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FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES (1746-1828) Nació el 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pueblecito al sudoeste de la capital aragonesa donde, aquel mismo año, se había establecido su familia, de artesanos y funcionarios por vía paterna y labradores hidalgos por la materna. El hecho de que su padre fuera un maestro dorador de prestigio y ciertas dificultades económicas en casa propiciaron que trabajase en oficios artísticos desde temprana edad, pero retrasó su entrada en la Academia de Dibujo de Zaragoza hasta los 13 años. Su aprendizaje en dicha institución, bajo la dirección de José Luzán, se prolongó hasta 1763. El desarrollo de su genio fue progresivo, no se manifestó inmediatamente, de manera que, tras dos intentos frustrados de obtener financiación para un viaje de estudios a Italia, decidió partir con sus propios recursos. Allí se presentó, en 1770, como discípulo de Francisco Bayeu. Precipitaron su retorno a España en 1771 la enfermedad de su padre y los encargos que recibió para decorar con frescos algunas iglesias zaragozanas. Con ayuda de Bayeu (se casó con su hermana Josefina en 1773) logró trasladarse a Madrid en 1775 y trabajó en sus diseños de cartones para la Real Fábrica de Tapices. Esta actividad, además de desarrollar su estilo entre rococó y neoclasicismo con temas costumbristas, le permitió abrirse camino en los círculos de la Corte, hasta llegar a ser nombrado Pintor de Cámara de Carlos IV en el año del estallido de la Revolución Francesa. Al mismo tiempo que se iba disolviendo el optimismo carlotercerista, comienzan a percibirse facetas más sombrías en la pintura de Goya, agravadas por enfermedades que, desde 1793, comenzaron a impedir su audición. Además de sus obligaciones como retratista (siempre destacó por su fidelidad en la representación y talento al dotar de personalidad y dignidad hasta a sus más antipáticos modelos) y al margen de encargos oficiales, el pintor trató de concentrarse en trabajos más personales, como los Caprichos, serie de grabados aparecida en 1799 que muestra, además de innovaciones técnicas (combina aguafuerte y aguatinta), su espíritu ilustrado (opuesto a la superstición, errores y vicios de su época), pero también su interés por lo irracional y lo fantástico, que envuelve sus sátiras y el sentido exacto de las mismas en un manto de oscuridad. Leyendas y rumores se han propagado sobre el pintor y uno de los mejores ejemplos es el de su relación con la Duquesa de Alba, fallecida en 1802, en cuya residencia de Sanlúcar residió al quedar viuda en 1796. No está claro si mantuvieron una relación amorosa y tampoco se conoce con exactitud quién encargó las majas desnuda y vestida o la identidad de la modelo. Más allá de especulaciones, se sabe que los cuadros datan de esa época, pertenecieron a Godoy y motivaron en 1815 una denuncia inquisitorial de la que Goya salió absuelto. La Guerra de la Independencia sorprendió al pintor en Madrid pero, en octubre de 1808, tuvo ocasión de viajar a Zaragoza y a otras provincias. Volvió a la capital en mayo de 1809 y, para no perder su empleo, tuvo que colaborar con el régimen bonapartista. Aparte de los retratos de afrancesados (José I, Juan Antonio Llorente,…) y patriotas (Palafox, El Empecinado, Wellington…) u otras pinturas, realizó Los desastres de la guerra, nueva serie de grabados que no llegó a publicar. Tras enviudar en 1812, convivió con Leocadia Weiss, mujer separada que cuidó de él hasta su muerte y cuya hija Rosario se especula pudo ser del pintor. Tras el regreso de Fernando VII en 1814, el rey le mantuvo en su puesto y, además de sus dos retratos, pintó Goya las célebres obras sobre el 2 de mayo y los fusilamientos y publicó los grabados de La tauromaquia en 1816. Todo ello, junto con encargos de temática religiosa, le permitieron comprar una casa a las afueras de Madrid («la quinta del Sordo»), en la que residió entre 1819-23 y cuyos muros quedaron decorados con las Pinturas Negras. Tras la caída del Trienio Liberal, Goya obtuvo el permiso del monarca para viajar al balneario francés de Plombiéres y, a mediados de 1824, se estableció en Burdeos, localidad en la que residió y pudo seguir renovando su estilo, dando muestras de un talento aún vivo y en continua reovación (Los toros de Burdeos, La lechera), hasta su muerte, el 15 de abril de 1828.


ÍNDICE Colaboran en este número: Bermúdez Vázquez, Manuel: Dr. en Filosofía. Prof. de Filosofía, Univ. de Córdoba. Castillo Arenas, Francisco: Lcdo. en Historia, DEA. Prof. Geografía e Historia, IES Mencía López de Haro, Doña Mencía (Córdoba). Enamorado Báez, Santiago Miguel: Lcdo. en Física. Investigador en prácticas del Centro Nacional de Aceleradores, Sevilla. González Gonzalo, Antonio Joaquín: Dr. en Filosofía y Letras. Prof. de Lengua y Literatura, IES Felipe Solís, Cabra (Córdoba). Granados Sancho, Mª Araceli: Lcda. en Filosofía, Univ. de Granada. Guerrero Cabrera, Manuel: Lcdo. en Filología Hispánica. Prof. de Lengua y Literatura, IES Miguel de Cervantes, Lucena (Córdoba). López Sánchez, Ángel R.: Dr. en Astrofísica. Contratado Postdoctoral en Australian Telescope National Facility, (CSIRO/ATNF), Sydney (Australia). Martínez García-Gil, José: Lcdo. en Biología. Lcdo. en CC. Exactas. Investigador asociado, Programa de Investigación Clínica, CNIO, Madrid.

Martín-Lorente Rivera, Enrique: Ingeniero Técnico Industrial, Univ. Córdoba. Empresario. Miralles Aranda, Antonio José: Lcdo. en Biología. Prof. de Ciencias de la Naturaleza, IES Clara Campoamor, Lucena (Córdoba). Montañez Naz, Sergio: Dr. en Ciencias, Univ. Autónoma de Madrid. Investigador postdoctoral Service de Physique Théorique et Mathématique.Université Libre de Bruxelles (Bélgica). Moya Rodriguez, Ana Patricia: Jefa de la revista Groenlandia. Muñoz Castillo, Juan Antonio: Prof. de Historia y Economía, IES Séneca, Córdoba. Ruiz Gómez, Aarón: Lcdo. en Física. Contratado Predoctoral del Dpto. de Física Atómica, Molecular y Nuclear, Univ. de Sevilla. Ruiz Gómez, Clara Eugenia: Lcda. Historia. Prof. de Geografía e Historia y responsable de coeducación, IES Virgen de la Cabeza. Marmolejo (Jaén) Sánchez Fernández, Antonio J.: Contable, estudiante de Administración y Finanzas, escritor. Serrano Castro, Antonio Jesús: Lcdo. en Derecho y experto en Criminología. Prof. Asociado área de Filosofía del Derecho, Univ. de Córdoba. Abogado. Valle Porras, José Manuel: Prof. de Historia, IES Ricardo Ortega, Fuente Alamo (Murcia). Vázquez Salas, Carlos: Prof. de Física y Química, IES Miguel de Cervantes, Lucena (Córdoba). Ventura Rojas, José Manuel: Dr. en Historia Univ. de Córdoba. Prof. Asistente de Historia Moderna, Univ. de Concepción (Chile).

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PRESENTACIÓN Editorial ..................................................................................... 3 Presentación del Coordinador de actividades humanísticas .............................................................................. 4 Presentación del Coordinador de actividades científicas ................................................................................. 5 ARTÍCULOS DE DIVULGACIÓN ESPECIAL EFEMÉRIDES HISTORIA: «1808, 1968, 1978» La Historia de España Contemporánea: 1808-1978 ………..... 6 1968: La penúltima revolución ………………...…………… 11 ARTÍCULOS VARIOS Perspectiva histórica de la alianza militar con Estados Unidos respecto a Marruecos (1953-2008) ......................................... 17 El amanecer de la ciencia: las primeras limitaciones de la numeración en Grecia ............................................................. 21 Paradigmas muertos y paradigmas asesinos .…….………..... 23 Modelando el Cosmos (y IV) ………….................................. 29 De la última conjetura al gran teorema de Fermat ………….. 34 Especiación del Mercurio en el medio ambiente .................... 37 La sucesión de Fibonacci en la naturaleza de las plantas ....... 42 Generación eléctrica por pila termoeléctrica. Efecto Seebeck. 45 La crisis salina del Mediterráneo ..…….................................. 48 Aproximación al tango desde la poesía culta .......................... 53 El juego de las dimensiones: entre fantasía y soledad ............ 58 OPINIÓN Y ANÁLISIS La coeducación en el sistema educativo español …..….……. 63 Los límites de la crítica ……………....................................... 65 Lo políticamente correcto …………....................................... 67 MISCELÁNEA Libros: Erasmo y el arte de la biografía en Stefan Zweig ................... 71 Cine: Amor y muerte en Woody Allen …......................................... 74 Rincón de Poesía …………………......................................... 79 INFORMACIÓN DE OURÓBOROS Memoria de actividades 2008 ................................................. 80 Fe de Erratas de Isagogé, 4 (2007) ………………………….. 80

Depósito Legal: CO 259-05 ISSN: 1885-2475

Esta publicación es completamente gratuita y de libre difusión.

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Isagogé Isagogé es una revista de investigación y divulgación del Instituto Ouróboros de estudios científico-humanísticos de Córdoba, que persigue la extensión del conocimiento y la participación en su creación y difusión. Esta publicación es completamente gratuita y de libre difusión. Publicada de forma anual, tiene carácter internacional y se dirige al público y a la comunidad científica en general sin una predilección por un campo concreto, siendo esa una de las señas de identidad más importantes de esta publicación. En Isagogé se compaginan siempre de una forma lo más completa posible tanto los contenidos científicos como los humanísticos, en artículos de investigación avanzada como de divulgación de grande y mediana difusión. Asimismo, la poesía, la opinión, el análisis, la crítica, la revisión,… tienen su espacio en Isagogé que se convierte de esta manera en un espacio de comunicación y divulgación abierto y dirigido a todos los que estén interesados en ampliar sus horizontes en los distintos ámbitos de las ciencias y las humanidades. Los trabajos publicados son originales y son revisados por el consejo editorial de la revista, asesorado en los casos necesarios por revisores externos, expertos en la materia. Los artículos de Isagogé son indexados en DIALNET —Portal de difusión de la producción científica hispana, de la Universidad de la Rioja. Isagogé Nº 5 y el conjunto de sus artículos es una revista de carácter totalmente gratuito y de difusión libre. Está permitida su reproducción y difusión con carácter no lucrativo, siempre que no se haga en nombre de ninguna otra entidad diferente del Instituto Ouróboros de estudios científicohumanísticos de Córdoba. En ningún caso la reproducción total o parcial de los contenidos de la revista podrán hacer variar el contenido de estos pues el mismo es propiedad intelectual de sus autores. Isagogé. Revista del Instituto Ouróboros de estudios científico-humanísticos de Córdoba. Nº 5. Año 2008. Depósito Legal: CO 259-05 ISSN: 1885-2475 Director: D. José María Martínez Jiménez. Presidente del Instituto Ouróboros de estudios científico-humanísticos de Córdoba. Licenciado en Biología por la Universidad de Córdoba. Consejo Editorial Isagogé Número 5: 

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D. José Manuel Ventura Rojas. Vicepresidente y Coordinador de actividades humanísticas del Instituto Ouróboros de estudios científico-humanísticos de Cordoba. Doctor en Historia por la Universidad de Córdoba. Profesor Asistente de Historia Moderna, Universidad de Concepción, Chile. D. Sergio Montañez Naz. Coordinador de actividades científicas del Instituto Ouróboros de estudios científico-humanísticos de Córdoba. Doctor en Ciencias por la Universidad Autónoma de Madrid. Investigador postdoctoral del Service de Physique Théorique et Mathématique de la Université Libre de Bruxelles, Bélgica. D. Antonio José Miralles Aranda. Secretario del Instituto Ouróboros de estudios científico-humanísticos de Córdoba. Licenciado en Biología por la Universidad de Córdoba. Profesor de Ciencias de la Naturaleza IES Clara Campoamor, Lucena (Córdoba). D. Manuel Guerrero Cabrera. Socio del Instituto Ouróboros de estudios científicohumanísticos de Córdoba y miembro de la Comisión Ejecutiva de la Asociación Cultural Naufragio. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Córdoba. Profesor de Lengua y Literatura, IES Miguel de Cervantes, Lucena (Córdoba).

Edita: Instituto Ouróboros de estudios científico-humanísticos de Córdoba. http://institutoouroboros.atspace.com E-mail: instituto_ouroboros@hotmail.com isagoge@hotmail.es Isagogé en su edición digital puede encontrarse en: http://isagoge.atspace.com

Esta publicación no se hace responsable de las informaciones y opiniones manifestadas por los autores de los artículos.

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EDITORIAL José Mª Martínez Jiménez Presidente del Instituto Ouróboros

AÑO DE CRISIS Los aniversarios, las efemérides y las conmemoraciones quedan a un lado en este editorial para hacernos eco del hecho más insidiosamente relevante que nos trajo el año 2008. Ciertamente podemos asegurar que estamos siendo partícipes de la historia de igual forma en que los participantes en la toma de la Bastilla, los testigos de la construcción de las pirámides en Egipto o los judíos expulsados de la península lo fueron en su día. Generaciones como la de quien escribe estas líneas hemos inaugurado el final de la transición española, hemos sido testigos de la caída del muro de Berlín, de las múltiples e interminables guerras en Oriente Medio, de la caída y surgimiento de grandes personajes de la historia, de las grandes hambrunas y genocidios en África entre otros y del auge del terrorismo en el mundo, con barbaries como la del 11-S. Por si fuese poco, el devenir del tiempo nos sumerge en otro gran momento que sin duda marcará el futuro próximo y que quedará igualmente reflejado en los libros de historia. La crisis económica actual se queda pequeña en comparación con el gran Crack del 29. El derrumbe mundial del sistema financiero ha conseguido incluso que algunos se pregunten sobre la propia capacidad del sistema para ser sostenible. El capitalismo se resiste a desaparecer como tal pero quedará tocado para no volver a ser el mismo después de ésta. La sostenibilidad es la palabra clave de este momento histórico. Sobreviviremos como sociedad, eso es algo de lo que no es difícil estar seguros. Lo que sí está por ver es si nuestra cultura se verá afectada o no finalmente por los cambios que han de venir. Una acción decidida para conseguir un crecimiento y una prosperidad sostenibles es el gran reto de nuestros días. Acabar con la pobreza y proveer de atención médica y sanitaria a todo el planeta puede resultar un objetivo fácil si lo comparamos con la salvaguarda de nuestro medio ambiente. Asimismo, apostar por un sistema político mundial que haga posible y real el entendimiento y la paz mundial podría liberarnos de la amenaza de una autodestrucción tal y como la vivimos durante la guerra fría. Visto que no son pocos los retos que tenemos por delante, se puede deducir que será difícil hacerles frente a todos, aún más si cuando los medios para ello están escaseando y desapareciendo por momentos. Esta crisis económica va a dejar a muchas familias sin recursos en el primer mundo y, mientras tantas personas sufren y claman por un empleo, otras muchas van a seguir pidiendo que no las masacren y dejen morir de hambre, miseria y epidemias en países con menos suerte aún, mientras que el dinero necesario para evitarlo vuela de mano en mano o se pierde en el limbo de la especulación. El fin del siglo XX y el «advenimiento» del siglo XXI podrían relacionarse con un evento concreto como ocurre con otros periodos históricos del pasado. Quizás la caída de las Torres Gemelas sea una imagen lo suficientemente impactante como para simbolizar el fin de una época, pero esta caída en sí misma no provocó un cambio social, de sistema político, cultural y de actitud como es previsible que lo haga la actual caída en barrena de la economía mundial. Logros como el de la llegada a la Casa Blanca del primer presidente afroamericano podrían ser casualidad, causalidad o incluso convertirse en una suerte de milagro. El tiempo tendrá la última palabra, y nuestras generaciones, en el que le ha tocado vivir, podrán seguir siendo testigos de ella. Mientras tanto, desde el Instituto Ouróboros, intentaremos poner nuestro granito de arena para paliar la crisis haciendo lo que mejor sabemos: divulgar conocimiento gratis para todos. Disfrute de Isagogé 5. Isagogé, 5 (2008)

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PRESENTACIÓN DEL COORDINADOR DE ACTIVIDADES HUMANÍSTICAS

José Manuel Ventura Rojas Coordinador de Actividades Humanísticas del Instituto Ouróboros

Tres Efemérides: 1808, 1968 y 1978 Una enseñanza muy valiosa que puede extraerse del adecuado estudio de la Historia es la de tratar de situar nuestra existencia en un marco de referencia que trascienda la vigente perspectiva ahistórica, más allá de lo inmediato. Nuestra época de prisas y los afanes de novedad suelen conducir a la superficialidad en el tratamiento del pasado. Esto último ocurre a veces con las efemérides, muy de moda desde hace años. El tan extendido aburrimiento de muchos habitantes de Occidente —si no están de acuerdo pueden echar un vistazo a internet o a las cadenas de televisión que, al margen de sus virtudes y utilidades, se muestran plagados de trivialidades y de los pasatiempos más insólitos e inanes— también alienta la necesidad de buscar acontecimientos que sirvan como puntos de referencia existenciales, sean vividos propiamente o, sobre todo, a través de simulaciones en documentales y actos conmemorativos. Naturalmente, ello tiene que ver con las relaciones que se establecen entre los estudios de la Historia y las construcciones de identidades colectivas, siendo en muchas ocasiones las segundas impulsoras de los primeros. Se trata de una tendencia natural, cuyos riesgos no debemos ignorar, con el fin de evitar perniciosas instrumentalizaciones alborotadoras de los cauces de serenidad y rigor que conviene preservar en el desarrollo de las disciplinas científicas. No estamos ante tres efemérides cualesquiera, puesto que lo importante de ellas, más allá de los acontecimientos puntuales que las hacen famosas, es el hecho de que juegan un papel decisivo en procesos históricos de mayor amplitud. Es necesario no limitarnos al interés por lo llamativo, lo extraordinario o lo pintoresco, sino tratar de profundizar en esa compleja red de circunstancias y factores a corto, medio y largo plazo que constituyen el discurrir de la Historia. Por desgracia, no parece que sea ésta una actitud muy en boga, debido a la tan extendida avidez de novedades y escaso afán por superar las opiniones generales —ignorante o temeroso del esfuerzo que requiere la tan necesaria profundización en el análisis—, tan difundidas en la actualidad. Pero, más allá de los recuerdos del pasado, interesa también perseverar en nuestros afanes para mejorar el presente y el futuro. Desde el Instituto Ouróboros siempre nos ha interesado, ante todo, la búsqueda del conocimiento como parte importante de nuestras vidas. Nunca faltan dificultades y obstáculos que suscitan más bien el desaliento, pero es necesario no sucumbir frente a ellos. Ante los errores, contrariedades y desgracias que en mayor o menor medida suceden en nuestra existencia, conviene extraer de ellos conclusiones y enseñanzas en un proceso de continuo aprendizaje. No es un camino fácil y en el mundo que nos rodea no siempre encontramos apoyo y estímulos en esa labor. En nuestro caso, somos muy afortunados por formar parte de una comunidad de amigos que valoran el conocimiento, la necesidad de aumentarlo, renovarlo, hacer un buen uso del mismo, transmitirlo y compartirlo generosamente con todo aquel que esté interesado en ello. Para nosotros Isagogé es una forma de llevar a cabo esa labor que contribuye a dar sentido a nuestra existencia. 4

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PRESENTACIÓN DEL COORDINADOR DE ACTIVIDADES CIENTÍFICAS Sergio Montañez Naz Coordinador de Actividades Científicas del Instituto Ouróboros

Isagogé en la «sociedad de la información» El pasado año 2008, con sus «tormentas» económicas, con su creciente deterioro del planeta debido a la devastadora actividad humana, con esas cosas tan horribles, y esas otras tan maravillosas, que en su seno han sido capaces de hacer los seres humanos, no ha hecho más que confirmar lo que muchos vienen anunciando desde hace tiempo: que el mundo está cambiando a gran velocidad, y que lo hace cada vez más rápido. La tremenda innovación y aumento del uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones está modificando radicalmente en muchos sentidos casi todos los aspectos de nuestra sociedad. Pero, ¿qué papel juega Isagogé, nuestra revista, en esta «sociedad de la información» en la que nos hallamos inmersos? En mi opinión, el de protagonista (compartido, evidentemente). Y es que se da la circunstancia de que «información» no es lo mismo que «conocimiento». Aún superando la tremenda barrera económica y social que existe actualmente, que impide a la mayoría de los seres humanos disponer de toda esa maravillosa información que se encuentra disponible a través de la red, hay otra barrera todavía más difícil de superar por no ser tan tangible como la anterior. Para que un ser humano pueda aprender algo nuevo no le basta con conectarse a internet, abrir un libro o escuchar y observar a quién le enseña. Es necesario también que sea capaz de relacionar los nuevos conocimientos con los que ya previamente poseía. Pero fortuitamente no siempre se dan las «circunstancias adecuadas» para que pueda llevarse a cabo esta relación, con el resultado de que el sujeto, aunque no lo es, aparece como completamente inútil para aprender esa disciplina o conocimiento concreto. Crear esas «circunstancias adecuadas» que permitan el aprendizaje casi siempre requiere de una ayuda didáctica, además de una preparación adecuada. No teniendo actualmente todos los habitantes del mundo las mismas oportunidades en el ámbito de la educación, nos encontramos todavía lejos del ideal que supondría una «sociedad del conocimiento», a la que sólo llegaremos si superamos también esa segunda barrera. Como coordinador de actividades científicas del Instituto Ouróboros tengo que agradecer y felicitar a todos los que participan en este número de Isagogé. Gracias a ellos, un año más, esta revista, con sus artículos de divulgación y análisis, que pretenden ayudar al profano a cercarse al conocimiento científico actual, y con sus artículos de opinión, sus relatos, su rincón de poesía, etc., en los que se da la oportunidad a cualquiera de expresarse libremente, contribuye con decisión a eliminar las jerarquías sociales, las injusticias y, ¿por qué no decirlo?, la esclavitud, que provoca el actual acceso desigual al conocimiento.

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ESPECIAL EFEMÉRIDES HISTORIA: «1808, 1968, 1978»

LA HISTORIA DE ESPAÑA CONTEMPORÁNEA: 1808-1978 José Manuel Ventura Rojas Resumen: Reflexión en torno a las efemérides de la Guerra de la Independencia y la Constitución española de 1978 celebradas en 2008, que analiza las circunstancias históricas de cada acontecimiento, la bibliografía más reciente y los campos de estudio más relevantes cara al porvenir. Palabras clave: Guerra de la Independencia 1808-1814, Constitución española de 1978, historiografía española, efemérides

Los estudiosos de la Historia Contemporánea española saben que sus límites cronológicos suelen ubicarse entre 1808 y 1978. Por otro lado, siguiendo la corriente general que emplea la denominación Historia del Mundo Actual para el período a partir de 1945, también es corriente situar el comienzo de la España Actual en 1939. A pesar de ello, elegimos la opción arriba citada no sólo por la conveniencia de aunar efemérides para nuestro análisis, sino también por motivos más profundos. Es verdad que el Franquismo se implantó después de un proceso traumático y de ruptura como fue la guerra civil, pero el nuevo giro de los acontecimientos a partir de la muerte del dictador condujo a una serie de cambios que, aunque en parte asientan sus bases en la década de 1960 y su carácter mucho menos violento diluye la percepción de los mismos, a la postre parecen haber llevado a España a un nuevo ciclo histórico. La firma de la Constitución hoy vigente marcó el final de la Transición —estrictamente hablando, aunque algunos la prolonguen hasta el golpe de Estado del 23-F o el triunfo electoral socialista de 1982— y el comienzo del período democrático actual, cuyo horizonte se muestra mucho más positivo que el de comienzos del siglo XIX. Sin caer en determinismos unilaterales ni en generalizaciones apriorísticas y parciales, conviene recordar que gran parte de los problemas de la contemporaneidad española provinieron de las consecuencias de la Guerra de la Independencia. Un conflicto decisivo, más allá del ámbito nacional, para la Europa del Diecinueve, habida cuenta de que la derrota de Napoleón se gestó tanto en la Península como en las estepas rusas. La presente afirmación queda avalada por una de las más extensas bibliografías de la disciplina histórica, con multitud de subapartados monográficos1. En contra de lo que a veces ha sucedido, tal vez esa sea una de las facetas más importantes de una efemérides —«las palabras vuelan, los escritos permanecen»—, dado que resulta esencial en ellas aprovechar y fomentar la capacidad de generar reflexiones a partir de lecturas bien informadas, nuevas investigaciones y revisión de las ya existentes2. Una conmemoración debe servir para que los profesionales de la Historia recapitulen en torno a un tema trascendental en su disciplina. También para que los organismos estatales y gubernamentales, lo mismo que la ciudadanía, aprovechen igualmente ese momento, quizá en un nivel más divulgativo y 1

Entre los trabajos de la última década que analizan las tendencias historiográficas que han encarado el tema, vid. F. J. MAESTROJUÁN CATALÁN (2002): «La Guerra de la Independencia: una revisión bibliográfica», en F. MIRANDA RUBIO, Fuentes documentales para el estudio de la Guerra de la Independencia, Eunate, pp. 299-342. Etiam la amplia recopilación de títulos listados en los siguientes enlaces:<http://www.cervantesvirtual.com/portal/guerraindependencia/pcuartonivel.jsp?conten=bibliograf ia_selecta>; y <http://www.adap.es/aegi/documentacion.asp?IdMenu=6&Submenu=6> 2 También el primer centenario del conflicto suscitó, junto al impulso del patriotismo monumental y estatuario, el de promocionar una serie de volúmenes de investigadores sobre el fenómeno y fuentes, destacando entre las últimas una antología de discursos parlamentarios. Vid. J. M. CUENCA TORIBIO (2002): «Defensa e incluso apología de una conmemoración: 1808-14», Revista de estudios políticos, 116, pp. 169-170. Sobre la historia de las celebraciones de una de las más destacadas efemérides patrias, C. DEMANGE (2004): El Dos de Mayo. Mito y fiesta nacional, 1808-1958, Marcial Pons.

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ameno, pero no menos rigurosamente ecuánime. Por desgracia, estos afanes no siempre pueden llevarse a la práctica con el sentido indicado, de manera que no es infrecuente la instrumentalización y el propagandismo partidista o un mero sentido lúdico vulgarizador pero pretendidamente bien informado. En los casos de la Guerra de la Independencia y la Constitución de 1978, resulta sintomático que no hayan destacado como merecían en la agenda oficial y particular de los españoles. Ello pone de manifiesto, tanto la insuficiencia de una auténtica visión y sentido de Estado en nuestro país, como una muy extendida desmemoria, recuerdo selectivo y estrecho de miras, por mucho que se hable de lo contrario desde diversos puntos de vista. Aunque no pocos ciudadanos sienten un genuino deseo de conocer su pasado, muchos otros, así como numerosas instituciones de diferente signo político, no han atendido debidamente estas demandas. Lamentablemente, el problema comienza en el mismo seno del gremio de historiadores, ya que la mayor parte del contemporaneísmo español permanece desde hace décadas concentrado en otros períodos, dejando al mismo tiempo desatendidos los de la Peninsular War y reinados de Fernando VII e Isabel II. Por fortuna, no es algo unánime y conviene recordar que, antes de que comenzaran los fastos, una minoría acribiosa y seria ha ido laborando en torno al conflicto y aportando nuevos resultados. En ese sentido, la Asociación para el Estudio de la Guerra de la Independencia —AEGI— ha cumplido desde hace años un papel fundamental en la promoción de actividades que tienen que ver con el fenómeno, especialmente congresos y seminarios, la mayoría de los cuales han visto publicados sus resultados en volúmenes y libros de actas y cuyos logros sería deseable que tuvieran más en cuenta quienes decidan acometer obras de síntesis destinadas al gran público3. Otro aspecto positivo en los últimos años es el de las conexiones establecidas entre las investigaciones de diversos lugares. Ello ha redundado en la diversificación de enfoques. Sin duda, la conjunción entre estudiosos de ambos países de la Península Ibérica debería fomentarse mucho más y extenderse de manera más amplia al otro lado del Atlántico, que en 1810 abrirá un nuevo proceso de efemérides. Convendrá que estas últimas no se circunscriban de manera limitada a cada país americano, sino que se establezcan foros que aborden el fenómeno de manera conjunta4. En este sentido, el papel de España resulta de gran importancia como elemento de cohesión y, para lograrlo, conviene que nuestro país asuma un mayor interés en aunar perspectivas de lo sucedido en ambos continentes sin incurrir en tentaciones imperialistas de viejo o nuevo cuño.

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Entre ellos destacamos, además del mencionado en la nota 1 y algunos otros, el coordinado por J. A. ARMILLAS VICENTE (2001): La Guerra de la Independencia. Estudios, Ministerio de Educación Cultura y Deporte-Fundación Fernando el Católico, 2 vols.; y el más reciente de E. DE DIEGO GARCÍA (dir.) (2009): El comienzo de la Guerra de la Independencia. Congreso Internacional del Bicentenario. Madrid, 8-11 de abril de 2008, Actas. Escribía hace pocos años un destacado especialista sobre la necesidad de renovación de enfoques y planteamientos lo siguiente: «El problema reside, en parte, en que actualmente esta gran masa historiográfica se muestra muy envejecida. En tanto que ‗vieja‘ historia, escrita en gran medida en términos de batallas, campañas y grandes hombre, no contempla las nuevas corrientes de la labor histórica que llevan revolucionando nuestra comprensión del pasado al menos en los últimos cincuenta años. Al mismo tiempo, la desfigura una combinación de mito nacional, prejuicio cultural y partidismo político. En Gran Bretaña, por ejemplo, el dominio de la escena por el duque de Wellington es tal, que muchas historias de la guerra de la Independencia escritas en inglés se limitan a meros recitados de sus victorias. En Francia hallamos un profundo deseo de explicar el conflicto en términos de la leyenda napoleónica. Y en España y Portugal una sucesión de liberales, neoabsolutistas, nacionalistas autoritarios y marxistas han pretendido todos someter a la guerra a un desvalijamiento en beneficio propio». C. ESDAILE (2004): La guerra de la Independencia. Una nueva historia, Crítica, p. 9. 4 Buen ejemplo de ello encontramos en el siguiente volumen, bilingüe, que recoge las intervenciones de cuatro destacados especialistas de Brasil, España y Portugal F. J. MARRONI DE ABREU (ed.) (2008): Las invasiones napoleónicas y el mundo iberoamericano, Fundación Cultural Hispano-Brasileña.

