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A F I C H E RUTA LONDRES 2012

LOS JUEGOS DESPUÉS DE LOS JUEGOS Ibsen Martínez • Ramón Guillermo Aveledo • Oswaldo Barreto Andrés Cardinale • Marcelo Colussi • Pedro García Avendaño Alexis Correia • Héctor Gómez • Wladimir Hernández

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• editorial ESENCIALMENTE OLÍMPICA No podemos hablar de retorno, porque nunca nos hemos desmarcado del tema deportivo, eso sí, ahora nuevamente con un producto distinto, en cuerpo y alma. El nacimiento de Olímpicas surge de un compromiso esencial con el lector; ir más allá de lo que nos permite la acostumbrada mirada periodística. Nuestro afán editorial es colocar cada dos meses, en sus manos, una publicación de antología. Que usted sepa que allí mora todo lo que usted necesita saber sobre un determinado tema deportivo. El desafío consiste en presentar una revista, de carácter monográfico, que estimule al lector a construir su propia opinión crítica del devenir-deporte. Lo importante es que sabemos que nadie en nuestro país, ni fuera de él, dispone del monopolio de la verdad absoluta en el fascinante y complejo campo del deporte. Por esa razón, hemos querido subvertir el concepto de las revistas clásicas de deportes, y emprender una novedad editorial en el mercado que ofrece varios factores; un formato más pequeño, manejable, de cómoda lectura; el tipo de papel —matte velouté— el cual se diferencia de los glasé brillantes que dominan el ambiente, la visión temática de cada edición, dicho anteriormente, y finalmente un reto dentro del reto: un afiche didáctico, condensado en una infografía —en otros temas abordaremos el arte digital— impreso en ambas caras, que servirá de lectura complementaria del tópico que desarrollamos a fondo. Conviene aclarar que Olímpicas abarcará todos los escenarios deportivos, aficionado y profesional, porque consideramos que el mencionado término no es exclusividad del submundo de los Juegos Olímpicos. El término ofrece varias lecturas. Algo esencialmente olímpico es algo que sugiere un hecho trascendente en cualquier campo de la agonística deportiva. Desde el maravilloso porvenir que le aguarda al lanzador Francisco Rodríguez hasta el oro de la judoka Naomi Soazo, en los Juegos Paralímpicos 2008. Ninguno es superior ni inferior a otro. Finalmente, el tema que explotamos en esta fundacional entrega que usted tiene en sus manos es Los Juegos después de los Juegos. Se trata de una visión post Juegos Olímpicos Beijing 2008. Los razonamientos son variados. Nunca es tarde para retornar a las viejas y siempre modernas fuentes de la disertación en el terreno de los deportes de alto rendimiento, en todas sus facetas, y aún más, si el fracaso o éxito atlético combina bienestar ciudadano con equilibrio físico e intelectual. Así que, ¡desocupado lector, siéntase olímpico¡ Ramón Navarro Director-Editor

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Nº 1 | 2008

UNA VISIÓN TEMÁTICA DEL DEPORTE

Director-Editor Ramón Navarro Jefe de Redacción Ángel Arráez Colaboradores Ibsen Martínez Ramón Guillermo Aveledo Oswaldo Barreto Marcelo Colussi Pedro García Avendaño Andrés Cardinale Wladimir Hernández Yamilet Herrera Héctor Gómez Alexis Correia Fotografía Carlos Suchanek Nilo Jiménez AFP Diseño FS Imagen y Comunicación EJ Cova Ilustración Rosana Faría Carmen Salvador Arte Digital Dalia Ferreira Infografía Gráfico R7 CA

Los Juegos después de los Juegos 10

Lo bueno, lo malo y lo feo Una mirada angustiante del deporte venezolano. Pedro García Avendaño

18

Decepciones olímpicas Los grandes también perecen en el intento. Alexis Correia

24

Tantas veces Dalia Yamilet Herrera

30

La conflictiva relación entre deporte y política Ramón Guillermo Aveledo

Preprensa e impresión La Galaxia

36

Ediciones Olímpicas C.A RIF J-29594830-1 Av. Francisco de Miranda, Edif. Canaima, piso 5, Ofic. 301. El Rosal -Chacao (0212) 9535635 (0412) 3162515 (0414) 3389017

Alexis Correia

Publicación de circulación bimestral. Los editores de Olímpicas no se hacen responsables por los comentarios emitidos por sus colaboradores

Visión paralímpica

46

La ambigüedad entre lo que se hizo y no se hizo Oswaldo Barreto

50

Una exégesis del fuego olímpico Andrés Cardinale

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• contenido

4 Editorial

84 54

Primero los negocios, luego la competencio Lo que importa en esta vida, más que ganar es ayudar . Marcelo Colussi

Ficción. Oficio de Atleta Ramón Navarro

88 Me libro

60

Beijing, grandeza y mala fe Ibsen Matínez

64

Usain Bolt

La velocidad humana en un gesto celestial Héctor Gómez

70

Los atletas ingleses a costillas del azar Wladimir Hernández

76

La paradoja del entrenador

A Filácides de Egina, vencedor en el Pancracio Píndaro

90 Consumo

94 Ojo olímpico

Eneko Larumbe Zabala

80

Opinión Eduardo Álvarez Victoria Mata

82

Testimonio Carlos Bravo

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YA EN FRÍO,

Y ALEJADO DEL

TECNOCRÁTICO JALEO DE LOS MEDIOS y

sus hábitos, Olímpicas se propu-

so rescatar esa visión de los juicios analíticos, pero a posteriori y en un terreno que le ha faltado perspectiva teórica y razón sintética; el deporte. Más allá, se encuentra el motivo editorial que la explica y justifica, los Juegos Olímpicos Beijing 2008. Con sobrados argumentos, cada una de los escritos que a aquí se presentan, ponen en evidencia algo de lo que por alguna carencia o abundancia, no está bien expresado en los cenáculos donde se toman decisiones determinantes. Nada que haga más comprensible un hecho que abordarlo después de generar sus propios resultados. Sí, el efecto olímpico estimula el discernimiento y nos permite abordarlo con otra mirada; una mirada olímpica. OLIMPICAS

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El antropólogo venezolano hace un análisis, lo más objetivamente posible del rendimiento de Venezuela en los Juegos Olímpicos | Pedro García Avendaño* ILustRAción Carmen Salvador

lo bueno, lo malo, lo feo El deporte se ha convertido en la actualidad en un tema global y sobre él se hacen múltiples consideraciones, científicos, intelectuales, periodistas, técnicos, políticos, eclesiásticos y el público en general opina con profusión y hasta con pasión sobre el deporte. Sin embargo, es posible constatar que en Venezuela, a pesar de su trascendencia social, el deporte carece de análisis pertinentes y de estudios sobre las implicaciones políticas, económicas y sociales del mismo. Una vez finalizados los Juegos Olímpicos Beijing 2008, es hora de hacer balances, revisiones, rendición de cuentas y revelaciones deportivas. En ese sentido, trataremos de aproximarnos a un análisis de lo que fue la participación record de nuestros 109 deportistas en esta magna justa, para ello en la reflexión se plantearán diversas interrogantes sobre lo que tenemos, hemos dejado de hacer y en lo que no podemos seguir haciendo, es decir analizaremos lo

bueno, lo malo y lo feo de nuestro deporte nacional, sus dirigentes, políticas deportivas y el tratamiento que dieron algunos medios de información (sobre todo prensa y radio) al desempeño de esta nueva generación de deportistas. En este orden de ideas y para contextualizar las consideraciones posteriores, es necesario tener presente que el espacio deportivo es un ámbito de confrontación de modelos políticos-económicos-sociales-culturales y que la práctica del deporte moderno en su vertiente de alto rendimiento, se caracteriza por un impulso creciente a imponer marcas y por la búsqueda del campeón a tempranas edades. En todos los modelos exitosos de selección, los candidatos para el deporte de alto performance se eligen meticulosamente de acuerdo con las apreciaciones de grupos de especialistas durante los primeros años de la infancia, por lo que el camino que lleva a la victoria ya no pasa por OLIMPICAS

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el método de ensayo y error, sino por un máximo de posibilidades y de pronósticos científicos, acompañándose de políticas deportivas adecuadas y de la masificación o deporte popular, que permite el libre acceso de todos los ciudadanos a estas actividades. Es la tecnificación y la selección acertada la que hoy predomina en la alta competencia, la que marca la diferencia en las medallas obtenidas en Juegos Olímpicos, lo cual requiere adicionalmente de grandes inversiones económicas en infraestructura, personal técnicocientífico, implementos, etc. para lograr estos objetivos.

lo bueno

Se debe empezar por reconocer la importancia que se le ha conferido al deporte en los últimos diez años, comenzando por proporcionarle un rango constitucional, pasando por la creación del Ministerio del Poder Popular para el Deporte, la fundación de la Universidad Iberoamericana del Deporte, construcción de instalaciones deportivas de alto nivel competitivo, así como el aumento gigantesco de los recursos destinados a esta actividad física y toda la atención integral que se le ha dado a nuestros deportistas. Ya en lo que a la participación en los juegos se refiere, el país en general apoyó a nuestra representación deportiva, destacando sus actuaciones, así como la mejora de las marcas personales de muchos, aún cuando sólo regresamos a casa con una medalla de bronce en la disciplina tae kwon do. Los deportistas que conformaron esta delegación se han perfilado como un ejemplo a seguir contra todas las adversidades; de eso se trata el deporte. Hemos competido de cara a cara con los mejores, se han

superado marcas y en algunos deportes nos ubicamos dentro de los diez mejores. El orgullo patrio está por todo lo alto, nos alegramos por haber ganado en experiencia y roce internacional, nunca como antes se está sembrando la semilla que dará sus frutos en los próximos Juegos Olímpicos de Londres 2012. Todo parece indicar que el innegable apoyo que le ha brindado el Ejecutivo Nacional al deporte de alto rendimiento comienza a rendir algunos frutos, quizás aún no tangibles en términos de medallas, pero sí probablemente en la mentalidad tanto de nuestros atletas como de la población en general. Finalmente empieza a comprenderse que el deporte de alta competencia es un camino de espinas, en el que hay que sortear muchos obstáculos y que para la obtención de una presea, hace falta algo más que buena voluntad y ganas de hacerlo bien.

lo malo En mi modesta

opinión, la actuación de nuestros atletas en los pasados Juegos Olímpicos estuvo directamente relacionada con algunas “lagunas” que pueden apreciarse en las políticas deportivas nacionales, las cuales sintetizo a partir de cinco (5) puntos principales, de los cuales se derivan algunas interrogantes: 1. ¿Qué pasa con los centros de investigación de ciencias aplicadas al deporte? ¿Cuántos son y cuáles están funcionando adecuadamente? ¿Cuáles han sido sus resultados aplicados al alto rendimiento? ¿Cuánto se invirtió en equipos? ¿Dónde y cómo funcionan las escuelas de selección de talentos deportivos? ¿Qué pasa con la Educación Física y el Deporte en las

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lo bueno, lo malo y lo feo escuelas y los liceos? ¿Cómo está su infraestructura y la dotación deportiva? Se necesitan cifras reales, no maquilladas, para conocer la verdadera gravedad del problema y ser capaces de trabajar para mejorar y superar este episodio. 2. ¿Por qué no se ha implementado un programa intensivo de formación de entrenadores y especialistas en las ciencias aplicadas al deporte? ¿Es que no se desea romper con la dependencia extranjera? Si a este panorama añadimos una dirigencia deportiva desactualizada e incapaz de comprender que el deporte de alto rendimiento (elite) es en mucho una combinación de ciencia y técnica. 3. ¿Cómo se ha soportado un completo divorcio con las universidades e institutos donde se realizan investigaciones para la alta competencia y el deporte para todos, cuando la cooperación es el camino para beneficiar a todo el pueblo venezolano? ¿Qué ha pasado con el impulso de la industria nacional deportiva? ¿Existe tal industria? 4. ¿Por qué no se fomenta la publicación de revistas y libros científicos dedicados al deporte? ¿Con qué interés se deja de lado a los programas dedicados a la promoción de la actividad física como un medio para obtener una buena salud? 5. ¿Por qué no se cambia la pirámide deportiva elitista que se lleva más del 75% del presupuesto deportivo (más de 500 millones de bolívares fuertes por año) para atender a casi 1000 atletas de alto rendimiento? Aún cuando se sabe que de éstos solamente de 60 a 100 aproximadamente logran asistir al máximo evento mundial y lamentablemente en la arena olímpica producen en conjunto

de 1 a 3 medallas (independientemente si es oro, plata o bronce) según datos de los Juegos Olímpicos de Atenas. No resto mérito del deporte de alta competencia, ni intento deslucir la histórica y por demás admirable cantidad de atletas que lograron un cupo para participar en la justa olímpica que recién finaliza, simplemente intento destacar la desigualdad en términos de políticas públicas que caracterizan a un sector y a otro dentro del deporte nacional. Estas deficiencias, en mi parecer, han de superarse de una vez por todas si se quiere lograr una mejor actuación en los venideros Juegos Olímpicos de Londres- 2012, en toda competencia de alto nivel que tenga lugar desde estas fechas hasta el inicio del próximo ciclo olímpico.

lo feo

La excesiva comercialización y mercantilización a la que fue expuesta nuestra selección nacional. Debemos preguntarnos si comprar productos con el logotipo de los cinco anillos o utilizar cualquiera de los bienes ofertados por estas empresas (algunas de ellas transnacionales como la Coca-Cola o Mc Donald’s), es en realidad una manera efectiva de favorecer al deporte de alta competencia o más bien estamos contribuyendo al enriquecimiento de unos pocos, que no son más que iconos vivientes del mercado globalizado del siglo XXI, que sigue privilegiando lo económico, sin importar el destino de los seres humanos (en este caso, deportistas olímpicos) que estén en medio de sus negocios. De esta manera, no cabe otra cosa que plantearse dudas y grandes sospechas sobre la “buena fe”, con muchas angustias y preguntas sobre estos “señores”

¿Por qué no se ha implementado un programa intensivo de formación de entrenadores y especialistas en las ciencias aplicadas al deporte?

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Mariangee Bogado, estrella de la selecci贸n de softbol 14 OLIMPICAS

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lo bueno, lo malo y lo feo y sobre algunas cuestiones, como por ejemplo: ¿Estuvimos en presencia de un nuevo show mediático? ¿Qué buscan realmente estas firmas o compañías con nuestros atletas olímpicos? ¿Cuánto han aportado a la formación integral de nuestros deportistas estas empresas? ¿Quieren la explotación comercial de nuestros jóvenes como si fueran mercancía? ¿Cuántos beneficios obtendrán con este mercantilismo? Los resultados y el cuadro de medallas no coinciden con los pronósticos del Comité Olímpico Venezolano, (ubicados en la casilla Nº20 y duplicar el número de medallas de Atenas-2004), estas afirmaciones fueron, cuando menos aventuradas o temerarias. Es indudable que se crearon esperanzas quiméricas: la alta dirigencia, federativos y los técnicos no sacaron bien sus cuentas. ¿Qué paso con los planificadores y sus cálculos? ¿Cuáles fueron sus criterios técnicos de tiempo y marca? ¿Quién hace el análisis de costo-efectividad, el cual consiste en relacionar los recursos invertidos con las metas u objetivos logrados? ¿Cuál fue el papel de las federaciones y sus evaluaciones? No es correcto crear falsas expectativas en el pueblo, puesto que, como se ha señalado anteriormente, el logro de una medalla olímpica, significa muchos años de preparación, apoyo técnico y científico, alto nivel de los entrenadores, alimentación óptima, material deportivo de primera, roce internacional constante, una política de atención que proteja al deportista, dirigencia deportiva actualizada, entre otros. Por otro lado, en deportes de tiempo y marca, la distancia que nos separa de los mejores del mundo es abismal, es la planificación, control

biomédico de entrenamiento, la tecnificación y la selección científica la que hoy predomina en la alta competencia y la que marca la diferencia en la cantidad de medallas obtenidas. La campaña malsana y mezquina por parte de algunos medios de comunicación venezolanos en contra de nuestras estrellas deportivas que nos representaron meritoriamente en los juegos olímpicos de Beijing. Algunos periodistas expresaron cualquier cantidad de disparates, como por ejemplo: que esto ha sido un gasto muy grande para el país, que fueron a Beijing de turismo, que no estamos a la altura de esta competencia deportiva, que ojalá no ganaran ninguna medalla, que ha sido un fracaso y una derrota humillante para Venezuela, entre otras cosas. Apuestan al contrario para que no saboreemos el triunfo de una medalla y así jugar a la baja autoestima de nuestro pueblo; descalifican a nuestros talentos deportivos señalándolos de flojos y mal preparados. Estos señores demuestran una total ignorancia sobre la actividad física y el deporte, olvidan que 109 atletas titanes se enfrentaron previamente en torneos internacionales a destacados deportistas de otras latitudes y lograron su clasificación a Beijing con sudor, esfuerzo y sacrificio; que esta generación de oro, porque así hay que llamarla, es muy joven, le falta experiencia, pero le sobra pundonor, vergüenza y dignidad y que son apenas unas semillas que muy pronto darán frutos.

