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BORDES Revista de difusi贸n literaria


DIRECTORIO Encargados Ricardo Aguirre Adrian Navarro Consejo Editorial Dora Aguilar Luisa Allen Abril Montzerrat Correctores Macy Espinosa Eusebio Elizondo Catalina Razo Dise帽o Daniela Aguirre Macy Espinosa Contacto revistabordes@gmail.com

Las opiniones y contenidos expresados en la publicaci贸n son responsabilidad exclusiva de los autores. Prohibida su reproducci贸n total o parcial, en cualquier forma o medio, del contenido editorial de este n煤mero.


ÍNDICE Editorial.....................................................................3 Poemas para leer en el tranvia...................................4 Bikina......................................................................4 Victoria....................................................................5 Olvido......................................................................5 Ensayo ocasional.........................................................6 La importancia de guardar un secreto: literatura fantástica en La cena y Aura...................................6 El poeta de Orihuela..............................................10 Entrevista...................................................................15 Cuentos de amor, locura y muerte.............................17 Sin título...............................................................17 Insecto...................................................................18 La bombilla verde................................................19 Suspiros.................................................................20 Reseñas atemporales.................................................21 La tumba..............................................................21 Canción de tumba................................................24 Colaboradores...........................................................26


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EDITORIAL

Un rumor nos previno sobre los abismos del exceso pero nunca contra la mortal monotonía que se vive dentro una urbe lúcida e insomne. Fueron páginas amarillentas chispa, en el incendio de bibliotecas que nadie parecía recordar, a excepción cuando la ceniza y humo penetró hondo en nuestros pulmones, ojos y corazón; y muchos transeúntes se vieron obligados a vomitar, porque no había duda: esa histeria producto del fuego reflejo un horror equiparable a los espejos. Ni hacia donde correr. La ciudad simulaba estar aún chamuscándose, el pozo daña nuestra piel con sus luces de neón…en los bordes se pretende ignorar la locura, renegar la lucidez. Y recoger en el aire esos papelitos que flotan intactos a medio a medio consumir.

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POEMAS PARA LEER EN EL TRANVÍA Bikina No compares el fondo de mis ojos con el fondo de lo que tan han dicho que es tu nombre No vuelvas a llamarme vacío cuando estoy hinchado ni vires las velas que se dirigen a tu mejilla Si apenas quepo en tus brazos no me pidas que estire las piernas Entiende que en ti sólo puedo embonar acurrucado Y si llevo varios días sin pasar la boca por tu frente acuérdate que el Espíritu Santo también tembló al verte Los rayos del sol van recortando la sombra de tus senos que se han calcado en mi boca y con vergüenza me percato que me arden también los dedos. Me han malcriado mucho las flores y la levedad del viento que usan a mi corazón como espada para partir las palabras que te he de a ofrecer a mi antojo. Pero lo que te he robado no es un verso es mucho más Lo que te he robado tiene que ver con el arpa con la que se entonan estás canciones Disculpa el beso tan sólo fue apetito de romance.

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Victoria

(a la cuarta nota musical)

Solamente una vez dormí en la paleta de tu pupitre y al caer rendido me diste la victoria La esperanza que tuve al ver el cielo nublado se esfumó cuando al aparecer tus ojos por el poniente conocí al sol y era verde y eran dos y eras tú el terremoto y la tierra y los mares se regresaban y quizá yo también retrocedí algunos años y recordé haberte encontrado con algo entre las manos tal vez yo llegué de tus sueños porque tú me trajiste a tu lado. Juan Manuel Zermeño Olvido Me bebo a sorbos el mar de tus ojos. Escarbo en tus mejillas buscando tu lengua. Derribo tu nariz con golpes de pecho. Desgarro tus labios y con las hebras hago una pulsera. Arranco cada diente que forma tu sonrisa. Quemo los cabellos sombríos que pelean sobre tu cabeza. Uso tus orejas como posavasos. Tu lengua es la joya que decora mi cuello. Poco a poco te desarmo. Y a medida en que me acabo el tequila te voy desapareciendo parte por parte.

Macy Espinosa

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ENSAYO OCASIONAL La importancia de guardar un secreto: literatura fantástica en La cena y Aura …el sueño, el delirio, la vigilia. Lo demás, como siempre, son palabras. SERGIO PITOL Aproximarse a una obra literaria es todo un desafío. La lectura es un acto donde uno pregunta, otro responde y viceversa; ni la obra tiene todas las respuestas, ni tampoco las tiene el lector. Y, también, sucede que no todos los lectores hacen las mismas preguntas al texto ni reciben las mismas contestaciones de él. Por eso que es tan válido leer La Ilíada en el actual siglo XXI, acercarse a Cervantes o a Sor Juana. La literatura fantástica, me parece, ejemplifica de manera sorprendente esta propuesta: el texto llega al lector con una serie de planteamientos que presenta y éste se ve en la necesidad de hacer de detective: encontrar los indicios, hallar las respuestas y hacer las preguntas oportunas que harán de esa experiencia lectora una ocasión única y maravillosa, en la cual se le revelará una realidad inverosímil que, no obstante, no podría ser de otra manera en el texto. Dice Sergio Pitol a propósito del acto de la escritura: “escribir me parece un acto semejante al de tejer y destejer varios hilos narrativos arduamente trenzados dónde nada se cierra y todo resulta conjetural; será el lector quien intente cerrarlos, resolver el misterio planteado, optar por algunas opciones sugeridas: el sueño, el delirio, la vigilia” (19). Surgida en el siglo XIX, la literatura fantástica hace toda una serie de cambios en la estructura narrativa y en los temas de los textos: 1) Los escritores optan por los cuentos, en los cuales el clímax va casi siempre en la parte final, 2) Generalmente la línea temporal se rompe y se presentan esquemas circulares, 3) Por medio del pensamiento y del estado onírico se descubren otros espacios y tiempos, 4) No existe explicación de fenómenos sobrenaturales y se mantiene constante suspense con la indeterminación de muchos eventos, y 5) Atención a las descripciones de los espacios físicos, entre otros muchos aspectos (Cantú Ortiz 92).

