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REVISTA LA REVISTA DE LA CIUDAD

“Tendremos un nuevo centro en el norte” Un diálogo sobre la ciudad que el alcalde Barrera imagina en la zona del ex aeropuerto.

El plan urbano: subir diez pisos

Presente y memoria del

libro

Una ciudad de edificios con generosos espacios verdes y corredores ecológicos en el tejido de cemento.

La prostitución de Quito vista de cerquita Washington Mosquera viajó a El Prado Distribución mensual gratuita Abril 2013 • Nro. 37 25 000 ejemplares

Presente y memoria del

libro 1


CAM B I AM O S L A C H ATA R R A

Adelca es el mayor reciclador del Ecuador, convertimos la chatarra en productos de la mejor calidad para la construcci贸n, brindando seguridad y sosteniendo el sue帽o de miles de ecuatorianos. CONSTRUYE TU MUNDO NOSOTROS LO SOSTENEMOS. 2


PO R ES P E R A N Z A

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MUNICIPIO DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO, 2013 AUGUSTO BARRERA G.

REVISTA

Alcalde del Distrito Metropolitano de Quito CAROLINA ESPINOSA VERGARA Secretaria de Comunicación MDMQ CONSEJO EDITORIAL Mauro Cerbino Lucía Durán Paulina Recalde Hernán Reyes Juan Paz y Miño EDITOR GENERAL Alfonso Espinosa Andrade alfonjod@gmail.com COORDINACIÓN EDITORIAL

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Aurelia Romero y Cordero aure.romero@gmail.com FOTOGRAFÍA Martín Jaramillo Serrano fotografia.martin@gmail.com

Otro enfoque

Con sentido

Editorial_______________________ 5

Fotorreportaje_________________ 46

Revista Q

Cartas del lector_______________ 6

Los afectos alquilados_________ 50

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E INFOGRAFÍAS

Tu ciudad en cifras____________ 7

Café en Quito_________________ 56

Entrevista a fondo____________8

DIRECCIÓN DE ARTE

Diana Armas / Revista Q dianaarmas@gmail.com FOTO PORTADA: Biblioteca de Mathias Abraham Autor: Martín Jaramillo

Diversidades

Culturas

Quebradas de Quito___________ 16

Música Sacra__________________ 62

CONTACTO

El territorio del tattoo__________ 20

La Compañía__________________ 64

Telef: 395 23 00 ext. 12089 / 0997319113

Electrosmog__________________ 24

Mosquera en Madrid___________ 68

METROPOLITANO DE QUITO

El Mercado del arte_____________ 72 Central

Jorge Carrera Andrade_________ 76

Cultura del libro_______________ 26

50 (la mitad)___________________ 78

Quito lee______________________ 31

Imperdibles____________________ 80

Fondos antiguos______________ 32 Los libros y sus amantes______ 38 Para editar con el IMP_________ 42 Leer es un milagro____________ 43

larevistaq@gmail.com MUNICIPIO DEL DISTRITO Dirección: Palacio Municipal, Venezuela entre Chile y Espejo / www.quito.gob.ec Número 37. abril 2013 25 000 ejemplares MUNICIPIO DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO, 2013 Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no comprometen a la revista ni a sus editores. PRODUCCIÓN: Revista Q IMPRESIÓN: Imprenta Mariscal Invitamos a la reproducción citando la fuente

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otro

enfoque El espacio público, los libros y un pintor lejos La apertura al público del Parque Bicentenario, ubicado en los terrenos del antiguo aeropuerto Mariscal Sucre, marca un hito en la historia de la ciudad. Dentro de pocos años, toda esa zona, que estaba congelada en los seis pisos y devaluada por los (d)efectos de la terminal aérea, tendrá un potente desarrollo urbano. Este proceso de modernización debe implicar cambios culturales, o la ciudad habrá perdido una invalorable oportunidad para reinventarse. La inversión de aproximadamente 200 millones de dólares en el desarrollo del parque, que incluye una estación del Metro y un gran Centro de Convenciones, además de importantes servicios culturales, es el motor público de ese cambio que no puede ser sólo de edificios y fachadas, que debe ser interno y profundo para que pueda ser duradero. Sobre este tema específico del parque y sus ondas de impacto metropolitano hablamos con el Alcalde de la ciudad, y esa entrevista abre nuestra edición 37, con la que inauguramos en la Revista Q nuestro cuarto año de servicio a la sociedad. Traemos, en esta edición, un tema central sobre los libros en Quito: esos otros seres, hijos de la imaginación

y de la inteligencia, que siempre acompañan silenciosos los grandes procesos sociales e históricos: las ideas que mueven las espadas fueron primero palabra y para que esa palabra creciera, bajaron del viento y se hicieron tinta. De esos libros que han marcado a generaciones o han hecho pensar a los líderes hablamos, y hablamos también de las personas que coleccionan y aman los libros sobre todas las cosas, y tratamos de hacer un apunte sobre la presencia de este animalito de papel que come almas, el libro, en nuestra querida ciudad. En cultura tenemos el reporte de un viajante y de su encuentro con los dioses: el pintor Washington Mosquera, figura del arte figurativo nacional, estuvo en Madrid y habló, luego de algunos siglos de espera, con Goya y con Velásquez, sus maestros que no lo conocían. Esa es la mesa de abril, que trae como postre a La Compañía. Nada que ver con el Papa Francisco, que conste...

Alfonso Espinosa Andrade EDITOR REVISTA Q

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Cartas del lector Disculpas a Santiago Arcos En nuestro número de febrero-marzo, en la sección especial dedicada a la fotografía de Quito, en la galería gráfica “10 miradas: fotógrafos y fotógrafas chequeando Quito” contamos con la colaboración del fotógrafo Santiago Arcos. En la página 124, publicamos el retrato de un bombero durante los recientes incendios: por una mala gestión del archivo digital de la imagen, está salió impresa muy oscura y en un registro de color inadecuado. Pedimos sinceras disculpas al fotógrafo de diario El Telégrafo, que generosamente nos facilitó el material: la imagen, que reproducimos aquí arriba, es un excelente producto fotoperiodístico.

Error en reportaje sobre fotoperiodismo Un error en la maquetación de nuestro número pasado ocultó tres líneas, al comienzo del tercer párrafo del reportaje “Fotoperiodismo y documental”, de Martín Jaramillo y María Elena Dávila, en la página 102. El párrafo completo debió salir así: “Las primeras fotografías consideradas propiamente fotoperiodísticas son las tres tomas del guayaquileño Carlos Monteverde Romero, el 28 de enero de 1912, día del brutal

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Escríbanos: larevistaq@gmail.com

asesinato de Eloy Alfaro y sus colaboradores. Monteverde realizó, desde dos balcones distintos, dos fotografías de los liberales arrastrados por las calles de Quito por una enardecida turba, lo cual resalta su intención de lograr un seguimiento de lo que estaba ocurriendo hasta su desenlace, con la foto de la hoguera en el parque El Ejido. Pese a que esas fotos no se publicaron en ningún medio de comunicación, lo cual hoy en día las definiría como fotoperiodísticas, sirvieron años después para identificar culpables en los juicios procesales que se abrieron”. Mil disculpas a los autores y a los lectores por este –y por todos– los deslices cometidos.

Mal sitio para los contenedores Una de cal y otra de arena: en el norte de Quito, el Municipio ha instalado contenedores para la basura, lo que entiendo permitirá una mejor gestión de los desechos de la ciudad. El problema: los contenedores se han puesto en las aceras, restando espacio para los peatones. Ocupar la vereda es irrespetar la lógica misma propuesa por la Alcaldía cuando amplía bulevares. La solución: mi criterio es que los contenedores debieran estar en la calle, ocupando aproximadamente el espacio de un auto parqueado, pero no el de los peatones. Jorge Pérez Imbaquingo


Tu ciudad en cifras

Parques para recrear el espacio público El espacio público, como espacio de interacción social, permite la relación, identificación y contacto entre los actores sociales. Estos procesos de inclusión, exclusión, represión y aceptación determinan los sentidos colectivos, por lo que el espacio público es también un espacio de animación y expresión tanto urbana como rural. Por ello, construir, revitalizar y dotar de un nuevo significado al espacio público implica necesariamente recuperar la ciudad y sus espacios para el servicio de sus habitantes, su recreación pública y la reducción de lo patrimonial a la infraestructura física, aumentando el acceso y las opciones para los ciudadanos. La actual administración municipal se planteó como objetivo estratégico la recuperación de lo público, a través de espacios de calidad para el desarrollo de actividades de entretenimiento, interacción con la naturaleza y recreación. En los últimos años, se inauguraron tres parques metropolitanos dentro del perímetro urbano de la ciudad: Metropolitano del Sur (707, 8 ha), Chilibulo-Huayrapungo (320 ha) y Cuscungo (12,6 ha), además de la próxima inauguración

del Parque Bicentenario en los antiguos terrenos del Aeropuerto Mariscal Sucre (incorporando 127,9 ha más de espacio público a la ciudad). Durante los últimos tres años, la inversión en espacio público suma un total de 66 millones de dólares (en el 2009 era de 3,9 millones), en obras realizadas en el Centro Histórico, parques, plazas, parques metropolitanos, soterramientos y bulevares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que 9m2 de áreas verdes por habitante es lo óptimo, mientras que 14m2 es lo ideal. En Quito, el promedio de áreas verdes por habitante llega a 13,5 m2, llegando a 14,1 m2 con la inclusión del Parque Bicentenario. En áreas recreativas y culturales –y con la presencia de este parque– Quito llegará a un promedio de 16,4 m2 por habitante. Garantizar la recreación del espacio público garantiza también el acceso a actividades que permitan mejorar la salud, la calidad de actividades de esparcimiento, el contacto en la diversidad, el desarrollo de la personalidad y la conectividad socio-cultural de los habitantes de la ciudad. FUENTE:Boletín estadístico / Instituto de la Ciudad www.institutodelaciudad.com.ec

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Otro enfoque

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Hace un par de décadas se especulaba con cuánto valdrían los terrenos del aeropuerto Mariscal Sucre: de hecho, su aprovechamiento inmobiliario era una de las fuentes de financiamiento para el “nuevo” aeropuerto, que nadie sabía dónde sería ni cuándo se haría. Con el paso del tiempo y ante la inminencia del traslado de la principal terminal aérea del país, la ciudad tomó conciencia de que tenía otras necesidades: bastó apenas la difusa idea de un parque con lago para que el destino de ese terreno cambiara. Ahora la idea cobró cuerpo, forma y está perfectamente aterrizada: triste sería reducir a un lago el complejo de servicios y el proceso ecológico y social que el parque implicará para casi un tercio del territorio urbano consolidado de la ciudad. El acalde Augusto Barrera Guarderas atiende a la Revista Q en el ex aeropuerto, que en abril se abre ya como Parque Bicentenario. Seguro no se llamará así: el 24 de Mayo es El Ejido para siempre, como para siempre se llamará La Y a la Y, y no Parque Benalcázar... Sobre el nuevo espacio público recuperado conversamos con el Alcalde, que se queja de que lo hayan hecho venir con terno a la tempranera cita. El médico con maestría en Ciencias Políticas que preside el Concejo hubiera preferido su ropa deportiva, con la que cada mañana hace ejercicio...

La nueva ciudad tiene un en el

parque

corazón

Texto: Alfonso Espinosa Andrade • Foto: Martín Jaramillo alfonjod@gmail.com

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C

onceptualmente, ¿cuál es la significación de un parque en las ciudades, en su imaginario, en su tejido social, en su vida diaria? Hay dos corrientes para entender la ciudad: una, vieja, dice “la ciudad son las casas y los edificios construidos”; otra, valora la ciudad como una gran red de espacios públicos. Una característica típica de Quito es que produjo su espacio público muy de la mano de la religiosidad: las plazas históricas de La Merced, San Francisco o Santo Domingo están fuertemente vinculadas a la ritualidad religiosa. Hemos tenido una terrible carencia de espacio público cívico, ciudadano, laico. La plaza Quitumbe, este parque, la recuperación de bulevares y paseos, está enfocada en tres elementos: uno, la visión de la ciudad como una red de espacios públicos; dos, el hecho de que el espacio público es la ciudad, hace la ciudad; y, finalmente, esta carencia que estamos resolviendo en la construcción de espacio público cívico. ¿Cómo mejora el tejido social con los parques? En los barrios próximos al nuevo parque viven importantes colectivos migrantes cubanos y colombianos, mucha gente mayor, muchas familias que rentan o invierten, en Ponciano por ejemplo, en proyectos de vivienda propia... Es una población muy diversa. Si bien el parque tiene 127 hectáreas, el área de influencia en esta zona son unas 1600 has., que son casi el 30 por ciento de la zona urbana consolidada de Quito, que comprende unas 4000 has. Y son más de 600 000 personas las que se benefician directamente. El impacto será diferente en cada zona. Alrededor del parque hay, vamos a ponerlo así, unas capas concéntricas de ciudad. La parte más cercana se deterioró por efectos del propio aeropuerto, y lo que vamos a tener allí es una gran revitalización. Las casas que uno ve inmediatamente en la avenida

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Amazonas y en los alrededores del ex aeropuerto terminaron siendo bodegas, garajes, talleres… Van a transformarse, porque ese uso ya no está justificado. Luego tenemos toda la zona que estuvo impactada por los conos de aproximación y no podía edificar en altura. Y luego el parque impacta de forma más general en una zona que es altamente residencial. ¿Cuáles son las ganancias concretas para los habitantes de la ciudad? El proceso de recuperar este espacio público para el parque urbano más grande de la ciudad será beneficioso por muchos lados. En primer lugar está la salida de una infraestructura que si bien era importante, generó muchas restricciones, además de contaminación de ruido y atmosférica. Hay que recordar que el Mariscal Sucre es un aeropuerto de carga, no solo de pasajeros, y la gente que ha vivido aquí sabe perfectamente de las filas camiones que se formaban… Todo ese problema, que ahora se fue a otro lado, antes estaba aquí. Segundo, va a permitir levantar las restricciones debidas al cono de aproximación. La tercera cosa es que el Parque Bicentenario permitirá rehacer la conectividad de la ciudad: el aeropuerto era una especie de pared levantada entre el Occidente y el Oriente de la ciudad, un obstáculo que impedía “coser” la ciudad desde el punto de vista urbano. Ahora lo que vamos a tener, con las tres vías que cruzarán el Parque, es una posibilidad de conexión este-oeste sin que se afecte la unidad del Parque ni su continuidad. ¿Cuáles son los proyectos específicos para cada vía, en términos generales? No son iguales... Una es la Isaac Albéniz, que es la calle que quedará exactamente detrás de la Estación del Metro en El Labrador; otra es la calle Florida, que se convertirá en una especie de bulevar que cruce el parque de este a oeste en un eje transversal; y la Fernández Salvador, que va

a tener un rol más típicamente funcional. Todos sabemos que la ciudad es deficitaria en ejes esteoeste, y más en esta zona, por la prolongada presencia del aeropuerto. El Parque nos permitirá construir esos ejes. ¿Hay una tipología urbana prevista para el crecimiento vertical hacia los 20 pisos en el norte de Quito? ¿Cómo evitar un caos arquitectónico, que se ha dado ya en otras partes del norte o sur de la ciudad, donde el desarrollo urbano dependió casi exclusivamente de la inversión privada y de su criterio o descriterio arquitectónico? Quienes conocen Quito saben que los edificios más altos de la ciudad desde el lado sur del viejo aeropuerto son el Centro Comercial Naciones Unidas y los aledaños. Después de eso no había cómo construir nada que superara los ocho o diez pisos, lo que generaba un congelamiento del desarrollo inmobiliario, y exactamente lo mismo sucedía al norte. Hoy esa restricción no existe, y el análisis que se ha hecho sobre la base de la capacidad del agua, del alcantarillado y los servicios determina que se puede construir 16, 18 ó 20 pisos sin problema lo cual permitirá una redensificación de la zona. Hay una gran cantidad de suelos en este amplio sector, suelos muy caros que han estado inutilizados: prácticamente suelos o “de engorde” o abandonados; son terrenos tanto públicos como privados. El parque es un proyecto de largo plazo, se irá consolidando a lo largo de un par de décadas. ¿Cómo puede la gente participar, aportar con ideas, hacerse dueña de este espacio como suyo propio? Un parque como estos, hay que comprenderlo, se consolida en el tiempo. El parque va a cambiar el ecosistema de la zona: hay que pensar que aquí donde estamos –en la pista del antiguo Mariscal Sucre– vamos a tener un lago, con


árboles y con pájaros y con ranas y hasta con peces quizá... Es una transformación del ecosistema. El Parque es polifuncional, pero sí tiene un énfasis ambiental y ecológico, y eso toma un tiempo: que crezca un arupo, un capulí o un arrayán tomará quince o veinte años... De hecho, el plan del parque contempla la recreación de diversos ecosistemas del Distrito... Sí, y esa reforestación justamente será una de las mejores oportunidades que tendremos todos para participar. Hay una parte del proyecto del parque que a mí, en lo personal, me gusta mucho: es la de tener distintos pisos agrícolas para que la gente sepa cómo se siembra. Será una maravilla que los chicos sepan cómo se nace y cómo crece el maíz. Un vecino recomendaba que se reserven terrenos para tener sembríos públicos, “al menos para sacar la lechuguita”. ¿Algo así? Al menos para aprender cómo se siembra, porque aunque nos parezca increíble las personas que viven en una zona tan urbana pudieran hasta pensar que los tomates y las cebollas se producen en una fábrica. Hay un distanciamiento respecto de la realidad y el parque está pensado como un sitio pedagógico en este sentido. Serán años de aprendizaje: el Central Park de New York se consolidó a lo largo de 50 años, porque en estos proyectos se genera un nuevo ecosistema, un sistema natural que vive en medio de la ciudad. Ahora en abril se abren las antiguas instalaciones, con las primeras canchas deportivas habilitadas y la posibilidad de aprovechar las pistas. Usted es corredor y ciclista mañanero: ¿qué colegas deportistas cree que van a estar más contentos con esta apertura? Hay una parte importante del parque que es el servicio polideportivo, que no existe en esta zona. Te-

nemos por acá algún parque, pero más bien pequeño, como el Parque Inglés. En esta primera fase el Parque Bicentenario tendrá 18 canchas, además de las pistas para ciclistas, atletas, patinadores... Los ciclistas de ruta son de los deportistas que quizá más felices van a estar, porque en un parque chiquito no puede entrenar, pero este ya les funciona; para quienes entrenan maratones este es también un espacio interesante. Hay enorme expectativa por el tema del lago, que además pone sobre la mesa el asunto de las aguas subterráneas de la ciudad. En La Carolina, cuando se excava para elevar edificios, con frecuencia dan con pozos y fuentes subterráneas... ¿Cómo prevé la ciudad manejar ese recurso? Y, por cierto, ¿cómo se hace un lago? Nosotros estamos modificando bastante el tema de la gestión del agua y ahora tenemos una normativa para todo este desarrollo, en la que se diferencia las aguas negras (servidas) de las aguas grises (lluvia). Eso nos permite tener un sistema de captación de agua pluvial, proveniente las lluvias, que va a ser un factor clave en la alimentación del lago. Lamentablemente en la ciudad se han mezclado las aguas sin darles un tratamiento diferenciado, cuando la lluvia es un agua limpia que puede servir para muchas cosas. En toda esta zona, el tipo de drenaje que se va a hacer es un drenaje diferenciado. Nuestra aspiración es también hacer eso en el caso de La Carolina. La segunda cosa es que vamos a evitar hacer un parque pavimentado. Este va a ser un terreno muy permeable, que alimentará las tres o cuatro masas de agua que se van a acumular. El lago será un sistema zonas húmedas y espejos de agua, que es otro déficit de la ciudad: verán ustedes que, por eso, estamos promoviendo los temas de paredes verdes y las piletas en las plazas públicas.