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Y es que los temas a tratar en el fenómeno de la Guerra de la Independencia están lejos de haberse agotado. Empero, no pocas publicaciones y eventos del año quedaron circunscritos a las narraciones tradicionales en torno al levantamiento del dos de mayo de 1808 y la batalla de Bailén, temas preferentes en exposiciones y eventos. Ante los mismos, conviene adoptar un enfoque superador de la Historia tradicional basada en el peso de acontecimientos puntuales, dando cabida a los procesos coyunturales y estructurales que, sin ser tampoco determinantes por sí mismos, ayudan a una mejor comprensión del proceso. Así, las investigaciones de las últimas décadas han revisado las visiones convencionales, aclarando que el alzamiento antifrancés y el movimiento juntero en toda España no se produjo a raíz de la insurrección madrileña, sino que más bien fueron las noticias de las renuncias al trono de Carlos I y Fernando VII en Bayona las que constituyeron el detonante inmediato. Igualmente, las tendencias más recientes aludidas tratan de evaluar el papel agitador de individuos y grupos partidarios de la causa fernandina, que llevaron a cabo acciones muy similares a las que precipitaron el Motín de Aranjuez, frente a unas autoridades constituidas que se mostraron, en no pocas ocasiones, reticentes y timoratas a la hora de apoyar la rebelión contra los franceses, debido a las contradictorias noticias que recibían y al miedo a los desmanes de una revolución popular. Como resultado de todo aquello surgieron las juntas, instituciones no del todo novedosas pero que cobraron poco a poco un nuevo cariz político, empezando por su origen en la voluntad popular. Así, el movimiento de mayo de 1808 no se alzó de manera espontánea ni unánime y tampoco deseaba socavar las estructuras del Antiguo Régimen, pero se abrió un camino para la reivindicación del ejercicio de la soberanía nacional, nota característica del liberalismo a punto de nacer5. Al recordar el papel tan importante jugado por el lema «Dios, Patria y Rey» o los calificativos de «gloriosa y religiosa» y «revolución santa» como motor del alzamiento antinapoleónico, uno percibe las profundas diferencias con respecto a los discursos actualmente vigentes6. La importancia de la religión en multitud de episodios de la guerra, desde el movimiento insurgente hasta la reunión de las Cortes de Cádiz o la política de José I, constituye un fenómeno complejo y polimorfo que se resiste a ser esquematizado de manera convencional o a través de interpretaciones maniqueas. Al contrario, resulta lógico pensar que en un estamento como el eclesiástico, con una importancia como la que tenía en la España de comienzos del XIX, se pueden encontrar figuras cuya importancia fue decisiva tanto en las filas del liberalismo como del absolutismo más enconado, entre los autodenominados patriotas y los afrancesados. Sin duda, los aspectos militares son los que ejercen un reclamo de mayor importancia todavía en la actualidad. No obstante, llamativa resulta la tardanza habida en completar la magna obra iniciada por José Priego López en 1972, que quedó interrumpida por la muerte del ilustre militar y cuyo noveno volumen fue completado por José Priego Fernández del Campo y publicado por San Martín en 2007. Un año después ha sido reeditado otro pequeño libro suyo que, a pesar de su antigüedad, se mantiene todavía como modelo de síntesis7. Por lo demás, en el último decenio han aparecido algunas monografías

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R. GARCÍA CÁRCEL (2007): El sueño de la nación indomable. Los mitos de la Guerra de la Independencia, Temas de Hoy, p. 107; J. M. CUENCA TORIBIO (2006): La Guerra de la Independencia: un conflicto decisivo (1808-1814), Encuentro, pp. 130-1. Por nuestra parte, rogando se nos disculpe la inmodestia de la autocita, remitimos a las conclusiones de un estudio particular sobre la región bética: J. M. VENTURA ROJAS (2008): «Levantamiento, revolución y juntismo en la Andalucía de 1808», Aportes, 68, pp. 57-73 6 Un análisis sobre el fenómeno en el caso hispalense ofrece el trabajo de M. MORENO ALONSO (1997): La revolución ‘Santa’ de Sevilla (la revuelta popular de 1808), Caja San Fernando. 7 J. PRIEGO LÓPEZ (2008): Cómo fue la Guerra de la Independencia: 1808-1814, San Martín (Edición del Bicentenario)

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de conjunto, actualizadas con los resultados de investigaciones más recientes 8. Gracias a ellas ha ido perfilándose de manera más clara el papel del ejército regular español en la contienda, tan desprestigiado y minimizado en otras visiones del pasado, pero que en verdad resultó decisivo por su tenacidad. A pesar de la importancia fuera de toda duda de las tropas británicas y de la guerrilla —uno de los temas más populares y revisitados en el Bicentenario, aunque todavía queda mucho por investigar, especialmente a la hora de extender la cuestión al mantenimiento del orden público9—, ninguna de las dos ganó la guerra por sí sola. Conviene igualmente recordar las rivalidades entre el poder civil y el militar en la conducción de las operaciones militares, sobre todo en el caso de los liberales, que temieron durante la redacción de la Carta Magna de 1812 una intervención del ejército a través de un golpe que, en realidad, nunca se dio. No obstante, se generó con ello un clima de mutua desconfianza, manifestado en el deseo de los liberales a la hora de crear un cuerpo de Milicia Nacional integrado por ciudadanos-propietarios que defendieran la constitución. Por su parte, el pronunciamiento del general Elío en Valencia en mayo de 1814 fue el primero de la Historia de la España decimonónica, en la cual militares de uno u otro signo político actuarán más como jefes de facciones políticas que por su condición específica de soldados10. Las Cortes de Cádiz constituyen otro de los grandes temas del conflicto. Habrá que esperar a las conmemoraciones del bicentenario de su apertura y proclamación de la primera Constitución, en las cuales convendría establecer una mayor cooperación entre las esferas del municipio gaditano, la autonomía andaluza y el gobierno central. Tampoco se han agotado en ella los temas de investigación y en este año apareció una valiosa síntesis, que esperamos no será la última en reavivar el interés por la cuestión 11. Anexos a ella deberían desarrollarse los trabajos sobre la implantación de los ayuntamientos liberales y las diputaciones entre finales de 1812 y 1814, etapa que resultará decisiva en el aspecto político no solamente para explicar lo que ocurrió al retornar Fernando VII, sino también para rescatar las cuestiones que seguirán siendo claves en la España del primer tercio del siglo XIX: el reducido impacto de las ideas liberales en el pueblo y la impopularidad de sus medidas como la contribución única, la división en facciones políticas —con las persecuciones, primero de afrancesados y luego de liberales y absolutistas—, el desarrollo del anticlericalismo —sobre todo a partir del Trienio Liberal—, etcétera.

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Vid. D. GATES (1987): La úlcera española. Historia de la Guerra de la Independencia, Cátedra, 1987; y más recientemente E. DE DIEGO GARCÍA (2008), España, el infierno de Napoleón: 1808-1814, una historia de la Guerra de la Independencia, La Esfera de los Libros; pasando por la recopilación de datos de J. J. SAÑUDO BAYÓN (2007): Base de datos sobre las Unidades Militares en la Guerra de la Independencia Española, Instituto de Historia y Cultura Militar. En cuanto a estudios sobre hechos de armas puntuales, aparte de los aparecidos en publicaciones tan solventes como Researching & Dragona, cabe citar algunos como el de R. MUIR (2003), Salamanca 1812: el triunfo de Wellington, Ariel. 9 Entre los títulos aparecidos en los últimos años destacan: A. MOLINER DE PRADA (2004), La Guerrilla en la Guerra de la Independencia, Ministerio de Defensa; F. L. DÍAZ TORREJÓN (2004-5): Guerrilla, contraguerrilla y delincuencia en la Andalucía napoleónica, Fundación para el Desarrollo de los Pueblos de la Ruta del Tempranillo, 3 vols.; C. ESDAILE (2006), España contra Napoleón: guerrillas, bandoleros y el mito del pueblo en armas, Edhasa; F. MARTÍNEZ LAÍNEZ (2007): Como lobos hambrientos: los guerrilleros en la Guerra de la Independencia (1808-1814), Algaba; R. ABELLA y J. NART (2007): Guerrilleros: el pueblo español en armas contra Napoleón (1808-1814), Temas de Hoy. 10 Cfr C. SECO SERRANO (1984): Militarismo y civilismo en la España contemporánea, Instituto de Estudios Económicos, p. 81 11 J. S. PÉREZ GARZÓN (2008): Las Cortes de Cádiz: el nacimiento de la nación liberal (1808-1814), Síntesis. Vid. etiam las anteriores de P. CHÁVARRI SIDERA (1988): Las elecciones de diputados a las Cortes Generales y extraordinarias (1810-1813), Centro de Estudios Constitucionales; y J. Mª GARCÍA LEÓN (2006): Los diputados doceañistas. Una aproximación al estudio de los diputados de las Cortes Generales y Extraordinarias (1810-1813), Ayuntamiento de Cádiz, 2 vols.

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Mucho menos explorados están todavía asuntos tan atractivos para el gran público como los de la sociedad, cultura y vida cotidiana, sobre los cuales convendría emprender algunas visiones de conjunto de cierta entidad. Estas últimas se beneficiarán, tanto de la explotación de nuevas fuentes documentales y la revisión de las antiguas, como de la multitud de trabajos parciales en lo geográfico y temático, irregularmente distribuidos pero valiosos en cualquier caso para la reconstrucción de una imagen más amplia y completa del drama vivido por los participantes de aquel hecho histórico que ya glosaron con singular maestría tanto los pinceles y buriles de un Goya como la pluma de un Galdós12. Lo mismo ocurre con las consecuencias de la guerra, un capítulo que normalmente queda despachado en escasas páginas o breves líneas que no pasan de las generalizaciones. Si bien es verdad que no resulta fácil cuantificar las pérdidas en cifras absolutas, ello no impide establecer aproximaciones cuya fiabilidad irá en aumento a medida que se concluyan nuevos estudios comarcales y locales que, contrastados con los antiguos, servirán como punto de partida para futuras síntesis de más amplio vuelo y de contenidos rigurosamente actualizados13. De momento, por lo que sabemos la Guerra de la Independencia parece haber sido la más catastrófica de la Historia de España Contemporánea por el saldo de muertes y el alto grado de destrucción material, que hipotecó durante décadas el crecimiento en diferentes planos de la realidad española14. Para terminar, el pasado más reciente es más bien un terreno sobre el cual, afortunadamente, trabajan cada vez un mayor número de historiadores. En ese sentido, sería deseable que las jóvenes generaciones den ejemplo de serenidad al confrontar un objeto de estudio que, por su mayor proximidad, no siempre resulta fácil de abordar manteniendo una postura ecuánime. Una visión algo desencantada o desdeñosa del proceso de la Transición, que resalta más bien sus imperfecciones, se ha difundido en algunos sectores y, aunque resulta igualmente necesario no caer en vanos triunfalismos o apologías unilaterales, conviene recordar que el reducido saldo de muertes y los logros políticos de representatividad y mejoras en el aspecto material deberían movernos a establecer un balance en el cual predominaría lo positivo. Ello sin olvidar que una democracia se construye día a día, no solamente con recuerdos del ayer, sino con renovados proyectos y esfuerzos de cara al futuro.

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Quizá la obra más celebrada en esta vertiente, aunque con una mayor amplitud temática, ha sido la de R. FRASER (2006): La maldita guerra de España. Historia social de la Guerra de la Independencia, 1808-1814, Crítica. Menos conocida y algo más reducida en sus frutos queda la de J. ARAGÓN GÓMEZ (2006): La vida cotidiana durante la Guerra de la Independencia en la provincia de Cádiz, Diputación Provincial de Cádiz, 2 vols. 13 Modelo para este tipo de empresas constituye la tesis doctoral recientemente publicada de J. M. NAVARRO DOMÍNGUEZ (2006): Los Alcores en el transito del Antiguo al Nuevo Régimen. El impacto de la ocupación francesa, Universidad de Sevilla, 3 vols. En tanto llegan los citados nuevos estudios, pueden consultarse las aproximaciones de J. M. CUENCA TORIBIO (2008): «Consecuencias de la Guerra de la Independencia (un apunte)», Revista de Occidente, 320, pp. 111-131. 14 «Lo que sí está claro es que la Guerra de la Independencia resultó la más letal de las guerras de la historia contemporánea española, superando a la Guerra Civil en mortalidad relativa: el medio millón de muertos durante esta campaña y su inmediata posguerra representan menos del 2% de los 26 millones de españoles entonces existentes, mientras que las víctimas de la contienda de 1808-1814, en la hipótesis más conservadora, superarían ampliamente el 2%, pudiendo ascender hasta cerca del 5% de los apenas 11,5 millones de personas que habitaban el país. Y todo ello sin tener en cuenta las víctimas de los ejércitos napoleónicos y aliados, que pudieron alcanzar el cuarto de millón, la mayor parte del cual correspondió a las fuerzas francesas». E. CANALES, «1808-1814: demografía y guerra en España», <http://seneca.uab.es/historia/1808-1814ini.htm>.

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1968: LA PENÚLTIMA REVOLUCIÓN José Martínez García-Gil Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver.

Resumen: El presente artículo intenta analizar brevemente, desde un sistema de referencia fenomenológico, las claves que concitaron la serie de acontecimientos que se ha dado en llamar Mayo del 68, con motivo del cuarenta aniversario a la vez que se postulan algunas hipótesis sobre la permanencia y/o influencia de lo que, clásicamente, se ha denominado revoluciones culturales. Palabras clave: Mayo del 68, revolución cultural, movimiento cultural. Cuando Auguste Comte elaboró su filosofía de la historia, nos iluminó con la idea de que la madurez intelectual obliga a sustituir la creencia por la razón. Se trata de una exigencia lógica, no ya por la necesidad de garantizar la autonomía del pensamiento que, cual fruta, va elaborando (se) de forma iterativa para conformar la noesis de cada individuo gnosciente, sino para evitar represiones, dogmas, intolerancias y ocupar esos espacios con libertades, escepticismo, debate y conceptos críticos. Mutatis mutandis cabe escribir de cualesquiera aspectos de la realidad que envuelve al hombre. Después del ignominioso período de la Segunda Guerra Mundial, Occidente pareció lanzarse hacia una tendencia del ritmo de crecimiento que, por medio del incremento de las riquezas, le acercara hacia una nueva fase socioeconómica. Tanto el capitalismo como el socialismo, cada uno con diferencias en los métodos empleados, habían adorado un modelo social basado en los valores materiales y sin estímulo alguno salvo el advenimiento del consumismo como antídoto para recuperarse de las consecuencias del ciclo guerra-posguerra. Serían esos mismos países, donde se cuestionaban incipientemente la moral del bienestar amparada en la explotación, los que alumbrarían en la década de los sesenta toda una pléyade de disconformidades sociopolíticas contra el modelo de sociedad imperante. Estos movimientos de protesta se constituyeron en ingredientes esenciales de la actividad ideológica y política en los países desarrollados, y muy especialmente en los de Occidente. Tales discrepancias adoptaron un aspecto amplio de formas, que oscilaron entre la protesta contra la orientación social impuesta por el capitalismo, pasando por la reivindicación de los derechos de las minorías, hasta la lucha contra la discriminación, el racismo, el militarismo, los efectos de la contaminación, la influencia de las multinacionales,… La tal diversidad de estos movimientos reflejaba la heterogeneidad de sus participantes, amén de sus planteamientos. Estaban compuestos por obreros, profesionales libres, burgueses, colectivos feministas, intelectuales, asociaciones vecinales, minorías étnicas, anarquistas,…sin que los partidos políticos y los sindicatos tomaran partido claramente por esta nueva izquierda, habida cuenta de la más y mayor flexibilidad demostrada por estos colectivos. El advenimiento de estos nuevos grupos sociales, dispersos y coyunturalmente generados, no gozó de una militancia al uso, sino que se localizaron principalmente en los grandes núcleos urbanos y prendieron de forma esperada en las generaciones venideras que iban a mostrar una cierta automarginación respecto a la oposición clásica o convencional. Por Sociología, sabemos hoy que estas capas urbanas disfrutaron de una mayor formación cultural, una mayor dosis de independencia política y una acentuada capacidad para la actividad social, rasgos todos ellos de menor peso en las generaciones precedentes. Así, en los EE. UU., desde mediados de los sesenta del siglo pasado y en Europa casi a finales, estos grupos se formaron alrededor de intelectuales, universitarios, progresistas o teóricos de la izquierda radical que tomaron conciencia y caracterizaron lo que se dio en llamar la rebelión de la generación del desarrollo. Se estableció una corriente que unió a las generaciones contestatarias bajo un espíritu principal en la vida de Occidente, y de cuyas olas podemos citar las siguientes: el impacto mundial de la crisis étnica americana, las consecuencias de la escalada bélica en Vietnam, la solidaridad palestina tras la derrota árabe en 1967, la corriente antifranquista española, el convulso mayo francés de 1968, la represión estudiantil en Méjico, la pisoteada primavera de Praga o las revoluciones sudamericanas. Isagogé, 5 (2008)

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La vanguardia reivindicativa naciente se hizo camino entre los grupos establecidos para dotar a la tensión social de los elementos de democracia que los partidos políticos y los sindicatos, engullidos por su profesionalización, le estaban negando. Si bien los argumentos de las protestas y las reivindicaciones se unían a las peticiones de mayor libertad y participación democrática, no se debe olvidar que existían diferencias en los movimientos como el antifranquismo o el socialismo checoslovaco, que agonizaban por su obcecación en decidir si el debate correspondía a una negación irracional o a una revuelta como la de 1789. En cualquier caso, el nexo del nuevo movimiento fue doble: el odio a la opulencia social y la afirmación pacifista. La ola comenzó en la costa oeste de California para extenderse por todo el territorio estadounidense y alcanzar a la Europa desarrollada. El rechazo se enervaba más en la crítica a las formas de creación y reparto de la riqueza en el mundo. Estas posturas ideológicas devinieron en muestras minoritarias, pero ruidosas, de automarginación que tuvieron su reflejo más publicitado en la vida aislada de las comunas, el retorno a la naturaleza, la aversión al maquinismo y el elogio, cuando no exaltación, de una forma de vida primitiva, simple y ausente de competencia. Se podría argüir que se propuso un retorno al principio del placer. Empero, los obreros, y los sindicatos que les representaban, no aceptaron la actitud evasionista de la realidad por parte de esa nueva izquierda. Y resultaba lógico, pues los obreros, como pieza fundamental en el engranaje de la riqueza que eran, mantenían la ilusión de aspirar a tocarla siquiera con el pulpejo de los dedos. No albergaban en su interior modelo alguno del profeta Moisés, y deseaban entrar en su tierra prometida particular. En consecuencia, y por el modo tradicional de lucha que ha empujado a la clase obrera, pretendían reformar el sistema desde dentro, sin abandonarlo, sin cuestionar ni la existencia ni las estructuras básicas de la sociedad que intentaban reformar. Desde la perspectiva gubernamental, el descontento mostrado por estos movimientos, al que se sumó la oposición ortodoxa, moderada pero firme, se observaba con preocupación. Un «estado de ánimo» que empeoró cuando el horizonte del desarrollo económico comenzó a advertir de sus problemas de colapso. En 1968, y desde un espíritu «científico», el colectivo empresarial italiano fundó el llamado Club de Roma a fin de ocuparse de los problemas vitales para la permanencia del capitalismo en el mundo. Esta fundación estudió asuntos tales como el crecimiento demográfico, la optimización del uso de los recursos naturales y su agotamiento o la degradación del medio ambiente. En 1972, el citado club emitió un informe diagnóstico que tituló Los límites del crecimiento, e incluyó las conclusiones de científicos considerados independientes de todo punto. Entre ellas, se pronosticaba que si se mantenía el ritmo de crecimiento demográfico y la explotación tan arbitraria de los recursos conjuntamente con la exponencial contaminación industrial, la calidad de vida se resentiría de manera irreversible antes de que finalizara el siglo XX. El informe de la fundación italiana fue tildado de catastrofista pero no pudo ser rebatido. Antes al contrario, las clases dirigentes y las sociedades más autodestructivas en cuanto al medio ambiente se refiere, tomaron por buenos los presagios apocalípticos del Club y se inició un período de debate y diálogo acerca de las recomendaciones que se extendió desde los medios de comunicación hasta los despachos de los máximos dirigentes, pasando por los ministerios. Se llegó al consenso de planificar un crecimiento cero que aliviara la situación en los años venideros. No obstante, y en el seno de tales discusiones, el cambio de ritmo económico tomó cuerpo en los planes empresariales. Pero apenas se había aceptado esta preocupación socioeconómica, la crisis del petróleo estalló en la misma puerta del bienestar occidental. En 1973, el aumento del precio del combustible fósil y otras materias fue más real y menos especulativo. Desde entonces, las preocupaciones sociopolíticas dejaron paso a los problemas económicos —planificación monetaria, aprovechamiento de los recursos, lucha contra el desempleo, contra la inflación, etc. En medio de este esbozo histórico, cabe preguntarse por el contexto puramente histórico que fraguó nuestro 68. Pues bien, los inicios coincidieron con relevos y toma de decisiones a nivel mundial. De un lado, en los EE.UU., Lyndon Johnson ganaba las elecciones de noviembre de 1964, a la sombra del fallecido antecesor Kennedy. Un mes antes, se produjo el cese de Kruschev en el Kremlin, después de conseguir que, en junio del mismo año, Alemania Oriental aceptara la influencia soviética al amparo de un tratado de defensa y amistad. La orfandad con la que quedó el

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bloque soviético europeo tras la caída en desgracia del líder ruso, dio paso a un periodo de expectativas que se truncaron en el verano del 68 con el cierre checoslovaco. En 1961 se había iniciado la intervención americana en Vietnam, al enviar el primer contingente de consejeros y militares, consolidándose a partir del verano de 1964. El ataque norvietnamita a los buques americanos en el golfo de Tonkín le sirvió a Johnson como pretexto para comprometerse en luchar contra el régimen comunista. Al mismo tiempo, China, inaccesible todavía en aquel entonces a la curiosidad occidental, desatará una convulsión política en 1965. Al conjunto de los acontecimientos chinos se le dio el nombre idealista de «revolución cultural», lo que causaría honda impresión en la izquierda europea. Entre 1965 y 1969, Mao Tsé-tung, ayudado por el ejército y su principal dirigente Lin-Piao, lanzó una ofensiva que consolidó su liderazgo entre las nuevas generaciones. Mientras, en Iberoamérica, el ejemplo cubano asentado hizo renacer las esperanzas de los grupos sociales más desfavorecidos. Las guerrillas estaban a la orden del día y se aplica el llamado «foquismo», triunfo de Fidel y el Che, como estrategia para desestabilizar a las dictaduras y repúblicas proyanquis. Octubre de 1967 recogerá la noticia de la muerte del Che y la juventud, siempre idealista, la recibirá como un mazazo, que no tardará en elevar a la categoría de mito. Algunos gobiernos como los de Argentina y Méjico recortan libertades y presupuestos sociales y/o educativos, a la par que EE.UU. experimenta un auge más violento de la protesta racial. Los negros se organizan en grupos armados —Panteras Negras— o radicales —Black Power—, protagonizando disturbios en numerosas ciudades. El enfrentamiento alcanzó su cenit en 1968 con el asesinato de Martin Luther King, obligando a intervenir a la Guardia Nacional y, de forma apresurada, anticipar la firma de la legislación sobre derechos civiles, por los que tanto había luchado el líder fenecido. Los rebeldes jóvenes del Occidente de los años cincuenta comienzan a agruparse, respondiendo al sistema y equidistanciándose del modelo capitalista como del revisionismo socialista. El catecismo trotskista vivió días de esplendor al hacer suyos algunos idearios de la izquierda tradicional. Así, en Francia se fundan las Juventudes Comunistas Revolucionarias de Alain Krivine, y su influencia se dejó notar en los laboristas ingleses y en la nueva izquierda americana. Con todo, la tonalidad contestataria más famosa y más identificadora de la época corresponde a los movimientos contraculturales y estudiantiles, una suerte de nuevo apostolado anarquista. La revolución pacifista se concretó en un movimiento juvenil —los hippies— que adoptó una metodología asociativa propia. De esta guisa, el Partido de la Juventud en EE.UU. (1967), los provos en Holanda (1966), la berlinesa Comma I (1967) o la Radical Student Alliance británica (1966) son reflejos del precedente americano Students for a Democratic Society de 1962. El autoritarismo estatal y la represión militar en estos años tuvieron una diana favorita, a saber los campus universitarios, porque las dictaduras y las democracias dictatoriales han señalado a la juventud universitaria como nidos de enemigos comunistas e infiltrados. Se desató una guerra santa contra la juventud y la inteligencia, no aceptando crítica alguna al sistema. La excusa oficial antepondrá, a su favor, el estado de bienestar alcanzado por los obreros y las clases medias para que la mayoría arremeta contra los estudiantes y la intelectualidad acomodados, que «no saben lo que quieren». La cruzada se extendió desde California a Pekín, pasando por Madrid, Méjico o Praga. La cultura prestó resistencia al poder y se ha simbolizado en la matanza de estudiantes mejicanos en las vísperas de las Olimpiadas de 1968. Pero idénticos atropellos tuvieron lugar en las aulas de Brasil, en España, en el mayo francés, en Berkeley o en Columbia. Paradójicamente, o por causa de ello, la crisis general va a calar más en uno de los países con mayor estabilidad política: Francia, con un gobierno firme pero pragmático, que concedía relevancia a las clases medias. La ambigüedad del presidente De Gaulle le reportó el apoyo populista de los mediocres y, lo que fue más importante, un periodo de diez años de bienestar y prosperidad a la V República. Ciertamente es un hecho constatado por estudios psicológicos, la seguridad suele proporcionar un trato arrogante y un autoritarismo paternalista que se hicieron notar en las relaciones entre El Eliseo y los sindicatos, la Universidad francesa y los obreros. El año de 1968 concitó el descontento intelectual, la revancha de los sindicatos, las reivindicaciones universitarias y el oportunismo de los adversarios políticos, y su conjunción sentó las bases para derrocar al gaullismo. Durante la posguerra y la aventura colonial posterior, la izquierda gala se había retirado

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a la disciplina parnasiana y el descontento sindical no dejaba de ser un mero balbuceo, lo que no supuso impulso alguno para una alternativa al programa de la derecha. Por su parte, la masa estudiantil también participaba del similar descontento de la izquierda, pero adolecía de la unión y organización necesarias para hacer frente común con los partidos de izquierdas. La memoria histórica y la autonomía eran conceptos desconocidos para la Universidad francesa en tanto que movimiento; por eso resulta más llamativo que fuera ella la que asestara el primer golpe en el 68. No creemos desvelar ninguna idea original si afirmamos que el folclore historiográfico ha intentado favorecer los sucesos del mayo francés destacando el protagonismo universitario intelectual en detrimento de la convulsión sociolaboral simultánea. En efecto, los estudiantes universitarios parisinos de Nanterre fueron los que dieron el primer paso, los que supieron encarnar los espíritus imaginativo y romántico de la «revolución»; pero no ostentaron la exclusividad del descontento ni gozaron de la única oportunidad, si es que la hubo, de modificar siquiera revolucionariamente las estructuras de la política francesa del momento. En aquel tiempo, Herbert Marcuse recordaba que la Universidad no puede hacer revolución alguna, pero debe jugar un papel de toma de conciencia social y puede proporcionar a los obreros los andamios teóricos sobre los que edificar sólidamente su descontento. En puridad socialista, los estudiantes son un elemento adventicio del sistema al que se le supone un interés meramente coyuntural en cambiar las estructuras. Tradicionalmente, los partidos y sindicatos —de la bandera que sea— han recelado de los universitarios por creerse conocedores de sus intenciones y sus limitaciones. Y a la inversa, los estudiantes franceses han rechazado el reformismo y el integracionismo de los sindicatos porque les han culpado de la desmovilización ideológica de los obreros. En consecuencia, esta desconfianza recíproca también caracterizó el movimiento social del 68. No obstante, la revuelta universitaria denunciaría la crisis interna que padecía en su propio seno, con una burocracia establecida a todos los niveles, y donde más de la tercera parte estudiaba carreras denominadas «del aire», piénsese en Literatura, Ciencias Sociales, Ciencias Políticas, Geografía, Historia,…Se invocaba una instalación de la imaginación en el poder para no desembocar en un desempleo generalizado. De otra forma, la sociedad, ya tecnificada por entonces, exigía una adecuación de la Universidad pública a sus necesidades, y primaba el ámbito industrial sobre el político o cultural. Con todo, no se debe idealizar la representación universitaria dentro del movimiento general. Es más, también experimentó el comportamiento de «mayoría silenciosa». Por aquel entonces, como ahora, la vanguardia estudiantil apenas representaba un 1,1%; en tanto que más del 50% sólo aspiraba a obtener ciertas ventajas académicas y más del 30% se conformaba simplemente con aprobar los exámenes. Específicamente, los acontecimientos de mayo comenzaron en su rama estudiantil en el mes de marzo, pero los hechos que han pasado a la historia como característicos del 68 francés —protestas callejeras, huelgas laborales y crisis política— tuvieron lugar entre el 3 y el 30 de mayo, que son las fechas que median desde el primer desalojo de La Sorbona por la policía y la manifestación en los Campos Elíseos por los partidos de derechas que sucedió al discurso del presidente De Gaulle en el que pidió apoyo para hacer frente a la amenaza del comunismo totalitario. Los antecedentes de mayo se gestaron en el período de protestas contra las reformas universitarias del curso 66-67, durante el que se dieron a conocer algunos líderes que en el 68 se autoorganizan en un «Movimiento 22 de marzo» para convocar una manifestación en protesta por la detención de un universitario. Esta algarabía representó el apéndice de un descontento que traspasaba las fronteras europeas al centrarse en la escalada intervencionista de EE. UU. en Vietnam. El detenido, Daniel Cohn-Bendit se alzaría como portavoz del Movimiento, fraguando durante el mes de abril algunas escaramuzas antiyanquis. El carácter extrauniversitario de las protestas y su creciente aumento determinaron que se expedientara a los dirigentes estudiantiles y se cerrara la Facultad de Letras de Nanterre. Con esta clausura, la agitación se trasladó a La Sorbona, lugar donde se expedientó a los ocho cabecillas encausados, incluido Cohn Bendit. El Barrio Latino, junto a La Sorbona, fue testigo en los primeros días de mayo de duros enfrentamientos entre la policía y la masa universitaria, lo que obligó al rector al cierre de las Facultades. El Sindicato Nacional de Enseñanza Superior y la Unión Nacional de Estudiantes Franceses, como asociaciones mayoritarias del sector, criticaron inmediatamente la medida

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rectoral, y decidieron la convocatoria de una huelga general estudiantil a la que invitaron a los trabajadores, quienes, si bien de forma solidaria, iban a protagonizar una serie de consecuencias imprevisibles. La mecha ya estaba encendida. La violencia creció en los siguientes días, con numerosos heridos, barricadas incendiadas, el centro de París cortado, detenciones y protestas. Hasta el día 8, la crisis generada sólo afectó a los ministerios de Educación e Interior, a pesar de centrar la atención pública de todo el país. Pero, a partir de ese día, la representación obrera se hace oír en las asambleas y responde a las peticiones de la UNEF —Sindicato de estudiantes— para acordar estrategias comunes. Se establecen así contactos entre la masa universitaria por un lado, y los sindicatos por otro, que florecen en una convocatoria de manifestación de apoyo y un comunicado conjunto de denuncia de la actuación policial. Sin embargo, los sucesos más graves habrían de llegar en la noche del diez de mayo, cuando en el Barrio Latino se inicia un asalto brutal por parte de la policía que arrojaría más de mil heridos, aunque milagrosamente ningún muerto. Este violento incidente terminó por conmover a la opinión, lo que favoreció la incorporación total de los sindicatos en las reivindicaciones universitarias. Los líderes obreros anunciaron huelga para el día 13. Si bien el seguimiento del paro fue relativo, la manifestación de toda la izquierda supuso un éxito demoledor. A partir de ese momento, la protesta adopta un tinte social inusitado y las fábricas toman el relevo de las aulas universitarias. Las reivindicaciones universitarias, tan bisoñas, dejan paso a los problemas sociolaborales de los obreros. Lógicamente, el movimiento de rechazo obrero, ubicado en las fábricas y talleres, sí va a preocupar seriamente al gobierno francés. Se alcanzaron tales proporciones que la V República se enfrentó por un lado a las huelgas y asambleas obreras y, por otro, al desafío de su propia supervivencia bajo el modelo gaullista. En los días posteriores, las protestas laborales se extendieron a las principales empresas nacionales. Las centrales obreras no logran controlar el estallido de huelgas que se desata, en un primer momento; pero el 17 de mayo los sindicatos retoman la iniciativa y deciden convocar una nueva huelga general que va a terminar en un paro total. El gobierno y la patronal se ven desbordados ante el descontento social y laboral generalizado y la radicalidad de las protestas. La situación no guardó ninguna similitud ya con el planteamiento inicial de los estudiantes. Parece ser, todavía hoy, motivo de estudio por algunos analistas el modo en que convergieron ambos movimientos, el fenómeno de contagio y la eclosión de finales de mes, hasta el punto de preferir minimizar los aspectos sociolaborales de mayo para destacar más la insatisfacción universitaria. Sin embargo, la evolución que experimentó la causa obrera, inicialmente como solidaridad antidepresiva, para pasar al planteamiento de cuestiones laborales, profesionales y sociales más profundas, era un reflejo de las grandes diferencias que existían a nivel político. La esencia del modelo capitalista incluye la forma de establecer diferencias y de repartir la riqueza, por lo que también contempla la existencia permanente de reivindicaciones y posiciones antagónicas, por dialécticas. De esto se pueden inferir fases revolucionarias a lo largo de la historia, más o menos esporádicas, y el 68 francés puede asemejarse a una de ellas. El 27 de mayo, cuando se cumplía el décimo día de huelga general, el gobierno admitió y reconoció mejores salarios, menos horas de trabajo, garantías de empleo y jubilación o facilidades sindicales. Con la firma del acuerdo, gobierno, patronal y representación obrera, se disuelven en la creencia de haber dejado atrás la crisis. Horas después, la gran fábrica de Renault en BoulogneBillancourt, con más de seis mil trabajadores, rechaza los acuerdos y vota continuar con la huelga, arrastrando a las demás fábricas. Los dos días siguientes fueron decisivos para la historia de Francia, cuyo devenir estuvo en el aire por momentos debido a la indecisión de la izquierda. El UNEF, ante el carácter social de la crisis, convoca a la nueva izquierda, a los socialistas, a los radicales, a los cristianos, etc., a una manifestación culminada con una concentración en la que se enarbola la idea de un gobierno de salvación presidido por Mendes-France. El Partido Comunista la rechaza y propone a François Mitterrand la unión de la izquierda y pide la dimisión de De Gaulle. El dirigente socialista propone, a su vez, un gobierno provisional aceptado por las asambleas de universitarios y obreros, con la capacidad de negociar y preparar una sustitución de la V República. El día 29, De Gaulle suspende un Consejo de ministros y desaparece de Paris, aprovechando su ausencia para entrevistarse con el general Massu en Baden Baden —Alemania—,

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ubicación del Cuartel General del ejército destacado en Alemania. Se especuló con la posibilidad de que los militares acallaran definitivamente la crisis. El día 30, De Gaulle reapareció con una intervención en la televisión francesa, en la que anunció que se mantenía en el poder, que confirmaba al primer ministro Pompidou y que disolvía la Asamblea para convocar elecciones después de un referéndum. La alocución terminó con una nueva apelación de ayuda para luchar contra la amenaza de dictadura del comunismo totalitario. La intervención televisada surtió efecto y Los Campos Elíseos congregaron la primera manifestación progubernamental al grito de vivas a Francia y a De Gaulle, cantos del himno nacional y abucheos contra la izquierda y Mitterrand. Llegó la calma. Con el gobierno confirmado, los empresarios y los comerciantes pusieron en práctica los acuerdos laborales. La resistencia se desinfló con la misma rapidez con la que se propagó la protesta. Pero si la huelga terminó, Mayo no. Las elecciones prometidas dan el triunfo al gaullismo y los independientes. El balance para las izquierdas es demoledor: el Partido Comunista pierde 39 diputados y la Coalición Socialista 61. El balance definitivo de mayo del 68 estaría por llegar, y también alcanzaría a De Gaulle y sus seguidores. El 68 fue una revolución de cartoné, con partidos políticos burocratizados y unos sindicatos que ya mostraban, al menos en el bloque capitalista, signos de integración. La antigua izquierda no sentía interés por revolucionar el país; antes al contrario, prefirió alabar y acumular los beneficios que la explotación norte-sur le proporcionaba y vocear a distancia las revoluciones en Bolivia o en Vietnam. Por definición fenomenológica, sabemos que el rechazo a toda forma de poder o al sistema consolida la marginación. El pueblo necesitaba todavía pagar muchas letras y endeudarse más antes de entender una revolución como la que quiso adjudicarse el mes de mayo. La izquierda resurgió de las cenizas de su antiguo reverso, y aportó nuevos aires, a saber la caída de la burocracia, la libertad asamblearia, la rebeldía de la razón,…Pero esas mismas ventajas resultaron incompatibles con el apego a la organización, con la cohesión ideológica. La alianza entre la derecha reaccionaria y la vieja izquierda, situada en ese momento más al centro del espectro político, se encargó de adocenar a los estudiantes franceses, alemanes, italianos, a los obreros jóvenes de la Renault o de la Fiat. El resto lo hizo el carácter represivo inherente a cualquier Estado. Mantenemos la tesis de que ninguna revolución triunfa. Se cumple así, también en la Historia de las Ideas, la paradoja de la Reina Roja, para la que todo debe cambiar para que todo siga igual. La guerra fría no fue sino un eufemismo que encubrió la sensación general de la humanidad de que lo mejor que podía hacer era prepararse para otra guerra, con la extraña sospecha de que quizás esta vez fuera la última. Si eso era así, cualquier esfuerzo existencial parecía fútil. Sin futuro, el orgullo humano adolecía de sentido, y sólo le quedaba asumir una presunción patética. El ambiente cultural relacionó la estética con la nada como ente absoluto, si bien lo más denunciable debió ser la consolidación de la abominable cultura de masas. El American way of life triunfó. Dedico afectuosamente este artículo al llamado Grupo de Espejo (verano de 1984). Ellos saben quienes son y lo que significaron para mí. A Carlos Castilla del Pino (1922-2009), in memoriam, por su rebeldía acromática, ineludible. BIBLIOGRAFÍA COMTE, A. (1980): Discurso sobre el espíritu positivo, Alianza Editorial. LONCHAMPT, F. (2003): Vuestra revolución no es la mía, Alikornio. MARCUSE, H. (1987): El hombre unidimensional: Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada, Ariel. SERRAT CRESPO, M. (2008): Sed realistas, pedid lo imposible: pintadas, eslóganes y carteles del mayo francés, Edhasa. VAN VALEN, L. (1973): «A new evolutionary law», Evolutionary Theory, 1, pp. 1-30

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ARTÍCULOS VARIOS

PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA ALIANZA MILITAR CON ESTADOS UNIDOS RESPECTO A MARRUECOS (1953-2008) Francisco Castillo Arenas Resumen: Exposición y análisis del devenir histórico de las relaciones diplomáticas entre España y los Estados Unidos, así como del papel de estos últimos en la mediación en los roces entre España y Marruecos desde que el segundo obtuvo su independencia en la década de los cincuenta del siglo XX. Palabras clave: Política exterior española, relaciones diplomáticas EE UUEspaña-Marruecos, Sidi-Ifni, Marcha Verde, isla de Perejil

INTRODUCCIÓN La posesión por parte de España de unos enclaves en la costa del norte de Marruecos acarrea una serie de problemas estratégicos y posibilidades de conflicto que no se le escapan a los estrategas españoles1. Es por ello que se considera fundamental el papel a jugar por los Estados Unidos en caso de hostilidades, ya que tanto España como Marruecos se declaran amigos y aliados de la nación norteamericana. El presente trabajo tiene por objeto exponer y analizar el devenir histórico de la actuación de los Estados Unidos en los roces entre ambas naciones desde que Marruecos obtuvo su independencia en la década de los cincuenta del siglo XX. La relación de cooperación militar española con los Estados Unidos comenzó oficialmente en 1953 con los denominados Pactos de Madrid, firmados entre la dictadura del general Franco y la administración Eisenhower. En estos pactos, España cedía bases militares en suelo español2. Dicho acuerdo supuso una serie de logros para el franquismo: por un lado, el respaldo de los EE UU al país en lo tocante a su admisión en los organismos internacionales; por el otro, que España se ligaría al bloque occidental y recibiría una compensación económica junto a medios militares. Dejemos de lado la ayuda económica y centrémonos en la militar. Los EE UU hicieron constar por escrito en los protocolos secretos del pacto que se ocuparían exclusivamente de defender sus bases y que un ataque a España no tendría por qué suponer necesariamente una respuesta por su parte, por más que el franquismo filtró a la prensa que eso era algo per se, ya que España sí se echó a los brazos anglosajones3. Pero aun así el franquismo obtenía una baza para contrarrestar el expansionismo de Marruecos —que se independizaría de Francia y España en 1956—. La nación ibérica logró obtener armas provenientes en gran parte de material sobrante de la Guerra de Corea, aun así, supuso un alborozo para unos militares armados con material que tecnológicamente —y a veces directamente— provenía de la Guerra Civil de 1936-39. Eso sí, los militares españoles no se fijaron en la letra pequeña de los acuerdos, según la cual el material norteamericano venía cedido con una serie de condiciones.