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En México, la literatura fantástica toma impulso a partir del siglo XX. En medio de constantes revoluciones, los escritores se las arreglaron para abandonar por un momento los temas populares y adentrarse en la zona de lo misterioso, en un estilo que era nuevo y que, sin embargo, se manifestó en obras grandiosas por su alcance y notable reconocimiento. Entre ellas: “La cena”, cuento largo de Alfonso Reyes que compararé con “Aura” novela corta de Carlos Fuentes. Ambas obras presentan las características ya mencionadas y además se encuentran relacionadas entre sí por la intertextualidad con la que Fuentes hizo posible la recreación del tema que trataba el cuento del regiomontano. El argumento de “La cena” se podría resumir más o menos de la siguiente manera: un hombre joven asiste a una cena invitado por dos mujeres, una joven y su madre, pasa la tarde con ellas, conversa y las acompaña al jardín, donde “la oscuridad, el cansancio, la cena, el Chablis, la conversación misteriosa sobre flores que yo no veía” lo inducen al sueño del que sólo despertará para conocer la historia de un militar y su retrato, el que reflejaba una imagen que parecía ser la de él mismo. Huye a su casa y, aunque el tiempo parece haberse repetido, aún tiene una prueba de la visita. Y ahora el argumento de Aura, el cual presenta ciertas similitudes: un hombre joven asiste al llamado de una nota en el periódico dejada por Consuelo, una vieja que desea contratar a un historiador para redactar las memorias de su esposo, un militar de los tiempos de Reforma. El joven permanece en la casa y se enamora de la sobrina de la vieja, de quien pronto se va dando cuenta que tiene una relación inusual con su tía. Él mismo se ve atrapado entre ellas cuando descubre una fotografía del militar y descubre en él su propia imagen y la imagen de la joven la encuentra en la persona de Consuelo. Permanece en la casa al lado de ella atado a una historia que, aunque pasada, es suya. Puntos más, puntos menos, ambas obras se asemejan un poco en la historia, pero también difieren en aspectos importantes: primero, que el joven de “La cena”, Alfonso, puede huir de la casa, mientras que Felipe, de Aura, permanece en ella y segundo, que Amalia, la joven anfitriona de Alfonso, es tan real como lo es su madre (se sospecha), en tanto que Aura, sobrina de Consuelo, es un artificio que ésta usa para la anagnórisis que se está preparando a Felipe.

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Pero la verdad es que son más similitudes que diferencias las que existen tanto en la historia como en la estructura del relato. Elaboradas algo parcamente: 1) La invitación escrita: en Reyes como invitación formal (“¡Ah, si no faltara!...”), y en Fuentes como oferta de empleo en el periódico (“Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más”). 2) El desconocimiento del camino para llegar: en Reyes, además, está el apresuramiento (“Tuve que correr a través de calles desconocidas”), y en Fuentes por ser una colonia vieja y descuidada (“Las nomenclaturas han sido revisadas, superpuestas, confundidas”). 3) El rompimiento del hilo temporal que al principio parecía correr con normalidad: en Reyes “No sé cuánto tiempo transcurrió, en tanto que yo dormía en el mareo de mi respiración agitada”, y en Fuentes “Tratas [antes de entrar], inútilmente de retener una sola imagen de ese mundo exterior indiferenciado”. 4) El secreto entre las mujeres que mantiene el suspense: en Reyes “Todas las frases comenzaron a volar como en redor de alguna lejana petición. Todas tendían a un término que yo mismo no sospechaba”, y en Fuentes “Miras rápidamente de la tía a la sobrina y de la sobrina a la tía, pero la señora Consuelo, en ese instante, detiene todo movimiento y, al mismo tiempo, Aura deja el cuchillo sobre el plato y permanece inmóvil”. 5) El sueño: en Reyes indica el comienzo de la distorsión de la realidad: “Comencé a confundir sus palabras con mi fantasía. Sus explicaciones botánicas, hoy que las recuerdo, me parecen monstruosas como un delirio”, y en Fuentes se ve como la única salida a la presencia de lo irreal: “Caes en ese sopor, caes hasta el fondo de ese sueño que es tu única salida, tu única negativa a la locura”. 6) La duda: en Reyes, “la conversación misteriosa sobre flores que yo no veía y aún creo que no las había en aquel raquítico jardín”, y en Fuentes “Dudas, al caer sobre la butaca, si en realidad has visto eso; quizá sólo uniste esa imagen a los maullidos espantosos que persisten, disminuyen, al cabo terminan”. 7) El desdoblamiento de los personajes: en Reyes, Doña Magdalena se refleja en Amalia y el capitán se refleja en Alfonso (“doña Magdalena y su hija

