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Así es como conocí al mismo General Perón quien, cuando lo fuimos a ver y le conté las cosas que había hecho en la montaña, antes de irse, me apuntó con el dedo y me dijo “si vos querés ir con esta expedición argentina al Himalaya, tenés que ir como argentino”. Así fue como a los tres días tenía la libreta de enrolamiento. Conocí al jefe de la expedición que vino a Bariloche y quería conocerme porque le habían contado de mí. Así fue como con unas amigas fuimos a escalar al Catedral. Así nos conocimos pero no dijo nada hasta que a los meses aparece Gerardo Watzl, austríaco, que ya era miembro de la expedición y me trae la invitación formal. Recuerdo que primero me quedé mudo pero después acepté sin dudar. Primero porque en aquella época no era como hoy día donde las personas hacen cola para subir a la cumbre, yo así sinceramente no iría, es ridículo.

Magnani y Watzl en el CB a su regreso de los 8.000. Foto del libro Daulauguiri de Magnani.

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En aquella época éramos pioneros para todo desde la vestimenta hasta todo lo que se preparó para llevar a la expedición se hizo a golpes. Por ejemplo, se mandó a Tierra del Fuego a buscar pieles de foca para hacer zapatos que después usamos. Todo era así. Otro ejemplo, el gas era algo novedoso que no era gran cosa pero servía por lo menos para algo. Tal es así que a los 7.300 metros me quedé 7 días y al segundo día se me acabó el gas y no pude producir líquido. En aquella época no se sabía lo que se sabe hoy porque si hubiera sabido eso bajo sin dudarlo, pero en ese momento quise ahorrarme la bajada y se me congelaron las dos piernas. En esa expedición se hizo algo por primera y única vez que fue que los suizos empezaron esa ruta y llegaron hasta la zona de una pared que llamábamos “La Pera”,

donde pudimos hacer el campamento cinco y los suizos nos aconsejaron instalar el campamento debajo de la última pared que consideraban muy difícil. Esto estaba entre los 7.200 y 7.600 y nos aconsejaron llevar dinamita y hacer voladuras para instalar el campamento. Entonces Ibáñez, trajo un experto que se llamaba Felipe Godoy, un tipo de primera, que estaba encargado de hacer las voladuras y yo estaba como ayudante con dos sherpas. Así es como empezamos a preparar el terreno para instalar dos pequeñas plataformas para instalar el campamento. En total en dos días hicimos 27 voladuras. No sabíamos cómo iba a reaccionar la montaña. Algunas piedras nos cayeron a la espalda porque cuando prendimos la mecha dijimos corramos, pero claro, ¿quién iba a correr a los 7.200 metros? De alguna manera nos protegimos, tuvimos éxito.

Ruta de la expedición Dhaulagiri de 1954

KÓOCH 45  

Revista de andinismo, escalada, montañismo y cultura de montaña en Argentina. OCTUBRE-NOVIEMBRE 2015

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