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Carlos-Enrique Ruiz

Meditaci贸n acerca del

Desasosiego de Pessoa

Ediciones Revista ALEPH (8)


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

ISBN: 978-958-44-8379-9 © Carlos-Enrique Ruiz, 2011 Ediciones Revista ALEPH, ISSN 0120-0216 http://www.revistaaleph.com.co Carrera 17 No.71-87, Manizales, Colombia, Sudamérica Primera edición: abril de 2011 Número 8 de la serie “Ediciones Revista Aleph” Diagramación: Andrea Betancourt G. Carátula: Composición fotográfica (CER) Impresión: Editorial Andina – Manizales, Col.

Ruiz, Carlos-Enrique, 1943Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa / CarlosEnrique Ruiz. -- Manizales : Ediciones Revista Aleph, 2011. 166 p. ; 20 cm. 1. Pessoa, Fernando, 1888-1935 - Crítica e interpretación 2. Poesía portuguesa 3. Poetas portugueses I. Tít. 869.4 cd 21 ed. A1283503 CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

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para: Livia

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En mi corazón hay una paz de angustia, y mi sosiego está hecho de resignación. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 3)

La caricia del apagamiento, la flor dada de lo inútil, mi nombre nunca pronunciado, mi desasosiego entre orillas, el privilegio de deberes cedidos, y, en la última curva del parque ancestral, el otro siglo como un rosal. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 481)

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Fernando Pessoa, ¿pirrónico?1 “Más que saber, dudar me agrada" Dante Cuarenta y siete años de tránsito por la vida fueron suficientes para que un hombre se convirtiera, e1 solo, en una literatura. Pessoa mantuvo afincada la idea de que siendo un hombre de talento su obra habría de perdurar. La modeló con la vanidad íntima de reconocerse genial. Angel Crespo, grande especialista y traductor se refiere a él en términos de "uno de los mayores poetas europeos de nuestro tiempo". Octavio Paz lo describe como "anglómano, miope, cortés, huidizo, vestido de oscuro, reticente y familiar, cosmopolita que predica el nacionalismo... ''. Geraldo Dias da Cruz dice de él que "fue plural como el universo". Su amigo y biógrafo Joâo Gaspar Simões, lo retrata de la siguiente manera: "En plena madurez el poeta continúa siendo él mismo ser débil que a los veinte años: piernas delgadas, de pajarillo…, ligeramente encorvado, de tórax retraído y una cabeza de amplias entradas… ojos rasgados como almendras, en una cara en la que la fragilidad de los anteojos... crea una especie de intocable delicadeza... hay en él algo esfíngico, algo que se le nota, hasta cierto punto, del contraste entre la fragilidad física y el ardor hermético de su espíritu...''. A su vez, el propio Pessoa se define como "pagano y decadente" y como "histérico-neurasténico". En este conjunto de opiniones está la imagen cabal del autor de obra cosmopolita que se difunde y estudia en culturas disímiles. Sinembargo, tampoco fue un gran desconocido en su propio momento. Carmen Michels recuerda que Pessoa publicó en vida 132 textos de prosa y 299 poemas, cantidad suficiente como para estar presente entre sus coetáneos. Su obra, por supuesto, era más abundante. La Biblioteca Nacional de Lisboa tiene en su haber 27. 543 escritos originales suyos, entre poesía y ensayo, y desde su muerte, ocurrida en 1935, hasta cuarenta años después, se publicaron 71 volúmenes con parte de su obra. De verdad se trató de una vida corta en duración física, pero de una 1

En: Revista Aleph No. 65 (1988); pp. 24-30 5


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soledad intensa y laboriosa. En 1985 los restos mortales de Fernando Pessoa fueron trasladados al Monasterio de los Jerónimos en Lisboa, donde reposan "en un sarcófago de mármol rosa", entre dos aventureros ungidos por la misma hazaña: Luis Vaz de Camões y Vasco de Gama. El segundo, descubridor de nueva ruta a las Indias por el Cabo de Buena Esperanza, proeza que el primero inmortalizó en el poema épico Los Luisíadas. Pessoa creó personajes que como autores autónomos hicieron una obra, distinguible entre ellos y agrupada bajo la misma paternidad de un hombre que los vivió a todos y supo afirmarlos aun en realidades estéticas diferenciables. Alberto Caeiro, el que no cree en nada pero existe; Ricardo Reis, el neoclásico, y el ingeniero y poeta sensacionista y futurista Alvaro de Campos, fueron los principales heterónimos, que con el ortónimo Pessoa construyeron una obra ya inserta en la literatura universal. Obra de indagaciones permanentes, de paradojas, de no sumisión a lo establecido, de contradicciones como es natural en una personalidad de tan intensa vibración interior. El hombre solitario y marginal que se hizo a la cultura inglesa desde edad temprana, viviendo y estudiando durante nueve años en Suráfrica, no abandonó nunca la escritura en inglés, ni las formalidades cortesanas, ni el traje oscuro, tal como se lo recordará en Brasileira, el café típico que frecuentaba en la Plaza Chiado de Lisboa, ciudad que le retuvo por treinta años, sin el menor abandono, desde su retorno en 1905. Su apego a la ciudad y a la cultura portuguesa tenía el mismo motivo que la seducción en los amantes ("Mi patria es la lengua portuguesa": F.P.). Abúlico y distante, Pessoa tuvo como centro de su existencia la elaboración de una obra literaria, cimentada en amplia y profunda cultura, en condiciones de precaria subsistencia que se ganaba en la mayoría de las veces como corresponsal comercial, es decir, redactor de cartas en inglés y francés para empresas. Al pensar en Pessoa fácilmente se recuerda a Don Antonio Machado, por lo que escribió en el Juan de Mairena: "Después de la verdad, nada tan bello como la ficción./ Los grandes poetas son metafísicos fracasados. (No todos)/ Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas". Y el mismo Machado agregó: "El escepticismo de los 6


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poetas puede servir de estímulo a los filósofos". Pessoa fue al mismo tiempo poeta y pensador, con acendro metafísico. En esa conjunción de pensador y poeta, el escepticismo, como en la observación de Machado, le sirvió de aliento. Su obra es reflexión, en poesía y prosa, sobre la individualidad del hombre, sobre su carácter más profundo y su conexión con el entorno tumultuoso y opresivo, pero observado con tono desapacible. El amplio espectro de su formación intelectual le da base firme para el trabajo de creación y de análisis. De ahí que su obra ha quedado inserta en el torrente de la cultura universal, y por tanto en la tradición, así haya tenido que reinventársela para enriquecer la literatura de lengua portuguesa. A no dudar, las fuentes primarias y predilectas en su formación estaban en la cultura griega. En su obra vuelve una y otra vez sobre ella para apreciarla en lo que llama "la extraordinaria perfección cívica y moral de la vida griega", y también para ocuparse de "la extraordinaria plenitud heroica y gloriosa de Grecia", por todo cuanto tenían los griegos de "extraordinaria atención a la belleza". Del estudio de esa cultura antigua comprendió que en los griegos "el ideal íntimo se ajustaba al ideal social", por cuanto aquel hombre era un hombre verdadero, que después, hasta hoy, pasó a ser un hombre aficionado. Según Pessoa, después de aquella cultura que califica reiteradas veces de extraordinaria, el hombre se vino a menos, como con su destino disipado. Perdió en esencia y trata locamente de reencontrar ese rumbo u otro equiparable que le vuelva a la condición verdadera, para poder dejar atrás la mera afición de ser hombre. De igual modo, Pessoa aprendió de la antigua civilización griega el problemático concepto de vitalidad de una nación, que le llevó en ocasiones a plantearse como nacionalista furibundo. Sus conceptos ideológicos tuvieron asideros frágiles para los tiempos que corrían, pero por fortuna Pessoa no ha quedado como ideólogo: sobrevive por su dimensión humanística y creadora. Aquel signo de vitalidad de la nación lo advirtió en la capacidad de crear "nuevos moldes, nuevas ideas generales para el movimiento civilizador a que pertenece". Es posible que Pessoa al emplear la expresión movimiento civilizador esté aludiendo al campo global de una Cultura, de frontera más allá de las naciones, e involucrando talvez a muchas de ellas, como en el caso de la llamada Cultura Occidental. La ciencia en ese aspecto de la identificación de la vitalidad tiene, en su legitima comprensión, un desempeño secundario, por cuanto corresponde más la ciencia al fuero de lo material que al 7


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mundo de las ideas rectoras, o simplemente más generales. "Yo soy un pagano decadente, del tiempo del otoño de la Belleza, del adormecimiento (?) de la limpidez antigua, místico intelectual de la raza triste de los neoplatónicos de Alejandría", escribió Pessoa probablemente en 1917, año en el que se publica el único número de la revista "Portugal Futurista", con poemas suyos, en su propio nombre, de ningún corte futurista y el sí futurista Ultimátum de Alvaro de Campos. Es de pensar que Pessoa alude a los neoplatónicos de Alejandría, como al último ejercicio de supervivencia de la filosofía griega y en particular del panteísmo, que era en él una manifiesta convicción. ' Hay que tener presente que en 1914 escribe y publica la Oda Triunfal (Alvaro de Campos), un canto lleno de "crispaciones absurdas" y de arrebatada e irónica apología de fábricas, engranajes, libertinos; de exaltación de los callejones de pudrición y estrechez, y del estrépito cruel y delicioso de la civilización de hoy. Y, en fin, de todo lo que Pessoa llama "fauna maravillosa del fondo del mar de la vida". La Oda Triunfal es una especie de acto masoquista, de alguien que sabiéndose impotente de acciones físicamente transformadoras, no le queda más que atormentarse con la revisión febril de ese entorno de ruidos y malolientes lugares. Oda que fue escrita como ironía suprema. Tampoco hay que olvidar que el 26 de abril de 1916 se suicida en París su gran amigo el poeta Mario de Sá-Carneiro, un hombre de signo trágico, "todo refinamientos y caprichos, delicadezas y susceptibilidades". Entonces aquel Ultimátum de 1917 habría de tener una carga intensa, producto de situaciones contrastadas y así proclama la "abolición del dogma de la individualidad artística”. “El artista más grande -dice- será el que menos se defina, el que escriba en más géneros, con más contradicciones y desemejanzas. Ningún artista deberá tener sólo una personalidad. Deberá tener varias, organizando cada una por la reunión concreta de estados de alma semejantes, disipando así la grosera ficción de que es uno e indivisible". En el mismo Ultimátum la intrepidez recorre todos los senderos. Proclama que la ciencia sustituya a la filosofía, el advenimiento de la Humanidad de los Ingenieros y de una Humanidad matemática y perfecta, y como es natural en ese tono, proclama también la creación científica de los Superhombres. Antes había estado Nietzsche (1844-1900) con la exaltación de la voluntad de poder y del superhombre, influencias obvias en aquel manifiesto pessoano, no comunes en el resto de la obra. 8


