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C o o p e r a t i v a E x Tr a b a j a d o r e s d e l D i a r i o C r í t i c a

La primera vez de...

AÑO 1 - Nº 1 SEPTIEMBRE 2012

ECOLOGÍA

Glifosato homicida BRASIL

Los desplazados

por el Mundial

David Lebón Abelardo Castillo Víctor Hugo Morales Héctor David Gatica Hernán Rivera Letelier

Estela de Carlotto “Hoy hay cultura de protesta”

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El Independiente (La Rioja) El Diario del Centro del País (Villa María , Córdoba) Comercio y Justicia (Córdoba) Diario de la Región (Resistencia, Chaco) La Posta del Noroeste (Lincoln, Buenos Aires) Redacción Rosario.com (Rosario) El Megáfono (Río Cuarto, Córdoba) Ecodías (Bahía Blanca, Buenos Aires) Revista Cítrica (Capital Federal) ANSOL (Capital Federal) Papel Tortuga (Alta Gracia, Córdoba)


ítrica

C o o p e r a t i v a E x Tr a b a j a d o r e s d e l D i a r i o C r í t i c a

Sumario

Tapa: Estela de Carlotto Foto: Claudio Herdener

Editorial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 Visiones de Eduardo Carrera. . . . . . . . . . . . . 6 Cooperativismo El Bauen. Vaivenes de una lucha . . . 8 Diálogo de rock con David Lebón. . . . . . . . . . . . . . 10

Compañeros de ruta La Garganta Poderosa. . . . . . . 38 Crónica Rasta argentino . . . . . . . . . . . . 40

Género La televisión sexista. . . . . . . . . . . . 14

Conversaciones con la mente TOC . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44

Ecología Vuelos letales . . . . . . . . . . . . . . . . 16

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Viajes Tardecitas salteñas. . . . . . . .

Brasil 2014 • Río 2016 El lado oculto del Mundial y los Juegos Olímpicos . . . . . . . . . . 20

Cocina Ravioles de acelga con estofado de carne. . . . . . . . 48

Ensayos Esto no es Fútbol de primera . . . . 24

Cultura

La primera vez de Víctor Hugo Morales . . . . . . . . . 27 La historia que no conocemos Cuando la casa era una sola. . . . 28 Nota de tapa Estela. El camino del dolor a la justicia . . . . . . . . . . . . . . . . . 32

Libros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50 Cuento. La madre de Ernesto por Abelardo Castillo . . . . . . . 52 Hernán Rivera Letelier De minero a poeta . . . . . . . . . 56 los olvidados

Martina Chapanay La tigresa de los llanos . . . . . . 60 Poesía. Pensar con el corazón Héctor David Gatica. . . . . . . . . 62

Hicieron esta edición: Germán Alemanni ∗ Pablo Bruetman ∗ Agustín Colombo ∗ Maxi Goldschmidt ∗ Miguel Grinberg ∗ Emiliano Gullo ∗ Claudio Herdener ∗ Diego Paruelo ∗Nicolás Peralta ∗ Diego Pintos ∗ Luis Quaglia ∗ Mariana Varela ∗ Diseño y diagramación: Karen Elizaga ∗ Vanesa Heyaca Cooperaron en este número: Hernán Brienza ∗ Flavia Canellas ∗ Eduardo Carrerra ∗ Abelardo Castillo ∗ Natalia Díaz ∗ Amapola Negra ∗ Marcelo Nieto ∗ La Poderosa ∗ Agradecimientos: Alelí Alegría Cuba ∗ Matilde Blum ∗ Gastón Bourdieu ∗ Paula Buentes ∗ Gabriel Castelli ∗ Lorena Castilla ∗ Fanue ∗ Beba Fernández ∗ Eleonora Feser ∗ Thomas Grinberg ∗ Belén Iannuzzi ∗ Gigi Krein ∗ Marcelo Llanos ∗ Pablo Medrano ∗ Milton Merlo ∗ Martina Noailles ∗ Sergio Olguín ∗ Ignacio Rojo ∗ Cooperativa Bauen Hotel y a todos los viejos compañeros de Crítica que siempre están y a los nuevos compañeros de ruta de Fadiccra, con quienes aprendemos el violento oficio de llevar adelante un medio autogestionado. Revista mensual de interés general / Año I - Nº 1, septiembre de 2012. Revista Cítrica es realizada por la Cooperativa ex trabajadores del Diario Crítica. Se imprime en Cogtal. Magdalena 48, Villa Domínico, pcia. de Buenos Aires. Contacto: citricarevista@gmail.com Publicidad: infocitrica@gmail.com Web: www.revistacitrica.com

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Editorial

F

uimos parte de un diario que ya no existe. Su colapso fue consecuencia de un cínico vaciamiento empresarial y de una serie de vaivenes de la prensa corporativa, que sumados a la pasividad judicial y política incidieron en el penoso cierre del medio que nos congregaba profesionalmente. Tras varios meses de lucha colectiva decidimos seguir agrupados con la idea de ejercitar libremente nuestro oficio, sin padecer abusos de los vaciadores profesionales de empresas. Y mucho más, crear un medio acorde a nuestras convicciones. Centrados en el quehacer cooperativo con visión federal. Asumimos este nuevo emprendimiento sintiéndonos parte de una amplia corriente de empresas recuperadas y de asociaciones cooperativas que están dando respuestas


laborales a situaciones críticas que padece una gran parte de la sociedad argentina. Y al mismo tiempo, en comunión con las empresas autogestionadas y reunidas en Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores cooperativos de la República Argentina (Fadiccra). Creemos es preciso transformar muchas cosas en nuestro gremio. Especialmente la explotación y las mordazas que los medios monopólicos aplican a sus empleados. Nos proponemos informar y comunicar, sin ataduras institucionales o ideológicas. Buscamos lectores atentos y sensibles, en estos tiempos de cambios sociales profundos y de búsqueda

**** Muestra Estas fotos de Claudio Herdener serán parte de su muestra “La Toma del Diario Crítica” en el Centro Cultural La Minka, Pasaje El Canal Nº 36 Barrio Puquial, Chilecito La Rioja. La exposición es organizada por la Cooperativa Amalaya.

efectiva de certidumbres y justicia comunitaria. Revista Cítrica constituye un punto de encuentro basado en la sinceridad y las ganas de compartir. Hay dos maneras de relacionarse con quienes mantienen la costumbre de leer diarios y revistas. Todo depende de un detalle fundamental: tratar al destinatario como un ente abstracto, o como un ser humano único e irremplazable. Por un lado, se los puede bombardear con huecas “noticias” que no contribuyen a construir una visión de la realidad, que así es escondida o distorsionada. Por otro lado, la tarea consiste en ir mostrando facetas de la vida real para ayudar al lector a compartir percep-

ciones intensas del mundo: así se abren caminos hacia la comprensión cabal de la sociedad. Para intentar después el logro de una libertad auténtica. Personal y comunitaria. Somos profesionales diversos y convivenciales. Abiertos al descubrimiento y a la solidaridad. Y buscamos llegar a quienes acepten ser parte de una siembra colectiva de verdades no negociables. Sabemos que la autonomía no es una obra fácil. Pero día tras día comprobamos que no estamos solos. Porque la libertad y la justicia son una obra colectiva que no admite claudicaciones. La

redacción de

CÍTRICA


Visiones

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de eduardo carrera


E

l Bañista es mi hit. No creo que vuelva a hacer otra fotografía que atraiga tanto. Alrededor de El Bañista pienso en las rotundas, imperfectas simetrías del natatorio; en el reflejo del agua, que propone un doblez turbio en la representación realista de lo real; la forma en que la luz dibuja los volúmenes, luz clásica que aprendimos a amar sin ponerla en cuestión. El Bañista seduce desde el mismo momento en que nació como una transparencia de 120mm. Me la entregó Héctor, dueño del laboratorio, que jamás incluía comentarios sobre las fotos que procesaba y entregaba, mucho menos, opiniones. Ese día de 2005 me dijo: “Usted ha hecho un trabajo importante, quiero que lo sepa. Por favor no guarde la foto en un cajón”, y abrió otra vez la boca para dar su opinión sobre una foto. La figura humana de El Bañista tiene fragilidad, suspenso, poder, soledad, en buena medida, debido al actor Nahuel Pérez Biscayart, el hombrecito del trampolín. La clave de la imagen creo que es la identificación que produce el hombrecito atrapado por la arquitectura y la indecisión. ¿Quién no ha estado alguna vez en ese trampolín, consciente de que lo que haga o deje de hacer será decisivo en el resto de su vida? ◗

Eduardo Carrera (Buenos Aires, 1966) fotografía y escribe. Trabaja con fotografía directa, textos, imágenes intervenidas o desviadas y en ocasiones con objetos y recursos escenográficos. Empezó a hacer fotos a principios de los 90 en Madrid y desde entonces ha realizado distintos estudios relacionados con la fotografía y el arte. En 2003 fue becado por Marcos López para asistir a su taller, en 2006 asistió al de Fabiana Barreda. Ha participado en numerosas exposiciones y eventos de arte colectivos. Ha trabajado, como redactor y fotó-

grafo, para medios de España y de Argentina. Pasó la adolescencia en el Chaco, donde realizó tareas rurales y completó el secundario. De regreso en Buenos Aires, vivió de trabajos varios y una beca le permitió cursar la Tecnicatura Universitaria en Periodismo de la UCA, donde se diplomó en 1987. En paralelo completó tres años de Letras en la UBA. En 2006 recibió el Gran Premio del Salón Nacional de Fotografía por la obra El bañista que reproducimos en esta sección y en 2011 publicó el libro Salud, ganador del premio Felifa Dot-Press.

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Cooperativismo

El BAUEN

texto:

fotos:

Diego Pintos Emiliano Gullo

vaivenes de una lucha

Núcleo y referente del cooperativismo, el hotel continúa enfrentando dictámenes judiciales que amenazan la lucha de sus trabajadores. La historia de un símbolo.

O

tea el horizonte desde su posición casi microcentral, un faro en la urbe. Las históricas Corrientes y Callao saben de la lucha del presente y las desventuras e indicios icónicos del pasado en las voces de sus trabajadores. Sus doscientas veinticuatro habitaciones conocen el secreto de esta historia llena de idas, vueltas, y más vueltas. Actualmente, el BAUEN es una empresa gerenciada por sus ex empleados, y con esta singularidad, se ha

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convertido en un centro de actividad política y cultural en Buenos Aires. Su rebautismo lo sindicó como Cooperativa Hotel Buenos Aires Una Empresa Nacional. Entre posesiones edilicias y supuestas usurpaciones, aún se dirime el presente judicial de este predio. La eterna confrontación entre trabajadores y patrones escribe sus cuartillas. Y en medio de esos litigios; la vida, las familias, las historias. Los años de labor y luchas reivindicatorias e irrenunciables. La historia dice que el Bauen se construyó en 1978, con dinero subsidiado

por el Gobierno golpista de aquel entonces. El préstamo fue otorgado por el Banade, y no fue pagado en su totalidad. Con esa deuda, fue vendido a una empresa chilena que contrajo también una deuda de más de cinco millones de pesos tras no abonar las tasas municipales. Acogió la Copa Mundial de Fútbol de 1978, tuvo su época dorada y posteriormente, acompañó la debacle socioeconómica y política argentina en el amanecer del nuevo siglo. El hotel, –a través de Solari SA del empresario chileno Félix Solari (gastronómico, de la fa-


milia dueña de las tiendas Falabella)– se declaró en quiebra y fue cerrado el 28 de diciembre de 2001. Una mueca del destino en el día de los inocentes. En marzo de 2003, con más de un año de lucha y la ayuda del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), unos 40 empleados del hotel reconquistaron su fuente de trabajo. El edificio, su búnker, fue reparado con sus propias manos. Esquivaron las miles de vallas con las que se cruzaron y contrataron 150 trabajadores más. Inauguraron un café en la entrada derecha del predio, cuyas baldosas provienen de FaSinPat, una fábrica de cerámica, también recuperada y en manos obreras. En octubre de 2005, comenzaron las intimaciones judiciales. A pesar de que en mayo de 2006 se aprobó oficialmente la suspensión de la orden de clausura, la lucha no terminaría. Un año después, el Poder Judicial emitió una nueva orden de desalojo en beneficio de Mercoteles S.A., empresa que jamás presentó balances en la Inspección General de Justicia. Esta firma está vinculada a la familia Iurcovich, que hizo su fortuna gracias a las vinculaciones con la dictadura militar. En 2007, durante los primeros meses de gestión de Mauricio Macri en CABA, la cifra de desalojos superó a la de 2006. Pero los trabajadores resistieron. En lo concerniente al BAUEN, Federico Tonarelli, presidente de la cooperativa, sostiene que “el oficialismo porteño juega a favor de los viejos dueños del hotel. Los Iurcovich fueron socios de la dictadura y hoy del macrismo.” Diferentes fallos judiciales y maniobras de privados han intentado despojar a los trabajadores de su fuente laboral recuperada. Sin embargo, con un canal judicial de diálogo abierto, el apoyo de organizaciones sindicales, empresas recuperadas y parte del arco político a su favor, se espera que antes de finalizar 2012, el Congreso Nacional apruebe el proyecto de expropiación y entrega definitiva del edificio a la Cooperativa. El BAUEN tiene una política de distribución equitativa de salarios, con asambleas participativas y recuperación de puestos de trabajo. La consigna sigue siendo la misma, la de los últimos diez años: “Recuperamos fábricas, las organizamos democráticamente y generamos puestos de trabajo sin patrón”. ◗ 9


Diรกlogo de rock con

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David LEBร“N


Uno de los máximos referentes de la música nacional recuerda su paso por Sui Generis, Pescado Rabioso, Pappo’s Blues y Serú Girán. Además , su relación con las drogas y las nuevas generaciones.

Texto: Miguel Grinberg Fotos: Claudio Herdener

M

e impresionó un comentario que hiciste sobre tu cumpleaños. Mencionaste a Pescado Rabioso, y dijiste que mirando un poco para atrás te daba la sensación de que todo había pasado muy rápido. ¿Lo seguís sintiendo así? Sí. Yo creo que cuando sos joven no te das cuenta, no tenés interés en el tiempo, al contrario, querés que vaya más rápido… mañana, mañana, mañana. Creo que después eso se da vuelta. En realidad, se detiene. A mí me da la impresión de que la gente, a partir de los 50 años, tarda más en envejecer. Algo así como que los jóvenes envejecen más rápido, y a partir de los 50 tardan un poco más en envejecer. Me da esa impresión. Es como si la vida te empezara a gustar más, en todo sentido. En gran medida estamos hablando de la historia de unos cincuenta años, yo te recuerdo aproximadamente de 1972, pero a diferencia de la gente que conocía, que venían de la movida de La Cueva, La Perla y todo eso… vos venías de otra parte. Habías llegado desde el extranjero. Yo había estado en Estados Unidos, vinimos con mi vieja de visita, me gustó y me quedé. Me encantó lo que estaba pasando. Me sentí inmediatamente “acá”. Seamos más específicos. De golpe, ¿qué te pegó? ¿Quién te pegó? ¿Qué cosas te capturaron? Primero me capturaron los olores. Recordé la Argentina. Había estado afuera desde los 8 años, hasta los 15 o 16. Y después, cuando vi a Almendra y Manal, decidí quedarme.

Eso fue en el teatro Coliseo. Sí, por la mañana, en el Beat Baires. Nunca los había escuchado. Había escuchado a otros grupos, pero no me gustaba mucho lo que estaba pasando… hasta que escuché eso que era una maza. No había escuchado a los grupos buenos todavía. Y no sabía donde ir a escucharlos. Se dio que alguien me invitó a ir ahí. Todavía no había existido el B. A. Rock. Ahí le dije a mi vieja, yo me quedo: me quedé con mi hermana. Y después me fui a vivir a la casa de Rinaldo Rafanelli, donde me quedé unos años. ¿De dónde lo sacaste a Rinaldo? Él estaba en Núñez y yo andaba por ese barrio, y un día me enteré de que él sabía mucho de canciones de Beatles, y yo también. Llevamos nuestras propagandas de cada uno y nos encontramos una noche a tocar canciones en una placita, y nos hicimos muy amigos. Me encantó. Y a pesar de que estábamos en bandas distintas… yo apenas llegué me había colocado en una banda que ensayaba en la esquina donde ensayaba la de Rinaldo. Era impresionante. Y después con el tiempo de estar viviendo juntos, nos juntamos para hacer una banda. ¿Y cómo fue tu paso a Pappo’s Blues? Eso sucedió después. Nos enteramos de que había un lugar llamado Manzana donde se podía tocar, y donde tocaban los “grandes” como Pappo, Héctor Starc, Nacho Smilari. Empezamos a ir para ver: vimos que se podía tocar también. Pero no te dejaban tocar así nomás. Había que tener algún “conocido”. Un día viene Starc, que me había escuchado tocar en Belgrano, en una galería. Y me dijo: “Vos quedate al lado mío, que cuando viene el solo de guitarra, te paso la gui-

“No hay más droga como en mi época. Ahora todo viene recortado y lo que llega es veneno.” tarra.” Y pasó eso. Después de lo de la guitarra, Pappo me puso como bajista, y La Pesada me puso como guitarrista de la banda. Así que esa noche conseguí “tarea” inmediatamente. ¿Cuáles fueron los pasos siguientes? Estuviste un tiempo con Edelmiro Molinari, tocando la batería. Cuando se desarma Almendra, y se arman Aquelarre y Pescado (donde estaba Bocón Frascino), Edelmiro arma Color Humano pero no tenía baterista, sólo a Rinaldo como bajista. Como yo vivía con él, Rino le propone “mirá David toca la batería”. Yo tocaba mucho la batería porque fue el primer instrumento que agarré en Estados Unidos. Me pusieron como baterista, y funcionó. Pero no estuve mucho tiempo. A casa venían todos: Emilio del Guercio, Luis Alberto (Spinetta), Pappo, Héctor… nos juntábamos ahí a charlar. Y un día le 11


Diálogo de rock

dije a Luis si podía tocar con él: me dijo que sí. Pero no enseguida, para que no se enojara Edelmiro. Pero al mes entré como bajista de Pescado Rabioso, que fue lo más para mí. La experiencia fue muy divertida, muy de hermandad, con todo lo que significaba en esa época la “banda”… fuimos como hermanos. ¿Vos te sentías en esos momentos como parte de una bola importante? ¿O eso todavía no se manifestaba? Yo no me di cuenta. Más que nada admiraba los sonidos, yo miraba todo como si fuese público. Fue después que me di cuenta de que yo pertenecía a eso. Pero cuando empezamos con Luis a hacer el librito de Pescado 2, me dí cuenta de que él me había abierto la puerta, “estás adentro”, “sos más que parte de la cosa”. Y para mí era tremendo, con todas mis faltas de ortografía. Estoy más que agradecido. ¿Es de ese antecedente con Rino que sale Polifemo? Polifemo sale cuando… Rino se mete con Sui Generis como bajista, dura bastante tiempo en esa banda, y yo de vez en cuando iba como guitarrista invitado. Pero no estaba en el grupo. Pero vos te colabas en todas, tipo “estar a mano para lo que viniese”… Exactamente. Pero en un momento dado se desarma Sui Generis, y con Rino y Juan Rodríguez ya habíamos tocado dos a o tres veces juntos en el cine Ritz donde se daba Woodstock. Como “zapada”. El grupo ni nombre tenía. Hasta que le pusimos Polifemo. El primer simple nos fue muy bien, con “Suéltate” y “Oye Dios”. Ahí la Cosa había tomado cuerpo, en los medios, con la producción discográfica que se había disparado, se grababa mucho, todos los fines de semana se tocaba en algún lado. La Cosa había dejado de ser una aventura. Ya era un “trabajo”. En Carnaval había hasta cinco shows por noche. Era fuerte. Pero yo no lo tomaba como un “trabajo”, me gustaba lo que estaba haciendo. Era algo muy divertido, y encima te pagaban. Y yo no le prestaba mucha atención al dinero. 12