¿Y cómo se recupera el agua subterránea? Hay principalmente dos mecanismos: o se perforan pozos para sacarla, sea por vacío o por bombeo, o se generan estos pozos subterráneamente, se crea el espacio para que el agua fluya bajo tierra hacia allí y luego extraerla. Esto último es lo que se ha hecho en La Carolina y es muy probable que sea el método que se emplee acá también. Hay tres o cuatro quebradas que bajaban del Pichincha hacia acá, que aquí confluían para alimentar al río Monjas, que termina llegando a San Antonio de Pichincha: esas aguas siguen circulando por aquí, pero a nivel subterráneo, y las recuperaremos para el lago. Otro componente fundamental del lago es darle uso al acuífero de Quito: por un lado vamos a recibir el agua pluvial y, por otro, vamos a hacer uso del nivel freático que tiene esta zona, que es alto. Todo el norte de Quito, la llamada “planicie de Iñaquito”, desde La Carolina hasta acá, estaba cruzada hace cientos de años por lagos y humedales. Con todo el tema ambiental que propone el parque, el manejo urbanístico deberá ser delicado y muy pensado. ¿Cómo evitar procesos de crecimiento caótico, que la ciudad ya ha sufrido, donde cada dueño de casa alza tres plantas más sin orden ni concierto alguno? El Municipio de Quito, aquí, ha sido pionero al aprobar una Ordenanza no solo con el Proyecto del Parque sino del uso del suelo en torno al parque. Quiero aclarar, porque no se dejan de oír tonterías, que nunca se permitirá la privatización ni el uso inmobiliario de un solo metro cuadrado del Parque. Sí está normado lo que hemos llamado un proyecto de redesarrollo, para lo cual hay una serie requisitos que voy a tratar de simplificar. Primero, no vamos a permitir que cada uno con su terrenito grande o pequeño haga lo que quiera, porque el efecto de

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Foto: PaĂşl Navarrete

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eso va ser un efecto que ya tenemos lamentablemente de alguna manera en La Carolina, que es una especie de amurallamiento del parque con edificios. Eso no vamos a permitir. ¿Cuál es la propuesta? Lo que vamos a tener es una tipología donde se pueden hacer edificios, pero tengo que forzarme a hacer unificación parcelaria, porque sino yo en mis 300 metros hago un edificio de 11 y el vecino tiene 400 y hace otro de 16, pegadito... Si no regulamos, vamos a tener una competencia de cajas de fósforos paradas que enclaustrarán al parque. La ordenanza dice sí, puede crecer en altura, pero tiene que ser muy generoso en el espacio de implantación del edificio, en los retiros, las veredas y los espacios de circulación, que se incorporan al espacio público, de tal manera que el parque penetre en la ciudad, se extienda hacia la ciudad. Todas las vías que cruzan o están cerca del parque serán corredores para que el parque se derrame hacia la ciudad. ¿Cómo prevé que se dé este proceso? Yo espero que los propietarios de los terrenos se unifiquen en proyectos que permitan explotar la potencia que tiene el sector, son acuerdos que ya se dan hoy en día. La Ordenanza establece un plazo prudente, tras lo cual el Municipio entra en escena con un rol de promotor de estas unificaciones parcelarias. En el peor de los casos, y para evitar la especulación con el valor del suelo, el Municipio puede expropiar. Justamente, ¿cómo se controlará la especulación sobre los precios del suelo, que de seguro ya han variado en todo este sector? Aquí, y en general es una política para el Distrito, hemos sido muy acuciosos en la actualización del avalúo predial en toda la ciudad y en esta zona. Todas las operaciones deben tener como referencia el avalúo municipal, que es muy

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cercano al avalúo comercial, a diferencia del pasado, cuando una casa de 70 000 dólares estaba avaluada en 6 000 –el colmo, una doble moral– ahora tenemos unos avalúos más reales. Esos son los precios en base a los cuales debiéramos operar. También en este proyecto de redesarrollo hay una nueva forma de entender la plusvalía, la revaluación de las propiedades gracias a la inversión pública. ¿Cómo funcionará este aspecto? Es algo que está ya normado por Ordenanza y que conviene aclarar: es legítimo que el propietario individual gane en plusvalía cuando se da una obra pública de esta magnitud, pero no es correcto solo gane él y no la ciudad. En Colombia, por ejemplo, la plusvalía, cuando se genera por decisiones públicas, se reparte entre el propietario individual y la ciudad, para contar con recursos para invertir en el mismo parque y en la ciudad. Si mi terreno valía 100 y con el nuevo Parque y sin aeropuerto vale ahora 200, los 100 no pueden ser solo ganancia del privado, porque esa revaloración se debe a que en el Parque se invertirán 200 millones de dólares, 140 aproximadamente en los próximo cuatro o cinco años... La idea es establecer una repartición de cargas y beneficios, y esto implica un cambio profundo en la cultura de la gente, que cree que puede nomás tener un terreno engordando hasta que valga más plata, y que es vivísimo, pero no vale más por la linda cara del dueño sino por la inversión de la ciudad, una inversión que hay que recuperar para reinvertir, para apoyar a los barrios más pobres... Sobre el parque hay alegría general, pero también recogimos un par de inquietudes de los vecinos. Una señora tiene susto de la seguridad: con el aeropuerto había mucho personal de seguridad, policía, militares, que ya no está más acá. Otro vecino, de-

portista, se preguntaba si por la noche se podrá usar el espacio. El parque, ahora mismo, ya cuenta con seguridad privada además de la Policía. El Parque es una combinación de zonas muy seguras: una estación del Metro, un Centro de Convenciones (en la antigua Terminal Aérea) que tendrá toda la seguridad del caso, un Polideportivo al lado norte. Y en el espacio público habrá presencia de seguridad y policía... Sobre la iluminación, está totalmente prevista. Habrá dos circuitos de dos kilómetros otro de poco más de cinco, para el trotador, y estas vías, así como las calles que cruzarán el parque, son también elementos de seguridad. La gente no puede llegar a sentirse en medio del parque sin ninguna salida. Otro aspecto importante para seguridad es la construcción de una vía en torno al perímetro del parque. La Amazonas va a meterse un poco hacia el norte y también se extenderá la Real Audiencia. Ahora hay vecinos que tienen atrás del patio el aeropuerto: tendremos ahí un bulevar iluminado. Es un sueño cumplido para la ciudad. ¿Cómo ve el Alcalde ese sueño? Veo otro ecosistema, y a cientos de miles de personas viviendo, circulando, disfrutando de su espacio público, expresándose. Imagino chicos jugando, atletas, familias haciendo un picnic ahí, en medio de la naturaleza, porque a diez minutos de la casa podrás estar en medio de la naturaleza y podrás jugar escondidas con los guaguas entre los árboles, y enseñarles cómo se siembra. Veo hombres y mujeres que van y vienen en su bicicleta, y nadie necesitará su auto porque ya puede venir en su Metro. Este parque es el parque más el metro, más la salida del aeropuerto, más el “zurcido” urbano con las vías transversales, más otra gestión del agua... Yo veo así a la ciudad, y la recuperación de este espacio cívico, de este espacio para la ciudadanía, sin duda es ya beneficioso.


También nos dijo

• El parque es un parque polifuncional, es una maravilla. No es especializado, es muy diverso y tiene unos conceptos muy contemporáneos sobre qué es un parque. Su mera presencia con los efectos recreativos, ambientales, culturales, deportivos será del todo benéfica. • En el Centro de Convenciones (en la antigua terminal) se podrán organizar grandes eventos, para 3 000 ó 4 000 personas. Es un nicho de desarrollo turístico que no hemos explotado como ciudad y que con el Centro de Convenciones deberá crecer. El turismo es una empresa limpia y que reparte mucho: gana el taxista, el hotel, el vendedor, el restaurante...

• Vamos a tener servicios culturales, como una arena de conciertos que permitirá colocar la ciudad en la principal agenda internacional de eventos; también vamos a tener aquí permanentemente el Circo Social, que será algo así como la nave nodriza del circo de Quito, porque luego vamos a tener carpas y subestaciones de Circo de Quito en las parroquias: vamos a poder construir una carrera circense en la ciudad, con este circo con escenario principal.

• Además se traerá para acá al nuevo Colegio Benalcázar, uno de los mejores centros educativos de la ciudad, lo cual es también un valor agregado para la zona... Va ser una belleza, una Unidad Educativa integrada al parque, muy cerca de la zona agrícola experimental.

ilustracióN: diaNa arMas

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Diversidades

Quito fue y es una ciudad de

quebradas Texto: Gabriela Arévalo • Fotos: Martín Bustamante gabyareg@gmail.com

Las quebradas de Quito drenan a los ríos Machángara, San Pedro y Monjas. Estos tres ríos forman al norte de Quito el inicio del río Guayllabamba.

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bustamante.martin77@gmail.com


E

n la urbe quiteña, a pesar del cemento y la basura, varios ecosistemas sobreviven entre pendientes: son espacios naturales para la cultura, el hogar imaginario de los protagonistas mitológicos de leyendas –como el Huiña Güilli–, escondite de la biodiversidad delineado por el agua donde las mujeres lavaron su ropa durante años, la farmacia de las abuelas y epicentro de estudios de naturalistas, expedicionarios y botánicos propios y extraños. Las fallas geológicas, la actividad volcánica y la presencia de agua que baja desde los páramos forman las quebradas, una característica singular de las zonas andinas. Se esconden debajo del perfil del suelo y eso les significa condiciones ambientales muy importantes: poco viento, generando un ambiente diferente con mayor humedad para convertirse en el hábitat de vegetación exuberante. Por su difícil acceso, no se llevan a cabo actividades productivas y se complica la construcción; por tanto no han sido deforestadas y son el último lugar que la gente ocupa. Quito siempre fue una ciudad de quebradas, las descripciones de Ricardo Descalzi permiten ver el pasado del paisaje natural donde ahora se ubican las iglesias y plazas del Centro Histórico, la arquitectura republicana de Quito se asienta sobre quebradas. Ése fue uno de los errores del desarrollo de la ciudad, ver a la quebrada como un obstáculo propiciando su relleno para ocultar su irregular geografía y pomposa vida para construir planicies de otro lado.

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Las quebradas restauradas de todos modos son afectadas por las aguas servidas que se vierten en los barrios que están aguas arriba.

más ricos de vida silvestre que quedan en Quito desaparecen.

La comunidad devolvió la vida a dos quebradas del sur Desde el Atacazo, vertientes de agua llegan hasta Quito y antes de desembocar en el río Machángara recorren alrededor de 12 hectáreas de las quebradas El Carmen y Ortega. Pese a que hoy en día son receptoras de aguas servidas y en algunas ocasiones el los restos del faenamiento de animales, el entorno natural que las recibe en medio de la ciudad es biodiverso. El trabajo en minga de quienes adquirían una casa al Sur, en el sector de Quitumbe, rehabilitó la vida de estas dos quebradas. La Asociación de Cooperativas Solidaridad Quitumbe comprometió en su plan de vivienda social dos ejes importantes: cultura y ambiente. Su visión integral del buen vivir sumó a todos los socios en un proceso de restauración de las dos quebradas que atraviesan Quitumbe, comprendiendo a la vivienda más allá de las cuatro paredes de una casa. “Estos terrenos fueron entregados para la construcción de viviendas de interés social precisamente por su ubicación al borde de dos quebradas, basureros de las fábricas cercanas. Uno de los requisitos de la asociación para tener una casita era que la familia venga una vez al mes y colabore con mingas de limpieza dentro de estos espacios”, explica Alexandra Jaramillo, presidenta de la asociación.

“Civilizar” el paisaje andino significó un cambio muy fuerte en el relieve. Pero el agua, aunque sea entubada, debe seguir su rumbo hacia los ríos grandes de la ciudad. Debajo de las calles, las grandes quebradas de los Gallinazos (ahora 24 de mayo), El Tejar y Rumipamba desaguan hacia el Machángara. Hacia el norte, el sector

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de los barrios de la Roldós, Atucucho, San Carlos y El Condado fluyen por lo que fue quebrada del Yumbo hacia el río Monjas. Las pocas quebradas que se salvaron de la mano civilizadora son botaderos de basura, reciben en silencio los escombros de la ciudad y de esta manera los remanentes

“Era importante tener estos espacios verdes rehabilitados y consolidar la relación de la comunidad con las quebradas”, después de diez años los pobladores del sector disfrutan de un patrimonio natural que se ve desde sus ventanas, que los aísla del ruido de los carros, que los despierta con el sonido de las aves, donde los niños juegan sin peligro y se rela-


cionan con la chilca, el suro, la ortiga, los arrayanes, los güilli güillis. Dos quebradas con senderos ecológicos, espacios recreativos, ciclovías e iluminación hacen más agradable la vida de la gente en Quitumbe.

Las quebradas son patrimonio de la ciudadanía El año pasado en la resolución 350 del Concejo Metropolitano, se declara patrimonio natural, histórico y paisajístico al sistema de quebradas del Distrito Metropolitano de Quito, esta acción busca establecer como prioritario su cuidado, rehabilitación integral y mantenimiento a fin de prevenir riesgos y brindar a la ciudadanía lugares de alta calidad ambiental, recreación, esparcimiento y cultura en un fuerte vínculo con el entorno.

Luisa Maldonado, concejala de Quito, y una de las promotoras de los procesos de recuperación de las quebradas en Quitumbe, señala la importancia de continuar con la restauración de estos espacios naturales a lo largo del distrito. La concejala enfatiza en la importancia ambiental y cultural dentro de la vida cotidiana de la ciudad. Las quebradas son lugares por donde recorre el agua y donde se encuentran los más altos índices de biodiversidad, un ejemplo de ello son las 31 especies de aves que se han registrado en la quebrada de Ashintaco en el parque Metropolitano de Guangüiltagua, al norte de la ciudad. La Unidad de Recuperación de Quebradas de la EPMAPS ha trabajado ya con algunos barrios en programas de recuperación. Para Maldonado, el tiempo de conclusión de este proceso “dependerá de la política pública, de que se

ponga el presupuesto para que esto suceda”. Luisa resalta que todo proceso de rehabilitación debe estar ligado a la ciudadanía: “si la comunidad no está involucrada y no crea vínculos con las quebradas, es difícil revivir estos espacios”. El accionar ciudadano es indispensable desde el reconocimiento de su valor natural, cultural, social y científico, del conocimiento de la política pública y la exigencia de su cumplimiento y desde la promoción de iniciativas de cuidado y conservación.

“Hasta ahora muchas mujeres lavan la ropa en las quebradas Caupicho, Santo Tomás, Venecia. Son los sitios de una variada fauna, es el hábitat de los quindes y la casa los duendes”. Luisa Maldonado, concejala

Todas las mañanas los senderos y caminos construídos por la comunidad se llenan de vecinos que hacen ejercicio y respiran aire limpio.

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Diversidades

Xavier Macías,

además

del

arte

necesario,

le

pone

especial

atención a los importantes temas de bioseguridad.

H

ace años, deseo tener un tatuaje. Soy consciente de que es doloroso, sé que mis padres rechazan la decisión y asumo que, quizá, me cargue de prejuicios sobre quién soy. Pero es un proceso simbólico, un reencuentro y una memoria permanente de aquello que no quiero olvidar y forma parte de mí. Tratando de explicarme mis motivaciones llegué a las personas que más saben de el asunto: intenté ponerme en los zapatos de quienes dedican su vida a decorar la piel de los demás y esta es la bitácora de mi pequeño viaje. Ahora tengo claro que un tatuaje, al final, cuen-

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ta una historia sobre una pantalla viva y latente.

años tatuando, pero que aprendió a hacerlo en el 2 000.

Apuntes sobre la vida de un tatuador en Quito

“Empecé a tatuar porque el día en que me fui a hacer mi tatuaje le pregunté al tatuador cómo aprendió a tatuar. Me dijo que buscaban una aprendiz, que si quería aprender. Dije que sí”. Con Santiago, el tatuador que le enseñó y hoy su esposo, son dueños del Diablo Loco, uno de los principales talleres de la ciudad.

Tres personas distintas, con historias e ideas diferentes pero con su cuerpo lleno de tatuajes y con un mismo oficio: tatuar. ¿Qué incentiva a alguien para hacer de esta práctica su profesión? Erika Vorbeck me recibe en el Diablo Loco Tattoo, en la 6 de Diciembre y Wilson. Enseguida me llama la atención su cabello fucsia, la cantidad de tatuajes en sus brazos y su sonrisa amable. Fuera del local, Erika me cuenta que lleva cinco

Antes de tatuar, Erika estudiaba diseño de modas e interiores. De día aprendía a tatuar, de noche estudiaba. Para esta treintañera, tatuar es un trabajo común y corriente


El territorio del

tattoo

Texto: Aurelia Romero y Cordero • Fotos: Martín Jaramillo aure_belen@hotmail.com

gras altas y de mirada penetrante, Mauricio me cuenta, mientras tatúa a un cliente, que empezó en el tatuaje cuando tenía 11 años. “Un primo mío que vino de Canadá sabía tatuar y me enseñó. Yo nunca había visto un tatuaje antes de eso”.

tuador Tommy Hoffman le ofreció trabajo como aprendiz porque le gustaron sus dibujos, su dedicación y el amor que le ponía a las cosas. Andrea Ponce le enseñó las normas de bioseguridad necesarias para ejercer su oficio.

Para Mauricio, lo mejor de ser tatuador es la oportunidad de crear constantemente. “No hay nada que repitas aunque hayas hecho el mismo diseño varias veces. No te cansa. Y como artista, amas lo que haces”.

Año y medio después, Xavier se lanzó solo. Con la familia no fue fácil: “Mi padre es militar: para él fue traumante la idea de tener un hijo tatuador”. Lo dice entre risas, así que todo acabaría bien...

Tatuar también tiene el riesgo de las enfermedades laborales. “Dolor de espalda y sordera, por el sonido constante de la máquina, son los principales males”.

que le da libertades. “Me deja seguir expresándome cómo soy yo, con mis gustos, me deja dar mi cara como es y no tengo que aparentar nada”. A Erika le gusta tatuar diseños new school, full color y diseños maoríes. Para ella, un tatuaje es “un objeto de colección, algo estético que puede o no tener un significado”. Eso ya depende de las intenciones de quien se tatúa. *** Espiral, local 8, House of Style. Entro en busca de Mauricio Naranjo, uno de los veteranos tatuadores de la ciudad. Calzado con botas ne-

A este tatuador de cuarentipocos le apasionan los diseños asiáticos: japoneses, tibetanos, maoríes... Para él, un tatuaje es la forma más preciosa y expresiva de decorar algo indecorable: la propia piel. También cree que el tatuador debe guiar al cliente hacia el tatuaje que debe tener, a partir de lo que quiere tener. *** En la Urbanización Jardines de Carcelén, en el kilómetro siete y medio de la Panamericana Norte, me espera Xavier Macías. Su estudio Faithful Brain Tattoo Parlour funciona en el último piso de su casa y está adecuado según normas de bioseguridad. Lleno de tatuajes, con la mirada fija en el diseño sobre el que trabaja y escuchando Papa Roach, Xavier cuenta sus cuatro años de experiencia, su vida de tatuador. Estudiaba diseño y siempre le fascinó tener un tatuaje, cuando el ta-

A Xavier lo que más le fascina de tatuar es la capacidad de “poder expresarte y plasmar tu arte. Te deja tomar la idea del cliente y hacerla tuya, darle un toque personal, ponerle una escencia a cada pieza”. Lo que menos le gusta es la preparación previa: es tedioso, pero también indispensable. Él prefiere los diseños tradicionales americanos, neo-tradicionales vintage, el uso de colores aplicados y la línea gruesa. Con la mirada brillante, explica que “un tatuaje es una representación de uno mismo en su propia piel. Aunque muchos lo toman por simple adorno, hay quienes conocen y tienen más apego al tatuaje, entonces logran entenderlo como un medio de expresión”.

La cultura del tatuaje en Quito ¿Existe o no existe algo como una cultura del tatuaje en nuestra ciudad? ¿Hay tolerancia hacia quienes están tatuados y hacia quienes ejercen esta profesión? Erika dice que sí existe una cultura del tatuaje aquí. “Así como hay gente que colecciona cajas de fósforos y no son pirómanos, hay

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“Después del paso de la aguja, nadie puede ser el mismo. Lo diferencia, lo hace realmente otro, tal vez único e irrepetible”. La Biografía de la Piel Paula Croci y Mariano Mayer

ma y está en una pared. Pero el arte es la expresión del ser humano, tiene simbolismo y esa es la esencia de esta cultura”, opina Xavier. En cuestión tolerancia, Mauricio cree que nunca ha habido tolerancia al tatuaje, pero que ahora es mejor visto porque no es accesible para cualquiera, más que nada por la cuestión de los precios. Erika cree que la tolerancia hacia el tatuaje va creciendo, principalmente gracias a su visibilización en los medios de comunicación. Para Xavier, resulta evidente que ahora existe más tolerancia, la discriminación va decayendo conforme el tabú que ronda al tatuaje disminuye.

Erika Vorbeck, de Diablo Loco, se ha

respeto, de moral, de responsabilidad y de higiene”.

Pero, además, Erika sostiene como falta ética “decirle a tu cliente que sí le puedes hacer el tatuaje cuando tú sabes que no puedes. Debes conocer tus límites”. Mauricio señala como falta ética “tatuar nombres de pandillas en el cuerpo. Lo que hacemos tiene un valor moral”.

“En los últimos años sí existe una cultura del tatuaje, formada por gente que sabe lo que quiere. La describo como algo fuera de lo establecido en nuestra sociedad, más allá del arte aceptado como tal porque está enmarcado, lleva una fir-

Las recomendaciones para quienes están empezando en el mundo del tatuaje llueven. Erika recomienda consciencia. “Un tatuaje mal hecho puede bajar la autoestima del cliente, causarle un trauma. Debes también pensar en tu seguridad y en la de tu cliente”.

dedicado al oficio de escribir en la piel ajena porque le da libertad.

quienes coleccionan tatuajes y no por ello son delincuentes. No es solamente una cultura, más que formar un grupo definido es una cuestión personal”. Según Mauricio, “existe una cultura del tatuaje. El mundo del tatuaje y su gente son reconocidos, siempre y cuando mantenga las normas de

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¿Qué consideran como faltas éticas en el ejercicio profesional? Todos subrayan la importancia de la bioseguridad. Como explica Xavier “la mayor falta ética es tener los equipos o el local sucios. Hay que cubrir las máquinas, esterilizar las agujas, no reusarlas, usar mascarilla y guantes”.


Xavier recomienda que practiquen todo lo que puedan antes de dedicarse a tatuar de forma profesional, “investiguen mucho y tengan paciencia. En este trabajo la paciencia es todo”. La recomendación de Mauricio es más severa y lo resume todo: “que tengan en cuenta quién les enseñó y que apliquen lo bueno que aprendieron, que hagan las cosas bien”.

El tatuador: trazando (con) textos Si hace 5 000 años los miembros de las tribus se tatuaban como signo de identidad, hoy pasa algo similar. “En este trabajo, te relacionas mucho con gente de grupos urbanos, los tatuajes además de un significado personal también tienen un significado que denota pertenencia, formas de pensar y de vivir la vida”, asegura Xavier detrás de la mascarilla. El tatuaje es señal y símbolo que cambia a quien lo lleva. Pero quien

tatúa también cambia. Los tatuadores son inquietos, curiosos, trabajadores, cargados entre los simbolismos y la estética, con un sentido de responsabilidad laboral alto pero, sobretodo, con una inmensa carga humana de creadores comprensivos. Personas que transpiran creación, que buscan una expresión diferente, que se plantean retos y para quienes es importante que cada cliente se sienta satisfecho con su tatuaje, que logre identificarse en él. Sensibles que logran ver a través de su cliente y plasmar otro significado del mismo tatuaje en cada uno de ellos. Dedicarse a tatuar es una cuestión de pasión, de disciplina, de conciencia y de identidad, de recrearse en cada uno de los tatuajes realizados. Suerte de ellos, la tribu de los tatuadores, los que tienen la oportunidad de reinventarse una y otra vez a través de sus creaciones.

