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Justicia Restaurativa: una propuesta para Puerto Rico

ALAPÁS: la revista/ novena edición/ octubre 2015


Contenido Myra Rivera Torres La justicia restaurativa y las víctimas en casos de homicidio Lina M. Torres Rivera Hacia una justicia restauradora Kevin Rivera Medina Mediación en casos de menores, justicia restauradora y voluntad Dennisse Pérez Aguilar, Ph.D. Camino ALAPÁS: Apuntes sobre la escucha terapéutica en el Centro de Ayuda ALAPÁS Blanquita Calzada Acosta Voluntaria de ALAPÁS José Raúl Cepeda Borrero Comentario sobre la Obra: Exclusión y Violencia de Gary Gutiérrez Actividades de ALAPÁS

Edición Anuchka Ramos Ruíz / Diseño Gráfico Rosimar Fraticelli Rodríguez / Corrección y producción Myra Rivera Torres/ Presidenta de ALAPÁS Myra Rivera Torres / Vicepresidenta de ALAPÁS Magaly Castillo / Tesorera Margarita Aponte Rivera / Secretaria Carmen Rodríguez / Vocales Bennyliz González Báez, Carmen Trujillo Rosado e Iván Santos Sánchez/ Colaboraciones centrodeayuda@gmail.com


ALAPÁS: 17 años de trabajo comunitario Con un Wine and Cheese, el 8 de octubre en El Taller en Río Piedras, nuestra organización conmemoró 17 años de trabajo dedicado a luchar por los derechos de las víctimas de delito y ofrecer servicios gratuitos a esta población para apoyar su recuperación después de un impacto violento. La actividad contó con una degustación de quesos cortesía de Quesos Vaca Negra. Además, nos acompañaron en tarima Emmanuel Emilio y Fernando Madera. ALAPÁS agradece muchísimo el apoyo de El Taller, que nos prestó el espacio para celebrar la actividad y nos ha demostrado su solidaridad en momentos anteriores. El exquisito bizcocho fue cortesía de Jessica Rodríguez. Fue una noche de gratos encuentros, incontables abrazos… en realidad, sentimos el respaldo de muchos amigos y amigas a quienes agradecemos su presencia. Ojalá la realidad de Puerto Rico fuera que tuviéramos que cerrar porque nadie necesitara de nuestro servicio. Ese país es posible, pero aún no lo tenemos, así que el respaldo que recibimos en nuestra actividad de conmemoración, nos sirve de aliciente para seguir trabajando. Al compartir esa noche con tanta gente con la conciencia bien despierta y el compromiso inquebrantable nos reafirmamos en que nunca dejaremos de creer en la utopía.

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La justicia restaurativa y las víctimas en casos de homicidio Por Myra Rivera Torres Presidenta y fundadora de ALAPÁS

La justicia restaurativa establece un nuevo paradigma en cuanto a la participación de la víctima de delito en el proceso judicial respecto a la que ha sido en el modelo del sistema de justicia criminal tradicional de carácter adversativo. La víctima de delito, a efectos de la población que atendemos en el Centro de Ayuda a Víctimas ALAPÁS, es la persona que sufrió un daño directo o cercano a consecuencia de la comisión de un delito por otro, según lo define la Guía de Asistencia a Víctimas y Testigos del Departamento de Justicia federal. El impacto del delito no sólo afecta a la víctima directa, sino que tiene serias secuelas para los familiares e incluso para la comunidad (Trujillo, 2002). Aunque en nuestro sistema de justicia actual la víctima de delito está cobijada por una carta de derechos, la realidad es que la víctima tiene muy poca participación en el mismo, es prácticamente invisible. Según la Carta de Derechos de las Víctimas y Testigos del Crimen, Ley núm. 22 del 22 de abril de 1988, inciso 7, la víctima tiene derecho a: Ser notificado del desarrollo de la investigación, procesamiento y sentencia del responsable del delito, ser consultado antes de que se proceda a transigir una denuncia o acusación contra el autor del delito…”. En los 17 años que ALAPÁS ha estado trabajando con esta población hemos visto cómo continuamente la dignidad de la víctima es lacerada. El proceso “de justicia” lo lleva la fiscalía, la defensa y el/la juez. Entre ellos se decide desde lo más sencillo a lo más complejo, sin tomar en cuenta la opinión ni las necesidades de las víctimas porque en nuestro sistema penal se considera que el delito es contra el Estado de conformidad con el Código Penal, y no involucra a la persona que sufrió el daño. Entre estas decisiones están las posposiciones de los casos, las reprogramaciones de fechas, las horas de los procedimientos, los cargos, las penas, las negociaciones y las sentencias. En nada participa la víctima, la persona que recibió el impacto del delito no tiene voz, no es escuchada en el proceso, a menos que sea testigo. En la mayoría de los casos atendidos en nuestro Centro, estas víctimas son las madres y los padres que les mataron un hijo o una hija. Ante este sistema que ha erosionado la confiabilidad de los perjudicados, se plantea desde hace unos años el nuevo paradigma de justicia restaurativa. Este sistema busca reparar el daño causado a las personas más que castigar al agresor. Este sistema no se limita a ver el delito como una violación a una ley sino que atiende el daño causado y como repararlo. Es importante aclarar a esta altura del escrito que “no son una

