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YPF una escuela La privatización de la empresa, durante la década del 90, dejó a sus trabajadores como principales víctimas. Sus historias quedaron escondidas en los rincones de las comarcas petroleras.

a derecha: Alfredo Campos, * DeLuisizquierda Gutiérrez, Miguel Montt, Luis Osvaldo Contreras, Alejo Carrasco, Hugo Carrasco, “Luto” Contreras y Ramón Campos; sobre el frente de la oficina de los ex ypefianos. YPF. Monumento histórico de la * LaluchatorrededeCutral Co y Plaza Huincul .

texto:

E

l 29 de octubre de 1918 se descubrieron los primeros yacimientos de petróleo de Neuquén. Sobre la loma del “Pozo Nº 1” surgió la localidad de Plaza Huincul, y poco después el aglomerado urbano que vio nacer a YPF en 1922. En los márgenes, los asentamientos ilegales por la imposibilidad de dar alojamiento en los campamentos a quienes llegaban atraídos por la oferta laboral, dieron origen a Cutral Có. Si bien los datos del INDEC revelan que “Agua de Fuego”, como dice su nombre en castellano, es la tercera ciudad en población de la provincia, su apariencia es casi desértica. Cutral Có comienza sobre los lados de la ruta nacional 22 por la que millones de personas transitan cada año en busca de destinos turísticos, pero en su interior la realidad es otra. Las calles de tierra y las enormes edificaciones abandonadas se combinan naturalmente con el rojizo de la barda y los fuertes vientos de la región. En las calles se ven más perros que habitantes, y según dicen los mismos vecinos, los fines de semana la ciudad se vacía.

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Fabiana Solano

“Sean eternos los laureles”. Monumento a la bandera en Plaza Huincul.

La oficina de la agrupación “13 de Diciembre” conformada por ex trabajadores de YPF en 2000, está ubicada frente a la histórica destilería, en diagonal a las viejas oficinas administrativas de YPF, y a unos quinientos metros del Pozo Nº 1. Ellos como otros miles de “Ypefianos” personifican sus dos

caras: por un lado los años dorados en los cuales la petrolera era la “vaca lechera” de la argentina, y el futuro era alentador; y por otro el abandono, la pobreza, y la culpa por no poder ofrecer a sus hijos las mismas posibilidades que ellos tuvieron. Humberto López y Miguel Mont, ingresaron en YPF en 1973 y trabajaron más de veinte años antes de la privatización. Humberto (62) comenzó a los veintitrés como operario de perforaciones y pronto llegó a ser Segundo Jefe de zona en Sierra Barrosa. Con su esposa compraron una casa en Plaza Huincul, Barrio central del campamento de YPF, donde criaron a sus cinco hijos, aunque Humberto pasaba allí solo cuatro días al mes. “Nuestro régimen era de doce días de trabajo por dos de descanso, así que tampoco teníamos la seguridad de que los hijos eran todos nuestros”, bromea. López sufrió un accidente, moneda corriente en la actividad, pero no dejó de trabajar: “Un día estaba en el gancho de un equipo de perforación a veintiocho metros de profundidad, y una guía de parejo me apretó la mano y cortó tres dedos no me quise retirar porque era mi YPF”. Cuando se dictó la Ley de Reforma del Estado en 1989 y Carlos Menem asumió la presidencia, comenzaron a entreverse los primeros indicios de la privatización. ”Abandonaban los pozos sin razón, porque estaban preparando el terreno para regalárselo a

otro”, afirma Humberto. Por solo dos mil millones de dólares YPF cedió a otras empresas yacimientos que representaban la mitad de su producción, vendió tres refinerías, flotas de barcos y aérea, cincuenta y dos equipos de perforación, oleoductos, boyas marítimas y puertos. En 1995 los despedidos llegaban a treinta mil y Humberto por su discapacidad debió jubilarse. “La plata no nos alcanzaba, así que con la familia vendíamos verdura”. Con los veinticinco mil dólares de indemnización muchos ex trabajadores optaron por llevar adelante emprendimientos familiares, pero la competencia entre los vecinos generó dificultades: se instalaron hasta cinco kioscos o despensas por cuadra. “Gracias a dios yo pude sostener a mi familia, e hice estudiar a mis chicos para que tengan una posibilidad de trabajo”. Pero muchos no tuvieron la misma suerte y hoy “te limpian el patio o te cortan el pasto por una moneda”.

“Yo formé la familia gracias a YPF, y soñaba que mis hijos también entraran.” 39


* * YPF uniendo el territorio nacional. ex Ypefianos gestionan los * Los reclamos desde las oficinas de la agrupación “13 de Diciembre”.

