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Revista Católica Nº 28, Setiembre de 2013, Año 4

rescatandoalafamilia.blogspot.com rescatandoalafamilia@gmail.com Directora: Rosa María Valencia Z.

Editor: Santino Bruguera

Colaboradores: Oficina de Comunicaciones del Arzobispado Sr. Juan Carlos Rivera V. Sra. Nancy Freundt

02 Editorial 03 Sexualidad Humana: Verdad y Significado (5ta Parte) 08 Cara o Sello 10 La Eutanasia y el valor de la vida 12 Entrevista al Papa Francisco 16 Carta de un joven homosexual al Papa Francisco: nos das esperanza 18 Las nulidades matrimoniales 20 Avisos Publicitarios


Editorial Estimados amigos: En este nuevo número continuamos con el tema tan importante “Sexualidad Humana” que esperamos lo hayan ido leyendo en las números anteriores de nuestra Revista., artículo de total interés para nosotros como padres de familia, para la gente joven que inicia su sexualidad, puedan a través de esta información conocer lo que realmente es nuestra sexualidad y cómo es que tenemos que vivirla. Les comento que en este mes el Apostolado de la Preciosa Sangre de Nstro Señor Jesucristo está de Fiesta, a la cual están todos invitados y realmente sería muy grato verlos y compartir esta fecha que es muy importante para nosotros y para la Iglesia. Un abrazo en Cristo

Rosa María


PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA SEXUALIDAD HUMANA: VERDAD Y SIGNIFICADO Orientaciones educativas en familia (5ta Parte) 2. La vocación a la virgini- ma el matrimonio, no puede dad y al celibato existir tampoco la virginidad consagrada; cuando la sexua34. La Revelación cristia- lidad humana no se consina presenta dos vocaciones dera un valor donado por el al amor: el matrimonio y la Creador, pierde significado virginidad. No raramente, la renuncia por el Reino de en algunas sociedades actua- los cielos». A la disgregación les están en crisis no sólo el de la familia sigue la falta de matrimonio y la familia, sino vocaciones; por el contrario, también las vocaciones al sa- donde los padres son generocerdocio y a la vida religiosa. sos en acoger la vida, es más Las dos situaciones son inse- fácil que lo sean también los parables: « cuando no se esti- hijos cuando se trata de ofre-

cerla a Dios: « Es necesario que las familias vuelvan a expresar el generoso amor por la vida y se pongan a su servicio, sobre todo acogiendo, con sentido de responsabilidad unido a una serena confianza, los hijos que el Señor quiera donar »; y lleven a feliz cumplimiento esta acogida no sólo « con una continua acción educativa, sino también con el debido compromiso de ayudar, sobre todo, a los adolescentes y a los jóvenes, a descubrir la dimensión vocacional de cada existencia, dentro del plan de Dios... La vida humana adquiere plenitud cuando se hace don de sí: un don que puede expresarse en el matrimonio, en la virginidad consagrada, en la dedicación al prójimo por un ideal, en la elección del sacerdocio ministerial. Los padres servirán verdaderamente la vida de sus hijos si los ayudan a hacer de su propia existencia un don, respetando sus opciones maduras y promoviendo con alegría cada vocación, también la religiosa y sacerdotal ». Por esta razón, el Papa Juan Pablo II, cuando trata el tema de la educación sexual en la


Familiaris consortio, afirma: « los padres cristianos reserven una atención y cuidado especial —discerniendo los signos de la llamada de Dios— a la educación para la virginidad como forma suprema del don de uno mismo que constituye el sentido mismo de la sexualidad humana ».

des de estos hijos, animándolos en su propio camino hasta el momento del ingreso en el seminario o en la casa de formación, o también hasta la maduración de esta vocación específica al don de sí con un corazón indiviso. Ellos deberán respetar y valorar la libertad de cada uno de sus hijos, animando su vocación Los padres y las vocaciones personal y sin pretender imsacerdotales y religiosas ponerles ninguna determinada vocación. 35. Los padres por ello deben alegrarse si ven en alguno de El Concilio Vaticano II resus hijos los signos de la lla- cuerda con claridad esta pemada de Dios a la más alta culiar y honrosa tarea de los vocación de la virginidad o padres, apoyados en su obra del celibato por amor del Rei- por los maestros y por los sano de los cielos. Deberán en- cerdotes: « Los padres, por la tonces adaptar la formación cristiana educación de sus hial amor casto a las necesida- jos, deben cultivar y proteger

en sus corazones la vocación religiosa ». « El deber de formar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana ... La mayor ayuda en este sentido la prestan, por un lado, aquellas familias que, animadas del espíritu de fe, caridad y piedad, son como un primer seminario, y, por otro, las parroquias, de cuya fecundidad de vida participan los propios adolescentes ». « Los padres y maestros y todos aquellos a quienes de cualquier modo incumbe la educación de niños y jóvenes, instrúyanlos de forma que, conociendo la solicitud del Señor por su grey y considerando las necesidades de la Iglesia, estén prontos a responder generosamente al llamamiento del


