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Escrituras Aneconómicas. Revista de Pensamiento Contemporáneo Año I, N° 2, 2012. Crisis y problematización de las hegemonías contemporáneas ISSN: 0719-2487 http://escriturasaneconomicas.cl/

HEGEMONÍA DEL CAPITAL EN MARX: DE LA SUBSUNCIÓN FORMAL A LA SUBSUNCIÓN REAL DEL TRABAJO AL CAPITAL Patricio Abarca Lobo patricio.abarca.lobo@gmail.com

Resumen: La condición alienada del sujeto marxiano se expone, en un principio, como un acontecimiento suscitado por distintas instituciones que, en manos del capitalista, absorben al sujeto volviéndolo un no sujeto. La exposición de este hecho, en un intento posterior de Marx, la podemos ver en el acierto se la estructura y superestructura, elementos que nos permitirán visualizar el orden social y la importancia incuestionada de la economía capitalista. En esta misma lógica, y tratando de evidenciar la relación entre todos estos conceptos marxianos, es que surge la noción de subsunción, la cual precisará el punto culminante del modo artesanal de producción, el surgimiento de las tecnologías modernas capitalistas y la consolidación del modo capitalista de producción, es decir, el capital sobrepasado a sus cuestiones estrictamente económicas e instalado como un sistema que produce y crea un mundo, un nuevo mundo. Se trata, en efecto, del paso de la subsunción formal a la subsunción real del trabajo al capital, es decir, el afianzamiento de la sociedad capitalista y no el capitalismo en la sociedad. Palabras Clave: Marx – Hegemonía – Subsunción – Capital – Producción. ***

Con estos descubrimientos, que fueron mejorados cada año, se decidió en las ramas principales de la industria inglesa la victoria del trabajo a máquina sobre el trabajo a mano, y toda la historia de estos últimos años, a partir de aquel momento, muestra cómo los trabajadores manuales, unos tras otros, fueron desplazados por obra de la máquina Federico Engels, La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra


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1. En el “Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política” de 1859, Marx menciona por primera dos conceptos que resultarán elementales a lo largo de su obra: la Infraestructura y la Superestructura, donde el primero se identificaba con la base económica de la sociedad; y el segundo con las instituciones políticas, jurídicas, gubernamentales, educacionales, morales, etc. que operan determinadas por dicha base o infraestructura. La referencia específica se planteaba así: “…en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (Marx, 2012: 1-2).

El planteamiento que Marx propone para conocer la articulación de la sociedad no implica llevarlo adelante desde lo que los hombres creen, piensan, sienten o suponen, sino que a partir del modo en que ellos elaboran los bienes materiales para su vida. Entonces, será en la inmediata relación entre los dueños de los medios de producción y los productores directos donde estará el cimiento y el fundamento más importante de la estructura social. Leemos de Marx lo siguiente: La producción en general es una abstracción, pero una abstracción que tiene un sentido, en tanto pone realmente de relieve lo común, lo fija y nos ahorra así una repetición. Sin embargo, lo general o lo común, extraído por comparación, es a su vez algo completamente articulado y que se despliega en distintas determinaciones (Marx, 1972: 5).

En consecuencia, la infraestructura (en alemán die Basic o die Struktur) será el conjunto de los medios, formas y fuerzas de producción de una sociedad o, con otras palabras, la economía


