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del grabado, realizó gráfica por cuenta propia entre los años 1993 y 2000, y luego, a raíz de un libro que realizó junto a Bárbara Bravo (su pareja), es invitado a Alemania por un artista chileno que queda impresionado con la obra. Es allí donde recorre diferentes museos, galerías y gabinetes de estampa y comienza a consolidar otra idea que es fundamental hoy, no sólo en su obra, sino que en su práctica docente, que el grabado es una excelente disciplina de formación artística, porque para dedicarse a aquello necesariamente uno debe tener conocimiento de la historia, y no sólo del arte, de la tipografía, de la religión, en fin, de un capital cultural, y por sobre todo de una cultura visual, cuestión fundamental y muchas veces olvidada por algunos estudiantes de arte, para no caer en los artificios de la imagen. Bajo estas premisas, entre los años 2002 y 2004, estudia una Maestría en Artes Visuales con mención en Grabado en la UNAM en México y es ahí donde comienza a caminar por el mundo editorial y de la ilustración. En ese período trabaja como ilustrador para el Fondo de Cultura Económica en un libro del Consejo de la Cultura de México, para niños, que rescataba un bestiario prehispánico con fuerte carácter identitario. Esto lo impulsa luego de años a trabajar junto Carlos Valle, Alexis Figueroa y

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BIOGRAFICA

Hari Rodríguez en la conformación de la Editorial Nébula y a trabajar en diferentes proyectos de narrativa gráfica, editoriales, cómic, seminarios, charlas, etc., que relevan la importancia del rescate de la identidad como patrimonio, no sólo material, la circulación de imaginarios visuales y la producción de realidades simbólicas, intentado borrar esa artificiosa línea que pone al arte como potestad de una élite. Hoy, Romo se encuentra en pleno proceso en la producción de un libro que va para el viejo continente y, si bien quería que éste fuera escrito por Alexis Figueroa, la editorial le solicitó que él mismo hiciera el ejercicio escritural. En esta obra agrupa elementos que seguramente son los que trascienden en toda la obra de este autor: la naturaleza mutante de las cosas. Como él mismo señala: “la naturaleza es una construcción permanente” y habría que agregar que la naturaleza es la realidad de lo ontológico, es esa dicotomía entre el ser y el estar, y mientras el ser podría pasar al imperio de la colección, en el estar vivimos supeditados a sentir que todo es cambio, que todo es mutación. Las horas pasaron y entre muchas conversaciones que rayan más en recuerdos domésticos y entre toda la música que me

hizo escuchar como la de Cocteau Twins, Joy Division, Electrodomésticos, Bela Lugosi’s dead, el tema se desvió a la imposibilidad, por parte de él, de comprender cómo no conocía a esos grupos y me preguntó dónde me había metido todos estos años, y no supe qué decir, sólo me animé a realizar otra pregunta o lo pensé, porque cuando la iba a hacer, el colocó el Poema Sinfónico Finlandia de Jean Sibelius y se acomodó en el sofá. Inmediatamente comprendí aquella indirecta, me levanté en silencio y me fui, dejando para otra oportunidad la discusión de la sentencia de Jorge Luis Borges, que señala, a propósito de ese encuentro inverosímil con Leopoldo Lugones, que “la práctica deficiente… importa menos que la sana teoría”. En fin, bajo el cerro y comienzo a pensar que detrás de toda obra excepcional debe existir, más que un artista prolijo, una persona excepcional. Así quiero a Romo y a su sensibilidad (que está ahí, hacia adentro).

Claudio Romo, Crónica de las melange 2, Serigrafía, 50x70 cm., 2013. Dibujo grafito y color photoshop, 30x 24 cm., 2012. Del libro Monstruos Mexicanos Conaculta México.

Revista BioGráfica N°2  
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