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Miguel Mont (62), a los veinte años y casado con su actual mujer, llegó a YPF por arte del destino. Su abuelo había fallecido en 1936 en una perforación, y su abuela pasaba las tardes reclamando por la indemnización en las oficinas. Un día contactó al Jefe de Personal y Miguel ingresó derecho a la boca de los pozos. “Yo formé la familia gracias a YPF, y soñaba que mis hijos también entraran”, dice Miguel. Hasta los 90, quienes trabajaban en YPF gozaban de un salario superior a la media y recibían bonificaciones por antigüedad y eficiencia. Pero lo que más rescatan los propios trabajadores es la integración de la “familia ypefiana”. Mientras los padres o esposos trabajaban en los campamentos hasta dieciséis días seguidos, sus esposas disponían de Obra Social para todos los integrantes de

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la familia, servicios gratuitos en hospitales y establecimientos sanitarios, y escuelas exclusivas. Además en las proveedurías del barrio podían comprar comestibles, muebles, o artículos electrónicos, solo presentando el carnet de YPF.

“Me gustaba que en los comedores se juntaban todos, sin distinción de rango. Lo más rico era el puchero, hasta tira de asado le metían.”

Antes de la privatización, Miguel trabajaba como jefe de equipo con un grupo de geólogos que tomaban las muestras de los pozos. “Ellos decían que los yacimientos que se entregaban como áreas de riesgo en realidad tenían gas y petróleo –explica Miguel– pero de arriba ordenaban poner la tapa y dejarlo”. Cuando se produjeron los despidos, Miguel consiguió un puesto en la empresa privada PEXE S.A., aunque pronto se fundió y debió vender un auto, herramientas y compresores para sobrevivir. “En nuestra cultura todavía la mujer era para la casa y el hombre para trabajar. Muchos matrimonios al quedarse sin ingresos se disolvían, y los chicos que en ese momento tenían 5, 8 o 10 años se criaban solos. Terminaron alcohólicos o drogadictos”, manifiesta Miguel. En una pueblada de 1996 un ex compañero lo reconoció desde Salta en una

transmisión del Canal Crónica e inmediatamente lo contactó para ofrecerle trabajo en los pozos de agua del Cerro San Lorenzo. “Me pagó el pasaje y me dijo que mandaría a buscar a mi familia –relata Miguel– pero a los tres meses el dueño quería dejarme a cargo del equipo y desplazar a mi amigo, y yo me negué rotundamente”. En 2010 cumplió cuatro décadas de casado y consiguió la ansiada pensión. “Estaba feliz: me había salido la jubilación, tenía a mis seis hijos trabajando y nueve nietos hermosos –revela Miguelito, como le dicen en el barrio– y cuando sentía que tocaba el cielo con las manos, falleció uno de mis hijos en un accidente de tránsito”.

Alejo (80) y Hugo Carrasco (53), padre e hijo, son una muestra de cómo YPF atravesaba la vida familiar. En 1953 Alejo comenzó a trabajar de mozo y luego como encargado en los comedores. A pesar de tener solo tercer grado de primaria, permaneció treinta y ocho años en la empresa, pasó por casi todos los campamentos y llegó a ser jefe del área. “Lo que mas me gustaba es que en los comedores se juntaban todos, sin distinción de rango”, recuerda. En su infancia Hugo acompañaba con frecuencia a su papá al trabajo, pero reconoce que –por entonces– no pensaba seguir sus pasos. De hecho ingresó en YPF de casualidad en el

74, cuando tenía catorce años. “Un día iba para el centro y en el local del Sindicato de Petroleros (SUPEH) había una fila de chicos, me quedé charlando con un amigo mío y terminé haciendo la entrevista. Como teníamos prioridad los hijos de Ypefianos, a la semana me llamaron y empecé en el sector de energía eléctrica” explica Hugo. En esa época la empresa tomaba jóvenes y les exigía que estudiaran. “La escuela formaba técnicos para trabajar, porque las clases las daban los profesionales de YPF. Era una forma de generar responsabilidad y enseñar un oficio”. Al principio mientras terminaba la tecnicatura, se encargaba del mantenimiento de las oficinas del campamento central. Alejo menciona con cariño que su hijo se escapaba al comedor habitualmente. “Lo más rico era el puchero, hasta tira de asado le metían”, recuerda Hugo. Al cumplir la mayoría de edad lo enviaron al sector de perforación. Ese mismo año se casó, con quien hoy lleva treinta y cinco años, y al poco tiempo nacieron sus hijos. ”A los dieciocho ya tenía un trabajo para toda la vida, que me aseguraba el futuro y el de mi familia”, expresa Hugo. En 1992, luego de la privatización, daba clases en la escuela y se mantenía con emprendimientos comerciales. “Con ahorros puse unos negocios, y dentro de todo en lo económico no sufrí tanto”. A Hugo lo salvaron los conocimientos técnicos y mercantiles acumulados, teniendo en cuenta que muchos despedidos, aún jóvenes para jubilarse, y al mismo tiempo, viejos para conseguir trabajo, no lograron incorporarse al mercado. “Después de mucho tiempo, uno reconoce que