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Pocas veces Pessoa disfrutaba de exaltaciones optimistas, por el contrario, su estilo aforístico tenía el tono de una metafísica apesadumbrada, dolida, sin mayor vitalismo. Más bien pudiera interpretar aquella posición grandilocuente como reacción de una voluntad quebrantada, casi asfixiada frente al medio y con respecto a los acontecimientos más cercanos. Después del dolor intenso y súbito habrá de venir algún discreto paréntesis de optimismo, así se venga como protesta feliz que le lleva a proponer la abolición de tres dogmas: la personalidad, el concepto de individualidad y el objetivismo personal. Estas son expresiones que van perfilando una interpretación que me aventuro a hacer de Pessoa como escéptico, nutrido en la cultura griega y modelado en las circunstancias propias. No era Pessoa un escéptico académico a la manera de la Academia Platónica (s. III a.C) y de Arceliao y Carnéades. Más bien lo era a la manera de Pirrón de Elis; es decir, el escepticismo pirrónico, con mejor expresión en Sexto Empírico, quien influyó en la colectividad médica de Alejandría en actitud de rechazo a las teorías dogmáticas. Richard H. Popkin dice que para los pirrónicos "el escepticismo era una capacidad o actitud mental de oponer la evidencia, en pro y en contra, acerca de toda cuestión sobre lo que no era evidente, de tal manera que se pudiese suspender el juicio sobre ella." En el fondo y principio del escéptico está la duda sobre las apariencias, evidencias y razones. El escéptico no es incrédulo, por el contrario puede abrigar creencias dispares; incluso con la capacidad de ponerlas en cuestión en su momento. No hay credo único que pueda comprometer el pensamiento y la acción del escéptico. Se trata más bien de una posición intelectual intransigente solo con todo lo dogmático y lo consagrado como establecido. El escepticismo de Miguel de Montaigne es delicado y sugerente, el de Antonio Machado en el Juan de Mairena es de altibajos, a veces con no disimulada crueldad y el de Pessoa es duro, recalcitrante, que golpea en las fibras más sensibles. Lo que en Montaigne es examen, en Pessoa es "magnificencia triste de penumbras". En Machado, "las ideas profesadas como creencias son también gallos de pelea con espolones afilados". "La gracia del escéptico -dice en el Mairena- consiste en que los argumentos no le convencen. Tampoco pretende él (el escéptico) convencer a nadie". Montaigne declara: "yo no afirmo ni niego"; su obra es una reflexión total a través de sí mismo, de la personalidad propia, hasta el punto de convencerse de que "ninguna opinión es fácil que penetre y arraigue" en su espíritu, y con el oportuno entusiasmo declara haber privado a su espíritu del derecho de aceptar cosas definitivas. Esta terna de personalidades tiene 9


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en común el apego a la meditación filosófica, con el no compromiso en el punto de partida, o la duda sobre lo que se dice es. Los tres conforman un espectro, con Montaigne y Pessoa en los extremos. El primero, más cercano al equilibrio racional, y el segundo desaforado en el manejo intelectual de las pasiones. Todos ellos en el mismo recuadro del escepticismo. Quizá del escepticismo pirrónico, por la característica de ser más dubitativo que contradictor del propio conocimiento. No se niega, simplemente se asume la actitud de pensar que siempre hay otras opciones, o al menos puede haberlas. En Pessoa la capacidad de duda se confunde con la falta de sosiego: "No hay sosiego, dice, -y, ¡ay de mí!, ni siquiera hay deseo de tenerlo...", escribe en marzo de 1930. La confianza en las evidencias no es enteramente conseguible en los escépticos. Prima la dubitación. Se duda de manera continua, en el escepticismo, sobre el carácter satisfactorio en todo lo que pueda apreciarse como evidente en el campo de las propias creencias. De ahí también la explicación para el carácter contradictorio del escéptico que vemos en Pessoa. Aquel que en veces, por ejemplo, se confiesa simultáneamente lector y no lector: 'Leo y soy liberado…/ Leo como quien abdica…/ Leo como quien pasa…/ Detesto la lectura…/ No conozco un placer como el de los libros, y poco leo. Los libros son presentaciones a los sueños, y no necesita presentaciones quien, con la facilidad de la vida, entre en conversación con ellos". Esta muestra de contradicción sobre un tema tan aparentemente sencillo como la lectura y el libro, se resuelve con una posición particular: "Leo y me abandono, no a la 'lectura, sino a mí mismo...” Es la confesión, conclusiva, de quien valora más los vaivenes en su sensibilidad que la forma de la realidad posible. Su realidad es esa, la continua suscitación que le produce la lectura, más que la lectura en sí. Pessoa lee y se aleja, no en el texto, como inmerso en él, sino a partir de él. Asímismo, Pessoa es un escéptico no por convicción de lo negativo; también por apego a la naturaleza como una moral. Asumió Pessoa "la vida como guía", a la manera de Diógenes Laercio. Y no hay duda que en el poeta lusitano su propia vida, el ejercicio cotidiano de su ser, es el motivo y razón de su obra -como a su manera en Montaigne-, aun en su relación conflictiva, pero interiorizada, con todo lo circundante, sin ser contestatario; más bien la vida, su vida, es la protagonista de su obra esencial. Toda posibilidad de prueba tiene en Pessoa, como en los escépticos, dos caras, para ver con análoga similitud lo uno y lo otro, que puede ser 10


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contrario. La manera más práctica de ejercer esta actitud se encuentra en los aforismos o sentencias que construye premeditadamente para resumir o sintetizar estados de ánimo y de pensamiento, en textos que tienen esa modalidad como estilo, o que de pronto aparecen intercalados en poemas o descripciones de otra naturaleza. En ellos rompe la aparente evidencia del sentido común que, al abandonarlo, lo que consigue finalmente es agregarle algún nuevo significado. Así, por ejemplo, una tristeza puede ser buena y dar alegría: “… es alegre como una tristeza buena". Y es natural que en la obra aparezca la "alegría triste". En cuanto a la noción del tiempo, la misma identidad o juego de contrarios tiene lugar: “… el presente es antiquísimo, porque todo cuanto ha existido ha sido presente...” Y con respecto a las personas, a los otros, a la posibilidad de querer o de amar, el escepticismo de Pessoa se torna amargo, cruel: "Nunca amamos a nadie. Amamos, tan solamente, a la idea que nos hacemos de alguien". El mundo pessoano está hecho de hipersensibilidad, interiorizada. Los nexos con el entorno, con lo circundante, los hace precarios, apenas los indispensables para moverse y vivir sin ser perturbado por causas distintas a las de su doliente metafísica. Como es natural, un talante de este tipo conlleva melancolías intensas, desprecio por casi todo, por la inutilidad del poder y de lo que no provenga del manejo creador de las sensaciones. Lo que acompaña el alma de Pessoa es un tremendo desasosiego, que a la vez le mantiene firme en la continuidad de su tarea de escritor, bajo espíritu bullente, con tal reverencia por la palabra escrita que ejerce casi siempre de pie, como en actitud de honor y de valor. Su vida trata de hacerla trascurrir en la penumbra, como una forma natural del alma humana: "Toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra…; todo el mundo es confuso, como unas voces en la noche". Bajo este grado de desapego y desolación interiores no le queda más que decir: "Me duele la cabeza y el universo". Pessoa asume todo el dolor del mundo como una reivindicación creadora propia. Un intento de comprensión más global de Pessoa pudiera llevamos a ubicarlo como un crítico implacable de lo burocrático generado en el ejercicio de la convivencia social, tal vez a la manera de un Kafka, el de "El Proceso", bajo similares sentimientos de inevitabilidad y de impotencia, por fuera de cualquier lógica. "La lógica, al parecer inquebrantable -se lee en el último capítulo de El Proceso- no resiste a un hombre que quiere vivir". Pero la interiorización de la reflexión como paradoja, como sentimiento expresado en juego profundo de contrarios, 11


