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EDICIÓN N° 7 - ABRIL 2018

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MUJERES QUE LUCHAN Apuntes del 1er Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Marzo de 2018, Chiapas (México)

SONIDO EN MOVIMIENTO

BAJO LA ALFOMBRA

OJO DE BARRO CULTURAL

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Chico el quilombo. Comparsa de candombe local

Por Hypeados

Un espacio para el arte, la cultura y la participación ciudadana


ABRIL 2018 TRABAJO, JUSTICIA Y DIGNIDAD Editorial

SONIDO EN MOVIMIENTO

Chico el Quilombo

Y LA TIERRA RETEMBLÓ EN SUS CENTROS Apuntes del 1er Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Marzo de 2018, Chiapas (México)

BAJO LA ALFOMBRA Elaborado por Hypeados

“DEVOLVERLE A LA SOCIEDAD LO QUE LA UNRC NOS DIÓ”

Historias de vida

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Cuento de Paulo “Tata” Zambroni

OJO DE BARRO

Un espacio para las artes, la cultura y la participación ciudadana

FOTOS DEL MES Por Daniel Ramonell


EDITORIAL

TRABAJO, JUSTICIA Y DIGNIDAD La precarización laboral es una soga que asfixia la dignidad del trabajador. Un veneno que corroe al conjunto de la sociedad: Alrededor de la mitad de las personas que tienen empleo está en negro. Para el coordinador nacional del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), Claudio Lozano, “en el año en el que el Gobierno puede exhibir una recuperación de la actividad económica, los 666.500 nuevos puestos de trabajo generados, solo permitieron bajar el desempleo en apenas 14.800 personas. Los nuevos puestos de trabajo revelan la proliferación del empleo clandestino y el autoempleo en la economía argentina. Ocho de cada diez de los nuevos puestos de trabajo responden a estas características”. Según el economista de la CTA-A, “el gobierno de Macri lejos de mejorar la calidad del empleo, ha destruido casi 70.000 puestos de trabajo del sector industrial en los últimos dos años, en el 2017 casi la mitad del empleo generado es empleo clandestino y el 35% es cuentapropismo. Las changas y la precariedad rodean el leve descenso en la tasa de desocupación”. El trabajo en negro ahonda la catástrofe social. Su vigencia en el tiempo está directamente vinculada con la falta de libertad y democracia sindical. El trabajo chatarra existe en tanto y en cuanto se sigue sin reconocer a los trabajadores el derecho a organizarse según su leal saber y entender. Esa legión de trabajadores precarizados –fundamentalmente los jóvenes- está buscando canales organizativos de nuevo tipo. Son los desaparecidos civiles. No figuran en ninguna base de datos, muchos no tienen documentos, cobertura médica, ni asistencia social.

STAFF

Juan Carlos Giuliani Dafne Acevedo Gimenez Verónica Franco Julia Giuliani Florencia Guttlein Marcelo Ortiz Daniel Ramonell Lucia Goicoechea Carla Gambluch Camila Petenatti Joaquín Albornoz

COLABORARON EN ESTE NÚMERO Hypeados Paulina Álvarez Paulo “Tata” Zambroni

El fraude laboral es ejercido por las patronales al amparo de un sistema que los protege. El Estado -Nacional, Provincial o Municipal- es uno de los principales precarizadores. Miles de trabajadores revisten como empleados públicos a través de formas de contratación peyorativas y flexibilizadoras. La lucha por trabajo y salarios dignos es estratégica. No existe democracia y libertad sin justicia social.

Editorial

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SONIDO EN MOVIMIENTO

Por Dafne Acevedo Giménez.

CHICO EL QUILOMBO

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Comparsa de candombe local


Chico el Quilombo surgió a partir de un taller organizado por MAROMA hace 9 años. Las personas que compartieron ese encuentro son quienes conforman hoy la comparsa de candombe. En el 2017 se consolidó con la coordinación de Ana Altamirano y la inserción de la profesora de baile Sofia Clop. Los tambores comenzaron a sonar y se escuchan determinantes. Ana Altamirano, directora de Chico el Quilombo, contó que la agrupación está conformada para “personas que tengan ganas de aprender y conformar una comparsa; en un principio sólo fueron personas que querían aprender percusión, pero luego el significado fue cambiando y ahora es un poco más que solo el aprendizaje técnico. El grupo es muy heterogéneo y bien diverso en edades y profesiones”. “Chico El Quilombo es un encuentro, es un proceso, es movimiento. Así como los tambores van teniendo su cambio y transformación, el grupo también lo hace. Somos sonido en movimiento. Para mí es un orgullo. Nada de esto hubiese pasado sin mi insistencia y la constancia de algunos integrantes q están desde un comienzo”, aseguró Ana. Hay diferentes formas de expresar, de hacer arte, de movilizar. Chico el quilombo eligió la comparsa de candombe porque es lo que apasiona a sus integrantes. “Es lo que elegí como parte de mi vida. La vibración que transmite es única y llega muy lejos. Los tambores forman melodías, entre ellos se hablan y no se necesita nada más que estar, sentirse presente en el momento que tocamos”, sostuvo Altamirano. Con su ritmo y danza, Chico el Quilombo se ha presentado en variadas fiestas privadas, presentaciones en lugares públicos, eventos de asociaciones, entre otros. Con el proyecto de seguir creciendo y continuar con la comparsa, Ana explicó: “Planeamos realizar algo más comunitario. Lo principal es que el proyecto no se disuelva, que se integre más gente a los tambores y que haya gente que se anime a bailar en las calles. Queremos que haya un compromiso con el grupo”. Con respecto a la cultura y al espacio que se da en la ciudad Ana aseguró: “La cultura riocuartense es muy pobre. Estamos en una situación de crisis importante pero si lo comparamos al momento que había hace 10 años atrás ha avanzado a pasos agigantados. El crecimiento no fue gracias a los gobiernos sino a la cantidad

de músicos y personas que apoyan la cultura. Lamentablemente desde el gobierno no nos valoran como músicos, ni como arte, a menos que seas conocido a otro nivel. No nos dan la oportunidad de demostrar lo que hacemos. Triste realidad que tengo esperanza que en algún momento cambie”. Con un crecimiento indiscutible, con un ritmo pegajoso, con una lucha por la cultura expresa, Chico el Quilombo se compromete por medio de sus tambores a hacer crecer el arte en la ciudad, a realizar encuentros entre sus integrantes y con las personas que se crucen con la agrupación. Si el candombe suena hay que bailar. CHICO EL QUILOMBO ENSAYA TODOS LOS MARTES A LAS 19 30 HORAS EN CASEROS 549 Y LOS FINES DE SEMANA, LUGAR A CONVENIR.

