16) han jugado muy a su favor y totalmente en contra de las pesquisas policiales. El hombre tuvo tiempo de eliminar pruebas, de hacer desaparecer el objeto con el que golpeó en la cabeza a Susana. Y quizás sus propias ropas manchadas con la sangre de la víctima, a la que atacó cuando estaba en

La madre de Susana Acebes, en una fotografía de 2008.


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CRÍMENES SIN RESOLVER / SUSANA ACEBES

la cama donde se hallaron restos de su sangre. Se incorporaría aún adormecida y el asesino la asestaría al menos otros tres golpes, caería al suelo, donde la estranguló. Al parecer se apoyó en su cuerpo para asegurarse de que el nudo que hacía en la camiseta era lo suficientemente fuerte como para asfixiar a su víctima. Estrella habló a la policía de Saturnino, un hombre con el que su hermana había roto quince días antes porque, según dijo, le había pillado con otro hombre en Sanabria, la comarca zamorana donde Susana pasó el verano trabajando. Estrella dio a los investigadores un par de datos inquietantes: El hombre vigilaba a la víctima en su lugar de trabajo y en su casa y dijo que, aunque él hacía creer a todo el mundo que habían quedado como muy buenos amigos, estaba obsesionado con la mujer y no había aceptado la ruptura. De las pruebas que se encontraron en el domicilio, se analizaron treinta colillas, de las cuales se descubrieron cuatro que habían fumado personas no identificadas. El resto corresponden a Susana, su hermana, un amigo de las dos y Saturnino. En las ropas de la víctima y por la casa hay restos de esperma de tres personas: Saturnino, un hombre que reconoció haber tenido relaciones con la víctima y un tercero al que pertenecía el semen que había en el preservativo que tenía el cadáver. Nunca se supo quien pudo ser este hombre. Además, se averiguó que las botellas de cerveza encontradas, habían salido de la basura, que alguien trasladó desde el cubo hasta el salón. Varias personas que estuvieron con Susana en las horas anteriores a su

muerte dijeron que habían bebido con ella y que la mujer era ordenada y limpia, así que tiró las botellas a la basura. Pero no solo las botellas, todas las colillas y la ceniza, que estaban en posiciones nada naturales, también fueron colocadas allí. El aparente desorden del salón contrasta, por ejemplo, con lo limpio que estaba el cuarto de baño, donde alguien se tomó la molestia de limpiar a fondo. Y alguien que se preocupa tanto se simular una escena y de borrar rastros, no parece que tenga el perfil de alguien que se deja un preservativo con su esperma en el interior de la mujer a la que acaba de matar. Cuando la policía va a ver a Saturnino, y le toman declaración, el hombre reconoce que mantenía relaciones con Susana desde un año antes. Negó el supuesto acoso y que la relación entre ambos estuviese rota, aunque reconoció que no era tan continua como antes. De hecho, dijo que seguían acostándose juntos aunque, eso sí, dijo no tener llaves de casa de Susana, lo que contradijo la versión de Estrella Acebes, que dijo que sí tenía. Por su parte, Jesús, el exmarido de la víctima, dio una sólida coartada que no había dado antes para no meter en líos a la mujer con la que pasó la noche, una señora casada. Cuando la policía comprobó que era verdad lo que decía, le dejaron en libertad, así que el primer sospechoso quedaba descartado. Saturnino acudió al juzgado y en una larga declaración hizo todo lo posible por extender las sospechas a mucha más gente. Dijo que nunca rompió su relación

Estrella Acebes Carballés durante una entrevista.


25 con Susana y que aceptaba que ella tuviese otras parejas, que la había sorprendido en el verano con otro tipo, que el hijo de la víctima le dijo que su mamá tenía otro novio... En definitiva, lo que quiso hacer ver es que la lista de sospechosos era muy larga. Tal y como dijo textualmente en su declaración: "Susana podía haber subido a casa a cualquier persona que le cayera bien, era muy abierta, a mí mismo me subió a los dos días de conocerme". El hombre en su declaración también negó haber estado en casa de la víctima el día del crimen, pero dijo una cosa que puso las cosas muy complicadas a los investigadores: dos días antes del crimen había estado comiendo en casa de Susana y había mantenido relaciones sexuales con ella en el salón y en la habitación. Así justificaba perfectamente el hecho de que en la escena del crimen apareciesen restos biológicos suyos o huellas dactilares… De hecho, se le tomaron muestras de ADN para cotejarlas con el semen encontrado en el preservativo, dando negativo. Además, dio una coartada que no pudo ser rebatida por la policía, pero varios testigos comenzaron a dar una preocupante visión de este hombre. Una vecina de Susana identificó a Saturnino aparcando su furgoneta cerca de la casa del crimen la tarde de los hechos. Saturnino había estado casado dos veces, tenía cuatro hijos y sus separaciones no fueron precisamente modélicas. Su última mujer, de la que se divorció cuatro años atrás, denunció que la amenazó con una escopeta, con un cuchillo, que la golpeó... Una vez encontró dos maletas cerradas, y el la amenazaba con asesinarla si las abría, por lo que dió aviso a la Guardia Civil, que las registró y contenían una trenza que la joven asesinada el 16 de septiembre del año 2000 conservaba en su casa tras haberse cortado el pelo; un certificado de defunción expedido el 13 de noviembre de 2000 y recortes de prensa con todo lo publicado sobre el asesinato y su investigación. Después de conocer este avance, multitud de programas de televisión localizaron a Saturnino Bellido. Sus respuestas siempre fueron del tipo: "me toca los cojones todo eso" o "si está muerta no es mi problema". Además, no se muestra conmovido en ningún momento.

Sobre estas líneas, Saturnino, el principal sospechoso del crimen.