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Amalia me hipnotizaron, desde los primeros instantes, con sus miradas paralelas”, “Me pareció que habían trocado los asientos durante mi breve sueño; eso me pareció…” y “Contemplé de nuevo el retrato, me vi yo mismo en el espejo”), y en Fuentes, Consuelo se refleja en Aura y el general Llorente en Felipe (“te repites que siempre, cuando están juntas, hacen exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran, salen, al mismo tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de una dependiese la existencia de la otra” y “tapas con una mano la barba blanca del general Llorente, lo imaginas con el pelo negro y siempre te encuentras, borrado, perdido, olvidado, pero tú, tú, tú.”). Es evidente que Carlos Fuentes tomó el cuento de Alfonso Reyes e hizo una reconstrucción en torno a él, sin embargo, esto no le quita mérito, al contrario, el texto es independiente, si bien a ambos se les agrega un valor que siempre podrá ser contemplado (o no) por los lectores para reconocer en Reyes a un gran escritor de la primera mitad del siglo XX y en Fuentes a un gran escritor de la segunda mitad. El desdoblamiento, la simetría, el tú y el yo, son temas que en la literatura fantástica nunca faltan: desde El misterioso caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde hasta Cien años de soledad. Lo circular, lo cíclico, el tiempo que va y viene. El doble. Alfonso Reyes se pregunta en La experiencia literaria: “¿Es el hombre un hombre o varios hombres? Dos por lo menos: uno que va, otro que viene. Casi siempre, dos que se acompañan. Mientras uno vive, otro lo contempla vivir. ¡Extraño engendro polar! El hombre es el hombre y el espejo.” (93) ¡No podría quedar mejor como ejemplo de un texto literario! Estos textos, Aura y “La cena”, son construcciones que se van haciendo sobre la base de lo misterioso. El pilar en que descansa todo el texto, el inicio, ya está marcado por la indeterminación: calles desconocidas y anuncios misteriosos. Y sólo al final está revelado el secreto: la florecilla en el ojal, prueba de lo sucedido, y el motivo secreto de Consuelo. En las historias de terror, el misterio es el arma que resguarda el tesoro de su belleza. Por el misterio el lector se pierde en las páginas y no regresa hasta que da vuelta a la última. El lector se pregunta constantemente sobre la posibilidad de las cosas, por el secreto, por lo que omite el autor. Los personajes se convierten en pequeñas marionetas al servicio de dos: autor y lector. El secreto está en el guiño cómplice del cual nadie sabe bien qué interpretar. Ana María Luna Peña

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Cantú Ortiz, Ludivina. “Cenar con Aura. La construcción de una ficción entre Reyes y Fuentes” en Rodríguez Alfano, Lidia (comp). Alfonso Reyes de Filosofía y Letras. México: Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2007. 87-122 Fuentes, Carlos. “Aura” en Cuentos sobrenaturales. México: Santillana Ediciones Generales, 2007. Pitol, Sergio. “El sueño de lo real” en Soñar la realidad: una antología personal. México: Plaza & Janés Editores, 1998. 9-19 __________. “¿Un Ars poética?” en Soñar la realidad: una antología personal. México: Plaza & Janés Editores, 1998. 66-74 Reyes, Alfonso. La cena. México: Universidad Autónoma de Nuevo León, 2012. ____________. “Aristarco o anatomía de la crítica” en La experiencia literaria. México: Fondo de Cultura Económica, 1983. 92-104

El poeta de Orihuela Orihuela no es el Edén pero es un jardín. Emplazada en el levante español, al sureste de la provincia de Alicante, entre sierras y mar, se halla la huerta oriolana, irrigada benéficamente por el río Segura. Con temperaturas cálidas prácticamente todo el año, en sus contornos pueden hallarse bosques de pino y palmeras, así como plantíos de naranjos, limoneros, algodoneros, olivos y almendros al igual que hortalizas. Por esos montes, donde canta el ruiseñor y soplan brisas perfumadas de azahar, pastoreaba sus cabras el niño Miguel Hernández. Era el segundo varón de la familia y debía aportar lo suyo al negocio familiar. La faena de un pastor es cuidar, vigilar, o sea, contemplar con atención. Es esta precisamente la primera condición de un poeta: estar con sus sentidos en tensión, aguzando su curiosidad, afinando su sensibilidad e inteligencia, para ver lo que pasa oculto y furtivo por su lado. Solo así se puede aprehender la poesía que no duerme en papeles sino que va y viene por la vida, como una brisa sutil, fugitiva, irrepetible. ¡Cuántas horas entre cielo y pasto, los ojos devorando horizontes, el juego de las plantas y las aves, el sueño de las nubes, los giros del aire, el errante ser de las cabras! Es así, por saturación de la mirada, que se empieza a ofrecer la palabra que recupera y devuelve.

