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CUENTO

Édgar Omar Avilés

La manzana Cuando dan las doce del día, la hora de las brujas, pero con sol, Caperuza usa una niña para tener cuerpo.

—Ve a llevarle La Manzana a Abuela w9 —le ordena la

Madrina. Caperuza usa aquella mano para recibir el objeto. Lo toma con mucho cuidado, no quiere que explote.

Parte con la encomienda; se desliza entre los ocres de

las hojas para no ser detectada. Ya falta poco, unos cuantos túneles y pantanos radioactivos... Ya falta poco, cuando es interceptada.

—¿A dónde vas? —pregunta el Lobodehocicorrabioso.

—Voy a ver a mi abuelita…

Y cada quién toma su camino, no quieren ser descu-

biertos.

Caperuza usa sus habilidades militares para no ser

víctima de los pastos envenenados, de las flores mecánicas y proteger a La Manzana. Tras cruzar el último puente de lianas y ortigas, tras el último río de pirañas-cocodrilo, llega a la guarida de Abuela w9. Piensa que todo ha sido demasiado fácil y a Caperuza no le gusta eso.

—Champiñón Dorado —dice y la puerta se abre—. Traigo

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Bonsái, número 7