Preguntas finales ¿Cómo hacemos para cerrar la brechas tan grandes que existen entre los países industrializados y nosotros, los mal llamados del tercer mundo o países en vías OLIMPICAS

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José Miguel Ruiz no tuvo el viento a su favor

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lo bueno, lo malo y lo feo de desarrollo a nivel deportivo?; ¿Qué política deportiva debemos impulsar para obtener victorias y tener reconocimiento en la arena deportiva mundial?; ¿Por qué nuestros talentos deportivos no obtienen éxito en los juegos olímpicos? ; ¿Porque las potencias deportivas propician la fuga de los talentos deportivos y luego los nacionalizan? ; ¿Por qué nuestros deportistas tienen que emigrar para obtener resultados “decorosos”?; ¿Qué hacer?; ¿Cuál es la clave del éxito? Entonces, ¿qué factores o variables marcan la diferencia entre unos países y otros? ¿Tendremos opción de competir de en igualdad de condiciones con los mejores del mundo y cerrar la grieta tan grande que nos separa de los mejores en los próximos juegos olímpicos? De esta situación es posible identificas varios factores que influyen en los niveles deportivos alcanzados por los campeones olímpicos, a saber: a) Sistema de identificación y selección de talentos deportivos. b) Incorporación de las ciencias y tecnologías aplicadas al deporte. c) Perfeccionamiento de los métodos de entrenamiento, alimentación y recuperación. d) La dedicación e inversión de sumas multimillonarias de dinero por parte del Estado y organismos dedicados al deporte del alto rendimiento. e) Implementación de una cultura de la actividad física en toda la población, que facilite la búsqueda de talentos deportivos. f) Centros de entrenamientos y concentración dotados de las últimas tecnologías. g) Aproximadamente entre 15 a 20 años (periodo que comprende desde la niñez, entre 5 y 8 años, hasta la adultez entre los 15 y 18

años o más) de entrenamiento sostenido con los deportistas y un roce internacional constante con los mejores del mundo. h) Entrenadores calificados y dirigencia actualizada en los últimos avances deportivos, entre otros. Entonces ¿cuál es la salida?, no hay receta, ni solución mágica. El deporte moderno y sus diversas vertientes tiene muchísimas complicaciones sociales, económicas y culturales, el problema pasa por un cambio estructural del deporte, de sus concepciones, examinar que se transforma, hacia donde dirigirlo y qué modelo deportivo internacional seguir, según las adaptaciones de nuestra propia idiosincrasia. Por último es necesario recalcar que nuestra selección nacional que nos representó digna y gallardamente en los Juegos Olímpicos (la más numerosa en toda su historia), no se identifica con ningún sector partidista, nuestro héroes son unos iconos que ha permanecidos incontaminados, despertando entusiasmo o apoyo entre los apasionados del gobierno y de la oposición. Dejemos atrás la politiquería, nadie debe apostar al fracaso de los deportistas, juguemos limpio con nuestra patria Venezuela. Ya conocidos los resultados de Beijing (recordemos que nos enfrentamos con lo más granado del deporte mundial) no puedo dejar de participar en este juego: no tomar partido es dejar que las cosas continúen sin nuestra contribución. Y en este match como en todos los proyectos donde algo trascendente está en juego, lo importante no es competir, sino ganar, y a eso apostamos con nuestro deporte •

*Antropólogo-Sociólogo Doctor en Ciencias Sociales Maestría en Fisiología del Ejercicio OLIMPICAS

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Tyson Gay sin brillo

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la d esg rac ia

de los favo rito s

Ganadores y perdedores, sobre todo si son de buen comestible mediático, llaman la atención por donde quiera que se les mire. Venezuela también produjo sus mitos y éstos acabaron silenciados OLIMPICAS por el yugo de 19 sus propios resultados POR Alexis Correia

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El mosquito Jonathan Suárez

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ubo alguna salvada de último braceo de su compañero Jason Lezak e incluso un video clandestino acerca de la presunta victoria robada al serbio Minorad Cavic, pero Michael Phelps ganó las ocho medallas de oro que tenía previstas para superar el récord de Mark Spitz. Argentina repitió en el fútbol masculino con Lionel Messi y compañía, y nadie se sorprendió. Rafael Nadal escuchó el himno sin letra de España en el tenis masculino, y nadie se sobresaltó. China acaparó los cuatro títulos en disputa del tenis de mesa —¿alguien lo dudaba?— y quedó primera en la cuenta general con 51 preseas áureas (la prestigiosa revista estadounidense Sports Ilustrated lo había vaticinado, aunque con la cifra de 49). El Dream Team de Estados Unidos venció todos sus partidos en el baloncesto con una ventaja nunca inferior a 11 puntos. ¿Se puede hablar realmente de los Juegos Olímpicos Beijing 2008 como una reunión de grandes decepciones? Los que así lo sostienen se apoyan en otros casos igualmente sonoros, aunque cada uno con bemoles. En la espectacularidad del velocismo atlético, Estados Unidos se vio apabullado por Jamaica (casi a tres cuartos de máquina, Usain Bolt destrozó tres records mundiales, entre ellos el de 12 años de antigüedad del “Pato” Michael

Johnson en los 200 metros) y extrañó a grandes fajadores del pasado como Jesse Owens y Carl Lewis. El engalanado como sucesor con rimbombante nombre, Tyson Gay, ni siquiera clasificó a una sola final, aunque se debe recordar que sufrió una lesión importante un mes antes. Brasil y su estrella Ronaldinho no sobresalieron en el fútbol masculino, aunque las decepciones amazónicas en este deporte alimentan ya una centenaria leyenda negra. Cuba regresó sin un solo laurel supremo en boxeo (en Sydney 2000, coleccionó cinco) y tampoco ganó el beisbol, donde sorprendió a Corea del Sur. El australiano Eamon Sullivan, que posee las marcas universales de 100 y 200 metros en estilo libre, también se marchó sin el dúctil metal en la piscina de velocidad. De nuevo en el cuartel Estados Unidos, el equipo femenino de softbol y el taekwondista Steven López no atraparon medallas de oro que en teoría eran apuestas de carreras de hipódromo con un solo caballo. El tenista suizo Roger Federer desilusionó, aunque ya lo había hecho semanas antes en los torneos de grand slam de Wimbledon y Roland Garros. En la delegación de Venezuela, fuertes candidatos a medalla como el esgrimista de espada Silvio Fernández, la luchadora Mayelis Caripa, el nadador Albert Subirats y el boxeador Alfonso Blanco regresaron sin lo que se les exigía.

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la decepción nuestra de cada olimpiada

En su columna de opinión del 18 de agosto escrita como corresponsal del diario Últimas Noticias en la capital china, la periodista Eumar Esaá contextualizó las caídas de los más importantes deportistas venezolanos en el marco de unos Juegos Olímpicos llenos, en general, de inestabilidad: “Se dice fácil que tal o cual atleta no honró sus pronósticos, si se evalúa con ligereza lo ocurrido hasta ahora con Venezuela en los Juegos Olímpicos. Que Albert Subirats y Mayelis Caripá no repitieron sus medallas mundialistas, que Silvio Fernández no defendió su sitial de honor en el ranking de la espada o que el softbol y el voleibol no ganaron los juegos que tenían que haber ganado. Para hacer el balance completo habría que mirar otros resultados, como el de un Tyson Gay, rey de la velocidad en el Mundial de Osaka, que aquí no pudo entrar a la final de los 100 metros planos, o un Roger Federer eliminado en cuartos de final del tenis. El hombre que derrotó a Alfonso Blanco en la final del Mundial de Chicago, Matvey Korobov, aquí cedió en octavos de final, y el favorito para el oro de la espada en ausencia de Fernández, el francés Jerome Jeannet, sólo aguantó una ronda más después del criollo. El hecho de que Gay, Federer, Korobov o Jeannet hayan fallado envía una señal de que se trata de otro nivel de competencia, de un escenario en el que la lógica

no siempre se aplica, donde los favoritismos cuentan poco”. ¿Pueden y deben evaluarse con el mismo termómetro la relativa decepción de la delegación de Venezuela, que sólo trajo la poco esperada medalla de bronce de la larense Dalia Contreras en el taekwondo, y unos Juegos Olímpicos en los que hubo otros sonoros fracasos, empezando por las 36 medallas de oro de Estados Unidos que, a pesar ser la misma cosecha de Atenas 2004 para los norteamericanos, quedaron empequeñecidas ante las 51 de la anfitriona China? ¿Roger Federer, Ronaldinho y los boxeadores cubanos exculpan a Silvio Fernández, Jonathan “Mosquito” Suárez o Albert Subirats? Las respuestas jamás serán en contundentes blanco y negro, sino en matices de escala de grises. El deporte no es una ciencia exacta. Si lo fuera, dejaría de ser deporte y se convertiría en una rutina insufrible: Brasil ganaría todos los Mundiales de fútbol, los poseedores de las marcas mundiales de natación y atletismo repetirían cómodamente en las finales de los Juegos Olímpicos, Estados Unidos habría sido siempre imbatible en un deporte tan suyo como el baloncesto, Michael Phelps no habría necesitado de un par de pequeños milagros para superar a Mark Spitz y ningún hombre de raza no amarilla podría ganar jamás medalla de oro en el tenis de mesa (aunque parezca OLIMPICAS

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Silvio Fern谩ndez, a pesar de su esfuerzo, no logr贸 superar sus propias expectativas

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la decepción nuestra de cada olimpiada increíble, hubo uno en Barcelona 1992: el sueco Jan Ove-Waldner). Quien no tome en cuenta los altibajos del rendimiento, desconoce la naturaleza del esfuerzo atlético. En el deporte no se puede asegurar ninguna medalla: lo único que queda es generar las condiciones más favorables para que el atleta la conquiste. Y aunque es sólo una pieza de un entramado que incluye a políticos, dirigentes, delegados y entrenadores, el atleta no está exento de responsabilidad en sus resultados. Por ejemplo, si bien es cierto que las derrotas de competidores de Estados poseen siempre una amplificada resonancia por motivos geopolíticos e ideológicos (una circunstancia similar que padece Venezuela debido al rechazo o simpatía del período histórico que comenzó en 1999), también hay que decir que el sistema deportivo de la superpotencia norteamericana sigue siendo mayormente admirable y digno de ser imitado en muchos de sus aspectos, ya que le permitió totalizar 110 preseas de oro, plata y bronce en Beijing 2008. Más que ninguna otra delegación. En su deporte nacional, el taekwondo, las autoridades deportivas de Corea del Sur seguramente esperaban asegurarse las ocho medallas áureas en reparto, y no las cuatro que se llevaron a su península. Sin embargo, este país de sólo 100 mil kilómetros cuadrados (casi un tercio del estado Bolívar) y 50 millones de habitantes ha creado un aparato deportivo que le permitió quedar séptimo en Beijing con 13 medallas, mientras que Brasil, quinta potencia del planeta en tamaño y población, se ubicó en la casilla 23 con apenas tres títulos generales. Por allí se pueden deslizar algunas respuestas para Venezuela y

América Latina en general: sus atletas todavía necesitan sentirse más arropados atlética y sicológicamente por organizaciones coherentes, sistemáticas y sostenibles en el tiempo, y en general, por una visión más preponderante del deporte en sus sociedades, no sólo como entretenimiento de masas, sino como una cultura de vida respetuosa con el propio cuerpo y con la naturaleza. La región debe apartarse el concepto de atleta como prodigio que nace de manera silvestre y no quedarse atrás con respecto a la visión integral y científica del deporte que se ha desarrollado en Estados Unidos, Europa, Australia y el Lejano Oriente. Es cierto: Silvio Fernández terminó noveno en la espada individual masculina de la esgrima, de la misma manera que Roger Federer sucumbió inesperadamente en los cuartos de final del tenis. Albert Subirats finalizó en la casilla 11 de su prueba predilecta, los 100 metros de estilo mariposa, de la misma manera que Tyson Gay se despidió con el puesto 9 de los 100 metros planos de atletismo, y ambos se despidieron de Beijing 2008 con la frustración de no clasificar a una final que se imaginaron durante cuatro años. Sin embargo, es importante escuchar las observaciones sobre las deficiencias en su preparación que han señalado los propios atletas y entrenadores criollos con respecto a la brecha tecnológica y vivencial que existe con respecto al primer mundo (desde las bebidas legales de recuperación de energía cuya ausencia resaltó el preparador de natación Luis Moreno hasta la predecible ruptura entre estratega y plantel en el sexteto masculino). El trabajo empieza ya, y con rigurosidad, para no repetir la misma cantaleta de quejas de cada cuatro años •

Y aunque es sólo una pieza de un entramado que incluye a políticos, dirigentes, delegados y entrenadores, el atleta no está exento de responsabilidad en sus resultados

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Tantas veces Dalia

NO ES DE EXTRAÑAR QUE NUESTRA MEDALLA DE BRONCE EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS, CONVENCIONALES, HAYA IDO A CONTRACORRIENTE DE LAS MODAS EN SU SUELO NATAL | YAMILET HERRERA OLIMPICAS

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A

lguien toca la puerta para comprar huevos y desde el gallinero sale Edgar Contreras o María Teresa Rivero a atender. Es una casa grande y sencilla donde criaron a sus diez hijos. Cuatro de ellos taekwondistas. Dalia María Contreras Rivero, una de las más pequeñas, nacida en la maternidad del poblado, asistía en las mañanas a la escuela Agua Viva y en las tardes, animada por su hermano mayor, a la casa comunal, donde Luis Vargas guiaba los entrenamientos de esa disciplina. El temple de la muchachita parecía no caberle en el cuerpo menudo. Llegó a vestir el uniforme rojo de la entidad. Si faltaba el dinero para pagar el pasaje armaba su trote hasta la sede de la Fundación para el deporte del estado Lara, Fundela, tantos kilómetros -casi 20- que parece incierto. Cada medalla ganada era un clavito nuevo en la pared donde sus padres la colgaban. Mientras las de su edad buscaban el jeans que apretara mejor el trasero, Dalia sólo sabía lucir atuendos deportivos con logos oficiales, hasta para sentarse a ver televisión en casa. La moda para ella ha sido un asunto inaccesible y tal vez sin importancia. Figuró en los Juegos Nacionales Juveniles, Lara 2001, y avanzó hacia 26 OLIMPICAS

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Seguramente era de susto ese rostro que mostró en el podio, flanqueada de dos muchachas de ojos rasgados: la china Wu Jingyo, exhibiendo su oro, la tailandesa Buttree Puedpong, con su presea plateada; y del otro lado la cubana de piel oscura y trenzada Daynellis Montejo, que había conquistado bronce

Cojedes 2003. Sabía que el mundo le abría una boca apetitosa. Sudor, entrenamiento y constancia le aseguraron un lugar en el mapa que todo atleta quiere pisar: las Olimpíadas. Fue a Atenas 2004 donde obtuvo un octavo lugar. Su sola participación soplaba aires de triunfo para el gobierno regional, que en compensación le entregó en acto público un certificado que le aseguraba vivienda en el conjunto residencial La Estancia del municipio Palavecino, listo para estrenar. Tres habitaciones, dos baños, sala, comedor y cocina serían un palacio para la chica que entonces tenía 21 años. Fueron como cinco minutos de gloria que no pasaron de un papel y un papelote. Parecía que la hubieran pellizcado para despertar y darse cuenta que no fue más que un acto pintoresco. La casa nunca fue suya con la excusa de que se había cambiado para Anzoátegui. Es que se imaginaba como una abogada, metida en cortes, marcando firmes las palabras para exigir justicia. Pidió a Fundela que le aumentara su beca para ingresar a la universidad y ante la negativa encontró un guiño en el estado oriental: Una asignación económica más alta, hospedaje, alimentación, entrenamientos y un cupo en la universidad Gran Mariscal de Ayacucho. Hasta el corazón encontró un nido amoroso. Lo cierto es que en los Juegos Nacionales de Los Andes 2005 y Los Llanos 2007 la recibieron como atleta anzoatiguense. El día que cumplió 25 años no estaba alrededor de una torta, abrazada a papá y a mamá. Ese 20 de agosto recién vivido era su combate frente a la keniana Mildred Alango. Ella era un punto de 49 kilos en el gimnasio universitario de Pekín sobre el que se concentraban las miradas. En su casa se había reunido la familia, los amigos, los vecinos. Sudaban, se apretaban las manos y ligaban en

señal de buena suerte sin olvidar pedirle a diosito que le diera un empujón hacia el triunfo. Y el número dos tomó significado especial. En el segundo asalto anotó los dos únicos puntos que marcaron la pizarra. Luego ganó una amonestación y bajó a uno. Ganó regaños del entrenador, como si no bastara el propio látigo de la conciencia. “La pérdida de la medalla de plata me dio más fuerzas para buscar el bronce”, contó después. Así fue, una patada “tichagi” la convirtió en la primera medalla venezolana de Pekín 2008, la segunda mujer venezolana en obtener presea olímpica, después de Adriana Carmona en Atenas 2004 y la segunda larense después de Omar Catarí en Los Ángeles 1984. De este lado, en su hogar, el silencio del suspenso se rompió con gritos de emoción, izaron la bandera de Venezuela y marcaron insistentemente el teléfono hasta poder escucharla y cantarle el cumpleaños. Seguramente era de susto ese rostro que mostró en el podio, flanqueada de dos muchachas de ojos rasgados: la china Wu Jingyo, exhibiendo su oro, la tailandesa Buttree Puedpong, con su presea plateada; y del otro lado la cubana de piel oscura y trenzada Daynellis Montejo, que había conquistado bronce. Era como si en la fisonomía del mundo Agua Viva saltara con el galope del corazón emocionado. Su nombre se multiplicó en los chorros de tinta de los periódicos, en las voces predecibles de los narradores deportivos, en los mensajes de texto, en el orgullo venezolano. La muchacha sencilla parecía una celebridad, tuvo homenaje en la feria de Barquisimeto, en pleno septiembre del Barquisimeto Top Festival, y hasta apretó contra si una estrella –premio a los artistas invitadoscomo para que nadie le quitara el privilegio de entregársela a Juanes •