“Le tengo mucha fe a Argentina como lugar de expresión. Hace falta un tiempito nada más.” No lo contaba después de tocar. Era más divertido tocar. Eso vino un poquito después. La parte material se dio fuerte con Serú Girán. ¿Cómo viviste la experiencia Serú Girán? Porque ahí ya se hablaba de “estrellato”. Hay muchos “antes y después”, pero uno de ellos, bien grosso, la música joven en la Argentina se divide en “antes y después de Serú Girán”. Un asunto era la bola pionera “de ojito”, y otra mover multitudes. ¿Como viviste esa experiencia? Tocar en el Ritz en la madrugada no era como tocar con Serú en un estadio. La cosa fue creciendo. Yo sentí que me llamaban justo en el momento justo. Y estaba feliz por eso. Cuando pasaba algo, tuve la suerte de estar en las mejores bandas que hubo. No puedo quejarme de nada. Estoy feliz de esa experiencia. ¿Cómo se dio tu enganche con Charly García? La cuestión ya venía desde Sui Generis. A él yo le gustaba mucho como violero, y él tenía la idea de esa banda en su cabeza. Y primero me llamó a mí: nos fuimos a Buzios, a componer. Y después

cayeron Oscarcito Moro y Pedro Aznar. A Morito lo conocía, pero a Aznar no lo había oído nunca. Me encantó. Al principio me pareció un tipo raro, era un chico que se encerraba en su cuarto, no hablaba mucho, era muy jovencito tal vez, pero tocaba como los dioses. Y estaba muy metido en la banda. Muy metido. Y se armó una cosa muy increíble con cuatro personalidades fuertes, donde los cuatro defendíamos la misma música. Se ensayaba muchísimo, muchas voces. En vivo éramos lo mejorcito que había. Me parece que mejor que en estudios. Ahí sí ya noté que era un trabajo, con horario y un montón de cuestiones. ¿Cómo te sentiste cuando paró Serú Girán? Para mí fue un respiro. Para muchos la separación fue una pena, pero para mí fue un alivio, ya estaba un poquito cansado… Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza, Chile, en el Festival de Río de Janeiro nos fue muy bien, Pedro conoció a Pat Metheny. Más que una separación, fue un “break”, a los diez años la banda se volvió a juntar. Fue una experiencia increíble. Pero en 1992 sentí que quería seguir más como solista. Luis Alberto me dijo “te encargo”. Pues sí, tenés que hacerte cargo de todo. Es una lucha fuerte, tenés que hacer los reportajes, poner la cara en los afiches. Pero siempre tuve la suerte de tener alrededor a gente talentosa. Increíble. ¿Cómo ves el presente y el futuro? Yo le tengo mucha fe a Argentina como lugar de expresión de cosas. Creo que hace falta un tiempito nada más. A los que vienen, les recomendaría –aunque parezca una estupidez decirlo– que no tomen lo que hay hoy, no hay más droga como en mi época. Ahora todo viene recortado, y lo que llega es veneno. Nosotros consumíamos para juntarnos, hablar de música, del mundo. Del átomo, qué se yo. Pero hoy yo veo que los pibes jovencitos, se están matando, y no llegan a probar lo que es el sentir tocar, quedan duros, no se dan cuenta. ◗


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Género

La televisión El 14 de septiembre de 1980 se emitió por primera vez en Brasil el programa radial Viva Maria, que denunciaba las situaciones comprometidas de las mujeres; pero en 1990 fue clausurado por presiones gubernamentales. Ese mismo año, en un encuentro Feminista en la Argentina, se designó el 14 de septiembre como el Día Latinoamericano de la Imagen de la Mujer en los Medios, en solidaridad con Viva Maria. CÍTRICA habló con la coordinadora del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, Myriam Pelazas, para analizar cómo se trata hoy a la mujer en la pantalla y el éter.

texto:

L

Pablo Bruetman

os productores de televisión ejercen, a veces sin darse cuenta y otras intencionalmente, la violencia de género. Las publicidades de desodorantes y de autos aseguran que triunfar en la vida es equivalente a mujeres en topless, las de detergente piensan que solo ellas deben lavar los platos, las de cerveza afirman que hay que ser bien macho para consumir esos productos y las de toallitas femeninas nos convencen de que cuando una mujer menstrúa se transforma en una incapaz. Las telenovelas olvidan las miserias de las empleadas domésticas y los realitys shows Miryam Pelazas abusan del sexismo. 14

SEXISTA

Ante esta situación el Estado responde con el Observatorio de la discriminación en Radio y Televisión, un espacio de cooperación institucional conformado por el AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual), el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) y el Consejo Nacional de las Mujeres (CNM). No se mete con la producción gráfica porque dicha actividad es plenamente privada. En cambio en tele –aunque ni los K ni la Opo lo recuerden– el gobierno de Néstor Kirchner, en 2004, extendió las licencias a los canales de aire. No los vendió. Por lo tanto, pese a los que gritan por una libertad de expresión que nadie sabe cuándo perdieron no lo entiendan, el Estado no puede desentenderse de los contenidos.

Myriam Pelazas, coordinadora del Observatorio, asegura que, para luchar contra la discriminación en los medios es fundamental la sociedad civil: “Se necesitan manifestaciones. Son muy importantes las organizaciones que expresan su inconformismo y difunden nuestros materiales”. ¿Cómo trabaja el Observatorio? Recibimos las denuncias, hacemos informes y nos reunimos con los responsables de los discursos para hacerlos ver. Trabajamos en pos de una comunicación menos sexista pero sabemos que contamos con una televisión que lo es; y de la noche a la mañana no va a desaparecer. A su vez el AFSCA puede implementar multas económicas pero como necesitan de un circuito legal que tarda mucho tiempo, tiene menos efectividad que el trabajo


La mirada de Silvia Marchant

**

Periodista de género

del Observatorio. Si bien no hay una obligación legal de juntarse con nosotros, a excepción de Ideas del Sur, todos vienen. Ese es el trabajo, no es algo inmediato, no es que si alguien se siente mal por mirar esta televisión va a ser reparado. Si una productora como Ideas del Sur no quiere reunirse con el Observatorio ¿qué se puede hacer? No podemos obligar a Ideas del Sur a venir a dialogar, lo único que sirve es decir que no vienen, escracharlos. Igualmente no siempre son los productores los que discriminan, algunos conductores como Pettinato o Lanata se jactan de que los cuestionen, tienen un tonito así como de decir me cago en el Inadi ¿Cómo se desbarranca el concepto de la publicidad que te asegura que sos un triunfador en la vida cuando conseguís que las mujeres te muestren las tetas? La publicidad es uno de los sectores más conservadores de la sociedad. En los institutos te dicen “no estamos de acuerdo con que la publicidad de detergentes sea para mujeres porque yo lavo mis platos, pero el anunciante quiere eso”. Nuestra acción es efectiva. Cada vez tenemos más vínculo con la asociación de publicistas y cuando les hacemos capacitaciones notamos que

no tienen en sus escuelas materias con perspectiva de género, y eso se nota. No piensan que quieren ser sexistas sino que lo hacen directamente. A veces lo tienen incorporado y lo ignoran. ¿Hubo este año un cambio en la agenda de los medios, que empezaron a incluir más fuertemente el tema de la violencia de género? Página/12 siempre se interesó. Ahora el tema está en tapa en Clarín porque detrás de eso está la falencia del Estado Nacional en relación a estos temas. Es una utilización política. Igualmente a mí me interesa que esté en tapa y que se plantee si desde el Estado se puede hacer algo más. Hay ahora como un furor, que como todo en algún momento no va a tener tanta presencia. ¿Los medios de comunicación tratan de la misma manera la violencia de género en las distintas clases sociales? En el Observatorio tenemos planificado realizar en breve un monitoreo de ese tema. La discriminación atraviesa las clases sociales. Eso sin duda. Uno de los últimos estudios del Observatorio es sobre el tema de la invisibilización de las empleadas domésticas y su estereotipación en los medios. No puedo creer que todos sostengamos esa discrimina-

El poder que ejercen los medios promueve la conformación de un imaginario social en el que la mujer tiene que ser delgada, no pensante y consumidora para ser joven y bella. La constante repetición ejercida mediante radio y televisión refuerza la vigencia de una estereotipada uniformidad de la belleza donde el ser diferente resulta imperdonable. Por suerte, cada vez más mujeres se animan a ver con mirada crítica y consideran que los mensajes sexistas impiden una construcción más igualitaria y real de nuestra imagen.Haciendo un poco de historia, la iglesia cristiana influyó en la representación de la imagen de la mujer a quien consideró como transportadora del pecado, situación por la que los hombres santos tenían que mantenerse alejados de ella y los hombres corrientes, deberían acercarse a ella con cuidado. Y en la actualidad los medios juegan con la imagen de una virgen-prostituta que se convierte en la forma de representación dada por el mercado de consumo. Hoy, es bueno saberlo, recordarlo y tenerlo presente: Cuando tocan a una nos tocan a todas.

ción, inclusive desde el Estado. En la tele siempre están contentas. O son medio tontitas o son la heroína de las novelas (aunque esto cada vez menos). No hay conflicto social, no luchan por estar mejor en su vida, como mucho pretenden casarse con el galán y salvarse. ◗

Publicidades ** que atrasan varias décadas La mayor polémica este año fue la campaña Presente Perfecto de Fiat Palio. Constaba de tres publicidades machistas. En Cirugía, la peor de todas, una chica le dice a su novio que se va a hacer las “lolas” (encima pacatos) y el chico tras imaginarse lo que podrá hacer con el nuevo “juguete” la abraza. Ahí con el logo de Fiat Palio, Presente Perfecto termina la publicidad. “AFSCA preparaba una sanción pero la sacaron antes”, confía Pelazas. Sin embargo las otras dos publicidades de la campaña se siguen emitiendo sin dificultades. Una de ellas, primer día, repite el mismo esquema: un hombre empieza su trabajo nuevo y la oficina está llena de mujeres con siliconas (aunque la publicidad muestra siliconas dentro de mujeres, utilizando el viejo recurso publicitario de las mujeres como objeto). Ese es el presente perfecto para Fiat Palio. La tercera publicidad de la campaña, Pan-

tuflas es un absurdo intento de feminismo: una mujer que se convirtió en gerenta(aunque el Word, para recordarnos que la violencia de género está en todos partes, ponga la palabra en rojo) llega a la casa y el marido le cocina. Otro Presente Perfecto. Pero en este caso para una mujer. Sin embargo la acción de mostrar como la pareja cambia los roles, implícitamente, da entender que lo normal es que el hombre sea gerente(y no la mujer), se ponga las pantuflas y espere tranquilamente la comida que prepara su mujer. Esa situación es parte de una violencia de género. Lamentablemente los movimientos no siempre alcanzan. Pelazas apunta a crear conciencia: “Según un estudio de la Universidad de Quilmes el 90 por ciento de las publicidades son sexistas. Estamos haciendo tareas pensando en los ciudadanos futuros”. Otro de los avisos polémicos del año fue Igua-

lismo de Quilmes que equiparaba al machismo con el feminismo. “Es cierto que no era su intención discriminar. Pero en un país donde se mata prácticamente todos los días a una mujer no igualemos machismo y feminismo porque no es lo mismo, es zarpadísimo. El Observatorio fue y hubo un movimiento de la sociedad civil muy importante. Creo que por eso lo revirtieron”, explica la coordinadora del Observatorio. El tercer caso que analizamos con Myriam Pelazas también corresponde a un anunciante de cerveza. En Todo por un amigo de Schneider , un chico le entregaba a su hermana, como una mercancía, a un amigo. “Fue tan brutal que ellos mismos decidieron sacarla del aire, que ellos no habían querido buscar eso. Nos terminaron dando cierta lástima, la publicidad siguiente fue una botella girando”.

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Ecología

La gente los bautizó “Mosquitos”: no chupan sangre, diseminan agroquímicos.

VUELOS

LETALES Jorge Rulli, autor del libro Pueblos Fumigados, denuncia las muertes y enfermedades que producen los agroquímicos. Texto: Miguel Grinberg

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Diego Paruelo

H

ace cuatro años que el Grupo de Reflexión Rural (GRR), junto al Centro de Protección de la Naturaleza de Santa Fe y otras entidades comunitarias de las provincias de Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos, requieren una revisión total del modelo sojero implantado en el país. ¿En base a qué postulados? Nosotros llevamos una campaña a la que le pusimos de nombre ”Paren de fumigar” cuyo objetivo consiste en modificar el modelo productivo. O sea, el modelo basado en el concepto de agribusiness que implantó las cadenas agroalimentarias del agronegocio en la Argentina, y también el modelo agroexportador de soja transgénica. Se trataba de cambiar el encuadre de la sojización creciente y biotecnológica de la Argentina. Para impulsar esta campaña comenzamos a viajar. Realmente recorrí todo el país, especialmente las provincias sojeras. Era convocado de diferentes localidades, se hacían reuniones, hacíamos prensa y radio. Y tratamos de que la gente vinculara las enfermedades que sufría, con las fumigaciones. Por donde anduvimos, se nota muy claramente que la gente empezó a relacionar y a sacar consecuencias y a elaborar ideas. En especial en la provincia de Buenos Aires, donde hay leyes específicas que prohíben que los aviones fumigadores se laven dentro del pueblo, que circulen por el pueblo, aún limpios, si no tienen un certificado municipal. Y también prohíben que esos aviones crucen por arriba del pueblo, inclusive cuando están con los tanques vacíos. Bueno, esto no se cumple en absoluto. Incluso hay provincias que tienen leyes sobre hasta qué cercanía del pueblo se puede fumigar: eso tampoco se cumple. Ya no se trataría sólo de un tema de seguridad ambiental sino que también habría un trasfondo político, ¿verdad? Efectivamente. A propósito de estas reuniones que nosotros conducíamos con la gente, y sobre todo con las víctimas y sus familiares, surgía inevitablemente una reflexión política acerca del valor de la ley, de los problemas

del poder, de los problemas de quienes deciden, de cómo las promesas preelectorales luego se olvidan, y rigen los modelos económicos y las razones económicas… Esto fue muy agotador, pero muy interesante. En algún momento soñamos con organizar una especie de movimiento de pueblos fumigados que es lo que da el título al libro que publicamos el año pasado gracias a la Editorial del Nuevo Extremo. ¿Han tratado de llegar a las máximas autoridades del país? Esta campaña la culminamos con una gran marcha en la ciudad de San Lorenzo que es el punto más débil del embudo por donde se van todas

“No imaginábamos lo que íbamos a encontrar, o sea, la cantidad de niños deformes, de gente discapacitada y de muertos por cáncer.” las riquezas argentinas, o en este caso la maldición argentina, que es la soja. También se va buena parte de los lodos que provienen de la minería por cianurización. Es San Lorenzo y los puertos vecinos a la ciudad de Rosario. Esa marcha contó con el respaldo de la Unión de Asambleas y de muchos otros grupos que se sumaron, y fue un gran broche para esa campaña. Luego de esa marcha lo que hicimos fue presentarnos ante las autoridades y entregar este informe. En primer lugar a la presidente de la República con una carta personal donde yo le rogaba que prestara atención al informe, que lo leyera, porque tenía la certeza de que en diez o veinte años muchas de las situaciones que nosotros estábamos develando ahora iban a ser objeto de tribunales por crímenes de lesa humanidad, semejantes a los que estamos viviendo ahora con los genocidas de la dictadura. Hasta donde

Jorge Eduardo Rulli: ecologista, escritor y veterano imaginador de comunidades solidarias.

sabemos, el tema quedó en manos de Homero Bibiloni, ahora ex Secretario de Medio Ambiente. ¿Qué siente un ecologista cuando se topa con un panorama así? A propósito de ello, le diría también que cuando pusimos en marcha la campaña nosotros mismos no imaginábamos lo que íbamos a encontrar, o sea, la cantidad de niños deformes y de gente discapacitada que habíamos encontrado, la cantidad de muertos por cáncer, incontables, que la gente nos trasmitía como una experiencia directa de cada pueblo que visitábamos. Inclusive algunos pueblos pequeños, como Libaros (Entre Ríos) de 80 a 90 habitantes, donde todos están enfermos, dicho por el médico, por el farmacéutico, en situaciones desgarradoras. Todos tienen alergias, problemas oculares. Nos indicaron que los daños, que no son “impactos”, porque el “impacto” le quita sentimiento, direccionalidad. En realidad era la consecuencia que podría haber sido prevista, de un modelo que se aplicó impiadosamente. Estas consecuencias superaban todo lo que nosotros habíamos podido imaginar, todo lo que habíamos previsto. A tal punto, que yo a finales del 2008 tuve serios problemas de depresión, y debí abandonar durante muchos meses, sino la campaña, al menos los viajes al interior, porque me destrozaban las experiencias. ¿Cómo pueden acceder a mayores datos quienes se preocupan por estas temáticas? Hay algunas películas que colgamos en nuestra página (http://www.grr. org.ar/), sobre todo una de la pequeña María Carla, nacida con hidrocefalia y parálisis (mielomeningocele). Una chica inteligentísima, bella, que hablaba como si no tuviese nada porque a los 9 ó 10 años vive con pañales porque no 17


Ecología

Pueblos

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“Gran parte de la soja de la Argentina, la exportarían como soja de los países vecinos, sin pagar las retenciones y el impuesto IVA que se paga aquí.”

Fumigados A

fines de agosto de 2011 se realizó en la Universidad Nacional de Córdoba (UnC) el primer Encuentro Nacional de Médicos de Pueblos Fumigados. Allí, profesionales de la salud de las provincias de Santa Fe, Chaco, Misiones y Córdoba ofrecieron un inventario de enfermedades causadas por el uso de productos agrotóxicos, o sea, variados plaguicidas y el herbicida glifosato. En particular, cánceres y otros males severos detectados hoy con mucha frecuencia, como abortos espontáneos, trastornos de fertilidad y nacimiento de hijos con malformaciones congénitas de índices muy elevados. Sostuvieron que “los trastornos respiratorios, endocrinos, hematológicos, neurológicos y psíquicos son ahora mucho más frecuentes en las poblaciones sistemáticamente fumigadas. Fumigadas porque comparten el mismo espacio geográfico que los cultivos agroindustriales y transgénicos que actualmente se explotan”. El pediatra Rodolfo Páramo presentó sus hallazgos en Malabrigo, al norte de la provincia de Santa Fe y resumió los problemas respiratorios y de piel que presenta la población de esa región. El vínculo entre el cáncer y los insumos químicos fue descrito por Coni Fita, directora del Registro de Tumores de Córdoba; Analía Otaño, integrante de la Red Salud Popular y delegada del Ministerio

controla esfínteres. Y vive atada a sus bastones, a sus muletas. En Larroque, un pueblo de Entre Ríos. El intendente es sojero. Y su mezquindad, apenas le da una pensión municipal, que no va más allá de los 800 pesos. Y así lava su conciencia. Cuando realmente los sojeros están amasando fortunas. Y todo esto es muy terrible de verificar. Junto a este costado doloroso, que es la crucifixión de una parte importante de nuestra población que está sometida a las zonas de sojización, nos encontramos con una riqueza tremenda, exponencial, que se multiplica de una manera desmesurada. ¿Podría dar ejemplos de estas circunstancias? Hallamos que la mayor parte de los sojeros aprovecharon la crisis del campo, 18

de Salud de la Nación en el Chaco; y María del Pilar Díaz, directora de Epidemiología Ambiental del Cáncer de la UnC. Gladys Trombotto, genetista en la Maternidad Nacional, brindó datos específicos sobre el aumento de malformaciones por la utilización de insecticidas: sostuvo que de 700.000 niños que nacen en Argentina, 21.000 tienen malformaciones. Añadió que a nivel provincial, no hay vigilancia epidemiológica en barrios como Ituzaingó y Montecristo. Agregó que en Córdoba y Santa Fe se utilizan anualmente más de 160 millones de litros de agrotóxicos, con efectos como pubertad anticipada, diabetes, daño renal hepático e intestinal. Por su parte, Hugo Gómez Demaio, Jefe del servicio de Pediatría de Posadas, Misiones, cuestionó a los productores de soja, e incluyó otros productos químicos letales vinculados a la actividad agropecuaria.

que supuestamente ellos mismos impulsaron, y la acomodaron para mantener las exportaciones cuando los caminos no estaban cortados, trayendo soja de Paraguay, de Brasil y de Santa Cruz de la Sierra, y aprovechando ese momento de la crisis para extenderse a los países vecinos del Cono Sur, con lo cual ahora los principales sojeros tienen campos de un lado y del otro del río Uruguay. Y gran parte de la soja de la Argentina, según se dice, la exportarían como soja de los países vecinos, sin pagar las retenciones y el impuesto IVA que se paga aquí. Entonces allí la manera de enriquecerse es realmente desmesurada. Esto lo denuncié en una radio uruguaya y toda la gente presente se reía. Pregunté el motivo. Yo había planteado si el presidente Mu-

jica lo sabría. Se reían porque me dijeron: “Rulli, aquí todo el mundo lo sabe.” Antes, Nueva Palmira era un puerto de yates, ahora es un puerto internacional. Y lo que todo el mundo sabe es que todo lo que sale por ahí es soja argentina que en vez de pagar el 35% de retenciones, el 35% de IVA y el 10% por ser blanqueada, paga sólo el 10% al gobierno uruguayo. Basta acceder por Internet al sitio de la zona franca de Nueva Palmira, para leer que oficialmente la soja lidera sus exportaciones. Asimismo, la página del Grupo de Reflexión Rural ofrece una gran variedad de documentos y testimonios filmados sobre lo aquí conversado. En la otra punta de una candente polémica científica, tiempo atrás un matutino porteño entrevistó al doctor Keith Solomon, director del centro de toxicología de la Universidad de Guelph (Canadá), bajo el título “El glifosato no genera riesgos para la salud”. Ese especialista descalificó como “irreales” a los técnicos argentinos del Conicet que sostienen lo contrario y por extensión a los pediatras que han denunciado al herbicida durante el primer Encuentro Nacional de Médicos de Pueblos Fumigados (véase recuadro). Otros científicos canadienses y franceses, entre ellos el biólogo Rick Relyea de la Universidad de Pittsburg (EE.UU.) y el doctor GillesEric Seralini de la Universidad de Caen en Francia, han verificado serios impactos del glifosato (cuya fórmula comercial incluye una docena de agentes químicos complementarios) en los anfibios y en la placenta humana. ◗


Vuelos letales

Fallo

histórico en Córdoba

L

a Cámara 1ª del Crimen de la ciudad de Córdoba ha emitido un fallo histórico por violación de la Ley Nacional de Residuos Peligrosos y la Ley 9164 de Agroquímicos de Córdoba, por fumigaciones con el insecticida organoclorado endosulfán y el herbicida glifosato realizadas entre 2003 y 2008, violando la prohibición de aplicación aérea de tales productos en un radio menor, respectivamente, a 1500 y 500 metros de distancia de asentamientos humanos. La comunidad afectada ha sido un barrio cordobés pobre, Ituzaingó Anexo, donde sus pobladores llevan más de una década denunciando casos de cáncer y malformaciones congénitas, atribuidas al impacto químico de fumigaciones clandestinas. La sentencia consistió en dos condenas y una absolución, y estuvo enfocada en el accionar transgresor

de dos productores rurales de soja y un piloto fumigador. Uno de los ruralistas fue condenado a tres años de prisión de ejecución condicional (su socio no pudo ser inculpado), pero los camaristas condenaron al piloto a tres años, también de ejecución condicional, y una inhabilitación de diez años. Como “regla de conducta”, los condenados deberán cumplir diez horas semanales de trabajo no remunerado en instituciones de bien público. El barrio afectado, de unos 5.000 habitantes, lleva más de una década denunciando serios problemas de salud

La justicia halló culpabilidad pero nadie irá a la cárcel por los delitos.

entre sus miembros, desde iniciativas identificadas como Madres de Ituzaingó y Colectivo Paren de Fumigar. Un estudio presentado en la Cámara demostró que al menos 114 menores residentes en el barrio, de un grupo de 142, tienen agroquímicos en sus cuerpos. Hay otra investigación en marcha sobre el impacto sanitario de las fumigaciones. La vecina Sofía Gatica, por su activismo en defensa de la vida, recibió este año en Estados Unidos el Goldman Environmental Prize, considerado una especie de “Nobel Verde”. Tras el fallo, declaró: “¿Quién nos devuelve la salud de nuestros hijos?”. En Argentina se rocían anualmente entre 200 y 240 millones de litros de glifosato, parte esencial del cultivo de la soja transgénica, iniciado en el país hacia 1996, y que en la actualidad cubre alrededor de 20 millones de hectáreas. ◗

Eco-pioneros E

n nuestro país, un precedente histórico ocurrió en 1983, y tuvo como resultado judicial la prohibición de la venta y el decomiso de todas las existencias de dos herbicidas (matayuyos): el 2,4,5-T y el 2,4-D de trágica historia durante la guerra de Vietnam donde se usaron como armas químicas para defoliar (eliminar) regiones forestadas. La demanda fue presentada por el eminente letrado Dr. Alberto Kattán, junto a los ciudadanos Antonio Brailovsky y Juan Schroeder en el tribunal

del Juez Dr. Mauricio Obarrio, y significó una victoria en lo referido a la defensa de los “intereses difusos”. El Juez señaló que el art. 33 de la Constitución Nacional recuerda un principio fundamental, por el cual se advierte que el pueblo es soberano, de allí que no pueda negársele el derecho de accionar y defender las condiciones de vida, cuando estas se ven amenazadas por hechos que puedan poner en peligro la salud de las personas o el ambiente en que se desempeñan.”