Un día se reunieron Saturnino y Estrella Acebes, poco después de la muerte de su hermana y todo aún en fase de investigación, donde el sospechoso, inconscientemente, le reveló detalles de la escena que solo la policía y el asesino podrían conocer, como por ejemplo, como se encontraba la escena del crimen o que los gatos de Susana andaban encima de su cadáver. A raíz de esto, la policía le interroga en profundidad. Está a punto de confesar, pero, inesperadamente, se empieza a encontrar mal, por lo que se detiene el interrogatorio, y ya jamás volvería a decir una palabra. Desde luego, sí parecía tener el perfil y los antecedentes para ser un buen candidato… pero eso no es suficiente. Nadie le situaba en la escena del crimen, salvo esa vecina que dijo verle a unos cincuenta metros de casa de Susana. En el sumario formado por más de 2.000 folios se recogen cientos de actuaciones policiales, interrogatorios a 240 personas del entorno más próximo a Susana Acebes. Asimismo, los agentes comprobaron la identidad de más de 400 abonados de telofonía [telefonía] móvil y fija, aquellos números que aparecían registrados en la agenda de la víctima o en su teléfono, que dejó de contestar a las llamadas que recibía a las 17.00 horas del día anterior a su muerte. Salvo un giro inesperado, actualmente, la investigación del asesinato de Susana Acebes está candada y prescrita. "Nos sentimos abandonados por la Justicia. La policía y la juez han tirado la toalla mucho antes que nosotros y ¿qué hacemos nosotros si quien puede no nos ayuda?", confesaba abatida Estrella, quien se echa a llorar con esa pena de saber que todo está ya perdido. El mazazo deja sin aliento a la familia de Susana. No por esperada, la mala noticia es menos traumática, "sabía que iba a pasar esto, pero se me ha caído el mundo encima, estoy destrozada, igual que aquel día. No han hecho todo lo posible para resolverlo. Se ha visto claramente que no quieren hacer nada desde hace años, nada". La rabia sigue ahí, todavía más a flor de piel porque "nadie pagará por la muerte de mi hermana, ¿es que su vida no vale nada?". La responsabilidad penal del asesino se extingue cuando el delito prescribe, de modo que ni aunque confesara de forma voluntaria se le juzgaría ya. Tampoco se podría volver a interrogar al principal sospechoso del crimen, porque ya se hizo al inicio de la investigación. Estos delitos "no deberían prescribir nunca", concluye Estrella Acebes.

Querido lector: lo que usted acaba de leer es la historia de un caso todavía no resuelto. Si ha sido testigo, si sabe algo, cualquier dato que pueda aportar, por insignificante que le parezca, puede ser crucial para dar una solución a este crímen sin resolver.


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EL ARCHIVO DEL CRIMEN / LA NIÑA ASESINA

La niña asesina C

uando el 4 de diciembre de 1965 falleció en Murcia la pequeña María del Carmen Martínez, de apenas once meses, el médico que acudió al domicilio familiar creyó que se había debido a una meningitis. Y lo mismo certificó cuando cinco días después murió Mariano, de dos años. Pero tras la tercera muerte, el 14 del mismo mes, de Fuensanta, de 4 años, saltó la alarma y tanto el matrimonio Martínez Pérez como sus otros siete hijos fueron recluidos en el Hospital Provincial para ser sometidos a observación. ¿Qué podía haber ocurrido para que los tres hermanos de corta edad hubieran muerto en el plazo de diez días de forma tan fulminante? Se especuló con alguna intoxicación alimentaria o algún tóxico al que la familia fuera alérgica y con la existencia de un foco de meningitis y se llegó a investigar entre los demás vecinos del Carril de la Farola, donde residía esta familia numerosa, en busca de otros posibles casos entre menores. Sin resultados. Tampoco el resto de la familia presentaba ningún síntoma, así que el albañil Andrés Martínez del Águila y su esposa Antonia Pérez, que estaba embarazada de siete meses, regresaron a casa con sus hijos por Navidad. Aún se desconocía la causa del repentino fallecimiento de los

Piedad Martínez en una fotografía de 1966.

Como a los otros tres difuntos, se le practicó la autopsia y se envió una muestra de sus restos a Madrid para que un examen toxicológico, mientras sus padres y los otros seis hermanos volvían de nuevo al hospital. Ocupaban una única habitación con cinco camas. "Los padres tienen en el rostro una triste resignación y en la cabeza, dando vueltas, muchas preguntas que esperan respuesta. Para los niños, entre tebeos y muñecos, las horas pasan más rápidas. Ellos no alcanzan a comprender muy bien lo que ocurre. Es la tragedia de la muerte sobre la de la pobreza", escribía por aquel entonces la prensa de la época. Cuando las muestras examinadas dieron su resultado se descubrió que los cuatro niños fueron envenenados con un fuerte tóxico que les fue administrado. El juez ordenó la detención provisional de los padres. Martínez del Águila fue llevado al Centro Psiquiátrico de El Palmar junto con los hijos varones y su mujer, en avanzado estado de gestación, a la Maternidad del Hospital Provincial de San Juan de Dios junto a las niñas. Mientras, en la prensa, las hipótesis se multiplicaban. Se hablaba de la posible implicación de un "tercer hombre", una mente criminal capaz de administrar la


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dosis exacta de veneno para provocar las muertes y que éstas parecieran haber ocurrido por causas naturales. Pero, ¿por qué habrían sido envenenados los niños?, se preguntaba la gente sin hallar respuesta. También se especulaba con que se había usado cianuro, un tóxico enérgico y de fácil adquisición. El 24 de enero, terminadas las investigaciones y análisis médicos, trascendía que el veneno utilizado había sido DDT y cianuro potásico mezclados con Neofil y Cruz Verde, que había sido dado a los niños con los alimentos. El juez dictó auto de procesamiento y prisión contra el matrimonio y sus hijos quedaron bajo la tutela de la Junta Provincial de Protección de Menores. Todos, salvo Piedad, de 12 años, que fue puesta a disposición del Tribunal Tutelar de Menores. La noticia saltó a toda España. El semanario El Caso vio un buen filón: muerte en familia. Un tema que daba para ocupar muchas páginas en aquellos tiempos de censura. Sus enviados especiales hablaron con los hijos. La más pequeña de los que quedaban vivos, de 6 años, miraba con curiosidad al reportero. – Por eso me tira fotos. Usted me retrata porque sabe que voy a ser la próxima en morir. ¡Claro! Como yo soy ahora la más pequeña, me toca morir la primera. A su lado, su hermana Piedad se mostraba impasible, con un inquietante punto de perversión en la mirada. – No, Manolita, tú no has de morir – le respondía el periodista conteniendo la emoción. Trataba de insuflarle ánimo.

"Es impresionante su vibrante indiferencia – escribiría después –. Ha visto a sus hermanitos muertos. Ha presenciado el dolor cerca de ella y, sin embargo, ríe, salta sin aspavientos, sin fingir. Otros han llorado ya por los que sucumbieron. Y espanta ver como espera sin miedo a que lloren por ella". Piedad había sido la última persona a las que sus hermanos vieron antes de fallecer. Lo explicaba con soltura, como si no tuviera mayor importancia. Relató que Fuensanta fue la única que habló antes de expirar. "Piedad, ven pronto. Me estoy muriendo", le había suplicado. La Policía comenzó a sospechar de ella, dado que era la encargada de cuidar a los pequeños. Les daba de comer cuando los padres estaban fuera. Un inspector le tendió una trampa. La invitó a tomar algo en un bar y empezó a jugar con ella. Aprovechó para simular que le iba a echar una bola de cloruro en el vaso de leche. La chica, primero riendo y luego enfadada, se lo impedía. – No hagas eso, que puedes hacer mucho daño a alguien. Ante la insistencia del investigador para que bebiera, se negó en redondo. – ¿Hace daño? ¿Es como lo que le diste a tus hermanitos? – preguntó el funcionario. El rostro contraído de la pequeña hablaba por sí solo. El policía la miraba con gesto severo. Su sagacidaz había dado resultado. –Fui yo quien mató a los cuatro. Los tres primeros por orden de mi madre.

