Avior Air #30

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Por Charles Brewer-Carías charlesbrewercarias@gmail.com

Un Cultivo olvidado Aunque en vez de “olvidado” pudiera decirse “menospreciado”, debido a que este fruto que voy a mencionar fue seleccionado, domesticado y transportado de un lado a otro por los indígenas de la Amazonía al menos durante los últimos 10.000 años, según recientes estudios de su ADN. Lo que quiere decir que ha sido conocido por el hombre durante un tiempo similar al que emplearon los habitantes de las praderas para domesticar al trigo y a los dátiles en Asia.

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Antes de mencionar cuál es esta especie que elegí para hablar de un fruto selvático suramericano, es preciso entender que la selva Amazónica ocupa buena parte del territorio del Brasil, Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela y las Guayanas, y que tiene una extensión superior a la suma de todas las demás selvas tropicales que hay en el resto del mundo, como las de la India, África, Asía y Oceanía. Además, es en ese lugar lluvioso y caliente donde se desarrollan las 4/5 partes de la vegetación de la tierra, es el lugar que contiene la mayor biomasa y donde se encuentran el 75 % de todas las especies animales y vegetales a pesar de tener el 6 % de la superficie del planeta. Lo que quiere decir, que también se encuentran en esta selva, aún en proceso de estudio, la mayor cantidad de especies conocidas y por conocer que servirán para la salud y la alimentación humana en el futuro. Para hablar de alimentos, los investigadores han logrado identificar cerca de 3000 plantas alimenticias selváticas, entre ellas, y como ejemplo para este artículo, escogí la palma “Pijiguao” cuyo fruto es aún prácticamente desconocido en Venezuela, pero bien conocido en Costa Rica como “Pejibaye”, en Ecuador y en Colombia como “Chontaduro” y en Brasil como “Pupunha”.

1. Charles acompañando al

Príncipe Charles cuando probaba un “Pijiguao” en Puerto Ayacucho, Venezuela.

2. Fruto de Pijiguao sin semilla, cocinado y listo para comer.

3. Forma y tamaño de la palma Bactris gasipaes (Pijiguao).

4. Un racimo de la palma

Pijiguao llamada en latín: Bactris gasipaes.

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que quería decir, que aquel cultivo ignorado resultaba más nutritivo que el arroz, que el trigo o el maíz que cultivábamos y que además, solo en peso, rendía más de 100 veces por hectárea que las siembras de estas espigas que han sido empleadas como alimento tradicional a lo largo de toda la historia de Europa, Asia y América. Pero ahora han surgido muchos investigadores conscientes sobre el valor que pueden tener para el futuro de la humanidad estos productos selváticos menospreciados hasta la fecha y este año nos reunimos por primera vez en Belém do Pará, en la boca del río Amazonas, una veintena de especialistas para compartir nuestros conocimientos sobre las Plantas Alimenticias No Convencionales (PANC) que ofrece la Amazonía y donde, entre medio centenar de novedades, se presentó mi libro “Desnudo en la Selva” otro libro con 351 plantas comestibles y un libro para dar a conocer 96 recetas de cómo preparar la “Pupunha” (http://amazoniapanc.com/). Es mi deseo que esta nota le permita a algunos interesados en el bienestar de los indígenas, entender que este es uno de los cultivos que pueden emplearse para garantizarles trabajo y alimento a los indígenas que han perdido buena parte de su cultura, así como para recuperar las áreas selváticas de la Gran Sabana que hayan sido deforestadas por culpa de la minería ilegal l

Elegí esta palma, porque sobre la utilidad de su fruto, su palmito y su madera, había hablado con el Príncipe Charles de Inglaterra durante una breve excursión que realizó en 1991 por la Amazonía venezolana para diseñar un programa agrario que ayudara al desarrollo de algunas comunidades indígenas. Fue en aquella oportunidad, cuando descansábamos bajo la sombra de una palma de Pijiguao (Bactris gasipes), acompañado por Otto Huber y Ernesto Medina, donde tuvimos la ocasión de explicarle a este representante de la casa real, como en el área de la sombra que proyectaba esta palma sobre el suelo, que equivaldría a un poco menos de nueve metros cuadrados de superficie, aquella palma generaba anualmente entre 10 y 120 kilogramos de frutas rojas con un sabor exquisito y con un altísimo contenido de carotenos, 10% proteína, 30% de aceite y un 40 % de carbohidratos. Lo

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