alternativa al juicio al menos no en delitos de más entidad, serán un complemento que en ningún caso, producirá beneficios jurídicos inmediatos al infractor, por el mero hecho de tomar parte en un proceso de estas características” (Domingo, 2015). ¿Qué es entonces la justicia restaurativa? Aunque no hay un modelo único, de conformidad con el Manual sobre Programas de Justicia Restaurativa de la Organización de las Naciones Unidas, la justicia restaurativa “es cualquier proceso en el que la víctima y el ofensor y, cuando sea adecuado, cualquier otro individuo o miembro de la comunidad afectado por un delito, participan en conjunto de manera activa para la resolución de los asuntos derivados del delito, generalmente con la ayuda de un facilitador”. El Manual también indica que: “Los programas de justicia restaurativa se basan en el principio fundamental de que el comportamiento delictivo no solamente viola la ley, sino también hiere a las víctimas y a la comunidad”. Por tanto, este sistema reconoce la participación activa de la persona que sufrió el daño, es decir, la víctima, sus familiares y otros/as que sufren las secuelas del delito como es la comunidad. El impacto en la comunidad en Puerto Rico lo hemos vivido con casos de asesinatos u homicidios que han tenido intensa cobertura mediática y que han calado en el sentir del pueblo como Lorencito, Ivonne Negrón, la familia asesinada en la Urbanización Los Frailes en Guaynabo, el publicista José Enrique Gómez e Ivania, por mencionar algunos. Asimismo la crónica policiaca diaria, sin apuntar a caso específico, ha generado un ambiente de inseguridad, vulnerabilidad y temor en el país, por lo que el pueblo ha sufrido también las secuelas de estas muertes violentas constantes. El sistema de justicia restaurativa supone (ONU 2006): (a) que la respuesta al delito debe reparar tanto en lo posible el daño sufrido por la víctima; (b) que los delincuentes lleguen a entender que su comportamiento no es aceptable y que tuvo consecuencias reales para la víctima y la comunidad; (c) que los delincuentes pueden y deben aceptar la responsabilidad por sus acciones;

(d) que las víctimas deben tener la oportunidad de expresar sus necesidades y de participar en determinar la mejor manera para que el delincuente repare los daños y (e) que la comunidad tiene la responsabilidad de contribuir en el proceso.


By Clyde Robinson , [CC , By]

Supongo que las madres o padres de hijos e hijas asesinados/as estarán preguntándose cómo puede repararse el daño de la muerte de un hijo o una hija. Ya nadie va a devolverle la vida y no hay dinero en el mundo que compense ese daño, pensarán muchos. Antes de que algunos/as lectores piensen en abandonar la lectura en este punto, por esta aseveración, veamos algunos ejemplos de la justicia restaurativa en casos de homicidio. De la literatura que revisamos tomamos dos casos de homicidio. En ambos la partes involucradas, víctima y victimario se conocían y las familias también. En el primer caso, en Argentina en 2006, un joven militar que conducía una motora de madrugada chocó contra un vehículo estacionado y su amigo, que iba en la parte de atrás de la moto falleció. Las partes decidieron participar en el proceso de justicia restaurativa. De parte de la familia de la víctima, comparecieron la madre y un hermano. Hay que tener en cuenta que en el sistema de justicia adversativo que conocemos lo primero que los/as abogados/as de defensa instruyen a sus clientes es a no hablar. En el caso en cuestión, ambas partes acordaron verse frente a frente, siguiendo el procedimiento establecido para estos procesos. Y sin entrar en demasiado detalle, ya que las particularidades pueden leerse, prefiero destacar lo que logró la familia del fallecido en este proceso. En primer lugar, expresaron al acusado su dolor y cómo los había afectado la muerte de su ser querido. Conocieron la historia cuyos detalles nadie les había provisto. Supieron que su hijo había salido a esa hora por una buena causa, a sacar dinero de un cajero automático para ayudar a pagar el viaje de un compañero militar a su casa por razón de que su madre había muerto.

Se enteraron entonces que los comentarios que había escuchado sobre la muerte de su hijo eran infundados y que su hijo, a esas horas de la noche, no estaba de juergas como habían implicado otros. Escucharon el arrepentimiento del amigo, quién, por fin, pudo desahogarse, llorar y pedir perdón, y quien había sido gestor de un reconocimiento póstumo a su amigo fallecido, que había enorgullecido mucho a la familia y desconocían quien lo había impulsado. Aunque no hay dinero que compense la pérdida, la hija menor de la familia había dependido de su hermano para estudiar y el acusado se comprometió a continuar pagándole los estudios. El segundo caso es más reciente. Ocurrió en 2010 en el estado de Florida en Estados Unidos. Un joven de 19 años mató a su novia de la misma edad. La pareja llevaba 38 horas corridas peleando y la situación culminó con el homicidio de la joven. Este caso generó controversia en los medios en que se utilizara el sistema de justicia restaurativa; sin embargo, la solicitud la hace la familia de la joven asesinada como una manera de su propio proceso de sanación. En la reunión frente a frente con el acusado, en la que participaron, por la parte de la víctima, la madre y el padre, el fiscal y un defensor de los derechos de las víctimas; por la parte del victimario, la madre y el padre y su abogado. Estuvieron presentes también la facilitadora y dos representantes de la comunidad. La presencia de la joven fallecida se simbolizó con objetos personales de ella. En el encuentro con el victimario, la familia de la víctima también pudo expresarle el dolor, angustia y todo el daño que esta muerte les había causado. Pidieron conocer los detalles y el joven lo contó todo, aun cuando la información fue devastadora para la madre y padre de la víctima, pero ellos deseaban conocer el más mínimo detalle. El acusado aceptó toda la responsabilidad.