La familia Martínez dando de comer a sus hijos.


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EL ARCHIVO DEL CRIMEN / LA NIÑA ASESINA

Primer plano de la portada del semanario El Caso, haciéndose eco de la noticia.

– ¿Y el último? – Lo maté yo sola, por mi propio impulso. Poco a poco fue explicando cómo preparaba el veneno con que se los quitó de en medio. Hacía unas bolas con las pastillas que utilizaba para limpiar metales, sobre todo para las piezas plateadas de las motos, y con matarratas. Después se las echaba en los vasos de leche para que ingirieran la ponzoña. Cloro y cianuro que, incluso usados por separado, habrían provocado una muerte rápida de los niños. Por eso fallecieron en menos de media hora. Los investigadores no se dieron por satisfechos con la versión de la niña y siguieron trabajando hasta demostrar que había actuado en todas las ocasiones de motu proprio. Agobiada por tener que preocuparse de sus hermanos, dado que era la mayor que permanecía en casa cuando los padres y los hermanos machaban al trabajo, comenzó a envenenar a los pequeños porque que eran los que más tiempo le ocupaban. Quería librarse de todos para estar libre y poder salir a jugar con sus amigas. Ingresada en un hospital psiquiátrico, dio hasta cinco versiones diferentes, a cual más contradictoria. Seguía acusando a su madre. Sus respuestas eran rápidas, tratando de aparentar que no había engaño en ellas.

Los médicos la consideraron una niña normal, pero que padecía una psicopatía. Totalmente responsable de sus actos. Actuaba con malicia premeditada. Lo que realmente extrañaba era que una persona tan joven y sin estudios básicos ni conocimientos al respecto fuera tan hábil para descubrir los efectos letales de productos de uso doméstico. "Podríamos encontrarnos ante una niña de extraordinario cinismo o pasmosa tranquilidad", escribía El Caso tras el intenso seguimiento que hizo del suceso y que le proporcionó ventas de cientos de miles de ejemplares. La describía como "extraña, irónica, socarroncilla...". Mientras los padres recobraban la libertad se decretó su ingreso en prisión. Era considerada autora única de las cuatro muertes. Al ser menor de edad, no podía dictarse auto de procesamiento, por lo que fue puesta bajo custodia del Tribunal Tutelar de Menores. Tras ello, ingresó en el convento de las Oblatas de la capital murciana, donde cuidaban a niñas descarriadas o en situación de riesgo. Pese al internamiento forzoso se mostraba dulce, alegre y con muchas ganas de ser una niña y disfrutar jugando. Le gustaba hacer calceta y estaba casi todo el día con un costurero en la mano. Su ilusión era irse a vivir con su tía Loli, que no tenía hijos. Se comentó que con el tiempo profesó los hábitos religiosos. Otras versiones dicen que a los años regresó a la calle y emprendió una nueva vida. Lo cierto es que nada volvió a saberse de la cuádruple fratricida. Se trató de ocultar su rastro. El apellido de esta familia volvió pronto a las páginas de los periódicos, nuevamente a la sección de sucesos. Cuando el padre aún no se había repuesto del tremendo shock, la Guardia Civil de Albacete le avisó de que habían detenido a sus dos hijos mayores. Tan sólo habían transcurrido cuatro meses y medio de la última muerte cuando decidieron abandonar el hogar. Habían escuchado los cantos de sirena de unos supuestos empresarios que les ofrecían debutar como cantantes en la capital manchega para después emprender una gira por toda la geografía española. El mayor, José Antonio, que no vio cumplido su sueño de ser torero, decidió probar fortuna con su hermano como dúo de música ligera. Pero sus mentores se quedaron sin dinero, vendieron los relojes de los muchachos, les implicaron en el robo de una motocicleta... Una aventura juvenil que terminó mal. Pero no era la última. A finales de 1978 quince reclusos escaparon de la prisión de Murcia tras excavar un túnel. El más conocido de ellos era el hermano mayor de Piedad, que tres meses antes había asesinado a un taxista tras robarle. En el mundo delincuencial era conocido como El Águila. Al poco fue apresado de nuevo en la vecina provincia de Alicante. Una familia cuyas desgracias empezaron con la malvada actuación de Piedad. A los padres les hicieron


29 el vacío como si fueran culpables de la desgracia que les había caído encima. El marido tuvo que colocarse como basurero y, a causa de una enfermedad, quedó ciego. El hecho de matar a los hermanos pequeños es un fenómeno criminal que se ha dado en otras ocasiones. Deriva del síndrome del cuidador quemado o burn-out. Una afección que se caracteriza por un profundo desgaste emocional y físico de la persona que cuida a personas dependientes. No se trata de un tipo de criminalidad extraña. Cuatro años antes en un caserío de Rubiero (Asturias) se produjo otro suceso similar, aunque con menos víctimas. Allí vivían las hermanas Palmira, Argentina y Elvira Valledor. Las dos primeras estaban casadas. Un día la pequeña empezó a dar unos gritos desgarradores, y falleció al poco. En su bolsillo tenía una carta de despedida en la que anunciaba el suicidio porque había quedado embarazada y el futuro padre no quería saber nada del asunto. Pero se comprobó que no estaba encinta. Después la autopsia confirmó que había muerto envenenada, concretamente por ingestión de estricnina. Se lo había administrado Palmira en el desayuno. También ella escribió la misiva. Una vez detenida explicó que odiaba a las otras dos porque durante su adolescencia había tenido que cuidar de ellas. Eran huérfanas y, como hermana mayor, tuvo toda la responsabilidad, no pudiendo disfrutar de lo que le correspondía por su edad. La otra, Argentina, salvó la vida porque se casó y marchó de su lado. El escalofriante suceso vivido en Murcia no era, por tanto, el primer caso de este tipo que ocurría en España. Piedad ya había tenido precedentes, aunque nunca protagonizado por alguien de tan corta edad y con tan elevado número de víctimas. Una historia que produjo honda conmoción y que permanece en la memoria colectiva de los murcianos. Todavía hay quienes la recuerdan sin poder evitar un escalofrío de terror.

