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Reconociendo los pies de vías de la Neverseen Tower. Foto Carloncho Guerra

nábamos. Estando aclimatados y con buen clima es un lugar increíble para realizar decenas de nuevas aperturas. Las paredes están muy cerca de donde montamos las carpas en el glaciar y es un circo repleto de torres de granito y hielo con infinidad de posibilidades. Pero la meteorología en esas latitudes es bastante compleja y terminó por condicionar nuestras escaladas. ¿Podrían relatar las dos aperturas?

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L: El mal tiempo fue constante durante los primeros diez días. Neverseen Tower, que era el objetivo principal, cada día que pasaba se cargaba más y más de nieve así que apenas apareció el buen clima tuvimos que buscar un objetivo que estuviera en mejores condiciones. Fue así que pusimos los ojos en la norte del Masala Peak, una pared increíble por su tamaño y verticalidad. C: Llegó un mediodía en que el clima se puso “bueno” y decidimos salir a fijar unos lar-

gos a un murallón gigante del Masala y ver qué tal sería la escalada y la dimensión de la pared. Fijamos dos largos con muy buena roca pero el clima empezó a desmejorar. Me lancé a primerear el tercer largo (unas lajas gigantes que estaban en un diedro con sombra) y el frío bajó demasiado y lo que tendrían que ser unas manijas se convirtieron en algo inexistente paras mis manos, ya que parte de los dedos no tenía sensibilidad. En ese momento dije: “¡Se me están congelando las manos!”, mandé dos camalots y me lancé para abajo, llegué al relevo y nos fuimos de la pared. Por suerte sólo fue un susto, mis manos volvieron en sí. Al día siguiente, amaneció impecable y salimos con la intención de seguir descubriendo la pared. De nuevo en el largo 3, esta vez con las manos no tan frías, podía sentir cómo mi cuerpo colgaba de las manijas y logré terminar ese largo de una calidad increíble. Sale Lucas por otro largo más, un largo raro y de rebusques para proteger. Los otros largos que siguieron fueron de una escalada por placas muy buenas pero con muy poca protección. Después de una travesía llegamos al pie de una chimenea que encaró Aztlan. Lo resolvió con facilidad y sacó un largo de mucha calidad y disfrute. Un poco engorroso para el segundo y tercero de cordada por las mochilas pero muy divertido. En este punto, llegamos a una línea que desde el campamento era muy evidente y pensábamos que sería una fisura de puño con partes más anchas, pero al estar ahí nos dimos cuenta de que era una chimenea en diagonal con una placa al costado todo con

KÓOCH 37 / ABRIL 2014  

Revista de escalada, montañismo, andinismo, boulder, travesías y cultura de montaña en argentina.

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