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REVISTA DIGITAL - La revista que habla de vos.

O I T PA La bestia abre y cierra de manera espectacular, extravagante, con gran impacto. No tiene consideración para el espectador al plantear la diferencia de la cópula instintiva y el erotismo, al arrastrarlo hacia el tema del sexo animal. Los animales siguen su instinto. Están limitados a la acción y la consecuencia es la reproducción. Sólo los seres humanos pueden asociar un encuentro bestial con otras referencias, darle otras lecturas, recrearlo a partir de su propia sexualidad. Los primeros siete minutos del filme se destinan a un registro clínico del apareamiento equino. La ceremonia en su plenitud, sin atenuantes. Todo se llena con el vigor del macho que relincha, golpea el suelo con sus cascos. La hembra espera y llama al semental con su vulva hinchada, moquienta. El caballo endurece el largo garrote. Se monta y muerde la crin de su compañera. Se mueve unos cuantos segundos en aquella viscosidad. Eyacula. Resopla. El pene flácido abandona su refugio. Lame la grupa de la yegua. Borowczyk hace el seguimiento ostentoso, palmario. De entrada, el observador queda inerte ante la ofensiva visual de este director. El final es deslumbrante. Una escena también prolongada a modo que cada fragmento sea pletórico. Lucy tiene un sueño húmedo. Se trasmuta en Romilda de la Esperanza (Sirpa Lane), quien asegura la leyenda- fue atacada y desaparecida por una bestia. Verdad a medias porque el encuentro fue sexual y con un desenlace adverso para el animal mezcla de lobo y gorila. Al principio, Romilda es sorprendida por el ente. Huye despavorida. En su carrera, sus ropas empiezan a quedar entre la maleza. El engendro se excita con las prendas femeninas. Acaricia su descomunal falo con esos tejidos que actúan como feromonas. Ella, casi desnuda, logra colgarse de una rama. Su sexo queda a la altura del animal, quien se dedica a libar en ella. Romilda patalea pero, en dicho movimiento, sus pies rozan una y otra vez el tolete. Lo masturba. Él derrama semen en abundancia. No existe ninguna otra película, hasta la fecha, que se compare con La bestia por la cantidad de líquido seminal derrochado y puesto en pantalla. La inmensa verga es enterrada en Romilda. Ocurre un cambio de situación: con el gozo, ella se transforma de pasiva en activa. Toma la iniciativa. Se despoja del corset que aún mantenía. Folla sin medida. El festín de esperma es incontenible. La mujer lo recibe en sus pechos, sus nalgas. Le succiona. Lo consume. Baña su cuerpo entero con esa leche espesa. Le exprime hasta la vida. La bestia muere de sexo. Romilda lo entierra. La realidad es que el hecho no ocurrió hace doscientos años como señala la versión popular: fue apenas cuarenta atrás. Resultado

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REVISTA DIEZ 163  

La actualidad de la ciudad de Comitán de Domínguez, Chiapas.

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