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OPINION

ENTRENAMIENTO: pereza y voluntad Por Mariano Galvan

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on las 7.45 AM y el despertador suena una vez más. Es el comienzo de un nuevo día y mi cuerpo no se quiere mover. Tengo la opción de ignorarlo y seguir durmiendo, ese es el eterno dilema. ¿Para qué levantarme a esta hora? Después de todo no tengo que ir a trabajar ni hacer ningún trámite. Además, al tratar de taparme para ignorar el comienzo del día, noto que aún me duelen los músculos por el entrenamiento de ayer y pienso que me merezco un descanso. Rebusco en mí ser para encontrar la motivación para salir de esta cálida trampa, pero se me hace difícil. Parece que la voluntad es la primera cualidad a ejercitar. Sé que tengo que levantarme para poder desayunar bien y tomar los suplementos. Sin reservas de energía no hay entrenamiento posible. Después de todo, a nadie le importa si me levanto o no, sólo a mí. De mí depende querer abandonar esta ensoñación cálida, esta tibieza que luego tanto extraño en mis días de montaña, cuando mi equipo apenas cubre las necesidades básicas para no temblar. No tengo que prepararme para competir contra nadie, ni para ganar una carrera, ni medallas, no hay oponente a vencer. Entreno para subir montañas, entreno

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para llevar mi cuerpo y mi mente a lugares sobre los que sólo he leído, entreno mi cuerpo para llegar a lo más alto y volver para ser quien soy: un hombre que disfruta de las sutiles bellezas que encierran las montañas y que aprende de las duras enseñanzas que de ellas emanan. Pero sé que para poder llegar a ese lugar que tanto anhelo, no me alcanza con soñar, no me alcanza con querer. Debo entrenar tanto mi cuerpo como mi mente para no fracasar al dar mis pasos, y si fracaso será dando el máximo de mí. Mi entrenamiento mental, es justamente el primero del día, ahí cuando tu cuerpo busca excusas para seguir en el mundo onírico. Es cuando tu voluntad comienza a hacer flexiones, es ahí donde empieza a ejercitarse tu convicción, tu pasión, luego actúo de manera automática. Pero ésta es la parte más dura del entrenamiento, levantarme de la cama, proyectar mi mente más allá de lo que mi instinto de conservación dicta. Una vez hecho esto sigo con la motivación, para ello mientras desayuno veo algún video de montaña, me informo de mis próximos proyectos o a veces ojeo libros de grandes montañistas. Esto me ayuda a reforzar mis ideales y mi convicción por lo que estoy haciendo, y de esta manera le doy sentido a mis entrenamientos.

Luego viene la hora de encerrarme en el gimnasio para entrenar y fortalecer específicamente mis músculos, ayudando y protegiendo de esta manera a mis articulaciones. No quiero esperar a tener una lesión para que mi kinesiólogo me mande a rehabilitarme con las pesas. Debo anticiparme; esa es otra de las cualidades que debe poseer un montañista. Sé que a veces se torna aburrido, nos pasa de sentirnos encerrados bajo luces que distan bastante del sol de la montaña. Pero según mi experiencia, esto es lo único que me ha permitido desarrollar escaladas, ascensos y carreras sin tener ninguna lesión en más de diez años. Nuevamente y sin notarlo, mi entrenamiento psicológico se ejercita a la par del ruido de las pesas que suben y bajan y de las luces artificiales. Debo hacerlo porque es bueno para mis escaladas y punto, como una medicina amarga. Salgo de ese mundo tan ruidoso y vuelvo a respirar el aire de la calle, ahora disfruto el caminar a cielo abierto, a veces los contrastes son necesarios para valorar aún más las cosas. Sólo queda almorzar, ingerir alimentos variados de buena calidad nutricional y prepararse para la segunda parte del entrenamiento. La parte aeróbica, que puede ser trotar, andar en bicicleta o nadar. A pesar de ser placeres para nosotros, me cuesta romper la inercia. ¿Será porque durante esas horas solamente los pensamientos me acompañan? Sin música y sin compañeros se me torna un poco hostil. Demasiado tiempo conmigo, me digo, y me sonrió. Pero luego, la mente se pierde al concentrarse en la respiración que todo lo llena; me refugio en ella, como lo he hecho otras tantas veces en la montaña. La ducha marca el final de otro día de conquista sobre uno mismo, siento el alivio momentáneo que produce el agua caliente sobre mí y sonrío victorioso, no sé si algún día podré mover montañas, pero de lo que si estoy seguro es de que ellas me mueven a mí todos los días.

KÓOCH 43  

Revista de andinismo, escalada, montañismo y cultura de montaña en Argentina. JUNIO - JULIO 2015

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