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in tervalo Coordinación Aída Suárez

Aída Suárez

Lo salvaje que vive en uno Mario Flores Se nace salvaje, silvestre. Nuestro primer grito y los aullidos posteriores dan cuenta de la bestia que fuimos. En el camino aprenderemos trucos y gracias que nos distinguirán de otros animales menos salvajes que nosotros, aunque leer sea quizá la más constructiva de nuestras habilidades. Desde pequeños pasan por nuestras manos, por nuestros ojos y oídos, libros infantiles, libros para infantes, libros de adultos inmaduros para adultos inmaduros, libros de clérigos matemáticos para niñas simpáticas… Libros ilustrados en su mayoría y que con suerte (buena o mala) habrán de quedarse en nosotros para siempre y con la misma suerte pasarán a las generaciones que nos siguen. Alicia en el país de las maravillas y Al otro lado del espejo de Lewis Carroll son cuentos para lectores de todas las edades, para las lecturas sesudas o triviales. La obra de Michael Ende se lee con el mismo gusto por generaciones simultáneas que encuentran justo lo que necesitan para su edad. El libro ilustrado Donde viven los monstruos de Maurice Sendak se gana un lugar aparte, remoto; brevísimo e interminable, funciona desde la lectura a niñas y niños preescolares, luego en pequeños lectores y más adelante justo a la medida de adolescentes para, finalmente, caer en manos de adultos que leen a sus pequeños con la misma admiración que tuvieron la primera vez que se acercaron. Este año, Where the wild things are cumple medio siglo de editado y nos sigue presentando a un Max que bien conocemos en nosotros: travieso, irrespetuoso e indolente tal como los niños son. Seguimos siendo salvajes, pequeños monstruos, bestias disfrazadas de niños disfrazados de lobo. Tal como hace cincuenta años (y siglos atrás) hemos soñado con ser rey o reina, y es que como bien decía Ricardo Garibay, se trata de lo más natural en niños saludables. Y naturalmente tenemos miedo a ser devorados por monstruos como la soledad, el abandono, la responsabilidad o el aburrimiento. Volvemos siempre al hogar, al seguro puerto que tenemos en nuestra madre. Nunca falla, lo salvaje viene dentro nuestro, envuelto con ternura y mucha nostalgia por ese niño que tira la corona cuando más le conviene. Donde viven los monstruos, Maurice Sendak, 1963

Reloj nuestro de cada día abuelo mineral cuéntanos el azul de las palomas. Realizó esta labor como admirador de símbolo de cantera y de la vida cotidiana en la Plaza Independencia, sitio donde se construyó hace poco más de un siglo. Integra textos literarios de distintos autores como Genaro Guzmán Mayer, Raúl Guerrero Guerrero, Enrique Rivas Paniagua y otros, con la intención de que sigan acompañando a la imagen con su luz y sus sombras, su quietud y tempestad, con las h o ra s q u e m a rca n l a s manecillas y las palomas que revolotean; las artesanías de plástico con colores chillantes o sencillamente enmarcado en su azul de cielo. Roberto Herrera Rivas, busca publicar un libro con las imágenes captadas y la recopilación de textos que ha hecho por varios años en torno al Reloj y la Plaza Independencia. Le interesa editarlo en Pachuca pero también para todo el país. Consideró que los pachuqueños reconocen y valoran el símbolo como joya y, sin duda, se lo apropian porque es de los propios pachuqueños.

El Reloj nuestro de cada día

Foto: Roberto Herrera Rivas

Re Veces

Enrique Rivas Paniagua

Homo bibliomanus El vértigo se apoderó de mi cabeza y un aguijón comenzó a punzarme las sienes, a compás de los latidos presurosos de mi corazón. Sudaba a mares, gotas pegajosas y fétidas. La náusea me obligó a buscar un quicio, una pared, un punto de apoyo donde evitar caer desmayado. Sí, ahí estaba, ahí seguía, ahí continuaba retándome con su crueldad, carcajeándose de mi delirio: el único ejemplar sobreviviente de una edición príncipe, lujosa, de muy reducido tiraje, con firma hológrafa del autor. Cegado por la codicia, me atreví por fin a preguntar su precio. El librero notó mi zozobra, por más indiferencia que quise aparentar. “Ah, una bicoca”, respondió. Insistí. “Ya le dije que una bicoca.” Una y otra vez repetí

la interrogante y él la réplica. “Una bicoca; ¿no sabe usted lo que es una bicoca?” En la cima de mi excitación, le exigí un costo preciso, por exorbitante que fuera: estaba dispuesto a venderle mi alma al diablo. Aceptó. Firmé el contrato con una gota de sangre. Me condenaba al Infierno pero ese diamante bibliográfico pasaría a mi poder. Cuando por fin lo tuve en mis manos se hizo polvo, cenizas, humo. Quinientas páginas se habían volatilizado en un santiamén. Pero yo nada de eso recuerdo. Ni siquiera el título del libro. ¿Cómo carajos puede alguien sentado entre colchonetas y vestido con un camisón de mangas larguísimas y atadas por detrás acordarse de algo?

Después el jardín parece/un carrousel de relámpagos/dando vueltas en redor/del reloj, como gusanos/que en círculo de una vela/lanzan sus giros alados. Genaro Guzmán Mayer Foto: Roberto Herrera Rivas

D.G. Enrique Garnica!2013

Roberto Herrera Rivas

Roberto Herrera Rivas, a través de su lente toma al Reloj Monumental como referencia de Pachuca, muestra la vida cotidiana que lo rodea, el cielo que lo atrapa y la gente que lo hace su fiel testigo. Cronista gráfico con poco más de 25 años retratando la ciudad de Pachuca, suma a las imágenes textos de poetas y escritores que hablan del Reloj, de su torre, de los momentos que lo hacen único y lo convierten en símbolo. Herrera Rivas, quien se ha desempeñado como reportero gráfico de distintos medios impresos, considera que el Reloj se ha convertido en icono para los fotógrafos, cualquiera de ellos está obligado a retratarlo a su paso, sea lo que fuera que se esté viviendo en la capital del estado de Hidalgo. Muestra el proyecto Reloj nuestro de cada día, en una exposición colectiva de resultados de trabajos del Fondo estatal para la cultura y las artes (Foecah) en la disciplina de Artes visuales y la categoría Creadores con trayectoria, que se exhibe en el Foro Cultural Efrén Rebolledo. Lo denomina así a propósito de un texto de Roberto Meza García que dice:


Intervalo 8