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UNA MADRE… UNA REINA En la vida hay momentos y acontecimientos que perdurarán para siempre en la retina y en los corazones de aquellos que lo vivieron y lo sintieron de una manera muy especial. Yo no tuve el placer ni el privilegio de gozar junto a vosotros de ese momento, cuando le fue impuesta la corona qué, como Madre y Reina, tus hijos, con fe y amor depositaron sobre tu cabeza. Déjame Madre que imagine cómo sería ese momento. Tus hijos, tu barrio de Santa Bárbara postrados ante Ti rindiéndote pleitesía y, enorgullecidos por haber hecho realidad un sueño, imponer una joya a la mayor joya del universo, a la reina de sus corazones, al amor entre los amores y, a la flor más hermosa qué, nunca se marchita y que brilla con luz propia. Y han transcurrido veinticinco años. Años de trabajo, sacrificios, pero sobre todo de ilusión. Años en los que las dificultades no han mermado sus deseos, años en los que el trabajo los ha hecho más fuertes y los ha alentado para seguir mirando al frente, e ir consiguiendo pasito a paso todo aquello que se han propuesto, y todo ello gracias a la fe que hace mover montañas y a los valores espirituales y morales que han recibido y cultivado. Esos son tus hijos que impregnados por la llama de tu Hijo, presente en el Sagrario, quieren postrarse una vez más a tus pies y rememorar aquel momento. ¿Hay AMOR más HERMOSO que el que una madre siente por sus hijos? Sin condiciones, sin egoísmos, sin pedir nada a cambio, sin apreciar defectos es incondicional. Sufriendo en silencio todo aquello que les ocurre, aflige y entristece, causa dolor y pena, pero siempre a nuestro lado para, con su amor hacer más llevadero nuestro caminar y convertir esas dolencias del alma y del cuerpo en esa flor qué, cada año recibimos y conservamos como el mayor de los tesoros. Os felicito Hermanos. En primer lugar por la celebración de este aniversario qué, de todo corazón espero disfrutar y compartir junto a vosotros, y en segundo lugar por vuestra trayectoria, por vuestro tesón y, porque siempre que ésta, nuestra Institución Cofrade, os ha necesitado, os ha encontrado, al igual que esta hermana que en estos momentos se dirige a vosotros y a toda la Hermandad. Felicidades, y nuevamente gracias. Que el Santísimo Cristo de la Penitencia y el Amor Hermoso de su Madre nos bendiga y proteja, y permita seguir gozando y compartiendo por y para siempre de nuestra amistad y amor cofrade. Un fuerte abrazo. Francisca Jiménez Quesada Presidenta

CUARESMA 2010

Y UNA MADRE....UNA REINA  

Francisca Jiménez Quesada Presidenta CUARESMA 2010

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