En este caso la familia de la víctima participó en una propuesta de sentencia, aunque el fiscal se había reservado el derecho de aceptarla o no. La madre y el padre de la víctima solicitaron una sentencia entre 10 y 15 años y la condición de realizar trabajo comunitario dedicado a completar los sueños de su hija. El fiscal al final ofreció 20 años con 10 en probatoria, sujeto a las condiciones impuestas por los padres de la víctima. Posteriormente, esta familia expresó que perdonaron al acusado, no para beneficiarlo a él sino a ellos mismos. “Perdonarlo no lo hace menos culpable”, expresó la madre. También esta familia opinó que el proceso de justicia restaurativa les permitió obtener las respuestas a preguntas que de ningún modo se hubieran clarificado en un proceso judicial tradicional. En Estados Unidos hay programas activos de justicia restaurativa. En muchos de los casos relacionados con asesinatos u homicidios, las familias de las víctimas participan en los procesos de justicia restaurativa, después de muchos años de haberse sentenciado al asesino, por el tiempo que toma a los familiares estar preparados para este tipo de intervención. Hay casos reseñados en que las familias de las víctimas se han reunido con el asesino 15 años después de la sentencia. Es importante señalar que estos procesos de justicia restaurativa son iniciados por las víctimas y la coordinación del encuentro puede tomar un año o más, por la preparación que requiere de ambas partes. En este enlace pueden conocer experiencias de víctimas que se reunieron con los agresores: h ttp: //www. re storative ju stice . org/pre ss room/07kindscrimes/homicide Para 2009 en EE.UU había más de 500 víctimas interesadas en encuentros frente a frente con los agresores. A estas víctimas les motivaba que tenían muchas preguntas que solo el victimario puede responder. Definitivamente que la justicia restaurativa debe considerarse caso a caso porque bien sabemos que cada experiencia de duelo es única. Sin embargo, cuándo pienso en cuántas dudas nos expresan las madres y padres que acuden a nuestro Centro, cuáles serían sus últimas palabras, por qué a ella, cómo sucedió, dónde ocurrió y me vienen a la mente también las madres de esos casos en que no se ha encontrado el cadáver, ¿podría ser este el proceso que abra la puerta a conocer esos detalles? Más aun, este sistema propone que como sociedad seamos más humanos. La venganza y los sistemas punitivos, por más altas y crueles que sean las condenas, no reducen la criminalidad ni la violencia. Sin embargo, en el sis-

tema de justicia restaurativa el agresor tiene que aceptar su responsabilidad y mostrar verdadero arrepentimiento, se basa en el concepto de hacer lo que es correcto que es el inicio de una verdadera rehabilitación. Si lo que hemos tenido hasta ahora no ha funcionado, ¿no es hora de probar otros modelos? En mi caso en particular, hace 17 años que mi hija fue asesinada. Es muy poco lo que conozco del caso, una balacera en una discoteca. Si quien cometió el delito algún día fuera arrestado, no dudaría en tratar de que se aplicara la justicia restaurativa porque llevo demasiados años deseando sentarme frente a frente con esa persona para saber la verdad. _____________________________________ Referencias: 1. Guía para la Asistencia a Víctimas y Testigos del Departamento de Justicia Federal (2011). 2. Trujillo, M. (2002). Psicología para después de una crisis. Madrid. Aguilar. 3. Ley núm. 22 de 22 de abril de 1988, según enmendada. 4. Márquez Cárdenas, A. (2013) La víctima en el sistema de justicia restaurativa. Revista Derechos y Valores. 5. Domingo de la Fuente, (2015) V. Análisis de la mediación y la justicia restaurativa como derecho de las víctimas. 6. ONU. (2006) Manual sobre Programas de Justicia Restaurativa. 7. Eiras Nordenstahl, U.C, Mediación en un caso de homicidio culposo. (http:// www.justiciarestaurativa.org/news/ulf% 20christian.pdf/view) 8. Tullis, P. “Can Forgiveness play a role in Criminal Justice?” The New York Time Magazine. 4 de enero de 2013. 9. http://www.restorativejustice.org/pressroom/07kindscrimes/homicide 10. Van Ness, Dan. Restorative justice, survivors and the death penalty, http://www.restorativejustice.org 11. Fisher, Max. “A Different Justice: Why Anders Breivik Only Got 21 Years for Killing 77 People”, The Atlantic, 24 de agosto de 2012.


Hacia una justicia restauradora Por Lina M. Torres Rivera, Ph.D Socióloga-criminóloga; catedrática en el Programa de Sistemas de Justicia de la Universidad del Corazón.

Durante los años 1999-2002 formé parte del equipo de trabajo que realizó el estudio “Análisis del Sistema Correccional de Puerto Rico: Modelos de Rehabilitación”, auspiciado por la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico (CDC) y publicado en 2009. Reflexionamos sobre la necesidad de elaborar un análisis crítico del sistema penitenciario puertorriqueño con el propósito de proponer un plan de intervención que viabilizara el desarrollo de modelos de rehabilitación cónsonos con lo establecido en la Constitución del ELA de Puerto Rico. En aquella ocasión, retomamos lo planteado por personas expertas en materia de sistemas de justicia respecto a lo que es la justicia restauradora con miras a aplicar este enfoque a lo que en algunos lugares han llamado “prisión restauradora”. Entre 2007 y 2009, participamos en el Comité Permanente de América Latina para la Revisión y Actualización de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, adoptadas por la ONU en 1955. El documento generado a raíz de las reuniones de dicho Comité incorpora también la visión sobre justicia restauradora. De igual modo, resurge esta idea en el Seminario Internacional celebrado en la Universidad del Sagrado Corazón y cuyo tema fue Imaginando lo posible: hacia una nueva ética penitenciaria, y en nuestra colaboración con la Coalición Puertorriqueña Contra la Pena de Muerte (2009). ¿A qué responde esta propuesta de examinar detenidamente el denominado sistema de justicia criminal (en su acepción tradicional) y considerar un modelo alterno como puede ser aquel basado en los principios de la justicia restauradora? Las preguntas que por lo general nos hacemos y que nos mueve hacia el enfoque restaurador son aquellas que en su tiempo se plantearon tratadistas como Howar Zerh, Daniel Van Ness, Karen Heetderks, Emilio Viano y colegas como Víctor I. García Toro y Daniel Nina Estrella, entre otros (CDC,2009): ¿Por qué el sistema de justicia criminal aparenta ser inefectivo en sus esfuerzos para combatir la criminalidad?  ¿Por qué las instituciones correccionales en vez de promover la rehabilitación tiene efectos contrarios? ¿Por qué las víctimas están insatisfechas por el trato que reciben de ese sistema de justicia?