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Una antigua y conflictiva relación ramón guillermo aveledo

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n rojo y oro despidió Pekín los Juegos Olímpicos de 2008. Un espectáculo deslumbrante, sin duda, con el cual los orgullosos anfitriones nos quieren decir que son la nación milenaria que construyó la Gran Muralla y aportó a la humanidad inventos como el papel, la pólvora y la brújula, pero también una sociedad alerta que aprovecha 30 OLIMPICAS

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con inteligencia y agresividad las oportunidades que le brinda la globalización. Ese es un mensaje político, por parte de una potencia que quiere afirmarse y ocupar su lugar en el mundo. Político es, así mismo, el éxito obtenido por China en lo organizativo y logístico, universalmente reconocido. En lo deportivo, encabezando el medallero por encima de los Estados Unidos y dejando atrás, lejos, a sus vecinos y rivales Rusia y Japón. Y en lo comunicacional, la cancha por excelencia del tiempo nuestro. Pero ahí, una paradoja. La comunicación es autopista de doble vía. Así que cuando todo lo demás se abre, es muy improbable que el poder pueda permanecer hermético. Política también fue la censura de prensa, los límites a la libertad de expresión en particular el acceso a Internet, las manifestaciones en defensa de los derechos humanos o por la situación del Tibet, la represión de éstas y las detenciones a quienes participaron en ellas. Política, sensatamente política, la actitud del Dalia Lama, quien se opuso radicalmente a cualquier boicot a los Juegos. Políticas habían sido, igualmente, las protestas que acompañaron la ruta de la antorcha desde Grecia hasta Pekín. ¿Es la politización de los Juegos Olímpicos algo bueno? Creo que no. ¿Es esa presencia de la política algo original de los juegos pekineses? Ciertamente no. Y ¿Se puede evitar? Lamentablemente, me parece que tampoco. Hay que tratar de reducirla, evitar que impida el cumplimiento del objetivo de los juegos y aprender a convivir con ella, sin remilgos hipócritas ni manipulaciones groseras y desnaturalizantes. Si el deporte es un instrumento

de socialización y organización social, entonces es natural que la política influya en lo deportivo y sea, a su vez, influida por esto. El modo de resolver esta fuente de tensiones sería establecer los equilibrios necesarios, fijar y defender los límites, no permitir las interferencias. Nada humano puede ser ajeno a la política, pero no todo lo humano debe ser manejado por ésta. La política ha de estar al servicio de la vida humana en sociedad y no al revés. Por eso, lo sano es que abunden las manifestaciones independientes del poder. Para bien de la persona y su realización, para progreso de la sociedad que forma y para servicio del orden necesario para que la libertad y la prosperidad den sus frutos.

Filosofía política y pensamiento deportivo No es casual que desde la Antigüedad, los filósofos que nos presentan una noción del deporte, sean los mismos que dan forma al pensamiento político. La suya es una reflexión para la comprensión del fenómeno humano en su integralidad. En Grecia, la cuna de los Juegos Olímpicos, para cuya sagrada celebración acordaban los reyes una tregua en los conflictos entre las ciudades del Peloponeso, encontraremos ideas acerca del deporte y el ejercicio físico en Aristóteles, cuya obra La Política sigue siendo esencial para comprender la cuestión del gobierno y en Platón, el autor de Los diálogos de la República. También en Sócrates. El deporte se relaciona con la ética y la estética, y como elemento constitutivo en la educación, contribuye al moldeado de la sociedad actual y futura, asunto político si los hubiere. A los griegos se deben el

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una antigus y conflictiva relación estadio, el gimnasio y la palestra, así como el germen de la organización deportiva para la práctica y la competencia. La guerra es la política por otros medios, según el clásico apotegma, y siguiendo las enseñanzas confucianas, los chinos estimularon mediante el deporte las destrezas y espíritu de colaboración entre los miembros de sus ejércitos. En la otra punta, ¿Quién puede dudar acerca de la estrecha relación que existe entre el espíritu deportivo, constructor de los hombres fuertes y probos que quería el Reverendo Kingsltly o el fair play que se inculca en sus escuelas, y el modo de transcurrir la vida cívica en Inglaterra? Rousseau, cuyo Contrato Social es tan citado a la hora de buscar respuestas para los problemas propios de la convivencia civil, escribió otro gran libro notable, Emilio que es una especie de plan para la formación de los jóvenes, en el cual recomienda la gimnasia, las carreras y los juegos de pelota como parte del proceso educativo. Desde luego que la relación entre deporte y política juega en canchas más accidentadas que las de la filosofía. De las luchas por el poder, los nacionalismos, las guerras, dimanan fuerzas que impactan la vida deportiva, condicionándola, favoreciéndola u obstaculizándola.

Un poco de historia Podríamos recordar el uso del Mundial de Fútbol de 1934 por el fascismo de Mussolini, o su manipulación del deporte con los Juegos Lictoriales y Balilla. También las espartaquíadas organizadas por la Internacional Deportiva Obrera Socialista, Sportintern, promovida por la Unión Soviética. Sin embargo, concentrémonos en

los Juegos Olímpicos que han sido escenario para el despliegue del espíritu nacionalista, oportunidad para mostrar reales o supuestas superioridades de un modelo político y tribuna inmejorable para las protestas, algunas más o menos inofensivas, como los puños levantados en el saludo de las “Panteras Negras”, por parte de los norteamericanos Tommie Smith y John Carlos, en México ’68, y otras francamente tenebrosas, como el asesinato de once atletas de Israel por parte de los terroristas de Septiembre Negro en Munich ’72. Las guerras mundiales hicieron suspender dos veces los juegos durante el Siglo XX. Los que debían realizarse en Berlín en 1916 y los previstos para Tokio y Londres en 1940 y 1944 respectivamente. Cuando se reanudaron las citas olímpicas, se notó que la paz tenía sus bemoles y el ánimo bélico no había cesado. A los juegos de Amberes en 1920, no se invitó a Alemania, Austria, Bulgaria, Hungría y Turquía, derrotados en la sangrienta “Gran Guerra”. Tampoco a los de Londres en 1948 se convocó a alemanes, italianos y japoneses. En 1936, los Juegos Olímpicos de Berlín fueron usados por el nazismo para presentar al mundo las excelencias de su régimen y la alegada superioridad de la raza aria. Esto último fue echado por tierra por el atleta negro estadounidense Jesse Owen, cuyo brillante desempeño fue la noticia, como en Pekín lo fueron las hazañas de Phelps y Bolt. Pero, por otra parte, el crudo cálculo electoral aconsejó al Presidente Roosevelt no recibir a Owen en la Casa Blanca, sino felicitarlo mediante esquela, para no irritar a sectores del voto blanco sureño, todavía muy influidos por el racismo.

La guerra es la política por otros medios, según el clásico apotegma, y siguiendo las enseñanzas confucianas, los chinos estimularon mediante el deporte las destrezas y espíritu de colaboración entre los miembros de sus ejércitos.

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una antigua y conflictiva relación

Venezuela, bueno es anotarlo, nunca ha participado en boicots. Fue a Moscú, a pesar del llamado de Washington, y a Los Angeles, aunque lo plantearan los países socialistas.

En Helsinki ’52, los juegos de la primera medalla venezolana en la historia, se incorporó la Unión Soviética y comenzaron, tanto la asociación de la competencia deportiva con la rivalidad de la Guerra Fría, como las medidas estrictas de seguridad para evitar la deserción de atletas del mundo socialista en busca de libertad y mayores oportunidades de realización personal. Los juegos de Melbourne, en 1956, estrenaron el boicot por razones políticas y lo sufrieron por partida doble. Egipto, Líbano e Irak no participaron en protesta por la guerra del Canal de Suez. Holanda, España y Suiza por la invasión soviética para aplastar la rebelión del pueblo de Hungría. La invasión soviética a Afganistán hizo que el Presidente Carter ordenara no asistir a los Juegos de Moscú, lo cual se cumplió a pesar del descontento que generó en el Comité Olímpico estadounidense y entre los atletas de ese país. Sesenta países acompañaron el boicot norteamericano. Cuatro años más tarde, la URSS tomó revancha, y con la excusa de la invasión norteamericana a Grenada y la “inseguridad” de sus atletas, no asistió a Los Angeles, actitud en la que fue seguida por Cuba, Bulgaria, Alemania Oriental, Hungría, Polonia y Checoeslovaquia. En Seul ’88, Corea del Norte y Cuba no participaron, en protesta por la

realización de los juegos en Corea del Sur. Venezuela, bueno es anotarlo, nunca ha participado en boicots. Fue a Moscú, a pesar del llamado de Washington, y a Los Angeles, aunque lo plantearan los países socialistas. Y eso que, por su lado, nuestros gobiernos nunca han respaldado invasiones. Bueno, hasta la reciente de Georgia por parte de Rusia. Como condena al racismo del régimen de apartheid, Africa del Sur estuvo al margen del movimiento olímpico, y por lo tanto de sus competencias, mientras duró la vigencia de esa política inhumana. Sudáfrica no pudo asistir a Tokio, fue expulsada oficialmente del COI en 1970 y solo pudo regresar en Barcelona ’92. Las incongruencias en el tratamiento de este caso por algunas federaciones internacionales, trajo el boicot a los juegos de Montreal ’76 por países africanos, Irak y Guyana. Fíjese que no he querido referirme a cierta politización local de nuestra participación en Pekín, la cual creo que está condenada a muerte por “pavosa”. Los vasos comunicantes entre política y deporte olímpico han existido, existen y seguirán existiendo • Bibliografía Carlos Felice Castillo. Visión Integral del Deporte. EA. Caracas, 1986. Rafael Chavero Gazdik. La otra cara del deporte. Aequitas. Caracas, 2007.

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Jacques Rogge, presidente del COI fue blanco de las protesta

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el salto paralímpico

El combate sigue sacando la cara por el deporte venezolano. De la misma manera que la gesta del taekwondista falconiano en 1992 merece ser colocada al lado de la del boxeador cumanés en 1968, la judoca Naomí Soazo, de 19 años, debe ser inscrita entre las principales leyendas del país | Alexis Correia OLIMPICAS

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S Un total de 28 venezolanos habían competido en judo olímpico —arte marcial de origen japonés institucionalizado y reglamentado a partir de finales del siglo XIX— desde la incursión pionera de Jorge Lugo en Tokio 1964

in asteriscos, sin paréntesis, sin consideraciones de compasión o “humanitarismo” que suelen convertirse más bien en una condescendencia algo despectiva. Venezuela acaba de conseguir su participación más resplandeciente en unos juegos multidisciplinarios de categoría universal: cuatro medallas (una de oro, una de plata y dos de bronce) en los Paralímpicos Beijing 2008 —entre los días 6 y 17 del pasado septiembre—, una cifra superior a las tres preseas de bronce que recolectaron el nadador Rafael Vidal y los boxeadores Marcelino Bolívar y Omar Catarí en la cita de Los Ángeles 1984. La judoca dorada Naomí Soazo, una caraqueña de 19 años con deficiencia visual que estudia Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Santa María, debe ser inscrita de inmediato en la más selecta historia del deporte femenino, de combate y venezolano, al lado del boxeador cumanés Francisco “Morochito” Rodríguez (campeón olímpico del peso minimosca en los JJ OO México 1968) y del taekwondista falconiano Arlindo Gouveia (oro en los 50 kilos en JJ OO Barcelona 1992), este último también víctima de una especie de Apartheid conceptual debido a que su deporte entonces no formaba parte del programa oficial. En esta lista también debe ser colocada la insigne taekwondista anzoatiguense Adriana Carmona, hasta ahora la única mujer de este país que había ganado una medalla olímpica y la única persona en general con preseas en más de una edición de Juegos Olímpicos (bronce tanto en Barcelona 1992 como en Atenas 2004). Un total de 28 venezolanos habían competido en judo olímpico —arte marcial de origen japonés institucionalizado y reglamentado a partir

de finales del siglo XIX— desde la incursión pionera de Jorge Lugo en Tokio 1964, mientras que en Paralímpicos, el único precedente antes de 2008 se remontaba a la participación de Williams Montero, vencido dos veces sin triunfos en la división de -100 kilogramos de Atenas 2004. Sin embargo, las primeras preseas de este deporte enjuagadas con la bandera tricolor llegaron este año en los Paralímpicos de Beijing, y de qué radiantes colores. En la categoría femenina de -63 kilogramos, la bella adolescente Naomí Soazo puso a sonar el Gloria al Bravo Pueblo en un teatro olímpico o paralímpico como en el pasado sólo lo hicieron “Morochito” y Gouveia (curiosamente, la caraqueña lo hizo en una división de más peso corporal que sus dos diminutos predecesores varones). El laurel de lo absoluto la adornó luego de una seguidilla impecable que contempló un descanso por sorteo en octavos de final y tres soberbios triunfos ante la anfitriona china Qian Zhou (cuartos de final), la sueca Elvira Kivi (semifinal) y la española María Arce (final). Los otros dos judokas de la delegación no se quedaron muy atrás: Reinaldo Carvallo besó la medalla de bronce —venció al ucranio Oleksandr Pominov, al italiano Matteo Ardit y al japonés Kenji Oga, y sólo cedió ante el francés Cyril Jonard en semifinales— en los -81 kilos masculinos, y Marcos Falcón mereció un diploma olímpico con su séptimo puesto en -66 kilos.

El atletismo de nuevo Antes de Beijing 2008, Venezuela había mostrado un rendimiento ascendente en Paralímpicos —juegos para atletas con alguna deficiencia motora, mental, visual, auditiva o sonora que se disputan desde 1960, y desde 1988 en la misma sede e instalaciones de los Olímpicos— tra-

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el salto paralímpico ducido en cinco medallas a partir de su primera participación en 1984, todas en atletismo. El zuliano Yolmer Urdaneta ganó bronce en lanzamiento de disco categoría B2 en Barcelona 1992. El también zuliano Ricardo Santana obtuvo la primera de sus cuatro medallas paralímpicas en Sydney 2000, con bronce (200 metros clase T13). En Atenas 2004, la cosecha aumentó a tres: Ricardo Santana ganó plata en 100 metros categoría T12 (tiempo de 10.96 segundos), bronce en 200 metros y encabezó la cuarteta que alcanzó el bronce en el relevo 4 por 100 categoría T11-13, junto a Aníbal Bello, José Villarreal y Oduver Daza. Bajo la tierna mirada de la vaquita Le-Le (la mascota de los Paralímpicos de la capital china), el atletismo volvió a cumplir en 2008 con dos medallas. Los velocistas con deficiencia visual Ricardo Santana y Oduver Daza volvieron a estar involucrados en una nueva hazaña del relevo 4 por 100 clase T11-T13, esta vez color de plata (tiempo de 43.55, sólo detrás del 42.75 de China): el cuarteto lo completaron Yoldani Silva y Fernando Ferrer. Y Samuel Colmenares conoció de la alegría del bronce en los 400 metros T46 (49.51), que ganó el australiano Francis Heath con récord mundial (47.69). Venezuela alcanzó el puesto 46 en un medallero general de una significación particularmente noble para la salud deportiva de una nación. De las delegaciones de América Latina sólo la superaron Brasil (noveno, 16 de oro), México (14°, con 10 de oro) y Cuba (23°, 5 de oro).