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Se trata de las ciudades de Ceuta y Melilla, los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas, las islas Chafarinas y el islote Perejil. Por otro lado, las islas Canarias no suelen considerarse como pertenecientes a este «paquete», pero al estar frente a la costa atlántica marroquí, también podrían son afectadas por las relaciones bilaterales. 2 Sobre el tema, ver A. VIÑAS (2003): En las garras del Águila: Los pactos con Estados Unidos de Francisco Franco a Felipe González (1945-1995), Crítica. 3 Ibid., pp. 211 y siguientes. Isagogé, 5 (2008)

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LA GUERRA DE SIDI IFNI Y SAHARA En 1957 tropas irregulares pro-marroquíes atacaron el enclave español de Sidi Ifni —frente a las costas de Canarias— y el Sahara. El respaldo de Marruecos a los atacantes fue más que evidente, por más que Franco y Carrero Blanco disculparan al Sultán y lo achacaran todo a su omnipresente enemigo, el comunismo internacional 4. Los militares españoles se aprestaron a luchar en una guerra que había cogido a sus líderes por sorpresa y obviamente decidieron echar mano del material americano, incluyendo los cazas a reacción F-86 Sabre, los primeros de este tipo del ejército del aire español. Los estadounidenses, ante estos movimientos de tropas, expusieron claramente al gobierno español que ellos habían cedido el armamento para luchar contra una invasión soviética y no para guerras en las colonias, por lo que vetaban su uso5. Los españoles tuvieron, pues, que pelear, aunque pírricamente, con el material anterior que aún no había sido desguazado, copias de armamento superado como el «Buchón»6 —versión local del caza alemán Messerschmitt 109 que tanta fama había ganado sobre los cielos de Gran Bretaña en 1940— o material americano comprado de tercera mano a Francia, país que por intereses propios —asegurarse que Mauritania quedara bajo su influencia— ayudó a España en el Sahara, pero no en Sidi Ifni. Tras estos sucesos, los militares españoles, ya escaldados, decidieron crear alternativas para abastecerse de material con el objeto de evitar quedar desarmados durante otro eventual veto estadounidense, por lo que empezó a comprarse material francés, que complementaba al cedido por los norteamericanos. No obstante, en 1969, el régimen franquista optó por entregar el enclave de Sidi Ifni a la monarquía alauita, pero reteniendo el Sahara7, donde empezaban a encontrarse yacimientos rentables de fosfatos. En el ínterin, los EE UU habían sido obligados a desmantelar las bases que Francia les había concedido en Marruecos tras la Segunda Guerra Mundial. Mucho después, la USAF ha vuelto al país norteafricano, donde tiene instalaciones para hacer entrenamientos aprovechando sus despejados cielos. LA MARCHA VERDE La siguiente crisis bélica con Marruecos fueron los sucesos de la «Marcha Verde». En esta ocasión, el régimen alauita lanzó una invasión de civiles hacia el Sahara español aprovechando el delicado momento político español provocado por la agonía de Franco. España pidió ayuda a EE UU para ganar tiempo, pero éstos ya habían decidido. Hassam II había argumentando muy oportunamente que un Sahara independiente caería bajo la órbita argelina y esta última estaba vinculada a Moscú, lo que podría suponer bases soviéticas en el Atlántico norte. La suerte, pues, estaba echada. En los años ochenta, España dio un paso más en sus relaciones de alianza con los Estados Unidos al entrar en la OTAN durante el gobierno de Calvo Sotelo, sin que esto 4

El gubernamental diario Arriba, en su edición del 7 de marzo de 1958 escribía así: «Se sabe que muchos de los cadáveres de los insurgentes [...] muestran fogonazos en la cabeza, demostración de haber sido rematados [...] Esta cruel y brutal determinación confirma la implantación de métodos comunistas en semejantes tropas». 5 Sin embargo, los Estados Unidos dieron todo su apoyo a Reino Unido en su lucha contra Argentina en la guerra de las Malvinas de 1982, como expuso la representante de Estados Unidos en la ONU, Jeanne Kirkpatrick. El País, 25-XI-1984. 6 La designación oficial era Hispano Aviación HA-1112. El apodo de «Buchón» se le impuso porque hubo que agrandarle el fuselaje para instalarle un motor Rolls-Royce más voluminoso que el original alemán, lo que le daba aspecto de una paloma con el buche grande. 7 La resolución de la ONU número 2072 de 1965 instaba a España a descolonizar Sidi Ifni y Marruecos. Recordemos que el régimen franquista era un firme defensor de este tipo de resoluciones pues en una de ellas se amparaba en su reclamación de Gibraltar.

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modificara los acuerdos bilaterales con Estados Unidos, pero sí normalizando la situación militar española a nivel de Europa occidental. Sin embargo, la carta fundacional de la Alianza Atlántica negaba la implicación de esta en guerras situadas en el continente africano, por lo que Ceuta, Melilla y demás enclaves quedaban desprotegidos de su ayuda directa8. EL INCIDENTE DE PEREJIL Llegamos cronológicamente al último conflicto armado entre España y Marruecos: Perejil, en el que ambos contendientes proclamaron que los EE UU estaban de su parte. La situación llegaba en un momento especialmente dulce de las relaciones bilaterales con el gigante norteamericano, ya que el gobierno de José María Aznar apoyaba sin condiciones la intervención estadounidense en Irak. Por parte marroquí, se jugaba la baza de su condición de país musulmán que se oponía al fundamentalismo islámico en un área tan inestable como el Magreb. En el verano de 2002, unos gendarmes marroquíes ocupaban un islote de dudosa soberanía a ocho kilómetros del enclave de Ceuta llamado por los españoles «Perejil» y «Laila» por los marroquíes. Dos semanas después, los ocupantes alauitas, gendarmes en principio, infantes de marina después, eran expulsados a través de la frontera de dicha plaza de soberanía española tras un asalto de las fuerzas especiales del ejército de tierra español. Analicémoslo desde el punto de vista español y de la utilidad de la alianza norteamericana. Marruecos ocupó el islote sorprendiendo al gobierno español. ¿Lo sabían los EE UU? Si no lo sabían, es que no controlan tan bien a Marruecos como algunos creen —y esto también rige para los servicios de inteligencia españoles —; y, si lo sabían, lo cierto es que no avisaron a los españoles. España y Marruecos pidieron apoyos internaciones. España los obtuvo explícitamente de la presidencia de turno de la Unión Europa —Dinamarca— y de países como Italia y Rusia que tenían motivos particulares para hacerlo. Marruecos obtuvo el apoyo implícito de Francia. Los EE UU declararon que no querían ver como dos de sus países amigos se peleaban y no se posicionaron abiertamente, lo que conllevaba el no tomar partido por España. Los marroquíes se negaron a irse de Perejil tras las públicas peticiones españolas. Es decir, si los EE UU hicieron gestiones en la crisis —Colin Powell9 declaró tiempo después su fastidio por tener que dedicar tres días de su agenda a un conflicto estúpido—, no sirvieron para los intereses españoles. Los marroquíes fueron neutralizados por boinas verdes de las Compañias de Operaciones Especiales. Para esta acción no contaron con ningún apoyo de tropas norteamericanas, por lo que a ellas se les debe en exclusividad el haber finalizado la crisis. La situación del islote quedó en statu quo, por lo que España, a efectos legales, no ha reafirmado su soberanía, sólo se la ha negado a Marruecos. ¿Por qué Marruecos no contraatacó? Según algunas versiones, porque los EE UU le manifestaron a Mohamed VI que apoyarían incondicionalmente a España. Según otra, el 8

Artículo 6 A efectos del artículo 5, se considerará ataque armado contra una o varias de las Partes, el que se produzca: * Contra el territorio de cualquiera de las Partes en Europa o en América del Norte, contra los departamentos franceses de Argelia (3), contra el territorio de Turquía o contra las islas bajo la jurisdicción de cualquiera de las Partes en la zona del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer. Tratado del Atlántico Norte. En <http://www.nato.int/docu/other/sp/treaty-sp.htm> 9 Colin Powell, nacido en Nueva York (EE.UU) en 1937, fue Jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU de 1989 a 1993 y Secretario de Estado de los EEUU desde 2001 hasta 2005. Extraído de Enciclopedia Británica <http://www.britannica.com/> y elaboración propia.

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hecho de que España exhibiera su muy superior poderío militar —por poner un dato, contaba con seis submarinos frente a ninguno alauí— fue lo que desanimó a Marruecos a emprender un conflicto que no podía ganar bélicamente. Recordemos cómo luego se confirmó que durante el asalto estaban armados cuatro cazabombarderos F-1810, dos en misión de superioridad aérea y otros dos en bombardeo, con el objetivo de dar una rápida y contundente respuesta ante cualquier reacción. Marruecos disponía sólo de un puñado de Mirage F 1 y F 5, muy inferiores tecnológicamente. ENFRIAMIENTO DE LAS RELACIONES: GOBIERNO DE RODRÍGUEZ ZAPATERO El alto grado de sintonía personal alcanzado entre el presidente de EE UU George Bush Jr. y el presidente de gobierno español José María Aznar no se repetiría con su sucesor, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Éste ya había disgustado a los estadounidenses cuando, al estar presente como líder de la oposición en el desfile del día de la Fiesta Nacional del 12 de octubre 2003, no se levantó al paso de la bandera de los EE UU que portaban unos marines como fuerza extranjera invitada11. Después, tras la toma de posesión de 2004, el nuevo gobierno español cumplió su promesa electoral de retirar las tropas españolas desplegadas en Irak en apoyo del contingente estadounidense, lo que se interpretó como la primera brecha en la coalición internacional12. Desde algunos medios de análisis estratégicos conservadores como GEES, se apuntó de inmediato que esto acarrearía una debilidad en caso de conflicto con Marruecos al deteriorarse las relaciones con los EE UU13. Lo cierto es que el alejamiento diplomático entre España y los EE UU ha sido una realidad en los últimos años, sin que haya habido una crisis con Marruecos que haya podido testar hasta qué punto eso ha podido ser lesivo para España en el aspecto que nos ocupa. CONCLUSIÓN Provocar enemistades con los EE UU no parece que sea una política sensata, pero hasta el momento los EE UU no han manifestado ninguna tendencia a ayudar a España frente a Marruecos, si esto no contribuye a sus intereses, pues los acuerdos bilaterales no les obligan a ello ni tampoco el tratado de la OTAN. Es, pues, necesario que España tenga en cuenta esta circunstancia en sus relaciones geopolíticas con Marruecos con el objeto de no confiar en una ayuda que, en el mejor de los casos, solo será de utilidad real cuando nuestros intereses coincidan con los norteamericanos.

BIBLIOGRAFÍA AGUILAR OLIVENCIA, M. (1999): El ejército español durante el franquismo. Un juicio desde dentro, Akal. DIEGO AGUIRRE, J. R. (2003): La última guerra colonial de España. Ifni-Sáhara —19571958—, Algazara. PRESTON, P. (2002): Franco. «Caudillo de España», Grijalbo. SEGURA VALERO, G. (2006): Ifni: La guerra que silenció Franco-50 años de aniversario de nuestro abandono, Martínez Roca. TUSELL, J. y GARCÍA QUEIPO DE LLANO, G. (1993): Carrero. La eminencia gris del régimen de Franco, Temas de Hoy. VIÑAS, A. (2003): En las garras del Águila: Los pactos con Estados Unidos de Francisco Franco a Felipe González (1945-1995), Crítica 10

Comprados directamente a través del programa FACA a los EE.UU durante los años 80 del siglo XX por lo que no tenían restricciones de uso al no ser procedentes de una cesión. 11 ABC, 13-X-2003. 12 El Mundo del siglo XXI, 21-V-2004. 13 C. RUIZ (2004): La conveniencia de repensar el giro de nuestra política exterior, Grupo de Estudios Estratégicos, <http://www.gees.org/articulo/517/>.

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EL AMANECER DE LA CIENCIA: LAS PRIMERAS LIMITACIONES DE LA NUMERACIÓN EN GRECIA Manuel Bermúdez Vázquez

Resumen: Las limitaciones de las herramientas matemáticas en la antigüedad aumentaban la dificultad de los cálculos tanto para los números pequeños como para los mayores. La carencia de un concepto como cero ralentizó el progreso y su descubrimiento aumenta el mérito de los que lo desarrollaron. Palabras clave: número cero, matemáticas, progreso científico, Arquímedes. A la hora de realizar un análisis sobre la evolución histórica de la ciencia es fácil caer en el típico error de considerar que desde los milesios, probablemente los iniciadores del pensamiento científico, todo fue igual y contaban con instrumentos y herramientas semejantes a los que disponemos nosotros para conocer el mundo que nos rodea. Sin embargo esto, evidentemente, no ha sido así. En las presentes páginas me dispongo a analizar simplificadamente cómo el funcionamiento del sistema de numeración griego impuso limitaciones al desarrollo de las matemáticas. Partiremos del principio de que, salvo que alguien me corrija, una buena notación es, en aritmética y álgebra, esencial para su funcionamiento y su éxito. Los griegos no dispusieron nunca de una buena notación: tenían al principio una notación mala y luego la cambiaron por otra peor. En el periodo clásico —siglos V-IV a. C.— se utilizaba un sistema análogo al usado posteriormente por los romanos, con símbolos que significaban 1, 5, 10, 100 y 1000 hacían combinaciones para representar los números intermedios. Esto era suficiente para expresar resultados, pero claro, siempre y cuando los números no fueran muy grandes. Era un sistema incomodísimo para representar números muy grandes. Además, no puede decirse que facilite precisamente el cálculo. No obstante, durante el periodo helenístico —ss. III-II a. C.— en Alejandría se modificó esta notación para crear otra todavía más incómoda y difícil. El alfabeto griego de entonces disponía de 24 letras. Para la numeración, los alejandrinos introdujeron dos letras antiguas —la digamma y la koppa— y otra letra fenicia —la sampi—, todo ello para poder disponer de 27 signos. Usaron entonces las nueve primeras letras para los números del 1 al 9. Las nueve siguientes para los números 10, 20, 30,... hasta el 90. Y las nueve últimas letras para los números 100, 200, 300... hasta el 900. Cuando se usaban como numerales, las letras llevaban un acento arriba a la derecha1. Si el acento se encontraba a la izquierda y abajo, multiplicaba el número por 1000. El antiguo símbolo ático M, que significaba 10.000, se usó en Alejandría con otros símbolos que se escribían encima de él. Así, puesto que ´ = 30, ´ encima de M significaría 30x10.000. Imagino que, desconcertados por tan incómoda notación, los griegos eran incapaces de calcular, como se hace hoy en día, manipulando según las reglas mecánicas los símbolos que representan los números. Tenían que utilizar el ábaco, tablero de ranuras o canales paralelos en el que se colocaban piedrecillas —como curiosidad, en latín piedra se dice calculus y de ahí vienen palabras como «calcular» en su sentido moderno— o fichas en esas ranuras, hasta nueve en cada una. La columna más a la izquierda representaba la unidad, la siguiente la decena, la siguiente la centena y así sucesivamente. El ábaco, que aún se utiliza hoy en día en los niveles más elementales de la educación, era, sin embargo, un instrumento científico en tiempos de los griegos y los romanos. También lo usaron aztecas, indios y chinos. Yo prefiero optar por la

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Así ´ = 4; ´ = 232.

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hipótesis de que este instrumento fue inventado independientemente en todas esas culturas, ya que resulta poco probable que la civilización griega tuviera contacto con China o América. Parece que hay poca distancia del ábaco a nuestra actual numeración indoarábiga. Cada ranura del ábaco —o cada alambre— puede presentar diez estados diferentes, es decir, puede estar sin cuentas, o tener un número en ellas que varía del 1 al 9. Lo que nosotros hacemos es, simplemente, sustituir con un símbolo escrito a la ranura y a sus cuentas. Teniendo en cuenta lo extendido que fue el uso del ábaco, sorprende que esta idea no surgiera en muchas partes a la vez. Aún más sorprendente, de manera además muy perjudicial para la ciencia en estos sus primeros pasos, que la idea no surgiera entre los sabios. Pero había un detalle esencial en que sólo cayeron los indios: la necesidad de noción de un símbolo, el cero, para poder representar la ranura vacía, un alambre sin cuentas, para que los demás símbolos se encuentren situados en sus sitios. A causa de su desgraciado simbolismo, la más sencilla operación aritmética era molesta para los griegos. Las operaciones más complicadas eran de una dificultad inmensa. Todas estas limitaciones produjeron que el trabajo científico fuera terriblemente complejo y arduo. Pongamos el ejemplo de Arquímedes. Sus contribuciones en aritmética y geometría, vistas las dificultades expuestas, no han sido valoradas en su justa medida. Con los potentes medios de cálculo modernos no valoramos los tremendos problemas que él resolvió sin esos métodos. Estudió principalmente el problema de las mediciones de figuras limitadas por líneas y superficies curvas. Usó con asombrosa habilidad el método de exhaustiones inventado por Eudoxo —por medio del límite de áreas en polígonos inscritos y circunscritos en el caso del círculo—. Usando polígonos de 96 lados mostró que la circunferencia de un círculo es más de 3+(10/71)2 y menos de 3+(1/7) veces su diámetro3, lo que da una aproximación impresionante del número . Aparte del área del círculo halló la de la elipse, el área limitada por cada cuerda en una parábola, el volumen y la superficie del cono. Especialmente orgulloso estaba del teorema que daba volumen y la superficie de la esfera a partir de un cilindro de su misma altura y diámetro. Dio respuestas generales al problema de la división de un ángulo en cualquier número de partes regulares a partir de la espiral que lleva su nombre. Dada la complicación de la aritmética griega podemos hacernos una idea del trabajo que suponía tener que trabajar usando números pequeños y números grandes. También aquí habría que superar las dificultades inherentes a los métodos griegos. Arquímedes, el genio que nos va a servir de ejemplo otra vez, sugirió entonces una notación por la cual podían expresarse números de cualquier magnitud. Los números no superiores a los 100 millones, o sea, 10 elevado a 8, debían llamarse números de primer orden. Los números de segundo orden debían escribirse usando 10 elevado a 8 como unidad. Estos números de segundo orden llegarían hasta 10 elevado a 8 x 10 elevado a 8, o sea, 10 elevado a 16. Los números de tercer orden usarían 10 elevado a 16 como unidad, y así sucesivamente. No habría límite para los números que pueden ser escritos usando este sistema de órdenes sucesivos. Arquímedes lo expuso en un estudio conocido tradicionalmente como El Arenero. Usando los resultados de Aristarco y de Eratóstenes, calculó el número de granos de arena necesarios para llenar una esfera de radio igual al de la órbita de la Tierra y halló que este número era inferior al de séptimo orden, 10 elevado a 515. Con este ejemplo podemos dar por terminado este artículo breve, cuya finalidad no ha sido otra que la de demostrar que los problemas de la ciencia para evolucionar en sus comienzos aumentan el mérito de los sabios que la desarrollaron y nos puede hacer ver que quizá aún hay cosas que se escapan a nuestra concepción del mundo externo, de la misma manera que para los griegos se escapaba el concepto de cero. 2

Lo que da 3,140845 Lo que da 3,142857 4 3.141592. Hay que señalar que Arquímedes se vio obligado a detenerse en el polígono de 96 lados por problema de cálculo derivados de la numeración aritmética griega. 5 Para tener más datos sobre la ciencia en Grecia y algunos de los genios griegos veánse G. REALE y D. ANTISERI, Historia del pensamiento filosófico y científico, vol. I, Barcelona, Herder, 1995, pp. 250 y ss.; y B. FARRINGTON, Ciencia griega, Icaria, 1979, pp. 184 y ss. 3

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PARADIGMAS MUERTOS Y PARADIGMAS ASESINOS Sergio Montañez Naz Resumen: El presente trabajo analiza, mediante determinados ejemplos, la importancia que en el desarrollo de una investigación científica tiene el marco teórico en el que ésta se desarrolla. En particular se presta especial atención a los profundos cambios que ha sufrido a lo largo de la historia el concepto físico de vacío, y se da una explicación pedagógica sobre el importante papel que juega este concepto en la Física Teórica actual. Palabras clave: Filosofía de la Ciencia, Paradigma, Vacío, Principio Antrópico. Cerramos las fronteras para que no se infiltrase el espíritu de Europa, y Europa se vengó alzando sobre los Pirineos una barrera moral mucho más alta: la muralla del desprecio. Desde fines del siglo XVII, nuestros sabios, nuestros filósofos, nuestros literatos, dejaron casi enteramente de ser leídos y citados. [...] hemos vivido, pues, durante siglos recluidos en nuestra concha, dando vueltas a la noria del aristotelismo y del escolasticismo y desdeñosos (con excepción de pocos paréntesis) del poderoso movimiento crítico y revisionista que impulsó en Europa a las ciencias y a las artes. [...] A causa de esta incompleta conjugación con Europa, nuestros maestros profesaron una ciencia muerta 1.

Con estas palabras, el que a la postre sería premio nobel de Fisiología y Medicina, el navarro-aragonés Santiago Ramón y Cajal, finalizaba, en su discurso de ingreso a la Academia de Ciencias en 1897, una recapitulación de las distintas teorías propuestas desde finales del siglo XVIII sobre las causas del atraso científico español con respecto al resto de Europa. De acuerdo con este punto de vista, el hecho de que nuestro país hubiera hecho tan pocas contribuciones notables a la Ciencia desde el siglo XVII hasta finales del XIX no se debe a que en España hubiera poca actividad científica durante este periodo, sino fundamentalmente a que en las universidades españolas se trabajó dentro del marco teórico de paradigmas científicos obsoletos: en Física predominaba el aristotélico, adoptado por los escolásticos; en medicina, el de Galeno; y en astronomía el de Ptolomeo, por poner algunos ejemplos. Fuera de los marcos teóricos modernos, al margen de las orientaciones filosóficas abiertas en la Europa del siglo XVII y sin practicar el conjunto de métodos de investigación instaurados en el resto del continente, los maestros españoles quedaron al margen de la evolución del pensamiento y desarrollo científico europeo2. Su ciencia estaba muerta porque se desarrollaba en el contexto de paradigmas muertos. Esta oscura etapa de la Historia de la Ciencia en nuestro país nos sirve como introducción del breve apunte que pretendemos hacer a continuación acerca de la importancia que, en el desarrollo de toda actividad científica, tiene el marco teórico en el que ésta se desarrolla. De hecho, el punto de vista generalizado en Filosofía de la Ciencia desde los años 60 del pasado siglo es que, para poder acercarnos a una concepción de las ciencias experimentales más realista que la de las corrientes anteriores (positivistas, falsacionistas,...), es fundamental comprender el contexto en el que tiene lugar la actividad y esto incluye tanto el entramado sociológico como el teórico3. En este artículo vamos a citar algunos ejemplos en los que la importancia del entramado teórico es tan

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S. RAMÓN Y CAJAL (1897): «Deberes del Estado en relación con la producción científica», Discurso de ingreso a la Real Académia de Ciencias, reimpreso en ID. (1963) Los tónicos de la voluntad, EspasaCalpe, p. 154. 2 Enrique y Ernesto GARCÍA CAMARERO (1970): La polémica de la ciencia española, Alianza Editorial; Enrique GARCÍA CAMARERO (2008): «La Modernización Científica en la España del siglo XIX», Contribución al Congreso Historia y Ciencia 2008, Universidad Carlos III de Madrid. 3 A. CHALMERS (1997): ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, Siglo XXI. Isagogé, 5 (2008)

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grande que llega incluso hasta el punto de prevalecer sobre los efectos que otro tipo de influencias podrían provocar. Antes de comenzar debemos hacer dos puntualizaciones: En primer lugar, hay que señalar que, en mi opinión, este carácter condicionante del marco teórico tiene la capacidad de ir más allá del ámbito puramente científico y de extenderse a todos los aspectos de la vida humana. Así, por ejemplo, estamos acostumbrados a ser espectadores y, a veces, participantes de debates en los que diversos políticos son incapaces de ponerse de acuerdo acerca de las medidas a tomar para resolver o paliar determinado problema o situación y todo ello porque, aunque ellos no sean conscientes, esta situación ni siquiera es la misma en la mente de cada uno de ellos. Recuerdo haber estudiado en el instituto los famosos elementos de la comunicación: el emisor, el receptor, el mensaje, el código, el referente, el canal… En aquella época, desde mi ingenuidad, pensaba que uno de estos elementos era mucho más importante que los demás: se trataba del código. Si dos interlocutores utilizan el mismo código, pensaba yo, tienen necesariamente que entenderse. Sin embargo, hoy puedo decir que la inmensa mayoría de los malentendidos que he presenciado en mi vida, de las dificultades que he tenido como estudiante (y que tengo actualmente como investigador) para entender algún texto o discurso y de las dificultades que he tenido como profesor para enseñar Ciencia a los alumnos/as, se deben fundamentalmente a que emisor y receptor están considerando referentes distintos. En segundo lugar, quisiera señalar que, a pesar de esta casi-universalidad en la que creo, he decidido ajustarme en este análisis sólo a algunos aspectos del quehacer científico y, en concreto, de las ciencias naturales, fundamentalmente porque considero que es un ámbito muchísimo más simple de estudio; a pesar de que ya es, a su vez, complejísimo y vastísimo. Es habitual encontrarse en libros de texto de Ciencia, fundamentalmente de bachillerato, capítulos dedicados a la naturaleza de las ciencias naturales, en los que se afirma que fue a partir del momento en que disciplinas como la Física, la Química y la Biología iniciaron su camino de ciencia experimental cuando se consolidaron como «auténticas ciencias», abandonando el «oscurantismo» y el «esoterismo» que las rodeaban en épocas anteriores. De alguna manera, esta imagen simplificada está presuponiendo implícitamente que los hechos en los que descansan las ciencias experimentales son anteriores a la teoría e independientes de ella, de tal manera que bastaría simplemente un estudio experimental serio y cuidadoso para obtener información que constituya un fundamento firme y confiable del conocimiento científico. Sin embargo, tras un simple estudio introductorio un poco más serio de la Historia de la Ciencia, uno se da cuenta de que la realidad es mucho más compleja. El motivo del atraso científico español no tiene nada que ver con que los científicos españoles en los siglos XVII, XVIII y XIX fueran o no lo suficientemente cuidadosos y serios en sus experimentos4.

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Un ejemplo clásico lo podemos encontrar en los trabajos de A. KOYRE (1981): Estudios galileanos, Siglo XXI; y T. KUHN (1971): La estructura de las revoluciones científicas, FCE. Para los aristotélicos, que creían que un cuerpo pesado se desplazaba, por su propia naturaleza, de una posición superior a una más baja hasta llegar a un estado de reposo natural, un cuerpo que se balanceaba simplemente estaba cayendo con dificultad. Galileo, por otra parte, al observar el cuerpo que se balanceaba, vio un péndulo, un cuerpo que casi lograba repetir el mismo movimiento, una y otra vez. Gracias a este nuevo punto de vista Galileo observó también otras propiedades del péndulo y construyó muchas de las partes más importantes y revolucionarias de su nueva mecánica. Por tanto, es a Galileo a quien hay que atribuir el mérito de conseguir este original cambio de visión. Pero nótese que este mérito no se manifiesta en este caso como observación más exacta u objetiva del cuerpo que se balancea. En cuanto a la capacidad descriptiva se puede decir que la percepción aristotélica tenía la misma exactitud.

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Un contraejemplo bastante impactante que ilustra la falsedad de la proposición en cursivas del anterior párrafo lo encontramos en el desarrollo de la química del siglo XIX. En el contexto de la teoría atómica de la combinación química, era muy interesante estudiar la validez de la famosa hipótesis de William Prout, que afirmaba que el átomo de hidrógeno representaba el ladrillo con el que estaban construidos los otros átomos5. A la luz de los conocimientos actuales Prout no iba muy descaminado, puesto que el átomo de hidrógeno posee en su núcleo solamente un protón, mientras que los átomos del resto de los elementos tienen varios protones: el helio dos, el litio tres, etc… Durante décadas, algunos de los químicos más prestigiosos hicieron un trabajo experimental formidable para medir con una gran precisión las masas atómicas de los distintos elementos y comprobar así si eran múltiplos de la del átomo de hidrógeno. Lo que no sabían estos investigadores es que existen varios isótopos de cada elemento, cada uno de ellos con el mismo número de protones en el núcleo (número que caracteriza al elemento), pero con distinto número de neutrones y, por tanto, con distinta masa atómica. Lo que habían medido estos químicos con tanta precisión no eran masas exactas de átomos individuales, sino el promedio de la masa de los distintos isótopos de las muestran con las que trabajaban6. Este promedio depende tanto de las masas de cada isótopo como de la proporción de cada uno de ellos que podemos encontrar en la naturaleza; y este último dato puede considerarse contingente en tanto que depende, más que de las leyes fundamentales de la naturaleza, de las características específicas de formación y edad del planeta Tierra, de nuestro sistema solar y de nuestra galaxia7. Este último ejemplo nos sirve para introducir el segundo concepto sobre el que gira este artículo: el de paradigma asesino. Un cambio de paradigma puede bastar para echar por tierra todo un trabajo experimental extenso y rigurosísimo, trabajo experimental que está bien hecho, pero que ha dejado de ser relevante. A continuación vamos a hablar de un concepto físico, el de «vacío» (que ha sufrido profundas transformaciones a lo largo de la Historia de la Ciencia) y de cómo estas transformaciones han ido cambiando lo que los científicos consideran relevante o no. El motivo por el que he elegido este ejemplo es porque este concepto ocupa un papel central en la Física Teórica actual y está relacionado con un cambio reciente de paradigma que está resultando ser bastante controvertido. El concepto de vacío ha sido objeto de múltiples discusiones filosóficas desde la Grecia antigua. La hipótesis, sostenida por Aristóteles, entre otros, de que es imposible crear el vacío fue sometida a diversos experimentos tanto en la Antigüedad como en el mundo islámico medieval. La creación de vacío resultaba una empresa harto difícil, dado que se observó que el aire tendía a ocupar siempre el máximo espacio posible y que cuanto más aire se extraía de un recipiente más difícil resultaba seguir extrayendo. De hecho, el primer estudio empírico del que se tiene constancia en el que se consiguió producir el vacío data de mediados del siglo XVII, cuando italiano Gasparo Berti inventó el barómetro de agua. Para entender el fundamento físico de esta «producción de vacío» nos vamos a valer del barómetro de mercurio, inventado unos años más tarde por el 5

W. PROUT (1815): «On the relation between the specific gravities of bodies in their gaseous state and the weights of their atoms», Annals of Philosophy, 6, pp. 321-330; ID. (1816): «Correction of a mistake in the essay on the relation between the specific gravities of bodies in their gaseous state and the weights of their atoms», Annals of Philosophy, 7, pp. 111-13. 6 I. LAKATOS (1970): «Falsification and the Methodology of Scientific Research Programmes», en ID y A. MUSGRAVE (eds.): Criticism and the Growth of Knowledge, Cambridge University Press, pp. 91-195. 7 Este programa de medir las masas atómicas es uno de los ejemplos de Lakatos de «programa de investigación degenerado». Más tarde se propuso separar los distintos isótopos mediante métodos basados en la centrifugación, de tal manera que este ejemplo también le ha servido a Lakatos para ilustrar la idea de que no siempre es una opción correcta abandonar un programa de investigación que esté degenerando.