Mauricio Naranjo, uno de los pioneros del tatuaje profesional, mantiene una noción moral sobre el trabajo que realiza.

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Diversidades

La nube que nos rodea

electrosmog

Texto: Andrea Rodríguez

andrerodriguez71@gmail.com

A

unque la tecnología celular ha evolucionado de forma significativa, todavía depende de la instalación de una red de antenas para cubrir la necesidad de comunicación de toda una ciudad. Son varias decenas de antenas en diferentes puntos de la urbe. ¿Riesgos? Son muchas las voces que alertan sobre los potenciales peligros que entrañan estas estructuras, sobre todo cuando están próximas a viviendas, hospitales o planteles educativos. Sobre este tema se han publicado diferentes estudios, pero ninguno ha demostrado los daños de las ondas electromagnéticas en la salud humana. Aun así, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que, como medida precautoria, los países deben regirse a ciertas normas que fijan límites a las potencias de las antenas, para que sus emisiones de ondas radioeléctricas sean más bajas y seguras para la salud. Hoy en día, las mismas empresas proveedoras de telefonía celular realizan controles para garantizar que las radiaciones emitidas estén en los rangos establecidos, a través de equipos diseñados para medir la potencia producida. Aunque no hay evidencias concluyentes sobre los daños en la salud, persisten las voces, a escala mundial, que alertan sobre la denominada ‘enfermedad de las radiofrecuencias’ en humanos, sobre todo en aquellos que viven alrededor de estas radiobases. Son varios los estudios que advierten que quienes están próximos a estas estructuras presentan irritabilidad, dolores de cabeza, náuseas, entre otros síntomas. Por lo pronto, no se cuenta con una investigación científica que demuestre la relación directa entre la exposición a esta radiación con estas dolencias.

Una nube de señales Según nos explica Luis Corrales, PhD en Bio-Ingeniería, las comunicaciones por radio que día a día se generan en el Distrito Metropolitano de Quito se propagan por la tropósfera, es decir, la capa atmosférica que alcanza aproximadamente los 11 kilómetros. “Para poder propagarse desde un equipo de radiocomunicación,

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se combina la señal que se necesita transmitir con otra que le sirve como medio de transporte. Algo así como cuando un pasajero sube a un vehículo de transporte para viajar grandes distancias”. Atendiendo a su longitud de onda, la radiación electromagnética recibe diferentes nombres, y varía desde los energéticos rayos gamma (onda medida en picómetros, mucho mucho menos que un milímetro) hasta las ondas de radio (kilométricas), pasando por el espectro visible (ondas medibles en décimas de micra, millonésima metro). El rango completo de longitudes de onda conforma el espectro electromagnético. Las ondas de radio se transmiten gracias a lo que conocemos como el espectro electromagnético, de la misma forma que se transmite la luz visible, aunque en una frecuencia menor. De hecho, las ondas de radio pueden expandirse hasta el infinito, pero, con frecuencia, mientras más lejos estamos peor la escucharemos. Esto se debe a la capacidad del receptor, ya que a más distancia es necesaria una antena mayor para captarlo. En nuestra ciudad, hay varias empresas que brindan el servicio de radiocomunicación en equipos análogos, pero también digitales y todos ellos funcionan gracias equipos repetidores y un conjunto de antenas localizado en la ladera de Cruz Loma, una de las cinco cumbres del Pichincha.

Sin cables y siempre conectados Así como los servicios de radiocomunicación nos permiten intercambiar información y codificar nuestras conversaciones, hay otras plataformas de comunicación que conquistan espacios en el mundo y en Quito, como la tecnología inalámbrica Wi-fi. De hecho, cada vez hay más ciudadanos que mientras se toman un cafecito bien cargado o saborean unas humitas, navegan por Internet sin necesidad de cables y en pleno Centro de la ciudad, o en su rincón preferido de Solanda.

No importa si están en una cafetería, en un restaurante o incluso en espacios al aire libre como la Biblioteca de El Ejido: todos pueden conectarse a Internet, si es que hay una conexión wi-fi abierta. En una ciudad interconectada como la nuestra, cada punto de acceso a Internet a través de wifi se encarga de traducir las señales de banda ancha en ondas de radio, permitiendo a la gente navegar por la web, enviar correos electrónicos, jugar en línea e incluso realizar videollamadas por Internet. Dmitry Bestuzhev, especialista en redes wi-fi y seguridad de Internet, ha desarrollado algunos estudios sobre este tipo de conexión en la ciudad y advierte que, por el momento, la zona de La Mariscal y también el sector en torno a La Carolina son los más avanzados en cobertura inalámbrica. Esto no significa, sin embargo, que sean las únicas áreas para conectarse a Internet sin cables. Hace más de un año, el Municipio de Quito emprendió un proyecto de Zonas Gratuitas de Internet Inalámbrico en la Plaza de la Independencia, Plaza del Teatro Sucre, El Ejido, Plaza Foch, el Arco de la Reina y Biblioteca Municipal, en el Parque Ecológico Solanda y otros lugares. Así los ciudadanos pueden navegar por la web con sus portátiles, ‘tablets’ y cualquier otro dispositivo móvil con capacidad para conectarse a la web. Internet es, sin duda, absolutamente indispensable para muchos.

está abierta, será factible aprovechar el punto de acceso de un vecino o, en otros casos, la red de una oficina desde la acera de enfrente. Este bioingeniero anota que Quito es una ciudad donde coexisten diferentes tecnologías de comunicación que ocupan un espacio dentro del espectro electromagnético. Este término se refiere a la distribución que tienen las distintas longitudes de ondas, desde las más bajas (las ondas de radio) hasta las más altas (los rayos gamma y cósmicos). Como la mayoría de las ciudades importantes del mundo en la actualidad, nuestra urbe también está plagada de antenas celulares que, con frecuencia, están localizadas en lugares altos para alcanzar mayor cobertura. Todas ellas conforman celdas y se agrupan entre sí, garantizando la comunicación a miles de usuarios que, a través de su teléfono celular, hacen uso de diferentes servicios. Unos usuarios que, en la mayoría de los casos, no están muy conscientes de la trama tecnológica en la que están viviendo, en la que están felizmente atrapados. La única red de la que nadie, aparentemente, quiere salir. Pero entre los efectos nocivos de las relaciones virtuales sobre la vida real y la pérdida de sentido, se empiezan a oír las voces críticas: anuncian el electrosmog y promueven desde ya zonas libres de wi-fi...

Desde hoteles hasta cafés, discotecas o bibliotecas, se proporcionan distintas formas de acceso. Incluso es posible encontrar conexión inalámbrica en las unidades que trasladan a los pasajeros al Nuevo Aeropuerto. Aunque son muchas las ventajas que supone el ingresar a la web desde cualquier rincón de la ciudad, esto conlleva también sus riesgos. Sin una adecuada protección, estas redes de acceso pueden utilizarse por otros usuarios que se conectan a ellas para acceder a Internet de manera gratuita y para realizar actividades ilegales. Uno de los mayores problemas con la redes wi-fi es que las ondas de radio atraviesan las paredes, como lo señala el Dr. Corrales. Así, si la red

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Central

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Texto: Alfonso Espinosa Andrade Fotos: Martín Jaramillo

alfonjod@gmail.com

libro

Una cultura del

U

na cultura del libro en Quito: con facilismo pesimista puedo repetir eso de que “acá no se lee”, “acá no hay interés por esas cosas”. Y luego lanzamos números (los tenemos, sí, los tenemos) para demostrar los pocos libros que se hacen por habitante, lo poco que se edita, lo mal que se distribuye, cómo leemos menos que los colombianos o los argentinos... Y sin embargo hay otros análisis que, sin darnos un horizonte de color rosa, tampoco son el acabóse que queda a primera mano.

El Centro Cultural Benjamín Carrión y su biblioteca son algo así como el corazón literario de la ciudad. En la foto: César Chávez / bibliotecario.

Si en alguna ciudad del Ecuador el libro existe, ésa es Quito. Prueba de ello la tienen los libreros que atienden mes a mes a fieles clientes de Cuenca, de Guayaquil, de Manta y Portoviejo, de Machala o de Esmeraldas, de Riobamba, Ambato o Guaranda...

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Desde esas y otras ciudades vienen lectores y lectoras, investigadores y maestras, profesores y afanosas estudiosas que, en sus ciudades, no tienen una oferta editorial ni librera que se aproxime siquiera a la que hallan en Quito. Resulta, entonces, que la ciudad es proveedora de libros para el país. No solo que Quito, la de los libros, espera, alegre y bonachona como es, a que los afuereños, chagras o gringos vengan a comprar un libro. Los imprime y los lleva también de paseo para otros climas: el editor Javier Michelena guarda como oro el dato de los kioskitos donde coloca los volúmenes con su sello en pueblos chicos y en infiernos grandes de la Costa. Es una historia complicada, la del libro y Quito. Hay que dar un salto en el tiempo para entender algunas cosas...

Cajamarca La entrada del libro en la cultura andina no pudo ser peor: de la mano del cura Valverde, durante la traición al Inca quiteño Atahualpa, el libro irrumpió como un símbolo de abismales diferencias, espacio de silencio y de violencia, voz callada del dios que iba a callar a los otros dioses. ¿O fue que Felipillo, el intérprete que traducía al dominico, se equivocó por traducir como papagayo? Así lo afirma el Inca Garcilaso de la Vega en su crónica, unos 80 años después de ese 16 de noviembre de 1532. El extraordinario pensador peruano Antonio Cornejo Polar reflexionó sobre este momento-bisagra, que abre y cierra puertas y que dobla en dos la historia andina. Escribir en el aire: Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural de las literaturas andinas arranca en esa plaza de Cajamarca, donde se da “el grado cero de la interacción entre lo oral y lo escrito y se pone de manifiesto un antagonismo patente hasta la actualidad en la naturaleza dislocada de la literatura latinoamericana”. El breviario de Valverde es objeto de desconfianza, y es convertido en fetiche del poder: al libro no solo se le corta la voz, sino que se lo convierte en látigo y en arma. “El triunfo inicial de la letra es en los Andes la primera derrota de la voz”, concluye Cornejo Polar.

La Universidad Sometido el Incario, en Quito se implantará la ciudad española, preocupada durante el siglo XVI de organizarse para sobrevivir en casas de un piso alzadas rústicamente en torno a un patio, y comenzaron las obras para las iglesias. Franciscanos, agustinos, mercedarios y dominicos implantaron sus conventos; luego también lo hicieron los padres jesuitas de la Compañía de Jesús. Una de las preocupaciones, además de superar el miedo al volcán, era la de proveer a la ciudad con es-

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cuelas y espacios de formación. Ximena Endara, en su tesis de Maestría en Educación y Desarrollo Social por la UTE, anota que de Salamanca nacen las grandes tradiciones universitarias de España y América. Aporta también con el nombre de fray Luis López Solís, obispo de Quito a finales de 1500 y comienzos del 1600, que impulsó la creación de centros universitarios para “los hermanos de la misma Orden y otros cualesquiera escolares, ya sean laicos o clérigos seculares (…) cualquiera que sea su origen o de cualquier lugar que vengan”. Si entre franciscanos y mercedarios competían por caridad y atención a los menesterosos y salvación de almas de indios, los hijos de Santo Tomás de Aquino y de Ignacio de Loyola competían en la formación de los más altos espíritus. En primeras letras los predicadores tenían el colegio de San Fernando y los jesuitas el de San Luis: recibían a los hijos de las clases pudientes y a chicos despiertos, con becas y subsidios. Y con libros. En 1622 los de sotana negra celebraban junto a su templo barroco la apertura de la Real y Pontificia Universidad de San Gregorio Magno; en 1683 los inquisidores de sotana blanca abrían la Universidad de Santo Tomás (allí cerquita de su plaza, la de Santo Domingo) aduciendo que los centros jesuitas eran insuficientes para el número de alumnos de la ciudad. Ambas casas de estudio se competían, entre otras cosas, con sus bibliotecas. Según reportes recogidos minuciosamente por Hernán Rodríguez Castelo, la de los padres jesuitas era memorable, por lo que no duda en llamar jesuiticos a los siglos XVII y XVIII de Quito. Entre los beneficiarios de estos significativos depósitos bibliográficos estuvieron los célebres Espejos, Mejías Lequericas y demás patriotas de la libertad. Los próceres Manuel Quiroga y Pablo Arenas eran Vicerrector y Prosecretario de la Universidad. Expulsados los jesuitas, El 4 de abril de 1786 se acordó la fusión de la antigua Universidad jesuita y la Dominica de Santo Tomás, estableciéndose la Real Universidad Pública, que en 1836, durante la presidencia de Vicente Rocafuerte se convertirá en la Universidad Central de la República del Ecuador.

La República Si el libro fue signo de la diferencia entre América y España en Cajamarca, en el universo mestizo dividirá el mundo y la sociedad entre los que son y los que no son “leídos y escribidos”, una división que hasta hoy persiste. Los más leídos durante las primeras décadas republicanas serán sin duda los abogados, y por ello surgieron las sociedades Jurídico Literarias, espacios para el cultivo de las letras y para el intercambio de las ideas que los sedientos padres de la Patria bebían en libros franceses: desde el paso de los geodésicos


Los de

Casa Cultura Ecuatoriana se

talleres gráficos de la la

dedican

casi

exclusivamente

a

los libros.

de La Condamine y compañía, el francés era signo de distinción y alta cultura, sin importar que fueras liberal o conservador... La lucha por la Independencia había priorizado la hechura de fusiles a la escritura de libros. Tras el último día de despotismo y primero de lo mismo, los libros volvieron a los conventos y se repartieron en los colegios: las plumas de los escritores, en esos felices tiempos, servían hasta para matar al peor de los tiranos. Y el peor de los tiranos también era hombre de pluma. Eran tiempos de hacer la Patria, y se hacía también en libros: Ambato, con sus Juanes, y Cuenca con sus juristas, marcarán el paso de los políticos quiteños y guayaquileños que se alternarán para ir aprendiendo cómo se maneja la cosa pública...

Decapitados Nos hemos pasado a vuelo de pájaro el siglo diecinueve, donde los libros quiteños tienen, además de los conventos, nuevas casas: recién amanecido el siglo veinte, el siglo moderno y de las revueltas, la ciudad tenía bibliófilos afamados: desde el cura González Suárez o el conde Jijón y Caamaño hasta el jurista Luis Felipe Borja, padre del célebre decapitado Arturo, que dispendió su fortuna antes de suicidarse en Guápulo en su noche de bodas.

Los Decapitados, repasamos rapidito, es el nombre que Raúl Andrade les dio en un célebre ensayo a los poetas tardomodernistas de comienzos del siglo, que lloraban el peso de la ciudad franciscana, la quietud opresiva de los cerros que no cambian, la vida que no es más que eso: la vida nomás. Como dijo el poeta Ernesto Noboa, “tan sólo calmar pueden mis nervios de neurótico / la ampolla de morfina y el frasco de cloral”. Esta actitud derrotada caló hondo en el alma popular gracias a su difusión por medio del pasillo, no tanto del libro: mal plan, pues se valoró la dolida mirada adicta de jóvenes desencantados. En los libros, por el contrario, se peleaba, se luchaba, se reivindicaban otros lenguajes, se proponían otras relaciones para construir el edificio social: un edificio con cuartos y baños para todo el mundo. Los libros en los años 30 y 40 del siglo pasado volvieron a ser políticamente peligrosos y socialmente: sea porque don Jorge Icaza le restregaba su racismo a las clases pudientes de la ciudad, sea porque Carrera Andrade escandalizaba con su poema Mademoiselle Satán a las señoras y las familias... Las revistas eran círculos que representaban posturas políticas y estéticas, y florecieron junto a libros de sus autores y, a veces, librerías.

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Librerías Ya en los años 50, con el tiempo dislocado y vuelto a nacer después de dos guerras mundiales, las librerías de la ciudad atendían a sus clientes con discreción y puntualidad. El señor Carrera tenía en Santa Prisca la Librería Cima, donde aprendió el oficio de vendedor de libros don Édgar Freire, uno de los mejores quiteños que tiene la ciudad hoy por hoy. Una de las más recordadas e influyentes librerías fue la que tenía el señor Libermann, cerca de la Alameda. Con el nombre de “Su librería” mantenía un stock de libros adecuado a la necesidad de sus clientes: él le enseñaría a Enrique Grosse-Lumern que el secreto del negocio del librero es lograr cierta intimidad con sus lectores. Grosse empezó a ofrecer libros puntualmente a sus lectores, libros bajo pedido: acabó poniéndose local en la Juan León Mera, con el nombre de Librimundi tuvo por 25 años una de las mejores librerías de sudamérica (dicho hace años en entrevista por Paco Ignacio Taibo y Federico Andahazzi, confirmado por ese monstruo que fue Carlos Monsiváis, en sus pasos por esta franciscana capital). Aún en los años 60 y 70, entre pantalones acampanados, marihuana y existencialismo había lugar para el refinamiento: el señor Ottolenghi abrió “Una pequeña librería”, local especializado en ediciones primorosas –y una de las pocas “huecas” de Quito donde los músicos académicos conseguían partituras... Los libros, animales inquietos, no querían ser solo adornos de casas pudientes, ni seguir rodando solo entre las aulas y los patios de las Universidades. Se habrán reunido y conspirado: había llegado la hora de reducir cabezas. El grupo tzántzico rompió la modorra de esos años e inauguró una nueva temporada de política para los libros y los literatos: los libros, en tiempos de dictablandas, debían ir forrados con papel periódico, para que nadie sepa qué es. Los títulos peligrosos (Marx o Leonidas Proaño) se guardaban en el baño o en la cocina... Otra librería, de la señora Romoleroux, bajo el nombre Pomaire ofrecía en la Amazonas y Wilson maravillas de subido tono rojo: todo Georg Lukács en edición de Grijalbo, por ejemplo, entre varias Biblias de la izquierda inteligente de entonces y de ahora.

Desde los talleres De vuelta a la democracia, el libro siguió buscando cómo hacerse un sitio de importancia en la sociedad quiteña. Se invirtió millones en la imprenta para la Nueva Editorial de la Casa de la Cultura: una máquina para hacer libros que casi no se usó, pues acá las ediciones son de cientos o de miles, no de cientos de miles...

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De todos modos, y con la figura de Miguel Donoso (y su aura de recién llegado del mítico México de la gran cultura), la Casa abrió talleres literarios que activaron la circulación de libros en la ciudad, así fuera en las sombras de las mesas del café Manolos, a orillas del tontódromo de la Amazonas... En los años 90, la iniciativa más alhaja en torno a los libros tuvo por protagonistas a tres amigos de entonces, que ahora casi no se saludan: Marco Antonio Rodríguez, Raúl Pérez Torres e Iván Egüez, entre otros, pusieron sus bibliotecas personales al servicio de la ciudad en la Libroteca, bajo la Posada de las Artes Kingman. La Libroteca no duró demasiado, pero importancia habrá tenido cuando dos de sus fundadores acabaron proyectados hasta la Presidencia de la Casa de la Cultura (Pérez Torres anda repitiendo por ahí una vez más). Sí permitió un encuentro generacional e intergeneracional: en el Cafelibro, junto a la libroteca, era común ver a Freddy Peñafiel, a Mariposa, a Paúl Puma... lo jóvenes poetas de hace veinte años.

Presente Andar con los libros forrados en papel periódico era signo de las militancias ochenteras; ahora, la acción pública ha vuelto al libro un objeto un poco más común: la campaña de lectura Eugenio Espejo ha impreso y distribuido cientos de miles de libros. La crítica que se le hace es no haber renovado el canon de las obras que se editan y reeditan; algo parecido sucedió con los libros editados en el plan Quito Lee, que buscan una mejor distribución más de un año después de haber sido impresos. La Casa de la Cultura edita más literatura que nadie, pero el criterio de selección es deplorable. Se salvan las bien pensadas colecciones de poesía. Hablando de libros, digamos que a estos les tocó un formato inmenso y poco cómodo para los lectores. Lectores, por otro lado, es lo que busca la inicativa de la Universidad de las Américas al enchufarse al plan internacional de Universidades Lectoras, universidades que reivindiquen y valoren la lectura. Se ha vuelto más frecuente que antes ver gente leyendo en el bus o en las filas de las instituciones públicas. Y si bien Librimundi, una de las torres referenciales del libro en Quito, ha decaído en su espíritu librero porque necesita vender más y mantener locales en Centros Comerciales, la apuesta de las librerías vuelve a estar presente en Quito: Rayuela, de Mónica Varea (formada por Lieberman y Grosse-Lumern) y más recientemente El Sabueso, en la Floresta, dan cuenta de la presencia de ese mercado para libros en Quito. Un mercado chiquito que alimenta la centenaria costumbre de leer.