Catorce diplomas Además de las cuatro medallas, la delegación de 27 atletas de Venezuela regresó con 14 diplomas, es decir, figuraciones en los ocho primeros lugares de las competencias. Tres de ellos para la nadadora

Belkys Mota, con su quinto puesto en 100 metros mariposa S12 (1:12.49), su séptimo en 100 libre S12 (1:07.35) y su octavo en 50 libre S12 (30.43). Dos para el velocista de atletismo Marcos Castillo: quinto en 100 m T52 (18.23) y octavo en 200 m T52 (33.38). Otro par para su colega Irene Suárez, sexta en 200 m T11 (27.61) y octava en 10 m T11 (13.21). La chica Alberlis Torres estuvo a un paso del bronce en los 100 m T11: cuarta con registro de 13.08. Jesús Aguilar terminó séptimo en la final de 200 m T53 (27.86). Tatiana de Tovar también hizo un honorable séptimo lugar en los 100 metros T12 (12.99). El semifondista Luis Sánchez se apuntó un magnífico quinto puesto en los 800 metros T13 (1:55.98). En el deporte de potencia, José Chirinos finalizó séptimo con 175 kilos en la división de -90 kg. Los otros venezolanos que asistieron a los Paralímpicos Beijing 2008 tampoco deben dejar de ser mencionados: por ejemplo, la nadadora Valentina Rangel, que ya había acumulado experiencia en las ediciones de 1992 y 2004. El también nadador de estilos pecho, mariposa y libre, Pedro González. Nayrobis Hernández siguió la huella trazada por Zuray Marcano y Jeannette Heredia en Sydney 2000, como la tercera criolla en competir en la disciplina de potencia (-44 kilos). Y los atletas Yadira Soturno (100, 200 y 400 metros T53), José Camacho (100 y 200 metros T11), Rubeng Gómez (100 y 200 metros T46) y Willy Martínez (100, 200 y 400 metros T46). Ellos no piden una palmadita compasiva en la espalda, sino facilidades para volver a aumentar la cosecha de medallas en Londres 2012 y un justo puesto en la historia más insigne del deporte venezolano • OLIMPICAS

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El eso que no fue aquello Los atletas irrumpieron en Beijing con todas las aspiraciones, movidos por un ideal de triunfo, pero nada distinto a lo que ha ocurrido en otros Juegos Olímpicos | Oswaldo Barreto A veces he pensado que todos los Juegos Olímpicos terminan siendo iguales en las memorias colectivas. A través de los años, como los días del poema XVIII de Pablo Neruda, “pasan iguales persiguiéndose”. Cierto que en ese mar de hazañas y proezas, a cada quien le es dado revivir lo que más despertó su entusiasmo: la majestuosidad de un estadio, la espectacularidad de un salto o la aparición de una de esas estrellas destinada a brillar para la eternidad. Pero, a pesar de esa virtual particularidad de cada uno

de los Juegos Olímpicos que han tenido lugar desde 1896, ahí están todos, almacenados en la memoria de los mortales, colocados por sus nombres sin orden ni concierto: Atenas varias veces, Paris también varias veces y Londres y Melbourne y Helsinski, México, Saint Louis y una decena más de grandes urbes. Quizás para la mayoría de la gente que se interesa en la historia de las Olimpiadas modernas hay hitos que se imponen. Pensamos en los IX juegos de 1936, cuya sede en Berlín fue acordada por el OLIMPICAS

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¿Será acaso que hemos cambiado tanto en estos últimos cuatro años como para exigir de los Juegos Olímpicos y del desempeño de nuestros atletas lo que nunca habíamos exigido?

Comité Olímpico Internacional en abril de 1931. Antes del ascenso de Hitler al poder, pero cuya realización, en 1936, fue manipulada por los nazis para difundir su propia ideología, la que por nacionalista y racista se inscribía en contra de la vocación ecuménica y humanista que con absoluta firmeza imprimieron a las Olimpiadas Modernas sus fundadores. Y posiblemente vengan también a la memoria, si bien por razones contrapuestas, los Juegos celebrados en Moscú en 1980, cuando se dio la posibilidad –frustradas, por lo demás, por el boicot de EE.UU y algún otro país– de que las cortinas de hierro y sobre todo las de la recíproca desconfianza se corrieran para mostrar que la facultad de jugar y divertirse era propia de la humanidad entera, sin distingos basados en patrimonio genéticos o culturales. Y de las Olimpiadas, se también, como sabe cualquier hijo de vecino, que cuando se da la realización en vivo de una de ellas, nos viene a la memoria la figura de los genios olímpicos que nos son preferidos o el desempeño de nuestros héroes nacionales del atletismo y el deporte (de alguno de ellos o de todos, cuando no son muy numerosos). Olimpos Individuales, que todos creemos elaborados a nuestras justas medidas, pero donde es muy probable que se encuentren las mismas glorias. En nuestro caso, seguramente que, al lado del trujillano León, Devonish y el Morocho, nos encontraremos con Font, el cubano, príncipe de la espada y el florete que dio la primera medalla olímpica de oro a Latinoamérica y el invencible Stevenson, también cubano. Y al lado de ellos estarán seguramente la rumana Nadia Comaneci, el checo Zatopeck y una hilera de norte-

americanos y norteamericanas. Y es que los altares olímpicos como los de las religiones se burlan de las fronteras entre géneros, etnias, naciones o culturas. Tal era nuestro discreto pero seguro saber sobre las Olimpiadas –que, por lo demás, estábamos seguros de compartir con la mayoría de la gente– hasta que en los últimos Juegos Olímpicos que se dieron en el remoto Beijing, ocurrió eso. Eso de lo cual aún no se deja de hablar entre nosotros los venezolanos y entre la gente de otros lares que se interesa por nuestro devenir, por nuestro acontecer deportivo o de algún otro orden. Eso, que seguramente será aquello en los años venideros, lo primero que nos vendrá a la mente cuando evoquemos los XXI Juegos Olímpicos. Eso o aquello. Cuya sombra o luz negra podría opacar el esplendor global y diversificado que por tantos días irradió desde la capital de China. Preferimos hablar de Eso, que tratar de sacar lo ocurrido en Beijing de la ambigüedad que cubre innombrable, pues cuando le adjudicamos características y determinaciones nos damos cuenta de que hablamos más bien de nuestra propia condición y de nuestra manera de ver los asuntos, deportivos, olímpicos o de algún otro orden. Así, las tantas veces que hemos oído expresiones como fracaso, fraude frustración, derrota, o bien traición y deslealtad o ingratitud no hemos tardado mucho en darnos cuenta que no se habla de lo ocurrido en los Juegos Olímpicos. Términos que denotan desventuras, grandes contratiempos o bochornos y que no sirven por tanto para hablar de cuanto se programa y ejecuta en los juegos olímpicos. Bien sabemos, a propósito, que en las competen-

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el eso que no fue aquello cias de diversión y goce que se dan en las Olimpiadas, se busca lo mismo que en aquella loca carrera que celebra un heteróclito grupo de animales en “Alicia en el país de las maravillas”, competencia en la que todos los participantes resultan ganadores. Es cierto que en las pruebas Olímpicas hay unos participantes “más ganadores que otros”, pero en ninguna se termina resaltando la incompetencia o el infortunio de los que no ganan, que siempre habrán de ser legiones. ¿Por qué, entonces, hablar en estos momentos de fracaso, fraude, derrota, ingratitud o traición? e ¿Será acaso que hemos cambiado tanto en estos últimos cuatro años como para exigir de los Juegos Olímpicos y del desempeño de nuestros atletas lo que nunca habíamos exigido? ¿Qué de distinto o de menos lustre o valor realizaron nuestros atletas o los de otros países respecto a lo que sus semejantes hicieron en épocas pasadas? Preguntas necias éstas que acabamos de formular, pero que parecen apuntar a la fuente de donde mana nuestro malestar, como apuntan también algunos de los términos arriba mencionados. En Venezuela, como en todos los otros pueblos, el deporte es visto como una actividad lúdica o de formación del cuerpo y cuidado de la salud. Actividad que, salvo en los períodos de educación de niños y adolescentes, es asumida con plena libertad por cada individuo y que solo es regida por sus propias leyes, por las “reglas del juego”. Pero, al mismo tiempo, esta actividad lúdica y de distracción para el común de los mortales, en el inconsciente y cada vez más en la conciencia de los parias de la tierra, los pobladores de las llamadas naciones subdesarrolla-

das, se convierte en el instrumento ideal para que estas naciones, no solo lleguen a codearse de igual con las poderosas naciones del primer mundo, sino que hasta lleguen a vencerlas, así sea simbólicamente. Hoy día, a no dudarlo, en la mentalidad y el ánimo de todos nosotros se da esta curiosa combinación de una de las más difundidas., efectivas y afectivas manifestaciones de internacionalismo -participación en las grandes fiestas de todas las naciones- y de una de las formas más extremadas y también más generalizada de nacionalismo apoyar y aupar incondicionalmente a los nuestros para que venzan a los verdaderos otros, los que vienen del primer mundo. Así ocurren las cosas cuando nos mantenemos en los acostumbrados parámetros dentro de los cuales se ejercitan, por una parte, gimnastas, atletas y deportistas de todas categorías y condiciones y se organizan y celebran, por otra parte, una amplia gama de competencias internacionales. Y es con esta mentalidad y este ánimo que, con toda seguridad, hubiéramos vivido, bien fuera como participantes, fanáticos o expertos, bien como meros espectadores, todo cuanto ocurrió en Beijing Y habríamos de hablar seguramente de las instalaciones deportivas de la nueva –en todos los sentidos—sede de las Olimpiadas y evaluaríamos el desempeño en ellas de todas las delegaciones con términos y sentencias casi idénticas a los que proferimos en las Olimpiadas precedentes. Pero todos sabemos que no fue así. Y sabemos también que no fue así porque ocurrió eso. Y eso no ocurrió en Beijing y no tiene vínculo orgánico alguno con el deporte o con los Juegos Olímpicos • OLIMPICAS

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que enciende la pradera olímpica AndrÉs Cardinale

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randes fueron –es un lugar común decirlo– los griegos de la antigüedad. Muchas de las palabras que usan las lenguas de Occidente, muchas de las instituciones en las que ese mismo Occidente confía y cree, son de origen griego. Pareciera que fueran imposibles de olvidar. Walter Burkert, antropólogo y scholar de la religión griega, señala que la grandeza de la cultura griega reside en que, si bien sus pensadores buscaban las causas reales de las cosas (esa mínima pregunta que ellos llamaban filosofía y nosotros ciencia), seguían repitiendo los actos y rituales de sus ancestros “por costumbre”. Su OLIMPICAS

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No hay dios menos sectario que Zeus, que a cada uno de los dioses les admite sus particularidades

hábito de escribir y describir lo que hacían y los mitos sobre los que sus actos se sostenían les permite, a los estudiosos de hoy, reconocer lo más primitivo, lo más antiguo: eso que se podría llamar “la esencia” del hombre, y que ha cambiado poco en el transcurso de los siglos. Tomemos, por ejemplo, una imagen tan simple, tan sencilla, que nosotros, los modernos, la consideramos casi nimia: la idea del hogar, de ese fuego en torno al cual se reunía la vida de la familia. La llama que ardía en cada casa griega de la antigüedad (y que era apagada en sólo en rituales funerarios) provenía del templo que, en cada ciudad, tenía Hestia, la diosa del fuego de la casa, a la que se dedicaba, por principio, la primera ofrenda de cada sacrificio. Ese fuego urbano venía siempre de otro templo, más antiguo: el de la diosa en Delfos, al que se consideraba el “hogar” central de todos los helenos. El que los hombres manejaran las vivas llamas no tenía que ver del todo con su ingenio, sino con el de Prometeo, uno de los titanes, que se lo robó a los dioses para favorecer a los hombres. Éstos conmemoraban la hazaña de su benefactor manteniendo el fuego siempre encendido, quizá con algo de miedo de perderlo. Se preguntará el lector que esperaba un texto sobre deportes que qué rayos –por Zeus Olímpico, naturalmente: el rayo era su atributo más tonante– tiene que hacer el pequeño fuego de la casa en estas páginas, y la respuesta es que, justamente en la antigua sede de los Juegos Olímpicos, la ciudad de Olimpia, había, por supuesto, un templo de Hestia, de eterna llama. Detalles como ese no aparecen en ninguna parte, pero se puede suponer que era con ese fuego, sagrado, que se encendían los fuegos votivos en los templos de Zeus y su esposa, Hera, que ardían

todo el tiempo que duraban los Juegos Olímpicos. El origen de los Juegos Olímpicos de la antigüedad se remonta a épocas cuyos únicos registros son mitológicos. Se sabe, eso sí, que ya existían en el siglo VIII antes de Cristo, y quizás incluso antes. El único requisito para participar en ellos era ser un hombre libre y heleno, es decir, ser ciudadano de una de las ciudades-estado de Grecia, y hablar griego. Eran “internacionales” sólo si se toma en cuenta que cada ciudad tenía su forma de vida, sus propias instituciones políticas y rituales religiosos… además de su propio calendario. Celebrados cada cuatro años, los Olímpicos eran uno de los certámenes que tenían lugar cíclicamente en diversos lugares, y algunos de ellos incluían, además de encuentros deportivos, y para asombro de las mentes contemporáneas, concursos entre poetas que cantaban versos. El premio que recibían los ganadores (tanto los deportistas como los cantores) era, apenas, una corona de laurel. Los juegos celebraban a los dioses por los dones que habían otorgado, entre los que estaba, naturalmente, el canto; como tantas otras cosas de los griegos, eran un acto comunitario, ritual y religioso, una forma de rendirle culto a los dioses del Olimpo, especialmente a Zeus, que los regía a todos, y un modo en el que los griegos se reconocían entre ellos en su humanidad, diversa y variopinta. Tan importantes eran que se declaraba una tregua en las interminables guerras entre una y otra ciudad para permitir que los atletas llegaran a salvo; se dice, incluso, que los soldados que destacaban en alguna de las disciplinas recibían salvoconducto para presentarse a las competencias. A finales del siglo XIX, el barón Pierre de Coubertin, inspirado por un

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la chispa que enciende la pradera olímpica revival de los juegos organizado en el Reino Unido por el doctor William Penny Brookes, tiene la idea de recrearlos como un evento internacional entre deportistas amateurs. En 1896, en Atenas, la iniciativa cuajaría, y daría comienzo a los juegos olímpicos modernos. Sería sólo en 1928, en la edición de Ámsterdam, que se retomaría la costumbre de encender una llama, cuya duración estaba íntimamente relacionada con la de los juegos. La idea de la antorcha que pasaba de mano en mano y por diversos terrenos antes llegar al estadio y encender el pebetero, sin embargo, sería puesta en práctica sólo ocho años después. La idea sería de Carl Diem, y contaría con el apoyo de Joseph Goebbels, que la consideraba una forma de promover la ideología del nazismo, la misma que aspiraba a demostrar “su” verdad en esas olimpíadas históricas, las de 1936, en las que Jesse Owens demostraría la falacia de la superioridad aria en Europa y le daría un espaldarazo sin igual a los movimientos a favor de los derechos de los negros en Estados Unidos. Las dos olimpíadas siguientes, en 1940 y 1944, no se llevarían a cabo, porque el mundo estaría sumergido en una conflagración de grandísimas proporciones. Se hubiera requerido de un esfuerzo literalmente olímpico –es decir, sobrehumano– para acordar una tregua deportiva en tales circunstancias. Sin embargo, los olímpicos sobrevivieron a los horrores de esa guerra, como habían sobrevivido a los de la anterior. Sobrevivieron como otras invenciones griegas, igual de absurdas, igual de magníficas. Como, por ejemplo, la idea de la democracia. Sin importar los avatares, los vaivenes de la humanidad, cada cierto tiempo la idea de una organización política en el que los ciudadanos deciden, desde su individualidad,

qué gobierno quieren darse, vuelve a aparecer. Como una pequeña llama protegida en algún rincón de ese templo que es la cultura de Occidente, vuelve a tomar forma y reaparece. Hace poco terminaron los Juegos Olímpicos de 2008, celebrados en Beijing, sede de un poderosísimo imperio, otrora inmemorial y ahora imposible de ignorar –la mayor parte de la población del orbe habla chino–, cuya antigüedad supera, con creces, la de cualquier idea griega, grande o pequeña. La ciudad que organizará los próximos juegos, Zeus mediante, es Londres 2012, que fue, también en sus tiempos, el centro de un reino en el que no se ponía el Sol. El asunto es que Londres, tiene, además de dos juegos olímpicos en su historial –los de 1908 y los de 1948–, una particularidad: la de ser la capital de un país en el que una forma de democracia –esa vieja idea griega– surgió de manera casi natural, cuando los nobles del reino de Inglaterra decidieron alzarse contra Juan Sin Tierra y lo obligaron a firmar una carta –sin duda magna– en la que reconocía límites a su poder, que a su vez serviría de base de un sistema parlamentario que ha dado sus frutos en la historia. Esa mínima llama –de olímpica inspiración, quizá: no hay dios menos sectario que Zeus, que a cada uno de los dioses les admite sus particularidades– que ilumina la imaginación de Occidente desde la antigua Grecia, arderá en una de las más viejas ciudades de Europa, sobre la cual ondeará, como siempre, una bandera azul, blanca y roja, en la que se entrelazan las cruces de cuatro naciones distintas pero unidas, y bajo cuya simbólica auctoritas se cobijan individuos que viven desde Canadá hasta Australia, desde las australes Falklands hasta las septentrionales Hébridas, hablando un sin fin de lenguas pero hermanados en su humanidad •

Hace poco terminaron los Juegos Olímpicos de 2008, celebrados en Beijing, sede de un poderosísimo imperio, otrora inmemorial y ahora imposible de ignorar –la mayor parte de la población del orbe habla chino–, cuya antigüedad supera, con creces, la de cualquier idea griega, grande o pequeña

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negocios, luego la competencia

una radiografía de uno de los temas más controversiales del deporte moderno; los influjos de las matrices financieras y cómo cada vez más el contexto aficionado pierde terreno | Marcelo Colussi* ARTE DIGITAL DALIA FERREIRA

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ace algunos años, en las olimpiadas para personas con discapacidad de Seattle, también llamadas “Olimpíadas Especiales”, nueve participantes, todos con deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros llanos. A la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar el premio. Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayó y rodando comenzó a llorar. Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás. Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron... ¡Todos! Una de las muchachas, con síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “Listo, ahora vas a ganar”. Y todos, los nueve competidores, entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada. El estadio entero se puso de pie y en ese momento no había un solo par de ojos secos. Los aplausos duraron largos minutos, las personas que estaban allí aquel día, repiten y repiten esa

historia hasta hoy. ¿Por qué? Porque en el fondo, todos sabemos que lo que importa en esta vida, más que ganar, es ayudar a los demás para vencer, aunque ello signifique disminuir el paso y cambiar el rumbo. Porque el verdadero sentido de esta vida es que “todos juntos ganemos” y no cada uno de nosotros en forma individual. Esta historia circula en el ciberespacio desde hace algún tiempo, y con ocasión a los pasados Juegos Olímpicos de Beijing, en China, se reactivó profusamente. Según parece, es verídica sólo a medias. Algo parecido sucedió en 1976 no en Seattle sino en Spokane, Washington en unos juegos para personas con discapacidad: en un evento de deportes de pista y campo de juego un participante tropezó en la partida, y uno o dos de los otros atletas volvieron para ayudarle, culminando la carrera cruzando la línea de meta juntos; pero fueron uno o dos y no todos los participantes del evento. El resto continuó la carrera. Independientemente de su ocurrencia real, el solo hecho de plantearla –y más aún: de plantearla en el contexto de la fiebre