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Brasil 2014 • Río 2016

El lado oscuro del Mundial y los Juegos Olímpicos Organizaciones brasileñas denuncian que unas cien mil personas serán desalojadas ilegalmente con la intención de limpiar el terreno para los megaeventos deportivos.

texto: Germán Alemanni, desde Río de Janeiro

I

nês de Moraes habla y cuando habla su voz tiembla. “Tengo miedo. Dicen que están viniendo, que van a derribar y despejar”. Su casa quedó en medio del camino de las topadoras que están haciendo un tajo en la zona norte de Río de Janeiro para construir la “Transcarioca”, una autopista que unirá el aeropuerto internacional con la futura Villa Olímpica. Nadia Danisi vive con angustia y cansancio desde que su barrio es engullido por las fauces de las máquinas. “No duermo. No tengo cómo hacerlo sabiendo que en cualquier momento llegará la Policía Militar sin autorización ni derecho para tirar abajo lo que es mío”. La preparación del Mundial de fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos 2016 provoca un enorme costo social en Brasil. Ni la sed de gloria que prometen saciar las autoridades ni el derrame de negocios, sobre todo privados, que vienen de la mano de la FIFA y el Comité Olímpico Internacional (COI) logran enmudecer las denuncias de violaciones a los derechos humanos. A falta de números

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oficiales, ONGs y organizaciones sociales estiman que entre 70.000 y 100.000 familias terminarán siendo desalojadas. En la mayoría de los casos, dicen, incumpliendo normativas nacionales e internacionales. Las remociones darán lugar a estadios, autovías, aeropuertos, subterráneos, centros comerciales y comunicacionales. Estas obras, exigidas por la FIFA y el COI, hacen que el contador de inversiones no pare de subir. Según cifras de fines de 2011, sólo el gobierno federal inyectará 13.200 millones dólares en ambos megaeventos. Pero seguramente será mucho más. Un ejemplo: la renovación del Maracaná, estadio que ya había sido modernizado para los Panamericanos 2007, pasó a costar 500 millones de dólares, 50% más que lo previsto, informó hace unos meses la revista Veja. Una situación que, números más números menos, se replica en Fortaleza, Recife, Natal, Salvador, Manaos, Cuiabá, San Pablo, Curitiba, Belo Horizonte, Brasilia y Puerto Alegre, las otras sedes mundialistas.

La ONG Justicia Global denunció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que hubo hostigamientos y desalojos forzosos en favelas y otros varios barrios humildes de Río de Janeiro. “Los más afectados son los habitantes de asentamientos, personas en situación de calle, trabajadoras sexuales e informales, comunidades indígenas y afrodescendientes”, según la socióloga Rosilene Wansetto, secretaria ejecutiva de la red Jubileo Sur/Brasil. La ONU también tomó nota. En un informe que presentó ante la Comisión de Derechos Humanos, la relatora por el Derecho a una Vivienda Adecuada, Raquel Rolnik, sostuvo que los megaeventos “a menudo dan lugar a violaciones generalizadas de los derechos humanos”. Pero no cargó las tintas sólo en el Estado y los privados. “El COI y la FIFA deben evaluar las candidaturas en función del cumplimiento de las normas y garantizar que se seleccione sólo a los que se ajustan a ellas”, advirtió. Justicia Global y otras organizaciones denunciaron que la falta de infor-


AgitProp – Comité Popular Belo Horizonte

“Un globo negro por cada familia removida por la Copa”. Leyenda de una de las actividades contra los desalojos y remociones forzadas. Fue realizada en la comunidad Recanto UFMG, en Belo Horizonte, Minas Gerais.

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Proyecto Puerto Maravilla

Brasil 2014 • Río 2016

Ilustración del Museo del Mañana, que será construido en la zona portuaria de Río de Janeiro, obligando el desplazamiento de varias comunidades.

El “bota-abaixo” carioca Una ciudad nueva para una nueva nación. Río de Janeiro, septiembre de 1922. Aún flota en el aire el polvo de lo que fuera arrabal. Nada que impida recorrer la magnificencia de las avenidas a las que debió dar paso. O sentirse embriagado por el almizcle que exhalan los jardines tropicales de los novísimos palacetes, tan parisinos ellos. Está (casi) todo listo para deleitar al mundo. La Exposición del Centenario de la Independencia brasileña concibe otra cartografía urbana. Una con sed de futuro. Las obras dividen a la opinión pública y la prensa. De la disputa, participan también arquitectos e ingenieros. Salen victoriosos los proyectos más soberbios. No importa la megalomanía con tal de que Río se parezca a Nueva York, a Paris, a Buenos Aires. Ya no tendrán lugar aquellos que malviven a orillas de la Bahía de Guanabara. El centro debe lucir una “nueva cara” y dejar atrás los suburbios anárquicos y sin gracia. Un área de 2.500 metros cuadrados barre con millares de pobladores, la mayoría pobre, la

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mayoría negra, morena, mestiza. La exposición erige 80 palacios y pabellones. Tiempos que alumbran la avenida Río Branco, a cuyo lado se yergue, soberbio, el Teatro Municipal. Surgen también Ipanema, Copacabana y otros barrios del sur, allí donde el Cristo abre sus brazos y el Pan de Azúcar cautiva. Hasta un morro, el Castelo, es dinamitado porque hace de Río “una linda boca con un diente cariado”. Ayer como hoy, el tiempo apremia y el presupuesto se multiplica. Llega el 7, día de la Independencia. Hay polvo en el aire, sí. Hay brindis y festejos. Pero lo que empieza termina. Y cuando el último de los pabellones es desmontado, queda un páramo sin destino claro. Las críticas, que no tardan en llegar, nada dicen de los pobladores que deben rehacer su vida en los nuevos suburbios. Allí donde no llega el aroma de los jardines ni el eco de los aplausos. A este período de transformación radical se lo conoce como “bota-abaixo”, tumbar en español.

mación oficial es caldo de cultivo para presiones y hostigamientos, que mudan a amenazas si la resistencia persiste en el tiempo. Según Clara Silveira, del Movimiento Nacional de Lucha por la Vivienda, algunas autoridades admitieron que “las obras se atrasarán aún más” si son respetados “todos los derechos” de los pobladores. El impacto cultural que provoca la partición de comunidades con hasta 50 años de historia. Trabajadores y estudiantes que son relocalizados a decenas de kilómetros de sus lugares de actividades, con el consiguiente perjuicio temporal y económico. Estas son dos de las consecuencias de los desalojos. Hay más. Acceder a un plan de viviendas puede convertirse en un laberinto sin fin porque buena parte de los damnificados viven en áreas donde el índice de irregularidad catastral llega al 70%. En Río de Janeiro hay un millón de casas en esta situación.


El lado oscuro del Mundial y los Juegos Olímpicos

Las denuncias llegaron a Brasilia. El año pasado, Romario, ex astro futbolístico y actual diputado federal, llegó a comparar la situación con el avance israelí en territorio palestino. “No queremos que esos eventos deportivos signifiquen la precarización de las condiciones de vida de nuestra población. Tampoco podemos admitir que, bajo cualquier pretexto, nuestros ciudadanos sean sorprendidos por excavadoras para destruir sus casas y desalojarlos como sucede en Palestina”. Para Carlos Vainer, profesor del Instituto de Investigación y Planificación Urbana y Regional de la Universidad Federal do Río de Janeiro, “lo que se impuso fue un estado de excepción urbano” con el objetivo de “dar respuestas ágiles para atraer capitales y turistas”. “Es un modelo de tipo empresario, que opera en un mercado internacional de ciudades-empresas, donde compiten diversas urbes entre sí”. Ese “estado de excepción”, opina Marcelo Edmundo, de la Central de Movimientos Populares, “facilita avanzar con proyectos urbanos exclusivos y excluyentes, como la revalorización de espacios públicos que expulsan a sus históricos habitantes, todos ellos pobres y marginados, de manera mucho más expeditiva que en un período histórico normal”. Se trata de un patrón padecido por los habitantes de otros países que or-

Acceder a un plan de viviendas puede convertirse en un laberinto sin fin. ganizaron el Mundial o los Juegos Olímpicos. Y que empieza a aquejar a aquellos que fueron elegidos como futuros anfitriones. Seúl 1988: el 15% de la población sufrió desalojos forzosos y se demolieron 48.000 edificios; Atlanta 1996: 15.000 residentes de clase baja debieron abandonar la ciudad tras dispararse el precio de los alquileres; Beijing 2008: 1,5 millón de personas fueron trasladadas a raíz de una “renovación urbana”; Sudáfrica 2010: 20.000 personas de bajos recursos fueron relocalizadas en barrios precarios de Ciudad del Cabo. Juegos Olímpicos, Mundial de fútbol y un mismo patrón: historias de despojo que se ensañan con los más pobres. Así concluyó un informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que documentó los casos precedentes. Según Rolnik, los “supuestos beneficios económicos (de esos megaeventos) no se distribuyen equitativamente entre la población local. En lugar de ello, parecen exacerbarse las disparidades (sociales) existentes”.

Rolnik, quien además es una prestigiosa urbanista brasileña, destacó que “la importancia que se concede a la creación de una nueva imagen” de las ciudades sede “supone la eliminación de las manifestaciones de pobreza y subdesarrollo” a través de “proyectos que priorizan el embellecimiento urbano antes que las necesidades locales”. Esa lógica, que parece privilegiar los negocios antes que las hazañas deportivas, cobró fuerza a partir del desembarco –en los ’80– del sector privado en la FIFA y el Comité Olímpico Internacional. “Los grandes eventos son un tipo de capital empresario que circula por el mundo”, advirtió Kimberly Schimmel, profesora de Sociología del Deporte de la Universidad de Kent y vicepresidenta de la Asociación Internacional de Sociología del Deporte. Schimmel señaló que “no hay un impacto económico para los habitantes o para la ciudad que recibe un evento como los Juegos Olímpicos. Los beneficios quedan en poder de los patrocinadores y las empresas que construyen emprendimientos próximos a los locales de competición”. El círculo cierra al advertirse, como lo hizo el diario O Globo, que las constructoras inyectaron 132 millones de dólares –al cambio actual– en las campañas de los principales candidatos presidenciales y a gobernador en las elecciones de 2010. Son las mismas corporaciones que se alzaron, también el año pasado, con 428 millones de dólares del Estado por la realización de obras y servicios. Con todo, la ONU reconoce que los Juegos Olímpicos y el Mundial dejan algunos legados positivos. Dijo Rolnik: “las ciudades anfitrionas registran actividades de construcción sin precedentes que se traducen en más empleo y viviendas”, “rehabilitan las redes de tránsito y de transporte públicos, hay mejoras ambientales y un aumento de instalaciones culturales y deportivas”. ◗

Vecinos de Vila Taboinha, reunidos para debatir una posición común en torno a los anuncios de próximos desalojos en el barrio.

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Ensayos

ESTO NO ES

FÚTBOL de primera

La Quebrada. Un partido de la Liga Tilcareña, donde se enfrentan equipos de esa ciudad y pueblos aledaños.

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Dos fotógrafos fueron detrás de las personas que, lejos de los grandes estadios y del negocio multimillonario, todavía disfrutan de jugar a la pelota como lo que es: una pasión nacional. Texto: Agustín Colombo Fotos: Claudio Herdener, Federico Peretti y Alejandro Kirchuk

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uede retratarse un país a través del fútbol? Federico Peretti y Alejandro Kirchuk se hicieron esa pregunta hace algunos años, antes de salir a recorrer y conocer cada rincón de la Argentina con una cámara en sus manos y una necesidad en sus mentes: la de comprobar hasta dónde llega la pasión por la pelota en nuestras tierras. Los resultados, hoy, están a la vista: un documental, el de Peretti, que muestra el lado B de lo que vemos –y nos hacen ver– todos los fines de semana en las canchas de Primera; y un ensayo fotográfico, el de Kirchuk, que refleja como este deporte atraviesa clases sociales, culturales y hasta religiosas. Sentados en la platea de Excursionistas, un club de la Primera C (la cuarta categoría metropolitana), los dos coinciden en que el fútbol –el genuino, el que sale de las calles de los pueblos o de los barrios– es un igualador en todo el país. “Las personas viven realidades muy distintas en Buenos Aires o en otras provincias. Pero en el momento de salir a la cancha, en todos lados se vive la misma emoción, pasión o sentimiento”, indica Kirchuk, autor de la exploración fotográfica ADN Fútbol, becada por el Fondo Nacional de las Artes. La idea no es nueva. Eduardo Sacheri, en su cuento Me van a tener que disculpar –en el que homenajea el gol de Diego a los ingleses– entiende a la cancha como el lugar donde los condenados se toman revancha. Lo escribió así: “No nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, porque estamos solos, porque somos pobres”. Peretti, director de El otro fútbol, pudo comprobar personalmente la prédica de Sacheri cuan-

do conoció los estadios y los clubes de los cuatro extremos de la Argentina: el Norte, la Patagonia, Cuyo y el Litoral. Peretti dice que se dio cuenta de que una cancha también puede ser un espacio de redención. “Cuando fui a presentar la película al penal de Campana, uno de los jugadores de Pioneros, el equipo que integran los presos, me dijo que para él, jugar al fútbol era tener noventa minutos de libertad”, expresa, todavía sorprendido por esa frase que lo sacudió. Y agrega: “En esa hora y media, es verdad, existe una verdadera igualdad entre todos”.

El balón sociológico

Cuando era adolescente, Kirchuk pensaba sus fotos adentro de una cancha. Durante muchos años, el fotógrafo ganador del World Press Photo 2012 –obtuvo el primer premio por una serie de fotografías sobre sus abuelos, la vejez y la enfermedad del Alzheimer– fue mediocampista central en las inferiores de All Boys. Recuperaba y distribuía la pelota hasta que un día se cansó de entrenar y de jugar, y decidió abandonar. En realidad, al fútbol nunca lo aban-

En el sur, los que juegan al fútbol tienen un nivel de locura superior, porque están jugando a cinco grados bajo cero.

El otro fútbol Jueves 20, viernes 21, domingo 23 y lunes 24 de septiembre. Espacio INCAA Km 1173 35MM La Rioja. Catamarca 73. Entrada general $8 - Universitarios y Jubilados $4.

donó del todo. De alguna u otra manera –jugándolo con amigos, como hincha de Boca o ahora como fotógrafo– siempre volvió. “Creo que este trabajo tiene que ver con una decisión de vincular mi profesión con cuestiones más personales, como sucedió con el de mis abuelos”, reconoce. Sorprendido por la adhesión que genera este deporte en ámbitos geográficos y sociales tan disimiles, Kirchuk elaboró un proyecto para fotografiar los aspectos menos conocidos de esta pasión. De La Puna hasta los barrios más caros de Buenos Aires o Rosario, desde Tierra del Fuego hasta Misiones, Kirchuk recorre el país haciendo foco no en el balón, sino en quienes lo patean: el deporte como fenómeno social, como generador de identidad. De ahí el nombre ADN Fútbol. “Es como algo que está en los genes de cada una de las personas de este país”, remarca. En este tiempo que lleva caminando nuestro territorio, Kirchuk advirtió una diferencia notoria entre el Norte y la Patagonia. “En el Norte, vayas por cualquier ruta o camino, siempre te encontrás chicos jugando a la pelota. Es muy fácil toparse con el fútbol –cuenta el fotógrafo–. En el Sur, en cambio, es más difícil. Pero los que lo practican quizás son tipos que tienen un nivel de locura superior, porque están jugando con cinco grados bajo cero. Estas personas son realmente a las que quiero llegar. Al tipo que simplemente quiere jugar y eso es lo único que le importa en ese momento”. Kirchuk destaca la emoción que genera y le generó ver jugar a Los Murciélagos, el seudónimo que tiene la selección argentina de fútbol para ciegos. En ese ejemplo, otra vez el carácter 25


igualador de la pelota se hace presente: “Por más de que los tipos no ven, es como si vieran. Y viven el partido de la misma manera que cualquiera”, remarca sorprendido.

Un fútbol romántico

A Peretti, la realización de El otro fútbol le llevó tres años, 305 horas de grabación y 140 partidos de trabajo. “Me encontré con un mundo que no conocía. Yo creía que el espíritu amateur no existía más, que era algo ilusorio que había quedado de décadas pasadas, pero me di cuenta de que pervive en muchos lugares del país”, enfatiza. En la película hay espacio, justamente, para esa reivindicación: la que llevan a cabo los integrantes de un fútbol muchas veces oculto, eclipsado por el juego convertido en espectáculo y negocio que la televisión nos ofrece todos los fines de semana. Filmando, Peretti encontró lo que él mismo creía perdido: futbolistas que van a jugar en micros escolares alquilados, árbitros que en la semana son taxistas, jugadores con diversos oficios –el capitán de Kimberley de Mar del Plata, Carlos Gabutti, es colectivero de una línea en el turno noche–, dirigentes que destinan su aguinaldo para comprar un juego de camisetas, relatores que se emocionan hasta las lágrimas

por el triunfo de sus equipos o la épica de ser el único en la tribuna en un día de lluvia y frío. Sucesos reales que tranquilamente podrían haber salido de algún cuento del Negro Fontanarrosa. “En todos los clubes, por más que sean muy chiquitos, tenés barrabravas, pero como no hay nada para llevarse, los barras llevan una lata de

En La Quiaca las canchas son un desastre. La pelota pica para cualquier lado pero nadie se queja: todos van tranquilos porque su carácter es así.

Alejandro Kirchuk y Federico Peretti.

