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llegar a la cima pero no podía llegar. Inclusive había hecho una especie de ancla con una soga, entonces de ahí abajo tiraba el ancla con la esperanza de que se colgara arriba y así poder subir, pero era un peligro porque si se caía sobre él lo mataba. Esa fue la primera y única vez que Fisher fue a la montaña. Increíble. Esta anécdota son muy pocos los que la conocen y quedan para contarla, creo que soy el único que queda... KH: ?Cómo era la personalidad de Meiling¿ ?Lo conoció bien¿ D: Con él era levantarse y tomar mates siempre y ahí empezaba a hablar y contar todo tipo de cosas. Siempre me arrepiento de no haber tenido un grabador para registrarlo. Eran increíbles sus cuentos. Él era gimnasta, trabajaba en aparatos de gimnasia de esos de las olimpiadas, ¡si hasta tenía instalado uno en su casa en el Berghof! La primera impresión que te

Dinko Bertoncelj, travesia este Campanile Esloveno. 1953. Foto colección Federico Fino

dejaba era la de ser un tipo terrible, muy serio no se reía casi nunca. Una vez lo vinieron a entrevistar de un programa en la televisión que se llamaba Espejos y yo lo miraba por la televisión y una de las últimas preguntas el periodista le consulta sobre si creía que iba a nevar mucho en el inverno y Otto empezó con un cuento increíble del pajarito y de una lauchita que indicaba que iba a ser un buen inverno, pero después se quedó mirando un rato serio en silencio ante la mirada el periodista y dijo “o puede pasar todo lo contrario”, ahí yo casi me caigo de la silla en mi casa de la risa. ¡Cómo lo conocía, sabía que iba a decir una de esas cosas! Cuando llegué a Bariloche tardé un tiempo en conocerlo, ya había hecho un montón de escaladas, entonces Tonchek Arko me dijo “tenemos que ir a conocer a Meiling”. Entonces, un día subimos y llegamos al Berghof y recuerdo que estaba apoyado en la baranda del aparato que tenía para hacer

Dinko Bertoncelj y Francisco Jermann despues de realizar la ruta en el Campanile esloveno. 1953. Foto colección Federico Fino.

gimnasia. Estaba muy serio y Arko le dice “te traje para que conozcas a Dinko” y me mira y en tono solemne me dice “bueno, ya era hora”. Me quedé mudo. Eso era típico de él. Yo me hice amigo hasta un cierto punto en San Valentín pero después fuimos profundizando esa amistad. A sus 80 años él me convenció de ir a la cumbre del Tronador. Él no tenía límites, vivía para la montaña. Me acuerdo que desde su casa en el Bergoff miraba al pueblo que era Bariloche y decía “pobre gente, no saben lo que es vivir en la montaña, no conocen, no se dan cuenta”. KH: Estuvo en la primera expedición Argentina al Himalaya en 1954, al Dhaulagiri. A más de 50 años, ?qué recuerdo le queda de esa ascensión¿ D: Tuve una suerte tremenda porque conocí a la gente que estaba organizando la expedición que contaba con el apoyo del ejército y estado argentino.

KÓOCH 45  

Revista de andinismo, escalada, montañismo y cultura de montaña en Argentina. OCTUBRE-NOVIEMBRE 2015

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