Señor, diciendo con el profe- sostenido por la fe y por el ta: Aquí estoy yo, envíame (Is Amor de Dios, se empeña en 6, 8) ». ayudar a los hermanos más pobres y más necesitados. Este contexto familiar necesario para la maduración de IV las vocaciones religiosas y sacerdotales, recuerda la grave PADRE Y MADRE COMO situación de muchas familias, EDUCADORES especialmente en ciertos países, que son pobres en el va- 37. Dios, concediendo a los lor de la vida, porque carecen esposos el privilegio y la gran deliberadamente de hijos, o responsabilidad de llegar a ser tienen un único hijo, donde padres, les concede la gracia es muy difícil que surjan vo- para cumplir adecuadamente caciones y también se lleve a cabo una plena educación social. 36. Además, la familia verdaderamente cristiana será capaz de ayudar a entender el valor del celibato cristiano y de la castidad a aquellos hijos no casados o inhábiles para el matrimonio por razones ajenas a su propia voluntad. Si desde niños y en la juventud han recibido una buena formación, se encontrarán en condiciones de afrontar la propia situación más fácilmente. Más aun, podrán rectamente descubrir la voluntad de Dios en dicha situación y encontrar así un sentido de vocación y de paz en la propia vida. A estas personas, especialmente si están afectadas por alguna inhabilidad física, es necesario desvelarles las grandes posibilidades de realización de sí y de fecundidad espiritual abiertas a quien,

su propia misión. Los padres en esta tarea de educar a sus hijos, están guiados por « dos verdades fundamentales. La primera es que el hombre está llamado a vivir en la verdad y en el amor. La segunda es que cada hombre se realiza mediante la entrega sincera de sí mismo ». Como esposos, padres y ministros de la gracia sacramental del matrimonio, los padres se encuentran sostenidos día a día, por energías particulares de orden espiri-


tual, otorgados por Jesucristo, sejo, fortaleza y con los otros que ama y nutre la Iglesia, su dones del Espíritu Santo, para esposa. ayudar a los hijos en su crecimiento humano y cristiano ». En cuanto cónyuges, hechos « una sola carne » por el vín- 38. En el contexto de la forculo matrimonial, comparten mación en la castidad, la « el deber de formar a los hijos paternidad-maternidad » inmediante una voluntaria co- cluye evidentemente al padre laboración nutrida por un vi- que queda solo y también a goroso y mutuo diálogo, que los padres adoptivos. La tarea « tiene una fuente nueva y es- del progenitor que queda solo pecífica en el sacramento del no es ciertamente fácil, pues matrimonio, que los consagra le falta el apoyo del otro cóna la educación propiamente yuge, y con ello, la actividad cristiana de los hijos, es de- y el ejemplo de un cónyuge cir, los llama a participar de la de sexo diferente. Dios, sin misma autoridad y del mismo embargo, sostiene a los paamor de Dios Padre y de Cris- dres solos con amor especial, to Pastor, así como del amor llamándolos a afrontar esta materno de la Iglesia, y los tarea con igual generosidad enriquece en sabiduría, con- y sensibilidad con que aman

y cuidan a sus hijos en otros aspectos de la vida familiar. 39. Hay otras personas llamadas en ciertos casos a asumir el puesto de los padres: quienes toman de manera permanente su papel, por ejemplo, en relación a los niños huérfanos o abandonados. Sobre ellos recae la tarea de formar a los niños y a los jóvenes en sentido global y también en la castidad y recibirán la gracia de estado para hacerlo según los mismos principios que guían a los padres cristianos. 40. Los padres nunca deben sentirse solos en esta tarea. La Iglesia los sostiene y los estimula, segura de que les


cabe desarrollar esta función mejor que cualquier otro. Misión que incumbe igualmente a los hombres y mujeres que, frecuentemente con gran sacrificio, dan a los niños sin padres una forma de amor paterno y de vida de familia. Todos deben afrontar este deber con un espíritu de oración, abiertos y obedientes a las verdades morales de la fe y de la razón que integran la enseñanza de la Iglesia y considerando siempre a los niños y a los jóvenes como personas, hijos de Dios y herederos del Reino de los cielos. Los derechos y deberes de los padres 41. Antes de entrar en los detalles prácticos de la formación de los jóvenes en la castidad, es de extrema importancia que los padres sean conscientes de sus derechos y deberes, en particular frente a un Estado y a una escuela que tienden a asumir la iniciativa en el campo de la educación sexual. En la Familiaris consortio, el Santo Padre Juan Pablo II lo reafirma: « El derecho-deber educativo de los padres se califica como esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad