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pintura para pintar los escalones de la tribuna”, cuenta y se ríe Peretti. Para el director, la mayoría de los clubes que aparecen en la película cumplen una función netamente social. “En pueblitos de 1.500 habitantes hay un solo equipo, y además de un ciber y un bar, sólo está la cancha de fútbol. Y el fin de semana, lo único que hay para hacer es ir a ver el partido. Entonces ahí es donde se juntan los familiares y los amigos”, describe. Después de meses y años viajando por el país, ¿pudieron entender la Argentina a través del fútbol? FP: Me parece que sí. Con el chico con el que hice la película decíamos, cada vez que llegábamos a un lugar, que se juega como se vive. En Corrientes y en Chaco, por ejemplo, se juega con mucha sangre, y eso hace que a veces se reparta alguna patada de más. Y por ejemplo vas a La Quiaca y ves una cancha que es un desastre, pica para cualquier lado, pero nadie se queja: todos van tranquilos porque su carácter es así. En Ushuaia, la mayoría de las personas que juega al fútbol no es de allí: son gente de otras provincias que encuentran en el fútbol una unidad y un modo de adaptarse a la ciudad. Y en Chilecito hay una pasión tremenda. Estuve en un partido en el que había cincuenta personas en una tribuna y 45 bengalas. AK: No tanto en ámbitos profesionalizados, pero en el fútbol amateur y en torneos de amigos, yo pude ver como muchas veces la gente se transforma. Es algo que ha usado la publicidad varias veces y es estrictamente cierto. El abogado o el maestro de la escuela, que durante la semana actúa de una manera, pero cuando juega a la pelota se saca. Muchas veces, la sociedad es violenta y el fútbol también. ◗


La primera vez de...

morales VÍCTOR HUGO

Actores, periodistas, escritores, músicos y otros referentes de la cultura nos cuentan sus inicios en el oficio. En este número el relator del gol de Maradona a los ingleses comparte con los lectores de CÍTRICA su debut en una cabina, junto al maestro Dante Panzeri. Texto: Diego Pintos Foto: Claudio Herdener

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o parece que este periodista, relator deportivo, locutor, conductor y escritor, nacido el 26 de diciembre de 1947 en Cardona, Uruguay, y que no duda ni un segundo a la hora de defender las ideas que le parecen justas, le tenga miedo a los debuts, a las primeras veces. Pero él dice que sí y habrá que creerle entonces, porque Victor Hugo no se traiciona cuando habla. “Yo soy una persona que se asusta mucho frente a los desafíos. Todo lo nuevo me provoca una gran angustia. Mucho miedo a defraudar, una necesidad tremenda de que el debut pase, y a la vez la conciencia de que no tengo más remedio que enfrentarlo, y por eso lo hago”, confiesa Víctor Hugo. “Es como ir al dentista”, agrega sobre el temor que le producen las novedades laborales, y explica la comparación: “Si uno va al dentista y tiene algún temor como teníamos antes, cuando era muchacho sobretodo, y suponiendo que la cita era a las tres de la tarde, uno se decía: bueno, a las cuatro voy a estar saliendo. Y esa hora iba a llegar, porque al fin y al cabo todo llega y pasa. Entonces, de esa misma manera trato de afrontar las responsabilidades que a veces me achican”. Con todo el miedo que le producen los estrenos, su carrera en los medios lo obligó a debutar muchas veces en distintas épocas y en distintos formatos.

La primera vez de sus primeras veces fue como locutor en Radio Colonia cuando tenía 16 años: “En esa misma tarde conocí a los dueños de la radio que me dieron trabajo ese mismo día, un 20 de abril. Y a las seis de la tarde de aquel día leí un aviso de Las cuartetas, la pizzería de Buenos Aires. Estaba muy nervioso, tuve que leerlo de pie, medio agachado e inclinado sobre el micrófono porque no había asiento para mí” Pero la primera vez que Víctor Hugo pudo desplegar todo su repertorio –único para el relato– fue tres años después en esa misma radio, en la transmisión de un partido entre la selección juvenil argentina que dirigía Miguel Ignomiriello frente a Nacional de Montevideo, en el estadio de Independiente de Avellaneda. “De las sen-

saciones que tuve aquella vez recuerdo un enorme miedo, temor, pánico. Pensaba que me iba a quedar disfónico. Me acuerdo que había una suerte de spray que uno se lo ponía en las cuerdas vocales, que me lo pasaba y no tenía un rico gusto. Todo era porque quería sentirme bien, estaba preocupadísimo”. Víctor Hugo tuvo miedo en aquel entonces. Pero a su lado, para comentar ese partido insignificante, estaba el gran maestro del periodismo deportivo Dante Panzeri, y el relator sabía que con semejante monstruo cerca, su carrera se iniciaría de la mejor manera. Aunque parezca imposible, hubo un tercer debut para el relator uruguayo: la primera vez que relató en la Argentina y gritó un gol de Diego Armando Maradona. Fue la calurosísima tarde del domingo 22 de febrero de 1981 en plena dictadura militar, en el partido en el que el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos debutó en Boca Juniors. “Tenía unos nervios tremendos”, rememora el relator. El árbitro marcó penal para Boca y Diego se hizo cargo. Cuando pateó la pelota, a Víctor Hugo se le ocurrió una frase que aún hoy celebra: “La soltó como una lágrima”. Muchos años después el mismo Maradona se emocionaría al escuchar ese relato en un programa de televisión, y lo halagaría como la mejor narración de un penal convertido que alguna vez alguien haya escuchado. ◗ 27


La historia que no conocemos

CUANDO LA casa

ERA UNA SOLA Texto: Marcelo Nieto

En lo que hoy es el Chaco, ayer convivían decenas de naciones indígenas que sentían a la naturaleza como el hogar común. La invasión del europeo y la gloriosa resistencia de los guayqurú.

L

os oaécacalot, aguilot, ntocóvit; riicagé, yapitalagá, guatiligualá, socotonio, vilela; teuta, mataguayo, querandí, mepene, payaguá, colastiné, coñameé, mbayá, majoma, chunupí, isistiné, calche… eran unos y solo algunos de los pueblos que habitaron el Chaco antiguo, tierra enigmática y postreramente ocupada por el blanco, quien a través de su realismo salvaje le concedió epítetos como “el sepulcro de los misioneros”. Lean lo que cuenta la crónica sobre los misioneros Osorio y Ripario: “No faltó quien advirtiese á éstos del peligro en que se hallaban; pero quisieron, antes que huir, esperar con valor el martirio. Llegó la noche, y los bárbaros quitaron á los misioneros violentamente el equipaje que les servía de cama y el altar portátil; los Padres, viendo cercana su última hora, se pusieron á orar y mutuamente se animaban. Cuando invocaban el nombre de Jesús, fueron asaeteados por los indios, quienes con golpes de macana los derribaron al sue-

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✽ (izq.) Indios matacos. Un cacique y su hija. ✽ (der.) Los indios chaqueños se defendieron con sus armas del conquistador europeo.

lo; después les cortaron la cabeza en señal de triunfo. Algunos afirman que el no devorar la carne de los cadáveres fué por ser éstos muy flacos, efecto del prolongado ayuno…”.(1)

Una forma de ser

El Chaco Gualamba fue un corazón autoabastecido, entre las lindes del Inca y el reino guaraní. Tierra -Pasaje donde se cruzaban y concertaban decenas de naciones indígenas. Vivían en una movilidad permanente que hacía agua los primarios mapas trazados por el blanco. Si bien los tonocoté de taparrabos de plumas de avestruz, con su avanzado estadio

Los bravos lules comían carne humana “como si fuera confitura.”

agrícola, tenían chacras opulentas sobre las costas del Bermejo, por otro lado, estaban los bravos lules, que comían carne humana “como si fuera confitura”. Si unos iban desnudos con la lanza como único vestido, otros placían de telas bordadas y collares adquiridos de los incas. Si unos tenían ranchos de barro y paja, los otros, utilizaban cobertizos de esteras de junco transportables. “Ciudades portátiles”, grafica el jesuita José Cardiel. Nómades por la abundancia, pernoctaban en la ceja de los bosques abastecedores; cuando la caza mermaba levantaban bártulos, arrollaban casas y en una caravana alegre y humeante (iban cuidando el tizón, la fuente de energía) buscaban nuevo asentamiento. Pero los unos y los otros, tenían en común por gran casa, la naturaleza cambiante y pródiga. Cuando entraba al monte el indio pedía permiso –no era un cazador, sino proveedor del grupo-, para extraer la chorreante miel de los mil panales al alcance, para seguir la huella de un jabalí; en campo abierto, camuflado de

matorral, persistía por horas, inmóvil hasta que el animal esté lo suficientemente confiado y cercano al acierto de la flecha. La lanza la usaba para pescar o para matar un yacaré y se convirtió en atributo del jinete, cuando hizo suyo al caballo (con tal entendimiento que al potrillo lo sumergía en la laguna y allí lo montaba para domarlo, y tal respeto que, ante el enfrentamiento bélico, los caballeros bajaban del animal para pelear, émulos de Homero). El arco, era arma magnífica de tamaño humano que acertaba las aves del cielo o el cuerpo del enemigo a quien remataba con macana –maza de madera de poder terrible-. Nadie era considerado guerrero antes de matar alguno, sin esto, no se le daban las insignias de soldado. El abipón coleccionaba los cráneos de sus víctimas. Tras el encuentro bélico, oculto en el monte, se dedicaba con arte a despellejar la cabeza del vencido; la piel de la cara convertía en careta que usaba a veces, así como un cráneo destinaba a copa en las borracheras de aloja. 29


La historia que no conocemos

Guerrero mataco.

Las pertenencias del indio eran mínimas. Interioricémonos de lo que llevaba en su morral: “…Hemos hecho referencia á la historia personal que cada indio lleva en su yisca (*) y que es un conjunto de objetos que le recuerdan los hechos más culminantes de su vida. Registrando una vez una de estas historias encontramos allí restos de cenizas, puntas de flechas y fragmentos de cota ensangrentadas; escamas de peces, plumas de aves, hojas vegetales secas, guedejas de cabello, cascabeles de crótalos, etc. Interrogamos al propietario sobre todo aquello, pidiéndole nos descifrara el complejo enigma. El indio meditó un instante y luego colocó ante él, en línea, todas aquellas chucherías. Un instante después nos refirió de corrido, sin emoción aparente, los sucesos que cada objeto rememoraba. Para nosotros aquellos chismes eran griego puro; para él un libro que leía de corrido; libro a veces trivial y otras lleno de páginas palpitantes y aún hermosas; peligros, hambrunas, amoríos, asesinatos, todo estaba allí riente o sombrío, condensando en pequeño la historia de una raza en una penosa sucesión de siglos incontables”(2). El cacique no era un cargo hereditario, y el más bravo solía serlo. El poder del hechicero en la tribu, decisivo; la maldición del brujo era temible. La mujer se encargaba de la belleza del marido (el matrimonio podía divorciarse) depilándole las cejas y pestañas, peinándolo con la cola de un oso hormiguero ¿Y cómo eran esas mujeres? Aquí una postal que las referencia: “Con frecuencia un centenar de mujeres 30

recorre en grupo los campos más lejanos en busca de distintos frutos, raíces, fibras para extraer colores u otros materiales útiles. Aunque a veces tardan cuatro u ocho días en regresar del campo, no aceptan a ningún varón como compañero de viaje, ya sea para ayudarlas en los trabajos, vigilar los caballos o ponerlas a salvo cuanto se enfrentan con el enemigo o con las fieras. No recuerdo a ninguna mujer cuya muerte fuera provocada por un tigre o por mordeduras de víboras; sin embargo conocí a numerosos abipones que dejaron de existir por ambas causas”(3).

Historia

Un día llegaron los hombres de hierro con sus “casas flotantes y truenos espantosos”. Los primeros avistajes y encuentros entre el europeo y el indio, desde la banda del Paraná, fueron infaustos. Hostilidad espontánea u hospitalidad con engaños que llevaban a la hambruna en los barcos y la masacre en tierra. “La otra banda” fue por siglos, mundo impenetrable. Por el oeste hubo mejor suerte. El gobernador Matorras se internó por el Bermejo y con el cacique Paikyn, el caporal del Chaco (la crónica del encuentro describe la corte espléndida con que se presentó Paykín al español), sellaron paz y alianza que lamentablemente duró los años de vida de los firmantes. El Caporal exigió para su gente: “con ningún motivo ni pretexto han des ser tratado por los españoles con el ignominioso nombre de esclavos,

ellos, sus hijos ni sucesores, ni a servir en esa clase sin a ser dados en encomienda; mantener sin enajenar a otros los fértiles campos en que se hallan establecidos…”. Por el mismo río, sucesivamente, exploradores, militares, misioneros, aventureros, geógrafos, colonizadores fueron aventurándose y anotando la otredad del Chaco Gualamba. Una ciudad nació en territorio del actual Chaco, en 1585, que fue en su corta vida la más rica, con 200 telares en funcionamiento. Esta Concepción del Bermejo floreció a expensas de dos pueblos- encomiendas, los matalá y los guacalá, de 200 mil almas. Fue la posta ideal entre el Tucumán y Asunción. Finalmente, la sociedad devino abuso y esclavismo y los indios se levantaron enfurecidos, quemaron la ciudad, mataron a los amos apiñados en la iglesia, aunque dejaron huir por los montes rumbo a Corrientes, a la caravana cadavérica que logró escapar. Con la llegada del blanco y su desborde, los pueblos indios en una diáspora trémula se diluyeron o fusionaron. Un Chaco prehistórico desapa-


Cuando la casa era una sola

Por más de un siglo y medio, para entrar en el Chaco, fue preciso combatir o negociar con los guaycurú.

reció, para dar preeminencia al Guaycurú, pueblo que adquirió conciencia de identidad, forjó el inconsciente colectivo “Chacú” y se puso al frente de la defensa de la tierra. Por más de un siglo y medio, para entrar en el Chaco, fue preciso combatir o negociar con los guaycurú. Las campañas militares de finales del XIX llegaron para apoderarse materialmente del territorio, en nombre del progreso y la civilización. Y la superioridad tecnológica fue determinante. Napoleón Uriburu, con la orden de someter a los indios y buscar el camino que uniera Salta con Corrientes dio el puntapié y la campaña del general Victorica que avanzó arrolladora estableciendo colonias militarizadas con indígenas sometidos, coronó el triunfo blanco.

Dejavù

El siglo XX convirtió al indio en mano de obra barata, peón, hachero de obraje o cosechero y cuando pretendió emanciparse de altas injusticias, fue aniquilado, como sucedió en 1924, con la masacre de Napalpí. Pero pospongamos para otro capítulo el pasado reciente y angustiante del indio chaqueño. Dejemos congelada la imagen en los días de la epopeya. Traigamos a la vida aquel indio, que indolente vaga por la llanura, sigiloso, cuidando de no apoyar el pie sobre una yarará; ojos auscultadores de los muchos potenciales enemigos; su olfato también colabora y su instinto, infalible. Libre, casi desnudo anda y con la lanza prolongada en su mano.

Entrada a una choza chunupi.

Evita la costa de un río plagado de cuevas de tigres. Descansa al borde de una laguna lujuriosa. Entra al monte tras el venado herido por la flecha. Y vuelve a la toldería con el rico botín. En días de paz, martiriza su rostro para embellecerlo, con tatuajes hechos

con espina de palometa. Con disimulo sigue a la novia al monte (la joven es quien lo ha elegido como esposo ratificado tras un juego de días sucesivos, de copiarse las mismas figuras o colores en la cara), entre las lianas y los quebrachos ciclópeos hacen el amor y cuando regresan a la toldería ya han formalizado matrimonio. Si se avecina la batalla, el guerrero innato se pinta de rojo y negro –señal de holocausto- y danza con los demás imitando los movimientos del yaguareté, para adquirir su fiereza. “El cuerpo es nada para él, lo expone a cada paso que da y pierde la vida en cualquier instante, con sentimiento, cuando se encuentra libre y absoluto en sus campos, con gusto…”, acierta el comandante Luis Fontana. ¿Quién le niega la libertad de su alma? La libertad es su culto, el viento es su dios. ◗

(1) Nicolás del Techo, Cartas anuas de la Provincia del Paraguay Compañía de Jesús (2) Amadeo Baldrich, Las comarcas vírgenes (3) Martín Dobrizhoffer, Historia de los Abipones (*) bolsa

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Nota de tapa

Estela Fotos: Claudio Herdener

EL CAMINO DEL DOLOR A LA JUSTICIA

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En una charla íntima, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo nos cuenta cómo se busca un nieto desaparecido. texto:

E

Redacción Cítrica

l inicio es tan siniestro que no cree que perdure en el tiempo. Cree que pronto todo volverá a la normalidad. Ahí empieza a ser abuela. Ahí, cuando el nieto se pierde. Ahí, cuando con todo el dolor y el amor del mundo, no tiene otra alternativa que salir a buscarlo. Con inocencia cree que regresará, pero pasa el tiempo y no vuelve. Ahí está Estela ahora. Misteriosamente sentada. Engañando. A sus 81 años, esta docente que se convirtió en maestra recién cuando le tocó la desgracia de perder a un nieto, no deja de caminar ni un solo segundo. Porque si, como dijo el cineasta Fernando Birri, la utopía sirve para caminar; entonces, a la utopía se llega caminando. Por eso Estela camina junto a otras Abuelas en la búsqueda de su utopía: “Esto lo hacemos ya hace 35 años; aprendimos a hacerlo. Es algo muy duro, muy triste, pero lo hacemos con mucha fuerza. Donde hay amor y hay voluntad, las mujeres no podemos olvidar absolutamente nada. Los miedos se guardaron y seguimos inventando cosas para encontrar a nuestros nietos”. Estela camina al encuentro. Viaja, atesora, recuerda. Todo para Guido, su nieto. Para el día con el que sueña. Le

guarda cosas de su derrotero de treinta y cinco años buscándolo. Cajas con botones, documentos de seminarios, recuerdos de congresos, camisetas de fútbol que le regalan de los países que la invitan. Conserva todo eso en una caja con fotos de su familia. Todo lo que Guido necesitará conocer. En Abuelas, todos los nietos tienen una caja esperándolos, con recuerdos de sus familias. “Es un archivo biográfico familiar, filmaciones y fotos de todo lo posible. De la mamá y el papá del nieto. Grabaciones de los abuelos, de los vecinos, de los amigos de la infancia y militancia. Para que cuenten cómo eran sus padres”, explica Estela. A Guido, al igual que a todos los nietos que aún no han recuperado su identidad, esa caja lo está esperando. Y Estela camina con ilusión –como es la única forma de caminar– hacia ese día. Porque cree que llegará: “Yo sé que no me va a vencer el pesimismo, al contrario, soy optimista. Si se han resuelto ciento seis casos, ¿por qué no se va a poder resolver el mío? Y hago todo lo que puedo porque tengo… tengo confianza, y ojalá que me dé la vida para poder abrazarlo y contarle algunas cosas”, dice Estela llorando y haciendo llorar.

La rutina de Estela Siempre la vemos caminando. Dando entrevistas. Luchando. Pero también es madre y abuela. Docente y jubilada. Y éste es su día típico: “Me levanto temprano. Vivo sola en La Plata, en una casita sencillita, me organizo para tomar unos mates, arreglar las cosas domésticas, leer un poquito el diario y ponerme a trabajar con algunos papeles de la institución que a veces me quedan pendientes y luego emprendo el viaje a Buenos Aires. Llego a eso de las once y a partir de ahí empieza la rutina, que puede ser variadísima, con cosas para hacer adentro de la institución, entrevistas, conferencias, nietos que vienen a visitarnos. Se habla de muchos temas que son inherentes a la vida de nuestro país, del cual somos parte, queremos ayudar en otros casos de violaciones de los derechos de la infancia, las mujeres, la salud y la vivienda. Es parte de nuestro apoyo. A veces, llego a la una de la mañana a mi casa. Otras –y es lo que procuro casi todos los días– llego a las ocho y media, y puedo –ya cansada porque tengo ochenta años– cenar y mirar 6,7,8”.

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Nota de tapa

Las Abuelas de Plaza de Mayo ya han recorrido un largo trayecto. Las búsquedas mutan. No cambian los objetivos, pero sí los métodos. Aunque siempre caminando. Porque alguna vez, el camino fue la espera. Otra vez fue buscarlos por toda la ciudad. Otra, por el exterior. Otra, avisarles que podían ser sus nietos. Otra, convencerlos de que la que ellos creían que era su familia, no era su familia en verdad. “No nos imaginamos que esos chiquitos no iban a venir a vivir con nosotros. Teníamos una inocencia terrible. La lógica era que las personas que tenían retenidas a nuestras hijas nos hicieran llegar el bebé… Nunca llegaron, esperamos, pero nunca llegaron”. Luego, se dieron cuenta de que el camino era colectivo. Como todas las luchas que valen la pena, según nos enseñó Oesterheld antes de que la dictadura militar acabara con su vida y la de todas sus hijas. “Nos juntamos, estábamos muy solas. Algunas, antes; otras después, y con las manos juntas fuimos avanzando”. Y colectivamente descubrieron lo peor. El plan macabro y siniestro. “Nos dimos cuenta de que no venían los nietos a nuestro lado porque había un proyecto de apropiación. Nos fuimos enterando a partir de la gente liberada, de lo que pasaba con las embarazadas. Nos enteramos que las dejaban vivir hasta que naciera el niño y después las mataban”. Los niños, entonces, estaban en algún lado. El siguiente paso fue realizar todo lo posible por encontrarlos. Inventaron de todo para decirle al país que estaban buscando a sus nietos. Teatro por la Identidad, Música por la Identidad y muchas otras acciones culturales no son más que ejemplos de su lucha solidaria, colectiva y, a pesar de la inmensa bronca por las nefastas leyes de Obediencia Debida y Punto Final, sin agresiones, en busca de justicia. El camino funcionó. Los nietos, que ya no eran niños, fueron apareciendo. “Son personas insertadas en la sociedad, con un trabajo, con familia tal vez, capaz son padres o madres. Algunos dudan, la duda les viene de lejos, de chicos ellos han preguntado a señores que no eran sus padres por qué 34

“las mujeres no podemos olvidar absolutamente nada. Los miedos se guardaron y seguimos inventando cosas para encontrar a nuestros nietos.” no se parecían, por qué tenían gustos distintos, y nunca recibieron respuestas sino castigos. Se crece con eso y llega un momento en que explota la necesidad de descubrir por qué. Empiezan a buscar y ven que existimos las Abuelas que buscamos chicos robados y se acercan voluntariamente para averiguar su identidad”. Sin embargo, para una persona de veinte o treinta años, es muy difícil enterarse de golpe y aceptar que los padres que la han criado no son su familia biológica. “Hay un montón que no busca porque no se da cuenta qué es eso que siente. Y si duda, tiene miedo. En general, se apoyan con amigos o novios o novias y vienen, pero a veces no”. Y ahí, las Abuelas, cuando creían que sus piernas habían gastado ya todas sus fuerzas, las vuelven a poner en marcha con el cariño que solo

una abuela puede tener por su nieto. “Muchas veces, llega a Abuelas una denuncia anónima de que en tal lugar hay un chico que tiene la edad de los nietos y todas las características que dan que puede ser uno de ellos. Acá, tenemos un pequeño equipo de investigación, no queremos molestar a nadie, cuando ya está la certeza de que es un nieto, tenemos un equipo de aproximación de chicos y chicas jóvenes que le tocan timbre en la casa, lo visitan, le dicen ‘mirá, somos de Abuelas de Plaza de Mayo y hay una posibilidad de que seas uno de los chicos buscados’, y la respuesta puede ser positiva o un portazo en la cara. A veces no quieren saber nada y se insiste una o dos veces más, y cuando ya la negativa es total, no cabe otra solución –porque es un delito– que la denuncia en la justicia”.