Como acotaran Van Ness y Heetderks (1997; CDC, 2009), visualizamos de manera inadecuada el asunto de la criminalidad pues lo definimos sólo como una violación a la ley penal. Además, nos concentramos en el carácter adversativo que se establece entre el Estado y la persona ofensora sin tomar en cuenta otras dimensiones de esta compleja problemática. Por lo tanto, Van Ness y Heetderks sugieren que es importante cambiar nuestra manera de pensar sobre el crimen y los sistemas justicia. En otras palabras, debe haber un cambio de paradigma. Partiendo de este enfoque, el crimen no es meramente una ofensa contra el Estado y la justicia es mucho más que castigo en incapacitación. Esto implica que hay que reconstruir el llamado sistema de justicia criminal desde su propios fundamentos y asumir un enfoque de justicia restauradora, enfoque que no es tan nuevo (CDC,2009). El enfoque restaurador nos permite considerar las ventajas de otros mecanismos de justicia respetuosos de los derechos humanos. Se habla de mecanismos de justicia informal, restitución o reparación del daño, movimientos en defensa de los derechos de las víctimas, las conferencias de mediación y reconciliación entre víctima/ofensor(a) y por supuesto, la justicia social. García Toro (1999) señala que se trata de un sistema de justicia más participativo y menos adversativo, menos burocrático y menos despersonalizante. Nina Estrella (1999) plantea además, que el sistema de justicia criminal como tradicionalmente se le concibe, no resuelve los conflictos sociales, por lo que recomienda reducir su visión punitiva y sustituirla por una más reconciliadora y rehabilitadora siguiendo los principios de la justicia restauradora. Precisamente, en 2002 la Organización de las Naciones Unidas ONU), estableció los Principios básicos sobre la utilización de programas de justicia restaurativa en materia penal. Este instrumento internacional revela que en el mundo ha habido un aumento significativo de las iniciativas en materia de justicia restaurativa (p. 134). Recalca además, que “la justicia restaurativa es una respuesta evolutiva al delito que respeta la dignidad y la igualdad de todas las personas; y favorece el entendimiento y promueve la armonía social mediante la recuperación de las víctimas, los delincuentes y las comunidades”.


Destaca “que este enfoque permite a las partes afectadas por un delito compartir abiertamente sus sentimientos y experiencias y tiene por objeto atender sus necesidades”. Así pues, se considera que la justicia restauradora:

Pretende además, que la parte ofensora repare el daño y promueve procesos de respeto a los sentimientos y a la humanidad de todas las partes involucradas. Por eso es que hay quienes prefieren hablar de justicia transformadora o justicia comunitaria restauradora.

“da a las víctimas la oportunidad de obtener reparación, sentirse más seguras e intentar cerrar una etapa; permite a los delincuentes comprender mejor las causas y los efectos de su comportamiento y asumir una genuina responsabilidad y permite a las comunidades comprender las causas profundas de la acción delictiva, promover el bienestar comunitario y prevenir la delincuencia” (p. 135).

Distinto del modelo tradicional de sistema de justicia, el restaurador mide los resultados de manera diferente. En vez de cuánto castigo se inflige, mide cuánto daño puede ser reparado o prevenido y reconoce la importancia de la iniciativa e intervención comunitaria en la respuesta y reducción del crimen.

Por otro lado, reconoce que el uso de la justicia restauradora “no menoscaba el derecho del estado de perseguir a los presuntos delincuentes” (p. 135). La justicia restauradora es la respuesta sistemática frente al delito, que enfatiza la solución de las heridas causadas o reveladas por el mismo en víctimas, delincuentes y comunidades e incluye prácticas y programas que reflejan propósitos restauradores. Se identifican y dan pasos afirmativos a fin de reparar el daño causado, involucrando a todas las partes interesadas. También tiende a transformar la relación tradicional entre las comunidades y sus gobiernos. Albert Eglash acuñó el concepto en 1977 y distinguió entre tres enfoques de justicia (Van Ness y Heetderks, 1997; CDC, 2009):

_______________________________________ Referencias 1.

2.

3.

4.

5.

1. Retributivo basado en el castigo. 2. Distributivo basado en el tratamiento terapéutico Restaurador basado en la restitución, en la reparación del daño Los enfoques retributivo y distributivo, concentran su atención en la acción de la parte ofensora; excluyen la participación de la víctima en el proceso judicial y promueven la participación pasiva de la parte ofensora. El restaurador involucra no sólo a ambas partes (ofensor/a -víctima/a), sino también a la comunidad en el quehacer de la justicia; en la búsqueda de soluciones para promover la reparación; en la reconciliación y en la seguridad. Así que, la respuesta hacia el crimen dentro de este enfoque es que en vez de añadir daño lo que se pretende es restaurarlo y que la comunidad ofrezca apoyo a la víctima.

6. 7.

Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico. Investigadoras/ es: Torres Rivera, L., García Toro, V., Chazulle Rivera, C., Estrada Fernández, A. y Rivera Aponte, A. (2009). Análisis del sistema correccional puertorriqueño: Modelos de rehabilitación. San Juan, PR: Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico. García Toro, V. I. (1999). Tratamiento penitenciario: En busca de nuevos paradigmas. Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, 60. pp. 113-130. García Toro, V. I. . (2009). Reacción a la presentación del Dr. Emilio Viano sobre: Justicia Restauradora. Revista de derechos humanos y transformación de conflictos. Volumen I. USC, pp. 113-136.. (http: //www. iniprode h. org/ RevistaDerechosHumanos%20Vol1.pdf) Naciones Unidas. Oficina contra la Droga y el Delito. (2007). Principios básicos sobre la utilización de programas de justicia restaurativa en materia penal. Recopilación de reglas y normas de las Naciones Unidas en la esfera de la prevención del delito y la justicia penal. Nueva York: Naciones Unidas. Nina, D. (1999, abril-junio) Reconsiderando el tema de la impunidad: Reconciliación con Justicia, a partir de Africa del sur; Reflexiones en torno a Puerto Rico en Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico. (60) 2, pp. 142-154. Van Ness, D. & K. Heetderks Strong. (1997). Restoring Justice. Cincinnati, Oh.: Anderson Publishing, Co. Viano, Emilio C. (2009). La justicia restauradora: una nueva perspectiva en derecho penal, victimología y criminología. Revista de derechos humanos y transformación de conflictos. Volumen I. USC, pp. 113-136.. (http://www.iniprodeh.org/ RevistaDerechosHumanos%20Vol1.pdf)


Mediación en casos de menores, justicia restauradora y voluntad Por Lcdo. Kevin M. Rivera Medina Presidente de la Comisión Contra la Pena de Muerte del CAPR, VP de la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte y Agente Fiscal de ALAPAS.

En 2010, el Tribunal Supremo de Puerto Rico tuvo la oportunidad de expresarse en cuanto a la aplicabilidad de los métodos alternos de resolución de conflictos en los casos de quejas contra menores al amparo de la Ley

“Debemos cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora (…).” -SS. Francisco, La Habana, 20 de septiembre de 2015.

de Menores (Pueblo de Puerto Rico v. El Interés del menor C.L.R. y el menor A.V.L., 2010 TSPR 20). Los métodos alternos pueden ser parte de las herramientas para los

se quejan de robo a un hogar, en lugar de ventilarse el

procesos de justicia restauradora.

asunto en un proceso adversarial y técnico, ajeno al me-

El Sistema de Justicia Juvenil tiene ciertas flexibilidades

nor y a las víctimas, puede llevarse a un proceso de me-

para los menores que son imputados con faltas, en

diación de conflictos donde exista mayor participación

comparación con los procesos regulares donde se im-

de las víctimas, en el cual exista la oportunidad de diálo-

putan delitos a las personas adultas. Sin embargo, es un

go constructivo entre las partes, donde el (la) menor

sistema que, como bien indica la propia Opinión del

pueda comprender el daño que ha causado en la(s)

Tribunal, de la autoría del Juez Kolthoff Caraballo, está

víctima(s) directas, así como el impacto social de sus ac-

basado en el castigo como sinónimo de firmeza y res-

tos (rendición de cuentas). Este tipo de proceso busca

ponsabilidad. La naturaleza punitiva, el castigo que se

que se llegue a una solución que ambas partes puedan

impone a nombre del Pueblo, está centrado en el me-

acordar, donde ambas sean parte de la solución. Al fi-

nor y en la falta que se le imputa.

nal del proceso, se ha brindado la opción de ventilar la

Ausente está en el proceso, al igual que en el sistema de

situación en un foro menos antagónico, menos formal,

justicia para adultos, el parecer de la víctima del delito y

menos abrasivo para ambas partes, pero con mayor

las opciones de diálogo constructivo, donde la víctima

participación de ambos. Es un proceso no adjudicativo

pueda expresarse, o donde pueda proponer vías alter-

donde las propias partes, con ayuda de un mediador

nas para ser resarcida (sin limitarse a un resarcimiento

profesional y con reglas básicas, pueden llegar a acuer-

económico). Ausente también está el esfuerzo colectivo

dos aceptables y con resultados más edificantes.

para transformar el acto de un (una) menor, en actos de

En lugar del castigo de ir a una institución juvenil, las

provecho

partes pueden llegar al acuerdo, usando el mismo ejem-

social y para

plo de robo domiciliario, que el (la) menor se encargue

el bienestar

de mantener el jardín o el patio de la propiedad de la

del ( de la)

familia afectada por un año. De ese modo, el (la) menor

mismo(a)

comprende el valor del trabajo, a la vez que devuelve

menor.

algo a las víctimas, y no necesariamente necesita estar

Por

ejem-

encerrado(a) con otras personas que llegaron a la mis-

plo, en el

ma actividad ilegal. Claro está, ello no se realiza sin su-

caso de un

pervisión adecuada y con la advertencia que, de no

(a)

cumplirse, se evaluará para poder continuar el caso en

menor

contra quien

los tribunales.


Pero en el caso citado, apoyado en la ausencia de legis-

calado conceptual, producto de un proceso sin mayor

lación que permitiera los métodos alternos de resolu-

participación de la víctima que el de espectador. Preferi-

ción de conflictos en los casos de menores, y en la falta

mos ver el aparato formal y demoledor, en lugar de un

de capacitación adecuada en el tema de menores para

proceso que permita la rendición de cuentas del perpe-

quienes laboran en los Centros de Resolución de Con-

trador, la expresión adecuada en tiempo de las víctimas

flictos que existen en nuestros Centros Judiciales, el Tri-

o sus sobrevivientes y el resarcimiento a éstas -hasta

bunal Supremo entendió que no había espacio para

donde ello sea posible-.

atender los asuntos de quejas contra menores utilizando

Los derechos de las víctimas de delito pueden ser reivin-

los métodos alternos de resolución de conflictos.

dicados de manera más efectiva por medio de una vi-

En respuesta a ello,

sión restaura-

varios años más tar-

dora y tras-

de, la Asamblea Le-

formadora de

gislativa de Puerto

la

Rico de Puerto Rico

también pue-

aprobó un proyecto

de

de ley para poder

con ella los

atender en los Cen-

derechos del

tros de Resolución de

perpetrador y

Conflictos

aquellos

el

casos

menores

social común.