de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable y que, por consiguiente, no debe ser ni totalmente delegado ni usurpado por otros », salvo el caso, al cual se ha hecho referencia al ini- controlados por ellos. En este cio, de la imposibilidad física sentido la Iglesia reafirma la o psíquica. ley de la subsidiaridad, que la escuela tiene que observar 42. Esta doctrina se apoya cuando coopera en la educaen la enseñanza del Concilio ción sexual, situándose en el Vaticano II y ha sido procla- espíritu mismo que anima a mada también por la Carta de los padres ». los Derechos de la Familia: « Por el hecho de haber dado El Santo Padre agrega: « Por la vida a sus hijos, los padres los vínculos estrechos que tienen el derecho origina- hay entre la dimensión sexual rio, primario e inalienable de de la persona y sus valores educarlos; ... Ellos tienen el éticos, esta educación debe derecho de educar a sus hijos llevar a los hijos a conocer y conforme a sus convicciones estimar las normas morales morales y religiosas, teniendo como garantía necesaria y presentes las tradiciones cul- preciosa para un crecimiento turales de la familia que favo- personal y responsable en la recen el bien y la dignidad del sexualidad humana ». Ninguhijo; ellos deben recibir tam- no está en grado de realizar la bién de la sociedad la ayuda educación moral en este dey asistencia necesarias para licado campo mejor que los realizar de modo adecuado su padres, debidamente prepafunción educadora ». rados. 43. El Papa insiste en que esto vale particularmente en relación a la sexualidad: « La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y


en el hogar como en el colegio, en la que se va perfeccionando a la persona para que pueda alcanzar la verdadera felicidad.

CARA O SELLO A

l lanzar una moneda al aire, sabemos que al caer mostrará cara o sello, esa es la realidad de toda moneda. Al lanzar los hijos a la vida, no podemos esperar que unas veces sean cara y otras sello y aún peor sean un poliedro irregular con muchas caras diferentes o una esfera que vaya rodando de acuerdo a las cir-

cunstancias. El mayor reto al momento de educar a los hijos es lograr que todas las circunstancias, los fines, los medios, los objetivos educativos converjan de modo sintético en la construcción de la personalidad y que sirvan de fundamento para el despliegue de la persona a lo largo de su vida. Educar es una forma de vida , tanto

Ni la familia, ni el colegio pueden aceptar que sus hijos o sus alumnos crezcan con un modelo educativo que les permita actuar de un modo cuando están en la casa o en el colegio y de otro modo cuando están fuera de ellos, pues eso significaría que se ha desvinculado el proceso educativo de la vida misma. Sin embargo esta penosa división al interior de la persona se viene dando en muchos casos, sobre todo en adolescentes, que cuando están con sus amigos en la calle, o cuando están frente al computador expresan ideas inaceptables, utilizan un lenguaje soez y mal intencionado, sin que sus padres y sus maestros lo sepan. Esta realidad nos obliga a conocerlos con mayor profundidad, a dedicarles más tiempo, a conversar mucho con ellos, a estar pendientes del famoso internet y de las redes sociales. Un padre contaba que había leído los comentarios que su hija hacía y los que recibía y no podía creerlo, no era su hija, no eran las amigas de su hija que él conocía, parecían otras personas, pero tristemente eran ellas. No estamos ha-


blando de la mayor o menor formalidad que uno u otro ambiente requieren, es claro que no es lo mismo estar en la cancha de fútbol que en el salón de clases, no es lo mismo hablar con mi amigo que hablar con mi padre. El planteamiento esta referido al buen comportamiento, fruto de nuestra hechura personal. No podemos formar hijos que en casa usen un buen vocabulario y que fuera de ella sean malhablados, alumnos que respeten en el colegio, pero que fuera de él sean irrespetuosos, maltratadores, no podemos formar personas que sepan guardar la compostura en clase, pero que fuera de ella actúen con descontrol y agresividad o personas que ante el computador se transformen y empleen un lenguaje soez y expresen unas ideas totalmente incorrectas. Nuestro reto educativo es formar una sola persona, cuyos principios al momento de actuar sean los mismos, en todo momento y en todo lugar. Hombres y mujeres de palabra limpia, de actitud cordial, siempre respetuosos y amables, con dominio sobre sí, que saben decir ¨no¨ a lo negativo y perjudicial, y con gran capacidad de reflexión. Para lograr esta esencial unidad de la persona, hay dos

metas que cumplir y que son los fundamentos, el primero es tratar mucho a los hijos y a los alumnos para conocerlos realmente y el segundo es que cada hijo y cada alumno como resultado de conocerlos profundamente, tengan un proyecto de mejora personal que nos garantice su continuo crecimiento. Todo proyecto de mejora personal, tiene en su núcleo central a las virtudes. Aunque se hable mucho de educación en valores, lo importante para un padre y para un maestro es saber, que los valores hechos vida son virtudes, que las virtudes son garantía para la conquista del bien, y que el bien cuando es verdadero y es conquistado por la persona es garantía de felicidad. Un camino para concretar este esfuerzo es leer el libro de Don David Isaacs que titula la Educación de las Virtudes Humanas y su Evaluación, y de un modo gradual, extraer de ese libro pequeñas frases, que expresen lo que debemos observar en nuestros hijos y que a la vez funcionen como guías, en esa amable exigencia que todo padre debe ejercer sobre sus hijos, para hacer de ellos buenas personas. Un ejemplo es que tras haber leído sobre la virtud de la laboriosidad, descubrire-

mos que su mejor momento para forjarla es a partir de los 8 años y probablemente anotaremos en nuestro documento personal, lo que debemos observar en los hijos: que cumplen un encargo de servicio en casa, o que mantienen arreglado diariamente su dormitorio, o que cumplen sus deberes escolares, o que todo lo que empiezan lo saben acabar. Luego debemos fijar la vista en nuestros hijos o alumnos y ver si poseen esos hábitos y si no es así, lo que tendremos será un programa de trabajo, para ellos. En este campo de la formación de las virtudes en los hijos, cobra un papel fundamental la ejemplaridad. Los padres y los maestros tienen que ir por delante, mostrando en todo momento a través de su conducta los buenos hábitos que han conquistado y los que están intentando conquistar, eso da una fuerza impresionante a lo que se puede exigir en los hijos. n


