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y hago un entrecruzado, que a decir verdad no me quedó nada mal, pero a partir del Campamento 3 sabía que el filo se ponía más angosto y parado. Si llegaba a perder el crampón en esas secciones iba a estar en serios problemas. Tomo el satelital y llamo a Camilo, informando de lo sucedido para ver si él tenía alguna idea de cómo poder remediar tan preciosa pieza, pero nada parecía tener la calidad necesaria para enfrentar la escalada que tenía por delante con solidez. Esa noche fue como si se me cayera el mundo, mi expedición se iba a ver frustrada por una simple pieza plástica, no podía creerlo. Un momento de tristeza al sentir que la expedición terminaba por la rotura del crampón. Foto Natalia Martínez

Estaba cansada, por lo que dejé el último porteo para el día siguiente. EL INFORTUNIO Para cuando llegué a mi Campamento 2 las nubes que se habían mantenido estancadas en el filo del Hubsew comenzaban a cruzar de forma atrevida, acercándose rápidamente. Durante mi último porteo me asusté un poco, pues la niebla y la luz plana no me dejaban ver ni siquiera mis propias huellas, que además el viento se estaba encargando de borrar. En un descuido de las nubes me permitieron ver mi carga y el camino a seguir, apresuré el paso, puse todo lo que faltaba en la mochila y emprendí el regreso. Me tranquilicé al llegar cerca de las rocas que me proporcionaban algo de contraste. Esa noche nevó y corrió viento, pero solo tuve que salir una vez a despejar la nieve que se acumulaba alrededor de la carpa. La mañana siguiente amaneció entre nubes y con escasa visibilidad por lo que decreté día de descanso y de paso, le daría tiempo a la montaña para que descargara la nieve fresca. Las huellas que iba siguiendo ya habían desaparecido, y ahora me tocaría abrir camino con la nieve hasta la rodilla. Transcurrida la tarde, el azul del cielo se dejó ver al igual que las montañas a mi alrededor, por lo que un arrebato de valentía y curiosidad me impulsó a hacer un porteo al final del día para ver cómo se venía el terreno que supuestamente comenzaba a ponerse más técnico. Preparo mi mochila, los piolets y al ponerme el crampón derecho, la traba que sujeta el talón simplemente se parte en dos. Me quedo unos segundos en shock, sin entender que está pasando. Cuando veo la pequeña pieza en mis manos y mis neuronas comienzan a conectarse, veo que no va a estar fácil arreglarlo. Pienso y pienso hasta que tomo un trozo de cordín

REGALO DEL CIELO Un hermoso y despejado día me despierta y con él la noticia de que Icefield Discovery tratará de arrojarme un par de crampones desde su avión. ¡Qué alegría para mis oídos! La ansiedad hace que el tiempo pase más lento, hasta que a la tarde de ese día los escucho y luego los diviso, como una mosca sobrevolando en un pastel de crema. El corazón me latía más rápido. Los veo pasar una, dos, tres veces y a la cuarta veo cómo lanzan una pequeña bolsa que cae a pocos metros de mi carpa. ¡Que precisión la de estos chicos! ¡Y que felicidad para mí saber que puedo seguir subiendo! Nos saludamos a la distancia (yo con la bolsa en alto como sosteniendo un trofeo). Los veo alejarse y desaparecer rápidamente; nuevamente me quedo con mi soledad… El filo Este es un verdadero espectáculo para los ojos, a cada paso el paisaje se expande más. El terreno se siente más parado y estrecho, he sorteado dos grandes grietas y secciones cortas de entre 55° y 60°. A veces encuentro anclajes con cuerdas viejas y desgastadas por el sol. Pasar por los 200 metros de la parte expuesta del filo fue un tremendo desafío, me moría de miedo y aseguraba mis pasos como si fueran a pasar caballos por ahí, pero lo había superado, no solo una vez, ¡sino 5 veces! Mirar hacia abajo y no ver dónde termina ese infinito abismo es un gran reto para con vos misma. Cada paso era importante, tenía que armonizar mi respiración junto al crepitar de los piolets y el ritmo de la marcha. Cada sector era diferente, la nieve primero era como azúcar, después fue un hielo poroso y podrido, luego compacta por el viento o fresca como recién caída. Mi Campamento 4 no estaba mal, ya había superado uno de mis mayores miedos que era atravesar esa sección bien expuesta del filo que llaman el “knife-edge” (filo de cuchillo), por lo que todo me parecía más tranquilo y llevadero.

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Revista KÓOCH #54  

Revista de escalada y montanismo. Escriben en esta edición: Natalia Martínez; Roberto Piriz; Gustavo Suarez Munne; Santiago Christensen; Vic...

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Revista de escalada y montanismo. Escriben en esta edición: Natalia Martínez; Roberto Piriz; Gustavo Suarez Munne; Santiago Christensen; Vic...

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