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también italiano Evangelista Torricelli. Éste consta de una cubeta llena de mercurio y de un tubo (pongamos que de unos 80 cm) cerrado en uno de sus extremos (llamémosle E1, y al extremo abierto E2). Si se llena también el tubo de mercurio, se tapa el extremo abierto del mismo, se le sumerge en la cubeta y se coloca en posición vertical con el extremo E1 en la parte superior, el dispositivo queda como se muestra en la figura 1. Se observa que, al destapar el extremo E2, el mercurio del tubo desciende unos centímetros, dejando en la parte superior un espacio vacío8. La ecuación fundamental de la hidrostática nos dice que los puntos A y B se encuentran, por estar a la misma altura, a la misma presión. Por tanto, el peso de la columna de mercurio que hay sobre el punto A da lugar a que se ejerza una presión en A igual a la presión atmosférica. Supongamos que ahora la presión atmosférica disminuyera ligeramente9: entonces claramente la columna de mercurio sobre A va a ser menos alta, aumentando de tamaño el espacio vacío entre la superficie de la columna y el final del tubo. Este comportamiento de los fluidos que parece tan sorprendente resulta bastante natural si nos situamos en el marco de la teoría cinético-molecular. Según esta teoría, los gases están formados por moléculas que se mueven en un espacio vacío, cada una con distintas velocidades (con una velocidad promedio que depende de lo caliente que esté el gas) y que chocan unas con otras y con las paredes del recipiente en el que está contenido. La presión no es más que la fuerza por unidad de superficie que se ejerce como consecuencia de estos choques. Por eso la única posición de equilibrio que puede tener una pared que separa dos gases (véase figura 2) es aquella para la cual los dos gases tienen la misma presión. Si el lado derecho del recipiente estuviera vacio, se ejercería una fuerza muy grande sobre la pared que la obligaría a moverse en el sentido de hacer desaparecer el vacio. Si no hubiera pared, nada impediría que aquellas moléculas de aire que tengan una componente horizontal de la velocidad distinta de cero invadieran la parte derecha del recipiente, expandiéndose el gas y desapareciendo el vacío. Por tanto, el vacío, aunque experimentalmente resulta muy difícil de realizar10, desde el punto de vista conceptual no acarrea ningún problema: el vacío es simplemente la ausencia de partículas. En otras palabras: en este paradigma el vacío no constituye problema físico alguno. Trivialmente, si no hay partículas no hay sistema físico que estudiar.

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La altura de la columna de mercurio en el tubo, medida desde la superficie del mercurio de la cubeta, es, en condiciones normales y al nivel del mar, de 76,0 cm. 9 Nótese que no hace falta esperar a una borrasca. El cuñado de Torricelli, Blas Pascal, consiguió esto llevando el barómetro a la cima de una montaña de 1.000 metros de altura. 10 Ni siquiera el vacío que se produce en el barómetro de Torricelli es un verdadero vacío puesto que en él hay una pequeña cantidad de átomos de mercurio moviéndose, radiación electromagnética, etc.... No obstante, para determinados experimentos podemos considerar que es una buena aproximación de vacío.

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Pero las cosas no son tan sencillas. La teoría de la relatividad nos dice que no existen las interacciones instantáneas entre partículas. Para que lo que ocurre en un lugar pueda afectar a las partículas que hay situadas en otro lugar es necesario que pase un tiempo, como mínimo, igual al que tardaría la luz en llegar a ellas. Este simple postulado acarrea un cambio radical a la hora representarnos los sistemas físicos: implica que conceptos como el de campo (campo electromagnético, campo gravitatorio) pasan, de ser meros artificios matemáticos para calcular los detalles de la interacción entre partículas, a tener entidad física propia. La aplicación de la teoría cuántica a estas nuevas entidades físicas ha dado lugar al paradigma de la teoría cuántica de campos (que sigue vigente hasta la actualidad). Según esta teoría, los elementos fundamentales de los que está hecha la materia son una serie de campos que lo impregnan todo. En este paradigma las partículas no son más que excitaciones (estados de vibración) de los campos que se propagan de un lugar a otro. Así, por ejemplo, los fotones son las excitaciones del campo electromagnético y los electrones son las excitaciones de un campo «electrónico». Si tenemos en cuenta la mecánica cuántica, estos campos sólo pueden excitarse en niveles energéticos discretizados, de la misma forma que los niveles de energía que tienen los átomos son discretos. Este es el motivo por el que puede existir un electrón, dos electrones, etc… pero nunca un electrón y medio. ¿Qué sería el vacío entonces? Pues la ausencia de partículas, que en este caso significa que los campos se encuentran sin excitaciones (en su estado de menor vibración)11. Este estado puede ser un verdadero vacío (un verdadero estado de menor energía), o un falso vacío. En este último caso el campo posee una mínima vibración en torno a un valor cuya energía asociada es menor que la de sus valores vecinos, pero que no es un mínimo absoluto (véase figura 3). Con este nuevo paradigma, el vacío se convierte en un problema físico formidable: no es nada trivial determinar cuáles son los posibles estados de mínima vibración en los que pueden encontrarse los campos. Y, además de formidable, es de máximo interés; puesto que, como podemos observar en la figura 3, las partículas van a tener características muy distintas según en torno a cuál de los posibles vacíos se encuentra el campo. Por ejemplo, en el vacio B cuesta más que el campo se excite (porque el valle es más estrecho) con lo que la masa de las partículas va a ser mayor. La cosa se complica más todavía si tenemos en cuenta que, de acuerdo con la relatividad general, el mismo espacio-tiempo es, por sí mismo, también un campo (el campo gravitatorio). El conjunto de todos estos campos posee una densidad de energía de vacío distinta de cero que es la responsable de que el universo se encuentre actualmente en expansión acelerada. Esta energía aparece en las ecuaciones de evolución cosmológica en forma de una constante, denominada constante cosmológica. Tratar de entender por qué esta constante toma el valor observado supone uno de los grandes problemas sin resolver de la física teórica actual. Hasta hace unos años, el punto de vista generalizado entre los físicos teóricos era que el problema del vacío se iba a poder resolver en el contexto de una «teoría del todo»: una teoría que explique la totalidad de la materia y de las interacciones que observamos en la naturaleza sin necesidad de ajustar ningún parámetro. De hecho, el marco dominante en el que están trabajando los físicos teóricos, la teoría de cuerdas, parecía cumplir estas características: ¡una teoría del todo que no posee parámetros libres! Pero ocurre que actualmente no entendemos bien la estructura de vacios de esta teoría. Por lo que sabemos hasta ahora, resulta que esta teoría aparentemente tiene un gran número de vacíos metaestables (quizás 101000, ¡o incluso más!) y cada uno de ellos corresponde a un universo posible, con distintas colecciones de partículas e interacciones entre ellas, y con 11

El principio de indeterminación impide que pueda haber un estado sin vibración alguna.

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distinta constante cosmológica. Al conjunto de todos ellos se le denomina el string theory landscape. Muchos de estos vacíos del landscape corresponden también a un universo en expansión, de manera que, para cuando comience en alguna pequeña región de la parte del universo situada en el vacio A el decaimiento a otro vacio B de menor energía, ¡la región del universo correspondiente a A ya es suficientemente grande como para poder ser todo el universo que observamos! (véase figura 4). Muchos físicos teóricos, entre los que podemos destacar a Leonard Susskind y Andrei Linde12, piensan que esta característica de la teoría de cuerdas es una ventaja, ya que permite una explicación antrópica tanto del valor observado de la constante cosmológica como de las partículas y sus interacciones: en el universo puede haber muchísimas regiones correspondientes a los distintos vacíos posibles (distinta constante cosmológica, distintos tipos de partículas que interaccionan según leyes físicas distintas, etc..), pero nosotros nos encontramos en aquella región en la que las leyes de la física han permitido la vida inteligente. Este punto de vista ha tenido tan buena acogida en algunos sectores de la comunidad de teóricos de cuerdas que inmediatamente ha suscitado la reacción de otros (entre los que destaca el premio Nobel de Física de 2004, David Gross) por considerar esta idea del landscape antrópico demasiado peligrosa: se trata de una idea difícil (posiblemente imposible) de testear. Existe la posibilidad de que, sea cual sea el resultado de los distintos experimentos sobre el comportamiento de la naturaleza, la teoría de cuerdas siempre tenga un vacío metaestable (con tiempo de decaimiento del orden de la edad del universo) que explique el comportamiento observado. Si esto es así no se trataría de una teoría científica, en el sentido popperiano de que no sería falsable. El peligro del paradigma del landscape antrópico se debe a que, en cierto sentido, es un paradigma asesino, como el de los isótopos del ejemplo anterior. Sugiere que los valores observados de determinadas constantes físicas, como la constante cosmológica, ¡podrían tener tanta relación con las leyes fundamentales de la naturaleza como las masas atómicas promedio que midieron los químicos en el siglo XIX!, con el consiguiente peligro de que no se busque explicación fundamental a estos valores. Comenzamos este artículo citando unas palabras del premio nobel de Medicina y Fisiología de 1906 y lo vamos a finalizar con las de otro premio Nobel, el de Física de 2004, acerca de la utilidad en Ciencia de evitar los argumentos antrópicos: The main reason I think people take this anthropic argument seriously is the value of the cosmological constant: how do we explain that? [...] It is a small number [...] but we have explained such a small numbers before. Remember Dirac in 1937 [...] was worried about why is the Planck mass so much bigger than the proton mass (Mproton/MPlanck=10-19) [...] He did not invoke anthropic arguments by saying that if this number was of order 1 we would not be here! Instead he used it to make a prediction: he suggested that the ratio Mproton/MPlanck was related to the size of the universe in atomic units [...] 30 years ago the Dirac‘s M proton/MPlanck tiny ratio was explained by QCD's log running of the strong interaction coupling from the unification scale 13.

Si Gross tiene razón con sus advertencias o no, sólo el tiempo nos lo dirá14. 12

L. SUSSKIND (2003): «The Anthropic landscape of string theory», en B. CARR (ed.): Universe or multiverse? 247-266, e-Print: hep-th/0302219; A. LINDE (2007): «Eternal Inflation and String Theory Landscape», en Strings 07 Madrid <http://www.ift.uam.es/strings07/040_scientific07_contents/videos/ linde.mp4>. 13 D. GROSS (2007): «Perspectives», en Strings 07 Madrid <http://www.ift.uam.es/strings07/040_scientific07_contents/videos/gross.mp4>. 14 Agradecimientos: Quisiera dar las gracias a Silvia Cid, Guillermo Ballesteros y Carlos Hoyos por sus comentarios y sugerencias, que han sido de gran utilidad para la mejora del texto. También quisiera agradecer a Enrique García Camarero el haberme dado la oportunidad de acercarme a su trabajo, de cuya lectura me surgió la idea de escribir este artículo, y diversas tertulias de las que he aprendido mucho.

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MODELANDO EL COSMOS (y IV) Ángel R. López Sánchez Resumen: Cuarta y última entrega de este artículo sobre los modelos de interpretación de la estructura del universo. Se trata en este caso de la formación de la estructura a gran escala y concluye con la descripción del modelo interpretativo actual de mayor predicamento sobre el origen del universo. Palabras clave: cosmología, estructura a gran escala, materia oscura, energía oscura

FORMACIÓN DE LA ESTRUCTURA A GRAN ESCALA El primer modelo que intentaba explicar la formación de la estructura a gran escala fue presentado por Peebles al principio de los años setenta. Recibe el nombre de Modelo Isotérmico —por el tipo de inhomogeneidades que aparecieron en el Big Bang— o de Abajo-Arriba porque las estructuras menores —las galaxias— se formarían primero, agrupándose con el paso del tiempo en cúmulos de galaxias por la acción gravitatoria. Sin embargo, al final de esa década se descubrieron los supercúmulos de galaxias y el modelo se tuvo que desechar, puesto que no habría dado tiempo desde el inicio del Cosmos a que se hubiesen formado estructuras tan grandes como las observadas.

Estructura a Gran Escala del Universo a partir del cartografiado Sloan Digital Sky Survey. Cada punto representa la posición de una galaxia en función de la dirección de observación. Puntos más alejados del centro de la figura (en donde se sitúa la Vía Láctea) corresponden a galaxias más lejanas. El radio máximo representado es de casi 4.000 millones de años luz. Los huecos en forma de cuña corresponden a regiones no cartografiadas al encontrarse en la dirección del disco de nuestra propia Galaxia. Se han representado unas 120.000 galaxias. Imagen cortesía de Conrado Carretero (IAC)

Un segundo intento vino de la mano de Zeldovich, quien expuso su Modelo Adiabático o de Arriba-Abajo. Ahora, las fluctuaciones barrían las inhomogeneidades pequeñas, sólo perdurando las perturbaciones mayores. En este escenario se formarían primero los protosupercúmulos, que colapsarían en gigantescas nubes muy finas constituyendo una especie de tortas planas —las conocidas como Pancakes de Zeldovich— y que posteriormente se fragmentarían para formar los cúmulos y las galaxias. Pero este modelo predecía mayores inhomogeneidades de las que se detectaban en la radiación cósmica de fondo. Tampoco valía.

No obstante, se podía adaptar introduciendo la materia oscura. En concreto, Zeldovich revisó su escenario incorporando los neutrinos en el modelo. Entonces todavía no se sabía si el neutrino tenía masa, pero debía tenerla para que la idea fuese consistente. Los neutrinos barrerían las fluctuaciones menores que las que producen los supercúmulos y por eso no se detectan Isagogé, 5 (2008)

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en la radiación cósmica de fondo. Es el modelo de la materia oscura caliente —HDM, de sus siglas en inglés—, también escenario de arriba-abajo. El problema es que predice demasiadas concentraciones de materia y vacíos. Fue entonces cuando la Física de Partículas vino en ayuda de la Cosmología. ¿Podrían constituir la materia oscura las partículas predichas por las teorías de supersimetrías? Es el escenario de la materia oscura fría —CDM, por sus siglas en inglés—, que combina parte del primer modelo de Peebles para explicar que existió un proceso jerárquico a la hora de crear tanto las estructuras grandes como las pequeñas. Éstas fueron las primeras que se consolidaron, por eso este modelo se conoce también como Abajo-Arriba Híbrido. Además, no podrían existir estructuras demasiado grandes ni los vacíos podrían estar completamente vacíos. ¿Corresponden estas predicciones con la distribución de galaxias observada?

Comparación de la distribución de galaxias observada con las predicciones teóricas de los modelos de materia oscura fría (CDM) y materia oscura caliente (HDM). El primero apenas produce suficientes estructuras en forma de filamentos y vacíos, mientras que en el segundo las produce en exceso. Sin embargo, una adaptación del modelo CDM teniendo en cuenta la constante cosmológica sí parece reproducir las observaciones

La respuesta es negativa. Aunque se mejoraba bastante, el modelo tampoco era satisfactorio porque predecía mucha menor estructura que la detectada. Pero vamos en buen camino: el escenario de la materia oscura fría parece correcto en lo básico, sólo hay que adaptarlo para que las estructuras a pequeña escala se borren un poco, conservando a la vez la estructura global en escalas mayores. Actualmente se juegan con los parámetros para que, introduciendo la constante cosmológica, se pueda reproducir fielmente las observaciones —modelo CDM. LA RECETA DE NUESTRO UNIVERSO Una de las características básicas que distingue la Ciencia de las pseudociencias es que presenta modelos derivados de observaciones y experimentos que intentan reproducir la Naturaleza. Dichas observaciones y experimentos tienen que proporcionar datos similares en circunstancias similares, cualquier persona puede comprobarlo. Si nuevos datos entran en conflicto con el modelo establecido, se deshecha porque no sirve. No se toma nada por acto de fe. A lo largo de este artículo hemos visto que se han desarrollado ideas que luego no han terminado de cuadrar, por lo que se tiraron y se

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buscaron otras mejores. El ejemplo más claro puede ser el cambio de paradigma al pasar de la Física Clásica a la Física Cuántica. Por muy perfecta, bella y simple que sea la Mecánica Clásica en sus ecuaciones, no podemos representar nuestro universo como un compuesto de poleas, engranajes y máquinas de vapor. No obstante, las ideas sobre el Cosmos que tenemos ahora no tienen porqué ser del todo correctas y, puede que mañana o quizás dentro de cien años, se compruebe que no explican algún experimento, desarrollándose nuevas teorías físicas que las sustituyan. Es el avance de la Ciencia. Es la cultura de la Humanidad. Dicho esto, cojamos lápiz y papel y apuntemos la receta que la Cosmología tiene hoy día para esa cosa tan gigantesca que es el Universo. 

Nuestro Universo comenzó con una Gran Explosión hace 13.700 millones de años, con un margen de error del 1%. No sabemos cómo nació, pero quizás surgió de una fluctuación cuántica del vacío. Las teorías de supersimetrías y cuerdas predicen que todas las fuerzas se encontraban unificadas en el Génesis, pero al expandirse el espacio-tiempo y bajar la temperatura se produjeron rupturas de simetría que provocaron cambios de fase en el estado de la bola de fuego primigenia, originándose la materia ordinaria y separándose las fuerzas en cuatro —gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil—. El cambio de fase provocado al separarse la fuerza fuerte de la electrodébil podría haber sido el responsable del crecimiento exponencial del Universo conocido como inflación.

La radiación que recibimos del fondo cósmico se formó 379.000 años después del Big Bang, con un margen de error del 2%. En ese momento se desacoplaron la radiación y la materia, al recombinarse los electrones en los núcleos atómicos de hidrógeno, deuterio, helio, litio, boro y berilio creados durante los 2 primeros minutos. Las inhomogeneidades que observamos en la radiación cósmica de fondo son las semillas de las estructuras a gran escala.

El contenido del Universo es un 4% de materia ordinaria —protones, neutrones, electrones—, un 23% de materia oscura fría —partículas predichas por algunas de las teorías supersimétricas pero aún no detectadas— y un 73% de energía oscura —energía del vacío o consecuencia de la constante cosmológica, desconocemos su naturaleza—. Los neutrinos no juegan un papel importante en la evolución de la estructura a gran escala, que parece que se puede explicar mediante un modelo que incorpora materia oscura fría junto con constante cosmológica no nula —CDM—. La formación de la estructura a gran escala siguió un proceso jerárquico en el que los supercúmulos y las galaxias se condensaron a la vez, pero éstas un poco antes.

La receta del Universo: un 4% en forma de materia ordinaria (átomos) un 23% como materia oscura fría (CDM, partículas predichas por las teorías de supersimetrías) y un 73% de energía oscura consecuencia de la constante cosmológica, aunque su naturaleza sigue siendo un misterio.

Las primeras estrellas se encendieron 200 millones de años después del Big Bang. Al estar constituidas básicamente de hidrógeno y helio, muchas serían muy masivas y evolucionarían muy rápidamente, sintetizando en sus hornos nucleares nuevos elementos químicos como oxígeno, nitrógeno, carbono, neón, sodio,

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magnesio, cloro, argón, silicio azufre o hierro. Estos átomos se devolvían al medio interestelar tras su muerte, contaminando las galaxias con elementos químicos nuevos. Las estrellas más masivas explotarían como supernovas y, durante ese energético proceso, se sintetizarían elementos más pesados como níquel, cobalto, cobre, oro, plata, estaño, mercurio, platino o uranio. Las nuevas estrellas estarían enriquecidas con todos los desechos de las generaciones de estrellas anteriores, siendo capaces de formar planetas. La química era tan variada que incluso permitió que se generaran moléculas inorgánicas, algunas ricas en carbono. Con el tiempo, las moléculas orgánicas se combinaron para formar entes más sutiles, naciendo así la vida. La vida también evolucionó, alcanzando niveles de conciencia sobre su propio ser y el mundo que la rodeaba, sin ser consciente de que el hidrógeno de las moléculas de agua que necesitaba para vivir se había formado en el inicio del Universo, que el oxígeno que respiraba se había creado en el interior de una estrella muerta hacía miles de millones de años y que el oro de sus valiosas joyas rituales era consecuencia de las violentas reacciones nucleares que ocurrieron hace eones durante la explosión de una supernova en el otro lado de la Galaxia. 

El ritmo de expansión del Universo, que viene fijado por la constante de Hubble, es de 71 km/s/Mpc, con un error del 5%. Pero la expansión se está acelerando. Los valores de la densidad de materia —ordinaria y oscura— y la densidad de energía del vacío indican que la geometría del Universo es plana, por lo que la expansión durará eternamente. Se acabará el material para formar estrellas. Las últimas estrellas se apagarán, la materia se disipará y el frío gobernará un Cosmos prácticamente vacío.

POR EL MOMENTO, ¡ESTO ES CASI TODO, AMIGOS! La expansión indefinida del Universo, que todo lo que conocemos, lo que ha sido y será, muera en el frío más absoluto, me produce un sentimiento de tristeza. Particularmente, por muy bonitas que sean las ecuaciones de las teorías que predicen un universo con geometría plana —a efectos prácticos, es como si fuese abierto—, particularmente siempre me ha gustado más el universo cerrado. La muerte purificadora por el fuego de una nueva creación, como hacía la diosa Shiva según la religión hindú, me parece más alentadora. ¡Puede haber vida después del fin de nuestro Universo! Por eso, me he dejado un comentario de esperanza para el final. El físico teórico Linde desarrolló una curiosa versión de la teoría de la inflación. Según ésta, el suceso inflacionario que hinchó nuestro Universo hasta su enorme tamaño era sólo uno más entre muchos. Un universo inflacionario produciría brotes de otras burbujas inflacionarias, que a su vez producen más burbujas. Es la teoría de la inflación eterna.

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Las galaxias más lejanas conocidas han sido descubiertas gracias a la sensibilidad del HST. En la imagen superior, conocida como Campo Ultra Profundo del Hubble, casi todo son galaxias. Pueden contabilizarse unas 10. 000 en total en la imagen. Los objetos más rojos (unos 100) son precisamente galaxias muy viejas, casi al principio del tiempo, cuando el Universo sólo tenía unos 800 millones de años. Las espirales que se observan son mucho más jóvenes: están a 1.000 millones de años luz de la Tierra. Esta imagen es el resultado final de 800 exposiciones durante 400 órbitas del HST, con un total de tiempo de exposición de 11,3 días, siendo uno de los últimos logros de este telescopio. Mejora considerablemente al Campo Profundo del Hubble, obtenido en 1996 en la misma región.

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Su consecuencia es que el Cosmos posee en realidad un tamaño inimaginable, lo que nosotros llamamos Universo sólo es la burbuja inflacionaria en la que hemos evolucionado. El multiverso contendría infinitas burbujas como la nuestra, algunas más evolucionadas, otras creándose en este instante. Cada burbuja tendría su propio conjunto de leyes físicas, por lo que sólo en algunas podría desarrollarse la vida. Pero con esta teoría volvemos a pillarnos las manos. ¿De dónde viene todo? Sinceramente, ésta ha sido la pregunta filosófica clave de la Humanidad. Para encontrar una respuesta a nuestros Orígenes, desde el punto de vista de la Ciencia, primero aprendimos que la Tierra es redonda y que gira alrededor del Sol. A continuación destronamos al Sol como centro del Universo y comprendimos que las estrellas eran otros soles muy lejanos. Luego demostramos que nuestro planeta y nosotros mismos somos algo ínfimo comparado con los cúmulos y supercúmulos de galaxias. Por último escrutamos el eco de la formación de nuestro Cosmos, concretando su edad y su movimiento. Ahora estamos comprobando que lo que gobierna el Universo no es la materia ordinaria de la que estamos formados sino una materia oscura y escurridiza y algo que se llama energía del vacío de los que no conocemos en absoluto sus propiedades físicas, pero que son responsables últimos de que nosotros, seres pensantes, discutamos sobre su existencia. Como dijo el físico Lewis Thomas en 1981, «el mayor de todos los logros de la Ciencia del siglo XX ha sido el descubrimiento de la ignorancia humana».

BIBLIOGRAFÍA PARA AMPLIAR INFORMACIÓN BATTANER, E. (1999): Introducción a la Astrofísica, Alianza. - - - - (1996): Física de las noches estrelladas, Tusquets Editores. COHEN-TANNOUDJI, G. y M. SPIRO (1986): La materia~espacio~tiempo, Espasa Universidad. FERRIS, T. (1998): Informe sobre el Universo, Crítica. - - - - (1990): La Aventura del Universo, Crítica. KARTTUNEN H., P. KRÖGER, H. OJA [et alii] (1994): Fundamental Astronomy, Springer Verlag. LONGAIR, M. S. (1998): La evolución de nuestro Universo, Cambridge University Press. LÓPEZ SÁNCHEZ, Á. R. (2000): Estructura a Gran Escala y Formación de Galaxias (inédito). - - - - (2002): «Conexiones Cósmicas», Boletín Informativo de la Agrupación Astronómica de Córdoba, 32, p. 23. - - - - (2004): Prácticas de Física del Cosmos, Universidad de la Laguna. SAGAN, C. (1987): Cosmos, Planeta. SMOOTH, G. y K. DAVIDSON (1994): Arrugas en el tiempo, Plaza y Janés. WEINBERG, S. (1994): Los tres primeros minutos del Universo, Alianza. Página de internet del satélite WMAP: <http://map.gsfc.nasa.gov/m_mm.html>

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DE LA ÚLTIMA CONJETURA AL GRAN TEOREMA DE FERMAT Aarón Ruiz Gómez «Cuius rei demonstrationem mirabilem sane detexi hanc garinis exigitas non caperet»1.

Resumen: El presente trabajo pretende hacer un breve resumen del proceso histórico seguido por las matemáticas en los últimos 300 años para dotarla del cuerpo de herramientas necesario para demostrar el Último Teorema de Fermat. En este sentido se hará especial hincapié en los pasos seguidos por el artífice de tal demostración, el matemático inglés Andrew Wiles. Palabras clave: Último Teorema de Fermat, teorema de Pitágoras, ecuaciones elípticas, formas modulares.

Hace más de 350 años, el jurista y matemático Pierre de Fermat dejaba escrita esta nota en el margen de un ejemplar del segundo libro de la Aritmética de Diofanto. Jamás hubiera podido imaginar que la maravillosa demostración a la que hacía referencia, la cual nunca llegó a exponer, traería de cabeza a sucesivas generaciones de matemáticos durante los tres siglos siguientes y que su búsqueda empujaría a una variada suerte de genios del planeta a rivalizar por descomunales recompensas, alcanzar desesperaciones suicidas y batirse en duelos al amanecer. La demostración de la que hablamos es la del denominado Último Teorema o Gran Teorema de Fermat, una conjetura matemática que el genio francés vislumbró allá en el siglo XVII y que finalmente pudo ser formalmente demostrada en el año 1995 por un joven y humilde matemático británico, Andrew Wiles. En este Retrato de Pierre de Fermat sentido, sería necesario hacer un par de matizaciones para abordar el tema con rigor y no dejarse llevar por la pasión intelectual que pueda acarrear el hecho de tratar la historia de semejante reto para el pensamiento moderno. La primera es que hay que tener cuidado con la denominación «teorema». Todo teorema ha de ser demostrado para ser considerado como tal. El Gran Teorema de Fermat no fue demostrado hasta 1995 y, por tanto, hasta esa fecha no se pudo saber si era demostrable o no. Es más, en el pasado muchos anunciaron que este era un problema indecidible y que no había respuesta a este requerimiento del teorema, por lo que no podríamos haberlo denominado de este modo, sino conjetura o hipótesis tal vez. La segunda aclaración es la relativa al calificativo de «último». Mucha gente cree que Fermat diseñó el teorema en las postrimerías de su vida y que no le dio tiempo a acabarlo con una demostración. Nada más alejado de la realidad. Fue en torno a 1637, 30 años antes de su muerte, cuando ideó el citado teorema. Fermat dejó un importante legado de observaciones y teoremas, algunos de ellos sin demostrar, pero poco a poco, a lo largo de los siglos, uno tras otro

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Poseo una demostración en verdad maravillosa para esta afirmación a la que este margen viene demasiado estrecho.

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fueron cayendo. El último teorema que quedaba por demostrar es el que aquí tratamos, de ahí su denominación. Pero el origen del Gran Teorema no es tan moderno como podríamos pensar, ya que hunde sus raíces en la Edad Antigua y más concretamente en la Grecia Clásica. Para exponerlo hemos de partir del archiconocido teorema de Pitágoras que establece que, en un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los dos catetos. Es claro, por tanto, que es posible encontrar 3 números x, y, z  R tales que cumplen la relación x2 + y2 = z2. Bastaría para ello tomar las longitudes de los lados de cualquier triángulo rectángulo. Pero, además, puede verse —y esta afirmación va más allá de lo que dice el teorema de Pitágoras y no es consecuencia lógica de éste— que es posible encontrar 3 números x, y, z  Z tales que cumplen dicha relación. Un ejemplo sencillo podría darse para x = 4, y = 3 y z = 5. Y como este ejemplo podrían ponerse muchísimos más. El problema está en reescribir la anterior expresión cambiando el exponente cuadrático por uno cúbico, de cuarto grado, etc. De una manera más sintetizada, Pierre de Fermat conjeturó que: No existen tres números x, y, z  Z que cumplan que xn + yn = zn, para n  N, n > 2 La demostración a la anterior afirmación se resistió a matemáticos tan brillantes como Leonhard Euler, que trató de probarla mediante teoría de grafos y tan sólo consiguió probar el caso para n = 3. Similares complicaciones encontraron Carl Friedrich Gauss y Sophie Germain —esta última tuvo que inventarse la identidad falsa de Monsieur Le Blanc, por su condición de mujer, para mantener correspondencia con el genio alemán y poder poner en común sus avances—, o como Gabriel Lamé y Augustin Louis Cauchy, que protagonizaron una rocambolesca historia en su infructífera pugna por ser el primero en demostrarlo. Era sólo cuestión de tiempo que apareciera una suculenta recompensa para el brillante personaje que pudiera dar caza al que ya por aquel entonces se había convertido en el problema más importante de la Teoría de Números. Así lo hicieron la Academia Francesa de las Ciencias y la Real Sociedad de las Ciencias de Gotinga, con su famoso premio Wolfskehl, aunque posteriormente otras instituciones también se «subieron al carro» de gratificar económicamente tan épica proeza. Nunca conoceremos el contenido de la maravillosa demostración que nos prometía Fermat. Lo que sí podemos afirmar es que Andrew Wiles no hubiera podido demostrarlo con los conocimientos matemáticos del siglo XVII. La demostración de Wiles se basa en una conjetura nacida en los años 50 a manos de dos matemáticos japoneses —Taniyama y Shimura— y en una serie de técnicas desarrolladas con tesón por el matemático inglés durante años. Básicamente, la demostración del Último Teorema desarrollada por Wiles se fundamenta en dos elementos matemáticos: las ecuaciones elípticas y las formas modulares. Profesor Andrew Wiles

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El término ecuaciones elípticas se aplica a toda ecuación del tipo y2 = x3 + ax +bx+c, donde a, b y c  Z. El desafío de estas ecuaciones es, de manera similar a lo que ocurre con el Gran Teorema, descubrir bajo qué casos tienen soluciones enteras y cuántas. 2

Las formas modulares son objetos matemáticos algo más difíciles de comprender. Una forma modular queda definida por dos ejes, aunque ambos son complejos. Es decir, tendremos una componente real y otra imaginaria para el eje x (xr, xi)y análogamente otras dos para el eje y (yr, yi). Más concretamente, las formas modulares se encuentran en el semiplano superior de este espacio complejo tetradimensional denominado espacio hiperbólico. Tal vez, la característica más interesante de estas formas modulares sea su simetría, se pueden desplazar, invertir, intercambiar y rotar en un número infinito de maneras y siempre permanecen inalteradas. La conjetura de Taniyama-Shimura establece una curiosa relación entre los elementos que integran las formas modulares y las soluciones de una ecuación elíptica, pero como su propio nombre indica era sólo era una conjetura y había que demostrarla previamente. Mediante el empleo de la teoría de grupos que Evariste Galois desarrollara a principios del siglo XIX, Wiles pudo demostrar que el primer elemento de cada ecuación elíptica podía asociarse al primer elemento de una forma modular y posteriormente, por medio del método de Kolyvagin-Flach y la Teoría Iwasawa, demostró que si todo elemento de la ecuación elíptica era modular lo serían también todos los siguientes. De esta forma, se conseguía demostrar que si la relación x3 + y3 = z3 no se cumplía para ningún x, y, z  Z, tampoco se verificaría para valores de n superiores. En resumidas cuentas, tras años de intenso y apasionado trabajo, Wiles lo había logrado: había conseguido hilvanar una ingente cantidad de ideas y métodos matemáticos de resolución para arrancarle al Último Teorema de Fermat su gran tesoro, el misterio de su propia demostración. Sin duda este no es el último reto matemático que quedaba por resolver. Hay muchos más, pero lo maravilloso de la historia reside la grandeza del tesón e ingenio humano y cómo, tarde o temprano, son capaces de desentrañar los más recónditos misterios de la Naturaleza.