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tiene en Pessoa más hondo significado, con más efluvios de alma que arde. Así, pensando en la esterilidad de las burocracias, pudiendo y sin poderse desprender de sus influjos, escribe: "Las cosas del estado y de la ciudad no ejercen poder sobre nosotros. Nada nos importa que los ministros y los áulicos hagan falsa gerencia de las cosas de la nación. Todo esto sucede allá fuera, como el barro en los días de lluvia. Nada tenemos que ver con eso que tenga al mismo tiempo que ver con nosotros". En otra ocasión asevera: "No me someto al Estado ni a los hombres: resisto inertemente". Pessoa fue un ser agónico, es decir, en lucha continua consigo mismo, a la manera de Kierkegaard y Unamuno. Pero a diferencia de ellos, el misticismo lo tenía sin cuidado, ante todo de un credo en particular. Su ansia de trascender, de pensar en profundidad, pero sin hacer del pensamiento una elaboración acabada, lo lleva a desbordar creando a sus diferentes, a sus otros, a sus heterónimos. Un espíritu que vibra a tan altas temperaturas tiene que desfogar por partes múltiples. Tal candencia de ánima encuentra todo tipo de espacios para conceptuar con aparente armonía en problemas de largo alcance. Piensa en la Cultura y la expresa como "el desarrollo supremo de la conciencia que el hombre tiene de sí mismo", no la aprecia como un complejo de exterioridades. Su acento es firme, con cierto viso individualista, amparado en el hecho de que la Cultura lo que trata es de la conciencia de individualidad que se despierta en el hombre. Conciencia de individualidad, agregada, con reconocimiento de diversidad y de pluralidad. Conciencia de conocimiento y de sensaciones trascendidas, También entiende por Cultura el conjunto de "impresiones recibidas en libros, museos o laboratorios". Cuando Pessoa trata del Arte, establece que su asunto no es la realidad, sino la abstracción, no la abstracción pura sino la por él llamada abstracción creadora o abstracción en movimiento. El problema del compromiso del arte, o del arte comprometido, lo tiene igualmente resuelto Pessoa: "El arte no es propaganda política... El arte no tiene para el artista fin social... El arte tiene, sinembargo, un resultado social, pero relacionado con la Naturaleza y no con el poeta o el pintor". Es más contundente al expresar: "Todo artista que da a su arte un fin extraartístico es un infame...''. Hay que advertir que al arte al cual se refiere Pessoa es la literatura. Su posición es en extremo radical. Para él sólo hay tres artes: la metafísica, la literatura y la música. A la pintura y a la 12


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escultura sólo las reconoce como "obras de artesanía perfeccionadas". La poesía está, como consecuencia natural, en el campo del arte. "Esto es la poesía: cantar sin música", escribe Pessoa por intermedio de Alvaro de Campos. Pero a la vez establece que "la poesía es asombro, admiración como la de un ser caído del cielo en plena conciencia de su caída y atónito ante las cosas. Como la de alguien que conociese el alma de las cosas y se esforzara por rememorar ese conocimiento recordando que no era así como las había conocido, no con esas formas y en esas condiciones; pero no recordando nada más." La poesía es musical para Pessoa, pero no musicable, en especial la lírica, y también es, simultáneamente, perplejidad. El poeta está en el mundo como exiliado, atónito frente a todo lo que le rodea, pero con una especie de conocimiento anterior que al intentar recordarlo comprende con claridad su no coincidencia con lo que tiene en el alcance de su mirada. Entonces el poeta no tiene otro asunto para cantar que el alma de las cosas, o en otros términos, la intuición, el presentimiento, lo que se presume sean los objetos y las situaciones. El poeta que es Pessoa, como los grandes poetas de nuestro tiempo, es un exiliado, un extraño, para quien la libertad tan sólo es la posibilidad de aislamiento, posibilidad y nada más, porque el poeta no consigue al fin aislarse como se propone, o como intentan hacerlo todas las circunstancias que lo rodean. El poeta de veras, el cantor grande, el que con la palabra ha conseguido expresar el alma de las cosas, el sentido que vibra desde lo íntimo de todo, a partir de los más hondos y constantes temas del hombre, ese POETA ha puesto en la intemporalidad su nombre, su fibra y su garra. … Somos extranjeros Donde quiera que estemos. … Somos extranjeros Donde quiera que vivamos… ……… Hagamos de nosotros mismos el retiro Donde escondernos, tímidos ante el insulto Del tumulto del mundo. Ricardo Reis Para Pessoa, el hombre que es poeta tiene el instinto de la curiosidad intelectual, en 13


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cambio el otro, el animal que hace versos, sólo "es capaz de interesarse por el curso normal de la vida que lo afecta". La Cultura nutre y da vuelo al poeta, al hombre-poeta; lo nutre en concordancia con la misma aseveración de Pessoa de que "la cultura es un alimento mental, y el alimento para que nutra tiene que ser asimilado". En la Oda Marcial Alvaro de Campos, dice: Innúmero río sin agua -sólo gente y cosas ¡pavorosamente sin agua! Suenan tambores lejanos en mi oído. Y no sé si veo el río, si oigo tambores, ¡como si no pudiese oír y ver al mismo tiempo! Fernando Pessoa corrobora con su obra la invocación salida de su pluma: " ... quien al morir deja escrito un verso bello, deja más ricos los cielos y la tierra y más emotivamente misteriosa la razón de que haya estrellas y gentes".

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M e d i t a c i ó n…

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Requiebra el viento sobre los árboles antes apretujados y de modulación armoniosa salen destellos en voces en trinos en ondulación de élitros Requiebros del viento en la canción de la noche en la espesura de la niebla en lo incandescente de los pensamientos iconoclastas Vuelve al silencio la canción sin nombre * Desde las ruinas de las culturas del pasado brotan estrellitas pintas luminosas en los espacios de esta tierra desolada Son las señales premonitorias de otros destinos ojalá claros armoniosos de duración poco fatigable en el galopar del tiempo Sinembargo el ciclo volverá a sumergir toda posibilidad 16


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Nada pudo el hombre en el conjuro que apaciguó al ángel de la discordia mientras otros hombres recogían la simiente que eligió el bardo al sumirse en la elocuencia de las palabras furtivas Nada se pudo en términos del encuentro entre el ángel y el bastardo que suplantó al vate * Los días se apaciguan unos a otros y se apasionan las voces en el rodar de acontecimientos que siempre sorprenden con el asombro en los rostros cansados un tanto siniestros de los mortales en la vecindad del cadalso Los días corren en el ritmo atemperado de la propia intemperancia

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Ni el bien ni el mal acompañan el vivir de los batracios pero sí son claves para descifrar la impotencia de los humanos desprendidos ya de los árboles y erguidos sobre pensamientos torpes acerca de la paz y de la guerra de la vida y de la muerte La antítesis está entre el día y la noche entre el alba y el caer del disco anaranjado tras la montaña despojada de bosque y de niebla Es la vida en la encrucijada * Se miran al espejo con la esperanza de encontrar a ese otro que no está con uno bajo la ilusión de reconocer algún rasgo en el rostro que nos haga genuinos representantes de la ilusión Un día al fin en el espejo se encogerá la voz tímida y temida de la conciencia 18


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El simulacro de las voces las apariencias El gesto la rutina El decaer de los árboles y las banderas El zumbido de las abejas al contacto de la roca Y el silencio en simulacro cual retirada Oídos concentran las disonancias del tambor *

Se regresa de una aventura al igual que de un naufragio Los días que siguen presurizan el alma y en los labios permanece la sequedad resquebrajante de la canícula En las manos la esperanza con el vuelo de gorriones y alondras Se regresa siempre en la espesura

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El deseo de la vida comienza cuando los días se achicharran cuando por las calles no se ven sino sombras de árboles y de gentes que un día fueron El deseo por la vida alcanza hasta el ritual de las sábanas blancas flotando en el aire sin más esperanza que sus ondulaciones sin la tibieza de las otras Los deseos se acuchillan de cobardía ante los robots

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Las enseñanzas en el rostro dejaron el rastro sobre otras huellas entonadas en el desencanto en la incertidumbre del soñar despierto Huellas de mariposas que titilan en el fluir del viento Al paso de los años las manos recogen los silencios y las atribulaciones de los cardos las ensoñaciones de turbulencias apaciguadas por la memoria dejada de rastros y comedias * Caen la luz y la lluvia como pétalos desprendidos de labios y de pieles sonrosadas hacia los rostros Cae la luz en peldaños que le niegan fulgor a la sombra Cae en lo más simple de la tarde la luz sin el sonrojo de la piedra

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Enhiesto sobre la ola el árbol alcanza el paroxismo La lluvia en el desierto deshiela los pensamientos en las poblaciones nómadas En silencio se alcanza el clímax sobre la soledad de los cuerpos que yacen extenuados en el desierto Mariposas refulgen en la sensación de espejos con el leve repunte de las aguas

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La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiera pensar, se pararía. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 1)

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A lo lejos las torres de las viejas catedrales simulan cirios que no dejan de arder a pesar de las tinieblas En la distancia los corazones palpitan como en el primer momento de la creación * La sabiduría de los chamanes sirve de ejemplo en las circunstancias tejidas por los sonámbulos de las selvas más apretujadas sin dejar escapar ni un grito ni la súplica

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Los ferrocarriles despliegan la ilusión de estar en todas partes por las planicies que han dejado los acontecimientos diferenciadores de la geología Cada montaña por pequeña que sea se precia de ejercitar la plegaria de los ya difuntos labradores que no tuvieron punto de partida Riachuelos se abren entre peñascos para agotar en la caída

la distancia

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Vuelven a la montaña de donde alguna vez partieron las primeras voces Se respira aire pestilente sobre la memoria de los primeros moradores de las causas perdidas El refugio de los pensamientos siniestros no es otro que las manos Marsupiales y águilas se encuentran sobre la ilusión del diálogo

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Duermes tan quieta cual larga eres sin los recuerdos de aventuras fugaces con los pies fríos y los brazos entrecruzados y los labios de suaves trazos que apenas violaría el lápiz sobre el papel de arroz Duermes y yo aquí te acompaño a escasos tres metros al amparo de la caperuza verde con la exigencia de esta libreta bajo la mano que recorre sus páginas con el apresuramiento de una caricia que te arrebata el suspiro del rápido despertar del volver al estiramiento de las piernas y al forcejeo de los brazos por alcanzar otra vez el propio espacio de la rutina que se abre en la humanidad de tu estirpe

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Mero fluir de palabras al amparo del bullicio del mundo Palabras que se van por el aire o apenas en el silencio inexpugnable del papel Palabras otras que a veces se acompañan con las modulaciones de piano violín guitarra.... Su sentido desarrolla la función de futuro Luego aparece la música y las palabras quedan rezagadas en olvido

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De la tierra surge el tallo del tallo la flor y de la flor el aire Del aire nace la distancia de la distancia el olvido Del horizonte se desprende el Sol y la noche sume al mundo en agon铆a La tierra renace en cada amanecer y los ciclos inundan las vidas que se suceden hasta el fin