Quito

lee Texto y foto: Revista Q larevistaq@gmail.com

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urante los últimos años, varias iniciativas se pusieron en marcha en el país con el afán de promover la lectura entre los ecuatorianos. Entre ellas, encontramos las de alfabetización del Ministerio de Educación (el Plan Decenal de Educación y el programa “Yo sí puedo”), el programa de donación de libros a escuelas “Mochilas viajeras” y el plan la “Hora del Cuento” del Sistema Nacional de Bibliotecas (SINAB), la Campaña de Lectura Eugenio Espejo y las iniciativas del Gobierno de Pichincha con la publicación de publicar ejemplares de literatura para su posterior entrega en colegios y bibliotecas de la provincia. Como un aporte al desarrollo de dinámicas creativas que fomenten la lectura por medio del uso del arte, nace el proyecto “Quito Lee”, articulado con las redes municipales para potenciar la lectura desde la apropiación del espacio público. Este proyecto es parte del programa metropolitano “Quito Cultura Viva”, el cual pretende promover la formación y participación en expresiones artísticas generadas desde y para los barrios. “Quito Lee” es una iniciativa para fortalecer y ampliar la red de bibliotecas, crear redes virtuales, rincones de lectura y puntos de lectura, fomentar la lectura e implementar una campaña de difusión y comunicación distrital. Los principales beneficiarios de este proyecto son las perso-

nas, entidades educativas y grupos familiares de cada distrito en el que trabaja el programa, así como las comunidades cercanas y, finalmente, la ciudadanía en general. La fase piloto del “Quito Lee” se lanzó en el año 2010, mediante la publicación de ediciones de 35 000 ejemplares cada mes que se distribuyeron en 20 parroquias del Distrito. Durante la primera fase, se logró la publicación de siete libros, la realización de 274 actividades lúdicas relacionadas con la lectura, la entrega de 192 mil libros de forma gratuita cada mes y medio, la implementación de 163 puntos fijos de distribución en las ocho Administraciones Zonales, la reunión de 13 encuentros de autores en los Centros de Desarrollo Comunitario y la elaboración de 45 encuentros experimentales de lectura en casas (encuentros entre vecinos reunidos disfrutando juntos de la lectura). En el 2013 inicia la segunda fase de este programa, donde se fortalecerán los espacios de encuentro para las comunidades locales, haciendo de la lectura una herramienta para el intercambio de conocimiento y la reflexión colectiva. A través de “Quito Lee” y sus procesos de integración interculturales, se impulsa la apropiación del espacio público por parte de sus habitantes, fomentando actividades solidarias que construyan una memoria colectiva.

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Central

El valioso legado de los

Fondos antiguos Texto: José Rodas (JARS) • Fotos: Martín Jaramillo jarseiza@hotmail.com

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U

n artesano, de los pocos que en su tiempo dominaban el novedoso arte de la impresión de libros, trabajó con primor, en 1493, para darle cuerpo de papel al Cronicarium di Mundi, tal vez el libro más antiguo que existe en el Ecuador. Cinco siglos más tarde sigue siendo admirado, estudiado y conservado. Esta reliquia de la historia humana y la literatura universal narra en latín –la lengua franca de ese tiempo– la formación del mundo, la tierra y los seres humanos, desde las poderosas palabras del dogma teológico. El libro, impreso en Alemania, de un inestimable valor, habrá llegado a nuestro país como lo harían casi todos los libros durante la Colonia: en las maletas de algún cura, de algún fraile. La capital de los ecuatorianos, fundada en 1534 por Sebastián de Benalcázar y 204 aventureros, centro eclesiástico famoso de la época y patrimonio de la humanidad desde hace 35 años, reconocida y envidiada por la belleza de sus iglesias y el valor de sus bibliotecas y monasterios, no imprimiría su primer libro hasta más dos siglos después de ser bautizada con el nombre de San Francisco de Quito. De acuerdo con los registros, el primer libro producido en nuestro país fue la Piísima Erga Dei Genetricem Devotio de San Buenaventura, impreso en Ambato en 1755 por un religioso de nacionalidad alemana, el coad-

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juntor temporal Juan Adán Schwarz. El difícil acceso a Quito a través de la cordillera andina fue una de las principales razones para que la imprenta, costeada y traída por los Padres jesuitas desde España, se quedara a la sombra del Tungurahua. En el antiguo continente, los soberanos de España ya habían sufrido las dificultades resultantes de la invención de la imprenta por Guttenberg (1450). El arma poderosa de la iglesia debía mantenerse en la iglesia: el libre acceso a libros y al conocimiento no agradaba a la vigilancia clerical. Los librepensadores y los movimientos intelectuales ilustrados rechazaban las imposiciones de la Iglesia. Pese a los controles el pensamiento, como agua buena que quiere salir de la tierra, encontraría libros donde encauzarse.

Los fondos antiguos En nuestra ciudad, son algunos los Fondos Antiguos que conservan, cuidan, y promueven la apreciación, investigación y estudio de estas verdaderas joyas bibliográficas. Una buena parte se conserva en manos de las órdenes religiosas: los jesuitas, en la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit, tienen el más importante acervo de publicaciones ecuatorianas. Tras la muerte del ilustre traductor de Virgilio, la Biblioteca estuvo a cargo y cuidado del padre Julián Bravo, quien falleció hace pocos meses.


Los mercedarios tienen también una excelente biblioteca, que fuera restaurada y catalogada íntegramente con fondos de la importantísima Fundación Getty. Lamentablemente, el acceso a este fondo está mediado por una pesada y discrecional burocracia eclesial... Más accesibles son sin duda los franciscanos, que con justificado orgullo muestran sus libros, en especial sus magníficos volúmenes corales. Ya en la República, religiosos como el arzobispo Federico González Suárez y laicos como Luciano Andrade Marín, Carlos Manuel Larrea o el afamado estudioso Jacinto Jijón y Caamaño, conformaron importantes biblitecas, que iniciaron la recuperación de este patrimonio nacional. González Suárez, el más importante historiador del siglo diecinueve, encomendaba a sus alumnos, como Cristóbal Gangotena, robarse y conservar todos los documentos históricos que pudieran, hasta que llegara el tiempo feliz de depositarlo en un archivo o biblioteca confiable. A partir de 1978, el Banco Central del Ecuador y su potente Dirección Cultural se encargaron de preservar un depósito bibliográfico de más de veinte mil obras, libros y documentos. En el 2008, por la ley reformatoria, estos libros son reasignados a diferentes biblioteca Separaremos entonces la historia de los libros en el Ecuador en dos: el antes y el después de la imprenta de Ambato de 1755 (que a los pocos años se trasladaría a Quito). Una iniciativa que, curiosamente, duró casi dos siglos desde la fundación de la ciudad; todo confabulado por una estratégica falta de interés. Los libros fueron prohibidos en América, porque eran subversivos y atentaban contra el poder de la Corona. En aquella época no se podía leer con libertad.

Mencionemos solo algunos títulos de las primeras impresiones nacionales: Devoción a los SS. Corazones de Jesus y de María Reimpreso en Hambato, en la Comp. De Jesus. 1756; Novena De MARIA SANTISSIMA DE LA LUZ Con licencia, Reimpreso en Hambato, en la Comp. De Jesus. 1758; Novena Devota a la Reyna de Cielo, y Tierra María Santissima N.S. en su admirable advocación de las nieves, De la Ciudad de Pamplona: Compuesta por un Devoto suyo. Quito: Imp Del Colegio Mayor Real, y Seminario de San Luis, 1769; Devoción a los SS. Corazones de Jesus y de María Reimpreso en Hambato, en la Comp. De Jesus. 1756. Todos estos libros fueron escritos por religiosos que, con nombres y firmas anónimas como “Un Sacerdote Deseoso”, daban luz a estos tratados religiosos. Los conventos y bibliotecas en el país crecerían a la par, y cada Orden tuvo su Universidad. Hasta su expulsión en 1767 mediante la “Pragmática Sanción”, los jesuitas fue-

Incunable Una obra Incunable es el término aplicado a todo libro impreso desde los inicios de la imprenta hasta fines de 1499. En el Ecuador, el término se aplicaría a los primeros libros producidos desde la instalación de la imprenta en 1755, en Ambato. Los incunables presentan ciertas características: sus tapas de cubiertas de pergamino y sus sólidos soportes. Así mismo, sus lomos con nervios, prominencias debidas a los hilos que sujetan los cuadernillos que conforman el volumen. Los incunables se caracterizan también por sus hojas de ‘papel de trapo’ y por estar, en su mayoría, escritos en el latín. Por lo general llevan decorada a mano la primera página, y se utilizaba pan de oro para adornar los colores de párrafos amasados casi sin separación, iniciados por grandes letras mayúsculas capitualares, que eran pretexto para delicadas decoraciones. La manufactura del libro era una labor ardua y artesanal, que tomaba mucho tiempo y exigía dedicación, precisión y esfuerzo. Estos libros eran, y son, considerados valiosos tesoros y documentos.

ron dominantes en la cultura social, política y económica de la Colonia; su expulsión no cesaría el proceso de pensamiento Ilustrado iniciado. Un genio como el bibliotecario Espejo quedaría a cargo de buena parte de los libros incautados a la Compañía de Jesús y les daría un uso excelente en la formación de la generación de revolucionarios más importante que haya tenido la Patria. Y no sería sino hasta la Revolución Alfarista de 1895 que a estos grupos religiosos se les quitaría –jamás del todo– su poder para educar, guiar y controlar. El Fondo “Luciano Andrade Marín” de la Biblioteca Municipal González Suárez, permite palpar y entender un poco más de nuestra historia y la de los libros que la marcaron. En el patio sur de la antigua casona universitaria, actual Centro Cultural Metropolitano, el fondo antiguo ocupa una acogedora y pequeña sala, adornada por inmensos estantes de madera llenos de libros. El espacio es cuidado por un joven y entusiasta bibliotecario, el historiador Gregorio de Larrea, quien nos ayudó a tener una mejor idea de la función que cumplen los fondos y de cómo era nuestra capital, a los pocos años de ser fundada. “Aquí tenemos libros desde el siglo XVI en adelante. Están catalogados unos 8 500 libros. Aquí vienen investigadores nacionales y extranjeros. También se investigan varios trabajos universitarios, temas culturales” explica este hombre de apellido aristocrático, nacido para vivir con un pie en los siglos de la memoria. “Hemos escogido los libros más relevantes para la cultura, no están todos. Por ejemplo, el, Tratado Religioso de Jacobo Menochi, europeo, de 1588, es uno de los libros más antiguos que tenemos: tiene pasta de perga-

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mino, papel de trapo procesado y está, obviamente, en latín. También tenemos dos estantes con libros del siglo XVII y XVIII en pasta de pergamino (cuero de animal), y papel de trapo, que era fruto de un proceso mucho más caro y trabajoso –un material más resistente que el papel de celulosa que se utiliza ahora. Los temas religiosos son los que dominaban la época”. El castellano llegó con los fundadores, pero toda la vida religiosa católica era en latín, el idioma oficial. Los libros en castellano circularon, recién, a partir del siglo XVIII. Es innegable el vacío cultural que reinó por casi dos siglos, pero en Quito las Universidades se convirtieron en centros de pensamiento y resistencia ante la cultura oficial, religiosa y chapetona. En el siglo XVIII florecieron con el movimiento de la Ilustración, promotor de la Revolución Francesa (1789) con la consigna de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Lo primero que se hacía al fundar una villa o ciudad era diagramar todo alrededor de una plaza mayor –en Quito, la Plaza de la Independencia, la Plaza Grande– donde se situaban el Cabildo y la iglesia. Recordemos que los indígenas solo podían aprender oficios y trabajos manuales, menospreciados y mal vistos por los europeos. Los españoles ponían a sus hijos en escuelitas

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generalmente regentadas por los Cabildos y atendidas por sacerdotes. Jessenia Villacrés, la encargada del Fondo Antiguo del Ministerio de Cultura, nos aporta con su vasta experiencia en este extenso y valiosísimo patrimonio, y los que se debe hacer para preservarlo. “Esta Reserva posee las colecciones de Jacinto Jijón y Caamaño y Carlos Manuel Larrea. Hay libros desde 1480 a 1950. La mayoría son de los siglos XVI, XVII, y XVIII. Aquí mantenemos un control de temperaturas y ventilación muy riguroso para la conservación. La humedad y los bichos siempre son un problema. Al manipular los libros utilizamos guantes y evitamos exponerlos por mucho tiempo a la luz. La gente que viene a investigar tiene que hablar conmigo; yo les indico cómo manejar los ejemplares. Siempre hay alguien presente”. Jessenia nos confirma que “la mayoría de antiguos libros ecuatorianos está escrita en latín porque eran para los religiosos; las misas hasta entrado el Concilio Vaticano II de 1959 se daban en latín. De 1780 a 1790 aparecen los registros de los primeros libros impresos en castellano”.. El origen de la biblioteca es en gran parte gracias a la inmensa labor de un gran ecuatoriano, el arzobispo Fe-


derico González Suárez. “Sin lugar a dudas, somos de las más importantes bibliotecas a nivel de Ecuador y Latinoamérica”, concluye orgullosa Jessenia, reconociendo su privilegiada labor de poder trabajar con materiales tan preciados e invaluables. Todas las personas que ayudaron en este reportaje (que pudiera extenderse mucho más, como han demostrado los largos y minuciosos tomos dedicados por Hernán Rodríguez Castelo a la literatura ecuatoriana de los siglos XVI, XVII y XVIII) me pidieron que ayudemos a difundir nuestro gran y rico legado cultural y literario. Que les cuente que somos dueños y herederos de algo que no solo nos debe llenar de orgullo y amor propio. Acceder a nuestros inicios, al lugar donde siempre podremos aprender y enriquecernos para construir un mejor presente.

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Central

E

l libro origina adoración, respeto y cariño. Estos papeles cosidos, lleno de palabras, roban las emociones de los que buscan información, una historia, una conexión con el mundo. A veces, también, se ama un libro solo por cómo es, por quién es. Javier Marías en El mal imaginativo cuenta que en Argentina conoció al librero más raro de su vida. En una librería de viejo halló un libro-tesoro para llevar a casa, pero al preguntar el precio, el librero en tono cortante le dijo que no estaban a la venta: los exhibía por apego, con orgullo y recelo. José Luis Astudillo, fiel lector de las novelas de Marías, aprendió en las obras de ese español el ritual de visitar librerías de viejo. Percibir el olor y sentir la textura del papel entre sus dedos de joyas como El espejo del mar, de Joseph Conrad, traducido y autografiado por Marías, que firma la dedicatoria a Ben Sonnenberg. Para José Luis cada libro es invaluable y por eso –temático– limpia los estantes de sus libros cada semana. Igual de temáticos y amorosos son Mathias, Aleyda y Felipe. Conocimos sus bibliotecas, nos abrieron las bóvedas donde guardan sus tesoros de papel...

“Me gustan los libros bien hechos” No me parece una imprecisión juzgar la casa de Mathias como mágica. Es Colonial, tiene un patio central de piedra y un –sorprendente– jardín trasero. De cinco habitaciones, tres están repletas de libros. Mathias, un europeo que vive medio año en Quito, ordena su biblioteca en secciones: la primera, libros sobre la Conquista de los Andes y del Ecuador; la segunda, dedicada a las lenguas indígenas, en donde están todas las gramáticas quechuas desde 1500 hasta los últimos años; la tercera, quizá la más querida, abriga los libros de todos los viajeros que han pasado por el Ecuador, como Ida Pfeiffer, que estuvo por estas tierras en 1850. En otro lugar reservado están los libros sobre el Popol Vuh, que Abraham estudió en su lengua original. Hay una sección de literatura ecuatoriana, otra para Humboldt y una hemeroteca con las más revistas que colecciona. Tiene unos ocho mil libros en casa. Los ojos azules de Mathias buscan entre los estantes sus libros especiales, libros únicos que custodia amoroso. Ahí, una primera edición de La destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas en alemán, o la Historia del Reino de Quito original de Juan de Velasco. O un tomo del doctor Francisco Ávila, con sus sermones de cada domingo en castellano y en quechua. Y

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Mathias Abraham Tiene 70 años, nació en Viena. Pasa temporadas de tres meses en el Ecuador y el resto del año vive en Italia. Colecciona libros desde que tenía catorce años.


Los libros y sus

amantes Texto: Estafanía Ochoa • Fotos: Martín Jaramillo estefy8a@gmail.com

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una hoja volante del doctor Quiroga, preso en la época del primer grito de la Independencia; y el Pequeño Atlas de Humboldt... Muchos de los libros están empastados en cuero de cerdo y con ex libris de las casas impresoras. Ya a los 14 años Mathias supo que era un bibliófilo: tenía una incurable afición por ediciones originales o antiguas. “Me gustan los libros bien hechos. Si tengo un libro lindo, que se presenta bien, de buena edición, con una portada atractiva, de buen papel, seguramente lo leo mejor y con más ganas que un libro que se presenta feo y sin gracia”.

“Un tesoro sin precio” Desde niña, la poeta Aleyda Quevedo tuvo un vínculo muy fuerte con los libros. Todas las noches su padre les leía en voz alta biografías a ella y a sus hermanos. Le encantaba sentir el papel bajo sus dedos y le asombraba con la geometría de cada letra. A los 15 años en un taller de literatura descubrió que su lugar en el mundo quedaba cerca de las palabras, leyendo y escribiendo. Muchos textos la han guiado en su poesía y por eso los valora tanto. “Los libros me contactan con las ciudades y con las personas, es algo espiritual, te sensibiliza.

Felipe Troya Quito, 1988. Estudia Literatura en la PUCE Le encanta la literatura estadounidense, especialmente la “novela-negra”. Valora a los libros por lo que contienen.

Para quienes amamos la literatura el libro se convierte en un tesoro al que no puedes ponerle precio”. Los libros, en la casa de Aleyda, no están solos. En los estantes conviven con figuras de arte que decoran la biblioteca y la hacen más familiar. En la esquina superior una estatuilla de la Santa Muerte, en los estantes centrales figuras de pequeños osos hechos en Oyacachi, una máscara del demonio de Pujilí, ángeles... Cuando Aleyda Quevedo y Edwin Madrid –también escritor– recién se casaron tenían doscientos libros. 24 años después, han debido adecuar la casa para que quepan más de cinco mil libros, la mayoría de poesía, en especial hispanoamericana. Cuando Aleyda o Edwin salen del país regresan con una maleta llena de libros y pagar multas por el sobrepeso es “normal”. De su último viaje a la Habana, Aleyda llegó con treinta libros nuevos: toda la obra de Leonardo Padura y de Sergio Pitol. Algunos todavía están con su celofán, pues para Aleyda, como con un chocolate, el primer placer del libro es quitarle la cobertura. Cuando Aleyda termina un libro, deja el separador en la página que más le gustó. Antes salir a trabajar, abre al azar una página de un libro de poesía y recibe esas primeras palabras, alegres o tristes, que le colman de pensamientos. Ahora está inmersa en la poesía de Elizabeth Bishop, que dice es “alucinante”. Dentro de los tesoros de esta escritora de papel y lápiz más que de compu se cuentan una edición del Canto General de Neruda en gran formato, con pinturas de Diego Rivera y David Siqueiros. También las obras completas de Homero en una edición antigua con ilustraciones, y un libro de Reina María Rodríguez, una de sus poetas preferidas, cosido a mano, con una portada pintada en acuarela y firmado por la autora. En los próximos meses Aleyda tiene dos tareas. La una es la de siempre: avanzar el su próximo libro. La otra es suigeneris: colocar estantes en su cocina para los libros de literatura que hablen de sabores...

“Valoro el libro después de leerlo” “Rechazo la idea del fetichismo, porque el hecho de coleccionar libros me parece cruel, creo que los libros deben trascender de su estado de objeto” afirma Felipe Troya, mientras agrega agua caliente a su té de mate. “Yo compro libros que generalmente no están en las bibliotecas, los compro por mi necesidad de lector, que es lo que me obliga a querer leerlos”. Es un joven bibliófilo y empedernido lector. Felipe conoce muchos jóvenes que anhelan conformar su propia biblioteca: a él no le pasa lo mismo. Si se quedara con todos los libros que lee quizá tendría el doble de tomos, pero él guarda en los estantes solo los que considera valiosos tras leerlos. Y tiene libros de papel y electrónicos. Como todo buen lector que además es estudiante de literatura, Felipe dedica gran mayor de su tiempo a leer. Prefiere leer en papel por muchas ventajas: el libro impreso

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Aleyda Quevedo Rojas Quito, 1972. Poeta, ensayista, periodista y gestora cultural. Su próximo libro se titulará Jardín de dagas. Cuando le gusta un autor, busca su obra completa.

tiene un volumen del que carece el libro electrónico, en el papel se comprende más la estructura y la forma en que está construido el texto y hay una idea más clara de la temporalidad y el espacio que conforma el escrito. Igual, Felipe no descarta al ‘kindle’, pues le permite acceder a libros difíciles de encontrar. En su biblioteca Felipe ejerce su libertad. Descubrió la sensación cuando tenía trece años. De niño le encantaban los libros como objetos: tenía una colección de Verne que siempre revisaba y veía, aunque no necesariamente leía. Pero a los trece años Felipe decidió leerlos. La sensación de libertad lo abordó cuando vivía en los Estados Unidos, ahí se dio cuenta que si no se enfrentaba al libro y al lenguaje como tal, no podría estar tranquilo. Inició con libros juveniles como El Hobbit o El Señor de los Anillos, de Tolkien, y luego heredó una caja de libros de su primo. Llegaron Hermann Hesse y Kurt Vonnegut... En su biblioteca predomina la narrativa, novelas, la mayoría en inglés. Al enfrentar el lenguaje, Felipe no sólo aprendió un nuevo idioma: a la hora de leer a un escritor ruso o alemán prefiere hacerlo en una traducción al inglés. Le encanta la literatura estadounidense, especialmente los de la época del Hard Boiled, con escritores como Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Red Harvest.

Siempre está descubriendo nuevos autores y también visita las librerías de viejo; ahora mismo está inmerso en la lectura de la novela Austerlitz, de W. G. Sebald. Frente a los estantes de su biblioteca, Felipe me enseña algunos de sus libros valiosos, mientras Eva, su perra, nos mira desde el sillón. Señala la obra completa de Shakespeare en inglés, con ilustraciones de Rockwell Kent. Este libro lo cambió en una librería de viejo por al menos unos quince libros del mismo autor que tenía arrumados en sus estantes (el libro en formato grande y bien conservado definitivamente vale la pena para él). Confesiones de un opiómano inglés, del británico Thomas de Quincey, es otro de sus preferidos: tiene grabados y portada a dos tintas. También ama su edición de Los cantos de Ezra Pound, de la editorial A New Directions Book. Heredó libros de la biblioteca de su tatarabuelo Luis Cordero, el valora especialmente una edición pequeña de la Divina Comedia, en italiano. Hay libros que necesita tener porque son importantes, que revisa constantemente, como las obras de Borges o El Quijote. Felipe es escéptico ante la idea de que el libro tenga un aura. Él cree que los libros conforman verdaderos universos que únicamente cobran vida cuando el lector los contacta. Eso es lo emocionante.