BIBLIOGRAFÍA SINGH, S. (2007): El enigma de Fermat, Planeta. BELL, E.T. (1990): The Last Problem, Mathematical Association of America.

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ESPECIACIÓN DE MERCURIO EN EL MEDIO AMBIENTE Carlos Vázquez Salas Resumen: En este trabajo se destaca la importancia de la especiación del mercurio en los distintos medios de nuestro entorno —suelo, agua y tierra—, dado el alto índice de toxicidad presente en algunas de sus formas químicas como el metilmercurio. Así mismo se estudian los distintos mecanismos de reacción del mercurio a lo largo de su ciclo medioambiental, proponiéndose una técnica de determinación del mercurio presente en la atmósfera. Palabras claves: mercurio, especiación, toxicidad y determinación.

El término «especiación» se refiere a la identificación o determinación de formas físico-químicas de un elemento tomadas de manera individual y que, en su totalidad, se concentran en una sola muestra. Particularmente, la especiación física incluye la diferenciación del tamaño físico o de las propiedades físicas del metal, mientras que la especiación química conlleva la distinción entre las diferentes formas químicas del mercurio. Se reconoce ampliamente que la especiación del mercurio es un factor primordial que nos va a permitir controlar el comportamiento, movimiento y destino de las distintas formas físico-químicas que este elemento puede presentar en el medio ambiente y, consecuentemente, su grado de toxicidad, ya que las formas inorgánicas del mercurio exhiben sustancialmente menor toxicidad hacia la flora y fauna de una región que los compuestos orgánicos de este elemento. Así, las especies de metilmercurio son de 10 a 100 veces más tóxicas que los compuestos de mercurio inorgánico. Aunque el uso excesivo del mercurio y de sus compuestos ha cesado en la industria y la agricultura, debido a su naturaleza venenosa e insidiosa, compuestos como el metilmercurio se pueden todavía encontrar en altas concentraciones en los pescados capturados en partes de Suecia, Canadá y de los EE UU, como resultado de las distintas transformaciones sufridas por el mercurio en los medios acuosos. Por ello resulta necesario el uso de los métodos analíticos capaces de distinguir entre las distintas especies químicas del mercurio. CICLO DEL MERCURIO En la actualidad no es posible una completa descripción de la especiación del mercurio en el medioambiente debido a la complejidad de los sistemas naturales y las existentes limitaciones científico-técnicas. Aunque existen muchos métodos para la determinación del mercurio total, la extracción de la información útil referente a completar un ciclo global del mercurio es limitada. Una de las preocupaciones principales con respecto al mercurio y a su contaminación, es la aclaración de los caminos de conversión en el medio ambiente, con la que se podrá conocer si la fuente principal del metilmercurio altamente tóxico surge de la biometilación del mercurio inorgánico o del transporte atmosférico del metilmercurio interurbano. El mercurio está completando un ciclo constante a través del ambiente, evaporándose a la atmósfera y volviendo a la tierra como resultado de la gravedad — deposición seca— o precipitación con el agua de lluvia. Una vez el mercurio llega al agua de superficie, las bacterias presentes en el agua lo absorben y lo transforman por Isagogé, 5 (2008)

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metilación aeróbica en metilmercurio, la forma más tóxica del metal, el cual es tomado por organismos microscópicos —plancton—, que a su vez son el alimento de los peces pequeños y estos últimos de los grandes, viajando a través de la cadena alimenticia hasta alcanzar al hombre, en el cual aparecen las concentraciones más altas. Otro ejemplo de compuestos de mercurio que pueden causar problemas es el cloruro de etilmercurio, que se encuentra en los aerosoles nasales, de forma que el uso excesivo de aquéllos puede conducir realmente al daño de las membranas mucosas. UNIDAD DE ESPECIACIÓN DEL MERCURIO El modelo 1.130 de Tekran es una unidad de especiación de mercurio que suele ir acoplada a un analizador de vapor de mercurio, unidad que habilita al analizador para determinar simultáneamente mercurio elemental y reactivo en muestras atmosféricas. Aunque la mayoría del mercurio atmosférico se encuentra en su forma elemental, la especiación es importante debido al mayor impacto local de las formas reactivas. La especiación es especialmente importante en muestras de zonas cercanas a las industrias, como por ejemplo una incineradora donde la mayoría de emisiones de mercurio son en forma iónica (HgCl2). También existe la posibilidad de medir el mercurio particulado añadiéndole un módulo —unidad de mercurio particulado—. De esta forma podemos tanto determinar el mercurio en estado gaseoso —elemental o reactivo— como el mercurio particulado que se encuentre en suspensión en la atmósfera.

Figura 1

El compartimento —Annular Denuder—, que está especialmente revestido, captura el mercurio reactivo, mientras que permite que el mercurio elemental pase a través de él. Durante la fase de muestreo —absorción—, el equipo proporciona medidas a tiempo real. Durante la fase de análisis —deserción— el denuder se inunda de aire y se calienta con lo que el mercurio reactivo se reduce a su forma elemental. El equipo detecta ese mercurio reducido, determinando así el mercurio elemental y el reactivo.

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MERCURIO EN LA ATMÓSFERA El mercurio procedente de fuentes naturales y artificiales constituye un riesgo importante para los organismos vivos. El 98-99% del mercurio atmosférico se encuentra en la forma de mercurio elemental Hgº y el resto como Hg+2. La especiación del mercurio en la atmósfera ha sido ampliamente estudiada debido a su gran toxicidad. A diferencia de los demás metales, más del 97% del mercurio total en la atmósfera se produce en fase vapor el cual se encuentra esencialmente como mercurio elemental Hgº. El mercurio en fase vapor se produce durante la combustión de los combustibles fósiles, en las plantas de energía, en las industrias, como resultado de las actividades volcánicas y durante la reducción fotoquímica de —CH3—2Hg. Asimismo, el Hgº en la fase vapor es termodinámicamente inestable respecto a la oxidación. Estudios realizados sobre el tiempo de residencia del mercurio en fase vapor muestran que permanece durante un largo período de tiempo en la atmósfera, alrededor de 0.3-2 años, lo que indica que los procesos de oxidación no se llegan a producir completamente. La forma inorgánica del mercurio Hg+2 tiene un tiempo de residencia de algunas horas a varios meses, esta forma Hg+2 se deposita en nuestro ecosistema en la forma de Hgº arrastrado por el agua de lluvia sufriendo varias transformaciones. Hgº (ac) + O3(ac) + H2O  Hg+2 + 2 OH - + O2 Hg+2 + SO2 (ac) + 2 OH-  Hgº (ac) + 2 H+ + SO2-2 Estas reacciones ocurren en las gotas de agua y el estado de oxidación del mercurio viene determinado por las concentraciones atmosféricas de SO2 y O3. Lindquist, Rhole y Fitzgerald (1985) asumieron que estas dos formas del mercurio eran sus formas más representativas, las cuales estaban integradas en los ciclos geoquímicos del mercurio entre la atmósfera y los océanos. El mercurio elemental Hgº es movilizado por las corrientes de aire provocadas por cambios de altas y bajas temperaturas, teniendo alta presión de vapor y siendo parcialmente soluble en el agua. La forma divalente del mercurio Hg+2 es la principal forma presente en las aguas naturales encontrándose asociado a gran variedad de ligandos orgánicos e inorgánicos. En el medio ambiente, el CH3Hg+ es la forma dominante del mercurio siendo producida por los microorganismos y emitida como mono- y dimetilmercurio a la atmósfera. Estas formas son las más tóxicas del mercurio y constituyen un gran riesgo ambiental. En la atmósfera una pequeña proporción del mercurio en fase vapor será oxidado fotoquímicamente, transformándolo en un compuesto soluble en agua que puede ser recogido en forma de partícula y depositado por deposición húmeda o seca. El mercurio en la forma de aerosol es mucho más fácilmente arrastrado por el agua de lluvia que el mercurio gaseoso. Resultados del contenido del mercurio precipitado obtenidos de los análisis químicos, mostraron que toda la precipitación húmeda del mercurio era de la forma aerosol, siendo la precipitación por lluvia el principal mecanismo de renovación del mercurio atmosférico.

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MERCURIO EN SUELO El mercurio en el suelo se encuentra en principio precipitado como hidróxido Hg(OH)2. No obstante, en medios no muy oxidantes el Hg+2 puede reducirse, primero a ión mercurioso y luego a mercurio metálico, el cual es muy volátil y puede difundirse por los poros del suelo. Otra posibilidad que da lugar a la movilización del mercurio es a través de su metilación, que corresponde a la formación de un compuesto organometálico. En el caso concreto del mercurio, se forma metilmercurio CH3Hg+, el cual, al igual que otros compuestos organometálicos, es liposoluble. En consecuencia, estos compuestos presentan una elevada toxicidad, puesto que pueden atravesar con facilidad las membranas biológicas —en particular la piel— y a partir de aquí, la incorporación del metal en la cadena trófica está asegurada. Un aspecto importante a considerar en cuanto a la contaminación es el que presentan las llamadas «pilas botón» que, aunque su consumo no es muy elevado, su toxicidad es muy grande. Hay dos tipos de pilas botón: las de óxido de mercurio y las de zinc-aire. Las pilas de óxido de mercurio contienen en su interior un 30% de mercurio en forma de óxido. Por el contrario, las de zinc-aire presentan un contenido mucho mas bajo en mercurio, alrededor de un 1%. Por consiguiente, el impacto medioambiental de estas pilas puede ser muy negativo, en el caso de ser abandonadas sin ningún tipo de control. La recuperación de los metales contenidos en las pilas se hace por troceado y fusión controlada, pero debido a la complejidad química y al encapsulamiento de las pilas, el procedimiento se encarece significativamente. Un método para su reciclado consiste en trocear las pilas, formando trozos de diámetro inferior a 2 mm, provocando que los vapores de Hg originados al calentar las pilas encuentren una salida fácil al exterior facilitando así su recogida. Seguidamente se calienta la mezcla a 600 ºC en ausencia de oxígeno con destilación simultánea del metal en un reactor aislado del exterior. De esta operación aún queda un residuo sólido que se calienta a 1.200 ºC, fundiéndose y formando una capa vítrea que aísla del exterior los componentes tóxicos que puedan haber quedado. El residuo obtenido se deposita en un vertedero controlado. EL MERCURIO EN AGUAS NATURALES El mercurio, en las aguas naturales, se puede encontrar en diversas formas físicoquímicas como metal, ión metálico, ión organometálico... Las características específicas de cada especie, así como las interacciones de las mismas con lo que las rodea, determina el transporte, las transformaciones químicas, así como los posibles mecanismos de eliminación —sedimentación, volatilización...— del mercurio una vez que ha sido introducido en el sistema acuático. En los medios aeróbicos de los reservorios —depósitos o estanques—, el mercurio se encuentra en forma iónica libre Hg+2, formando compuestos orgánicos o inorgánicos como HgOH-, HgCl+, HgCl2(ac), HgCl3-,HgCl4-2. Por otra parte, el ión Hg+2 tiene una elevada tendencia a adsorberse sobre partículas sólidas, de tal manera que el material en suspensión puede llegar a tener un contenido en Hg+2 unas 25 veces mayor que en disolución. Además del ión Hg+2, el mercurio puede encontrarse en forma mercuriosa Hg2+2 o metálica Hgº. En realidad, en el medio acuático existen determinadas bacterias capaces de reducir el ión Hg+2 a Hgº, el cual escapa a la atmósfera o bien sedimenta una vez absorbido sobre partículas sólidas.

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En las zonas anóxicas del reservorio y bajo la presencia de iones S-2, se forman complejos con el ión Hg+2, e incluso puede llegar a precipitar como HgS. Otras bacterias, son capaces de transformar el mercurio iónico a metil y dimetilmercurio: HgCH3+, Hg(CH3)2, respectivamente, tanto en la zona óxica como en la anóxica. Este fenómeno procura otra vía de escape del mercurio hacia la atmósfera, pues el dimetilmercurio es muy volátil. El ión HgCH3+ no forma complejos y permanece estable tal cual en el medio acuoso. Una característica de este ión es que es fácilmente transferido a los organismos vivos, acumulándose en los animales superiores a través de la cadena trófica. En la figura 2 se muestra un esquema del comportamiento del Hg en el medio híbrido.

Figura 2: comportamiento químico del mercurio en el medio híbrido. X= OH- o Cl-, b indica que el proceso está catalizado por bacterias

El mercurio entra en el medio a través de varias actividades antropogénicas. Este elemento se utiliza en grandes cantidades como catalizador en la industria «cloroálcalis», como pigmento en pinturas, en la fabricación de papel, como elemento activo en pilas y bacterias, en amalgamas dentales, termómetros, todavía se utiliza en algunos medicamentos y en formulaciones de pesticidas. Normalmente el mercurio se encuentra a niveles de trazas en las aguas naturales. Esto supone un reto a la hora de realizar la toma de muestras, el tratamiento de las mismas y los procedimientos analíticos para la determinación de mercurio en muestras medioambientales. Dificultad que tradicionalmente ha dado lugar a resultados que no se han ajustado a la realidad.

Tipo de agua Agua de mar Costa Mar abierto Agua dulce Ríos y lagos Agua de lluvia

Concentración de mercurio en ng/l 2-15 0.5-3 1-5 2-10

BIBLIOGRAFÍA BAIRD, C (1998): Environmental chemistry, W. H. Feeman & Company. BALLS, P. W. (1987): «Atomic absorption spectrometric/hydride generation determination of tributyltin and dibutyltin in sea water at the nanogram per litre level», Anal. Chim. Acta, 197, pp. 309-313. BETTMER, J., W. BUSCHER y K. CAMMANN (1996): «Speciation of mercury, platinum and tin –focus of research and future developments», Fressenius J. Anal Chem, 354, pp. 521-528. CRESSER, M. S., J. L. GÓMEZ ARIZA e I. R. MARR (1983): Química analítica del medio ambiente, Universidad de Sevilla. DOMENECH ANTÚNEZ, X. (1998): Química de la hidrosfera: origen y destino de los contaminantes, Miraguano. DOMENECH ANTÚNEZ, X. (1977): Química del suelo: el impacto de los contaminantes, Miraguano. O‘NEIL, P. (1998): Environmental Chemistry, Blackie Academic & Profesional.

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LA SUCESIÓN DE FIBONACCI EN LA NATURALEZA DE LAS PLANTAS Santiago Miguel Enamorado Báez Resumen: Se muestra el alcance y proximidad de las sucesiones en nuestra vida. Concretamente nos referimos a la sucesión de Fibonacci, con cuyos componentes se puede describir la distribución de hojas de las plantas durante su crecimiento, y dando lugar a la rama de la botánica denominada Filotaxia. Palabras clave: Fibonacci, Filotaxia, Kalanchoe, Razón Áurea.

En 1202 se publica el Liber Abaci. Este libro, cuyo autor era Leonardo de Pisa (1170-1250 d. C.), también llamado Fibonacci, mostraba a la cultura europea las ventajas del sistema de numeración árabe e indio, así como la necesidad de ser adoptada por el mundo occidental como una herramienta fundamental para favorecer su desarrollo. Fibonacci era hijo de un comerciante de Bugia, cuyas principales relaciones económicas se centraban en el norte de África. La labor comercial del padre propició el contacto de Leonardo con el sistema de numeración árabe. Durante años Fibonacci viajó a través de los países islámicos del Mediterráneo, ampliando sus estudios con numerosos autores árabes de la época. De esta forma adquirió un amplio conocimiento de su sistema de numeración así como del saber matemático de la época. En el libro Liber Abaci se mostraba por primera vez en Europa un conjunto de números con una disposición dada tal que formaban una sucesión creciente que actualmente se conoce como sucesión de Fibonacci. Esta sucesión fue mostrada en la India por algunos matemáticos tales como Gopala (1135 d. C.) y Hemachandra (1150 d. C.) entre otros. Mediante el estudio de patrones rítmicos generados por notas de uno o dos pulsos, los matemáticos indios descubrieron que el número de los ritmos obtenidos era una sucesión que hoy conocemos como de Fibonacci y resulta ser: 1,1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, …. , an=an-1+an-2, a1=1, a2=1 En Europa, Fibonacci introdujo a la sucesión como solución a un problema de cría de conejos: «Cierto hombre tenía una pareja de conejos juntos en un lugar cerrado y uno desea saber cuántos son creados a partir de este par en un año cuando es su naturaleza parir otro par en un simple mes y en el segundo mes los nacidos parir también». En su libro, el matemático italiano mostraba una gran cantidad de propiedades, las cuales fueron ampliadas posteriormente por muchos autores tales como Simons, Lucas, etc… Científicos de los más diversos campos del saber, así como artistas de diferentes épocas, han localizado de forma intrínseca unos patrones de comportamiento natural en sus respectivos campos de estudio, tales como la botánica —Bonnet—, astronomía — Kepler— biología, física, pintura, etc… De entre todos estos campos científicos, nos centraremos en la botánica. Dentro de esta disciplina nos encontramos una rama de estudio llena de curiosidades denominada filotaxia, que tiene como misión estudiar la disposición de las hojas en las ramas o tallos de las plantas. Esta disposición de las hojas muestra un comportamiento muy peculiar. Así lo manifiesta un estudio realizado por el naturalista suizo Charles Bonnet. En dicho trabajo se indica que la disposición de las hojas de ciertas plantas como 42

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el limero se dispone en lados opuestos respecto al eje del tallo; esto se corresponde con 1/2 giro respecto al eje del tallo. 1. La disposición de las hojas de otras plantas como el avellano o el haya, se corresponden con un patrón de distribución dado por un tercio de giro respecto del eje del tallo entre dos hojas consecutivas. 2. La disposición de las hojas de otros árboles como el albaricoquero y el manzano se corresponden con 2/5 de giro respecto del eje del tallo entre dos hojas. 3. La disposición de las hojas de especies como el peral o el sauce llorón muestran 3/8 de giro entre dos hojas consecutivas. Comparando estos resultados con la sucesión de Fibonacci, se muestra que la disposición de estas hojas cumple un patrón dado, es cociente entre elementos alternos de la sucesión de Fibonacci. 1/3

3/8

1/2 1

1

1/2

2

3

5

1/3

2/5

3/8

8

2/5

Mediante la observación de las imágenes siguientes, se muestra cómo numerosas plantas ornamentales cumplen con diversos patrones de comportamiento en la distribución de sus tallos secundarios y hojas. Dichos patrones vienen dados por cocientes de elementos alternos de la distribución de Fibonacci.

En la imagen de la izquierda se muestra una planta de kalanchoe. Esta planta realiza una distribución de hojas consecutivas a 1/2 de giro respecto del eje del tallo. En la imagen de la derecha se muestra la distribución de hojas del alelí, una planta aromática cuya distribución de hojas es 1/3.

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A continuación se muestra la imagen de un pequeño aguacate donde se muestra que la distribución de hojas es 2/5 respecto al eje del tallo.

2 5

4

3

1

Este comportamiento no sólo se da en la distribución de las hojas de las plantas como se ha mostrado, sino además en la distribución tanto de pétalos de las flores como de las semillas —por ejemplo, del girasol—. Además, algunos cactus muestran un crecimiento tipo helicoidal caracterizado por la razón áurea como consecuencia de la sucesión de Fibonacci. Es interesante ver como en ciertos campos de la ciencia aparentemente alejados de la rigurosidad matemática, tales como la botánica, resulte perceptible un comportamiento matemático definido por elementos de la sucesión de Fibonacci. Como resultado plantas ornamentales como los alelíes, y frutales como el aguacate o los perales, muy cercanas a nuestro entorno, pueden ser un buen ejemplo para mostrarnos el alcance de elemento matemático y descubrir otras matemáticas, a parte de las operaciones, próximas a nuestra vida diaria.

BIBLIOGRAFÍA. LIVIO, M (2002): La Proporción Áurea. Ariel.

PACIOLI, L (1946): La Divina Proporción. Losada. VOROBIOV, N. N (1974): Números de Fibonacci. Mir.

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GENERACIÓN ELÉCTRICA POR PILA TERMOELÉCTRICA — EFECTO SEEBECK — Enrique Martín-Lorente Rivera Resumen: Se explica qué son los efectos Peltier y Seebeck, así como el funcionamiento de una pila termoeléctrica, consistente en la generación de una corriente eléctrica continua al calentar las uniones de diferentes metales. La falta de desarrollo tecnológico y científico hace que aún no esté comercializado este efecto para generar energía eléctrica, pero prevemos que cuando se desarrolle tendrá un gran auge comercial. Palabras clave: Efecto Seebeck, pila termoeléctrica, efecto Peltier, energías alternativas, desarrollo tecnológico.

Dentro de las múltiples formas de producir energía eléctrica, hay una muy peculiar que es la termoelectricidad, donde por medio de calor se obtiene electricidad de forma directa y que científicamente se conoce como efecto Seebeck. El sistema de producir electricidad hoy por hoy en nuestra sociedad más comúnmente aplicado tecnológicamente es el de obtener calor a partir de una fuente de energía, ya sea convencional o renovable, y con este calor producir vapor de agua. Este proceso no es ni más ni menos que una adquisición de entalpía por parte del agua, que en forma de vapor es conducido a una turbina, donde la entalpía del vapor se transforma en movimiento, es decir la energía calorífica se transforma en energía mecánica y esta energía mecánica mueve un generador donde se genera electricidad. Este es el sistema termodinámico utilizado en centrales eléctricas, donde lo único que cambia es la forma de producir el calor. Así, una central de carbón es igual básicamente a una termosolar, una central nuclear o una de gas. Lo que las distingue es la forma de producir el calor, pero el funcionamiento termodinámico es el mismo. Este proceso en ingeniería se conoce como ciclo de Carnot. El efecto Seebeck no tiene nada que ver con estas instalaciones de gran producción de electricidad, sino que es un efecto de muy pequeña potencia y rendimiento, quedando su utilización actualmente sólo para instrumentación de medida de temperatura. ¿QUÉ ES EL EFECTO SEEBECK? Hay una propiedad de la materia que consiste en que cuando se unen dos metales distintos y se calienta una unión al tiempo que la otra se enfría, se genera corriente eléctrica y a este fenómeno se le denomina efecto Seebeck. Como se ha comprobado no hace falta que dichos metales estén soldados sino simplemente en contacto.

Como se comprueba en la figura hay un conductor que puede ser cobre, que tiene dos uniones, donde se une a dos conductores que pueden ser aluminio. Lo básico es que tienen que ser distintos metales. No tienen porque ser aluminio-cobre, sino que se pueden

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dar todas las combinaciones posibles entre los distintos conductores en la naturaleza, obteniéndose distinto comportamiento termoeléctrico del efecto Seebeck. En el caso del ejemplo que nos ocupa — aluminio-cobre —, resulta que a mayor diferencia de temperatura, se obtiene una generación de electricidad de mayor tensión e intensidad. Esto no deja de ser Carnot, donde el rendimiento termodinámico de un ciclo está en función de la diferencia de temperatura entre la unión caliente y fría, de manera que a mayor diferencia de temperatura, mayor rendimiento termoeléctrico. RENDIMIENTO DEL EFECTO SEEBECK Planteamos esta cuestión para hacer ver al lector que, actualmente, este efecto Seebeck no se utiliza comercialmente en generar electricidad. Tal vez sí se utilice como pequeña fuente de energía en satélites artificiales o en la estación espacial internacional, pero, en todo caso, se limita a algún tema en concreto y no se emplea de manera comercial, sino más bien como experimentación. Las centrales generadoras comerciales tienen un rendimiento de un 30-33 %, las solares fotovoltaicas un 15 % y un efecto Seebeck no está determinado, ya que depende de la diferencia de temperaturas y de los materiales empleados, de manera que no está comercializado. Así, este efecto se aprovecha en instrumentación y no como fuente de energía eléctrica. Sin embargo, todo está por ver en el sentido de que si se desarrollara y se mejorara tecnológicamente este efecto, podría haber en un futuro centrales termoeléctricas comerciales e incluso aprovechando como fuente de energía el Sol. Por ahora está pendiente que el rendimiento del efecto Seebeck se aumente extraordinariamente. CENTRALES SOLARES TERMOELÉCTRICAS

POR EFECTO SEEBECK

Aunque esto sea una provocación para científicos e ingenieros y una utopía tecnológica en nuestro presente, pienso que mucho antes de 50 años podríamos ver funcionando centrales solares termoeléctricas. Pero por mucho que imaginemos, la realidad es que tanto las centrales solares de efecto Seebeck como multitud de ingenios más no tienen sentido hasta que no se consiga un rendimiento aceptable de una célula Seebeck. Para que el lector se haga una idea real del rendimiento de lo que puede ser una célula Seebeck normal, constituida esta con cobre y aluminio —Cu-Al—, pasamos a escribir unos datos obtenidos por experimentación en el taller. MATERIALES

     

50 cm. Conductor de Cu.—cable común de instalaciones eléctricas. 2 Conductores de 25 cm. de conductor de aluminio —cable común de instalaciones eléctricas. Soplete de butano. Voltímetro. Amperímetro. 2 Termómetros con sonda de temperatura de hasta 500 ºC.

Se ha construido una célula Seebeck, de manera que las 2 puntas del conductor de cobre se han unido a cada conductor de aluminio, dejando una a temperatura ambiente y calentando la otra.

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TABLA DE DATOS Tª amb. ≈ tª union fría. ≈ 12 ºC Tª union caliente — ºC — 200

mV

µA

0,9

8

mW 0,0072

Se puede observar que se ha tenido que calentar hasta 200 ºC la unión caliente para generar 0,0072 mW, lo cual es insignificante. No es objetivo de este artículo profundizar en el rendimiento del efecto Seebeck. Lo que sí ponemos de manifiesto no obstante es que el rendimiento de una pila termoeléctrica, al parecer, es muy pequeño —esto sería tema para otro artículo— y esto es lo que hace que no se utilice como fuente de energía eléctrica hoy por hoy. Conviene hacer notar que la pila termoeléctrica es un convertidor directo de calor en electricidad y en cuanto a convertidor directo nos llama mucho la atención en el sentido que no hay partes móviles, ni fluidos, ni mecánica, ni sistemas o equipos necesarios para que se dé la conversión de calor en electricidad directamente lo que nos hace suponer que estas pilas tendrán un gran futuro, tanto en lo que se refiere a energías convencionales como renovables e incluso aprovechamiento de energías residuales. Con todo, ya digo que estas pilas termoeléctricas necesitan un gran desarrollo científico, gracias al cual serán posibles muchos artilugios que hoy ni se imaginan. Pienso que el estudio en profundidad del efecto Seebeck puede dar lugar a una nueva forma de entender la relación calor-temperatura-electricidad. Hablando de esta relación mencionamos otro efecto que es inverso al Seebeck que es el efecto Peltier. El efecto Peltier consiste en la misma pila termoeléctrica, es decir, la constitución de la pila, de la unión de los conductores, es la misma. La diferencia con Seebeck es que en vez de producir una diferencia de temperatura en las uniones y obtener electricidad, el efecto Peltier consiste en alimentar la pila termoeléctrica con una corriente continua y provocar en una unión calor y en la otra producir frío. CONCLUSIÓN Esta forma directa en que se puede producir frío y calor, sin fluidos ni partes mecánicas, hace pensar que cuando se desarrollen estas pilas desplazarán los sistemas convencionales conocidos para producir cambios de temperatura. Hoy día existen pequeñas neveras funcionando con el efecto Peltier pero se trata de pequeños aparatos utilizados para refrigerar alguna cosa en concreto como son medicinas y vacunas. Utilizando este método en países que no tienen amplias redes de distribución eléctrica y por medio de unos módulos fotovoltaicos, se puede alimentar una nevera, para como ya digo, enfriar algún pequeño material frágil al calor. Esperamos desde aquí que estos sistemas se desarrollen y se estudien porque aparte de que esto dará lugar a una nueva concepción de electrodomésticos, —siempre hemos pensado que lo que es ahorro económico, energético, mantenimiento y comodidad en el hogar es importante—, también dará lugar a nuevos conceptos de calortemperatura-electricidad, lo cual será interesante en ciencia e ingeniería.

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LA CRISIS SALINA DEL MEDITERRÁNEO Antonio José Miralles Aranda Resumen: El presente artículo trata de mostrar, con el Mar Mediterráneo de protagonista y a través de su origen y evolución, como los fenómenos geológicos, por insignificamentes que puedan parecer a escala planetaria, tienen gran influencia en el medio físico, en la fauna y en el propio planeta a escala global. Palabras clave: Geología, Mar Mediterráneo, Crisis Salina, Messiniense

INTRODUCCIÓN Desde que en los años 60 se desarrollara la Teoría de la Tectónica de Placas, la Geología sufrió una profunda revolución. El conocimiento de las causas y fuerzas que modelan y han modelado nuestro planeta planteó innumerables cuestiones sobre el origen y la evolución de cada una de las formaciones del mismo (océanos, volcanes, montañas, polos, mares, glaciares, etc.) que, gracias a la labor de numerosos geólogos, han destapado sorprendentes historias de nuestro planeta. En este artículo se pretende mostrar sólo una breve pincelada, un pequeño y cercano ejemplo, pero de gran importancia global, donde el protagonista es el mar Mediterráneo1. Su historia, sin duda apasionante, nos habla de repercusiones a escala europea y hemisférica; ya que parece ser responsable de la modificación de la salinidad de los océanos, influyendo en la circulación oceánica y en una mayor congelación del océano Ártico; de cómo ha condicionando la distribución actual de algunos seres vivos; o de cómo ha participado de la modificación geomorfológica de las islas mediterráneas, así como de numerosos cauces de ríos, a semejanza de lo que ya sucediera en el conocido cierre del istmo de Panamá. De todo esto y algo más les hablaré a continuación. ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL MAR MEDITERRÁNEO El mar Mediterráneo tiene su origen en el de Tetis, un mar este último que, hace 60 millones de años, presentaba un nivel 100 metros por encima del actual. Era amplio y abierto y anegaba vastas extensiones del norte de África y de un archipiélago de islas, que hoy conforman Europa, siendo un mar poco profundo, con rocas calizas y corales.

El mar del Tetis se estrechó, separándose del océano Índico y formando los mares interiores Negro y Caspio. Tales movimientos y colisiones continentales ocurrieron 1

K. HSU (1983): The Mediterranean Was a Desert, Princeton University Press, Princeton, New Jersey; M. B., CITA (1982): «The Messinian salinity crisis in the Mediterranean. A review», Geodyn Series, 7, pp. 117-140.

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durante la fase de orogenia alpina, quedando conectado sólo en su vertiente occidental, como hoy día, con el océano Atlántico. Dicha conexión no se daba por el estrecho de Gibraltar, sino en zonas hoy emergidas: el corredor bético —actual valle del Río Guadalquivir—2 en el norte, y el corredor del Rif en el sur —Marruecos—, tal y como muestra el dibujo. Esta región, que se encuentra sobre la línea de colisión de dos placas continentales —la placa africana empuja a la placa euroasiática—, pasó a convertirse, desde entonces, en una auténtica y gigantesca bisagra y, como consecuencia de ello, el mar se abría y cerraba totalmente, apareciendo numerosas cuencas que se llenaban de depósitos. Durante cientos de miles de años el paisaje del fondo mediterráneo fue el de un mar desecado, que se asemejaba a una región semidesértica, con lagunas salobres diseminadas, hacia las que fluían ríos por profundos cañones. El agua que quedaba era tan salada que impedía la vida marina. Se cree incluso que, hace 5,96 millones de años, el mar Mediterráneo se desecó completamente, habiéndose cerrado por la zona del Rif, de manera que, además, la evaporación superó el aporte de los ríos de dicha cuenca. La desecación se prolongó hasta que el mar se volvió a rellenar con las aguas del Atlántico hace 5,33 millones de años, debido a la creación de un nuevo paso: el ya mencionado estrecho de Gibraltar. Desde entonces el Mediterráneo se encuentra en equilibrio gracias al agua superficial que entra desde el Atlántico, la cual compensa la suma del déficit por evaporación que sufre la cuenca y el caudal de la corriente profunda que se escapa al océano por las profundidades del estrecho. El mar Mediterráneo no conserva la sal que produce, sino que la exporta: por cada litro de agua dulce que se aporta, se evaporan 3 litros. Se cree que volverá a cerrarse en unos pocos millones de años. El mar Mediterráneo en la actualidad.

LA CRISIS SALINA DEL MESSINIENSE (MESSINIAN SALINITY CRISIS) De todos los períodos de desecación del mar Mediterráneo, parece ser que el que más influencia ha tenido en la Tierra de hoy día sucedió en la división final del Mioceno, piso «Messiniense» (entre 6,5/6,6 Ma y 5,3 Ma) En el mismo, se han datado importantes eventos paleogeográficos, geodinámicos, paleoambientales y paleoclimáticos, que empezaron a investigarse hace 40 años como la «Crisis de Salinidad del Mediterráneo»3. Dicho periodo se puede descomponer, a su vez, en 3 grandes períodos de regresión con los siguientes efectos —ver tabla 1—: 1. Una regresión marina global, iniciada hace más de 6,8 Ma, al comienzo del Messiniense, que se atribuye a la reducción del estrecho de Gibraltar y acentuada por una tectónica compresiva en la región. Este hecho provocó una gran precipitación salina local, alternada con sedimentación euxínica —aguas estancadas y anaerobias—

2

W. MARTÍNEZ DEL OLMO [et al.] (1996): «Descenso eustático messiniense en la Cuenca atlántica. El cañón submarino del Río Guadalquivir», Geogaceta, 20 (1), pp. 138-141. 3 E. AGUIRRE (2003), «Messiniense: compleja y grave crisis ecológica», Estudios Geol., 59, pp. 205-212; W. KRIJGSMAN [et al.] (1999): «Chronology, causes and progression of the Messinian salinity crisis», Nature, 400, pp. 652-655.