Arriba, otra de las célebres portadas del semanario El Caso, dando eco a la noticia sobre la confesión de Piedad. Abajo, una ilustración donde se detalla el momento en el que Piedad daba de comer a sus hermanos.


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ALERTA DESAPARECIDOS / ÁNGELES ZURERA

heridas ABIERTAS

"L

a vida es una mierda. Nunca pensé en tantísimo dolor como iba a pasar. Quisiera volver para atrás, pero con mis hijos, porque es lo mejor que tengo. La vida la ha tomado conmigo". Meses antes de su desaparición, Ángeles Zurera Cañadillas escribió sus pensamientos en un cuaderno en el que también apuntaba recetas de cocina y guardaba pequeños recuerdos de un niño saharaui que acogió durante tres veranos. "No lo entiendo. Según das, así recibes, ¿no? Pues yo no creo que merezca tantísimo dolor". Es el testimonio de una mujer destrozada, angustiada, que estaba en tratamiento psiquiátrico, pero que poco a poco estaba viendo la luz al final del túnel. De hecho, pocos días antes de su desaparición el médico que la trataba le dijo que iba a darle el alta y acababa de comenzar una nueva relación sentimental. "Estaba rehaciendo su vida", resume su hermano, Antonio Zurera, desde el salón de la casa de Ángeles. "Por fin empezaba a ser feliz", relata desde el chalet en el que Angelines, como así la conocen en Aguilar de la Frontera, desapareció sin dejar rastro. El sábado 1 de marzo de 2008, Ángeles Zurera vi-

Imagen de Ángeles Zurera, desaparecida hace 12 años.

vió un día normal. Según el testimonio de la familia, la mujer pasó el día en Córdoba con la novia de uno de sus hijos y unas amigas. Compró ropa para Semana Santa en las tiendas del centro y llamó a su madre. "Mamá, he comprado una chaqueta preciosa", relataba la madre de Angelines, reproduciendo la conversación telefónica. En Córdoba, cena con unas amigas y ya casi de madrugada regresa a Aguilar de la Frontera con su propio coche. Deja las cinco bolsas de ropa en una salita, se pone el pijama y se acuesta. A partir de entonces, es imposible seguir los pasos que siguió, según la familia. Al día siguiente, "las bolsas de ropa estaban donde ella las dejó", explica Antonio Zurera, "y la cama apenas está deshecha; tan sólo en un piquito", agrega. Esto hace sospechar a la familia que su desaparición se produjo de madrugada y descarta la primera hipótesis. Uno de los dos hijos de Ángeles aseguró a la Guardia Civil que en la mañana del domingo escuchó el claxon de un autómovil y luego a su madre despedirse, un relato que ahora ni el propio muchacho sostiene como cierto. Y después de esa madrugada, nada más. Ángeles Zurera se marchó sin nada. Ni las gafas, ni las lentillas, ni el DNI, ni el bolso con dinero, ni el móvil, ni su coche, ni las llaves de su casa. "Se dejó una lavadora puesta y ropa en una secadora lista para tender", añade su hermano, quien insiste en que "alguien que decide irse de manera voluntaria no se va de esta forma". La familia no denunció la desaparición hasta el lunes por la mañana. Las compañeras de un taller de empleo en el que participaba la mujer la echaron de menos y llamaron a su hermano. A las 12:00 de la mañana comenzó su búsqueda desesperada. El pueblo de Aguilar de la Frontera se volcó en unas batidas por todo el término municipal en el que participaron más de 400 personas. Pasaron los días y se seguía sin encontrar pistas. El caso saltó a los medios de comunicación a nivel nacional. Se imprimeron 40.000 carteles con el retrato de Ángeles que se repartieron por toda España. Algunos testimonios decían haber visto a la mujer hasta en California, pero ninguna pista se sostenía. Poco a poco, la esperanza de encontrarla con vida disminuía. La familia tenía que convivir con la hipótesis de que su hija había perdido la vida. La Guardia Civil buscaba un cadáver. Se utilizaron perros especiales, se dragaron balsas de alpechín, los buzos del instituto armado buscaron a Ángeles en las lagunas. Se revisó el interior de 300 pozos de casi todo el Sur de la provincia de Córdoba. Hasta se usó una máquina georradar que dio un resultado positivo en una viña que se excavó con


31 una retroexcavadora, pero nada. Ni rastro de un cuerpo. "Ese domingo, me llama mi nieto y me dice que mi niña se ha caído por las escaleras y se ha matado, y ya está. La enterramos, la lloramos y se acaba el sufrimiento. Pero lo que estamos padeciendo sólo lo sabemos nosotros", explicaba una vez la madre, quien falleció el pasado 19 de octubre de 2019, sin lograr saber el paradero de su hija: "Un día fui a Montilla al oculista. Al salir de la consulta vi un cartel de mi hija y me caí al suelo", contaba la mujer, entre sollozos y junto a su familia, todos cabizbajos. "En el pueblo no puedo andar diez metros sin que alguien me pregunte por mi hermana", explica Antonio, que insiste en que lo que a la familia le ha dado más fuerza es sentir el apoyo mayoritario de Aguilar de la Frontera. El pueblo está inundado de carteles de Ángeles Zurera. Muchas casas lucen lazos verdes en solidaridad con la familia y hasta ha surgido una plataforma ciudadana que recauda fondos para intentar que no se olvide el caso. Pero la investigación está bloqueada. Manuel Reina, su exmarido se encontraba en aquel entonces a la espera de ser juzgado de un presunto delito de malos tratos hacia Ángeles Zurera cometido sólo 12 días antes de su desaparición. La mujer había sufrido daños en la cara y en un brazo, y fue atendida en el hospital de Montilla. Ella le dijo a su madre que se había caído por las escaleras y al médico y a su hijo que había sufrido un percance al ir a esquivar a un perro. Pero el médico no la creyó, y en su parte de lesiones así lo hizo constar. Ángeles Zurera llevaba siete años

La familia de Ángeles Zurera portando un cartel de la mujer desaparecida en 2008.