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constituida en las relaciones de producción. Es comprendida, de igual forma, como la unidad entre las relaciones técnicas de producción y las relaciones sociales de producción bajo las relaciones de producción, la cual sólo cobra sentido en una época dada. El o los piso(s) que se eleva(n) por sobre la die Basic es denominado por Marx como superestructura (Der Überbau en alemán). En “El Capital” encontramos la siguiente referencia: “…la estructura económica de la sociedad, es la base sobre la que se alza la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social y de que el régimen de producción de la vida material condiciona todo el proceso de la vida social, política y espiritual…” (Marx, 2006: 46). En este sentido, la superestructura distingue dos caracteres de la sociedad: primero una estructura jurídico-política, es decir, la figura del Estado y el derecho; y segundo una estructura ideológica, es decir, las formas de la conciencia social. La razón de la historia, en resumidas cuentas, está determinada por el aspecto económico. Desde éste se levantan, según Marx, las formas de pensamiento, los juicios morales y la política, entre otros elementos. En consecuencia, la labor que proponemos de acá en adelante es conocer cómo se modula la alienación, teniendo cómo antecedente primordial el hecho de que la actividad económica-productiva que realiza el hombre corresponde a un tipo de actividad ya alienada y, por otro lado, que desde la mirada de Marx la sociedad ya esta dispuesta como infraestructura y superestructura. 2 Dentro del análisis crítico que realiza Marx sobre la cuestión económica, manifiesta que la postura de los economistas tradicionales burgueses considera a la “distribución” como el elemento fundamental de la fase o ciclo económico. Este gesto –ejemplificado en la figura del economista David Ricardo, el cual considera a la distribución como el objeto exclusivo de la economía– relega, entiende Marx, a segundo plano al intercambio, al consumo y más aún, a la producción. De esta forma, nos formulamos como primera tarea definir los conceptos de distribución, intercambio y consumo. Como siguiente paso, y con la idea de darle forma a la teoría marxiana de que es la producción (las relaciones de producción) la que determina a los otros tres elementos, examinaremos el concepto de producción en toda su expansión.


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Partiremos entonces por la distribución, la cual contempla la totalidad de los bienes producidos por una sociedad durante el periodo de un año, los cuales son denominados como “producto social global”. La repartición entre los diferentes miembros es lo que se designa y define como distribución. Sin embargo ésta no tendría ninguna relación de dependencia con las condiciones naturales de existencia de la humanidad, sino que encontraría su fundamentación en la propiedad privada, es decir, en las cantidades de propiedad de la que gozan los individuos. Por otra parte, pero siempre ligado al ciclo económico, surge el intercambio. Éste se encuentra emplazado entre la producción y la distribución. Se origina principalmente por la necesidad de adquisición, por parte del hombre, de aquellos productos que él no puede producir para su supervivencia. Así, el intercambio de productos logra configurarse como la operación que suple dichas necesidades. El último elemento ligado a este ciclo es el consumo. Dentro del análisis marxiano se encuentran dos clases de consumo: el consumo individual y el consumo productivo. El primero guarda relación con el consumo directo de los valores de uso1; mientras que el segundo se vincula con un consumo de valores de uso2 en la forma de medios de producción. Después de haber realizado el análisis de la distribución, del intercambio y del consumo, Marx afirmará que son siempre las relaciones de producción las que determinen el consumo en general, ya que son éstas las que generan el objeto, la forma y el instinto de consumo. De todos modos, el consumo tendrá un rol relevante dentro de la producción, ya que éste es el único capaz de crear la necesidad de una nueva producción: “La producción produce, pues, el consumo, 1) creando el material de éste; 2) determinado el modo de consumo; 3) provocando en el consumidor la necesidad de productos que ella ha creado originalmente como objetos” (Marx, 1972: 13). Del mismo modo, la distribución estará condiciona dentro de la teoría marxiana por una distribución anterior, es decir, por la distribución de los medios de producción. Esta condición previa será categórica al momento de ejecutarse la distribución del “producto social global”: El Valor de Uso se entiende como todo aquel objeto que responde a una necesidad humana determinada (de orden social o fisiológica) 1

Acá el Valor de Uso no debe ser considerado en su forma de consumo directo, sino que en la forma de mercancía, es decir, en la producción de un objeto enfocado al intercambio por otro en el mercado. 2


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La distribución es ella misma un producto de la producción, no sólo en lo que se refiere al objeto –solamente pueden distribuirse los resultados de la producción–, sino también en lo que se refiere a la forma, ya que el modo determinado de participación en la producción determina las formas particulares de la distribución, el modo bajo el cual se participa en la distribución (Marx, 1972: 16).

Respecto del intercambio, al tener lugar entre la producción y la distribución, se evidenciará una ligazón directa con la producción en sí: En tanto el cambio es sólo un momento mediador entre la producción y la distribución que ella determina, por un lado, y el consumo por el otro, y en cuanto el propio consumo aparece también como un momento de la producción, es evidente que el cambio está incluido en la producción como uno de sus momentos (Marx, 1972: 19).

