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emigrantes de paises como Turquia o los países del Magreb, o incluso determinados paises latinoamericanos. Estos ciudadanos están sometidos a las normas de acuerdos de cooperación o de asociación de la UE que les otorgan ventajas y garantías con respecto a los ciudadanos de los llamados terceros paises (paises no miembros de la UE y con los que no hay acuerdos de ese tipo con cláusulas en materia de emigración). Estos últimos serían los emigrantes de tercera, o sea los de la emigración necesaria, aquella que se corresponde con períodos de fuerte crecimiento en los que la mano de obra extranjera es indispensable. Fue el caso de la explosión industrial de los años sesenta en Europa. O la de aquellos paises que precisan de profesionales en sectores muy concretos, como es el de la salud en el Reino Unido por ejemplo. Los indeseables Y luego quedan los que llegan en época de crisis, los desesperados provenientes de los países más pobres del mundo o de zonas en conflicto que quieren alcanzar a toda costa Eldorado

europeo o americano, porque cualquier cosa es mejor que la vida que conocen en sus lugares de origen en los que la esperanza no ya de prosperar sino de sobrevivir es mínima. Conclusión Lo que los dirigentes africanos les dijeron a los europeos durante la reciente Cumbre es que a ellos lo que les preocupa es la economía y no la presión migratoria porque el drama humano del que los europeos tenemos noticia cuando nos enteramos de tragedias como la de Lampedusa o Melilla, ese drama empieza en los países de origen. Por eso hay que dejar bien claro que solo cuando el continente africano, el único que no ha logrado los objetivos del Milenio de las Naciones Unidas, logre un nivel de prosperidad suficiente como para que la gente no tenga que emigrar a la desesperada, se podrá reducir la presión sobre Europa. Basta con observar las cifras relativas al año 2012: las remesas de emigrantes aportaron 60.400 millones de dólares, lo que supone el 3% del PIB africano (10% del PIB de Nigeria, Senegal o Togo). Mientras tanto, la inversión extranjera

directa fue de 36.259 millones de euros —15.000 procedían de la UE— y toda la ayuda al desarrollo sumó 40.800 millones. Diga lo que diga la demagogia que oiremos hasta la saciedad durante estas elecciones europeas, la emigración no es el problema sino la solución. El verdadero problema sigue siendo la desigual distribución de la riqueza en el mundo. En la economía globalizada, lo que necesita África son inversiones productivas que dinamicen la economía. Está bien construir una carretera, pero siempre que sea parte de un proyecto mayor que suponga la instalación de actividades económicas adyacentes. De no hacerse así, no debería extrañarnos que los 300 millones de jóvenes de entre 15 y 30 años que no están escolarizados y tampoco tienen trabajo intenten subirse a una patera o lanzarse sobre las vallas de Ceuta o Melilla. Ha llegado el momento de actuar con mucha más audacia sobre las causas de la oleadas migratorias y no sobre los efectos, aunque ello sirva a partidos que se nutren del miedo y la ignorancia para conseguir unos millones de votos.

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ACENTOS número 7  

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