“Chico El Quilombo es un encuentro, es un proceso, es movimiento (...)”, aseguró Ana.

Comparsa de candombe local

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Y LA TIERRA RETEMBLÓ EN SUS CENTROS

Apuntes del 1er Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Marzo de 2018, Chiapas (México)

El 29 de diciembre pasado el Comité Clandestino Revolucionario – Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hacía pública una invitación a todas las mujeres de México y el mundo a concurrir al 1er Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan. La fecha, del 8 al 10 de marzo de 2018. El lugar, el Caracol de Morelia, zona de Tzotz Choj, Chiapas. Leí la invitación dos o tres días después. Inmediatamente supe que iría, aunque con un poco de pudor por eso de no saber si me acomoda del todo eso de “mujer que lucha”. ¿Cuándo empieza un viaje? ¿En el momento en que el transporte se pone en marcha? ¿Cuando una se anima a imaginarlo? ¿Cuando comienza a entretejerse la multitud de azares y voluntades que nos llevarán a un lugar? ¿Al llegar? No lo sé. Hace poco más de un año y medio vivo en la Ciudad de México. Hace años intento imaginar las luchas del EZLN desde una mirada más

próxima, su organización autónoma, porque he admirado desde lejos su rebeldía, su resistencia y su dignidad. Además, aquí me ha tocado ver la creación del Concejo Indígena de Gobierno que propuso a María de Jesús Patricio, Marichuy, como su vocera y pre-candidata independiente a la presidencia de este país. Era cuestión, entonces, de procurar los tiempos y los medios. A medida que la fecha se aproximaba se multiplicaban las iniciativas. Organizaciones de mujeres, redes de apoyo, grupos de compañeras de diversos espacios, todo un entramado de intercambios fue tomando forma. Elegí viajar en uno de los dos colectivos -o camiones, como les dicen acá- del Café Zapata Vive, junto a otras 80 mujeres (y 4 o 5 hombres) de distintos lugares. Fue una especie de peregrinaje que nos llevó, entre concentración y traslados, más de 26 horas. La conciencia de estar a punto de participar de un evento que pensamos histórico hizo que a muchas se nos


Texto: Paulina Álvarez (Río Cuarto, Argentina). Fotos: Laura Romero (Michoacán, México), Nallely Bucio Vázquez (Cdad. de México) y Radio Zapatista/Subversiones/La Tinta.

dificultara dormir, y no sólo durante el viaje, sino varias noches antes. ¿Cómo sería acampar en un caracol zapatista? ¿Qué esperarían de nosotras las anfitrionas? ¿Qué iríamos a compartir y qué aprenderíamos? Llegamos de noche. Nos tocaba hacer la primera fila de muchas otras, esta vez para recibir la credencial que nos permitirían entrar y salir libremente. Seguían llegando colectivos. Las compañeras zapatistas esperaban a 500 mujeres, las que nos habíamos registrado previamente. Pero fuimos más de 5000 o 6000. Después supimos que ellas eran sólo 2000 para cuidarnos, junto a sus compañeros que hacían lo mismo desde afuera. Al cierre, evaluando la posibilidad de un nuevo encuentro, nos dirían: “sí les pedimos que avisen con tiempo porque está cabrón que nos dicen que vienen quinientas y es que se les perdió un cero en el camino porque llegan cinco mil o más”. Los pocos hombres que decidieron ignorar que no estaban invitados fueron apartados. Se quedaron del otro lado.

“¿Cómo sería acampar en un caracol zapatista?¿Qué esperarán de nosotras las anfitrionas? Mujeres que luchan

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LA PUERTA Cruzar esa puerta en la noche, perdernos en la multitud, marcó de entrada la experiencia. Nos recibió un grupo de insurgentas -“así nos llamamos cuando no hablamos de individual sino de colectivo”, sabríamos más tarde-. Sin dudarlo, ellas cargaron parte de nuestros equipajes y a paso rápido, casi corriendo, nos llevaron al lugar donde dormiríamos o armaríamos nuestras carpas. Así, nosotras, individuales, cansadas, dispersas, desconcertadas, fuimos acuerpadas desde el inicio por un colectivo de mujeres pequeñas y fuertes, organizadas. “Nuestra palabra es colectiva”, decía la Capitana Insurgenta Érika la mañana del 8 de marzo en la inauguración del encuentro, “mi palabra va a estar revuelta porque somos de distintas edades y de distintas lenguas, y tenemos distintas historias”. En su relato se mezclan los pronombres personales, nosotras, yo, ellas, todas una y todas distintas: las abuelas sometidas al despojo y la explotación, las madres de la clandestinidad, las hermanas que crecieron en comunidades ya autónomas, las milicianas que combatieron, las niñas de hoy, las muertas. Se entremezclan también los tiempos verbales, pasado y presente se cruzan en la genealogía de la lucha, en la experiencia de la resistencia y la organización, en la rabia. Se podría pensar que es por lo difícil de articular varias lenguas -en territorio zapatista se habla tzeltal, tsotsil, chol, zoque y tojolabal- y traducir al español. Pero

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no, es otra cosa, más profunda en la relación de la palabra con quien la dice. Una vocera de cada caracol irá narrando el tiempo de construcción de la autonomía, el orgullo de hacer por sí lo que no puede esperarse del Mal Gobierno, “que nos puede matar con eso que nos da”: escuelas, hospitales, Juntas de Buen Gobierno. También nos contarán de las disputas con los hombres zapatistas, de la tarea aun inconclusa de integrar en igualdad de condiciones todos los espacios de la organización. “La lucha por nuestra libertad como mujeres zapatistas que somos es nuestra. No es trabajo de los hombres ni del sistema darnos nuestra libertad. Al contrario, como que su trabajo del sistema capitalista patriarcal es mantenernos sometidas. Si queremos ser libres tenemos que conquistar la libertad nosotras mismas como mujeres que somos”.