Estela de Carlotto

Llega un momento difícil de la caminata. “El juez hace lo mismo que nosotras. Lo convoca y si no va, a la tercera vez lo llevan por la fuerza pública, le dicen que tiene que hacerse un examen para averiguar las posibilidades. Se hace con respeto, con dignidad, nadie lo va a maltratar ni se va a sentir ofendido, pero son ciudadanos que tienen deberes y derechos. Una vez que se sabe que es un nieto buscado, el juez le dice cuál es su familia y le pregunta si quiere conocerla. A veces dicen sí y a veces dicen no”. Cuando la respuesta es la segunda opción, cansada de tanto caminar y una vez que se creía vencedora, la Abuela debe armarse de paciencia para caminar y luchar por un amor no correspondido. Pasó muchos años

moviendo sus pies en busca de una persona que ahora no la quiere ver. La Abuela, por el amor y por toda su lucha previa, insiste: “El encuentro puede ser muy feo, muy agresivo. ‘No me pida que la quiera, señora, porque yo a usted no la conozco’. Y la Abuela le dice que lo quiere mucho y lo va a esperar. Y le lleva fotos, regalitos que al principio no quiere agarrar, pero a la larga empieza a preguntar, se integra, se reconoce en su familia y acepta su identidad”.

Maldad diabólica El año pasado Victoria Montenegro, una de las nietas recuperadas por Abuelas, declaró que uno de los proyectos de la dictadura era quedarse

con los bebés porque los consideraban inteligentes y querían usarlos a su favor ¿Coincidís? Yo creo que no. A lo mejor, a ella le pareció por el tipo de apropiación que tuvo. El torturador y militar (Ramón) Camps le dijo a un medio de prensa español: “Personalmente mandé a matar 5.000 subversivos, pero nunca maté un niño. A los niños les buscaba otra familia que los criara diferente que sus padres, porque si no las Abuelas los iban a hacer subversivos como a sus padres”. La filosofía era criar a los chiquitos de manera distinta que sus papás. Lo que no se explica es cómo podían criar al hijo del enemigo. Pienso que ellos pensaban demostrar que eran los dueños de la vida y de la muerte.

¿Qué representa para Abuelas, para la sociedad y para el país que la justicia haya reconocido el plan sistemático de robo de bebés? En principio, la condena de 50 años a Videla como organizador del plan, una pena inédita en la Argentina, logró instalar definitivamente en la sociedad que robar un bebé, falsificarle los documentos, ocultarle el origen y mentirle toda la vida constituyen delitos gravísimos, que son de lesa humanidad, que no prescriben, y que deben ser resueltos implacablemente día a día. Porque convivir con delincuentes de esta calaña es imposible de concebir. El resultado del juicio, para Abuelas, fue satisfactorio, más considerando que presentamos la primera denuncia hace más de 15 años, lo que significa mucho tiempo y mucho trabajo. Se trata, sin dudas, de la causa más emblemática para nuestra Asociación. ¿Abuelas quedó conforme con las condenas en los juicios por lesa humanidad?¿Piensan apelar alguna? Por un lado, está el reconocimiento explícito y claro de que hubo un robo sistemático de niños, y esto también hay

Fernando Gens, Télam

Juicios y condenas

que destacarlo. Pero por otro, las demás penas fueron más livianas de lo que esperábamos. Nuestra posición es que los apropiadores, como autores de delitos de lesa humanidad, deberían recibir penas más severas. ¿Qué se haya reconocido el plan sistemático cambia algo o abre algún otro camino, jurídicamente, por ejemplo, en la búsqueda de otros nietos?

Deja fuera de discusión que la práctica del robo de bebés durante la dictadura constituye un crimen de lesa humanidad, es decir que no puede quedar impune y el Estado debe hacerse cargo de esto. Y en lo que se refiere al ámbito jurídico en particular, el reconocimiento de que hubo un plan, con Videla a la cabeza, vino a enmendar la escandalosa absolución del Juicio a las Juntas por estos graves delitos.

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Nota de tapa

Contacto con Abuelas “Tenemos nodos –sedes a las que se consulta cuando se quiere contactar a Abuelas en el interior del país, a veces son universidades o comedores populares– en cada capital de las provincias. No hace falta que vengan a Buenos Aires, pueden mandarnos un correo y nos comunicamos volando –dice Estela–, pero en su cercanía hay gente que está trabajando con nosotros y que recibe información, denuncias y dudas. Hay que acercarse ahí. Viajamos mucho por todo el país y encontramos con mucha satisfacción la enorme riqueza cultural que tienen los pueblos. Vamos a ciudades pequeñas y ahí se trabaja todo tipo de cultura, el teatro, la pintura, el arte gráfico, todo tiene su personalidad y su propia vida, dinámica. Eso es muy bueno, porque no están todos mirando el ombligo de Buenos Aires, sino que se están mirando a ellos y tienen sus propias tendencias musicales, la identidad propia de esa región. Hay una presencia institucional en casi todas las provincias, ya sea con obras de arte Teatro x la Identidad, Música x la Identidad, que ayuda a que los chicos que duden, vengan o manden correos o consulten en donde viven. Y así, la justicia, aunque tardía, va llegando y los represores, asesinos y apropiadores, son juzgados”. Quien desee saber dónde queda el nodo de la Red más cercano a su domicilio, puede ingresar en www.abuelas.org.ar y allí se le brinda toda la información.

Así como robaban la heladera, el televisor, la plata, las joyas, se robaban el niño. Eran dueños de todo. Demostraban el poder de Dios. Muchos decían: “Soy Dios”. Supongo que la intención era mantenerse en el poder muchos años; un país con niños robados por razones políticas es un país con miedo, una cosa no resuelta, inhumana, insoportable. En Europa, una niña se pierde y la busca todo el mundo. A los cuatrocientos niños argentinos los buscamos las Abuelas; 36

tendríamos que buscarlos todos, porque concierne a la humanidad. Ellos pensaron que nadie los iba a buscar por miedo. El miedo de que te pueda pasar lo mismo que a esas señoras que perdieron a sus nietos. Combinaron una estrategia para quedar bien con una señora que no podía tener hijos o aquella a la que se le murió la hija biológica. Es perverso, de una maldad diabólica, el concepto era mantener desaparecidos vivos que existen con una historia y nombres distintos de

“Demostraban el poder de Dios. Muchos decían: ‘Soy Dios’. Supongo que la intención era mantenerse en el poder; un país con niños robados por razones políticas es un país con miedo.” su realidad biológica. Las Abuelas estamos para devolverles esos derechos. Queremos contarles a los nietos las historias de sus padres y hacerlos libres. Una de las consecuencias del miedo que instauró la dictadura militar fue que durante muchos años hubo temor de protestar y de revelarse ante lo injusto. ¿Hoy, esto finalmente ha cambiado? Hoy hay cultura de protesta. Nada pasa desapercibido. Porque se ha tomado conciencia, nos hemos “culturalizado” con la democracia, porque no teníamos cultura democrática, nosotros habíamos tenido dictaduras desde 1930. Nos acostumbramos, fuimos pasivos y me incluyo. Aunque hubo un sector social siempre luchador y contestatario. Lógicamente, la democracia más larga de nuestra historia ha servido para ir abriendo las conciencias, educando al ciudadano, y fuimos parte de esa docencia que se hizo: visitamos las escuelas y los barrios para dar charlas en todo el país. Hoy nada se calla, todo se manifiesta. Se habla de política, se discute, se descubre. Y también hay un gran valor de la informática, que es muy moderna y que hace que nos co-

muniquemos unos con otros en un instante. Todo está hecho de una manera muy ágil. Nosotros vemos con mucha satisfacción el rol de la juventud, que está totalmente comprometida con el presente y con el futuro. Quieren ser parte de la historia, quieren caminar la historia, hay una juventud pujante muy linda que se está organizando políticamente. Y también hay una adolescencia preadulta que es increíble el compromiso que tiene. Chicos de doce años preguntan, se involucran, exigen saber, cuestionan. O sea, se habla; antes era “de eso no se habla en la casa, vos andá a estudiar y no te metas”. Ese fue el miedo de la posdictadura. Los chicos de hoy de esa edad no tienen miedo. Entonces, en la casa preguntan los porqué, y el padre tiene que responderles, se hace un intercambio de opiniones de acuerdo con la edad, de acuerdo con su cultura, que es muy interesante para enriquecer la participación ciudadana. Hoy, creo que todos caminamos la historia, no la vemos pasar”. Y así, sin darse cuenta, Estela cuenta lo que ha logrado. Ha conseguido que sus alumnos aprendan a caminar de la mejor maestra. “Queremos hacerlos libres”, dice. ◗


Estela de Carlotto

Por las provincias LA RIOJA

CHACO Según la Kábala, el número 29 significa incertidumbre, traiciones y engaños por parte de otros, amigos indignos de confianza. No creemos en la numerología ni el misticismo pero nos permitimos desconfiar de la casualidad cuando notamos que las únicas tres personas hijas de desaparecidos que han recuperado su identidad en la Provincia de Chaco lo hicieron a los 29 años de edad. Pedro Luis Nadal, Martín Amarrilla Molfino y Jorge Guillermo Goya Martínez Aranda se dieron cuenta a sus 29 años que sus personas más cercanas los habían traicionado y se llenaron de una incertidumbre que recién se les fue despejando con los años y con la posibilidad de conocer a sus verdaderas familias. Pedro, el más viejo fue el primer “triunfo” de las Abuelas en Chaco.”Mi papá no me vio nacer; recién me conoció por primera vez a los 29 años, cuando me entregó correspondencia falsa en mi trabajo haciéndose pasar por un mensajero o cartero”, testimonió Pedro su encuentro con su verdadera identidad. Amarrilla Molfino buscó y buscó su identidad hasta que la encontró. Este hijo de dos militantes montoneros chaqueños desaparecidos en la Ciudad de Buenos Aires en 1979 tenía sospechas de que podía ser un hijo de desaparecidos y se acercó a Abuelas, en donde después de dos años le confirmaron su presunción. Hoy unos años después decidió terminar con toda su relación con los apropiadores dejándose de llamar Martín. “No quiere llevar más el nombre que le pusieron sus apropiadores porque ya le estaba pesando, y como no existen testimonios del

nombre que le hubieran querido poner sus verdaderos padres, decidió cambiárselo”, nos cuenta Estela y agrega: “Ocurre esto con la violación del derecho a la identidad: no sólo el nombre es arrebatado, también el suelo de los antepasados, con sus historias y sus sueños”. El otro caso, el de Goya Martínez Aranda es uno de los más duros por los que tuvo y aún tiene que pasar Abuelas. A este hombre de 29 años, sus padres de crianza, Luis Tejada (suboficial de Inteligencia del Ejercito) y Raquel Quinteros, recién le contaron que él no era su verdadero hijo el día que la justicia ordenó que le realizaran una muestra de ADN para averiguar su verdadera identidad. A pesar de los 29 años de mentira, Goya Martínez Aranda declaró a favor de sus captores en el juicio en que los condenaron a doce y cinco años de cárcel. Abuelas y el poder judicial consiguieron hacer justicia pero aún no logran que el chico vuelva a ser libre ni que recupere su identidad. “Yo soy Carlos Alberto Tejada, porque así soy públicamente conocido y es cómo más cómodo me siento”, dijo Martínez Aranda. Para peor luego del juicio se distanció de su familia biológica. Quedan dos hijos de chaqueñas desaparecidas durante la dictadura militar sin haber sido encontrados. Los nombres de las madres son Mónica García del Val y Ana Rubel. Además también se busca al hijo del chaqueño Julio César Galizzi y al de Rosa Ana Irmina Nusbaum, quien si bien nació en Santa Fe pasó mucho tiempo en la provincia de Chaco.

El juicio por los asesinatos de los curas Carlos Murias y Gabriel Longueville arrancó con demoras. No comenzó el juicio del Obispo Enrique Angelelli ni de otras víctimas durante la dictadura. ¿A qué le atribuyen el lento accionar de la justicia? Es evidente que todavía hay sectores del poder judicial no comprometidos con la Memoria, la Verdad y la Justicia como pilares de nuestro estado de derecho. Pero se trata de un proceso social, con sus avances y retrocesos. Las Abuelas llevamos 35 años de lucha y lo sabemos bien. Afortunadamente hoy podemos decir que la gente va tomando conciencia de que la dictadura nos afectó a todos y esto ha influido en forma positiva en todos los sectores, incluido el judicial. Desde luego que los funcionarios del Poder Judicial que hayan sido cómplices o responsables de delitos de lesa humanidad, deben ser juzgados, como ya se ha comenzado a hacer. ¿Existe en La Rioja un registro de cuántos niños o bebés habrían sido apropiados? Hay desaparecidos de todo el país, por lo tanto muchos de nuestros nietos y nietas tienen parientes que los buscan y los esperan en las distintas provincias, La Rioja incluida. Debe considerarse que la mayoría de ellos nacieron en cautiverio y centenares continúan viviendo en la mentira todavía, por lo cual desconocen el origen de sus familias

LOS MÁRTIRES DE CHAMICAL: LA HORA DE LA VERDAD Y LA JUSTICIA Los torturaron. Primero se los llevaron engañados, los secuestraron, y luego los torturaron en la base aérea de Chamical. Y los siguieron torturando y en ningún momento les interesó ocultar que los habían torturado. Todo lo contrario: los torturaron, los mutilaron y los dejaron tirados, muriéndose, asesinados, con los signos de tortura bien evidentes. Para que toda La Rioja supiera que los habían torturado. Era un mensaje. Para muchos. Y en especial para ese Obispo rebelde que repetía eso de “con un oído en el evangelio y el otro en el pueblo”. Y todo el mundo supo que a los curitas de Chamical los habían torturado. Y también muchos supieron, y saben, quiénes fueron esos hombres que se presentaron la noche del 18 de julio a las puertas de la casa parroquial con

identificaciones de la Policía Federal. Y los que luego los torturaron y asesinaron, y los que dieron la orden de torturar y asesinar a esos religiosos, o acribillar delante de su familia al laico Wenceslao Pedernera una semana después. O los que manejaban el Peugeot blanco que protagonizó el “accidente” de Angelelli. Se sabe, también, de la persecución sistemática a esa pastoral que defendía y ayudaba a organizar a los campesinos para que lucharan por la tierra y sus derechos. De estas y otras cuestiones silenciadas durante 36 años se van conociendo más detalles en estos días, a raíz del segundo juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia. Por el asesinato de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville están acusados

el excomodoro Luis Estrella, el ex titular del III Cuerpo de ejército, Luciano Benjamín Menéndez y el excomisario de la policía de Chamical, Domingo Vera, aunque también hay una larga lista de complicidades civiles y de las altas esferas de la Iglesia. 37


Compañeros de ruta

La Garganta PODEROSA

Cansados de que los medios estigmaticen sus barrios, decidieron sacar una revista de cultura villera que llega a todo el país. Aquí, la historia –contada por ellos– de una organización que es mucho más que una tapa.

S

oñábamos un espacio, hace ocho años. Pero sin voz, ni vos, una garganta poderosa sonaba absurda, utópica, irreal. Y real. Poco a poco, empezamos a organizarnos desde la villa, para que ningún ente maléfico, ni benéfico, pudiera reforzar el egoísmo, ni el asistencialismo, que durante décadas nos quiso convencer de todo lo que no debíamos, ni podíamos hacer. A contramano, sellamos el primer acuerdo orgánico, el 9 de octubre de 2004: “Podemos”. Y en ese mismo instante, volvió a ponerse en mar38

cha “La Poderosa”, aquella moto que surcó las Venas Abiertas de América Latina, reinventada en un colectivo, hacia la misma utopía. Aleccionados por las experiencias comunitarias que precedían a la nuestra, debimos consensuar ciertas garantías, para construir una plataforma popular que no partiría del día cero, ni del día ideal, sino de la carne viva herida por un Terrorismo de Estado y un Estado de Terror, que nos hicieron dejar de creer, a nombre de la buena fe. Sin proclamarnos jamás una antinomia de las expresiones partidarias, culti-

vamos una propuesta política paralela a cualquier dinámica electoralista, desde la lógica asamblearia, la educación popular, el trabajo cooperativo, la lucha de los 30 mil y el faro del pueblo cubano. Alentando una transformación externa sin manos benefactoras y una transformación interna, como único camino posible al Hombre Nuevo, La Poderosa levantó sus banderas: la cultura del trabajo voluntario y el anonimato de todos sus dirigentes, como un modo de afianzar la prevalencia del colectivo, evitando cualquier tipo de cooptación partidaria, comercial o personalista. Año a año, el movimiento pluricultural se fue volviendo un frente de asambleas villeras, porque pensar el desarrollo particular de una comunidad, validando como actores financieros a los sátrapas que saquean a las demás, además de ser estéril, resulta falaz. Sin la hegemonía de un foco sobre otros, pero respetando las reglas de articulación y los estratos de legitimidad que construye nuestra filosofía de la praxis, conformamos los cimientos de nuestra fuerza social, hoy compuesta por 13 asambleas: Zavaleta, Villa 21-24, Villa 31, Rodrigo Bueno, Chacarita y Fátima (Buenos Aires); La Plata y Tandil (Provincia de Buenos Aires); Villa Albertina y Bajo Yapeyú (Córdoba); Diagonal Norte (Tucumán); Libertador y Villa Florida (Jujuy). Foros nacionales semestrales y asambleas semanales, a nivel barrial y pro-


“Hablan de la revista los voceros hegemónicos pero no hablan del poder que tenemos cuando nos organizamos.” vincial, alimentaron durante estos años infinitos espacios de crecimiento autogestivo, donde los pibes juegan un rol central, con el deporte y el arte como herramientas para el desarrollo. La liga de Fútbol Popular, integrada por hombres y mujeres, como el grupo Guitarreros Poderosos, conformado por chicos de distintas villas, entre otros sueños consumados, nos confirmaron que sí, era posible lo imposible. Y así, además de inolvidables viajes al mar o la nieve, llegaron las cooperativas poderosas, gastronómicas, textiles, recolectoras, distribuidoras, periodísticas o ambulancieras, conformando el entramado social que impulsó este año nuestra mejor apuesta al futuro: los centros de jubilados, “Juventud Poderosa”, en todos los barrios. Nacimos, en síntesis, hace cincuenta años, con aquella moto del Che. O hace ocho, en aquella primera asamblea orgánica. Pero para muchos, nacimos recién el 1º de enero de 2011, cuando tomó voz nuestra cooperativa de comunicación, “La Garganta Poderosa”, ahora mencionada en muchísimos medios

como un buen producto editorial o un mero acierto periodístico, desprendido de la tierra política fértil que la hizo nacer... ¿Se entiende por qué hablamos de la organización, en esta sección, pensada para medios de comunicación? Porque ahí nació el nuestro, lejos de los mandatos del periodismo de mercado y la empresa comercial, alumbrando una comunicación humana, desde una propuesta social. Hablan de la revista, los voceros hegemónicos, de las tapas de Maradona, de Messi, de Sabina, de Galeano, pero no hablan del poder que tenemos cuando nos organizamos. Y entonces, desde acá, preferimos abordar el trasfondo político de nuestro medio, en vez de su logística comunicativa, porque La Garganta no es un medio distinto a los demás: su valor agregado está por detrás. ¿Cómo es posible una revista sin publicidad comercial, ni pauta oficial? Organizándonos entre muchos y compartiéndolo todo, desde la garra de un comedor pequeñito, hasta la inmensa influencia social que le confirió a Carlos Solari, la involuntaria tenencia del In-

¿Dónde *

**

?

conseguís La Garganta

En los kioscos céntricos de todas las ciudades del país. O por pedido a tu canillita amigo. Más información: lapoderosa.org.ar

dio en la jurisdicción de su fisonomía humana. Desestimados desde siempre los saberes excluidos de las academias y el talento de nuestras villas, hoy recibimos la invitación a dar charlas en medios o universidades que aún no tienen estudiantes, ni docentes, ni profesionales villeros. Y allí vamos, intentando evitar que nos presenten como un producto, mágico o natural, porque la experiencia de La Garganta no se puede estudiar, ni evaluar, mientras no estén dispuestos a develar que a la cultura villera sólo le dio voz el poder popular. Atragantados de gritos, finalmente entendimos que no podíamos seguir dependiendo de las migajas que nos dieran quienes nos demonizaban, para rectificar nuestras verdades. Y cuando nos animamos a patear esa normativa de la desobediencia permitida, estalló el poder de nuestra propia voz, en este grito que potenciamos con la fuerza de los trabajadores que ningún Lanata Mata, ni puede sepultar. Pues tiempo antes de abrir la Garganta, La Poderosa pudo compartir una jornada inolvidable de resistencia y fútbol popular, con los trabajadores del diario Crítica, que aguantaban a fuerza de mate y frazadas, para no negociar la dignidad, ni la identidad colectiva que ahora imprime esta revista cooperativa. Unos años después, en los caminos de esa utopía, cítricos y poderosos nos volvemos a encontrar, compartiendo como aquel día una lucha universal, sin patrón, ni patronal. Soñábamos un espacio. Y acá está. ◗ 39


Crónica

RASTA argento

En la música y en la voz de Bob Marley se difundieron las ideas Rastafaris, pero pocos saben de qué se tratan realmente. ¿Religión o filosofía de vida?

texto:

S

entado en un bar cualquiera, con amigos, entre birras y fernet, pasa la noche de sábado. Leo ríe acomodándose en la silla y guarda su melena dentro de un tub – gorro típico de los rastas–. Para Leo, su pelo es su fuerza. En realidad, aunque todo el mundo le diga rastas, los tubitos de pelos amalgamados que tiene en la cabeza se llaman dreadlocks. “Yo soy rasta, pero no por mi pelo, sino porque creo en Selassie y en que dios Jah me salvará a la hora de la redención.” Sus amigos le dicen León, tiene 27 años y es un soldado rasta. “Es que en este gueto hay que luchar”, aclara. Su mamá Mirta es evangelista y se emociona al oír esas canciones que pone Leo, esos reggae que hablan de Jah. Porque Jah es Jehová, es dios. León vive en la Argentina, pero es tan rasta como si viviera en Kingston. “Atrás de esto hay un mensaje de amor y dignidad, que es lo que yo comparto. To40

fotos:

dos somos iguales y hay que luchar contra las injusticias de esta sociedad corrupta, a la que nosotros, los rastas, le decimos Babilonia.”