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Las luces ciegan la imaginación en tanto la noche acompaña el silencio de las estrellas puestas ahí sin la marcha de los pensamientos que asedian la inclemencia Las luces reproducen una y otra vez el paso de los cuerpos que en sus formas deshacen la súplica de la primera voz * El agua al fluir detiene la sensación del tiempo y recrea la noción de lo fugitivo sin la consideración de las montañas que de manera inevitable limitan la visión de lo extraño por lejano El agua recoge en la superficie imágenes de otra manera extraviadas con los visos de ramificaciones de árboles que solazan y expanden elucubraciones 30


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El fuego congrega el ardor de las palabras y de los brazos que gesticulan placeres bajo los ribetes tĂ­midos de la propia llama El calor se irradia en la soledad de los cuerpos desasidos de sombras y cansados de alertar el sonsonete de la lluvia El fuego inspira las manos para acompaĂąar la brega del existir apegado a las historias que incendiaron el frescor de la rosa

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En las noches se estimula el sueño y la imaginación para dar vida a las palabras a sensaciones e imágenes mudas En las noches se acuartelan las posibilidades y se cuajan los amaneceres sin el rostro que se despliega en un cielo con la marca de los insomnios Procederes por reconquistar en cada tarde * La palabra muda el cielo con desencanto La noche sumida en el sueño o en el delirio La palabra sin decir del derrotero que acompaña a los héroes

siempre transidos y energúmenos

La palabra que se inspira en lo sensitivo de quienes comprenden la hermosura y la verdad La palabra guarda distancia y secreto 32


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Desde la contienda sube el oscuro olor de la quimera con guijarros cual estrellas tramadas en la espuma de acontecimientos sin término Los pasos que se dieron tifien las alas de vértigo y a lo lejos apenas se vio el trazo difuso de los recuerdos que enardecieron pasiones y manotees al aire Quedó en el espacio la imagen fugitiva de cuerpos en líneas de azar sin asidero en la contienda

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Un tedio que incluye la anticipación sólo de más tedio todavía; la pena ya de sentir mañana pena por haber sentido pena hoy – grandes marañas… Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 14)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La luz que encandila sobre los rostros no hace sino señalar el camino frágil de golondrinas al atardecer La luz en la tarde rememora la fenecida esperanza o la pesadumbre la iluminada idea de lo que perece sin la permanencia del sueño La luz dibuja en los rostros las señales que va dejando la vida en la vida

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Tres rosas amarillas se acercan tan frescas y espléndidas Tres rosas para el pecho

la frente y el alma

Tres rosas que deseara inmortales en su conjunto de pétalos aromados Tres rosas para el cielo para la lumbre para el recogimiento Tres rosas nada más

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La estancia de la palabra el recinto de la mariposa y el águila que clama El ruido extraño de lo que huye la soledad de los desterrados y el colibrí en amenaza La penumbra al acecho de las voces que no se encuentran El monopolio del sonido en la naturaleza y el gazapo en el vuelo de la abeja Por fin los dioses se apiadaron del águila del colibrí y del gazapo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

En la meditación sobre un camino largo y distante de la memoria llegó de pronto la chispa a nuestros pies Sobre el alcor y en el valle que lo circunda Sobre la torre elevada en silencio y agonía Sobre el Señor de Montaigne pertrechado de libros en su momento y de otros acompañamientos memoriosos En la meditación estaban los viñedos y la espumosa sensación de los acontecimientos que el tiempo vulnera

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

En la espina del tallo está el corazón de lo sublime con nombre indefinible Está la vida de lo que transcurre y fenece En la espina ha quedado la sensación del fuego y del cavilar de los rostros acogidos por la penumbra * Las palabras encendieron la protesta de las cosas suele ocurrir en un mundo alucinado por las fantasías que tejen los objetos entre las miradas y las manos de los pobres mortales Las palabras sustituyen con facilidad a las cosas en sus formas y en lo sensual Tan las sustituyen que el mundo pudiera ser solo de palabras después de las cosas haber existido Quedaría el mundo como el gran soporte del frenesí desatado y sin término

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Tanta belleza pero tantísima belleza vuelta polvo polvo esparcido sin la más mínima posibilidad de identificación

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Carlos-Enrique Ruiz MeditaciĂłn acerca del Desasosiego de Pessoa

Finge el encanto de los rĂ­os que raudos se precipitan y finge la voz o el talante de quienes huyen sin saberse perseguidos Finge la lluvia al golpear en el vidrio de la ventana por saberse sobria Finge el ĂĄrbol al mecerse suave con el viento y al acoger en su sombra a otros seres que igual fingen cansancio o simple reposo por existir Finge la estirpe sobre las andanzas de fugitivos ancestrales buscadores de riquezas con nostalgia

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

A la rosa en su sitio le viene la luz a la manera de encantamiento natural en el despunte del día para el paso de las primeras miradas A la rosa se le va la vida con la fugacidad del golpe de vista que le sorprende al sucederse en el silencio de lo cotidiano A la rosa le queda corta la mañana * Se sorprende la rutina con el desasosiego de unas manos que de laboriosas titilan Va el paso con los días tras las huellas de lo mudo y estático que siempre sepultan las olas turbias de los acontecimientos Se sorprende al viajero con la mirada quieta de los pinos y de los sauces

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Carlos-Enrique Ruiz MeditaciĂłn acerca del Desasosiego de Pessoa

Las manos sobre el papel trenzan con letras quizĂĄ formas bruscas que buscan acomodo en el espacio mudo de los sentidos tambiĂŠn lelos y de los pies a la espera de otras huidas bajo el signo de los tiempos que se esperan cambiantes pero que no se nota Las manos entretienen la mirada que por lo fija desliza lenta hasta dar con el sentido en el abismo de los recuerdos

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Mañana también yo –el alma que siente y piensa, el universo que soy para mí mismo-, mañana, sí, yo también seré el que dejó de pasar por estas calles, aquel a quien otros evocarán con un “¿qué habrá sido de él?”. Y todo cuanto hago, todo cuanto siento, todo cuanto vivo, no será más que un transeúnte de menos en la cotidianidad de las calles de una ciudad cualquiera. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 481)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los cornos y los oboes se van lento entre la orquesta que rememora o que describe situaciones de la naturaleza sin el más mínimo suspiro del director La percusión y las cuerdas introducen el llamado que esparce opciones de vida sugieren oportunidades de ser sin pensar Delirios a la saga de sonidos y de cúpulas erguidas en el medioevo Otra vez los sonidos multívagos de la orquesta pasan de largo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Lento el caminar porque es apresurada la vida Nunca supimos de la desidia del verano ni de la nostalgia del adiós Las yemas de los dedos sobre las teclas del piano más parecen formas de despertarle sueños a la vida * Los sonidos al alba son tumultuosas voces que le arrancan agonías al despertar de sombras de parecidas imágenes que en el día anterior deambulaban sin la sonrisa de los escépticos afanosos reblujadores de ensueños Los sonidos al alba despuntan la tristeza de los míseros mortales que miran en el cielo el adiós del plenilunio

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Oh

la flor

Oh

las voces de los exiliados que no se escuchan

bajo el templete de acontecimientos sin clausura Oh

la atmósfera traslúcida en el paréntesis

de los vendavales y de las lluvias Oh

el mirar lejano de las cabras y de los sabuesos

sin la esperanza de los que claman por el desierto * Si es válido el sonido del rayo para los árboles y las altas cúspides de cobre o estaño o de simple lámina de latón Cruz enhiesta de concreto reforzado... Si es válido el relámpago entonces la luz incendia las palabras y las cosas que se desparraman por el aire El trueno con suave repliegue acaricia en el coletazo los oídos más finos y sensibles

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Carlos-Enrique Ruiz Meditaci贸n acerca del Desasosiego de Pessoa

Desperdigada la voz muerto el aroma Cansado el rostro desecha el 谩nima La mirada en declive rota la voz Perdido el ritmo cataclismo en el universo Extendida siempre la mano expresi贸n de agrado en los rostros Pl谩cida la vida ruina absoluta en el entorno

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Entre tajamares crece el espectro de los sauces y tan cerca y tan lejos se divisa siempre en penumbra Llueve llovizna incansablemente en los recuerdos y más allá de las ventanas a donde también llegan las pinceladas de ecos dispersos en las siluetas de los sauces y de los puentes y de las montañas dormidas Los tajamares recrudecen la vida sobre la base de la extinción del tiempo

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Carlos-Enrique Ruiz MeditaciĂłn acerca del Desasosiego de Pessoa

Desde el viento azulado de la tarde hasta el torbellino hosco que embebe la montaĂąa todo pasa La noche es pĂĄlida de recuerdos de hurtadillas de silencios Y el entorno suspira con el anhelo de pisadas cautelosas que apenas si despiertan la inquietud del viento azulado en las tardes del mundo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Cuentan los antiguos relatos cómo era la naturaleza y cómo los seres de trashumancia fueron cambiando ese mundo hasta llegar ahora a este panorama que se anuncia cicatrizado de incógnitas Cuentan las historias de seres que escaparon de la evolución al entrever quizá el futuro De ahí la sospecha de lo que será el mañana en manos con la incapacidad de asumir procesos de vida gracias a la acumulación de catástrofes

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Pensábase en las ruinas que ocultan viejas civilizaciones con las huellas de lo ocurrido en los escapes del poder finalmente sobrepuestos

unos tras de otros

bajo las rocas apiladas por el tiempo El panorama se aclaró después de la polvareda colosal levantada al paso del ciclón Quedó al descubierto la desgracia de los poderes que con su ímpetu de ambición descomunal no hicieron otra cosa que sepultar más hondo las propias y anteriores ambiciones terrenales

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Carlos-Enrique Ruiz Meditaci贸n acerca del Desasosiego de Pessoa