¿Por qué ellas, mujeres indígenas zapatistas, que saben lo que es la resistencia porque la han vivido, nos invitarían a nosotras, multitud variopinta de “doctoras, licenciadas, ingenieras, científicas, maestras, estudiantes, artistas, dirigentas”? Érika nos dice: “vemos algo que está pasando. Y lo que vemos, hermanas, compañeras, es que nos están matando porque somos mujeres. Como que es nuestro delito y nos ponen la sentencia de muerte. Entonces pensamos de hacer este encuentro para hablarnos, para escucharnos, para mirarnos, para festejarnos”. “Lo que importa es que somos mujeres y que somos mujeres que luchamos, o sea que no nos quedamos conformes con lo que pasa y cada quien, según es su

modo, su tiempo, su lugar, ahí lucha o sea que se rebela. Se encabrona pues y hace algo”. “Tenemos que luchar por la vida. Ni modos, así nos tocó… tal vez, cuando ya acabe el encuentro, cuando regresen a sus mundos, a sus tiempos, a sus modos, alguien les pregunte si sacaron algún acuerdo. Porque eran muchos pensamientos diferentes los que llegaron en estas tierras zapatistas. Tal vez entonces ustedes responden que no. O tal vez responden que sí, que sí hicimos un acuerdo. Y tal vez, cuando les pregunten cuál fue el acuerdo, ustedes digan acordamos vivir, y como para nosotras vivir es luchar, pues acordamos luchar cada quien según su modo, su lugar y su tiempo”. Sí, acordamos vivir.

¿Por qué ellas, mujeres indígenas zapatistas, que saben lo que es la resistencia porque la han vivido, nos invitarían a nosotras?

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Y LA TIERRA RETEMBLÓ EN SUS CENTROS

Nos hemos salidos de nuestros mundos, nuestros modos, nuestros tiempos para acudir a su invitación. No puedo evitar contemplarnos. Somos multitud que recorre la calle principal intentando leer la programación. Algunas visitantes han propuesto talleres y pláticas, muchísimas, en todos los espacios: arte, activismo, rituales, violencias, defensa personal, ginecología natural, comunicación, experiencias de organización y más. Una cantidad abrumadora. No puedo elegir. Tal vez las pláticas, pienso, escuchar, conversar. La mayoría de nosotras anota listas de actividades, intentando algún control, evitar perderse algo importante. En medio de todo circulamos, nos encontramos, nos abrazamos, intercambiamos pocas palabras y partimos a lo que sigue. Los grupos se arman y desarman. Muchas buscan enchufes o señal para celulares, tarea complicadísima -el mío llegó sin batería y así quedó hasta salir del caracol-. Se multiplican las selfies y las fotos de murales. Más de una vez se intenta retratar un rostro oculto bajo un pasamontañas y más de una vez esa foto es rechazada. La calle se viste de mercado, las visitantes extienden mantas y productos. Se compra mucho, se paga bien. Somos demasiadas en los talleres, en las pláticas. Se frustran las planificaciones. Es difícil escucharnos, las conversaciones que se profundizan son entre pocas. En los talleres, los materiales escasean, hay que improvisar. De a ratos me parece que deambulamos sin rumbo, con urgencia de encontrar algo que fuimos a buscar. Todo ese ajetreo encuentra su contracara en las mujeres zapatistas, en sus ritmos pausados, en sus movimientos ordenados, en sus silencios de mirada atenta, en el registro escrito y en video de cada actividad, registro que al

finalizar el encuentro será llevado a cada pueblo para compartirse con cada una de las que no pudieron venir. Más tarde nos dirán: “agradecemos sus oídos, sus miradas, sus palabras, sus talleres, sus pláticas, su arte, sus videos, sus músicas, sus poesías, sus cuentos, sus teatros, sus danzas y bailables, sus pinturas, sus cosas raras que ni sabíamos qué son y todo lo que nos trajeron para que nosotras conocemos y aprendemos de sus luchas. Lo tomamos todo como un regalo muy valioso que vamos a cuidar y vamos a hacer más grande”. Las miramos y somos miradas, todas estamos aprendiendo algo, aunque todavía no sepamos muy bien qué y cuál es el sentido. El tiempo dirá. La palabra. De un lado, palabra colectiva, meditada, que incluye y recrea memoria. Las zapatistas hablan del presente a partir de la experiencia de las abuelas, las madres, las hermanas, las hijas. Cuando interactúan con nosotras no opinan, no juzgan, apenas dicen para sostener la conversación. Cerca de donde descansan, a veces oímos la cadencia de sus lenguas y sus risas, imaginamos personalidades y juegos, lo que no comprendemos. Del otro lado, palabra que abunda, a veces vacía, imposibilidad de silencio, exceso que desborda todo sentido, incontenible. Una noche me senté sola a esperar a unas compas. A mi lado, un grupo de mujeres zapatistas conversaban en su lengua. Parecía que bromeaban. Una se dormía y otra la empujaba suavecito para que despierte. En el escenario, una mujer urbana rapeaba invitaciones a la lucha. De pronto, una de las zapatistas levanta la cabeza hacia el escenario y le dice a su compañera, en español: “no se entienden las palabras, como esta mañana”. Algo las interrumpe y callan. En la mañana


Apuntes del 1er Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Marzo de 2018, Chiapas (México)

habían empezado las pláticas y los talleres. Me quedo pensando en cuánto esfuerzo habremos hecho para atravesar la barrera comunicativa que levanta nuestra forma de tomar la palabra, para invitar y sostener el diálogo. La diversidad de lenguas, la necesidad de protagonismo, la velocidad del habla y las entonaciones, los regionalismos, la pausa reflexiva o la verborragia incontrolada, los prejuicios acerca de la corrección verbal, los discursos prefabricados sobre la cultura y las identidades. Una argentina intenta conversar con una zapatista, le pregunta si ellas mismas hacen su ropa, mientras avanza hasta tocar el bordado de su blusa. Un paso atrás y silencio. En las duchas, una mexicana pregunta a viva voz si lxs zapatistas producen todo su alimento, porque claro, deberían hacerlo si realmente están en contra del capitalismo. Silencio. En una plática sobre organizaciones campesinas, en el que participan más zapatistas que en otros, la disertante -argentina, creo- divide en dos a las asistentes. Propone la lectura de una leyes. Hay que traducir, no todas hablan castilla, como le dicen al español. Pero hay una mujer que sólo habla tojolabal. Nadie más. La disertante eleva la voz, se inquieta, pide que resuelvan el problema, que alguien venga. Silencio. Miles de pequeñas escenas así.