*** Hay de todo: rastas contadores, motoqueros, cocineros, rugbiers; abogados, biólogos, comerciantes, mozos, muchos músicos. Están los hippies con dreads en señal de rebelión, y los verdaderos rastafaris; aquellos que intentan seguir

“La cannabis es sagrada y no se usa para drogarse, sino para meditar y conectarse con lo divino.”

Nicolás Peralta Claudio Herdener

las reglas ortodoxas de la Biblia ratastafari, el Kebra Negast. A golpe de ojo, llaman la atención por sus pelos. Muchos tienen el peinado pero no son rastas in situ o lo son a su manera, con una reinterpretación local de las creencias que son ajenas a nuestros orígenes. Para los que no son descendientes de esclavos africanos, la creencia suena más a una libre interpretación individual del pensamiento que viene de Jamaica, y que habla de dios y de un destino: volver a África. “Acá no existe el Movimiento Rastafari”, dice Pablo Molina, 35 años, y auténtico referente de la cultura rasta en nuestro país. Estuvo en Jamaica tres veces: en 1996, en 1998 y en 2002. En Jamaica, explica Pablo, se identifican tres grupos de rastas: los Nyahbinghi: revolucionarios, luchadores y extremistas del uso sagrado de la marihuana, y a la vez desafiadores y antisociales; los boboshanti: rama más orto-


doxa, de tradiciones etíopes antiguas; y los Doce Tribus de Israel: que se basan mayormente en las enseñanzas de la Biblia como camino a la liberación espiritual. Los boboshanti practican la religión con mayor rigurosidad. Viven en pequeñas comunidades agrestes en las colinas selváticas de Jamaica, con lo mínimo necesario. Como los amish, pero fumados. Vegetarianos y abstemios. Llevan siempre unos pañuelos que envuelven su dreadlocks. Un fiel bobo-dread reconocido es Fidel Nadal. Fidel Nadal y Pablo Molina trataron de abrir una asociación de la Casa religiosa Bobo Shanti en Buenos Aires. La idea no prosperó por falta de tiempo, de recursos, y por la poca recepción que tuvo entre los rastas. “Rastafari no es religión, pero sí un tipo de fe que se vive día a día”, dice Pablo. “La vida en ciudades no es vida para un rastafari. Por eso las comunidades, allá en Jamaica, están fuera de los alienantes conglomerados urbanos.”

La cultura rastafari tiene un alto grado de sincretismo. Se mezcla mucho con costumbres locales de cada lugar. ve en las palabras de Garvey. Etiopía, al este de África, era como la Tierra Prometida, Sión. El lugar al que los africanos debían volver después de un exilio de cuatro siglos. La esclavitud en Jamaica había sido abolida en el año 1834, pero los descendientes de africanos conservaban en la memoria el sufrimiento del pasado. Garvey, ya en 1916, hablaba de un Mesías Negro. Rastafari, el nombre, viene por Tafari Makonnen. Este señor tenía el título de Ras, que en la jerga de la nobleza etíope es como decir príncipe. Fue la persona que el 2 de noviembre de 1930 se coronó emperador con el nombre de Haile Selassie. Era un Mesías Negro, dios en la tierra. Si alguien lee El emperador del cronista Ryszard Kapuscinski puede decir que es un libro genial. Trata sobre la vida

de Hallie Selassie, con muchos relatos de gente que trabajó en su palacio. Lo que no cierra, es por qué los rastafaris lo tienen a ese tipo pequeño y callado como uno de sus hombres inspiradores, cuando al parecer fue un déspota, con mucho poder, dinero, funcionarios burócratas y corruptos, con un control absoluto y personal de todo y que mató de hambre a sus gobernados. De hecho, explica Kapuscinski, la revolución que lo saca del poder se da porque, para decirlo en criollo, era todo un descontrol. Los rastas que saben de esto –que no son todos, y mucho menos los que se copan por la onda a través de la música– contestan que ésas, son versiones de opositores, de gente que no quiso que Selassie hiciera todo lo que predicó. Y automáticamente te recomiendan que leas My life and Ethiopian progress. Y también The Third Testament de Michael Lorne, o el Kebra Nagast (La gloria de los reyes), para escuchar las buenas intenciones del Rey de reyes. Hay literatura Rastafari, escrita por gente mayor rasta, o Elders, que habla de la divinidad de aquel que vino a salvarnos y no lo dejaron hacer. El tipo hablaba lindo y tuvo sus seguidores, muchos de ellos, en una isla del otro lado del planeta, en el Caribe.

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Wikipedia

¿Acá hay o no hay rasta de verdad? No te puedo decir que no haya gente rastafari en la Argentina, pero como movimiento social cultural y de adoración de Haile Selassie, no existe hoy por hoy. En Chile, Panamá o Brasil la presencia Rastafari es más activa. ¿La vida ideal de un rasta? Vivir fuera de la ciudad, ser vegetariano y comer alimentos cultivados orgánicamente, hablar, pensar y actuar de forma armoniosa con la naturaleza y el cosmos. Nada de alcohol ni drogas, no se lastima el cuerpo, ni la mente, ni a otros seres vivos. Todo lo que sea contrario a esto es babilónico, negativo. ¿No drogas? La Cannabis es sagrada y no se usa para drogarse, sino para meditar y conectarse con lo Divino. Tampoco es obligación usarla. La música siempre está presente. El reggae puede ser un medio para difundir una idea. Se puede usar para lo bueno o para lo malo, como todo. A veces se usa para ganar fama y dinero, haciendo canciones estúpidas y disfrazándose de rasta.

La cultura rastafari tiene un alto grado de sincretismo. Se mezcla mucho con costumbres locales de cada lugar, adaptándose; por eso quizás haya tantas diferencias en la manera en que cada rasta vive su fe. Depende de su historia, su crianza y de cómo llegó a conocer las ideas de Haile Selassie. Para cualquier rasta el profeta es Marcus Garvey, periodista activista importante de la conciencia negra, un pionero que desde principio de siglo desfilaba por Jamaica. En los años 30, la nueva religiosidad se esparcía como lava de un volcán místico entre los barrios más pobres del oeste de Kingston y otras áreas rurales de la isla. El retorno a África, la tierra ancestral, como designio ineludible de todo descendiente de esclavo, era la cla-

Marcus Garvey, el profeta rasta.

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Crónica

uno. Se sienten rastas, aunque los acusen de fumones.

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Alika es cantante de reggae y hip hop. Vive en San Martín con su hija, en una casa pequeña, despintada y con patio en el fondo. Tiene 30 años, nació en Uruguay y desde 1983 vive en la Argentina. Estudió historia hasta que la cambió por una música con letras bien combativas: “Es la forma que encuentro de vivir mi vida. Soy rasta por decisión propia y en mi modo de vida, veo lo espiritual como algo natural. Somos una unidad de cuerpo, mente y espíritu; el camino espiritual siempre está presente. Lucho contra el poderoso con mis armas: las palabras y la música. Lo que nos une es la cultura de pelear por la dignidad, por la libertad. Es una cuestión de fe. Para mí, lo rasta es verdadero y es lo que yo espero”. Habla así, con rimas, con la voz algo aflautada. Para ella, Fidel Nadal es Diego Maradona; y la música, vibración positiva. Sueña con la justicia y ve, lamentándose, que falta amor en el mundo. Tiene dreadlocks y los reconoce como el pacto que lleva con dios. Lo de Rastawoman, se lo toma en serio: “Esto no es como un club. No es los dreadlocks, o armamos uno y ya somos todos rastas. Esto es creer en dios, en sus enseñanzas y vivir en consecuencia”. Para los Rastafaris la mujer es una reina que representa la belleza y el amor. 42

Pero es igual al hombre en cuanto a derechos y obligaciones. Rastafari es la persona que acepta la divinidad de Haile Selassie, no importa el género. “Yo sigo las enseñanzas del mesías. Trabajo mucho y sigo mi camino”. Los rastas comenzaron a usar la misma cabellera desgreñada que usaban los guerreros de las tribus antiguas de Etiopía. De ahí, la creencia de que los dreads dan fuerza. También hay una idea de acercamiento a Dios, de meditación a través de una hierba sagrada, Ganja, como se conoce a la marihuana en Jamaica. La leyenda cuenta que la marihuana es sagrada porque en la tumba del rey Salomón, sobre el río Ganges, creció una planta. Hay pibes que no conocen esta historia. Que se conforman con pasarla bien escuchando música y fumandose

“No todos los rastas usan dreads y algunas personas que no son rasta los usan por moda.”

Camina hacia un local ubicado dentro de una galería larga y oscura. Marcos en un rato va ser un rasta con dreadlocks. De fondo se escucha a Los Cafres. “Eso es cumbia para chetos”, tira un borracho agresivo en una mesa en la entrada de la galería. “Aguantá guacho”, se ríe tomándolo por el hombro su compañero de copas, algo intoxicado por el vino con soda. “A veces ta piola estar un toque Jamaica, ¿o no papá?”. “Sí, ahí es donde te hacen las rastas”, señala una señora. “Preguntá por Andrés”. Marcos es desgarbado, alto y se viste con remeras y bermudas amplias. Va a todos los recitales y fiestas del palo; y su mp3 nuna deja de sonar. Escuchando música, descubre su deseo de ser rastafari tiempo completo. En el local rasta, preguntó por Andrés, quien a veces usa anteojitos redondos como los de Lennon, pero hoy no los lleva puestos. Hoy es sólo un rasta despeinado más, flaco, de estatura mediana y con voz nasal. Es el dueño del local en donde hacen los dreadlocks. Su negocio tiene cinco años y hace dos que su clientela aumenta. Como si fueran íconos de una iglesia ortodoxa, las paredes están decoradas con dibujos con alusiones rastas. Predominan los colores rojo, amarillo, negro y verde. El rojo es símbolo de la sangre derramada por los mártires, el verde es por la naturaleza, el amarillo por el sol y el negro, la piel del pueblo africano. Son los colores rastas. No, como muchos creen, la bandera de Jamaica, que tiene una cruz amarilla como dos grandes avenidas en el medio, dos triángulos negros horizontales y dos pirámides verdes verticales. Andrés Rolando, que así se llama, tiene 29 años y es maestro de Dibujo. A veces da clases particulares para despuntar el vicio. Fue iniciado en la doctrina Rastafari gracias a la música.


RASTA argento

De chico escuchaba mucho la banda punk Flema. Reconoce que se fue moviendo hacia las costas del reggae de la mano de Todos Tus Muertos y luego Lumbumba, grupos de Fidel Nadal y Pablito Molina. Obviamente Marley también influyó. Le gustó su peinado y lo copió. Se especializó en dreadlocks y aprendió la técnica natural de hacerlos. “En el pelo mota de los negros se les hace solo. En otro tipo de pelo es como que se deshilacha y después se frota hasta que queda toda una masa de pelo en forma tubular”, dice Andrés. El tipo indagó en la cultura Rasta, “para no faltarle el respeto”, dice. Marcos, sentado en una silla de madera despintada delante de Andrés, amaga una sonrisa. Los primeros dreads cuelgan algo tiesos. Marcos es el novicio, pero rebelde tendrá el pelo. Andrés ya le hizo la cabeza a muchos: al guitarrista de Kapanga, a los pibes reggaeros de Nonpalidece, de Karamelo Santo, a los grupos instrumentales de Dancing Mood o Natty Combo. La lista sigue y llega hasta el cuero cabelludo de Emilia Attías. En 2006 Andrés publicó, en forma independiente, un libro de pensamientos acerca de cómo vive su rastafarismo: Entre Babylon y Zión, reflexiones rasta. “La diferencia entre lo que se vive acá y en cualquier otro lado, depende de cada persona, de su origen y como tome la palabra de dios”, dice Andrés, a quien le gusta hablar. “El año pasado me invitaron a participar en un especial para la cadena BBC sobre el aniversario del nacimiento de Bob Marley. Compartí entrevistas con Cedella Booker (Madre de Bob Marley) y Ziggy Marley. Un flash”. Reconoce que los pocos rastas posta que hay acá, tienen una visión individual y particular del pensamiento clásico. ¿Los rastas argentinos pretenden regresar al África? Y quizás alguno sí. Pero muchos tienen apellidos españoles, rusos o italianos. Italia invadió Etiopía y sacó del poder a Selassie durante 16 años...

El rojo es símbolo de la sangre. El verde, de la naturaleza. El amarillo del sol, y el negro por la piel del pueblo africano.

Cada uno reinterpreta las creencias como quiere. Cada uno pone energía en un objetivo pero se comporta de cierta manera frente a la vida. Sión, el destino final, no es tanto un lugar físico, sino más bien, una meta. Andrés va terminando el peinado de Marcos, que no para de preguntar dudas que le surgen al correr los minutos. Charlan entre ellos. “Che ¿Se tiene que ser negro para ser Rasta?” “No. Esto es para toda la humanidad, para quienes lo toman”. “¿Hay Templos?” “Tu cuerpo es la Iglesia de Jah, chabón. Pero hay comunidades –en Jamaica y Etiopía– a las que uno puede unirse para orar juntos”. “¿Los dreadlocks son como una obligación?”. “No, no todos los rastas usan dread y algunas personas que no son rasta los usan por moda. Lo que importa es lo que uno tiene en su corazón. Si estás bien con dios, bien con tus hermanos, vas por buen camino”. La sesión terminó. Marcos saluda y se va con su nuevo peinado y escu-

chando atento las letras de Fidel Nadal, Godwana y Dread Mar I.

*** Mariano Castro es el cantante de Dread Mar I. Como es rasta desde hace diez años, sus letras tienen mucho de religioso. Siente que la religión, a la que nunca le dieron bola en su casa, le dio esa libertad para vivir como él quería, y sin los preceptos prohibitivos que tienen otros cultos. “Yo trato de hacer lo que me parece que está bien, y luchar contra lo que está mal. Empecé a sentir un acercamiento a dios inexplicable. Me dejé las rastas casi como algo natural. Mi trabajo me llevó a escuchar la palabra de dios y me dio lecciones de vida”. El rasta, para él, se malinterpreta en la Argentina. “Acá hay muchos que piensan que los rastas son medio hippies, y nada que ver. El hippie se aleja del consumo y de las convenciones generales de la vida en sociedad. Es como que nada le importa. En cambio, el rasta quiere progresar, se preocupa, se involucra. Pero le gusta vestirse bien, oler bien y tener su confort. Hay algunos que lo vivimos con libertad y otros que son más ortodoxos”.

*** Leo, León para los amigos, sentado en un bar cualquiera, acomoda su melena. “Lo de acá es otra cosa de lo que nació en Jamaica. Pero la idea general es lo que nos guía. Lo importante es el amor, el respeto por los demás y por la vida. Es una filosofía espiritual que tuvo difusión masiva por el reggae y le permitió llegar a todo el planeta. Es, con su matices locales, una forma de vivir”. ¿Se puede ser rasta en la Argentina? Se puede, pero es difícil. Es que hay costumbres muy distintas. Por ejemplo un rasta no come carne, no toma alcohol. Al juntarte con tus amigos, no podés evitar ser más flexible; o sí, podés, pero no querés. Por eso el dicho: “Rastafari argentino, como carne y tomo vino”. ◗ 43


Conversaciones con la mente

TOC

Los médicos utilizan un enunciado técnico para describir el Trastorno Obsesivo Compulsivo, sin embargo ese lenguaje no es de gran utilidad para las personas que lo padecen. Texto: Flavia Canellas

T

odos los seres humanos constantemente mantenemos diálogos con otras personas y también con nosotros mismos; y todos nos vemos afectados -en menor o mayor medida- por el contenido de estas conversaciones. La diferencia entre los que padecen el Toc y aquellos que no, radica en los recursos que utilizan para deshacerse de estas conversaciones que los afectan. Cítrica conversó con Carolina, creadora de www.limpiatumente.com quien, a través de la Metafísica*, encontró una nueva perspectiva de vida. Basándose en su experiencia de vida personal, ofrece una alternativa para aquellos que padecen del Toc. 44

Algunas claves

“El primer paso es cambiar nuestra conversación con la mente. Darse cuenta de que es nuestra manera de pensar la que no nos beneficiará. Son nuestros pensamientos los que nos trajeron a la situación en la que nos encontramos actualmente, y esos mismos ejercicios de pensamiento son los que nos sacarán de ella. Por lo tanto, nuestro objetivo es encontrar nuevas tendencias que nos ayuden”, explica Carolina. “En segunda instancia, lo ideal sería encontrar una palabra clave que detenga el constante y desgastante parloteo interno. Podemos utilizar, por ejemplo, la palabra BASTA. Sería como

una señal de tránsito que nos indica la acción de detenerse. Es importante sentirse cómodo con aquella palabra que elijamos y utilicemos”. “Un tercer escalón sería encontrar una palabra que actúe como escudo protector. La mente del Toc se ve influenciada por sus propios pensamientos y por otros ajenos (padres, familia, amigos, medios de comunicación). En este caso, el escudo protector será la palabra CANCELO. Se activa como cuando un vendedor nos ofrece insistentemente algo para comprarle y le decimos: No, gracias”, enfatiza. “Si la palabra Cancelo no les resulta cómoda pueden elegir: FUERA PENSAMIENTO, CAMBIO EL CHIP, DELETE, BORRAR. En este caso también es importante sentirse cómodo con la palabra que utilicemos”. Todos nosotros en algún momento de nuestra vida podemos desarrollar conversaciones mentales del formato Toc. Generalmente ocurren en situaciones vinculadas con el stress, eventos de gran angustia, o ansiedades que imponen estados agudos de inseguridad. Ésta nos lleva a generar parámetros de pensamiento para que podamos sentirnos seguros y a salvo. Pero esto no nos condena a seguir de por vida etiquetándonos como “enfermos”. No somos la enfermedad: somos personas que estamos pasando por momentos difíciles. La puesta en práctica de estos pasos ayudará a tener una visión diferente de aquellos diálogos internos que mantenemos. El objetivo es encontrar pensamientos que nos beneficien. Detectar los diálogos tóxicos que no ayudan y convertirlos en el punto de partida para elegir otras conversaciones válidas, constructivas y amables. ◗

* La metafísica es una de las partes fundamentales de la filosofía, que se ocupa del estudio del ser, sus propiedades, principios, causas y fundamentos esenciales de su existencia. Enfoca su atención hacia todo aquello que trasciende lo meramente físico. Más acerca de Metafísica y Toc en: http://www. limpiatumente.com/metafisica-y-toc.html También en: www.facebook.com/limpiatumente


Viajes

tardecitas

SALTEÑAS Salimos a pasear con una pareja experta en visitas a la provincia. Los mejores recorridos, la mejor comida, el mejor vino y mucho más.