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Central

Para editar con el

IMP

INSTITUTO METROPOLITANO DE PATRIMONIO

D

esde este año, la editorial del Instituto Metropolitano de Patrimonio (actual IMP, ex-Fonsal), tiene nuevas metas y está preparando la primera convocatoria editorial por fondos concursables de su historia. La convocatoria se abrirá ahora en abril en varias categorías y temas: todos las personas interesadas podrán participar pues la convocatoria se socializará y se difundirá a través de medios masivos y redes sociales. Los requisitos de participación se podrán encontrar en la web del IMP: www. patrimonio.quito.gob.com.ec El proceso de selección mencionado será riguroso. Incluirá filtros académicos y un sistema de “lectores ciegos”, es decir, que no tienen ninguna relación con los autores y leen los textos sin saber quién lo produjo. El equipo editorial del IMP se amplió con la finalidad de cumplir con el proceso adecuado para entregarle a la ciudad obras de altísima calidad académica, ya fijada en el valioso catálogo bibliográfico del Instituto. Se ha realizado un análisis bastante significativo para que las temáticas y los contenidos de las obras cumplan con todas la necesidades que la ciudad requiere para la comprensión de su historia, de su espacio, de su memoria y de su identidad. Al igual, y manteniendo su tradición, el IMP seguirá apoyando económicamente a las obras ganadoras en todo el proceso: investigación, corrección, validación de texto, diseño y diagramación, impresión, lanzamiento, difusión, socialización y comercialización, con un presupuesto establecido

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Texto: Nathalia Molina Kiyota

para cada función que será detallado en la convocatoria.

nathakiyota@gmail.com

También se está trabajando en un mejor plan de difusión, socialización y comercialización, que llevará de la mano catálogos, talleres, planes de lectura dentro del distrito, socialización a través de bibliotecas, museos y centros culturales, planes de entrega a los colegios y universidades del distrito, así como la comercialización dentro de las librerías más importantes de la ciudad, y un importante apoyo de sistemas interactivos a través de la página web y redes sociales. Dentro del panorama editorial local, desde el año de 2003, es indispensable el programa editorial del antiguo Fondo de Salvamento, hoy Instituto Metropolitano de Patrimonio. Se lanzó con la Biblioteca Básica de Quito, línea editorial cuya principal función y prioridad fue y es fomentar la investigación sobre temas patrimoniales, la producción académica y especializada, el análisis y las recopilaciones que ayuden a repensar y reflexionar sobre los elementos que conforman la ciudad. Vieron la luz obras como la colección de Calles, casas y gente, la colección de los Escritores de Quito, Historia de Quito Luz de América, Luz a través de los muros, 200 años de humor Quiteño, La Radiografía de la Piedra, Historia y arte en El Tejar de la Merced, la Recoleta de San Diego de Quito, Imágenes de Identidad, Atlas arqueológico I y II; las obras El sabor de la Memoria y La lagartija que abrió la calle Mejía salieron de la sombra del olvido con la reedición.

los

libros sobre el PatriMoNio cultural de la

ciudad

será

Producidos

todología Por el iNstituto

coN

uNa

Mejor

MetroPolitaNo.

Me-


Texto: Pablo Torres • Ilustraciones: Diana Armas pableux@hotmail.com

Leer es un milgro de la

evolución E

l área de Rehabilitación de lenguaje del Hospital Eugenio Espejo es una mezcla de primaria y camerino de teatro. Hay crayones, pinturas, tijeras de seguridad, goma blanca y escarcha. Todo duplicado en un gran espejo donde los pacientes practican sus movimientos de vocalización. Doris Argüello, terapeuta con 22 años de experiencia, sostiene un cuaderno en cuyas hojas hay rostros dibujados con el mayor de los detalles. La posición de su boca simula la forma como se pronuncian las vocales abiertas A, O, U. Las vocales cerradas son más difíciles de ilustrar, y por eso no están representadas. El cuaderno pertenece a Luis, de 64 años, quien sufrió un accidente cerebro-vascular y por eso perdió todas sus habilidades lingüísticas: no reconoce los objetos, habla con dificultad, apenas reconoce las letras y, por lo tanto, casi no puede leer. Doris inicia la terapia y le indica a Luis la primera vocal. La cara dibujada le muestra qué tan abierta debe poner la boca. Luis trata de imitarla pero no lo logra porque su cerebro manda la orden equivocada. Doris presiona con su dedo el borde de la boca del paciente para llevarla hacia el centro, como en un beso. Luis suelta su primera letra, una A desvanecida, casi sin aire, que luego repite con más seguridad. Luego, Doris cambia de página y encuentra una donde dice ‘mamá’. Lea Luis, le dice, y le señala las primeras sílabas. Él tarda en decodificarlas. Luis se equivoca varias veces. Empieza a balbucear, mueve las manos, se inquieta. No se siente cómodo con la situación y por eso mira a la terapeuta y no al texto que él mismo escribió... Esta es la rutina de los últimos meses. Ahora sabe más o menos veinte palabras y puede leer algunas como ‘ojos’, ‘pelo’, ‘mamá’, entre otras. Como esta, en el área de Rehabilitación se viven muchas historias parecidas: Rosita entiende lo que le hablan pero no puede responder. Solo dice ‘Ajá’; María Teresa tiene un lenguaje interior pero no lo puede expresar hacia fuera. Aunque realiza actividades difíciles como pintar las figuras sin salirse de los bordes y escribir con una letra dibujada y elegante, no puede leer. Leer, dice Doris, no es fácil. Se trata de una tarea compleja en la que intervienen varias áreas del cerebro. Además, reconocer signos no es suficiente para realizar el proceso de la lectura,

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como se puede comprobar con las marcas comerciales de gaseosas, cadenas de pollo frito, locales de comida rápida, que son tan fuertes que hasta niños preescolares las identifican instantáneamente. Muchos padres piensan que sus hijos pueden leer, que son genios, pero no es así.

El inicio está en la naturaleza El neurólogo Oliver Sacks, en su libro ‘Los ojos de la mente’, dice que: “Aunque ver objetos, definirlos visualmente, parece ser algo instantáneo e innato, representa un gran logro perceptivo que requiere toda una jerarquía de funciones”. En el caso de la lectura, este proceso no termina con la identificación mental de las letras, al contrario, ahí inicia. Las letras son ese conjunto de líneas entrecruzadas a las que nosotros hemos dado un valor por convención. Es decir, solo significan algo porque los humanos nos hemos puesto de acuerdo en ello. Sin embargo, cualquier persona que vea un texto en otro idioma, aunque no lo pueda leer, de alguna manera sabe que son símbolos que forman palabras. ¿Por qué? Un estudio realizado en Caltech (Instituto de Tecnología de California), publicado en el libro ‘The visión revolution’, del Dr. Mark Changizi, examinó más de cien sistemas de escritura antiguos y modernos (entre sistemas alfabéticos e ideogramas chinos) para averiguar si existía alguna constante con la que se pueda identificar su origen. Mediante un sofisticado programa de computadora, se encontraron ciertos patrones topológicos, es decir, las letras se parecen a distintas zonas de la naturaleza. Changizi menciona que, en su mayoría, las letras tienen tres trazos y por esto lucen como los contornos de los escenarios naturales, y por eso, el hombre es capaz de ‘computar’ rápidamente estos trazos.

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Según este experto, el ser humano es como una computadora con un software flexible que es capaz de ser programado, aunque en sus primeras instancias hubo muchas limitaciones porque era necesario crear y guardar un código de procesamiento. Este fue un método ineficiente de trabajo porque la memorización requiere muchos recursos. Por eso, el avance real en nuestra habilidad de computo no provino de la escritura per se, sino del avance tecnológico que utilizó la cultura al aprovechar la facilidad natural del cerebro para reconocer objetos. La invención de la escritura modelada a partir de la naturaleza fue posteriormente optimizada por el ojo, y la cultura evolucionó junto a estos signos visuales que el ojo podía procesar de la manera más óptima posible. Changizi menciona que con la invención de la escritura, los humanos pasamos de ser “calculadoras apenas programables a computadoras a pleno funcionamiento capaces de computar lo que sea”.

El problema de la lectura Oliver Sacks dice que todos los pacientes con trastornos del lenguaje o gente normal que sabe leer tienen “una zona que sirve para reconocer las letras y las palabras”. Pero no siempre funciona correctamente. Por eso, Doris Argüello dice que quienes han sufrido alguna lesión en esta área en lugar de ver letras solo ven figuras sin sentido, rayas cruzadas, manchas. Por eso, el tratamiento de pacientes que llegan a rehabilitación inicia con la comprensión, que es requisito anterior a la expresión y a la lectura. “Un paciente que no habla bien, no escribe ni lee bien”. Por eso, a manera de ayuda, los cuadernos de los pacientes están llenos con figuras de gatos, mamás, niños gordos, collares, y un sinfín de ilustraciones que ellos tienen que pintar.

Después de identificar las imágenes, el proceso de la lectura se dirige en varias direcciones del cerebro que son “las responsables de la gramática, los recuerdos, asociaciones y sentimientos, de tal modo que letras y palabras adquieran sus significados específicos”. En cada persona estas relaciones forman una combinación única de lectura porque dependen del bagaje propio de cada individuo, en un proceso que nunca termina por la constante adquisición de vocabulario. Por eso, la palabra ‘rosa’ para nadie va a ser igual: a algunos les remitirá su fragancia, a otros sus colores, hay quienes recordarán la tersura de sus pétalos, y quizá, habrá quienes sentirán sus espinas punzantes. En las mil variaciones de los problemas de lectura que llegan a la rehabilitación del Eugenio Espejo hay pacientes que leen pero no entienden nada, hay otros que no reconocen letras escritas, hay aquellos que las copian pero no saben cómo se pronuncian. Estos pacientes, en su lucha por adquirir un lenguaje nos hacen sentir que leer es casi un milagro, un milagro de la evolución. Sin embargo, hubo un paciente especial que fue reseñado por el doctor Sacks. Howard, un escritor de novelas policiales, después de un accidente podía escribir pero no leer, aunque poco a poco, y de manera inconsciente, “comenzó a mover la mano mientras leía, trazando los perfiles de las palabras y las frases que todavía eran ininteligibles para sus ojos. Y lo más extraordinario fue que su lengua también comenzó a moverse mientras leía, trazando las formas de las letras sobre sus dientes o en el paladar. Eso le permitió leer considerablemente más rápido. Así, mediante una extraordinaria y metamodal alquimia sensomotora, Howard fue reemplazando la lectura por una especie de escritura. De hecho, estaba leyendo con la lengua”.


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Con sentido

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Fotos irrepetibles Fotorreportaje: Paula Parrini zapatosazules@gmail.com

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Con sentido

¿A

dónde ir cuando el alma naufraga? ¿A un bar? Quizá… puede ser que algunos tragos ahuyenten por un instante el abandono. Pero hay quienes quieren anestesia también para el cuerpo, pretenden farrearse la vida alquilando afectos… Ellos van a los prostíbulos. ¿Cómo son estos lugares? ¿Qué piensan y sienten las chicas ejerciendo la profesión “más vieja de la humanidad”? Fui a buscar “chongos”. Entrar no fue fácil, los “gorilas” de las puertas no entendían qué hacía allí una mujer que no iba a trabajar. Terminaban su interrogatorio cuando pagaba mi entrada, pues allí el poder del dinero es el único que cuenta. En “El Bielas”, al sur de Quito, la entrada está en cinco dólares. En el interior hay una sencilla barra, cinco mesas y dos tubos para el baile de las chicas. Al lado izquierdo están cuatro cuartos. La noche en que lo visité no hubo show erótico por la falta de clientes. Las chicas, además, por las fichas cobran un dólar por trago que ofrecen al cliente. Las más guapas no hacen esto, ni buscan conversación, saben que irán por ellas. Las chicas nunca revelan su nombre, utilizan apodos o seudónimos. “Karina”, delgada con aspecto de Cleopatra por su corte de cabello, me cuenta que por ficha cobra 13 dólares, que hay clientes que piden cuatro para tener un servicio sexual completo. “Debes fingir que estás ebria para que te vean una presa fácil, así se van contigo y cobras; pero en realidad nunca debes emborracharte, toma agua, sé consciente para que no se sobrepasen” me comenta, antes de irse al cuarto con un tipo de 33 años. Se demoró 30 minutos en la habitación, cuando regresa me cuenta que tiene tres niñas y que su esposo es un “chulo”, que no la quiere pero que lo aguanta porque lo ama. “Es el único amor que conozco y quisiera trabajar

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en un prostíbulo más caro para ganar más, por mis hijas y por él”. Esto enfada a su compañera “Kassandra”, quien dice que no hay que trabajar por ningún hombre, pero confiesa que también está enamorada de alguien que la visita de vez en nunca porque está casado. Ella ofrece a “Karina” llevarla al “Café Rojo” para que gane más. “Ese es uno de los más conocidos de Quito, queda por el aeropuerto” agrega. Ubiqué la dirección del “Café Rojo”, cuando llegué me presenté como periodista, obtuve la ayuda del dueño y del administrador. Allí, comprobé una vez más que los prostíbulos tienen ciertas características, como su luz led, los focos son rojos, azules y verdes, que supuestamente cargan el ambiente de romanticismo, pero también sirven para ocultar ciertos “gorditos” o “estrías” de las chicas y para que ellas a su vez puedan tener sexo con los clientes desagradables. En el Café siempre están pendientes de la limpieza, pero aunque hayan ambientadores “los chongos tienen un olor distintivo” me comenta Sergio, un cliente. “Huelen a cerveza mezclada con jabón chiquito, caucho y, obvio, a sexo”. Darwin Soto, el administrador, cuenta que el Café Rojo está abierto de 12:00 a 22:00, de lunes a sábado, que hay entre 45 a 60 chicas, el ingreso tiene un costo de UDS 2 más un trago, el servicio normal cuesta USD 20 y dura 20 minutos, si el cliente quiere un baile erótico cuesta USD 40. (El baile erótico corresponde a dos canciones movidas y una balada para el desnudo). Todas las chicas deben tener sus papeles en regla y siempre están asesoradas con abogados y médicos. Las chicas escogen si quieren ir al cuarto o no con el cliente que las eligió, nada es forzado, según Soto.

Los afectos

alquilados Texto y fotos: Ana Minga

cisana19@yahoo.com

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L

a habitación sencilla incluye una cama de plaza y media, las sábanas son blancas igual que las almohadas. Hay un velador pequeño donde se encuentra algodón y alcohol. En el baño hay toallas y un jabón. Una de las habitaciones donde se realiza el show erótico, tiene un pequeño escenario en donde existe un tubo para realizar pole dance, hay espejos que reflejan la cama, desde donde el cliente puede ver el show o desde un sofá de cuero. Jackson es uno de los guardias que están pendientes de que el cliente no se demore con la chica más de 20 minutos, si lo hace inmediatamente debe pagar, sino quiere pagar ni abrir la puerta, los guardias ingresan con una llave maestra para arreglar el problema. Los USD 20 se reparten: 15 para la chica y 5 para la casa. Hay clientes que incluso dejan USD 200 de propina a la chica. Solo en un servicio sexual completo, una chica puede ganar USD 80, por lo bajo. Tienen de 15 a 20 clientes por día. Según Soto, el Café Rojo tiene 14 años funcionando en el sector del ex aeropuerto de Quito y en su experiencia ha visto que las chicas trabajan para alguien, algún amor que las explota por lo que tienen psicólogos que les dan charlas para aconsejarlas de que

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deben trabajar para ellas y que deben ahorrar pues la vida de una trabajadora sexual, no es larga, el cliente generalmente busca belleza y juventud y esto se termina. Una chica en el día, por sus servicios sexuales y las propinas puede ganar de 500 a 800 dólares, en el mes, una chica que es muy solicitada puede ganar USD 8 000, la que no tiene tanta suerte USD 3 000. Según el administrador la competencia para los prostíbulos y para ellas ha crecido en los últimos años, de lo que él conoce hay cerca de 300 locales legales y agrega que el nombre de este local es simpático y muy apropiado pues “si la esposa llama a un cliente, él puede decir: me estoy tomando un cafecito”. Uno de los meseros agrega que en Ambato había un prostíbulo que se llamaba la oficina, “si la esposa preguntaba al marido en dónde estaba, él decía: en la oficina…” Sachenka, de 25 años, asegura que los clientes buscan cariño, que pagan más cuando ellas les dicen palabras amorosas, que incluso hay clientes que no quieren tener relaciones, solo conversar. Cuenta que los 20 dólares incluye cuatro posiciones, si el cliente quiere tocar más a fondo tiene que pagar, que el sexo anal cuesta 30 dólares. Todo lo realizan con condón.


Ella se enamoró de un cliente, tuvo un hijo con él, ella lo ama, pero él está lejos pues tiene otra familia. Cuando habla de su vida afectiva se deprime pues no tiene un afecto constante. “Esta situación es triste porque nos vemos de vez en cuando y los fines de semana paso sola” y recuerda que ingresó a la prostitución para resolver los problemas económicos de sus padres, pero reconoce que se quedó al ver que lo que puede ganar en un mes lo hace en una noche. “Pero si me preocupo por el después, nuestra vida útil es corta, después quisiera ponerme un negocio de ropa, esto no es fácil, a veces nos tocan clientes que tienen aberraciones”. (Un cliente la obligó a ver un video en donde él tenía relaciones con su propia hermana). Luego de conversar, va al camerino, se viste de caperucita roja y sale a bailar. Haciendo cuentas, el negocio es rentable le comento a Jackson, uno de los encargados de tomar el tiempo a las chicas, él me mira, sonríe y dice que todo está permitido, pero no todo es conveniente… y él debe saberlo, pues el mundo de las adicciones –asegura– es el infierno. La siguiente noche fue el turno del prostíbulo “Dulce Pecado”, ubicado en el norte, en la zona de los moteles, por la Av. Eloy Alfaro. La entrada tiene un costo de USD 10. Mi presencia se confundió con la de otras chicas, pocas, para un centenar de hombres. Más que acostarse con ellas, ellos bebían cerveza y disfrutaban del show de “Dulcinea”. El lugar estaba repleto, no había como caminar. Uno de los asistentes le dijo a su amigo mientras veía el show que un hombre que frecuenta estos lugares se lo reconoce cuando en cualquier lugar escucha canciones características de los “chongos”, como “Hey Sexy Lady” de Shaggy u “Hotel California”. “Cuando ponen esta música en algún karaoke o bar, nos brillan los ojos, nuestras mujeres piensan que nos gusta la canción porque sí, en realidad, nos gusta porque recordamos el show de las nenas”.

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i siguiente parada fue al famoso prostíbulo del sur de Quito: “El Magna”. Uno de los propietarios me ayudó para que pueda ingresar sin problemas. Cientos de hombres esperaban a las chicas desde las gradas. En la sala principal se realizaban los shows, en el tercer piso están los cuartos que aproximadamente medían 2,20 x 1,60 metros. Dentro de ellos solo hay una cama muy pequeña con un colchón de caucho, un lavabo y un basurero. Tienen una sala vip, donde la cama es de plaza y media, hay un espejo sin marco, un lavabo, un basurero y un sofá. Allí, encontré a “Elizabeth” una mujer de 32 años que entró al mundo de la prostitución a los 19, cuando su hija estuvo enferma y necesitaba dinero para curarla. Ella está casada nueve años, su esposo trabaja en el Gobierno, no me da su nombre por precaución. En las mañanas trabaja en una estética y lleva una vida normal de ama de casa. La habitación VIP cuesta USD

Testimonio de “Yadira” Cada 31 de diciembre quiero dejar esta vida, pero ya le cogí el hilo. Entré a este mundo a los 40 años, ahora tengo 45. Tengo una hija de 19 años, vive en Estados Unidos, ya no vivo con su padre, él pertenece a una familia muy conservadora de Cuenca. Solo una cuñada sabe a lo que me dedico. Trabajo en el 122 de 16:00 a 20:00. Al menos por día me hago 15 fichas. Ahora la competencia aumentó, las colombianas y las cubanas son las preferidas. Y claro los clientes prefieren a las jovencitas, para mí es complicado convencer a un cliente, tengo que bromear con ellos para que me elijan. Les digo que los quiero, que yo soy mejor que fulanita, que haré todo lo que me pidan. En el mes hago 1 200 dólares, claro que tengo que soportar a hombres ebrios, quienes son los que más se demoran en terminar. Una vez tuve un problema, un cliente me golpeó, Chimilaco que es un jovencito que se encarga de registrar nuestros tiempos, me socorrió, claro, a cambio de su ayuda quiso dinero. Al tipo que me pegó lo amenazamos, le dijimos que los gorilas de la puerta lo van a masacrar y del miedo nos dio USD 120 dólares. Una vez casi fui descubierta por el novio de mi hija, pues vino a consumir, ha sido caserito de la Daniela. Me dio miedo que me reconociera a pesar de la peluca y de mis lentes de contacto, de allí que estuviera con otra mujer que no era mi hija, no me preocupó, porque en los hombres eso es normal. Siempre le pedí a Dios que me enviara un hombre bueno, porque todos los que se nos acercan quieren ser nuestros dueños, los chulos. Ahora tengo un novio joven, universitario. Con él tengo relaciones sin condón, porque hacerlo sin el condón significa amor. En el prostíbulo siempre nos cuidamos. Todas somos amigas en el comedor, pero cuando bajamos a ver a los clientes somos competencia. Una ficha corresponde a tres platos, son dos posiciones y sexo anal, claro que deben dejar propina. Mi éxito con el cliente es que me hago amiga y les prometo hacer el amor, porque eso quieren ellos, afecto. Ellos, cuando están con nosotras les mienten a sus esposas, les dicen que están en el trole o en la fila del banco; que están en los túneles o en la Marín. Cuando el día es bajo, decimos que hoy nos toca arroz con huevo; cuando hay muchos clientes, decimos ya comimos pavo. Los hombres deben cuidarse de esas chullas que fingen ser amas de casa pero en realidad los exprimen cuando se convierten en esposas. Nos caen mal todos los periodistas, porque vienen a utilizarnos para sus reportajes y no nos pagan nada y en nuestro mundo, todo es plata, todo se cobra.