Cuando la palabra hablada está tan llena de obstáculos, las imágenes toman otra dimensión. Pinturas, bordados, fotos, murales se convierten en formas de narrar que podemos compartir. También el humor y la poesía. Ahí suceden otras cosas, la inmediatez se diluye, se dice en un hacer encarnado. Hay una clave en el cuerpo, entonces, puesto en los trabajos y en los juegos. Dormir, comer, beber, ir al baño, ducharse, son las actividades que organizan nuestros días. Para casi todas hacemos fila, para todas caminamos en subida y en bajada. Las necesidades aquí no pueden satisfacerse inmediatamente. Se imponen otras sensaciones. Los talleres, el baile, el canto, los abrazos, todo es poner el cuerpo, soltarnos, movernos con otras, mirarnos, entrar en contacto, gritar, saltar. Hay mucho de fiesta, mucho desorden que se ordena para terminar desarmándose. Algunas se sacan el sostén o desnudan sus torsos, se ven cuerpos sin depilar. No hay espejos ni miradas masculinas. Ellas, las mujeres zapatistas, pequeñas y

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fuertes, dos mil cuerpos que son uno inmenso en el trabajo de la cocina, de los baños, de la leña, de la basura, en los relevos de guardia, en la timidez del baile con nosotras, en la sonrisa bajo el pasamontañas. Cuerpos y rostros cubiertos, ojos intensos, recorridos siempre acompañados. Las más jóvenes pasan agarradas de las manos. Cuando dejan de trabajar también se abrazan, también juegan, corren, se ríen. Hay una certeza que no puedo evitar. Nuestros juegos y nuestras pláticas se sostienen en su trabajo. Esta pequeña burbuja que nos regalan, en la que nos sentimos seguras, está fundada en una desigualdad. ¿Cómo devolveremos algo? Nuestros cuerpos también son la materia común sobre la que se han inscripto nuestros dolores, los que portan las huellas de las múltiples violencias que nos igualan, que nos recuerdan a las y los que ya no están. Hay un vaivén que nos lleva de la fiesta, la alegría de estar juntas, a compartir la experiencia, la memoria del dolor, el horror, el miedo. Escuchamos a madres de desaparecidxs,


a víctimas de violencia sexual y política, a mujeres con discapacidades. Reaparece la guerra, el despojo, la humillación. Como escribió Marta Dillon, las zapatistas vuelven a poner el dolor en el centro, porque es algo que no se puede esquivar. La noche del 8 de marzo, en medio de músicas y bailes, las luces se apagaron de golpe. Cada una de las zapatistas encendió una vela, una luz para cada una de nosotras, para volver a encenderla en nuestro corazón, en nuestro pensamiento y en nuestras tripas cuando nos sintamos solas, cuando tengamos miedo, cuando sintamos que la vida y la lucha se hacen muy duras. “Y no te la quedes, compañera y hermana”, nos dicen. “Llévala a las desaparecidas. Llévala a las asesinadas. Llévala a las presas. Llévala a las violadas. Llévala a las golpeadas. Llévala a las acosadas. Llévala a las violentadas de todas las formas. Llévala a las migrantes. Llévala a las explotadas. Llévala a las muertas. Llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella. Que vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor. Que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer en cualquier mundo. Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión. Llévala y júntala con otras luces. Llévala y tal

vez luego llegue en tu pensamiento que no habrá ni verdad, ni justicia, ni libertad en el sistema capitalista patriarcal. Entonces tal vez nos vamos a volver a ver para prenderle fuego al sistema”. Para que “nunca más ninguna mujer, del mundo que sea, del color que sea, del tamaño que sea, de la edad que sea, de la legua que sea, de la cultura que sea, tenga miedo. Porque acá sabemos bien que cuando se dice ¡Ya Basta! es que apenas empieza el camino y que siempre falta lo que falta”. El Caracol de Morelia es llamado también “Torbellino de Nuestras Palabras”. Y vaya si fue un torbellino. Siempre me ha costado mucho hablar en plural. Llegué como yo. Me fui como nosotras, un nosotras que es como el monte o como el bosque, poblado de muchos tipos de árboles, y cada árbol a la vez distinto de otros de su mismo tipo. Eso somos. Y somos un montón, un “chingo”. Tardaremos en comprender qué implica eso, seguiremos conversando, haciendo crecer el regalo que recibimos, aprendiendo a caminar juntas. Porque no parece ser cierto lo que nos hemos acostumbrado a repetir en Argentina, que “la organización vence al tiempo”. Es que sólo con tiempo podremos construir una forma otra de organizarnos.

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BAJO LA ALFOMBRA Por Hypeados Hypeados son tres jóvenes entusiastas de las producciones de la pantalla chica y grande. Podcast´s hecho por personas que rompieron la distancia por el mismo gusto y ganas de hablar sobre lo que les apasiona.


