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msnm) llegando esa misma tarde al refugio Flor de Pupusa (4.200m) que se encuentra en el paraje Casa Mocha ubicado aproximadamente a unos 20km pasando el pueblo de El Moreno, en Jujuy. El 16 a primera hora aprovechamos la Duster 4 x 4 del viejo y decidimos acercarnos lo máximo posible por el camino minero hacia el siguiente refugio (Jefatura de los Diablos - 4.900m), dejando el vehículo a la misma altura pero a un par de kilómetros hacia el Noreste donde termina la huella minera para poder ganar tiempo ya que queríamos ir hacia la pared Sureste del nevado. Ese mismo día, al caminar 2 kilómetros desde Jefatura (distancias que están marcadas sobre las rocas), sorteamos el abra del Chañi a los 5.500m, bajamos hasta el Refugio de los militares una horas más abajo. Por la madrugada nevó tanto (unos 15cm) que esa mañana decidimos abortar la idea de ir para la cara Sureste y cambiamos por una pala de 60° que sale al Pico Ibañez. Luego de ese largo día de andar caminando por la zona, decidimos que antes del amanecer rumbearíamos para la pared Norte. Cuatro horas de ansiedad y a las 9 de la mañana llegamos desde el refugio militar a la base de la pared. Las caras de cansancio desaparecieron, brillaron con los primeros pasos a

Decidimos abandonar el canalón y emprender la búsqueda de roca sólida ladeando hacía una arista a unos metros a la derecha donde trepamos unos pequeños boulders de 5°

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50° y nos transformamos en niños jugando cuando de repente aparecían las sensaciones de verticalidad. El viejo lideraba abriendo la nieve honda mientras se derretían las chorreras en la pared y pasaban las piedras que parecían balas. Por el momento nos frenamos a derretir nieve e hidratar bajo el refugio de una tapia de granito, puesto que allí nos poníamos serios porque de a poco la pendiente crecía y 200m por delante apareció el primer obstáculo que era una cascadita de 8 metros a unos 75°. Trepó a la cabeza Agustín, siguió el viejo y en la gramilla del hielo destrozado, rogando que no se me desprendiese nada, pude sortear el obstáculo y llegar lentamente a un techito que nos cubría de la exposición. Decidimos abandonar el canalón y emprender la búsqueda de roca sólida ladeando hacía una arista a unos metros a la derecha donde trepamos unos pequeños boulders de 5° y entre terrazas de nieve empezaron a aparecer paredes con sus mixtos de hielo y roca no muy sólidas. Eran las 15hs, el Sol pegó con furia toda la mañana pero se aproximaba el temporal. A unos 500m del suelo nos encordamos y pasamos el punto de no retorno. Empezó la trepindanga de largos de 6b por unas fisuras heladas por el agua que chorreaba y en nuestras pequeñas charlas decíamos que la única salida era el filo cumbrero. Con el viejo decidimos guardar un piolet para poder escalar mejor pues regresaron los mixtos, sin embargo la relación costobeneficio nos hizo sentir el enfriamiento repentino de los dedos de esa mano, pero ya estábamos bailando. Mientras, nos quedábamos sin gas y to-

mábamos los últimos sorbos de agua. Acurrucado debajo de la reunión, cubriéndome del garrotillo y el viento del pesto, estaba pasándola un pelín mal, con todo el material colgando y pensando que a menos de 150m caían los rayos. A medida que se acercaban a la reunión, mis compañeros me miraron, se miraron, se rieron y me dijeron: “Tranquilo que solamente a la gente mala le caen rayos”. Estallamos en una risa colectiva para apaciguarnos pero sabíamos que no podíamos relajarnos, el filo estaba próximo y por arte de la Pachamama la tormenta se desvió hacia el Noreste y apareció el cielo azul reflejando el filo. Horas intensas. En ese momento mis brazos dijeron basta y en el penúltimo largo Agustín paso al frente para salir al col sobre el filo a unos metros del pico principal Gral. Belgrano. Yo necesitaba un momento a solas con el viejo en la reunión. Los 850m se cumplieron en el filo al salir en el col. Entre abrazos y lágrimas de alegría, cantamos y festejamos estar ahí. Dejamos las mochilas con todo el equipaje y finalmente, 50m por delante, pasamos por la placa en homenaje al Dr. Jorge Luís Moreno y a las 19hs llegamos a la cumbre. Nos esperaba un largo descenso y a la media noche en punto llegamos al refu de Jefatura de los Diablos sin agua y sin comida pero una expedición jujeña que estaba preparándose para el día de cumbre nos alimentó mientras ellos dormían. La dificultad fue: pura sensación de libertad. Le damos sentimiento a la montaña porque ella nos ignora. No sabe quiénes somos y eso nos enamora.

KOOCH 46  

Revista de andinismo, escalada, montañismo y cultura de montaña en Argentina. DICIEMBRE 2015

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