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2 de junio de 2014. Comitán de Domínguez, Chiapas Editor responsable: Alejandro Molinari

“Noa-Noa” 2014, ese mítico “lugar de ambiente”… David Tovilla


Lectura de una fotografía para eliminar el dolor de cabeza.

“Noa-Noa” 2014, ese mítico “lugar de ambiente”…

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Fotogramas parlantes 27 Entrevista con Cuauhtémoc Alcazar


Termina mayo y comienza junio. Esto, que en apariencia es una obviedad, este año ene una significación especial. En México, el mes de mayo es un mes de grandes ausencias laborales, propiciadas por los festejos del día primero, día diez y día quince. ¿Cómo avanzar si a cada rato hay interrupciones? Un maratonista no cubrirá su meta si se de ene cada diez kilómetros. El maratonista sabe que debe mantener un ritmo sostenido. Es imposible alcanzar metas laborales cuando todo mundo suspende ac vidades para celebrar el Día del Trabajo, el Día de la Madre o el Día del Maestro. Cuando inicia junio se sabe que el tercer domingo se celebra el Día del Padre. Un poco como para compensar. No hay mayor problema. Pero este año, ¡Dios mío!, amenaza el Mundial de Fútbol. Este mes será de guateque completo. El más despistado se detendrá ante la pantalla del televisor y disfrutará cinco o diez minutos de un par do donde el pres gio de México se juega detrás de un balón. Pero los despistados son los menos. La mayoría es faná ca de este deporte. Esta mayoría suspenderá dos o tres horas de labores, mientras se desarrolla el par do. Algunos (se cuentan por millones) tomarán una cervecita a la hora del par do y cuando éste termine con nuarán con el festejo o con el lamento de la derrota. Miles de horas hombre se pierden en estas pausas sublimes. ¡Dios mío! Uno pensaba que con mayo ya se tenía suficiente descanso. Pero no es así, este año, junio será memorable.


PARA

ELIMINAR EL DOLOR DE CABEZA Son dos letreros oxidados. Están trepados, como palomas, sobre la parte alta de un techo de tejas. El letrero de atrás anuncia cigarros; el letrero más “visible” anuncia “Mejoral”. Está en lo alto del techo, en una esquina casi inadver da. Tal vez, en los años sesenta del siglo pasado era la estrategia publicitaria: colocar letreros en los lugares inadver dos; tal vez todo era como un juego. Así como ahora los muchachos y muchachas juegan a ver el cielo y hallar forma a las nubes, en aquel empo, la gente levantaba la vista y buscaba las aves en los techos llenos de teja de Comitán. Tal vez, por eso, los publicistas encaramaban los anuncios de lámina, de una lámina delgada que bien podía doblarse a la hora que se insertaban debajo de un alero. Estos dos anuncios olvidaron jugar a lo que jugaron los demás compañeros. Olvidaron camuflarse de palomas y emprender el vuelo. Se quedaron atados por siempre. Por esto ahora si algún despistado eleva la vista los encuentra así, deteriorados, llenos de óxido, con un color de arena deslavada. Habrá que reconocer que, aún dentro de la miseria de su des no, conservan cierto aire de dignidad. Otros ya se hubiesen ahorcado con los cables que están a su alcance. Cuando estuvieron jóvenes, la gente fumaba “Gratos” y tomaba “Mejoral”. Los “Marlboro” y los “Next” no eran palomas de estos cielos. La gente, sentada en el parque, tomando una “gaseosita verde”, contando los hechos del día pasado, sentados en las bancas de granito del parque central, cantaba aquello de “Mejor mejora Mejoral”. Jingle inventado por uno de los más brillantes poetas de México: Salvador Novo. Los expertos nos enseñan que el slogan es casi perfecto. Lo es porque Novo incorpora una letra a cada palabra y eso es como si le insertara alas para lograr una sonoridad de ola, de viento, de mar: mejor mejor-a mejora-l. ¡Ah, qué maravilla! Ahora, en pleno siglo de la modernidad, en el año 2014, algún despistado eleva la mirada y se encuentra estas dos láminas, humildes, sencillas, que hablan de otros empos en que la vida, de igual manera, era más humilde y más sencilla. De empos en que la gente cantaba: “Mejor mejora Mejoral”, y bastaba una pas lla para encandilar a un dolor de cabeza que nunca fue producto de ese albañal que ahora se llama stress.