La

Eutanasia y el valor de la vida humana...

escribe:

U

na vez más, la sociedad es testigo de lo que se conoce como “pendiente resbaladiza”. Comenzamos por negar el derecho a la vida del niño recién concebido, segándola a través de los mal llamados “anticonceptivos”, seguimos con los que tienen mayor tiempo de gestación, destruyéndola a través del aborto quirúrgico, para finalmente acabar atacando la vida de los ancianos -aquellos que se encuentran en la recta final de sus vidas- a través de la eutanasia. Es decir, nos cebamos en los seres humanos que se encuentran en las fases de mayor debilidad e indefensión de sus vidas, fases en que les atacamos y les damos muerte.

Nancy Freundt Décadas de mentalidad anticonceptiva y abortiva tenían que desembocar en el desprecio y exterminio de la vida en sus últimos momentos. Y es que el hombre, cuando pierde el respeto por la vida humana en cualquiera de sus etapas, la pierde en todas sus etapas. Como ilustración basta con el ejemplo de Colombia, primer país latinoamericano en legalizar el aborto; siguiendo la pendiente, en octubre pasado el Senado aprobó el proyecto para reglamentar la eutanasia. Y es que el mal no conoce límites: una mala acción siempre conduce a otra igual de mala o peor. ¿Por qué ha sido nuestra cultura penetrada por una mentalidad anti-vida tan despiadada que puede lle-

gar a justificar la matanza, no solo de niños por nacer y ancianos, sino de toda persona que sufre, ya sean niños con alguna enfermedad congénita, personas discapacitadas o enfermos terminales? ¿O peor aún, como en el caso de Holanda y Bélgica, la muerte de aquellas personas que están deprimidas, de aquellas que “sin padecer enfermedad física ni mental, sufren por el mero hecho de vivir”? Este extremo queda patente en la Levenseindekliniek, “Clínica para Terminar la Vida”, en Holanda, inaugurada el año pasado y que en menos de un año recibió 714 pedidos y ahora ya no se da abasto pues la demanda ha superado su “capacidad operativa”. Y es que hemos


llegado a considerar más “humano” el poner una inyección letal que el brindar el acompañamiento y los cuidados paliativos con los que la medicina moderna cuenta hoy en día. ¿Cómo es que una sociedad cristiana puede llegar a aceptar y mirar con buenos ojos a aquellos que matan por compasión, que asesinan en nombre de la piedad? ¿Puede este exterminio sistemático de los más débiles considerarse un avance de la ciencia, un signo de modernidad? ¿En verdad se trata de piedad y compasión? La verdad es otra. El drama humano que subyace es mucho más profundo. La caridad se ha ido enfriando, y en términos de fe, podemos decir que la tierra está fría, desolada y oscura. El hedonismo, la búsqueda del bienestar y del placer como ideal de vida, como fin supremo de la existencia humana, nos ha hecho incapaces de soportar el sufrimiento ni aún de observarlo a nuestro lado, pues no logramos encontrarle sentido ni valor alguno. No soportamos sufrir ni ver sufrir. Y es que como humanidad hemos ido perdiendo el sentido de la trascendencia. Nos hemos llenado de eufemismos tales como “muerte

digna” o “suicidio asistido”, no queriendo reconocer que toda vida humana posee una dignidad y un valor únicos otorgados por su Creador, y que el sufrimiento es en sí mismo un valor que soportado con amor, ofrecido a Dios, y unido a los méritos de Jesús, no solo nos ayuda a purificarnos, sino que tiene valor de redención y nos hace acreedores de grandes méritos para nuestra eternidad. Aquellos médicos convertidos en verdugos deben volver al papel que desde siempre la sociedad les asignó, cuidando la vida y la salud de todo ser humano, y no convirtiendo en víctimas suyas a los más indefensos. Es imposible poseer una conciencia recta y bien formada y no comprender que la eutanasia ha sido, es y será siempre una forma de homicidio, pues implica el aplicar la muerte a otro, ya sea mediante un acto positivo o mediante la omisión del cuidado o atención que le son necesarios. El beato Juan Pablo II lo expresa con toda claridad en su encíclica Evangelium Vitae, n.64: “La eutanasia es una grave violación de la ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana”. n

El Papa Francisco I, criticó del la eutanasia y la «cultura del descarte», y nos llamó a valorar la vejez “La mitad de nosotros estamos en la vejez. Como los viejos Simeón y Ana, cuya sabiduría les permitió reconocer a Jesús, donémosles esa sabiduría a los jóvenes, como el buen vino, que con los años se vuelve mejor. Démosles a los jóvenes la sabiduría de la vida”, expresó. “Hay una eutanasia escondida; es decir, no se cuida a los ancianos. Pero también hay una eutanasia cultural: no se les deja hablar ni actuar”, añadió. El 2 de octubre de 2007, siendo Arzobispo de Buenos Aires, afirmó taxativamente que “en la Argentina se vive una cultura del descarte por la que se aplica la pena de muerte mediante el aborto y la eutanasia de ancianos mediante el abandono”.


