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y pensó apuñalarla en ese preciso instante, de espaldas. Quería sentir el sabor de la traición pero estaba demasiado iluminado, necesitaba una cortina de humo, un efecto mágico del iluminador. Siguieron bailando en silencio hasta que ella preguntó, a los gritos, como no había otra forma, “¿así que te gusta el básquet de la NBA?”, a Torito se le iluminó la cara, “sí, me encanta, soy fanático de Chicago, Scottie Pippen, el Gusano Rodman, Miguelito Jordan”, ella rió y siguió bailando, Torito ya no quería matarla y le preguntó, “¿a vos te gusta?”, “sí, me encanta, estoy siguiendo todos los playoffs”, “qué lindo, serie cerrada la de los Celtics, ¿viste el partido ayer?”, “sí, Phil Jackson es un cráneo”. Torito estaba extasiado, y preguntó, “¿y vos de qué equipo sos simpatizante?”, ella se reía, le histeriqueaba, “no, no te voy a decir porque no te va a gustar”, “dale, no seas boluda, decime”, “de Orlando Magic”. Torito dejó de hablar, le hacía dar más vueltas de lo normal y le apretaba la mano demasiado fuerte, “pará, tarado, me estás lastimando”, hasta que en la última vuelta, cuando Daniel Cardozo cantaba “un amor como el nuestroooo, no debe morir jamás” y las luces blancas se volvían intermitentes, Torito hundía la navaja y escarbaba el corazón de la fanática empedernida de los Orlando Magic. La espuma de ese sector se puso completamente roja, aunque todos los ignoraron pensando que habían volcado algún daiquiri de frutilla o algo por el estilo. Sonaba Selva, de La Portuaria, y nuevamente el pogo. Torito lo contemplaba desde la barra donde se había pedido un gin tonic con la tónica y el gin por separado, para darle la menor intervención posible al barman. Torito veía cómo las dos chicas, que antes bailaban con sus amigos, ahora buscaban desesperadas a su amiguita, y lo disfrutaba. Le preguntaban a los patovicas, que les respondían que si no la veían era porque seguro se había ido con algún chico a chapar a la puerta. Ellas presentían que algo andaba mal, y Torito se reía porque estaban paradas tan cerca del cuerpo que no se imaginaban, a medida que las veía moverse, decía en voz muy bajita, frío, más frío, tibio, caliente, tibio, como si se tratara de un juego, de un gallito ciego macabro.

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Una de las chicas tropezó con el cuerpo. Esta vez no lo confundieron con un escalón y presintió que debajo de la espuma algo andaba mal. Tampoco imaginó tanto, algún desmayo por el calor, pero no el cuerpo de una de sus mejores amigas, y los gritos, y por qué la dejamos sola, es culpa nuestra, por irnos a bailar con esos dos boluditos, Marisel, y gritos y más gritos, y Marisel que se acerca y llora, y sostiene el cuerpo mientras la otra se acerca al patovica, le pega, le grita, le tira del pelo, el patovica se acerca, se agarra la cabeza, se comunica con Handy con otro patovica, le hace señas al dj para que corte con la música, el dj no le entiende, otro patovica se acerca y le comunica la situación, también tienen que avisarle al encargado de iluminación y empezar a drenar la espuma, y la luz se enciende por completo, y cuando la luz se enciende la música se apaga, y Torito sigue bebiendo, el gin puro, y después tomará el agua tónica, sola, la combinación perfecta entre la dulzura y la amargura, la espuma empieza a drenar, más patovicas piden que se desaloje el boliche, la espuma termina de drenar, dos cuerpos más, en el piso, más patovicas agarrándose la cabeza, ahora entra la bonaerense, y empieza a bastonear a los pocos pibes que quedan adentro, empieza a cacharlos, buscando el elemento cortante, entonces Torito grita, ¿estás buscando esto, botón?, y le muestra la navaja, tres policías se acercan, ven la navaja, manchada con sangre, lo empiezan a golpear, el barman se agarra la cabeza y lo putea al de la caja, viste que lo tendría que haber matado, lo tendría que haber cagado bien a trompadas y nada de esto hubiera pasado, Torito se cubre la cabeza, pide que dejen de golpearlo que él solito va a confesar todo, le buscan documentos pero no le encuentran nada, afuera los amigos lo buscan, las remiserias están saturadas, Remises Family no da abasto, trasladan a Torito a la seccional primera de Quilmes, le sacan la gorra, le ponen la remera en la cabeza, ponen la navaja en un sobre de nylon para que la revisen los peritos, lo encierran en

Revista 27 · Conurbano  

· 3 · Diciembre 2015

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