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Luego vendrían los amigos. Primero el cura Luis Almarcha que le pone al alcance su biblioteca. Porque, cuando los ojos se abarrotan de naturaleza, se ensanchan y entonces se tornan insaciables. Quieren reunir y devorar todos los espacios, todas las formas, todos los anhelos que solo caben en la densidad de las palabras. Voracidad de leer que da nuevas aperturas a las horas del pastor. San Juan, Fray Luis, Góngora, Lope de Vega… El espíritu oxigena y fortifica sus músculos. Hay una anchura de mirada que ya pide su manifestación. Luego es el encuentro con los amigos, gemelos de alma. Son los hermanos Fenoll, Carlos y Efrén, además de un primo de estos: José María Gutiérrez, que se conocería mejor como Ramón Sijé. En la panadería de la familia Fenoll establecen su tertulia. Allí, entre los inflamados colores del fuego y los crujientes olores de hogazas, hablan de poesía, leen sus primeros atrevimientos con las palabras. No hay mejor ambiente. Nada se parece más al noble arte del poeta que el hacer pan. Amasar desde unos pocos ingredientes un cuerpo que nutre, deleita, satisface. Si la poesía tiene un olor es el cálidamente paladeable del pan recién horneado. Ramón Sijé parecía el más informado en asuntos de poéticas. Tiene el ansia de escribir y de publicar. Lanza una revista: El gallo crisis, donde se dan a conocer los textos del grupo. El poeta es un devorador de horizontes. Su destino es el infinito, así que con cada espacio ganado se abre una nueva jornada. En 1930 Miguel se va a Madrid con sus alpargatas y pantalón de pana, tal como lo describe amorosamente Neruda en sus memorias. Y es imprescindible repetir la visión que de él recibe el chileno. Escribe que tenía una cara “de terrón o de papa”, algo esencial de la tierra. Y este parece ser un signo de todo Miguel Hernández, su fijación raigal en lo terrestre que nunca lo abandonará. En Madrid trabará relación con otros poetas: principalmente Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, que se ocupan de su obra y su persona. Neruda será alguien capital para el oriolano. No solo lo va a publicar en la revista que publicaba junto con Manuel Altolaguirre: Caballo verde para la poesía, sino que, desde su gravitación como creador y sus relaciones como cónsul, hará mucho para facilitarle la subsistencia. El poeta oriolano necesitaba trabajar y, cuenta Neruda, que le arregla para un puesto con un vizconde que trabajaba en relaciones exteriores. Dispuesto el vizconde, Neruda indaga con Miguel que de qué quería ir. Este da una respuesta donde aflora lo que pesaba y signaba en su alma:

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“¿No podría el vizconde encomendarme un rebaño de cabras por aquí cerca de Madrid?” Era cuanto sabía hacer y, quizá, lo único que quería hacer. Estar a su aire, contemplando la vida que rumiaba errante a su frente y, por entre ella, transitar, musical y alada, la poesía. El amor llega con el empuje de una briosa locomotora. Viene en la persona de la pintora gallega Ana María Gómez, conocida por su alias artístico de Maruja Mallo. Es esta una mujer que cruza rayas e impone su designio. No están las galerías hechas para la doble osadía de una mujer pintora y, por demás, de arte transgresor. El poeta ve en ella un alma que se tensa y busca, que se abre y ofrece. Es para él “el rayo que no cesa”. Un carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida sostiene un vuelo y un brillo alrededor de mi vida. Dos personalidades tan vitales e indagadoras no podían someterse una a la otra. Tuvieron su momento, cruzaron por toda la meseta castellana, vieron y se entregaron pero no rindieron su flor. Sigue, pues, sigue, cuchillo, Volando, hiriendo. Algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía. Luego, como debía ocurrir, entra en avenidas de amor perdurable en su propio sitio de origen. Josefina Manresa, mujer igual de la tierra, se convertirá en la esposa y madre de sus hijos. El 9 de marzo de 1937 escapa del frente para cumplir el sacramento. Será un amor a saltos en el espacio y el tiempo pero de fijeza irrompible en el alma. De este vínculo le nacerá en 1938 un primer hijo: Manuel Ramón, que no tendría porvenir. Muere a los meses. Es el “hijo de la luz y de la sombra”, aquel que hace de la carne de los esposos “materia decisiva”. El poeta no quiere a Josefina sola, “te quiero… en cuanto de tu vientre descenderá mañana”, le dice. Así, en 1939, les llega otro vástago del amor, Manuel Miguel. La guerra ha afincado sus dientes en España. Hombre de lo común y lo que busca su luz, Miguel se alista en las filas del ejército republicano. Está en el 5to Regimiento y participa en las batallas de Teruel, Andalucía y Extremadura.

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Se siente vinculado a la suerte de los menos favorecidos. Es “viento de pueblo” y debe cantar sus sones. Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas. Terriblemente dolorosa esta imagen del pájaro cantor sobre el fusil. El poeta responde a la necesidad. No queda otra alternativa de acallar las armas si no con el canto con el cuerpo del cantor. Aunque el ruiseñor es mejor que siempre cante desde el amoroso aire de la rama. La derrota y luego la muerte segarían pronto el canto del poeta. No pudo escapar a un destino de dolor y negación. La cárcel solo serviría para condensar su pena. Conocer la separación, al hambre solo saciada con cebollas del hijo, la llegada a paso calmo del acabamiento. Naturaleza, amor y solidaridad son ámbitos de la poesía de Miguel Hernández. Nunca abandonó los abiertos de su vida pastoral. En sus imágenes y metáforas se expanden los usos de la tierra. Trascendido un primer momento gongorino y de ciertos ritos surreales para ir al son del tiempo, alcanza las palabras que le susurra el suelo, el cálido aire de las dehesas y prados, que es donde mejor sale entero. “A la serena duerme mi ganado”, dice, “tornaluna de música y sendero”, “Aire arriba, me voy por la mañana/ en busca de la hierba no mordida… Aire abajo, me alejo de la lana,/ por la tarde, a la cosa más florida.” Siempre estuvo entre el abajo y el arriba, lo cercano y lo distante, lo posible y lo soñado, que arropan y signan al pastor. No es fortuito que los que aman y guían a los hombres se emblematicen como pastores. Entre sus textos se hallan algunos de los versos más finos surgidos del eros. Sus poemas amatorios surten de una sensualidad de agua viva, pero ennoblecidos por el candor del hombre de la tierra y se entregan como una flor trascendida. “Por tu pie, la blancura más bailable/… una paloma sube a tu cintura,/ baja a la tierra un nardo interminable/… pisa mi corazón que ya es maduro.” El deseo culmina en el cumplimento de un antiguo arte español, el que macera la fruta por los zumos del éxtasis.