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Para el mundo cinematográfico, los comienzos de año suelen ser parte de la mejor época para analizar todo lo que dejó la pantalla grande en el curso de un año, o bien para concentrarse en cierto tipo de películas que algunos –encumbrados por ser parte de “la Academia” o la “crítica especializada”- deciden poner en el afiche de las “must see” –las que “deben ser vistas”. Los premios Oscar siempre se presentan como los más importantes de todos, el galardón máximo, el último gran premio para miles de películas y cineastas que aspiran a él. A decir verdad, todo forma parte de una gran exageración, y pasamos a explicar por qué. No vamos a hablar de ceremonias, de mejores vestidos, ni de polémicas equivocaciones de sobres. Hoy vamos a lo que nos importa: el cine. Como nunca había ocurrido, la categoría a Mejor Película en los Oscars tuvo a 9 obras destacadas. A esta altura ya sabemos que “The Shape of Water” de Guillermo Del Toro –elegido Mejor Director- se llevó dicho galardón, quedando atrás otros ocho largometrajes que quizá el público promedio ya no recuerde. Otra parte de los “moviegoers” ya se habían pasado horas mirando todas y cada una de las nominadas –nosotros incluidos- para no quedar fuera o “ver qué onda”. Más allá de que el nivel en general de las nominadas era mejor que el de otros años, nos volvió a quedar gusto a poco. ¿Por qué? No porque premien a tal o a cuál, sino porque esta es la forma de decirle a los que compran entradas o alquilan dvd’s “esta es la película que tenés que ver”, como repasamos antes. Y ese es el problema, porque entendemos que, entre tanto brillo y flash de fotos, mucho quedó bajo la alfombra. Solo repasando algunas de esos metros y metros de celuloide que no vieron la luz del estrellato oscarizado, encontramos mucho –pero mucho- que nos impactó tanto o más que las 9 nominadas. Por ejemplo, “The Killing of a Sacred Deer” del griego Yorgos Lanthimos, una de las mejores películas del año y, sin embargo, una de las menos reconocidas por la crítica hollywoodense. Un film jugado, bello, oscuro y que busca algo más que una experiencia audiovisual. No queremos spoilear, pero les decimos que más de una escena quedará en su retina. ¿Qué decir de “The Florida Project” de Sean Baker? Una olvidada por los muchachos de la Academia, capaz por su fuerte crítica social al gigante Disney. En esa peli lloras, te

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reís, te morís de amor y de odio, y todo con una fotografía excepcional. Pero no muchos hablarán de ella, al menos no por fuera del nicho cinéfilo. ¡Fuera de juego también para historias del cine “millenial” que hicieron la diferencia poniendo el foco en lo cruento y oscuro de la vida adolescente, como “Beach Rats” de Eliza Hittman, o la locura hermosa de “mother!” ingeniada y filmada por el gran Darren Aronofsky. La firmeza discursiva y el encuentro de historias que parecen tan nuestras, como en “120 battements par minute”, film francés de Robin Campillo sobre los derechos LGBT durante la “epidemia del HIV” de los 90’s. Todo eso, barrido con desprecio bajo esa alfombra roja, pisoteada incluso por el desfile de poses. Poses de esas que le gustan tanto a los Oscars: “la historia de amor entre gays” o “el film que reivindica los derechos afroamericanos” o “la película dirigida por una mujer”. Lo mejor de todo es que esas descripciones tan superficiales no son ni el 5% de lo que nos quisieron mostrar con “Call Me By Your Name”, “Get Out” y “Lady Bird”. Esas fueron nominadas, pero parece que estos muchachos que votan no se fijaron en lo estrictamente cinematográfico. En fín, Oscars. Nada nuevo. Pero les pedimos un favor, más bien les proponemos un desafío. Si les importan las historias, si les gusta el cine, si quieren reír y llorar al mismo tiempo y no sentirse raros o culpables; miren de todo, no solo lo que impone la agenda alimentada por las grandes estructuras de Hollywood. Ese antro está lleno de falsos, lleno de tipos que reciben regalos y viajes de parte de los productores de tal o cual película. En esos no hay que confiar. En ustedes tienen que confiar, en lo que quieren ver y sentir. No se priven de nada. “Usen” al cine para lo que fue hecho: hacernos felices. Los invitamos a conocernos más. Pueden escuchar nuestros podcast –algo así como un programa de radio online, para los que no lo sabían- buscándonos como Hypeados en Spotify. Pueden seguirnos en Twitter y Facebook como Hypeados Podcast. Nos encontramos por ahí y hasta la próxima.

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H I S T O R I A S

Por Julia Giuliani

DEVOLVERLE A LA SOCIEDAD

TODO LO QUE LA UNRC NOS DIÓ

Marianela. La Geografía en los asentamientos Marianela Carballo es Profesora de Geografía, se recibió en la Universidad Nacional de Río Cuarto, y comenta: “nunca percibimos ninguna beca, pero no fue un impedimento para poder estudiar ya que nuestros padres nos bancaron económicamente. Para mi venir a Río Cuarto fue un cambio radical en mi vida porque vengo de una comuna muy chiquita donde todos nos conocemos con todos y de repente llegar a una ciudad y tener que empezar a manejarte, a administrar los gastos y todo lo que eso implica fue complicado, y ni hablar de extrañar a la familia y demás”, cuenta Marianela a RETRUCO. “Pero con el tiempo nos fuimos acostumbrando. Lo bueno es que tuve a mi hermana y no estaba sola, también está mi hermano más grande que estudia acá y me supo orientar y ayudar. Anécdotas y experiencias con mi hermana tengo miles, siempre, hasta el día de hoy, todos sus compañeros me saludan por la calle y en la universidad y yo no tengo ni idea quienes son”, se sonríe Marianela. Finalizar esta etapa cumpliendo una meta, es para las mellizas Carballo de sumo agradecimiento. “Ahora que finalizó esta etapa y cumplo con esta meta de las tantas que tengo en mi vida, puedo decir que tengo la obligación de poder devolver a la sociedad todo lo que me dio a lo largo de todos estos años. Por eso me gustaría y estoy con un proyecto de la universidad en un barrio junto con Techo, estamos trabajando con la gente del asentamiento Islas Malvinas y creo es una forma de devolverle a la sociedad todo lo que me dio para que yo pueda formarme de manera gratuita”. Techo es una organización con fuerte presencia en nuestra ciudad, en asentamientos existentes.