Elisabetta Piqué | LA NACION

¿Quién soy yo para juzgar a un gay? El Papa Francisco propuso integrar a los homosexuales a la sociedad y aseguró que “el problema no es tener esta tendencia”. El Sumo Pontífice señaló que la orientación homosexual no es pecaminosa, aunque los actos homosexuales sí

A

BORDO DEL VUELO PAPAL. Tras agradecer el trabajo de los periodistas y reconocer que no podía creerlo cuando, desde el altar, veía a 3 millones de jóvenes de 178 países que participaron de la misa de cierre de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), vino el momento de las pregun-

tas. Para ello, los periodistas nos habíamos organizado por grupos lingüísticos y por países. Los dos argentinos presentes en el vuelo tuvimos la ventaja de tener al Papa compatriota: los dos pudimos hacer preguntas.

muchos sin dormir—, significaría un libro. Aquí, algunas de las más trascendentes.

La mía fue en nombre de los 50.000 argentinos que me encontré en Río de Janeiro y me decían ‘vas a viajar con el Papa, pregúntale cuándo va a Transcribir la hora y veinte venir a la Argentina’. Y como de preguntas y respuestas — ya dijo que no va a viajar por arduo trabajo que nos dejó a el momento, entonces le voy


a hacer una pregunta más di- los abusos de menores. Pero fícil: si una persona -laica, cura, o monja- comete un pecado y - ¿Se asustó cuando vio el luego se arrepiente, el Señor informe Vatileaks? la perdona. Y cuando el Se- No. Les voy a contar una ñor perdona, olvida. Lo imanécdota sobre el informe portante es hacer una teoloVatileaks. Cuando fui a ver al gía del pecado. Muchas veces papa Benedicto, después de pienso en San Pedro: hizo de rezar en la capilla nos reuni- los peores pecados, renegar mos en el estudio y había una de Cristo. ¡Y con ese pecado caja grande y un sobre. Be- lo hicieron Papa! nedicto me dijo: “en esta caja grande están todas las decla- - ¿Y el lobby gay? raciones que han prestado - Se escribe mucho del lobby los testigos. Y el resumen y gay. Todavía no me encontré las conclusiones finales es- con ninguno que me dé el tán en este sobre. Y aquí se carnet de identidad en el Vadice ta, ta, ta.” ¡Lo tenía todo ticano donde lo diga. Dicen en la cabeza! Pero no, no me que los hay. Cuando uno se asusté. Es un problema gran- encuentra con una persona de, pero no me he asustado. así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho - Una pregunta un poco de hacer lobby, porque nindelicada. La historia de gún lobby es bueno. Si una monseñor Ricca ha dado persona es gay y busca al Sela vuelta al mundo, ¿cómo ñor y tiene buena voluntad, va a afrontar este asunto y ¿quién soy yo para juzgartodo lo relacionado con el lo? El catecismo de la Iglesia supuesto lobby gay en el católica lo explica de forma Vaticano? muy linda esto. Dice que no - Con respecto a monseñor Ricca, he hecho lo que el derecho canónico manda hacer, que es la investigación previa. Y esta investigación no dice nada de lo que se ha publicado. No hemos encontrado nada. Pero yo querría agregar una cosa: muchas veces en la Iglesia se va a buscar los pecados de juventud y se publican. Y hablo de pecados, no delitos como

se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby. - Ha dado la vuelta al mundo la fotografía de usted que sube la escalerilla del avión llevando un portafolio negro. ¿Qué había adentro? - No estaba la llave de la bomba atómica (risas). Lo llevaba porque siempre lo hice cuando viajo. Adentro está la afeitadora, el breviario, la agenda, un libro para leer, que es uno sobre Santa Teresina, de la que soy devoto. Siempre llevo el portafolio cuando viajo, es normal. Debemos habituarnos a ser normales. La normalidad de la vida. - La sociedad brasileña ha cambiado, los jóvenes han cambiado. Usted no ha


hablado sobre el aborto ni sobre el matrimonio ente personas del mismo sexo. En Brasil se ha aprobado una ley que amplía el derecho al aborto y otra que contempla los matrimonios entre personas del mismo sexo. ¿Por qué no ha hablado sobre eso? - La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso, no era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara. No era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos. Además los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia.

obispo delante de los fieles para señalar el camino, el obispo en medio de los fieles para ayudar a la comunión, el obispo detrás de los fieles porque los fieles con frecuencia tienen el olfato de la calle. Me preguntaba si me gusta. Sí, me gusta ser obispo. En Buenos Aires fui muy feliz. El Señor me asistió en eso. Como obispo fui feliz, como sacerdote fui feliz. En ese sentido me gusta.

- ¿Pero cuál es su postura en esos temas? - La de la Iglesia, soy hijo de la Iglesia.