que fueran primeros

Es hora de

ofensores; la medida

buscar la me-

aprobada contó con

jor

la firma del Goberna-

para el Pue-

dor. La Ley 165 de

blo de su sis-

de

justicia; nutrirse

bienestar

utilidad

2014 dispone para que cualquiera de las partes, antes

tema de justicia: por medio de un proceso más partici-

de la adjudicación de un caso, pueda solicitar al tribunal

pativo, transformar a las personas implicadas para im-

referir el caso para el proceso de Mediación, contando

pulsar la paz social. Necesitamos voluntades; voluntad

con el consentimiento del querellante y querellado (y de

política para realizar los cambios al sistema; voluntad de

los padres de éstos de ser necesarios), así como del Pro-

los actores actuales del sistema para promover la trans-

curador de menores. De ese modo, se atendió por me-

formación; y la voluntad entre las partes implicadas en la

dio de legislación el reclamo de los defensores de los

acción legal.

menores en el mencionado caso. No obstante, muy lejos estamos en Puerto Rico de la

Ahora bien, la más importante es la voluntad política, porque hasta con la ausencia de voluntad del acusado,

mejor utilización de los Métodos Alternos de Resolución

una víctima podrá participar de diversas iniciativas que

de Conflictos. Mucho más lejos estamos de implantar

le permitan sanar su coraje y dolor. Y hasta con la nega-

una visión restauradora y transformadora (que no son

tiva de la víctima, un perpetrador puede rendir cuenta a la sociedad, ayudarse y resarcir el daño infligido más allá

sinónimos, pero pueden ser excelentes complementos) para atender los asuntos de carácter penal en adultos o al amparo de la Ley de Menores. Los pasos han sido lentos y parece que cada día preferimos el castigo sin

de la pena punitiva usual.


Camino ALAPÁS

Por Dennisse Pérez Aguilar, Ph.D. Hace apenas unos meses no sabía lo que era ALAPÁS. No conocía sus proyectos. No sabía que cuentan con un Centro de Ayuda en el que se les brindan servicios psicológicos gratuitos a las personas que han sido tocadas por la ola de asesinatos, homicidios, robos domiciliarios y asaltos a mano armada que -–entre otros delitos– han pasado a formar parte de la cotidianidad de nuestro Puerto Rico. Es muy triste pensar que lo que ocupa las primeras planas sea el morbo con el que los criminales, en un claro desprecio por la vida ajena, impregnan de dolor las vidas de tantos otros. No se le da el mismo lugar en la prensa a las historias de aquellos que hacen justamente lo contrario: estrechar lazos de solidaridad con sus semejantes. Habiéndome insertado como psicóloga en el equipo de trabajo del Centro de Ayuda ALAPÁS, he podido conocer de primera mano la importante labor social que se realiza en ese espacio. He conocido personas sumamente comprometidas y dispuestas a dar lo mejor de sí en pos de ayudar a otros. Esos otros son las personas que llegan al Centro en un momento de intenso dolor. Dolor que puede venir acompañado de frustración, impotencia, ira o desesperanza, por mencionar solo algunas de las mútiples coloraciones que puede tomar. De cara a las historias de las personas a quienes les he ofrecido un espacio terapéutico para lidiar con su dolor en el Centro de Ayuda ALAPÁS, me he planteado muchas preguntas, pero hay una que considero crucial: ¿cuál es el efecto de la violencia, como exceso ejercido por otro, en la posibilidad de tramitar ese dolor? Si bien es claro que la violencia complica el panorama, es importante tomar en

cuenta que sus efectos pueden ser distintos para cada quien. Es decir, solo desde la particularidad de cada caso es posible atisbar cuáles han sido esos efectos y proveer un encuadre terapéutico que permita lidiar con los mismos. Esto solo se puede lograr con una escucha atenta a la palabra del sujeto que sufre. No hay posibilidad de saberlo de antemano: no hay una fórmula ni una solución que valga igual para todas las personas. Tampoco se trata de normalizar el dolor, de hacerlo socialmente aceptable, de que no moleste a los demás (como podría suceder con alguien que llora demasiado, o que no ha llorado nada). De lo que se trata es de que la persona que sufre pueda dar cuenta de cómo le interpela la experiencia que le ha tocado vivir. Que pueda llegar a considerar que, si bien no eligió ser violentado, puede elegir qué hacer a partir de esa experiencia. Cabe recordar en este punto que precisamente lo que trajo a la vida el proyecto de ALAPÁS fue el deseo de una madre cuya hija fue asesinada. *** Para finalizar esta breve reflexión, quisiera compartir que mi llegada a ALAPÁS se dio en un momento particular. Un momento en el que, en lo personal, yo también sufrí la pérdida de una persona muy querida: mi hermana Iris Gyssela Pérez Aguilar. Y es que nadie está exento de enfrentar lo real de la muerte y del dolor. En ese momento, más que nunca, fue importante no con-fundirme en el dolor con/por el otro. Pero sobretodo, se jugó una elección de mi parte: la de seguir estando ahí, escuchando.