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, que llevó al empobrecimiento del plancton, el enfriamiento del clima y una fuerte continentalización de áreas litorales. 2. La segunda etapa es de fuerte regresión marina, al final del Messiniense, con aislamiento y desecación del Mediterráneo. Se formaron depósitos evaporíticos en aguas someras, de facies regresivas calcareníticas en el lado atlántico, todo lo cual se unió, además, a una fuerte glaciación antártica. Ésta última concluyó rápidamente con la recuperación de la circulación mediterránea, al tiempo de la reanudación transgresiva Zancliense, hace 5,3 Ma. —según Van Couvering et al., 1976—. 3. El Messiniense finalizó justo en la frontera entre el Mioceno y el Plioceno, hace unos 5,4 millones de años. Entonces otro cataclismo orogénico en el extremo occidental del Mediterráneo volvió a abrir la comunicación con el Atlántico por Gibraltar.

Tabla 1. Intento de secuenciación y correlación de cambios geográficos, climáticos, de vegetación y de fauna de mamíferos al final del Mioceno3.

Las consecuencias de la crisis salina también tuvieron su efecto sobre la fauna, que sufrió numerosas extinciones y migraciones, al conectar poblaciones que en principio parecían no haber llegado a estar unidas nunca. Sirva como ejemplo la expansión del hipopótamo —que puede nadar—, la del camello, elefante y otras especies que están actualmente siendo investigadas, como la existencia de homínidos fósiles con indicios de bipedismo en edades comprendidas en este intervalo y por estas regiones4. El incremento de la erosión fue también un hecho muy destacable. Al bajar el nivel del mar, los Alpes sufrieron una fuerte erosión, ya que el lecho del rio también lo 4

S. DUGGEN [et al.] (2003): «Deep roots of the Messinian salinity crisis», Nature, 422, pp. 602-606.

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hizo de forma abrupta, aumentando la energía de los mismos y, con ello, arrastrando gran cantidad de sedimentos y escavando profundos valles. La erosión fue 10 veces mayor de lo normal. Parece que en dicha época llovió con intensidad y que el mar Mediterráneo se rellenó en parte de agua dulce, formando una mezcla de agua salitrosa, que seguía evaporándose. Este hecho explica el gran número de lagunas de agua salobre en Andalucía. Las islas mediterráneas cambiaron enormemente su fisonomía, su fauna y su clima. Como ejemplo de todo ello, hablaremos de las islas Baleares. LAS ISLAS BALEARES, UN CASO SINGULAR Según Alcover y Bover, del 5,7 a 5,33 Ma el Mediterráneo se secó completamente y ello tuvo, entre otras consecuencias, la separación de la Bética de las islas Baleares, así como de estas últimas en otras islas menores, que provenían de un mismo promontorio separado inicialmente en dos grandes formaciones. Pero respecto a la fauna, tuvo mayor influencia el descenso registrado hace 2,35 millones de años, en el cual el nivel del mar bajó unos 100 metros. En este período, las glaciaciones conectaron las islas de Mallorca y Menorca —formando la gran isla de Gimnesias, que medía 9.600 km. de media—, y la gran Pitiüsa de 2.000 km., formada por Ibiza y Formentera. Sin embargo estas dos islas no se unieron como se demuestra en su fauna, ya que existía un canal intermedio que era lo suficientemente grande como para evitarlo, según se demuestra por la distinta distribución entre Gimnesias y Pitiüsa de dos especies de lagartija —Podarcis lifordis y Podarcis pityusensis— y de la cabra balear —Myotragus balearicus—, pues se conoce que en las Pitiüsas no había mamíferos terrestres y que los únicos vertebrados eran aves. Las islas terminaron de separarse a finales del terciario 5. En la actualidad y como consecuencia del cambio climático, como en otras épocas interglaciares, el nivel de mar es menor (-11 m.) y por tanto las islas permanecen separadas.

Separación de la Bética y las Baleares y distribución de P. lifordi y P. pityusensis

TEORÍAS Y PRUEBAS Los modelos interpretativos de la crisis Messiniense han ido evolucionando, desde unos más simples a otros de mayor integración y complejidad en los que se distinguen fases o etapas en la crisis, como los ya mencionados. Los defensores de esta teoría apuntan como principal causa el cierre debido a movimentos geodinámicos de la región occidental. Si bien este hecho es de vital importancia, se sabe además que pudieron concurrir otros sucesos, como bajadas y subidas del nivel del mar debido a diferentes épocas de glaciaciones, dejando dicha zona emergida, o períodos más cálidos —a más zonas heladas, menor nivel de las aguas—, tal y como muestran los cambios de volumen de hielo de la Antártida y Groenlandia; e incluso movimientos eustáticos del 5

O. RIBA Y ARDERIU (1983): «Las islas baleares en el marco geológico de la cuenca mediterránea occidental durante el terciario», ponencia presentada ante el X Congreso Nacional de Sedimentología. Menorca, 23-30 de Septiembre del 1983.

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mar —un levantamiento tectónico de la zona del corredor del Rif—, debido al propio empuje de las placas. Aunque más difíciles de demostrar, hay que citar también los cambios climáticos debido a los ciclos orbitales, como la precesión de los equinoccios, que sin duda influyeron en sequías y depósitos6. El rellenado, en cambio, pudo deberse a la erosión remontante de los ríos de la actual cuenca del mar de Alborán, un ascenso del nivel del mar o por un posible descenso topográfico de origen tectónico de la zona del estrecho de Gibraltar. Las pruebas para dichas teorías se han mostrado con claridad, ya que la evaporación masiva del agua del mar Mediterráneo causó una gran precipitación de sales, observables en los perfiles sísmicos del fondo oceánico y en afloramientos geológicos en las costas. En agosto de 1970, las perforaciones del buque oceanográfico Glomar Challenger encontraron gruesos estratos de evaporitas —yesos y anhidritas— y fósiles de lagos de fuerte evaporación. En la cuenca del río Nilo, el geólogo ruso Chumakov encontró sedimentos de un estrecho brazo de mar que existió en el pasado, localizado hoy a más de 1.500 m. de profundidad. Se puede demostrar con ello que, a medida que se desecaba el Mediterráneo, el Nilo escavó un profundo valle siguiendo al descenso del nivel del mar. Si se cerrase hoy día el estrecho de Gibraltar —se cree que lo hará en unos pocos millones de años—, el mar tardaría unos 1.500 años más en desecarse, y formaría un sedimento de sales de sólo 70 m. de espesor. Cuando comprobamos los espesores de sedimentos salinos —de hasta 2 y 3 km. de espesor—, observamos que se necesitarían al menos de 30 a 40 ciclos de invasión y evaporación para justificarlos. Este hecho tan extraordinario llegó a influir en la salinidad del océano Atlántico —se cree que la redujo en un 2 por mil— y subió el punto de congelación del mismo, aumentando los hielos árticos. Finalmente cuando el dique se desgajó, entró el agua del océano y el mar Mediterráneo se rellenó en solo 40 años7. De la importancia de este hecho y de su repercusión en nuestra historia son muestra la riqueza de civilizaciones mediterráneas, nuestro maravilloso clima, una fauna exhuberante y unas espléndidas costas, entre otras muchas virtudes.

6

A. SHEVENELL [et al.] (2004): «Middle Miocene Southern Ocean cooling antarctic cryosphere expansion», Science, 305, pp. 1.766-1.770; T NAISH [et al.] (2001): «Orbitally induced oscillations in the East Antarctic ice-sheet at the Oligocene/Miocene boundary», Nature, 413, pp. 719-722; J. Zachos [et al.], (2001): «Climate response to orbital forcing across the Oligocene-Miocene boundary», Science, 292, pp. 274-278. 7 A. SURRUOCA (2007): «La renovación hídrica del mar Mediterráneo». Ponencia presentada en la XXV semana de estudios del mar. Palma de Mallorca, del 25 al 28 de Septiembre del 2007.

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APROXIMACIÓN AL TANGO DESDE LA POESÍA CULTA Manuel Guerrero Cabrera Resumen: La poesía y el tango tienen algo en común: el ritmo, la musicalidad. Así, en este artículo relacionamos cómo la poesía culta de poetas americanos — Rubén Darío, Pablo Neruda o Evaristo Carriego, entre otros—y de poetas españoles y franceses —Geraldy, Verlaine, los Argensola, Lope, etc.— ha influenciado en el tango desde su parodia hasta su reproducción o plagio. Por último, tratamos la influencia mutua entre tangos, cuyas letras se interrelacionan. Palabras clave: poesía, tango, música, influencia, parodia, Rubén Darío.

Incluso quienes no lo hayan escuchado nunca saben que el tango es un baile y, por lo tanto, música. Es más, seguro que lo relacionarían con el Río de la Plata y que, al igual que lo que oímos asiduamente, no podrían ponerle fecha de nacimiento. Nada más acertado que la frase «el tango tiene orígenes anónimos, de aluvión y mixtura»1 y, por ello, nunca podemos afirmar taxativamente que surgiera en ambientes prostibularios, pese a todo lo que se ha escrito afirmando o negando esta cuestión. Sin embargo, no parece dudarse de la influencia que la copla o poesía prostibularia ejerció en los primeros tangos, a finales del siglo XIX, representando junto a las tonadas de payadores los influjos mayores en los orígenes. Pero, centrándonos en la letra, poco a poco, con el cambio de siglo, el tango empezaría a evitar ser tan explícito2 y hasta 1917, cuando Carlos Gardel canta «Mi noche triste» de Pascual Contursi —música de barrios bajos— ante un público de alta sociedad, no podemos hablar del «tango-canción», del tango que derivará en el que conocemos hoy. Con el «tango-canción» aparecen los primeros autores que se acercan a la poesía, de tal modo que, hacia mediados de los años 20, los músicos conocen la escritura y la mayoría tienen una formación académica3; igualmente, los letristas ya no son «escritores de teatro o periodistas atraídos por […] el tango cantado, ni son bohemios[…] Son intelectuales de formación escolástica»4. Todo este proceso surge, no sólo como un desarrollo de hacer literario el tango, sino también como un modo de «adecentamiento» del mismo. Por esto, en el presente artículo, realizamos un acercamiento a la influencia de la poesía culta en el tango, que consideramos en tres apartados: poetas americanos, europeos —franceses y españoles— y los propios poetas —o letristas— del tango. Así, no consideramos que esta división sea definitiva5, pero ayudará a formar al lector una idea general del tema que nos ocupa. 1.- POETAS AMERICANOS Con «americanos» nos referimos a los poetas hispanohablantes nacidos en América. Centrándonos en Argentina, empiezan a surgir, a partir de la década de los 20, nombres importantes: Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones, Raúl González Tuñón y Oliverio Girondo, entre otros. Sin embargo, el tango quedará enfrentado a la literatura 1

B. MATAMORO (1997): El tango, Acento, p. 11. V. MARTÍNEZ VEDIER (s/f): «El amor y la sexualidad en el lunfardo», Sexuar.com.ar. <http://www.sexuar.com.ar> 3 B. MATAMORO (1997), p. 38. 4 A. FERNÁNDEZ FERRER (1998): «Gardel canta a Darío: para una microteoría polisistémica sobre tres letras de tango», Filología, 1-2, pp. 135, nota 16. 5 Al tratarse de una aproximación, hemos dejado desatendidos varios aspectos por falta de espacio. 2

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culta y, sin ánimo de ser simplistas, el tango más poético no podía considerarse poesía. Eran dos concepciones diferentes e imposibles de igualar: Sobre los problemas de adscripción de los letristas profesionales del tango a los valores estéticos dominantes, resultan significativas dos anécdotas referidas a Homero Manzi. La primera, cuando el autor de Sur participa, a sus precoces catorce años, en un concurso de letras […], certamen en el cual obtuvo el primer lugar, pero no le otorgaron el premio porque su letra pareció «demasiado buena para ser tango». La otra curiosidad se refiere al retruécano de Manzi: «quiero hacer letras para los hombres y no ser un hombre de letras».6

Sólo con el paso del tiempo irá forjándose una vinculación entre ambos y, en ello, tiene especial relevancia la poesía conocida por los letristas del «tango-canción», quienes aprovecharon temas cotidianos o situaciones costumbristas que con el paso del tiempo se han convertido en tópico, como es el caso de las milonguitas 7. Como indicamos anteriormente, los letristas serán intelectuales mejor formados que publican libros de poesía, lo que se reflejará en el tango. En este trabajo atendemos a Rubén Darío, que será el más evocado, a Evaristo Carriego y, brevemente, a Amado Nervo y Pablo Neruda. No debe sorprendernos la presencia de la poesía de Rubén en los tangos, porque su difusión y el de su movimiento fue mayor, llegando a aprenderse en las escuelas composiciones como la «Sonatina», sin olvidar la relación del poeta con Buenos Aires. La «Sonatina», la obra más conocida del Modernismo, encuentra su versión lunfarda en el tango «La percanta está triste» de Vicente Greco, cuyo mismo título ya nos advierte de su relación con la composición de Rubén, y, como advierte Fernández Ferrer, «las reescrituras rubendarianas de Greco […], pertenecen evidentemente al período de contraste en el sistema cultural entre poesía culta, por una parte, y lírica mistonga, alimenticia y popular, por otra»8. También hay que destacar a Celedonio Flores, letrista y poeta, con su lunfarda «Sonatina»: «La bacana está triste. ¿Qué tendrá la bacana?». De manera más explícita, encontramos esta composición de Rubén en el tango «La novia ausente» de Enrique Cadícamo, en el que se nombra al poeta y se recita toda la primera estrofa: Y tú me pedías que te recitara esta Sonatina que soñó Rubén: La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, Que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, Está mudo el teclado de su clave sonoro; Y en un beso olvidada se desmaya una flor9.

Con esta cita, Cadícamo nos confiesa su admiración por Rubén y nos comunica su concepción poética para el tango: el protagonista es estudiante —por eso conoce el 6

A. FERNÁNDEZ FERRER (1998), p. 123. M. GUERRERO CABRERA (s/f): «Las milonguitas: un tópico del tango. Aproximación a la realidad, antecedentes literarios y evolución». Comunicación presentada al IV Seminario Internacional «Escritoras y escrituras» (en prensa). 8 A. FERNÁNDEZ FERRER (1998), p. 136. 9 Ante la imposibilidad de encontrar una fuente fiable para este fragmento del tango, ofrezco la siguiente. El texto del tango lo escribo en versos dodecasílabos (en hemistiquios de seis sílabas), según A. FERNÁNDEZ FERRER (1998), p. 142; y el texto de la «Sonatina» sigue la edición de R. DARÍO (2007): Obras completas (I), Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores, p. 168. 7

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poema—, el ambiente modernista —«Al raro conjuro de noche y reseda»—, utilización de símiles y metáforas poéticas —«triste como el eco de las catedrales»—, etc.10 Pero no sólo aparece la «Sonatina». En 1930 Claudio Frollo coloca los famosos versos de «Canción de otoño en primavera» para que sea recitado en su tango «Sólo se quiere una vez». Por último, volviendo a Cadícamo, si en «La novia ausente» encontrábamos la primera estrofa de «Sonatina» reproducida con exactitud; en el tango «Por la vuelta» leemos: Tu boca roja y oferente bebió en el fino baccarat…

Que nos recuerdan estos versos del soneto «Margarita»11: Tus labios escarlatas de púrpura maldita Sorbían el champaña del fino baccarat.

No cabe duda: Rubén Darío dejó su huella en el tango. Un ejemplo de poeta conocido sólo en el ámbito local es el de Evaristo Carriego (1883-1912), que es un mediocre poeta argentino en el que se ha visto el antecedente directo de los tangos de milonguitas, como «Flor de fango» de Contursi o «Milonguita» de Linning, figuras que reflejó en los poemas agrupados bajo el título «El alma del suburbio» y «La costurerita que dio aquel mal paso»; además de los tangos y la poesía suburbana de los años 40, porque el poeta advierte que el paso del tiempo y el progreso modifican el aspecto de los barrios: «El legado costumbrista de Carriego es retomado por las letras de tango […]. Lo hacen en una clave tal vez menos sentimental y ciertamente mucho más nostálgica, en gran medida porque algunos de los barrios de Carriego –no todos– ya se habían modernizado o estaban en vías de hacerlo»12. Carriego, además, al igual que Rubén, será directamente mencionado en distintos tangos, porque su visión es pionera: «el primer espectador de los arrabales, su descubridor, su inventor»13. Es el primero en acercar a la poesía la vida cotidiana, lo que pretende recrear el «tango-canción», conectando este con la poesía. «Cabeza de novia (De todo te olvidas)» de Cadícamo, «El último organito» de Manzi o «La musa mistonga» de Flores son algunos ejemplos. Para finalizar con este apartado, no podemos pasar por alto la influencia de Amado Nervo en la obra de Alfredo Le Pera, con el más claro ejemplo, rozando el plagio, de la conocida «El día que me quieras», que sigue el poema homónimo del mexicano. También, es de destacar el «Poema número cero» de Luis Alposta, que parodia el famoso «número veinte» de Pablo Neruda: Puedo escribir los versos más lunfas esta noche. Escribir por ejemplo: «La mina está forfái y en la grotesca mueca de su escracho, la esperanza se deja ver un cacho cuando alguien le presenta un cusifai». 10

Tratamos con mayor profundidad este aspecto en M. GUERRERO CABRERA (2006): «Rubén en ―La novia ausente‖. Una ―Sonatina‖ de Enrique Cadícamo», Saigón, 7, pp. 48-52. 11 M. GUERRERO CABRERA (s/f): «Una nota sobre Rubén Darío como fuente literaria de un tango» (inédito). 12 D. ARMUS (2005): «El viaje al centro. ―Tísicas, costureritas y milonguitas en Buenos Aires, 19101940‖», Salud Colectiva, 1, p. 86. 13 J. L. BORGES (1974): Obras completas (I), Emecé, p. 119.

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2.- POETAS EUROPEOS —FRANCESES Y ESPAÑOLES Para el porteño, París era la meta. El interés y la admiración por Francia llevada a Argentina llegan al tango y es posible que el Modernismo contribuyera a ello. Así, es Verlaine uno de los poetas que destacamos. Carlos A. Manus14 relaciona su influencia, como líder simbolista, en la repetida utilización del color gris en las composiciones de tango y que él verifica en «Canto de ausencia» de Homero Manzi, donde aparece citado —«Y en un libro de Verlaine, tus azucenas…»—. Lejos de confirmar o negar esta posible influencia simbolista, hay muchos otros poetas franceses que aparecen citados, como Baudelaire —«Eche veinte centavos en la ranura»— o Chénier —«Cuartito azul»—, entre otros. En cambio, sí puede afirmarse que en tres tangos de Cadícamo es muy clara la influencia del poema «Despedida» o «Final» de Paul Geraldy: «Por la vuelta», «Rubí» y «Los mareados»15. Veamos un ejemplo de este último tango, extraído del artículo de Sorrentino —2005: Tu te souviens, l‘enchantement, l‘apothéose? S‘aimait-on !... Et voilà : C‘était ça notre amour! —Geraldy— ¡Qué grande ha sido nuestro amor, y, sin embargo, ay, mirá lo que quedó! —Cadícamo—

Como puede observarse, encontramos la presencia en distintas maneras de la literatura francesa y, sin duda, esta última es relevante para los autores de tangos, siendo «Griseta» de José González Castillo el mejor ejemplo. En este tango, su autor evoca a los personajes de Escenas de la vida bohemia de Murger, de la Historia del caballero Des Grieux y Manon Lescaut de Prévost, y de La dama de las Camelias de Dumas. Estas obras, que no pertenecen al género de la poesía, demuestran la relación entre el tango y la literatura francesa; en este caso, especialmente, por la enfermedad que compartían las protagonistas y las milonguitas. En menor grado que la francesa, encontramos influjos de la poesía peninsular española; precisamente, entre los autores universitarios —o que han asistido a la Universidad—. Destaca Homero Expósito con la creación de tangos en los que se unen sólidamente raíces peninsulares y criollas, como demuestra el tango «Maquillaje», cuya letra evoca en su comienzo los famosos versos del soneto «A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa» de los hermanos Argensola, autores del siglo XVII. También Luis Alposta vuelve su mirada al Barroco para parodiar el famoso «Soneto de repente» de Lope de Vega. Por último, algunos estudiosos del tango, como Luis Adolfo Sierra o José Gobello, han relacionado el influjo de Lorca en la creación de la metáfora de Homero Expósito —«Te llaman Malevo», «Naranjo en flor», etc.— y de Homero Manzi — «Milonga triste»—16. Desde nuestro punto de vista, no negamos esta influencia, pero sí la hacemos más extensa, afirmando que es la literatura de Vanguardia la que influye de forma más determinante. 3.- INTERRELACIÓN DE TANGOS Finalmente, encontramos tangos que nos remiten a otros tangos, letras y poemas que hablan de otros ya escritos. Bien conocemos estas duras palabras que inician un tango de Le Pera: 14

C. A. MANUS (2003): «Las letras de tango y la poesía culta», Todotango. Idem. 16 L. A. SIERRA (s/f): «Homero Expósito», Todotango. 15

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Sus ojos se cerraron… Y el mundo siguió andando.

Inicio que no es tal, como bien se refiere en «Tu pálido final» de Alfredo Roldán: Después todo fue en vano, tus ojos se cerraron y se apagó tu voz.

En el caso anterior, el autor ha empleado un verso de otro tango y lo ha aprovechado para el suyo, relacionándose claramente con Le Pera. Pero, también, tenemos el ejemplo de la relación explícita, como el recuerdo a la «Milonguita» de Samuel Linning que Celedonio Flores realiza en «Corrientes y esmeralda» —«En tu esquina un día, Milonguita, aquella/papirusa criolla que Linning mentó»— o la mención de las protagonistas de tres tangos —Milonguita de Linning incluida— en «Tal vez será su voz» de Homero Manzi —«las sombras se arrinconan/evocando a Griseta, a Malena, a María Ester»—. Por lo tanto, el tango, no sólo se nutre de la vida cotidiana o de la poesía, sino también de los tópicos que han ido surgiendo y de las composiciones que otros autores elaboraron anteriormente. 4.- CONCLUSIÓN Con el paso del tiempo, el tango ha pasado de estar básicamente influenciado por la copla prostibularia a volverse literario, de igual manera que los autores de sus letras han ido formándose como intelectuales y poetas. De los tres grupos que hemos analizado, podemos deducir que Rubén Darío es el poeta más influyente y, por lo tanto, más evocado, no sólo mediante la cita de sus poemas, sino de él mismo. En el grupo de poesía francesa, no pasa inadvertida la posible influencia de Verlaine, gracias a Rubén y los Modernistas. Y, dentro de un último grupo de interrelación entre autores de tangos, podemos concluir que una composición también alienta la creación de otras, lo que indica que un autor no sólo lee a distintos poetas, sino también escucha tango; el mejor ejemplo de esto último es Celedonio Flores, autor de una «Sonatina» en lunfardo y de «Corrientes y Esmeralda», donde evoca a la «Milonguita» de Linning. BIBLIOGRAFÍA ARMUS, D. (2005): «El viaje al centro. ―Tísicas, costureritas y milonguitas en Buenos Aires, 19101940‖», Salud Colectiva, 1, pp. 79-96. BORGES, J. L. (1974): Obras completas(I), Emecé. DARÍO, R. (2007): Obras completas (I), Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. FERNÁNDEZ FERRER, A. (1998): «Gardel canta a Darío: para una microteoría polisistémica sobre tres letras de tango», Filología, 1-2, pp. 119-143. GUERRERO CABRERA, M. (2006): «Rubén en ―La novia ausente‖. Una ―Sonatina‖ de Enrique Cadícamo» en Saigón, 7, pp. 48-52. - - - - (2007): «Las milonguitas: un tópico del tango. Aproximación a la realidad, antecedentes literarios y evolución». Comunicación presentada al IV Seminario Internacional «Escritoras y escrituras» (en prensa). - - - - (s/f): «Una nota sobre Rubén Darío como fuente literaria de un tango» (inédito). MANUS, C. A. (2003): «Las letras de tango y la poesía culta», Todotango. <http://www.todotango.com.ar> MARTÍNEZ VERDIER, V. (s/f): «El amor y la sexualidad en el lunfardo», Sexuar.com.ar. <http://www.sexuar.com.ar> MATAMORO, B. (1997): El tango, Madrid, Acento. SIERRA, L. A. (s/f): «Homero Expósito», Todotango. <http://www.todotango.com.ar> SORRENTINO, F. (2005): «Hoy vas a entrar en mi pasado: de cómo un adiós francés generó tres tangos argentinos (II)», en la sección El trujamán. <http://cvc.cervantes.es> (29 de marzo).

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EL JUEGO DE LAS DIMENSIONES: ENTRE FANTASÍA Y SOLEDAD Antonio Joaquín González Gonzalo

Resumen: Análisis sobre el relato corto «En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse» de Haruki Murakami, que manifiesta las características de fusión de géneros (especialmente novela negra y fantasía) y estilo del autor, considerado uno de los más celebrados valores de la literatura japonesa en los últimos tiempos. Palabras clave: Haruki Murakami, género fantástico y

novela negra, análisis literario. Uno de los valores más importantes de la literatura japonesa actual, tanto por su calidad literaria como por el número de ejemplares vendidos y leídos, es Haruki Murakami. En el presente artículo voy a centrarme en el análisis de uno de los cuentos que forman la colección Sauce ciego, mujer dormida —Tusquets, Barcelona, 2008—; se trata de «En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse» —«Dokodeare sorega mitsukarisona basho de», 2005. Antes de comenzar con la exposición propiamente dicha querría advertir que, entre las peores costumbres que tenemos aquellos que nos dedicamos al análisis literario, se encuentra la de ser descorteses con los posibles lectores de un texto. Es difícil que alguien se enfade cuando se menta el desenlace de El Quijote o alguno de los sucesos de Cien años de soledad; sin embargo, develar el final de una narración como ésta resulta especialmente molesto. Por ello, tómese la presente advertencia preliminar como una encarecida invitación a la lectura del texto de Murakami antes citado —de cualquiera de sus escritos habría que decir. En buena parte de la literatura de Haruki Murakami se produce una fusión de géneros muy interesante. En el caso de «En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse», la hilazón de diversos tipos literarios nos conduce hacia lo fantástico, la novela negra en el más puro estilo Dashiell Hammett —sin su violencia— y el realismo mágico1. Respecto a la categoría de novela negra, hay que señalar que sus rasgos están presentes desde el comienzo abrupto en forma de diálogo con el cual se abre este cuento. Alguien acude a un despacho para que un investigador busque a una persona desaparecida. Todo el desarrollo argumental depende directamente de las palabras puestas en boca del personaje narrador en primera persona que es el «detective». Sin ningún tipo de transición desde la apertura del diálogo se pasa a la presentación del despacho en el que todo sucede y a la descripción de una mujer, con la sugerencia de cierta atracción erótica y sofisticación al mencionar las marcas de prestigio que ella utiliza en su ropa y complementos. La imagen de esta mujer, que ha ido a encargar la búsqueda de su marido desaparecido en extrañas circunstancias, concluye en una 1

A. J. GONZÁLEZ GONZALO (2008): «El Realismo Mágico en la narrativa de Haruki Murakami», comunicación para el IX Congreso de la Asociación de Estudios Japoneses en España, «Japón y el Mundo Actual» (en prensa).

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afirmación un tanto inquietante: «los tacones eran tan afilados como armas mortíferas» —p. 317—. Esta imagen se repetirá varias veces más a lo largo del relato a manera de un tema musical en una improvisación jazzística —estructura que es muy frecuente en la narrativa de este autor japonés. Sin embargo, esas características del género negro comienzan a sufrir ciertas fisuras a partir del momento en que el aparente detective muestra su interés por el caso: «No era preciso que me lo pensara demasiado. Era el tipo de caso que estaba esperando. Pero fingí que echaba un vistazo a la agenda y que hacía algunas comprobaciones. Si hubiera asentido de inmediato, ella habría sospechado que allí había gato encerrado» — p.321. Más todavía cuando afirma que no va a cobrar por su trabajo, ya que tiene «un interés particular en encontrar personas que han desaparecido» —p. 321—. El leitmotiv de la novela negra se pierde. ¿Quién es este personaje? Esta misma duda es la que va a plantearse la esposa del desaparecido, la cual llega a pensar que se encuentra ante una especie de voluntario perteneciente a algún tipo de secta new age. Por otra parte, la categoría literaria que mejor define la narrativa de Haruki Murakami —La caza del carnero salvaje, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y Kafka en la orilla, principalmente— es la del realismo mágico. La importancia fundamental de la realidad, desde la cual el autor se impulsa hacia un mundo de plena libertad ficcional mediante la utilización de una serie de elementos que, más allá de lo cotidiano, trascienden su propia realidad. En muchos momentos, el realismo mágico se aproxima al surrealismo —es innegable la relación que existe entre ambos movimientos—; la utilización tan peculiar del humor, rozando lo absurdo, puede ser un buen ejemplo de ello. El humor, además, supone la toma de partido por una actitud que hace que lo patético no aleje lo narrado del lector, sino que le permita asimilarlo como se vive la existencia cotidiana, la cual nunca es puramente patética. En el cuento «En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse», el humor se encuentra reflejado, sobre todo, al comienzo del relato, en el diálogo que mantienen el detective y la esposa del desaparecido. La entrevista pierde su aparente normalidad mediante una continua hilazón de distintos argumentos en el pensamiento y en las palabras del personaje. En la línea que mantiene este diálogo se diluye la frontera de la normalidad que emana desde una situación aparentemente cotidiana. Fijémonos, por ejemplo en el siguiente desarrollo: el detective le pregunta la edad, ella se toca la nariz, él sospecha que se ha hecho la cirugía plástica y recuerda a una novia que tuvo, desde lo cual, su pensamiento, ya desbocado, llega a la añoranza de una práctica de sexo oral. En su primera mitad, el diálogo gira en torno a la muerte del suegro —un sacerdote budista borracho que fue atropellado por un tranvía—. Así pues, el detective supone que el encargo que se le va a hacer tendrá que ver con este personaje. Pero no es así y la entrevista cobra entonces un cariz totalmente distinto. La mujer tiene un encargo sobre su marido, el cual no es sacerdote budista, sino que trabaja como corredor de bolsa. Indudablemente, hace tiempo que la plática ha perdido cualquier viso de lógica, mas no se ha derivado hacia lo fantástico, pues no hay nada extraño en estos elementos considerados individualmente; lo extraordinario está en su acumulación. Lo ilógico, surrealista, del relato, por otra parte, hace que se mantenga la tensión en el argumento, dado que el motivo de la preocupación de la mujer no se descubre hasta bien avanzada la entrevista. Respecto a lo cotidiano que implica el concepto de realismo mágico habría que decir que, una de las características básicas que más se han valorado a la hora de explicar tanto la literatura como la cinematografía japonesa, es el extremo cuidado que los Isagogé, 5 (2008)

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creadores ponen en la descripción de los elementos que rodean la cotidianeidad de sus personajes. Este cuidado hunde sus raíces en uno de los paradigmas centrales de la cultura japonesa: el zen2. En el caso de la narrativa de Haruki Murakami —como también en la estética del objeto en el realismo mágico de Gabriel García Márquez—, este mimo descriptivo tiene un valor añadido: crea una identificación plena del lector con el mundo descrito. La realidad ficticia del personaje va apoderándose de la lectura y cuando esa realidad ha pasado a ser vista como cotidiana es el momento en el que se produce el salto, bien hacia lo mágico, lo maravilloso o lo simbólico, categorías que están perfectamente representadas en Murakami. La representación de lo cotidiano, más allá del detalle, en algunos momentos también cobra una presencia inquietante. Durante el diálogo que abre el relato, lo aparentemente cotidiano sufre ciertas mutaciones que pueden llegar a ser expresión de la neurosis del personaje —la acción casi maniática del detective a la hora de escoger un lápiz, o su necesidad desesperante de tomar las notas con buena letra— o de amenaza latente en la mirada dirigida a los tacones de la esposa del desaparecido. La plasmación del detalle alcanza a la expresión del tiempo y este aspecto cobra una importancia mayor en un relato como éste, de carácter fantástico, en el cual hay ciertas alusiones fundamentales al juego con los saltos en las coordenadas espaciotemporales. En algún momento, la acumulación de datos cronológicos no tiene más interés que el de crear la sensación de concreción para que la narración no pierda su anclaje realista. Bajo una ficción que narra algo aparentemente circunstancial —y esto es otra característica del realismo mágico— lo que se esconde es una preocupación simbólica que conduce hacia el planteamiento existencial en el cual prima un concepto básico que recorre toda la obra de Haruki Murakami —en la foto—: la soledad, tema que también está muy presente en la actitud japonesa contemporánea3. El simbolismo es indiscutible en prácticamente todos los elementos que forman el relato y es un efecto de la condensación del cuento frente a la novela —aunque en la narrativa de Haruki Murakami ambos géneros no están tan separados como pudiera parecer—. El simbolismo de lo cotidiano está representado en uno de los autores estadounidenses más mencionados a la hora de señalar las influencias desde las que se origina la narrativa de Murakami. Se trata de Raymond Carver, el cual hace uso de un simbolismo basado exclusivamente en lo cotidiano, sin llegar a dar el salto cualitativo hacia lo mágico —como es el caso de Gabriel García Márquez— o hacia lo fantástico —en muchos momentos de la ficción de Haruki Murakami—. Quizá para encontrar la base del simbolismo mágico de lo cotidiano no haya que irse hacia el ámbito anglosajón, sino hacia la influencia, reconocida por el mismo Haruki Murakami, de la narrativa hispanoamericana —Gabriel García Márquez, Manuel Puig4. Un contenido especialmente interesante desde la explicación de lo simbólico en «En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse» es la presencia de tres personajes que se encuentran con el investigador mientras éste intenta desentrañar el 2

D. T. SUZUKI (1996): El zen y la cultura japonesa, Paidós. F. LANZACO SALAFRANCA (2008): Religión y espiritualidad en la sociedad japonesa contemporánea, Prensas Universitarias de Zaragoza. 4 J. LIBEDINSKY (2007): «Entrevista a Haruki Murakami», La Nación (Buenos Aires), 15-IX. 3

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misterio del desaparecido en la escalera. Ellos representan las tres edades del hombre y su aparición escalonada supone un progresivo acercamiento hacia la resolución del caso. En primer lugar, el detective va a encontrarse con un corredor que practica su deporte subiendo las escaleras siempre que tiene tiempo libre. Este personaje es la expresión de la vitalidad y la plenitud del tiempo humano, aunque supone una mayor importancia simbólica y argumental la aparición del anciano, ejemplo de reflexión. La culminación del simbolismo, sin embargo, se encuentra en el tercer personaje, una niña pequeña que, curiosamente, es la última persona con la que el investigador se encuentra. En el modo de hablar de la niña hay algo extraño, una madurez muy adelantada a su tiempo. El diálogo con ella, pese a ser tan surrealista como el que mantiene con la esposa del desaparecido, presenta una dimensión distinta, puesto que la lógica infantil es completamente diferente a la del adulto. Es la niña quien da la pista más clara para interpretar el relato. Es ella quien fija la importancia argumental del espejo, enlazando con A través del espejo de Lewis Carroll, obra que ejemplifica a la perfección la lógica infantil que implica la posibilidad de cruzar la frontera entre las dimensiones espacio-temporales, la posibilidad de ir de un lado a otro del espejo. Novela negra, realismo mágico. Hay un tercer género presente en este cuento de Haruki Murakami: se trata de la literatura fantástica, en el juego que se establece entre dimensiones espacio-temporales. En la novela Sputnik, mi amor también hay una desaparición que, aunque en un primer momento se tiña de lo fantástico, realmente es un suceso que no trasciende de un comportamiento vital un tanto desordenado. Sin embargo, en el cuento «En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse» no hay ninguna explicación a la desaparición del personaje. Entre Sputnik, mi amor y el cuento que estoy analizando se levanta la frontera que separa el territorio del realismo mágico de la narrativa fantástica. Lo fantástico en «En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse» se basa principalmente en la existencia de un espejo, elemento que Haruki Murakami utiliza en otro de los cuentos contenidos en Sauce ciego, mujer dormida, se trata de «El espejo» —Kagami, 1990— en el cual el autor se aproxima al relato de terror psicológico. Desde un primer momento, al inspeccionar la escalera de la desaparición, hay un elemento que llama la atención al personaje narradorinvestigador: había un gran espejo de cuerpo entero. Ni una nube empañaba su superficie. Incluso la luz que penetraba por la ventana incidía en un ángulo apropiado. Durante un tiempo me quedé contemplando mi imagen reflejada en el espejo. Tal vez aquel domingo por la mañana también el corredor de bolsa desaparecido se tomara un descanso en aquel sitio y mirara su imagen reflejada allí —p. 324.

