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Guillermo Baltar

CON EL FOTÓGRAFO ROBERTO FERNÁNDEZ IBÁÑEZ

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LA ILUMINADA OSCURIDAD

esde su irrupción en el ámbito fotográfico a mediados de los años ochenta, Roberto Fernández Ibáñez ha ido consolidando un trabajo tan personal como innovador. Reconocido tanto en el medio como en el extranjero (en 2007 fue uno de los nueve fotógrafos seleccionados a nivel mundial para exponer en FotoFets Internacional Discoveries, Houston, Estados Unidos), este fotógrafo y poeta de aristas particulares entremezcla en su hacer las correspondencias inequívocas que pautan determinados componentes, derroteros y correlatos de la actividad artística. En sus trabajos, la síntesis entre la investigación y el motor sensible que lo transporta adquiere la precisión del orfebre. En ellos se percibe un olor de vieja estirpe. La de aquellos artesanos que supieron labrar su arte sobre un legajo espiritual. En noviembre de 2009 expuso una retrospectiva de sus obras en la Fotogalería A Cielo Abierto del Parque Rodó, dentro del Fotograma 09. A comienzos de diciembre inauguró Otra alquimia, exhibida hasta fines de febrero de este año en la Sala 0 del Subte, en el Centro Municipal de Exposiciones. La muestra constó de treinta y tres fotografías sobre papel fotográfico en blanco y negro tradicional, vaporosas en tanto luminosas y oníricas. Atmósferas particulares, con colores obtenidos a través de ciertos procesos de experimentación química sobre soporte analógico. Sus méritos y hallazgos entroncan con aquella actividad misteriosa –mágica y ritual– de quienes moraron entre las puertas de la inmortalidad, o al menos en su búsqueda. Entiendo que en Otra alquimia hay un desencadenante propio de la dinámica creativa, tanto de búsqueda y experimentación como de un proceso interior que implican esas travesías. Subyace un componente poético muy fuerte que se manifiesta a través de un fuerte contenido icónico. ¿Lo ve usted así? Es correcta tu apreciación de esta serie fotográfica como un proceso. Mirando la totalidad de mi obra, con cierta perspectiva puedo definir este grupo de imágenes como un proceso más que como un resultado. Y en esa travesía que mencionas, la experimentación tuvo un rol esencial. Esta serie es un punto de quiebre entre lo que hice hasta ahora y lo que vendrá en próximos trabajos. Entre otras cosas, está el hecho no menor de cambiar mi propia aproximación a la fotografía. Tuve que resignarme a perder la posibilidad de producir una cantidad ilimitada de copias a partir de una matriz/molde y aceptar un proceso que hace imposible la repetición de una imagen. Es bastante paradójico, porque el molde (el negativo) es el mismo, pero lo que se extrae de él siempre es diferente. Esta nueva modalidad creativa me aporta una visión absolutamente distinta. No descarto nada de antemano, quizás retome el haiku si el momento así me lo indica. Pero tengo muchos nuevos proyectos y debo dedicarles tiempo. En pocas palabras: prefiero innovar a reiterar, pero no puedo tener la arrogancia de decir que mis próximos proyectos serán mejores que los anteriores. ‘Lapis Philosophorum’.