La flor en el oasis o en el desierto o en la vecindad de la nieve que se cre铆a eterna la flor en su sonrisa de soslayo a la vida en mirada displicente o retra铆da La flor que al consumirse en soledad apaga la voz del tiempo o su efusi贸n de colores La flor aquella flor encarnada y viviente

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Encrucijada en los senderos de luces A lo lejos se percibe la entonación que los dioses le dan al aire para que acompañe al viajero Pero en el andar se va perdiendo hasta el eco para mejor dar vía a los pensamientos de ocasión los que surgen sin dejar huella en los senderos que al desparramarse detonan la encrucijada

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

No te has dado cuenta camarada que estás solo y que a lo lejos brillan muy lejos las estrellas solitarias No te has dado cuenta camarada que las águilas anidan en las rocas de las montañas más altas y que a la distancia espaciosa ningún sonido ninguna voz alcanza

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Tal vez mi destino sea ser eternamente tenedor de libros, y la poesía o la literatura una mariposa que, posándose en la cabeza, me vuelva tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 18)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

En los glaciares y en las rocas siempre el silencio de la altura Silencio que los siglos han tallado con la devoción de una espera sin tregua El viento al remontarse corona la montaña y emprende siempre de nuevo el circular de la alegría En los glaciares y en las rocas se teje y desteje la historia del mundo * Me ilumina la noche sobre el alma así

el esplendor de las rosas

o el cúmulo de sueños

a lo lejos

Me ilumina el recuerdo del vuelo de las águilas la presencia del incendio que consumió el ruido y a los siniestros devoradores Me ilumina el lejano sonsonete del río que expide canto lúgubre

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La callada voz de los usuarios en las marmolerías seguida de expresiones en monosílabos y al final el más crudo de los silencios el que devora la sutileza y el desencanto de los mortales quienes a la hora de la verdad suprema imploran por el favor último el que no llega La callada voz más parece ser el sigilo obligado de los correcaminos y de los buscadores de felicidad a la hora última

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Estaba escenificado para la destrucción en las épocas geológicas que antecedieron a la desaparición de aquellos descomunales mamíferos y batracios Las palabras fueron opacadas por las cortinas de humo y por las invocaciones que llovían cual rueditas de fuego sin la incandescencia de los minerales arrojados por los volcanes Siempre a lo lejos el mundo parecía imprecación y olvido

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La elaboración fue minuciosa con la curia de los sortilegios y las palabras seguían sucediéndose hasta ocultar cualquier intento de emulación por los muelles interminables y por esas playas de arenas blancas que ahogan la luz y las pisadas Del espacio conjugado de lejanía y proximidad brotó la ilusión tejida de nubes y de olas pasmadas en la frontera de las arenas blancas y de las aguas heladas de los mares del norte

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los pasos quizá los silbidos y la amalgama de ruidos producidos por la ciudad ahogaron en lo alto el canto más sutil de aves diminutas aposentadas en los brazos quebradizos de árboles de hojas cuasi-verdes Los pasos quedaron solitarios al final de la jornada de estrépito * Los días son las sombras que persiguen su origen y quedan al final con escasa remembranza La precariedad del tiempo sobrecoge las vidas y las sumerge en arreboles de olvido Pasado todo nada queda

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Las palabras no pueden descifrar el enigma que anda adherido a la razón de ser de la Humanidad Quizá las hormigas o las abejas puedan saberlo * Las manos tienen la expresión en los labios a la inversa Cada persona se inclina para reconocerse terrenal y las manos se elevan en plegaria simbólica por la propia existencia La existencia que se comparte con el agua y el viento con otras manos y otros labios de quienes disfrutan la cercanía de las cosas y situaciones más elementales o simples Es la vida 62


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

El aire lleva en aliento de saludo y despedida la mañana y la tarde porque en la noche lo continuo del ambiente se conjuga en el reposo monocorde de los seres que la naturaleza ampara para el consumo de los dioses soñados por los más antiguos sabios conductores de luces y nostalgias y vaticinadores del último designio * Se rompe el fuego en el acantilado y la deidad asoma su rostro en maraña De ahí que la roca haya quedado con la señal del enigma que porta el árbol convertido en piedra bajo los escombros de la Madre Natura

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Las palabras se fijan en las cosas y las cosas conforman el mundo deleznable y triste aún apoteósico en lo fugaz de las palabras En lo fijado reluce el sueño también el delirio y el improperio Las cosas que están ahí o divagan por los espacios incontenibles bajo el siempre desconcierto de los seres en el mundo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Tras el hielo de los acontecimientos se desbordan las palabras y los diques se tornan en ausencia Aparecen luego los rastros y rápido se llega a la memoria de acontecimientos o situaciones que hicieron del camino un lecho de frases póstumas ahora en el pecho de fariseos y ermitaños también en las voces vacías de los siempre regidores del poder... Tras el hilo surge el hielo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

El árbol grande y vetusto quizá haya meditado en lo que el viento no mueve y guarde en su silencio de ausencia de palabras lo que bulle en su entorno de largo alcance Sonidos crujientes emite al ceder un poco frente a las presiones del aire que le llega fuerte a veces Y en ese crujir testimonia el árbol acompasado por el suave rumor de hojas lo que en síntesis se ha vuelto o siempre ha sido de complejo el mundo La fatalidad

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Desencajado en los días avanza con el rumbo de una intuición siniestra que de pronto explosionará en claveles en orquídeas acesantes y en gramíneas de nunca acabar Desencajado desfila el otoño lejos del trópico bajo las risotadas de judíos cristianos y musulmanes con la esperanza de los senderos que siempre se bifurcan

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La subida de la marea por los salones encumbrados tejió sonidos de voces antes apagadas y ahora vueltas vida clamor hacia gestos desaparecidos con las sombras de aquellos galanes del poder que al proyectarlas se esfuman... ellos y vuelve y juega así la primera y segunda vez sin el olvido de los repicadores de asombros con la voz que no pudo expresarse por el solo atafago en los salones de la risa La subida de la marea ocupó los espacios que venían siendo destinados al sueño de los justos a la fiesta más macabra con la algarabía a tono y los prestigios del vecindario al rojo vivo Por fin en algún momento se dio la cordura en extraña cualidad de la que se hablaba como asunto fenecido o como símbolo La marea bajó a la postre sin mayor algarabía apenas la producida por mozuelas y mozuelos encallados para siempre en los arrecifes de corales 68


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los cielos encienden y apaciguan por oleadas los espíritus que parecen disonar sobre los espectros grises que van y vienen por las calles aún en aviones supersónicos Pero el mundo sigue igual de confuso al primer instante de la creación así pareciere que ha pasado el tiempo por el túnel sin luz en su final

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Se dijo en algún lugar del orbe que lo que existe sueña y de allí la confusión por establecer el gobierno planetario Apenas si se dicen cosas de pura ambición para apagar otras sombras y de este modo otras sombras venidas en sustitución ocupan calles campos

y cielos

antes o por épocas con estrellas Se dijo también que algún día la justicia sería estatua y he ahí que en la plazuela surgió el hielo entre brocados

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Lo empinado de la cumbre en la floresta y la sombra que persigue al ángel han hecho de la memoria un holocausto que día a día irradia desolación No deja de saberse que continúa el paso de los desastres naturales y de los otros y más desolación recrudece la vida con llamados angustiosos de solidaridad en el planeta tierra Es la presencia de las abrumadoras fuerzas naturales en la conciencia impotente del ser humano en el mundo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

¿Dónde está Dios, aunque no exista? Quiero rezar y llorar, arrepentirme de crímenes que no cometí, gozar por ser perdonado como una caricia no propiamente maternal. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 88)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

No han vuelto a aparecer las señales del abismo en los trazos que dejan las nubes al pasar ni han vuelto otras aves a surcar los cielos casi siempre grises para la época Será que por fin se atisba en el alma un futuro con resquicios de luz que animen el trabajo algo placentero de los miembros de la sociedad Será que un día y otro crece la esperanza

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los silencios se van yendo entre pensadurías que sobrecogen sin notarse en el afuera ya de por sí suficiente convulsionado Casi siempre los silencios favorecen la lluvia y detienen las tormentas pero no habrán de transformar las rutinas que suceden entre el sentido de inutilidad y la apoteosis mítica Al final de cada tarde los ensueños reposan para despuntar al otro día en nuevas quimeras

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Sobre la alfombra taciturna de la noche los sonámbulos aguantan el ruido de los fantasmas que se precipitan en romería por las calles pero de pronto la lluvia enardecida emprende su desquite frente a los espejos que corren despavoridos hacia el confín que nunca encontrarán apenas en los sueños o en aquellos letargos que alcanzaron a roer los cielos estrellados en quienes nunca sintieron pasar el tiempo de los transeúntes

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

No hubo reparos sin contestación en la calle de lejanía Ni hubo ecos sin ser escuchados Lo que ocurrió fue silencio Silencio atropellado sobre las rocas de andesita y basalto Larvada penumbra en los entrelazados juncos y resonar de ranas y grillos en los humedales * Las voces no se dejaron sentir mientras pasaba la bullaranga por las calles de la ciudad perdida sin referencia alguna en mapas menos en agencias de turismo Las voces en la ciudad justificaron por fin su existencia

lejos del ruido que llaman civilización

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los pasos ignorados recordarían el tránsito de los ejércitos con soldaditos de plomo Al frente el mayor de todos tatuado con desencanto de arriba a abajo Ese ignorar de pasos recrudece cada día el encuentro de quienes ven en la sangre derramada la redención cruel de los amarantos

* Mariposas delinean en el aire la partitura de las cuerdas y los vientos como si fuese la fuga misma de los tiempos perdidos

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Carcajadas repercutieron con intensidad sostenida y a veces creciente en el m谩s augusto de los recintos donde alguien sin reconocerse el nombre disertaba con gran autoridad frente al p煤blico lelo sobre los valores que han hecho marca de civilizaci贸n en la historia de las naciones en las fronteras de siglos y milenios que comienzan y se suceden siempre Carcajadas trepidaron en forma incesante