¿Qué es lo que el investigador ve en el espejo? Un personaje de ropa y aspecto descuidados «aparte de eso, era la misma persona de siempre. Un hombre de cuarenta y cinco años, soltero. Que no sentía interés ni por el budismo ni por el mercado de valores» —p. 323—. Allí, frente al espejo, el detective tiene una actitud especial: cierra los ojos y deja pasar el tiempo: «me abandoné a las arenas movedizas del tiempo. Sin esbozar el menor movimiento dejé que su fluir me transportara. Después abrí los ojos y miré el reloj de pulsera. Las agujas marcaban la una y cincuenta y siete minutos. Se habían esfumado veinticinco. ―No está mal‖, me dije. Una erosión del tiempo nada productiva. No estaba nada mal» —p. 326.

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Después de eso vuelve a mirar el espejo, en el cual parece que quiere descubrir algo extraño. Sin embargo, la imagen es normal. Días después, cuando encuentra a la niña de la escalera, ésta miraba su reflejo mientras canturrea. Ella es la que va a dar una pista fundamental acerca de la importancia que tiene ese espejo en concreto: «de todos los espejos de la escalera, éste es el que mejor te devuelve la imagen» —p. 331—. A raíz de esta explicación, el detective vuelve a mirarse y siente «la impresión de que mi imagen reflejada allí era un poco distinta a la que estaba acostumbrado a ver en otros espejos. El yo de allá aparecía un poco más regordete y optimista que el yo de acá. Como si acabara de zamparme un montón de crepes calientes, por ejemplo» —p. 331. Es en la conversación con la niña donde se van a poner de manifiesto los principales temas de esta narración. El investigador le confiesa: «es posible que busque una especie de puerta» —p. 332— y lo hace desde mucho tiempo atrás, aunque desconoce todo acerca de cómo es esa puerta que permite abandonar el mundo para alcanzar una posible felicidad que se encuentra al otro lado del espejo. Después de esa conversación «la niña se levantó y desapareció escaleras arriba cantando una canción. Yo cerré los ojos, me abandoné de nuevo al fluir del tiempo y dejé que éste se fuera consumiendo inútilmente» —p. 333—. ¿Qué impresión queda en esta imagen? Indudablemente la de la soledad; es el mensaje que desde un primer momento nos transmite Haruki Murakami tanto en esta narración como en la práctica totalidad de sus novelas. El investigador no es un personaje de lo absurdo, no es un neurótico, no es un loco de alguna religión new age, simplemente es un hombre solo. Por ello, cuando el corredor de bolsa aparece, sin ninguna explicación lógica que justifique su desaparición, la narración concluirá con las siguientes palabras, tan significativas, del investigador: «Y yo, posiblemente, buscaré de nuevo, en cualquier otro lugar, algo que tenga la forma de una puerta, o de un paraguas o de un Donut, o de un elefante. En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse» —p. 335. Porque cuando el mundo real duele de soledad, es necesario encontrar esa puerta que lleve al otro lado del espejo.

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OPINIÓN Y ANÁLISIS

LA COEDUCACIÓN EN EL SISTEMA EDUCATIVO ESPAÑOL Clara Eugenia Ruiz Gómez y Aarón Ruiz Gómez Resumen: Este artículo hace una reflexión sobre la necesidad de establecer políticas educativas que contribuyan a alcanzar una igualdad real entre hombres y mujeres y que ayuden a acabar con la llamada violencia de género. En este sentido, se nombran algunas de las medidas tomadas y se revisan algunos de los resultados obtenidos. Palabras clave: sistema educativo, coeducación, violencia de género.

La coeducación en la educación tiene su sentido. Lejos de escepticismos que esta nueva premisa educativa pueda levantar, está claro que haber destacado los valores de igualdad entre hombres y mujeres en un plan con contenido propio en las escuelas, ha dotado de mayor peso y mayor respaldo a una idea —la de la igualdad— que, si bien formaba parte del ideario cívico de nuestra sociedad, no se había concretado en el ámbito escolar. El I Plan de Igualdad entre hombres y mujeres en educación fue aprobado por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía en noviembre de 2005 y desde entonces, y en todos los centros escolares, existe un coordinador o coordinadora encargado de potenciar este entendimiento en la comunidad escolar, a nivel de género. En relación con esta normativa también se dio la posibilidad de elaboraciones de proyectos coeducativos a desarrollar en los centros escolares. Entre 2005 y 2008 se aprobaron un gran número de proyectos de este tipo. Por tanto, el I Plan de Igualdad ha servido para racionalizar el trabajo en esta línea y obtener mejores resultados desde el punto de vista educativo. En el marco de este plan se creó en el 2005 una red de centros en la provincia de Córdoba que trabajaron en un proyecto común intercambiando experiencias a través de grupos de trabajo. El centro de referencia fue el Centro de Profesores «Luisa Revuelta». Aunque la experiencia no se ha vuelto a repetir con el mismo entusiasmo, no es menos cierto que la labor continúa, lo que no es poco. Habría que señalar que las nuevas prácticas coeducativas están centradas, en general, en una búsqueda de la igualdad, pero integrando ese concepto diferenciador, que lo hay, entre hombres y mujeres. Así, apuntar hacia una igualdad, pero subrayando las diferencias que se pueden establecer entre el modo de actuar y sentir de mujeres y hombres, debe ser la meta fundamental de la coeducación. Se intenta alejar, de esta manera, posturas radicales del feminismo en donde se interpreta lo masculino con la violencia y la opresión. En consecuencia, este modelo sustitutivo del poder femenino que estrangula lo masculino, no debe ser admisible en la nueva política coeducativa escolar, donde los valores de respeto y aceptación del otro deben ser los primordiales. Junto a ello, hay que resaltar el desarrollo de nuevos modelos masculinos y femeninos en nuestra sociedad. Esto es así y se producen cuando tiene lugar la absorción de valores del contrario. De esta manera, aprehendiendo lo positivo de ambos mundos, han surgido nuevas masculinidades y feminidades, que van rompiendo los moldes de los estereotipos vinculados a hombres y a mujeres.

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Estos nuevos modelos tienen que ver, sobre todo, con hombres y mujeres que rompen con las características tradicionales que se le han asignado a su género. Podríamos hablar de una cierta «feminización» del mundo masculino, y al mismo tiempo, algunas características tradicionales del mundo masculino que se han incorporado a la vida de las mujeres actuales. Dentro de estos nuevos modelos, cabe destacar la integración de tendencias sexuales que, hasta hace relativamente poco tiempo, eran perseguidas y denostadas en España. La posibilidad en nuestro país de la celebración oficial de matrimonios homosexuales ha culminado un proceso de aceptación legal de opciones afectivas que, durante muchos años, sufrieron la ridiculización y la persecución por parte del estado franquista. No nos queda ninguna duda de que la igualdad entre hombres y mujeres aún no se ha alcanzado en muchos niveles en nuestro país, aunque así parezca señalarlo el marco legal que recoge nuestra Constitución. Un ejemplo de ello se evidencia en los repetidos casos que manifiestan que el mundo laboral está lejos de ofrecer esta igualdad teórica. Se deben señalar también las incesantes muertes de mujeres como víctimas de violencia de género. Un tipo de violencia que, aunque siempre ha existido, en estos últimos años salta a los medios informativos con un ritmo imparable, que parece no tener fin. Pero, aun así, los logros son evidentes, no sólo en este ámbito, sino en muchos otros. Por tanto, la existencia de una base teórica de igualdad no debe hacernos presuponer que la batalla ha concluido. Todos sabemos que las sociedades no son estáticas y éstas se ven sometidas a avances y retrocesos culturales y sociales. Por esta razón, la defensa de los ideales mencionados debe estar siempre en marcha. Es más, se podría afirmar que, en determinados aspectos, es posible que la igualdad entre hombres y mujeres haya sufrido retrocesos en el mundo desarrollado. La fuerte influencia que en los jóvenes tiene la música o los seriales de televisión de claro contenido «machista» ha supuesto que en, algunos aspectos, el avance en la consecución de actitudes de libertad haya sufrido un paso atrás. Por tanto, queda mucho por hacer aún. Nos queda una asignatura pendiente: el mundo de la afectividad. Es en el ámbito de lo privado donde nos encontramos con mayores dificultades para hacer comprender a hombres y mujeres la dignidad de ser ellos mismos. Y es en este mundo de los sentimientos, donde la escuela puede representar un papel activo fundamental para potenciar el entendimiento entre ambos sexos. Hasta ahora las leyes han servido para establecer los principios que deben regir una sociedad igualitaria en su más amplio sentido. La educación es la base fundamental para consolidar y hacer efectivos todos estos ideales. Esta educación se realiza en ámbitos diferenciados: la familia, la escuela, la calle, los medios de comunicación, el grupo, etc. La práctica de actividades coeducativas en el ámbito escolar está destinada a conseguir una educación emocional en nuestras alumnas y alumnos, que evite la violencia de género que desgasta a una sociedad y esta educación debe liberar a nuestro alumnado de roles de género marcados y determinados. De esta manera, se potencia una sociedad futura más responsable y, sobre todo, más libre.

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LOS LÍMITES DE LA CRÍTICA Antonio J. Sánchez Fernández Resumen: ¿Cuáles son los límites de la crítica? ¿Es lícito que los críticos —y en general los espectadores— den a una obra artística o literaria nuevas interpretaciones, que rebasen incluso las intenciones del autor? ¿Una obra de arte está cerrada en sí misma, o puede ir transformándose a lo largo del tiempo, bajo la mirada de nuevos espectadores? Palabras clave: crítica; obras artísticas y literarias; creación; intención del autor; interpretaciones; obra de arte; acto de comunicación; emisor: mensaje; receptor; derechos de autor; emoción; impulsos;

Es frecuente encontrarnos con críticas de obras artísticas y literarias amplias y prolijas, que desmenuzan la creación comentada, desarrollando extensas conclusiones de cada detalle, por nimio que parezca —hasta que, en algunos casos, ocupa más el comentario que lo comentado—. Y es también frecuente que los lectores de esas críticas se pregunten hasta qué punto en la intención del autor, al elaborar su obra, estaba todo eso que ha visto el crítico y hasta qué punto es lícito introducir en ella interpretaciones a veces ajenas a la intención del creador. Es cierto que, en ocasiones, parece que el crítico utiliza la obra como un pretexto para desarrollar sus propias tesis, olvidándose de lo que está comentando para introducir sus opiniones. Pero también es cierto que una obra de arte no es algo unívoco, que la mirada del espectador —y un crítico es, o debería ser, un espectador autorizado y con formación para servir de orientación a otros— puede transformarla y dotarla de nuevas perspectivas. Toda obra es un acto de comunicación y los elementos que forman parte de todo acto de comunicación son emisor, mensaje y receptor. No está completo hasta que este último lo recibe y descifra, por lo que, en cierto modo, también receptor participa de la creación. Hay derechos de autor, que son sagrados e inalienables, pero también deberían considerarse los «derechos de espectador» —derechos de carácter íntimo y moral— de completar la obra. Si en Física, que se considera universal e inmutable, se acepta el principio de indeterminación de Heisenberg, del cual se deriva que el observador influye inevitablemente en el resultado del experimento, mucho más tendría que estar presente en el arte, que es algo tan proteico y subjetivo. Es difícil definir el arte, pero podemos decir que no está en el objeto —el lienzo del cuadro o el papel del libro—, sino en la emoción que el espectador percibe, la cual brota de la que el autor tuvo al crear, pero que no tiene por qué coincidir con ella —una obra de arte tiene tantos sentidos verdaderos como espectadores que la ven—. Es más, una obra de arte es más valiosa cuanto más matices y niveles presenta, y es capaz de llegar a sensibilidades y despertar sensaciones e interpretaciones distintas. Una obra es un ente vivo, tiene personalidad propia más allá de la de su autor, puede crecer con el tiempo. El concepto de autoría, el de la obra ligada a la personalidad de su autor, es relativamente moderno, surge con el intenso individualismo romántico del Isagogé, 5 (2008)

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siglo XIX. Pero mucho antes, el Arcipreste de Hita, al final de su Libro de Buen Amor, pide que el libro corra de mano en mano, y que cada lector si bien trobar sopiere, le añada o enmiende lo que quiera; algo parecido es lo que hace Wolfram von Eschembach con su libro Parzival, una copia, en muchos casos literal, del Perzeval de Chretien de Troyes —que seis siglos después retomaría Wagner en su Parsifal—; y podríamos encontrar otros muchos ejemplos de obras artísticas que nacen de adiciones y transformaciones a lo largo del tiempo —en las grandes obras arquitectónicas lo común es que, dada su complejidad y el tiempo necesario para culminarlas, sean varios los artistas, incluso de distintas generaciones, que intervengan. Hay cosas que están en artista sin que él las sepa: un autor intuye, siente, se deja llevar por los impulsos y las emociones, hace lo que su ―voz interior‖ le dicta, sin dedicarse a analizar racionalmente su trabajo —al menos en la generalidad. Hay artistas muy analíticos, que estudian y pulen su obra con cuidado—. Es fácil que el artista ponga algo sólo porque le parece bello o emotivo, o unos elementos porque siente que combinan bien, pero no se pare a ver por qué es así; es el crítico el que tiene que diseccionar, encontrar los mecanismos internos que hacen que una obra artística tenga calidad y capacidad de transmisión. También hay factores —psicológicos, sociológicos, educacionales, históricos— que a todos —artistas o no— nos influyen y forman parte de lo que hacemos, y conocer ese contexto nos puede ayudar a entender y a apreciar la obra que estamos contemplando. Hay veces que una obra de arte nos provoca un estremecimiento íntimo, inmediato, que puede disiparse si intentamos penetrar racionalmente en los factores que lo han provocado —algo parecido a lo que pasa con un chiste: si intentamos explicar su comicidad pierde la gracia—. A veces la adición de datos eruditos y consideraciones no amplían la percepción de la obra, sino que la embotan y le restan potencia —«Que no la toquen más, que así es la rosa», escribió Juan Ramón—. Pero en ocasiones, una voz autorizada, que nos inspire confianza, puede iluminarnos rincones de la obra en la que no hayamos reparado, y que enriquezcan la contemplación, dilatando el goce estético. Manuel Machado dedicó unos versos muy castizos a la copla española: «Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor». La idea que expresa dicha frase, que se puede aplicar a toda obra artística, es clara. La obra pertenece al artista mientras que él la retiene en su taller, o en su cuaderno de notas —y entonces no es todavía obra, sino boceto—. Cuando decide publicarla, la obra se emancipa como un hijo que se marcha del hogar paterno y desarrolla una vida propia. Cuanto más talento tenga el artista, más crecerá su obra y más ajena a él se hará con el tiempo. Un verdadero autor ha de aceptar —e incluso enorgullecerse—, de que en su creación aparezcan aristas e imágenes que en ningún momento estuvieron en su intención.

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LO POLÍTICAMENTE CORRECTO Antonio Jesús Serrano Castro «El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice». Aristóteles

Resumen: Opiniones y definición sobre lo políticamente correcto, con análisis de los peligros que acarrea su uso sin equilibrio: Limitación de la libertad de expresión y conciencia sometida a la amenaza del rechazo social, a la vez que se minimiza la idea o concepto pero no la realidad, dulcificando nuestra forma de comprender e interpretar esta última, con incoherencia entre lo que se defiende y lo que se vive en esa sociedad. Palabras clave: Políticamente correcto, Lenguaje inclusivo, Discriminación positiva, Manipulando información, Libertad de expresión, Conciencia, Descrédito social, Hipótesis Sapir-Whorf.

Cierto es que, en general, aprendemos a decir la verdad. Enseñanza que nos ayuda a no fingir lo que no somos, a no engañar en lo que pensamos. No menos cierto es que también se nos educa en que nuestras apreciaciones —sobre todo si son valorativas— deben ser sometidas a un filtro, para no caer en desconsideración, no herir sin necesidad y para no ser intolerantes poseedores de la verdad absoluta. Se nos pide ser espontáneos, a la vez que reflexivos y a recapacitar sobre lo que pensamos, salvo que queramos ganarnos el título de inoportunos y groseros. El equilibrio, en esto como en otras cosas de la vida, nos ofrece la oportunidad de medir las palabras dichas, a mesurar lo que opinamos. Nos hace menos esclavos de lo que decimos —de nuestras palabras— y más señores de lo que pensamos. «El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona», según Aristóteles, que además afinó al decir que «el sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice». Necesitamos conocer la opinión que nos dirige a hacer lo correcto. Se dice que, entre otros factores, la diferencia entre el ser humano y los animales es la capacidad de usar la razón y priorizarla, al menos tanto o más, frente a la emoción en estado puro y de atener nuestra actuación a dicho uso. Así, nos ocurre algo parecido cuando planteamos lo políticamente correcto, que hoy por hoy domina el panorama. El origen y evolución se puede resumir en varias fases, desde su inicial arranque en los Estados Unidos. Se debe a los usos conocidos de la expresión en la forma «no es políticamente correcto» que proviene de la Corte Suprema de Estados Unidos en el caso Chisholm vs. Georgia de 1793, donde el uso de una frase citada en el proceso no era correcto1. En la primera fase, siguiendo a Umberto Eco, aparece su origen izquierdoso y socialmente intencionado, fruto de aquel término que proviene del Marxismo-leninismo y que describe como tal «corrección política» la «línea partidaria» apropiada. En un momento posterior fue redefinido por los sectores de la izquierda estadounidense, como forma satírica de criticar ideas demasiado rígidas o intransigentes y, en concreto en los ‗70 y ‗80, por los movimientos feministas y progresistas para referirse a su propia ortodoxia. Crítica no exenta de cierta preocupación, por el celo desmesurado a la hora de aplicar los cambios sociales. 1

Literalmente el problema se planteó así: «Los Estados, en lugar de la Gente, por la cual existen los Estados, son frecuentemente las objeciones que atraen y detienen nuestra atención [...]. Sentimientos y expresiones incorrectas de este tipo prevalecen en nuestro lenguaje común e incluso en el familiar. ¿Es una celebración, pregunto, decir ‘Los Estados Unidos’ en lugar de ‘El Pueblo de Los Estados Unidos’? Esto no es políticamente correcto». Isagogé, 5 (2008)

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Posteriormente se retoma el uso bienintencionado, con la utilización de un lenguaje que sea inclusivo y, en su última fase, para denominar la tendencia en la aceptación y manipulación —por determinados grupos de presión y por los «neocon»— de dicho termino, para aplicar lo que socialmente está bien considerado y lo que no, con un cierto maniqueísmo: definir lo que es bueno y lo que es malo en una sociedad construida desde la más absoluta toma de postura acrítica. ¿Cuál es la definición que podemos hacer de lo políticamente correcto? Es altamente difícil y polémico de definir, sobre todo por el significado peyorativo o irónico que encierra. En un sentido más amplio se usa para describir la afiliación con la ortodoxia política o cultural. En una formulación más concreta describe aquello que podría causar ofensa o ser rechazado por la ortodoxia social. Surge esta ironía derivada por la preocupación de que el discurso público, la ciencia o los ámbitos académicos puedan verse dominados por determinados puntos de vista —sean mayoritarios o no—, y que se establecen de forma acrítica, adscritos con una determinada posición. Una metáfora sobre los peligros de este uso, se aprecia en este texto, extraído de un foro de Internet: Apagad la antorchas, la luna, las estrellas… Érasé una vez una tierra desconocida, llena de extrañas flores y sutiles perfumes. Una tierra que te llena de alegría al soñar con ella. Una tierra… donde todo es perfecto y venenoso.

Veamos algunas de las cuestiones que suscita la utilización de lo políticamente correcto. En primer lugar, se acepta en cuanto sirva para describir el lenguaje inclusivo, que permita incorporar a determinados colectivos minoritarios, pero se le critica que en lugar de atender a la igualdad de oportunidades en el punto de partida, se fija en el igualitarismo en los resultados en el punto de llegada. Nace con el intento legítimo de corregir un abuso histórico a determinados colectivos que sufrían desprecios muy arraigados y manifestados en el lenguaje. Actitud orientada por lo general a lograr cierta igualdad y lleva a cambiar incluso el equilibro de poder —por medio de la «discriminación positiva»— en favor de las denominadas «minorías oprimidas». Una crítica es la asepsia o inocente neutralidad que parece encerrar la terminología empleada que, sin embargo, lleva en algunas situaciones a colocar en el mismo plano de igualdad a la victima y al verdugo, en cuantos sujetos que son valorados sin considerar la relación de dominio e injusticia que encierra. A su vez, colectivos que luchaban por sus derechos se convierten en grupos de presión, en guardianes que vigilan lenguaje y el «pensamiento» que contiene, llegando desde la deseable corrección a desestabilizar el ejercicio de la libertad de expresión bajo amenaza de rechazo y exclusión social. En la práctica lo políticamente correcto se degrada, si sirve de cauce para insertar una serie de planteamientos ideológicos y valores, y, si como se ha apuntado por algunos autores, no juega ni la prudencia, ni la medida, ni quizás la justicia que se pretende realizar. El uso de los eufemismos plantea algunas dificultades. Cuando entran en juego estos sirven para describir ideas, políticas o comportamientos, y evitar ofender a algún colectivo. Pero si los tópicos conquistan las conversaciones y los discursos — pretendiendo afirmar con este uso que «todo el mundo» está de acuerdo con ellos para evitar esos conflictos— y se convierten en lemas, de ahí a la demagogia puede quedar solo un paso. Otro escollo a salvar, es que este uso de eufemismos puede minimizar la «idea o concepto», pero no la realidad. El problema subsiste y el lenguaje se llena de ciertas 68

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expresiones que a su se tornaran ofensivas, por lo habrán de ser sustituidas por otras. Y así el círculo vicioso pues la solución que se suele plantear es seguir generando nuevos eufemismos, hasta que el lenguaje se llena de giros y barroquismo. Además el uso se extiende en muchos ámbitos, como los relativos a la profesión, y no solo a la religión, la sexualidad, etc… y todo comienza a ser sometido a la reorganización mediante eufemismos, produciéndose excesos. Pareciera que aunque estemos orgullosos de nuestra profesión, necesitáramos ocultarla bajo otra denominación que dé más empaque. ¿No es esto una manera de discriminación y desvalorización? Complementario del anterior, es que este uso del lenguaje dulcifica nuestra forma de comprender e interpretar la realidad, proporcionando una distancia con la que ocultar lo más desagradable de dicha realidad. A esto se añade que puede ser propiciado manipulando la información. Para ello se maquilla la cara más dura de la realidad, con la aquiescencia de los llamados medios de comunicación. En tiempos de crisis llamamos al despido, reajuste laboral, y al aborto, interrupción voluntaria del embarazo, olvidando el hecho de la vida, de la madre, del hijo, de las circunstancias familiares, personales, sociales…, o se le añade un adjetivo que proporciona otro significado distinto al que el sustantivo trae en su propio significado: llamamos guerra humanitaria a la guerra disfrazada de «ayuda» a la gente a la que se masacra; de «lucha armada» o «banda armada» en vez de «terrorista» igualando moralmente a ambas partes; o daños colaterales a la muerte de civiles, lo que acalla nuestra conciencia —«son inevitables» puede pensarse— y se acepta esta nueva terminología pues mitiga nuestra sed de justificación. Y si el objeto de lo políticamente correcto, en su versión bien intencionada es ser referente y espejo de aquellos logros sociales, políticos…, en cuanto a libertad, igualdad y fraternidad, es manifiesto que solo puede darse cuando vienen acompañados de la necesidad de fomentar cierta educación y cultura para poder evaluar y saber qué puede ser ofensivo, en qué ideas hay consenso, qué valoraciones conlleva, para poder emitir juicios y adoptar actitudes y acciones, evitando acabar por convertirse en la obsesiva ocultación de la realidad y, en su caso, en una persecución maniqueísta. A raíz de esto surge otro de los peligros en que puede caer lo políticamente correcto —y que suelen contar los humoristas, pero que puede afectar a cualquiera—: La limitación de la libertad de expresión y conciencia, además de la de información. Durante la Dictadura en España, se vieron forzados a recurrir a «eufemismos» para superar la censura, y hoy se ven, en plena Democracia, en una situación similar, al tener que utilizar mecanismos análogos, evitando ser sometidos a aislamiento y descrédito social. Bajo el escrutinio que hace lo políticamente correcto de quienes son los buenos, quienes los malos: En definitiva acaba por convertirse en elemento discriminatorio, determinando a quien se debe fomentar, elevar y a quien silenciar, cuando no desterrar al olvido. El uso del lenguaje como medio de cambio. Decía Michel Foucault que «el orden del discurso es independiente pero no autónomo del orden de lo real». Lo «políticamente correcto» se ha relacionado con dos movimientos filosóficos: la Escuela de Frankfurt y la Asociación Americana de Antropología, uno de cuyos miembros, Edward Sapir, junto con el antropólogo Whorf, formuló la hipótesis Sapir-Whorf, por la «que toda lengua conlleva una visión específica de la realidad y que, por tanto, determina el lenguaje corrige las mentalidades y, por esta vía, cambia la realidad»2. Esto se pone en duda actualmente, y se observa que la acción política tan solo queda en un cambio de 2

«El lenguaje (políticamente) correcto», lección inaugural del Curso 2006-2007 de la Universidad de Oviedo, pronunciada por José Antonio Martínez, Catedrático de Lengua Española de dicho centro. Isagogé, 5 (2008)

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términos, generalmente generados desde arriba, pero que no conlleva esa acción sobre las causas que lo generan. Suele ser un medio de dar una «imagen» determinada y, mejor aún, aparentar una cierta conducta. Por lo general, es mostrar el retrato de lo que se quiere hacer ver, y evitar un espacio de crítica hacia lo que se esta haciendo: ¿Quién se cree capaz de criticar una guerra que se califica «humanitaria»? ¿Cómo ver un grave problema humano cuando definimos como reajuste laboral —quien no reajusta un canal de televisión para verlo mejor— lo que es la situación de paro a la que se avoca a muchos trabajadores? ¿O por qué denominar, se este o no a favor, interrupción del embarazo lo que es un aborto? ¿Por qué llamar limpieza étnica a la matanza racista? La respuesta es que tratamos de evitar ver estas cuestiones cara a cara, en vez de aterrizar sobre ellas desde los complejos factores y efectos que encierran. Cambiando la denominación es como si la limpiáramos de lo «feo» a lo que no queremos acercarnos. A modo de conclusión podemos coincidir con que debe evitarse la presentación que se hace de lo políticamente correcto con argumentos inocentes y de fácil asimilación. Su supuesta inocencia y la facilidad de asimilación que conlleva —véase sino como se oyen los lemas y etiquetas en el argot cotidiano— deben ser contrarrestado con fundamentos. El hablar «como si» se pensara y se actuara de verdad, no resuelve los conflictos, tan solo se van amansando, apaciguando. Para evitar que pierda la fuerza de impulso que tiene, no puede dejarse llevar por la sumisión indolora y callada a los sentimientos y opiniones generalizados. Incluso puede, inconscientemente, llegar a convertir una circunstancia en un estigma, persistiendo en la situación de discriminación, de miedo. Un ejemplo: se afirma que precisamente hoy, cuando esta mal visto el hecho de usar el termino «gordo», la sociedad que estigmatiza a quien lo dice, por otro lado parece rechazar a los que dice respetar, fomentando la obsesión por el cuerpo, por la belleza, el culto a la cirugía estética, desfiles de moda que exaltan la delgadez extrema, con aumento de los casos de anorexia,… de todo menos aceptar a las personas en su condición: sean flacas, gordas, o atléticas. Se nos evidencia que lo políticamente correcto no puede escapar de la crítica y reflexión, a pesar de las buenas intenciones que pudiera encerrar. Para no caer en los excesos se nos hace necesario estudiar las grandes categorías que lo influencian y condicionan, especialmente en la acción política. Además, sin puntos de divergencia no podremos ejercitarnos ni avanzar en la comprensión política —que nada tiene que ver con el relativismo— y nos será difícil entender las causas y efectos que generan la discriminación, ni pondremos entender los complejos factores que subyacen en los problemas sociales que se afirma defender y proteger. Habrá de buscarse la fundamentacion que se esconde detrás de lo políticamente correcto y denunciar cuando se nos inocule un mensaje cuyo contenido encierre algo similar a esto: «No te preocupes, nosotros ya pensamos por ti». Si nos dicen que basta con cambiar términos, mejor será mejor que despertemos, para evitar el veneno de la desidia y el silencio cómplice.