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Los procesos fotoquímicos que ha empleado para esta muestra –esos hallazgos o procesos de investigación– implican, en cierta forma, una revisión o redescubrimiento de los métodos tradicionales del laboratorio, una vez que parecían agotados tras el advenimiento digital. Hay como una ‘revisitación mágica’ en la realización de estas imágenes. ¿Cómo llegó a esos procesos que conectan con la metodología –con el acto casi ritual– del investigador ‘alquimista’? Como mencionaste la tecnología digital, cabe hacer un comentario. Existe la tentación de comparar los resultados obtenidos mediante la fotografía tradicional con los que se logran mediante el arte digital, ámbito en el cual nuestro país cuenta con grandes exponentes, con un mensaje maduro y una estética propia. Pero hay que comprender que son mundos muy distintos entre sí, con tiempos y actitudes diferentes, y que se asemejan en cuanto que producen imágenes bidimensionales mediante instrumentos similares. De hecho, los efectos visuales logrados con la técnica que desarrollé no pueden obtenerse por medios digitales porque están relacionados con la plata que constituye la emulsión fotográfica. Hecha esta aclaración, considero que aún hay mucho para investigar en las técnicas y materiales fotográficos tradicionales, y disfruto explorando ese terreno que algunos creen agotado. Si algo aprendí de esta serie es que al igual que los antiguos alquimistas, la transmutación se logra con los materiales más sencillos, con instrumentos a veces menospreciados, y con mucha curiosidad. Y también mucha paciencia, dejando que el tiempo haga madurar aquello que es factible de un cambio. Probablemente este proceso comenzó cuando al año siguiente de haber descubierto mi pasión por este arte tuve un sueño en el que veía mis fotografías con tonos muy extraños, pero que no eran producto del revelado común del material en color. Recuerdo que apunté ese sueño en un cuaderno y allí quedó durmiendo ese sueño (valga el juego de palabras) durante veintidós años. Cuando en 2008 se me ocurrió hacer un trabajo fotográfico relacionado con la alquimia, mis primeros trabajos impresos no fueron totalmente de mi

Roberto Fernández Ibáñez.

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agrado. Les faltaba la magia que el tema requería. Esa serie no debía ser la obra de un técnico, sino la de un artesano. Y entonces llegó a mi memoria el recuerdo de aquel sueño en el que obtenía colores a partir de papel fotográfico blanco y negro, casi un absurdo. Pero me lo cuestioné seriamente y comencé a investigar con algunos productos con los que ya contaba en mi laboratorio (siempre me gustó la química fotográfica), y luego mediante fórmulas que fui desarrollando por ensayo y error. Mi pasaje por la Facultad de Química tuvo algo de incidencia. Aunque trabajé metódicamente, el proceso fue bastante empírico. Aun no dejé registrados los pasos ni las fórmulas, pero tengo la satisfacción de que mi familia y unos pocos amigos fueron testigos de la creación de algunas de estas obras. Los estudios de simbología siempre han sido terrenos resbaladizos, por los cuales es fácil deslizarse hacia “incontrolables fantasías acientíficas”, en palabras del investigador español Román Gubern. Así como en el psicoanálisis y en la antropología, el valor de la pluralidad de los códigos simbólicos participa tanto de los sueños individuales como dentro de los diferentes contextos culturales. Siguiendo a Gubern: “La alquimia proporciona, al igual que la memoria, un gran repertorio icónico cuyo interés desencadenó en el estudio del subconsciente […] y su influencia sobre las obras de arte”. Estimo que hay mucho de esos ‘puntos de encuentros’ en las imágenes que constituyen Otra alquimia. Concuerdo con lo expresado en cuanto a la simbología. Podemos atribuir sentido a cualquier cosa, basándonos simplemente en un simbolismo ‘a medida’. En mi opinión, Jung (desde hace un par de años estoy trabajando en un tema fotográfico inspirado en su vida y obra) tuvo la suficiente inteligencia, intuición y osadía para “ver más allá de las leyendas” y descubrir un común denominador en varios personajes y situaciones a lo largo y ancho de diferentes culturas que no tenían contacto entre sí. Pero la alquimia a la que se refiere Jung es a su vez simbólica y enfocada a una transmutación espiritual. La serie Otra alquimia y el libro de igual título que redacté junto con ella, si bien menciona una transmutación interior, hace énfasis en la materia. En este sentido, el artesano (es decir, quien lleva a cabo la obra) es un medio que transmuta a la par de la materia con la que trabaja. Estoy convencido de eso, por lo menos en lo relacionado a esta serie. Es difícil expresar lo que sentía al contemplar la aparición de los colores y los cambios en el papel fotográfico a medida que trabajaba encerrado en mi laboratorio durante horas en cada impresión. En cuanto al contenido de este trabajo, el paralelismo entre los procesos transmutativos alquímicos y los fotográficos me resultaba sorprendente. En el libro describo (redactado crípticamente, a la manera de un alquimista) las fases por las que transita el artesano de la obra hermética y el artesano de la obra fotográfica. Con una simbología personal, desde el punto de vista de un fotógrafo de estos tiempos, intento recrear mi itinerario con mensajes ocultos en las imágenes sin caer en cierto tipo de misticismo que se ha puesto de moda. Por otra parte, encaré el tema de la alquimia con respeto hacia quienes creían en la certeza de su objetivo, y hacia quienes hasta el día de hoy siguen investigando su historia, sus aciertos y decepciones. Yo mismo me decepcioné cuando tras un poco de investigación asumí que algunos personajes dados como


‘La puerta de las tinieblas’.