separada de Manuel Reina, que tal y como recuerda la familia nunca participó en su búsqueda. "Hay muchas cosas que no podemos decir porque nos llueven las querellas", sostiene Antonio, que reconoce que su familia está desesperada. "No hay día que pase en que no nos acordamos de ella. Cuando nos despertamos o nos acostamos… ¿Dónde estará?", se pregunta su hermana. Noches en vela en las que todos sueñan con que Angelines llame otra vez a su puerta. Los padres y hermanos de Ángeles Zurera siempre han sospechado de que su expareja tiene algo que ver en la desaparición de la mujer. También la Guardia Civil lo ha tenido bajo la lupa todos estos años, sometiéndolo a varios interrogatorios. Los investigadores llegaron a rastrear un vertedero de Aguilar que usaba la empresa de movimientos de tierra que posee Manuel Reina. Pero lo trabajos no dieron con el cuerpo de la mujer ni con pruebas que le involucrasen en ese momento con la desaparición. En marzo de 2014, la familia de Ángeles Zurera solicitó que se le realizase el test de la verdad a Manuel. Según el hermano de Ángeles, Antonio Zurera, "si tan convencido esta de que no tiene nada que ver" en la desaparición de su hermana "no debería tener ningún problema" en someterse a este test. Sin embargo, la justicia le denegó la prueba por dos veces. Una, en primera instancia fue el Juzgado de Instrucción, y posteriormente, la Audiencia Provincial de Córdoba. En noviembre de 2015, Antonio Zurera afimó con-


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ALERTA DESAPARECIDOS / ÁNGELES ZURERA

vencido en una manifestación contra la Violencia de Género celebrada en Córdoba a la que acudió, que el caso de su hermana no era una desaparición, que era un homicidio. Portando una pancarta, la familia Zurera apuntaba directamente al exmarido de su hermana como el culpable de su desaparición. "No nos rendimos, sabemos que él lo hizo y vamos a encontrar el cuerpo de mi hermana, porque además fue condenado por violencia de género por una agresión a mi hermana días antes de su desaparición", recordaba Antonio. En 2018, coincidiendo con el décimo aniversario de la desaparición, la familia pidió a la Guardia Civil la ejecución de una treintena de diligencias para reactivar la investigación. Entre estas nuevas líneas de trabajo, Antonio destaca la realización de un análisis forense de los dos teléfonos móviles que utilizaba su hermana en el momento en que se le perdió el rastro. Ambos fueron entregados en un primer momento a los agentes del instituto armado. El juzgado, sin embargo, rechazó hacerles una prueba pericial, por lo que la familia decidió encargarle el reto técnico a una empresa especializada. "Ahí puede haber imágenes, vídeos, mensajes... Cualquier cosa que nos ayude a conocer más datos que

puedan estar relacionados con la desaparición", aseguraba Antonio, quien admitió también que la mercantil que estaba tratando de acceder a los terminales aún no había podido hacerlo. "Está teniendo problemas para encenderlos y, por lo tanto, para meterse dentro", explicaba el hombre, que concreta que los dos dispositivos tenían ya la batería gastada y muchos problemas de funcionalidad. Aun así, no se daba por vencido, ya que se trata de uno de los pocos clavos ardiendo que les quedaba a la familia para agarrarse. Junto a estas diligencias, la familia entregó también a la Guardia Civil un informe criminológico elaborado por una especialista de la Fundación Quién Sabe Dónde, de Francisco Lobatón. "Ellos han estudiado el sumario, estuvieron en la zona, tocaron el terreno y son los que realmente han propuesto las citadas 30 diligencias, que esperemos que los investigadores tomen en consideración para impulsar la causa", explicaba el hombre. En julio de este mismo año, varias máquinas de apertura de pozos acudieron a un solar de Aguilar de la Frontera localizado junto a la Cooperativa Jesús Nazareno y a la antigua carretera de Puente Genil. El solar

Una de las muchas concentraciones para pedir justicia para Ángeles y que el caso no caiga en el olvido.


33 se iba a convertir en una urbanización, pero las diferentes crisis han provocado que sobre el mismo no se haya apenas construido nada aún. Desde entonces, esa maquinaria pesada seguía las órdenes de la Unidad Orgánica de la Guardia Civil y lo que hacía era buscar alguna pista del paradero de Ángeles. La Guardia Civil sigue desde el año pasado una nueva línea de investigación sobre qué ha podido pasar con Ángeles Zurera. Entonces, pidió al Juzgado de Instrucción de Aguilar permiso para peinar este solar.

Pero no ha sido hasta este año cuando los agentes han podido empezar a trabajar en la zona. De momento, no ha habido novedades en la búsqueda. Ángeles Zurera salió a la calle sin dinero, sin documentación, sin sus gafas ni lentillas, sin más ropa de la que llevaba puesta y sin dejar rastro alguno. Nadie vio nada. Nadie escuchó nada. Y así, con la angustia del silencio para una familia que apenas vive desde su marcha, observan esperanzados como su caso vuelve a ser revisado.

Antonio Zurera, hermano de la desaparecida, siempre ha estado al pie del cañon para saber que pasó con Ángeles.


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ALERTA DESAPARECIDOS / CASOS ACTIVOS


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DESAPARECIDOS DURANTE EL CONFINAMIENTO

DESAPARECIDOS DURANTE EL CONFINAMIENTO

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esde que se decretó el estado de alarma se han interpuesto 659 denuncias por desaparición. Son un 81% menos que el año pasado, pero ¿cómo se ha perdido la pista de estas personas cuando toda España estaba en casa? En este reportaje especial de CRIMINALIA intentamos dar con la respuesta a esta pregunta. "Que decreten el estado de alarma y tengamos que estar en casa no significa que nos encierren con llave". Así explica Joaquín Amills, presidente de la asociación SOS Desaparecidos, las 659 denuncias que se han interpuesto en España desde que se decretara el estado de alarma; es decir, cuando casi toda España estaba encerrada en casa. En la asociación, que ayuda a las familias que atraviesan este complicado proceso (más duro aún en tiempos de coronavirus) asegura que el confinamiento es un arma de doble filo a la hora de buscar a personas desaparecidas. "Aunque policialmente se investigue, la familia no puede salir a la calle a buscar, no se pueden organizar batidas vecinales ni voluntarios de Protección Civil dedicados a ello. Toda esa parte la tienes bloqueada". Sin embargo, el hecho de que haya tan poca gente en la calle, sobre todo antes

Imagen de Joaquín Amills, presidente de la asociación SOS Desaparecidos.