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primero los negocios, luego la competencia

El deporte, por cierto, no nació como actividad profesional; distintas sociedades, a su modo, lo han cultivado a través de la historia, siempre como culto a la destreza corporal

olímpica que vivimos recientemente, invadidos no de deportes sino de la cobertura mediática sobre lo que hacen algunos deportistas profesionales– abre obligadas preguntas. Más allá de las formales declaraciones de unidad y espíritu solidario que el gran evento promovió –declaraciones, por lo demás, que no van más allá de lo políticamente correcto– tal como están las cosas nadie podría tomarse en serio aquello de “todos juntos ganemos”. En esas dos semanas el planeta entero puso sus ojos en China para seguir una edición más de los Juegos Olímpicos. El despliegue en juego fue fabuloso: más de 300 pruebas deportivas en 41 especialidades, con 41.000 millones de dólares de inversión en su preparación (fondos públicos del gobierno chino y de empresas privadas patrocinantes), cifra que triplica el presupuesto que en 2004 se destinara a la realización de los Juegos Olímpicos de Atenas. De ese monto, 20.000 millones están destinados a publicidad. Inversión –he ahí lo más importante – que retornará con creces. El despliegue tecnológico puesto en movimiento para dar soporte a toda esta fiesta fue igualmente monumental: sólo como dato, en cada estadio se ubicaron 10.000 computadoras personales, 4.000 impresoras, alrededor de 1.000 servidores y 1.000 mecanismos de seguridad y red. Viendo toda esta faraónica demostración podríamos pensar que la práctica deportiva avanza cada vez más en el mundo. Pero en realidad lo que avanza son los negocios. La idea de amateurismo, de deporte aficionado como sano esparcimiento y actividad recreativa útil para el equilibrio psicofísico, hace ya largos años que va esfumándose. Si persiste, es en circuitos alternativos. El mundo oficial que marcan los grandes poderes está signado por la competencia

feroz, por el darwinismo social. Ser un “perdedor” es degradante. El espíritu amateur que se pusiera en marcha con la reedición moderna de los Juegos Olímpicos de la mano del Barón Pierre de Coubertin en 1896 en Atenas, ya no existe. Quizá las últimas Olimpíadas donde eso pudo persistir aún fueron las de Melbourne, Australia, en 1956; a partir de allí, la profesionalización y mercantilización de la justa deportiva han venido imponiéndose a pasos agigantados. Hoy día las Olimpíadas son un fabuloso negocio, que esconde igualmente intereses geopolíticos cada vez más globales. “Los Juegos Olímpicos implican la defensa de los valores de hermandad entre los pueblos del mundo como sólo el movimiento olímpico puede hacerlo”, declaró recientemente un alto directivo de la empresa estadounidense McDonald´s. Valga agregar que para la ocasión la marca abrió en Beijing cuatro nuevos locales: uno situado en la Villa Olímpica, para que concurrieran los atletas; uno en el principal centro de prensa para los más de 30.000 medios que cubrieron el certamen, y dos en el campo olímpico para los espectadores. Igualmente, anunció la aparición del McCombo Beijing con stick de arroz y vasos olímpicos de colección, línea que se implementó en todo el mundo. El deporte, por cierto, no nació como actividad profesional; distintas sociedades, a su modo, lo han cultivado a través de la historia, siempre como culto a la destreza corporal. La profesionalización y su transformación en gran negocio a escala planetaria es algo que solo el capitalismo moderno pudo generar. Hoy día, en un mundo marcado crecientemente por la empresa privada con su búsqueda de lucro y donde los grandes poderes deciden/controlan en forma planetaria las activida-

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des humanas, el mundo del deporte ha devenido, pareciera que en forma irreversible: 1) gran negocio y 2) instrumento de control social. Si todo es mercancía negociable no tiene nada de especial que el deporte, como cualquier otro campo de actividad, sea un producto comercial más, generando ganancias a quien lo promueve. Esto, en sí mismo, no puede ser reprochable dentro de la lógica comercial que mueve la sociedad planetaria actual. Simplemente la reafirma. En el capitalismo, hoy ya absolutamente globalizado y triunfal, todo es un bien para el intercambio mercantil: recreación y salud, alimentos o vida espiritual, educación, pornografía, la guerra, la ciencia, las fiestas navideñas, etc. ¿Por qué el deporte no habría de serlo también? En este contexto, del que hoy ya nada y nadie pueden escapar, la práctica deportiva ha llegado a perder –al menos en buena medida– su carácter de esparcimiento, de pasatiempo. Continúa siéndolo, sin dudas, pero cada vez más se agiganta la faceta comercial. Lo cual trajo como consecuencia su ultra profesionalización con la aplicación de modernas tecnologías a sus respectivas esferas de acción. Todo lo que, por tanto, ha llevado a su mejoramiento, y sigue haciéndolo con un ritmo vertiginoso, disparando en forma exponencial su excelencia técnica. Día a día se rompen records, se logran resultados más sorprendentes, se superan límites ayer insospechados. Las pasadas Olimpíadas sin duda lo reafirman. Pero ello lleva a plantearse el lugar que, en todo estos mecanismos cada vez más monumentales y fastuosos, ocupa la población de a pie, los que nos pasamos esas dos semanas embobados mirando deportes en una pantalla de televisión en vez de estar practicándolos. La población

más bien pasa a ser mera espectadora pasiva (consumidora) de un espectáculo/negocio, montado a nivel internacional, en el que no tiene ninguna posibilidad de decisión; la recreación termina siendo “sentarse a mirar ante un pantalla”. Se estima que la XXIX edición de los Juegos Olímpicos fue vista por 5.000 millones de personas. No todos practicamos deportes, pero sí todo el mundo, en mayor o menor medida, consumimos alguna mercadería deportiva. Ligado cada vez más al ámbito de la comunicación –otro de los campos más dinámicos de la libre empresa moderna– su crecimiento como negocio ha sido fenomenal en estos últimos 50 años. De hecho ha inundado la cultura cotidiana tanto de países ricos como pobres, llegando a todas las clases sociales, a hombres y mujeres, a jóvenes y viejos. ¿Quién pudo haberse resistido a mirar, aunque sea un rato, la fiesta de Beijing? El campo socialista, si bien fomentó una nueva actitud hacia el deporte, no contribuyó en mucho a disminuir la tendencia a su profesionalización; por el contrario, también la favoreció. El deporte profesional fue un ámbito más de batalla durante la Guerra Fría, y los disparates humanos a los que llegó la mercantilización capitalista tuvieron su símil (igualmente disparatado) en el mundo socialista. Hoy día China, confusa mezcla entre discurso “comunista” ortodoxo y práctica económica capitalista (socialismo de mercado), no parece ofrecer sino más de lo mismo, y fue el ganador de estos Juegos con atletas hiper preparados, con lo cual se plantea una vez más la pregunta: “¿Todos juntos ganamos?”. ¿Cómo entender eso hoy día? Con el rompimiento de marcas y fichajes cada vez más multimillonarios, no mejoran las políticas

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primero los negocios, luego la competencia deportivas dedicadas a las grandes mayorías populares. ¿En qué medida influye este “circo” del deporte profesional, convenientemente montado, en la calidad de vida de los habitantes de la aldea global? En realidad, no promueve una vida más sana, sino que es una nueva versión –sofisticada– del “pan y circo” romano. El desarrollo del perfeccionamiento deportivo (“más rápido, más lejos, más alto”) no redunda en una popularización del ejercicio físico para todos. El lema “mente sana en cuerpo sano”, pese a las cifras astronómicas que circulan en los circuitos profesionales de los modernos coliseos, o de las Olimpíadas, no conlleva forzosamente un mejoramiento de la actitud para con el deporte (por el contrario crece mundialmente el consumo de drogas, incluidos en muchos casos también los deportistas profesionales). Parece que mientras más se “consumen” deportes (sentados ante las pantallas, claro está…) menos se piensa, y más ganan los que nos los venden. Para los pasados Juegos fueron más de 3.000 horas de transmisión televisiva, de todas las competencias, así como también en internet y en telefonía móvil, en el momento en que el usuario lo necesitaba. La cobertura fue trasmitida las 24 horas sin interrupciones e incluyó todos los juegos y los mejores momentos, proyecciones en tiempo real, videos, noticias de los entrenamientos y divulgación de los resultados. La población también tuvo acceso a blogs de atletas, periodistas y comentaristas directo desde Beijing. La información fue actualizada minuto a minuto, con la narración paso a paso de todos los deportes. El gran negocio del deporte, con astros profesionales que ganan fortunas y que terminan siendo los

referentes obligados que marcan agenda –se habla mucho más de deporte que de la pobreza, por ejemplo, o del Sida, o del machismo– no significa un mejoramiento en la calidad de vida de las poblaciones, una actitud más sana, una mejor y más productiva relación con nuestro cuerpo. Toda esta invasión mediática de deportes no habla, en absoluto, de una mejor vinculación con el medio ambiente o de un mejor aprovechamiento de nuestro tiempo libre. Nada de esto; por el contrario, en el norte la gente cada vez está más gorda, y en el sur cada vez más desnutrida. Hay, definitivamente, una tendencia muy peligrosa de utilización del deporte como mecanismo de control social que comporta todo este moderno circo romano. ¿Por qué, mejor, no correr un poco en vez de agrandar el trasero y la barriga sentados ante los televisores? El circo no está preparado para eso, obviamente. Por eso mientras todo el ámbito deportivo siga siendo negocio y arma de control social, para las grandes mayorías el deporte seguirá siendo un espejito de colores más. Sólo una política pública de fomento del amateurismo puede ser una ayuda real para que el deporte se constituya en un elemento que contribuya a una mejor calidad de vida para la población. Si no, se seguirá comiendo y engordando ante el televisor (al menos los que puedan comer), o esperando algún talento deportivo en la familia para que con un buen contrato nos saque de la pobreza. Pero el verdadero deporte… bien, gracias. ¿De qué nos sirve, en definitiva, que se rompan unas cuantas marcas mundiales en estos Juegos? ¿No nos enseña mucho más la actitud de los corredores de las Olimpíadas Especiales del primer relato? • *Periodista y escritor argentino. Montañista aficionado OLIMPICAS

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El destacado escritor e intelectual venezolano –colocando a Beijing contra las cuerdas– reflexiona en torno al derecho de albergar Juegos Olím-

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picos | Ibsen Martínez ilustración carmen salvador El tópico de los tópicos al tratarse de China es lo descomunal: 40.000 millones de dólares, en total. 35.000 millones invertidos en nueva vialidad citadina, carreteras y líneas de metro. Con un presupuesto operativo de 2000 millones: dos veces y media lo que se gastó en los juegos de Atenas, en 2004. Según The Wall Street Journal, la terminal aérea construida por los chinos para la ocasión es quizá uno de los recintos cerrados más grandes del planeta: un millón trescientos mil metros cuadrados. 24 nuevas rutas de autobús y cinco nuevas líneas de metro. Una sola de éstas ha costado 2000 millones de dólares. Hablemos ahora del tonelaje de material de construcción, algo que siempre resulta dramáticamente gráfico. En total, el Beijing que se ofreció a los juegos consumió 3 millones de toneladas de acero. Solamente el estadio nacional del “nido de pájaro”, consumió acero

por un valor de 486 millones de dólares. Las cifras de cobertura mediática no son menos sobrecogedoras. A lo largo de 17 días, 4.000 millones de telespectadores–cifra sin precedentes– siguieron las retrasmisiones. La cadena estadounidense NBC lanzó al aire 3.600 horas en señal de alta definición:¡el triple de las 1.210 horas transmitidas desde Atenas! Más de 20.000 medios de todo el mundo fueron acreditados, si bien muchos periodistas se quejaron de maliciosas limitaciones a su trabajo de prensa. Pero hay una cifra, en particular, detrás de la que pudo columbrarse la mala fe política de Beijing desde mucho antes de dar comienzo a la fastuosa, inolvidable ceremonia inaugural y es la de los 137.000 kilómetros, 130 días y 20.000 portadores de la antorcha. La distancia más larga y el mayor número de portadores desde que, en tiempos modernos, se retomó esta tradición, justamente en 1936, en la Alemania de Hitler.

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La ruta de la antorcha como es sabido, se vio en ocasiones suspendida en más de un país, bien acosada por manifestantes adversos al gobierno chino, o por razones de cautela oficial. Las cifras de seguridad dejaron ver cuán conscientes estuvieron las autoridades chinas de la visibilidad que cobrarían las protestas de centenares de grupos activistas, tanto domésticos como venidos del todo el mundo. Considérese que, mucho antes de los ataques terroristas que enlutaron los juegos de Munich en 1972 y de aquella solitaria, enigmática bomba que hizo explosión en Atlanta en 1996, un presidente mexicano, Gustavo Díaz Ordaz, desaprensivo ante el efecto que pudiera causar la brutal represión de que fueron objeto manifestantes mexicanos en Tlatelolco, desencadenó una crisis política al interior del PRI, partido gobernante, que no dejó de tener consecuencias en las décadas que siguieron. Ello sin contar con el tiro que recibiera la legendaria periodista italiana Oriana Fallaci en una nalga y los desafiantes gestos de los atletas de pista y campo estadounidenses que no ocultaron, desde el podium, sus simpatías con el Poder Negro. Los jerarcas de Beijing no estuvieron dispuestos a que ocurriese nada siquiera comparable. Solamente en dispositivos de seguridad electrónica se gastaron 6.500 millones de dólares. Se dispusieron casi un millón de cámaras de video y se desplegaron más de 100.000 miembros de las fuerzas antiterroristas. Muchos disidentes chinos temen, con sobrada razón, que una vez finalizada la cita mundial, ese equipamiento sólo sirva para vigilarlos y reprimirlos con más eficiencia.

Característicamente, y de un modo reminiscente de las movilizaciones de las malhadada Revolución Cultural desatada en 1966, se escogieron más de un millón y medio de “voluntarios”, de entre unos dos millones de solicitantes. El propósito manifiesto del despliegue de “voluntarios”–nada más en Beijing, fueron seleccionados más de 400.000– era el de ayudar a los turistas a sortear la barrera lingüística, a cruzar las ajetreadas y siempre concurridas calles y avenidas. Pero su misión primordial era el despliegue rápido preventivo ante cualquier actividad considerada “sospechosa”. Mendigar entre turistas es una actitud sospechosa. Una actitud sospechosa podía ser la mera exposición de algún indigente poco telegénico. Los voluntarios se ocupaban oportunamente de sacarlo del campo visual de los turistas y de las redes internacionales. Pero sin duda, una de las imágenes más llamativas fue la de los expertos antiexplosivos que, en unas cuantas ocasiones fueron llamados ante alarmas, felizmente falsas, de artefactos explosivos: se desplazaban raudamente por la populosa Beijing en segways (especie de patinetas eléctricas de dos ruedas).

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¿Quiénes son estos activistas políticos y sociales tan aborrecidos por las autoridades chinas? Son, como cabe esperar de un país tan populoso, muchísimos, tanto como son diversas las causas que propugnan o las miserias del régimen chino que denuncian de mil formas distintas. Y no todos son activistas “domésticos”. Sus “temas” para la movilización recorren un espectro que va desde

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oro en grandeza y mala fe la denuncia ecológica del calentamiento global–del que China es acusada con frecuencia; más aún hoy día, en tiempos de gran crecimiento económico–, la crisis de Darfur, la independencia del Tíbet, la represión contra el Cristianismo en todas sus formas y el Falun Gong. Antes de proseguir, unas palabras sobre el Falun Gong. Se trata de una práctica muy afín al Tai Chi, que no se auto-define como religión ni política, pero que, de cualquier modo, suscita gran aprensión entre las autoridades. Esta singular práctica mística y deportiva ha sido inexplicablemente perseguida por las autoridades de la República Popular China desde 1999. Se ha encarcelado y se afirma que hasta torturado a muchos de sus practicantes por realizar los movimientos, sentarse en meditación, o incluso buscar información sobre la practica por Internet.