‘Laboratorio’.

‘Las tres llaves’.

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reales jamás existieron y, con ello, lo que supuestamente habían escrito o consumado. Fulcanelli es un ejemplo de eso. Leyendo detenidamente El misterio de las catedrales o Las moradas filosofales podemos percatarnos de ciertos desaciertos… Pero eso no me impidió proseguir con mi obra: se trata de una expresión personal acerca de un tema que por mucho tiempo reunió al arte, la ciencia y la religión. Creo en la alquimia tanto como creo en el arte: no son disciplinas demostrables, sino actos que cambian (transmutan) a los creadores mediante el empleo de ciertos materiales, y con un poco de fortuna, a quienes son testigos de esas obras. ¿Cómo llegó a la fotografía, a la inquietud por el mundo de las imágenes?

(en el tiempo y en cuanto a objetivos), pero no lo son, porque noté que se me ocurrían ideas interesantes durante mis entrenamientos, al punto que corría con una libreta anudada a mi brazo para hacer anotaciones, esquemas, etcétera. Esas ideas surgían luego de estar corriendo durante más de una hora. Como me lesionaba frecuentemente, comencé a leer acerca de la fisiología del corredor de larga distancia (estaba entrenando para correr maratón, y de hecho terminé cuatro maratones de 42 km, cinco mediamaratones de 22 km, y varias travesías de 10 km). Los libros de fisiología también hacían referencia a la psicología del corredor, y los estados de ‘iluminación’ que a veces les ocurrían a los corredores. Estos libros estaban escritos por médicos que a su vez corrían, y tomé el tema con seriedad. Decían que esos estados de lucidez de

‘Libra’.

‘Laberinto’.

Llegué tarde, con casi treinta años, sin educación artística ni formación en el ámbito de la estética. La fotografía no fue una decisión sino un descubrimiento. Tenía una cámara muy sencilla con la que registraba mis reuniones familiares. Ocurrió que en un momento estuve algunos días en cama con gripe y le pedí a mi esposa que me comprara una revista relacionada con fotografía, por simple curiosidad. Al leerla y ver algunas imágenes, creo que despertó algo que estaba latente. Ése fue el comienzo del itinerario. El segundo momento importante fue cuando instalé el laboratorio en mi casa, en 1985. Puedo decir que a partir de entonces me consideré fotógrafo, al poder tener bajo mi control todas las variables del proceso.

conciencia se presentan cuando el cuerpo es sometido a máximos esfuerzos físicos aeróbicos, o cuando se encuentra en estado de meditación profunda. Había electroencefalogramas que probaban esa aparición de ondas cerebrales específicas. De modo que comencé a practicar meditación Zen casi todos los días, antes o después de mis entrenamientos. Los resultados fueron sorprendentes, y por lo tanto decidí investigar por qué sucedía ‘aquello’. Comencé a leer acerca de la filosofía Zen, lo cual me llevó a interiorizarme de la cultura japonesa. Muy ligado al Zen estaba el arte japonés, y entre sus muchos caminos estaba el haiku. Luego todo fue muy natural: mientras corría se me ocurrían haikus que anotaba en la libreta. Con el tiempo, eso empezó a darse en el mismo momento en que fotografiaba, y entonces consideré que no tenía derecho a separar palabra de imagen, puesto que habían nacido juntas. De ahí que algunas de mis series fotográficas cuenten con haikus surgidos simultáneamente con el acto fotográfico.

¿Podría comentarme acerca de sus trabajos con los haikus y cómo fue el camino para llegar a ellos? Mi interés por el haiku es el resultado de una larga historia pero intentaré resumirla. En 1985 comencé a fotografiar con una intención expresiva. Y un buen día de 1990 me encontré corriendo en las carreteras (mucho antes que Forrest Gump). Parecen dos hechos disociados 74 DOSSIER

¿Qué tanto de esa espiritualidad se trasunta hoy en su fotografía?