En estos momentos están realizando censos para ver cuántas personas viven en cada uno de ellos y que calidad de vida tienen. “Soy Profesora de Geografía, y para mi estar en el aula nada más no sirve, hay que contribuir en la sociedad y estar involucrada, estar con la gente”, remata Marianela defendiendo y entendiendo la importancia de la existencia de la educación pública, libre y gratuita. Anabella. La sensibilidad al palo Anabella Carballo es Comunicadora Social y un fiel reflejo de Marianela. Son idénticas, hasta la misma voz por lo que no es muy fácil diferenciarlas. “Nacimos en Las Peñas Sud, alejado de todo. Está a 40 KM de cualquier pueblo. Este año va a cumplir 96 años y no ha crecido demasiado. Lo mantiene en pie la educación. Nosotras nos criamos en una familia numerosa, mis papás tuvieron siete hijos, nosotras somos las terceras y desde chicas se nos incentivó a que termináramos el secundario y siguiéramos estudiando. Mis papás lucharon para que tuviéramos la oportunidad de formarnos y estudiar y todo eso con mucho sacrificio y esfuerzo de ellos y nuestro, porque siempre supimos que éramos estudiantes de bajos recursos y sabíamos que no iba a ser tarea fácil. Nunca tuvimos ninguna beca. Ha sido una experiencia muy rica. Siempre le digo a mi papá que si él hubiese tenido la posibilidad de estudiar hubiese sido un gran profesional porque él es un genio, ha leído mucho y te permite tener esas charlas de igual a igual”, me cuenta Anita a quien conozco más y me genera siempre una sensación de tranquilidad dialogar con ella.

La Universidad es un ámbito en donde uno forja no solo aprendizajes y amigos entrañables, sino también valores que en la vida te salvan, te marcan para siempre, Ana destaca: “estudié Comunicación porque desde siempre tuve una inclinación por lo social y cuando vi el plan de estudios de la carrera muchas de las cosas que había me encantaban, y por eso, pensando en el compromiso social que se puede tener con cualquier carrera quizás con esta era un poco más…a veces tuve mis dudas, pero me convencí de que es lo mío y no me imagino en otra carrera. No fue fácil, venía de un colegio técnico agropecuario, fuimos la tercera promoción y no era muy buena la base que teníamos, pero estoy agradecida a la uni porque siempre tuve claro que forma buenos profesionales, porque hay un esfuerzo individual, pero sobre todo colectivo y básicamente es la perseverancia de uno. Yo creo que poder empezar y terminar esta etapa con mi hermana fue lo más, transitarla juntas y más allá de que hayamos estudiado carreras distintas siempre estuvimos a la par y tenemos millones de anécdotas”.

“Hay que contribuir en la sociedad y estar involucrada, estar con la gente”

Historias de vida

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Llegar a Río Cuarto, una ciudad de apenas 200 mil personas fue un cambio de gran magnitud para las hermanas Carballo, mientras que para quienes nacimos y nos hemos criado aquí, Río Cuarto es un pueblo grande, para las chicas de Las Peñas Sud fue toda una travesía mudarse: “cuando llegamos a Río Cuarto tomamos dimensión de nuestro parecido físico porque en nuestro pueblo todos saben que somos las mellis, acá los compañeros de Marianela me saludaban a mí y los míos a ella, muchas veces así nos confunden y vienen a preguntarme por trabajos y me río…mi hermana reniega un poco más por eso”, nos dice entre risas Ana, pero lo que más destaca es la experiencia enriquecedora que fueron todos estos años “ te das cuenta que creciste mucho como persona, con la carrera, y que haya sido en la uni pública y que mi papá me haya dado esa posibilidad se lo voy a agradecer toda la vida. Porque es la mejor herencia que me dejó. Poder estudiar y recibirme y contra todo pronóstico y obstáculo, muchas veces nos veníamos al pueblo y no podíamos volver hasta que no estuvieran bien los caminos, y esperar a alguien que nos busque… fue toda una travesía. Irnos de un pueblo tan chiquito a Río Cuarto fue como un cambio tremendo, nos tuvimos que acostumbrar a muchas cosas que no eran de nuestra rutina diaria, de una vida super tranquila a la ciudad, nos separamos de la familia y fue todo un desafío y un desapego muy fuerte que valió la pena porque el orgullo que hoy pueden sentir nuestros papás es inexplicable porque sabemos que fue un sacrificio de todos”.

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Historias de vida

Volver al pueblo. Anabella volvió a su pueblo, su fuerte compromiso social la llevan a querer dar apoyo escolar además de desempeñarse profesionalmente destacando que si bien su pueblo tiene pocos habitantes hay muchas falencias y mucho por hacer, “yo a mis trabajos en la Universidad los bajé siempre a problemáticas del pueblo por ejemplo, un trabajo para la Cátedra de Diseño Gráfico fue una campaña gráfica para que se supiera de la existencia de Las Peñas Sud, dónde se ubicaba, por qué no aparece en los mapas y la campaña se basó también en promover los valores no materiales, de una vida tranquila, de una gran familia que si necesitas algo alguien te va a dar una mano”. Cuando nacimos había llovido muchísimo, una tormenta horrible y no se podía salir del campo. Pleno enero. El patrón de mi papá tenía un avión y avioneta y mi mamá tuvo que vencer sus miedos y vértigos, y subir a la avioneta para ir a tenernos a nosotras porque ya nacíamos. Fuimos volando a Río Tercero y así nacimos, tenemos un viajecito en avión apenas nacimos. De familia luchadora y trabajadora, los padres de Marianela y Anabella siempre han empujado e incentivado para que sus hijos estudien y puedan avanzar profesionalmente. “Mi papá es encargado de un campo hace más de 30 años, mis viejos se separaron, pero seguimos unidos”.