“Noa-Noa” 2014, ese mítico “lugar de ambiente”… David Tovilla


Juan Gabriel regresó una vez más al Palacio de Bellas Artes en 2013. Realizó los festejos de sus cuarenta años de trayectoria artística. Hizo la grabación correspondiente en audio y video que fue lanzada hace unos días. El primer sencillo buscó generar el interés inmediato al ser uno de los más clásicos temas del máximo exponente de la música popular en México: “El Noa-Noa”. La pieza en video fue subida a Internet para su conocimiento mundial, el primero de abril, desde una plataforma de gran impacto: el sitio “Vevo”, propiedad de Google, Sony y Universal. La muestra del concierto denota, sobre todo, la principal característica de Juan Gabriel: su capacidad de trabajo. Consciente de lo que implica un espectáculo, cada presentación tiene un ingrediente particular: incorpora elementos coyunturales, estribillos que pondrá de moda, arreglos especiales, extensión renovada. Un artista completo que prepara, reinventa, actualiza y concibe su tiempo en el escenario como un todo. El video de “El Noa-Noa” 2014 es culminante: coristas, mariachis, público. Una gran instrumentación que hace crecer, en lo musical, a la rítmica melodía. Sí, el soporte actual de la canción es sonoro: violines, trompetas, percusiones. Instrumentos puros en su plenitud que generan un gran momento. De la versión original se mantiene ese bajo que marca la pauta de toda la canción; lo nuevo: más celeridad.

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Treinta y cuatro años después de colocarla en el gusto del público con el álbum “Recuerdos”, “El Noa-Noa” no sólo se mantiene incólume: ha alcanzado la categoría de mito. Y éste, como bien explica Enrique Florescano, en el volumen “Mitos Mexicanos”: en contraste con la historia, que se refiere a hechos verdaderamente ocurridos, el contenido del mito puede ser un acontecimiento real o imaginario, o un episodio que nunca ocurrió pero que muchos piensan que efectivamente tuvo lugar. En otras palabras, la verdad del mito no está en su contenido, sino en el hecho de ser una creencia aceptada por vastos sectores sociales. Hoy el bar Noa-Noa, en donde Juan Gabriel debutó, ya no tiene una existencia material. Fue derribado en 2007. Sin embargo, está más vivo que nunca en la mente colectiva. El “Noa-Noa” dejó de ser una referencia hacia un punto de Ciudad Juárez, para erigirse en todos los lugares con su perfil. Sí, ese que surge de los esbozos de una letra que no dice mucho: nocturno, divertido, inolvidable, para bailar, diferente. Todos los antros así son la encarnación actual del mítico “Noa-Noa” juangabrielano. Está adherido a diversas generaciones y estratos sociales. Ocurre aún cuando Juan Gabriel maneja indudables expresiones homosexuales en ésta y varias melodías. Sin confesar nunca su preferencia y responder “lo que se ve no se juzga”, ha mantenido el respeto con el manejo de la ambigüedad. Letras en donde el interlocutor no tiene una identidad de género: no se sabe si se dirige a una mujer o a un hombre. En el caso de “El Noa-Noa”, la clave está en dos expresiones: “un lugar de ambiente”, donde todo es “diferente”. El “Diccionario del sexo y el erotismo” de Félix Rodríguez González ilustra: “Lugar de ambiente: masculino, eufemismo. Local (bar, pub, etc.) que sirve de lugar de encuentro a los homosexuales”. Pero también el

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término aislado tiene las mismas invocaciones: “Ambiente: Masculino. Eufemismo. Lugar o zona frecuentada por homosexuales; conjunto de establecimientos (bares, locales, saunas, etc.) donde se reúnen y relacionan”. Véase, en el mismo documento, la otra palabra: “Diferente. Adjetivo. Que no es heterosexual, es decir, que es homosexual, bisexual o transexual. La palabra es española pero ha añadido un sentido nuevo, por influencia del inglés 'different'”. Así, “El Noa-Noa” de Juan Gabriel es himno, proclama, convocatoria, credo. Su carácter ambiguo se corresponde con la hipocresía del machismo mexicano. Pero ésta y otras canciones del artista se agigantan con el tiempo: cuando las memorizan, tararean o cantan, porque logran ser de todos al margen de todas las circunstancias. Tanto para quienes le dan su connotación sexual, como para quienes la despojan de ésta y siguen su estribillo pegajoso. Esa es su vastedad, esculpida durante cuatro décadas, que celebra del mismo modo: en grande.