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MISCELÁNEA

ERASMO Y EL ARTE DE LA BIOGRAFIA EN STEFAN ZWEIG José Manuel Valle Porras A mi amigo Manuel Guerrero Cabrera Resumen: Reseña sobre la biografía de Erasmo de Rotterdam escrita por Stefan Zweig y publicada por primera vez en 1935, en la que se intenta descubrir al pensador independiente, al amante de la cultura y partidario de la concordia que Erasmo fue, relacionado además con el contexto de su época y la del propio Zweig. Palabras clave: Erasmo de Rotterdam, Humanismo, Reforma, Stefan Zweig Stefan ZWEIG (1986): Erasmo de Rotterdam, Barcelona, Editorial Juventud, 205 pp. (Traducción de Ramón María Tenreiro)

Aficionados y hacedores de la Historia, seguidores de las prosas bien curtidas, buscadores de hombres ejemplares y curiosos de lo humano en general: todos ellos encontrarán gusto y satisfacción en la lectura de la biografía de Erasmo de Rotterdam, escrita por el novelista vienés Stefan Zweig (1881-1942). También yo lo encontré, a pesar de que dejé transcurrir dos inviernos desde aquella mañana de abril cuando, en la Cuesta Moyano de Madrid, me hice con un ejemplar de esta obra, de segunda mano aunque apenas hojeado, prácticamente nuevo pese a sus veinte años1. Publicada originalmente en 1935, con esta biografía Zweig busca, allende los siglos y a través de la inmortalidad de las letras, descubrir al pensador independiente, al amante de la cultura y partidario de la concordia que Erasmo fue. En este hombre de letras que creía en los libros y en la posibilidad de enseñar la moral y humanizar a la humanidad, en este escritor al que le tocó vivir una de las periódicas épocas en las que la razón se esfuma barrida por la intransigencia, en este individuo de diálogo y paz en tiempos de imposición religiosa y enfrentamiento, ve precisamente Stefan Zweig una clave de sí mismo, del vienés cosmopolita y amante de la cultura, del judío expulsado de su mundo por la Gran Guerra y el subsiguiente nazismo. De hecho, la relación de cosas que, según Zweig, amó y odió Erasmo podría suscribirla su biógrafo sin la menor prevención: «Erasmo amó muchas cosas que son queridas hoy por nosotros: la poesía y la filosofía, los libros y las obras de arte, las lenguas y los pueblos, y, sin hacer diferencias entre todos ellos, el conjunto de la humanidad, para el logro de una más alta civilización. Y sólo una cosa odió de verdad sobre la tierra, como antagónica de la razón: el fanatismo».2 Esta implícita vinculación ilumina la figura de Zweig, arrojándonos luz sobre sus contornos conforme afrontamos la lectura de la biografía. Sin embargo, la lectura segunda no ha de quitar prioridad a la primera, a la explícita, a la erigida por su autor como monumento a la memoria del célebre europeo. Conforme al pensamiento y a las formas clásicas usuales en Zweig, así es también la estructura de esta obra: clara y elegante. Dividida en 11 capítulos, éstos transcurren desde la presentación de la figura 1

En 2006, la editorial Paidós sacó una nueva edición de la obra (Erasmo de Rotterdam: triunfo y tragedia de un humanista), traducida por Rosa S. Carbó. 2 S. ZWEIG: Erasmo de Rotterdam…, p. 18. Isagogé, 5 (2008) 71


del humanista holandés y el porqué de su relevancia, pasando por una descripción de la época, hasta el capítulo en que nos narra su muerte y, en el undécimo, la reflexión sobre su legado. La biografía de Zweig tiene, empero, más relevantes notas distintivas. No se sirve de la figura histórica para hacer una novela —arte en el que también despunta— pero tampoco se ciñe a la acostumbrada biografía rica en datos y en informaciones de distinta índole. Zweig es un escritor, no un historiador, pero intenta trazar un cuadro riguroso. Lo suyo no es buscar noticias novedosas, pero tampoco perderse en los vericuetos de su fantasía. Lo que hace es partir de los documentos, de las noticias históricas, para sobre ellas reflexionar y descubrir los rasgos maestros del carácter, la personalidad y el significado de Erasmo de Rotterdam, creando un ensayo de agradable prosa y agradecida lectura. Pensamiento y goce estético van de la mano en esta vida del gran humanista. Los paralelismos habríamos de buscarlos, de una parte, en la vieja historiografía literaria que feneció por Niebuhr y Ranke y, de otra, en la más reciente hermenéutica, en la escuela de Dilthey o Gadamer. Es así que el lector puede parafrasear la respuesta de Quinto a la carta de su hermano Marco Tulio Cicerón y decir, con él, que «hemos visto por entero» a Erasmo en la presente biografía. Descubrimos en ella a un enamorado de los libros, los latinos y los griegos, a un hombre celoso de su independencia y, en la época que le tocó vivir, la del Renacimiento y la Reforma protestante, un buscador del diálogo que huye del enfrentamiento y el fanatismo. Será la suya una vida nómada. Ordenado agustino en 1488, se sabe pronto más devoto de las Bellas Artes que del rigor conventual, por lo que se sirve de una fina inteligencia para conseguir diversas ocupaciones que lo mantendrán gran parte de su vida viajando de aquí para allá, trabajando en Holanda, Inglaterra, Suiza, Francia, Italia o Alemania, sin querer nunca establecerse ni comprometerse con nadie ni con nada, primando ante todo su libertad, «libre como todos los solitarios y solitario como todos los libres»3. La fama, el reconocimiento, le llegaría mucho más tarde, alcanzados los cincuenta años. Pero entonces su autoridad moral e intelectual, sus conocimientos y publicaciones hacen de él una de las figuras más prestigiosas de Europa a principios del siglo XVI, momento en que príncipes, reyes y obispos le escriben y piden consejo. Este prestigio proviene de la alta estima con que son acogidos sus escritos y cartas, sus juicios y opiniones. En uno de los capítulos de esta biografía Zweig se recrea, justamente, en describir este genio intelectual de Erasmo a través de los retratos que le hicieron en vida. De esta forma, en una escena que recuerda a la que años más tarde recogerá en sus memorias a propósito del éxtasis creativo del escultor Rodin, del cual fue testigo, Zweig se sirve del cuadro de Hans Holbein que representa a Erasmo escribiendo para retomar con palabras la captura pictórica que del momento creativo realizara el pintor: Un pequeño músculo que se hincha entre las cejas revela el esfuerzo del pensamiento que se realiza de modo invisible y casi imperceptible. Apenas material, este breve pliegue convulsivo próximo a la zona creadora del cerebro deja presentir la dolorosa lucha por la expresión, por estampar la palabra auténtica. […] Magníficamente se ha conseguido representar en esta imagen el momento, en general inescrutable, de la trasmutación química de la materia espiritual en forma y escritura4.

Pero el fruto más fértil y duradero de su ingenio sería, curiosamente, resultado de unos escasos días de escritura en casa de su amigo Tomás Moro. Elogio de la locura, la 3 4

Ibidem, p. 169. Ibid., p. 64.

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obra que lo defenderá para la posteridad, hace honor al decir de Borges de que la historia entera de la literatura son meras variaciones a partir de cuatro o cinco metáforas. ¿Acaso no podemos leer la locura erasmista en clave de «ideología» marxiana avant la lettre? La locura, que «mantiene la marcha del mundo» merced al autoengaño de las personas, ¿no cumple idéntico papel edulcorante y engañoso que la religión y las demás ideologías según Marx? Sin embargo, el punto culminante de esta biografía no es el dedicado a las grandes obras de Erasmo sino a la posición que ha de adoptar frente a la naciente reforma de Lutero, en parte auspiciada por sus propias críticas a la sociedad y la Iglesia de la época. Consciente de que la Reforma responde en buena medida a peticiones que él mismo realizara años atrás, pero opuesto a los procedimientos agresivos y viscerales de Lutero, Erasmo tratará de evitar el enfrentamiento y de acercar a los bandos papista y luterano: «Frente a los políticos, frente a los conductores y seductores populares que impulsan hacia una pasión unilateral, el artista, el hombre de espíritu en el sentido de Erasmo, tiene la misión de ser el mediador comprensivo, hombre de mesura y de centro»5. En vano tratarán protestantes y católicos de conseguir una declaración de respaldo pleno de Erasmo, conocedores de que «el hombre sin partido es siempre el mejor y más importante estandarte para los hombres de partido»6. Los movimientos del humanista tendrán en todo momento la intención de mediar y resolver el enfrentamiento, no de azuzarlo. Magistral resulta, a esta altura, la contraposición que realiza Zweig entre el carácter sano, vital y expansivo de Lutero y la debilidad física de Erasmo; entre la profundidad de convicciones y la vehemencia del primero y la amplitud de miras e indecisa prudencia del segundo. Uno conmina a «combatir, estrangular y apuñalar» a todo rebelde campesino; el otro trata siempre de evitar el tumulto y la guerra. Para aquél la única prioridad era lo divino; para éste lo humano. Vencido por el ímpetu de la Reforma, culpablemente ausente de Worms y Augsburgo en la hora de la conciliación, Erasmo queda, al final de su vida, al margen de la discusión y los poderosos. Sabedor de una cercana muerte, parte de tierras austriacas para volver a su Holanda natal, aunque nunca sobrepasará el campo de Basilea. Allí, olvidado de reyes y príncipes, odiado por los fanáticos de uno y otro bando, ajusticiados por éstos sus amigos Berquin, Fisher y Moro, y perdida su vieja aureola de guía espiritual de Europa, recibe la entusiasta carta de un joven prometedor: «Todo lo que soy y lo que valgo lo he recibido únicamente de ti, y, si yo no quisiera reconocer esto, sería el hombre más desgraciado de todos los tiempos»7. Es François Rabelais, con quien el fuego del humanismo y el amor a la cultura, indisolublemente unido al de la libertad y la paz, resurgiría para perpetuarse. Eternamente derrotados e impenitentemente renacidos para, palabra a palabra, edificar una sociedad en la que sea el espíritu el que guíe a la humanidad. Montaigne, Voltaire, Kant, Goethe, Ortega y Gasset… son eslabones de esa cadena que retoma el mismo Zweig, autor de esta biografía. En ella, en Erasmo, se busca a sí mismo y a su época. En ella descubre la tragedia de su tiempo, inagotablemente repetida, imperturbablemente esperanzadora.

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Ibid., p. 26. Ibid., p. 132. 7 Ibid., p. 196. 6

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AMOR Y MUERTE EN WOODY ALLEN María Araceli Granados Sancho Resumen: Como otras muchas de sus películas, La última noche de Boris Grushenko contiene un gran número de reflexiones sobre la Filosofía, que la autora analiza desde su formación en la mencionada disciplina. Al unir los temas del amor y de la muerte, Woody Allen le hace honores a la apuesta del existencialismo por el hombre. Palabras clave: Woody Allen, Existencialismo, Filmografía, Amor y Muerte.

INTRODUCCIÓN Llegué a Woody Allen a los 25 años aproximadamente, pero he empezado a profundizar en el autor y a tener interés en su cine y en todo lo que ahora hace a mis 28 años. Comenzaré este artículo haciendo unas apreciaciones generales y nada rigurosas sobre la película La última noche de Boris Grushenko. La elección de este film es causal; al verla observé muchas referencias a temas filosóficos y existencialistas, por lo que decidí hacer algo no habitual en mí: tomarlas como excusa para mostrar mis ideas por escrito. En ningún momento pretendo con este breve ensayo expresar que ésta sea su película más existencialista. Preveo que este estupendo director, guionista y actor es por todos conocido, así que evitaré una prolija biografía. Sí aludiré a la relación de la película que nos ocupa con el momento biográfico del autor. Love and death —Amor y muerte, tal es su título original— se estrena en 1975, cuando Allen aún no había alcanzado el éxito como director y guionista que está ya dispuesto detrás del telón y que saldrá a escena con Annie Hall. Aunque el título que analizamos no es una obra clásica, sí presenta temas que han estado siempre en Woody Allen y que seguirán hasta la actualidad: el amor, la muerte y la objetividad de los valores. También aparecen temas segundarios o contingentes, pero debido a la extensión que conllevaría analizar todos estos motivos, en esta ocasión nos centraremos en sus dos aspectos principales y que le dan título: el amor y la muerte. ARGUMENTO El argumento de la película, a grandes rasgos, podemos sintetizarlo así: Boris es un muchacho con preocupaciones existenciales desde la infancia, aunque éstas pronto se ven acompañadas por el amor pasional que experimenta por su prima Sonia la cual, sin embargo, no le corresponde porque se siente atraída por su hermano Iván. La guerra entre Rusia y Francia reúne a los dos hermanos y sólo devuelve a Boris, ya que Iván muere. Pero la conversión del protagonista en héroe no es suficiente para ganar el amor de Sonia, que ya ha tenido tiempo para casarse, por despecho hacia Iván, con un vendedor de arenques. Este último muere y Sonia promete a Boris casarse con él si queda vivo del encuentro con el novio de la condesa Alexandrovna, a quien Boris ha deshonrado. Casado con Sonia, su dicha es absoluta, pero ahora le acucian con más fuerza preocupaciones nihilistas. Recuperado de nuevo de ese trance espiritual, la invasión de Napoleón en Rusia trunca la felicidad del joven matrimonio, así que Sonia embarca a Boris en el asesinato de Napoleón, que no llegan a consumar por prejuicios morales. Pero Boris es ejecutado por intentarlo. Ya muerto, Sonia le declara que ha sido el amor de su vida. 74

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La última noche de Boris Grushenko realiza un sentido homenaje a dos grandes obras de arte como son la novela Guerra y paz de Tolstoi, así como Crimen y castigo de Dostoievski. Incluso podemos encontrar relaciones con la película Guerra y paz — 1956— del director King Vidor. Así, el comentario de Boris Grushenko sobre la diferente visión que se tiene de la batalla desde dentro y desde la perspectiva de los generales en la cima de la colina, alude al fotograma de la película Guerra y paz que muestra el mismo hecho. Pero son Crimen y castigo o Los hermanos Karamázov las obras con más presencia en este film. El nombre del hermano de Boris y el apellido de los hermanos alude a la segunda de estas novelas aunque, curiosamente, aquí Iván es el hermano pendenciero y en Dostoievski es el perturbado por un exceso de conciencia. El tema de la duda sobre la existencia de Dios responde en Dostoievski y en los existencialistas a una sensibilidad común. También el autor ruso sabe tratar admirablemente otros asuntos que aparecen en esta película, como la carga que significa ser libre en el ser humano o la legitimidad para desobedecer las normas en algunos hombres creadores, como él los llama. Esta opinión la veremos representada en el personaje de Sonia. QUÉ ES EL EXISTENCIALISMO Para el no iniciado en la filosofía y para el iniciado, como yo misma, recordaremos, antes de desentrañar las claves de este film, qué entendemos por existencialismo. Esta corriente de la filosofía recoge la sensibilidad humana en varias manifestaciones culturales que nacen con los desasosiegos que han dejado los dos conflictos armados del siglo XX. Algunos consideran que comienza con Heidegger y Sartre, aunque hay autores anteriores como Gabriel Marcel. Otros pensadores son fuentes de este movimiento, como Kierkegaard; y, si se es meticuloso, vemos este pensamiento en autores con los que florecen los cimientos de nuestro pensamiento occidental, como Sócrates. Todos ellos creen que un saber totalizador, que trate de abarcar conceptos únicos, no puede incluir lo que consideran más fundamental: la existencia del hombre. Es ésta la razón de que al término existencia, al que privilegian, opongan el de esencia, que no tiene para la mayoría ningún significado. Para estudiar la existencia es necesario la vivencia, que recibe diferentes nombres según el autor: congoja en Unamuno —nuestro español existencialista antes del existencialismo, como ya lo indicaba Julián Marías1—, angustia en Heidegger o náusea en Sartre. La tercera característica de los existencialistas, según Aróstegui, es que la existencia se hace en el tiempo —tan importante para Heidegger— y en su propia libertad —palabra mágica en Sartre—. Diremos, por último, que en el existencialismo el conocimiento no utiliza la razón, el entendimiento, ni otro mecanismo cognoscitivo clásico para captar la realidad, sino que es la vivencia existencial o el sentimiento su vía de acceso a ésta. Aunque algunos autores que integran el existencialismo rehuyen las clasificaciones por sus intereses filosóficos, casi todo el mundo distingue entre un existencialismo ateo y otro cristiano. Sin embargo, el que con amor a la filosofía profundice en los vericuetos de estos autores verá que la clasificación tiene límites harto difusos. 1

MARÍAS, J (1948): La filosofía española actual. Unamuno, Ortega, Morente, Zubiri, Espasa-Calpe.

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AMOR Y MUERTE Son éstos los dos temas principales de la película que hacen alusión a las obras mayúsculas Guerra y paz de Tolstoi y Crimen y castigo de Dostoievski. La utilización de dos términos tan contrarios para denominar esta película —Love and death—, sin ser acompañados por ningún adjetivo, ya pretende desde el principio causar impacto en el espectador y centrar su atención. Ya hemos visto que las alusiones a las dos obras en la película son abundantes. Pero, según mi opinión, ni siquiera el orden de los términos es causal, primero amor y después muerte: éste es precisamente el orden que guarda la conclusión final del film. Además, quizá podemos augurar que Woody Allen piensa que el único consuelo a la muerte es la experiencia vital del amor y por esto sitúa al amor en primer término en el título. Pero es pronto para exponer conclusiones, así que dejemos este punto en suspenso todavía. El amor y la muerte vertebran la película, turnándose en las escenas que se suceden. En algunas, el maestro de Nueva York tiene la habilidad de conjugarlas en el diálogo. Pero comencemos con la muerte. Ésta es el tema recurrente desde el principio hasta el final en casi toda la obra; en algunas escenas es el tema central, en otras acompaña a otros como el suicidio o la posible objetividad de los valores. Quiere Woody Allen que reflexionemos sobre esta circunstancia, que mediatiza nuestra vida cotidiana y no constituye sólo un asunto abstracto. Y es que nadie puede negar que alguna vez piensa en que hemos de morir e intentamos augurar cómo será. La mayoría no tardamos demasiado en desviar nuestro pensamiento a otro tema, zanjando la cuestión con la siguiente conclusión: «todavía falta mucho para ello»; o esta otra: «mejor no pienso en estos asuntos porque van a deprimirme». Por ser la muerte una característica de nuestra naturaleza humana, muchos estudiosos de la filosofía, además de los existencialistas, han intentado desentrañar cómo nos afecta en nuestra condición. En primer lugar, hemos de decir que la muerte como fenómeno no se deja conceptualizar a través de categorías abstractas y generales, sino que requiere para su comprensión una vivencia íntima. Esto no quiere decir que no podamos hablar de ella; todos sabemos que para hablar utilizamos signos cuya peculiaridad es la universalidad y convencionalidad. Podemos hablar de la muerte, pero no podemos comprenderla hasta experimentar el temor de su cercanía. Los filósofos preexistencialistas comprendieron este condicionante humano que fue protagonista de nuestra filosofía existencial desde el principio; recordemos si no lo que supuso en la persona de Sócrates, que la asume a pesar de su naturaleza injusta. Es, sin embargo, en Pascal y en Nietzsche donde la conciencia de la muerte toma sus tintes más dramáticos. Pascal refleja a un hombre que toma conciencia de su finitud y no la asimila, como en Nietzsche, sino que busca de forma apasionada la trascendencia divina. Ninguno de los dos pensadores encuentra resultado positivo a su búsqueda, pero la interpretación es distinta: para Pascal el silencio es muestra de presencia, para Nietzsche Dios no existe y si existiera habría que matarlo. Woody Allen muestra muy bien esta obsesión por la muerte y por la posibilidad de trascendencia en el protagonista, Boris. Desde pequeño, éste tiene experiencias con la muerte. Cuando entierran al vieja Nejenkin, Boris tiene un sueño de tintes surrealistas. Después, experimenta una visión mística: paseando se encuentra con la muerte, al estilo bergmaniano —recordemos que esto mismo constituía el hecho fundamental en El séptimo sello—. Pero el encuentro del joven Boris con la muerte no tiene los tintes dramáticos que en la obra del cineasta sueco. Boris le pregunta sobre la posibilidad de trascendencia, sobre la existencia de Dios, sobre el infierno, a lo que la muerte responde con la callada. Fijémonos en que Woody Allen resume en un fotograma nuestra 76

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indagación más importante. Toda nuestra vida transcurrirá igual que en este fotograma, seamos creyentes o no; nosotros preguntamos y nunca nadie ni nada responderá. En otras ocasiones Boris se encontrará con la muerte, produciéndose estos encuentros en momentos de gran padecimiento para el personaje, como en la batalla o en el patíbulo. Jaspers, psiquiatra y filósofo alemán, describió lo mismo que Allen expone de forma simbólica. Pensaba que la muerte, al igual que la culpa y otras experiencias similares, eran situaciones límite en las que el ser humano encuentra el sentido a su existencia. Si describimos este asunto de forma aún más próxima, diremos que todos hemos oído alguna vez cómo alguien que estuvo cercano a la muerte nos explica que ha reconsiderado su forma de vivir o de pensar. A esto se refiere el autor alemán. Si relacionamos la actitud del protagonista respecto a la muerte con los dos grandes existencialistas, Heidegger y Sartre, su temor a la muerte tendremos que identificarlo con Sartre y no con Heidegger. El francés concibe al hombre como una conciencia, un para sí, que se relaciona con los objetos del mundo y con los otros yoes, y para quien la muerte viene a condicionar su proyecto de vida en libertad. Es, por tanto, una frustración. Por su parte, Heidegger concibe al hombre descrito por Sartre como un Dasein inauténtico, preocupado por lo no esencial, distraído por los quehaceres cotidianos y que necesita volver la mirada sobre sí mismo para comprender quién es. Y, ¿quién es el hombre? Es un ser para la muerte, dice Heidegger. En una aproximación superficial al autor podemos pensar que es un pensador trágico y pesimista, pero no es así, porque nuestra vida, la de cada uno, sería distinta si no supiéramos que vamos a morir; y, sobre todo, sería diferente si tuviéramos certeza de un cielo o un infierno posterior. Por poner un ejemplo personal, yo tendría menos prisa en aprobar mi oposición si supiera que poseo toda la eternidad. Como somos seres limitados sentimos angustia porque nuestro proyecto está limitado por la muerte. Pero si no nos doblegamos al hastío y resistimos —vida auténtica—, a veces oímos la voz de nuestra conciencia que nos dice: «a pesar de estar en un mundo extraño que me oprime, y aunque tenga que perecer, tomo mi vida en mi mano y muero mi propia muerte.» ¿Quién dice que esto es pesimista, nihilista o triste? Boris no encarna al Dasein heideggeriano en vida auténtica, porque ante la proximidad de la muerte está nublado por el temor, pero sí representa muy bien en su propia vida los modos de ser del Dasein que a continuación expongo. El hombre, según Heidegger, está en el mundo, está arrojado en él y además con otros, lo cual es objeto de preocupación. Un ejemplo de lo que Heidegger llama estar arrojado al mundo podría ser la impresión que causa en el niño Boris, al principio de la película, la muerte del viejo Nejenkin. Este hecho hace cambiar sus ideas y le lleva a considerar un tema tan espinoso desde joven, por lo cual tendrá posteriores sueños y alucinaciones sobre la muerte. Otro modo de ser del hombre ya hemos dicho que es estar con otros. Esto se observa en la escena en que Boris no quiere ir a la guerra y todos los parientes le presionan para defender el honor familiar en el campo de batalla. Lo que Heidegger llama comprensión o entendimiento no significa, como en la filosofía anterior, un órgano cognoscitivo, sino que es el obrar del hombre, su proyecto elegido libremente. Este constitutivo de lo humano se observa en el arrepentimiento del suicidio que experimenta Boris, encontrando su fundamento en Sonia. La cuarta característica del Dasein, el discurso, lo vemos en la conversación con Sonia previa a batirse con Antón Levedocok. Boris pretende enamorar a su amada antes de morir; sin el arrojo para comunicárselo nunca se habría casado con ella. La conciencia, también tema heideggeriano, que procede de Descartes, es muy patente en Boris y Sonia cuando, estando todo proyectado para la muerte del tirano —Napoleón—, no son capaces de ejecutar el acto. Isagogé, 5 (2008)

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Finalmente, y en relación a Heidegger, cierro con el tema más existencial de todos, la muerte; pero no la muerte física, sino la existencial. Heidegger recomienda estar preparados para la muerte, puesto que esto le dará valor a nuestra vida de cada instante, pero nuestro querido Boris, en la prisión francesa, imaginando que un ángel le salva en el último momento, no es un ejemplo al respecto. Boris estaría de acuerdo con Unamuno en la aspiración de eternidad que caracterizaba al autor español. Todos sabemos que otra modalidad del morir, física y existencialmente, es el suicidio. En él se muere personalmente antes de morir físicamente, porque quien intenta autodestruirse ya era un ser sin proyecto, como diría Heidegger. Soy consciente de que esta definición del suicidio es romántica y de que algún especialista médico no estaría de acuerdo con ella, aduciendo que el suicida no es un ser sin proyecto, sino un enfermo. Aunque comparto en parte esta visión, en esta ocasión me atengo a la primera descripción, porque es este «suicidio nihilista» el que representa Woody Allen. Este director demuestra ser, en el tema del suicidio, un gran conocedor de la condición humana. Boris no piensa en el suicidio en situaciones difíciles como después de la batalla, o cuando tiene que batirse en duelo con Antón Levedocok, consciente de que sus posibilidades de sobrevivir son casi nulas, sino que sus motivos para vivir se acaban cuando tiene fama —es héroe de guerra— y amor —Sonia por fin le ama—. La reflexión sobre su vacío, tal como él lo expresa, aparece cuando las necesidades primarias están cubiertas. Este vacío es producto de un vagar sin rumbo, sin proyecto de vida libre, tal como lo expresan Heidegger y Sartre, y tal como se ve confirmado en la película. Al encontrar motivo para vivir el amor por Sonia, abandona la idea. Observemos que, aunque citemos a Sartre en cuanto a su defensa de adquirir un proyecto vital para dar sentido a la vida, el autor francés estaría en desacuerdo con la resolución de Boris de vivir por Sonia, porque, como ya mostró en su vida y en su obra, el infierno son los otros2. CONCLUSIÓN Al unir los temas del amor y de la muerte, Woody Allen le hace honores a la apuesta del existencialismo por el hombre. Los existencialistas apuestan por éste ante la falta de un criterio universal, sea éste religioso o pagano. En el hombre está la muerte, ya lo sabemos a estas alturas del ensayo, pero también está el amor en todos sus modos, desde el amor a la humanidad hasta el amor a un hijo o el amor pasional, como vemos aquí. Los dos temas están unidos, porque su naturaleza es parecida. Los dos conllevan sufrimiento y sinsabores; y los dos van y vienen en el ánimo del hombre. Ambos aparecen entrelazados en dos ocasiones bien diferentes: cuando Boris se ve amenazado de muerte por Antón Levedocok y cuando toma la resolución de acabar con su vida. Y en los dos es fácil entrever que lo que aleja al personaje de la muerte es el amor; la segunda vez de forma explícita. Es fácil observar —preferentemente en el arte— el contacto de estas dos realidades humanas. Acordémonos, por ejemplo, de la ópera, donde es continuo el entrelazamiento de ambos motivos. El hombre no es razón analítica como lo describieran los neopositivistas3; el hombre es sobre todo emoción, sentimiento o amor, así que, si no se tiene amor, ¿por qué no optar por la muerte? ¿A quién le importa morir si no se tiene amor o si —aún más trágico— no se guarda la esperanza de alcanzarlo alguna vez?

2

Sartre vivió toda su vida sólo o con su madre, aunque mantuvo una larga relación sentimental con Simone de Beauvoir y relaciones más breves con otras mujeres, demostrando que no era el otro su apuesta más firme, como dirían Levinas o Gabriel Marcel. 3 Aunque incluso ellos admitieron la realidad de le ética, la estética o la religión: pensemos en Wittgenstein.

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RINCÓN DE POESÍA

Volverán

Exigencias

Volverán los tiempos a ser tiempos, y a no descomponerse en absurdas cuentas sin sentido, y para nada sirven. Nada prometo, pero es seguro que volverán. Volverán los maestros, a ser maestros y no meros guiñapos a los que zaherir, y no echar ni cuentas cuando piden lo que es justo, cuando piden algo serio. Los que les han maltratado, insultado, humillado, despreciado, ignorado, y aún más, en el tintero lo dejo, pagarán, tenedlo muy seguro, por mucho que se escondan, dadlo por hecho. Volverán los padres a ser padres, a no estar a merced de leyes dictadas por hombres no hombres, tarados y enfermos, y que en nada acabarán, si no, tiempo al tiempo. Volverán las leyes, a ser leyes, y no papel mojado, si no del higiénico, que engreídos y soberbios, estrujan y desprecian como la nada. Yo os juro que todo eso volverá, aún en mis sueños, pero volverán las aguas a su cauce. Lo único que sé hoy de cierto, es que a mi tierra he vuelto, no sé hasta cuándo.

No me gusta jurar.

Juan Antonio Muñoz Castillo

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Sin embargo, te puedo asegurar que cuando la asquerosa religión se extinga, la puñetera política deje de ser teatro, se levante la verdadera justicia, desaparezca la maldad del ser humano (contra la naturaleza, contra sus semejantes) y la vida sea menos complicada... ...yo te perdonaré. Tienes mi palabra... ...aunque será mejor que te hagas a la idea de lo imposible, cariño: sería muchísimo más práctico. Ana Patricia

Los grandes Gerifaltes siempre engastan en glosas gloriosas gestas de gentes engalanadas con gabanes y gregüescos en la ingrata gravedad de la guerra. Generados por el genio ingente gastan generosos gorgeos de gentiles gacelas, ganadas por gamos gruñendo a la greña, y garantizan la gloria a sus gabatos. Los gritos de ganosos ganapanes que cual golosos gourmets ya degustan en sus gábatas los gagueos grandilocuentes. Gabasa cuan ingrata que es la guerra, que a las gentes engolfa y no guarnece de gemir entre la grama esta Gehena.

José Manuel Ventura Rojas

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MEMORIA DE ACTIVIDADES 2008  

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Cine-Forum: Los crímenes de Oxford. Sábado 26 de enero, 24 horas Ciclo Cine-Forum sobre Ingmar Bergman en colaboración con la Filmoteca de Andalucía: El Séptimo Sello, Fresas salvajes, El rostro, El manantial de la doncella, El ojo del Diablo, Los comulgantes, Como en un espejo, El silencio, ¡Esas mujeres!, Persona, La hora del lobo, Pasión, El rito, Gritos y susurros, Secretos de un matrimonio, Sonata de otoño, La Flauta Mágica y Saraband. Filmoteca de Andalucía (Córdoba), miércoles 21 de febrero, 6 y 12 de marzo, 2, 16 y 29 de abril, 7, 14 y 21 de mayo, 4, 11, 18 y 25 de junio, 24 de septiembre, 1, 15, 20 y 22 de octubre, 18 horas (salvo Los comulgantes, a las 21 horas). Cine-Forum: Stalker, «Un paseo entre la fe, la duda, el miedo y los deseos». Viernes 21 de marzo, 17:30 horas. Seminario-Taller: «Historia y narrativa». Sábado 5 de abril, 17 horas. Cuarta velada literaria nocturna Ouróboros. Lagar de la Cruz (Sierra de Córdoba), sábado 26 de julio. Velada-tertulia nocturna. Sábado 16 de agosto, 22 horas. Conoce tu ciudad: visita guiada a la Villa y la Axerquía de Córdoba capital dentro de las IX Jornadas Internacionales organizadas por el Grupo Ibérico de Aracnología. Córdoba, viernes 10 y sábado 11 de octubre, 22 horas. Seminario: «Positivismo: El Círculo de Viena». Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Córdoba, martes 18 de octubre, 18 horas. Presentación de la revista Isagogé. Biblioteca Municipal de Córdoba, Sede Central (Lepanto), viernes 7 de noviembre, 18:30 horas. Cine-Forum: Suspense. «Forum Filmoteca», Filmoteca de Andalucía, miércoles 17 de diciembre, 18 horas. Seminario: «Spengler y La decandencia de Occidente». Centro Cívico Lepanto, lunes 22 de diciembre, 10:30 horas. Presentación: «Science‘s Top Ten 2008». Centro Cívico Lepanto, martes 23 de diciembre, 10:30 horas. Seminario: «Fundamentos ontogénicos del pensamiento». Centro Cívico Lepanto, martes 23 de diciembre, 12 horas.

FE DE ERRATAS DE ISAGOGÉ, 4 (2007) p. 28: Línea 39: — Dice: «George Busch Jr.». — Debe decir: «George Bush Jr.».

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¿QUÉ ES EL INSTITUTO OURÓBOROS DE ESTUDIOS CIENTÍFICO-HUMANÍSTICOS?

El Instituto Ouróboros es una asociación sin ánimo de lucro nacida de la inquietud de un grupo de amigos y tiene vocación abierta para todas aquellas personas que compartan dicho interés. La principal finalidad del Instituto Ouróboros es la defensa de la «cultura del conocimiento» como opción frente a una serie de valores que, cada vez más, imperan en la sociedad actual y que no sólo favorecen la desaparición de la capacidad crítica, sino que deshumanizan al ser humano valga la redundancia en su empeño por convertirlo en máquina especialista, que domina su campo de acción pero que luego sale al mundo y es abrumado por la creciente complejidad de éste. Se trata de retomar en los principios del siglo XXI el antiguo concepto de hombre renacentista que, lejos de parecer una máquina que se especializa en un aspecto muy concreto del conocimiento, se siente libre y capaz, como sólo el ser humano puede, de abarcar todas las ramas del conocimiento. Ahora bien, si no con el dominio en la materia del especialista, sí con la capacidad, gracias a este empeño, de enfrentarse al mundo sin el miedo y la desconfianza que inunda en nuestros días a muchos miembros de nuestra sociedad. En definitiva, pretendemos alentar un cambio en la mentalidad del hombre para que, gracias al conocimiento, amplíe sus fronteras y pierda el miedo a reivindicar sus derechos, defender sus libertades y desarrollarse como persona. Para ello el Instituto Ouróboros tiene como fin la promoción de la cultura en todas sus vertientes, la facilitación del acceso al conocimiento científico y humanístico entre las personas, el fomento de la cultura oral como principal medio de transmisión de conocimientos y experiencias entre los individuos, sin olvidar el medio escrito que perpetúa los conocimientos en el seno de la sociedad; promocionar la implantación de una actitud crítica y científica; y por último, el intento de alejar al conocimiento de la visión tradicionalmente elitista. Otro de los objetivos del Instituto es alejar el viejo concepto de que el interés por el conocimiento de las ideas, postulados o propuestas —tanto filosóficos como de otro tipo, procedentes de cualquier orientación, pueda ser política o religiosa o similar—, implique un acercamiento o pertenencia alguna a dicha tendencia. El Instituto Ouróboros por tanto no se adscribe a idea alguna excepto a las anteriormente expresadas, lo cual le lleva forzosamente a un compromiso de tipo social tanto en el entorno de la ciudad de Córdoba como en ámbitos superiores de la sociedad.

CÓMO HACERSE SOCIO Ser socio del Instituto Ouróboros de estudios Científico-Humanísticos, es ciertamente sencillo. Solo tiene que remitirnos una solicitud con sus datos personales a nuestra dirección postal en Centro Cívico Municipal de Lepanto situado en Ronda del Marrubial s/n 14007, Córdoba, o ponerse en contacto con el secretario del Instituto Ouróboros a través del correo electrónico <instituto_ouroboros@hotmail.com>. Una vez recibamos su solicitud, nos pondremos en contacto con usted, para terminar de tramitarla. Ser socio del Instituto Ouróboros es contribuir con los fines que este persigue, sólo por 8 € al año. Anímese y entre a formar parte de una asociación joven y con proyección de futuro y participe en un proyecto que tiene a la cultura y a las personas como primer objetivo.


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Isagogé, 5 (2008) La Delegación de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Córdoba no se hace responsable de lo que en esta revista anual se publique o comente

ISAGOGE NUMERO 5.  
ISAGOGE NUMERO 5.  

Número 5 de la revista Isagogé. Revista anual de divulgación científico-humanística del Instituto Ouróboros.

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