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C U E N T O S

Por Paulo “Tata” Zambroni Estábamos los dos sentados en el piso de aquel único rincón de la casa derruida donde el aire se podía respirar con gusto, era en la habitación de Irupé donde sólo se podía sentir el olor de las flores como si fuera un pequeño homenaje a su nombre. El jazmín golpeaba la ventana de la habitación y entraba fulminante sobre las narices, pero rápidamente se perdía en los pasadizos inmensos de los pasillos maltrechos de aquella casa tomada. Yo me quedé acurrucado con mis brazos entre mis rodillas mientras le seguía los labios rojos, húmedos que invitaban a una hipnosis sugestiva y ella que me decía que “a toda acción-opresora se le enfrenta una acción-liberadora, nosotros somos los responsables de esta segunda aunque tengamos que recurrir a la violencia porque la acción-opresora trae hambre y nuestra acción-liberadora debe ser violenta contra aquellos que nos hambrean. Por eso a veces es necesario que tomemos medidas como ocupar esta casa. Aunque algunos la consideren violenta”. Yo la hubiera aplaudido si el vacío de mi estómago no me acarraría una falta de energías tal que no sólo no me había dejado mover mis manos sino, incluso, seguir el hilo de la conversación. O la hubiese besado, también, quizás, pero si no hubiese sido con su consentimiento hubiera quedado como un patriarcal-machista realizando una acción-opresora. Así que sólo me quede contemplando sus ojos llenos de fuego, que rimaban con sus labios que ya se habían detenido, y siempre se veían así cuando hablaba de estas cosas, tan viva y suspicaz. Sólo pude abrazar sus manos frías con las mías.

Pero las cosas se venían desmadrando de lo feo, es que las fuerzas opresoras venían avanzando a paso firme sobre nosotros que estábamos recluidos en aquel tugurio insoportable. Los pasillos interminables y las habitaciones infinitas, que solo sabía cuál era la mía, que no era sólo la mía y cuál la de Irupé, persiguiendo su olor a flor. Pero los compañeros y amigos se multiplicaban por todos los rincones de la casa. Aunque eran la mayoría transitorios, personas que apenas le conocías la cara y un nombre que no sabías si era el verdadero, sólo venían escapando de los guardianes del sistema. De los pocos permanentes era Pedro, quien era el único capaz de colorear aquellas paredes grises cuando como un antiguo juglar se paseaba por toda la inmensidad de las habitaciones con su sonrisa enorme y su guitarra criolla, “cuando querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva”. Y nosotros no podíamos más que mostrarle los dientes de su sonrisa contagiosa. Pero pronto el silencio que se escribía en el pesado ambiente y las caras largas y preocupadas porque nadie sabía nada del Gringo, que Gringo preguntaba alguno, el rubiecito que anduvo la semana pasada y de pronto el ruido de las sirenas y la quietud total y la espesura de las sombras proyectadas en las paredes desnudas, que se venían a pedazos, casi igual que nosotros. Sólo un montón de clavos en la pared parecía sostenerla, así como también a nosotros esos pocos clavos sostenían nuestra desgarbada humanidad de hambre y sueño y frío, como la voluntad, esos pequeños clavitos que no dejaban caer la pared, que nos permitía seguir en pie.


58Por Paulo “Tata” Zambroni

Pero todo empezó a derrumbarse cuando en el centro Pedro y yo nos teníamos que reunir con otra organización. Nos tenían que dar una información importante, de esas que no se puede pasar por los teléfonos seguramente filtrados. Y todos teníamos que llegar por caminos diferentes, pasarnos un cuaderno con una palabra clave y seguir por lugares distintos. Pero pronto unos azules se le acercaron a Pedro y yo que justo me le acercaba, vi como lo apresaban. Ahí estaba el Gringo, en su verdadera versión. El desgraciado había sido un infiltrado. Y su risa diabólica, me mostró los dientes desde lejos. O eso creí, me escondí sin poder hacer nada, nada más que mirar como subían a Pedro a ese bólido verde y se perdían en el horizonte y yo dando vueltas para no llamar la atención, esperando que los compañeros de la otra organización me reconocieran pero cuando me di cuenta que quizás le habían dado las directivas de darle la información sólo a Pedro, entendí que mi errante transitar era en vano. Retomé el camino a casa, con la angustia y los nervios en la garganta, sabiendo que los milicos aún podían seguirme buscando. Y Pedro, que será de Pedro, ahora no habrá quien saque sonrisas con las guitarras ni quien de las directivas tan precisas y justas como él. Aunque desde donde estaba encontró la forma de romper el cero, pudo quedar legal y ante la visita de su hermana le pidió que le llevara un atado de puchos, pero si vos no fumas le respondió ella, vos hace lo que te digo, con las pocas palabras que decía siempre que hablaba en serio. Y se lo devolvió enterito como ella se lo había llevado, diciéndole que lo trajera a la casa. Y ella, que no podía contradecir a su hermano, como casi nadie podía, golpeó la puerta y atendió Irupé. Esto manda Pedro fue todo lo que dijo mientras estiraba un Parliament tricolor de bandera francesa. Irupé entendió enseguida el truco de Pedro y desesperadamente comenzó a desarmar los cigarrillos entre sus dedos mientras el tabaco caía al piso. Y allí estaba escrito en tinta negra y letra desprolija que nos acostumbraba, sepárense nos decía, guardia mínima en la casa. Los azules van detrás de ustedes. Ya nos conocen. Repleguemos fuerzas. Todo en un lenguaje de telegrama.