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Ya desde 2001 se fundó en Praga una organización llamada “Olympic Watch” cuya explícita misión era servirse de los juegos de Beijing para denunciar y retar las políticas del gobierno chino respecto a la libertad de expresión, la pena de muerte, la independencia del Tíbet, el apoyo al Sudán en su genocida presencia en Darfur, la libertad de cultos religiosos y hasta contra los campos de trabajo forzado a que, aún hoy, se exponen los disidentes. El matutino The Washington Post bautizó la competencia como las “Olimpiadas de Azafrán”, en alusión el apoyo que China ha dado al brutal régimen birmano que ha masacrado a decenas de monjes budistas, conocidos por sus manto

hábito azafranado de color. Hace apenas un año, el Comité Olímpico Internacional “predijo” que los juegos de Beijing darían impulso a la observancia de los derechos humanos en el gigante asiático. Lamentablemente, lo que muchas organizaciones no gubernamentales, entre ellas la inefable Human Rights Watch, han constatado es que los juegos resultaron un catalizador de continuados abusos a esos mismos derechos. Uno de los más bochornosos episodios fue la sentencia de que fueron objeto dos septuagenarias: “re-educarse políticamente a través del trabajo”. ¿Su “crimen”? Solicitar permiso para protestar por lo que juzgan es insuficiente compensación por sus hogares, expropiados por el gobierno de cara a un desarrollo urbanístico. Todas estas y muchas otras denuncias, aún por conocerse, ocurrieron ante la supina indiferencia del Comité Olímpico Internacional que apenas ofreció una tépida respuesta. Ni hablar del silencio de los “líderes mundiales”, entre quienes George Bush ganó fácilmente en estulticia y patanería. El derecho a albergar los Juegos Olímpicos exige explícitamente honrar ideales de no-violencia, apertura al resto del mundo y respeto a las libertades individuales. La brutal represión que, en la primavera pasada, sufrió el Tíbet no auguraba mejor conducta durante los juegos. Pero, la verdad sea dicha, estas violaciones y atropellos no han de significar mucho en el plano diplomático. El régimen chino ha ganado medalla de oro en influencia económica global y apretando las tuercas a sus opositores sin hacer concesiones de ningún tipo ni al COI ni a la comunidad internacional •

Antes de proseguir, unas palabras sobre el Falun Gong. Se trata de una práctica muy afín al Tai Chi, que no se auto-define como religión ni política, pero que, de cualquier modo, suscita gran aprensión entre las autoridades.

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EL PRESENTE ENSAYO SE PERMITE UNA ACERTADA ANALOGÍA ENTRE EL HOMBRE MÁS VELOZ DEL MOMENTO Y OTRO QUE LO FUE, PERO SOBRE LA BASE DE UNA CENTELLANTE BREVEDAD, BEN JOHNSON POR HÉCTOR GÓMEZ

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uizá ningún evento deportivo cause en los espectadores tantas y vertiginosas emociones como la carrera de los 100 metros lisos. Resulta asombroso que un evento tan efímero como explosivo en su despliegue pueda provocar volcánicas alteraciones en el ritmo cardíaco y tal fascinación, pues su extensión límite apenas alcanza hoy, al menos entre los corredores élite de los últimos años, los diez segundos. Desde su versión primigenia en la singular cultura griega, primera carrera de los juegos originarios, y más tarde en su versión moderna, la carrera de los cien metros lisos ha monopolizado un segmento importante de las expectativas universales en los grandes eventos y por supuesto, particularmente, en los juegos olímpicos. Sin duda, mayor entusiasmo si los corredores ya nos han acostumbrado a un desplazamiento por debajo de la emblemática frontera de los diez segundos, tal como sucede hoy con el sprint masculino. Un breve episodio en el que el hombre intenta valer su sagrado sueño de romper con sus límites y afirmar su soberbia voluntad divina mientras queda patente su historicidad y por ende, su finitud. Los griegos fundaron un juego pero más aún, esculpieron un ideal y con ello el vector de una inexorable tradición que orienta nuestro destino. El hombre que se expone al máximo en tan efímera ecuación, buscando una marca, para descubrir en ese itinerario, incluso en silencio, la

búsqueda de si mismo y el encuentro con el otro. En los recién culminados juegos de Beijing este cordón umbilical de la tradición, de nuevo nos conectó con el pasado en pleno ejercicio del presente. La carrera de los 100 metros lisos una vez más nos llevó a ser testigos vivientes de una posibilidad siempre deseada, la de un nuevo trozo arrebatado al tiempo. No era para menos. Además de su carácter volcánico, la carrera sprint estaba preñada de circunstancias, caras a los hombres, y de trayectorias. En efecto, se sentía la inminencia de una nueva marca, anunciada en la secuencia de tres nuevas marcas entre el 2005 y 2008, las veces en que corredores habían empatado la marca vigente y la facilidad con que la élite se había desempeñado por debajo de la frontera divina. En los últimos diecisiete años el record había sido superado en diez oportunidades y doce desde 1968, mejorándose el tiempo en 0.26 segundos, es decir, menos de la mitad de lo que había mejorado en cincuenta y seis años, entre 1.912 y 1.968. El tiempo que separaba las tres últimas marcas era de apenas 0.05 segundos y de las dos mas recientes previas a Beijing, 0.02. Vale decir, una mayor frecuencia de nuevas marcas y un mayor promedio de desempeño de la élite en la pista. La tendencia: una mejora sostenida pero a una tasa o aceleración decreciente. Ahora, cada nueva marca cuesta más e implica un mayor esfuerzo e inversión. Powell, uno de los héroes, había corrido al menos

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el fuego en las manos de Bolt ocho veces por debajo de 9.90 y cinco por debajo de 9.80, estableciendo dos veces una nueva marca universal. Gay también brillaba como otro candidato indiscutible. Bolt por su parte había mejorado, aunque casi imperceptiblemente, la marca mundial de Powell en 0.02 segundos. No obstante, esta pletórica fascinación que envuelve siempre la carrera, podemos decir que existían motivos para su moderación esta vez. Antes de las olimpiadas Usain Bolt destacaba de modo aplastante en la pléyade de corredores élites. Se percibía de antemano una singular victoria del “relámpago” jamaiquino en Beijing. En sus carreras previas había ganado con facilidad, dejando una inexcusable sensación de poderío para emprender con fuerza nuevos y delirantes asaltos al tiempo. Su fácil y alado desplazamiento sobre el carril, relajado en el devenir del encendido recorrido, sus largas zancadas, permitían prever, al menos para los conocedores, y salvo imponderables típicos de los seres finitos, una victoria terminante y sin atenuantes. Sólo Powell, nada menos que con al menos ocho rupturas de la frontera mítica, despuntaba como un eventual adversario pero realmente lejano, con posibilidades en la ocasión de los imprevistos. El resto de los competidores, salvo Tyson Gay, ni siquiera vislumbraba en sus antecedentes un atisbo de potencial sorpresa, aun cuando en el pasaje de la clasificación, cierto, algunos de ellos presentaban credenciales propios de la élite, por debajo de la frontera, que los rescataban de lo común, incluyendo al mismo Powell. Lejos estaba este nuevo encuentro por la gloria de aquel destellante duelo, quizá el más delirante de

la historia, entre el espigado Carl Lewis y el imponente tanque Ben Johnson. En Beijing, la emoción emanaba más del reto de la confrontación del tiempo, del viaje casi solitario del héroe, apenas acompañado por una corte, hacia la fusión con el dios cronos, que de la apuesta con el otro; más un monólogo que un diálogo. Pronto, con el disparo se hizo patente este vuelo, acelerado y sin mayor esfuerzo, hacia el nuevo reto. El relámpago destelló cómodo, desde el salto inicial y paseando hasta la raya, alimentando en el corazón de los espectadores el sueño de marcas futuras casi inimaginables. De nada sirvió la brillante performance de los otros competidores en una carrera donde casi todos dejaron su huella estampada por debajo de la frontera divina. Fue un duelo solitario. En esta puesta en escena, los otros fueron sólo una apariencia, entre bastidores. En la carrera se autovalidaba la condición del hombre moderno a la que le es extraño su lazo interior con el otro, proyectado en el horizonte de sus metas. El duelo de Seúl 88, por el contrario, ofrecía esa clara incertidumbre y ambigüedad de lo inefable. Dos figuras concentraban para si toda la rivalidad. Por un lado, el soberbio, glamoroso y teatral Lewis. Por el otro, el leñador y perro de presa Ben Johnson. Rivales dentro y fuera de la pista. Uno el bocazas, la estrella y show man. El otro, tenaz y out side. Perfecto contraste para erigirse en un concepto mediático sin precedentes y de alcance universal, por no decir, OLIMPICAS

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el fuego en las manos de Bolt bíblico, capaz de exteriorizar desde el fondo del alma el leit motiv humano por excelencia, más allá del supuesto de manipulación comunicacional. Cada encuentro era más que un encuentro: extraña alquimia mediante la cual el mundo perdía por momentos su apariencia de autonomía, transmutándose en correspondencias de un universo paralelo. Seúl no sólo era un nuevo episodio de esta saga: era la batalla originaria. Y Lewis seguía siendo for ever el natural favorito. Amo del trono, investido en oro. Johnson una verdadera amenaza. Uno, de pies ligeros sobre la pista. El otro, una díscola y atropellante fiera. Uno, caballo de aliento. El otro, vertiginoso sprinter, de endemoniada salida como nunca se ha visto. Seúl 88, el espacio para la cruenta y épica batalla. Las expectativas gravitaban en torno a una marca dada sólo a los dioses: por debajo de 9.83. ¡En aquel entonces! El resultado: quizá, la más alucinante y memorable sprintada; y una deslumbrante marca, 9.79, que considerando sus coordenadas dejaría el 9.69 de Bolt en el olvido. Ese encuentro nos entregó sobre todo, una tipología de caracteres que atestigua ese otro reto humano del espejo y el diálogo por el cual los precursores griegos se filtran en nuestra experiencia y hacen patente siempre la pegunta por el ideal de hombre, pues para ellos los juegos eran actividades

deportivas donde los hombres destacaban pero eran esencialmente una ofrenda a los dioses y representaban un encuentro con la divinidad, la ley y el ciudadano. El horizonte en que los hombres se probaban en sus fortalezas y a la vez en su ideal. En la mente griega era impensable una separación entre esas órdenes. No así entre nosotros los modernos. La razón ha permitido resultados fascinantes y sin duda en el desempeño deportivo. Pero esa misma razón ha servido también para la simulación. El big Ben nos alucinó y su diálogo con Lewis nos recordó la unidad viviente de aquellas órdenes, pero sólo espasmódicamente, pues su treta nos alertó sobre el desgarramiento que habita el corazón de los modernos entre el querer y el hacer, entre lo privado y lo público, entre lo divino y lo humano. Bolt, en su solitaria sprintada reactiva de nuevo esa antigua aspiración, cara e insoslayable a los hombres, y rescata esa sensación de que las cosas y los hechos son algo más que puras cosas y hechos. Con el big perdimos la inocencia y redescubrimos el lado humano y la escisión; con el relámpago, el necesario equilibrio al que podemos aspirar entre fe y razón, interés privado y público, entre lo humano y lo divino. Ahora Bolt tiene el testigo, el fuego en sus manos. Veremos cuáles son las coordenadas de su acción y elección •

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el oro olímpico en el país de la lotería

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ark es un inglés común y corriente. Además de tomarse un té diario, ser puntual, y cargar paraguas, tiene años jugando a la lotería todos los viernes. El objetivo principal es el de todo el mundo: hacerse millonario. Pero Mark tiene además otro aliciente, la libra esterlina (unos 2 dólares) que paga semanalmente en cada cartón de Lotto, que financia lo que son definidas como “buenas causas”, como por ejemplo la preparación olímpica de los atletas británicos. Es justamente este dinero el que ahora ha sido identificado como el responsable de que Gran Bretaña haya logrado en los más recientes juegos de Pekín ubicarse en el cuatro lugar del medallero, su mejor desempeño desde 1908. En los últimos ocho años, se han venido inyectando de manera sostenida los fondos obtenidos de la lotería nacional para mejorar la preparación de varias disciplinas claves. Es decir, aquellas donde se consideró que había potencial de medalla. Las especialidades que más han recibido recursos son el ciclismo, la natación, el atletismo y otros como vela y ecuestre. El resultado de esta enorme inversión quedó a la vista en Pekín. Y el mejor ejemplo fue el ciclista Chris Hoy, quien obtuvo la presea dorada en las tres competencias en las que participó. También destacaron la nadadora

Rebecca Adlington, quien se llevó el oro en los 400 y 800 metros libres, y la ciclista Rebecca Romero (hija de padre español) quien ganó la dorada en el sprint de pista, para convertirse en la segunda mujer en la historia olímpica que gana una medalla en disciplinas diferentes en juegos diferentes. En total el equipo británico envió 311 atletas, 168 hombres y 143 mujeres. El objetivo eran 35 medallas, de las cuales un tercio se esperaba que fuesen de oro. Al final la meta fue largamente superada con 47 medallas, 19 de oro, y una cuarta posición que no lograba el país desde los juegos de 1924. Tanto en Atenas 2004 como en Sydney 2000 Gran Bretaña soñaba como semejantes actuaciones de sus atletas. ¿Entonces qué cambio?

Fracaso en Atlanta El equipo olímpico británico suele ubicarse alrededor del décimo puesto de la tabla de países en el máximo evento deportivo. Pero en Atlanta 1996 no llegó ni cerca. Se estima que en dichas olimpiadas la delegación tocó fondo: logró su peor actuación histórica quedando en el escalón 36 del medallero y apenas una de oro. Semejante descalabro movió los cimientos de un sistema que revelaba graves fallas, específicamente en el financiamiento de los atletas. Hasta entonces, los competidores olímpicos solían ser atletas de medio tiempo, combinando entrenamientos con estudios o trabajo para poder sostenerse, en los casos en

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73 Rebeca Adlington, forjada en el juegoOLIMPICAS de azar

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el oro olímpico en el país de la lotería

que no hubiese un aporte económico familiar. Así era imposible competir con potencias como Estados Unidos, Rusia (o la ex Unión Soviética) o Cuba. De ahí que las autoridades olímpicas en el país dirigieron sus miradas al sistema nacional de lotería que en ese entonces acababa de ser reformado mediante una nueva legislación. Fue en 1994 que el gobierLos resulno conservador de John tados del Major –que sustituyó a Maresquema garet Thatcher– introdujo se ven, por un cambio que a la postre la cambiaría la cara al deporte ejemplo, en británico, aunque dando reel Velódromo sultados mucho después de de Manchesque Major dejase el poder. ter, centro El ex primer ministro estuvo de poder al frente de la modificación del ciclismo de la regulación a la lotería nacional, que quedaba en del país y manos del Estado, pero a considerado raíz de la reforma de 1994 uno de los abrió la posibilidad de que mejores del sus fondos financiasen el mundo deporte. Tras el descalabro de Atlanta 1996 esta opción empezó a considerarse con mayor seriedad y en los últimos 14 años la lotería nacional ha destinado al menos 6.000 millones de dólares a la preparación de atletas. De hecho, tras los resultados de Pekín 2008, ahora en Australia están pensando implementar un esquema similar, según señaló recientemente el primer ministro Kevin Ruud. “Le estamos echando un ojo, porque sin duda que es una idea constructiva. Sin duda que mientras más dinero se le da al deporte, se puede lograr más y mejores estándares”, apuntó.

Una apuesta que pagó Se estima que 70% de la población británica juega a la lotería nacional, que está catalogada –por cantidades movilizadas- entre las cuatro primeras del mundo. El juego está regulado por el Estado, pero es administrado a través de una empresa operadora privada, Camelot, que ha ganado las dos licitaciones que se han efectuado desde que la lotería nacional comenzó en 1994. El modus operandi recoge 28 peniques de cada libra esterlina para lo que se definió como “buenas causas”, y una parte se destina a la agencia olímpica gubernamental, UK Sport. Esta institución hace de “crupier” y distribuye los recursos a cada una de las federaciones deportivas. El criterio depende de la factibilidad de medallas. Los resultados del esquema se ven, por ejemplo, en el Velódromo de Manchester, centro de poder del ciclismo del país y considerado uno de los mejores del mundo. En él se prepararon los múltiples medallistas británicos que arrasaron en Pekín, logrando 14 medallas del total obtenido por este país. De acuerdo a las autoridades de este deporte, “con la plata baila el mono”, es decir, el financiamiento es fundamental para llegar al podio. En los últimos cuatro años el programa de ciclismo recibió un promedio anual de 40 millones de dólares, una amplia diferencia de los 40.000 dólares, 10 veces menos, que obtenía hace 10 años. Esto ha permitido a los atletas convertirse en profesionales del deporte. Ya no son personas que deben ir a la oficina y salir a entrenar al salir del trabajo. Ahora, el

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deporte es su única preocupación y con ello llega la responsabilidad de dar resultados. Cada atleta recibe unos 150.000 dólares al año, del cual dos tercios se dirigen a pagar entrenadores, la implementación de tecnologías e innovaciones, medicinas y suplementos y gastos generales. Los 50.000 dólares restantes le quedan directamente al deportista. “Toma de seis a ocho años desarrollar con éxito este programa, para prepara a competidores que realmente puedan llegar a un podio olímpico”, indica John Steele, director de UK Sport.

¿Aceptada? Si bien el esquema ha dado beneficios en el desarrollo deportivo del país, el tema no deja de llamar la atención por ser una fuente de financiamiento que suele originarse a través de los impuestos u otros ingresos que recoge el Estado. “Al principio hubo cierto debate por el tema, pero la reforma llegó en un momento en que se pedía cambiar el sistema de lotería y cualquier voz de crítica se fue diluyendo con el tiempo”, señaló Marcelo Justo, periodista argentino que trabaja en la BBC y radicado desde hace décadas en el Reino Unido. “De hecho, hoy en día no se escucha a nadie opuesto a financiar la preparación olímpica con la lotería”. Quizás el sector de la sociedad británica que más levantó su voz hacia el esquema de lotería fue el de la iglesia. Muchos centros religiosos llevan a cabo labores de caridad que son financiados con parte de los recursos que se recogen con la venta de productos como el Lotto, una suerte de “Kino” en Gran Bretaña.