- Cuando se reunió con argentinos, un poco en broma y un poco en serio dijo que a veces se siente enjaulado. - ¿Usted sabe la de veces que tuve ganas de pasear por las calles de Roma? Porque a mí me gusta andar por las calles, me gustaba tanto y en ese sentido me siento un poco enjaulado. Pero debo decir que los de la Gendarmería vaticana son buenos, son realmente buenos y yo les estoy agradecido. Ahora me dejan hacer algunas cuantas cosas más, pero es su deber garantizar la seguridad. En-

- ¿Cómo se siente siendo Papa? ¿Es feliz? - Hacer el trabajo de obispo es una cosa linda. El problema es cuando uno busca ese trabajo, eso no es tan lindo, eso no es del Señor. Existe siempre el peligro de creerse un poco superior a los otros, no como los demás, un poco príncipe. Son peligros y pecados. Pero el trabajo de obispo es lindo, es ayudar a los hermanos a avanzar. El

- ¿Y le gusta ser Papa? - Sí, también. Cuando el Señor te pone ahí, si tú haces lo que el Señor te pide eres feliz. Eso es lo que siento. - ¿Está cansado? - No estoy casado, yo soy single (risas).

jaulado en ese sentido, de que a mí me gusta andar por la calle, pero entiendo que no es posible, lo entiendo. Lo dije en ese sentido. Porque, como decimos en Buenos Aires, yo era un sacerdote callejero. - ¿Por qué usted pide tan insistentemente que se rece por usted? - Yo siempre pedí esto. Empecé a pedirlo con cierta frecuencia en el trabajo de obispo. Siento que si el Señor no ayuda en este trabajo, para que el pueblo de Dios vaya hacia adelante, uno no puede. Yo me siento de verdad con tantos límites, con tantos problemas, también pecador. Debo pedir esto, me sale de adentro. También a la Virgen le pido que rece por mí al Señor. Es una costumbre que me viene de fuera, también de la necesidad que tengo por mi trabajo. Siento que debo pedirlo. Es así. - ¿Qué piensa de ordenación de las mujeres? - En cuanto a la ordenación de las mujeres la Iglesia ha hablado y dice no. Lo ha dicho Juan Pablo II, pero con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada. Pero sobre esto quiero decirles algo: la Virgen María era más importante que los apóstoles y que los obispos y que los diáconos y los sacerdotes.


La mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y que los curas. ¿Cómo? Esto es lo que debemos tratar de explicitar mejor a través de una profundización de la Teología de la mujer. - ¿Siendo Papa, todavía se siente jesuita? - Es una pregunta teológica porque los jesuitas hacen votos de obediencia al Papa. Pero si el Papa es jesuita, quizás tiene que hacer voto de obediencia al Padre General de los Jesuitas, no sé cómo se soluciona esto. Yo me siento jesuita en mi espiritualidad. No cambié espiritualidad, sigo pensando como jesuita, no hipócritamente, pero pienso como jesuita. - A cuatro meses de su

pontificado, ¿nos puede hacer un pequeño resumen? ¿Qué ha sido lo mejor, lo peor y qué le ha sorprendido más en este periodo? - De verdad, no sé cómo responder a esta pregunta. Cosas malas no ha habido. Cosas buenas, sí. Por ejemplo, el encuentro con los obispos italianos. Fue muy lindo. Una cosa dolorosa, que me ha golpeado el corazón, fue la visita a la isla de Lampedusa. Cuando llegan estas barcas, los dejan a algunas millas de distancia de la costa y ellos tienen que llegar solos. Ha sido doloroso porque pienso que estas personas son víctimas del sistema socioeconómico mundial. Pero la cosa peor [tono de broma] fue una ciática, de

verdad, la tuve en el primer mes. Fue dolorosísimo. No se la deseo a nadie. - A usted le gustaba mucho la Argentina y llevaba muy en el corazón a Buenos Aires. Los argentinos se preguntan si usted no extraña ir en colectivo, andar por la calle. - Sí, Buenos Aires me falta. Pero es una falta serena. Estábamos a 20 minutos del aterrizar, con las manos hundidas en la computadora y volvió a aparecer él, Francisco. Volvió a saludar y agradecer a todos con una sonrisa. Le dije: “Padre Jorge, se pasó de rosca, nos hizo trabajar demasiado”. “Ustedes se lo buscaron, lo quisieron”, me contestó. n