Con el fin de reforzar lo que mencionábamos anteriormente, tomemos atención a lo siguiente: Producción, distribución, cambio y consumo forman así un silogismo con todas las reglas: la producción es el término universal; la distribución y el cambio son el término particular; y el consumo es el término singular con el cual todo se completa (…) La producción está determinada por leyes generales de la naturaleza; la distribución resulta de la contingencia social y por ello puede ejercer sobre la producción una acción más o menos estimulante; el cambio se sitúa entre las dos como un movimiento formalmente social, y el acto final del consumo, que es concebido no solamente como término, sino también como objetivo final (Marx, 1972: 9-10).

Una vez argumentada la condición determinante de la producción dentro de la “región económica” se nos hace necesario profundizar en el concepto mismo de producción. El proceso de trabajo, efectuado por una actividad humana determinada, es entendido como aquel que logra transformar un objeto determinado en un producto determinado, utilizando para ello delimitados y precisos utensilios de trabajo. Dentro de este proceso se combinan dos relaciones


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fundamentales: las relaciones técnicas de producción y las relaciones sociales de producción. Ambas fijan las relaciones de producción en sí. ¿Qué son las relaciones técnicas de producción? Estas deberán ser entendidas como la potestad que los agentes de la producción, es decir, aquellos individuos que participan en el proceso de producción, ejercen particularmente sobre los medios de trabajo y sobre la puesta en acto del proceso total de producción. Asimismo nos preguntamos ¿Qué son las relaciones sociales de producción? Corresponden a dichas relaciones que se producen entre los dueños de los medios de producción y los productores directos (entendidos éstos como los trabajadores o agentes directos de la producción que operan directamente los medios de producción) en un proceso de producción específico. Junto a las relaciones de producción, surgen las fuerzas productivas. Éstas últimas resultan de la disposición de los elementos del proceso de trabajo las cuales se encuentran determinadas por las relaciones de producción. Sin embargo, el análisis de las relaciones de producción en el proceso de producción, es decir, en el dinamismo que involucra este, no solo genera productos materiales, sino que es capaz de producir y reproducir las condiciones sociales de producción. Este importantísimo acontecimiento descubierto por Marx lo explicaremos desde el punto de vista de la subsunción formal y real del trabajo al capital. 3 En el capítulo VI inédito del libro I de El Capital nos encontramos con las nociones de subsunción formal y real del trabajo. Marx nos menciona que la subsunción formal sería la antesala para la firmeza y solidez del modo capitalista de producción, o sea, la consolidación de la subsunción real del trabajo. La subsunción formal del trabajo es llamada así solamente porque se diferencia formalmente de los modos de producción anteriores –se diferencia en su forma. En cambio, la subsunción real del trabajo tiene características que la hacen diferenciarse totalmente de cualquier modo de producción anterior –la diferencia transciende a la forma. En este sentido, el modo capitalista de producción –entendido como subsunción real del trabajo– opera como una nueva época histórica, y no como un acontecimiento dentro de la historia. De esta manera, el capital aparece como la época que produce una apertura, donde se aprecian cambios estructurales y que tiene, al mismo tiempo, una aplicación clausurante de cualquier modo de producción anterior. Así, el capital sobrepasa las cuestiones económicas, y se instala como un sistema que