By Atyndall [CC BY-SA 3.0]

Apuntes sobre la escucha terapéutica en el Centro de Ayuda ALAPÁS


Nuestra voluntaria: Blanquita Calzada Acosta En este número deseamos reconocer el trabajo voluntario de Blanquita Calzada. Blanquita llegó a ALAPÁS para apoyarnos en actividades con los niños y las niñas. Al ir conociendo su creatividad, comenzamos a solicitarle apoyo en otras áreas como la decoración en los eventos, en que el reto era hacer mucho con pocos recursos fiscales y Blanquita siempre nos sorprendía con algo espectacular. Recientemente, nos ayudó a reorganizar el estrecho espacio de trabajo que tenemos. Sin duda, la paciencia es una de las virtudes de Blanquita, porque en ocasiones desearíamos que las paredes fueran elásticas, pero ella nos trae a la realidad de la dimensión del espacio y hasta donde podemos llegar, aunque, de alguna manera, logra hacer algo lindo y cómodo con tan poco. Le estamos muy agradecidos por toda su colaboración, pero, lo más importante, lo que es imprescindible destacar, es que Blanquita Calzada es uno de los mejores seres humanos que conocemos y somos afortunados de tenerla como voluntaria. ¿Cuánto tiempo llevas colaborando con ALAPÁS y cuál es tu labor de voluntariado? Tuve la oportunidad de conocer y comenzar a servir en ALAPAS por primera vez hace cuatro años. Colaboro en las diferentes actividades en que puedo ofrecer mis conocimientos, ya sea en los talleres creativos para niños, en las galas y en temas relacionados a la organización espacial del Centro. ¿Qué te motiva a trabajar con ALAPÁS? Trabajar para ALAPAS me hace consiente del problema terrible de criminalidad que atravesamos como sociedad, me solidarizo con las víctimas y veo de cerca el esfuerzo tan grande que hace el grupo de trabajo del Centro para ayudar a los participantes. ¿Cuál ha sido la experiencia más significativa que has tenido dentro de la organización? La primera vez que me involucré en una de las actividades fue para el Acto de Recordación que se prepara en la época navideña. Hice que mis estudiantes de diseño de la Escuela de Arquitectura de la UPR confeccionaran una especie de telón con el mapa mundi, que se iluminaba después de que cada participante colocaba una estrella con el nombre de su ser querido sobre el mismo. Este momento me marcó tremendamente, porque hacía poco había perdido a una amiga muy querida, víctima de una muerte violenta: Brendalí Sierra. Me convertí aquí de voluntaria a participante, solidarizándome con la gran obra que hace el Centro ALAPAS. Trabajé también con los niños en esta primera vez pintando un mandala sobre tela, con el fin de que además de ser una actividad creativa divertida, entendieran el valor y la fuerza que somos capaces de tener cuando trabajamos todos unidos con un propósito.

¿Por qué crees que el voluntariado es importante? En mi caso, el servicio voluntario me saca de una zona de la práctica de la arquitectura convencional o de la academia, y me coloca en la colaboración directa con el grupo de ALAPAS, adentrándome y aportando a través de pequeñas intervenciones, a llevar a cabo su misión. Reconozco el trabajo arduo que realiza el grupo de voluntarios de ALAPAS para lograr los objetivos de la Organización. ¿Cómo ves a ALAPÁS en los años futuros? Me gusta reflexionar sobre el proceso creativo, algo que trato de inculcarle a mis estudiantes a lo largo de cada taller de diseño que he impartido: un proceso que comienza en lo abstracto, lo intangible, el mundo de las ideas, y que, captado por la mente creadora y traído a este plano, toma forma y se materializa. Esta reflexión la aplico a ALAPAS, creyendo que pronto se verá realizado lo que es hoy el principio de la idea de la Casa para ALAPAS.

Necesitamos MÁS voluntarios como Blanquita Únete a la gran familia de voluntarios que luchan todos los días porque ALAPÁS pueda ofrecer servicios gratuitos a los familiares de las víctimas fatales de crímenes en Puerto Rico. Con tu aportación es más lo que podemos hacer para alcanzar nuestra meta de paz y justicia social.


Comentario sobre la Obra: Exclusión y Violencia de Gary Gutiérrez Por José Raúl Cepeda Borrero Profesor de Justicia Criminal “Exclusión y Violencia”, la reciente publicación del veterano periodista, fotógrafo, comunicador y, como el mismo se define, observador social, Gary Gutiérrez, propone una mirada diferente al reto que representa el crimen y la violencia en la sociedad puertorriqueña contemporánea. En su característico estilo, entre periodístico y didáctico, Gary Gutiérrez nos plantea que la sociedad capitalista en que vivimos es una excluyente, y que la violencia que a diario experimenta el País es producto o consecuencia de esa exclusión. Por décadas, quizás a partir de la implantación en la década de los años setenta de la política prohibicionista contra las drogas en Estados Unidos, Puerto Rico ha experimentado lo que muchos perciben como un espiral ascendente de violencia. Los medios de comunicación corporativos se hacen eco de esa percepción y las administraciones gubernamentales se suceden apostando a los mismos métodos como alternativas sin alternativas para atender la creciente preocupación pública por la violencia. En este libro de apenas 108 páginas, Gary Gutiérrez nos propone una hipótesis diferente que deja de lado las estrategias de la prohibicionista guerra contra las drogas y se adentra en el contexto económico, social y político para entender el problema de la violencia como resultado de un sistema que consistentemente segrega grandes sectores de la sociedad de las posibilidades de participar de los beneficios a los que solo unos pocos tienen acceso. Esto, según Gutiérrez, provoca que muchos en esos sectores marginados recurran a participar de actividades criminalizadas como una forma de sentirse en control de su entorno social y económico. Ya como parte de una industria criminalizada o como resultado de la frustración ante la incapacidad de participar, la violencia se convierte en una válvula de escape. Esta mirada de Gutiérrez, está sólidamente fundada en las corrientes más contemporáneas de la criminología, particularmente en la criminología cultural, parte de la corriente crítica que incluye miradas regionales, de raza y de género al problema del crimen. La criminología cultural surge en la década de los años noventa dentro de los movimientos de criminología crítica y es encabezada por los eruditos británicos Jock Young, reciente-