de entrar en las fases de desescalada, ha sido positivo a la hora de encontrar a algunas personas estas últimas semanas. "Hemos recibido llamadas que nos decían que mientras estaban paseando al perro han visto a tal persona y se han fijado en ella porque no había nadie más en la calle, algo que no ocurriría en circunstancias normales. La colaboración ciudadana en ese sentido está siendo impecable", asegura Amills. Desde el Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES), dependiente del Ministerio del Interior, aclaran que "cuando hablamos de desapariciones, integramos en una misma problemática situaciones muy heterogéneas: simples rupturas de vínculos familiares, pérdidas de contacto por tiempo relativamente breve de menores o mayores con problemas neurodegenerativos, accidentes laborales y, en algunos casos extremos, algún tipo de actividad criminal". Jaime Cerceda es el director de este organismo creado hace solo tres años para coordinar todas las alertas por desaparición independientemente del cuerpo policial que recoja la denuncia y asegura que la mayoría de los casos se resuelven: "De las 659 denuncias recibidas, solo 149 permanecen activas y, con el tiempo, la mayoría se irán resolviendo porque las estadísticas que manejamos demuestran que en torno al 1% quedan latentes durante periodos muy prolongados de tiempo". Estas menos de 700 denuncias interpuestas entre el 16 de marzo y el 4 de mayo de este año contrastan con las que se pusieron durante el mismo periodo de 2019: nada menos que 3.456 denuncias, lo que supone un 81% menos. Cerceda, sostiene que las circunstancias que estamos viviendo "reduce considerablemente los riesgos de que se produzca una desaparición" y reconoce que el confinamiento "ha facilitado la labor de encontrar a mayores desorientados o a menores de edad". Así, aunque las denuncias han disminuido en todas las franjas de edad, la más significativa es la de menores de 13 años, donde las denuncias han caído un 97%, y las desapariciones de chicos de entre 13 y 17 años, también se han reducido muchísimo: un 83%. Esta franja de edad (de 13 a 17) suele ser la que siempre acumula mayor número de denuncias y la que más preocupa a los investigadores por tratarse de menores, aunque entre las razones abundan motivos triviales como enfados en casa o muestras de rebeldía. Amills explica que "les dan cobijo amigos mayores de edad, vecinos o familiares enfrentados con los padres... hay de todo", pero


37 recuerda que acoger a un menor en estas circunstancias puede ser constitutivo de delito y que "lo que en un principio es algo voluntario puede dejar de serlo: se han dado casos de adolescentes manipulados por personas con antecedentes. Y no deja de ser un menor: cuantos más días fugado, mayor es el riesgo". La mayoría, eso sí, suelen aparecer a los pocos días. Es el caso de Kiara Abigail (16 años) y Ana Rosa Hernández (17 años), desaparecidas durante el estado de alarma en Torrejón y Bormujos (Sevilla) respectivamente y que finalmente fueron localizadas. También la Guardia Civil pudo encontrar en Orense a otra persona mientras "realizaba una labor tan común como pasear a su perro", explican desde el CNDES. Cerceda asegura que, menos la atención personal y los cursos formativos presenciales, ellos sí pueden seguir llevando con normalidad el resto de sus funciones: generación de avisos a la población, gestión de la base de datos de desaparecidos y atención a las familias. Este último punto es un aspecto señalado con cierta crítica por la Fundación Quién Sabe Dénde, presidida por el mítico periodista que dirigió el programa homónimo, Paco Lobatón. "Hay excepciones como el caso de Diana Quer o el niño Gabriel que confirman la regla contraria: el contacto inicial con las familias suele diluirse con el paso del tiempo". Su experiencia dice que los cuerpos policiales no cuentan con "suficientes recursos especializados: no es cuestión de cantidad sino de calidad", sobre todo para los casos sin resolver de larga duración, donde es imprescindible una "nueva

Paco Lobaton preside la Fundación QSD Global y fue presentador del mítico programa "¿Quién sabe dónde?"

mirada» para que la investigación no quede en el temido punto muerto. "Hace falta más gente dedicada exclusivamente a esta tarea y con una formación específica. Hay policías con grandes capacidades pero en general falta gente más preparada". Desde la fundación reclaman que haya un representante de cada cuerpo policial en el CNDES, que sea este organismo oficial quien ponga el sello a los carteles de desaparecidos que se difunden (Lobatón ha contado hasta siete fórmulas diferentes de cartelería) y que sus integrantes no cambien con tanta frecuencia como hasta ahora porque eso afecta al trato con las familias: "Sin una atención continuada, están abocadas al naufragio y ellas son muy agradecidas, es algo que he constatado con el tiempo: agradecen enormemente una llamada y cualquier iniciativa". Precisamente para acompañarles en esta travesía, aún más angosta durante el encierro forzoso por el dichoso Covid-19, Lobatón creó "Diarios de ausencias", un formato de videollamadas con familiares de desaparecidos para tratar de paliar estos días "esa sensación de encierro, de vida detenida" y que se pueden ver desde su web. "Decimos: confinados, pero no callados. Todos lo estamos pasando mal pero ahora podemos ver algo de esperanza en la denominada nueva normalidad. Ellos no. Diría que son el colectivo que más ha sufrido porque tienen la sensación de que las investigaciones se han detenido". Desde el CNDES aseguran que cada año se interponen unas 20.000 denuncias por desaparición pero la inmen-


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DESAPARECIDOS DURANTE EL CONFINAMIENTO sa mayoría se resuelven. De hecho, a principios de este año había 5.529 activas, algunas de las cuales se remontan a la década de los años 60. A pesar del tiempo transcurrido, Cereceda aseguran que "las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad siguen buscando a todos los desaparecidos". Precisamente ayer se cumplieron tres años de la desaparición de Francisca Cadenas, una mujer de 59 años natural de Hornachos (Badajoz) a la que se perdió la pista el 9 de mayo de 2017. Este año no pudieron hacer el homenaje anual en la plaza del pueblo por las restricciones del confinamiento y su hijo, José Antonio Meneses, quiere pensar que los investigadores siguen trabajando pero cuestiona ante Lobatón "por qué en algunas desapariciones se emplea todo y no en mi familia. Parece que hay un cierto privilegio". Él tuvo que salir del pueblo para tener "una buena salud mental" y poder seguir adelante con su vida. Con respecto a la investigación del caso de su madre, Meneses entiende que "tenga que ser lo más hermética posible pero el contacto periódico con la familia, la cercanía y saber que no dejan nada en el tintero deberían mantenerlo porque es esencial para darle una estabilidad mental a la familia, independientemente de que luego se resuelva o no el caso", cuenta en "Diarios de ausencias".

Por otro lado, Lorena Piteira desapareció el 1 de noviembre de 2016 en Lugo y es una de las personas que ha podido ser localizada en estos días de confinamiento. La Policía dio con ella el pasado martes. Dos años después de su desaparición se detectaron movimientos de ella en Santiago de Compostela y Camarillas (A Coruña) y pudo ser localizada. Este caso podría tratarse

Lorena Piteira fue localizada tras 4 largos años desaparecida, en teoría, por su propia voluntad.