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El Zen indudablemente influyó en mi obra. Si bien el Zen no es exactamente una religión (por lo menos como puede concebirse desde el punto de vista occidental), su práctica conlleva una serie de actitudes y una ética en cuanto al respeto a la vida, nuestro comportamiento hacia el prójimo y la percepción de que todo es transitorio. Eso está reflejado en varias de mis series, o por lo menos lo intenté. A la monumentalidad de lo expresado por Kandinsky en su ensayo De lo espiritual en el arte es difícil hacer un aporte desde mi corta trayectoria y mi extensa ignorancia. Sin embargo hay aspectos en lo que es posible identificarse: las dificultades de todo creador, la incomprensión, el hecho de la decadencia espiritual. Esto último está reforzado por propuestas que podemos reconocer como banales, y otras teñidas de un misticismo superficial.

ciertas responsabilidades y comprender que cuando exponemos algo, lo hacemos con determinada intención. Hay muy buenos fotógrafos y fotógrafas en nuestro país, cosa que no necesariamente relaciono con la proliferación de gente que incursiona en la fotografía. La facilidad de acceso a este ámbito no implica mejor calidad de las propuestas. Pero hay artistas en ciernes, y el tiempo se encargará de decantar lo que habrá de perdurar. A propósito de la fotografía nacional, considero oportuno plantear la posibilidad de que alguien comience a investigar la historia reciente de la fotografía en Uruguay. Nuestra sociedad conoce algunos de sus artistas en el ámbito de la pintura, las letras, la escultura, la música, las artes escénicas, etcétera. No creo que sea así en la fotografía. Afortunadamente, el CMDF, el MNAV y programas televisivos como f/22 están

‘Labora et Invenies’.

‘Conocer Afirmar Negar Salir Entrar Liberar Investigar Esperar Transmutar’.

Quienes practicamos una disciplina artística debemos reconocer que eso no nos convierte en artistas. Al mismo tiempo que creamos, es conveniente plantearse los motivos de nuestros actos, es decir, por qué creamos: ¿es para sentirnos halagados, para ingresar en el mercado del arte, como forma de terapia o escapismo, para escandalizar, o sólo para decir aquí estoy? Es cierto que estas conjeturas no deben detener al impulso creativo, pero también deberíamos comprender que cuando intentamos expresarnos mediante el arte no se trata simplemente de brindar a los demás nuestros impulsos. Y si queremos que sea así, esos raptos deberían pasar por el espejo de la autocrítica, diferente de la autocensura.

abriendo brechas muy enriquecedoras. Pero no hay ensayos, antologías, seguimiento de autores. Esa carencia hace que la fotografía uruguaya aún no haya recibido el reconocimiento que merece en estas latitudes. Me consta que en nuestro país hay quienes por convivir durante muchos años con la fotografía están absolutamente capacitados para colaborar en ese eventual proyecto. Dejo planteada la cuestión.

¿Cómo ve la fotografía nacional y las perspectivas de la internacional en un mundo sobresaturado de imágenes? La saturación se debe en muchos casos a una falta de autocrítica por parte de quienes introducen indiscriminadamente nuevos objetos en el mundo. Crear, hacer, es importante, pero también hay que abrir un espacio para preguntarse: ¿esto fue hecho anteriormente? ¿Para qué y para quién estoy presentando mi trabajo? Hay que asumir

¿Se ha mantenido intacto su entusiasmo por la fotografía a lo largo del tiempo? Mi interés actual por la fotografía es el mismo que tuve al comienzo, y el que espero tener al final de mi actividad fotográfica (que quizás coincida con el final de mi vida): observar, observarme, contar historias en imágenes, investigar, transmitir lo poco que aprendí de todo cuanto queda por ver y experimentar. D

Guillermo Baltar Prendez. Licenciado en Periodismo (Universidad Complutense de Madrid). Estudió fotografía y cámara en Madrid, y posproducción digital en la ECU. Poeta y artista visual.

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Revista Dossier 20 FOTOGRAFÍA - LA ILUMINADA OSCURIDAD - CON EL FOTÓGRAFO ROBERTO FERNÁNDEZ -