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45 dólares, por ficha cobra USD 10 y el servicio básico dura 15 minutos, si se demoran más los clientes, solo les da cinco minutos de gracia, de lo contrario deben pagar más. “Elizabeth” cuenta que siempre trata de mantenerse bien, pues la competencia ha aumentado e insiste en que no son putas sino trabajadoras sexuales y está centrada en que lo que hace de noche es solamente trabajo. “Esta vida no es fácil, uno busca un pretexto para quedarse, pero tiene que aguantar a hediondos, sudados, a groseros… uno hasta arriesga la vida, incluso hay mujeres que han sido violadas” cuenta. Salgo de la habitación y escucho a “Nathalia” gritar “cógeme el tiempo voy a la seis”, se lo dice a Jhonn López, el encargado de supervisar que los clientes no se pasen de los 15 minutos. Él me cuenta que las chicas tienen por lo bajo 10 clientes al día y que compiten por ganar un turno. Y veo que así es, junto a los cuartos, ellas y los clientes hacen fila para ocupar una cama. Lo sorprendente es que parece que ellas no se cansan de trabajar, salen de las habitaciones llenas de vitalidad, bien arregladas, como si nada habría pasado. “Belén” defiende su trabajo, me dice que lo hace para alimentar a sus hijos y mantener a sus padres, pero al final reconoce que siempre hay un pretexto, incluso que hay chicas que entran a la prostitución para financiar sus estudios. “Con los clientes somos claras, saben nuestra tarifa, no como las muchachitas que se venden por facebook mostrando fotografías provocativas y mensajes insinuadores. Ellas también son putas pero los hombres no saben cuánto les van a cobrar”, agrega.

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algo de ese lugar, voy a un bar, sigo preguntando por otros prostíbulos, espero que me den un nombre más, me dan como diez; parece que el negocio creciera con los años. Converso con un cliente frecuente del bar, el ingeniero Marcelo: “ahora hay las famosas prepago que pueden estar pescando a los hombres en cualquier restaurante, por ejemplo, en la fosch. Y también hay chicos que se prostituyen, se los reconoce porque visten camisa blanca, chaqueta azul y corbata roja” indica. Le comento que tenía otra idea de los “chongos”, pensaba que eran alegres, incluso en la época de la Colonia, las casas de citas eran reconocidas porque siempre en sus puertas había ramos de flores, de allí el nombre que la sociedad dio a las chicas de rameras. Le comento que creía que se hacían bailes en donde todos los hombres participaban, pero lo que encontré fueron hombres tristes a la espera de afecto, o borrachos perdidos en un ambiente lúgubre. “Sí, antes era distinto en los prostíbulos, había hasta bandas, por ejemplo el que había en el mirador de Luluncoto, era elegante y había fiesta, ahora solo a lo que vamos… un tire y ya”.

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Con sentido

Desde la planta hasta la taza: Apuntes sobre la economía y la cultura del

café en Quito

Texto: Gabriela Balarezo • Fotos: Martín Jaramillo gabriela.balarezor@gmail.com

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Capuchino

primorosamente

El Cafeto Chile. Son expertos

servido en el local de en la calle

en la preparaci贸n de esta bebida estimulante.

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Vinicio Morales y su esposa Teresa son los actuales dueños de Águila de Oro, café “tostado y molido a su vista”, en la calle Benalcázar.

Escena 1 Es lunes y cuando faltan escasos minutos para las 10 de la mañana cruzo la puerta del Café Águila de Oro, ubicado sobre la calle Benalcázar, en pleno Centro Histórico. El sol pega de frente en la vitrina en cuya parte superior se lee: “Tostado y molido a su vista”. El olor del café se siente en cada centímetro cuadrado, impregna el oxígeno, es una constante del lugar. Lo primero que salta a la vista al entrar es el largo mostrador, detrás del cual hay un dispensador que contiene tres variedades diferentes de granos de café, según el tiempo de tostado: oscuro o fuerte (24 minutos), mediano (20 minutos) y rubio (18 minutos). El preferido de Vinicio Morales, dueño actual del negocio, es el oscuro. Muchos de sus clientes, que por lo general bordean los 50 años, también prefieren esta opción.

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Antes de estar a la cabeza de Café Águila de Oro, Vinicio y su esposa Teresa trabajaron durante 33 años para los antiguos propietarios: el coronel Luis Almeida y su esposa Mélida. Y antes de ellos estuvo el dueño original, el señor Alfonso Moya, con lo que este “micronegocio” cafetero carga con 64 años de historia continuada. A pesar de las décadas que han transcurrido desde su creación, ciertas circunstancias sugieren que al parecer el tiempo no ha pasado para el establecimiento: desde el hecho de que algunos de sus clientes de antaño sigan comprando allí religiosamente, hasta la presencia (y uso) de máquinas legendarias. Los molinos y la balanza son cuarentones mientras que la tostadora, que tiene el protagonismo, comparte la edad con el negocio. El día en el Café Águila de Oro no empieza hasta que no se haya

tostado los granos. Tuestan únicamente la cantidad estimada de café que venden en un día, 20 o 30 lb., garantizando así la frescura de su producto, explica Vinicio. Me comenta también que se aseguran de que la materia prima que compran contenga únicamente frutos maduros (de color rojo), para lo cual la cosecha se realiza manualmente. “Si nosotros no ofreciéramos un café de realmente buena calidad, ya nos hubieran despachado”, menciona también Vinicio, con respecto a la industria y mercado cafetalero en Ecuador. Lo que significa que no existe protección para los productores y tostadores locales frente a la exportación y la presencia, en el país, de grandes cadenas de distribución de café.

Escena 2 Bastante al Norte de la capital, siguiendo la ruta de la Panamerica-


na hasta Calderón, se ubica la casa de Ena Galletti. Al llegar me recibe Max, pastor alemán al que le gusta que le rasquen la panza. En un inicio, la fachada no da pie a lo que allí se esconde. Al avanzar detrás de la vivienda, se vislumbran las primeras imágenes de lo es que es una planta procesadora, precisamente de Café Galletti.

más denso, pesado y grande sea el grano, más fino será el café procesado que se obtenga, las muestras que cumplen con estos requisitos pasan a la siguiente etapa.

vuelve más exigente como cliente. Una vez que se descubren todas esas notas escondidas detrás del característico sabor amargo, todo cambia.

A la fábrica de Ena llegan mensualmente un buen tanto de muestras, de productores de Loja (de donde también proviene la materia prima de Águila de Oro), Zamora, Pichincha, Imbabura y Carchi. Uno de los objetivos de Café Galletti está enfocado en la búsqueda, entre todas estas muestras que reciben, de cafés extraordinarios.

Al subir hacia una pequeña habitación en el piso superior de uno de los galpones de la planta, encuentro lo que coincide con un laboratorio de catación, lo presupongo por los varios vasos del elixir negro que observo desplegados sobre la mesa. Después de que los granos de la muestra han sido tostados durante tiempos variados, para determinar un perfil idóneo, es momento de descubrir los aromas (olfato) y sabores (gusto) que denotan los granos preseleccionados de café.

Y no son sólo se perciben esas notas escondidas. Quienes consumen café especial (de altura, extraordinario, boutique) tienden a asociar al producto con la persona, con los seres humanos involucrados en la cadena de producción. Sin embargo Ena considera que “no todos los consumidores entienden que el café viene de la gente, no se genera esa conexión o proximidad con los productores”.

Para lograr este acometido, entran en juego dos filtros: en el primero intervienen tacto y vista, mientras que en el segundo olfato y gusto se conjugan. Teniendo en cuenta la máxima que dicta que mientras

A pesar de que Ena me explica detenidamente la manera correcta de catar café, no lo consigo del todo. Me cuenta también que cuando a la gente a la que le gusta el café, aprende a catarlo, se

Escena 3 En el interior de una pequeña oficina, con vista al patio trasero de la casa en donde funciona Café Vélez (en La Floresta), lanzo la pregunta de rigor a José Nicolás Vélez, propietario del negocio.

En Café Galleti se prueban todo el tiempo nuevas variedades de café ecuatoriano, buscando aromas y sabores cada vez más refinados.

Ena Galleti degustando café.

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¿Cómo definirías o describirías a la cultural del café en Quito? Lo piensa algunos segundos y responde: “Creo que en este momento estamos descubriendo las diferencias de lo bueno con respecto a lo regular y empezando a valorarlas. Estamos en el despertar del café como consumidores. El tomar café se ha vuelto un ritual súper cotidiano y que a la vez te da posibilidad de diferenciarte de acuerdo a tus preferencias en cuanto a sus variedades”. Café Vélez resalta entre otras empresas con un giro similar, principalmente porque ha sido pionero, en Quito y todo el Ecuador, en promover la cultura del café. Fin que se ha llevado a cabo mediante charlas, capacitaciones, talleres, convenios y proyectos varios en torno al desarrollo de esta temática. Con lo que consecuentemente

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se visibiliza que más y más personas aprenden sobre el café. Adicionalmente, José Vélez identifica a esta cultura cafetera capitalina con un segmento en particular: individuos con un nivel adquisitivo considerable, con mayor educación (o acceso a ella) y que han viajado. Mientras que por otro lado, Ena Galletti, asocia más a los consumidores de café fino con los grupos de jóvenes intelectuales, educados y que están constantemente buscando nuevas maneras de experimentar. Continuando con la charla, el propietario de Café Vélez, añade que complementariamente al origen de una cultura, llámese refinada, de café, existe un mercado que de a poco ha ido sofisticándose. La perfecta metáfora de esta afirmación es su propio negocio. Éste empezó con José Vélez tostando café en el garaje de su casa y repartiendo los tres o cuatros pedi-

dos que tenían, personalmente en su bicicleta. Casi diez años más tarde, ofrece “microlotes” (exclusivos de una hacienda en particular) a gente que poco se preocupa por los precios. Además, cuenta con “La Nube”, su propia finca productora de café al noroccidente de Pichincha.

Escena 4 Aún cuando el día tiene pocas horas de vida, una nutrida multitud circula constantemente por la calle Chile. A la altura de la Iglesia de San Agustín me detengo y atravieso una puerta custodiada por dos cestas llenas de café sin tostar, que descansan en el piso. A mano derecha, detrás del mostrador hay una pizarra negra con marco de madera, en la que con tizas de colores está escrito lo siguiente: Bienvenidos a Cafeto/ Nosotros ofrecemos café 100% ecuatoriano/Usamos productos


frescos y saludables/Apoyamos el comercio justo. Desde el nombre queda claro que en este negocio, dirigido por Felipe Cisneros, el café es la estrella. Al igual que Galletti y Vélez, Cafeto encontró un nicho de mercado en la venta de café especial, de altura. No está demás decir que dicha cualidad sólo se obtiene cuidando minuciosamente cada etapa de la cadena de producción, desde la siembra hasta la elaboración de las distintas infusiones. Y esta última etapa es el fuerte de Cafeto. El mostrador ubicado junto a la entrada se usa exclusivamente para preparar la diferente gama de bebidas en base a este fruto originario de África. Al igual que en las fases previas de la cadena de producción, cada detalle cuenta: desde la selección de la vajilla correcta (de porcelana, preferiblemente italiana) y la utilización de agua fresca libre minerales, hasta

la obtención de leche vaporizada con un tono brillante (esto exclusivamente para la creación de un cappuccino). Para lograr resultados fenomenales, como cierto cappuccino que tuve el placer de saborear, en Cafeto no escatiman en gastos, sobre todo al momento de adquirir las mejores máquinas relacionadas con el mundo del barismo. Sin embargo a pesar de que la calidad es importantísima, no lo es todo. Lo que a la final busca Felipe, quien se encarga en ciertas ocasiones de preparar personalmente los deliciosos brebajes, “es que cada taza de café que se bebe en Cafeto siempre transmita una historia”.

Epílogo o “Lo que todo quiteño debe saber del café en Quito” Cuando en el texto que precede se habla de una cultura del café

en Quito, se hace referencia a la apreciación que el colectivo ciudadano tiene por el buen café, el especial, el de altura. La antítesis de este precepto y visión dominante a la vez, es la existencia de la mal llamada “cultura consumista del café”, que se refleja en el ascendente consumo de la versión instantánea del mismo o en la popularidad que han tenido ciertas cadenas extranjeras. En Quito y en Ecuador, en general, el café proveniente de territorios nacionales no es percibido del todo como un producto de calidad, más bien es un “commodity”, una simple materia prima. El común denominador de los quiteños prefieren beber café por su “sabor” relativamente agradable y por el efecto de la cafeína, sin percatarse de la existencia, cada vez en mayor cantidades, de variedades altamente especiales de este producto, orgullosamente ecuatoriano.

caFé vélez tieNe su PlaNta de tostado y Molido eN coNocoto. la Marca sieMbra su ProPio caFé eN el NoroccideNte del caNtóN.

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Culturas

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Música

sacra Texto: Agencia Pública de Noticias • Foto: Revista Q www.noticiasquito.gob.ec

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el 17 al 28 de marzo Quito celebró uno de los números centrales de su agenda cultural 2013: el XII Festival Internacional de Música Sacra ‘Por los siglos de los siglos’. La cita contó con el estreno mundial de obras encontradas en los archivos de las iglesias de Quito. Este encuentro internacional es organizado por el Municipio a través del Teatro Sucre y para este año, además del introspectivo repertorio litúrgico, llegaron nuevos sonidos y melodías de artistas nacionales e internacionales.: desde cantos gregorianos o gospel hasta música electrónica.

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l festival ocupó 10 iglesias y 14 espacios públicos, y ofreció además cuatro conciertos didácticos, cinco clases magistrales, dos conversatorios...

Entre las iglesias que acogieron la programación del festival están La Compañía, la Catedral, la Basílica, la capilla del Museo de la Ciudad, San Francisco, el Buen Pastor, El Sagrario, La Merced, el antiguo Hospital San Lázaro, la iglesia de la urbanización Santiago, entre otras. En la edición 12 del festival intervinieron varios intérpretes de música litúrgica como el Coro de Canto Gregoriano de Madrid, España; Chatam Baroque, de Estados Unidos; Ensamble ONIX de música contemporánea electrónica de México; Ars Longa, de Cuba; Capella Paulistana del Brasil; Carmen Elena Téllez, de Estados Unidos; el grupo de góspel American Spiritual Ensemble ASE de Estados Unidos; Janes Johnstone, de Gran Bretaña; Joseph Flummerfelt, de EEUU. A este selecto grupo de intérpretes internacionales de música sacra se unieron en representación de nuestro país, artistas de reconocida trayectoria como el Coro Mixto Ciudad de Quito; las Cantoras de Calpi; Mariela Condo; y la pianista Cristina Banegas.

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Culturas

Leyendo las claves de

La Compañía Texto: Ricardo Gutiérrez • Fotos: Martín Jaramillo ptquito@yahoo.es

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E

l visitante camina por la Plaza Grande. Toma la García Moreno hacia el sur. Se detiene absorto. El encaje de piedra de la Iglesia de San Ignacio de Loyola, más conocida como la Compañía de Jesús, le llena los ojos. Vale la pena conocerla. O volverla a conocer.

El visitante se congela. El templo lleno de oro estremece. La explicación inicia. Los jesuitas llegaron en 1586. Franciscanos, mercedarios, agustinos y dominicos ya se habían emplazado en las cuatro esquinas de la ciudad. Los hijos de Loyola se asentaron primero en Santa Bárbara.

Su mirada no se detiene. Las columnas salomónicas obligan a mirar hacia arriba. De pronto María Inmaculada, acomodada en una suerte de corredor, le indica el camino. Dos querubines subrayan el gesto. En todo lo alto una peana (base grande) de piedra sostiene la custodia dorada, que se proyecta al cielo.

Alfonso Ortiz Crespo, estudioso enamorado de la ciudad, nos contó que de esta primitiva ocupación del siglo XVI aún queda un importante vestigio histórico, conservado gracias a la sensibilidad del arquitecto Alfonso Calderón Moreno. Cuando se edificó a mediados de la década de 1940, al norte de la iglesia parroquial de Santa Bárbara, la sede de la Unión Nacional de Periodistas (García Moreno entre Manabí y Esmeraldas), reubicó e integró en el extremo norte de la planta baja una portada de piedra original de la casa de los jesuitas, la cual ostenta en el dintel la inscrip-

Dennis Sánchez, jefe de mediadores, recibe a la gente en el templo católico: más de 120 mil personas cada año. Iniciamos un recorrido por más de cuatro siglos de historia, arte y religiosidad.

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ción “MAGNE AMOR IS AMOR” (el amor grande es el amor mismo). Más tarde los jesuitas consiguieron un nuevo terreno en la García Moreno y Sucre, frente a la actual Iglesia de la Compañía. En 1597 los jesuitas propusieron a la diócesis la permuta de las propiedades del colegio de San Jerónimo y del seminario. Aceptada la propuesta, la casa del antiguo seminario pasó a manos de la Orden y la antigua casa de San Jerónimo se convirtió en sede del seminario. Inmediatamente ampliaron su nueva propiedad por el lado sur y en 1605 adquirieron el lote esquinero, iniciando la edificación de su iglesia definitiva, frente a su antigua casa. La voz de la guianza trae al visitante de regreso. Hablan de la mampara: este elemento sutil tiene una significación especial. Esta puerta, como en todas las iglesias Coloniales, separa simbólicamente


el mundo sagrado, el interior de la iglesia, del mundo profano de afuera. Corona la mampara una figura que suele pasar desapercibida: San Juan Bautista niño, junto a un pequeño cordero. Luego de esta iniciación, del bautizo, el visitante topa con dos grandes lienzos (sus copias) del jesuita Hernando de la Cruz. El cuadro del Infierno en el ala norte y el del Juicio final en el sur. Dos obras que han marcado por siglos el miedo y la esperanza de los quiteños. El miedo, por ejemplo, a ser condenada “por deliciosa”... El Juicio derrama serenidad y discreción: los muertos despiertan y los ángeles separan unos hacia la gloria, otros hacia el castigo y la boca del infierno que los espera. El Infierno es un cuadro violento, de colores rojos, de fuego, y escenas terroríficas, de estilo dantesco, inspirado en la concepción medieval del castigo divino. Así lo refiere el sacerdote jesuita José Luis Micó en su libro sobre la iglesia. En el cuadro del Juico, disimulada, aparece Mariana de Jesús. Se la reconoce porque lleva en sus manos una azucena. Si se levanta la mirada, el templo se presenta imponente. El barroco latinoamericano en su mayor expresión. El talento quiteño en cada elemento. Retablos, esculturas y pinturas que son nuestra herencia. Los profetas de Nicolás Javier de Goríbar se ganan la mirada. El padre Micó revela que los Profetas de Goríbar están inspirados en las láminas de los Profetas de la Biblia de Venecia (1701) de Nicolás Pezzana. Sin embargo, la maestría del pintor queda expuesta. Micó hace referencia al comentario del dominico historiador del arte, José María Vargas, sobre los cuadros: el colorido es de notable transparencia, inclusive en aquellos tonos oscuros, graves, de difícil ejecución. Casi todos los profetas dialogan con el espectador e indican con el dedo el motivo de su profecía.

Dibujar y pintar los profetas de Goríbar era lección básica para los estudiantes de las facultades de arte coloniales y republicanas, era la tarea que Joaquín Pinto encomendaba a sus aprendices –comenta cómplice un amigo a otro. La nave central tiene58 metros de largo, 26 de ancho y 16 de alto, todo recubierto con láminas de oro. Madera, piedra y ladrillo, en manos de artesanos y obreros indios y mestizos, bajo el auspicio y dirección de maestros y arquitectos nacionales y extranjeros. Un esfuerzo que a lo largo de 160 años dio a luz un templo único en el mundo. El visitante se detiene bajo de la cúpula central. Los retablos laterales hablan de San Ignacio y San Francisco Xavier, puntales de la Compañía de Jesús. El oro de Francisco es más brillante: 31 enero de 1996, tres cuartas partes de su retablo de Francisco fueron consumidas por el fuego. La talla actual es nueva, e igual de perfecta que el resto de la iglesia. El talento vive, intacto. Arriba, los cuatro evangelistas coronan las columnas centrales. Al fondo, domina todo el retablo mayor. Los relieves historiados de las enjutas resaltan por su factura y significación. La historia bíblica de José hijo de Jacob en el lado sur, y la de Sansón y Dalila en el norte. Estos relieves fueron inspirados en los grabados de Caspar Luyken, publicados en Nurenberg en 1708 por Cristoph Weigel the Ealder, según nos comenta Juan Carlos Pinos, conservador de la fundación Iglesia de la Compañía. Cuando se instaló el moderno órgano en el coro de la iglesia, estos relieves de la parte alta de las columnas quedaron ocultos, cercenándose ambos relatos... –Tanto oro, qué bestia– comenta calladamente una pareja con una frase quiteñísima. –El pan de oro es tan delgado que del grosor de una hoja de papel co-

mún se podrían sacar hasta 3 láminas– explica el jefe de guías. Nos dice también que no hay más que unos 50 a 60 kilos de oro en toda la iglesia. “La fe de todos los pueblos ha sentido siempre que lo mejor del arte y la riqueza debía embellecer los templos”, explica el padre Micó, y anota que la tradición hebrea y cristiana conservan esta actitud. La impresión de escándalo y derroche en las iglesias se podría esclarecer si se las valora como parte y centro de una misión religiosa mucho más amplia, “centro de servicio al hombre, a la instrucción, a la cultura, las letras, las ciencias, la atención a los pobres, los indígenas, los enfermos”, en palabras del jesuita. Queda claro que todos los elementos de la Compañía –cuadros, esculturas, retablos, dorados y pinturas– corresponden a un programa bien calculado, con fines pedagógicos: es un discurso, una clase de religión. En aquellos tiempos esos eran los recursos que teníamos –dice el padre– “había que ir por allí”. Hoy, tal vez, harían una película... Pero había que ir por allí... Una fachada que nos obliga a mirar al cielo. Una mampara que nos bautiza. Dos cuadros de los riesgos de no caminar por el sendero correcto. Las profecías. Los evangelistas como columnas centrales. Y finalmente el retablo mayor, con los fundadores de las grandes órdenes religiosas (detalle muy poco común). Una sagrada familia. Singularmente, sobre ella un Dios Padre, pocas veces representado. El visitante ha terminado su visita. Camina absorto en recuerdos, información e imágenes. La experiencia es patrimonial, mística, emocional. Respira profundo. Ad maior Dei gloriam, a mayor gloria de Dios, dicen los jesuitas. La Iglesia de la Compañía de Jesús le llena los ojos, y también el alma. Vale la pena conocerla. O volverla a conocer.