Texto: Nicolás Peralta

A

madeito anda de nuevo por Salta. Amadeito, bien podría ser Amadeo a secas; va a cumplir cincuenta y ocho años el mes próximo. Es que cuando salió del vientre de su madre lo llamaron Amadeito, y Amadeito lo llaman hoy, y Amadeito lo llamarán los años que le queden por vivir. En su documento figura Amadeo Silvano Paz pero al presentarse dice: “Amadeito, fanático de los chalcha”, y da la mano. De profesión viajante de comercio, es de Buenos Aires y está casado con Mirta. La Señora de Paz, como ella se presenta, lo acompaña en todas las encantadoras tardecitas salteñas que decidieron disfrutar. “Nos gusta cuando no hace tanto calor ni tanto frío”, dicen con seguridad y se acomodan en un bar frente a la plaza 9 de julio, mirando a uno de sus edificios favoritos: el Cabildo, que también es el Museo Histórico del Norte. “Venimos todos los años, somos fanáticos. Por mi trabajo conozco todo el país pero mi rinconcito favorito es Salta. ¿Por qué? Por su gente, por sus

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paisajes, por todas las actividades que hay para hacer y por sus empanadas. Esto es muy subjetivo, pero para mi, son las mejores”. Son expertos. Han probado todas. Pero las rellenas de carne cortada a cuchillo, verdeo y papa son sus preferidas. Las de pollo o las de charqui –carne seca– son imperdibles. Acompañadas de un vino blanco, torrontés de Cafayate, son más bien imbatibles. En realidad todas las delicias de la gastronomía norteña (humita, tamales, carbonada) los alucinan. Los postres locales de cabecera de la pareja: quesillo con miel de caña o quesillo con cayote y nueces. “Lo bueno de Salta capital es que a veinte minutos del centro encontrás pueblos tradicionales, con un aire de otros tiempos, y la tranquilidad de las sierras. Al norte, a 22 kilómetros por ruta 9, tenés La Candelaria, a 14 kilómetros, San Lorenzo, y un poco más abajo, a 30 kilómetros, Campo Quijano. Al sur está el dique Cabra Corral donde hacés todo tipo de deportes náuticos. Imagináte, es un espejo de agua de 127 kilómetros cuadrados, ¡ espectacular!”, dice Amadeito mientras nos muestra en el mapa que siempre lleva consigo. Ya su padre, don Amadeo Paz, era amante del norte argentino. “Pero para mí, porque el viejo tenía un amorío con alguna de por acá”, dice por lo bajo Mirta sin que escuche su esposo, dibujándosele una sonrisa pícara en la cara mientras mueve el dedito en círculos. Hablan y hablan mientras deciden qué destino harán mañana. Miran la gente pasar. A pesar de estar anquilosado en un modelo social de antaño, de una profunda brecha entre ricos y pobres, machismo e iniquidades varias, el salteño en general es muy cordial. La injusticia no hace mella en la amabilidad de la gente con los visitantes. Por eso Salta es la reina del turismo norteño. No sólo por todo lo que brinda dentro de su territorio, sino que también, se pueden hacer un montón de combinaciones al gusto del viajante: Jujuy, Tucumán, Cata-

En la página anterior, Iglesia San Francisco.

marca, Formosa, Bolivia, norte de Chile y se puede llegar hasta Perú fácilmente. Todo con Salta como punto de inicio. La imagen de Salta City son sus balcones coloniales, la Catedral, la iglesia San Francisco, el convento de San Bernardo, el Monumento a Güemes, el parque San Martín y el 20 de Febrero, o el teleférico del cerro San Bernardo para la mejor vista. Hacia el Sur, camino a Cafayate, están los imponentes valles calchaquíes con sus piedras coloradas erosionadas por el viento. Rumbo al sur, pero más hacia el este, está el sendero gaucho, donde tuvo lugar la Guerra Gaucha entre 1820 y 1821. El Norte ofrece dos alternativas: o ir a la zona tropical de ciudades como Tartagal, Embarcación, Orán y Salvador Mazza (estas dos con paso fronterizo con Bolivia); o conocer los pueblos de Iruya y Nazareno, tomando la ruta 9 que pasa por Jujuy. “Calles empinadas, como detenidas en el tiempo. Pero lo que me mata es la Puna. Estar a 4.000 metros sobre el mar y ver cómo se mantuvo una cultura prehispánica, es impresionante. Quiero

Amadeito y Mirta en el Cabildo histórico.

ir a ver esas nieves eternas, esos mares de sal y las vicuñas que se mezclan con el paisaje desértico”. Amadeito se decidió: mañana viajará con Mirta rumbo a San Antonio de los Cobres, y volverá por la noche a Salta Capital para hincar la dentadura en una empanadita salteña, en un restaurante al lado de su hotel. No será la última vez que lo haga. Eso seguro. ◗

Convento San Bernardo.

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Cocina

RAVIOLES de acelga

CON ESTOFADO DE CARNE

Los ravioles

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MASA: 1/2 kg de harina 000 1cdta de sal 4 yemas 1cda. de aceite Agua RELLENO: 2 plantas de Acelga 2 cebollas 1 morr贸n rojo Queso rallado, a gusto

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Una receta clásica e infaltable en el deglutir nacional. Todo casero, mixtura de fórmula culinaria de inmigrantes e interpretación argentina.

La salsa

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PARA TODO TIPO DE PASTAS:

texto y fotos:

Claudio Herdener

La cocinera

Elvira Domínguez, 73 años, casada con Abraham. Tiene 6 hijos, y es empleada doméstica. Persona amable, de pocas palabras, con una sonrisa tímida y al mismo tiempo firme. Recibe al equipo de Cítrica con su mejor preparación.

El destino

Lo de Elvira, claro, y cuando decimos destino decimos su cocina, su comida. Vive en el valle de Traslasierra, localidad de las Rabonas, en la provincia de Córdoba.

El menú

Un clásico argentino de cualquier mesa dominguera, de cualquier punto de nuestro territorio. Los ravioles de verdura, en estofado, con esa carne que se deshilacha de la ternura. Una divinura.

Preparación

Relleno: Rehogar el morrón y la cebolla en aceite de oliva. Agregar la acelga bien cortada. Una vez retirado del fuego, esparcir un puñado de queso rallado. Masa: Mezclar la harina con la sal, agregarle las yemas batidas y el aceite. Amasar los ingredientes hasta que la masa quede elástica. Luego estirarla sobre una mesa hasta formar un rectángulo grande. Cortar la masa en cuadrados de 2 cm y colocar pequeñas cantidades de

- 2 cebollas cortadas - 3 ajos picados a discreción. - Verter estos ingredientes en una sartén con aceite de oliva bien caliente y cocinarlos hasta que se doren. - Agregar sal y pimienta a discreción, orégano y ají molido, más tarde una cucharada de azúcar y 3 cdas. soperas de vino tinto, junto a un par de hojas de laurel. - Dejar cocinar durante dos horas a fuego suave, pero constante y parejo. - Una vez cocinado, dejar descansar unos 15 minutos y servir. Es mejor preparla a la mañana para usarla a la noche. Con solo una calentadita, el sabor y los aromas se habrán intensificado.

La espera

Elvira nos sirve en una mesa de algarrobo con mantel a cuadros, destinada a ser epicentro de largas sobremesas (o antemesas), con el señor Abraham, compañero de la cocinera, jardinero conocedor de la flora serrana. La espera paciente por el plato de ravioles es una liturgia religiosa. Se reza rodeado por aromas tentadores, todo rociado con un lento vino tinto y arañazos de la miga de un pan de campo. Desde la mesa de Elvira se ve por una ventana el patio con un árbol añejo, testigo de tantos fuentones como el que esperamos.

Sensaciones del primer bocado relleno en el centro. Tapar con otro cuadrado de masa y cerrar los paquetitos. Estofado: Con poco aceite en el fondo, poner en la cacerola la carne elegida (rost beef, osobuco, palomita o el corte que se prefiera). Se deja dorar a fuego fuerte. Luego del sellado del músculo vacuno, bajar la intensidad de la llama y agregar salsa de tomate lista (ver recuadro) para entremezclar los sabores. Se cocina a fuego lento, hasta que la carne quede tierna. Con este menjunje, rociaremos los ravioles, previamente cocidos en agua hirviendo.

Humeante, el plato servido sin protocolo espera estoico. Un bocado tras otro, en el disfrute pagano, la mejor de las lujurias del alma. El primer bocado de raviol, invita a un trozo de proteína animal, a un trago y a un pancito mojado en la salsa. Los diálogos se acortan, todo se transforma en comer, sin prejuicio dietético alguno.

La clave

Poner mucho amor al hacerlos. Darle importancia al vino (va bien con un lindo Cabernet o un buen Bonarda) y no descuidar la charla en ningún momento. ◗ 49


Cultura • libros

Sentado en el banco de plaza, Hugo Rodríguez parece la estatua del lector. Sin embargo, apenas lo abordamos nos cuenta que hace seis meses que no leía, porque estaba haciendo un curso de computación y no tenía tiempo. Herrero y soldador, este hombre de 40 años siente afecto por los libros desde chico, “cuando mi hermana, que ahora es maestra, me leía cuentos”. Nunca se olvidará de Mi planta de naranja lima y de Rosinha, mi canoa, de José Mauro de Vasconcelos. Ahora, cuando tiene algo de tiempo se pone a leer. Prefiere eso a la televisión. Y así fue como esa mañana, al pasar por la puerta de una biblioteca, no

dudó. “Entré y saqué éste (Las venas tapadas de América Latina), que me llamó la atención porque es de historia argentina y latinoamericana”. El libro, averiguamos después, es obra

del uruguayo Marcos Cantera Carlomagno como respuesta al clásico Las venas abiertas de América Latina de su compatriota Eduardo Galeano que sigue abriendo tantas cabezas.

Ruy Nicolayev Rivera, librero y lector empedernido, nació en Ayacucho, Perú; “donde se encontraron rastros de la primera cultura andina”. Trabaja en una librería y lee de a dos libros por vez. Ahora está con El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Oliver Sacks), que “recién lo agarré. Acá, en la libreria, lo piden mucho y me dio curiosidad” y Una historia cultural del pene (David Friedman), “está muy bueno, trata sobre lo

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que representa el pene en diferentes culturas y el tabú sobre eso que tenemos los hombres. Hay dibujos, como éste”, nos muestra quien además se acuerda de otro libro que lo atrapó: El psicoanalista (John Katzenbach), “un policial, de suspenso, de entrada me enganchó, porque el supuesto criminal le manda una carta a su psicoanalista amenazándolo de muerte. Leí la contratapa y ya está, no quería dejar de leerlo”.

RODANTES

LIBROS

Los redactores y fotógrafos de CÍTRICA recorren plazas, bares, parques, bibliotecas y librerías en busca de personas con ganas de compartir sus lecturas


Un libro y yo Quienes hacemos CÍTRICA creemos que la crítica de libros es una tarea anacrónica y soberbia. Por eso en su lugar, contamos la experiencia única, personal e intransferible de una persona con su objeto libro.

Variaciones en ROJO texto:

P. B.

L

o encontré en una Librería de Corrientes como la mitad de los libros que compré y que no heredé ni les robe a mis padres. Salía 6 pesos porque le faltaban hojas, las del prólogo. Justamente las que no me importan, las que nunca leo antes de terminar el libro. A Walsh lo conocí en quinto año, cuando en el secundario me hicieron leer Operación Masacre. Como de costumbre, quedaba una sola noche hasta el examen y aún no lo había leído. Ni siquiera empezado. Tenía sueño, no había manera de que soportara leer un libro entero sin salteos. Sin embargo no pude detenerme ni obviar ningún detalle. Fue el libro que más rápido leí en mi vida. Más tarde leí Los Irlandeses, una serie de cuentos que criticaban ferozmente la creación de las clases sociales y hablaba de cambios. Un libro revolucionario. En Variaciones en Rojo descubrí que Walsh

fue uno de los grandes escritores de policiales que tuvo la Argentina. La historia de Operación Masacre le llegó mientras jugaba una partida de ajedrez y él tenía la capacidad de narrar un hecho delictivo e incluso perverso (como el del cuento que da título al libro) sin que el interés decayera un instante. Los tres cuentos de Variaciones son el súmmum para aquellos que de chicos jugábamos a ser detectives y hasta teníamos una lupa para mirar las cosas de otra manera. Como lo hace en este libro, Daniel Hernández, el escritor, (¿alter ego de Walsh?), que ayuda a resolver los crímenes al Comisario Jiménez. Como lo hizo Walsh para pulverizar la versión oficial de los asesinados en José León Suárez. Y como lo hizo ese mismo escritor cuando se entregó a la muerte, a través de la Carta Abierta a la Junta Militar, solo para mostrarle al pueblo la otra mirada.

Minificción

la casa DE AL LADO texto:

A

Fanue

lgo extraño ocurre en la casa de al lado la noche del primer martes de cada mes. Con impecable puntualidad, a cinco minutos de la medianoche, un automóvil llega y se detiene por un instante frente a la casa. De él baja una mujer. A fuerza de haberlo escuchado cientos de veces, reconozco el grave sonido de ese vehículo y el gol-

pe amortiguado de su puerta al cerrarse. El auto siempre es el mismo. La mujer no. Un taconeo distinto, pero siempre elegante, sensual, cruza la vereda, atraviesa el descuidado jardín y trepa en las sombras los cuatro escalones que conducen hasta la entrada de la casa. Desde la calle, sin detener su motor, el automóvil vigila el andar de esos pasos que se pierden en la

oscuridad. La mujer llama a la puerta. Toc toc... toc. Todas lo hacen del mismo modo, con tres golpes: los dos primeros muy juntos; el tercero, luego de una breve pausa. Inmediatamente después de que la mujer se ha anunciado, el auto acelera suavemente y se va. En la casa de al lado, el silencio devora los sonidos. Ninguna puerta se abre. Ningún llamado se vuelve a escu-

char. Ningún taconeo sensual regresa desde las sombras. A la mañana, con la luz del día, pasaré por el frente de la casa y encontraré, como siempre, las baldosas de su vereda rotas, la maleza del jardín que ha crecido desmesurada, y hojas secas y papeles amontonados junto a la puerta de entrada. Como ocurre en casi todas las casas abandonadas. ◗ 51


Cultura • cuento

ABELARDO CASTILLO

La madre

de Ernesto Ilustración: Amapola Negra

S

i Ernesto se enteró de que ella había vuelto (cómo había vuelto), nunca lo supe, pero el caso es que poco después se fue a vivir a El Tala, y, en todo aquel verano, sólo volvimos a verlo una o dos veces. Costaba trabajo mirarlo de frente. Era como si la idea que Julio nos había metido en la cabeza -porque la idea fue de él, de Julio, y era una idea extraña, turbadora: sucianos hiciera sentir culpables. No es que uno fuera puritano, no. A esa edad, y en un sitio como aquél, nadie es puritano. Pero justamente por eso, porque no lo éramos, porque no teníamos nada de puros o piadosos y al fin de cuentas nos parecíamos bastante a casi todo el mundo, es que la idea tenía algo que turbaba. Cierta cosa inconfesable, cruel. Atractiva. Sobre todo, atractiva. Fue hace mucho. Todavía estaba el Alabama, aquella estación de servicio que habían construido a la salida de la ciudad, sobre la ruta. El Alabama era una especie de restorán inofensivo, inofensivo de día, al menos, pero que alrededor de medianoche se transformaba en algo así como un rudimentario club nocturno. Dejó de ser rudimentario cuando al turco se le ocurrió agregar unos cuartos en el primer piso y traer mujeres. Una mujer trajo. –¡No! –Sí. Una mujer. –¿De dónde la trajo? Julio asumió esa actitud misteriosa,

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que tan bien conocíamos –porque él tenía un particular virtuosismo de gestos, palabras, inflexiones que lo hacían raramente notorio, y envidiable, como a un módico Brummel de provincias–, y luego, en voz baja, preguntó: –¿Por dónde anda Ernesto? En el campo, dije yo. En los veranos Ernesto iba a pasar unas semanas a El Tala, y esto venía sucediendo desde que el padre, a causa de aquello que pasó con la mujer, ya no quiso regresar al pueblo. Yo dije en el campo, y después pregunté: –¿Qué tiene que ver Ernesto? Julio sacó un cigarrillo. Sonreía. –¿Saben quién es la mujer que trajo el turco? Aníbal y yo nos miramos. Yo me acordaba ahora de la madre de Ernesto. Nadie habló. Se había ido hacía cuatro años, con una de esas compañías teatrales que recorren los pueblos: descocada, dijo esa vez mi abuela. Era una mujer linda. Morena y amplia: yo me acordaba. Y no debía de ser muy mayor, quién sabe si tendría cuarenta años. –Atorranta, ¿no? Hubo un silencio y fue entonces cuando Julio nos clavó aquella idea entre los ojos. O, a lo mejor, ya la teníamos. –Si no fuera la madre... No dijo más que eso. Quién sabe. Tal vez Ernesto se enteró, pues durante aquel verano sólo lo vimos una o dos veces (más tarde, según dicen, el padre vendió todo y nadie volvió a

hablar de ellos), y, las pocas veces que lo vimos, costaba trabajo mirarlo de frente. –Culpables de qué, che. Al fin de cuentas es una mujer de la vida, y hace tres meses que está en el Alabama. Y si esperamos que el turco traiga otra, nos vamos a morir de viejos. Después, él, Julio, agregaba que sólo era necesario conseguir un auto, ir, pagar y después me cuentan, y que si no nos animábamos a acompañarlo se buscaba alguno que no fuera tan braguetón, y Aníbal y yo no íbamos a dejar que nos dijera eso. –Pero es la madre. –La madre. ¿A qué llamás madre vos?: una chancha también pare chanchitos. –Y se los come. –Claro que se los come. ¿Y entonces? –Y eso qué tiene que ver. Ernesto se crió con nosotros. Yo dije algo acerca de las veces que habíamos jugado juntos; después me quedé pensando, y alguien, en voz alta, formuló exactamente lo que yo estaba pensando. Tal vez fui yo: –Se acuerdan cómo era. Claro que nos acordábamos, hacía tres meses que nos veníamos acordando. Era morena y amplia; no tenía nada de maternal. –Y además ya fue medio pueblo. Los únicos somos nosotros. Nosotros: los únicos. El argumento tenía la fuerza de una provocación, y también era una provocación que ella


hubiese vuelto. Y entonces, puercamente, todo parecía más fácil. Hoy creo –quién sabe– que, de haberse tratado de una mujer cualquiera, acaso ni habríamos pensado seriamente en ir. Quién sabe. Daba un poco de miedo decirlo, pero, en secreto, ayudábamos a Julio para que nos convenciera; porque lo equívoco, lo inconfesable, lo monstruosamente atractivo de todo eso, era, tal vez, que se trataba de la madre de uno de nosotros. –No digas porquerías, querés -me dijo Aníbal. Una semana más tarde, Julio aseguró que esa misma noche conseguiría el automóvil. Aníbal y yo lo esperábamos en el bulevar. –No se lo deben de haber prestado. –A lo mejor se echó atrás. Lo dije como con desprecio, me acuerdo perfectamente. Sin embargo fue una especie de plegaria: a lo mejor se echó atrás. Aníbal tenía la voz extraña, voz de indiferencia: –No lo voy a esperar toda la noche; si dentro de diez minutos no viene, yo me voy. –¿Cómo será ahora? –Quién... ¿la tipa? Estuvo a punto de decir: la madre.