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La vida del poeta es un vía crucis de dolor. Brevedad multiplicada en una angustia que no cesa y se acrecienta en marejadas. “Umbrío por la pena, casi bruno”, vive y está convencido que “No podrá con la pena mi persona”. Y en la línea final de este soneto, un verso se abre como una noticia admonitoria: “¡Cuánto penar para morirse uno!” El poeta parece advertirnos de la manera que perdemos la existencia en el dolor. Sufrir solo para llegar a la aniquilación. Quiero pensar que nos insinuaba que otra debía ser la dirección de nuestra vida. Era un poeta demasiado vital para aceptar la pena como sola cosecha de vida. Además, esto se ratifica al ver la certeza de futuridad, la esplendente afirmación de vida que entrevemos en su vida y su persona. Al parecer sentía poderosas energías que le avisaban de un espacio promisorio donde cumpliría su designio de ruiseñor, ave que sobrevuela persistentemente por sus poemas. Solo así puede entenderse esa desgarradora premonición que nos lega: “Pintada, no vacía:/ pintada está mi casa/ del color de las grandes/ pasiones y desgracias./ Regresará del llanto / adonde fue llevada/ con su desierta mesa,/ con su ruinosa cama./ Florecerán los besos/ sobre las almohadas/… Dejadme la esperanza.” Solo quien espera vislumbra. Solo quien espera roza la futuridad. Así queda el pulso de su voz, como un aviso de quien avista el jardín de los renacimientos. El jardín donde son posibles la belleza, el amor, el canto. Manuel García Verdecia Holguín

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ENTREVISTA El libro “Bienvenido, paisano”, de reciente publicación, fue escrito por Cristina Gómez H. Autora oriunda de San Luis Potosí pero “regiomontana de toda una vida” según sus propias palabras en su cuenta de twitter. En la siguiente entrevista nos cuenta un poco sobre su libro y responde a puntos clave en la trama de los relatos.

Bordes: ¿Cuál es la relación entre el mundo exterior e interior de los personajes de las historias? Cristina: Es una relación contaminada, que fluye continuamente una sobre la otra en ambas direcciones, de aquí para allá, y de allá para acá.

B: ¿Por qué todas suceden en los "no lugares"?

C: Dice Marc Augé : "El lugar y el no lugar son polaridades falsas: el primero no queda nunca completamente borrado y el segundo no se cumple totalmente: son palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación" ( Los no lugares pag. 89 de la editorial Gedisa) un poquito como el adentro y el afuera de la pregunta anterior. ¿Por qué el no lugar? Porque ahí transitamos, siempre en movimiento. No hay pertenencia, pura añoranza.

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ENTREVISTA

B: ¿Por qué elegir la perspectiva paródica? C:Porque es una imagen fuerte, subida de color y al borde de lo grotesco.

B: ¿Por qué la risa? C: Porque la risa rompe un punto de máxima tensión y aliviana las cosas.

B: ¿Hay crítica social en estas historias? C: Creo que de rebote, pero es una de las muchas perspectivas o posturas ante algo.

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CUENTOS DE AMOR, LOCURA Y MUERTE

El sabio más grande del mundo había resuelto el enigma. Cierto, me dijo, alguna vez tuvimos un Dios. Pero éste fue tentado por el Diablo y lo perdimos. Yo procuraba tomar apresuradas notas con mi lápiz de punta roma, trataba de no perder detalle. El Diablo, continuó el sabio, dijo a Dios que había una sola cosa que no podía hacer y, por tanto, no era omnipotente como tanto presumía. Dios replicó que estaba dispuesto a demostrar su poder absoluto si era menester. El Diablo se explicó: No puedes… ejem... -y aquí dicen que el cosmos detuvo su mecanismo de relojería por un instante- no puedes no ser Dios. Dios sucumbió entonces al reto como aquel célebre efrit del jarrón y se hizo hombre. El Diablo aprovechó el intersticio; tomó su lugar. Le hizo morir en una cruz para estampar su inequívoca firma. Así que ahora, concluyó el sabio recostado en el suelo de su asquerosa pocilga, tenemos un Dios menos poderoso, aunque más interesante. Como bien sabes, se regocija en el mal. En los niños muertos y los tifones cuando tocan costa. Toño Malpica

