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Luis Arriola Ayala

E

l señor Kobayashi no pensó que su pedido me afectaría tanto. De pie, aguardó mi respuesta mirándome fijo con sus ancianos ojos rasgados. Oculté mi tristeza, fingí una sonrisa y asentí, bajando y subiendo la cabeza, al estilo japonés. Sin embargo, al día siguiente, no cumplí con su orden y lo saludé con un: Ohayoo gozaimasu, Kobayashi san . Aunque él era mi jefe no se molestó y seguí llamándolo por su apellido.

no y un portarretrato con la foto de un joven.

Mi trabajo en su fábrica consistía en hacer agujeros a pequeñas piezas de bronce. Primero, colocaba la pieza en una base metálica y luego la perforaba con un taladro de brocas muy delgadas. Para comprobar que los surcos interiores del orificio estuvieran correctos, enroscaba un tornillo. Lo único incómodo, de este simple trabajo, era mantenerse parado desde las ocho de la mañana hasta el mediodía.

Mientras bebíamos les comenté que en el Perú el té se tomaba con azúcar. El señor Kobayashi me explicó en japonés que si el té verde se endulzaba perdía su sabor natural. Pensé en defender mi argumento, pero observé que los rostros de las ancianas se tensaban al mirar la pantalla del televisor: Encima de unas banderas de Perú y Japón entrelazadas, aparecían enormes kanjis que desconocía. A pesar de que mi nivel de japonés era regular, no pude entender lo que decía el conductor del noticiero.

Aunque ganaba pocos yenes, no dudé en aceptar este empleo de medio tiempo en la ciudad de Kikugawa, en Japón. Sabía que si lograba aguantar los meses de más bajas temperaturas en el archipiélago, la crisis económica pasaría y, nuevamente, las grandes fábricas buscarían obreros extranjeros para los trabajos más pesados y sucios. Y así volvería a ahorrar dinero para acortar mi regreso a Perú. Solo me hacía olvidar la monotonía laboral el buen humor de mis dos únicas compañeras de trabajo Si bien cada una tenía aproximadamente cincuenta años, parecían dos niñas traviesas. A veces se ponían a imitar palabras en español. El señor Kobayashi se reía al verlas intentar conversar en otro idioma. Además de risueño, el jefe demostraba su vitalidad al ir y venir de su casa en una antigua bicicleta Miyata, modelo The Mister, de color negro con asiento de cuero y manubrios relucientes. Tal vez esta exhibición de vigor tenía relación con el té verde que él preparaba y bebía a la misma hora. A las diez de la mañana, el señor Kobayashi llamaba a su equipo para tomarlo en el descanso. Bebíamos sentados alrededor de su ordenado escritorio, donde tenía un televisor que siempre estaba encendido, un teléfo-

La primera semana soporté tomar el líquido caliente sin azúcar. Sin embargo, decidí arriesgarme y el miércoles 18 de diciembre de 1996, recuerdo con claridad la fecha, cometí un error al pedir endulzarlo. —Sato wa iranai, Arakaki kun —dijo él y se rió.

Sentí que algo malo había pasado. Las ancianas dejaron de inmediato sus tazas sobre el escritorio y, sin levantar la mirada, se dirigieron a sus puestos a continuar su trabajo. Yo hice lo mismo. El señor Kobayashi siguió sentado mirando la televisión. A los veinte minutos me llamó. Caminé con rapidez y pude reconocer en la pantalla a un periodista peruano explicando en español cómo un grupo de terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru había secuestrado a los invitados que asistieron a la cena por el 63 aniversario del nacimiento del Emperador Akihito en la residencia del embajador japonés. La transmisión periodística terminó. Mientras en el Perú se acostaban con esta noticia, en Japón los noticieros de la mañana repetían las imágenes de lo ocurrido. El señor Kobayashi bajó el volumen del televisor, se levantó, palmoteó una silla y me pidió que me sentara. Obedecí y él se puso a preparar dos tazas de té verde. Me entregó una, volvió a sentarse y descolgó el auricular del teléfono. «Ya perdí el trabajo, ta mare, ahora sí los japoneses nos van a odiar por estos terrucos», pensé y tomé unsorbo con mucho cuidado. 11

Revista Kantō número 8  

Kantō, es una revista digital editada por hispanohablantes que residen en Japón. Arte, Cultura, Literatura, Comunicación.

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