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Qué de inclemente habrá en la noche que los sueños no comprendan y que la ventisca delate Qué habrá de sombras en los días cuando por las calles avanzan símbolos nieblas o espectros Qué será de la vida sin las noches de hilos rotos sin los días de fantasmas deambulando por las calles y de larguezas en el alma Qué de incesante será

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Las noches tienen el color de los recuerdos que cubre el espectro del arcoíris en tanto se sucedan en el tono febril de las pesadillas desde los puntos bajos que ocultan lo desapercibido hasta las vibraciones más agudas que ensordecen de culpa/

el alma

Las noches tienen vocación de paliativo o de catarsis ante la oleada de recuerdos devastadores El tiempo contribuye al despeje de lo enmarañado de la memoria sobre el tapiz verdinegro o rojiblanco de fantasías e ilusiones

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En la mar de los rituales alguien deposita su palabra en medio de los sonidos que hacen regresar el día y el horizonte enardece las quimeras Cuando se está de regreso no hay noches ni días nada más espectros o sombras de manos sobre los muros deshabitados Esta luz que la bombilla precipita agobia la pluma que inocente desliza entre dedos y papel

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Del bosque surgen sonidos demenciales sin saberse la noticia de los despojos ni de los vuelos extraños ni de los aromas regados por la tierra desértica que circunda los pies y la manos de los habitantes cuyos rostros ya no tienen la expresión amistosa de los días con tardes de primavera Del bosque se escapó un silbo de amante que sigue la fuga

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Ruedan en ciclos y en saltos rítmicos por las cuestas que la vida desaloja Ruedan y patinan las pisadas con el apego a la tierra que se abandona sin la más mínima esperanza de regreso a los costados de la inmensa descomunal roca donde la vida sin conocerse destino tuvo lugar de azar y de aventura * La lluvia acompaña el avance de las ruinas en el día de los acontecimientos relacionados en los trazos de las palmas de las manos La lluvia se opuso al respiro de los sauces sin el compromiso de los encendedores de parábolas de caminatas espaciales tal como aparece en los vestigios de las más primitivas civilizaciones 83


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Toma la pluma de entre un conjunto amplio de posibilidades y llega pronto al papel en blanco el preciso para seguir en la libreta que al parecer lo acumula sin la comprensión exacta de lo que se dice en concordancia directa con las cosas/

con las situaciones

aún con lo evolutivo del paisaje La pluma se deslizaba sin consideración ni medida alguna Apenas si fueron quedando trazos legibles para decir la simpleza del día

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Las luces que caen en las noches de fugas de los cuerpos errantes por entre la atmósfera de la tierra no aparecen en el cielo que nos acoge bajo la oscuridad agrandada por nubes que no dejan asomar las constantes estrellas de allá arriba Las luces vuelven a su lugar de parpadeos y nominaciones de entregas y soliloquios en esta hora de los sueños o de las entregas y de las romerías de fantasmas

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Si esta fuera la vez primera de los sueños de las manos entrelazadas con la tibieza del deseo tímido y la del beso sin escuela ni forcejeo Si esta fuera la condición de la vida que se extiende de generación en generación no habría más soledad en el mundo con vidas sin frontera *

Extenuada en la mirada de los códigos celestes y exhausta la risa en las puertas sin batirse y sin dejar entrever el silencio de las romerías de curiosos detenidos en la figura del hielo Así fue de persistente el olvido de palabras e imágenes sin otro recuerdo que el compás de espera al inaugurarse la nueva era de lo desconocido

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Organizar de tal manera nuestra vida que sea para los otros un misterio, que quien mejor nos conozca sólo nos desconozca más de cerca que los otros. Yo así esculpí mi vida, casi sin pensar en ello, pero tanto arte instintivo puse en hacerlo que a mí mismo me volví una no del todo clara y nítida individualidad mía. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 115)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

En la azotea se sucedieron los inesperados acontecimientos desatados por el agua sobre las figuras movedizas y silenciosas así lo habían sido siempre Pero instantes después no hubo más que sensaciones de espacios perdidos y señales de súplicas no expresadas En la azotea ocurre con la seguridad que nada es recuerdo Destilaron zumos de nostálgica desesperanza a cada rato

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Carlos-Enrique Ruiz Meditaci贸n acerca del Desasosiego de Pessoa

Un relato es sucesi贸n de formas y expresiones que cubren la imagen del tiempo sin la desmesura que trate de contenerlo y derribarlo para que lo que ocurra no deje huella que pueda inducir atracciones por el mismo camino orientado hacia parte alguna Apenas bajo la curiosidad de entretener el rumbo ya distra铆do de la historia

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Carlos-Enrique Ruiz Meditaci贸n acerca del Desasosiego de Pessoa

Dicen los p茅talos al desprenderse en su camino a la tierra sobre la fugacidad del esplendor y de lo que es por huidizo desde la esencia de los cuerpos y sus representaciones Aquellos p茅talos roturaron la atm贸sfera con el peregrinar aun de lo que pretendiese permanecer Nada queda/ Todo se sucede en maneras y modos interminables * Galopa la esperanza en la fortuna de la vida si no hubiese alternativas que derriben con su sola presencia los caminos y las oportunidades Vibra la vida al amparo de quimeras y de rostros sin los trazos de situaciones de frontera en zonas de penumbra

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Una flor tan solo una flor arranca brisas al corazón Y en el espanto del vino las palabras extendieron brazos

Las tardes como si fueran días hicieron más fría y clara la tensión entre rocas y arenales sin lazos mensurables

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Delicadas palabras al atardecer tienen el mismo efecto que los nudos de garganta al despuntar el día De un extremo al otro de la jornada se alimenta la sonrisa en destemple y se encoge la voz en monosílabos Los sonidos y la luz parecen siempre iguales cambia apenas la dirección de la penumbra * Descifrar lo indescifrable oscurece el panorama pero los jardines a veces embellecen manos y rostros de quienes los miran La clave estará en la señal del viento sobre las ramas de la planta de flor lila Descifrar es desenvolver el hilo de las dudas y de las quejas hasta quedar desnudo el carrete como hueso inexpresivo 92


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Repliegue en las cosas y en las situaciones que aparece en forma de un echarse atrás de un fruncido en la piel vuelto a cobrarse sin recuperación alguna de cicatriz o de huella que deja el simple sucederse sin recobro ni requiebro de vida Las cosas y las situaciones se conjuran para nunca volver atrás hacia los orígenes/ indescifrables de las palabras que se dice representarlas

*

Volver el rostro atrás en medio del sonido del flautín que ocultó a la orquesta es enfrentar la congoja que lleva sobre sí el mismo rostro antes detenido en los ojos de lo que pareciendo verse no se ve quizá un despiste en la encrucijada en el simple descanso del pergamino 93


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Se abren los capullos y el día se pone en gozo pero un poco más adelante el esplendor pasa a tonos opacos y otro poco más adelante el universo se desvanece En el día se salta con increíble fatalidad del blanco al negro del si al no del ser al no ser del fulgor a la desolación En el día la luz también es sombra en las voces en las miradas/ en los silencios

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En el oscuro mar de lava transcurren en simultaneidad la muerte y la vida Danza de fuego con notas que rugen y aún brotan cantos continuos que antes de cesar apaciguan y modelan frente al mundo la compasión de lo que vive En la piel negra del fuego que lento corre está la incógnita del tiempo que parecemos simular

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Cae incesante la lluvia y en las vidrieras trasluce la opacidad de los d铆as que pasan sin t茅rmino A lo lejos las nieblas avanzan/

contorsionan

danzan y se quedan lelas sin saber el rumbo De pronto la conmoci贸n con intempestivas culebritas de luz que hacen estremecer los ribetes Llueve en esta tarde gris de pensamientos grises con voces bajas indescifrables a lo lejos

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Las palabras no pueden acoger los sentimientos pero las palabras si pueden ocasionar sentimientos adversos a la propia intenci贸n de las palabras Las palabras ruedan se encascaran son ellas mismas silencio Tan pronto las lleva el viento creen tocar el cielo con sus manos de s铆labas y voces Otras veces quedan ah铆 reducidas al polvo pegadas a la tierra entretenidas en el lodo de cuyo seno ascienden sensaciones putrefactas sin palabras

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Se abre el día al igual que las cortinas se corren en la mañana pero el alma reverbera por los ojos El Sol espaldas atrás asoma sus rayos sobre la ciudad Los volúmenes surgen a destiempo con variedad de desatinos en la urbe El día otro abre luces al viento y las gentes van y vienen igual que ayer Las aves lo mismo revuelan sobre el jardín y en el recuerdo alguien busca acomodo en y para el mundo

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El aire limpio y las nubes escardadas sobre un fondo azul ingenuo El aire lavado por la lluvia durante días y noches casi interminables embebe la mirada casi absorta de lo distraída El aire comienza temprano su revoloteo tras el ala de los pájaros que todavía trazan con su vuelo trayectorias armónicas que de poderlas recorrer uno se haría apéndice de la inmensidad * Los soles y las auras que circundan y diluyen suelen apagarse bajo el desdén de los ensueños y de los quebrantos a la entrada de los sepulcros renegridos Ninguna nueva luz supo sobreponer el estigma dejado por los violadores de cadáveres 99


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Tengo un cansancio enorme en el alma de mi corazón. Me entristece aquel que nunca fui, y no sé qué especie de saudades es el recuerdo que de él tengo. Caí contra esperanzas y certezas, a la hora de todos los ocasos. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 194)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los pasos hacia la altura se hicieron penosos tras el suspiro de los náufragos sin el velo en la cara apenas si en el alma La cabeza osó erguirse frente al Sol inclemente para apagar la sombra de otros fantasmas que iban a la desmedida caza de alturas en predios de las huestes dispersas De aquí nació la huella intocada de los racimos que en su feracidad hicieron flamear las voces de los campesinos atiborrados de insurrección con la restricción de paso a los vociferantes resplandores de la tarde

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Cada palabra surgida en el magín suele desplazar a la otra con la cual debiera articularse para que en sucesión de voces irrumpa en el mundo sin dejar eco ni huella nada más el grito que abra conciencias y las deje recias libres a los ritmos de los tiempos insospechados sin enlaces conocidos o desérticos * Cuantas veces otras voces suplieron el martirio de la narración interrumpida que dejó en la arena el trazo del cuarzo orientado hacia otras búsquedas y hacia otras playas Cuántas palabras desperdigadas y desaprovechadas en la extensión desértica del silencio ¿Cuántas...?...