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Insecto Parpadean las luces y Laura no le da importancia hasta que el foco responsable de iluminar el comedor truena; el hilo eléctrico vibra constante aunque su coraza de vidrio yazca hecha pedazos sobre el suelo. Una polilla descomunal cruza la habitación, aleteando suavemente encuentra refugio en un rinconcito junto a la tele encendida que estalla segundos antes de la crisis nerviosa de Laura. Se apagan las luces. Ella corre escaleras arriba para buscar veladoras, cerillos, un rosario y el litro de agua bendita que compró en la basílica. A cada vela que enciende la polilla revolotea generando suficiente aire para ahogar la poca luz de la casa, Laura con los nervios arrastrándose hacia el pánico vierte toda la botella con agua bendita sobre el insecto, ahora posado en una silla. Laura por instinto considera que la polilla es una bruja a sueldo enviada por sus vecinas a causa de esa vez cuando dejó entrar al esposo de la enfermera que reside dos cuadras abajo: durante un apagón el hombre se apareció a media noche dando tumbos, estaba lo suficientemente ebrio como para susurrar incoherencias sobre un aparato estampado en el cielo que zumba, igual que uñas arañando un pizarrón. En esa ocasión las voces del barrio elevándose en contra de ella la hicieron exceder las penitencias que le imponía el sacerdote, es por eso que atiborró su casa con imágenes de santos. Sus memorias concluyeron después que la polilla emitió un ruido como el descrito por aquel hombre meses antes. Las ventanas se iluminaron tras un resplandor. Laura queda ciega, derriba dos veladoras e incendia la casa.

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La bombilla verde La encuentras a mitad de plaza. Ironía es que no la destrozaran con piedras, al contrario: alguien la cubrió de papel verde traslúcido; una frontera con resplandor esmeralda. A nadie sorprendió que el lugar pronto se tornara en nido de amantes y cuna para aficionados al pegamento o cualquier otra quimera anestesiante. En general, los fantasmas que moraban la plaza gustaban de dormir al filo de las bancas, simulando calentarse con la flama vidrio. Girando en torno al farolito como una luciérnaga, día y noche especulaste sobre su locura, efecto de la tremenda golpiza cortesía de la policía municipal. Jairo era casi un vegetal o un campeón ausente cuyo Dios le regalaba todas las noches una aureola verdosa para amenizar sus. Por la noche aullaba y la única capaz de callarlo era doña Aglae. -¿Por qué, si él no entiende lo que uno le dice? -Porque es una bruja- Decía el párroco a sus feligreses de confianza. De andar torcido y aspecto vagabundesco Jairo obtuvo cinco minutos de fama cuando se volvió bufón admirado por pubertos, galardonado con mezcal barato que en nada afectaba su ritual de tambalearse mientras esperaba una respuesta silenciosa, intoxicante, tan obvia como la medianoche etílica dibujando esa llama azul consumiéndolo. Tras una década, durante el mes de septiembre, él murmulló una plegaria mientras apedreaba la bombilla verde y se desvanecía tras el primer macanazo que le robó la vida. A la par el farolito arde. Adrián Navarro

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CUENTOS DE AMOR, LOCURA Y MUERTE

Suspiros Dime la verdad, no me gusta rogarte, sigues con esa maña tuya de callar hasta el anochecer y llegado el momento ni quien te pare. Ten en cuenta que si hablas tan rápido nadie te entenderá, todo el tiempo tengo presente tu angustia y tu hundimiento en la soledad. Yo no sé, pero desde que te persiguieron los burros te pusiste así, toda llorona, parece que te acordaras de tus días de primavera al lado de aquel cabrón, el tal Lorenzo Santacruz. Antes te hacía feliz ver las mariposas que volaban entre los nopales, pero ahora al encontrarlas tan libres, te la pasas renegando de ellas. Recuerdo que salías tempranito para que el sol te dejara bien chapeada, ahora ni luz quieres, sólo escuchas los rebuznos y empiezas con tus lloriqueos. ¡Ya estás grande para que te la pases haciendo pucheros por todos los caminos, camino a las tunas, al monte, al estanque, a la milpa, pura lloradera contigo!. ¡Entiende, así no lo superarás!. ¡Ya dime! Me estás enfadando, entiende que si sigues con tu silencio, entraré en desesperación y llega la violencia en contra de los pobres gallos, que no tienen la culpa. Ellos tan fieles, haciendo lo suyo para levantarte a diario, no les importa que opaques su canto con tus ronquidos tan estruendosos ¡mírate ya dejaste de ser aquella mujerona! Y encima de todo me obligas a apedrearlos, ya no me provoques ¡levántate! No es posible, mira que el último mes sólo haz amarrado dos cochinos. Rafaela, ya respóndeme, ya estoy harto. Rafaela del Rosario había decidido que le quedaban tres suspiros. Uno lo quería dedicar al sosegado amor por Lorenzo Santacruz, aquel hombre que la abandonó entre las nopaleras, en un intento deleitoso para que todo el pueblo la viera morir de amor. El otro suspiro sería para la nopalera misma, pues entre sus tantos refugios, ese siempre fue el mejor. El suspiro restante lo dedicó a sus cochinos, eran los que le daban los frijoles para rellenar su tripa adolorida. Suspirar no era fácil, pues desechaba un montón de recuerdos unidos en su respirar, embrollando a su conciencia y lo último que ella quería, era tenerla cerca. Se quedó ahí en la sombra. Rafaela del Rosario terminó con sus tres suspiros y se marchó sin haber comprendido a que había venido a esta tierra. Flor Del Carmen Frausto Reyna