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FOTOGRAMAS

PARLANTES

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No, ya te dije que no. Eso es una cochinada y yo soy un chucho digno

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No, no, insisto, la foto estรก "fotoshopeada".

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Hmmm, a ver, a ver, comiste tacos del chaparrito.

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Shhh, no lo digan: MĂŠxico no pasarĂĄ a la siguiente ronda en el Mundial.

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Bueno, yo digo que ya basta de columpios tontos, ahora mejor juguemos al sube y baja.

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Cuauhtémoc


Cuauhtémoc Alcázar se emociona al recordar, al revivir la historia. Comparte rutas de antaño. Casas y personajes de Comitán. En esta ocasión comparte historias de la 3ª Calle Sur Oriente. De la iglesia de Jesusito hacia la iglesia de San José. A con nuación, responde las siguientes preguntas: La úl ma vez habló un poco de la “casa de los Garduño”: Sí. Está a diez metros de la iglesia de Jesusito. De la casa de los Garduño llama mi atención la trilogía de amigos, le podemos decir así, de Raúl Garduño, que nace en 1945; Jorge Melgar Durán, que nace en 1945 y Julio Avendaño Tovar, que también nace en 1945. Poetas los tres. ¿Qué había frente a esta casa? Estaba el doctor Gilberto Pinto Yañez, un gran poeta. Me acuerdo de haberlo conocido ya grande, alto, canado, crespo, con mucha personalidad. Tenía dos hijas muy guapas. Él fue director de El Paladín, un periódico que en ese entonces llamaba mucho la atención porque no había más. Ahí escribía el doctor Rubén Alfonzo Mandujano. Como en los años de 1959, aparece otro periódico, La voz de Comitán, que también fue de él. Él fue un excelente médico den sta. Estudió en la ciudad de México. También en Guatemala. Se graduó como en los años treinta o antes. Recuerdo que yo pasaba por su casa, porque siempre tenía un balcón abierto. Conocí a muchos den stas, pero sólo una vez he ido al den sta. Y no es por presumir, pero tengo toda mi dentadura completa. Conocí a Jorge Utrilla Tovar, que fue un buen den sta. Frente al Pabellón Municipal hay unas casitas en serie. Él las mandó a hacer. Las daba en renta. Antes, él estaba en la Cuarta Sur Oriente, a un costado de la casa de ustedes. Frente a lo que ahora es una enda depor va muy famosa. Ahí tenía su consultorio. Todos los fines de semana, él sacaba su caballo, se montaba y se iba por la ciénaga. Regresaba con palomas que cazaba. También tenía un criadero de conejos. Cuando no agarraba nada, tomaba un conejo, lo amarraba de las patas, agarraba su rifle y ¡pam! ¿Por ahí vivía el doctor Emilio Altuzar Argüello? Sí. El vivió en la casa que estaba al lado de la mía. Él tomaba, se separó, se muere la esposa, y se queda solo y con amigos de esos que son buenos para el chupe. Yo me daba cuenta porque solo nos dividía una pared bajita. Yo descubrí que había muerto. Un día empezamos a sen r un olor fé do, pensamos que era un ratón muerto o algo así. Pero pasaron dos, tres días y el olor aumentaba. Como a los cuatro o cinco días me subí al tejado para ver qué encontraba. Las moscas me guiaron a un cuarto. Me me , me atreví a bajar para ver qué había ahí. Voy a la puerta, le pego una patada y se abre. ¡Entonces me doy cuenta de aquello! El doctor amarrado con un pañuelo rojo en la cabeza. Nada más vi y me salí. A esa hora le fui a avisar a sus hijos, que andaban por acá. Ya vinieron con el ministerio y todo. ¿Qué hay después de la casa de Raúl Garduño? Sobre la misma banqueta estaba la casa del profesor Jaime Rodas Rovelo. Ahí fue kínder. La casa ya no se man ene, le hicieron transformaciones. Ahí estuvo la Mueblería Fernando. Tenían como slogan: La mueblería Fernando es ¡la mueblería Fernando! Ahora esa casa está en venta. En fin, ahí fue kínder y ahí estuve. La directora era la profesora Alicia Córdoba Gordillo, una excelente maestra. Además estaba la esposa de don Javier Trujillo, la maestra Graciela Fritz. ¿Cómo era ese espacio?