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produce y crea un mundo, un nuevo mundo. Se afianza entonces la sociedad capitalista y no el capitalismo en la sociedad, que era lo sucedido en la subsunción formal. El modo capitalista de producción en su apertura produce un nuevo modo de relaciones sociales, donde el ser común del hombre, entendida como la relación del hombre con el hombre, no puede desmarcarse de la relación social que lo rodea, que lo produce y lo reproduce. Esto quiere decir, que el hombre dentro de esta nueva relación social no puede desarrollarse fuera del capital. En consecuencia, la subsunción real del trabajo se ve aplicada como una subsunción total de la sociedad por el capital, ya que el capital no solo actúa como régimen de producción, sino que es un régimen social de producción. La subsunción formal del trabajo en el capital es entendida, en palabras de Marx, como “la forma que se funda en el plusvalor absoluto, puesto que sólo se diferencia formalmente de los modos de producción anteriores sobre cuya base surge (o es introducida) directamente…” (Marx, 1985: 60). Esta forma se caracteriza principalmente por la ausencia total de cualquier tipo de acatamiento y hegemonía, ya que sólo se establece una correspondencia monetaria entre quien se apodera del plustrabajo y el que lo proporciona. El plusvalor absoluto consiste en la amplificación mayúscula del plustrabajo, donde el único límite que se muestra es la propia vida del trabajador. Antes de continuar explicando la noción de plusvalor absoluto, resulta necesario aclarar qué es al plustrabajo. Dentro de la teoría del valor de Marx se pueden diferenciar dos conceptos: trabajo útil y trabajo abstracto. Desde este último –que es el que produce valor de cambio– derivan el trabajo necesario y el trabajo innecesario. El primero se define como el tiempo de trabajo necesario que el trabajador requiere para su reproducción y subsistencia. El segundo es caracterizado por Marx como el trabajo demás, es decir, el tiempo de explotación. Este trabajo adicional es el que produce un valor agregado, es decir, un plusvalor. Y este trabajo innecesario es el plustrabajo. Continuando con la idea de plusvalor absoluto, vemos que éste se limita únicamente al tema de la jornada de trabajo, donde el excedente de trabajo resulta apropiado convenientemente por el capital. “La producción de plusvalía absoluta es la base general sobre que descansa el sistema capitalista y el punto de arranque para la producción de plusvalía relativa” (Marx, 2006: 426).


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El modo que antecede al trabajo formalmente supeditado (subsumido) se diferencia de éste en la medida que existe un crecimiento del capital usado por el capitalista y, por lo tanto, del incremento de los obreros utilizados en la producción. Al momento de alcanzarse dicho crecimiento del capital, el poseedor de éste deja la categoría de trabajador para alzarse como el conductor de todo lo que involucra el proceso productivo. Sin embrago, bajo el modo formal de subsunción, todavía existe una independencia de ciertos sectores de la sociedad que no han sido absorbidos por esta lógica. Basta con aludir a las formas intermedias, en que la plusvalía no le es arrancada al productor por la coacción directa, ni brota tampoco de la subsunción formal del obrero al capital. Bajo estas formas, el capital aún no se ha adueñado todavía directamente del proceso de trabajo. Junto a los productores independientes, que ejercen su oficio de artesanos o labran la tierra en las formas tradicionales y a la manera patriarcal, aparecen, chupando parasitariamente sus energías, el usurero o el comerciante, el capital usurario o el capital comercial (Marx, 2006: 426-427).

La plusvalía relativa se constituye luego de reducir el trabajo necesario y ampliar el trabajo innecesario. La reducción del trabajo necesario se hace posible luego de la aplicación de procedimientos que permiten producir en menor duración (medido en horas) lo correspondiente al salario. Como decíamos más arriba, la plusvalía absoluta se limita únicamente a la jornada de trabajo. En cambio, el plusvalor relativo “revoluciona desde los cimientos hasta el remate los procesos técnicos del trabajo y las agrupaciones sociales” (Marx, 2006: 426). Es justamente la plusvalía relativa la que asienta como tal al régimen propiamente capitalista de producción, utilizando como base imprescindible a la subsunción formal. Empero, antes de tomar camino hacia la subsunción real del trabajo, nos detendremos para analizar más a fondo la plusvalía relativa. La plusvalía relativa produce una intensificación del tiempo productivo, lo que se traduce en un aumento del valor del tiempo. Sin embargo, no disminuye la explotación, sino que el tiempo que destina el trabajador al capital es mayor. La diferencia –en horas– que se produce entre el trabajo necesario e innecesario se intensifica.


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El plusvalor relativo (sección IV), cuya existencia acabamos de percibir en filigrana en esta cuestión de las horas extraordinarias, es sin duda la forma nº1 de la explotación contemporánea. Es mucho más sutil porque es menos visible directamente que el aumento de la duración del trabajo (Althusser, 2012: 19).