Carta de un homosexual al Papa Francisco: nos das esperanza

C

uando el Papa Francisco habló en el avión sobre el lobby gay, sus palabras fueron acogidas con polémica por unos y con agrado por otros. Pero en ese coro de voces faltaba una voz… La de los homosexuales. Hemos encontrado en el blog italiano “Eliseo del deserto” esta voz, que ofrecemos traducida al español: Queridísiimo Papa Francesco, ¡Me llamo Eliseo y te escribo para decirte cuánto te aprecio! Debo admitir que mi corazón seguía estando ligado a Juan Pablo II hasta que has llegado tu: su historia hablaba a mi historia. Cuando le veía y escuchaba, algo se movía en mis entrañas. Su mensaje en Roma en el 2000 a los jóvenes resuena aún potente dentro de mi. ¡Porque es verdad! Nuestra sed de amor, de belleza, de verdad... ¡Es a Él a quien buscamos! Juan Pablo no se enfadará por este nuevo impulso de afecto mío, y espero tampoco Benedicto, que tiene todo mi afecto. ¡Papa Francisco! Con tu simpatía me has robado el corazón. Estaba bajo el balcón cuando fuiste elegido, vivimos el Pentecostés esa noche en San Pedro, en el silencio, en las oraciones que recitamos juntos, en cada palabra que pronunciaste. Cuando nos saludaste, la fiesta en la plaza no se acababa. Tuve la clara sensación de que la Iglesia no estaba dormida, como nos quieren hacer creer, ¡la Iglesia está más viva que nunca! Yo soy un chico, ya más bien un hombre adulto, y sufro pulsiones homosexuales. Estoy sorprendido porque hoy los titulares de los periódicos hablan solo sobre lo que has dicho o no has dicho sobre los gays, olvidando las bellísimas palabras que has dicho a los jóvenes en estos días en Río. ¡Pero yo quiero recordarlas! ¡Has empujado a los jóvenes a ir! También a las periferias de la existencia, allí donde a menudo has enviado a los sacerdotes, invitándoles a tomar el olor de las ovejas. Has hablado de estos jóvenes que presionan para ser protagonistas del cambio y has citado a Madre Teresa, que decía de empezar por ti y por mi para cambiar el mundo. Papa Francisco, quiero hablarte de las periferias de la homosexualidad, yo he descubierto tres. La primera es la de quien se descubre homosexual. Es la periferia de la soledad. Recuerdo que cuando me reconocí homosexual, por un momento se me enturbió la vista. Me pregunté por qué me pasaba precisamente a mi, recuerdo que estaba yendo a la Misa diaria. El joven que admite ser homosexual se siente un monstruo y no sabe con quien hablar de ello. ¿Los padres? ¿Por qué darles un sufrimiento tan grande? ¿Los amigos? Se burlarían de mi. ¿Los sacerdotes? Me dirían que es un pecado. Cuando lo hablé con Dios, encontré en la Biblia esta palabra: “Pero cuantos esperan en el Señor recobran la fuerza, les salen alas como águilas, corren sin esforzarse, caminan sin cansarse”. Es Isaías. En la imagen de la fuerza he leído una promesa. Porque a mí me parecía que no era varón porque no era fuerte como los de mi edad. Después encontré el valor de hablar de ello con un sacerdote, y con el tiempo a amigos de fiar. La segunda periferia es la homosexualidad de quien es creyente. Sí, hay también muchos homosexuales que creen en Jesús, pero que no aceptan lo que la Iglesia dice sobre la homosexualidad y sobre la sexualidad en general. No pienso en ellos, pero sí


en aquellos en cambio que aman a la Iglesia y que quisieran seguir sus enseñanzas. La homosexualidad tiene un problema fundamental, que lleva a vivir a menudo una sexualidad desordenada y excesiva: las personas homosexuales sienten pulsiones compulsivas fortísimas dentro de sí, además de ello a veces pueden nacer incluso sentimientos reales. La propuesta de la castidad o del celibato puede parecer un acto de heroísmo, un martirio que sólo pocos pueden afrontar. Estos hombres cada vez son los menos, porque el concepto de castidad es cada vez menos comprensible en nuestra sociedad, también en el ámbito católico, y por si fuera poco reciben también los golpes de la militancia gay, porque les consideran una especie de traidores. Muchos luchan con la esperanza de curarse, una curación sin embargo que mantiene siempre las marcas de las cicatrices. En este punto se es siempre un poco más sensible. La tercera periferia son los infiernos de la homosexualidad. Donde el homosexual pierde la dignidad de persona humana. Son los sitios de internet de contactos, una especie de escaparate donde exhibir jirones del propio cuerpo para encontrar quien te compre aunque sea a poco precio. No se trata siempre de dinero, sino del precio de la propia dignidad. Son las calles donde de noche se buscan encuentros con otros hombres que puedan llenar los propios vacíos. Son los locales gay, como las discotecas o también esos nuevos burdeles que se esconden como círculos culturales (hay uno en Roma que se llama “El diablo dentro” y no digo más) donde se practica todo tipo de depravación. Son las manifestaciones en las que se pide dignidad por la propia condición, y en cambio se la pierde. Tu nos pides que vayamos a las periferias y que lo hagamos juntos. Yo aún soy muy frágil, pero te pido que reces para que pueda tener la fuerza. Veo lo que está sucediendo en Italia, últimamente he escrito una carta a una escritora católica (Costanza Miriano) que ha tenido un eco inesperado. ¿Habrán llegado para mí los tiempos de salir del Cenáculo? Deseo estar junto al que está solo, para decirle que no pierda la Esperanza en Dios, y crea que es precioso a Sus ojos. Deseo luchar con el que lucha por ser una mejor persona, por vivir la belleza de un amor puro, y la aventura estupenda de la santidad, sabiendo que las heridas, como las de Cristo, pueden ser fuente de curación para quien lo necesita. Por último, como Jesús, quisiera bajar a los infiernos, en los que ya he estado, de los que he sido sacado y en los que a veces recaigo, quizás en 2013 en Sodoma y Gomorra haya aún algún justo, por el que valga la pena hablar de la Misericordia de Dios; ¡cuántas veces en ese infierno del que no conseguía salir esperaba encontrar un alma que me pusiera a salvo! El cambio parte de mí y de ti, decía Madre Teresa. Papa Francisco, tengo esta imagen tuya bajando también a estas periferias tan incómodas de la existencia. Te doy las gracias por la delicadeza con la que siempre has afrontado la cuestión. Nunca has levantado el dedo para dividir a la humanidad según sus instintos sexuales. Sabes que el ser humano es algo mucho más complejo y rico. Reza por mí y por todos aquellos que quizás leyendo esta carta decidan cruzar el umbral de estas periferias para llevar la Buena Noticia de Jesús... Al menos, la ventaja de los homosexuales es que, a diferencia de las ovejas, huelen muy bien... ¡Perdona la broma! Pero también a mí, como a ti, me gusta mucho reír… Al contrario, enhorabuena por el chiste que has hecho sobre la beata Imelda. ¡Eres grande! ¡Yo rezaré por ti… como hijo! ¡Un abrazo!