Se lo noté en la cara. Dijo la tipa. Diez minutos son largos, y entonces cuesta trabajo olvidarse de cuando íbamos a jugar con Ernesto, y ella, la mujer morena y amplia, nos preguntaba si queríamos quedarnos a tomar la leche. La mujer morena. Amplia. –Esto es una asquerosidad, che. –Tenés miedo – dije yo. –Miedo no; otra cosa. Me encogí de hombros: –Por lo general, todas éstas tienen hijos. Madre de alguno iba a ser. –No es lo mismo. A Ernesto lo conocemos. Dije que eso no era lo peor. Diez minutos. Lo peor era que ella nos conocía a nosotros, y que nos iba a mirar. Sí. No sé por qué, pero yo estaba convencido de una cosa: cuando ella nos mirara iba a pasar algo. Aníbal tenía cara de asustado ahora, y diez minutos son largos. Preguntó: –¿Y si nos echa? Iba a contestarle cuando se me hizo

un nudo en el estómago: por la calle principal venía el estruendo de un coche con el escape libre. –Es Julio –dijimos a dúo. El auto tomó una curva prepotente. Todo en él era prepotente: el buscahuellas, el escape. Infundía ánimos. La botella que trajo también infundía ánimos. –Se la robé a mi viejo. Le brillaban los ojos. A Aníbal y a mí, después de los primeros tragos, también nos brillaban los ojos. Tomamos por la Calle de los Paraísos, en dirección al paso a nivel. A ella también le brillaban los ojos cuando éramos chicos, o, quizá, ahora me parecía que se los había visto brillar. Y se pintaba, se pintaba mucho. La boca, sobre todo. –Fumaba, ¿te acordás? Todos estábamos pensando lo mismo, pues esto último no lo había dicho yo, sino Aníbal; lo que yo dije fue que sí, que me acordaba, y agregué que por algo se empieza. –¿Cuánto falta? –Diez minutos. Y los diez minutos volvieron a ser largos; pero ahora eran largos exactamente al revés. No sé. Acaso era porque yo me acordaba, todos nos acordábamos, de aquella tarde cuando ella estaba lim53


Cultura

piando el piso, y era verano, y el escote al agacharse se le separó del cuerpo, y nosotros nos habíamos codeado. Julio apretó el acelerador. –Al fin de cuentas, es un castigo –tu voz, Aníbal, no era convincente–: una venganza en nombre de Ernesto, para que no sea atorranta. –¡Qué castigo ni castigo! Alguien, creo que fui yo, dijo una obscenidad bestial. Claro que fui yo. Los tres nos reímos a carcajadas y Julio aceleró más. –¿Y si nos hace echar? –¡Estás mal de la cabeza vos! ¡En cuanto se haga la estrecha lo hablo al turco, o armo un escándalo que les cierran el boliche por desconsideración con la clientela! A esa hora no había mucha gente en el bar: algún viajante y dos o tres camioneros. Del pueblo, nadie. Y, vaya a saber por qué, esto último me hizo sentir audaz. Impune. Le guiñé el ojo a la rubiecita que estaba detrás del mostrador; Julio, mientras tanto, hablaba con el turco. El turco nos miró como si nos estudiara, y por la cara desafiante que puso Aníbal me di cuenta de que él también se sentía audaz. El turco le dijo a la rubiecita: –Llevalos arriba. La rubiecita subiendo los escalones: me acuerdo de sus piernas. Y de cómo movía las caderas al subir. También me acuerdo de que le dije una indecencia, y que la chica

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me contestó con otra, cosa que (tal vez por el coñac que tomamos en el coche, o por la ginebra del mostrador) nos causó mucha gracia. Después estábamos en una sala pulcra, impersonal, casi recogida, en la que había una mesa pequeña: la salita de espera de un dentista. Pensé a ver si nos sacan una muela. Se lo dije a los otros: –A ver si nos sacan una muela. Era imposible aguantar la risa, pero tratábamos de no hacer ruido. Las cosas se decían en voz muy baja. –Como en misa – dijo Julio, y a todos volvió a parecernos notablemente divertido; sin embargo, nada fue tan gracioso como cuando Aníbal, tapándose la boca y con una especie de resoplido, agregó: –¡Mirá si en una de ésas sale el cura de adentro! Me dolía el estómago y tenía la garganta seca. De la risa, creo. Pero de pronto nos quedamos serios. El que estaba adentro salió. Era un hombre bajo, rechoncho; tenía aspecto de cerdito. Un cerdito satisfecho. Señalando con la cabeza hacia la habitación, hizo un gesto: se mordió el labio y puso los ojos en blanco. Después, mientras se oían los pasos del hombre que bajaba, Julio pregunto: –¿Quién pasa? Nos miramos. Hasta ese momento no se me había ocurrido, o no había dejado que se me ocurriese, que íbamos a estar solos, separados –eso: separados- delante de ella. Me encogí de hombros.

–Qué sé yo. Cualquiera. Por la puerta a medio abrir se oía el ruido del agua saliendo de una canilla. Lavatorio. Después, un silencio y una luz que nos dio en la cara; la puerta acababa de abrirse del todo. Ahí estaba ella. Nos quedamos mirándola, fascinados. El deshabillé entreabierto y la tarde de aquel verano, antes, cuando todavía era la madre de Ernesto y el vestido se le separó del cuerpo y nos decía si queríamos quedarnos a tomar la leche. Sólo que la mujer era rubia ahora. Rubia y amplia. Sonreía con una sonrisa profesional; una sonrisa vagamente infame. –¿Bueno? Su voz, inesperada, me sobresaltó: era la misma. Algo, sin embargo, había cambiado en ella, en la voz. La mujer volvió a sonreír y repitió “bueno”, y era como una orden; una orden pegajosa y caliente. Tal vez fue por eso que, los tres juntos, nos pusimos de pie. Su deshabillé, me acuerdo, era oscuro, casi traslúcido. –Voy yo –murmuró Julio, y se adelantó, resuelto. Alcanzó a dar dos pasos: nada más que dos. Porque ella entonces nos miró de lleno, y él, de golpe, se detuvo. Se detuvo quién sabe por qué: de miedo, o de vergüenza tal vez, o de asco. Y ahí se terminó todo. Porque ella nos miraba y yo sabía que, cuando nos mirase, iba a pasar algo. Los tres nos habíamos quedado inmóviles, clavados en el piso; y al vernos así, titubeantes, vaya a saber con que caras, el rostro de ella se fue transfigurando lenta, gradualmente, hasta adquirir una expresión extraña y terrible. Sí. Porque al principio, durante unos segundos, fue perplejidad o incomprensión. Después no. Después pareció haber entendido oscuramente algo, y nos miró con miedo, desgarrada, interrogante. Entonces lo dijo. Dijo si le había pasado algo a él, a Ernesto. Cerrándose el deshabillé lo dijo. ◗


Cultura • hernán rivera letelier

De minero El hambre le despertó su vocación literaria a los dieciocho años. Esa y otras hermosas anécdotas nos contó en una mesa en plena Feria del Libro de La Rioja un hombre que, aunque sus libros se traducen a 19 idiomas, no se considera intelectual y elige seguir viviendo en el desierto.

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A

poeta texto: fotos:

Redacción Cítrica Natalia Díaz


El arte de la resurrección, La contadora de películas y El fantasista; de Hernán Rivera Letelier por Editorial Alfaguara.

N

ada, no había leído absolutamente nada. Tenía dieciocho años, hacía tres que trabajaba en una mina y el único paisaje que conocía era el desierto chileno. Hoy tiene sesenta y dos años y sus libros se venden por miles en diecinueve idiomas distintos. Nada, no había leído absolutamente nada –enfatiza Hernán Rivera Letelier–. Desde muy pequeño me gustaba mucho el arte. La escultura, la pintura, el cine, la música. Practicaba el dibujo, me encantaba pintar y amanecía pintando cuando era muy niño. Me crié en un campamento minero, muy chico, de tres calles. En el desierto de Atacama, en la salitrera donde viví cuarenta y cinco años. No conocía más que la pampa. Pero a los dieciocho me rebelé. Yo iba al cine a ver las películas y de pronto en los noticiarios que se daban allí aparecían las imágenes del movimiento hippie, el amor libre. Decía, “¡me lo estoy perdiendo, esto no puede ser!”. Con dieciocho años yo quería estar ahí. Así que renuncié a la empresa, me fabriqué una mochila y me fui a caminar. A hacer la revolución de las flores. ¿Y hacia dónde caminaste? Adonde fuera, donde me llevaran. Hacía dedo en la calle. Anduve errando entre cuatro, cinco años. Y en esta andanza descubrí que lo mío

era la escritura, que en verdad llevaba un poeta dentro.  Fue en una playa, una vez, muerto de hambre, con otro compañero hippie que me encontré en la carretera. Este tipo se había robado una radio portátil. Estábamos escuchando música una noche, fumándonos un caño. Y de pronto para la música y empieza un programa, Sólo para románticos. El locutor explica que los oyentes podían mandar sus poemas, se leían algunos poemas por noche, y el sábado se premiaban a los tres mejores poemas de la semana. Yo nunca había escrito un poema. Bueno, hasta ahí no le hicimos mucho caso, estábamos en otra. Pero cuando empieza a decir los premios, que para el tercer lugar había dos entradas para el cine, para el segundo un libro a elección en una librería, y para el primer lugar un vale para dos cenas en el hotel El morro; yo te juro que escuché la palabra cena y bajaron las musas del Olimpo. Me dije, “yo puedo hacer un poema, yo me gano este premio”. Tenía un cuaderno en la mochila en el que pegaba algunas cosas: postales y banderines de los pueblos por los que pasaba, fotos de muchachas que iba conociendo por ahí. Tomé el cuaderno y me puse a escribir un poema. Antes de ponerme a escribir, me acuerdo que le dije a mi socio: “¿Quie-

re ir a cenar el domingo al hotel El morro? Voy a escribir un poema”. Y escribí un kilométrico poema de amor, por supuesto, acordándome de una novia que había dejado en la pampa. Gané ese premio, esa cena, y no paré nunca más de escribir. Todo comenzó así, con ese poema. Cuatro páginas de un tirón, sin corregir una sola palabra. Ahora yo corrijo setenta veces. ¿Cuál fue el primer gran libro que leíste? No conocía a los escritores grandes. Lo más intelectual que había leído hasta los dieciocho años, eran las Selecciones del Reader’s Digest. Me crié en una casa en la que no había libros. Mis padres eran evangélicos, no se compraban ni libros, ni revistas, ni diarios. Pero estaba la Biblia, y a la Biblia sí me la había leído toda, como novela, como cuento, como fábula. Y después de esta andanza en la que gané ese premio, me dije, “tengo que leer algún poema”. Recuerdo que nos pusimos a limpiar autos en la plaza, junté unas monedas, me fui a una librería y compré un libro de Pablo Neruda. Pero me equivoqué, porque decía “Poesía y estilo de Pablo Neruda”. Yo pensé que eran poemas, y lo compré sin abrirlo. Después me puse a leer y era un ensayo sobre la poesía de Neruda, de Dámaso Alonso. Un ensayo cabezón, y no entendía nada. Lo único que podía leer eran los versos que el tipo citaba ahí. Guardé ese libro y me demoré como cuatro años en entenderlo. Así empecé.

“El mundo intelectual de mi país no me quiere. No conciben que un obrero pueda escribir como ellos o mejor que ellos.” 57


Cultura

¿Cómo fue el paso de la poesía a la novela? Ese paso se demoró como veinte años, se fue dando solo. No fue nada premeditado. Fue inconsciente. Andaba en las andanzas y de repente, con el golpe de estado en Chile, el 11 de septiembre de 1973, ya no se pudo andar más. Me volví a trabajar a la mina, pero ya escribiendo. Escribí poesía durante catorce, quince años. Y de pronto empecé a ver que mis poemas me salían muy anecdóticos, como narrativos. Incluso con final como de cuento, con una vuelta de tuerca. Entonces un día hice el experimento de pescar un poema de estos y escribirlo hacia el lado (horizontalmente). Hacía más efecto como cuento

que como poema. Y me entusiasmé y empecé a escribir hacia el lado. Escribí cuentos durante cuatro años. Cuentos muy cortos. Media página, una página, dos páginas. Cuentos de dos líneas. Y recuerdo que una tarde, mientras vol-

Los cinco fantásticos Hernán Rivera Letelier sólo lee por placer. “No para ser erudito. Y por eso, si no me da placer, tiro el libro”. Así dice que le pasó, por ejemplo, con la novela 2666 de su compatriota Roberto Bolaño, con quien alguna vez mantuvo una polémica. En cambio, hay otros escritores a los que vuelve una y otra vez. Su olimpo está compuesto por cinco colegas. “Ellos fueron y son mis cinco maestros, los que me enseñaron a escribir y a quienes leo y releo siempre. Son cinco sudamericanos del Boom. En primerísimo lugar Juan Rulfo. Si yo tuviera un auto, que no tengo, le pondría una calcomanía que dijera: Rulfo es mi copiloto. Después García Márquez, después Cortázar, Borges y un argentino que no se conoce como es debido, Leopoldo Marechal”.  En su país le cuesta encontrar narradores

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que lo conmuevan. No así con los poetas. “Los poetas de Chile son lo mejor del mundo hispano. Aparte de Neruda, Huidobro, Parra, la Mistral y Pablo de Rokha, que son como una montaña. Hay un montón de poetas muy buenos. Raúl Zurita, Enrique Lihn, Gonzalo Rojas, puedo nombrar cientos”. En la biblioteca de su casa, en Antofagasta, tiene alrededor de 500 libros. Asegura que no le interesa tener más que esa cantidad y que sólo conserva los libros que sabe que algún día releerá. El resto los regala, de a grandes cajas, a diferentes colegios e instituciones. El primer libro que le abrió la cabeza fue Historias de Cronopios y de Famas, de Cortázar. “En la época de mis andanzas de hippie, ese libro me encandiló, me pareció alucinante”. Hay un libro que siempre tiene a mano, su segunda Biblia, el libro que más ha releído y al que, cada vez que lo lee, le encuentra algo distinto: El otoño del patriarca, de García Márquez. “Ese es un libro para escritores. Es tan condenadamente bueno. Esa novela es un poema de principio a fin. El tipo, creo que se demoró 12 años en hacerlo. Lo recomiendo. Ahí es donde uno aprende a escribir. Hay destellos, escenas, imágenes, adjetivos. Espectacular, te va asombrando en cada página”.

vía de la mina en un bus, mis compañeros venían secos durmiendo y yo venía creando. Me acordé de un caso que me había contado un viejo de la mina un tiempo atrás, y dije, “acá hay un cuento, mínimo de veinte páginas”. Todo un reto para mí. Llegué a mi casa y me puse a escribir. En una semana ya había cubierto veinte páginas y todavía estaba empezando. A las tres semanas llevaba treinta páginas, a las cuatro semanas, cuarenta, y a la página cuarenta y cinco dije, “esto es novela”. Entonces la paré, ya pensando en una novela, y después de cuatro años salió La Reina Isabel cantaba rancheras. La historia con la que empecé a escribir, aquella que me había contado el viejo, quedó afuera. Fue una cosa increíble. ¿Qué te paso al conocer a los escritores consagrados, te sentías un par, te daba vergüenza? Siempre me he sentido como un impostor, como que le estoy usurpando el puesto a alguien. Fijate que es tan así, que casi no tengo amigos escritores. Yo me quedé siempre viviendo en Antofagasta, en el norte, en el desierto. Voy a Santiago tarde, mal y nunca y cuando voy, hago lo que tengo que hacer y vuelvo rápidamente para el norte. Entonces casi no me junto con los escritores. ¿Es un gremio difícil? Complicado. Aunque estoy a mil kilómetros de distancia, igual me llegan piedrazos y cuchillazos. El mundo intelectual de mi país no me quiere. ¡Ellos, que se creían una elite, y de pronto, que aparezca un obrero semianalfabeto, sin título, que escriba y que lo publiquen! Como que no conciben que un obrero tenga un mundo interior tan rico como ellos o más, que un obrero pueda escribir como ellos o mejor que ellos. Pero lo que más les molesta, es que un obrero venda más que ellos. ¿Qué le dirías a un joven que escribe, que quiere ser escritor, que tiene inquietudes literarias? Cuando empecé a escribir, yo ansiaba conocer a alguien para mostrarle mis poemas. Nunca tuve con quien conversar sobre poesía ni mostrarle lo que escribía. No sabía cómo eran los escritores.  Incluso, cuando era más


Hernán Rivera Letelier

Los jóvenes chilenos Ese hermoso ejemplo

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Hay un tema que lo emociona. “Los jóvenes de mi país son dignos de admiración. Me hubiese encantado ser joven para meterme en las protestas ahí con ellos, a gritar, a bailar las calles. Yo no veía esto en mi país desde los tiempos de Salvador Allende, esa época era un joven como ellos y las calles de mi país eran calles alegres, gente bailando, gente tocando guitarras, gente cantando. Y eso con la dictadura, por supuesto, se apagó completamente. Y ahora los jóvenes lo volvieron a hacer. Realmente lo que están haciendo los jóvenes en mi país es un ejemplo para todos los jóvenes no sólo para América, sino para todo el mundo. Son reprimidos, les sacan la cresta, les pegan. Pero igual salen a la calle, han cambiado muchas cosas y han puesto los problemas en el tapete. Es muy lindo lo que está pasando”. “Además ella es muy linda”, dice Rivera y todos sabemos de quién habla. Sonríe, algo tiene para contar sobre la Camila Vallejos. “A mí no me puede ver. Para mí lo primero de todo es el sentido del humor. Antes que la política, que la moral. Ella es muy linda

niño, yo pensaba que todos los poetas estaban muertos. Que un tipo que escribiera de esa manera, era imposible que sudara, que sangrara, que cagara. Para mí, eran como ángeles. Después, cuando los conocí, me di cuenta de que eran unos hijos de puta igual que yo. Yo soy lo menos intelectual que puede haber. Soy un práctico más que un teórico. Y estoy convencido de que al

“Lo que nos queda a los artistas es rasguñar, en cada obra, la entretela de la belleza, la perfección. Pobre del que llegue, porque se muere, explota.”

pero le falta sentido del humor. Si lo que yo le dije lo hubiera tomado con sentido del humor hubiera sido espectacular. En una entrevista en el último lanzamiento de mi libro, en Santiago, yo ya estaba aburrido en el hotel, habían estado como cinco periodistas. El último que llegó era de un diario que se llama La Cuarta, que es muy popular en Chile. El flaco que me mandaron era muy simpático, así que le dije estoy aburridísimo en este hotel, porque no vamos a hacer la entrevista al café con piernas, donde las muchachas te atienden en colaless. Él era muy simpático, tenía sentido del humor. Se suponía que había terminado la entrevista cuando empezamos a hablar de

joven que está empezando a escribir y que va a ser escritor no hay que darle consejos, porque él, contra viento y marea, aunque lo critiquen y encuentren malos sus poemas, si realmente vino a este mundo para eso, va a ser poeta, escritor o pintor, o lo que sea a costa de todo. Al que no va a ser artista, ni el consejo del más grande le hará efecto. Lo que debiera hacer un joven que escribe o que está empezando a escribir, es leer la biografía de los escritores. Darte cuenta ahí, que lo que viene es pesado, duro, que no es fácil. Que los grandes escritores han llegado adonde están porque se han sacado la cresta. Han pasado hambre, han sido vilipendiados. Y eso ayuda un poco, te da ánimo. Te cuento una anécdota. Cuando yo escribía poemas me preguntaba, “¿cómo voy a ser poeta si me demoro tanto en hacer un poemita de cinco líneas? Pues yo pulía, corregía y me demoraba mucho. Y de pronto en una revista veo que hay un reportaje sobre

la Camila. Te gustaría hablar con la Camila Vallejos, me preguntó. Me encantaría hablar con ella, pero ella en baby doll, dije, a propósito del ambiente en el que estábamos. Y este hijo de la gran puta lo puso de título. Rivera Letelier sueña ver a Camila en baby doll. Ese día me hicieron mierda todos en Chile”.

un soneto de García Lorca. Aparecían 20 versiones de ese soneto. “Pucha, si García Lorca se toma el trabajo de hacer 20 versiones de ese soneto, qué me queda a mí, pensé”. Y me sentí aliviado. Yo pensaba que los poetas se inspiraban y salía todo. ¿Qué buscabas cuando corregías tanto tus poemas? La belleza en su esplendor. Incluía la musicalidad del verso, la belleza de la palabra, la imagen o la idea que quería expresar. He aprendido que en realidad lo que uno busca es la belleza, busca la perfección, la obra maestra. Cada vez que me siento a escribir una novela me siento a escribir mi obra maestra. “Ahora sí que viene”, me digo. Sé que no va a venir porque no existe la obra maestra ni la perfección, porque somos imperfectos. Pero lo que nos queda a los artistas es acercarnos en cada obra un poquito más a la belleza, a la perfección, rasguñar la entretela de la belleza. Pobre del que llegue, porque se deshace, se muere, explota. ◗ 59


Cultura • Poesía

Corazón PENSAR CON EL

Autobiografía Natalia Díaz

Me decían eso es llanto y yo les respondía no, eso es amor.

Héctor David (Villa Nidia, La Rioja, 1935)

P

oeta y narrador de elevada sensibilidad hacia la condición humana, en contacto directo con los paisajes agrestes donde le tocó crecer y madurar, ha sido nutrido por vivencias profundas donde el protagonismo de los personajes de su tierra lo inspiró para construir una obra única y reveladora. Entre 1961 y 1965, Gatica editó la revista Poesía amiga, para la cual, según rememora Jorge Boccanera, galopaba quine kilómetros desde Villa Nidia hasta Nueva Esperanza, para despacharla por una estafeta hacia América y Europa. “Dediqué un número a cada país de América, lo que finalmente resultó en la antología Este canto es América”, señala el poeta. Hijo de una docente de pueblo, siguió esa línea de acción y se recibió de maestro en 1968. Educador nato y comunicador a ultranza, editó múltiples cuadernos mimeografiados.

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GATICA Don Atahualpa Yupanqui, que lo llamaba “Don Rioja”, lo definía como “un poeta que piensa con el corazón”. Como poeta leído y cantado, entre otras distinciones, Gatica fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de La Rioja en 1995. Una de las obras más difundidas de este poeta ha sido la Cantata riojana musicalizada por su coterráneo Ramón Navarro (ex integrante del grupo de los Quilla Huasi) y llevada al disco en 1985. La Cantata narra la historia de La Rioja desde sus comienzos hasta la vuelta de la democracia. Recuerda el poeta: “La paseamos por dieciocho departamentos de La Rioja y por trece provincias. En Buenos Aires se puso en los teatros San Martín, Cervantes y Colón. Y en 2001 se plasmó como libro”. El arte de Gatica es convertir pequeñas historias en poderosos testimonios. ◗ m.g

Me gritaban no te cuelgues del agua y yo iba y caminaba sobre el miedo. Así anduve en el temor de los que pensaron que a la hora de los vientos sería un árbol tumbado. Me cansa la llanura sin peldaños. Hay quienes siguen creyendo aun que el dolor es un castigo. De El viaje, 2009.


Los 7 principios del cooperativismo 1 Adhesión voluntaria y abierta 2 Gestión democrática de los miembros 3 Participación económica de los miembros 4 Autonomía e independencia 5 Educación, capacitación e información 6 Cooperación entre cooperativas 7 Interés por la comunidad



Revista Cítrica