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Cuentos


Irupé se fue. Yo me tuve que quedar. En la casa inmensa casi vacía, los pasos repiqueteaban en el techo y se sentían como un estruendo que resonaba en los infinitos pasillos. Me sentí descompuesto, quise salir a tomar aire. Caminé un rato por ahí, cerca de la casa, con las precauciones del caso y no vi nada más que rostros, rostros sin ojos, sin boca, caras que no tenían expresión, que no podían decir nada. Agobiados por la tristeza y el silencio. No pude más que sentirme peor que antes y me volví a la casa para tirarme a dormir. Pero la habitación y la puerta, la traspasaba y se cerraba a mis espaldas. De nuevo la misma habitación y la misma puerta al frete, como siempre, la traspasaba. Y se cerraba a mis espaldas. Pero de nuevo la misma habitación. Y me desperté al borde de la locura sintiendo que para esto ya no había escapatoria. Que sólo esperaba el próximo atado de puchos de Pedro que me diera un poco de esperanza, pero la hermana no volvía por estos lados; y los labios de Irupé que insistían en su ausencia y para sentirla cerca, grabé nuestros nombres juntos en la corteza de la pared que pronto la humedad de los alicaídos pasillos se ocupó en derrumbar. La lista de los amigos que no sabíamos dónde estaban se iba haciendo cada día más larga, al igual que los días en la oscuridad de la clandestinidad. Y la casa que al final había decidido abandonarnos cuando el piso invitó al techo para acostarse juntos y las paredes concedieron su permiso. Todos buscamos nuevos rumbos. Yo no me fui muy lejos, esperando a Pedro y a Irupé. Y a Irupé. Pero de Pedro sólo supimos después cuando lo vimos en una lista de la CONADEP, donde también aparecía la hermana, después supimos que le habían descubierto los parlamientos (como le habíamos puesto a aquellos mensajes en Parliament) y también la chuparon, mientras la quemaban con los cigarrillos en los que había escrito su hermano, le decían que eso le pasaba por defender a los terroristas. Tragos amargos como estos nos trajeron los testimonios de los juicios, revolviendo viejos recuerdos reprimidos pero sólo sobrepasados por ese Nunca Más final que desde entonces se convirtió en bandera. Trago amargo fue verla allí a Irupé. Fría y distante, ya sin el fuego en la mirada y sus labios secos y grises. Parecía una estatuilla de bronce que decoraba el Tribunal, lo pensé cuando la saludé y toqué sus manos frías y en sus ojos no había más que distancia y descreimiento. En fin, cada uno sala las heridas como puede. Ella cree que no vale la pena, aunque la sangre se siga escapando por esas venas aún abiertas.

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Cuentos

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OJO DE BARRO Un espacio para

c u l t u r a

el arte, la cultura y la participación colectiva

A más de un mes de su inauguración, el centro cultural Ojo de Barro de RESPETO, ubicado en la calle Bolivar 373, busca constituirse como un espacio de encuentro para las diversas expresiones artísticas y culturales en la región de Río Cuarto. Actividades, talleres, espectáculos, y muestras que van desde la danza, la música, el canto, la fotografía, la poesía y hasta el hip hop son algunas de las propuestas, entre muchas otras, que trae Ojo de Barro a nuestra ciudad. “Desde RESPETO entendemos que la cultura no es un producto, la cultura es un proceso. Es por esto que buscamos fortalecer los modelos culturales abiertos de la ciudad a través de la organización, la integración y la promoción de prácticas artístico-culturales en todas las manifestaciones estéticas, en el marco de un espacio colectivo de participación, de una política de inclusión y diversidades” destacaron Fanny Badini y Marcos Altamirano integrantes de RESPETO en dialogo con RETRUCO. -

¿Qué y quienes son Ojo de Barro?

OJO DE BARRO es un espacio dedicado al arte y las culturas. Está pensado para ofrecer múltiples alternativas para la gestión incluyente de diferentes sectores de Río Cuarto. Uno de sus propósitos es el de desarrollar una gestión cultural, artística y educativa del espacio para propiciar y acompañar procesos de sensibilización cultural, sostenidos mediante talleres que faciliten la emergencia de nuevas expresiones artístico-cul-

turales, con el objetivo de generar saberes y experiencias de trabajo en conjunto, discusión y crítica en torno a la producción colectiva de mensajes. OJO DE BARRO busca constituirse en un lugar de encuentro de diversas expresiones del arte y la cultura de la Región en Río Cuarto, a través de las articulaciones con otras organizaciones, grupos y procesos existentes. Lo conformamos integrantes de RESPETO y artistas que nos acompañan. -

¿Porqué el nombre?

Tierra y agua. El nombre nos arrastra a pensar en lo natural, lo espontáneo, a una nueva cultura política. Hacer la revolución es volver a colocar en su sitio cosas muy antiguas, pero olvidadas. La idea era recuperar, a modo de homenaje, el nombre de un bar alternativo (el ojo) que funcionaba en ese mismo espacio hacía finales de los años 90, y combinarlo con algún elemento simbólico con el que nos sintiéramos identificados, y el barro es un material tan maleable y noble, que terminó siendo el complemento elegido. ¿Cómo ven a rio cuarto en relación con la cultura y los espacios culturales? Río Cuarto es una ciudad que deambula entre el monocultivo y la monocultura. Abundan situaciones y procesos productores de profunda desigualdad, que no ayudan a la creación de nuevos espacios de cultura pública, desde los cuales potenciar y profundizar, para


Sede en Bolívar 373 aportar a la construcción de una sociedad inclusiva y diversa. Lo cultural es comunicación, participación, diálogo, si no va cambiando, se vuelve conservadora. La política cultural se constituye como proceso de construcción social de todos los actores y el campo de la cultura pública nos interesa como parte del ámbito del Estado municipal. No puede entenderse al Estado por fuera y/o excluyendo otros ámbitos que también lo conforman: desde el ámbito privado hasta el de las organizaciones no gubernamentales, asociaciones y movimientos sociales, todos en permanente diálogo, negociación y/o disputa en relación con las distintas temáticas de la cultura. Para que una política pública en cultura tenga un sentido más transformador, que es lo que demandamos desde RESPETO, tiene que saber equilibrar tres dimensiones: una dimensión relacionada como la cultura como proceso, no como un producto, ni mercancía, ni evento. Un concepto amplio, mayor, de lo que es el arte y el patrimonio. La segunda, La expresión simbólica (las personas

producen, crean, transforman) Aquí se construyen subjetividades. Y por último la dimensión económica, que supone la administración de los recursos son con los que contamos. ¿De acá a unos años, como se imaginan Ojo de Barro? La propuesta es seguir construyendo una nueva forma de hacer política pública y cultura política. Trabajar sobre este horizonte. Pensar en la posibilidad de construir colectivamente, preocuparse por lo público, en el sentido del compromiso respecto de los intereses y necesidades de los ciudadanos. Imaginamos un espacio vivo y en pleno movimiento, de intercambios y conocimientos diversos. La necesidad de expresarnos, de reunirnos, está. Intentaremos generar una propuesta interesante y crecer.


FOTOS DEL MES Por DANIEL RAMONELL

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Retruco N°07  

Revista del mes de abril de 2018

Retruco N°07  

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