“La introducción de este sistema de lotería nacional cambió muchas cosas en el país”, aseveró Rachel Lampard, representante de la iglesia metodista. “Por una parte, introdujo el negocio de las apuestas a la vida diaria, con lo cual todo el mundo está rodeado de productos de juegos de azar. Pero por el otro lado, ha ayudado a muchas ONG en sus tareas”, asegura. “Para nosotros, en la Iglesia Metodista, ha sido difícil aceptar estos recursos debido a nuestras creencias, pero es la única forma de sacar adelante los proyectos de ayuda”, indicó.

Objetivo 2012 Tras lo logrado por los atletas británicos en los juegos de Pekín, el objetivo de este programa de financiamiento es Londres 2012. Para la preparación de los atletas hacia estas olimpiadas, UK Sport contará con un presupuesto de unos 1.400 millones de dólares, de los cuales un tercio viene del dinero vendido en juegos de azar. El resto saldrá de las arcas de la tesorería nacional y una parte del sector privado. Pero también el costo de los juegos viene por el mismo camino. El objetivo es recoger entre 2006 y 2012 unos 3.000 millones de dólares para financiar la nueva infraestructura. La mitad de este monto viene de una rifa especial que ya arrancó hace dos años, mientras que el resto será desviado de lo que ya recoge la lotería para financias las llamadas “buenas causas”, es decir, los diferentes programas sociales alrededor del país • OLIMPICAS

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La paradoja del entrenador psic贸logo

Nada m谩s importante que una sensata relaci贸n entre

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el tĂŠcnico y el conjunto que dirige | Eneko Larumbe Zabala

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E La experiencia nos ha dicho que en el pensamiento profundo de muchos entrenadores descansa la idea de que si el entrenador requiere la ayuda de un psicólogo del deporte es debido a que algunos asuntos escapan a su control.

n rojo y oro despidió Pekín los Juegos Olímpicos de 2008. Un espectáculo deslumbrante, sin duda, con el cual los orgullosos anfitriones nos quieren decir que son la nación milenaria que construyó la Gran Muralla y aportó a la humanidad inventos como el papel, la pólvora y la brújula, pero también una sociedad alerta que aprovecha con inteligencia y agresividad las oportunidades que le brinda la globalización. Ese es un mensaje político, por parte de una potencia que quiere afirmarse y ocupar su lugar en el mundo. Los entrenadores que ejercen la dirección técnica son, con frecuencia, responsables de un amplio grupo de personas, entre las que se encuentran los propios deportistas y otros miembros del equipo técnico, como otros entrenadores, el preparador físico, el equipo médico y, últimamente, también el psicólogo. Hasta hace poco el entrenador venía siendo en cierto modo un gurú que disponía de soluciones para todo lo que podía ser necesario resolver en relación con el rendimiento deportivo de los deportistas y, en muchas ocasiones, también en aspectos de su vida personal. El entrenador ha sido preparador físico, psicólogo, médico, padre y consejero, todo en uno. Así, la estrecha relación que ha unido a deportistas y entrenadores ha dado lugar a firmes lazos de confianza mutua que han conducido al éxito muchos proyectos. Al mismo tiempo, otros entrenadores con menos conocimientos, más limitaciones o menos habilidad para establecer el tipo de relación mencionada no han conseguido encauzar adecuadamente sus proyectos en solitario y, más tarde, han recurrido al concurso de otros profesionales: primero médicos, luego preparadores físicos

y más tarde psicólogos, entre otros. Siguiendo estos argumentos, podría dar la impresión de que cuando los entrenadores son más autosuficientes, con sus amplios conocimientos acerca de la preparación, su formación como entrenadores y su experiencia, tienen mayor garantía para la solución de todos, o casi todos, los asuntos relacionados con sus deportistas. Así, un entrenador con experiencia suele desarrollar habilidades psicológicas y estrategias para ayudar, impulsar el rendimiento psicológico de sus deportistas. Este entrenador comprende las situaciones por las que pasa el deportista y observa las posibles soluciones; además, tiene en su mano el poder para manipular poderosos instrumentos que van desde la conversación individual y la charla colectiva hasta la modificación estratégica de las cargas, horarios o pautas de entrenamiento físico o técnico. La experiencia nos ha dicho que en el pensamiento profundo de muchos entrenadores descansa la idea de que si el entrenador requiere la ayuda de un psicólogo del deporte es debido a que algunos asuntos escapan a su control. En cierto modo, sería como reconocer la incapacidad del entrenador para llevar a cabo su cometido. Esto se basa en dos ideas erróneas: 1) El entrenador tiene que saber de todo y puede solucionarlo todo. 2) El psicólogo soluciona problemas cuando no queda otro remedio (igual que un bombero cuando acude a apagar un incendio) Aquí viene la paradoja: cuanto menos sabe de psicología un entrenador y menos habilidades psicológicas tiene, está más convencido de que el psicólogo del deporte no le podría ayudar. Y también ocurre al contrario, que cuando un entrenador sabe más psicología mejor entiende la necesidad de estar bien asesorado en este aspecto por un

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la paradoja del entrenador psicólogo psicólogo del deporte. Es cierto que muchos psicólogos en el pasado se acercaron al mundo del deporte con modelos equivocados y sin mucho conocimiento acerca de las particularidades de las intervenciones en este contexto. Así, todavía hoy hay colegas que creen ser capaces de ayudar a cualquier deportista utilizando aproximaciones que quedan fuera de contexto y que pueden ser percibidas como una pérdida de tiempo por los entrenadores y los propios deportistas. Es sabido que el tiempo y la eficiencia son palabras clave en el mundo del deporte y que cualquier actividad que no ayude estará, probablemente, siendo un obstáculo. Sin embargo, en la experiencia profesional hemos encontrado entrenadores con profundas lagunas en aspectos en los que el asesoramiento psicológico habría sido de mucha ayuda, pero que no consideraban la necesidad de ello. Al contrario, concebían la figura del psicólogo como un complemento para otros (deportistas, entrenadores en formación, etc.), pero no para sí mismos. El psicólogo en estos casos estaría para ayudar a conducir a los deportistas al terreno al que el entrenador no ha sido capaz de conducir. Se entiende mejor con un ejemplo: una deficiente capacidad oratoria del entrenador da lugar a que los deportistas no comprendan suficientemente el mensaje y, por tanto, no ejecuten adecuadamente las acciones que él espera. Lejos de mejorar sus propias habilidades de comunicación, el entrenador suele pretender que el psicólogo mejore la motivación y la concentración del equipo cuando están completamente a la deriva. Para más ayuda, les grita sin autocontrol. Obviamente, el psicólogo puede hacer poco para mejorar el estado psicológico de los jugadores en esta situación y una intervención

indirecta a través del entrenador, mejorando así la comprensión de los conceptos, favorecerá la motivación por unos mismos objetivos, la compenetración de los deportistas y una mejor disposición psicológica en general para el rendimiento. Afortunadamente, también se pueden encontrar entrenadores hábiles que saben nutrirse de todo lo que pueden considerar favorable para sus objetivos. Con frecuencia son entrenadores que tienen una disposición más favorable hacia el conocimiento profundo de las ciencias del deporte, que comprenden que el conocimiento está en permanente crecimiento y siempre es posible mejorar un poco más si se dispone de más elementos de juicio. En este caso, se entiende que una sola persona no puede apresar todos los recursos útiles para los deportistas sino que un buen entrenador será probablemente quien sepa coordinar dichos recursos de la manera más inteligente para obtener los objetivos deseados. Estos entrenadores suelen tener muchas habilidades psicológicas para impulsar el trabajo colectivo y son capaces de transmitir la idea de que la unión hace la fuerza, por lo que son capaces de montar un equipo de trabajo multidisciplinar en el que todos los miembros del grupo suman algo. Este es precisamente el otro punto de la paradoja, puesto que los entrenadores que más habilidades psicológicas tienen y saben más de psicología, mejor comprenden en qué medida es necesario el asesoramiento psicológico para potenciar la eficiencia de la preparación física, técnica y táctica, para la prevención de situaciones psicológicas de riesgo, tanto para el grupo como para algunos deportistas, y deje espacio para intervenciones de mejora de las habilidades mentales de forma individual • OLIMPICAS

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Eduardo Álvarez Presidente del Comité Olímpico Venezolano

Nuestra dirigencia no es proactiva Venezuela presentó una delegación sin precedentes, 109 atletas lograron

su clasificación bajo su propia iniciativa, medios y esfuerzos. Ya eso es significativo. Dimos un pronóstico, una probabilidad, y basada en criterios técnicos, que al final, no se concretó. Se creó una corriente de opinión donde se acusó al COV de crear falsas expectativas. Se dio un pronóstico y el gobierno hizo una promoción. A lo mejor, la probabilidad ligada con la promoción creó una expectativa en la población, de la cual no nos arrepentimos. Preferimos ver a nuestros atletas colgados en los postes del país que a los políticos que estarán en el próximo proceso eleccionario, donde se gasta muchos más millones de bolívares. Estos atletas son héroes nacionales. Algunos voceros del gobierno han dicho que no hay varitas mágicas, y la varita que nosotros manejamos es la del conocimiento. Decir que Silvio Fernández no era el primero del mundo, es una gran ignorancia, que Albert Subirats no tenía opción, cuando los estudios biomecánicos posteriores a la competencia, ofrecían buenas perspectivas.

Esos mismos voceros han hablado de que hay un esnobismo según la cual las ciencias

aplicadas datan de muchos años, tratando de desdeñar que en Beijing observamos unas grandes diferencias en cuanto a los biotipos de los competidores, en cuanto a los recuperadores biomecánicos y bioquímicos, en cuanto a los sistemas de seguimiento y control de los atletas. Se quiso hacer ver que las ciencias aplicadas al deporte de hoy día son las mismas de los años sesenta. No es así; ha habido un cambio muy importantes se habla de genética, de recuperadores bioquímicos, se habla de la última tecnología en instalaciones deportivas, la pista de atletismo y la piscina son un notable ejemplo. Venezuela necesita meterse en ese trabajo científico y mejorar a nuestros profesionales. El nivel de los entrenadores y de la dirigencia deportiva. Tenemos técnicos de mucha calidad, pero que no están actualizados, incluyendo a los extranjeros. Nuestra dirigencia se ha anclado, se han quedado, no son proactivos, y todo se lo dejan al gobierno nacional.

Estuvimos presentes en todas las competencias. Jonathan Suárez, el de bi-

cicross, él era merecedor de una medalla olímpica, pero se cayó en la primera manga. Lo más curioso es que el oro, la plata y el bronce de esa prueba, estuvieron todos en la manga donde se cayó Suárez. José Luis Fuentes, en el potro con arzones, falló una rutina que ha ensayado ciento de veces. ¿Qué haríamos? Colocar en cada uno de los atletas con opción a un equipo multidisciplinario. En estos momentos Venezuela dispone de un buen presupuesto para el alto rendimiento. No es lo mismo ir a los Juegos Bolivarianos con un atleta que no ha salido de sus competencias regionales que a otro que viene de los Juegos Olímpicos. A algunos atletas, es obvio, que los Juegos Olímpicos, les pegó. Quedaron impactados. El equipo de voleibol femenino tiene mucho futuro y necesitaba ese fogueo.

Los atletas venezolanos tienen una formación, la mayoría con dos Ciclos Olím-

picos. Estamos haciendo propuestas concretas. Con los próximo Juegos Bolivarianos proponemos asistir con una generación de relevo. Nuestros deportistas han sido buenos en la región, pero hay diferencias con los asiáticos y europeos. Una de las metas del Ciclo Olímpico 2009-2012. Es superar el cuarto lugar de los Juegos CAC, de Cartagena 2006, superar a México y Colombia. Hemos hecho varias propuesta al Presidente de la República. Una de ellas es el manejo del Centro Olímpico Nacional, donde se profesionalice a los entrenadores, tengamos selecciones permanentes, y podamos invitar y hacer intercambios. Que nos den los recursos para el manejo de un Centro de Altos Estudios del Deporte y traer técnicos. Igualmente que considere entregarnos la Alta Competencia del Ciclo Olímpico que culmina en las Olimpiadas de Londres 2012. El COV siempre es el encargado de inscribir y acreditar, etcétera, y vendrán los mismos conflictos que surgieron en Beijing. Claro está, es necesario ajustar la Ley del Deporte • 80 OLIMPICAS

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• opinión Victoria Mata Ministra del Poder Popular para el Deporte

La delegación cumplió Siempre dijimos que esperábamos que nuestra delegación cumpliera una actua-

ción destacada, porque sabíamos lo difícil que sería obtener una medalla en Beijing, como quedó demostrado con el triunfo categórico de China que desplazó a Estados Unidos del primer lugar con una cifra de 51 preseas doradas. Y la delegación venezolana cumplió. La medalla de bronce de Dalia Contreras, las dos finales en la gimnasia artísticas de José Luis Fuentes en su primera incursión olímpica; el sexto lugar del equipo de espada en la esgrima; los triunfos del equipo de judo en sus primeros combates y el séptimo lugar de Ysis Barreto que estuvo cerca de disputar la medalla de bronce; las dos victorias del equipo de softbol femenino, una de ellas ante una potencia como Canadá; el noveno lugar de una niña como Andreína Pinto y el décimo puesto de Erwin Maldonado en aguas abiertas; los nueve récords que impuso la selección de natación; y el gran partido de la selección masculina de voleibol contra Estados Unidos, a la postre campeón olímpico. Son logros que deben enorgullecer a los venezolanos y hablan del esfuerzo, del sacrificio, que hicieron nuestros atletas para llegar lo más lejos posible en Beijing.

Por otro lado, nosotros nunca dimos pronósticos. Hubiera sido irresponsable de nuestra

parte decir, como si tuviéramos una barita mágica, que Venezuela iba a ganar tal o cual cantidad de preseas. Porque en los Juegos Olímpicos compiten los mejores atletas del mundo y las diferencias entre quedar de primero o fuera de la clasificación son mínimas. No tenía sentido cargar a los atletas de la responsabilidad de ganar una medalla, cuando ya es suficiente presión participar en unos Juegos Olímpicos. Además, hay demasiados factores que influyen en la competencia. Ya vimos como Jonathan Suárez, nuestro campeón de BMX, sufrió una caída que le impidió clasificar. Pues estos accidentes son comunes en esta competencia y nadie puede decir que el “Mosquito” Suárez no hizo su mejor esfuerzo. Lo mismo ocurrió con Mayelis Caripa. El sorteo la dejó en el grupo de las ocho mejores luchadoras del mundo y para colmo en su primer combate los jueces le negaron tres puntos que le impidieron ganar. Hasta un entrenador de la selección de Francia nos confesó que Mayelis debió ganar esa pelea. Y el equipo de esgrima, le tocó enfrentar en su primer combate, nada menos que a Francia, campeón olímpico en Atenas y que repitió el oro en Beijing.

Venezuela es uno de los pocos países del mundo en el que el gobierno

respalda absolutamente al deporte federado. Ninguna federación puede decir que no recibió los recursos a tiempo para la preparación de los atletas. Nosotros completamos en estos seis meses un ciclo olímpico que se inició cuatro años atrás y que había tenido sus altibajos con los resultados en los Juegos Centroamericanos y Panamericanos. En este tiempo, resolvimos uno de los problemas más graves que tenían las federaciones para la preparación de los atletas: la tramitación de los dólares ante Comisión de Administración de Divisas (Cadivi). Todas las federaciones recibieron a tiempo los recursos en bolívares y la transferencia en dólares por parte del Banco Industrial de Venezuela para participar en los clasificatorios preolímpicos y culminar la última fase de preparación. La mayoría de los federativos admitieron que sus atletas habían cumplido la mejor preparación de su historia para acudir a unos Juegos Olímpicos. Ahora bien, al Ministerio del Poder Popular para el Deporte le corresponde realizar, conjuntamente con las federaciones, la evaluación técnica de los proyectos y programas deportivos de estas entidades. No podemos olvidar que el deporte es una inversión social que requiere recursos. Cualquiera que esté metido en el deporte sabe que para competir en los Juegos Olímpicos, nuestros atletas deben cumplir con un largo proceso de preparación. Primero hay que captar a los deportistas con más talento, formarlos técnicamente, entrenar durante años y participar en las competencias que permiten demostrar su crecimiento deportivo. Un atleta con potencial olímpico no se forma de un día para otro • OLIMPICAS

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Carlos Bravo Esgrimista

Siempre estamos en desventaja Lo más grande que le puede suceder a un atleta de alto rendimiento es asis-

tir a unos Juegos Olímpicos. Todo deportista aspira, además de estar entre los mejores del mundo, poder participar en este evento que tiene tanta trascendencia a nivel mundial. Obviamente que esta participación tiene que tener una preparación adecuada para que se pueda obtener un resultado favorable no sólo para el atleta sino para el país.

Mi participación en Juegos Olímpicos es desde el año 1996, cuando

estuve en Atlanta, en esa oportunidad era un joven el cual le faltaba la experiencia competitiva para este evento de tanta categoría internacional.

Al transcurrir los años continúe efectuando competencias de alto nivel y actualmente estoy ubicado en el puesto 36 del ranking del mundo. Durante todos estos años de esfuerzo y sacrificios he tenido la oportunidad de sentir y vivir lo que es una preparación para todos los eventos que te permiten estar en un 100% en dicha competencia.