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RESEÑAS ATEMPORALES Agustín, José. La tumba. México: Debolsillo, 2008, p. 129 Mientras mira el techo azul de su cuarto, Gabriel Guía, se da cuenta de que ya es tarde para ir a clase. Toma una ducha antes de hojear la tarea para dirigirse a la secundaria en su auto. Su compañera Dora Castillo lo acusa de plagio con el profesor de literatura. Gabriel intenta defenderse pero el maestro le cree más a ella. Al día siguiente va a la casa de campo de su compañero Martín. Ahí se enfrenta con Castillo pero terminan arreglando sus diferencias. En seguida de haber dejado de nadar en la alberca se dan un beso. Al otro día, la pareja de amigos, se fuga de clases para ir al drive-in. El joven acepta la invitación de Dora a asistir a un grupo llamado "Círculo Literario Moderno". Deciden comprar una botella de ron para después dirigirse a un paraje "solitario" en donde adoptan "el papel de amantes". En la primera junta del CLM critican a Kafka, leen poemas de los integrantes del círculo e incluyen uno de Jacques. Al finalizar, Gabriel va a casa de Jacques y se emborrachan en su habitación. Dos semanas después Dora le dice a Gabriel que necesita acostarse con su maestro para aprobar una materia o tendrá que irse con su tía a Austria. Él le aconseja que se vaya de México porque no quiere ayudarla. Posteriormente Gabriel decide escribir una novela cuando Dora tiene que dejar el país. Durante una reunión de los amigos de su padre, Guía conoce a Germaine Giraudoux. Pasean en el coche de Gabriel después de visitar un bar. Esa misma noche Germaine lo besa.

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RESEÑAS ATEMPORALES

En un "día nublado" Guía, sus padres y su prima Laura se encuentran en el aeropuerto para esperar a la tía Bertha Ruthermore que viene de Chicago. Gabriel se encarga de llevarla a conocer la ciudad derrochando dinero. El muchacho organiza en su casa una fiesta para Bertha. Pasa la mayor parte de la velada en la biblioteca, bebiendo con Germaine. Cuando los invitados se retiran, Gabriel pasa la noche con su tía ya que están borrachos. Cuando el joven despierta al sentirse avergonzado se exilia en un hotel. Bertha regresa a Chicago dejando una carta como despedida. Cuando Germaine rechaza la insinuación de tener relaciones con Guía él mismo comienza a pensar en suicidarse. Su prima Laura intenta animarlo y con el dinero que obtienen, al empeñar un broche de esmeraldas, van a comer a un restaurante, a patinar a la Arena México e incluso a la fiesta de un senador. Gabriel le cuenta lo que sucedió con la tía Bertha. Laura decide ir a pasear en su auto pero tiene un accidente en el que fallece. Tras la muerte de su prima, Gabriel se enfoca en su carrera literaria hasta que recibe una llamada de Germaine invitándolo a beber whisky en la biblioteca pero la joven regresa a su casa porque le dice a Guía que no quiere verlo más. Cuatro meses después entra a la preparatoria. En otra reunión del CLM conoce a Elsa Galván, estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras. La invita a salir a una cafetería. De regreso a su casa recibe una carta de Dora en la que le cuenta sus aventuras en Austria. Durante una hora libre Guía hace una llamada para quedar de verse con Elsa en la cafetería de la facultad . Mientras espera la hora acordada, la madre de Gabriel acusa a su esposo de tener una amante. En la cita con Elsa le pide que sea su novia declarándole su amor. Ella acepta. Posteriormente le llega un chisme de que Elsa se acostaba con su profesor de Filosofía que es confirmado por ella misma.

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BORDES

Gabriel se enoja porque en verdad estaba enamorado. En un arranque de ira la lleva a un hotel en donde tienen relaciones sexuales. Gabriel planea una fiesta porque cumplirá diecisiete años. Con el dinero que su padre le dio hace diversas compras e incluso contrata a una banda. Elsa vuelve a pasar la noche con Gabriel. El joven se siente mal pues sufre de resaca. Después va a visitar a Dora al recibir una llamada que notificaba su regreso. Ella viene muy cambiada e intenta decirle a Gabriel que deje de vivir estancado. Guía no le hace caso pero le pide que no se vaya. Dora se marcha a Viena. Esa situación le hace pensar que necesita una tumba ya que se siente muerto. Le dan ganas de destruir su novela. Comienza a tener pesadillas. Busca a Elsa para ir a una fiesta del CLM. A la mañana siguiente tiene un dolor de cabeza intenso y escucha un ruido que no se detiene "Clic, clic". Elsa le anuncia que está embarazada. Se dirigen con un doctor que les cobra setecientos pesos por inducirle el aborto. Después del proceso médico se pone contenta al saber que ahora es estéril. Cuando Gabriel regresa a su casa pelea con su padre, ya que llegó muy tarde, por lo que aprovecha para culparlo de su divorcio. El señor intenta golpearlo pero Gabriel lo esquiva entonces huye a casa de Elsa. Al llegar la madrugada Guía regresa se encierra en su habitación. El ruido en su cabeza no se disipa. Lee el último capítulo de su novela reconociendo que es “desastroso”. Cuelga en la pared un epitafio de su autoría. Toma una pistola, se culpa de no tener el valor de seguir a Dora y logra silenciar el ruido de su mente. Macy Espinosa

