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uál es tu búsqueda, la motivación que te lleva por tercera vez a los himalayas?

Juan Pablo: Yo no tengo grandes cualidades como montañista, no soy guía, tampoco geólogo, ni ingeniero en minas. Soy un tipo bien preparado físicamente al que le encanta viajar, experimentar cosas que te conmuevan el alma y al que le tira la sociología. Tengo estudios de posgrado en Sociología Rural y estoy fascinado con el conocimiento que se puede encontrar en zonas remotas. Ya lo había experimentado recorriendo Argentina y Sudamérica pero Asia superó todo lo conocido. Nepal es un museo a cielo abierto. Aprendo mucho cada día, estoy fascinado, voy embobado percibiendo detalles a los que a veces ni le puedo poner palabras. Un geólogo va caminando por la montaña viendo las formaciones rocosas y por sus conocimientos puede entender cómo se conformó el espacio que transita, qué tipo de roca hay, qué antigüedad tiene la zona y mucho más. Le da vida a las montañas, las hace hablar. Pues yo tengo conocimientos de sociología y a mí los procesos de conformación y construcción histórico-sociales no me son ajenos, me encanta la antropología, el estudio de la formación de los pueblos. Leo mucho de cada lugar al que voy y presto atención a detalles que tal vez otros pasan de largo pero que para mí son pistas de cómo se conforma un determinado ambiente y de cómo evolucionó nuestra historia. Ver cómo comen, cómo se visten, cómo cultivan, cómo se relacionan me fascina. También me asombra la atmósfera del día a día. Los hombres tienen un trato entre ellos similar al que en Occidente tienen las mujeres entre sí. Mucho más cercano, más humano, desprejuiciado. Acá no hay histeria, no hay egos, los nepaleses no tienen maldad, son inocentes como niños. Son puro amor y entrega. Eso me llena y también me hace volver una y otra vez. Me enseña, me nutre, me hace más humano, mejor persona. Después, además están las montañas, la excusa. Los occidentales vivimos una era en la que todo tiene que tener un sentido, un por qué. Entonces ahí aparecen las montañas como excusa para volver una y otra vez por acá. Contanos de esta expedición de exploración, de las montañas que escalaron… A través de una compañera española, María Pilar Agudo, surge esta propuesta de ir a un pico virgen en Nepal que ya se encontraba en marcha junto a José Luis Guzmán. Para empezar, tuvimos que lidiar con la burocracia. En Nepal existen más de 1.000 picos vírgenes de entre 6.000 y 7.991 metros pero una escueta

lista de 100 permitidos para su ascenso. Esta lista se abre y/o amplía cada tanto, la última se renovó hace 3 temporadas. El proceso para definir qué cerro intentar tuvo varios filtros. Primero, delimitamos 3 zonas de interés. La que ganó fue la del Kanchenjunga (zona de mi interés personal), zona restringida al acceso de extranjeros sin permiso y sin compañía local (guía o sherpa). Una vez que optamos por la cadena de Sharpus, tuvimos que ir por el permiso y constatar que fuera virgen en el Ministerio de Turismo. Este chequeo lo hicimos también en la web. En la página de E. Harley y en la web del Club Alpino Americano que guardan registros y bitácoras de primeras vías. Luego de que tuvimos la certeza de los Sharpus, nos encontramos con que no teníamos nada de info previa, pues no tenían ni siquiera un intento. Ahí empezamos a delinear, a través del Google Earth y de algunas cartas topográficas, cuáles podrían ser las posibles rutas a las que fuera viable un intento con nuestras aptitudes. Si bien el plan original y que se respetó fue de autonomía absoluta, sabíamos que necesitábamos asistencia para llevar equipo técnico y comida para los 25 días que duró la expedición, también un guía local habilitante para circular en el Área de Kanchenjunga. Así nace el contacto con Pasang Sherpa quien nos proveyó la logística necesaria para nuestro intento. Una vez reunidos en Katmandú, el sábado 8 de abril partimos con destino a Taplenjung, el punto de partida. Fueron casi dos días de avión, chata, jeep y caminos destrozados para comenzar un trekking de 60 km y 4 días que nos depositó en el lodge más cercano a nuestra montaña. Una vez allí, lo único que sabíamos era que con los porters no podíamos contar para nada y que teníamos 8 días como máximo para intentar alguna de las dos vías que aparecían a la vista. Una era la entrada por la cara suroeste y la otra, la cara este, que según nos enteramos en el lodge Kambachen ya tenía dos intentos y se veía prometedor. Al estar en una zona tan alejada de todo, contábamos con un dispositivo satelital del tipo Explorer. Contábamos con un pronóstico meteorológico bastante certero con doble chequeo. De entrada, las noticias no fueron buenas; esta temporada fue muy nevadora, el monzón entró antes, cada tarde nos llovía o por encima de los 4.000 nos nevaba. Así pues, una vez instalados, fuimos por una aproximación a un 5.000 cercano que solo nos sirvió de aclimatación porque estuvo tapado todo el día. Como ya contábamos solo con 7 días por

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Revista KÓOCH #54  

Revista de escalada y montanismo. Escriben en esta edición: Natalia Martínez; Roberto Piriz; Gustavo Suarez Munne; Santiago Christensen; Vic...

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Revista de escalada y montanismo. Escriben en esta edición: Natalia Martínez; Roberto Piriz; Gustavo Suarez Munne; Santiago Christensen; Vic...

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