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Culturas

El viaje interior de

Mosquera en Madrid Texto y foto: Edwin Alcarás • Desde Madrid ealcaras@gmail.com

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uego de su reciente etapa de creación, el maestro ecuatoriano encontró una forma extraña de reinventarse. Un tratadista casi borgeano y el pintor español del siglo XVII Diego Velázquez tuvieron que ver.

Uno. La humildad La cortesía madrileña consiste en emplear una entonación que en cualquier otra geografía de la lengua española significaría el preludio de una riña callejera. La manera en la que los de Madrid entienden la urbanidad y el tacto puede confundirse fácilmente con el grito pelado y la invitación a los puñetazos. Es lo que hay, dirían ellos. Con toda razón. Pero a quien no está acostumbrado no deja de inquietarle que en un bar cualquiera el camarero recoja la orden como si le hubieran chocado el carro o robado a la mujer. Mucho más si ese alguien es, digamos, ecuatoriano –donde la cortesía se confunde, en la otra punta de la exageración, con un florilegio de diminutivos, gerundios y tonos minimalistas. Máxime si este ecuatoriano se llama Washington Mosquera, o sea uno de los artistas más famosos en el

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medio por sus modales minuciosamente perfilados y su proverbial delicadeza para tratar a la gente. Cuando le preguntan qué va a tomar, Mosquera abre mucho los ojos como si no comprendiera. La verdad, no comprende. Cuando el camarero –ahora además de cortés, apurado– se lo repite, algo se rompe dentro del maestro. Algo breve y de cristal. Luego, qué remedio, le toca hacer de tripas corazón y pedir una cola negra. Cuando se la pasan, apura el mal trago con limón y hielo y ensaya una interpretación del asunto muy ecuatoriana, o sea tratando de echarse la culpa: “Es que no le entendía. Ya me pasa algunas veces en Madrid”. Su voz es bajita y de rasgos redondeados, como él. Pronuncia las eses muy claramente, sin perder el tono de refinamiento que pone en todo. La misma claridad y sutileza con que ha trabajado sus pinturas desde hace 40 años. Es uno de los pocos artistas ecuatorianos de su generación que sigue militando en una creencia antigua, casi mítica: el dibujo. Es uno de los últimos mohicanos del figurativismo y su escuela, la de los clásicos.

No en vano mucha gente lo sigue reconociendo por el apodo de ‘el discípulo’ que recuerda la temporada en que trabajó en el taller de Oswaldo Guayasamín a fines de los setenta. De él aprendió algo que puede parecer paradójico, pero que no lo es: la humildad. Para Mosquera esta es una verdad sencilla y transparente. “Cuando uno busca la perfección se vuelve humilde. Mientras más te esfuerzas y mientras mejor te salen las cosas, te das cuenta de lo lejos que sigues del ideal. No te comparas con los demás. Te comparas con lo que tú podrías hacer y te encierras a hacerlo. Eso es lo mejor que puede pasarle a un artista, la humildad.”, dice mientras le pasan una tapa de sardina rebosada en una salsa de pimientos, roja como el infierno. Él la rechaza amablemente. Ha almorzado en un restaurante ecuatoriano un plato de fritada que, a 12 000 kilómetros del terruño, se parece bastante a la felicidad.

Dos. El ritmo Mosquera avanza por el Museo del Prado, en Madrid. Es la segunda vez que entra en esta especie de Sancta Santorum del arte es-


pañol. Estuvo, hace poco menos de 12 años, cuando ganó un concurso de grabado. Un día entero recorrió los pasillos y las salas del gigantesco edificio. Las obras, vistas de cerca, eran muy diferentes a lo que había visto en los libros. Había azules que en realidad eran verdes. Rojos que en realidad eran ocres. Amarillos que eran grises. Descubrió que las enciclopedias de arte son inexactas, quiméricas. Mentirosas. No perdió la fe, en cambio, en el azar. Cuando regresó a Quito siguió deambulando según una costumbre esporádica pero férrea, entre las librerías de viejo del Centro. Le atraía principalmente las secciones de Arquitectura o Ciencias. A veces Ingeniería. Uno nunca sabe, a veces se puede encontrar algún ejemplar descatalogado de un tratado sobre las proporciones, sobre la perspectiva, sobre la óptica… Más cuando uno está, como Mosquera estaba a principios del 2012, con una angustia profunda supurándole en el alma. Había terminado hacía pocos meses una exposición grande (Pasiones íntimas) que ponía fin a una etapa de feliz creación que le había consumido un poco más de ocho años. Y tras la alegría del ciclo cumplido, como siempre, había llegado la inquietud por lo siguiente, la angustia frente a ese lienzo negro en que se había convertido su futuro, su presente. El maestro estaba vacío. Con cientos de voces hablándole por dentro al mismo tiempo sin saber cuál escuchar. Con una multitud de ideas y sentimientos reclamando su atención sin sentir verdadera pasión por ninguno. Estaba en el desierto. Avanzando por avanzar. Sin un adónde. Y fue entonces que lo encontró. En la sección de Ingeniería de una librería de viejo encontró un manual sobre técnica artística editado en Buenos Aires hacia 1920. Allí un señor de apellido borrosamente alemán hablaba de algo que Mosquera había escuchado

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hacía mucho tiempo en la Escuela de Bellas Artes de Quito (a la que había entrado contradiciendo a sus padres pero, sobre todo, al sentido común) y que ahora, 40 años más tarde, le sonó a revelación: el ritmo visual. La idea no es muy compleja, aunque en realidad lo sea. Se trata de que en la tela siempre hay una sucesión de líneas horizontales o verticales que, subyacentes en el fondo de la escena, marcan la percepción del resto de elementos. Las líneas de un cielo abigarrado conducen al ojo levemente hacia los personajes, lo preparan para la emoción que adviene luego. Si el cuadro fuera una pieza de baile, esas líneas subrepticias serían el compás, la clave del movimiento. Entonces recordó un cuadro visto durante aquella primera visita a El Prado. La imagen ilustraba perfectamente la idea del ritmo. Recordó las líneas y las texturas y la composición y la armonía y la magia. Algo entonces se conectó con algo dentro de su pasado o de su alma o de su destino. Algo delicado, como de cristal o de lluvia. Y así, oscuramente, arribó en un par de segundos de revelación, a una certeza nueva, una posibilidad, un hilo para jalar. El maestro agradeció a este señor argentino –presumiblemente difunto– por aquel guiño luminoso, surgido del abismo del tiempo y de la casualidad, esa existencia fabulosa y meramente libresca. Ese tratadista casi imaginario –aspirante a personaje de Borges– le había devuelto el camino. Mosquera tenía de nuevo una dirección, un adónde. Pasaron un par de meses antes de que finalmente se lo contara a su familia: tenía que volver al Museo del Prado. Tenía que conversar con Diego Velázquez, el maestro del siglo XVII español. Tenía que hacerle un par de preguntas importantes para seguir el camino de su propio arte. Y mientras antes fuera este viaje, mejor.

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La idea, en ese momento de la economía familiar, sonó a chiste. Luego a temeridad. Finalmente a una locura triste. Era un maestro, un artista famoso, pero no tenía dinero. Tampoco tenía contactos ni en el Estado ni en la empresa privada. Su idea se parecía más a un exabrupto que a un plan. Pero así le habían venido siempre las revelaciones del arte, que es un oficio en gran parte misterioso e incomprensible. De modo que se empeñó en la idea. Se la contaba a quien quisiera escucharla como si el viaje fuera el próximo mes. Pero la realidad no avanzaba según su deseo. Vendió un par de cuadros que alcanzaban para las cuentas de la casa, pero no mucho más. Pasó casi un año.

Tres. El tiempo En el ámbito artístico a veces ha escuchado a los más jóvenes que el figurativismo es una expresión del pasado, ya meramente anacrónica. Cuando escucha la frase, Mosquera sonríe lento. Bebe su cerveza. Luego, con su tacto muy propio replica que no le interesa estar fuera de la época. No le importa la moda ni la vanguardia, le importa lo que él puede hacer. Milita en la creencia de que la artesanía es el fundamento manual de todo arte. “Mi referente está en el Medioevo, en los flamencos. Me encanta el olor a tierra de los cuadros”. Tal vez es cierto que está fuera de la época, tal vez no. Finalmente qué es el presente. Qué es el tiempo. Una cosa vana y superficial que cambia a cada momento según las modas y el ansia terrible de ser de vanguardia. Él ha visto esa sed en los artistas más jóvenes. La ha visto con sospecha a veces. Con tristeza casi siempre. Para él el arte no es esa fiebre cosmética de ir por delante del tiempo. Para él es algo más cercano, más artesanal, pero también un poco más enigmático. Su lucha no es con el presente sino con la idea misma del tiempo. Su arte consiste en su

artesanía: “El arte es una actitud mental, pero también manual. No existe una sin la otra”, dice mientras deja el vaso en la barra y se anima por una cerveza. Esta vez el camarero lo ha escuchado bien y sonríe con una amabilidad más cercana a la definición latinoamericana de tal cosa. La idea de que uno es el límite de la historia tienta. Pero ¿cómo se puede decir sin enloquecer de ego que uno es la consecuencia necesaria de todas las etapas precedentes del mundo? Como si la vida fuera un cuento que empieza, dura y termina. Como si la realidad –más allá del cerebro humano– estuviera necesariamente construida en la clave pasado-presente-futuro. ¿Qué recordamos y qué olvidamos? ¿Quién dicta dentro de la consciencia? ¿Quién le puede decir al maestro Washington Mosquera que lo suyo es el pasado?

*** La mañana y la tarde del 24 de diciembre de 2012 Washington Mosquera trabajó en su estudio. No había Navidad posible, no podía. No lo quería admitir pero estaba triste. Llevaba casi un año y el proyecto de volver a El Prado no se había avanzado un centímetro. Su fe, casi siempre vigorosa, empezaba a diluirse, a desdibujarse. Como siempre en esos casos, se puso a dibujar. Llevaba cierto tiempo aplicado en un retrato femenino que le brindaba cierto consuelo. Al final de la tarde recibió una llamada. Era su hija (comunicadora y –su mejor– relacionadora pública). Le preguntó para cuándo quería viajar. Él sonrío difusamente al otro lado del tubo y, sin dejar de ver el retrato, dijo alguna fecha. Ella le contestó que bueno, que hiciera maletas, que ya estaba hecho todo. Él dijo gracias, luego colgó y volvió al cuadro. Solo más tarde, durante la cena, se enteró de que sus dos hijos habían invertido sus ahorros en su


proyecto artístico. Solo más tarde pudo emocionarse y abrazarlos. Por la misma vía del milagro le llegó el dinero para financiar un viaje de dos meses en Europa, que no es poco. Un cliente antiguo, devoto de sus cuadros llegó una semana antes de que saliera el avión. Le preguntó cómo iba a hacer el viaje. Mosquera respondió con la verdad. No tenía idea. El cliente miró el retrato en el caballete, pensó un momento y le ofreció comprárselo. Pero no está terminado, repuso el maestro. No importa, me lo da cuando lo termine, y el precio lo pongo yo esta vez, dijo. Acto seguido le firmó un cheque por una cantidad bastante superior al presupuesto que había trazado Mosquera para su viaje. Antes de salir, el cliente (el maestro se niega en redondo a dar su

nombre, su delicadeza se lo prohíbe) dijo: “Vea cosas, vea todo lo que pueda y vuelva con más cuadros en la cabeza”. Y eso hace ahora. Ver. Luego de terminar su cerveza, entra finalmente al Museo del Prado, uno de los parnasos artísticos del mundo. Se desplaza hacia la izquierda, entra en la sección de Velázquez. Llega a una sala espaciosa y bien iluminada y se detiene frente a un cuadro de gran formato, casi un mural de óleo sobre tela que brilla bajo las lámparas. Se representa una escena en la que varias decenas de soldados sostienen unas lanzas mientras sus jefes parlamentan. La perfección técnica causa un arrobamiento cercano al vértigo. Una especie de mareo sensorial que deviene en un esta-

do hipnótico o en una especie de demencia alegre. Mosquera saca una libreta de papel reciclado y se pone a esbozar algo. Una línea. Otra. Muchas. Todas enérgicas y alegres, como si su mano pudiera bailar. O como si dibujar y bailar en realidad significaran viajar en el tiempo. Ha encontrado de nuevo el camino.

La fábula de Aracne, popularmente conocido como Las hilanderas, es un lienzo de Diego Velázquez, conservado en el Museo del Prado. Velázquez pintó el cuadro hacia 1657.

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Culturas

El parque de El Ejido es, cada fin de semana desde hace más de 25 años, una galería pública y un mercado abierto de obras de arte.

L

a pintura es un amante demasiado demandante según reconocen la mayoría de sus apasionados ejecutores, cautivos de su propio deseo insaciable por crear mundos y sensaciones sobre lienzos de tela, que pueden llegar a convertirse en obras inmortales, trascendentes en el tiempo. Pocos saben que eso sucede: obras privilegiadas, “tocadas” por esa inspiración alquímica del talento que logra de la nada un todo, a veces, más poderoso que la realidad misma. La fama está reservada a los es-

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forzados que han dado algo más que el resto. A los afortunados que logran pintar justo a tiempo lo que muchos quieren ver... Supongamos que fuera así y que el pintor haya logrado parir al mundo una obra de majestuosidad y riqueza inmutable ¿Cómo hace este individuo para que este mundo se entere de que tal belleza existe? El mundo, para esta narración, será confinado al mercado de arte en Quito y en el Ecuador. Pasada la primera mitad del siglo XX, en el Ecuador existía un fuerte mo-

vimiento artístico, encabezado por figuras nacionales como Tábara, Viteri y Guayasamín. Su obra era rica, y se nutría de la realidad social de la época. Son autores firmes y leales amantes de la belleza, con el inquebrantable consecuente compromiso espiritual que conlleva. El mercado del arte prosperaba: las bases estructurales y sociales de relación, necesarias para que funcionara, se retroalimentaban constantemente. Pero luego, décadas después, una serie de circunstancias agolpadas desestabilizan la econo-


En los setentas, cuando inició la labor de este maestro neofigurativo, estaba en crisis la idea sobre qué entendíamos por “ecuatoriano” o propio: fue la generación del pelo largo, de los Beatles, de Sartre. La cultura global hacía su discreta entrada y rompía los moldes locales. “Cuando yo nací, en los ochenta, ahí fue duro; mi mamá (Nelly Witt) iba de puerta en puerta, ofreciendo la obra. Claro que no era cualquier puerta. Iba donde galeristas, directores de museos, empresarios… gente con plata”. Silvia se ríe. En el mundo del arte las relaciones son vitales y claves: saber a quién y cómo presentas la obra. jarzeisa@hotmail.com

Texto: José Rodas (JARS) • Fotos: Martín Jaramillo

El arte y su pequeño

mercado

“Ser hija de un artista debe ser antipático; pero de él (Luigi Stornaiolo), es fantástico, porque él es muy bacán. Yo soy la encargada de vender la obra porque, de hecho, a él eso no le interesa mucho. De esto ya van a ser sus buenos diez años. Yo agarré la posta cuando mi papá ya tenía un grado de fama aquí. Pero el comienzo fue duro”.

mía entera del país y la crisis bancaria de los años 90 terminó de liquidar al mercado y comercio del arte, mal parado desde los años ochenta. Silvia Stornaiolo, la guapísima y joven pedagoga y escritora, hija del reconocido pintor Luigi Stornaiolo, nos recibió en la Casa de la Cultura (trabaja en la Biblioteca), y compartió un poco de las ocurrencias y peripecias que ella y su familia tuvieron que pasar, en los comienzos, para difundir y consolidar la obra de su padre.

El pintor debe pintar; pero la obra se debe exhibir, catalogar y valorar. “(Ella) me cuenta que fue muy duro; pero era su esposa y lo hacía con mucho amor. Tampoco era una tarea de vender maquillajes o sostenes. Ir de puerta en puerta, en ese tiempo, era totalmente necesario. Nadie conocía a mi papá; además él era un señor que empezó a hacer cosas totalmente diferentes. Hizo muchos retratos, para vivir. Cuando regresamos de viaje, en el 91, mi papá pintaba unos cuadrazos. Ya la gente venía a nosotros”. Vivir, y vivir bien, es lo que queremos y necesitamos todos. Qué mundo sería este si todos lograran ejercer y dominar aquello que les apasiona y enciende por dentro. *** El parque del Ejido es reconocido internacionalmente por la exposición semanal de pintores locales. Todos los sábados y domingos, hace más de 20 años, artistas plásticos optan por esta manera de promocionar y comercializar su obra. Este método elimina al agente medio y ofrece un contacto más directo y personal con

el cliente. A algunos le va muy bien; otros se esfuerzan por mantener su estilo y visión en una constante lucha por elevar la calidad de demanda de un público heterogéneo, que se acerca a las veredas del parque, a la sombra de sus gigantes y frondosos pinos, a regatear precios. Javier Arteaga es artista plástico y se ha dedicado a hacer “arte público” desde hace unos quince años. Su obra, conformada, en gran parte, por caballos alucinados en colores y formas bizarras, está en la vereda de la 6 de Diciembre. Su aspecto físico, pequeño y regordete, rondando el medio siglo de vida, es el de todo un bohemio soñador: una larga y descuidada barba blanca cubre su amigable rostro, de terraza ya calva, rodeada por parches negros, secos y jamás peinados. Su saco de tela y pantalón gastado evidencian, sin complejo alguno, algunos rotos; las alpargatas que lleva puestas están salpicadas con pintura de todos los colores. “También hago ilustraciones y arte digital” informa. Ah, cierto; ¿cuál era la diferencia entre el arte público y el arte privado? “El arte público es lanzar (la obra) a la gente, dar de pronto una sorpresa, abrir espacios de creatividad en respuesta a una situación colectiva”. La “situación” que deben sufrir (¡y aún así perseverar!) la mayoría de artistas del mundo: falta de comprensión. “Yo me he movido en varios espacios, desde hace más de 30 años, anteriormente hasta trabaje con galerías. Intentaba difundir el arte, se suponía que en la galería tendría otro sentido, algo más privado más elitista... pero un día encontré este espacio público y me quedé. El aspecto creativo es más libre, puedo jugar con el gusto del público y el gusto mío. Las galerías siempre trabajan con condiciones de mercadeo, de color, de tamaño… Te condicionan a su mercado”. Este es un hombre realizado que evita hacerse problemas, está aquí y ahora, por el oficio, no para sufrir ni amargarse; es feliz porque hace lo que quiere, y es más, me admite que hasta se ha dado el lujo de no vender sus cuadros en masa. Poco, y a pocos.

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Ileana Viteri, arquitecta y crítica de arte, mantiene con tezón y calidad la más importante galería privada de la ciudad, vestigio de mejores tiempos para el mercado de arte.