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Era una casa común y corriente, porque la rentaban para que ahí fuera el kínder. Dos salones, un pa o regular, era chica. Las maestras nos llevaban al campo donde ahora está el hospital civil. Ahí se volvió campo de béisbol. Ahí nos llevaban a volar “papelotes” (no les decíamos papalotes). Les poníamos unas ramitas de anona que nos daba la maestra Alicia, para que pesara la cola y no güichitopeara, no diera vueltas. Yo tenía ocho años. Éramos como veinte alumnos, niños y niñas. Después ya construyeron el jardín de niños Francisco Sarabia y se van para allá. Queda la casa. Entonces llega a vivir una familia Ancheita, que había venido de Comalapa. ¿Y el maestro Jaime Rodas? Él manda a remodelar la casa y ahí vive con su esposa, doña Angelita. Muere el maestro Jaime Rodas y lo en erran frente a la capilla donde está enterrado mi padre. Eran contemporáneos, amigos. Y, de la noche a la mañana, desapareció el letrero de “Profesor Jaime Rodas Rovelo”, que estaba en el panteón. Resulta que, con el empo yo fui a averiguando, vinieron familiares de México, sacaron los restos del profesor y se lo llevaron a México. Eso es lo que me pla caron. Y que el lugar donde estaba el profesor había sido vendido y ya estaban otras personas. ¿Y después de esa casa? En seguida de la del maestro, donde ahora está una enda de abarrotes, estuvo la escuela Fray Ma as de Córdova. Con dos pa os de ladrillo. Era una casa alta. Me acuerdo que el padre Carlos le regaló un campanita, de unos 15 cm de altura, al maestro Víctor Manuel Aranda. Recuerdo que lo puso arriba y se subía en una silla para tocarla. Esto para evitar que los muchachitos la tocaran, porque eran tremendos. ¿Recuerda cómo era la escuela? Sí. En la entradita estaba la dirección, un cuar to alto, angosto, con una regla donde se colgaba un tambor. Después estaba el segundo grado. En ese entonces ya estaba la maestra Ma lde Utrilla Tovar, que se casó con Artemio Robles, hermano del licenciado Enrique Robles Domínguez. Después estaba el tercer grado, ahí estaba el maestro Eduardo Guillén. Después estaba el cuarto grado, lo tenía la maestra Juven na Medina de Flores, que todavía vive, con gracia de Dios, igual que su esposo. En seguida en el quinto grado donde estaba Óscar de León Escobar, que había venido de Tuxtla, luego en el sexto grado estaba el maestro Javier Flores Torres. Enfrente estaba el cuarto grado (así estaba), y ahí estaba Víctor Guillén Rodríguez, el maestro chaparrito. En seguida otro salón donde estaba el primer grado y lo tenía el profesor Alberto Gómez Villatoro hijo de don Conrado Gómez. Lo que más recuerdo es el si o de atrás. Era de una insalubridad… ¡tremenda! Había un cuar to que era el baño, de aquellos empos, como una letrina. Todo el que entraba no se animaba a sentarse en el cuadro de madera. Naturalmente muchos entraban, pero se hacían en el piso. Entraba uno y ya ni dónde pasar, mejor ya no entraba. El otro lado estaba lleno de reglas de madera, que cada año sacaban para hacer el teatro para la graduación. No sé de dónde agarraban, pero había muchos murales. Recuerdo uno donde estaba Pierrot y la luna. Eran pliegos grandes, estoy hablando de un mural de cuatro o cinco metros. Saber quién lo pintaba, creo que el maestro Güero Mandujano o probablemente el maestro Javier Flores Torres, un excelente dibujante. El tramo recorrido aún es corto, porque no se viaja sólo a través del espacio, sino del empo. Comitán ene tanta historia, y el maestro Temo Alcázar: una memoria privilegiada.

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Revista diez 233  
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