Autor: Cristina Valverde de Arosemena | Fuente: Catholic.net

Si el matrimonio es indisoluble, ¿dónde entran las nulidades matrimoniales?

Lo que Dios unió que no lo separe el hombre

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racasos, separaciones, divorcios. Es una realidad el aumento de las rupturas matrimoniales. Se escucha a menudo “se acabó el amor”, “se fue con otra”, o simplemente “no funcionó”, lo cual puede ser verdad, pero ¿son motivos suficientes para dejar de luchar por salvar esa unión?

desean demostrar sus sentimientos de mil formas. Pero no solo eso es el amor, el amor nace de la voluntad y de la libertad que nos caracteriza a los seres humanos, el amor es la transformación de todos esos sentimientos en querer un compromiso con la otra persona, es la etapa final del enamoramiento en la cual decidimos entregarCuando uno se enamora sur- nos al otro. gen sentimientos muy fuertes, pero también muy volá- Para el Código Canónico el tiles, los enamorados sienten matrimonio es la alianza maque “algo les ha pasado” y trimonial en la que hombre

y mujer constituyen un consorcio para toda la vida. Su fin está ordenando al bien de los cónyuges y a la procreación y educación de los hijos. Para la Iglesia Católica, el matrimonio es un sacramento. La relación entre hombre y mujer es sagrada. Su origen es de Derecho Natural y sus frutos son un regalo de Dios. La Biblia enseña que “lo que Dios unió que no lo separe el hombre” (Mt 19,4-6), Una vez casados, hombre y mujer pasan a ser una caro (una sola carne).


Si el matrimonio es indisoluble, ¿dónde entran las nulidades matrimoniales? La Iglesia ha establecido un proceso para declarar nulo aquellos matrimonios en los que nunca existió el vínculo matrimonial. Hay muchos casos, que incluso los mismos cónyuges ignoran, que son nulos. Un matrimonio puede ser nulo por muchas causas: derivadas de impedimentos de edad, impotencia, estar previamente casado o estar consagrado, disparidad de miedo grave, entre otras. cultos, crimen o rapto o por razones de consanguinidad, Y por último, las causas que afinidad o parentesco legal. derivan de los defecto de forma. La nulidad también se puede derivar del vicio de consen- En estos casos, se sigue el timiento como: insuficiente procedimiento establecido uso de razón, inmadurez o en el Código Canónico para grave falta de discreción de que el Tribunal Eclesiástico juicio acerca de los derechos respectivo proceda a declarar y deberes esenciales del ma- nulo el matrimonio. Para initrimonio, imposibilidad de ciar un proceso de nulidad en asumir las obligaciones esen- Guayaquil, se debe presentar ciales del matrimonio por la demanda de nulidad ante causas de naturaleza psíqui- el Tribunal Metropolitano de ca. Error en una cualidad del la Arquidiócesis de Guayaotro cónyuge, homosexuali- quil. Una vez aceptada por dad, promiscuidad, adicción los jueces, comienza la fase a las drogas o alcohol, tras- de pruebas en donde se exatornos alimenticios, excluir minan a las partes, testigos y la procreación, la fidelidad o la declaración de los peritos. la indisolubilidad. La simula- Por último, el Tribunal dicta ción, dolo o engaño; ignorar su sentencia. el concepto eclesiástico de matrimonio, contraer matri- El Papa Benedicto XVI expumonio mediante coacción o so en varias oportunidades la

importancia de este proceso, y en su discurso dirigido a los miembros del Tribunal de la Rota Romana recalcó que las nulidades matrimoniales no pretenden “complicar inútilmente la vida a los fieles, ni mucho menos fomentar su espíritu contencioso, sino sólo prestar un servicio a la verdad” y añadió que “el proceso canónico de nulidad del matrimonio constituye esencialmente un instrumento para certificar la verdad sobre el vínculo conyugal.” Por lo tanto, es un mito que en los procesos de nulidad matrimonial intervienen sólo el dinero y las influencias. Este servicio de la Iglesia, es una vía legítima que alivia a muchas personas y les permite contraer válidamente matrimonio a la luz de la fe Católica. n


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Revista N28