mente fallecido, Keith Hayward y John Muncie, y por el norteamericano Jeff Ferrell. Esta corriente aunque aún joven ya encuentra eco en las voces latinoamericanas del nicaragüense Luis Fernández y el argentino Damián Zaitch. A la criminología cultural fácilmente se le podría apodar la “criminología de los excluidos” porque su tesis central es precisamente que el crimen es producto de la criminalización de aquellas conductas que los sectores poderosos de la sociedad consideran “peligrosas” para sus intereses. Es una visión ecléctica que combina conceptos posmarxistas sobre el poder, así como toma del positivismo científico del siglo XIX la “anomía” de Durkheim y los reformula ante el ciclo de crisis económicas, sociales y políticas mejor discutidas por intelectuales de la talla de Fannon, Negri y Hart. No requiere la mención de sectores sociales por sus nombres porque asume que todo aquel que no sea hombre, blanco, rico, y se proyecte como heterosexual y cristiano, está excluido. El resultado, como podemos comprobar de la lectura cuidadosa del texto de Gary, es un análisis que, lejos de ser simplista, reta todo el andamiaje en que se fundan los sistemas de justicia criminal occidentales contemporáneos, de leyes, policías, jueces y cárceles. Por el contrario, nos propone que la mejor estrategia para el manejo de la desviación violenta es la formulación de políticas sociales y económicas que promuevan una menor desigualdad y una mayor participación en todos los órdenes. Gary Gutiérrez propone una hipótesis fresca y una importante contribución al debate público de un tema tan complejo como la violencia social. Quedan tod@s los puertorriqueñ@s, sin discrimen alguno, convocad@s a la mesa de discusión.


ALAPÁS en la Comunidad Grupo de Apoyo en Guayama Con el propósito de llevar a las comunidades parte de los servicios de nuestro Centro de Ayuda a Víctimas y gracias a un donativo otorgado por la Fundación Comunitaria de Puerto Rico, ALAPÁS comenzó en abril el desarrollo de un Grupo de Apoyo en el municipio de Guayama para personas que han perdido un ser querido víctima de un asesinato u homicidio. Así lo hicimos en Vieques el año pasado. Estas reuniones son coordinadas por la trabajadora social Leila Negrón y se celebran en miércoles alternos en el auditorio de la Universidad Interamericana de Guayama, de 6:00 p.m. a 8:00 p.m. Contamos además con la colaboración de la Fundación Zeydán.

Movimiento Una Sola Voz En mayo las organizaciones sin fines de lucro se unieron en el Movimiento Una Sola Voz para, a través de varias acciones en la Legislatura de Puerto Rico, defender los fondos que nos permiten brindar servicios a las poblaciones más vulnerables. Calendario de reuniones y temas propuestos 23 de septiembre

Las tareas del duelo

7 de octubre

Manejo de las manifestaciones del duelo

21 de octubre

Rituales para manejar la pérdida

4 noviembre

Carta de derecho de las víctimas de delito

18 de noviembre

Cómo enfrentar los días festivos sin el ser querido

2 de diciembre

Reconstrucción de significados ante la pérdida

16 de diciembre

Cierre y evaluación

¡Artexpresión sigue! Un donativo de la Fundación Médica de Puerto Rico nos permitió ofrecer en mayo y junio cuatro talleres en que niños y niñas aprendieron a identificar y manejar sus emociones a través de las artes.

Siempre solidarios En solidaridad con la Fundación Zeydan estuvimos presente en la bicicletada que llevaron a cabo el 2 de agosto. Acompañamos también a la Fundación Edwin M. del Valle Rodríguez en la Marcha por la Paz celebrada en Las Piedras el 19 de septiembre.


NOS UNIMOS A GRUCORPO ALAPÁS forma parte del Grupo Comunitario de Trabajo sobre la Reforma de la Policía (GRUCORPO), cuyo rol es garantizar la participación de la ciudadanía, las comunidades y organizaciones diversas e independientes en la reforma de la Policía de Puerto Rico. Otras organizaciones participantes: American Civil Liberties Union de Puerto Rico (ACLU-PR) Amnistía Internacional sección de Puerto Rico (AIPR) Asian Communities and Youth Association (ACYN) Comité Amplio para la Búsqueda de la Equidad (CABE) Centro de Ayuda a la Mujer Dominicana Coalición Puertorriqueña de Reducción de Daño (CoPuReDa) Comisión de Derechos del Inmigrante del CAPR Clínica de Asistencia Legal de la UPR-Sección de discrimen por orientación sexual e identidad de género

ALAPÁS contra la Pena de Muerte Desde 2005, ALAPÁS es miembro de la Coalición Puertorriqueña Contra la Pena de Muerte. No aceptamos la venganza como propulsora de un mecanismo legal para implantar la pena de muerte en nuestro país. Entendemos que para solucionar el problema de la violencia en Puerto Rico hay que ir a sus causas y atender debidamente la falta de equidad, de oportunidades y el problema de salud que plantea la epidemia del uso de drogas. En la asamblea de la Coalición, este 26 de septiembre, la presidenta de ALAPÁS, Myra Rivera, fue electa al Comité Coordinador.

Éxito total ‘Con Sabor a Colombia’ Nuestra actividad anual de levantamiento de fondos fue todo un éxito. Con la colaboración artística de Terraplén, El Nuevo Son, Juan Diego Gaviria, Danzanova y la poeta Mairym Cruz-Bernal se celebró ‘en junio la cena benéfica Con Sabor a Colombia. Agradecemos la solidaridad del Colegio de Abogados y todos los auspiciadores que nos apoyaron.

Siemprevivos Un grupo de voluntarios de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras realizó una visita de inspección al Bosque de los Siemprevivos. Este Grupo, liderado por Jorge Lizardi, trabajará un plan para el desarrollo de este proyecto.


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Novena edición de ALAPAS: la revista  

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