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Música regional

YPF fue una escuela para formar a los chicos. En la actualidad muchos chicos prácticamente no estudian ni trabajan. Los golpeó lo que pasó y nunca vieron trabajar a sus padres”, concluye Hugo. Los hermanos Osvaldo (72) y Héctor Alfredo (76) Contreras trabajaban en diferentes áreas de YPF. Osvaldo a los catorce años y con tercer año en Química, empezó en las plantas de gasolina de los yacimientos. “Como era el único técnico, me mandaron a los laboratorios que estaban desmantelados, y tuve que ponerlos en movimiento”, rememora. Seis años después ganó un concurso de agua industrial y llegó a la destilería donde trabajó dos décadas. “En el 76 se inauguró la nueva destilería de Plaza Huincul, más grande que la anterior, y lamentablemente tuve que recibir a Videla”, cuenta Osvaldo. Para entonces su hermano Héctor había ingresado por él y se encargaba de las instalaciones mecánicas del nuevo edificio. “El día que vino Videla no me dejaban pasar a controlar los tableros. Cuando entré era un desastre: las temperaturas se habían levantado en las torres y se había inun-

La actualidad * de los ex Ypefianos

el

chamamé y sus

mujeres

Marcel Czombos y Gicela Méndez Ribeiro.

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Ellos celebraron, el año pasado, la expropiación del cincuenta y uno por ciento de las acciones de YPF. Sin embargo aún reclaman por las acciones que les corresponden y que Repsol no les devuelve, aunque la ley diga lo contrario. En YPF, Miguel Mont y Humberto López nunca trabajaron en la misma área, pero desde el 2000 juntos integran formalmente la comisión nacional de Ypefianos, cuya intención es que Repsol les pague por las utilidades que en su momento conformaron el 10% de las acciones de la empresa, y que por ley corresponden a los trabajadores. Inicialmente cortaban las rutas pero abandonaron por falta de respuestas. En 2009 retomaron la causa y desde entonces viajan con frecuencia a Buenos Aires para conseguir el apoyo de diputados y senadores. “Los pasajes los aporta el Intendente de Cutral Có, Ramón Río Seco, y los vecinos nos ayudan con cinco o diez pesos para pagar la estadía y que hagamos las gestiones”, explica López.

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dado todo”, agrega Héctor. A los cuarenta años, la empresa le dio a Osvaldo la posibilidad de seguir estudiando para recibirse de Técnico en Petróleo. De esta manera decidió terminar la carrera junto a María Angélica, su hija de veinte años, que cursaba cuarto año. En 1980 se recibieron en la Escuela Nacional Técnica Nº 1. “Cuando se privatizó YPF ya no tenía posibilidades de conseguir trabajo. Con la indemnización construí algunos departamentos y los puse en alquiler”, relata Osvaldo. Héctor, en cambio, se retiró porque estaba muy cansado de las presiones y quería disfrutar de sus cinco hijos a quienes prácticamente no conocía. “Después de la privatización éramos amortiguadores, recibíamos golpes de todos lados para que nos vayamos”, manifiesta. Héctor aprovechó los remates de YPF para comprar siete camionetas Ford y las llevó a un negocio compra-venta de vehículos en San Luis, donde permaneció dos años. Hoy tiene catorce nietos y reconoce estar agradecido eternamente de YPF. ◗

A través de Alicia Alonso, Secretaria de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, comenzaron a trabajar en varios proyectos de ley. El 7027 logró en 2010 los dictámenes de tres comisiones y una orden del día, pero cayó luego de las elecciones legislativas. En 2011 volvieron los proyectos: el 2215, continuidad del 7027, y el 1456, presentado por el diputado del FPV Dante González, que propone la jubilación anticipada para quienes acumulan veinte años de servicio en YPF. López opina: “No pretendemos que nos paguen todo, sí que nos den un reconocimiento”. “Llevamos más de seiscientos fallecidos, otros enfermos, familias sin padres, e hijos con esperanzas de que algún día salga sostiene Miguel Mont - pero gracias a la Presidenta estamos confiados que esto va a avanzar”. En este sentido en 2012 el primer paso del largo camino se concretó el último 20 de abril cuando la jueza a cargo del Juzgado