Imagen de Francisca Cadenas, desaparecida desde 2017 y cuyo paradero sigue siendo un misterio.

como uno de esos en los que, según el director del CNDES, hay ruptura de vínculos familiares por distintos motivos. En cuanto se pone la denuncia, ellos la tratan como una más y si localizan a la persona, verifican su situación y la persona decide si quiere volver a contactar a su familia o no, pero en todo caso evitándoles la angustia que pudieran tener por su estado. Cuando denunciaron su desaparición, la familia comentó que Lorena podía estar influenciada por algún movimiento simpatizante de las ciencias ocultas y la meditación. Y es que no hay que confundir las desapariciones voluntarias –que, como todos coinciden, son minoría– con las involuntarias. El detective Rafael Guerrero ha investigado un gran número de los primeros casos, que le han servido de inspiración para su libro, "Yo detective", en el que cuenta la historia de un joven enamorado que viaja a la India y desaparece. "Un caso bonito con un supuesto crimen de honor", recuerda. La de los desaparecidos es para su agencia "una línea de trabajo importante. Hay muchísima gente, más de la que pensamos". "Desaparecer es posible, pero depende de tu forma de vida", recuerda. Aún hay países donde uno puede cambiarse el apellido, pero hay que realizar otros cuantos sacrificios. Nada de redes sociales, por supuesto. A ser posible, alguna operación de cirugía estética. Uno tiene que vivir casi como un eremita. Si alguien está planeando desaparecer, lo mejor que puede hacer no es tanto esfumarse como seguir dando señales de vida, pero en otro lugar. Es decir, plantar pistas falsas que desvíen la investigación al lugar equivocado. El límite que marca la diferencia entre el fugado y el hallado se encuentra, según Guerrero, en una cuestión presupuestaria. El porcentaje de casos no resueltos (alrededor de un 25%) suelen toparse con un callejón sin salida económico. Si te buscan, te terminan encontrando; la clave es cuánto quieres gastarte. Las investigaciones de Guerrero en busca de familiares desaparecidos, deudores o


39 herederos le han llevado a Argentina o Uruguay (destinos habituales para rehacer tu vida lejos y abrir un negocio), Francia o Alemania o incluso Bangladés. Todos están de acuerdo en que desaparecer es difícil pero, sobre el papel, posible. La nota discordante es la de Ángel Galán, autor de "Introducción a la Investigación y Desaparecidos", Comisario Honorario de la Policía, donde sirvió durante más de 40 años, y presidente del IPIC (Instituto de Probática Criminal), que es tajante: "No es posible en la actualidad que alguien desaparezca, casi siempre sabes lo que ha pasado". Y añade: "De todos los casos en los que he participado, en solo uno no sé qué es lo que ocurrió, el de Sara Morales". Como recordarán nuestros lectores, en el número 2 de CRIMINALIA tratamos el caso sobre la joven que desapareció el 30 de julio de 2006 tras salir de su casa de Las Palmas de Gran Canaria, camino hacia el centro comercial la Ballena. Nadie supo más. "Es el único caso en el que podría decir que existen los ovnis, porque no fuimos capaces de encontrar a nadie que la hubiese visto tras salir de casa", recuerda. "Podría aparecer mañana, pero no hay nada de nada".

Bajo estas líneas, el detective Rafael Guerrero, autor del libro "Yo detective". Abajo, a la izquierda, el comisario Ángel Galán y a la derecha la criminóloga Iciar Iriondo.

Iciar Iriondo se dedica a perseguir indicios que permitan reabrir esos casos que parecen haber quedado congelados. Sus herramientas más habituales son las entrevistas a testigos ("con el paso de los años se abren más y puede que cuenten algo que no habían desvelado por miedo o porque no querían verse implicados"), así como la reconstrucción de las telecomunicaciones, facilitada por las nuevas tecnologías. El problema, que la mayoría de esa información probablemente se haya perdido si no se actuó con rapidez. Iriondo también reivindica que se considere toda desaparición voluntaria como de alto riesgo. No como ahora, que la distinción provoca una tardanza decisiva. Otra dificultad es la resistencia por parte del juzgado a reabrir casos, incluso aunque haya nuevos indicios. "Suelen valorar que ha pasado mucho tiempo”, lamenta Iriondo. Las nuevas declaraciones no se aceptan, por lo que necesitan aportar más información. Es un trabajo de hormiguitas, y en la cartera de DACRIM se encuentran colaboraciones en investigaciones como las de Ángeles Zurera, Pilar Vázquez, Diana Quer y Patricia Aguilar. "Hay casos ya muy complicados, en los que lo que busca la familia, más que encontrarlos, es conocer la verdad y que se les informe sobre qué se hizo y qué no, que no sientan que se les ha tomado el pelo". Aunque en los últimos años se ha avanzado mucho, aún falta mucho por hacer, especialmente en cuestión de prevención y seguimiento. Mientras tanto, muchas familias esperan alguna especie de clausura, aunque sea la confirmación de la muerte de sus seres queridos. "Esos 12.000, ¿dónde están?", se pregunta una vez más Ángel Galán: "No hay que dar falsas esperanzas. Es un problema donde no se ha querido meter nadie. Yo ya dije que Diana Quer estaba muerta, que lo que había que hacer era encontrar el cadáver. Lo que hay en España son 12.000 cuerpos que no se han encontrado".


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SALA DE LECTURA MANUAL FORENSE Autor: Instituto Ciencias Forenses Editorial: Independiente El presente libro pretende ser un manual forense para el Perfilador Criminal. A lo largo de todas sus páginas se aportará la información teórico-práctica para poder obtener los conocimientos necesarios para la realización de un Perfil Criminológico. El manual, en su concepción teórica se aleja de cualquier conjetura o aseveración no basada en el empirismo y la objetividad científica aportada por la Criminología y las ciencias transversales de la técnica de la perfilación.

PERFILES CRIMINALES Autor: Andrés Sotoca Plaza Editorial: Síntesis La técnica del perfil criminológico está entrando en una fase de madurez tras sus casi cincuenta años de historia reciente. A pesar de todo, todavía existen interrogantes: ¿ha conseguido validarse empíricamente?, ¿puede usarse en el ámbito forense?, ¿es más fiable perfilar teniendo en cuenta solo los datos del caso que se está trabajando o es preferible utilizar el conocimiento de crímenes pasados que ya se han esclarecido? En el manual se pueden encontrar respuestas a estas y a otras muchas preguntas con ejemplos de casos trabajados por la Guardia Civil y centrándose en cómo se realizan los distintos perfiles.

EL PSICÓPATA Autor: Vicente Garrido Editorial: Cientocuarenta El psicópata es un libro que presenta de modo claro y exhaustivo la personalidad del psicópata en la sociedad actual. A través de sus páginas llegamos a sentir emociones enfrentadas cuando penetramos en el arte, la familia, los negocios, la política o el crimen de la mano del psicópata: primero sorpresa, admiración, otras muchas veces horror, pero siempre consternación ante sus actos. El lector que se acerque a este trabajo agotará de una sentada el libro y nunca olvidará que los psicópatas pueden saludarle en la oficina o compartir con él su tiempo libre. Y hará bien en inquietarse.

