Page 29

el teléfono y sorpresivamente baja un mensaje de Camilo diciendo que llame a Parques inmediatamente, porque Tom había salido con clientes a sobrevolar el área y parecía que estaba mejorando. Efectivamente, eso estaba pasando: las nubes se estaban disipando y podía ver todo a mi alrededor. Una inmensa alegría llenó mi espíritu. Tímidamente llamé y respondí un par de preguntas en mi precario inglés: “¿Vés el Monte Vancouver?, ¿Vés la base del cerro? ¿Estás segura?”. Yo sólo respondía con monosílabos: “sí, sí, ¡¡¡síiiiii!!!”. “¡Ok! En una hora y media vamos a buscarte, no desarmes tu carpa por si es que no es posible sacarte de dónde estás. ¿Entendido? ¡Adiós!” En poco menos de hora y media, un ruido familiar se apoderó del lugar. A la distancia una nueva mosca sobrevuela el gigantesco pastel de crema. Dan una vuelta sobre mí, estudian la zona y con un gesto de manos me dicen que regresan en 20 minutos. Estaba lista para otra batalla, casco, linterna, crampones y arnés, por si había que hacer alguna maniobra rara. De regreso, tras dejar a dos de los miembros del equipo de rescate abajo en el valle, el helicóptero primero se posa por mi izquierda, luego por la derecha. En ese momento, recordé que había olvidado ponerme las antiparras para protegerme de la nube de nieve que levanta este bicho cuando aterriza, por lo que cuando el piloto Ian se acomodaba de derecha e izquierda, yo no podía ver con claridad lo que estaba haciendo. En cuanto el polvo se disipó, lo veo apenas tocando la nieve con la punta de los esquíes, suspendido a escasos metros de mí. Bajó Scott y cortésmente me dirigió para que subiera a esa hermosa ave mecánica. En cuestión de minutos los tres ya estábamos sobrevolando lo que antes era mi mundo y lo que fue mi camino de subida. Amistosamente Scott me da una palmada en el hombro y yo sin poder articular palabra alguna de tanta emoción, esbozo solo una modesta sonrisa, pero llena de agradecimiento. Al alejarnos, me concentré en el punto en donde me encontraba al momento de los terremotos para ver si podía divisar algún cambio en el terreno, pero a la distancia no podía percibir detalles. Tuve una conversación interna con la montaña, me despedí de ella y le agradecí los grandiosos e intensos momentos que me había otorgado. Por cuanto había aprendido con esta increíble experiencia y por dejar la puerta abierta a una nueva visita... LA SORPRESA Cuando llegué al llano y después de tener interminables charlas con Camilo durante nuestro

Natalia Martínez

regreso a casa, no solo estuve imposibilitada de responder a las preguntas surgidas allá arriba en la montaña, si no que mi mente se llenó de nuevos cuestionamientos. Él me había advertido que la noticia había trascendido de una manera un poco rara y difícil de entender para los que subimos montañas. Fue extraño leer las noticias y la manera en que lo plantearon. La opinión de la gente era en su gran mayoría positiva, algunas desfavorables creo que eran producto del desconocimiento y otras es mejor no clasificarlas. Ahí me di cuenta de que estaba percibiendo algo diferente que el resto de la gente. Todo el mundo me felicitaba y me decía cosas bonitas, querían hablar conmigo, pero ¿estaba yo orgullosa de lo realizado? ¿Por qué mis sentimientos se encuentran enfrentados entre la gratitud de estar en casa y la tristeza de no haber realizado mi cometido? ¿Hay una regla a seguir en ese tipo de situaciones? Es por eso que me sumí en un silencio introspectivo, para poder darme el tiempo de que ese maremoto de sensaciones decantara y para poder escucharme a mí misma. No puedo decir que aún he respondido a todas mis inquietudes. Pero sí puedo compartirles que sí, definitivamente me encuentro orgullosa de estar acá entre ustedes. Estoy contenta de las decisiones que tomé en esos momentos y que no me arrepiento de ninguna de ellas. El trato que tuve con mis miedos fue fundamental para pasar sobre mi propio ego y darle a la vida el verdadero significado que tiene para mí. Esta experiencia me mostró que hay muchas batallas internas con las que pelear cada día y el resultado de las decisiones que conllevan estas batallas con uno mismo hace que vos te superes o que caigas al pozo de los lamentos. Para mí, cada decisión fue una pieza esencial para poder estar en estos momentos disfrutando del cálido cariño de mi familia y amigos.

29

20-29 natalia.indd 29

2/8/17 10:12 AM

Revista KÓOCH #54  

Revista de escalada y montanismo. Escriben en esta edición: Natalia Martínez; Roberto Piriz; Gustavo Suarez Munne; Santiago Christensen; Vic...

Revista KÓOCH #54  

Revista de escalada y montanismo. Escriben en esta edición: Natalia Martínez; Roberto Piriz; Gustavo Suarez Munne; Santiago Christensen; Vic...

Advertisement