Y es que así debe ser. No se trata solo de cantidad, sino de calidad según me instruye la única, genial y elegante Iliana Viteri, cuando conocimos su pequeña pero distinguida galería de arte, ubicada en la lujosa avenida Gonzalez Suárez. Profesora y siempre curiosa a la vez, apasionada y marcada desde su nacimiento, “oliendo a pintura” del arte nacional vanguardista (es hija del maestro Oswaldo Viteri). Su galería Viteri (2007) sobresale como una de la más importantes del país, fruto cosechado por el amor incondicional hacia aquello que eleva la simple condición de mortales a geniales creadores: el arte. Su testimonio es clarísimo. “Aquí en Quito, muchos de los espacios se cierran de un día para el otro; el haber logrado sostener la galería por cinco años, más bien, para mí, es largo”. Nos afirma que, después del colapso del 99, uno podía caminar por las calles de la ciudad y no encontrar una sola galería. “Quienes fungían en aquél momento como galerías eran las marqueterías, los espacios donde se solía no solamente llevar a enmarcar, sino un poco a presentar las obras también. Se des-

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plegaban las obras a lo largo de las paredes para que la gente pueda irlas a escoger, un poco como objetos”. “Pero era lo único que Quito tenía fuera, naturalmente, de los espacios institucionales que, en aquél momento, acapararon todas las posibilidades de los artistas en cuanto a exposiciones. La caída de los bancos tuvo un papel importantísimo: había lavado de dinero, naturalmente, y también había, en aquél momento a finales de los noventa, una tendencia vertiginosa por parte de ciertas instituciones (sobre todo de los bancos) a comprar masivamente arte. Esto implicó, yo creo, que se corrompieran las estructuras mismas de lo que era el mercado del arte, en la medida en que se creó una burbuja”. La irresponsable y, muchas veces, ignorante manera de adquirir obras de arte como “activos” hizo que los precios estuvieran por encima de su valor real… pero solo por un tiempo. “No se puede comparar el mundo de los noventas con el mundo en que vivimos nosotros hoy en día. Sin embargo, hay una constante: los valores artísticos no están incluidos en la educación. Los chicos no tienen una educación en la valoración

artística. No existe, y no ha existido nunca; entonces ¿qué se puede esperar? Este no es un medio propicio, a ningún estrato, para que se den las condiciones necesitadas por un artista. Igual, yo tengo mucha fe en las nuevas generaciones”. Cuando los pueblos “civilizados” no entienden o no quieren entender que el arte tiene el mismo o mayor valor que la ciencia y la filosofía, estamos en problemas. “De pronto el arte empieza a ser un instrumento para otras cosas, se banaliza” –nos continúa explicando la delicada arquitecta– “se convierte en un especie de bien que está como para ornamentar, para decorar, se pierde el sentido… Y no hay arte sin consciencia. El arte puede materializar lo invisible, lo que yo intuyo que está ahí pero no está ahí. Aquello, que para los griegos, era el orden del cosmos. El verdadero arte es poesía y no toda pintura es poesía.” Y si alguien quisiera exponer aquí, ¿qué requisitos se le pediría? “Yo pido un dossier, que implica una trayectoria. En ciertos casos pido que me presenten un proyecto completo, va a depender del tipo de obra y del lenguaje. Lo primero que pido


es que me manden fotografías pero privilegio mucho el poder mirar la obra in situ, tengo que ir al taller del artista, cuando es posible. Tengo que poder visualizar el proceso, es algo que valoro mucho. Por mi experiencia puedo, muchas veces y con una mirada rápida, visualizar lo que está detrás”. *** Nuestra parada final es en Alangasí, en el valle de los Chillos. Somos recibidos con suma cordialidad en una acogedora vivienda, conocida por todos en el sector, llena exquisito arte nacional: estamos en el hogar de uno de los críticos de arte más renombrados del país, que por su experiencia no pierde candor: Hernán Rodríguez Castelo. “Mi pasión por el arte es más antigua, pero yo comencé a hacer crítica, más o menos, en el año 64, cuando me hice cargo de la página cultural del diario El Tiempo, en Quito.” Eran tiempos más felices para la tarea de pintores y mercaderes de arte. “En Quito había algunas galerías, con mucha actividad, y por eso también había muchas exposiciones, yo diría

que casi se inauguraba una exposición por semana. Estaba la Casa de la Cultura, la Galería Altamira, La Galería Artes, en fin… Todo esto coincide con el “boom petrolero”. El petróleo supondría una fuerte inyección de dinero a la economía local”. Para que un mercado del arte sea vital, se rejuvenezca y el artista pueda vivir de su obra, esta requiere cobrar cierto reconocimiento nacional e internacional. Hace falta que se complete el circuito del arte, según nos explica el crítico (que pese a su colección insiste en no ser coleccionista). El trabajo no termina en el taller del artista; el artista crea su obra, pero luego necesita quién la exponga al público. Hoy no hay eso. Entonces los artistas se llenan de obra en el taller. Rodríguez Castelo, autor de investigaciones literarias fundamentales para el país, subraya la importancia de la crítica dentro de este circuito: “Ella hace que crezca el interés y se valoren las mejores obras. Y para completar este circuito debe haber el marchante, el mercader. Hace falta el

que vende la obra de arte. Esta persona tiene mucha relación con los artistas, visita constantemente los talleres, y con los compradores de arte. Los que pueden comprar arte son –por lo general– la clase alta y la clase media alta, que tienen excedentes como para hacerlo”. “Los grandes medios de comunicación deben mostrar mayor interés hacia el arte. En el tiempo de mi página, yo también tenía un programa de televisión. Yo sé que eso motivaba a mucha gente a acercarse a la galería, a conocer la obra. Ahora no hay ningún programa cultural. Los medios de comunicación masiva son los que podrían abrir las ventanas hacia este mundo. Aquí ha habido exposiciones de grandes exponentes ecuatorianos y nadie ha dicho una sola palabra. Esto tiene que ver con la masificación de la cultura; no elevan al pueblo hacia arriba. La gente ahora es feliz en los centros comerciales”. Concluye, no molesto, pero sí convencido de esta lamentable y pobre realidad cultural de la que padece la mayoría no puede, o peor, ¡no quiere despertar!

Hernán Rodríguez Castelo, historiador de arte y literatura del Ecuador, junto a un cuadro de Tábara. Destaca el papel del crítico, hoy ausente, en el circuito del arte.

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Culturas

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Reflexiones, indagaciones y retratos de

Jorge

Carrera Andrade

Texto: CC Benjamín Carrión • Foto: Luis Mejía

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omo una manera de persistir e insistir en la vigencia y resonancia de las voces de los grandes escritores ecuatorianos del siglo veinte, el Centro Cultural Benjamín Carrión (CCBC) trae de vuelta a uno de los poetas y escritores de mayor significancia en la historia y el devenir de las letras ecuatorianas. Se trata de la aparición del quinto volumen de la serie de Estudios Literarios y Culturales que el CCBC viene publicando desde el 2005 y que esta vez recoge una muestra sustancial de la obra reflexiva y crítica de Jorge Carrera Andrade. Bajo el título de Reflexiones, indagaciones y retratos, este volumen recoge más de treinta ensayos del poeta ecuatoriano, repartidos en cinco secciones, que dan cuenta de su permanente cuestionamiento del ser histórico y de la identidad latinoamericana, así como de su permanente obsesión con el destino de la cultura ecuatoriana. La edición (a cargo del investigador Raúl Pacheco) se realizó tomando en consideración que los libros de Carrera Andrade habían dejado de circular hace ya mucho tiempo y que se tornaba imprescindible contar con una compilación lo más exhaustiva posible de su permanente ejercicio reflexivo y crítico sobre la poesía hispanoamericana y sus representantes más decisivos (Rubén Darío, Vallejo, Neruda, Huidobro, Paz, Lezama Lima, Gabriela Mistral), pero también de su permanente, eru-

dito y minucioso peregrinar por la cultura y literatura ecuatoriana, desde el remoto período Colonial hasta los atisbos más relevantes de nuestra modernidad literaria. El volumen también incluye una sección dedicada a la poesía española y europea que Carrera Andrade conocía de primera mano y de la que fue un notable traductor. De hecho, tradujo en 1951 para la Casa de la Cultura Ecuatoriana Poesía francesa contemporánea, donde reunió más de 50 poetas del auge y esplendor de la lírica francesa de la primera mitad del siglo. En este mismo apartado, destaca un conmovedor y poco conocido retrato de Don Luis de Góngora, quizás el poeta hispano-barroco del Siglo de Oro más influyente en el ámbito de la actualidad poética hispanoamericana. Unas autobiografías poéticas («Mi vida en poemas», «Edades de mi poesía») y una tentativa por desentrañar el misterio poético y el compromiso histórico en su deambular por el mundo y por varias latitudes geográficas se incluyen en este libro, tales como «Origen y porvenir del micrograma», «Poesía de la realidad y la utopía» y «El poeta testigo de su tiempo», así como un hermoso retrato imaginario de su encuentro en París con Juan Montalvo. El volumen se cierra con el texto de la participación de Carrera en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, realizada en París, en 1948, de la que el poeta y diplomático formó

parte como miembro de la delegación ecuatoriana ante las Naciones Unidas. La compilación y el prólogo del volumen estuvo a cargo del escritor y periodista Alejandro Querejeta. El equipo editor del CCBC fue el responsable de la investigación y el cuidado editorial. Un esfuerzo de reconocimiento y admiración al gran poeta ecuatoriano, al Hombre Planetario que Carrera Andrade cantó en sus versos y que él mismo representó en su travesía incesante por la geografía ecuatorial y la historia nacional, por la cultura y la poesía universal. En la presentación de Reflexiones, indagaciones y retratos participarán además del compilador, los críticos e investigadores César Eduardo Carrión y Galo Cevallos Rueda. Además, se entregará de forma gratuita el libro al público asistente. Reflexiones, indagaciones y retratos, de Jorge Carrera Andrade Miércoles 17 de abril, 19:00. Entrada libre CENTRO CULTURAL BENJAMÍN CARRIÓN Jorge Washington E2-42 y Ulpiano Páez Teléf.: 22 21 895 22 21 896 / 22 23 603 Correo: ccbc@quito.gob.ec Horario: 08h00 a 16h30 ENTREGA GRATUITA DEL LIBRO AL PÚBLICO ASISTENTE

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Culturas

50 (La mitad): Estrenando sensibilidades

Texto: Aurelia Romero y Cordero • Fotos: Martín Jaramillo aure.romero@gmail.com

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D

entro de un escenario hay tres ingredientes que se ponen en juego: tiempo, movimiento y espacio. A partir de eso se crea el espectáculo. Una obra suele llevar un hilo conductor, construido con pensamiento y lógica mental entre las escenas. ¿Qué pasa cuando se monta una obra de danza desde la sensación y para la sensación de los espectadores, sin que se guarde necesariamente una secuencia de acciones narrativas? Esto será lo que descubran quienes asistan al estreno de “50 (La mitad)” el próximo 12 de abril, en el Teatro Nacional Sucre. Talía Falconí, coreógrafa y mentalizadora de esta obra de la Compañía Nacional de Danza, avisa que “este montaje parte de impresiones personales sobre el entorno de la ciudad pero también de la región. Son subjetivas, mantienen un punto de vista que parte desde la memoria y el recuerdo, junto a contrastes cotidianos que se viven aquí”. Esta obra indaga en la naturaleza de nuestra identidad a través del universo del movimiento y del arte escénico. Las imágenes, situaciones y personajes que se reflejan forman parte de Quito y por tanto, de nuestro ser y de nuestra sociedad. A través de metáforas y simbolismos, “50 (La mitad”) busca acercar a sus espectadores a la comprensión de esta realidad cotidiana. Conformada por gestos, impulsos, sensaciones, cali-

dades de movimientos, imágenes, sonido y música, que se plasman para componer las diferentes escenas de la obra que el espectador puede anclar a según sus propias experiencias y su propio imaginario. La música de la obra fue compuesta para la misma, trabajo realizado por el argentino Federico Valdez. Situaciones paralelas que crean en el espectador su propia narrativa de lo que se pone en escena. Varios personajes en movimiento. Una vertiginosa sucesión de momentos simultáneos. Una muestra de cómo el cuerpo se convierte en un idioma y cada personaje se convierte en un recuerdo, en un sentimiento o en una sensación distinta en cada espectador. La invitación está abierta a todo el que quiera disfrutar de un espectáculo trabajado de manera distinta, donde se entremezclan elementos de danza, teatro, circo y música. Se abren las puertas para disfrutar de una manifestación creativa del cuerpo y la acción física en combinación, de una danza no narrativa donde la propuesta y el sentido es que cada espectador pueda llevarse al salir su impresión propia, subjetiva, personal. El estreno de esta obra se realiza dentro del proyecto que el Ministerio de Cultura conjuntamente con la Compañía Nacional de Danza del Ecuador desarrollan y que se denomina “Fortalecimiento de Nuevos Públicos para la Danza 2013”.

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IMPERDIBLES

agenda cultural

Exposiciones

Exposición Pictórica Neurosis

Un total de 18 obras de gran formato del artista Roberto Guerrero conforma la muestra NEUROSIS, en la que se busca desnudar al ser humano, “a su propio ser frente al entorno global, a la globalización de la miseria, del espectáculo, de lo efímero y lo banal”. Hasta el 11 de abril Casa de la Cultura Ecuatoriana, salas Kingman y Guayasamín De martes a sábado, de 09H00 a 17H00 Entrada Libre Exposiciones Ni Sabes

6 expositores hablarán sobre los inventos y creaciones de Leonardo Da Vinci, exponiendo el por qué de la importancia de su obra. 19 y 20 de abril Museo Interactivo de Ciencia 15H30 y 11H00 Más Información: www. museo-ciencia.gob.ec El Eterno Retorno

Cuatro años de carrera artística se reúnen en esta exposición de Nelson Román. Incorporando estudios de antropología, historia sociología y elementos como hojas de plantas y pluma de aves nativas, la obra pictórica de Román constituye una de las más reconocidas en el país. Hasta el 28 de abril Centro Cultural Metropolitano De martes a sábado, de 09H00 a 17H30 / domingo de 10H00 a 13H30 Entrada Libre In Nomine IESU

Exposición temporal de una serie de obras que recogen la estadía de los jesuitas en el Ecuador Hasta el 31 de mayo

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Iglesia de la Compañía de Jesús De 09H30 a 18H30 Costo: $1,50 adultos / $1 estudiantes Da Vinci, la exposición

Muestra interactiva sobre el trabajo de invención y creación de este maestro artístico, explorando sus múltiples campos de trabajo y variadas iniciativas. Hasta el 20 de mayo Museo Interactivo de Ciencia De jueves a sábado de 09H00 a 17H30 Costos: estudiantes $5 / adultos $8 / nocturno $12 “El espíritu del lugar: Aeropuerto Mariscal Sucre luego del cierre”

“L´esprit du Lieu” trata de devolver a la vida a los monumentos en transición, ruinas industriales o arquitecturales, gracias al baile contemporáneo, dejando que los bailarines se apropien de los espacios y dejen aflorar su creatividad. Este interés por el espacio y la danza llevó a Mathieu Rousseau a ampliar su trabajo, dirigiéndose ahora a nuevos países, nuevos tipos de baile, y nuevos espacios. Inauguración: 17 de abril Alianza Francesa Quito 19H30 Entrada Libre Semana Santa: Entre el rito y la pasión

Exposición con obras de los artistas Sánchez Galque, Caspicara, Manuel Samaniego, Bernardo Rodríguez, Antonio Salas y otros creadores de los siglos XVI, XVII y XVIII. Inauguración: 21 de marzo, de martes a sábado Museo de Arte Colonial de la Casa de la Cultura De 09H00 a 17H00 Entrada libre

Larrazábal en la PUCE En el Centro Cultural PUCE se exponen carboncillos del maestro vitralista Guillermo Larrazábal: los diseños en tamaño real de muchas obras que, antes de llegar al vidrio y al plomo estuvieron sobre el papel. El crítico José Carlos Arias dice de esta exposición: “estos dibujos de Guillermo Larrazábal, son, sobre todo, pensados, sentidos, desafiantes, dominantes y, es, desde esta franqueza de su propia Biblia dibujada, donde establece la base de su relación que trasmuta al dibujo en materia, mientras las líneas conforman los volúmenes de las fronteras que la luz convertirá en colores; y a estos, en masas de vida”. Centro Cultural Pontificia Universidad Católica del Ecuador De lunes a viernes de 09h00 a 19h00. Sábado de 10h00 a 17h00 Av. 12 de Octubre 1076 y Roca Teléfono (593 2) 299 1710 · 299 15366

No conozco ninguna buena obra de arte que no tenga misterio. Henry Moore


Música Concierto 3vol

3vol, banda de rock metal progresivo, presenta su propuesta musical junto a varios músicos invitados, junto a una muestra visual. 10 de abril Auditorio Alianza Francesa 19H30 $5 público general / $3 estudiantes AF Homenaje Musical

El ensamble de percusión Tushpar rinde tributo a Ney Rosauro 02 de abril Casa de la Música, Sala de Recitales 19H30 $5 Jazz Trio

Donald Regnier y otros músicos invitados presentan una noche de jazz. 16 de abril Casa de la Música, Sala de Recitales y Conferencias 19H30 $5

Conciertos didácticos de la OSN La Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) ofrecerá conciertos didácticos con el bello cuento musical “La joven y la culebra” pieza del compositor ecuatoriano Eduardo Florencia basada en el libro infantil “Los hijos de la Guayamaya” de Edna Iturralde. La historia relata la llegada de la joven indígena Chobshi a la Laguna de las culebrillas, en donde conoce a Culebra, el espíritu de las lagunas, con quien se casa y tiene seis hijos, de los cuales descendió el pueblo Cañari. Dirige la maestra Nathalie Marin (foto). Jueves 25 y viernes 26 de abril Para escuelas que se inscriban al correo: wsiavichay@sinfonicanacional.gob.ec o a los teléfonos 250-2814/2815 ext. 26

Librerías

Sinfónica de Lituania

Presentación de la Orquesta Sinfónica de Lituania, con el director Vladimir Lande y el solista de piano Xiayin Wang 18 de abril Casa de la Música, Sala de Recitales y Conferencias 20H00 Entrada: $80 (descuento para estudiantes y tercera edad) Alejandro Sanz en concierto

Presentación de este cantante y autor español, con su mejor repertorio. 20 de abril Coliseo General Rumiñahui 20H30 Desde general $40 hasta silla top box $220

Librería El Sabueso

Isabel La Católica y Madrid, Ed. Isabella Plaza 2525626

Mr Books

Librería Papiros

Librimundi

Beethoven E1-197 y Pablo Cassals

Av. 6 de Diciembre N30-59 entre Alpallana y República

Juan León Mera N23-83 y Wilson

2811065 / www.mrbooks. com

3238205

2521606

Librería Clásica y Moderna

Av. 6 de Diciembre N34-97 e Irlanda 2258928 / www.libcym.com Librería Julio Alvarez

García Moreno N6-78 y Olmedo 2958483 Librería Luz

Libroexpress

Av. De los Shyris 1240 y Portugal, Ed. Albatros 2459839 Librería Books and Bits

Av. 6 de Diciembre N22-02 y Jerónimo Carrión 2541950 Comisariato del Libro

Venezuela N7-63 y Manabí

Av. Occidental 1065 y Manuel Valdivieso

2953911

2270688

Concierto Lacrimosa

The English Book Centre

Librería Studium

Presentación de esta banda alemana de metal, gótico, neoclásico, sinfónico e instrumentos clásicos. 19 de abril Teleférico 20H00 Costo: Desde general $36 hasta VIP $51

Av. 12 de Octubre 1135 y Veintimilla

Av. República OE3-431 y Mañosca

2560566

2257549

Librería La Cultura

Librería Rayuela

Alfareros N65-94 y Lizardo Ruiz

Germán Alemán E12-62 y Juan Ramírez

2530946

2463917

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Teatro y danza

Maestros y Escuelas de Teatro

Brasil Italia Argentina Colombia Dominicana España Chile Ecuador

Durante la primera semana de abril, la Escuela de Teatro de la Universidad Central organiza el VI Encuentro Internacional de Maestros y Escuelas de Teatro.

Formación

Contacto: Facultad de Artes de la U. Central Teléfono: (593)252-1500 Mail: jordi_28@hotmail.com

Place Publique

Talleres de biodanza

Conferencia sobre la función del arte y del artista en busca de enmarcar un nuevo estatuto del arte. Reflexiones sobre su papel actual y sus infinitas posibilidades tanto de difusión como de distribución. Del 03 al 05 de abril Centro de Arte Contemporáneo 17H00-20H00 Entrada Libre

Los sentimientos que provoca la música y el movimiento del cuerpo profundizan la conciencia propia y la integración personal. Todos los jueves Casa Cultural Trude Sojka De 17H00 a 19H00 casaculturaltrudesojka@ yahoo.com

Talleres de arte

Conferencia sobre la relación con el otro sexo desde explicaciones filosóficas, culturales, sociológicas, psicológicas, biológicas y genéticas, con María Victoria Clavijo. 23 de abril Auditorio Alianza Francesa 19H30 Entrada Libre

Talleres gratuitos de acuarela y dibujo dirigidos a instituciones especializadas en el trabajo con discapacitados. Jueves y viernes Museo de Acuarela y Dibujo Muñoz Mariño De 09H30 a 12H30 Entrada Libre

Pulcinella, migrante al revés Pulcinella sale de Nápoles luego de un destierro tan inesperado cuanto tragicómico. En una travesía que recorre los siglos, se encuentra con diversos personajes quienes marcan su destino y su decisión de dejar finalmente la tierra natal para cruzar el océano. 4, 5 y 6 de abril Asociación Humboldt 20H00 Entrada: $10 público general, $7 estudiantes, $5 tercera edad / Jueves $5 todo público Superchusa La Superchusa es una heroína criolla, que tratará de espantar a los cucos que se esconden debajo de la cama, dentro de la ducha, al final del corredor o tras las escaleras, a esos seres nefastos que atacan a los niños pequeños… y no tan pequeños. Del 6 al 28 de abril, sábados y domingos Asociación Humboldt 11H00 Entrada: $5 público en general

La sexualidad para el psicoanálisis

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larevistaq@gmail.com

“Ni 40, ni 20” Somos dos magos felices, las fans se pelean por una muestra de nuestro cabello, las señoras nos colan en la fila del “Supermaxi”, nuestros padres no nos piden que tendamos nuestras camas todos los días, hemos conocido gente famosa…Y las productoras aún nos cuelgan el teléfono. 3 y 10 de abril Patio de Comedias 20H30 Entrada: $5 público en general “Anónima” Un encuentro con relatos cotidianos al estilo clown sobre lo que significa y se construye como ser mujer. Las máscaras pretenden que las anónimas sean a su imagen y semejanza. Pero una de las anónimas ha logrado escapar... cuestiona, reflexiona, alza su voz. ¿Lograran las otras anónimas reconstruir sus alas y volar? 17 y 24 de abril Patio de Comedias 20H30 Entrada: $5 público en general El Ferrocarril: Entre ciencia, arte y nostalgia

Café científico para profundizas sobre la importancia del ferrocarril, como medio de transporte e ícono socio-cultural actualmente. 16 de abril Cafélibro De 18H00 a 20H00 Entrada Libre En Redate Cultura

El Sistema Metropolitano de Museos y Centros Culturales y la Fundación Quito Eterno presentan este primer encuentro de asociatividad cultural y productividad, dirigido a sectores culturales del distrito que se encuentren en proceso de crecimiento y desarrollo. 17 y 18 de abril Costo: $20, inscripción previa


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VIVE CULTURA • VÍVELA EN TU BARRIO

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CINE • FOTOGRAFÍA • COMUNICACIÓN • REDES • MÚSICA • LECTURA • EXPOSICIONES • TALLERES

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www.quitoculturaviva.gob.ec

quito cultura viva


Revista q 37 abril 2013