¿Cuántas... ?

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La mole de pizarra y arcilla tal parece aquella sombra que despereza en las tardes a las nubes ahora quietas de mera ilusión y de quebranto La mole como arrecife o como endemoniado gigantismo de los sueños * De aquí partió el adiós último de los navegantes que renuentes a dar saltos emprendieron a gritos la liberación de sus cantos brotados a borbotones de almas apretujadas y concentradas en sus pechos a la manera de represas de millones y millones de metros cúbicos/ de desencanto

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Carlos-Enrique Ruiz Meditaci贸n acerca del Desasosiego de Pessoa

En las posadas y en los cuarteles los antiguos guerreros deponen sus armas para enhebrar con ellas las historias de las contiendas tras las cuales fueron derrotados una y otra vez los mismos soldados desde aquel momento de la primera insurrecci贸n por el pan o por el agua por el odio estampado en los genes de aguafiestas * La sed o avidez de agua o de palabras de signos consumibles revienta en sorprendente estela de colores al paso de los huracanes y de las sibilas de los trenes humeantes La sed ensimismada frente al crep煤sculo arde en las piedras y en los talones de los caminantes ajenos a las nostalgias transidas de iron铆a

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La mano siempre tendida para los saludos y los adioses para los acuerdos en medio de las

más

La mano expuesta a los ardores difíciles del encuentro y del desencuentro es el reflejo pálido del corazón de los mortales asediados por hacer y desear * La serie de voces venidas de algún lugar distante apenas perceptible sin ubicación posible de dirección alguna encamina otra vez el viejo problema de la insularidad de quienes buscan en forma incesante lo que nunca han perdido

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terribles batallas


Carlos-Enrique Ruiz Meditaci贸n acerca del Desasosiego de Pessoa

Agujeros por donde se infiltra la luz y la mirada hacia otros estados de la materia y hacia otras consideraciones de la conciencia hecha pedazos en medio de los fragores en el hipervolumen estelar con el ruido de sabernos perdidos en el tiempo y en el espacio * Flor-de-lis de la mano de las esp茅riles y a la sombra de los eucaliptos con su cara la flor de especie c贸smica ajena a la maledicencia y a la fealdad terr铆colas La luz la acoge con sombras y matices de recuerdo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Vagabundos sin norte alguno/ es usual desparraman la insolencia de creerse orientadores de las olas y de los vientos hasta de las cadenas de montañas Unas y otros tan vagabundos como los rociadores de vino rojo en las mesas y en las cabezas con la abundancia de los mares y de los cataclismos * En el horizonte se percibe lo que ya pasó y lo que se viene Lo que se supone y lo que es y lo que no es En su desciframiento está el reto de aquella tempestad que le arranca secretos a los cerros Bateros y Tatamá

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Silencioso el hombre navega en su mundo de escondrijos/

y derrotas

Vaga por la ciudad de la memoria ceñido a las paredes fachadas muros de la ciudad para no ser visto Silencioso transcurre a su vez el mundo sin que alguien se de cuenta oportuna del fatal influjo * Cabriolas y escurridizos pareceres acompañan el sigilo de los monstruos y siguen los pasos aún las pisadas de quienes sin saberse indefensos huyen bajo el pesado fardo de las penurias y las desesperanzas Fugitiva la luna descubre la quimera que orienta de nuevo/

al náufrago

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La ambición quebranta el aliento de los mortales y rompe el crítico equilibrio de las ondas que sostienen el pensamiento y los sueños La ambición abre espacio a la exploración de la conciencia detenida en las manos casi siempre en defensa de los desprotegidos del mundo Cae el telón y el mundo vuelve a las ruinas del comienzo de los tiempos

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Carlos-Enrique Ruiz Meditaci贸n acerca del Desasosiego de Pessoa

Espero que de los fr铆os nubarrones se encienda la ceniza y los campos florezcan de estupor Espero en la esperanza el resurgir de sombras sobre la fragua Espero que del silencio brote flor-de-cactus para apaciguar el veneno de voces que surgen entre los lodos y las selvas en extinci贸n Espero que al fin se oiga una voz de apaciguar la niebla en el alma tranquila de los comensales/

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del desierto


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

No mires atrás ni las voces ni las huellas menos los espectros que dejamos ocultos en el aire No mires a otro lugar que no sea tu propio destino Si al mirar atrás olvidas lo dicho entonces no te arrepientas porque habría más recuerdo sobre los sauces Resguardas las palabras cual felpa al aire

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

De la noche pende la vida de los relojes y del día surge el mito Cada quien tiene su halo que le cubre de la lluvia de colores Los bosques se asemejan a los pingüinos y las ramas de los árboles viajan en retroceso sin verse ni sentirse su paso en el viento Los bosques repiten y repican el viejo sonsonete de lo que se extingue en forma inexorable

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Será hoy doce de diciembre sobre esta parte del mundo será otra flecha con igual destino La sola semejanza de los días aburre más abajo de los tejados de color cenizo lo que hace abundar la monotonía de quienes transitan las calles de la ciudad sin otro palpito que la próxima esquina y de ahí en adelante lo mismo actuando en círculo por demás vicioso ¿Será hoy doce... o doscientos?

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Vivimos casi siempre fuera de nosotros mismos, y la propia vida es una perpetua dispersión. Sinembargo, es hacia nosotros mismos hacia lo que tendemos, como hacia un centro en torno al cual dibujamos, como los planetas, elipses absurdas y distantes. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 217)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Las palabras caen y caen los frutos de los árboles y caen también las vidas en el sobrecogimiento de la muerte Las palabras tienen forma de efigie contrapuesta negada al reflejo del árbol/ y aún a la sombra en el espejo Las palabras son modelo de errancia de simple vagabundaje de la memoria * Cruzan los dedos en la piel del árbol y la noche clama por la ausencia de dioses comprensivos También aparecen las manos llenas de agua y tierra que azotan la flor en la noche de los gritos a lo lejos en medio del terror que ocasiona el sentirse solo el individuo/

en el mundo

Cruzan ahora no los dedos unos pegados a los otros sino que cruzan sus destinos insolubles 115


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Tras la fuga de los rayos del sol sobre las nubes llega el sueño al lomo de alcatraces/

y de víboras

Llega el delirio a las azucenas y a los gladiolos y a cuanto insecto deambula en el antejardín convertido ahora en reminiscencia de lo fugaz de lo que huye sin dejar huella o rastro que rememore los acontecimientos propios de la noche * Sin dar un paso o enhebrar un símbolo transcurre el silencio con el desgano de los instantes/ o minutos o siglos/ ajustado al cuerpo de las gacelas de las andaluzas y de algo parecido a las suaves e invioladas despedidas de los que se van antes de tiempo incluso sin alcanzar a dar la más mínima señal del pañuelo blanco a lo alto batiéndose en retirada

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

En las peñas que amenazan con sus formas desde lo alto a la distancia que ciñe lo serpenteante del rumbo y de las miradas... ... En las peñas se dice que ocurren visiones de aparecidos desde unos rostros tallados por el tiempo en apariencia sin memoria De ahí en adelante la historia rodó en ausencia

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Siguió la misma carencia de norte la que conduce a cualquier parte/ o a sitio inesperado en el tiempo de no recordar o a los volúmenes de bosques retratados bajo la sensación de lo real sin las contorsiones de lo que huye bajo las tinieblas aquellas que deletrean carencias de armonía en el horizonte más lejano que de presumirlo resulta estar ceñido a la punta de la nariz * No volver atrás sería la norma de supervivencia la terapia para resistir mayores miradas adelante Regresar siquiera la mirada será el desafío a conjuros que acompañan por el mundo los soberanos vivientes resistidores de temporales y de señales de la cruz en su contra Ni modo de volver al punto de partida 118


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Olas que baten y rememoran en forma incesante diciéndose la cantilena de los desesperados sin encuentro de solución alguna Olas en el vaivén a su vez inclemente de las tardes que huyen detrás de pasos desvanecidos de gigantes o desvencijados de tanto clamar al infinito

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Desde las montañas por los ríos que transitan de lo alto o desde las estaciones espaciales bajo los sueños que siempre tuvo el profeta Elias alguien acompaña la vida Es el destino que vuelve a cobrar sentido en las mañanas que anticipan la agonía de los días uno tras de otro/ en forma golpeante implacable al ritmo sostenido de marchas invisibles e insensibles Desde lo alto alguien precipita la voz

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Siempre acontece lo previsto en lo más oculto e inescrutable de la memoria o de la química que integra los procesos de génesis y desenlace a los que estamos sometidos sin falta alguna Siempre ocurre lo de los pasos que se dan los que hicieron falta para cumplir o no el cometido de cada instante Sinembargo queda el aliciente de la voluntad de la vocación/

o de la perseverancia

para reivindicar la razón

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los acontecimientos vuelven sombra la rutina y convierten sueño en realidad cual golondrinas o aves migratorias que a su paso dejan señales dubitativas de existencia Los acontecimientos vuelven sustancia a los pensamientos y a las sensaciones también a las faltas de sentido o de simple dirección preestablecida Los acontecimientos vuelven y ocurren * La luz en las tardes sintetiza cada día el panorama del propio día y en su singularidad irrepetible despierta la contemplación de quienes siempre esperan en la tarde la señal descubridora que explique o justifique sus pasados y que de también la señal a la fortuna de los siguientes días La luz en las tardes entona cada vez la despedida 122


Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Bajo las temidas y tímidas señales de la concordia se yergue la guadaña que desplaza las voces con las cabezas de los protagonistas apostadores de la suerte Todo parece recomenzar al más leve toque del viento en las ramas de la enmarañada soberbia que hizo del infeliz al apuesto gobernante en el país de las simulaciones y de los entretelones * Las palabras sin el golpeteo de los acontecimientos pierden el ritmo en la sucesión esperada que hace y deshace situaciones parecidas a los bloques de hielo que a su paso trituran e incorporan nuevas ruinas a la vida del paisaje Son los depósitos de morrenas los más elocuentes testigos de aquellas historias que no recogió la imagen

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Nadie te pertenece No perteneces a nadie Apenas la sombra que proyecta tu cuerpo cuando la luz lo permite pertenece a ti Si alguien te recuerda será el recuerdo el que te pertenece de manera fugaz En las mañanas y en las tardes

y en las noches de otros días

los recuerdos tuyos se sucedieron con otras posesiones de paso tardío en la memoria que no reconoce sombras

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

La lucha de los olvidados gladiadores desapareció pero se viven otras luchas bajo los escenarios Luchas en campos de batalla en páginas de diarios en el perifoneo de la radio y la TV hasta por los canales de apariencia silenciosa del Internet y del e-mail Otras luchas también tienen lugar en la intimidad de las personas con menos sangre pero con más densidad de sentimientos moribundos

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Carlos-Enrique Ruiz MeditaciĂłn acerca del Desasosiego de Pessoa

Si hay algo que esta vida tenga para nosotros, y que, salvo la propia vida, tengamos que agradecer a los Dioses, es el don de desconocernos: de desconocernos a nosotros mismos y de desconocernos los unos a los otros. El alma humana es un abismo oscuro y viscoso, un pozo que nadie usa en la superficie del mundo. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego�, 255)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los arreboles cayeron sobre los mármoles ya carcomidos por el tiempo como si el tiempo no pasara ni pesara Los arreboles simularon sobre las rocas la noción añeja del arrepentimiento en los tiempos de Sócrates sin dominio alguno de la palabra con la única premisa de los augurios inmortales de las calles y plazas de Atenas Fueron los llamados del espíritu humano los que no preservaron conducta alguna

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Lo estéril del sosiego y la carrera por alcanzar el logro mayor de las vidas se erigen sobre ruinas de cada época y señalan el advenimiento del verbo con la idea del inevitable fin de los tiempos en sucesión de círculos concéntricos que se miran sin rozarse pero sí con la seguridad del sinfín repique de la plegaria de los peregrinos en el Camino de Santiago * Se hizo la noche y la luna no apareció Luego vino la otra cara y el sol se consumió

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El vil o perdido encanto de los sabuesos recorre la historia de los pueblos y de las personas con el estrujo de acontecimientos sin remedio alguno tras de los cuales se persigue una raz贸n una causa un sentimiento envolatado o transgredido por otras posibilidades Las pesquisas conducen a lo mismo es decir al desamparo de las huellas que se parecen o que fueron y ya no son El rastro de los acontecimientos es el refuerzo de las conjeturas

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Las calles y los caminos se encuentran siempre en las plazas y éstas se quedan sin aposento para los fugitivos constructores de estatuas Empero alguien tiene su sitio al son del agua que canta interminable desde la fuente central de hierro rundido * Llueve sobre las ciudades y en los campos mientras en otros lugares ni una gota Es el abismo presente en contrastes como el día y la noche como la luz y la sombra como el sí y el no Llueve en las cabeceras de los ríos que más abajo caudalosos arrasan poblados y llevan consigo animales troncos enseres gentes sin edad ni nombre.... Es la desgracia que asola por doquier con impronta dura para el recuerdo

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Las aves de paso transitan cientos de kilómetros y donde logran ser vistas dejan la señal abierta del adiós No consiguen ellas agotar el Sol ni las tinieblas Rememoran el ciclo presuroso de la vida rompiendo olas de viento y marejadas de silencio y lluvia Migraciones de aves en los cuatro sentidos cardinales son el receso intempestivo que marca el despertar secreto del aposento en trance de no-ser-más

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Tamboriles y sonidos reiterativos de la electrónica acompañan la venta de helados de tarde en tarde por las calles del barrio pero no encuentran niños a su paso Se han ido a los refugios de la guerra sin el gusto satisfecho por esas cremas de colores de sabor a frutas del trópico Volverán menos alevosos a la luz del día y su sed la calmarán con la golosina incierta de la idea de futuro

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los días pueden ser pardos o grises sencillamente luminosos pero son los días que marcan con silencio el ritmo igual de los tiempos sin el retraso o el adelanto de los relojes bíblicos ecuménicos Los días son pausas iguales entre jornadas y son rompimiento de paredes erguidas en mitad del paso No son otra cosa que suceder implacable de hechos tal y cual sean

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Apuntarle al paso en dirección determinada es ceñirse el azar al corazón Los dioses tendrán que llegar hasta la fatiga para alcanzar la cúspide en la roca más lejana y desde allí seguir ocultando el destino de la Humanidad Valiente salida del paso sin la entonación de los gorriones * Apertrecharse en las ansias de vida resulta ser esfuerzo fallido puesto que bien sabe el viento lo que clama la flor Apertrecharse sobre el propio desamparo parece ser el carácter de la jugada en el tablero de las pasiones y de las distancias

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Los días se agotan en el estrecho marco o en la dimensión restringida de un año Quedan horas para el cambio de almanaque sin que ello signifique una ruptura un cambio radical en la vida de las personas

de los pueblos

y de las naciones

Ocurre una anécdota salpicada de situaciones formales patentadas por el hábito/

siempre gratas para la recuperación de vida en familia

Los días debieran contarse con la medida arrítmica de una realidad necesaria

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Los pasos se asemejan a las evasiones/ a las fugas al necesario desplazamiento que obliga el imperativo del siempre cambio Los pasos aproximan lugares

vidas...

recuerdos

pero también alejan lugares/ vidas y recuerdos que cercan * Las luces de las calles entonan la despedida y los transeúntes se detienen en grupos

corrillos...

cúmulos vitorean el surgir de un nuevo año en la creencia que se podrá ir mejor Ilusiones de la media-noche obnubilan las miradas y le pierden sentido a los abrazos que no se dan Corren hacia el cielo negro luces despavoridas que pronto caen y se apagan al reconocerse en su esplendor sin ánimo

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Me gusta hablar. O mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mí cuerpos tangibles, sirenas visibles, sensualidades incorporadas. Tal vez porque la sensualidad real carece para mí de cualquier interés –ni siquiera mental o de ensoñación-, se me transmutó el deseo en aquello que en mí crea ritmos verbales, o los oye de los otros. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 259)

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Buen día se dicen a la espera/

o buen año

con más laxo optimismo Pero las voces se acarician con el fervor de las despedidas y con la proximidad de los que se van Voces surgen en el sueño voces de otros ya idos que se recogen en un ámbito de luces distantes de parpadeos en claroscuro y de sombras siniestras Voces idas en los días que se van sin posible regreso

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Abre el día con la mañana de incendio Por el cielo cruzan aves pasajeras tan diminutas sin dejar casi rastro en las miradas A lo lejos bancos de nubes amenazan con cubrir la imagen de los cerros y los trazos de ciudad El ciclo infaltable vuelve a hacer viva la mirada en su recuerdo continuo de ave de paso * Estuvieron presentes las voces leves los arrullos de niños desolados en la imagen sagrada/mítica de la madre a la hora de siempre en que las constelaciones susurran y parecen entonar cánticos de alabanza y villancicos de cuna sin la plegaria de los labradores que hacen del tiempo jornadas extenuantes

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No hubo espacio de tiempo y de aire para entablar el diálogo de los inconformes que señalan siempre con el dedo índice de la mano derecha lo malo que les parece existe en el mundo y en las relaciones interpersonales * Siquiera no hubo espacio para esa señal estigmatizadora de encendida jerga y de pelambre fingido

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Carlos-Enrique Ruiz Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa

Duerme aquí la palabra de las piedras de los árboles de las flores de las aves Duerme con el sigilo de lo que sueña por tenebroso Duermen las luces que se desprenden de lo alto como inciensos

o cardúmenes desconocidos

Duerme la voz de la esperanza y del fuego con la enhiesta pluma de las batallas puesta ahí... incólume

[año 2000]

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Me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son infelices… y viven una vida que sólo puede compararse a la de un hombre con dolor de muelas que hubiese recibido una fortuna… Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 313) No sueño con poseerte. ¿Para qué? Eso sería traducir a plebeyo mi sueño. Poseer un cuerpo es ser banal. Soñar que se posee un cuerpo es probablemente peor, por muy difícil que parezca; es soñarse banal –horror supremo. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 345) La locura llamada afirmar, la enfermedad llamada creer, la infamia llamada ser feliz –todo eso huele a mundo, sabe a esa triste cosa que es la tierra. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 365)

¡He vivido tanto sin haber vivido! ¡He pensado tanto sin haber pensado! Pesan sobre mí mundos de violencias en suspenso, de aventuras vividas sin dar un solo paso. Me siento colmado de lo que nunca tuve ni tendré, hastiado de dioses que no han existido todavía. Arrastro conmigo las heridas de todas las batallas que evité. Siento mi cuerpo muscular molido por el esfuerzo que ni llegué a pensar hacer. Fernando Pessoa (“Libro del desasosiego”, 373)

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Las citas están referidas a la siguiente edición: Fernando Pessoa. Libro del desasosiego. Ed. El Acantilado, número 65 de la colección; Barcelona 2002. Traducción del portugués: Perfecto E. Cuadrado

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Meditacion acerca del Desasosiego de Pessoa