La continua sumisión del proceso del trabajo al capital es una particularidad usual de la subsunción formal. Este aspecto es la plataforma para que el modo de producción –no solo en su faceta tecnológica, el cual es capaz de modificar el entorno natural– se establezca como modo capitalista de producción. Cuando éste comienza a operar como tal, es posible hablar del inicio de una subsunción real del trabajo en el capital. “La subsunción real del trabajo en el capital, se desarrolla en todas aquellas formas que producen plusvalía relativa, a diferencia de la absoluta” (Marx, 1985: 72). Dentro de la condición formal de subsunción podíamos ver simultáneamente en circulación al valor de uso y al valor de cambio (no desarrollados completamente). Cuando el modo capitalista de producción se emplaza ya como subsunción real, desaparece totalmente cualquier forma de valor de uso, y el valor de cambio de los productos toma el protagonismo. El valor de cambio establece a la mercancía como valor. En otras palabras, el valor de cambio es la sustancia de la mercancía. De acuerdo a lo que leemos en Negri en “Marx más allá de Marx”, el desplazamiento capitalista de la ley del valor, que se entiende también como subsunción real y que corresponde a la crítica que Marx profiere sobre la plusvalía, se apodera de todos los ámbitos de la vida del hombre, y por lo tanto, de la sociedad en la cual éste se produce y reproduce. De este modo, podemos apreciar que dicha gesticulación deberá entenderse como la potencia del capital para con la sociedad. Así, la producción por la producción, obtiene su justificación solo cuando el modo de producción capitalista consigue un despliegue total. Como ejemplo, si nos referimos al tema específico de las necesidades, podemos observar que las necesidades existentes no determinan la masividad de la producción, sino que es ésta la que determina la cantidad de productos. Retomando parte de las últimas frases escritas, nos quedaremos con las palabras de Negri. Éste nos indica que el capital o el modo capitalista de producción posee una potencia para con la


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sociedad. Dicha potencia, según lo planteado por nosotros, deberá entenderse principalmente como una “potencia alienante”, debido a que el análisis realizado por Marx sobre el momento histórico, y sobre el estado de las cosas derivado de dicho momento, revela el propósito alienante inscrito en la actividad productiva de los hombres, es decir, en los trabajos que realizan cotidianamente para subsistir. Tenemos que recordar, para este propósito, que ya en la “Ideología Alemana” Marx menciona que “la premisa de toda historia humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivientes” (Marx, 1988: 11-12). Sin embargo, esta premisa no hace referencia a la condición física o natural en la que el hombre se desarrolla, sino que apunta hacia la producción de sus medios de vida, es decir, a la producción de su vida material, donde se establece una notoria dependencia del modo de vida respecto de lo que se produce y del cómo se produce. En otras palabras, y como lo menciona el propio Marx: “Lo que los individuos son, depende por tanto, de las condiciones materiales de su producción” (Marx, 1988: 12). En definitiva, al estar determinadas ya las condiciones materiales de producción por el capitalista (poseedor de los medios de producción), el trabajador, el cual no es poseedor de los medios de producción, se reproducirá o engendrará respecto de las disposiciones de las condiciones materiales de producción. Por este motivo, el trabajador nunca será respecto de sí mismo, sino que será respecto de lo que otro –el capitalista– quiere que sea. Así, se convertirá en un individuo alienado, es decir, en un individuo que no es. A modo de una pequeña referencia, es esta condición la que nos permite decir que dentro del análisis materialista-histórico que hace Marx no existiría sujeto, debido a que éste se encuentra alienado, es decir, no es. Sin embrago, esta temática será trabajada y profundizada en otra instancia ya que nos saca de la línea analítica que queremos desarrollar. Para ir concluyendo la configuración de lo que hemos denominado alienación económica, solo debemos tener en cuenta que la consolidación del modo capitalista de producción, es decir, la subsunción real del trabajo al capital, marcará un antecedente fundamental para Marx respecto de sus planteamientos filosóficos, ya que lo obligará a observar las manifestaciones sociales, tales como la religión, los juicios morales y la política, con ojos sumamente críticos y prudentes.


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