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| Todo lo que necesitás saber sobre la vida

Sobre el arte Antes de seguir, hijo, aprovecho para decirte que hay gente que piensa que el arte no sirve para ganar conocimiento sobre la vida. Dirán que para eso están los libros de autoayuda y que el arte, el verdadero arte, es perfectamente inútil. De la literatura dirán que es «un trabajo sobre el lenguaje» y del cine que es «un trabajo sobre las imágenes». Televisor ni siquiera tendrán. No pierdas un segundo con esas estupideces. Son consecuencias de haber leído poco y mal o de cursar la carrera de Letras. En su origen todo el arte, y en particular la narrativa, son fábulas cautelares. Mirá lo que te puede pasar si robás el fuego del cielo como Prometeo. Mirá lo que te puede pasar si mirás atrás como la mujer de Lot. Que no te pase como a Gilgamesh, que rechaza los encantos de Ishtar y por eso la diosa despechada envía contra él al Toro de los Cielos. Con el tiempo, ese elemento didáctico se refina hasta volverse imperceptible. Pero sigue siendo el núcleo que late en la ficción. Con el pasaje a la civilización industrial, Qué debo hacer se metamorfosea en Cómo funcionan las cosas. El monólogo de Molly Bloom en el Ulises de Joyce, las descripciones de muebles en Las Cosas de Perec, el discurso irónico del cura en Nocturno de Chile de Bolaño, participan de ese proyecto: poner al día nuestra idea de lo verdadero y lo falso. Por otro lado: desde la antropología hay quienes sostienen que, como especie social avanzada, con un grado de interdependencia tan variado que apenas podemos medirlo, somos muy vulnerables a la mentira. Vivimos rodeados de signos, traficamos en signos, dependemos de los signos, pero los signos son muy fáciles de falsificar. Así que una parte importante de la vida la empleamos en aprender a distinguir los signos verdaderos de los falsos. A eso, en el país donde nació tu padre, se lo llamaba tener calle. También, como la especie ingeniosa que somos, desarrollamos tecnologías para aprender a descifrar los signos correctamente; una de esas tecnologías es la novela. En el período de entresiglos esa tecnología empezó a presentar signos de obsolescencia. Producida en serie, la novela comercial repetía situaciones y figuras sociales definidos siglos antes. Producida por solteros desmonetizados, que no sabían nada sobre las mutacio-

88 | Digo con la mano y siento con el codo.

nes de la familia, el devenir de la economía, el mundo del trabajo o el estado de la ciencia, la novela «seria» repetía informaciones ya conocidas, y de relevancia nula, sobre tal o cual detalle del proceso de escritura o la perspectiva alienada del propio autor. De manera comprensible, el público se fue alejando. Entonces apareció la llamada televisión de calidad. Este mote según la ocasión podía usarse de modo condescendiente; en realidad, era la forma de arte que ofrecía la representación más rica, más compleja, más profunda, de la forma en que vivimos. Sobre la hipocresía Hijo: la capacidad humana para la hipocresía, la inautenticidad, el remilgo, la agresión pasiva, el histeriqueo, las representaciones que ofrece el arte occidental moderno son tan toscas como las pijas y los mamuts en las cuevas de Altami-

Hijo: la capacidad humana para la hipocresía, la inautenticidad, el remilgo, la agresión pasiva, el histeriqueo, las representaciones que ofrece el arte occidental moderno son tan toscas como las pijas y los mamuts en las cuevas de Altamira.

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Orsai Número 15  

Textos de literatura y crónica narrativa en español.

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