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RESEÑAS ATEMPORALES

Herbert, Julián. Canción de tumba. México: Mondadori, 2012. Impreso. “De niño quería ser científico o doctor. Un hombre de bata blanca. Más pronto que tarde descubrí mi falta de aptitudes: me tomó años aceptar la redondez de la tierra”. Julián ha sido llamado del Hospital de Saltillo, su madre, Guadalupe Chávez o Guadalupe Charles, como es llamada en la zona de Urgencias por las enfermeras. Ha sido diagnosticada con leucemia por lo que su él, su hijo “más odiado”, se encarga de cuidarla durante su agonía. Julián narra su infancia: su nacimiento en Acapulco. Los diferentes estados de México donde se queda a vivir, algunas veces viviendo a costa de un amante de su madre, otras veces solos, luchando porque el viento no se lleve el techo de su casa. Figuras paternas que aparecen o se marchan, cada uno con una forma de ser diferente o de distinta posición económica, los medios hermanos que tenía y dónde reside cada uno en la actualidad. El trabajo de su madre que se hacía llamar de diferente manera: Lorena Menchaca, prima del karateka, Vicky, Juana, Guadalupe Chávez o Charles, dependiendo en qué estado se encontraban. A pesar de todo, Julián salía a jugar fútbol con su medio hermano y otros amigos de la cuadra. Entre ebrios e incluso drogadictos, Julián crecía con una meta: ser escritor. Todo debido a que Margarito J. Hérnandez, uno de los amantes de su madre, le dijo: “tienes que mandar todo a la chingada largarte de México. Porque tú vas a ser escritor. Y un escritor en este país no sirve de nada, es peso muerto.” La novela se divide en tres capítulos, el segundo de ellos en varios subtítulos. De su infancia nos transporta a su edad adulta, de un hospital a su departamento, un viaje de trabajo a un sótano en el hospital, mientras fuma un cigarrillo y escucha a una pareja teniendo relaciones sexuales en la morgue. Durante toda la trama, Julián sufre de alucinaciones producidas por fiebre o consumo de cocaína. En el último capítulo, el narrador se desahoga tras la reciente muerte de su madre y se maldice por alegrarse al tener un motivo para escribir su historia. De la misma forma que critica la posición económica y política de México, le reprocha a su madre el haber sido prostituta, sin embargo, ama a México por ser su tierra natal y a su madre por todo lo que le ofreció.

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BORDES

El final radica en la muerte de Guadalupe Chávez la despedida entre su hijo “más odiado” que paradójicamente es “el más amado”. Las palabras “cursis” y el sentimentalismo que dan cierre y punto de encuentro, con lo que el narrador siempre quiso evadir a lo largo de la historia: el amor por su madre. Berenice Zavala Salazar

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COLABORADORES Flor del Carmen Frausto Reyna (San Luis Potosí, 1987) hija de planchadora y perforador de pozos, es la sexta de ocho hermanos. Viejera por sangre, por vocación fue instructora comunitaria de CONAFE. Cursa el octavo semestre de la licenciatura de Letras Mexicanas en la UANL y vive de encuadernar libretas artesanales. Macy Espinosa (Monterrey, 1995). Participó en el VII coloquio de Humanidades en la Facultad de Filosofía y Letras donde actualmente cursa la carrera de Letras Mexicanas. Ha tomado diversos talleres de actuación y escritura entre ellos el Taller de Guión Audiovisual impartido por Raquel Castro.

Manuel García Verdecía (Marcané, Holguín, 1953). Es profesor, escritor, editor y traductor. Ha sido profesor en universidades de Cuba, Canadá, República Checa y México. Su obra ensayística incluye autores cubanos como Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Gastón Baquero, Eugenio Florit, e hispanoamericanos como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Tomás Segovia, María Zambrano y José Saramago, entre otros.

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BORDES

Cristina Gómez H. Cristina Gómez H. (San Luis Potosí). Vive en Monterrey, México. Es licenciada en Filosofía por la Universidad de Monterrey (1987); tiene Maestría en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Nuevo León (2002). Es autora de los libros de cuentos: Bienvenido, paisano y Zapatos de Charol con Moñito. Toño Malpica (Ciudad de México, 1967) ha escrito diversas novelas para adultos e incluso literatura infantil y juvenil, así como obras teatrales dirigidas al mismo público, habiendo recibido diversos premios por su labor. Su libro más reciente se titula El llamado de la estirpe, tercera parte de la serie El libro de los Héroes. Adrián Navarro (Monterrey, 1992). Participó en el VII Coloquio de Humanidades en la Facultad de Filosofía y Letras donde actualmente cursa la carrera de Letras Mexicanas.

Ana María Luna Peña (Monterrey, 1993). Estudiante de Letras Mexicanas en la Facultad de Filosofía y Letras. Es cofundadora y miembro activo de la revista electrónica Farol de arte y literatura.

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COLABORADORES

Berenice Zavala Salazar (Monterrey). Estudiante de Letras Mexicanas en la Facultad de Filosofía y Letras.

Juan Manuel Zermeño Posadas (Monterrey, 1991) Actualmente es editor de la revista Kátharsis XXI. Cofundador del colectivo Slam Poetry Monterrey. En el 2013 obtuvo el 1º y 3º lugar el Certamen de Literatura Joven de la UANL en el área de poesía. Ha publicado en revistas locales como Papeles de la Mancuspia, Clítoris y mantiene una columna de crítica en Kátharsis XXI. Aparece en la antología "Voces de emergencia: poesía joven desde el asfalto" editado por La Regia Cartonera.

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Revista Bordes