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ABRIL JUNIO 2013

ENTRE COMILLAS

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AUTOENTREVISTA A ANDRÉ DE LEONES Traducción de Sergio Colina Martín

Te recuerdo sentado en el escritorio de tu padre, esbozando tu primera novela. De eso hace ya diez años, más o menos. ¿Las cosas salieron tal y como las habías planeado? No. Afortunadamente, no. ¿Qué pasó? Creo que tuve suerte. Yo también me acuerdo de cuando escribí mi primera novela. Vivía en casa de mis padres y no tenía perspectivas de salir de allí en un plazo corto de tiempo. Era una situación incómoda en todos los sentidos, porque ya tenía 23 años y es terrible no tener perspectivas con 23 años. Sé muy bien lo que es eso. Es algo que de algún modo te envejece, que es algo diferente a madurar. Y está claro que esa sensación contaminó Hoje está um dia morto, la novela que escribí entonces. El plan era terminar el libro y, con suerte, editarlo localmente con el apoyo de algún programa del gobierno del Estado. Ellos editan los libros, o sea, pagan la edición, una edición horrible, hecha por una editorial de quinta categoría que sobrevive gracias a este tipo de encargos gubernamentales, y entregan los mil ejemplares publicados al autor. No hay ningún tipo de distribución, por lo que el libro no se vende en librerías. Conseguí huir de eso. Así pues, las cosas no salieron según lo planeado. Afortunadamente. El libro ganó un premio y fue publicado por una gran editorial. ¿De quién fue la culpa? De Aldair Aires, un amigo ya fallecido. Él leyó los originales y envió la novela a ese premio, contra mi voluntad, o al menos, con muchas

protestas por mi parte. Yo no creía que pudiese ganar un premio, ningún premio, con aquel libro. Es una novela violentísima sobre jóvenes sin perspectivas en una pequeña ciudad del interior. O sea, era sobre mí y sobre algunos conocidos. No factualmente, claro. Los personajes del libro vagan por ahí, toman drogas, follan y, en algunos casos, abrazan el suicidio (o son abrazados por él). Aldair decía que había algo original ahí, que había conseguido conducir la narración de una forma no vulgar. Recuerdo que también usó el término “sinceridad”. Era un hombre extremadamente generoso. Él creyó en mí cuando yo no lo hacía. Tengo que confesar que, aún a día de hoy, tengo a algunas personas que, por así decirlo, ejercen esa función. Se me da bien agachar la cabeza y trabajar. El resto es muy complicado y da un poco de miedo. Pareces uno de tus personajes hablando. Tienes razón. La verdad que no soy demasiado original. En tu novela más reciente hay trozos que tienen lugar en Jerusalén. ¿La verdad está ahí fuera? No. Ni tampoco aquí dentro. Quizás esté en el otro. En la manera en la que vemos (cuando vemos y si vemos). Terra de casas vazias no tiene ese título por casualidad. En un determinado momento, uno de los personajes imagina un “apocalipsis higiénico”, por medio del cual Dios barrería la vida del planeta, pero no las edificaciones. Los edificios y las casas seguirían en pie, pero vacíos. Llegados a ese punto de la

Revista 2384 - Número 4  

2384 es una revista literaria que pretende difundir a través de la traducción a autores y literaturas aún poco conocidas en España

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