Mi participación en Beijing 2008 refleja ese esfuerzo; la experiencia vivida

en esta oportunidad fue un poco más clara. El hecho de estar mejor ubicado en el ranking mundial te da más seguridad a la hora de enfrentarte con los otros participantes, las experiencias pasadas, el haber participado en competencias de Copas Mundo, te hace saber que eres uno de ellos, que estás entre los mejores y esto ofrece una verdadera posibilidad de obtener un resultado sobresaliente.

Tenemos que estar conscientes que no es fácil estar en unos Juegos Olímpi-

cos, y mucho menos, obtener medallas. Recuerdo en los Juegos Panamericanos, de Santo Domingo, que se esperaban muchas medallas para nuestro país y no se obtenían. Pero igual, había un sentimiento de confianza hacia los atletas. La competencia estaba difícil, y se perdieron algunas medallas pronosticadas, y se ganaron las menos esperadas.

Tener la posibilidad de estar en esta élite de atletas no es un trabajo de

corto plazo. Se requiere constancia, insistencia, paciencia y sobre todo inversión. El país tiene que invertir para que los atletas se vayan superando poco a poco. El atleta tiene que ir escalando posiciones en su ranking mundial, estar entre los mejores, demostrar sus capacidades cuando haya que mostrarlas. Parte de esa tesis está sustentada en la nómina olímpica de Beijing, con 109 atletas.

Creo que sí existe la preocupación, se está creando la consciencia de que el deportista venezolano tiene nivel, ya que sino fuese de esta forma no se pudieran clasificar tantos en la

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• testimonio

pasadas Olimpiadas. En China ciertamente, surgieron errores de todo tipo, y que a veces se puede llegar a pensar que son normales. Sin duda, tiene que corregirse si vamos a pensar en obtener verdaderamente una medalla en futuros Juegos Olímpicos. En principio, el atleta tiene que sentirse apoyado, tiene que sentir que es importante, que sí tiene el nivel, y creo que todo comienza por la dirigencia.

Los diferentes entes, federaciones, el Comité Olímpico Venezolano,

el Instituto Nacional de Deportes, no pueden esperar hasta el último momento para la preparación de sus atletas, la capacidad está, pero no podemos continuar dándoles más oportunidades a los otros países, siempre estamos en desventaja y esto no nos permite terminar de explotar nuestra verdadera capacidad.

Considero que ya termino una etapa en el deporte venezolano, y

comenzó otra de mayor trascendencia. Lo digo con toda la honestidad del mundo. Tengo 22 años en la selección nacional y he visto cómo el deporte se ha estancado. La participación de los atletas es primordial es importante el hecho de que los atletas intervengan en su preparación, que den sus puntos de vista, obviamente hasta cierto límite. El deporte mundial ha cambiado. Los atletas son más activos, están evolucionando con sus diferentes disciplinas, existen intercambios de opiniones a nivel de entrenadores, a nivel dirigencial, lo cual permite el desarrollo mancomunado del deporte a nivel general.

Los chinos lo demostraron en Beijing. Desde hace 8 años buscan demostrarle

al mundo su capacidad, su potencial, su perseverancia, estos ejemplos son los que tenemos que copiar. Es el momento, estoy seguro que la dirigencia de nuestro país lo está haciendo. Quieren integrarse por completo para ver sus sueños y metas realizarse. Nosotros, los deportistas, estamos con ellos. Tenemos que estarlo. Tenemos que ser optimistas

El trabajo comienza desde ya: el presente es ya, y el futuro es ya. Si lo dejamos para

mañana, ya estaremos dando ventaja, y eso nos paso antes. No podemos ser los mismos, estar esperando, a ver si el resultado llega, el resultado tenemos que buscarlo todos, no una sola persona. El equipo somos todos, no una federación, un entrenador, un atleta. No puede ser de esa forma ya que las posibilidades son para todos no para uno. Definitivamente este es nuestro momento y seguramente estarán de acuerdo con esta posibilidad. Juntemos todos los esfuerzos para que esta realidad sea lo mas pronta posible •

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• f icción POR RAMÓN NAVARRO ILUSTRACION ROSANA FARÍA

Soy un atleta. Soy un enfermo. Padezco de ego. Tanto que uno se sacrifica. Tanto que cuesta vivir todo a medias. Y de pronto te miran con una mirada tristona. Tragedia de muy baja factura, pues. Nadie sabe, y eso sí, no tienen por qué saber, la dimensión del hueco donde uno cae cuando no logras el resultado que todos, y eso sí, esperan como si cada ciudadano pagara un impuesto al valor atlético. Como si cada ciudadano tuviera el pleno derecho a exigir una acción sobresaliente. ¿Quieren buenos resultados? ¿Si esperan buenos resultados por qué no hacen una marcha y exigen

cambiar a toda la dirigencia? Ciudadano que observas por televisión mi propio avatar, ciudadano que lees en los periódicos un infeliz enjambre de antipáticos adjetivos, que oyes por la radio cruzados comentarios, qué te cuesta entender mi devenir-atleta. Esa cosa que se yuxtapone a la certeza, porque amalgama en sí misma el tenebroso aire de la incertidumbre. Sí, en mi país, soy una incertidumbre. Mi edad es lo de menos. Puedo decir que he pasado por todas las pruebas posibles. Me asumo mal alimentado, mal asesorado sicológicamente, mal educado, con algo OLIMPICAS

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de instrucción, y si usted quiere, agónico lector, me asumo una mal expresión del deporte de alto rendimiento. Pero allí estoy; cincelado por la cultura de la incompetencia deportiva. Así también se llega lejos. He estado en tres Juegos Olímpicos, he sido abanderado, he salido, eso sí, sólo en temporada de Juegos Olímpicos, en los grandes diarios de mi país; he dado muchas entrevistas y sobre todo, he sido imagen de marcas transnacionales. Es mi tipo de heroismo. Y así, soy comestible de todos: me dejo utilizar por los gobiernos de turno, me dejo orientar por los anunciantes, tolero el descaro de la dirigencia. Yo mismo me convierto en mi propio verdugo. Estoy lesionado y callo. Me enfermo y callo. He callado más de la cuenta por conveniencia. Primero el viaje después la moral. ¿Oye, no es así como actúa cierta clase política? Me asumo un equivalente de miles de cosas. Me asumo un reflejo de mi país. No he sido sembrado como debe ser, ni en el fértil terreno que yo hubiera querido. Los éxitos y las fatuidades están para sombrear lo mal atleta que soy. Es verdad, algunas veces soy duro conmigo. El logro lo convierto en derrota, y todo porque no me siento de alta competencia, sino un atleta de malandraje urbano metamorfoseado en el Ciclo Olímpico. A alguien justifico; usted dirá, si al dirigente, si al técnico, si al anunciante, si al entrenador. O a todos. No sé. Prefiero no saberlo, porque saberlo implica mi negación. Mi anulación. A eso he jugado sin abrigar ningún tipo de dudas. A eso han jugado; el que dirige y el dirigido. El anunciante y el anunciado. El que mira y el

mirado. Sujeto y objeto. Todos los integrantes de la fórmula deportiva confirman por omisión su leyenda negra. Por desgracia, las aprensiones de las fuerzas vivas del Estado, se notan menos. El clero nunca ha sabido qué pienso yo. El banquero mucho menos. El gobernante, forjado en el campo de las terceras o cuartas versiones de la realidad, presume saber. Allí radica su arte. Todos los tejidos que abrigan la superestructura del Estado-Nación me atenazan. He probado, con relativa suerte, tres deportes de esos que llaman aeróbicos: ciclismo de ruta, natación de fondo y carrera pedestre, o maratones. Después mi pareja, de cuando era universitario, una nadadora de piscina de hotel, me insistió en que me metiera a triatleta. Esa revuelta no la considero humana. Es como sobrenatural. Me refiero sólo al invalorable temperamento épico de los ganadores. Muchas complejidades en esa tríada, sobre todo en los entrenamientos. Si como nadador, participé de jornadas de trabajo de ocho horas, cómo será el triatlón. Yo quería correr por debajo de los 30 minutos los 10 kilómetros, el último segmento del triatlón. Para eso hay que morir y nacer de nuevo. Es la única manera de ser competitivo. Nadar por debajo de los 18 minutos los 1.500 metros y montarse en 56 o 57 minutos en los 40 kilómetros de ciclismo. Es la distancia olímpica. Hay que estremecerse en ese rango para poder aspirar a la inmortalidad. Si no, hace usted comparsa, como solía hacer yo. Estaba habitado por la falta de todo: de estrategias, de anhelos, de roce internacional, de un vigoroso entrenamiento. Siempre estaba amenazado por el remordimiento. Ahora me siento un resentido deportivo. Incubé ese error. ¿O

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• f icción virtud? Sé que soy el mejor de mi generación, pero no siempre el más listo. Soy un atleta de sentimientos elevados y exijo respeto. Los ocultos intereses de algunos atletas, de algunos dirigentes, de todo cuando relincha cerca de lo deportivo, me enaltecen. Digo yo, es un decir. Me tratan tan miserablemente, hoy día, eso sí, que de pronto ronda en mi cabeza Vallejo. Fíjense, cómo la dirigencia deportiva está expresada en esta imagen; Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo:”No mueras, te amo tanto!” Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Es que después de cada competencia del Ciclo Olímpico me pasa lo mismo. Sigo muriendo, y me siguen queriendo. Esa bondad hermenéutica ¿Usted me entiende? Esa bendición cartesiana Es que ¿Usted me entiende? Esa después de cada rara noción de ultraje. competencia del ¿Usted me entiende? La Ciclo Olímpico me verdad de mi salvación no la sé. Porque no sé mirar pasa lo mismo. hacia atrás. O, simpleSigo muriendo, mente, me da miedo. Ver y me siguen cómo me destruí, o me queriendo destruyeron. Ver cómo acepté doparme para fingir un triunfo impoluto. Ese dolor añejó un carácter miserable. Es que ese oficio de atleta no es puro. Ver cómo sentía las puyaditas en las venas para poder enfrentar el endemoniado lote en las competencias de ciclismo; el dopaje sanguíneo; las miles de argucias de las tramas farmacéuticas. Estamos en frente del atleta que es el medio y el mensaje de los que dominan la alta competencia en el mundo. Aun así, algunas veces me desmarco, pero giro en el mismo eje, y cuando parezco autónomo toco mi propia celda. Me niego a ser un funcionario

público. A eso me quieren llevar, y no sé si es lo más cómodo. El atleta que recibe un dinero del Estado y por lo tanto, está obligado a explicarse a través de los resultados. Si no hay resultados no hay becas. Recuerdo de manera imprecisa, un pasaje del poeta inglés, John Donne, y se refería a aquel sujeto que le han quitado la vista, le echan la culpa de su ceguera. Es cuando el Estado no crea las condiciones para yo tener buenos resultados, entonces, me culpa de no ser ambicioso, de carecer de pasión, de no estar en sintonía con la identidad nacional. Me torturan con la desatención, y los medios de comunicación, me torturan con su indiferencia. ¿Quién rinde así? En situación ética, digo, sin caer en la bajeza del menosprecio mediático por mis inmoralidades, yo he tenido que soportar hasta el sistemático empuje de los peloteros y futbolistas, como si allí no hubiera espacio para la maldad. O es que no quieren recordar los casos de dopaje en las Grandes Ligas, los casos Balco y Puerto, que han colocado en la lista negra a multimillonarios deportistas. Yo que no he sido propiamente un héroe formado a través de los medios, pero sí un hombre cabal que reconoce sus excesos, y atleta tenaz y observador insobornable, aún con mis contradicciones, no entiendo el porqué un esfuerzo olímpico, digo un acto sobresaliente en cualesquiera de las paradas del Ciclo Olímpico, está sentado en el último puesto del aforo mediático, y no al lado de esos héroes que nosotros igualmente admiramos, esos peloteros que son necesarios para comprender el entorno cultural que nos asiste. Esa mezquindad arruina. Algún día estaré al lado de ellos. ¿Quién fue el que dijo que todas las cosas son imposibles mientras parecen? • OLIMPICAS

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Píndaro. Olímpicas. Barcelona: Plaza y Janés, 1961. 128 páginas. Extracto de la páginas 119-121.

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• me libro Istmica V

¡

A Filácides de Egina, vencedor en el Pancracio

Olímpicas es la primera manifestación de literatura y deportes en el mundo occidental. Píndaro, el gran poeta de los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia, nació en Tebas, entre los años 518-517 AC. En Olimpia, una victoria no celebrada con los cantos de Píndaro, era algo triste y lamentable.

Oh Teya!, madre del sol, de nombres múltiples; por ti los hombres consideraron al oro más poderoso de todas las otras cosas. Pues las naves en el mar y los caballos uncidos a los carros rivalizan oh reina, mediante tu ayuda son admirados en los tumultuosos concursos, y en las luchas atléticas obtiene la gloria disputada aquel que venciendo por el vigor de sus brazos o la agilidad de sus pies adornan su frente variadas coronas; pues la fuerza de los hombres es juzgada por los dioses. Pus, en efecto, sólo dos flores de la vida se cultivan: la opulencia florece con la felicidad; si alguien que obtenga bienestar, además escucha su alabanza, que no pretender llegar a ser como Zeus; tú lo tienes todo, si el destino te hace participar de esas cosas bellas. La muerte conviene a los mortales. En el Itsmo, oh Filácides, tu doble hazaña yace floreciente como en Nemea; Pitias y tú, los dos vencedores del pancracio. Pero mi corazón no se regocija sin los himnos de los Eacidas. Por lo hijos de Lampo he venido con las Musas a esta ciudad bien gobernada. Y si ella ha seguido la vía luminosa de las hazañas divinas, no escatimes el elogio por el canto, como premio de sus trabajos. No se mezcla a esos cantos verosímiles la envidia a la fama: pues también entre los héroes, los valientes guerreros, obtenían, como recompensa, la alabanza, y fueron celebrados por las liras y por las variadas notas de las flautas, eternamente. Así suministran materia a los poetas, por la voluntad de Zeus, los valerosos hijos de Oinco, los cuales se veneran en Etolia con brillantes sacrificios; y en Tebas, el famoso auriga Iolcos tiene su recompensa, como en Argos, Perseo, y en las corrientes del Eurotas, la lanza de Cástor y de Pólux. Y en Oinón alabemos también a los espíritus esforzados de los hijos de Eaco; ya que con sus combates aniquilaron dos veces a la ciudad de Troya, primero con Hércules y después con los Atridas. Levántame ahora del suelo; ¿Quiénes mataron a Héctor y al jefe intrépido de los Etíopes, a Memnón forrado de bronce? ¿Quién hirió con la lanza, junto a las orillas de Caicos al noble Telefonte? A estos, nuestra boca asigna por patria a la famosa isla Egina, pues fue edificada desde antiguo, con sus sublimes valores como una torre inaccesible. Muchas cosas respecto de ellos, tiene mi lengua veraz para proferir en su alabanza; y ahora antes Ares, atestiguaré como ciudad de Aiax a Salamina, salvada por sus marinos, en la lluvia mortífera, en el granizo enviado por Zeus, para la muerte de innumerables hombres. Pero sin embargo, con el silencio ocultan la jactancia. Pues Zeus, el señor de todas las cosas, distribuye unas veces unas, y otras veces, otras. Pero las hazañas agradables como éstas acogen afablemente a la alegría que da el canto triunfal, dulce como la miel. Venid a luchar en los certámenes, habiendo oído contar hazañas, acerca de la raza de Cleónicos. El gran trabajo de esos hombres no había de quedar oscuro ni cuanto gastos han excitado el temor de las esperanzas. También alabaré a Pitias de miembros temibles que, entre los buenos maestros del puño ha mostrado a Filácides el camino recto que debe seguir para los golpes; hábil por su mano, temible adversario por su inteligencia. Toma para él la corona y llévale la mitra de buena lana y volando transmítele este nuevo himno • OLIMPICAS

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LA NUEVA LÍNEA URBANA NIKE SPORTSWEAR (NSW) UNA SUMA DE DEPORTE, ESTILO, INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA. 90 OLIMPICAS

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• consumo

YA ESTÁ EN EL MERCADO EL CONTROVERTIDO TRAJE DE BAÑO DISEÑADO POR LA NASA Y SPEEDO QUE USÓ MICHAEL PHELPS EN BEIJING. OLIMPICAS

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• consumo

LA DISEÑADORA STELLA MCCARTNEY PRESENTÓ EN LONDRES SU COLECCIÓN OTOÑO INVIERNO 2008 PARA LA FIRMA DE ROPA ADIDAS. 92 OLIMPICAS

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EL FINALE 8 ES EL NUEVO BALÓN DE ADIDAS UTILIZADO POR LOS 32 CLUBES CLASIFICADOS A LA TEMPORADA 2008-2009 DE LA UEFA. OLIMPICAS

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• ojo olímpico FOTO FREDDY HENRÍQUEZ

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17:58:52GRATISAFICHERUTALONDRES2012IbsenMartínez•RamónGuillermoAveledo•OswaldoBarretoAndrésCa  

OLIMPICAS NUMERO 1.indb 1 8/10/08 17:58:52 G R A T I S A F I C H E R U T A L O N D R E S 2 0 1 2 Ibsen Martínez • Ramón Guillermo Aveledo •...

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