JUSTICIA DE MENORES Autor: Esther Fernández Molina Editorial: Síntesis ¿Qué hacer cuando un joven comete un delito y genera daño a los demás? Las contradicciones y tensiones que planean sobre la gestión de la delincuencia juvenil dificultan una opinión unánime al respecto. De un lado, la ciencia aporta conocimientos sólidos para entender la infancia y la juventud como una fase vital caracterizada por la falta de madurez, la impulsividad y la menor experiencia vital, pero también dotada de una mayor receptividad al cambio y a las medidas educativas.


41 MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL Autor: Virginia Barber Rioja Editorial: Debate Virginia Barber Rioja nos cuenta mediante unas excepcionales memorias sus experiencias como psicóloga forense. El enfoque de esta joven canaria establecida en Nueva York nos abre los ojos frente a los riesgos de un sistema penitenciario que no contempla las condiciones sociales ni las necesidades básicas de reclusos con enfermedades mentales y explica el rol fundamental de sus compañeros de profesión para incidir en la creación de una ley más humana y más justa que nos permita avanzar hacia una sociedad mejor.

MUJERES LETALES Autor: Manuel Marlasca Editorial: Martínez Roca El número de asesinas españolas ha crecido en los últimos veinte años. Así empieza este interesante relato que une crimen y mujer y repasa casos muy recientes de mujeres asesinas, mujeres ladronas y mujeres que han investigado estos delitos vistiendo el uniforme de policía. Firman esta primicia informativa, Manuel Marlasca y Luis Rendueles, dos periodistas que ya cosecharon un gran éxito en Así son, así matan, una obra que comparte con esta nueva entrega su ritmo trepidante propio de los mejores títulos del thriller.

LA SABIDURÍA DE LOS PSICÓPATAS Autor: Kevin Dutton Editorial: Planeta Cuando hablamos de psicópatas nos vienen a la cabeza personajes, reales o ficticios, como Hannibal Lecter, el carnicero de Milwaukee o Dexter. Y, sin embargo, en este libro no sólo se habla de ellos. En él se citan otros nombres como los de Neil Armstrong, Bill Clinton, Vincent Van Gogh, John Stuart Mill o J. F. Kennedy. Porque según Kevin Dutton, psicópatas hay muchos y en absoluto tienen por qué ser criminales o asesinos.

PERFILACIÓN CRIMINAL Autor: Jorge Jiménez Serrano Editorial: Behavior & Law En este libro se hace un repaso por la técnica de la Perfilación Criminal (Criminal Profiling) desde un enfoque divulgativo y ameno para el lector. Para ello, se explica cómo trabajan los Profilers (Perfiladores) en casos reales como los de Edmund Kemper o el asesino del parking. Descubre la técnica de la Perfilación que se ha hecho famosa por series como "Mentes Criminales" o "Mindhunter" de una forma realista, seria y rigurosa.


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ESTUDIO DE LA CRIMINOLOGÍA

LA CRIMINOLOGÍA Y OTRAS CIENCIAS En el campo de las disciplinas jurídicas, los estudios criminológicos se emparentan en ocasiones muy de cerca, con el derecho penal, sustantivo y procesal, y también con el llamado derecho político o ciencias políticas. Creemos que el ámbito de estudio de la criminología puede delimitarse del ámbito del derecho penal, a partir del objeto y el método de las dos disciplinas: - el derecho penal estudia el delito en sentido legal, su campo es el análisis de las normas definitorias de ciertas conductas como hechos punibles; su ámbito está limitado por el principio de legalidad o de reserva. - la criminología, por su parte, estudia el fenómeno social de la desviación (con énfasis en la criminalidad, una de sus más significativas especies); sin sujetarse al principio de la legalidad, considera la prohibición contenida en las normas penales, como una especie del proceso cultural de definición de las conductas desviadas, merecedoras de reacción controladora por parte del grupo social. El criminólogo no debe limitarse a analizar críticamente el derecho penal ya que es indispensable que extienda su crítica a todo el aparato jurídico-político, en cuanto este define: qué controlar, a quiénes controlar y cómo controlar. A partir de la criminología puede y debe hacerse una crítica socio-política de la realidad social. El establecimiento jurídico-político de nuestras sociedades, conflictuales por excelencia, contiene un sofisticado aparato de control social, destinado a defender los intereses de quienes detentan el poder. Una importante vertiente es la criminología clínica, que ha estado bajo el influjo de las ciencias médico-

La Criminología,Política Criminal y Derecho Penal son tres pilares del sistema de las ciencias criminales, recíprocamente interdependientes.

biológicas. Los “clínicos” han utilizado el modelo médico en toda su extensión: el delincuente es visto como un enfermo, sobre quien hay que realizar un diagnóstico adecuado, lo cual puede lograrse gracias a la comprensión de la etiología de la conducta desviada, para así darle aplicación del tratamiento terapéutico más adecuado. Por otra parte, una de las ramas de la psicología, estrechamente emparentada con la psiquiatría, la psicopatología, se ocupa del estudio de la llamada psicología anormal o lo que es lo mismo, de las formas de desviación propias de la mente y la conducta humanas. La psiquiatría, por su parte, ha sido concebida tradicionalmente como una rama de la medicina, aun cuando contemporáneamente existen corrientes que tratan de afirmar su autonomía, con independencia de las ciencias médicas. Se comprende entonces que tanto la psicología general y específicamente la psicopatológica, como la psiquiatría, tienen estrecha relación con la criminología, y no solo con la criminología clínica. La criminología nace con la antropología criminal de Lombroso, pretendiendo dar una explicación integral del hombre delincuente. La Antropología (ánthroopos = hombre, y logos = discurso, doctrina o ciencia), etimológicamente es la ciencia del conocimiento del hombre, y la Antropología Criminológica sería el estudio de las características del hombre criminal. La criminalística, también conocida como policía científica, es una disciplina que utiliza todos los medios técnicos y científicos a su alcance, para el descubrimiento del delito y sus autores. La Política criminal es la disciplina que ofrece a los poderes públicos las opciones científicas concretas más adecuadas para el eficaz control del crimen, y las alternativas legales consiguientes. Hoy en día se comparte la opinión de que Criminología,Política Criminal y Derecho Penal son tres pilares del sistema de las ciencias criminales, recíprocamente interdependientes.


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Criminalia - Numero 5 - Octubre 2020  

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