del Trabajo de Río Grande en Tierra del Fuego, Edith Cristiano, dispuso suspender de forma cautelar los derechos políticos y económicos de las cuarenta y cinco mil doscientas acciones de YPF que cotizan en la Bolsa de Valores de Nueva York y representan el 11,50% del paquete accionario de YPF en posesión de Repsol. Asimismo en oportunidad del tratamiento del Presupuesto Nacional 2013, el diputado Neuquino José Brillo, dio a conocer un proyecto de Ley con el acompañamiento de los bloques del Movimiento Popular Neuquino y de Unión Federal de Provincias, que plantea el reconocimiento por parte del Estado Nacional de una indemnización de 150 mil pesos a favor de los ex ypefianos que al 1º de Julio de 1991 se encontraban trabajando en la empresa. Según el proyecto los gastos serán afrontados con los excedentes de la recaudación tributaria de los presupuestos correspondientes a los ejercicios fiscales de los años 2012 y 2013.

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ntes de convertirse en el género por antonomasia del Litoral argentino, el chamamé debió vencer una serie interminable de prejuicios históricos. El más fuerte, tal vez, era el que cuestionaba su raíz folclórica. Pero mientras los superaba a fuerza de acordeones y guitarras, de bailecitos y de aplausitos, en el ámbito de los chamameceros persistía una espina mucho más cruel: el desmérito que sufrían las mujeres que habían enriquecido y luchado por esa música. Por suerte, el siglo xxi –y más precisamente el año 2012– trajo una reivindicación histórica en formato audiovisual: se trata de El chamamé y sus mujeres, una serie documental realizada por la pareja que conforman la cantante correntina Gicela Méndez Ribeiro y el cineasta chaqueño Marcel Czombos.

Con el paisaje litoraleño de fondo, y mientras el acordeón empieza a esbozar sus primeros soplidos, Czombos le cuenta a Cítrica cómo surgió la idea. “Empezó cuando no supimos contestar dos preguntas que hizo Gice una noche: ¿quién fue la primera cantante de chamamé? y ¿por qué los referentes del chamamé son todos hombres?”, rememora. Tratando de contestar esas simples preguntas, la pareja comenzó este zarandeo difícil y emocionante, muchas veces solos y muchas veces socorridos, que es el de producir cine en la Mesopotamia. “Es notable el camino que las mujeres chamameceras hacen al andar. En continua lucha con su destino, supieron revelarse silenciosamente y como peces solitarios nadando contra la corriente, se enriquecieron, emergieron superando vallas, en marchas

y contramarchas, para instalarse definitivamente en la historia de nuestro chamamé”, explica Méndez Ribeiro, quien hace diecinueve años cautiva con la dulzura de su voz en distintos escenarios de Argentina, Brasil, Francia y Estados Unidos, lo que le permitió consagrarse como una “embajadora cultural” del chamamé, al punto que en 2005 resultó seleccionada para protagonizar el documental alemán Chamamé music, people, poetry. Czombos y Méndez Ribeiro vienen trabajando desde hace tres años en la investigación y en la realización de entrevistas a las más de veinticinco músicas que aparecen en El chamamé y sus mujeres. El resultado es este ciclo, que fue fragmentado en once capítulos de veintiséis minutos cada uno. “En ese extenso camino, en donde sin dudas nos conocimos más, nunca olvidamos que es necesario un documental para conocer y reconocer a esas mujeres que dieron sus vidas por esta maravillosa música”, remarca la pareja. Marily Morales Segovia (España), Teresa Parodi (Buenos Aires), Ofelia Leiva (Buenos Aires), Jovita Díaz (Resistencia), Shana Muller (Porto Alegre, Brasil), Anahy Guedes (Sao Luiz Gonzaga, Brasil), Nélida Argentina Zenón (Rosario), Fátima Giménez (Porto Alegre, Brasil), Ada Azucena (Buenos Aires), Irma Solis (Corrientes), María Ofelia (Misiones), Mirian Asuad (Corrientes), Paloma Valdez (Buenos Aires), Myrian Beatriz (Paraguay) y Yuki Makita (Japón) son algunas de las entrevistadas a lo largo de la serie. Conocerlas (o reconocerlas) en este documental es una buena manera de reivindicar la femineidad de la música litoraleña. ◗ 43

YPF, una escuela  

La privatización de la empresa en los ´90 dejó varias enseñanzas a sus trabajadores. Conocé sus historias.

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